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La vaquita marina y nuestra responsabilidad

La vaquita marina, un pequeño pariente de los delfines y las marsopas, está en peligro crítico de extinción por culpa nuestra: el uso (ilegal) de redes de enmalle para pescar las atrapa

Un ejemplar de la 'vaquita marina'

Un ejemplar de la 'vaquita marina'

Los humanos nos creemos poderosos, tanto como para estar tranquilos con los desastres que originamos; tendemos a pensar que igual que lo hicimos podremos algún día deshacerlo. Pero a veces descubrimos los límites de nuestro poder cuando nuestros mejores esfuerzos por revertir los daños que hemos provocado en el pasado fracasan, o incluso empeoran la situación.

Esto nos acaba de ocurrir con el desesperado intento de salvar a la vaquita marina, un pequeño pariente de los delfines y las marsopas que vive tan sólo al norte del Golfo de California y que está en peligro crítico de extinción por culpa nuestra: el uso (ilegal) de redes de enmalle para pescar (peces como el totoaba, que se exporta ilegalmente a Asia, o gambas) atrapa a estos animales, que como otros miembros de su familia son vulnerables a morir fácilmente por el estrés. Esto ha reducido su población a apenas una treintena de ejemplares y ha puesto a la especie al borde mismo de la extinción definitiva.

Por eso un grupo de ecologistas y expertos en biología de cetáceos puso en marcha un ambicioso plan: capturar a algunos de los últimos supervivientes de la especie para protegerlos con el fin de ayudar a que se reproduzcan en cautividad y evitar su extinción. El plan contaba con el respaldo del gobierno mexicano y la participación de especialistas para garantizar la salud de los animales durante y después de la captura. Pero cuando a principios de noviembre encontraron una hembra joven en perfecto estado de salud y trataron de hacerse con ella del modo más gentil y poco traumático posible ocurrió lo inesperado: el animal sufrió un ataque y murió. Las operaciones de rescate fueron interrumpidas. Y la última esperanza de la vaquita marina se esfumó.

Conviene recordar que no somos todopoderosos cuando queremos deshacer el mal que hemos causado en el pasado, y por eso conviene más no hacer daño que intentar después arreglar lo destrozado. Por mucha buena voluntad que le pongamos y a pesar de nuestros mejores esfuerzos es muy complicado, por no decir imposible, que los animales extintos se puedan ‘desextinguir’; ni siquiera podemos salvar a los últimos de una especie a la que nosotros hemos llevado al borde de la desaparición. Esforcémonos mejor en no destruir ecosistemas y con ellos especies que en tratar de hacer volver animales de entre los muertos.

Imagen de Paula Olson, NOAA - Dominio Público

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