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Otras Voces: ¿Existe el Trastorno de Déficit de Atención?

Parece que hubiera un interés en hacernos dudar de nuestra “salud mental”, en trasformar nuestras imperfecciones en enfermedades que se pueden curar con la pastilla de turno

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El psicólogo @manuelcalvillo nos envía este texto en el que se pregunta por los intereses que hay detrás de la medicalización de la infancia

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Hay quien considera que el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad es un trastorno neurobiológico; otros creen que es producto de la biografía, el aprendizaje y la cultura. En medio, muchas posturas eclécticas, inclinadas hacia un polo u otro según la última información aparecida en los noticiarios. A ninguno le sobran fuentes y referencias a estudios científicos para apoyar sus afirmaciones.

Veamos algunos datos, extraídos de este artículo del NYT

  1. La OMS estima que el TDAH afecta tradicionalmente al 5,3% de la población infantil. Sin embargo en países como Estados Unidos en sólo dos décadas ha crecido muy significativamente el número de jóvenes diagnosticados; hoy afecta a un 15% de los adolescentes (en España oscila entre el 5% y el 7%)
  2. Como ocurre con la mayoría de las condiciones psiquiátricas, no existe un test o prueba  médica de ningún tipo que objetivamente señale la existencia del TDAH. Su diagnóstico está abierto a la interpretación de los pacientes, los padres, madres, docentes y profesionales de la salud.
  3. En algunas campañas publicitarias se afirma que los medicamentos con los que se pretende tratar a estos niños son benignos – “más seguros que las aspirinas”-. La gran mayoría de los que consumen estas pastillas simplemente terminarán habituándose y no podrán “funcionar” un día normal sin ellas. Los efectos adictivos y estimulantes de estos psicofármacos contribuyen a su consumo “recreativo”. Llegados a la adolescencia, se utilizan como una droga más.
  4. Muchos padres se resisten a que sus hijos sean diagnosticados con este trastorno debido al estigma que puede suponer una enfermedad mental. Para combatir esta resistencia, Psych Central, una red social americana de profesionales de la salud mental, ha publicado la lista "Personajes Famosos con TADH", en la que incluyen a Thomas Edison, Abraham Lincoln, Galileo o Socrates.
  5. Los beneficios de las compañías relacionados con este tipo de medicamentos pasaron de 1,7 mil millones de dólares en el año 2002 a 9 mil millones de dólares una década después.
  6. Los adultos que buscan información sobre TDAH pueden encontrar breves test online que les “ayudan” a sospechar con demasiada facilidad de que tal vez podría sufrir TDAH. Por ejemplo, éste: ¿Puedes tener TDAH? (son sólo 6 preguntas muy rápidas).


Pensando en voz alta

¿Por qué existe tanta diferencia en la prevalencia de personas diagnosticadas con TDAH entre unos países y otros , incluso entre unas consultas y otras del mismo país?

¿Por qué este interés en hacernos dudar de nuestra “salud mental”, en quitarnos protagonismo y responsabilidad sobre lo que somos y lo que hacemos , en trasformar nuestras cotidianas imperfecciones -que requerirán buenas dosis de voluntad, de aprendizaje, de errores, de paciencia y de trabajo personal- en enfermedades que se habrán de curar principalmente con la pastilla de turno?

¿Por qué este interés en que personajes históricos de la talla de Einstein, Galileo, Mozart, Rockefeller o Beethoven sufrieran de TDAH? ¿Qué tipo de test, pruebas biomédicas o genéticas han podido completar con sus restos para afirmar esto de manera tan contundente?

¿Hasta qué punto las campañas de difusión y de información sobre el TDAH no sólo informan o explican la enfermedad sino que además la “inventan”, generando las condiciones perfectas para un sobrediagnóstico, con sus beneficios y daños colaterales para unos y otros?

En este tipo de trastornos, a diferencia de lo que ocurre con lo que nos dice la lógica – es decir, ante un problema se busca la solución-, ¿qué viene antes el fármaco o la enfermedad?

¿Pasa o podría pasar algo así con otro tipo de enfermedades como la diabetes o la gripe A? ¿Acaso las enfermedades mentales y las físicas son entidades de naturaleza diferente y sin embargo se empeñan en explicarlas y tratarlas desde el mismo enfoque? ¿No será que mientras la diabetes es una condición natural que no se ve afectada por las concepciones e interpretaciones que se tengan de la enfermedad, enfermedades mentales como el TDAH sería más bien una condición interactiva que sí se ve afectada por el conocimiento y las interpretaciones que sus progenitores, profesores, compañeros o el propio adolescente que la sufre tenga de ella? Y si esto fuera así ¿no se debería realizar una aproximación y tratamiento diferente a las enfermedades mentales, en el que estuviera en el centro la persona, su contexto y su biografía y no el cerebro y su química?


Reivindicar el sentido común

La psicología y la psiquiatría han alejado a los padres del sentido común y los han acercado demasiado a la trampa del cerebro, y al hacerlo así se están quedando sin un papel claro que representar. Los hijos no necesitan padres expertos en neurociencias, ni en diagnóstico diferencial. Necesitan padres que tengan claro cuáles son sus valores, que sepan lo que quieren para ellos y sus hijos y cómo conseguirlo.

Los padres, por su parte, necesitan profesionales que los liberen de la tiranía de los diagnósticos, profesionales que sepan escucharlos más allá de la literalidad de sus palabras, que sepan distinguir y atender adecuadamente al reto, la ansiedad y las emociones enfrentadas que le genera un hijo que no atiende, que no obedece y los desafía continuamente. Los padres necesitan profesionales que les devuelvan la responsabilidad del desarrollo y la educación de sus hijos y les den el apoyo y las habilidades necesarias para hacerlo.

El caso del TDAH sirve para poner de relieve una realidad más amplia e importante: la patologización en exceso de la niñez y sus problemas. Los niños no son adultos en pequeño, su biografía no es nuestra biografía, ni sus responsabilidades, ni sus miedos, ni sus problemas son los nuestros. Tratar el sufrimiento psicológico de forma equivalente al físico, además de un gran negocio para las farmacéuticas, es una bomba de relojería activada por unos planteamientos sociales y profesionales tan ingenuos como irresponsables.

Que el DSM-V nos pille confesados.

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