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Cuatro años

Hablar sobre discapacidad al principio me costaba muchísimo porque nunca me han criado como tal, sino que he ido siendo consciente con el tiempo, como muchos sabréis. Al principio fue duro de asimilar, pero al final uno se da cuenta de que es lo que hay y, por desgracia, no se puede cambiar…

Eso es lo que marca mi vida y por eso lucho y trabajo, para que todas las personas con discapacidad tengamos un espacio y la tranquilidad de que hagamos lo que hagamos vamos a ser aceptados 

Horizonte

Horizonte Mariano Cuesta

Hace cuatro años que empecé a escribir en este diario. Unos pocos años antes había dado mi primera charla discapacidad gracias a la oportunidad que Maite me brindó para hablar de mi experiencia. Ahora no entiendo mi vida sin ese componente de activismo en la discapacidad y es algo a lo que siempre estaré agradecido.

En estos años he aprendido muchísimas cosas: he aprendido a ver un enfoque social, a ver toda la costra de condescendencia que muchas veces nos envuelve y no nos deja progresar. He visto cómo la gente es poco solidaria con nosotros, he visto cómo las miradas de superioridad se nos clavan, pero también he visto cómo la gente se mueve para hacer de este un mundo mejor, de aportar ideas y soluciones, de saltarnos las barreras arquitectónicas y de ver enfoques políticos donde en principio no parecía haberlos.

Yo, como persona con discapacidad, he asumido una lucha que, por circunstancias de la vida, creía ajena a mí, pero estaba muy equivocado. Esta es una lucha que nos concierne a todos para hacer un mundo mejor.

Durante estos cuatro años he escrito sobre temas personales, otras veces sobre temas estructurales y otras tantas sobre la imagen que se tiene de las personas con discapacidad en los medios, sobre todo en cine.

He aprendido muchísimo, he buscado temas, me he encontrado cuestiones que no me hubiera planteado antes. He encontrado gente maravillosa por el camino y he aprendido más de mi mismo que en cualquier libro. Escribir sobre algo te ayuda a comprenderlo, te ayuda a asimilar esa parte de ti que, a veces, cuesta tanto. Y es que, aunque a veces parezca que no, tengo miedo. Los fantasmas, de cuando en cuando, aparecen y cuestionan hasta el más pequeño rincón de tu existencia. Ni que decir tiene cuando conoces a alguien, aún quedan resquicios del miedo al rechazo. Pero la vida te ofrece oportunidades.

Hablar sobre discapacidad al principio me costaba muchísimo porque nunca me han criado como tal, sino que he ido siendo consciente con el tiempo, como muchos sabréis. Al principio fue duro de asimilar, pero al final uno se da cuenta de que es lo que hay y, por desgracia, no se puede cambiar… Eso es lo que marca mi vida y por eso lucho y trabajo, para que todas las personas con discapacidad tengamos un espacio y la tranquilidad de que hagamos lo que hagamos vamos a ser aceptados.

Conocer de primera mano cómo nos cuentan el relato y, cosas que un principio me hubieran encantado, ahora me parecen condescendientes y simplonas. Me rebelo contra la imagen de pobrecitos que algunos nos quieren dar porque la condescendencia vende muchísimo y nos hace vivir en una burbuja maravillosa cuando nos vamos a casa después de haber hecho nuestro gran pequeño acto del día.

Ponerse delante del espejo y analizar quién es el que está ahí, con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos, pero intentando siempre hacer lo mejor posible para que esta sociedad mejore y nos sintamos todos parte de ella.

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