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La lengua de signos, asignatura pendiente

Las personas sordas que tienen como lengua la de signos siguen sufriendo exclusión en el sistema educativo y sanitario. Dos derechos fundamentales de cualquier ciudadano cuyo acceso, para las personas sordas, ni es universal ni gratuito

Niña ante el abecedario de signos (Foto: SaraSmo | Flickr)

SaraSmo | Flickr

Acaba de arrancar el curso 2019/2020 y ya llevamos suspensa la asignatura de lengua de signos. En realidad, llevamos 12 años suspendiendo. Los mismos que han pasado desde que la lengua de signos española se reconoció oficialmente en nuestro país a través de una ley. Pero… lo de casi siempre… Aún no se ha desarrollado el reglamento que la haga funcionar.

27/2007 de 23 de octubre
17/2010 de 3 de junio (Cataluña)
11/2011 de 5 de diciembre (Andalucía)

Por no mencionar las varias comunidades autónomas que se refieren a la lengua de signos (LSE) en sus estatutos de autonomía, como Andalucía, Extremadura, Comunidad Valenciana, Castilla y León, Aragón o Islas Baleares.

Da la impresión que el problema no es una falta de leyes… ¿Entonces, de qué se quejan las personas sordas?

La Constitución en su artículo 14 recoge que todos los ciudadanos somos iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación por razón de raza, sexo, religión o cualquier circunstancia social o personal. Sin embargo, las personas sordas que tienen como lengua la de signos, siguen sufriendo exclusión en el sistema educativo y sanitario. Dos derechos fundamentales de cualquier ciudadano cuyo acceso, para las personas sordas, ni es universal ni gratuito.

La tarifa estándar de un intérprete de lengua de signos está estipulada entre 35 y 40 euros la hora. La persona sorda, para comunicarse con, por ejemplo, el médico, tiene que asumir ese coste extra. Los servicios de traducción que ofrece la sanidad pública para personas extranjeras solo contemplan las lenguas orales. Los ciudadanos sordos españoles, que tienen derecho a comunicarse en lengua de signos, una vez más, quedan excluidos de servicios que sí están a disposición de otros ciudadanos. Tampoco hay teleasistencia en lengua de signos ni atención en los servicios de emergencias, como contamos en este artículo.

En el ámbito educativo, la lengua de signos no está contemplada como vehicular para los alumnos sordos. Por sorprendente que parezca, los alumnos de infantil no cuentan con atención en lengua de signos. Generalmente son los padres y las asociaciones los que asumen el coste extra. En primaria, hay algunos profesores sordos que ejercen como maestros de apoyo para el alumnado sordo. Un apoyo que no siempre es inclusivo, porque se realiza fuera del aula.

En la etapa secundaria, los alumnos sordos solo disponen de intérprete en lengua de signos algunas horas. El intérprete es su conexión con el resto de la clase, por lo que si el trabajo de interpretación no se realiza con el rigor y la sensibilidad adecuados, el alumno queda en una situación de vulnerabilidad e indefensión, que lleva a casos dramáticos de frustración, ansiedad, depresión y… finalmente, el abandono escolar. ¿Cómo puede justificar un alumno sordo que el recurso que tiene no lo está haciendo bien? Pocas son las personas sordas que acceden a la formación universitaria.

Pero no se inquieten, que no faltará interpretación en lengua de signos en las sesiones más relevantes del Congreso y demás parlamentos autonómicos. Aislamiento y política. Menudo cóctel. Parece más bien la pauta de castigo de un régimen carcelario.

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