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    <title><![CDATA[elDiario.es - El miedo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el_miedo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - El miedo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA["Un domingo por la noche, el fin del mundo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/domingo-noche-fin-mundo_1_5590919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La publicaci&oacute;n y el gran &eacute;xito de la novela <em>Fin</em> (2009)  convirtieron a David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1962) de prol&iacute;fico autor  in&eacute;dito a descubrimiento editorial. Su obra, que publica Acantilado  &ndash;ten&iacute;a m&aacute;s libros en el caj&oacute;n- da miedo. O angustia o, como en el caso  de <em>Marcos Montes, </em>opresi&oacute;n. Tambi&eacute;n le han dicho que es un escritor retorcido. Su &uacute;ltimo libro, <em>El edificio</em>,  contiene relatos nacidos de sus propias pesadillas: el individuo que se  considera muy comprensivo, -emp&aacute;tico dice &eacute;l-  con las personas,  tambi&eacute;n con esa rubia a la que no quiere asustar al subir las escaleras  por la noche. Y sin duda vino de alguna otra pesadilla esa ara&ntilde;a en el  cielo raso. O ese domingo desierto en la ciudad, a la salida del cine  (&iquest;qui&eacute;n no ha sentido que se le acababa el mundo una noche as&iacute;?). O ese  globo con forma de caballito que el ni&ntilde;o de la casa adora, mientras su  t&iacute;o, que intenta ser bueno con &eacute;l (como intenta ser bueno el hombre de  la escalera), considera un enemigo declarado.
    </p><p class="article-text">
        Trabaj&oacute; en una  f&aacute;brica y vive desde hace muchos a&ntilde;os en una ciudad peque&ntilde;a de Catalu&ntilde;a,  Vilafranca del Pened&eacute;s. Se dedica a escribir y a cuidar de su familia  &ndash;tiene ni&ntilde;os, uno de ellos de diecinueve meses-, y esta ma&ntilde;ana de s&aacute;bado  se permite una tregua literaria y familiar. Lo cierto es hablamos del  miedo en una cafeter&iacute;a que se anunciaba silenciosa, pero que se va  llenando de familias con ni&ntilde;os peque&ntilde;os. Afortunadamente, Monteagudo  tiene sentido del humor. Y habla r&aacute;pido, veloz y a ratos inspirado, sin  perder la concentraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>David Monteagudo:</strong> Yo soy un caso raro. Toda mi obra hasta ahora fue escrita durante ocho a&ntilde;os de escritura febril, de escribir sin parar.  La <em>graforrea</em>,  que digo yo. Hasta diez libros. Ahora me estoy dedicando a corregir  mucho de aquello; hay que pulir, atenuar estridencias. Y esto con la  ayuda del editor Jaume Vallcorba, que es un editor de los de antes, que  se preocupa por que el libro salga bien editado. O sea que estoy  puliendo lo anterior, y a la vez escribiendo relatos. Es que desde que  se public&oacute; <em>Fin,</em> y con todo ese &eacute;xito, me qued&oacute; algo de respeto por ponerme con una novela.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka: &iquest;Y ser calificado de escritor </strong><em><strong>de miedo</strong></em><strong>, incluso haber recibido el Premio Nocte (de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Escritores de Terror), qu&eacute; tal suena?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>David Monteagudo:</strong> Me suena fant&aacute;stico, s&iacute;. Yo soy un gran defensor de lo que se llama  literatura fant&aacute;stica, y de toda la literatura que puede dar miedo  cuando la lees. Es algo contradictorio porque yo soy antig&eacute;neros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; significa esto?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         No creo en el g&eacute;nero como una forma de repetir siempre los mismos  esquemas. No me gusta. Por ejemplo, con el policial, aunque se trate de  grandes escritores como Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, o de cl&aacute;sicos como  G.K. Chesterton. Cuando empec&eacute; con <em>El hombre que fue jueves</em>,  &iexcl;me pareci&oacute; tan libre e imaginativo! Pero luego, con el padre Brown, ya  no fue lo mismo. Aunque se trate de autores cl&aacute;sicos, para m&iacute; estos  libros no dejan de tener una estructura que ya sabes cu&aacute;l es. No sabes  c&oacute;mo acabar&aacute; ni qui&eacute;n es el asesino, pero t&uacute; sabes dentro de qu&eacute;  convencionalismos se va a  mover&hellip;
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        <strong>DK: Digamos que ciertas convenciones te desalientan</strong>.<strong>DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         S&iacute;. Pero eso no quiere decir que no valore, por ejemplo, lo que puede  llamarse literatura fant&aacute;stica, o polic&iacute;aca, o de terror. Ahora, veamos  el caso de Stephen King: <em>Carrie,</em> su primera novela, es una gran  novela. Es algo en lo que &eacute;l puso mucho, como yo creo que siempre pasa  con la buena literatura; no es una obra escrita para cumplir con esto o  lo otro. No. Ese libro lo escribi&oacute; porque era algo que &eacute;l necesitaba  contar. Est&aacute; claro, porque &eacute;l era un tipo bastante friki, el t&iacute;pico que  estaba ah&iacute; postergado, un tipo raro y tal&hellip; y en <em>Carrie </em>eso est&aacute;, est&aacute; hablando sobre &eacute;l mismo. Esto tambi&eacute;n se ve en <em>It</em>, y en <em>Misery</em>.  Pero claro&hellip;, como &eacute;l tuvo &eacute;xito con unas novelas que eran de miedo,  pues entonces ya la industria le encasilla. La industria, que es una  cosa terrible y despiadada [a estas alturas de su relato, Monteagudo habla cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, apasion&aacute;ndose]. Y esto lo describe muy bien en <em>Misery:</em> el hecho de verse prisionero del g&eacute;nero. Y tus lectores son lectores de  g&eacute;nero y te piden eso y no te consienten que entonces t&uacute; te pongas a  hacer literatura de verdad, que te pongas estupendo. &ldquo;&iexcl;No, no, t&uacute; sigue  escribiendo <em>Misery</em> y d&eacute;jate de lo otro!&rdquo; [r&iacute;e]. Tengo un gran respeto por el g&eacute;nero, sea cual sea. Para m&iacute;, si es literatura de verdad, es completamente v&aacute;lido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y c&oacute;mo llega a verse a s&iacute; mismo como un escritor de miedo?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Es curioso. A m&iacute; me sorprendi&oacute; que <em>Fin</em> funcionara como una novela de miedo, o de terror incluso. Eso fue muy  sorprendente para m&iacute;. Estoy seguro de que si uno se propone escribir una  cosa muy terror&iacute;fica no har&aacute; m&aacute;s que repetir unos clich&eacute;s, unos t&oacute;picos  dentro del g&eacute;nero, pero a lo mejor no causa ninguna impresi&oacute;n. En  cambio, yo simplemente intent&eacute; describir una historia realista. Una  novela hiperrealista. Aparte de las &uacute;nicas dos cosas que no son  realistas en ese libro, una de ellas el fin del mundo [r&iacute;e].
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Bueno, no lo sabemos</strong>.<strong>DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Yo no soy profeta, pero puede que sea as&iacute;. La otra cosa es la   aniquilaci&oacute;n de la raza humana por desaparici&oacute;n. O sea: no por  enfermedad, ni por epidemia, ni por explosi&oacute;n. No, es por desaparici&oacute;n.  Esos son los &uacute;nicos elementos de fantas&iacute;a. Lo dem&aacute;s es una novela  hiperrealista. En ella juntamos a un grupo de personas normales, un  grupo de personas en el que no hay ning&uacute;n h&eacute;roe. A diferencia de lo que  sucede en las pel&iacute;culas americanas, aqu&iacute; no hay uno de esos que aguanta  hasta el final; sino que todos se van derrumbando. Ya ves,  conversaciones normales y cuando ven que est&aacute; pasando algo lo que hacen  es negarlo y ponerse con sus tonter&iacute;as, con sus discusiones, con la cosa  un poco adolescente&hellip; Yo creo que ser&iacute;a as&iacute;, que he intentado reflejar  lo que yo creo que ocurrir&iacute;a realmente si nos encontr&aacute;ramos en esa  situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Entonces, &iquest;qu&eacute; da m&aacute;s  miedo: todo eso terrible y sobrenatural, o reencontrarse d&eacute;cadas despu&eacute;s  con los viejos amigos, que ver&aacute;n qu&eacute; hemos hecho con nuestras vidas?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         S&iacute; [r&iacute;e],  no s&eacute;&hellip; Aqu&iacute; hay cosas terribles que ocurren cada d&iacute;a y&hellip;, a ver, es que  es muy curioso el mecanismo del miedo. Una persona que ley&oacute; <em>Fin</em> me dijo que lo que le dio m&aacute;s miedo fue cuando se produce el apag&oacute;n y  salen todos de la casa a ver el cielo estrellado. Y entonces hay uno que  dice: &ldquo;Vamos a ver dentro, a ver si es el t&eacute;rmico que ha saltado&rdquo;.  &ldquo;Bueno&rdquo;, me dijo, &ldquo;yo al leer esto estaba cagada de miedo, porque  pensaba: &iexcl;No, no vayas, no vayas ah&iacute; dentro que algo te va a pasar!&rdquo;  Quiero decir que cuando provocas miedo, miedo de verdad, el aut&eacute;ntico  miedo es el que pone el propio lector. El propio lector seg&uacute;n sus  neuras, seg&uacute;n sus obsesiones y sus pesadillas y las cosas que le dan <em>yuyu</em><em> </em>de  verdad. Vas narrando cosas y el terror lo pone el otro. En cambio, si  t&uacute; explicas que apareci&oacute; un monstruo horrible y tal&hellip;, no, eso no es dar  miedo. Stephen King cae en eso en algunos libros. En verdad &eacute;l tiene  esas dos formas, se mueve entre dos maneras, posiblemente porque se lo  han exigido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Has dicho que de peque&ntilde;o te encontraste con un lobo</strong>.<strong>DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Bueno, como toda leyenda &ndash;y esta es una leyenda familiar- tiene un  principio de verdad y tiene tambi&eacute;n algo de mito. Pero s&iacute;, es cierto,  cuando era ni&ntilde;o est&aacute;bamos en la Galicia profunda en una de esas aldeas  perdidas y all&iacute; hab&iacute;a lobos. Los o&iacute;as aullar por la noche. Y a la ma&ntilde;ana  ve&iacute;as una res que aparec&iacute;a muerta. El lobo era algo real. Se hablaba de  eso y se ve que yo estaba bastante aterrorizado. Un d&iacute;a estaba en casa  solo porque mi madre, que era maestra, estaba al lado en la escuela. Por  lo que sea yo estaba solo en casa, mis dos hermanos mayores estar&iacute;an en  el colegio. Nada, que como me encontr&eacute; solo, sal&iacute; y baj&eacute; la escalera  para ir a la escuela y estar con mi madre. Y cuando abr&iacute; la puerta de la  escalera &ndash;yo ya sal&iacute;a con miedo en el cuerpo-, me encontr&eacute; con un lobo  ah&iacute; sentado. O sea, la materializaci&oacute;n de todos mis temores estaba all&iacute;  sentada sobre sus cuartos traseros y yo me qued&eacute; petrificado, y sal&iacute;  corriendo hacia la escuela. Y mi madre me vio demudado y me preguntaba,  pero yo no pod&iacute;a hablar. Y dice que as&iacute; fue que empec&eacute; a tartamudear,  hasta hoy&hellip; Luego resulta que no era un lobo, sino un perro grande.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK: &iquest;Y las leyendas de meigas en Galicia?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         No, eso es una cosa m&aacute;s bien folcl&oacute;rica. Piensa que en casa, aunque  est&aacute;bamos all&iacute; en ese mundo rural, &eacute;ramos como un reducto de una cultura  diferente. Lo que se consideraba la tradici&oacute;n gallega era una cosa  vern&aacute;cula, de gente de all&iacute; (en ese entonces no se consideraba mucho;  ahora es al rev&eacute;s, se valora mucho la tradici&oacute;n local, se exaltan los  valores locales). En casa  &eacute;ramos de cultura castellana, una cultura muy  racionalista, de leer libros, de pensar, sin mucho dinero, porque mi  madre ten&iacute;a un sueldo de maestra, pero en casa est&aacute;bamos inscritos a la  revista <em>Life</em> en espa&ntilde;ol, y ten&iacute;amos tocadiscos, que nadie ten&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y qu&eacute; literatura te dio miedo?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Yo como lector nunca he buscado el miedo, sino que ha sido algo que ha  aparecido de forma secundaria.  Pero bueno, empiezo por Edgar Allan Poe,  que es uno de los autores que yo admiro. Poe es un ejemplo de una  literatura que pudo ser considerada menor por sus contempor&aacute;neos &ndash;sus  cuentos se consideraban meras historias de fantas&iacute;a truculenta-, pero su  obra, al estar realmente bien escrita, al final es literatura y con el  tiempo se acaba imponiendo. Poe, aparte de esto, tiene una obra po&eacute;tica  muy interesante, completamente innovadora y muy creativa. Y  hay cuentos  suyos que son obras de arte, casi poemas en prosa. <em>El coraz&oacute;n delator</em>,  un cuento breve, en primera persona, en donde se mete dentro de una  mente perturbada, de una mente s&aacute;dica, met&oacute;dica, que est&aacute; todo el tiempo  repitiendo que &eacute;l es normal, que no est&aacute; loco. Un cuento breve,  intenso&hellip; Y luego Julio Cort&aacute;zar, que tiene cuentos fant&aacute;sticos,  buen&iacute;simos, y algunos bastante terror&iacute;ficos. <em>Casa tomada</em> es un  grand&iacute;simo cuento. Es el tipo de literatura que da miedo y que a m&iacute; me  gusta. En cambio no soy de buscar en la biblioteca o en el  kiosco &ldquo;a  ver, &iquest;qu&eacute; tienes de miedo?&rdquo;. Y lo que dec&iacute;amos, esa parte de Stephen  King hecha para satisfacer la industria no me interesa. Cuando uno  escribe para sus lectores, pues mal asunto. Tienes que escribir para ti,  siempre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Tienes pesadillas?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Bueno, alguna fue a parar a mi &uacute;ltimo libro de cuentos, <em>El edificio</em>. En ese libro hay muchos cuentos de miedo. La novela <em>Marcos Montes</em> es m&aacute;s suave, mas <em>light</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero, &iquest;qu&eacute; pesadilla fue a parar a </strong><em><strong>El edificio</strong></em><strong>?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         [Se  r&iacute;e. Aclara, disculp&aacute;ndose, que lo que va a contar es puro terror  psicol&oacute;gico; mientras los ni&ntilde;os alrededor se multiplican y Monteagudo  dice que son bastante pac&iacute;ficos]. Yo entraba en una escalera, una  t&iacute;pica escalera de un bloque de pisos. Iba subiendo y o&iacute;a a alguien que  tambi&eacute;n iba subiendo la escalera, pero por encima de m&iacute;. Y yo pensaba:  &ldquo;Esa persona puede que tenga miedo de mi&rdquo;. Entonces yo echaba a correr  para decirle: &ldquo;Oye, no, no tengas miedo. &iexcl;Que no pasa nada, que no soy  el malo!&rdquo;. Pero en cuanto yo echaba a correr la persona corr&iacute;a tambi&eacute;n. Y  entonces yo corr&iacute;a m&aacute;s, pero entonces empezaba a sentir miedo de m&iacute;. Y  yo mismo me preguntaba: &ldquo;&iquest;T&uacute; realmente vas a decirle eso, o vas a por  &eacute;l?&rdquo;. &iexcl;Es de un terror psicol&oacute;gico terrible! Lo so&ntilde;&eacute; hace unos a&ntilde;os y me  qued&oacute; grabado. Y lo us&eacute; para uno de los cuentos que leer&aacute;s en <em>El Edificio</em>, precisamente se llama &ldquo;La escalera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;</strong><strong>Y  cuando eras un escritor in&eacute;dito, durante todos esos a&ntilde;os que escrib&iacute;as  sin parar, pensabas que estabas haciendo algo con tus miedos?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         No, a m&iacute; lo que me motiv&oacute; a escribir era mi amor por la literatura.  Hab&iacute;a le&iacute;do toda mi vida, mucho, y a los cuarenta empec&eacute; a escribir. Y  siempre he intentado hacer una literatura de calidad, cuidando el  estilo, el lenguaje. Entonces, claro, cuando quieres hacer literatura  tienes que escribir sobre cosas que de verdad te afectan, en lugar de  estar inventando sin ton ni son. Hay que tener una profundidad, hablar  de cosas que conoces, y entonces recurres a cosas que llevas dentro. En <em>Bra&ntilde;aganda</em> hay un retrato f&iacute;sico del pueblo en el que viv&iacute;, y de algunos vecinos.  Pero el caso es que yo he tenido una vida pl&aacute;cida, sin grandes dramas ni  muertes &ndash;bueno, mi padre muri&oacute; hace unos a&ntilde;os, ya mayor-, y resulta que  tuve que buscar, bucear en mis temores, en mis pesadillas. Y en las  cosas que me pueden angustiar. As&iacute; es que mis libros acaban describiendo  un mundo opresivo, angustioso; al menos eso es lo que me dicen quienes  los leen. Que soy un autor bastante retorcido que hace sufrir a sus  lectores.
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        <strong>DK: Lo contrario al perfil de persona</strong>.<strong>DM: </strong>
    </p><p class="article-text">
        &hellip;y en cambio en el trato como persona parezco un buenazo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y el tema del final? Parece una obsesi&oacute;n.DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Me han dicho que en mis cuentos el tema de la muerte est&aacute; muy presente.  Pero yo soy alguien muy vital, muy vitalista, tengo mucha energ&iacute;a y es  que ni si quiera pienso en la muerte. Yo ahora [se reclina en el asiento, relaj&aacute;ndose y abriendo los brazos]   tengo la impresi&oacute;n de que no me morir&eacute; nunca. Estoy tan vivo que no me  lo planteo, vaya. Y como con la muerte, tambi&eacute;n me pasa con lo del fin  del mundo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Hay m&aacute;s miedos que inventariar?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Bueno. El fin del capitalismo, el fin del trabajo que tienes&hellip; En esas  cosas soy bastante optimista y no me creo estos miedos que ahora te  quieren meter: ese miedo colectivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Nos inoculan miedo?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Yo creo que s&iacute;, que hay una serie de poderes f&aacute;cticos a los que les  interesa que tengamos miedo. Se est&aacute;n recortando muchos derechos de los  trabajadores. Aparecen muchos pobres. Yo trabaj&eacute; en la f&aacute;brica hasta  2010 y esos &uacute;ltimos a&ntilde;os fueron muy duros. Desde la administraci&oacute;n de la  empresa se nos exig&iacute;a much&iacute;simo m&aacute;s, echaron a bastante gente&hellip;, una  cosa dura. Est&aacute; clar&iacute;simo que el miedo interesa, para este golpe de  Estado al estado del bienestar. Al ser una crisis, al fin se acabar&aacute;  saliendo de ella, aunque nada volver&aacute; a ser lo que era. Sobre todo para  las clases trabajadoras, para los humildes, ser&aacute; mucho peor que antes.  De modo que interesa que la gente est&eacute; muerta de miedo, que no sepa qu&eacute;  pasar&aacute; ma&ntilde;ana, ni qu&eacute; pasar&aacute; si esto no se arregla, &ldquo;mejor no hagamos  nada porque ser&aacute; peor&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Eres creyente?DM:</strong>
    </p><p class="article-text">
         No, posiblemente por esa educaci&oacute;n tan racional a la que me refer&iacute;a. Soy muy racional, soy un esc&eacute;ptico total.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lilian Neuman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/domingo-noche-fin-mundo_1_5590919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Feb 2013 17:43:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA["Un domingo por la noche, el fin del mundo"]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["El miedo en el siglo XVIII era que la literatura acabara en manos de mujeres"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/miedo-xviii-literatura-acabara-mujeres_1_5590373.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Francesca Serra es cr&iacute;tica literaria y estudiosa de la literatura de los siglos XVII-XIX. Autora de ensayos acad&eacute;micos sobre Calvino y Casanova, un d&iacute;a sinti&oacute; que de tanto mirar el mismo cuadro ya era incapaz de ver nada, entonces decidi&oacute; darle la vuelta al lienzo. El resultado es <em>Las buenas chicas no leen novelas</em>, una obra que en efecto le da la vuelta a los estudios de investigaci&oacute;n al adoptar la iron&iacute;a y la caricatura como armas expositivas. Serra nos confirma que ha escrito &ldquo;un panfleto&rdquo; con la clara intenci&oacute;n de &ldquo;agitar el mundo literario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka: En la portada de tu libro dice &ldquo;Un repaso a la relaci&oacute;n de las mujeres con la lectura&rdquo; pero realmente &iquest;no es m&aacute;s bien un repaso a la relaci&oacute;n de los hombres con el binomio mujer/literatura?Francesca Serra:</strong>
    </p><p class="article-text">
         S&iacute;, es verdad. En efecto, el libro habla de c&oacute;mo han visto los hombres a las mujeres en relaci&oacute;n a los libros, de c&oacute;mo se construye una imagen femenina en relaci&oacute;n a la lectura. Habla de c&oacute;mo la relaci&oacute;n entre las mujeres y los libros, que era un supuesto espacio de libertad, de emancipaci&oacute;n, es en realidad un espacio de construcci&oacute;n ideol&oacute;gica masculina. Realmente no es que hubiera una relaci&oacute;n negativa de las mujeres con la lectura, sino que se ha construido esa imagen negativa, que contin&uacute;a a lo largo de los siglos. Cuando arranca el libro diciendo &ldquo;todas somos pornolectoras&rdquo; estoy queriendo decir que nos han construido esa imagen de pornolectoras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Precisamente quer&iacute;a preguntarte por la elecci&oacute;n de este t&eacute;rmino. Entiendo que con pornolectora te refieres a un tipo de lector consumidor, compulsivo y pasivo, sea hombre o mujer. En tu libro cuentas precisamente que el abate Petro Chiari no hablaba de lectores varones sino de lectoras f&eacute;minas porque era una imagen mucho m&aacute;s eficaz, agresiva y espectacular. &iquest;Es esto lo que has hecho t&uacute;, utilizar el femenino de manera ir&oacute;nica? &iquest;Por qu&eacute; no hablas de pornolector?FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         En realidad, el pornolector no existe, porque cuando el p&uacute;blico de la literatura se ha extendido masivamente durante la revoluci&oacute;n industrial se ha convertido en un p&uacute;blico esencialmente emocional, sugestionable, impresionable, y ha sido representado directamente como una mujer.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <strong>DK: Entiendo la existencia de ese lector pasivo, consumidor compulsivo, etc., pero si es tanto lector como lectora, &iquest;por qu&eacute; no utilizas el t&eacute;rmino gen&eacute;rico que abarque ambos sexos?FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Porque precisamente en el siglo XVIII la literatura entra en el mercado de gran consumo, y entonces se necesitaba una figura que correspondiera a ese agrandamiento, una figura que no tuviera demasiado criterio, a la que poder vender los libros como mercanc&iacute;as, y la industria escoge a la incipiente mujer que empieza a leer. Lo hace por diferentes motivos, porque se entiende que la imagen de la mujer tradicional es m&aacute;s emocional, m&aacute;s sexualizada. Todo el imaginario de las mujeres lectoras en el siglo XVIII las representa leyendo en ropa interior o desnudas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero en ese momento en realidad las mujeres lectoras eran muy pocas.FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         S&iacute;, en ese momento estaban creciendo, pero eran siempre una minor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Entonces los lectores de esa literatura de follet&iacute;n eran principalmente hombres. &iquest;No te parece que es algo interesante que has dejado fuera? &iquest;Qui&eacute;nes eran esos lectores, en qu&eacute; trabajaban, c&oacute;mo acced&iacute;an a esa literatura comercial, se comentaban las novelas en los caf&eacute;s o le&iacute;an en secreto?FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Como dices, la literatura comercial en sus or&iacute;genes era a&uacute;n mayoritariamente cosa de hombres. De ah&iacute; surge el problema, de ah&iacute; surge el tema de mi libro. De preguntarme por qu&eacute; a pesar de esta disparidad, en los tratados se hablaba solo de las lectoras, como si existiera solo un p&uacute;blico femenino. La realidad era de una forma y la representaci&oacute;n de la realidad de otra. Me di cuenta entonces de que era una especie de alegor&iacute;a. Se estaba creando la alegor&iacute;a de una lectura de bajo consumo y la imagen que la representaba mejor era una mujer, desnuda. Independientemente de que fuera verdad o no, de que las mujeres lectoras fueran m&aacute;s o menos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Entiendo; y en consecuencia t&uacute; utilizas el t&eacute;rmino pornolectora, en femenino, como un juego, una caricatura; pero &iquest;no crees que esto puede jugar en contra del sentido de denuncia que tiene el libro?, &iquest;no crees que puede reforzar el estereotipo?FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Era un t&eacute;rmino un poco provocador, para llamar la atenci&oacute;n sobre este tipo de problemas. Llev&eacute; al extremo la terminolog&iacute;a para poner el foco sobre esa parte oscura de la imagen de la lectora, porque hay una historia sobre la mujer lectora que todo aquel que haya le&iacute;do las novelas del XIX -<em>Madame Bovary-</em> conoce, pero no este aspecto negativo. Trataba de llamar la atenci&oacute;n sobre eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;T&uacute; crees que entrado ya el siglo XX, cuando la mujer entra en la historia de la producci&oacute;n como trabajadora, esto cambia?FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         La entrada de la mujer en el mercado de trabajo no creo que haya cambiado esto, ni siquiera la entrada de las mujeres en la industria editorial. No tengo esa percepci&oacute;n, me parece que el sistema literario es muy estable, lleva mucho tiempo siendo muy estable. La mujer cuando entra en ese sistema tiende a reproducir el comportamiento masculino.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK: A partir del siglo XVIII el novelista tiene un espacio de poder, en el sentido de que la novela es un medio de libre pensamiento en aquella &eacute;poca: Balzac, Stendhal, Flaubert&hellip; Una operaci&oacute;n para reducirlo ser&iacute;a enviarlo a un segundo plano, por ejemplo feminizar el producto que escribe, o sea, esconder la novela en el tocador para quitarla del primer plano y que no moleste al poder. &iquest;Podr&iacute;a ser esta tambi&eacute;n la causa de esa invenci&oacute;n de la pornolectora? &iquest;Qu&eacute; piensas de esto?FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         A ver, pienso que por un lado es cierta esta feminizaci&oacute;n de la sociedad a trav&eacute;s de la novela, este es un movimiento de las editoriales para vender m&aacute;s productos, para hacer m&aacute;s grande el mercado literario puesto que &ldquo;mujer&rdquo; desde el XVIII era sin&oacute;nimo de &ldquo;masa&rdquo;, de &ldquo;cantidad&rdquo;. Por otro lado estar&iacute;a la cr&iacute;tica que hacen los intelectuales de este fen&oacute;meno: el mundo literario se est&aacute; feminizando luego todo se vuelve mucho m&aacute;s comercial, de manera que yo, como artista, me encuentro en un mundo de prostituci&oacute;n cultural en el cual el p&uacute;blico es esencialmente femenino, es decir, de bajo nivel. En realidad yo dar&iacute;a la vuelta a lo que t&uacute; dices. Es decir, que los intelectuales utilizaron al p&uacute;blico femenino como chivo expiatorio, haci&eacute;ndole culpable de la decadencia de la literatura. <em>Madame Bovary</em> refleja esto, la degradaci&oacute;n cultural de su &eacute;poca. Bovary es una lectora de mala literatura, tambi&eacute;n es ad&uacute;ltera, con lo cual es una figura muy sexualizada, y adem&aacute;s es una gran consumidora, se suicida porque se arruina. Flaubert elige una figura femenina para plasmar los males que aquejan a su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Faulkner elegir&aacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde a un personaje masculino para contar lo mismo, en Palmeras salvajes. (El protagonista de Palmeras salvajes es un lector compulsivo de pulp. A trav&eacute;s de sus lecturas cree haber aprendido c&oacute;mo robar un banco. Obviamente como no tiene otra experiencia m&aacute;s que la de los libros, le sale mal y le detienen). Al personaje de Faulkner le pasa lo mismo que a Madame Bovary, se crey&oacute; lo que le&iacute;a. Como tambi&eacute;n le pas&oacute; antes a Don Quijote, &iquest;no te parece?FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Bueno, es la excepci&oacute;n a la regla que yo manejo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero en el momento en que Faulkner escrib&iacute;a esa novela, Virginia Woolf estaba escribiendo en Inglaterra Mrs Dalloway.FS: </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero Woolf no entra a discutir el sistema literario, no entra en ese tipo de discurso. Ella sigue hablando de la lectura como un espacio de emancipaci&oacute;n a conquistar. La menci&oacute;n de Don Quijote que haces es interesante, porque Don Quijote era presentado como lector enfermo de mala literatura. En el XVIII una escritora que en su &eacute;poca era muy famosa observ&oacute; que el personaje de Don Quijote no funcionaba ya como arquetipo, a su juicio deb&iacute;a ser transformado en una mujer, una mujer joven trastornada por la lectura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En alg&uacute;n lugar de tu libro planteas que provoca m&aacute;s miedo un grupo de mujeres zombis o de mujeres can&iacute;bales que un grupo de zombis o can&iacute;bales masculinos. Es cierto que la mujer genera miedo en el patr&oacute;n cultural que hemos heredado, en el relato que han construido los hombres. Entonces, si el hombre tiene miedo de la mujer, se dir&aacute;: hay que neutralizarla. &iquest;Crees que los hombres tienen miedo de que ese ser femenino acceda a la cultura puesto que eso es abrir su acceso al poder, dinamitando el orden masculino establecido? De ser as&iacute;, la construcci&oacute;n de la pornolectora, adem&aacute;s de una operaci&oacute;n de mercado, ser&iacute;a una operaci&oacute;n pol&iacute;tica, motivada por el miedo de los hombres a perder poder.FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         En realidad lo que yo estaba describiendo era una masa de lectoras femeninas que se apodera de la lectura no para acceder al poder sino para destruir el campo literario a trav&eacute;s de su mediocridad. El miedo en el siglo XVIII era que la literatura acabara en manos de las mujeres, no que las mujeres tomaran el poder. El hombre no ten&iacute;a miedo tanto a la emancipaci&oacute;n femenina a trav&eacute;s de la lectura como a la degradaci&oacute;n de la cultura a cargo de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Ves diferencia hoy entre la lectora Angela Merkel y el lector Mario Monti? &iquest;Leen el mundo de manera diferente?FS:</strong>
    </p><p class="article-text">
         No, no creo que haya mucha diferencia. Ambos son dirigentes. Es como si Merkel entrara en un gran grupo editorial y supiera que si no vende cincuenta mil ejemplares la despiden. Desde este punto de vista no veo una diferencia de g&eacute;nero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diario Kafka]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/miedo-xviii-literatura-acabara-mujeres_1_5590373.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Feb 2013 17:41:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA["El miedo en el siglo XVIII era que la literatura acabara en manos de mujeres"]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El club de los verbos finos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/club-verbos-finos_1_5591221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Con muy buena intenci&oacute;n nos han ense&ntilde;ado que est&aacute; feo repetir. Sea en una novela, en una carta, en una ponencia, en una entrevista, en un correo electr&oacute;nico o en un <em>post</em> de Internet, tenemos conciencia de que es conveniente un poco de formalidad. Es cierto que la repetici&oacute;n, cuando no tiene una funci&oacute;n ret&oacute;rica y adquiere alg&uacute;n costoso nombre griego como an&aacute;fora o polipote o epanadiplosis, deriva en un estilo pobre, ruidoso y cansino. No se pueden repetir todo el tiempo las mismas palabras. Para eso est&aacute;n los sin&oacute;nimos, nos han dicho.
    </p><p class="article-text">
        Esta loable consigna ha sido la causa, sin embargo, de variados estropicios. Para empezar, repetir no es un concepto tan f&aacute;cil de identificar como puede parecer. Ya hemos visto que algunas repeticiones son figuras literarias. Por otro lado, hay fen&oacute;menos de lo que podr&iacute;amos llamar psicolog&iacute;a de la lectura que son relativos y var&iacute;an de un idioma a otro: en ingl&eacute;s, por ejemplo, la continua repetici&oacute;n de <em>said </em>(&ldquo;dijo&rdquo;) en las acotaciones de los di&aacute;logos no parece perturbar a nadie; en espa&ntilde;ol, si no altern&aacute;ramos de vez en cuando los <em>dijo</em> con los <em>afirm&oacute;, observ&oacute;, asegur&oacute;</em>, etc., se nos echar&iacute;a encima, con raz&oacute;n, la polic&iacute;a estil&iacute;stica. Y luego est&aacute; el l&eacute;xico que, en una lengua, es de mayor frecuencia de uso y que, nos pongamos como nos pongamos, es el de mayor frecuencia de uso. Afino la tautolog&iacute;a: en todas las lenguas hay palabras que se repiten porque se usan much&iacute;simo, a veces porque designan realidades e ideas muy comunes en nuestra vida, a veces porque tienen un significado muy amplio que vale para muchas cosas, o a veces, al contrario, porque su significado es tan escaso o escurridizo que la palabra necesita continuamente &ndash;y de ah&iacute; sus m&uacute;ltiples apariciones&ndash; aliarse con otras para crear significados.
    </p><p class="article-text">
        El l&eacute;xico de mayor frecuencia de uso no es, por tanto, ni una plaga ni una maldici&oacute;n, sino un miembro sol&iacute;cito de un cuerpo funcional y sano. Pero, como se manifiesta tanto, es el primer candidato a ser reemplazado cuando recordamos la consigna de &ldquo;no repetir&rdquo; que nos han inculcado a quienes aspiramos a tener un &ldquo;buen estilo&rdquo;. As&iacute;, en lugar de decir tantas veces <em>ser</em>, sustituimos alguno por <em>constituir</em> o <em>suponer;</em> <em>estar</em> o <em>quedarse</em>, por <em>permanecer;</em> <em>haber</em>, por <em>existir;</em> <em>dar</em>, por <em>proporcionar </em>o<em> suministrar;</em> <em>ir</em>, por <em>acudir</em>; <em>volver</em>, por <em>regresar</em>; <em>pasar</em>, por <em>ocurrir</em> o <em>suceder;</em> <em>empezar</em>, por <em>comenzar</em> o <em>iniciar;</em> <em>entrar</em>, por <em>penetrar</em>; etc. Es un proceder muy decoroso, sin duda. Pero tomo prestado aqu&iacute; un documento de <a href="https://www.facebook.com/pages/Los-fil%C3%B3logos-somos-necesarios-Que-parece-que-no-pero-s%C3%AD/276844875066" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los fil&oacute;logos somos necesarios</a> para que empecemos a familiarizarnos con sus peligros:
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                </figure><p class="article-text">
        No se trata &uacute;nicamente de chistosos malentendidos. Algo empieza a chirriar tambi&eacute;n cuando o&iacute;mos a alguien decir que <em>acude</em> (en vez de <em>ir</em>) <em>al cine</em>, o que <em>proporciona</em> (en vez de <em>dar</em>) <em>una respuesta a una pregunta</em>. &iquest;Qui&eacute;n habla as&iacute;?, nos preguntamos. &iquest;No ser&aacute; un cursi redomado? De pronto vemos que la buena voluntad de acceder a un registro elevado nos empuja parad&oacute;jicamente al nivel vulgar, al nivel de la metedura de pata, que no est&aacute; para nada re&ntilde;ido con el de la afectaci&oacute;n. Son una extra&ntilde;a clase de vulgarismos, qu&eacute; duda cabe, los que resultan de este proceso, pero lo son. Vuelve a ocurrir: a veces el remedio es peor que la enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras de mayor frecuencia de uso han llegado a ser v&iacute;ctimas de una fobia l&eacute;xica que parece requerir medicaci&oacute;n urgente. Y la medicaci&oacute;n no son los presuntos sin&oacute;nimos. Las lenguas est&aacute;n llenas de expresiones fijas que no se pueden tocar, y ah&iacute; no hay sin&oacute;nimo que valga. A nadie se le ocurre decir <em>la danza de san Vito </em>en vez de <em>el baile de san Vito</em>, ni <em>A bondadosas horas llegas</em> en vez de <em>A buenas horas llegas</em>. Pero est&aacute; claro tambi&eacute;n que, con vistas al &ldquo;buen estilo&rdquo;, en ocasiones nos cuesta identificar lo que es fijo y lo que no lo es, lo que es intercambiable y lo que no. Los sin&oacute;nimos pueden tener entre s&iacute; una correspondencia exacta (o casi) de significado, pero no siempre (de hecho, muy pocas veces) se corresponden en el plano l&eacute;xico, es decir, en el plano material de la expresi&oacute;n, de las palabras. <em>Orinar</em> y <em>hacer pip&iacute;</em> significan exactamente lo mismo (plano sem&aacute;ntico), pero nadie se hace unos <em>an&aacute;lisis de pip&iacute;</em> y solo un ni&ntilde;o muy redicho tendr&aacute; <em>ganas de orinar</em> (plano l&eacute;xico).
    </p><p class="article-text">
        Las confusiones entre lo sem&aacute;ntico y lo l&eacute;xico tienen hilarantes consecuencias estil&iacute;sticas, por lo que ha llegado el momento de dejar la teor&iacute;a y presentar las pruebas. Nos centraremos en los verbos, y de la larga lista de los de mayor frecuencia (que incluye, por cierto, <em>mirar</em> y <em>decir</em>, sobre los que probablemente volvamos otro d&iacute;a), elegiremos dos de los m&aacute;s famosos: <em>tener</em> y <em>hacer</em>.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos verbos son tan ubicuos y polivalentes que definir su significado parece ocioso, si no imposible. &iquest;Qu&eacute; significa <em>tener</em>? &iquest;Qu&eacute; significa <em>hacer</em>? Pensemos tan solo que el <em>DRAE </em>registra<em> </em>24 acepciones del primero y 58 del segundo, adem&aacute;s de por lo menos 30 y 43 locuciones respectivamente, y seguro que se queda corto. Imaginemos la cantidad de locuciones fijas a que pueden dar pie estos verbos tan cojos y a la vez tan solicitados y la cantidad de solidaridades l&eacute;xicas que pueden establecer con otras palabras. Y veamos ahora en ellos una ilustraci&oacute;n de cu&aacute;nto cuesta, al parecer, como dec&iacute;amos, reconocer estas relaciones inmutables.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; la enternecedora confesi&oacute;n que hac&iacute;a Carlos Mateo en <a href="http://m.forocoches.com/foro//showthread.php?t=2783596" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Foro Coches</a> el 7 de junio de 2007:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por temporadas <strong>poseo</strong> algo de <strong>caspa</strong>, y he probado varios champus [sic]&hellip; pero siempre vuelve la caspa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        O el consejo pedag&oacute;gico que nos da <a href="http://daniel.1.over-blog.es/article-panales-ropa-interior-88010627.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Daniel.1</a> en su blog:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mientras [el ni&ntilde;o] permanece sentado [en el orinal] expl&iacute;cale de forma sencilla que ese es el lugar donde debe <strong>realizar</strong> <strong>pipi</strong> y <strong>popo</strong> [sic]&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        O esta en&eacute;rgica recomendaci&oacute;n vital del blog <a href="http://citasdeldia.blogspot.com.es/2013/02/vivir-es-un-asunto-urgente.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Citas del D&iacute;a</a> del 3 de febrero de 2013:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ni se te ocurra <strong>poseer</strong> <strong>miedo</strong> a fracasar con lo que dices, s&eacute; natural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parece que los autores de estas construcciones no son conscientes de que <em>tener caspa</em>, <em>hacer pip&iacute; </em>o<em> pop&oacute; (caca </em>mejor, &iquest;no?), o <em>tener miedo</em>, por vulgares que les parezcan, no son intercambiables, ni mucho menos &ldquo;elevables&rdquo;, con presuntos sin&oacute;nimos m&aacute;s finos.
    </p><p class="article-text">
        Pero, ah, dir&aacute;n algunos, &eacute;stos son ejemplos de foros y de blogs, donde se re&uacute;ne y se expresa la gente m&aacute;s indocumentada. Pues no. <em>Realizar</em> y <em>poseer</em> tienen fans en todos lados. Demos un paseo por la prensa, por los libros de texto, por las novelas, por los ensayos, por la literatura, en fin, ese territorio de la gente realmente culta. Aqu&iacute; tenemos unos cuantos <em>realizar</em>:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que deben hacer [los padres] es cumplir con su trabajo, traer limpios a los ni&ntilde;os al centro y obligarles a<strong> realizar los deberes&rdquo;</strong><em> </em>(Mois&eacute;s Cayetano, <em>Autonom&iacute;a, ocio, educaci&oacute;n y cultura</em>, Zero, Madrid, 1980, p. 55)
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ni la publicaron ni <strong>realizaron</strong> <strong>comentario</strong> alguno sobre ella&rdquo; (Juan Bonilla, <em>El que apaga la luz</em>, Pre-textos, Valencia, 1995, p. 15).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Daba &oacute;rdenes precisas para<strong> realizar </strong>interminables <strong>limpiezas</strong> a fondo&rdquo; (&Aacute;ngeles Caso, <em>El peso de las sombras</em>, Planeta, Barcelona, 1996, p. 164).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Da muestras de agilidad y acrobacia inauditas,<strong> realizando pasos </strong>y<strong> posturas</strong> absurdas y rid&iacute;culas&rdquo; (Gasc&oacute;n Soublette, <em>Mensajes secretos del cine</em>, Andr&eacute;s Bello, Santiago de Chile, 2001, p. 196).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Su madre <strong>realiz&oacute;</strong> la primera <strong>incursi&oacute;n</strong> en el di&aacute;logo: Era un hombre muy valioso, inspectora&rdquo; (Alicia Gim&eacute;nez Barlett, <em>Serpientes en el Para&iacute;so</em>, Planeta, Barcelona, 2002, p. 80).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No se permite <strong>realizar</strong> <strong>cosquillas</strong>&rdquo; (Jos&eacute; Manuel P&eacute;rez Feito et al., <em>Educaci&oacute;n f&iacute;sica. Sesiones 3r ciclo de Primaria</em>, Pila Tele&ntilde;a, Alpedrete, 2011, p. 79).
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; man&iacute;a le tienen estos autores al pobre <em>hacer</em>, que tan bien habr&iacute;a quedado en esos contextos! Tambi&eacute;n habr&iacute;amos podido buscar ejemplos de <em>efectuar</em> y <em>llevar a cabo</em>, otros sustitutos muy concurridos, si no criminales, pero esto ya lo hacen ustedes, si <em>poseen</em> ganas:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Basta [para componer y grabar un tema musical] con <strong>poseer</strong> <strong>ganas</strong>, creatividad, algo que contar al mundo, y un ordenador&rdquo; <em>(El Faro de Vigo</em>, <a href="http://www.farodevigo.es/portada-arousa/2011/02/12/creacion-musical/517788.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">12 de febrero de 2011</a>).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debo decir que ninguno de los mentados [&hellip;] <strong>posey&oacute;</strong> un <strong>inter&eacute;s</strong> suficiente para que mi atenci&oacute;n discurseadora se detenga hoy en &eacute;l&rdquo; (Manuel M&uacute;jica L&aacute;inez, <em>El escarabajo</em>, Plaza y Jan&eacute;s, Barcelona, 1993 (1982), p. 208).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los castillos y torreones <strong>pose&iacute;an</strong> <strong>ventanas</strong> peque&ntilde;as y estrechas&rdquo; (Jos&eacute; Aguilar Peris, <em>Energ&iacute;a solar. Pasado y presente</em>, RACEFN, Madrid, 1986, p. 14).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y Hernando <strong>poseer&aacute;</strong> puntual <strong>informaci&oacute;n</strong> de cu&aacute;ntas veces me miro al espejo&rdquo; (Juan Luis Cebri&aacute;n, <em>La rusa</em>, C&iacute;rculo de Lectores, Barcelona, 1986, pp. 174-175).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n las generaciones pasadas <strong>poseen</strong> <strong>el derecho</strong> a ser o&iacute;das&rdquo; (Luis Mar&iacute;a Anson, <em>Don Juan</em>, Plaza y Jan&eacute;s, Barcelona, 1996, p. 533).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las naciones [&hellip;] son unidades que <strong>poseen</strong> <strong>conciencia</strong> de s&iacute; mismas&rdquo; (Domingo Yndur&aacute;in<em>, Del clasicismo al 98</em>, Biblioteca Nueva, Madrid, 2000, p. 95).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Realmente las ganas, el inter&eacute;s, las ventanas, las informaciones, los derechos, la conciencia se <em>poseen</em>? Est&aacute; visto que s&iacute;. Parece que la &iacute;ntima y pac&iacute;fica convivencia de estos sustantivos con <em>tener</em> merece ser abandonada. Influye aqu&iacute;, en alg&uacute;n caso, el recuerdo de una locuci&oacute;n fija como <em>estar en posesi&oacute;n de (un derecho</em>, por ejemplo)<em>, </em>que da alas a los escritores a reformularla, porque tampoco esa locuci&oacute;n les basta, o se les hace larga.
    </p><p class="article-text">
        <em>Poseer</em> es muy tentador para un estilista. Por su parte, el <em>DRAE </em>nos sorprende con una enigm&aacute;tica acepci&oacute;n 2: &ldquo;Saber suficientemente algo, como una doctrina, un idioma, etc.&rdquo;. Como no pone ejemplos, tendremos que imagin&aacute;rnoslos: <em>&iquest;Poseo platonismo?</em> (&iquest;o ser&aacute; con art&iacute;culo, <em>el platonismo</em>?) <em>&iquest;Posees sueco?</em> (&iquest;o ser&aacute; <em>el sueco</em>?) <em>&iquest;Poseemos etc.?</em> &iexcl;No demos ideas! El <em>DRAE</em> no lo se&ntilde;ala &ndash;y quiz&aacute; debiera hacerlo por deferencia a los estilistas&ndash;, pero de lo que s&iacute; tenemos pruebas es de que <em>poseer</em> hace ya tiempo que se est&aacute; especializando en virtudes y vicios:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Anastasia <strong>pose&iacute;a </strong>esa megaloman&iacute;a instintiva de la humanidad&rdquo;  (Vlady Kociancich, <em>La octava maravilla</em>, Alianza, Madrid, 1982, p. 111).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He observado tambi&eacute;n &ndash;a&ntilde;adi&oacute; ella&ndash; que <strong>posee </strong>usted una cualidad especial en un esgrimista&rdquo; (Arturo P&eacute;rez Reverte, <em>El maestro de esgrima</em>, Alfaguara, Madrid, 1995 (1988), p. 88).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Aacute;lvaro de Campos es el &uacute;nico, de todo el gent&iacute;o heteron&iacute;mico, que <strong>posee</strong> el vicio del humo&rdquo; (Antonio Tabucchi, <em>Un ba&uacute;l lleno de gente</em>, Huerga y Fierro, Madrid, 1997, trad. de P. L. Ladr&oacute;n de Guevara Mellado, pp. 94-95).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Posee</strong> la gallard&iacute;a y el aplomo de quien podr&iacute;a desenvolverse a solas en la vida&rdquo; (Antonio Mu&ntilde;oz Molina, <em>Sefarad</em>, Alfaguara, Madrid, 2001, pp. 322-323).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Usted [&hellip;] sabe llegar a nuestros muchachos con esa gracia que no <strong>poseen</strong> otros escritores&rdquo; (Elvira Lindo, <em>Tinto de verano</em>, Aguilar, Madrid, 2001, p. 67).
    </p><p class="article-text">
        E incluso progresa en la especializaci&oacute;n en peque&ntilde;as propiedades:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Pose&iacute;a</strong> un peque&ntilde;o pene tonto y encogido&rdquo;<em> </em>(Almudena Grandes, <em>Las edades de Lul&uacute;</em>, Tusquets, Barcelona, 1989 (1995), p. 75).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De veras?
    </p><p class="article-text">
        Y todo por no decir <em>tener</em>. Con este &uacute;ltimo ejemplo, tan elocuente, y sin el menor atisbo de iron&iacute;a, creo que nos despedimos por hoy.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/club-verbos-finos_1_5591221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Feb 2013 17:40:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El club de los verbos finos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El miedo en el cuerpo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/miedo-cuerpo_1_5590176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cuando  iba al instituto, en Argentina, una de las aficiones que compart&iacute;a con  mis compa&ntilde;eros era ver pel&iacute;culas prohibidas para menores de dieciocho  a&ntilde;os. Casi todas ten&iacute;an esa calificaci&oacute;n, con lo cual tan solo se  trataba de ver cine ya que la alternativa quedaba reducida pr&aacute;cticamente  a Disney. Recuerdo una tarde que intentamos entrar en la sala donde  proyectaban <em>Sacco y Vanzetti</em> de Giuliano Montaldo y fuimos rechazados de plano en la taquilla, pero en un cine vecino nos dejaron pasar para ver <em>El p&aacute;jaro de las plumas de cristal</em> de Dario Argento.
    </p><p class="article-text">
        Pasaron  muchos a&ntilde;os hasta que pude ver la historia de Nicola Sacco y Bartolomeo  Vanzetti, los anarquistas italianos acusados en Estados Unidos de un  crimen que no cometieron y que acabaron en la silla el&eacute;ctrica. De no  haber mediado tanto tiempo, impuesto por la dictadura que prohibi&oacute; su  exhibici&oacute;n, no tendr&iacute;a en la memoria aquella tarde en la que en lugar de  <em>Sacco y Vanzetti</em> vi mi primera pel&iacute;cula de miedo. Mucho despu&eacute;s el artificio de Argento  nos har&iacute;a gracia e incluso, para algunos, ser&iacute;a objeto de culto, pero  para los preadolescentes de entonces el miedo era eso. El tiempo, que  suele acomodar las cosas, nos descubri&oacute; que el miedo, en realidad,  estaba expuesto en la otra sala a la que no nos dejaron acceder: el  miedo que genera una justicia que no es tal; un sistema del cual la  mayor&iacute;a queda en entredicho.
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        El  miedo es una reacci&oacute;n ante la incertidumbre, a lo desconocido, a la  ausencia de control sobre lo real o a la p&eacute;rdida de su sentido. Por  aquel entonces mi madre le ten&iacute;a miedo al comunismo y mi padre al  quiebre de la prolija tensi&oacute;n de la Guerra Fr&iacute;a. Est&aacute; claro que ambos  necesitaban una hip&oacute;tesis de conflicto en el sereno marco en el que  discurr&iacute;a su vida cotidiana. La dictadura trajo como consecuencia que el  miedo se trasladara hacia algo tangente: la suerte de sus hijos en un  estado de sitio permanente y absolutamente oscuro. La incertidumbre, lo  desconocido y la p&eacute;rdida del sentido se aunaban en una realidad que no  daba m&aacute;s garant&iacute;as que el ciclo diario de rotaci&oacute;n de la Tierra  alrededor del Sol.
    </p><p class="article-text">
        En  otras latitudes, en Europa, por ejemplo, los antiguos miedos de mis  padres a&uacute;n gozaban de cierta vitalidad. Para una mayor&iacute;a que se  beneficiaba del modelo keynesiano que la crisis del petr&oacute;leo de los  setenta no hab&iacute;a conseguido quebrar, el miedo rondaba la danza g&eacute;lida de  las dos potencias hegem&oacute;nicas y el desastre nuclear. Otras pel&iacute;culas,  como <em>Todos los hombres del presidente</em> de Alan J. Pakula, que narra el caso Watergate, o <em>La semilla del diablo</em>,  invitaban a perder el miedo al sistema pol&iacute;tico vigente y a canalizarlo  en la versi&oacute;n del mal que propon&iacute;a Polanski &ndash;y que a&uacute;n late ya que el  mal, como el miedo, es perenne&ndash;.
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        La ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n y la hegemon&iacute;a del socialismo real cambiaron las reglas del juego y los sujetos del miedo.
    </p><p class="article-text">
        La noche del 9 de noviembre de 1989, en Berl&iacute;n, cae una idea del mundo y los miedos proyectados hacia fuera se comienzan a <em>internalizar</em> de modo tal que poco a poco terminan anidando en nuestro cuerpo para  instalarse definitivamente en &eacute;l otra noche, la del 14 de septiembre de  2008, en Nueva York, cuando junto con el banco Lehman Brothers cae el  sistema. Ya nada volver&aacute; a ser igual.
    </p><p class="article-text">
        Don  DeLillo afirma que con la ca&iacute;da de las Torres Gemelas el tiempo ha  quedado disuelto, ya que nada de aquello que aprendimos en el pasado  sirve para detener un ataque de estas caracter&iacute;sticas, en el que un  kamikaze puede disolver el presente en cualquier momento y en una  realidad as&iacute; planteada no hay futuro posible. El miedo se expande a todo  lo que gira alrededor nuestro, convertidos en blancos m&oacute;viles  permanentes. Pero del mismo modo que Mohammed Atta hizo estrellar un  avi&oacute;n contra las Torres Gemelas, Richard Fuld, el presidente de Lehman  Brothers, desde otra torre del barrio estrell&oacute; su banco contra el  sistema.
    </p><p class="article-text">
        Ya  no hay comunismo &ndash;a pesar de la insistencia de Berlusconi en el asunto&ndash;  ni Guerra Fr&iacute;a. Si mi padre viviera, en lugar de temer un  enfrentamiento nuclear se preguntar&iacute;a c&oacute;mo es posible que haya  permanecido cuarenta a&ntilde;os haciendo el mismo trabajo. Su miedo, hoy,  estar&iacute;a puesto en la zozobra de la pensi&oacute;n, en el diario vivir de sus  hijos y en el porvenir de su nieto.
    </p><p class="article-text">
        La  realidad l&iacute;quida que propone Zigmunt Bauman no es la ingeniosa manera  de describir la realidad de un soci&oacute;logo polaco que declama en un campus  ingl&eacute;s. La astucia de la raz&oacute;n hegeliana, aquella que pregonaba que las  ideas quedan en la retaguardia y se preservan de las pasiones, ha  quedado tambi&eacute;n disuelta arrastrando las ideas: no hay certeza alguna;  todo se expande como una mancha de petr&oacute;leo en el mar de la  incertidumbre. &iquest;C&oacute;mo no mirar esa mancha con p&aacute;nico?
    </p><p class="article-text">
        Contaba  al principio que siendo casi un ni&ntilde;o me inici&eacute; antes en el cine de  terror que en el pol&iacute;tico. Hoy, posmodernidad mediante, los g&eacute;neros  tambi&eacute;n se han disuelto y podemos sufrir un escalofr&iacute;o ante una trama  que esper&aacute;bamos que nos llevase por otro camino. En la pel&iacute;cula <em>Syriana</em> del realizador Stephen Gaghan, el protagonista, interpretado por George  Clooney, pide colaboraci&oacute;n a un diputado estadounidense para denunciar  un delito de corrupci&oacute;n inherente a las empresas petroleras en cuesti&oacute;n.  El pol&iacute;tico, fuera de s&iacute; y a los gritos, se lanza contra Clooney,  exclamando &ldquo;&iquest;Corrupci&oacute;n? Corrupci&oacute;n es el intrusismo del Gobierno en la eficiencia del mercado con sus regulaciones. Eso es de Milton Friedman. &iexcl;Tiene un <em>jodido</em> Nobel! Tenemos leyes justamente para salirnos con la nuestra. La corrupci&oacute;n es la que nos protege&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Margin Call </em>de J.C. Chandor, pel&iacute;cula que<em> </em>dramatiza  la ca&iacute;da de Lemahn Brothers, Jeremy Irons encarna al presidente que  quebr&oacute; ese banco, Richard Fuld, y al d&iacute;a siguiente de la ca&iacute;da declara  euf&oacute;rico: &ldquo;Este desastre nos va a dar mucho dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo no vivir con el miedo en el cuerpo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/miedo-cuerpo_1_5590176.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Feb 2013 15:34:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El miedo en el cuerpo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guillermo del Toro: "El miedo es una emoción bellísima, poética y sublime"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/guillermo-toro-bellisima-poetica-sublime_1_5590320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Desde que ganara el premio de la Semana Cr&iacute;tica en Cannes en 1993 con la pel&iacute;cula <em>Cronos</em>, Guillermo del Toro se ha convertido en un director icono de la cultura del miedo. Su maravilloso <em>Laberinto del Fauno</em> dej&oacute; tal resaca en Hollywood que la factor&iacute;a de los sue&ntilde;os se obsesion&oacute;  con su mundo fant&aacute;stico. Guillermo del Toro sabe c&oacute;mo provocar miedo  desde la gran pantalla y c&oacute;mo llegar a las emociones del espectador. El  terror es el chile de su cine y nosotros, adictos al picante, pedimos  m&aacute;s con l&aacute;grimas en los ojos. Nadie recrea el horror como Del Toro,  quien ademas de dirigir se atreve a producir pel&iacute;culas de este g&eacute;nero.  Llega a las pantallas espa&ntilde;olas <em>Mam&aacute;</em>, un <em>filme</em> marca de la casa Del Toro realizado por Andr&eacute;s Muschietti, donde -no  podr&iacute;a ser de otra manera- habitan los fantasmas. Guillermo del Toro ha  compartido con nosotros su visi&oacute;n del miedo, una emoci&oacute;n que &eacute;l  considera bella y sublime, casi nada. Tras apartarse del proyecto <em>The Hobbit</em> acusando razones personales, Del Toro acaba de terminar el rodaje de <em>Pacific Rim</em> mientras sigue escribiendo el guion de su pr&oacute;ximo proyecto: <em>Frankenstein</em>.  Del Toro forma parte del renacimiento del cine mexicano junto a Cuar&oacute;n e  I&ntilde;&aacute;rritu, compadres, amigos y socios en varios proyectos  cinematogr&aacute;ficos. Hollywood se ha rendido a los pies de este artista que  representa el cine de terror gracias a t&iacute;tulos como <em>Mimic</em>, <em>Hellboy</em> y <em>El laberinto del Fauno</em>. Hasta Nueva York fuimos a hablar con Guillermo, en exclusiva para Diario Kafka.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka:</strong> <strong>&iquest;Por qu&eacute; cree que al p&uacute;blico le gusta sentir miedo en el cine?Guillermo del Toro:</strong>
    </p><p class="article-text">
         El miedo es una emoci&oacute;n que nos conmueve tanto como la risa. Lo mismo  disfrutamos de una comedia que de una cinta de terror. Forma parte de  nuestra funci&oacute;n social y nosotros tratamos de entretenernos porque en la  vida real no hay muchas dosis de diversi&oacute;n, mucho menos en los tiempos  que vivimos. El horror despierta nuestros instintos b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Mam&aacute; demuestra su fascinaci&oacute;n por los fantasmas?GDT:</strong><em>Mam&aacute;</em>
    </p><p class="article-text">
         De todos los personajes sobrenaturales los que m&aacute;s me intrigan son los fantasmas. He hecho <em>The Devil&rsquo;s Backbone</em> y he producido <em>El orfanato</em>,  he le&iacute;do todas las historias que se han escrito sobre fantasmas y he  tomado nota. Los fantasmas son un gran tema para provocar terror y al  mismo tiempo para invitar a la reflexi&oacute;n. Creo que los fantasmas nos  obligan a pensar qu&eacute; significa ser humano, estar vivo y entender la  vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Por qu&eacute; su af&aacute;n de contar historias de miedo?GDT:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Somos mam&iacute;feros. Pretendemos ser buenos cuando en realidad somos  simples animales. Comemos, procreamos, dormimos y peleamos, todos  nosotros lo hacemos en un grado mayor o menor. La forma en que lo  hacemos es socializando esos instintos. Escucha esto, la antropolog&iacute;a  dice que contar historias fue un hecho que apareci&oacute; en la vida de los  humanos cuando estos dejaron de ser n&oacute;madas y se convirtieron en  sedentarios. Sentarse a esperar que un &aacute;rbol diera sus frutos hizo que  los humanos se desarrollasen m&aacute;s all&aacute; de los instintos primarios.  Despu&eacute;s de encontrar comida y conseguir cobijo empezaron a alimentar el  alma contando historias. Me fascina que una de las primeras cosas que  hicieran los humanos fuera entretenerse, demuestra que contar historias  es una parte esencial del ser humano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En sus pel&iacute;culas el miedo y la belleza van de la mano.GDT:</strong>
    </p><p class="article-text">
         S&iacute;. Porque creo que el miedo es algo bell&iacute;simo. Todo lo que hago, lo  hago porque creo en ello. Lo &uacute;nico que puedo decir con cierto orgullo es  que las pel&iacute;culas que he hecho, las que no he hecho y en las que he  estado involucrado, se han hecho o se han abandonado por las razones  correctas. Nunca he tenido que hacer un <em>filme</em> determinado para ir a los &Oacute;scar.  No he tenido que hacer un drama social para ir a Cannes. Lo que ha  ocurrido en mi vida ha sucedido porque creo firmemente en lo que hago.  He apostado por el miedo, que es una emoci&oacute;n bell&iacute;sima, po&eacute;tica y  sublime. Estoy feliz de poder decir esto y no quiero con ello asegurar  que todo lo que he hecho haya sido bueno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK: &iquest;Algo le da miedo?GDT:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Muchas cosas me asustan. Sol&iacute;a ser un hipocondriaco, bueno sigo  si&eacute;ndolo. Cualquier cosa me lleva a pensar que estoy muriendo de c&aacute;ncer.  Un d&iacute;a seguro que me va a pasar. Tambi&eacute;n me da mucho miedo el mundo  real. Odio a los pol&iacute;ticos, los bancos, los impuestos, estamos hablando  de mafias sociales. Ellos me dan miedo. Yo aprend&iacute; el verdadero  significado del miedo cuando me convert&iacute; en padre, porque cuando sientes  miedo por otra persona es cuando realmente reconoces el terror. Eso es  algo que nunca hab&iacute;a experimentado hasta que llegaron mis hijas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; le atrae a la hora de producir?GDT:</strong>
    </p><p class="article-text">
         No estoy seguro. Es casi como una adicci&oacute;n. Es realmente agotador,  requiere much&iacute;sima energ&iacute;a, pero siento que tengo que hacerlo porque  creo que es importante proteger las voces que merece la pena escuchar  como realizadores. Especialmente a los que debutan. Fue importante  proteger a Juan Antonio Bayona cuando hizo <em>El orfanato</em>.  No tuvo que ir a un estudio o a un distribuidor que tal vez hubieran  cambiado el final de su pel&iacute;cula o no le hubieran permitido contar con  ese elenco de actores. A m&iacute; me ayud&oacute; Pedro Almod&oacute;var. Pedro me salv&oacute; la  vida. Despu&eacute;s de <em>Mimic</em> yo me dije: &ldquo;Que se joda este negocio, es una industria imposible&rdquo;, y  Pedro fue absolutamente generoso conmigo ofrenci&eacute;ndose a producir mi  siguiente pel&iacute;cula. Yo produzco de la misma forma que Pedro me ense&ntilde;o a  m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Fue dif&iacute;cil el camino al &eacute;xito en Hollywood manteniendo el respeto del cine mexicano e hispano en general?GDT:</strong>
    </p><p class="article-text">
         Muy dif&iacute;cil, realmente. Lo que es curioso es que las nuevas  generaciones ya tienen abierto un camino que abrimos las generaciones  anteriores, y supongo que a nosotros nos lo abrieron los anteriores.  Pero cuando yo llegu&eacute; a Hollywood la primera vez, en el 92 o 93, era  otro el panorama. No hab&iacute;a un latino haciendo pel&iacute;culas como <em>Harry Potter</em>, <em>Hellboy</em> o <em>Blade</em>.  No hab&iacute;a un modelo a seguir en esa escala de pel&iacute;culas. Creo que no  somos un modelo &uacute;nico, ni el mejor, pero es muy bonito que haya  alternativas de modelo. <em>Ahorita</em> un chico de Argentina, de Ecuador, de M&eacute;xico, de donde sea, puede so&ntilde;ar  con hacer cine de g&eacute;nero a la m&aacute;s alta escala y se sabe capaz. Cuando  yo llegu&eacute; no era posible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; ocurri&oacute; con su proyecto Frankenstein?GDT:</strong><em>Frankenstein</em>
    </p><p class="article-text">
         Estoy escribiendo el guion, pero no soy muy r&aacute;pido (se r&iacute;e).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[María Estévez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Feb 2013 14:45:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Guillermo del Toro: "El miedo es una emoción bellísima, poética y sublime"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Linchamientos y revelaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/linchamientos-revelaciones_1_5589633.html]]></link>
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        Despu&eacute;s  de cada gala de los Goya, Espa&ntilde;a vuelve a reconfigurarse como pelot&oacute;n  de linchamiento. No son solo las portadas de la prensa de derechaS, cuya  rapidez de reflejos para se&ntilde;alar la supuesta doble moral de una actriz  no tiene su correspondencia a la hora de cartografiar el abismo que se  abre entre el incumplimiento de las promesas electorales y el  cumplimiento del deber: es, tambi&eacute;n, ese p&uacute;blico no necesariamente  adscrito a la caverna ideol&oacute;gica que, en redes sociales, sigue el impulso de dar por seguro que en <em>Blancanieves</em> se masacraron astifinos  sin siquiera tomarse la molestia de comprobar que ning&uacute;n fotograma de  la pel&iacute;cula de Pablo Berger puede sostener tal suspicacia&hellip; O el impulso  de afearle  la conducta a Candela Pe&ntilde;a por cometer el, al parecer, irreparable  pecado de tener conciencia pol&iacute;tica sin ser, necesariamente, pobre. O el  impulso de cuantificar el valor de unos modelos de primeras marcas, a  las cuales igual se les ha pagado como algunos <em>neomedios</em> de comunicaci&oacute;n est&aacute;n pagando a los periodistas: con visibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Nunca  me han gustado los Goya, ni las galas de los Goya. Tampoco me han  gustado nunca los &Oacute;scar, ni la ceremonia de la Academia de Hollywood.  Recuerdo, tambi&eacute;n, que en los tiempos del &ldquo;No a la guerra&rdquo;  y de esa ceremonia de los Goya que, lo queramos o no, hizo historia, me  incomodaba el hecho de que la &uacute;nica reacci&oacute;n visible al Gobierno  estuviera encarnada, precisamente, por actores que, en ocasiones,  sobreactuaban. Esa incomodidad se ha ido diluyendo: como todos sabemos,  ha habido capacidad de respuesta popular m&aacute;s all&aacute; del <em>star system</em>, pero todo eso del &ldquo;No a la guerra&rdquo;  ha dejado una estela m&aacute;s o menos preocupante que ha acabado  condicionando la percepci&oacute;n de esta &uacute;ltima ceremonia. Una ceremonia que  s&iacute;, ha sido como todas: entre lo rancio y la obsesi&oacute;n por no serlo,  entre el <em>glamour</em> y lo pintoresco, con un mon&oacute;logo de arranque de Eva Hache que no estuvo  mal aunque acab&oacute; con una frase rara que se daba a malinterpretaciones  &ndash;y que quiz&aacute; malinterpret&eacute;- alrededor de su posible desprecio a esos  nuevos efectivos que se enmarcan dentro de un cine (ya no tan) invisible  que quiz&aacute; a&uacute;n tardar&aacute; en estar ah&iacute;, en futuras ediciones de esa  ceremonia (aunque s&iacute; ha estado, por ejemplo, en la de los Premios Ciutat de Barcelona), y un mon&oacute;logo posterior sobre el lenguaje SMS de ritmo discutible que preferir&iacute;a no haber escuchado&hellip; Una gala con premios cantados que funcionaron como la insignia al empleado del mes  (en este caso, del a&ntilde;o) y otros que reconocieron riesgo, diversidad y  s&iacute;ntomas de transformaci&oacute;n y movimiento en lo que antes era paisaje  est&aacute;tico, endog&aacute;mico y demasiado <em>autosatisfecho</em>&hellip; Pero, sobre todo, una ceremonia que no fue como la del &ldquo;No a la guerra&rdquo;  porque, desde dentro y desde fuera, todo el mundo parec&iacute;a estar alerta,  reprobando desde opuestos signos ideol&oacute;gicos al premiado o al  presentador empe&ntilde;ado en perseverar en el desacato. A Maribel Verd&uacute;,  Candela Pe&ntilde;a y Jos&eacute; Corbacho &ndash;estos dos &uacute;ltimos reprobados p&uacute;blicamente  por el propio presidente  de la Academia- les ha tocado el ingrato papel de ser las tar&aacute;ntulas en  el plato de nata: los que se han quejado a destiempo, los que han  llevado la ideolog&iacute;a adonde solo hab&iacute;a &aacute;nimo de premiar no s&eacute; si el  talento, el genio, el trabajo, la industria o la taquilla, pero que,  inevitablemente, era algo que ocurr&iacute;a aqu&iacute; y ahora y no en el limbo del <em>glamour</em> ajeno al tiempo, al espacio y a los desahucios.
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        Si hubiese que resumir el discurso institucional del presidente  de la Academia en una sola frase ser&iacute;a esta: el cine es de todos (ni de  los de la ceja, ni de los del bigote). Si pudi&eacute;semos ampliar la letra  peque&ntilde;a del discurso quiz&aacute; obtendr&iacute;amos esto: un cine desideologizado, <em>aproblem&aacute;tico</em>,  como, de hecho -&iexcl;oh, paradoja!- suele ser el cine espa&ntilde;ol que se suele  hacer (y premiar) por regla general. Entre la gala del &ldquo;No a la guerra&rdquo;  y la este a&ntilde;o existe una diferencia sustancial: basta pasearse un rato  por Facebook y Twitter para comprobar que los t&eacute;rminos &ldquo;hip&oacute;critas&rdquo; y  &ldquo;subvencionados&rdquo; ya no son material exclusivo de la caverna, pero seguro  que a la caverna  le encantar&iacute;a esta idea de Espa&ntilde;a: el pelot&oacute;n de linchamiento  cohesionado contra un gremio susceptible de encarnar toda sospecha.
    </p><p class="article-text">
        Junto  al linchador medio &ndash;y, por lo general, an&oacute;nimo-, el gremio de la fama  tiene a otros temibles glosadores de sus (supuestas) infamias: ese  modelo de periodista especializado al que se le presuponen ciertos  conocimientos cin&eacute;filos pero que, cuando puede, revela una viperina  lengua de reportero rosa tan bregado en la difusi&oacute;n de cotilleos dudosos  como generoso en la sanci&oacute;n moral de costumbres ajenas (las propias, al  parecer, nunca se colocan bajo los focos). No s&eacute; si ustedes leen mucha  prensa cinematogr&aacute;fica, pero un servidor lleva una temporada un poco  alarmado por el puritanismo justiciero que traslucen  algunas informaciones sobre, pongamos, Lindsay Lohan, Sasha Grey o,  sobre todo, Kristen Stewart. Es una vieja tradici&oacute;n que probablemente  se remonte a los tiempos en que Fatty Arbuckle se convirti&oacute; en el chivo  expiatorio para incrementar la vigilancia moral sobre el Hollywood  babil&oacute;nico: el periodista de din&aacute;mica vital poco ejemplar que se  transmuta en un Torquemada a la hora de glosar un adulterio o un  extrav&iacute;o t&oacute;xico por parte de un famoso. Esa subespecie period&iacute;stica  debi&oacute; de frotarse las pezu&ntilde;as cuando trascendieron las pintorescas  noticias de la transformaci&oacute;n de Larry Wachowski en esa Lana Wachowski  que, ahora, en el marco de la promoci&oacute;n de <em>El atlas de las nubes</em>, que se estrena esta semana, ha tenido el arrojo de mostrar su nueva identidad.
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        Bien,  tampoco nos hagamos los chulos: un servidor no est&aacute; tan curado de  espantos como para afirmar que, en su d&iacute;a, la noticia no le result&oacute;  chocante. Resumamos: Larry Wachowski se someti&oacute; a un largo proceso de  reasignaci&oacute;n de g&eacute;nero a ra&iacute;z de su relaci&oacute;n sentimental con la famosa <em>dominatrix</em> de Los Angeles Ilsa Strix.  Lo que s&iacute; me parece irrefutable, a d&iacute;a de hoy, es que Lana Wachowski no  es alguien de quien uno pueda chotearse. Es uno de los pocos cineastas  contempor&aacute;neos con un bagaje de experiencias vitales capaz de  acreditarle, casi, como un maestro de vida, alguien capaz de haber  experimentado en carne propia una fluidez identitaria y de g&eacute;nero que  podr&iacute;a permitirle hablar, desde dentro, de muchos asuntos que el artista  com&uacute;n, monol&iacute;tico en identidad y g&eacute;nero, solo puede rozar en grado de  tentativa. Lana Wachowski ha sido hombre y mujer, ha cambiado de rostro e  identidad por amor y la relaci&oacute;n que le ha servido como motor de la  transformaci&oacute;n ha tenido que ver con la entrega y la sumisi&oacute;n. Tengo  clar&iacute;simo que, ahora mismo, me interesa mucho m&aacute;s lo que pueda contarme  esta se&ntilde;ora &ndash;o este <em>postse&ntilde;or</em>- que lo que me pueda contar un caballero heterosexual de clase media, mediana edad y padre de, pongamos, dos hijos varones.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a, pues, razonables expectativas para ver <em>El atlas de las nubes</em>, adaptaci&oacute;n de la ambiciosa novela hom&oacute;nima de David Mitchell que Lana Wachowski ha codirigido junto a su hermano Andy y al alem&aacute;n Tom Tykwer, a pesar de que el tr&aacute;iler disparase la se&ntilde;al de alarma con su envoltorio de grandes palabras y m&iacute;stica <em>New Age</em>. Habr&aacute; quien vea &ndash;o quien quiera ver- en esta superproducci&oacute;n  henchida de falsa importancia, falsa trascendencia y no menos falsa  poes&iacute;a una suerte de criptograma sobre la transformaci&oacute;n identitaria de  uno de sus coautores:  el reparto de la pel&iacute;cula &ndash;en el que concurren nombres como los de Tom  Hanks, Halle Berry, Hugo Weaving y Jim Broadbent- se somete a una  chirriante ramificaci&oacute;n de registros que hace que cada rostro atraviese  g&eacute;neros y razas con resultados a menudo distanciadores por  involuntariamente c&oacute;micos. <em>El atlas de las nubes</em> cruza tiempos, relatos y registros para acabar subrayando la idea  ut&oacute;pica de que todos estamos conectados y de que el motor que imanta a  la humanidad es el cambio y la superaci&oacute;n de fronteras (de identidad y  de todo tipo). La pel&iacute;cula acaba encarnando una paradoja: el anterior  trabajo de los Wachowski, <em>Speed Racer</em> (2008), fue considerada una pel&iacute;cula idiota y orgullosa de serlo, pero  en ella hab&iacute;a m&aacute;s invenci&oacute;n de lenguaje que en este monstruoso trabajo  con vocaci&oacute;n de obra total. Resulta frustrante que el camino de Larry a Lana haya cristalizado en una barroca nada antes que en sint&eacute;tica sabidur&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Costa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/linchamientos-revelaciones_1_5589633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Feb 2013 13:56:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Linchamientos y revelaciones]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El monstruo eres tú]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/monstruo_1_5588889.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Hay  tantos tipos de miedo como tipos de amor, o tipos de felicidad o tipos  de tristeza. El lenguaje siempre se queda corto. Decimos 'azul' pero,  &iquest;cu&aacute;ntos colores diferentes podr&iacute;an incluirse en esa palabra? Llamamos  miedo al p&aacute;nico que paraliza y tambi&eacute;n al temor ante un posible rev&eacute;s,  dos emociones diferentes por completo.
    </p><p class="article-text">
        De  entre todos los tipos de miedo, para m&iacute; uno de los peores es el miedo  del ni&ntilde;o al mundo adulto. Por eso prefiero hablar del miedo a los  marcianos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El miedo a los <em>aliens</em>. A los extraterrestres. A los seres de otro mundo. En la pel&iacute;cula <em>P&aacute;nico en el transiberiano</em>, el cuerpo de una criatura de naturaleza desconocida encontrado en  Manchuria es trasladado a Londres a bordo del ferrocarril. Por supuesto  las muertes comienzan a sucederse en el tren. Y s&iacute;, la criatura es un  ser infernal de otro planeta. Los seres que nos asustan pueden ser  extraterrestres, pero tambi&eacute;n zombis: desde <em>La noche de los muertos vivientes</em> a la serie <em>The Walking Dead</em>, la novela <em>La carretera</em> de Cormac McCarthy, o la pel&iacute;cula cubana <em>Juan sin miedo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Monstruos,  fantasmas, vampiros, en definitiva se trata del miedo a lo ajeno, el  miedo al otro, al diferente. Por cierto que en un mundo de hombres &ldquo;las  otras&rdquo; han sido a menudo &ldquo;ellas&rdquo;: amas de llaves, ni&ntilde;as pose&iacute;das por el  demonio, s&aacute;dicas ni&ntilde;eras, amantes despechadas que enloquecen, mujeres  gigantes&hellip;
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        El  miedo a lo desconocido, curiosamente, siempre suele plasmarse en una  forma antropom&oacute;rfica. &iquest;Por qu&eacute; construimos el horror a nuestra imagen y  semejanza? Una mano que sale tras la pared, una cara deformada, unos  ojos desencajados&hellip; Nunca es una masa geom&eacute;trica, o una luz sin forma, o  un ruido, un viento. Les damos a los &ldquo;monstruos&rdquo; rasgos humanos porque son una proyecci&oacute;n de nuestra fantas&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Se puede ver aqu&iacute;, en este fant&aacute;stico <a href="http://www.youtube.com/watch?v=rMUu_MfIX6Y&amp;feature=youtu.be" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desfile de miedos al ritmo del DJ neoyorkino &Uacute;rsula 1000</a>.
    </p><p class="article-text">
        Pero sucede que &ldquo;el otro&rdquo; tambi&eacute;n puede estar dentro de uno mismo. De hecho abundan las ficciones en este sentido. Hablamos ya de un miedo m&aacute;s retorcido, s&iacute;, menos de palomitas y de risas. Desde <em>Jeckyll y Hyde</em>,  de Stevenson, a &ldquo;El otro&rdquo; de Borges, relato donde un hombre se  encuentra con el muchacho que fue. Esa persona &ldquo;desconocida&rdquo; que est&aacute; en  nosotros, ha estado o estar&aacute;, puede ser muy inquietante. (Si bien en el  cuento mencionado la sobriedad de Borges solo le permite tener un miedo  muy relativo: &ldquo;El miedo elemental de lo imposible y sin embargo cierto  lo amilanaba&rdquo;, dice. No parece que el personaje est&eacute; aterrorizado, es un  miedo elegante y medido, al estilo borgiano).
    </p><p class="article-text">
        Si sumo los dos miedos a los que he hecho referencia, resulta esta ecuaci&oacute;n: ni&ntilde;os + el otro = <em>El gran cuaderno</em> de Agota Kristof. En esta novela terrible -publicada junto a las otras dos que completan la trilog&iacute;a bajo el t&iacute;tulo de <em>Claus y Lucas</em>-,  dos hermanos gemelos se enfrentan a un mundo terror&iacute;fico de guerra,  pobreza e ignorancia. Un mundo brutal al que responden adoptando la  misma brutalidad que reciben.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros la llamamos abuela.
    </p><p class="article-text">
        La gente la llama la Bruja.
    </p><p class="article-text">
        Ella nos llama 'hijos de perra'.
    </p><p class="article-text">
        (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Otras personas tambi&eacute;n nos dan bofetadas y patadas, no sabemos muy bien por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Al  cabo de un cierto tiempo, efectivamente, ya no sentimos nada. Es otro  quien siente dolor, otro el que se quema, el que se corta, el que sufre.
    </p><p class="article-text">
        Nosotros ya no lloramos&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        El  relato es de una crueldad tal que da pavor. Salgamos de ah&iacute; con un giro  en direcci&oacute;n contraria: resulta que el corto de animaci&oacute;n <a href="http://cinemania.es/noticias-de-cine/oscar-2013-ya-puedes-ver-los-cinco-cortos-de-animacion-nominados" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Maggie Simpson en Un largo d&iacute;a de guarder&iacute;a</a> ha  sido nominado a los &Oacute;scar. Da la casualidad de que en &eacute;l se a&uacute;nan esos  dos ingredientes de los que hablaba: infancia (con el beb&eacute; Maggie) y el  otro como amenaza (el ni&ntilde;o bruto en la guarder&iacute;a). El corto est&aacute; bien,  puede decirse que es entra&ntilde;able, sentimental, s&iacute;, pero resulta  absolutamente simple, manido, insuficiente. Y a m&iacute; me parece que es  porque deja fuera precisamente&hellip; lo esencial. Hay muerte (de bichos), hay  monstruo (el ni&ntilde;o cejijunto), hay escenario tenebroso (el rinc&oacute;n de los  que no destacan en nada). Sin embargo se muestra naif, feliz, f&aacute;cil,  superficial, <em>happy-flower</em>. No entiendo qu&eacute; puede aportar. No entiendo en qu&eacute; sentido ha sido realizado. Falta lo fundamental: el miedo.
    </p><p class="article-text">
        El  miedo al otro refleja, en fin, el miedo a la parte desconocida de uno  mismo. Los monstruos que m&aacute;s aterran son los que producimos nosotros,  los que salen de nuestra imaginaci&oacute;n, los que construye nuestra mente.  Ya lo dijo Goya, &ldquo;El sue&ntilde;o de la raz&oacute;n&hellip;&rdquo; S&iacute;. El enemigo lo llevamos  dentro. T&uacute; puedes ser tu propio monstruo. En <em>P&aacute;nico en el Transiberiano</em>,  la criatura que transportan es un ser extraterrestre capaz de adoptar  la forma de cualquier humano. En un di&aacute;logo memorable, el inspector se  dirige a los dos cient&iacute;ficos (interpretados por Christopher Lee y Peter Cushing), y les pregunta:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;-&iquest;Y c&oacute;mo s&eacute; que ustedes no son el monstruo?
    </p><p class="article-text">
         -&iquest;Nosotros? Imposible. Somos ingleses&ldquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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      <dc:creator><![CDATA[Begoña Huertas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/monstruo_1_5588889.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Feb 2013 18:35:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El monstruo eres tú]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pérdida del reino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/perdida-reino_1_5588598.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Si a causa de alguna arbitrariedad intolerable fuera yo nombrado  ministro de Cultura, mi primera decisi&oacute;n ser&iacute;a prohibir, bajo pena de  c&aacute;rcel, la lectura de m&aacute;s o menos la mitad de la obra po&eacute;tica de Rub&eacute;n  Dar&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como constar&iacute;a en la exposici&oacute;n de motivos de mi  decreto ley, esa mitad, la que aparece en los libros escolares, es el  gran obst&aacute;culo que impide leer la otra mitad de su poes&iacute;a. Basta con  hacerle leer a un chaval que <em>est&aacute; linda la mar y el viento </em>para que corra en direcci&oacute;n contraria a ponerse a cubierto.
    </p><p class="article-text">
        Desde el pupitre del cole hasta pasados los treinta, me hab&iacute;a mantenido lo m&aacute;s lejos posible del autor que sent&iacute;a <em>en el alma una alondra cantar</em>;  pero entonces ciertas obligaciones acad&eacute;micas me impusieron su lectura,  que acomet&iacute; a cierra ojos, con el &uacute;nico auxilio de un cart&oacute;n de tabaco y  una botella de whisky.
    </p><p class="article-text">
        Fue un deslumbramiento.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; haya sido Dar&iacute;o, seg&uacute;n dec&iacute;a Gabriel Ferrater, una de las personas que m&aacute;s miedo han pasado en este mundo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; le asustaba tanto?
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a  miedo al pecado o a s&iacute; mismo, al m&aacute;s all&aacute;, a la oscuridad y al dolor,  al recuerdo y al olvido, a la muerte y a la vida misma.
    </p><p class="article-text">
        Hablaba C&eacute;sar Vallejo de un mutilado, un hombre que <em>perdi&oacute;  el rostro en el amor y no en el odio. Lo perdi&oacute; en el curso normal de  la vida y no en un accidente. Lo perdi&oacute; en el orden de la naturaleza y  no en el desorden de los hombres</em>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; era Dar&iacute;o, asustado por   la vida diaria m&aacute;s que por los fantasmas; por el orden mismo de la  naturaleza m&aacute;s que por el desorden de los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que  a  veces dorm&iacute;a con cuatro cirios encendidos en las esquinas de la cama,  ten&iacute;a visiones, frecuentaba espiritistas, recib&iacute;a amenazas inaudibles&hellip; y  todo ello le daba sed, mucha sed.
    </p><p class="article-text">
        Siempre ten&iacute;a sed. Tanta, que muri&oacute; antes de cumplir cincuenta, de cirrosis hep&aacute;tica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Enfermo, una noche se despert&oacute; aterrado y le dijo a su hermana que hab&iacute;a visto c&oacute;mo <em>descuartizaban mi cuerpo y se disputaban mis v&iacute;sceras</em>.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; fue.
    </p><p class="article-text">
        A  Rub&eacute;n Dar&iacute;o le fotografiaron varias veces mientras agonizaba, tumbado  de medio lado, sobre el costado izquierdo, quiz&aacute; para no apoyar en el  colch&oacute;n el h&iacute;gado convertido en piedra. Ten&iacute;a un crucifijo entre las  manos (regalo de Amado Nervo) y llevaba puesto un reloj de pulsera.
    </p><p class="article-text">
        Tras  su muerte, le extrajeron todas las v&iacute;sceras, para que su cad&aacute;ver no se  corrompiera en mitad del homenaje de seis d&iacute;as de duraci&oacute;n que le ten&iacute;an  preparado las autoridades.
    </p><p class="article-text">
        El doctor Debayle quer&iacute;a examinar su  cerebro, interesado en saber si pesaba m&aacute;s que el de V&iacute;ctor Hugo. Por su  parte, el doctor Murillo, tambi&eacute;n presente, hab&iacute;a hecho un trato para  vender el cerebro de Rub&eacute;n Dar&iacute;o en Argentina. As&iacute; que acabaron  disput&aacute;ndose el despojo del poeta, en plena calle, casi a bastonazos.  Tuvo que intervenir la polic&iacute;a, que se incaut&oacute; del <em>casus belli</em> y le hizo las fotos de ordenanza, antes de entreg&aacute;rselo a su viuda oficial. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El  cerebro sigue en paradero desconocido, unos afirman que estuvo en poder  de los sandinistas, otros dicen que Somoza lo entreg&oacute; a un burdel:  alguien dice que lo vio junto al cuerpo de Evita Per&oacute;n, otros lo sit&uacute;an  en compa&ntilde;&iacute;a del brazo incorrupto de Santa Teresa. Por si acaso lo  reconoces, &eacute;sta es una de las fotos que tom&oacute; la polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de su vida, Dar&iacute;o escribi&oacute; muchos poemas de miedo. He escogido uno de los tres que llevan el t&iacute;tulo  &ldquo;Nocturno&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        <em>Los que auscultasteis el coraz&oacute;n de la noche,los que por el insomnio tenaz hab&eacute;is o&iacute;doel cerrar de una puerta, el resonar de un cochelejano, un eco vago, un ligero &#65279;r&uuml;ido&#65279;...</em>
    </p><p class="article-text">
        <span id="mce_0_start"></span><span id="mce_0_end"></span>
    </p><p class="article-text">
        <em>En los instantes del silencio misterioso,cuando surgen de su prisi&oacute;n los olvidados,en la hora de los muertos, en la hora del reposo,sabr&eacute;is leer estos versos de amargor impregnados...</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Como en un vaso vierto en ellos mis doloresde lejanos recuerdos y desgracias funestas,y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,y el duelo de mi coraz&oacute;n, triste de fiestas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,la p&eacute;rdida del reino que estaba para m&iacute;,el pensar que un instante pude no haber nacido,&iexcl;y el sue&ntilde;o que es mi vida desde que yo nac&iacute;!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Todo esto viene en medio del silencio profundoen que la noche envuelve la terrena ilusi&oacute;n,y siento como un eco del coraz&oacute;n del mundoque penetra y conmueve mi propio coraz&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        La di&eacute;resis en <em>r&uuml;ido</em> obedece, por supuesto, a la m&eacute;trica, hay que leerlo sin diptongo para que el verso sea alejandrino.
    </p><p class="article-text">
        El  primer cuarteto nos sit&uacute;a en el ambiente de peli de terror, con el  destello del verbo <em>auscultar</em> (que reaparecer&aacute; en los &uacute;ltimos versos,  en los ecos del coraz&oacute;n del mundo). Es un verbo que a&ntilde;ade connotaciones  de gravedad y atenci&oacute;n profunda y silenciosa a un latido que el  fonendoscopio ampl&iacute;a hasta la obsesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como el poema es de  g&eacute;nero, pura serie B, y nada menos que de terror, se dirige a los  aficionados, a esos lectores que sabr&aacute;n entender, como dice el segundo  cuarteto, los que valoran a los muertos vivientes y a los ladrones de  cuerpos. El poema se convierte as&iacute; en un vaso en el que Dar&iacute;o vierte su  dolor y se lo da a beber a los lectores.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Un vaso? &iexcl;Naranjas!  Quiere decir un c&aacute;liz, pero no se atreve del todo. En otros poemas no  deja lugar a dudas su identificaci&oacute;n con Jesucristo: su vida es un  sacrificio, un martirio, una crucifixi&oacute;n; y ni siquiera est&aacute; seguro de  redimir a nadie. Al fin y al cabo, &iquest;no tiene visiones de que se jugar&aacute;n  su t&uacute;nica a los dados o se disputar&aacute;n sus v&iacute;sceras? Es el Dar&iacute;o m&aacute;s  cercano al Romanticismo: los lectores exigen carne y sangre, no s&oacute;lo  leen versos, son <em>poet&oacute;fagos</em>, can&iacute;bales que se comen al poeta entero.
    </p><p class="article-text">
        El  siguiente cuarteto toma impulso en el anterior para acentuar el tono  religioso: la p&eacute;rdida del reino, que es tambi&eacute;n la p&eacute;rdida del Reino,  con may&uacute;sculas, es decir, el de los cielos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tiene miedo Dar&iacute;o a  la condenaci&oacute;n eterna? Sin duda. No solo por sus pecados  (multitudinarios y sin remedio, que no le han dejado <em>ser lo que yo hubiera sido</em>),  sino tambi&eacute;n porque, seg&uacute;n creo yo, hace a&ntilde;os que ha dejado de creer en  ninguna salvaci&oacute;n: despu&eacute;s de la muerte nos deshacemos en la nada.
    </p><p class="article-text">
        Ese  es para &eacute;l el verdadero espanto y, como dec&iacute;a m&aacute;s arriba, es un  escalofr&iacute;o provocado por el orden natural, no por el desorden. Ese orden  natural es el <em>eco del coraz&oacute;n del mundo / que penetra y conmueve mi propio coraz&oacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        Su  coraz&oacute;n no es diferente del p&eacute;talo de rosa que cae a tierra. Como dice  en el poema &ldquo;Caracol&rdquo;, al acercarse al o&iacute;do (al auscultar) una caracola  encontrada en la playa:
    </p><p class="article-text">
        <em>y oigo un rumor de olas y un inc&oacute;gnito acentoy un profundo oleaje y un misterioso viento&hellip;(El caracol la forma tiene de un coraz&oacute;n.)</em>
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n aqu&iacute; hay algo de Romanticismo, movimiento que exaltaba la naturaleza. Pero, seg&uacute;n un <em>slogan</em> que inventamos con Antonio Orejudo cuando &eacute;ramos estudiantes, el problema del Romanticismo es que: &ldquo;el mal tambi&eacute;n es natural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En  cierto modo, Dar&iacute;o est&aacute; siempre en la larga noche del Huerto de los  Olivos, aterrado por su sacrificio, un dolor sin sentido, que ni  siquiera le redimir&aacute; a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Este es el miedo de Dar&iacute;o: miedo a la  nada, que se vuelve terror en &eacute;l, una de las personas m&aacute;s infelices y  m&aacute;s partidarias de la felicidad que hayan alegrado este mundo, porque,  como dir&iacute;a Faulkner, entre el dolor y la nada siempre escog&iacute;a el dolor.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en otro de los poemas titulado &ldquo;Nocturno&rdquo;, habla del <em>horror de ir a tientas, /en intermitentes espantos</em> y de la <em>pesadilla brutal de este dormir de llantos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, m&aacute;s que los poemas de miedo, a m&iacute; a veces me asustan algunos de sus &uacute;ltimos poemas de amor.
    </p><p class="article-text">
        En 1899 Valle-Incl&aacute;n y Amado Nervo llevaron a Dar&iacute;o a la Casa de Campo, donde Dar&iacute;o se enamor&oacute; <em>ex abrupto</em>,  como acostumbraba, de la hija de un guarda del parque, Francisca  S&aacute;nchez. Ella ten&iacute;a veintitr&eacute;s a&ntilde;os y era analfabeta. Se instalaron en  un piso alquilado de la calle marqu&eacute;s de Santa Ana, tuvieron hijos y  permanecieron juntos hasta el final. A su lado, con Paca, <em>lazarillo de Dios</em> que le acompa&ntilde;a, escribi&oacute; Dar&iacute;o su mejor libro, los excepcionales poemas de <em>Cantos de vida y esperanza</em>.  No ten&iacute;an un duro y el poeta acept&oacute; participar en una gira a ver si  consegu&iacute;a algo para Paca y G&uuml;icho, el hijo de ambos, Rub&eacute;n Dar&iacute;o  S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        El 25 de octubre de 1914 zarp&oacute; de Barcelona el Vicente  L&oacute;pez. Dar&iacute;o estaba tan borracho que no pudo ni salir a cubierta a  despedirse de G&uuml;icho y Paca. Nunca volvi&oacute; a verlos.
    </p><p class="article-text">
        En Nueva York  le hospitalizaron y acab&oacute; pidiendo dinero por las calles con un poeta  colombiano, Juan Arana Torrol. Al final consigui&oacute; llegar a Nicaragua.  Dicen que sus &uacute;ltimas palabras fueron: &ldquo;Siento en el bajo vientre como  una placa de fuego&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Poco antes hab&iacute;a dejado escrito uno de esos poemas de amor que dan tanto miedo. Acaba as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Hacia la fuente de noche y de olvido,Francisca S&aacute;nchez, acompa&ntilde;am&eacute;...!</em>
    </p><p class="article-text">
        En ese acento coloquial y desgarrador de <em>acompa&ntilde;am&eacute; </em>est&aacute; para m&iacute; la fuente del verdadero miedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Reig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/perdida-reino_1_5588598.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Feb 2013 18:34:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La pérdida del reino]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ponerse el mundo por Montero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/ponerse-mundo-montero_1_5588331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>UNO: La pelea de gallos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando la semana pasada habl&eacute; de Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n lo hice con la doble y malsana intenci&oacute;n de, por un lado, hablar de Mart&iacute;n y su sentido acr&iacute;tico, y por otro de Mart&iacute;n respecto a Montero, esto es, &ldquo;El evangelio seg&uacute;n San Mart&iacute;n&rdquo;, toda vez que es harto evidente la veneraci&oacute;n del uno hacia el otro. Hoy es mi &uacute;ltimo d&iacute;a en Diario Kafka. Hoy voy a hacer de chico malo.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;jenme hacer un poco de historia reciente de la literatura salvaje. Algunos recordar&aacute;n aquel duelo en el OK Corral Granadino que fue el enfrentamiento entre los profesores Don Luis Garc&iacute;a Montero y Don Jos&eacute; Antonio Fortes Fern&aacute;ndez, como tal los dio en llamar el Juzgado de lo Penal n&ordm; 5 de Granada donde <em>acab&oacute;</em> (es un decir) todo. La cosa ten&iacute;a que ver con unas risitas de Fortes a las que Montero no respondi&oacute; demasiado bien, supongo que porque no eran las primeras ni ten&iacute;an visos de ser las &uacute;ltimas. Es este un hacha de guerra que no quiero desenterrar pero baste decir que el juez consider&oacute; que &ldquo;el hecho de insultar con palabras sumamente groseras al profesor Fortes no encuentra justificaci&oacute;n alguna y menos a&uacute;n procediendo de quien proceden, un reputado escritor y profesor de literatura, y el lugar en que se producen, en pleno Consejo del Departamento de Literatura&rdquo;, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera (ya saben c&oacute;mo son estos jueces cuando pillan un procesador de texto). Pero la cosa no qued&oacute; ah&iacute;. Montero aprovech&oacute; en su momento la plataforma facilitada por <em>El Pa&iacute;s</em> para seguir adelante con su cruzada particular. Desde su columna llam&oacute; a Fortes <em>pertubado, tonto indecente</em> o qu&eacute; s&eacute; yo, porque, dec&iacute;a Montero, Fortes predicaba que Lorca era un fascista (r&iacute;os de tinta sobre esto, tambi&eacute;n) y el pobrecito Montero ten&iacute;a que aguantar que los alumnos de Lucifer fuesen a preguntarle (a &eacute;l, angelito, que de mayor quer&iacute;a ser Federico Garc&iacute;a Montero) &ldquo;compungidos&rdquo;, si era verdad que Lorca hab&iacute;a sido tal cosa. Confieso que imaginar a los poetas cabizbajos, llorosos, inquisitivos, compungidos por el honor perdido de Lorca me produce una hilaridad incontenible y me obliga a preguntarme si lo que yo tomaba por un problema educativo de car&aacute;cter general lo es en realidad de inteligencia local. Volviendo a nuestro caso, Montero acaba pidiendo disculpas pero ya es demasiado tarde y la cosa termina en los mencionados tribunales con la victoria final de Fortes frente a un Montero que se exilia, con su cartilla de liberado sindical bajo el brazo, de la universidad granadina a pastos m&aacute;s verdes. O m&aacute;s azules. No s&eacute;, menos rojos, en cualquier caso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DOS: Fortes unchained</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tiempo despu&eacute;s, en 2010, Jos&eacute; Antonio Fortes publica un libro llamado <em>Intelectuales de consumo</em> donde cuenta, con todo lujo de detalles, que &ldquo;el control sobre las prebendas, cargos pol&iacute;ticos, premios, circuito de actos y conmemoraciones culturales, diversas formas de consagraci&oacute;n publicitaria, se plantea como un juego entre el poder pol&iacute;tico y los agentes del mercado para crear un producto de consumo intelectual&rdquo;. En definitiva y resumiendo hasta la n&aacute;usea, un estado cultural ama&ntilde;ado.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, en ese libro hay un ser humano que sale especialmente mal parado: Luis Garc&iacute;a Montero (un hombre sospechoso de algo, se mire por donde se mire, viendo la pasi&oacute;n que despierta en seg&uacute;n qui&eacute;nes). En el libro de Fortes el nombre de Luis Garc&iacute;a Montero se repite hasta 76 veces en su forma completa y 95 en la abreviada (LGM). Las he contado. Toda una obsesi&oacute;n la de Fortes. O no. Es decir, quiz&aacute; el libro tenga a Montero como el epicentro de algo (&ldquo;intelectual hegem&oacute;nico en jefe&rdquo;, le dice) porque Montero ES el epicentro de algo. Viendo lo tupido del entramado literario de este pa&iacute;s supongo que nunca llegaremos a descubrirlo. Pero, &iquest;y a sospechar? &iquest;Tenemos o no tenemos razones para sospechar de algo? &iquest;Y de todo, ya puestos?
    </p><p class="article-text">
        Juzguen ustedes mismos:
    </p><p class="article-text">
        Fortes insiste en que &ldquo;no son cuestiones personales las cuestiones literarias, son personificaciones los poetas, cantantes, fil&oacute;sofos, etc, cuya obra p&uacute;blica ha de criticarse y situarse en sus posiciones intelectuales de clase&rdquo;. Habla de mafia roja y personificaciones hegem&oacute;nicas (a veces a Fortes cuesta quitarle determinadas palabras de la boca) que dan lugar a c&iacute;rculos paralelos y conc&eacute;ntricos respecto al n&uacute;cleo duro. Es decir, peque&ntilde;os reinos culturales o tumoraciones paraliterarias varias de las que da ejemplo al final final&iacute;simo del libro, al nombrar una serie de premios de los que conforman el jurado, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, siempre los mismos. A saber: Felipe Ben&iacute;tez Reyes, Luis Garc&iacute;a Montero, Almudena Grandes, Cabellero Bonald, Benjam&iacute;n Prado y un, se mire por donde se mire, largu&iacute;simo etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; lo que est&aacute;n pensando. &iquest;Y esto que demuestra? Nada, &iquest;qu&eacute; va a demostrar? &iquest;Cu&aacute;ndo he demostrado yo algo? Hoy he venido -adem&aacute;s de a despedirme- a levantar sospechas o, mejor dicho, a recordarles que no se olviden de apagar las luces, cerrar bien los grifos, la llave del agua y dejar las sospechas siempre levantadas antes de irse a dormir cada noche. Por muchas razones, entre ellas las siguientes:
    </p><p class="article-text">
        <strong>TRES: Mart&iacute;n pescador da con un besugo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n, de quien ya habl&eacute; la semana pasada, publica en su blog el 27 de abril de 2010 una cr&iacute;tica del libro de Fortes y seguro que no lo hace porque &eacute;l tambi&eacute;n salga en libro tantas veces como siete, cuatro de ellas para destacar su participaci&oacute;n como miembro del jurado del Premio Alarcos, el mismo por el que fue acusado de corrupto por el Grupo Addison de Witt (ver art&iacute;culo anterior); un premio que no ha vuelto a celebrarse, vayan ustedes a saber por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        A Mart&iacute;n no le gusta el tono de Fortes y mucho menos su sintaxis, con la que aprovecha para meterse as&iacute; como de pasada. Tampoco le gusta que salgan a colaci&oacute;n en su ensayo los nombres de B&eacute;cquer, Lorca, Alberti y &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, entre otras cosas porque ve, en ello, la mala intenci&oacute;n de Fortes: todos esos poetas son admirados al punto de haber sido objeto de estudio por&hellip; tach&aacute;n&hellip; Luis Garc&iacute;a Montero. A esto me refer&iacute;a cuando dec&iacute;a, al comienzo del art&iacute;culo, que da igual hacia d&oacute;nde miremos, siempre hay un resto de LGM, el hombre sin atributos reconocibles de puro inasible. El resto de la cr&iacute;tica es citar a Fortes y un intento algo desesperado de contextualizar un resentimiento y evidenciar una falta de razonamiento por parte de Fortes: &ldquo;Un libro como el de Jos&eacute; Antonio Fortes da m&aacute;s bien risa (aparte de dolor de cabeza), si se quiere encontrar alguna l&oacute;gica en sus presuntos razonamientos. Ejemplifica hasta d&oacute;nde puede llegar el resentimiento aliado a la demagogia y a la falta de sind&eacute;resis&rdquo;. Con la sind&eacute;resis hemos topado, amigo Sancho.
    </p><p class="article-text">
        Termina con la en&eacute;sima defensa y exculpaci&oacute;n del pobrecito Montero, que tuvo que aguantar las arremetidas constantes por parte de Fortes en la universidad. Montero, dice Mart&iacute;n, prefiri&oacute; irse con la m&uacute;sica a otra parte. Etc&eacute;tera, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. Tambi&eacute;n que si Lorca era genial desde el parto, cuando ya sus desconsolados llantos apuntaban maneras. El sinvivir habitual del bardo.
    </p><p class="article-text">
        Ya termino, ya termino. Quiz&aacute; recuerden (no hace tanto que lo cont&eacute;) lo que Mart&iacute;n dec&iacute;a al grupo Addison de Witt sobre su sentido cr&iacute;tico y sus continuas denuncias; aquello de que para hacerlo (para criticar) hac&iacute;an falta algo m&aacute;s que desinformadas buenas intenciones: &ldquo;Hace falta adem&aacute;s de alg&uacute;n indicio, cierto conocimiento del medio literario y, sobre todo, alguna inteligencia&rdquo;. Todos tontos, otra vez, menos los de siempre. Pues ahora, con Fortes, &iacute;dem de lienzo: &ldquo;La cr&iacute;tica <em>radical y razonada</em> a la sociedad contempor&aacute;nea ha de hacerse con un pincel algo m&aacute;s fino que la brocha gorda que encontramos en este panfleto y <strong>con una documentaci&oacute;n que no se limite a un mont&oacute;n de recortes period&iacute;sticos y unos pocos libros</strong> [&hellip;] de los que no se conoce m&aacute;s que el t&iacute;tulo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parece que nada es suficiente para Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n. &Eacute;l sabe que la cosa est&aacute; fatal, que la corrupci&oacute;n campa a sus anchas en el mundillo literario, que los premios est&aacute;n ama&ntilde;ados (a excepci&oacute;n del Premio Alarcos, que es un dechado de virtudes) pero tambi&eacute;n sabe que nadie es lo bastante inteligente, ni est&aacute; lo suficientemente documentado como para luchar contra ello, o simplemente para llamar la atenci&oacute;n sobre ello; para despertar o mantener viva la sospecha.
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        <strong>CUARTO: Ponerse el mundo por Montero</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para ilustrar todo esto, podemos hablar del Premio Ciudad de Burgos 2012. Ver&aacute;n qu&eacute; divertido.
    </p><p class="article-text">
        En Burgos premian a los poetas con 7200 euros, que no los gano yo todos los d&iacute;as. Este pa&iacute;s tiene esas cosas. El ganador fue un individuo llamado Daniel Rodr&iacute;guez Moya, a quien no tengo el placer, por una <em>cosa</em> (d&iacute;cese tambi&eacute;n<em> poemario</em>) llamada <em>Las cosas que se dicen en voz baja</em>, como los secretos, las mentiras o las conspiraciones. Sigan el rastro de l&aacute;grimas.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a 27 de octubre dos preseleccionadores (Ricardo Ru&iacute;z y Pedro Olaya) denuncian p&uacute;blicamente que el poemario premiado no estaba entre los once finalistas; que se present&oacute; a &uacute;ltima hora o que estaba fuera de plazo. Y que gan&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora cojan una calculadora y sumen: 1) el ganador es de Granada, 2) de Granada es tambi&eacute;n LGM, amigo de 3) Chus Visor, tambi&eacute;n miembro del jurado y 4) editor del poemario ganador que, mira t&uacute; qu&eacute; casualidad, 5) es editado habitualmente por Visor (el Chus, el amigo de Montero, el de Granada). Seguro que Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n cree que esto es otro argumento sin fundamento propio de imb&eacute;ciles desinformados de brocha gorda como yo. Pues no le dir&iacute;a yo que no, pero as&iacute;, de entrada, no lo parece. De hecho, esto, as&iacute; de entrada, APESTA.
    </p><p class="article-text">
        Montero no ve nada raro en esto y as&iacute; lo explica: &ldquo;Cuando al responsable de la editorial o a un miembro del jurado le llega la noticia de que alguien se ha presentado al premio, tiene derecho a pedir que su libro se a&ntilde;ada a la deliberaci&oacute;n. <em>Esa es la costumbre establecida en la inmensa mayor&iacute;a de los concursos literarios</em> y eso es lo que ocurri&oacute; en el Premio Ciudad de Burgos.&rdquo; (La cursiva es m&iacute;a). Que traducido del monter&iacute;tico quiere decir lo siguiente: &ldquo;Es costumbre entre los premios en los que yo participo como jurado pasarse por el forro las normas y colocar los libros que nos plazca, porque nada como un amigo para valorarte en tu justa medida&rdquo;. O algo as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y, ojito calamar: que igual est&aacute; bien. Con la misma el libro es la octava maravilla y merec&iacute;a, no 7200 euros, sino 7200 veces 7200 euros. O m&aacute;s. Pero el caso es que huele y huele mal y huele a chapuza y a amiguismo y a que hay un mont&oacute;n de poetas que se dejan la piel en unos versos para que luego no se tenga en cuanta nada m&aacute;s que lo fraterno, y es injusto, caramba, que luego se&ntilde;ores como Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n -de quien me declaro fan desde YA, porque s&iacute;- quieran hacernos creer que si suena como un pato y camina como un pato puede perfectamente ser un gamusino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>CINCO: Cierre y despedida</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y por aquello de repartir las culpas y extender esta red clientelar de Montero y c&iacute;a., no estar&iacute;a de m&aacute;s comentar un m&aacute;s que cuestionable ejercicio de periodismo. El 23 de noviembre de 2012, s&oacute;lo veinticinco d&iacute;as despu&eacute;s de saberse que el mencionado queso de Burgos no era comestible, publicaron en esta santa casa (eldiario.es) una entrevista que era a su vez todo un ejercicio de sexo oral a Montero con la excusa de la publicaci&oacute;n de su &uacute;ltima novela: <em>No me cuentes tu vida</em> (ed. Planeta). En la entrevista no se habla ni medio minuto de la novela ('no me cuentes tu novela') pero s&iacute; de pol&iacute;tica, que es lo que a Montero realmente parece interesarle ahora mismo, mucho m&aacute;s que los versos y que los besos y que todo, quiz&aacute; porque la corrupci&oacute;n llama a la corrupci&oacute;n. La supuesta periodista le formula 38 preguntas (&iexcl;38!) pero ni una que trate sobre el espinoso asunto de Burgos. No digo que haya que ir a por el <em>muchacho</em> con un punz&oacute;n en la mano, pero no estar&iacute;a de m&aacute;s acompa&ntilde;ar esa imagen de hombre comprometido con la justicia social con esa otra de hombre comprometido con la injusticia editorial. Digo, por equilibrar la balanza y no hacernos a todos m&aacute;s tontos de lo que ya parecemos.
    </p><p class="article-text">
        Toda esta paliza de sospechas indemostrables para llegar a la siguiente conclusi&oacute;n: no se f&iacute;en de nadie, de nada; no se f&iacute;en ni de su padre y desde luego no se f&iacute;en, jam&aacute;s, de un poeta. Tampoco de sus amigos y de sus enemigos, menos todav&iacute;a. No se f&iacute;en de sus cr&iacute;ticos, ni de los cantantes que lo adoran ni de los pol&iacute;ticos que lo veneran. A los prosistas, lo mismo. Puestos a no fiarse, no se f&iacute;en ni de ustedes mismos.
    </p><p class="article-text">
        P.D. Esto ha sido todo por mi parte. Dejo esta secci&oacute;n, supongo que en manos de alguien que pueda sacarle m&aacute;s partido. La verdad es que yo soy m&aacute;s de hacer el salvaje en campo abierto y muy poco de atender a plazos. (Tampoco tengo la paciencia necesaria para leer tanta tonter&iacute;a como hay en la cr&iacute;tica suplementosa). Me vuelvo, pues, a mi villan&iacute;a particular, <a href="http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La medicina de Tongoy</a>, a perpetrar algo, lo que sea. Les dejo en buenas manos.
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s y nada menos. Sean felices pero, sobre todo, sean malos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos González Peón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/ponerse-mundo-montero_1_5588331.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Feb 2013 13:31:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ponerse el mundo por Montero]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los esqueletos salen de su tumba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/esqueletos-salen-tumba_1_5588123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Para miedo, el que ha dado siempre la muerte, y en especial la que en el siglo XIV provoc&oacute; la peste negra, una enfermedad infectocontagiosa que solo en Europa se llev&oacute; por delante a 25 millones de personas, un tercio de su poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero la muerte no hab&iacute;a sido siempre as&iacute; de horrorosa. Si leemos las vidas de santos que escribi&oacute; Gonzalo de Berceo en el siglo XIII, nos daremos cuenta de que la muerte se entend&iacute;a entonces como la puerta de entrada a la verdadera vida y no como el macabro fin al que estaban abocados los miembros de todos los estados sociales.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; cambia esta visi&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; la idea de la muerte se asocia a partir del siglo XIV con el horror?
    </p><p class="article-text">
        La virulencia de la pandemia de peste negra que devast&oacute; el continente durante casi un siglo y el sufrimiento de los infectados, que mor&iacute;an entre fiebres, dolores de cabeza, escalofr&iacute;os e hinchaz&oacute;n de los ganglios linf&aacute;ticos convertidos en f&iacute;stulas supurantes, no debi&oacute; de ayudar precisamente a que la muerte se viera como algo pl&aacute;cido y liberador.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Pero este cambio ideol&oacute;gico &mdash;advertido por primera vez en la amarga imprecaci&oacute;n contra la muerte que hace el Arcipreste de Hita en el desenfadado <em>Libro de Buen Amor</em> (1330)&mdash; responde tambi&eacute;n a una modificaci&oacute;n de la estructura social.
    </p><p class="article-text">
        Me explico, aunque ya lo he dicho en <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/Padres_e_hijos_0_95190546.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otra parte</a>:
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n de la primera burgues&iacute;a capitalista en el siglo XIV dinamita las estructuras feudales y facilita, entre otros cambios ideol&oacute;gicos y culturales, la aparici&oacute;n del individualismo: la sensaci&oacute;n de que somos irrepetibles, de que somos due&ntilde;os de nuestro futuro y sobre todo de que Dios ha puesto el mundo a nuestros pies para que disfrutemos de sus delicias.
    </p><p class="article-text">
        Entendida as&iacute; la vida, la muerte se convierte en una aut&eacute;ntica putada. No me extra&ntilde;a que durante todo el siglo XV los aspectos m&aacute;s macabros de la muerte se conviertan para aquellos hombres en una aut&eacute;ntica obsesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La muerte en la Edad (multi)Media</strong>
    </p><p class="article-text">
        A finales del siglo XIV las iglesias &mdash;primero las francesas y luego las del resto de Europa&mdash; hab&iacute;an empezado a decorar sus paredes con cuadros en los que se ve&iacute;a a la muerte &mdash;representada por uno o varios esqueletos&mdash; bailando con damas, con mercaderes, con cl&eacute;rigos y hasta con el mism&iacute;simo Papa.
    </p><p class="article-text">
        Un par de ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que viene a continuaci&oacute;n es un fragmento del fresco de la Iglesia de San Roberto, perteneciente a la comuna La Chaise-Dieu, en el departamento del Alto Loira, en Francia, donde puede verse de izquierda a derecha a un esqueleto que le quita el tocado a una dama, a otro que le roba la bolsa a un comerciante, a un tercero que acosa a un cl&eacute;rigo y a otro m&aacute;s a la derecha rob&aacute;ndole las llaves de San Pedro al Papa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En la Iglesia de la Virgen de Bera, en Yugoslavia, hay unos frescos g&oacute;ticos donde tres esqueletos de aspecto pavoroso invitan a un rey, a una dama y a un mercader a que bailen con ellos en la danza de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Me imagino al predicador franc&eacute;s o al yugoslavo se&ntilde;alando desde lo alto del p&uacute;lpito estas ilustraciones pintadas en la pared de sus iglesias y enfatizando el mensaje que quer&iacute;an transmitir: que la muerte era la gran igualadora social y que todo el mundo independientemente de su estado tendr&iacute;a antes o despu&eacute;s que bailar con ella.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Ya he dicho en <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/The-great-pretender_0_90291041.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro Regreso al futuro</a> que la Edad Media fue una etapa mucho m&aacute;s audiovisual que la nuestra, aunque solamente fuera porque entonces la mayor&iacute;a de la gente no sab&iacute;a leer.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica manera que ten&iacute;an los predicadores de transmitir el miedo a la muerte y la necesidad de hacer buenas obras o de confesar los pecados era a trav&eacute;s de esas herramientas multimedia llamadas <em>sermones</em>, que combinaban el audio del cl&eacute;rigo con el impacto visual de esos esqueletos tan horribles.
    </p><p class="article-text">
        Como un Guillermo del Toro de hace 800 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo hab&iacute;a danzas <em>pintadas </em>en las paredes de las iglesias. Tambi&eacute;n hab&iacute;a danzas <em>literarias</em>, textos escritos en verso (para poderlos memorizar f&aacute;cilmente) en los que la muerte conversaba brevemente con un representante de cada estamento social, antes de obligarlo a que participara en su macabro baile.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Danza General de la Muerte</strong>
    </p><p class="article-text">
        En castellano solo conocemos una de esta danzas literarias &ndash;la <em>Danza general de la muerte</em>-, inspirada en un modelo franc&eacute;s. Est&aacute; copiada &mdash;no sabemos por qui&eacute;n&mdash; junto a otras obras en un manuscrito que se conserva en la Biblioteca del Monasterio del Escorial.
    </p><p class="article-text">
        Comienza nuestra danza con un pr&oacute;logo de pocas l&iacute;neas en el que se manifiesta el prop&oacute;sito de la obra: que todas las criaturas adviertan la brevedad de la vida y hagan caso del predicador que les aconseja hacer buenas obras para obtener el perd&oacute;n de los pecados.
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n habla <em>La Muerte</em>, que recuerda su poder para llevarse en cualquier momento a cualquier persona y la seguridad de que antes o despu&eacute;s a todos nos llegar&aacute; nuestro turno.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; miedo.
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n toma la palabra <em>El Predicador</em>, que insiste en la idea de que todo el mundo morir&aacute; independientemente de su estado y su dinero. No hay escapatoria: lo &uacute;nico que se puede hacer es gemir las culpas y decir los pecados para obtener el perd&oacute;n. Y hay que hacerlo sin dilaci&oacute;n porque la danza general de la muerte... empieza ya.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras en ser llamadas al baile, las teloneras, son dos hermosas doncellas, cuya belleza &mdash;dice <em>La Muerte</em>&mdash; ella misma convertir&aacute; en fealdad; cuyos palacios &mdash;asegura&mdash; tornar&aacute; en sepulcros malolientes y cuyos manjares &mdash;atenci&oacute;n al realismo macabro&mdash; ser&aacute;n sustituidos por <em>gusanos royentes que coman de dentro su carne podrida</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Que se desnude <em>El Santo Padre</em>!, ordena <em>La Muerte</em> al Papa. &iexcl;Que empiece a saltar! Ha pasado &mdash;dice&mdash; el tiempo de las indulgencias, ha pasado el tiempo de las celebraciones <em>en grande aparato</em> y ha llegado el momento de la muerte. <em>&iexcl;Danzad, Padre Santo, sin m&aacute;s detardar!, </em><span id="mce_0_end"></span>le grita con desprecio.
    </p><p class="article-text">
        Desvalido, toma la palabra el <em>Santo Padre</em>, que se lamenta de haber perdido su poder, y que recuerda los tiempos en los que tuvo <em>benefi&ccedil;ios e honras e gran se&ntilde;or&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        No te enfades, le contesta <em>La Muerte</em>. De nada te sirve ahora el manto rojo, ni predicar bulas ni dar beneficios: <em>aqu&iacute; moriredes</em> &mdash;le dice&mdash; <em>sin ser m&aacute;s bolli&ccedil;ios</em>.
    </p><p class="article-text">
        Y llama al siguiente, a <em>El Emperador</em>.
    </p><p class="article-text">
        Este esquema &mdash;queja por tener que morir y respuesta de <em>La Muerte</em>, que proyecta sobre cada danzante un brutal resentimiento&mdash; se repite ahora con <em>El Emperador</em> y luego con el resto de personajes: Cardenal, Rey, Patriarca, Duque, Arzobispo, Condestable, Obispo, Caballero, Abad, Escudero, De&aacute;n, Mercader, Arcediano, Abogado, Can&oacute;nigo, M&eacute;dico, Cura, Labrador, Monje Benedictino, Usurero, Franciscano, Portero, Ermita&ntilde;o, Contador, Di&aacute;cono, Recaudador, Subdi&aacute;cono, Sacrist&aacute;n, Rab&iacute;, Alfaqu&iacute;, Santero y resto de los Mortales.
    </p><p class="article-text">
        La <em>Danza general de la muerte</em> ha sido considerada siempre s&aacute;tira social. Que <em>La Muerte</em> hable con tanto desprecio a los poderosos<em> (Aqu&iacute; perderedes </em>&mdash;le dice a <em>El Emperador</em>&mdash; <em>el vuestro caudal que atesorastes con gran tirar&iacute;a faziendo batallas de noche e de d&iacute;a</em>) indica que su autor era muy consciente de las injusticias sociales y del abuso de los altos estados.
    </p><p class="article-text">
        La insistencia del autor en el car&aacute;cter igualitario de la muerte, su empe&ntilde;o en recordar que a todo el mundo le llegar&aacute; su hora al margen de su posici&oacute;n social es una manera de reconocer la existencia de privilegios injustos y de desigualdades.
    </p><p class="article-text">
        Desigualdades, por cierto, que no son corregidas en el mundo, sino despu&eacute;s de la muerte, en una hipot&eacute;tica vida de ultratumba.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        TAREA: lee la <em>Danza general de la muerte</em>, que es muy cortita (puedes encontrarla en la antolog&iacute;a de Julio Rodr&iacute;guez Pu&eacute;rtolas titulada <span id="mce_0_start"></span><span id="mce_0_start"></span>&#65279;<em>Poes&iacute;a cr&iacute;tica y sat&iacute;rica del siglo XV</em><span id="mce_0_end"></span><span id="mce_0_end"></span>&#65279;), y di si te parece una s&aacute;tira que ataca el orden social o por el contrario una pieza literaria que sirve como v&aacute;lvula de escape: los gemidos de <em>El Papa</em> o el sufrimiento de <em>El Emperador</em> o de <em>El Obispo</em> a la hora de morir canalizar&iacute;an, seg&uacute;n esta idea, el descontento, el resentimiento y el malestar de los lectores/escuchadores/espectadores, actuando de b&aacute;lsamo sobre la superficie social irritada y evitando un estallido de violencia.
    </p><p class="article-text">
        Preguntado de otra manera: &iquest;cumplen las danzas de la muerte un papel parecido a Twitter? &iquest;Canalizan la rabia y la conciencia de la injusticia? &iquest;Desactiva &mdash;como hace Twitter con cada <em>&#65279;tweet</em><span id="mce_0_start"></span><span id="mce_0_end"></span>&#65279; indignado&mdash; el recurso de la poblaci&oacute;n a violencia?
    </p><p class="article-text">
        (Las reproducciones de los frescos que ilustran este art&iacute;culo han sido tomadas del segundo volumen de la <span id="mce_0_start"></span><span id="mce_0_start"></span>&#65279;<em>Historia de la literatura universal&#65279;</em><span id="mce_0_end"></span><span id="mce_0_end"></span> de Mart&iacute;n de Riquer y Jos&eacute; Mar&iacute;a Valverde, publicada por Planeta, donde se puede encontrar alguna m&aacute;s).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Orejudo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/esqueletos-salen-tumba_1_5588123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Feb 2013 13:02:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los esqueletos salen de su tumba]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La solidaridad de los objetos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/solidaridad-objetos_1_5585773.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, leyendo unos textos del compositor americano Morton Feldman me encontr&eacute; ante esta afirmaci&oacute;n: <em>&ldquo;Nada </em>no es una alternativa extra&ntilde;a para el arte. Continuamente nos enfrentamos a ella cuando trabajamos&rdquo;. Y unas palabras m&aacute;s adelante vuelve a decir: &ldquo;Nos vemos obligados a confrontar, o en todo caso se nos hace m&aacute;s evidente, el hecho de que tenemos muy poco para aportar, extremadamente poco para decir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Partir desde este lugar, si bien no libera en su totalidad la angustia permanente que acarrea esta tarea de pintar, s&iacute; mantiene a cierta distancia el miedo que surge al no poder decir. A cada pintura terminada, a cada volver a empezar, ese sentimiento de singularidad que aparece en el artista deber&iacute;a ser minimizado y ajustado a la realidad de quien emprende la tarea. Uno tiene a bien convenir con los otros que el comienzo es un momento que implica ese miedo al sentir que la imposibilidad nos acecha, pero &iquest;qu&eacute; deber&iacute;amos comentar entonces sobre la imposibilidad de terminar una pintura?, &iquest;hasta d&oacute;nde nuestro mundo puede prolongarse para que no se acabe? Si logr&aacute;ramos esa prolongaci&oacute;n, el momento en el que a&uacute;n no se ha comenzado nada nuevo no se convertir&iacute;a en otro vac&iacute;o m&aacute;s. Digo otro vac&iacute;o m&aacute;s porque el vac&iacute;o al que nos hemos referido es el que abre par&eacute;ntesis entre un lugar y otro. Pero el vac&iacute;o al que me quiero referir ahora es a aquel otro que se produce cuando estamos pintando, aquel que llega como una ausencia presente, no evoco aqu&iacute; ning&uacute;n fantasma, hablo de la ausencia muy viva de lo que no estamos pudiendo decir, de todo aquello de lo que nos damos cuenta por nuestra actividad, a lo que no accedemos.
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones, cuando una pintura est&aacute; por acabarse, me detengo y comienzo otras con el argumento de que necesito dejarla reposar antes de decidir que ya no responde, antes de comprender que ya est&aacute; absolutamente desprendida de m&iacute;. Es muy posible que esta operaci&oacute;n est&eacute; solapando ese vac&iacute;o, est&eacute; intentando tapar ese par&eacute;ntesis entre una obra y otra; desde luego la puesta en marcha de esta actitud no es un acto consciente de veladura. Muchas otras veces una pintura comienza aquello que podemos llamar una serie o familia de obras, que incluso me proporciona la posibilidad de continuar durante a&ntilde;os aunque solo sea de forma intermitente. Esto &uacute;ltimo, desde luego, minimiza a&uacute;n m&aacute;s esa angustia de la que habl&aacute;bamos antes, aunque no garantiza ning&uacute;n resultado. Pero al fin, la pintura, a pesar de las estrategias de su autor, a lo que aspira es a ese vac&iacute;o, a llegar a ese lugar donde el autor no tiene nada que decir m&aacute;s all&aacute; que dar vida a esta cuesti&oacute;n. Y da vida a esta cuesti&oacute;n con la suya propia. Quiz&aacute;s esta larga traves&iacute;a en la que &ldquo;el decir&rdquo; ser&iacute;a una costa lejana siempre por vislumbrar nos impulse a continuar y si esto fuese as&iacute;, habr&iacute;a que concluir que el propio vac&iacute;o que revelamos al comenzar a pintar nos impulsa a acceder a &eacute;l al finalizar la tarea.
    </p><p class="article-text">
        Entre el artista y su &ldquo;tema&rdquo; se establece una profunda y compleja relaci&oacute;n que podr&iacute;a arrojar algo de luz. Muchas veces frente a la obra de Morandi se ha mencionado el silencio que emana de ella, su calma. Sin embargo, cada vez que la veo, y ahora m&aacute;s ya que mientras escribo esto mis ojos son memoria, veo en sus bodegones unos cacharros que se juntan, se acercan hasta el l&iacute;mite de negar el espacio que hay entre ellos, se abrazan. Se abrazan para mostrarnos esa solidaridad de los objetos ante el miedo del artista.
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        Partir desde este lugar, si bienno libera en su totalidad la angustia permanente que acarrea esta tarea depintar, s&iacute; mantiene a cierta distancia el miedo que surge al no poder decir. Acada pintura terminada, a cada volver a empezar, ese sentimiento desingularidad que aparece en el artista deber&iacute;aser minimizado y ajustado a la realidad de quien emprende la tarea. Uno tiene abien convenir con los otros que el comienzo es un momento que implica ese miedoal sentir que la imposibilidad nos acecha, pero &iquest;qu&eacute; deber&iacute;amos comentarentonces sobre la imposibilidad de terminar una pintura?, &iquest;hasta d&oacute;nde nuestromundo puede prolongarse para que no se acabe? Si logr&aacute;ramos esa prolongaci&oacute;n,el momento en el que a&uacute;n no se ha comenzado nada nuevo no se convertir&iacute;a enotro vac&iacute;o m&aacute;s. Digo otro vac&iacute;o m&aacute;s porque el vac&iacute;o al que nos hemos referidoes el que abre par&eacute;ntesis entre un lugar y otro. Pero el vac&iacute;o al que me quieroreferir ahora es a aquel otro que se produce cuando estamos pintando, aquel quellega como una ausencia presente, no evoco aqu&iacute; ning&uacute;n fantasma, hablo de laausencia muy viva de lo que no estamos pudiendo decir, de todo aquello de lo que nos damos cuenta por nuestraactividad, a lo que no accedemos. 
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones, cuando una pinturaest&aacute; por acabarse, me detengo y comienzo otras con el argumento de que necesitodejarla reposar antes de decidir que ya no responde, antes de comprender que yaest&aacute; absolutamente desprendida de m&iacute;. Es muy posible que esta operaci&oacute;n est&eacute;solapando ese vac&iacute;o, est&eacute; intentando tapar ese par&eacute;ntesis entre una obra yotra; desde luego la puesta en marcha de esta actitud no es un acto conscientede veladura. Muchas otras veces una pintura comienza aquello que podemos llamaruna serie o familia de obras, que incluso meproporciona la posibilidad de continuar durante a&ntilde;os aunque solo sea de formaintermitente. Esto &uacute;ltimo, desde luego, minimiza a&uacute;n m&aacute;s esa angustia de la quehabl&aacute;bamos antes, aunque no garantiza ning&uacute;n resultado. Pero al fin, la pintura,a pesar de las estrategias de su autor, a lo que aspira es a ese vac&iacute;o, allegar a ese lugar donde el autor no tiene nada que decir m&aacute;s all&aacute; que dar vidaa esta cuesti&oacute;n. Y da vida a esta cuesti&oacute;n con la suya propia. Quiz&aacute;s estalarga traves&iacute;a en la que &ldquo;el decir&rdquo; ser&iacute;a una costa lejana siempre porvislumbrar nos impulse a continuar y si esto fuese as&iacute;, habr&iacute;a que concluir queel propio vac&iacute;o que revelamos al comenzar a pintar nosimpulsa a acceder a &eacute;l al finalizar la tarea.
    </p><p class="article-text">
        Entre el artista y su &ldquo;tema&rdquo; seestablece una profunda y compleja relaci&oacute;n que podr&iacute;a arrojar algo de luz.Muchas veces frente a la obra de Morandi se ha mencionado el silencio que emanade ella, su calma. Sin embargo, cadavez que la veo, y ahora m&aacute;s ya que mientras escribo esto mis ojos son memoria,veo en sus bodegones unos cacharros que se juntan, se acercan hasta el l&iacute;mitede negar el espacio que hay entre ellos, se abrazan. Se abrazan para mostrarnosesa solidaridad de los objetos ante el miedo del artista.
    </p><p class="article-text">
         Hace unos d&iacute;as, leyendo unos textos del compositor americano Morton Feldman me encontr&eacute; ante esta afirmaci&oacute;n: &ldquo; 'Nada' no es una alternativa extra&ntilde;a para el arte. Continuamente nos enfrentamos a ella cuando trabajamos&rdquo;. Y unas palabras m&aacute;s adelante vuelve a decir: &ldquo;Nos vemos obligados a confrontar, o en todo caso se nos hace m&aacute;s evidente, el hecho de que tenemos muy poco para aportar, extremadamente poco para decir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Partir desde este lugar, si bien no libera en su totalidad la angustia permanente que acarrea esta tarea de pintar, s&iacute; mantiene a cierta distancia el miedo que surge al no poder decir. A cada pintura terminada, a cada volver a empezar, ese sentimiento de singularidad que aparece en el artista deber&iacute;a ser minimizado y ajustado a la realidad de quien emprende la tarea. Uno tiene a bien convenir con los otros que el comienzo es un momento que implica ese miedo al sentir que la imposibilidad nos acecha, pero &iquest;qu&eacute; deber&iacute;amos comentar entonces sobre la imposibilidad de terminar una pintura?, &iquest;hasta d&oacute;nde nuestro mundo puede prolongarse para que no se acabe? Si logr&aacute;ramos esa prolongaci&oacute;n, el momento en el que a&uacute;n no se ha comenzado nada nuevo no se convertir&iacute;a en otro vac&iacute;o m&aacute;s. Digo otro vac&iacute;o m&aacute;s porque el vac&iacute;o al que nos hemos referido es el que abre par&eacute;ntesis entre un lugar y otro. Pero el vac&iacute;o al que me quiero referir ahora es a aquel otro que se produce cuando estamos pintando, aquel que llega como una ausencia presente, no evoco aqu&iacute; ning&uacute;n fantasma, hablo de la ausencia muy viva de lo que no estamos pudiendo decir, de todo aquello de lo que nos damos cuenta por nuestra actividad, a lo que no accedemos.
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones, cuando una pintura est&aacute; por acabarse, me detengo y comienzo otras con el argumento de que necesito dejarla reposar antes de decidir que ya no responde, antes de comprender que ya est&aacute; absolutamente desprendida de m&iacute;. Es muy posible que esta operaci&oacute;n est&eacute; solapando ese vac&iacute;o, est&eacute; intentando tapar ese par&eacute;ntesis entre una obra y otra; desde luego la puesta en marcha de esta actitud no es un acto consciente de veladura. Muchas otras veces una pintura comienza aquello que podemos llamar una serie o familia de obras, que incluso me proporciona la posibilidad de continuar durante a&ntilde;os aunque solo sea de forma intermitente. Esto &uacute;ltimo, desde luego, minimiza a&uacute;n m&aacute;s esa angustia de la que habl&aacute;bamos antes, aunque no garantiza ning&uacute;n resultado. Pero al fin, la pintura, a pesar de las estrategias de su autor, a lo que aspira es a ese vac&iacute;o, a llegar a ese lugar donde el autor no tiene nada que decir m&aacute;s all&aacute; que dar vida a esta cuesti&oacute;n. Y da vida a esta cuesti&oacute;n con la suya propia. Quiz&aacute;s esta larga traves&iacute;a en la que &ldquo;el decir&rdquo; ser&iacute;a una costa lejana siempre por vislumbrar nos impulse a continuar y si esto fuese as&iacute;, habr&iacute;a que concluir que el propio vac&iacute;o que revelamos al comenzar a pintar nos impulsa a acceder a &eacute;l al finalizar la tarea.
    </p><p class="article-text">
        Entre el artista y su &ldquo;tema&rdquo; se establece una profunda y compleja relaci&oacute;n que podr&iacute;a arrojar algo de luz. Muchas veces frente a la obra de Morandi se ha mencionado el silencio que emana de ella, su calma. Sin embargo, cada vez que la veo, y ahora m&aacute;s ya que mientras escribo esto mis ojos son memoria, veo en sus bodegones unos cacharros que se juntan, se acercan hasta el l&iacute;mite de negar el espacio que hay entre ellos, se abrazan. Se abrazan para mostrarnos esa solidaridad de los objetos ante el miedo del artista.
    </p><p class="article-text">
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      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Corujeira]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Feb 2013 13:25:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La solidaridad de los objetos]]></media:title>
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