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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pliegues]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pliegues]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Mapas cerebrales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/mapas-cerebrales_132_5593794.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas se han hecho p&uacute;blicos dos grandes proyectos  destinados a realizar nuevos mapas funcionales del cerebro humano. El  proyecto europeo se denomina &ldquo;<em>Human Brain Project</em>&rdquo;,  busca producir un  &ldquo;modelo funcional&rdquo; del cerebro humano y est&aacute; financiado a 10 a&ntilde;os con  1000 millones de euros. El norteamericano, anunciado por el presidente  Obama en su discurso de investidura, cuenta con 3000 millones de d&oacute;lares  para el mismo per&iacute;odo, y se lama &ldquo;<em>Brain Activity Map</em>&rdquo;. Obama ha  presentado esta idea apoy&aacute;ndose en el &eacute;xito y la rentabilidad del  Proyecto Genoma Humano:  &ldquo;Cada d&oacute;lar que invertimos en el mapa del  genoma humano ha devuelto 100 d&oacute;lares a nuestra econom&iacute;a&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Estos dos grandes inversiones (4.400 millones de d&oacute;lares en total)  anuncian el comienzo de una nueva &ldquo;d&eacute;cada del cerebro&rdquo; y son una  excelente noticia. Pero la neurociencia se encuantra en un estadio muy  diferente al que estaba la gen&eacute;tica en el inicio del Proyecto Genoma. Al  fin y al cabo, se trataba de transcribir un libro cuyo alfabeto ya  conoc&iacute;amos perfectamente y dispon&iacute;amos de m&eacute;todos para leerlo y el mayor  desaf&iacute;o del proyecto genoma consist&iacute;a en desarrollar m&eacute;todos de lectura  r&aacute;pida que permitieran abordar con eficacia la extrema longitud del  texto. La mayor parte de los beneficios econ&oacute;micos a los que se refiere  el presidente Obama corresponden al desarrollo y comercializaci&oacute;n de  estas tecnolog&iacute;as, en muchos casos no para su uso en seres humanos, sino  en plantas o bacterias. Con todo, la secuenciaci&oacute;n de ADN s&oacute;lo nos  permite una descripci&oacute;n unidimensional del genoma. Las otras  dimensiones, especialmente la temporal, estamos todav&iacute;a empezando a  atisbarlas. 
    </p><p class="article-text">
        El intento de realizar &ldquo;mapas cerebrales&rdquo; no es s&oacute;lo un desaf&iacute;o t&eacute;cnico,  sino sobre todo conceptual. No existe no siquiera consenso sobre la  existencia de un &ldquo;c&oacute;digo b&aacute;sico&rdquo; (algo como el c&oacute;digo gen&eacute;tico)  primordial que rija el funcionamiento del cerebro. Los patrones de  conectividad y actividad el&eacute;ctrica de las neuronas son condiciones  necesarias, pero no suficientes para la mayor&iacute;a de las funciones.  Existen, por ejemplo, numerosos aspectos moleculares que no se reflejan  directamente en la actividad el&eacute;ctrica o en conexiones estables.  Disponer de mapas anat&oacute;micos o de actividad el&eacute;ctrica m&aacute;s precisos ser&aacute;  muy &uacute;til, ya que nos proporcionar&aacute; marcos de referencia m&aacute;s precisos  para investigar otros aspectos esenciales, pero ni siquiera supone una  descripci&oacute;n unidimensional de la actividad cerebral.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el fondo, importa poco que los objetivos sean realistas o  no. La enorme ventaja que presentan estos grandes proyectos es que son  un fuerte acicate para el desarrollo de tecnolog&iacute;as que, de otro modo,  no habr&iacute;an encontrado su primera aplicaci&oacute;n. Un compromiso serio de  inversi&oacute;n en las neurociencias animar&aacute; a muchas empresas a arriesgarse y  a desarrollar productos nuevos sabiendo que habr&aacute; posibles compradores.  El uso de estas tecnolog&iacute;as en la investigaci&oacute;n demostrar&aacute; su utilidad  para cosas que no se hab&iacute;an previsto en un principio &mdash;por ejemplo, uno  de los or&iacute;genes del proyecto &ldquo;<em>Brain Activity Map</em>&rdquo; es la propuesta de  traducir descargas neuronales a ADN&mdash;, y surgir&aacute;n aplicaciones  comerciales que har&aacute;n rentable la inversi&oacute;n inicial. Para ser eficaz &mdash;y rentable&mdash;, la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica no necesita llegar a donde  pretend&iacute;a en un principio. Lo importante no es el mapa, lo  importante es el viaje.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/mapas-cerebrales_132_5593794.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Feb 2013 20:08:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mapas cerebrales]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Es dejar la universidad el nuevo doctorado?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/dejar-universidad-nuevo-doctorado_132_5575739.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em><strong>"College dropouts are the new Ph.Ds"</strong></em> (los que han abandonado la universidad son los nuevos doctores)<em><strong> </strong></em>Supuestamente escuchada en la cumbre de Davos, esta frase ha estado circulando por Internet desde hace unos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
                    Es verdad, aunque t&oacute;pico, que una parte de la &eacute;lite empresarial, sobre todo en el sector de las aplicaciones tecnol&oacute;gicas, est&aacute; compuesta por individuos que abandonaron sus estudios acad&eacute;micos antes de graduarse. Hasta hace unos a&ntilde;os tales ejemplos eran considerados brillantes excepciones, pero la convicci&oacute;n de que las universidades est&aacute;n dejando de ser el lugar id&oacute;neo para investigar y conseguir una formaci&oacute;n de calidad est&aacute; comenzando a convertirse en norma.
    </p><p class="article-text">
                    Durante poco m&aacute;s de un siglo hemos asistido al enorme &eacute;xito de la institucionalizaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Las universidades p&uacute;blicas y privadas, los institutos de investigaci&oacute;n, los centros nacionales, las fundaciones y los departamentos de investigaci&oacute;n de las empresas (los de verdad, no esas secciones de I+D que camuflan una labor de desarrollo y mejora de productos, imprescindible pero no cient&iacute;fica) han promovido y financiado con gran eficacia la obtenci&oacute;n y aplicaci&oacute;n t&eacute;cnica del conocimiento cient&iacute;fico. El mundo en el que vivimos es su resultado hasta el punto de que ser&iacute;a rid&iacute;culo pararse a dar ejemplos. Asimismo, el n&uacute;mero de personas dedicadas a la ciencia y la tecnolog&iacute;a en dichas instituciones nunca ha dejado de incrementarse en los &uacute;ltimo cien a&ntilde;os. Y la pr&aacute;ctica de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, salvo excepciones de confidencialidad gubernamental o empresarial, ha inclu&iacute;do siempre la formaci&oacute;n de nuevos cient&iacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
                    &iquest;Qu&eacute; ha cambiado? Hacer un diagn&oacute;stico completo de la situaci&oacute;n actual es complicado, pero es posible reconocer algunos s&iacute;ntomas. Es cierto que existe un problema general de financiaci&oacute;n, pero no es, ni mucho menos, el factor decisivo. Aunque parece haberse extendido la creencia generalizada de que la crisis actual es una gran estafa o una especie de fen&oacute;meno meteorol&oacute;gico ajeno al curso normal de las cosas, lo cierto es que las instituciones que se establecieron al principio de la era moderna ya no son funcionales en el mundo actual. Las universidades han sobrevivido a varias crisis de financiaci&oacute;n sin cambiar apenas de estructura, pero esta vez la modificaci&oacute;n que parece requerirse va mucho m&aacute;s all&aacute; de una simple cuesti&oacute;n de ajustes presupuestarios. Las dudas que se est&aacute;n planteando incluyen <a href="http://blogmaverick.com/2013/01/26/will-your-college-go-out-of-business-before-you-graduate/?utm_source=feedburner&amp;utm_medium=twitter&amp;utm_campaign=Feed%3A+blogmaverick%2FtyiP+%28blog+maverick%29" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aspectos econ&oacute;micos</a>, pero la pregunta esencial es si las universidades <a href="http://www.anthropologiesproject.org/2013/01/fear-and-loathing-in-academia.html?m=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">continuar&aacute;n siendo el ecosistema m&aacute;s adecuado para el desarrollo del conocimiento</a>.
    </p><p class="article-text">
                    Hace un par de a&ntilde;os, el neurocient&iacute;fico Mark Changizi abandon&oacute; la universidad para fundar su propia empresa, uno de cuyos objetivos es el desarrollo de investigaci&oacute;n b&aacute;sica en su &aacute;rea. Changizi escribi&oacute; un breve <a href="http://www.psychologytoday.com/blog/nature-brain-and-culture/201008/p-np-and-is-academia-inhospitable-big-discoveries" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a>  en el que declaraba que, en su opini&oacute;n, desde dentro de las instituciones acad&eacute;micas es ya muy dif&iacute;cil proponer aut&eacute;nticos desaf&iacute;os intelectuales. &iquest;Es esto cierto en todos los campos del saber? &iquest;Es posible realizar investigaciones &ldquo;independientes&rdquo; de calidad fuera de las instituciones y grandes empresas? &iquest;En qu&eacute; &aacute;reas? Por el momento, la ciencia experimental b&aacute;sica contin&uacute;a desarroll&aacute;ndose donde lo ven&iacute;a haciendo. &iquest;Por cuanto tiempo? &iquest;Podemos hacer evolucionar las universidades y los centros de investigaci&oacute;n existentes, o emerger&aacute;n nuevas instituciones m&aacute;s adecuadas a la situaci&oacute;n actual?
    </p><p class="article-text">
                    A medida que nos damos cuenta de que la etapa de formaci&oacute;n se extiende a lo largo de toda la vida, y de que la mayor parte de esa formaci&oacute;n se obtiene de un modo &ldquo;informal&rdquo;, las hasta ahora muy exitosas instituciones de educaci&oacute;n superior comienzan a no ser tan atractivas, a parecer demasiado caras, a resultar excesivamente r&iacute;gidas y burocr&aacute;ticas. La ventaja que contin&uacute;an presentando es la capacidad de aprender durante la obtenci&oacute;n de conocimientos en la pr&aacute;ctica, pero si esta pr&aacute;ctica tambi&eacute;n puede &ldquo;informalizarse&rdquo;, &iquest;qu&eacute; podr&aacute;n ofrecer las universidades en los a&ntilde;os futuros? &iquest;Se podr&aacute; evitar su tranformaci&oacute;n en centros de certificaci&oacute;n profesional para profesiones que se extinguen?
    </p><p class="article-text">
        No tengo respuesta para estas preguntas, pero ignorarlas no nos va a ser muy &uacute;til. En Espa&ntilde;a, prevalecen dos posturas conservadoras respecto al futuro de las universidades: Unos (vagamente &ldquo;progres&rdquo;) proponen seguir alimentando al monstruo en la medida de lo posible, mientras que otros (quienes ahora nos gobiernan) parecen preferir dejarlo morir poco a poco de inanici&oacute;n. Lo que sea, menos cambiar. Pero la ciencia est&aacute; obligada a cuestionar el saber actual, tambi&eacute;n acerca de como se desarrolla, se financia y se transmite. Quiz&aacute; quienes se est&aacute;n marchando de las universidades est&eacute;n comenzando a constru&iacute;r las nuevas estructuras sobre las que crecer&aacute; lo que las sustituya. Es lo que suele pasar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/dejar-universidad-nuevo-doctorado_132_5575739.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Jan 2013 13:46:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Es dejar la universidad el nuevo doctorado?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Consumo y anticonsumo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/consumo-anticonsumo_132_5556456.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La regulaci&oacute;n del consumo de tabaco se ha convertido en una de las  paradojas m&aacute;s curiosas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y es probablemente uno de  los &uacute;ltimos puntos de resistencia no ilegal frente a la manipulaci&oacute;n de  las met&aacute;foras del cuerpo. Es un asunto revelador porque la industria del  tabaco es legal, billonaria, y se encuentra ampliamente establecida en  la naci&oacute;n m&aacute;s poderosa de la Tierra, lo que impide su radical  ilegalizaci&oacute;n y evita que se convierta en una cuesti&oacute;n subterr&aacute;nea y  marginal para los medios, como lo es el consumo de las llamadas &ldquo;drogas  recreativas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica del discurso no se refiere exclusivamente a la salud de los  ciudadanos, sino que es parte de una guerra abierta entre los viejos  circu&iacute;tos de poder &mdash;en este caso los tabaqueros y las agencias  tributarias&mdash; y los nuevos &mdash;las instituciones de salud. No me cabe duda  de que muchos m&eacute;dicos (y no m&eacute;dicos) abrazan la cruzada con esp&iacute;ritu  honesto e hipocr&aacute;tico, pero lo que en realidad se decide en la  persecuci&oacute;n pol&iacute;tico-med&iacute;atico-sanitaria no es la salud o la vida de las  personas, sino la capacidad de influencia sobre la m&aacute;quina productora  de met&aacute;foras. Lo que importa no es que se fume o no, sino que se  consienta en transmitir &mdash;impresos en las cajetillas, en los anuncios, en  la legislaci&oacute;n&mdash; los mensajes de &ldquo;la Gran Madre&rdquo; que cuida de nosotros.  Se lucha por establecer de quien es la palabra. Lo que realmente se  manifiesta es que el poder no puede dejar pasar ninguna oportunidad para  hablar por boca de &ldquo;la ciencia&rdquo;, para convencer de que sus decisiones  &mdash;esas, y todas por extensi&oacute;n&mdash; son t&eacute;cnicas y no personales o pol&iacute;ticas.  La cruzada antitabaco es &uacute;til porque el argumento empleado es aut&eacute;ntico,  y, por lo tanto, sirve como ejemplo para reforzar la confianza de un  p&uacute;blico muy esc&eacute;ptico hacia el controlador de los productos. &iquest;Por qu&eacute;  esa obsesi&oacute;n continua con este tipo de estrategias? La raz&oacute;n es muy  sencilla: los sistemas democr&aacute;ticos han asumido la capacidad de los  ciudadanos para responsabilizarse &eacute;tica y pol&iacute;ticamente, pero la  capacidad &ldquo;t&eacute;cnica&rdquo; ha sido monopolizada por instituciones que se  amparan en saberes especializados (el conocimiento cient&iacute;fico en s&iacute; no  es susceptible de apropiaci&oacute;n porque no produce verdades, s&oacute;lo se  legitima en la investigaci&oacute;n continua y se modifica constantemente). 	En  un segundo movimiento tactico, los discursos &eacute;ticos y pol&iacute;ticos han  sido despojados de valor real, y la &uacute;nica palabra v&aacute;lida &mdash;la palabra  t&eacute;cnica&mdash; se representa como esquiva e inaccesible.
    </p><p class="article-text">
        La industria del estilo de vida, de la que han pasado a formar parte,  queramos aceptarlo o no, las instituciones denominadas &ldquo;p&uacute;blicas&rdquo;, se  desarrolla en dos variantes que permanecen en  constante lucha  dial&eacute;ctica: Los productores de determinados bienes de consumo  y los  productores de p&aacute;nico ante los efectos de su consumo. En un reciente  art&iacute;culo publicado en el New York Times (<a href="http://www.nytimes.com/2013/01/03/opinion/our-imaginary-weight-problem.html?nl=opinion&amp;emc=edit_ty_20130103&amp;_r=2&amp;" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Nuestro absurdo miedo a la  grasa&rdquo;</a>), Paul Campos nos recuerda que &ldquo;cualquiera que est&eacute; familiarizado  con la historia no se sorprender&aacute; de que los 'hechos' hayan sido  reunidos para confirmar la legitimidad de una obsesi&oacute;n cultural (la  delgadez) y para apoyar los intereses econ&oacute;micos de aquellos que se  benefician de esa obsesi&oacute;n&rdquo;, por lo que, evidentemente, no podemos  esperar que &ldquo;quienes han hecho sus carreras a base de fomentar el p&aacute;nico  comprendan que nuestra definici&oacute;n actual de 'peso normal' carece  absolutamente de sentido.&rdquo; La cuesti&oacute;n, de nuevo, no se centra en un  posible debate cient&iacute;fico, sione en a qui&eacute;n favorece la selecci&oacute;n de  &ldquo;hechos&rdquo; que se ofrece. <a href="http://www.sciencebasedmedicine.org/index.php/nutrigenomics-not-ready-for-prime-time/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Steven Novella</a>, hablando del campo emergente de  la nutrigen&oacute;mica, cita como ejemplo una frase extra&iacute;da de una web que  anuncia &ldquo;medicina integral basada en la gen&eacute;tica&rdquo;: &ldquo;llevar&aacute; d&eacute;cadas  confirmar lo que ya entendemos...&rdquo; Como muy bien explica Novella, la  esencia de la pseudociencia es pretender utilizar la investigaci&oacute;n para  confirmar lo que ya &ldquo;sabemos.&rdquo; Usted &ldquo;ya sabe&rdquo; que usted es lo que  consume. S&oacute;lo falta que la &ldquo;ciencia&rdquo; lo vaya confirmando. Mientras  tanto, nosotros ya podemos adelantarle lo que usted DEBE consumir.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que muchas de estas afirmaciones (Novella se refiere  tambi&eacute;n a las terapias con c&eacute;lulas madre) se basan en estudios  cient&iacute;ficos leg&iacute;timos, aunque insuficientes, que &ldquo;crean una oprtunidad  para la explotaci&oacute;n, utilizando datos de las &uacute;ltimas investigaciones  para proponer soluciones cl&iacute;nicas prematuras fingiendo disponer de un  conocimiento que simplemente no existe.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Estamos acostumbrados a que nos digan lo que debemos hacer. A no asumir  responsabilidades personales. Hemos sido socializados sobre los  cimientos de una deuda ontol&oacute;gica inherente que facilmente, como se ha  visto, puede metamorfosearse en otro tipo de deuda. Pedimos a  instituciones que carecen del conocimiento necesario (muchas veces  porque no existe o porque no puede ser aplicado a situaciones que son  muchisimo m&aacute;s complejas de lo que deseamos admitir) que nos digan lo que  podemos y debemos consumir. El consumo y el anticonsumo no son m&aacute;s que  dos industrias complementarias. No hay exterior en esa dialectica.  Ninguna elecci&oacute;n nos hace mejores, es el flujo continuo entre las  opciones disponibles lo que en realidad nos mantiene humanos.
    </p><p class="article-text">
        Siempre nos veremos obligados a tomar decisiones personales a partir de  criterios de verdad insuficiente. Si, llevados por un af&aacute;n  reduccionista de cualquier signo, renunciamos a ello, estaremos  renunciando a las ventajas de los cerebros sobre las m&aacute;quinas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/consumo-anticonsumo_132_5556456.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Jan 2013 23:28:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Consumo y anticonsumo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciencia es como el sexo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/ciencia-sexo_132_5528110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &ldquo;La F&iacute;sica es como el sexo&rdquo;, dijo en cierta ocasi&oacute;n Richard Feynman. &ldquo;Est&aacute; claro que puede tener algunos resultados pr&aacute;cticos, pero no lo hacemos por eso.&rdquo; La c&eacute;lebre cita de Feynman es perfectamente aplicable a toda la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica b&aacute;sica. Es evidente que la la investigaci&oacute;n es el fundamento del desarrollo econ&oacute;mico, pero tambi&eacute;n es cierto que reducir el discurso p&uacute;blico a las aplicaciones pr&aacute;cticas de la ciencia y a sus consecuencias econ&oacute;micas es ignorar que, en un principio, la gran mayor&iacute;a de los investigadores inician su actividad impulsados por el deseo de saber.
    </p><p class="article-text">
        El deseo de saber no es inocente. El deseo de saber, como se ha repetido en numerosas ocasiones, es deseo de poder. Pero no estamos adjudic&aacute;ndonos inocencia, sino, al contrario, recomendando sucumbir a la tentaci&oacute;n. Escrb&iacute;a Paul Val&eacute;ry que &ldquo;Europa [...] hab&iacute;a desarrollado hasta el l&iacute;mite la libertad de esp&iacute;ritu, combinado su pasi&oacute;n de comprender con su voluntad de rigor, <strong>inventado una curiosidad precisa y activa</strong>, creado, mediante la investigaci&oacute;n obstinada de resultados que se pudiesen comparar exactamente y a&ntilde;adir unos a otros, un capital de leyes y procedimientos muy potentes&rdquo;. Esa es la herencia fundamental de la modernidad, a partir de la cual se construye el presente.
    </p><p class="article-text">
        A menudo me pregunto si las instituciones que promueven, financian, y en las que a menudo se desarrolla la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica contin&uacute;an siendo adecuadas para transmitir esa <strong>curiosidad precisa y activa</strong>. Si, de hecho, su &eacute;xito no las ha inducido a dedicar una gran cantidad de recursos financieros y conceptuales a su propia supervivencia, a autopromocionar su supuesta excelencia, y, como ha escrito Clay Shirky, a intentar preservar el problema para el que son la soluci&oacute;n. Y esto lo escribo en un momento en el que la reducci&oacute;n de la financiaci&oacute;n p&uacute;blica y la pr&aacute;ctica inexistencia del mecenazgo privado parecen ser los problemas mas acuciantes de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en Espa&ntilde;a. Porque me temo que el debate sobre la financiaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n (siempre insuficiente) y las aplicaciones pr&aacute;cticas de la ciencia como impulsoras del futuro desarrollo econ&oacute;mico (indiscutibles) est&eacute; ocultando un problema mayor, que ya estaba ah&iacute;, pero no nos interesaba abordar: No hemos transmitido con suficiente intensidad, a suficientes personas, esa curiosidad, ese deseo, y aquellos pocos que lo sienten se vuelven a marchar, sin que a nadie, de verdad, le importe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/ciencia-sexo_132_5528110.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Dec 2012 01:45:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La ciencia es como el sexo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ciencia y tecnocracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/ciencia-tecnocracia_132_5515832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A pesar de su decisiva influencia &ndash;con un gran balance positivo&ndash; en muchos aspectos de la vida, el progreso tecnol&oacute;gico es un hecho singular y aislado, producto de una h&aacute;bil restricci&oacute;n de los prop&oacute;sitos para la consecuci&oacute;n de objetivos previamente fijados. El avance cient&iacute;fico es el producto de un aspecto minoritario de la actividad humana. El avance tecnol&oacute;gico es el producto de la aplicaci&oacute;n de una peque&ntilde;a parte del conocimiento cient&iacute;fico. Sus propios m&eacute;todos exigen el abandono de objetivos borrosos, poco claros, parad&oacute;jicos o contradictorios. Por suerte o por desgracia, la mayor&iacute;a de los objetivos sociales y culturales poseen estas caracter&iacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de los procesos tecnol&oacute;gicos &mdash;y a semejanza de los procesos biol&oacute;gicos&mdash;, los procesos socioculturales carecen de objetivos concretos espec&iacute;ficos predeterminados. Tras el estrepitoso fracaso en el siglo veinte de los intentos de aplicaci&oacute;n de modelos idealistas desarrollados en el diecinueve, la pol&iacute;tica ha terminado por convertirse primero en un sistema para determinar los objetivos y, cada vez m&aacute;s, en un medio para hacerlos inteligibles. La escena pol&iacute;tica ha ido perdiendo protagonismo en la mayor parte de los pa&iacute;ses porque ya no es vista por los ciudadanos como el lugar donde se toman las decisiones, sino como una especie de centro de traducci&oacute;n y divulgaci&oacute;n, muy semejante a los medios de comunicaci&oacute;n de masas, de cuyas interpretaciones de la realidad es preciso desconfiar. La simple legitimidad democr&aacute;tica  no nos parece suficiente en muchos casos para definir lo que es deseable para la sociedad: En un mundo donde practicamente nada puede hacerse sin recurrir al conocimiento especializado, la representatividad ha perdido casi todo su valor real.
    </p><p class="article-text">
        El conocimiento al que acudimos para que legitime los proyectos individuales y sociales es, se supone, conocimiento cient&iacute;fico. Sin embargo, en contra de lo que pudiera mostrar un examen demasiado superficial, los conceptos cient&iacute;ficos tienen mucho menos arraigo en nuestras sociedades que los inspirados en la tecnolog&iacute;a. Probablemente debido a que la tecnolog&iacute;a ha acompa&ntilde;ado al ser humano desde el origen de la historia y forma parte de las habilidades caracter&iacute;sticas de la especie como, por ejemplo, el lenguaje hablado. Los modelos econ&oacute;mico-sociales heredados del siglo XIX, por ejemplo, son modelos t&eacute;cnicos que han pretendido hacerse pasar por modelos cient&iacute;ficos. Todas las teor&iacute;as econ&oacute;micas que se aplican o se proponen en las actulidad est&aacute;n basadas en una idea t&eacute;cnica y determinista de las relaciones econ&oacute;mico-sociales. Su objetivo principal contin&uacute;a siendo la planificaci&oacute;n y la predicci&oacute;n. La palabra &ldquo;tecnocracia&rdquo;  define bastante bien la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica de tales modelos.
    </p><p class="article-text">
        Una tecnolog&iacute;a &mdash;y, por lo tanto, una tecnocracia&mdash; puede desarrollarse independientemente de la comprensi&oacute;n de sus mecanismos y, una vez puesta en marcha, sus acciones son a menudo justificadas mediante el recurso de la Caja Negra, que sabemos alimentar y cuyo producto final analizamos mientras ignoramos lo que sucede en su interior.
    </p><p class="article-text">
        No son las ciencias f&iacute;sicas o biol&oacute;gicas las que proporcionan los modelos para las met&aacute;foras sociales de nuestra &eacute;poca, como comunmente se cree, sino el efecto de sus aplicaciones t&eacute;cnicas. Para muchos contin&uacute;a prevaleciendo la idea escol&aacute;stica de que el mundo se encuentra ah&iacute; para ser estudiado y conocido por el hombre, que es un libro algunas de cuyas p&aacute;ginas hemos aprendido a leer y, para continuar su lectura, basta con aprender a pasar la p&aacute;gina  &mdash;habr&iacute;a permanecido escrito e inmutable desde el principio de los tiempos. Un peligroso giro hacia la teolog&iacute;a, o al menos, hacia el empirismo (es asombroso el parecido y las influencias rec&iacute;procas entre ambas). La explicaci&oacute;n de W.J. Freeman que he citado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n (W.J. Freeman, Behavioral and Brain Sciences, 13 (4), 1990.) es muy aclaratoria:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una descripci&oacute;n cient&iacute;fica [...] es un conjunto de relaciones entre un n&uacute;mero de variables cuantificadas, y una explicaci&oacute;n es un conjunto de ecuaciones que las interrelacionan en forma simb&oacute;lica. Utiliz&aacute;ndo un t&oacute;pico, los cient&iacute;ficos se preguntan &rdquo;c&oacute;mo&ldquo;, no &rdquo;por qu&eacute;&ldquo;; una manzana cae de acuerdo a la ley del cuadrado inverso, no porque es empujada por la gravedad. Esto lo hacen no para evitar la satisfacci&oacute;n de un deseo teleol&oacute;gico, sino porque es lo que les ata&ntilde;e. Jueces, periodistas, abogados y fil&oacute;sofos necesitan explicaciones no cient&iacute;ficas en t&eacute;rminos de causas. Un pat&oacute;logo debe decir: el sujeto A muri&oacute; con la enfermedad B; y un forense debe decir: el sujeto A muri&oacute; de la enfermedad B. Los forenses tienen la responsabilidad legal de asignar causas a la muerte. Estos son juicios sociales, no cient&iacute;ficos.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Nada que objetar a los juicios sociales, siempre y cuando sean reconocidos como tales. Siempre y cuando nos demos cuenta de que la responsabilidad de cambiarlos no es cient&iacute;fica, sino personal. Siempre y cuando aceptemos que, para buscar alternativas a la tecnocracia, debemos empezar a poner en cuesti&oacute;n a nuestro tecn&oacute;crata interior, ese supersticioso que habita dentro de cada uno de nosotros. Ese que ya hab&iacute;a denunciado Lucrecio. 
    </p><p class="article-text">
        Como escribe Cl&eacute;ment Rosset (La antinaturaleza) :
    </p><p class="article-text">
                  &ldquo;Contrariamente a lo que, por lo general, se suele creer, parece evidente que la intuici&oacute;n m&aacute;s importante de Lucrecio, lejos de ser una recusaci&oacute;n de la religi&oacute;n en nombre de la raz&oacute;n, fue una asimilaci&oacute;n muy penetrante del estado de esp&iacute;ritu religioso al estado de esp&iacute;ritu racionalista y que, en consecuencia, la idea de naturaleza &mdash;en el sentido de una pretensi&oacute;n de explicaci&oacute;n natural sustituyendo a la interpretaci&oacute;n religiosa&mdash; no ha tenido cabida jam&aacute;s en el <em>De rerum natura</em>. En efecto, la raz&oacute;n en la que se apoya Lucrecio para criticar las representaciones de la superstici&oacute;n (es decir, especialmente las representaciones naturalistas, en el sentido moderno del t&eacute;rmino) no participa de un racionalismo concebido como un sistema explicativo de los fen&oacute;menos: consiste, por el contrario, en negar que los fen&oacute;menos sean susceptibles de una explicaci&oacute;n y hacer de esta promesa de explicaci&oacute;n la expresi&oacute;n de un deseo de interpretaci&oacute;n racionalista que caracteriza no a la ciencia y a la raz&oacute;n, sino a la religi&oacute;n y a la superstici&oacute;n. La superstici&oacute;n requiere causas, mientras que lo propio de la raz&oacute;n verdadera es descubrir que las cosas son sin causa y denunciar, en el deseo causal, la ra&iacute;z de la angustia religiosa, la fuente de esa &laquo;necesidad metaf&iacute;sica de la humanidad&raquo; de la que habla Shopenhauer. De ah&iacute; procede, en Lucrecio, una negaci&oacute;n muy significativa de los hechos mismos de los que la superstici&oacute;n requiere explicaci&oacute;n: si nada explica nada, es que no hay nada que explicar, es decir, que no hay ninguna &laquo;naturaleza de las cosas&raquo; reclamando del observador explicitaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n. Ya que la superstici&oacute;n, antes de pretender justificar diferentes formas de existencia por una interpretaci&oacute;n religiosa o una explicaci&oacute;n naturalista, comienza por decretar que hay una &laquo;naturaleza&raquo; de la vida, de la muerte, del hombre, del trueno, del viento, mientras que, para Lucrecio, estos fen&oacute;menos, al ser la expresi&oacute;n del azar y de la conveniencia (o de la inconveniencia), carecen tanto de naturaleza como de causa: la &laquo;naturaleza&raquo; del hombre consiste en no tener en absoluto naturaleza, la &laquo;raz&oacute;n&raquo; del trueno o del viento es no tener en absoluto raz&oacute;n. Se comprende entonces f&aacute;cilmente la indiferencia de Lucrecio respecto a la pluralidad de explicaciones posibles para tal o cual fen&oacute;meno, que incomoda a la mayor&iacute;a de los comentadores, <strong>lo cual no significa una indecisi&oacute;n cient&iacute;fica atribu&iacute;ble al estado balbuciente de la f&iacute;sica greco-romana, sino indiferencia frente a la idea de causa en s&iacute; misma&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las ciencias sociales reconocen hace tiempo la indeterminaci&oacute;n y en la imposibilidad del an&aacute;lisis lineal de los procesos, en la pr&aacute;ctica seguimos empe&ntilde;ados en pensar en causas y en efectos. No nos hemos librado de la met&aacute;fora mec&aacute;nica que proviene de la vieja idea de la &ldquo;m&aacute;quina divina&rdquo; y se continua hoy en la m&aacute;quina electr&oacute;nica. Y la m&aacute;quina como met&aacute;fora siempre acaba por requerir su axiom&aacute;tica y su fantasma. Ese fantasma es, hoy, la tecnocracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/ciencia-tecnocracia_132_5515832.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Dec 2012 20:13:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ciencia y tecnocracia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Neurocosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/neurocosas_132_5508392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El objetivo de la ciencia no es saberlo todo de cualquier manera. El  m&eacute;todo cient&iacute;fico permite conocer algunas cosas, y conocerlas de un modo  muy espec&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a no permite solucionar cualquier cosa: Es una serie de  intrucciones para resolver determinados problemas mediante una serie de  m&eacute;todos muy concretos.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro tiempo, producto del desarrollo del conocimiento cient&iacute;fico y  lleno de brillantes instrumentos tecnol&oacute;gicos que conviven superpuestos a saberes  no cient&iacute;ficos, considerar los l&iacute;mites de  la ciencia y la tecnolog&iacute;a es un asunto esencial. Por supuesto, estos  l&iacute;mites no son estables ni definitivos: la propia din&aacute;mica de la  investigaci&oacute;n los altera constantemente. Pero no debemos olvidar que  est&aacute;n ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;mites de la ciencia y la tecnolog&iacute;a no existen porque los  cient&iacute;ficos y los tecn&oacute;logos hayamos decidido ocuparnos de unas  cosas y no de otras, sino que dependen de los m&eacute;todos que utilizamos para obtener esos  conocimientos y de los modelos sobre los que dise&ntilde;amos las soluciones  t&eacute;cnicas. Utilizar un prefijo inspirado en una ciencia experimental no  transforma autom&aacute;ticamente un saber en conocimiento cient&iacute;fico, ni lo  hace m&aacute;s s&oacute;lido, ni m&aacute;s robusto, ni m&aacute;s susceptible de ser empleado como  modelo para el desarrollo una tecnolog&iacute;a eficaz.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, el <a href="http://www.nytimes.com/2012/11/25/opinion/sunday/neuroscience-under-attack.html?_r=0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">New York Times</a> se hac&iacute;a eco del creciente  &ldquo;neuroescepticismo&rdquo; surgido como reacci&oacute;n frente a esa tendencia a  &ldquo;expandir&rdquo; la neurociencia a &aacute;mbitos ajenos a su m&eacute;todo. Muchos  neurocient&iacute;ficos lo aceptan de buen grado porque piensan que la  popularizaci&oacute;n reforzar&aacute; su campo de trabajo y crear&aacute; nuevas  oportunidades laborales. Yo , en cambio, me temo que la falta de rigor  en muchas de estas &ldquo;aproximaciones&rdquo; a la neurociencia por parte de  buscadores de recetas sencillas para predecir la conducta humana, acabe  siendo otro de esos problemas que la tecnolog&iacute;a no soluciona.
    </p><p class="article-text">
        Ya veremos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/neurocosas_132_5508392.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Nov 2012 13:23:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Neurocosas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bienvenida, y explicación del título]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/bienvenida-explicacion-titulo_132_5498649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"Lo múltiple", nos dice Gilles Deleuze (El Pliegue. Leibniz y el barroco), "no sólo es lo que tiene muchas partes, sino lo que está plegado de muchas maneras." Magnífica descripción de la multiplicidad de la materia.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El Barroco no remite a una esencia, sino m&aacute;s bien a una funci&oacute;n operatoria, a un rasgo. No deja de hacer pliegues.&rdquo; Es un modo de entender la materia muy semejante al que adoptan las ciencias modernas. El cient&iacute;fico no se pregunta &ldquo;por qu&eacute;&rdquo; acontece algo, sino c&oacute;mo. No se deja atrapar por el deseo de responder cuestiones &uacute;ltimas ni por la ilusi&oacute;n de la causalidad. Nuestro conocimiento no se ocupa ya, desde hace mucho, de cuestiones de esencia, sino precisamente de funciones operatorias.
    </p><p class="article-text">
        Plegar, esa funci&oacute;n operatoria, es reconocer los l&iacute;mites para desafiarlos. La materia evoluciona pleg&aacute;ndose, no expandi&eacute;ndose en todas direcciones en ese espacio tridimensional infinito que s&oacute;lo ha existido en la imaginaci&oacute;n de los viejos ge&oacute;metras. La mayor parte del universo aparenta estar vac&iacute;o, pero lo lleno parace llenarse cada vez m&aacute;s porque sus camino es sinuoso, porque la materia no vuelve sobre sus pasos ni se expande en l&iacute;nea recta: tropieza con determinados l&iacute;mites operativos y la nueva trayectoria que adopta da forma a un nuevo  pliegue. El pliegue es la respuesta de la complejidad a cada barrera f&iacute;sica que no puede cruzar. Las mol&eacute;culas, en cuanto empiezan a aumentar de tama&ntilde;o, comienzan a plegarse, no se convierten en un creciente ac&uacute;mulo de &aacute;tomos. Esto les permite ocupar una especie particular de espacio, convertirse en signos, adquirir un sentido. El ADN se pliega para hacer encajar las instrucciones de c&oacute;mo constru&iacute;r un mam&iacute;fero en el espacio que corresponde a una sola c&eacute;lula. El cerebro se pliega para alojar a un ser humano en el cr&aacute;neo de un mono. Quiz&aacute;s el modo en que se expande el universo sea plegarse en innumerables universos paralelos.
    </p><p class="article-text">
        El Barroco no inventa la cosa, dice Deleuze, pero curva y recurva los pliegues, los lleva hasta el infinito. Y creo yo que nuestro barroco, ya exento de infinitos, vuelve a recurvarlos sobre s&iacute; mismos para apropiarse a&uacute;n m&aacute;s del peque&ntilde;o espacio abigarrado que podemos considerar de nuestra incumbencia. No esperen, pues, invenciones: este lugar a donde vengo ahora solo pretende ser un nuevo pliegue.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/pliegues/bienvenida-explicacion-titulo_132_5498649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Nov 2012 20:27:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Bienvenida, y explicación del título]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
