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    <title><![CDATA[elDiario.es - 25N]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - 25N]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Violencia de género: la revolución social pendiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/violencia-genero-revolucion-social-pendiente_1_4513056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57143af3-52e7-426a-9ddc-2111895333e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Violencia de género: la revolución social pendiente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pionera Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género cumple una década. Esta norma, modélica en Europa, es hoy, también, víctima de los recortes</p><p class="subtitle">Diez años después, los asesinatos no cesan. En lo que va de año ya han muerto 45 mujeres, víctimas de lo que algunos colectivos denominan ya “terrorismo machista”</p><p class="subtitle">“La ley fue un referente, pero fue una ley mucho más avanzada que las mentalidades, más difíciles de cambiar”, dice la profesora de la UPO Carmen Monreal</p></div><p class="article-text">
        Cuando Ana Orantes fue asesinada en 1997, un escalofr&iacute;o despert&oacute; la conciencia de la sociedad espa&ntilde;ola. La hab&iacute;an visto d&iacute;as antes, en televisi&oacute;n, narrando el calvario que viv&iacute;a desde hac&iacute;a 40 a&ntilde;os. Su muerte abri&oacute; los ojos a una ciudadan&iacute;a que hab&iacute;a hecho o&iacute;dos sordos a un problema que siempre estuvo enterrado entre las cuatro paredes de casa. Las mujeres hab&iacute;an estado solas. Hasta entonces. El asesinato de Ana Orantes provoc&oacute; una revoluci&oacute;n legislativa que culmin&oacute; en 2004 con la Ley Integral contra la Violencia de G&eacute;nero, que este a&ntilde;o cumple una d&eacute;cada con luces, pero con terribles sombras: en lo que va de a&ntilde;o han sido asesinadas 42 mujeres; 12 de ellas hab&iacute;an denunciado previamente a su agresor.
    </p><p class="article-text">
        La comparaci&oacute;n, utilizada por algunos colectivos de v&iacute;ctimas, suele ayudar a visualizar cu&aacute;l es la radiograf&iacute;a actual: ETA asesin&oacute; desde 1968 hasta 2010 (en 42 a&ntilde;os) a 829 personas. El &ldquo;terrorismo machista&rdquo;, como lo definen ya estos colectivos, ha matado a 700 mujeres en una d&eacute;cada. Una media de setenta homicidios cada a&ntilde;o. El dato contabiliza a las mujeres asesinadas desde 2003, cuando se empezaron a cifrar los cr&iacute;menes con vistas a la aprobaci&oacute;n de la ley &ndash;un a&ntilde;o m&aacute;s tarde&ndash;, hasta 2013. En este negro balance no se inclu&iacute;an a las 45 asesinadas de este 2014, catorce de las cuales hab&iacute;an denunciado.
    </p><p class="article-text">
        Durante la reuni&oacute;n de junio del grupo de trabajo creado en el Parlamento de Andaluc&iacute;a para estudiar la futura reforma de la Ley andaluza contra la Violencia de G&eacute;nero &ndash;con el fin de mejorarla&ndash;, la diputada socialista Soledad P&eacute;rez fue clara: &ldquo;No queremos modificarla porque tenga d&eacute;ficit, pero estamos preocupadas por el poco pulso social que est&aacute; teniendo la violencia de g&eacute;nero&rdquo;. &ldquo;Las mujeres siguen sin confiar en el sistema, el sistema sigue sin funcionar porque contin&uacute;an muriendo mujeres que nunca denunciaron&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pocas veces se ha vuelto a repetir aquel 's&iacute;' un&aacute;nime de los 320 diputados del Congreso a la Ley Integral contra Violencia de G&eacute;nero</strong>. Salvadas las reticencias iniciales planteadas por el Partido Popular, nadie pudo negarse, aquel 8 de octubre de 2004, a dar apoyo a una norma que estaba llamada a combatir esta grave lacra social. Esta ley pionera, esperada y al final aplaudida por la casi totalidad de la sociedad, fue la primera que aprobaba el reci&eacute;n aterrizado Gobierno de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero.
    </p><p class="article-text">
        Era la primera vez que la mujer v&iacute;ctima de la ancestral violencia machista se convert&iacute;a en el eje de reformas sociales, sanitarias y, sobre todo, judiciales. Porque la ley no solo se compromet&iacute;a a no dejarlas solas, a escucharlas, a acompa&ntilde;arlas&hellip; La norma inclu&iacute;a, adem&aacute;s, el aumento de penas para los maltratadores y asesinos, creaba juzgados especiales y medidas de protecci&oacute;n espec&iacute;ficas para las v&iacute;ctimas. Pero lleg&oacute; la crisis.
    </p><p class="article-text">
        La presidenta de la Junta de Andaluc&iacute;a, Susana D&iacute;az, reclamaba hace unas semanas al Gobierno central que no recortara m&aacute;s en esta materia que ya hab&iacute;a perdido, en los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, &ldquo;el 22%&rdquo;. Pero eldiario.es publicaba en septiembre que los fondos para las pol&iacute;ticas en favor de la mujer se hab&iacute;an estabilizado en sus m&iacute;nimos de cara a los presupuestos de 2015, aunque en los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os el gasto en igualdad y contra la violencia machista hab&iacute;a perdido 16,9 millones de euros.
    </p><h3 class="article-text">La clave: prevenir y educar</h3><p class="article-text">
        <strong>La clave: prevenir y educar</strong>Nadie duda ya de que esta ley fue un paso definitivo en la lucha contra la violencia de g&eacute;nero. Sin embargo, para Carmen Monreal, psic&oacute;loga, pedagoga y profesora de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), &ldquo;aunque supuso un referente, fue una ley mucho m&aacute;s avanzada que las mentalidades, mucho m&aacute;s dif&iacute;ciles de cambiar&rdquo;. Esta ley ech&oacute; a andar por delante de una sociedad en la que en determinados &aacute;mbitos se &ldquo;mantiene la creencia de que las mujeres son menos capaces&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta creencia existe y existe en la actualidad, y esto hace que se cree resistencia, porque se trata de ideas que est&aacute;n muy interiorizadas. Esta idea de desigualdad llevada al extremo es lo que produce violencia, y el hecho de que est&eacute; tan interiorizada en la sociedad hace que exista tolerancia hacia ella&rdquo;, explica Monreal, que codirige el m&aacute;ster de G&eacute;nero e Igualdad de la UPO y estuvo al frente del Aula de G&eacute;nero de la universidad durante cinco a&ntilde;os (2003-2008). &ldquo;Se han producido importantes avances en esa no tolerancia, se va interiorizando poco a poco ese rechazo social, y ese s&iacute; que es un gran paso, porque el problema deja de ser privado para convertirse en un problema social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero esto es solo la punta del iceberg&rdquo;, comenta Monreal, &ldquo;porque hay hombres que siguen sin considerar que exista un problema y que, por tanto, asuman la igualdad en sus relaciones sociales, afectivas, laborales&hellip;&rdquo;. &ldquo;La &uacute;nica manera de combatir esto es la educaci&oacute;n&rdquo;, sentencia. Un aspecto, a juicio de expertos como Monreal, tratado en la ley, pero escasamente llevado a la pr&aacute;ctica. &ldquo;La prevenci&oacute;n es la gran asignatura pendiente&rdquo;, opina la profesora de la UPO.
    </p><p class="article-text">
        Esta afirmaci&oacute;n es ya una reivindicaci&oacute;n ante los nuevos datos: los adolescentes imitan y reproducen los patrones machistas y ya se est&aacute; produciendo un incremento de v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero en menores de edad. &ldquo;El machismo muta, cambia y se adapta&rdquo;, afirma la directora del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), Silvia O&ntilde;ate. Hoy ese machismo ancestral encuentra en las redes sociales y el m&oacute;vil un gran aliado, de ah&iacute; que la Administraci&oacute;n auton&oacute;mica se est&eacute; empleando a fondo en el desarrollo de programas que tienen como eje a las nuevas generaciones y a las nuevas tecnolog&iacute;as. &ldquo;Las j&oacute;venes han crecido pensando que ese problema ya no era suyo, pero en el momento en que tienen pareja, son madres o acceden al mercado laboral, sienten en su propia piel esa brecha&rdquo;, afirma O&ntilde;ate:<strong> &ldquo;Es ese falso espejismo de la igualdad&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La revoluci&oacute;n sigue pendiente. La &uacute;ltima encuesta del CIS sit&uacute;a a la violencia de g&eacute;nero y a los problemas relacionados con las mujeres en los &uacute;ltimos puestos de la lista de preocupaciones de los espa&ntilde;oles, por debajo de la &ldquo;crisis de valores&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricia Rodríguez Pagés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/violencia-genero-revolucion-social-pendiente_1_4513056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Nov 2014 17:44:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Violencia de género: la revolución social pendiente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,25N,Violencia machista,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La concienciación cala en el tráfico y en la seguridad laboral pero no en la violencia de género]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/concienciacion-resultando-seguridad-laboral-violencia_1_4831543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las víctimas mortales en la carretera se han reducido más del triple en la última década y más del doble los muertos en el trabajo, mientras que las asesinadas por sus parejas o exparejas se mantienen prácticamente sin cambios.</p><p class="subtitle">Varios expertos intentan ver las claves que han podido repercutir en los resultados de las políticas aplicadas en cada uno de estos problemas y cómo las campañas de sensibilización han logrado calar o no.</p></div><p class="article-text">
        Las estad&iacute;sticas ponen en evidencia que <strong>las pol&iacute;ticas en materia de seguridad vial han sido de las que mejores resultados han dado</strong> en nuestro pa&iacute;s. Entre 2003 y 2013 se han reducido m&aacute;s del triple las v&iacute;ctimas mortales en accidentes de tr&aacute;fico en v&iacute;as interurbanas (los datos relativos a las urbanas el pasado a&ntilde;o todav&iacute;a no est&aacute;n cerrados): pasando de 4.480 a 1.128, y con un parque de veh&iacute;culos que no ha dejado de crecer. Si comparamos tambi&eacute;n la &uacute;ltima d&eacute;cada con las pol&iacute;ticas de lucha contra la siniestrabilidad laboral encontramos igualmente resultados buenos: <strong>las v&iacute;ctimas mortales por accidente de trabajo han ca&iacute;do m&aacute;s del 100% (incluso aplic&aacute;ndole el &iacute;ndice de fallecidos por n&uacute;mero de afiliados</strong> hay una mejora notable): de 1.020 en 432. Sin embargo, no ocurre con otro fen&oacute;meno desgraciadamente habitual en la prensa: la lucha contra la violencia de g&eacute;nero. Entre 2003 y 2013 han muerto 712 mujeres, sin que se observe una tendencia a la baja a&ntilde;o a a&ntilde;o. &iquest;Por qu&eacute;? Hemos hablado con algunos expertos para entender qu&eacute; ha sido clave y qu&eacute; falta para afrontar estos fen&oacute;menos que cada a&ntilde;o dejan decenas de v&iacute;ctimas mortales.
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Mercedes Castro Nu&ntilde;o, doctora en Econom&iacute;a por la Universidad de Sevilla, apunta que &ldquo;la siniestralidad vial en un problema de salud p&uacute;blica con una naturaleza compleja, que exige la implementaci&oacute;n de una estrategia global que tome en consideraci&oacute;n todos los factores involucrados&rdquo;.</strong> Opina que la clave de ese &eacute;xito reside en una mezcla de variables. &ldquo;Estamos hablando de un periodo en el que, hasta la crisis, se ha producido un progreso econ&oacute;mico. En la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses industrializados, el crecimiento conlleva, en un primer momento, un aumento del n&uacute;mero de veh&iacute;culos y de la movilidad, y por tanto, una mayor exposici&oacute;n al riesgo. Sin embargo, a partir de cierto nivel de prosperidad, esa tendencia se invierte (aunque contin&uacute;e creciendo el n&uacute;mero de veh&iacute;culos en circulaci&oacute;n), como consecuencia de la mejora de las infraestructuras, la renovaci&oacute;n del parque de veh&iacute;culos y los avances en la asistencia sanitaria&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s, estas circunstancias, &ldquo;se han visto potenciadas por el innegable impacto de las intervenciones realizadas desde la d&eacute;cada anterior, destinadas a modificar la conducta de los usuarios en convergencia con la pol&iacute;tica europea de seguridad vial&rdquo;. Cita la obligatoriedad de elementos de seguridad pasiva, la reducci&oacute;n de las tasas de alcoholemia permitidas, el cambio de cultura vial instaurado por el carn&eacute; de conducir por puntos y el endurecimiento de los mensajes transmitidos en las campa&ntilde;as, entre otros. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre estas &uacute;ltimas, recuerda que &ldquo;la literatura especializada evidencia que una campa&ntilde;a es eficaz en la medida en que cumple los objetivos para los cuales fue dise&ntilde;ada&rdquo;. De la misma manera que &ldquo;todo apunta a que, se logra una mayor reducci&oacute;n del n&uacute;mero de muertes y lesiones por accidentes de tr&aacute;fico, cuando el nivel de dureza utilizado en los mensajes se incrementa despu&eacute;s de un periodo de varios a&ntilde;os de publicidad m&aacute;s blanda&rdquo;. Es decir, tras un &ldquo;barbecho de publicidad agresiva&rdquo;, evitando que la audiencia se inmunice ante el uso excesivo de una l&iacute;nea dura. 
    </p><p class="article-text">
        En cambio, reconoce que &ldquo;a pesar del importante esfuerzo de difusi&oacute;n que se ha realizado en Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en comunicaci&oacute;n en materia de violencia de g&eacute;nero, mediante una considerable inversi&oacute;n econ&oacute;mica, parece que no se ha alcanzado el potencial medi&aacute;tico proyectado inicialmente y las pol&iacute;ticas desarrolladas no han resultado eficaces&rdquo;. Matiza que &ldquo;estamos hablando de problemas de &iacute;ndole y causalidad muy diversa&rdquo;. Pueden haberse utilizado t&eacute;cnicas y formatos similares (participaci&oacute;n de personajes conocidos, mensajes realistas y con dureza visual&hellip;), &ldquo;si bien se han alcanzado niveles de sensibilizaci&oacute;n social desiguales&rdquo;. En su opini&oacute;n &ldquo;la experiencia recogida con este tipo de campa&ntilde;as en otros &aacute;mbitos, como el de la seguridad vial, parece manifestarse con mayor intensidad en el campo de la violencia de g&eacute;nero&rdquo;, en relaci&oacute;n con la hip&oacute;tesis de que, a partir de cierto nivel, la publicidad ya no penetra en la poblaci&oacute;n objetivo y no resulta efectiva, dando lugar a lo que los expertos llaman efecto boomerang. &ldquo;Es decir, que las campa&ntilde;as pueden llegar a tener efectos contrarios a los deseados, reforzando incluso las actitudes de aquellos individuos con mayor propensi&oacute;n a la violencia de g&eacute;nero, como consecuencia de una insensibilidad, una inmunizaci&oacute;n y un efecto imitaci&oacute;n&rdquo;, precisa.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, subraya que <strong>hoy en d&iacute;a, pr&aacute;cticamente toda la poblaci&oacute;n est&aacute; de acuerdo en desaprobar la conducci&oacute;n bajo los efectos del alcohol. Por el contrario, &ldquo;desafortunadamente, todav&iacute;a existen segmentos de poblaci&oacute;n con cierta tolerancia a la violencia de g&eacute;nero&rdquo;.</strong> La lucha contra los accidentes de tr&aacute;fico se afronta como una responsabilidad compartida &ldquo;mientras que no se termina de interiorizar el mensaje transmitido en las campa&ntilde;as contra la violencia de g&eacute;nero&rdquo;. Todo ello, refleja &ldquo;una sorprendente convergencia de la sociedad espa&ntilde;ola con el entorno europeo en materia de seguridad vial, frente a una madurez insuficiente en violencia de g&eacute;nero&rdquo;, prosigue.
    </p><p class="article-text">
        Cree que se encuentran &ldquo;diferencias en la gesti&oacute;n de ambos problemas de salud p&uacute;blica: <strong>la lucha contra los accidentes de tr&aacute;fico es una cuesti&oacute;n de &aacute;mbito nacional y europeo, mientras que las pol&iacute;ticas contra la violencia de g&eacute;nero, a pesar de los esfuerzos realizados a nivel central, se encuentran b&aacute;sicamente transferidas</strong> a las comunidades aut&oacute;nomas, siendo necesario un esfuerzo de coordinaci&oacute;n de medios y actuaciones&rdquo;. Por ello, opina que &ldquo;probablemente la erradicaci&oacute;n de este problema exige poner a&uacute;n m&aacute;s &eacute;nfasis en la prevenci&oacute;n a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n, la igualdad de oportunidades y la eliminaci&oacute;n de ciertas estructuras dominantes que a&uacute;n perviven&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Objetivos diferentes</h3><p class="article-text">
        En general, cree que &ldquo;tal vez la clave est&eacute; en que las pol&iacute;ticas de seguridad vial se han enfocado intentando concienciar al infractor de que las consecuencias de su actuaci&oacute;n le convierten en v&iacute;ctima potencial, mientras que en las desarrolladas en el campo de la violencia de g&eacute;nero, a&uacute;n falta cierta contundencia en la visibilidad de las consecuencias legales y sociales para con los maltratadores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esto coincide con <strong>Mar&iacute;a Isabel Gonz&aacute;lez Cano, catedr&aacute;tica de Derecho Procesal </strong>de la Universidad de Sevilla, quien matiza que mientras que en el tr&aacute;fico y el mundo laboral se incide en la &ldquo;autoprotecci&oacute;n y la seguridad&rdquo;, s&iacute; puede haber coincidencia entre la v&iacute;ctima y el infractor, mientras que en la violencia de g&eacute;nero <strong>&ldquo;las campa&ntilde;as se dirigen mayoritariamente a las v&iacute;ctimas, no hacia los agresores&rdquo;.</strong> Tras recalcar que no piensa que sean fen&oacute;menos &ldquo;equiparables&rdquo;, intenta encontrar alguna explicaci&oacute;n sobre los resultados desiguales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el caso de la siniestrabilidad laboral y el tr&aacute;fico, hablamos de infracciones administrativas y en ocasiones de posibilidad de delito, pero en la violencia de g&eacute;nero, sobre todo si hay v&iacute;ctima mortal, hablamos de una cuesti&oacute;n claramente delictiva&rdquo;, puntualiza. Entiende tambi&eacute;n que el punto d&eacute;bil puede estar en el proceso penal &ldquo;en lo que conocemos como retirada de la denuncia, que no es tal, porque no se quitan, sino que la mujer desiste de seguir adelante y declarar ante un juez lo que ha dicho ante la polic&iacute;a&rdquo;. Pero ello -contin&uacute;a- no exime de la labor que tiene que hacer el fiscal y el juez para llegar hasta el fondo. &ldquo;No existe retirada de denuncia, sino la negativa a declarar, y ah&iacute; est&aacute; el problema porque se pierde la principal carga probatoria, que es el testimonio de la v&iacute;ctima&rdquo;, subraya. Finalmente, se pregunta si despu&eacute;s de 10 a&ntilde;os de la Ley Integral contra la Violencia de G&eacute;nero, la primera del Gobierno de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero, en cuyo equipo particip&oacute; como asesora, &ldquo;no es hora de hacer un balance de c&oacute;mo se ha aplicado y para qu&eacute; ha servido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, <strong>Cristina Blasco, profesora de Derecho del Trabajo, subraya en relaci&oacute;n a la siniestrabilidad laboral que &ldquo;hay que tener en cuenta el valor de las normas existentes en nuestro pa&iacute;s en materia de prevenci&oacute;n&rdquo;. </strong>Existe una Ley de 1995, un &ldquo;importante conjunto de normas de desarrollo&rdquo; y un &ldquo;ingente n&uacute;mero&rdquo; de otras t&eacute;cnicas por las que se establecen medidas concretas dirigidas precisamente a evitar los accidentes en los centros de trabajo. Existe tambi&eacute;n una infraestructura organizativa importante y compleja, as&iacute; como una serie de &oacute;rganos (servicios y delegados de prevenci&oacute;n, por ejemplo) &ldquo;que ejercen distintos tipos de funciones encaminadas a evitar los riesgos laborales&rdquo;. Tambi&eacute;n se establece un amplio cuadro de infracciones por las que se sanciona cualquier incumplimiento de las normas. &ldquo;E incluso, se tipifica en el C&oacute;digo Penal un par de delitos cuando se dan los incumplimientos m&aacute;s graves de las normas. Tiene una clara finalidad preventiva. Quiero decir que es posible que estas medidas hayan conseguido realmente esa finalidad disuasoria&rdquo;, recalca.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olga Granado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/concienciacion-resultando-seguridad-laboral-violencia_1_4831543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Nov 2014 17:28:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La concienciación cala en el tráfico y en la seguridad laboral pero no en la violencia de género]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Violencia de género,Seguridad vial,Siniestralidad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lucha contra la violencia de género también se libra en las aulas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/lucha-violencia-genero-libra-aulas_1_4513441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df378f38-40a2-4e34-b5c0-d2213ec4aa4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lucha contra la violencia de género también se libra en las aulas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) impulsa diversos programas que tiene como eje tumbar estereotipos entre menores y adolescentes para que cale en ellos la igualdad de género</p><p class="subtitle">Las nuevas tecnologías y las redes sociales se están convirtiendo en nuevos instrumentos para el control, el acoso y la violencia contra las mujeres</p></div><p class="article-text">
        Manolito entr&oacute; en la clase con las rodillas llenas de sangre. Se hab&iacute;a ca&iacute;do en el recreo. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te ha pasado Manolito?&rdquo;, le pregunt&oacute; la profesora a su alumno de s&oacute;lo cinco a&ntilde;os. &ldquo;No te preocupes se&ntilde;o, soy valiente&hellip; y los ni&ntilde;os no lloran&rdquo;. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; los ni&ntilde;os no pueden llorar si les duele? &iquest;Es que ellos, vosotros, no os pon&eacute;is tristes como vuestras compa&ntilde;eras?&rdquo;, pregunta Ana, aquella profesora, la misma hoy, al medio de centenar de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que la miran con sorpresa. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no pueden llorar los ni&ntilde;os y s&iacute; las ni&ntilde;as?&rdquo;, insiste. El auditorio reflexiona en silencio. Ana les concede unos segundos antes de continuar: &ldquo;Al hacernos caso de estas cosas aprendidas culturalmente, tenemos dificultad para transmitir a los dem&aacute;s nuestra personalidad, porque desde que nacemos nos asignan un papel distinto a mujeres y hombres&rdquo;. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo hemos llegado a ser diferentes?&rdquo;, pregunta al alumnado, que no tiene m&aacute;s de 11 a&ntilde;os. &ldquo;&iquest;Est&aacute;is de acuerdo en que desde peque&ntilde;os nos dicen que a las ni&ntilde;as les gusta el rosa, las mu&ntilde;ecas y que son sensibles y miedicas? &iquest;Y que a los ni&ntilde;os les gusta el azul, son brutos y muy valientes?&rdquo;. Y un rotundo &ldquo;siiiiiiiiiiiiiiii&rdquo; rompe con el silencio en la Casa de la Cultura de Santiponce, en Sevilla.
    </p><p class="article-text">
        Hace una ma&ntilde;ana gris y lluviosa. A&uacute;n as&iacute; escolares de varios centros de la localidad se han acercado, junto a sus profesores, hasta este auditorio para participar en el programa 'La Violencia No es un Juego', que la Consejer&iacute;a de Igualdad, Salud y Pol&iacute;ticas Sociales, a trav&eacute;s del Instituto Andaluz de la Mujer, ha puesto en marcha para tratar de derribar estereotipos y fomentar la cultura de la igualdad entre los m&aacute;s peque&ntilde;os. M&aacute;s de 295.000 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as participar&aacute;n en alguno de estos talleres en Andaluc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El temor a que la violencia de g&eacute;nero eche ra&iacute;ces entre los j&oacute;venes ha alertado a las administraciones. Sobre todo desde que se conocieran los datos del informe &lsquo;Andaluc&iacute;a Detecta&rsquo; en 2011. Aquel estudio, elaborado por el IAM, arrojaba ya entonces datos preocupantes: un 24% de los j&oacute;venes andaluces consideraba que el lugar de una mujer estaba en su casa, con su familia, y el 10%, que el hombre es quien debe tomar las decisiones &ldquo;importantes&rdquo; en la pareja. El informe evaluaba el grado en que los adolescentes andaluces de 3&ordm; y 4&ordm; de la ESO ten&iacute;an interiorizado el sexismo, referido a roles e ideas relacionadas con la legitimidad del dominio del var&oacute;n sobre las relaciones de pareja y sobre su capacidad de identificar el abuso o el maltrato. El 86,4% de las chicas y el 77,4 de los chicos asum&iacute;an como verdadera la idea de que &ldquo;s&oacute;lo puede hablarse de maltrato a la mujer cuando el hombre le pega&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con los datos en la mano y teniendo como referencia el incremento de los casos de violencia de g&eacute;nero entre chicas menores de 18 a&ntilde;os, la Junta de Andaluc&iacute;a puso en marcha iniciativas que ten&iacute;an a la educaci&oacute;n como eje en la lucha contra las desigualdades y la violencia machista.
    </p><p class="article-text">
        En Santiponce, los alumnos que participan en el taller son continuamente interpelados por Ana sobre sus gustos, sobre lo que quieren ser de mayores, sobre su manera de enfrentarse a los conflictos. &ldquo;A m&iacute; me gusta el f&uacute;tbol y a veces se meten conmigo&rdquo;, reconoce una de las ni&ntilde;as. &ldquo;&iquest;A qui&eacute;n le gusta Cenicienta?&rdquo;, pregunta esta vez Ana: &ldquo;&iexcl;A miii!!&rdquo;, un grupo de ni&ntilde;as ha levantado la mano. &ldquo;Chicas, pensadlo bien. Cenicienta es una chica que est&aacute; siempre encerrada en un castillo limpiando para los dem&aacute;s. &iquest;Eso os gusta?&rdquo;. &ldquo;Nooooooooo&rdquo;. &ldquo;&iquest;Hab&eacute;is visto alguna vez a Spiderman con escoba?&rdquo; &ldquo;Noooo&rdquo;, y al auditorio vuelven las voces y las risas. &ldquo;&iexcl;Yo tambi&eacute;n quiero salvar al mundo, &iquest;pueden las princesas salvar el mundo?&rdquo;, les pregunta Ana esta vez. Los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as vuelven al silencio reflexivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Adolescencia machista y redes sociales</strong>
    </p><p class="article-text">
        Programas similares se repiten tambi&eacute;n en los institutos, adaptados al leguaje adolescente. Porque, actualmente, los j&oacute;venes empiezan a imitar conductas machistas pero, ahora sobre todo, haciendo uso de las nuevas tecnolog&iacute;as y de las redes sociales. &ldquo;Si me quieres, dame las claves del twitter&rdquo;. &ldquo;Como no lo hagas, subo a internet tus fotos sin sujetador&rdquo;. &ldquo;&iquest;Con qui&eacute;n est&aacute;s? M&aacute;ndame una foto por whatsapp&rdquo;. Estas frases, reales, son s&oacute;lo un ejemplo del control y del abuso que los j&oacute;venes empiezan a ejercer sobre sus parejas a trav&eacute;s de las nuevas tecnolog&iacute;as. Los expertos alertan ya sobre un nuevo tipo de violencia, que denominan la &ldquo;ciberdelincuencia de g&eacute;nero&rdquo;, que afecta principalmente a los adolescentes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La violencia de g&eacute;nero ha mutado; es un fen&oacute;meno muy grave al que no podemos enfrentarnos como antes&rdquo;, afirmaba Amparo D&iacute;az, abogada experta en la materia, en uno de los talleres de los Foros ASOCIA, destinados a ofrecer a los adultos las claves necesarias para detectar y prevenir posibles casos. &ldquo;Las nuevas tecnolog&iacute;as han entrado en nuestras vidas y no est&aacute;bamos preparados, nadie nos alert&oacute; de los peligros: el futuro nos ha atropellado&rdquo;, sentenciaba el psic&oacute;logo Juan Ignacio Paz, responsable del programa de atenci&oacute;n psicol&oacute;gica a v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero menores de edad, impulsado por el IAM. &ldquo;No es exagerado decir que la juventud siente, comunica y vive sus relaciones en las redes sociales, y los adultos tenemos que adaptarnos a esa nueva forma de relaci&oacute;n que no es la nuestra&rdquo;. &ldquo;Hay que educar a nuestros j&oacute;venes para que entiendan que lo que hagan en el mundo virtual s&iacute; influye en el mundo real&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricia Rodríguez Pagés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/lucha-violencia-genero-libra-aulas_1_4513441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Nov 2014 22:18:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La lucha contra la violencia de género también se libra en las aulas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Infancia,25N,Violencia machista,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué hace la escuela contra la violencia de género? Las propuestas de los maestros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/agresores-aulas-escuela-violencia-genero_1_4516366.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9c056fb-9ee0-4336-aa59-df5c3ded6be4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué hace la escuela contra la violencia de género? Las propuestas de los maestros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Profesores y colectivos de mujeres ponen el acento en el papel de los colegios, los institutos y la Universidad en la prevención de la violencia de género.</p><p class="subtitle">"Nuestro sistema educativo carece de los medios y herramientas necesarios para poder hacer realidad la tarea encomendada por la Ley de Violencia de Género", concluyen.</p><p class="subtitle">Propuestas para superar esa realidad aluden a la formación del profesorado, los contenidos curriculares, la implicación del alumnado y la coeducación familiar.</p></div><p class="article-text">
        Si todos los agresores han pasado por las aulas &iquest;qu&eacute; ha hecho la escuela para detenerles? &iquest;Puede realmente hacer algo la escuela contra los malos tratos? Este ha sido el punto de partida de las <em>Jornadas Educativas para Prevenir la Violencia Machista</em> celebradas en C&oacute;rdoba con la participaci&oacute;n de profesores de todos los niveles educativos y expertas en la lucha contra la violencia de g&eacute;nero, que han puesto la lupa en el papel de la escuela para aportar soluciones contra el maltrato desde este &aacute;mbito.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la realidad de las estad&iacute;sticas avala que se ha producido un incremento en los casos de violencia de g&eacute;nero entre los m&aacute;s j&oacute;venes, son los propios maestros, profesores y colectivos de mujeres que luchan contra la violencia de g&eacute;nero los que han puesto sobre la mesa las carencias del sistema educativo para actuar como freno al desarrollo de conductas de maltrato.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestro sistema educativo carece de los medios y herramientas necesarios para poder hacer realidad la tarea encomendada por la Ley Integral contra la Violencia de G&eacute;nero&rdquo;, se&ntilde;alan en sus conclusiones los participantes en este debate, que reflexionan sobre el tipo de escuela que puede prevenir la violencia o si los profesionales de la ense&ntilde;anza pueden hacer algo para prevenir este tipo de actuaciones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El sexismo est&aacute; instalado en toda la sociedad&rdquo; -argumenta la profesora de Secundaria Fina Vega-, &ldquo;pero es obligatorio que la escuela haga algo para formar parte de la socializaci&oacute;n de las personas contra actitudes machistas y la violencia de g&eacute;nero&rdquo;. Esta profesora, que en estos d&iacute;as ha hecho participar a sus alumnos en un taller <em>Por los buenos tratos,</em> desgrana c&oacute;mo &ldquo;el sexismo marca los distintos grados de violencia que viven algunas adolescentes cuando ante ataques, discriminaciones, humillaciones o imposiciones orientan la violencia contra ellas mismas y su respuesta es aguantar, callar, perder la autoestima, supeditarse a deseos ajenos y mantener una actitud de v&iacute;ctima que le impide reaccionar ante los ataques recibidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y advierte que, en la actualidad, en los centros de ense&ntilde;anza &ldquo;no hay tiempos ni espacios ni programaci&oacute;n adecuada para tratar la igualdad y eso es la base de donde nace luego la violencia&rdquo;. &ldquo;Todo lo que ahora mismo se hace es con el voluntarismo de los profesores&rdquo;, se&ntilde;ala para explicar que &ldquo;se podr&iacute;a hacer mucho si la administraci&oacute;n introdujera en el curr&iacute;culo acad&eacute;mico asignaturas obligatorias y a profesores formados&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Formaci&oacute;n a profesores, padres y madres</h3><p class="article-text">
        En ese &aacute;mbito, el de la formaci&oacute;n del profesorado, los propios profesores proponen una &ldquo;formaci&oacute;n inicial obligatoria sobre coeducaci&oacute;n, igualdad de g&eacute;nero y violencia de g&eacute;nero&rdquo; para profesores de todos los niveles educativos, bien sea en la carrera de Magisterio o bien en el M&aacute;ster de Educaci&oacute;n necesario para impartir clases. Luego, herramientas como la formaci&oacute;n continuada en estos aspectos, la inclusi&oacute;n en el temario de oposiciones y la formaci&oacute;n adecuada en igualdad para asumir la tarea de responsable de coeducaci&oacute;n de los centros, son otras de las propuestas que hacen los propios profesionales.
    </p><p class="article-text">
        A esa conclusi&oacute;n llegan tambi&eacute;n profesores de Universidad como Mercedes Osuna o de Primaria como Elisa Hidalgo, directora adem&aacute;s del Centro del Profesorado <em>Luisa Revuelta</em> de C&oacute;rdoba. En ella se a&uacute;na los perfiles de maestra, de colega que escucha a otros profesores que piden herramientas para trabajar contra la desigualdad, pero tambi&eacute;n el de madre que en su entorno familiar ha vivido de cerca el maltrato de un chico a su pareja. Y ah&iacute;, en la coeducaci&oacute;n familiar, advierten que hay que hacer especial hincapi&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La violencia de g&eacute;nero puede darse en cualquier familia, donde no se haya producido antes nada de eso y se haya educado a los hijos sin condicionamientos sexistas. Pero en la educaci&oacute;n, dentro y fuera de la escuela, ning&uacute;n gesto, ninguna palabra, carece de importancia&rdquo;, afirma desde su experiencia. De ah&iacute; que se proponga formar tambi&eacute;n a padres y madres &ldquo;para prevenir, detectar y afrontar la violencia de g&eacute;nero&rdquo;, adem&aacute;s de fortalecer en las AMPAS la concienciaci&oacute;n de su papel en el &aacute;mbito de la educaci&oacute;n en igualdad.
    </p><p class="article-text">
        Junto a ello, &ldquo;implicar a los propios chicos en la batalla por la igualdad&rdquo; es tambi&eacute;n la base de estas propuestas que pretenden que los menores se conciencien contra los valores y roles machistas. Y ah&iacute;, opinan los profesionales de la educaci&oacute;n- es vital tambi&eacute;n desarrollar propuestas que tienen que ver con los contenidos curriculares. &ldquo;Habr&iacute;a que crear una asignatura con car&aacute;cter obligatorio y para todos los niveles educativos&rdquo;, proponen tanto profesores como mujeres activistas en la lucha contra la violencia de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que trabajar la coeducaci&oacute;n emocional y afectiva en todas las etapas educativas&rdquo;, a&ntilde;aden y, adem&aacute;s, proporcionar &ldquo;materiales, textos, libros donde se muestren otros modelos de hombre y mujer rompiendo con los estereotipos y roles de g&eacute;nero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Porque, como concluyen, &ldquo;la educaci&oacute;n es la herramienta fundamental que lleva a perpetuar la desigualdad&rdquo;, advierte Dulce Rodr&iacute;guez, activista contra la violencia de g&eacute;nero desde la Asociaci&oacute;n de Mujeres <em>Marianne</em> y la Plataforma Cordobesa contra la Violencia a las Mujeres. &ldquo;Lo que se da a un ni&ntilde;o, eso ser&aacute; lo que &eacute;l nos d&eacute; a la sociedad&rdquo;, afirma desde la convicci&oacute;n de que &ldquo;la educaci&oacute;n es la vacuna contra la violencia de g&eacute;nero&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Reina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/agresores-aulas-escuela-violencia-genero_1_4516366.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Nov 2014 22:50:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué hace la escuela contra la violencia de género? Las propuestas de los maestros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Violencia de género,Educación,Profesores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia de una superviviente: las dos vidas de Cristina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/historia-superviviente-vidas-cristina_1_4525086.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e477fa9-74eb-4bdb-a0cc-d5886ef7cbb9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia de una superviviente: las dos vidas de Cristina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue víctima de malos tratos durante 11 años. Hoy afirma con emoción: “De esto se sale, claro que se sale”</p><p class="subtitle">Ha denunciado a su expareja en siete ocasiones, pero es ella la que ha tenido que mudarse lejos de su antiguo hogar</p><p class="subtitle">“¿Necesita que mi hija venga con la cara morada para darle una orden de alejamiento?”, le espetó su madre a la jueza</p><p class="subtitle">Esta es la historia de Cristina, pero también la de alguna de las 62.110 mujeres que hasta junio de este año se atrevieron a denunciar a sus parejas por malos tratos</p></div><p class="article-text">
        Cristina abre una caja imaginaria donde una vez hubo un espejo. Hace el gesto de abrir la tapa y se mira en ese espejo invisible. &ldquo;Soy otra persona&rdquo;, dice en un susurro mientras las l&aacute;grimas asoman en un rostro hoy sereno, sin rabia ni miedo. &ldquo;Me hab&iacute;a prometido no llorar pero, al removerlo todo, no puedo evitarlo&rdquo;. Para Cristina, aquella terapia de grupo donde la psic&oacute;loga la oblig&oacute; a enfrentarse a su propio rostro represent&oacute; un antes y un despu&eacute;s en su vida. Para entonces, ya hab&iacute;a gritado un &ldquo;hasta aqu&iacute; hemos llegado&rdquo; despu&eacute;s de la primera paliza, hab&iacute;a dejado su casa con su hijo peque&ntilde;o y hab&iacute;a superado el miedo para ir a denunciar. Pero segu&iacute;a sin encontrarse.
    </p><p class="article-text">
        Aquel d&iacute;a de terapia, Cristina (no es su nombre real) empez&oacute; una lucha personal contra once a&ntilde;os de invisibilidad. M&aacute;s de 4.000 d&iacute;as en los que transit&oacute; sola por un camino lleno de renuncias, abusos e insultos de su expareja.
    </p><p class="article-text">
        Ya hace un a&ntilde;o que volvi&oacute; a encontrarse con aquella joven de 30 a&ntilde;os que hab&iacute;a trabajado en Barcelona, en Canarias y en Sevilla. Aquella emprendedora que no ten&iacute;a miedo a los retos, que ten&iacute;a amigos aqu&iacute; y all&aacute; y a la que le encantaba salir y ponerse guapa. Volvi&oacute; a mirarla, ya sin nostalgia, y decidi&oacute; que era hora de desprenderse de aquella otra Cristina triste, a la que su marido hab&iacute;a prohibido trabajar y relacionarse con familia y amigos durante demasiado tiempo. Aquella Cristina miedosa que s&oacute;lo viv&iacute;a para que &eacute;l no se enfadara, que no se maquillaba ni sal&iacute;a sin su permiso, que aceptaba sumisa las culpas, los errores inventados, el control, las humillaciones&hellip; Para que no se enfadara.
    </p><p class="article-text">
        Hasta hace un a&ntilde;o, cuando se plant&oacute; y le dijo que no pod&iacute;a m&aacute;s. Y &eacute;l se enfad&oacute; y le peg&oacute; una paliza delante de su hijo. &ldquo;Cuando lleg&oacute; la polic&iacute;a, encima les dijo que era yo la que le estaba pegando&rdquo;. Era la segunda vez que le levantaba la mano. La primera, se refugi&oacute; en casa de su madre, aunque a los pocos d&iacute;as volvi&oacute; con su agresor: &ldquo;Lo hice por mi hijo. Fue el mayor error&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de aquella paliza, tard&oacute; una semana en denunciarlo. Ten&iacute;a miedo, se sent&iacute;a perdida, desorientada, pero lo hizo. Fue clave la ayuda que le prestaron en el Punto de Informaci&oacute;n a la Mujer (PIM) y los consejos de la polic&iacute;a. Y poco a poco, fueron desapareciendo las marcas de los golpes; de las heridas psicol&oacute;gicas a&uacute;n se recupera despacio. Esas nunca se vieron, as&iacute; que la justicia nunca le concedi&oacute; una orden de alejamiento. &ldquo;Mi madre se enfad&oacute; mucho y lleg&oacute; a decirle a la jueza que si yo ten&iacute;a que ir al juzgado con la cara morada para que me dieran la orden&rdquo;. Nunca lleg&oacute; despu&eacute;s de un a&ntilde;o y siete denuncias. Cristina cree que la justicia sigue sin estar totalmente del lado de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tuve que irme de la ciudad donde viv&iacute;a a un pueblo, pero averigu&oacute; d&oacute;nde estaba y vino a insultarme; cambi&eacute; de tel&eacute;fono, pero averigu&oacute; el nuevo y me llama con n&uacute;mero oculto, tambi&eacute;n para insultarme&rdquo;. &ldquo;He tardado mucho en salir sola a la calle. Voy haci&eacute;ndolo poco a poco, porque lleg&oacute; un momento en que no pod&iacute;a privar a mi hijo de estar un ratito en el parque&rdquo;. &ldquo;Me cost&oacute; mucho. He llegado a ir con un paraguas o con las llaves en la mano por si acaso&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una nueva vida</h3><p class="article-text">
        <strong>Una nueva vida</strong>
    </p><p class="article-text">
        La justicia s&oacute;lo reconoci&oacute; a Cristina el derecho de quedarse en el piso que compart&iacute;a con su expareja. Aunque cuando regres&oacute; al que hab&iacute;a sido su hogar no encontr&oacute; nada: &ldquo;Se lo hab&iacute;a llevado todo y lo que quedaba lo hab&iacute;a destrozado&hellip; &iexcl;Hasta el termo del gas! Aquellos momentos fueron horribles y hubo gente que se port&oacute; muy bien: la Fundaci&oacute;n Ana Bella hizo un llamamiento por si alguien me pod&iacute;a ayudar y una persona que no quiso dar su nombre me dio 300 euros para que me pudiera comprar una lavadora y un microondas. Para m&iacute;, ese gesto fue y ser&aacute; para toda mi vida muy importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco entonces funcionaron las denuncias. No pas&oacute; gran cosa, excepto que Cristina tuvo que mudarse a 45 kil&oacute;metros de la que hab&iacute;a sido su casa, lejos de su madre, la que siempre ha estado, la que tanto ha sufrido: &ldquo;Por eso prefiero no dar mi nombre real, no aparecer en la foto&hellip; Ella ya ha sufrido bastante&rdquo;.
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        Cristina toma un sorbo de caf&eacute; y vuelve a sonre&iacute;r. &ldquo;Tengo un hijo incre&iacute;ble&rdquo;. &ldquo;&Eacute;l tambi&eacute;n ha pegado un buen cambio. Cuando nos mudamos de casa, todav&iacute;a se hac&iacute;a pip&iacute; en la cama&rdquo;. Ten&iacute;a nueve a&ntilde;os. Habla de ello con calma, sabiendo que s&oacute;lo es posible la cura si se supera el rencor. Quiz&aacute; por eso est&aacute; empe&ntilde;ada en que su hijo no crezca con esa amargura y acepta que siga viendo a su padre los fines de semana que cumple con el r&eacute;gimen de visitas, que no son todos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy puedo decir que soy otra mujer. Doy las gracias todos los d&iacute;as a tantas personas que me han ayudado en este camino&rdquo;, afirma con emoci&oacute;n, recordando los consejos y la eterna compa&ntilde;&iacute;a de Clara, de la Fundaci&oacute;n Ana Bella, reviviendo su experiencia como &ldquo;embajadora de Danone&rdquo;, aquel primer trabajo: &ldquo;Los fines de semana empec&eacute; a trabajar en degustaciones de sus productos... &iexcl;Uf, despu&eacute;s de tanto tiempo! Al principio estaba supertensa, pero empec&eacute; a relacionarme otra vez con gente: &iexcl;Me encantaba! Me di cuenta de que yo val&iacute;a mucho&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, han llegado nuevos trabajos, nuevos amigos, una nueva vida llena de aire fresco. &ldquo;&iexcl;De esto se sale, claro que se sale!&rdquo;. &ldquo;Ahora me levanto todas las ma&ntilde;anas y lo primero que hago es mirarme al espejo. Me doy muchos besos a m&iacute; misma y me digo: T&uacute; vales mucho&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta junio de este a&ntilde;o, 62.110 mujeres como Cristina denunciaron ser v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero en Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricia Rodríguez Pagés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/25N/historia-superviviente-vidas-cristina_1_4525086.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Nov 2014 17:45:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia de una superviviente: las dos vidas de Cristina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[25N,Andalucía,Violencia machista]]></media:keywords>
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