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    <title><![CDATA[elDiario.es - 4 de diciembre]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los dos regresos de Alberti]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/regresos-alberti_132_3026801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f151d32a-f976-4227-adf3-4c00653e43d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los dos regresos de Alberti"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El poeta no regresó plenamente del exilio hasta que no puso los pies en la tierra marinera del Puerto de Santa María</p></div><p class="article-text">
        Dos veces regres&oacute; <strong>Rafael Alberti</strong> del exilio, una a Espa&ntilde;a y otra a Andaluc&iacute;a, pero s&oacute;lo se le recuerda en las escaleras de un avi&oacute;n y no en el apeadero de la estaci&oacute;n de tren de El Puerto de Santa Mar&iacute;a. Si volver a Madrid le llev&oacute; 38 a&ntilde;os, pisar de nuevo tierra marinera le cost&oacute; 26 d&iacute;as m&aacute;s y un viaje en tren que se alarg&oacute; por una inoportuna aver&iacute;a. Lleg&oacute; la madrugada del 23 al 24 de mayo acompa&ntilde;ado de su sobrino, el periodista <strong>Agust&iacute;n Merello</strong>, que <a href="http://www.diariodecadiz.es/provincia/Esperando-poeta-Californiadel-paro_0_1136286845.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escribi&oacute; para Diario de C&aacute;diz la cr&oacute;nica del regreso</a>. <strong>&ldquo;Yo he sentido profundamente la lejan&iacute;a porque, conmigo, se fueron todos los muertos de la guerra, los dolores de los que emigraron&rdquo;</strong>, le susurr&oacute; el poeta al periodista pasado Despe&ntilde;aperros. Alberti no volvi&oacute; del exilio hasta que fue otra vez marinero en tierra de mar.
    </p><p class="article-text">
        Rafael Alberti (Puerto de Santa Mar&iacute;a, 1902 &ndash; id. 1999) no fue otra cosa que gaditano y andaluz. &ldquo;Yo soy Rafael Alberti, con dos abuelos de origen italiano y un t&iacute;o garibaldino, pero con dos abuelas andaluzas. Mis apellidos espa&ntilde;oles no pueden serlo m&aacute;s: me llamo S&aacute;nchez Bustamante y tambi&eacute;n G&oacute;mez. <strong>Nac&iacute; a la sombra de las barcas de la bah&iacute;a de C&aacute;diz, cuando las gentes campesinas de Andaluc&iacute;a se agitaban, hambrientas</strong>. Los primeros blancos que aclararon mis ojos fueron la sal de las salinas, las velas y las alas tendidas de las gaviotas. En los zapatos de mi infancia duerme la arena ardiente de las dunas&rdquo;, dec&iacute;a de s&iacute; mismo en una nota publicada en 1929 por <em>La Gaceta Literaria, </em>citada por <strong>Miguel &Aacute;ngel V&aacute;zquez M&eacute;ndez</strong> en <em>Rafael Alberti y Andaluc&iacute;a. </em>
    </p><p class="article-text">
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    </figure><p class="article-text">
        Los estudiosos tambi&eacute;n ven en Andaluc&iacute;a y el mar la gran influencia de su poes&iacute;a. &ldquo;Esa est&eacute;tica, en constante despliegue y transformaci&oacute;n, llevar&aacute; siempre la impronta del Sur: sus luces y sonidos (pero tambi&eacute;n sus sombras y silencios), su paleta crom&aacute;tica, su imaginer&iacute;a sensual y conceptual, su potencia metaf&oacute;rica, su sentido de la existencia, transido de mitos y ritos, ser&aacute;n profundamente andaluces&rdquo;, explica V&aacute;zquez M&eacute;ndez en su libro. El propio Alberti lo hab&iacute;a escrito en <em>Canciones del Alto Valle del Aniene: </em><strong>&ldquo;Le debo al mar de C&aacute;diz toda la sustancia de mi poes&iacute;a&rdquo;</strong>. Pero como advierte V&aacute;zquez M&eacute;ndez, tan importante es en Alberti la evocaci&oacute;n elegiaca de Andaluc&iacute;a como el compromiso con su transformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Bergam&iacute;n</strong> rese&ntilde;&oacute; que Alberti participaba de una especie de idealismo andaluz, capitaneado por<strong> Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez</strong>, y en el que tambi&eacute;n militaban <strong>Salinas, Guill&eacute;n, Garc&iacute;a Lorca, Cernuda y Altolaguirre</strong>. &ldquo;Yo, como Juan Ram&oacute;n y Garc&iacute;a Lorca, era tambi&eacute;n andaluz. Y esto se me notaba, d&aacute;ndole acento definido a mi naciente poes&iacute;a&rdquo;, dijo de &eacute;l mismo en <em>La Arboleda perdida, </em>t&iacute;tulo que le dio a sus memorias en tres vol&uacute;menes, en recuerdo del retamar que acompa&ntilde;a el camino que lleva de El Puerto a la playa<em>. </em>
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Sent&iacute;a la nostalgia de la espuma de mar&rdquo;</h3><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;No quer&iacute;a estar en Madrid, no me gustaban sus colores (&hellip;) Sent&iacute;a la nostalgia de la espuma de mar&rdquo;</strong>, le cont&oacute; una vez a <em>ABC. </em>Aunque hab&iacute;a abandonado la bah&iacute;a por la capital con apenas 15 a&ntilde;os, el poeta se ve&iacute;a como el marinero en tierra que daba t&iacute;tulo a una de sus grandes obras. Pintor antes que poeta, la public&oacute; en 1924 y con ella recibi&oacute; su primer premio, el Nacional de Poes&iacute;a. En Madrid muri&oacute; su padre, y en el dolor y la nostalgia por su tierra encontr&oacute; su primera fuente de inspiraci&oacute;n, pero Rute, M&aacute;laga y Almer&iacute;a est&aacute;n en la g&eacute;nesis de <em>La amante </em>o <em>El alba del alhel&iacute;</em>.
    </p><p class="article-text">
        En la capital frecuent&oacute; las reuniones de la Residencia de Estudiantes y se cas&oacute;, en 1932, con <strong>Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n.</strong> Convertido ya en una figura literaria, se afilia al PCE, da a sus versos un potente valor simb&oacute;lico y pol&iacute;tico (ah&iacute; est&aacute; <em>El poeta en la calle </em>()<em>: </em><strong>&ldquo;Se les prometen los campos / y al campo van a matarles&rdquo;</strong>), y cuando estalla la guerra no duda: se enrola en la Alianza de Intelectuales Antifascistas y planta cara al fascismo desde la palabra. &ldquo;&iexcl;Gran d&iacute;a, inmenso d&iacute;a! Los insectos, / los gusanos, las larvas rencorosas, / los infames, los viles, los abyectos, / las pieles de los hombres venenosas, / en una confusi&oacute;n de fuego y pura / sangre y vida preciosas, / siembran la estrella de la luz futura&rdquo;, escribe al cumplirse el a&ntilde;o del golpe de Estado del 18 de julio. Dicen que sus poemas se difund&iacute;an en el frente de batalla.
    </p><p class="article-text">
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    </figure><p class="article-text">
        La derrota de la Rep&uacute;blica es el comienzo de un periplo que lleva a Alberti y a Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n por Par&iacute;s, Buenos Aires, Punta del Este y Roma. Desde all&iacute; le duele Andaluc&iacute;a, como cuando canta a C&aacute;diz por la base norteamericana de Rota: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n va a mirarse en tus esteros, / qui&eacute;n a manchar va tus salinas, / qui&eacute;n a insultar tus marineros / y tus veleras cristalinas&rdquo;. Desde el exilio escribe tambi&eacute;n a C&aacute;diz y al mito tart&eacute;sico su <em>Ora Mar&iacute;tima </em>(1953). Su obra es el recuerdo de las tierras y las gentes de Andaluc&iacute;a, como en la <em>Balada de la nostalgia inseparable, Balada del posible regreso</em> o <em>Balada del que nunca fue a Granada</em>.
    </p><h3 class="article-text">Regreso al Puerto: los m&iacute;tines en verso</h3><p class="article-text">
        Volvemos a El Puerto de Santa Mar&iacute;a, la madrugada del 24 de mayo de 1977. Alberti, que hab&iacute;a tardado una vida en regresar, pone el pie en el apeadero y recita: <strong>&ldquo;Portuenses, coquineros / despu&eacute;s de cincuenta a&ntilde;os / me maravillo de veros&rdquo;</strong>. En las <em>coplas de Juan Panadero </em>hablaba Alberti, que al bajar del avi&oacute;n ya hab&iacute;a dicho que s&oacute;lo era un poeta, como si los s&iacute;mbolos cupieran en la filiaci&oacute;n laboral. No era s&oacute;lo un poeta, y por eso tambi&eacute;n dijo lo que s&oacute;lo pod&iacute;a decir quien adem&aacute;s era un s&iacute;mbolo: <strong>&ldquo;Me fui con el pu&ntilde;o cerrado y vuelvo con la mano abierta, tendida a la amistad de todos&rdquo;</strong>. El hombre que encarnaba el trauma de la Guerra Civil y el franquismo hab&iacute;a pasado m&aacute;s a&ntilde;os en el exilio, 38, que en Espa&ntilde;a, 36.
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s volver, Alberti se puso a dar m&iacute;tines en verso. Su&nbsp;<a href="http://www.diariodecadiz.es/elpuerto/Adios-Carmelo-Ciria-Rafael-Alberti_0_1092191202.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">amigo Carmelo Ciria</a> sol&iacute;a contar que el poeta preguntaba en la plaza de abastos cu&aacute;les eran los problemas del pueblo y con eso preparaba sus arengas po&eacute;ticas. Alberti hab&iacute;a aceptado presentarse como cabeza de lista del PCE en C&aacute;diz en las elecciones de junio de 1977, y aunque gan&oacute; su esca&ntilde;o, renunci&oacute; en septiembre.
    </p><p class="article-text">
        En una&nbsp;<a href="https://elpais.com/diario/1977/09/09/ultima/242604001_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista en El Pa&iacute;s</a> Alberti justificaba su renuncia en aras de la &ldquo;eficacia&rdquo;, pues no alcanzaba a comprender los problemas de C&aacute;diz despu&eacute;s de 40 a&ntilde;os de exilio y no se sent&iacute;a &ldquo;preparado&rdquo; para sentarse a discutir la Constituci&oacute;n. &ldquo;<strong>Yo era para los gaditanos algo nuevo, sentimental. Yo hice una campa&ntilde;a electoral po&eacute;tica...&rdquo;</strong>, responde. Alberti cedi&oacute; su esca&ntilde;o a <strong>Francisco Cabral Oliveros</strong>, conocido en Trebujena como <em>Paco El Vazque </em>y popular por haber liderado la huelga de la poda de vi&ntilde;as de 1969<em>. </em>Alberti dio paso al primer jornalero en Cortes: &ldquo;Pueblo, yo cedo mi voz / a otra mano que tambi&eacute;n / alza el martillo y la hoz&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Alberti en el Congreso</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Antes de abandonar su esca&ntilde;o dej&oacute; otra foto para el recuerdo. Se la hizo <strong>Marisa Fl&oacute;rez</strong> para El Pa&iacute;s el 13 de julio de 1977, y&nbsp;<a href="https://politica.elpais.com/politica/2017/06/09/actualidad/1497019093_266160.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muestra al poeta bajando las escaleras del Congreso</a> del brazo de <strong>Dolores Ib&aacute;rruri.</strong> Ella vest&iacute;a de negro riguroso; &eacute;l llevaba una corbata que s&oacute;lo puede llevar un poeta. Aquel d&iacute;a <strong>Pasionaria y Alberti ejercieron la vicepresidencia de la mesa de edad de la sesi&oacute;n constitutiva del Congreso</strong> que deb&iacute;a conformar las Cortes constituyentes. Dos de los s&iacute;mbolos comunistas del exilio abrieron la sesi&oacute;n de apertura de los primeros diputados elegidos en democracia.
    </p><p class="article-text">
        Su renuncia no mitiga el compromiso pol&iacute;tico de su obra, y que en 1986 se muestra tambi&eacute;n con el apoyo a<strong> Julio Anguita</strong> e IU-Convocatoria por Andaluc&iacute;a. &ldquo;Si al pueblo andaluz se le pone el dedo en la llaga, surge de nuevo la gente, con un nuevo entusiasmo. Porque se cuenta con un pueblo soberbio, &uacute;nico, que no es como el resto&rdquo;, le dice a Anguita en <em>Otra Andaluc&iacute;a </em>(1986). Pero Alberti tambi&eacute;n es cr&iacute;tico: <strong>&ldquo;Hay que ser andaluz sin saberlo</strong>. Porque en tu car&aacute;cter est&aacute; todo, hasta tu clima. Pero lo malo es que hay mucho andaluz que dice &rdquo;qu&eacute; gracioso soy como andaluz&ldquo; (&hellip;) <strong>Lo malo es la Andaluc&iacute;a deliberada, teatral: esa no tiene gracia&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Alberti hab&iacute;a pedido a Ciria que le buscase un lugar desde donde pudiera ver el mar. Durante veinte a&ntilde;os recogi&oacute; premios y reconocimientos, y mir&oacute; las olas, hasta que <a href="https://elpais.com/diario/1999/10/30/cultura/941234425_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 27 de octubre de 1999</a>, en su casa Ora Mar&iacute;tima, dej&oacute; de ser marinero en tierra para ser, simplemente, marinero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/regresos-alberti_132_3026801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Dec 2017 22:07:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Francisco Ayala, cien años siendo joven]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/francisco-ayala-cien-anos-joven_132_3041097.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3cab937-41c8-473d-907d-fccb3a1a5876_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Francisco Ayala, cien años siendo joven"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La visita del intelectual a su Granada natal en 1977 marcó un antes y un después en su vida y en la conciencia de todos los andaluces</p></div><p class="article-text">
        En 1977 -se cumplen tambi&eacute;n ahora 40 a&ntilde;os- <strong>Francisco Ayala</strong> pronunci&oacute; una conferencia en Granada, su ciudad natal. Nada tendr&iacute;a de extraordinaria esta an&eacute;cdota en la longeva vida de un escritor experimentado en estas lides, que cabalg&oacute; entre la docencia, las clases, cursos y conferencias magistrales, de no ser por un dato revelador: &ldquo;fue mi primera intervenci&oacute;n p&uacute;blica en mi ciudad natal&rdquo;. <strong>Ten&iacute;a 71 a&ntilde;os y llevaba 38 en el exilio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con esta cita textual qued&oacute; anotado el hito en lo que Ayala llam&oacute; <em>Relato de mi vida</em>, una suerte de cronolog&iacute;a vital de este hombre joven y l&uacute;cido hasta el &uacute;ltimo aliento, que jam&aacute;s perdi&oacute; el inter&eacute;s por la actualidad e incluso se acerc&oacute; a las nuevas tecnolog&iacute;as con una cuenta propia en Facebook donde publicaba estas p&iacute;ldoras a modo de ejercicio mental.
    </p><p class="article-text">
        Por esta misma cronolog&iacute;a personal -as&eacute;ptico repaso memorial&iacute;stico, sin connotaciones&nbsp; sentimentales- sabemos que volvi&oacute; a Espa&ntilde;a por primera vez desde su salida forzosa tras la Guerra Civil en 1960. Podemos aventurar qu&eacute; diferencias encontrar&iacute;a Ayala en la sociedad espa&ntilde;ola en esos 17 a&ntilde;os que median entre el t&iacute;mido inicio del aperturismo, a&uacute;n con el eco de las sombras grises de las cartillas (el racionamiento perdur&oacute; oficialmente en Espa&ntilde;a hasta mayo de 1952); y la efervescencia pol&iacute;tica y social de 1977, muerto el dictador, con una Andaluc&iacute;a puesta en pie, decidida a hacerle frente a su futuro en la nueva Espa&ntilde;a de las Autonom&iacute;as que se estaba dibujando.
    </p><p class="article-text">
        Ayala hab&iacute;a comenzado hac&iacute;a apenas unos meses a colaborar de forma regular con los diarios <em>El Pa&iacute;s </em>e <em>Informaciones</em>... Indicios todos que desembocar&iacute;an en un hecho inevitable: su regreso definitivo del exilio en Buenos Aires para fijar su residencia en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Granada recib&iacute;a con todos los honores a un aut&eacute;ntico exiliado de lujo, sin duda uno de sus m&aacute;s ilustres intelectuales del siglo&rdquo;, recuerda el veterano periodista y escritor <strong>Eduardo Castro</strong> en sus escritos sobre <em>La Transici&oacute;n en Andaluc&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque ya en 1961 hab&iacute;a pasado en Granada unos d&iacute;as de riguroso inc&oacute;gnito, no ser&iacute;a hasta esta &uacute;ltima visita cuando el escritor se decidiera a romper sus 40 a&ntilde;os de silencio voluntario ante sus paisanos -recuerda asimismo Eduardo Castro-. Despu&eacute;s, Ayala se ir&iacute;a de vuelta a Estados Unidos &ndash;donde aseguraba tener su vida &rdquo;perfectamente adaptada&ldquo;&ndash;, no sin antes afirmar que <strong>durante el franquismo se hab&iacute;a mitificado demasiado la figura del exiliado.</strong> Sus declaraciones, no exentas de pol&eacute;mica, formaban parte de una entrevista que me concedi&oacute; para <em>El Pa&iacute;s</em> antes de su partida hacia Nueva York y que todav&iacute;a puede merecer la pena recordar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se refiere el periodista granadino a esto:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El exilio para m&iacute; nunca ha sido excesivamente traum&aacute;tico. Yo <strong>creo que un andaluz tiene menos problemas de adaptaci&oacute;n en Buenos Aires o Montevideo</strong> que en Barcelona o La Coru&ntilde;a. Lo que pasa es que sobre el tema del exilio se ha especulado demasiado. Naturalmente, no se trata de algo agradable, y lo peor es la distancia, pero lo cierto es que algunos han mitificado en demas&iacute;a la cuesti&oacute;n. Por supuesto, yo no he sido de los exiliados que se pasaban todo el d&iacute;a llorando o suspirando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, que Ayala pisara suelo granadino tant&iacute;simas d&eacute;cadas despu&eacute;s de su nacimiento en la ciudad del Darro en 1906 no es m&aacute;s que un s&iacute;mbolo de enorme veracidad, una perfecta bisagra entre la Espa&ntilde;a que hab&iacute;amos sido y la Espa&ntilde;a que empez&aacute;bamos a ser. Francisco Ayala vivi&oacute; m&aacute;s de lo que quiso -<strong>morir&iacute;a en 2009, pocos meses antes de cumplir los 104 a&ntilde;os</strong>-, con lo que su figura, crucial para entender tantas cosas (la generaci&oacute;n del 27, la Guerra Civil, el exilio, el compromiso pol&iacute;tico e intelectual, el periodismo, el cine...) es un hilo conductor a trav&eacute;s del que se puede contar todo un siglo. Podemos decir sin riesgo a equivocarnos que Ayala atrap&oacute; el siglo XX en sus escritos: <em>El escritor en su siglo</em>, <em>En qu&eacute; mundo vivimos,</em> <em>El escritor y la sociedad de masas</em>, <em>El escritor y el cine</em>, <em>Las plumas del f&eacute;nix</em>... Ninguna circunstancia le fue ajena y cuando le lleg&oacute; la hora del exilio lo afront&oacute; desde una actitud abierta. Frente a un Alberti o un Gim&eacute;nez Caballero que pon&iacute;an su obra al servicio de sus diferentes causas, el granadino salva su obra y su propia personalidad individual de esa pugna pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Francisco Ayala, como dec&iacute;amos, hab&iacute;a nacido en Granada en 1906, en el seno de un matrimonio liberal y culto, amante de las artes y la literatura, que proporcion&oacute; a su primog&eacute;nito los nutrientes intelectuales id&oacute;neos a su temprana sensibilidad. A los 16 a&ntilde;os, se march&oacute; a Madrid con su familia y all&iacute; se licenci&oacute; en Derecho. Se doctor&oacute; en 1931 y dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde obtuvo por oposici&oacute;n la c&aacute;tedra de Derecho Pol&iacute;tico. Fue letrado de las Cortes desde la Proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica y ejerci&oacute; como funcionario del Ministerio de Estado. Luego, vendr&iacute;an los a&ntilde;os de la guerra -su estallido le pill&oacute; dando unas conferencias en Am&eacute;rica- y, finalmente, el exilio en Buenos Aires, desde donde Francisco Ayala contribuy&oacute; a la cultura de este pa&iacute;s como escritor, traductor, periodista, ensayista sobre cine y literatura...
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el profesor <strong>Emilio Orozco,</strong> Ayala se encuentra situado en &ldquo;la primera l&iacute;nea de narradores espa&ntilde;oles&rdquo;. De sus obras, Orozco destaca, principalmente, <em>La cabeza del cordero</em> &ndash;prohibida en Espa&ntilde;a durante muchos a&ntilde;os&ndash;, <em>Los usurpadores</em> y <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>. Otros estudiosos le dan m&aacute;s importancia, sin embargo, a sus dos grandes novelas, <em>Muertes de perro</em> y <em>El fondo del vaso</em>, que suponen sendas reflexiones sobre la dictadura &ldquo;desde una perspectiva bastante original&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A su regreso, en lo que pod&iacute;a parecer el c&eacute;nit de su vida -nada m&aacute;s lejos-, Ayala no s&oacute;lo sigui&oacute; con su obra ensay&iacute;stica, sino que se adentr&oacute; en lo que para muchos de los que hemos sido sus lectores constituye su obra cumbre: <em>Recuerdos y olvidos</em>, un libro de memorias en cuatro entregas, desde 1982 a 2006 (cuando cumplir&iacute;a cien a&ntilde;os), que bien podr&iacute;a tratarse de un tratado sobre el siglo XX en Europa y en el mundo. Eso s&iacute;, desde la mirada del ni&ntilde;o que nace en ese rinc&oacute;n &uacute;nico que es Granada.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; ya alude el intelectual a su &ldquo;impaciente, imperiosa avidez vital&rdquo;, una actitud que le acompa&ntilde;&oacute; desde su infancia, y desde la que hay que acercarse, recorri&eacute;ndola, a una vida prol&iacute;fica en a&ntilde;os, en obras, en hallazgos, en destinos, en emociones... Una vida vivida con coherencia y plenitud. Como lo define su esposa y estudiante de su obra, <strong>Carolyn Richmond</strong>: un humanista. Un curioso. Un entusiasta. Un amante de la belleza. Un observador.&nbsp;Y como m&aacute;s de un siglo de vida dan para mucho, todo ello, su visi&oacute;n de la vida, est&aacute; plasmada en m&aacute;s de cincuenta libros. Y reconocida con el Premio Cervantes y el Pr&iacute;ncipe de Asturias.
    </p><p class="article-text">
        Dos galardones por los que se sent&iacute;a en deuda con sus lectores, con Espa&ntilde;a, con los medios... Hay quienes a&uacute;n le recordamos concediendo entrevistas y acudiendo a actos de homenaje en las semanas que abrazaron, tanto por delante como en los d&iacute;as posteriores, su cumplea&ntilde;os n&uacute;mero 100. <strong>Hablaba del cansancio vital desde una jovialidad parad&oacute;jica</strong>, sonre&iacute;a, agarrado como siempre a su independencia y su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico. &ldquo;Soy pesimista con el mundo&rdquo;, acertaba a decir las &uacute;ltimas veces. No se equivocaba en su vaticinio el maestro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amalia Bulnes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/francisco-ayala-cien-anos-joven_132_3041097.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Nov 2017 21:06:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Francisco Ayala, cien años siendo joven]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Marisol a Pepa Flores: el mito que se transformó con la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/marisol-mito-transformo-democracia_132_1164553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3f40e0a4-ba20-4385-ba69-324ce9ed761e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Marisol a Pepa Flores: el mito que se transformó con la democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La niña prodigio del franquismo se retiró con 37 años para no volver jamás</p><p class="subtitle">Pepa Flores ha defendido con coherencia la decisión de apartarse de la vida pública, que abandonó cuando ya había transformado su imagen: de niña cantarina a mujer comprometida con las libertades</p><p class="subtitle">Quedó el mito, que se conserva intacto en un puñado de fotografías y en recuerdos como el de su interpretación en la serie Mariana Pineda</p><p class="subtitle">Hablamos con César Lucas, autor de muchas de esas instantáneas: "Creo que ella daría cualquier cosa por que Marisol no hubiera existido"</p></div><p class="article-text">
        Marisol se retir&oacute; con 37 a&ntilde;os para que <strong>Josefa Flores Gonz&aacute;lez (M&aacute;laga, 1948)</strong> consiguiera lo que siempre hab&iacute;a querido: ser una persona cualquiera. Habr&iacute;a que preguntarle si lo ha conseguido. Cada poco alguien la ve paseando en La Malagueta, y a&uacute;n se gira y le da un codazo al de al lado, pero ni la paran ni le piden aut&oacute;grafos. Hasta tal punto pervivi&oacute; el mito que Pepa Flores convirti&oacute; la no noticia en noticia y durante a&ntilde;os el mismo retiro se ha elevado a rango de exclusiva. Antes de retirarse, Pepa Flores tuvo tiempo para dar un giro a su personaje: <strong>de ni&ntilde;a mimada del franquismo y del propio dictador se convirti&oacute; en s&iacute;mbolo de la apertura y ac&eacute;rrima comunista,</strong> otro mito que tambi&eacute;n trascendi&oacute;.
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        El seguimiento de la nada (no hay noticia, ni entrevista, ni reportajes porque la propia Pepa Flores no quiere) da una idea de la categor&iacute;a del mito que se retir&oacute;. 32 a&ntilde;os despu&eacute;s, es capaz de llenar de im&aacute;genes ic&oacute;nicas una sala de exposiciones y la sala de exposiciones de familias al completo.&nbsp;Ocurri&oacute; hace un par de a&ntilde;os en La T&eacute;rmica de M&aacute;laga: una <strong>exposici&oacute;n de las fotograf&iacute;as que le hizo C&eacute;sar Lucas entre 1963 y 1974 recibi&oacute; unos 10.000 visitantes</strong>. La titularon <em>Marisol: el resplandor de un mito</em>. C&eacute;sar Lucas, el director de cine Juan Ca&ntilde;o, el cantautor Luis Eduardo Aute y el director de actores Chencho Ortiz analizaron la figura del mito en una mesa redonda y el d&iacute;a anterior de la inauguraci&oacute;n aparecieron por all&iacute; la madre y la hermana de Pepa Flores.
    </p><p class="article-text">
        Quien no hizo acto de presencia fue ella. Sus apariciones p&uacute;blicas en treinta a&ntilde;os se cuentan con los dedos de una mano, para asuntos altruistas, y la &uacute;ltima fue para presentar la Exaltaci&oacute;n de la Mantilla de 2017. Que visitase la exposici&oacute;n una tarde de domingo bajo unas gafas oscuras entra en la categor&iacute;a de rumor. En todo caso, la exposici&oacute;n acab&oacute; certificando que Marisol se fue pero el mito perdura.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que hace <strong>C&eacute;sar Lucas</strong> cuando le llamamos a su casa de Madrid es conceder que fue una pena que la protagonista de sus retratos no le acompa&ntilde;ara aquel d&iacute;a. No ha vuelto a hablar con ella desde que preparaba la exposici&oacute;n, cuando le contaba los avances y ella le mostr&oacute; su confianza en que saldr&iacute;a una gran muestra. &ldquo;Es que <strong>no fue una exposici&oacute;n de fotograf&iacute;a al uso, sino una exposici&oacute;n de im&aacute;genes de una figura m&iacute;tica</strong>, que tiene muchos seres de varias generaciones que la quieren y la admiran. Fue gente que no veo en otras exposiciones: iban a ver a Marisol&rdquo;, explica el fotoperiodista, miembro del equipo fundador de El Pa&iacute;s y con una <a href="https://elpais.com/diario/2009/10/17/babelia/1255738355_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fabulosa cartera de retratos que van del Che a Robert Mitchum</a>.
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        La primera de los cientos de fotos que Lucas le hizo a Marisol la tom&oacute; en una rueda de prensa en 1959. Para entonces, la artista ya aparec&iacute;a dos o tres veces al mes en <em>Pueblo</em>. Hab&iacute;a sido una especie de ni&ntilde;a mimada del r&eacute;gimen de Franco, con cuyas hijas altern&oacute; en El Pardo, y descarado objeto de explotaci&oacute;n de unos cuantos que tuvieron en ella un fil&oacute;n. Tanto fue as&iacute; que a la Marisol adolescente le llegaron a vendar el pecho para seguir explotando el personaje de ni&ntilde;a. <strong>&ldquo;Era un tesoro que hab&iacute;a que controlar para que no se lo llevara nadie. Todo eso la fue cargando de p&oacute;lvora hasta que explot&oacute;&rdquo;</strong>, recuerda C&eacute;sar Lucas, que a&uacute;n se emociona.
    </p><h2 class="article-text">De los coros y danzas a las fiestas del PCE y Mario Camus</h2><p class="article-text">
        La infancia de Marisol discurri&oacute; del modo opuesto a la discreci&oacute;n que ahora la acompa&ntilde;a. Manuel Goyanes la hab&iacute;a descubierto en un grupo de coros y danzas de la Secci&oacute;n Femenina de M&aacute;laga, durante la Feria del Campo en Madrid, y quiso hacer de ella la &eacute;mula de Joselito. Fue mucho m&aacute;s. Huelga recuperar ahora esa historia de infancia robada, que es bien sabida y que cada poco alguien saca del armario de nuestros peores recuerdos. Diremos que rod&oacute; veinte pel&iacute;culas y la dictadura vio con agrado aquellas historias de l&aacute;grima f&aacute;cil y final feliz, de ni&ntilde;os obligados siendo adultos antes de tiempo.
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        A diferencia de Joselito, cuando se liber&oacute;, ella s&iacute; supo cambiar con &eacute;xito de registro: rod&oacute; con <strong>Bardem, Saura y Camus</strong>, se vincul&oacute; a la revoluci&oacute;n cubana, se involucr&oacute; en luchas laborales, se afili&oacute; al PCE, y <strong>qued&oacute; asociada para siempre a la apertura, la democracia y las libertades</strong> con la portada de Intervi&uacute;, que acab&oacute; de un plumazo&nbsp; con la visi&oacute;n deformada sobre una mujer que hab&iacute;a dejado de ser ni&ntilde;a mucho tiempo atr&aacute;s.&nbsp;Precisamente por ser qui&eacute;n era,&nbsp;aquella portada impact&oacute; tanto.
    </p><p class="article-text">
        Empieza a rodar con los cineastas m&aacute;s comprometidos del momento: con Juan Antonio Bardem, <em>El Poder del Deseo y La Corrupci&oacute;n de Chris Miller</em>; con Mario Camus, <em>Los D&iacute;as del Pasado</em>, una pel&iacute;cula sobre el maquis; con Carlos Saura, una adaptaci&oacute;n de Bodas de Sangre. No hay ni rastro de la ni&ntilde;a pizpireta sino que aparece una Marisol (Pepa Flores desde 1981) comprometida con las libertades en Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n las del pueblo andaluz asistiendo a la manifestaci&oacute;n del 4 de diciembre. <strong>Se convirti&oacute; en asidua a los m&iacute;tines y las fiestas del PCE</strong>, y ah&iacute; se la pod&iacute;a ver pu&ntilde;o en alto o compartiendo escenario con V&iacute;ctor Manuel y Ana Bel&eacute;n, con Meneses y con Gerena aqu&iacute; en Andaluc&iacute;a. A tal punto lleg&oacute; su militancia que dej&oacute; el PCE por su versi&oacute;n m&aacute;s escorada a la izquierda: el Partido Comunista de las Tierras de Espa&ntilde;a. Para los andaluces, Pepa Flores siempre ser&aacute; Mariana Pineda (serie de 1984), la hero&iacute;na granadina por excelencia. 
    </p><p class="article-text">
        De aquella &eacute;poca son tambi&eacute;n sus sonados viajes con Antonio Gades a Cuba, hasta el punto de que es Fidel Castro quien les casa por lo civil en La Habana. Jos&eacute; Merc&eacute;, que les acompa&ntilde;&oacute; en alguna de esas giras,&nbsp;<a href="http://www.elmundo.es/larevista/num120/textos/pepa1.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recordaba en El Mundo</a> que al subir al autob&uacute;s su mujer le cantaba como en las pel&iacute;culas: &ldquo;Buenos d&iacute;as, Marisol...&rdquo;. Y ella se encend&iacute;a porque ya no quer&iacute;a ser quien hab&iacute;a sido.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;El pasado no se puede borrar&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Yo entiendo su postura. Quiso romper de verdad con Marisol. Creo que le molesta o&iacute;r la palabra y que dar&iacute;a cualquier cosa por que no existiera, lo que pasa es que el pasado no se puede borrar&rdquo;, dice hoy C&eacute;sar Lucas.&nbsp;Cuando Pepa Flores&nbsp;comprob&oacute; que ese pasado se hac&iacute;a demasiado grande se ech&oacute; a un lado. En el reportaje de El Mundo, de 1998, Caballero Bonald dice que entiende que siga as&iacute;, <strong>&ldquo;reconcentrada y melanc&oacute;lica como los verdaderos andaluces&rdquo;</strong>.&nbsp;Desde que se retir&oacute;, lo m&aacute;s que se puede especular sobre ella es sobre d&oacute;nde vive o deja de vivir, que viene a ser donde quiere y como quiere.&nbsp;&nbsp;
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        El retiro le ha proporcionado tambi&eacute;n un rasgo de dignidad de gran potencia. No tanto por las razones que lo motivaron, sino por su insobornable resistencia a romperlo. Esta actitud tiene algo de exilio interior: Pepa Flores viene a reivindicar que Marisol podr&aacute; ser de todos, pero que Pepa Flores es suya y s&oacute;lo suya, y eso nadie tiene derecho a cuestionarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caso de Marisol es el de la <strong>supervivencia del mito a trav&eacute;s de la imagen</strong>, y esto se explica porque el recuerdo de una leyenda muda s&oacute;lo pod&iacute;a hacerse con la vista: de las fotos y de sus pel&iacute;culas, que se repet&iacute;an en bucle en los 90 siempre con gran &eacute;xito de audiencia. Tambi&eacute;n, claro, de sus canciones, hoy inevitables en las bodas y paradigma de la Espa&ntilde;a pop y yey&eacute; que se sacud&iacute;a como pod&iacute;a la densa sombra de la dictadura nacionalcat&oacute;lica. Es nuestra Sylvie Vartan, nuestra Rita Pavone. Pero es tambi&eacute;n mucho m&aacute;s que eso. Es un mito que qued&oacute; para siempre embalsamado en la potencia de la imagen de sus mejores a&ntilde;os. Marisol se fue y nunca la vimos envejecer.
    </p><p class="article-text">
        <em>*C&eacute;sar Lucas ha elegido las fotos que ilustran este reportaje. Ha tenido que sortear el peligro de que sus recuerdos le nublen el juicio para elegir, y cuando le dijimos que eso no nos importa porque su criterio personal nos importa tanto como el profesional, nos dio una lecci&oacute;n con elegancia: &ldquo;No, porque yo las fotos no las hago para m&iacute;, sino para que alguien las vea. El objetivo es que la gente disfrute lo m&aacute;s que pueda con las fotos, pero no puedo olvidar que tengo sentimientos especiales con algunas de las fotos, que a la gente no le llegan&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/marisol-mito-transformo-democracia_132_1164553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Nov 2017 21:16:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Marisol a Pepa Flores: el mito que se transformó con la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caballero Bonald, de viaje a la Argónida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/caballero-bonald-viaje-argonida_132_3099653.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d4a1fe5-7b85-4302-899a-03ee8200c81b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caballero Bonald, de viaje a la Argónida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este niño de padre cubano y madre de ascendencia francesa entiende Andalucía como un referente universal y literario más que como una cuestión de banderas</p></div><p class="article-text">
        <strong>Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald</strong>, al igual que aquellos j&oacute;venes intr&eacute;pidos que viajaron a Sevilla en 1927 para homenajear a <strong>G&oacute;ngora</strong>, forma parte tambi&eacute;n de una foto hist&oacute;rica. Fechada en el &uacute;ltimo a&ntilde;o que da nombre a su generaci&oacute;n po&eacute;tica, la de los 50, la imagen est&aacute; tomada en Collioure, al Sur de Francia, la ciudad que es el santuario laico de media Espa&ntilde;a desde que muriera all&iacute;, derrotado y vencido, don <strong>Antonio Machado</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Aquellos que se reunieron en Collioure para honrar al padre de todos los poetas posteriores son ya hoy parte de la historia de la literatura espa&ntilde;ola. Constituyen la espina dorsal de un grupo po&eacute;tico que uni&oacute; el respeto por la palabra, el delicado cuidado por el lenguaje, con el compromiso social. Sus nombres son <strong>Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo</strong>,<strong> &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez</strong>, <strong>Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente</strong>,<strong> Jaime Gil de Biedma</strong>, <strong>Alfonso Costafreda</strong>, <strong>Carlos Barral</strong> y Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald. Todos fueron hasta la tumba de Machado para consagrarse a su poes&iacute;a y su vida, pero tambi&eacute;n fueron, como no pod&iacute;a ser de otro modo, para mostrar de una manera absolutamente sublime su rechazo a la dictadura de <strong>Franco</strong>.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la vinculaci&oacute;n almeriense de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, el &uacute;nico andaluz de la fotograf&iacute;a es Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald. Tambi&eacute;n es el &uacute;nico superviviente de una generaci&oacute;n diezmada antes de tiempo. Me gusta creer que Pepe Caballero sintiera en Collioure, ante la tumba de don Antonio, que no hab&iacute;a salido de la Baja Andaluc&iacute;a. Que aquellos d&iacute;as azules y ese sol eran, efectivamente, los de la Arg&oacute;nida de su infancia, &ldquo;tierra virgen, primigenia, favorecida por los dioses, a la que nadie podr&iacute;a nunca mancillar&rdquo;, al decir del propio poeta.
    </p><p class="article-text">
        Y es que Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) posee un <strong>andalucismo inoculado</strong>; un andalucismo que impregna todo lo que toca, todo lo que habla, todo lo que escribe y todo lo que visita este poeta, en un perpetuo y permanente viaje hacia sus ra&iacute;ces: &ldquo;<em>La experiencia del ni&ntilde;o que descubr&iacute;a el venerable Coto de Do&ntilde;ana </em>-la Arg&oacute;nida de mi literatura-<em> se ha ido traspasando sin ning&uacute;n menoscabo a quien sucesivamente he sido</em>&rdquo;, reconoce el creador. Enredado en su hipn&oacute;tica dicci&oacute;n, seseante, zigzagueante si me apuran, Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald asegura haber descubierto a <strong>Baudelaire</strong> y<strong> Rimbaud</strong> en un viaje de Sevilla a C&aacute;diz (esos dos extremos en los que <strong>Fernando Villal&oacute;n</strong> enmarcaba el universo), en una bella s&iacute;ntesis de su concepci&oacute;n de lo andaluz como un hecho universal.
    </p><p class="article-text">
        Adolescente de la posguerra -en un descripci&oacute;n bonaldiana-, testigo de los cambios est&eacute;ticos de la literatura espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo XX, pero tambi&eacute;n de la muerte de Franco y del paso de una Espa&ntilde;a centralista a un Estado de las Autonom&iacute;as, Pepe Caballero manifiesta en su obra todos esos cambios pol&iacute;ticos, territoriales y culturales. &ldquo;Si la dictadura franquista hab&iacute;a proyectado al exterior una identidad nacional histri&oacute;nica, basada en gran parte en la distorsi&oacute;n y exageraci&oacute;n de much&iacute;simos elementos andaluces, el gaditano busca depurar ese estereotipo y se replantea qu&eacute; y c&oacute;mo es Andaluc&iacute;a durante el Tardofranquismo y, muy especialmente, en los primeros a&ntilde;os de la democracia. Su reacci&oacute;n contra ese manido paradigma se traduce en la incorporaci&oacute;n de Andaluc&iacute;a, sus gentes y sus paisajes a su obra con el fin de desenmascarar la falsa imagen franquista y <strong>presentar una Andaluc&iacute;a veraz y aut&eacute;ntica</strong>&rdquo;, explica <strong>Luis Pascual Cordero</strong> en su estudio <em>Andaluc&iacute;a en la prosa de Caballero Bonald y Fernando Qui&ntilde;ones</em>.
    </p><p class="article-text">
        Se han cumplido ya m&aacute;s de 60 a&ntilde;os de la aparici&oacute;n de <em>Las adivinaciones,</em> el libro de poemas con el que se estren&oacute; Caballero Bonald en la literatura, y m&aacute;s de medio siglo de la de <em>Dos d&iacute;as de septiembre,</em> su primera novela. El poemario fue acc&eacute;sit del Premio Adonais. La novela gan&oacute; el Biblioteca Breve y le granje&oacute; asimismo sus primeros litigios, precisamente con Jerez, su ciudad natal, donde se malentendi&oacute; su denuncia a una sociedad andaluza anquilosada: &ldquo;<strong>Tambi&eacute;n se critica lo que se ama. A Jerez le tengo el apego que se puede tener a la patria en la que naces, aunque ya se sabe que las patrias, chicas o no, son todas equ&iacute;vocas.</strong> Lo que se ve desde la ventana donde uno soporta la vida con placer, eso es la patria. Yo he tenido cuatro o cinco patrias predilectas&rdquo;, aseguraba entonces este ni&ntilde;o de padre cubano y madre de ascendencia francesa, que entiende Andaluc&iacute;a como un referente universal y literario, m&aacute;s que como una cuesti&oacute;n de banderas.
    </p><p class="article-text">
        Desde <em>Las Adivinaciones</em> hasta hoy ha habido de todo -publicaciones, premios y honores de m&uacute;ltiple naturaleza...-, y todo realizado desde la m&aacute;xima exquisitez, el conocimiento del oficio de escritor y el entusiasmo de la vocaci&oacute;n. Prol&iacute;fico autor en todos los g&eacute;neros, aunque poeta por encima de cualquier otra consideraci&oacute;n, Caballero Bonald ha desarrollado su obra aferrado a un barroquismo netamente andaluz como &uacute;nica manera de entender el lenguaje, ilustre embajador de G&oacute;ngora, al tiempo que descendiente de la estirpe cervantina.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;En mi poes&iacute;a est&aacute; lo que pienso, y hasta lo que todav&iacute;a no pienso&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Ha contado tambi&eacute;n su vida a los lectores en todas las formas que conoce y practica: novela (<em>&Aacute;gata ojo de gato</em>, esa reivindicaci&oacute;n de Do&ntilde;ana como paisaje de su infancia), libros de memorias (<em>La costumbre de vivir</em>, <em>Tiempo de guerras perdidas</em>) y poes&iacute;a, con esa obra cumbre que es <em>Entreguerras</em>, su autobiograf&iacute;a escrita en poes&iacute;a. Despu&eacute;s de esos 3.000 versos condensados en un &uacute;nico poema que vieron la luz en 2012, el jerezano tuvo la tentaci&oacute;n de abandonar: &ldquo;Ya no voy a escribir m&aacute;s&rdquo;, declar&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, no ha sido as&iacute;. La poes&iacute;a, nos dice, le ayuda a mantenerse joven. &ldquo;El que no se queda callado, el que iguala el pensamiento con la vida, tiene ya mucho ganado para rejuvenecer&rdquo;. Por eso sigue escribiendo... Y sigue militando, como forma de resistencia, como arma para combatir el paso del tiempo, ese<em> tiempo que nos queda</em>, que dir&iacute;a el poeta. Su militancia forma tambi&eacute;n parte de su integridad moral, en la literatura y en la vida.
    </p><p class="article-text">
        Porque como poeta no ha traicionado jam&aacute;s sus posicionamientos est&eacute;ticos, y como hombre, podemos asegurar que nunca se ha puesto de perfil ante nada: ha hecho p&uacute;blicos <em>affaires </em>amorosos controvertidos, se ha levantado de jurados literarios de los que ha dudado de su validez, ha batallado contra gobiernos y gobernantes y, lo m&aacute;s actual -ya como ilustre Premio Cervantes de este pa&iacute;s-: se ha decidido a encabezar una plataforma de <em>Andaluces por el di&aacute;logo</em> para afrontar la crisis catalana.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo explicaba, precisamente, en su discurso del Premio Cervantes en 2012:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;M&aacute;s de una vez he comentado que mi palabra escrita reproduce obviamente mis ideas est&eacute;ticas, pero tambi&eacute;n mi pensamiento moral, mis litigios personales, mi manera de buscar una salida al laberinto de la historia. El prodigio instrumental del idioma me ha servido para objetivar mi noci&oacute;n del mundo, y he procurado siempre que esa po&eacute;tica noci&oacute;n del mundo se corresponda con mi m&aacute;s irrevocable ideario. Como suele decirse, en mi poes&iacute;a est&aacute; impl&iacute;cito todo lo que pienso, y hasta lo que todav&iacute;a no pienso, que ya es meritorio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Historia viva de nuestra tierra, de la lengua espa&ntilde;ola, bandera de nuestra cultura e Hijo Predilecto de Andaluc&iacute;a, Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald sigue siendo hoy el mismo que visit&oacute; a Machado en 1959, aquel que viaj&oacute; a Collioure sin que su alma saliera del valle del Guadalquivir: &ldquo;se trataba de hacer un frente com&uacute;n contra la falta de libertades y la mediocridad cultural&rdquo;. Y en eso sigue a sus 91 a&ntilde;os, tanto el poeta como el hombre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amalia Bulnes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/caballero-bonald-viaje-argonida_132_3099653.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2017 19:42:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Caballero Bonald, de viaje a la Argónida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Ángeles Ortiz, pintor del cante jondo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/manuel-angeles-ortiz-pintor-cante_132_3132031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8f5c0bf-8ec9-4f5a-98f9-16b5cf6c612e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Ángeles Ortiz, pintor del cante jondo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nacido en Jaén pero devoto de Granada, desarrolló gran parte de su obra en París, donde se exilió tras la Guerra Civil</p><p class="subtitle">Apadrinado por Picasso, fue el pintor de la Generación del 27, y de él le dijo García Lorca a Falla: "Pinta como yo canto"</p></div><p class="article-text">
        Una an&eacute;cdota deliciosa sit&uacute;a a Manuel &Aacute;ngeles Ortiz y Federico Garc&iacute;a Lorca paseando por Granada hasta llegar a la vera de la casa de Manuel de Falla. Manuel &Aacute;ngeles no se atreve, pero Federico decide llamar y presentarse: <strong>&ldquo;Hola, este es Manuel &Aacute;ngeles Ortiz, que pinta como yo canto. Y yo soy Federico Garc&iacute;a Lorca, que canto como &eacute;l pinta&rdquo;</strong>. Despu&eacute;s fueron amigos los tres. El relato sirve para ilustrar el comienzo de una amistad, de una tertulia y de una colaboraci&oacute;n art&iacute;stica, pero tambi&eacute;n para situar en un tiempo y un lugar a Manuel &Aacute;ngeles, el pintor del cante jondo.
    </p><p class="article-text">
        Le llamaron as&iacute; porque con Federico, Falla y otros prepar&oacute; el <a href="http://www.elmundo.es/cultura/2014/07/21/53ccbfc3e2704ee5408b456d.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hist&oacute;rico Concurso de Cante Jondo</a>, que se celebr&oacute; en 1922. &ldquo;Queremos purificar y hacer revivir ese admirable cante jondo, que no hay que confundir con el cante flamenco, degeneraci&oacute;n y casi caricatura de aquel&rdquo;, declaraba por entonces Manuel de Falla. A Manuel &Aacute;ngeles le toc&oacute; dise&ntilde;ar y dibujar un cartel que romp&iacute;a con la est&eacute;tica costumbrista sin arrojarla al basurero. Algo parecido a lo que hizo Garc&iacute;a Lorca con la poes&iacute;a y las historias populares (ah&iacute; est&aacute; <em>El Poema del Cante Jondo</em>). Por algo Garc&iacute;a Lorca era el poeta que escrib&iacute;a como &Aacute;ngeles Ortiz, y &eacute;ste, el pintor que pintaba como Lorca escrib&iacute;a. De ah&iacute; viene tambi&eacute;n otra etiqueta aplicable a su obra: cubismo jondo.
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        Sin embargo, no est&aacute; claro que a Manuel &Aacute;ngeles Ortiz (Ja&eacute;n, 1895-Par&iacute;s, 1984) le gustara tanto su asociaci&oacute;n con lo folcl&oacute;rico. En una <a href="https://elpais.com/diario/1980/07/06/cultura/331682403_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista que concedi&oacute; a El Pa&iacute;s</a> en 1980 explicaba que &eacute;l siempre hab&iacute;a &ldquo;huido&rdquo; de esa tem&aacute;tica. Concede la entrevista con motivo de la inauguraci&oacute;n de una antolog&iacute;a de su obra en Granada, la ciudad en la que pas&oacute; su infancia y a la que dedic&oacute; parte de su obra, como sus series Albaycines, Paseo de Cipreses o Cabezas m&uacute;ltiple. &ldquo;Todos los recuerdos de mi infancia los tengo vivos, muy vivos, y todos han influido mucho en mi obra: las calles del Realejo, las reatas de mulos, las diligencias y los viajes a la Alpujarra, los paseos por la Bola de Oro y el camino de la Fuente de la Dicha, desde donde todos los d&iacute;as Federico y yo ve&iacute;amos la puesta del Sol&rdquo;, respond&iacute;a a El Pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Con Garc&iacute;a Lorca, Fernando de los R&iacute;os o Falla compart&iacute;a la tertulia del Rinconcillo, en el Caf&eacute; Alameda de El Realejo, aunque dicen que el m&uacute;sico iba poco porque no soportaba el ruido. Es all&iacute; donde se convirti&oacute; en el &ldquo;pintor de la generaci&oacute;n del 27&rdquo;, para la que ilustr&oacute; varias de sus obras. En 1922 Manuel &Aacute;ngeles se march&oacute; a Par&iacute;s acompa&ntilde;ado del poeta Emilio Prados y con <strong>una carta de Falla bajo el brazo. Ese documento le presentaba ante Picasso</strong>.
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                </figure><h2 class="article-text">Lealtad a la Rep&uacute;blica y exilio</h2><p class="article-text">
        El malague&ntilde;o lo acogi&oacute; y lo integr&oacute; en un selecto grupo de artistas que inclu&iacute;a a Juan Gris o Joan Mir&oacute; y en la trepidante vida cultural del Par&iacute;s de entreguerras. <strong>Fue Picasso quien ayud&oacute; a liberarlo de un campo de concentraci&oacute;n en el sur de Francia</strong>, adonde fue a parar tras la ca&iacute;da de la Rep&uacute;blica. Hab&iacute;a vuelto a Espa&ntilde;a en 1932 y siempre fue leal a la Rep&uacute;blica participando en algunas de sus iniciativas m&aacute;s emblem&aacute;ticas: las Misiones Pedag&oacute;gicas, La Barraca o, ya en la Guerra Civil, la Alianza de Intelectuales Antifascistas o el Pabell&oacute;n de la II Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola de la Exposici&oacute;n Internacional de Par&iacute;s de 1937, en la que se expuso el Guernica por primera vez. Se march&oacute; en 1939 y no volvi&oacute; a Espa&ntilde;a hasta 1958.  
    </p><p class="article-text">
        Basta su vida en la capital francesa para integrarlo en la Segunda Escuela de Par&iacute;s, aunque tambi&eacute;n pasara nueve a&ntilde;os en Argentina. Aunque tuvo alg&uacute;n devaneo con el surrealismo (prueba de ello es su amistad con Luis Bu&ntilde;uel y su participaci&oacute;n en <em>La Edad de Oro</em>), la mayor parte de su obra se enmarca en un llamado &ldquo;cubismo l&iacute;rico&rdquo; y en la abstracci&oacute;n. Del surrealismo le interesaba &ldquo;su lirismo enigm&aacute;tico, no sus aberraciones morbosas de sujeci&oacute;n psic&oacute;tica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los expertos siempre han se&ntilde;alado que la obra de &Aacute;ngeles Ortiz es especialmente dif&iacute;cil de clasificar. La entrevista postrera en El Pa&iacute;s vuelve a ofrecer alguna pista de c&oacute;mo entend&iacute;a &eacute;l su arte: &ldquo;Naturalmente, <strong>cualquier interpretaci&oacute;n del arte tiene que ser siempre subjetiva</strong>. Por eso, yo, cuando alguien me dice que no entiende un cuadro, le contesto: &rdquo;&iquest;Y qu&eacute; tiene usted que entender? &iquest;Acaso entiende usted un zapato?&ldquo;. De todas maneras tampoco se entiende el chino si no es a fuerza de estudiarlo. Pues lo mismo pasa con la pintura, creo yo&rdquo;.
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        En 1981 recibe el Premio Nacional de Artes Pl&aacute;sticas, pero el pintor que pintaba como Lorca escrib&iacute;a ocupa hoy un espacio mucho menor que sus amigos en la cultura popular. Su vida la cont&oacute; Antonina Rodrigo en <em>Memoria de Granada, </em>donde revel&oacute; tambi&eacute;n un apasionado romance con Marlene Dietrich. En 1960 Mercedes Guill&eacute;n escribi&oacute; <em>Conversaciones con los artistas espa&ntilde;oles de la escuela de Par&iacute;s, </em>y le pregunt&oacute; a Manuel &Aacute;ngeles qu&eacute; era la pintura. &ldquo;Hace a&ntilde;os s&iacute; lo supe, o cre&iacute;a saberlo. Ahora no lo s&eacute;. Pero es muy posible que tenga que ver con Granada, que est&eacute; en relaci&oacute;n con lo que para m&iacute; es Granada. Con esa transparencia de su aire, con el ruido y la gracia del agua, con el color. Exactamente, no lo s&eacute;. Recuerdo que una muchacha que ten&iacute;amos en casa, para elogiar una pintura m&iacute;a, dec&iacute;a que era 'una <em>na</em> pintada'. Y debe de ser exacto, debe de ser eso: <strong>una nada muy hondamente sentida que le crea a uno la necesidad de expresarla por medio del color y del dibujo&rdquo;</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/manuel-angeles-ortiz-pintor-cante_132_3132031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Oct 2017 17:19:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manuel Ángeles Ortiz, pintor del cante jondo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Gómez, el carácter germánico de Andalucía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/jose-luis-gomez-germanico-andalucia_132_3162012.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/005c79b2-4b28-43ba-8903-55dae160837b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José Luis Gómez, el carácter germánico de Andalucía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">José Luis Gómez fue un andaluz con el arrojo y la autoestima de un germano. Un intelectual necesario, un hombre del Sur forjado con el carácter recio del Norte, aspirando a todo</p></div><p class="article-text">
        A Andaluc&iacute;a se la guardaba en el coraz&oacute;n y en la maleta. Eran los a&ntilde;os duros de la emigraci&oacute;n andaluza y <strong>Jos&eacute; Luis G&oacute;mez</strong>, un ni&ntilde;o de la Huelva postbrit&aacute;nica, azotado por la ausencia de perspectivas, se marcha a Par&iacute;s a trabajar de camarero con la vocaci&oacute;n teatral escondida en un bolsillo y poco m&aacute;s de cien duros en el otro. No sabemos si viajaba con el convencimiento -al menos con la intuici&oacute;n- de que volver&iacute;a para salvarnos, a muchos, de la pobreza cultural, de la inanidad intelectual, en la que a&uacute;n est&aacute;bamos sumidos por aquella d&eacute;cada de los 60, donde la modernidad estaba s&oacute;lo, y pobremente, asociada al desarrollismo, ese primer boom del ladrillo, del turismo de sol y playa que nos alejaba, a&uacute;n m&aacute;s si cabe, de las corrientes culturales que demostraban que Europa ten&iacute;a ya todas sus puertas abiertas.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n era pronto para saber que Jos&eacute; Luis G&oacute;mez habr&iacute;a de volver<strong> para abrirnos fronteras e introducir nuestros escasos bagajes teatrales en la vanguardia europea m&aacute;s renovadora y audaz que ha dado la historia del teatro.</strong> Y es que, del Par&iacute;s de terrazas y barras de bar salta el joven G&oacute;mez a Alemania, donde, adem&aacute;s de continuar con su formaci&oacute;n en la hosteler&iacute;a, cristaliza lo que se hab&iacute;a venido fraguando como algo irremediable: decide ingresar en el Instituto de Arte Dram&aacute;tico de Westfalia, aprende alem&aacute;n en tiempo r&eacute;cord y acaba por adue&ntilde;arse de los secretos de la alocuci&oacute;n teatral germana. 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a parecer que el hoy director -y fundador- del Teatro de la Abad&iacute;a -el mejor laboratorio de investigaci&oacute;n esc&eacute;nica del pa&iacute;s- es un ejemplo de esos andaluces brillantes a los que les toc&oacute; vivir el florecimiento de Andaluc&iacute;a en la distancia. Pero Jos&eacute; Luis G&oacute;mez regresa justo a principios de la d&eacute;cada de los 70. Su encuentro con Grotowski en Polonia precipita su vuelta a Espa&ntilde;a. Se instala en Madrid, desde donde observar&iacute;a a los andaluces &ldquo;volver a ser lo que fuimos&rdquo; en medio de una intensa actividad teatral como productor, director y actor en montajes de adaptaciones de Kafka, Handke y, por supuesto, de Bertolt Brecht. <strong>No hab&iacute;amos visto nada igual.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Andaluc&iacute;a a&uacute;n sonaban los ecos amanerados y folcloristas de los <strong>&Aacute;lvarez Quintero</strong>, la hip&eacute;rbole de la pandereta parec&iacute;a dominar los escenarios pero, sin embargo, como un movimiento subterr&aacute;neo que acabar&aacute; por mover todas las placas tect&oacute;nicas de nuestra cultura, comienza a vibrar toda una corriente esc&eacute;nica de manos de compa&ntilde;&iacute;as como La Cuadra en Sevilla o La Zaranda, en Jerez de la Frontera, que Jos&eacute; Luis G&oacute;mez vislumbrara con orgullo desde la capital de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El regreso de G&oacute;mez a la escena espa&ntilde;ola &ldquo;revisti&oacute; car&aacute;cter de aut&eacute;ntico acontecimiento. &Eacute;l habr&iacute;a de reformar, desde la direcci&oacute;n y la interpretaci&oacute;n, las herramientas y utillaje de nuestra carpinter&iacute;a teatral, acosada por la censura y por una lacerante ausencia de cosmopolitismo&rdquo;. Son palabras de Juan Luis Cebri&aacute;n, director entonces del diario El Pa&iacute;s, un peri&oacute;dico que simbolizaba en aquellos a&ntilde;os el esp&iacute;ritu progresista y comprometido con las libertades de la Transici&oacute;n. Espa&ntilde;a ya pod&iacute;a mirar sin complejos a Francia, pod&iacute;a querer ser Alemania. Pod&iacute;amos ir al teatro y ver <em>El irresistible ascenso de Arturo Iu</em>, de Bertolt Brecht (que interpretara G&oacute;mez en 1975), o <em>La historia del soldado Woyzeck</em>, de Georg B&uuml;chner. <strong>Jos&eacute; Luis G&oacute;mez era ya un andaluz con el arrojo y la autoestima de un germano.</strong> Un intelectual necesario, un hombre del Sur forjado con el car&aacute;cter recio del Norte, aspirando a todo. Bella met&aacute;fora de lo que la propia Andaluc&iacute;a fue en aquellos a&ntilde;os.
    </p><h3 class="article-text">Historia de un desaf&iacute;o</h3><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n en esos a&ntilde;os, premonitoriamente o al menos de una manera cuasi provindencial -era 1975, el a&ntilde;o en que todo acababa y todo estaba por comenzar- Jos&eacute; Luis G&oacute;mez se mete en la piel de un execrable <strong>Pascual Duarte</strong> en lo que a&uacute;n hoy es una de las mejores interpretaciones masculinas del cine espa&ntilde;ol. La pel&iacute;cula logra entrar en la secci&oacute;n oficial del Festival de Cine de Cannes del a&ntilde;o siguiente y el onubense se hace con el Premio al Mejor Actor, estrenando as&iacute; el palmar&eacute;s espa&ntilde;ol de esta cita de m&aacute;ximo inter&eacute;s internacional.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y a pesar de haber trabajado con cineastas como <strong>Armi&ntilde;&aacute;n, Bolla&iacute;n, Ch&aacute;varri, Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, De la Iglesia, Pilar Mir&oacute;, Saura, Gonzalo Su&aacute;rez y Pedro Almod&oacute;var</strong> -por citar s&oacute;lo algunos-, el h&aacute;bitat natural de este animal esc&eacute;nico es el teatro. De hecho, no hay definici&oacute;n m&aacute;s hermosa que la que el propio Jos&eacute; Luis G&oacute;mez haya utilizado en p&uacute;blico en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n para hablar de este hecho cultural: &ldquo;el placer inteligente&rdquo;. S&iacute; se&ntilde;or, eso es un resumen certero, una s&iacute;ntesis elocuente de lo que es y debe ser el teatro.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Luis G&oacute;mez fue Medalla de Andaluc&iacute;a en 1998, coincidiendo con <strong>Carmen Laff&oacute;n</strong> y <strong>Joaqu&iacute;n Sabina.</strong> La palabra, la imagen, la m&uacute;sica. En definitiva, el progreso y la cultura. Andaluc&iacute;a dentro y fuera de sus propias fronteras, andaluces que ya eran nuestra bandera aquel 4 de diciembre de 1977, cuando una multitudinaria manifestaci&oacute;n forz&oacute; un giro de rumbo en la historia andaluza, hasta conducirla al refer&eacute;ndum del 28F de 1980 y, finalmente, alcanzar el Estatuto de Autonom&iacute;a del 81. Aquel trascendental 4-D, los andaluces desafiaron al agonizado r&eacute;gimen franquista lanz&aacute;ndose a la calle exigiendo el autogobierno.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es la historia de un desaf&iacute;o la de Jos&eacute; Luis G&oacute;mez: un desaf&iacute;o a la ceguera intelectual, a la cortedad de miras en la cultura, a la defensa a dentelladas de la identidad europea, plural, osada pero no descabellada, que deb&iacute;a airear el apolillado ambiente espa&ntilde;ol, cerrado al mundo en los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os. Ese trabajo incesante, desde despachos p&uacute;blicos -donde nunca hall&oacute; su sitio- pero, sobre todo, desde el escenario, encuentra su cl&iacute;max, en 2011, cuando ingresa como Acad&eacute;mico de la Lengua en la RAE. Todo un hito para un creador que no tiene obra escrita.
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo, Jos&eacute; Luis G&oacute;mez se debate como actor entre Unamuno y La Celestina, el personaje de <strong>Fernando de Rojas</strong> que tanto se parece al alma de Espa&ntilde;a. Y ocupa el asiento Z, como si quisiera enfatizar su alma de <em>andaluZ</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amalia Bulnes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/jose-luis-gomez-germanico-andalucia_132_3162012.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Sep 2017 20:12:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Luis Gómez, el carácter germánico de Andalucía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Zambrano, la patria del exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/maria-zambrano-patria-exilio_132_3175621.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49ddc2c8-c837-43a5-94b8-ab9afcc7f032_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="María Zambrano, la patria del exilio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La filósofa de Vélez-Málaga dejó España caminando con Antonio Machado. Su partida la condenó al ostracismo en su país</p><p class="subtitle">Comprometida con la democracia, regresó de Chile para defender la legalidad republicana sostenida sobre su vocación filosófica</p><p class="subtitle">Volvió casi medio siglo después, colmada de reconocimientos. "Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido", dejó dicho</p></div><p class="article-text">
        La estaci&oacute;n de trenes de M&aacute;laga, decenas de colegios e institutos, bibliotecas. Muchas instituciones y centros p&uacute;blicos recuerdan hoy a Mar&iacute;a Zambrano, y sin embargo su figura sigue siendo desconocida para muchos. En la <a href="https://www.fundacionmariazambrano.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">web de la Fundaci&oacute;n</a> que lleva su nombre se la define como &ldquo;una de las pensadoras m&aacute;s importantes del siglo XX&rdquo;. &iquest;Y c&oacute;mo es entonces que su obra sigue en parte confinada a &eacute;lites acad&eacute;micas? Maticemos. Google le dedic&oacute; un Doodle el pasado 22 de abril y aunque convengamos que eso no nos dice nada de su talla como pensadora, s&iacute; facilita su popularidad y da la pista de que existe una corriente que reivindica su legado.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la raz&oacute;n est&eacute; en su compromiso. Terminada la guerra, <strong>entre silencio y exilio Zambrano opt&oacute; por el exilio</strong>. Eso la conden&oacute; al ostracismo en su pa&iacute;s hasta que se restaur&oacute; la democracia. En un texto in&eacute;dito publicado en la obra colectiva <em>Pensadoras del siglo XX</em>, coordinada por Amelia Valc&aacute;rcel (Instituto Andaluz de la Mujer, 2001) dice: &ldquo;Para m&iacute; el exilio fecundo, pues que <strong>me dio libertad de pensar</strong> y la angustia econ&oacute;mica que en Espa&ntilde;a no habr&iacute;a tenido, pues habr&iacute;a ganado f&aacute;cilmente una c&aacute;tedra, pero me hubiera conformado, atada como si fuera una artista, como Picasso, que al encontrarse fuera de Espa&ntilde;a abri&oacute; las alas&rdquo;. S&oacute;lo volvi&oacute; en 1984, vestida con un largo abrigo blanco.
    </p><p class="article-text">
        Antes, en 1981 y en plena ola de peticiones para que regrese (se lo pide la Junta de Andaluc&iacute;a, el ayuntamiento de V&eacute;lez-M&aacute;laga &ndash;que le ofrece vivienda-, se lo piden los intelectuales), ella hab&iacute;a dicho que le costaba, no sab&iacute;a por qu&eacute;: &ldquo;Es que es terrible volver al cabo de tanto tiempo. Yo siento la llamada. Yo quiero ir. Pero lo que no quiero es tirarme por la ventana. Hay algo que todav&iacute;a se resiste (...) Que sea lo que Dios quiera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se hab&iacute;a marchado en enero de 1939. Cruz&oacute; la frontera con su madre y su hermana Araceli, en el mismo Hispano-Suizo negro que hab&iacute;a trasladado a Aza&ntilde;a d&iacute;as antes. En su texto <a href="http://ruc.udc.es/dspace/bitstream/handle/2183/11239/CC-74%20art%2010.pdf?sequence=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Zambrano, una mujer en la frontera</a><em>, </em>el catedr&aacute;tico Juan Fernando Ortega, que bien la conoci&oacute; y que dirigi&oacute; la Fundaci&oacute;n, cuenta que la fil&oacute;sofa distingui&oacute; a Antonio Machado y a su madre en las filas de los que hu&iacute;an, y que los que invit&oacute; a subir al coche. Machado se neg&oacute; aduciendo que su lugar estaba con el pueblo, y Zambrano camin&oacute; con &eacute;l los &uacute;ltimos kil&oacute;metros de Espa&ntilde;a que vio el poeta. &Eacute;l no volvi&oacute; y ella lo hizo ya muy enferma, casi medio siglo despu&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text">Disc&iacute;pula de Ortega y Gasset</h2><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Zambrano naci&oacute; en V&eacute;lez-M&aacute;laga, y no se sabe bien si lo hizo un 22 o un 25 de abril, ni si fue en 1904 o 1907. En la partida de nacimiento figura el 25 de abril. Estuvo enferma y su padre no pudo inscribirla, y como el olvido implicaba multa, el hombre opt&oacute; por decir que hab&iacute;a nacido el 25. Despu&eacute;s ella dice en algunos sitios que ha nacido en 1907, y para los restos queda la confusi&oacute;n. Sea como fuere, parece claro que naci&oacute; en la antigua Calle del Mendrugo, que hoy es la calle Federico Mac&iacute;as, y que le pusieron nombre largo: Mar&iacute;a Francisca &Aacute;gueda Araceli Asunci&oacute;n Carolina Magdalena Rafael de la Sant&iacute;sima Trinidad Zambrano Alarc&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pronto dej&oacute; Andaluc&iacute;a. Con cuatro a&ntilde;os march&oacute; con sus padres, ambos maestros de escuela. Primero Madrid y luego Segovia (donde su padre hace amistad con Antonio Machado) y nuevamente Madrid, donde estudia Filosof&iacute;a en la Universidad Central. Hay quien ha visto en este hecho una firme actitud pol&iacute;tica.<em> </em>Tan inusual era que una mujer estudiase filosof&iacute;a que fue su propio maestro, <strong>Jos&eacute; Ortega y Gasset</strong>, quien se refiri&oacute; a ella en una reuni&oacute;n de doctorado como &ldquo;una se&ntilde;orita muy mona&rdquo;. La an&eacute;cdota la relat&oacute; en su d&iacute;a Juan Fernando Ortega, y aunque no deja en buen lugar al fil&oacute;sofo madrile&ntilde;o, no impidi&oacute; que ella se declarase siempre su disc&iacute;pula. <strong>&ldquo;Bajo la hermosa distinci&oacute;n entre ideas y creencias de Ortega y Gasset descubr&iacute; la esperanza&rdquo;</strong>, dijo ella alguna vez.
    </p><p class="article-text">
        Es probable que fuera la actitud ante la guerra y sus terribles consecuencias lo que m&aacute;s separ&oacute; a maestro y disc&iacute;pula. Zambrano se signific&oacute; pronto por la Rep&uacute;blica. Desde luego, antes del 36. <strong>Estuvo en la Puerta del Sol en la proclamaci&oacute;n del 14 de abril de 1931</strong> y aunque rechaz&oacute; presentarse a Cortes con el PSOE, no escondi&oacute; sus simpat&iacute;as socialistas. Frecuentaba las tertulias del Pombo que organizaba Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, colaboraba con <em>Revista de Occidente</em> y participaba en las misiones pedag&oacute;gicas de la Rep&uacute;blica. En lo profesional, hab&iacute;a ganado ya una plaza de profesora de metaf&iacute;sica, que tuvo que abandonar cuando a su marido lo destinan a la embajada de Chile, en 1936.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, vuelve. Era 1937, y <strong>alguien le pregunt&oacute; por qu&eacute; volv&iacute;a si la guerra se iba a perder. &ldquo;Por eso&rdquo;, dicen que contest&oacute; ella</strong>. A partir de entonces se involucr&oacute; activamente en la defensa de la legalidad republicana desde el Consejo de Propaganda y el Consejo Nacional de la Infancia Evacuada. Tambi&eacute;n dirige <em>Hora de Espa&ntilde;a, </em>la revista editada en Valencia y luego Barcelona por los intelectuales leales a la Rep&uacute;blica. &ldquo;Mi actividad en la guerra, siendo moderada, fue intensa, implacable como hab&iacute;a sido mi vocaci&oacute;n filos&oacute;fica, que sin duda estaba detr&aacute;s de ella sosteni&eacute;ndome&rdquo;, dej&oacute; escrito en <em>Hacia un saber del alma</em>.
    </p><h2 class="article-text">Filosof&iacute;a y compromiso</h2><p class="article-text">
        Esa conexi&oacute;n entre acci&oacute;n y reflexi&oacute;n se deja ver en otras m&aacute;ximas de compromiso c&iacute;vico modeladas por su pensamiento filos&oacute;fico. Por ejemplo, en sus reflexiones en <em>Persona y Democracia: &ldquo;</em><strong>&rdquo;</strong><strong>Democracia es la sociedad en la cual no s&oacute;lo es permitido, sino exigido, el ser persona&ldquo;</strong>. Para Zambrano, es la palabra &rdquo;persona&ldquo; la que define la democracia. O sobre el oficio de escribir, que es &rdquo;defender la soledad en que se est&aacute;; es una acci&oacute;n que s&oacute;lo brota de un aislamiento comunicable, en que, precisamente, por la lejan&iacute;a de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los acontecimientos marcan su pensamiento, ya en <em>Los intelectuales en drama de Espa&ntilde;a</em>, como en el drama de la Segunda Guerra Mundial en <em>La agon&iacute;a de Europa</em> (&ldquo;la tragedia de Europa es la tragedia de la violencia que al fin ha estallado&rdquo;). Y es su alejamiento geogr&aacute;fico, en el exilio mexicano, el que le da lucidez. <strong>&ldquo;El exilio que me ha tocado vivir es esencial. Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido.</strong> El exilio ha sido como mi patria, o como una dimensi&oacute;n de una patria desconocida pero que una vez que se conoce, es irrenunciable&rdquo;<em>. </em>Su obra qued&oacute; as&iacute; marcada por el exilio y por la distancia con la que escribi&oacute; obras como <em>Espa&ntilde;a, sue&ntilde;o y realidad </em>(1965). <strong>&ldquo;Si Mar&iacute;a Zambrano se hubiera callado, algo profundo y esencial habr&iacute;a faltado, quiz&aacute; para siempre, a la palabra espa&ntilde;ola&rdquo;</strong>, dijo de ella el fil&oacute;sofo Jos&eacute; Luis Aranguren.
    </p><p class="article-text">
        Cuando regres&oacute;, la fil&oacute;sofa cont&oacute; al profesor Juan Fernando Ortega c&oacute;mo fue su partida. Cont&oacute; el fr&iacute;o y cont&oacute; el barro. Cont&oacute; que caminaban de a uno en larga fila hacia el exilio, y cont&oacute; que el hombre que la preced&iacute;a llevaba a la espalda un cordero blanco del que le llegaba hasta el aliento. Cont&oacute; que se miraron el cordero y ella que hu&iacute;a, hasta que el hombre se perdi&oacute; en la muchedumbre. &ldquo;Yo no volv&iacute; a ver aquel cordero, pero ese cordero me ha seguido mirando. Y yo me dec&iacute;a y hasta creo que llegu&eacute; a dec&iacute;rselo a media voz a alg&uacute;n amigo o a alg&uacute;n enemigo, o a nadie, o al Se&ntilde;or, o a los olivos, que yo no volver&iacute;a a Espa&ntilde;a sino detr&aacute;s de aquel cordero&rdquo;. El cordero no la esper&oacute; al pie del avi&oacute;n, pero a&ntilde;os despu&eacute;s, Zambrano repas&oacute; los peri&oacute;dicos y lo vio: &ldquo;Y cuando he visto las im&aacute;genes que sacaron los fot&oacute;grafos que me aguardaban, tan conmovedoras, tan blancas, tan puras, entonces vi que el cordero era yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recibi&oacute; premios (el Cervantes, el Pr&iacute;ncipe de Asturias, el doctorado <em>honoris causa </em>en la Universidad de M&aacute;laga), pero los &uacute;ltimos a&ntilde;os los pas&oacute; ya muy enferma, casi sin salir de su casa de Madrid. Mar&iacute;a Zambrano falleci&oacute; el seis de febrero de 1991. Al d&iacute;a siguiente se traslad&oacute; su cuerpo a V&eacute;lez-M&aacute;laga, donde yace a la sombra de un limonero, en una casita en el cementerio local. En la l&aacute;pida, por deseo suyo, est&aacute; inscrita la leyenda del Cantar de los Cantares: <em>Surge amica mea et veni</em>. &ldquo;Lev&aacute;ntate, amiga m&iacute;a, y ven&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/maria-zambrano-patria-exilio_132_3175621.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 17:09:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Zambrano, la patria del exilio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carlos Cano: el rebelde que soñaba canciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/carlos-cano-rebelde-sonaba-canciones_132_3221884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26584253-697f-4002-8aa4-cb2154a0143a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carlos Cano: el rebelde que soñaba canciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dueño de un andalucismo que no cabía en los despachos, el granadino cantó a una Andalucía de hombres y mujeres libres</p><p class="subtitle">"Periodista con guitarra", con él se perdió un crítico insobornable: "Yo siempre combato a favor de la vida"</p><p class="subtitle">Repasamos su obra, ricas en matices y sensible al dolor y a la belleza: desde el Manifiesto Canción del Sur a María la Portuguesa</p></div><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a escribir este texto con frases de Carlos Cano que explican esta tierra. <strong>&ldquo;Andaluc&iacute;a necesita una pasada, no por la izquierda sino por la malafoll&aacute;&rdquo;</strong><em>malafoll&aacute;</em>, le dijo a Jes&uacute;s Quintero en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=rIPu4Q-3Rc8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su &uacute;ltima entrevista</a>. Dec&iacute;a Diego de los Santos, que bien lo conoci&oacute;, que aportaba lo que aqu&iacute; se desprecia: el dolor. El granadino era due&ntilde;o de un andalucismo propio, doliente, de calle y campo, andalus&iacute; y jornalero, refractario a consignas y despachos. Toda su obra rezuma amor por los hombres y mujeres de Andaluc&iacute;a: por los que fueron, por los que se fueron, por los que se quedaron.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta el periodista Juan Jos&eacute; T&eacute;llez en el documental <a href="https://www.youtube.com/watch?v=YRnRpWX5zn0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Mapa de Carlos</a><em> </em>que a Carlos Cano le llamaban en Granada <em>el que canta bajito, </em>y que fue por Llu&iacute;s Llach que venci&oacute; a la timidez e hizo o&iacute;r su voz. Tanto que diecisiete a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, todav&iacute;a se escucha.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Antes de nada fue poeta&rdquo;: 'Eso lo digo yo'</h3><p class="article-text">
        <em>Campos de Andaluc&iacute;a/decidme d&oacute;nde est&aacute; Alberti,/decidme si por el d&iacute;a/galopa tambi&eacute;n la muerte/y uno solo, caminando,/tras la estrella que se pierde,/que se pierde&hellip;&iexcl;Ay!, &iexcl;Ay!/.../Eso lo digo yo,/que te conozco bien andaluz,/la que no te pari&oacute;, te pari&oacute;,/eso lo digo yo.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antes de nada, Carlos fue poeta&rdquo;, cuenta Juan de Loxa, que lo conoci&oacute; primero en las tascas del barrio, de las noches que paseaban de la casa de la madre de uno (en calle Goya) a la del otro (en Pedro Antonio Alarc&oacute;n). Juan explica que adem&aacute;s de escribir poemas aquel muchacho cantaba canciones de otros: de Quilapay&uacute;n, de Atahualpa Yupanqui. &ldquo;Y al mismo tiempo que se plantea poner m&uacute;sica a poemas suyos o de otros, empieza a escribir letras para ser cantadas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        De Loxa dirig&iacute;a y presentaba por entonces (y durante 27 a&ntilde;os) un programa de radio, <em>Poes&iacute;a 70, </em>y dirig&iacute;a las p&aacute;ginas culturales de un peri&oacute;dico granadino, <em>Patria, </em>donde public&oacute; los primeros poemas de Carlos. Fue la semilla del Manifiesto Canci&oacute;n del Sur. <strong>&ldquo;Quer&iacute;amos incorporar lo jondo, alg&uacute;n tipo de ra&iacute;z musical o a trav&eacute;s de la letra, reivindicativa de un sur que localiz&aacute;bamos en principio en Andaluc&iacute;a, pero que es igual a todos los sures: el territorio de los oprimidos&rdquo;</strong><em>jondo</em>, rememora hoy el poeta De Loxa, que espole&oacute; y aglutin&oacute; todo aquello. &ldquo;Un d&iacute;a &iacute;bamos a dar un recital de poes&iacute;a y cogi&oacute; la guitarra. Y dijo: &rdquo;S&iacute;, hoy me voy a atrever&ldquo;. Siempre se dijo que Carlos Cano cant&oacute; por primera vez en la Casa Am&eacute;rica de Granada.
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        Lleg&oacute; entonces al grupo Antonio Mata, y juntos compusieron <em>Eso lo digo yo. </em>Una canci&oacute;n, como todas aquellas, hecha para los recitales y no para ser grabada. S&oacute;lo Carlos lleg&oacute; a profesionalizarse con un carn&eacute; de artista de &ldquo;circo y variedades&rdquo;. En 1970 compuso su primera canci&oacute;n, <em>La Miseria, </em>y en 1972 le lleg&oacute; la gran puesta de largo, con Enrique Morente en Par&iacute;s: en la Shakespeare and Co. por Alberti (por all&iacute; andaba Simone de Beavoir), y ante la Unesco por Lorca. En un art&iacute;culo publicado en El Pa&iacute;s poco despu&eacute;s de su muerte, Ignacio Mart&iacute;nez cuenta que el <em>grana&iacute;no</em> <em>mala foll&aacute;</em> zanj&oacute; una discusi&oacute;n en aquel encuentro tal que as&iacute;: <strong>&ldquo;Nosotros parimos los poetas y los fusilamos, para que ustedes los franceses puedan escribir libros de ensayo&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Conoci&oacute; entonces a Llu&iacute;s Llach, que se convertir&iacute;a en &iacute;ntimo. El paralelismo entre la <em>Nova Can&ccedil;&oacute;</em> y el Manifiesto era evidente: aquellos eran los poetas que ven&iacute;an a cantarle a los andaluces y a la tierra, y a sacudir las telara&ntilde;as de la dictadura. De aquellos tiempos, Juan de Loxa recuerda c&oacute;mo los recitales deb&iacute;an pasar por la aprobaci&oacute;n de Informaci&oacute;n y Turismo, y que una vez todo fueron tachones menos una canci&oacute;n: &ldquo;La instrumental, la de la guitarrita&rdquo;. Cuenta con orgullo que ha cedido todas sus grabaciones al Centro de Documentaci&oacute;n Musical de Andaluc&iacute;a, y que le ha dicho a Amaranta (una de las hijas del cantautor): &ldquo;Si alguna vez quieres yo te las canto, porque eran de tu padre&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Los gach&oacute;s trajeaos: 'El Salustiano / Murga de los currelantes'</h3><p class="article-text">
        <em>gach&oacute;s trajeaos</em><em>Yo no creo que el sombrero les toque en la t&oacute;mbola / a esos gach&oacute;s trajeados que viven de na. / Que lo roban, lo roban, / con cuatro palabritas finas lo roban. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>S&rsquo;acabe el paro y haiga trabajo, escuela gratis, medicina y hospital / pan y alegr&iacute;a nunca nos falten, que vuelvan pronto los emigrantes, haiga cultura y prosperi&aacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En un recital recogido en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=MOZQbUduN80" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hijos de Andaluc&iacute;a, de Canal Sur</a>, Carlos Cano cuenta una an&eacute;cdota. Explica que una vez, &ldquo;en el anterior r&eacute;gimen&rdquo;, lleg&oacute; un ministro a Sevilla y ante las peticiones de trabajo &ldquo;este se&ntilde;or que ahora es dem&oacute;crata respondi&oacute; muy en serio que lo que los andaluces ten&iacute;amos que explotar es la gracia, el salero, las playas, los toros y el flamenco. Esta es la carta de amor a la libertad de un hombre que se tiene que ir a trabajar fuera de su tierra por la gracia que tenemos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese se&ntilde;or es El Salustiano o cualquiera de los dos millones de andaluces que dejaron la tierra por un trabajo durante los a&ntilde;os de la dictadura. <strong>Carlos Cano hizo farolillos para f&eacute;retros en Suiza, fue marinero en el puerto de Rotterdam y trabaj&oacute; en la imprenta de Der Spiegel. A su vuelta conect&oacute; con el Sindicato de Obreros del Campo</strong>, con el movimiento agrario y con el cura Diamantino Garc&iacute;a Acosta, a quien dedic&oacute; una canci&oacute;n. Cantaba a los obreros y a los campesinos, a los trabajadores andaluces.
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            </figure><h3 class="article-text">Amo mi tierra: 'Verde, blanca y verde (La Verdiblanca)'</h3><p class="article-text">
        <em>Amo mi tierra / lucho por ella / mi esperanza / es su bandera.</em>
    </p><p class="article-text">
        Durante 40 a&ntilde;os la dictadura ocult&oacute; en sus sombras a Blas Infante y la verdiblanca. <strong>Carlos Cano descubre la bandera andaluza en una manifestaci&oacute;n en Barcelona.</strong> Envuelto en la efervescencia pol&iacute;tica del momento, graba el himno oficial, con letra de Blas Infante, y compone el himno oficioso: <em>Verde, blanca y verde, </em>incluido en su primer disco (<em>A duras penas, </em>1976). Los derechos los vendi&oacute; por un dinar a la Fundaci&oacute;n Alhambra (creada por Alejandro Rojas Marcos). Originalmente fue un poema, <em>Las amapolas, </em>que comenzaba con <em>De abajo vengo&hellip; </em>(y no <em>De Ronda vengo</em>) y que cantaba a una bandera roja, verde, blanca y verde.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Lo dijo el propio Rojas Marcos: &ldquo;El andalucismo de Carlos Cano lo tiene Carlos Cano&rdquo;. Quiere decirse con esto que era el suyo un andalucismo singular, de imposible apropiaci&oacute;n para los pol&iacute;ticos. &lrm;<strong>&ldquo;Quiero remarcar que mi andalucismo no es geogr&aacute;fico, es de sentimiento. El Sur para mi es una forma de sentir, es lo olvidado&rdquo;</strong>, dej&oacute; dicho. Era, sobre todo, un andalucismo de andaluces y andaluzas. <strong>&ldquo;Yo sue&ntilde;o con una Andaluc&iacute;a llena de hombres libres, m&aacute;s que con una Andaluc&iacute;a libre&rdquo;</strong> es una frase extraordinaria en un contexto propicio a la exaltaci&oacute;n nacionalista.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La Verdiblanca era, en el fondo, una canci&oacute;n de esperanza, simple, que son las que valen la pena&rdquo;, explicaba &eacute;l. Cuando detect&oacute; que se apropiaban de ella con oscuros intereses dej&oacute; de cantarla. La bandera verdiblanca no era ya solo la bandera de los jornaleros ni de quienes reivindicaban otra Andaluc&iacute;a posible, sino la bandera oficial. Seg&uacute;n record&oacute; una vez Diego de los Santos, dijo algo as&iacute;: <strong>&ldquo;Una vez que est&aacute; en los despachos no me interesa&rdquo;</strong>.
    </p><h3 class="article-text">Pieles rojas en Joliv&uacute;: 'Las murgas de Emilio el Moro'</h3><p class="article-text">
        <em>Joliv&uacute;</em><em>Me han dicho que has puesto en Madrid /un despacho de mucho post&iacute;n / &iexcl;Col&oacute;canos! / &iexcl;Col&oacute;canos! &iexcl;Ay por tu madre col&oacute;canos! / &iexcl;Ay! Felipe de la Otan cataflota verig&uuml;es / ... llegar&aacute; a ser un gran torero como Vel&aacute;zquez y Gregory Peck.</em>
    </p><p class="article-text">
        Carlos Cano sol&iacute;a decir que un cantautor es un periodista con guitarra. Esa vocaci&oacute;n de relator le llev&oacute; a denunciar, con nombre aunque sin apellido, a Felipe Gonz&aacute;lez. Con guasa que es como m&aacute;s duele. Dicen que <em>Las Murgas de Emilio el Moro </em>le valieron el rechazo de decenas de instituciones y municipios, que Alfonso Guerra lo llam&oacute; a despacho y que alguien le dijo: &ldquo;Yo no tengo nada que ver con lo tuyo&rdquo;, seg&uacute;n cuenta Tono Cano en un <a href="https://secretolivo.com/index.php/2013/10/29/emilio-el-moro-murgas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo en Secretolivo.</a> &iquest;Y qu&eacute; era lo suyo? &iquest;Apuntar con el dedo que donde fue &ldquo;OTAN, de entrada no&rdquo;, finalmente fuese &ldquo;OTAN, s&iacute;&rdquo;? &iquest;Cerrar filas con los astilleros de C&aacute;diz antes que con la subvenci&oacute;n y las fiestas municipales?
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        <strong>&ldquo;Si no pagas un precio por ser aut&eacute;ntico es que no lo eres&rdquo;</strong>, le explic&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s a Jes&uacute;s Quintero, a quien tambi&eacute;n le dijo que aprendi&oacute; muy pronto a decir &ldquo;no&rdquo;. Se le nombr&oacute; Hijo Predilecto cuando hab&iacute;a fallecido.
    </p><h3 class="article-text">Un amor en La Habana y otro en Andaluc&iacute;a: 'Habaneras de C&aacute;diz'</h3><p class="article-text">
        <em>La Habana es C&aacute;diz con m&aacute;s negritos, / C&aacute;diz, La Habana con m&aacute;s salero.</em>
    </p><p class="article-text">
        Granada, La Habana y C&aacute;diz. Las tres ciudades que am&oacute; Carlos Cano y a las que tambi&eacute;n cant&oacute;. Dec&iacute;an quienes le conocieron que con Granada tuvo una relaci&oacute;n de amor y odio. &ldquo;Granada s&oacute;lo tiene salida por las estrellas&rdquo;, sostuvo &eacute;l cuando alguien le cuestion&oacute; c&oacute;mo pod&iacute;a componer una habanera a una ciudad sin puerto ni r&iacute;o navegable. Aquella <em>Habanera Imposible </em>contiene este otro verso: &ldquo;Granada es como una rosa, m&aacute;s bonita que ninguna, que se duerme con el sol y florece con la luna&rdquo;.
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Yo tengo un amor en La Habana y el otro en Andaluc&iacute;a&rdquo;</strong>, cantaba &eacute;l, y se refer&iacute;a a C&aacute;diz. Comparti&oacute; ese amor con Antonio Burgos, con quien compuso un himno inmortal a la ciudad: <em>Habanera de C&aacute;diz</em>. Impactado por los carnavales, de los que fue pregonero en 1988, cuenta Juan Jos&eacute; T&eacute;llez que Carlos Cano fue bautizado gaditano por Fernando Qui&ntilde;ones y Felipe Campuzano.
    </p><h3 class="article-text">La copla no es franquista: 'Mar&iacute;a la Portuguesa'</h3><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Ay, Mar&iacute;a la Portuguesa! / Desde Ayamonte hasta Faro / Se oye este fado por las tabernas.</em>
    </p><p class="article-text">
        En una p&aacute;gina de homenaje a Carlos Cano hay un comentario: &ldquo;Ni cantaba, ni bailaba, ni falta que le hac&iacute;a. Si hubiese participado en <em>Se llama copla</em> habr&iacute;a sido eliminado en el primer programa. Pero ten&iacute;a algo especial y lo elegimos grande para siempre&rdquo;.
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            </figure><p class="article-text">
        Cuando ten&iacute;a ya asiento reservado en el vag&oacute;n de los cantautores, Carlos Cano llen&oacute; de dignidad un g&eacute;nero que el franquismo hab&iacute;a llenado de caspa. En un reportaje para televisi&oacute;n, Martirio comenta que la copla se puede hacer tambi&eacute;n como Carlos Cano, &ldquo;vestido de negro, austero, con un sentido dram&aacute;tico y de teatro casi alem&aacute;n&rdquo;. Con esta copla ba&ntilde;ada de fado el granadino rindi&oacute; homenaje a su admirada Amalia Rodrigues.
    </p><p class="article-text">
        <em>Mar&iacute;a la Portuguesa</em> le convirti&oacute; en cantante universal, pero a muchos les cost&oacute; entender el giro. Juan de Loxa confiesa entre risas que a &eacute;l, que le descubri&oacute; discos que iban de Billie Holliday a La Ni&ntilde;a de los Peines, de Manolo Caracol a Janis Joplin, aquello le desconcert&oacute;: <strong>&ldquo;Co&ntilde;o, Carlos, yo te he puesto coplas, pero &iexcl;ya est&aacute; bien! Tanta copla te la pod&iacute;as haber ahorrado&rdquo;</strong>, le dec&iacute;a. &ldquo;&Eacute;l, que se hab&iacute;a cachondeado con aquello de que la embajada cultural enviaba a Manolo Escobar&hellip;&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Ense&ntilde;o los dientes y muerdo los cuchillos de la utop&iacute;a&rdquo;: 'Defender Andaluc&iacute;a'</h3><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Por eso hoy, mientras espero vigilante en el horizonte a que lleguen los b&aacute;rbaros que acaben pronto con este tiempo narcotizado, ense&ntilde;o los dientes y muerdo los cuchillos de la utop&iacute;a. Y pongo alas a mi coraz&oacute;n por el cielo radical y luminoso del futuro. Para luchar contra el pasado y sus s&iacute;mbolos. Contra su expresi&oacute;n y su cultura con la fuerza tel&uacute;rica de la noche y el extra&ntilde;o poder del amor que hace girar el mundo.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        En 1995 Carlos Cano muri&oacute; y volvi&oacute; a nacer, y dijo entonces aquello de &ldquo;Yo nac&iacute; en Nueva York, provincia de Gran&aacute;&rdquo;. &ldquo;Fue un reencuentro con su persona. Creo que a partir de all&iacute; quiso hacer algo nuevo con incluso m&aacute;s vitalidad&rdquo;, recuerda en <em>El Mapa de Carlos </em>el cardi&oacute;logo Valent&iacute;n Fuster, que lo oper&oacute; a vida o muerte en el Mount Sina&iacute;. Cuando le pregunt&oacute; qu&eacute; deb&iacute;a hacer a partir de entonces, Fuster le dijo: &ldquo;Mira, si no puedes ser feliz, por lo menos procura serlo&rdquo;. <strong>&ldquo;Yo me morir&eacute; vivo&rdquo;</strong>, hab&iacute;a dicho &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        La muerte le encontr&oacute; de nuevo a las puertas de la Navidad del a&ntilde;o 2000. &iquest;Qu&eacute; qued&oacute;? <a href="https://es-es.facebook.com/salustianos.tributo.carlos.cano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los Salustianos</a> son Javier Cachorro y Marcos Pe&ntilde;alosa, y llevan una pila de a&ntilde;os homenajeando al cantautor. &ldquo;Yo he cantado Carlos Cano toda la vida, desde que ten&iacute;a tres a&ntilde;os&rdquo;, matiza Cachorro. Para &eacute;l, es &ldquo;lucha, compromiso, educaci&oacute;n, elegancia y mucho doble sentido e iron&iacute;a&rdquo;; para Pe&ntilde;alosa, la &ldquo;vertebraci&oacute;n&rdquo; de Andaluc&iacute;a &ldquo;popular, que no populista&rdquo;. Ambos responden minutos antes de un concierto en la playa de la Cortadura, en C&aacute;diz, donde les aplauden hasta en las pruebas de sonido. C&aacute;diz, El Saucejo, Trebujena, Marinaleda son plazas seguras.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es todo as&iacute;. Pe&ntilde;alosa cree que sigue siendo &ldquo;una figura inc&oacute;moda para la oficialidad andalucista&rdquo;. &ldquo;Se quiere vender una marca folcl&oacute;rica, de pastiche y pl&aacute;stico, en la que Carlos Cano no tiene cabida. <strong>Es identidad andaluza 101% y eso no interesa, porque vertebra la conciencia de un pueblo&rdquo;</strong>, a&ntilde;ade. Cachorro cita a otro gaditano ilustre, Juan Carlos Arag&oacute;n: &ldquo;Es el servilismo mam&oacute;n de las marmotas de Andaluc&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A Carlos nunca dej&oacute; de dolerle Andaluc&iacute;a. En su &uacute;ltima entrevista le dijo a Quintero: <strong>&ldquo;Hemos vuelto a los t&oacute;picos de siempre: la charanga, la pandereta, la falsa alegr&iacute;a, no me gusta. Hay una Andaluc&iacute;a inteligente, profunda, que me gusta mucho.</strong> Probablemente la que menos baila, la que m&aacute;s piensa, la que m&aacute;s siente, me gusta&rdquo;. Con Carlos Cano se perdi&oacute; un cr&iacute;tico implacable e insobornable, ajeno a cualquier trinchera que no fuera la de los andaluces y andaluzas. <strong>&ldquo;Yo siempre combato a favor de la vida. No soy un revolucionario, soy un rebelde. No lucho por convicciones, sino por sentimientos &rdquo;</strong>, se defini&oacute; una vez.
    </p><p class="article-text">
        El 4 de diciembre de 1993, Carlos Cano lanz&oacute; su manifiesto Defender Andaluc&iacute;a, que concluye as&iacute;: &ldquo;Por eso yo levanto la bandera de mi pueblo. Por eso yo pronuncio el nombre hermoso de mi tierra. Y espero y deseo que las nuevas generaciones, con el poder que da la vida, recuperen los ritmos, la emoci&oacute;n, el arte y el firmamento. Y los arrojen contra este mundo que se derrumba y desaparece en propio fracaso y en la memoria de los tiempos para siempre.
    </p><p class="article-text">
        El pasado ya no existe. Hablemos s&oacute;lo de su cad&aacute;ver.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;VIVA ANDALUC&Iacute;A LIBRE!&ldquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/carlos-cano-rebelde-sonaba-canciones_132_3221884.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Aug 2017 17:32:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carlos Cano: el rebelde que soñaba canciones]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salvador Távora, el dolor de ser andaluz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/salvador-tavora-dolor-andaluz_132_3247607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aaaebf7f-deeb-40ea-8f5b-a376b002a698_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salvador Távora, el dolor de ser andaluz"></p><p class="article-text">
        Recuerda emocionado Salvador T&aacute;vora (Sevilla, 1934) una primera vez decisiva. Fue un estreno, un debut que nada tendr&iacute;a que ver con su condici&oacute;n de dramaturgo, de director de la compa&ntilde;&iacute;a de teatro La Cuadra, la que vendr&iacute;a a revolucionar, en la d&eacute;cada de los 70, las artes esc&eacute;nicas nacionales aunando la cultura popular andaluza con el cosmopolitismo de las vanguardias del siglo XX. Era una primera vez que tendr&iacute;a que ver con su compromiso social y pol&iacute;tico, el de depositar su voto &ldquo;blanco y verde&rdquo; en una urna. Era 1979 y ya estaba abierta la puerta a la Democracia en Espa&ntilde;a. &ldquo;Mi teatro no hace andalucismo. Intenta hacer Andaluc&iacute;a&rdquo;, contaba ya entonces a los medios de comunicaci&oacute;n el dramaturgo y el poeta, el ni&ntilde;o proletario, obrero en las f&aacute;bricas textiles de Hytasa, torero fugaz y cantaor breve, el hombre que ha llenado los teatros m&aacute;s importantes del mundo.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a se abrieron las ventanas, como dec&iacute;amos, en los primeros a&ntilde;os de vida de La Cuadra y comenz&oacute; a entrar el aire regenerador de la libertad. Por primera vez en cuarenta a&ntilde;os los espa&ntilde;oles fueron a votar. Primero la Constituci&oacute;n, y m&aacute;s tarde, en ese imborrable primero de marzo de 1979, las elecciones democr&aacute;ticas al Parlamento espa&ntilde;ol, que dieron la victoria a Adolfo Su&aacute;rez. &ldquo;La gente hab&iacute;a dejado de escuchar Radio Pirenaica, y en plena campa&ntilde;a electoral para las primeras elecciones municipales, que ten&iacute;an que celebrarse el 3 de abril, Salvador T&aacute;vora, en Bruselas, trabajaba con gentes de la emigraci&oacute;n para representar su montaje <em>Andaluc&iacute;a Amarga</em>, que se estrenar&iacute;a el 25 de abril de 1979 en el II Festival de Kaaitheater Chapelle des Brigittines de Bruselas&rdquo;, recuerda la escritora sevillana Eva D&iacute;az P&eacute;rez, bi&oacute;grafa del dramaturgo en el vibrante relato que es el libro <em>Salvador T&aacute;vora. El sentimiento tr&aacute;gico de Andaluc&iacute;a</em> (Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Manuel Lara).
    </p><p class="article-text">
        Con esa premisa, ese hondo sentimiento pol&iacute;tico transido de Andaluc&iacute;a, se ha acercado siempre T&aacute;vora, no s&oacute;lo a las urnas, sino a la vida y, sobre todo, al arte. Recuerda tambi&eacute;n T&aacute;vora esos d&iacute;as a los que se refiere la escritora: &ldquo;Parec&iacute;a que ya no iba a tener sentido hablar de una Andaluc&iacute;a con dolor, pero no era as&iacute;. Est&aacute;bamos s&oacute;lo en el punto de partida porque hab&iacute;a una gran parte de Andaluc&iacute;a que a&uacute;n estaba fuera: la emigraci&oacute;n. Yo cre&iacute; que los motivos de la contestaci&oacute;n en el arte no iban a llegar con la llegada de la Democracia, ni tampoco de las elecciones&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Y as&iacute;, mientras en la Sevilla natal de T&aacute;vora los pactos postelectorales hab&iacute;an dado la primera alcald&iacute;a constitucional al andalucista Luis Uru&ntilde;uela, el dramaturgo se encontr&oacute; con una emigraci&oacute;n andaluza en B&eacute;lgica completamente desconectada de la realidad de la tierra y &ldquo;supo con certeza que todo lo andaluz hab&iacute;a que reivindicarlo&rdquo;, escribe D&iacute;az P&eacute;rez.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Era el momento de Andaluc&iacute;a, porque nuestra tierra es un lugar m&aacute;s cercano a la tragedia de Picasso y Juan Ram&oacute;n que al talante quinteriano que nos hab&iacute;an hecho aceptar&rdquo;, rememora el propio T&aacute;vora. De este modo, los s&iacute;mbolos andaluces comienzan a emerger como algo natural en &lsquo;Andaluc&iacute;a amarga&rsquo; y, a partir de ah&iacute;, en toda la obra de Salvador T&aacute;vora: los placeres terrenales, las luces y los olores, las m&uacute;sicas -introduce las marchas de Semana Santa-&hellip;. En las m&iacute;ticas &lsquo;Los Palos&rsquo;, &lsquo;Quej&iacute;o&rsquo;, &lsquo;Herramientas&rsquo;, &lsquo;Andaluc&iacute;a Amarga&rsquo; o &lsquo;Nanas de espinas&rsquo; -siguiendo un orden estrictamente cronol&oacute;gico-, T&aacute;vora ha condensado la po&eacute;tica de su vida y su sentido del arte. Tambi&eacute;n su ideario andaluz. &lsquo;Quej&iacute;o&rsquo;, por ejemplo, la dolorosa antesala de &lsquo;Andaluc&iacute;a Amarga&rsquo;, es un espect&aacute;culo donde en palabras del propio T&aacute;vora, &ldquo;se ol&iacute;a a Andaluc&iacute;a&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Intuititivo y autodidacta</h3><p class="article-text">
        En esos a&ntilde;os, Salvador T&aacute;vora hab&iacute;a construido ya el discurso que le ha acompa&ntilde;ado hasta hoy, y que sorprendi&oacute; a los cr&iacute;ticos m&aacute;s especializados, a las gentes de la cultura en Andaluc&iacute;a y a la intelectualidad y la resistencia pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, sobre todo porque lo hab&iacute;a hecho de una manera intuitiva y autodidacta: &ldquo;Lo que T&aacute;vora hab&iacute;a hecho era resolver el conflicto de la modernidad, encontrar en el camino propuesto por la vanguardia, un sendero para dignificar lo andaluz&rdquo;, relata la autora del libro, escrito al alim&oacute;n con la tambi&eacute;n veterana periodista Marta Carrasco.
    </p><p class="article-text">
        Carrasco ha sido, precisamente, una de las periodistas m&aacute;s cercanas a T&aacute;vora desde sus inicios. Se le deben descubrimientos como el nacimiento del dramaturgo en el c&eacute;ntrico barrio de San Lorenzo -y no en El Cerro, a d&oacute;nde se mudar&iacute;a siendo a&uacute;n muy ni&ntilde;o-. &ldquo;Era la &eacute;poca en la que el Tamarguillo se desbordaba y en su casa -los vestuarios de una piscina p&uacute;blica- ten&iacute;an que subir los muebles a la segunda planta&rdquo;. Estaba condenado a tener una existencia obrera nuestro personaje, y sin embargo, fuerza su destino gracias al &ldquo;noble oficio de c&oacute;mico&rdquo;. Vivir de cerca a T&aacute;vora, una mezcla, dice Marta Carrasco, &ldquo;de pensamiento e intuci&oacute;n&rdquo;, ha sido &ldquo;un descubrimiento diario de pasi&oacute;n por la vida. Cuando en 1979 vi su primera obra descubr&iacute;, no s&oacute;lo todo lo que hab&iacute;a cambiado Andaluc&iacute;a, sino el trabajo que a&uacute;n quedaba por hacer... Y ah&iacute; ha estado siempre la obra de Salvador&rdquo;, explica la periodista.
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        Hablar de Salvador T&aacute;vora es, pues, hablar de la voluntad y la pasi&oacute;n con la que se ha aferrado siempre a la vida. Desde su adolescencia como obrero en los talleres mec&aacute;nicos de una f&aacute;brica de tejidos en su barrio del Cerro del &Aacute;guila, a su compromiso con el cante y con su tierra. As&iacute; lo recuerda Jos&eacute; Monle&oacute;n, el hombre por excelencia del teatro en nuestro pa&iacute;s, a quien conoci&oacute; en tiempos de censura, &ldquo;cuando ten&iacute;amos que utilizar un mito griego para hablar de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica de la Espa&ntilde;a en la que viv&iacute;amos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Conoci&oacute; Monle&oacute;n a T&aacute;vora cuando a&uacute;n quedaban en &eacute;l retazos de ese ni&ntilde;o criado en medio de la injusticia y la miseria que se acumulaba tras el cauce del arroyo Tamarguillo, en el arrabal del Cerro, donde los fandangos comprometidos del Bizco Amate se confund&iacute;an con los ta&ntilde;idos mec&aacute;nicos de la f&aacute;brica de Hytasa donde aprendi&oacute; el oficio de soldador. Ese ni&ntilde;o dolido por la sole&aacute; de El Papero aprende del flamenco su funci&oacute;n social, la protesta de la Andaluc&iacute;a malvendida y falseada en los tablaos. Tambi&eacute;n en El Cerro satisface su afici&oacute;n a vivir al l&iacute;mite saltando por las noches la tapia del vecino matadero municipal y, apadrinado por Rafael G&oacute;mez &lsquo;El Gallo&rsquo;, consigue llegar a matador de novillos. Fue ah&iacute; donde aprendi&oacute; que el riesgo y el arte hacen una perfecta combinaci&oacute;n que luego se reflejar&iacute;a, para siempre, en su lenguaje teatral.
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                </figure><h3 class="article-text">Recorrer el mundo, volver al Cerro</h3><p class="article-text">
        Pero la vigencia del discurso de La Cuadra no ha perdido un &aacute;pice de actualidad, a pesar de haberse aplacado esa Andaluc&iacute;a convulsa que sali&oacute; a la calle para pedir igualdad el 4 de diciembre de 1977. De pasear grandes &eacute;xitos por teatros de medio mundo -todos recordamos que el 11-S le sorprendi&oacute; estrenando &lsquo;Carmen&rsquo; en Nueva York-, ha regresado T&aacute;vora al Cerro, el barrio obrero donde se molde&oacute; el ni&ntilde;o proletario y el artista. Y desde esta humilde atalaya, sigue cosechando premios. Los &uacute;ltimos, tan simb&oacute;licos como condensadores de la personalidad del hombre que, como Villal&oacute;n, so&ntilde;aba con toros de ojos verde Andaluc&iacute;a: el premio Garc&iacute;a Caparr&oacute;s -germen del esp&iacute;ritu del 4-D- por el tes&oacute;n en su defensa de la autonom&iacute;a andaluza y la transformaci&oacute;n social de nuestra tierra; y el Premio Max de Honor a su contribuci&oacute;n a las artes esc&eacute;nicas de este pa&iacute;s.
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        A sus 83 a&ntilde;os, T&aacute;vora es hoy una leyenda del teatro en Espa&ntilde;a, una expresi&oacute;n cultural &ldquo;que refleja lo que eres. El teatro es una prolongaci&oacute;n de los deseos de la persona, una reescritura de la historia, un ejercicio de memoria&rdquo;, nos convence el dramaturgo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amalia Bulnes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/salvador-tavora-dolor-andaluz_132_3247607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Aug 2017 18:38:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Salvador Távora, el dolor de ser andaluz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Teatro,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Antonio Lacomba: al andalucismo a través de la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/juan-antonio-lacomba-andalucismo-historia_132_3269631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf43421d-57c0-43f9-9514-81e7d598b09b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juan Antonio Lacomba: al andalucismo a través de la historia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Andaluz de "voluntad", el historiador encontró en la investigación la mejor forma de rendir servicio a la sociedad que lo acogió</p><p class="subtitle">Desconocedor de la figura de Blas Infante cuando llegó a Málaga, se convirtió en uno de sus principales estudiosos.</p><p class="subtitle">Lacomba era de un andalucismo "sólido y de documentos"</p><p class="subtitle">Estuvo entre los pioneros de la facultad de Economía y del Ateneo de Málaga, un revulsivo para la cultura chata y capada del tardofranquismo</p></div><p class="article-text">
        Como si los andaluces tambi&eacute;n pudi&eacute;ramos nacer donde queremos, <strong>Juan Antonio Lacomba</strong> (Chella, Valencia, 1938-M&aacute;laga, 2017) repet&iacute;a que &eacute;l era <strong>andaluz &ldquo;de voluntad&rdquo;</strong> y que no encontraba mejor manera de serlo que trabajando por la sociedad que lo acogi&oacute;. La frase perfila al personaje. Lacomba fue un andaluz nacido en Valencia que rindi&oacute; el mejor servicio a su tierra de acogida: dedic&oacute; la vida a investigar su historia econ&oacute;mica y social. Una vez vino a M&aacute;laga y se qued&oacute; para siempre a estudiar. <strong>&ldquo;Como soy mediterr&aacute;neo, me qued&eacute; aqu&iacute;&rdquo;</strong>, dec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Se hab&iacute;a doctorado en Historia con una tesis sobre la crisis de 1917 en Espa&ntilde;a, presentada en la Universidad de Valencia. All&iacute; aprendi&oacute; de <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Jover</strong> que lo principal en la Historia son las fuentes. Algo debi&oacute; de ver el r&eacute;gimen en aquel trabajo que censur&oacute; la tesis. A&ntilde;os despu&eacute;s, un profesor de la Universidad de M&aacute;laga intervino ante <strong>P&iacute;o Cabanillas,</strong> y un nuevo censor dio v&iacute;a libre. Lacomba nunca supo por qu&eacute; lo que hab&iacute;a sido &ldquo;no publicable&rdquo; se hizo v&aacute;lido. As&iacute; funcionaban las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Lacomba encontr&oacute; Andaluc&iacute;a en 1966 y enseguida hall&oacute; su manera de ser andaluz: estudi&oacute; a fondo los procesos de industrializaci&oacute;n y desindustrializaci&oacute;n de M&aacute;laga, entonces por explicar, y ah&iacute; encontr&oacute; claves que luego aplicar&iacute;a al conjunto de Andaluc&iacute;a. &ldquo;Se levant&oacute; una industria de vanguardia sobre una sociedad muy atrasada y eso no ajustaba&rdquo;, dec&iacute;a de las f&aacute;bricas malague&ntilde;as de textiles, de las fundiciones y herrer&iacute;as, todas truncadas con el siglo XX, en una entrevista para el <a href="https://www.centrodeestudiosandaluces.es/index.php?mod=publicaciones&amp;cat=23&amp;id=2684&amp;idm=" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">n&uacute;mero 39 de la revista Andaluc&iacute;a en la Historia</a>. &ldquo;La modernizaci&oacute;n social es un proceso muy complicado y largo de desarrollar. <strong>En Andaluc&iacute;a se comenz&oacute; la casa por el tejado, por eso se vino abajo&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l cre&iacute;a que no se puede conocer la historia de Espa&ntilde;a sin conocer la de sus territorios, y en ese di&aacute;logo ofrece su visi&oacute;n amarga de la Historia de Andaluc&iacute;a, &ldquo;ni peor ni distinta&rdquo; a la espa&ntilde;ola. Es la de un atraso con beneficiarios, basado en un <strong>&ldquo;sistema de dominaci&oacute;n caciquil&rdquo; que dedic&oacute; sus recursos a mantener una mano de obra &ldquo;barata y d&oacute;cil&rdquo;.</strong>
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                </figure><p class="article-text">
        Historiador de andalucismo &ldquo;s&oacute;lido y de documentos&rdquo; (en decir del profesor<strong> Juan Ram&oacute;n Cuadrado-Roura</strong>, amigo y compa&ntilde;ero), ten&iacute;a que encontrarse m&aacute;s pronto que tarde con el andalucista de la pasi&oacute;n y las ideas. Llama la atenci&oacute;n que Lacomba no supiera de Blas Infante hasta que lleg&oacute; a esta tierra, como confes&oacute; en alguna ocasi&oacute;n. Remedi&oacute; pronto esa laguna y acab&oacute; estando entre quienes mejor lo conocieron, como demuestra su obra <em>Blas Infante. La forja de un ideal andaluz </em>(1979). Menos conocidas fuera del &aacute;mbito acad&eacute;mico, pero de igual valor, son sus aportaciones a la Revista de Estudios Regionales, para la que rescat&oacute; textos y documentos con los que comprender los or&iacute;genes del autonomismo andaluz. Becado por la Caja General de Ahorros de Granada, Lacomba los busc&oacute; de archivo en archivo, entrevista a entrevista, trabajando a fondo las fuentes.
    </p><p class="article-text">
        El estudio de Blas Infante y el conocimiento profundo de Andaluc&iacute;a acabaron trazando el camino al andalucismo de acci&oacute;n. <strong>En 1982 acept&oacute; ponerse al frente de la Direcci&oacute;n General de Patrimonio Hist&oacute;rico y Art&iacute;stico de la Junta de Andaluc&iacute;a</strong>, desde donde dio la batalla por <a href="http://elpais.com/diario/1983/04/05/espana/418341619_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que la gesti&oacute;n de La Alhambra fuera andaluza</a>. &ldquo;Ten&iacute;a que demostrar que no s&oacute;lo teorizaba, sino que actuaba&rdquo;, dice en una <a href="http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2011/01/16/juan-antonio-lacomba-avellan-andalucista-valencia/394822.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista con La Opini&oacute;n de M&aacute;laga</a>, en 2011.
    </p><p class="article-text">
        Refractario a militancias en todo lo que no fuera el f&uacute;tbol, fue una de sus pocas concesiones  a la pol&iacute;tica de partidos. Hab&iacute;a en Lacomba un respeto demasiado profundo por su libertad. As&iacute; lo expresa en una <a href="https://www.youtube.com/watch?v=G7grBYf1Zkg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista para el programa Tesis, de Canal Sur</a>: &ldquo;Por lo que hay que luchar fundamentalmente es por ser libre (&hellip;) Soy yo. Que no me coarte la pertenencia a un partido, una sociedad o un grupo&rdquo;. &ldquo;Daba todo por ser libre y le repugnaba tener que hacer o decir por ser de un partido. Creo que no quiso perder la independencia que le daba ser profesor&rdquo;, recuerda hoy <strong>Cuadrado-Roura.</strong>
    </p><h3 class="article-text">Los comienzos de la facultad de Econ&oacute;micas y la pasi&oacute;n por el Ateneo</h3><p class="article-text">
        Apasionado de la docencia y la investigaci&oacute;n, trabajador incansable, Lacomba fue primero profesor de instituto aunque encontr&oacute; acomodo r&aacute;pido en la reci&eacute;n creada facultad de Econ&oacute;micas, por entonces dependiente de la Universidad de Granada. Al tiempo, estuvo entre aquel grupo fundador del Ateneo que celebraba sus reuniones en un peque&ntilde;o piso de Plaza del Obispo. A finales de los sesenta, la ciudad estaba yerma de instituciones culturales. Con el Ateneo, los intelectuales de entonces deslegitimaban culturalmente la dictadura y mostraban &ldquo;frente a una cultura fracasada, los aires de la modernidad cultural&rdquo;, en palabras del profesor <strong>Fernando Arcas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        De aquella &eacute;poca quedan numerosas muestras documentales de que el franquismo no le quitaba ojo. &ldquo;Por los anuncios o t&iacute;tulos de las conferencias o disertaciones no se puede formar juicio de c&oacute;mo pueden ser &eacute;stas en cuanto a intencionalidad, pero es el caso que <strong>con mucha frecuencia los conferenciantes se pasan de rosca, y su intervenci&oacute;n es m&aacute;s bien que una ilustraci&oacute;n cultural o cient&iacute;fica, una ir&oacute;nica y refinada cr&iacute;tica de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica nacional&rdquo;</strong>, dice un informe del Servicio de Informaci&oacute;n, reproducido en el n&uacute;mero 22 de la revista Ateneo Nuevo Siglo. Ya en los 80, Lacomba presidi&oacute; la instituci&oacute;n con la idea de &ldquo;que no se pareciera a un casino de pueblo&rdquo;, tal y como le gustaba decir. En 2016, Lacomba fue nombrado Presidente de Honor, sustituyendo al Rey em&eacute;rito, por el 50 aniversario de la instituci&oacute;n. 
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        Fue eso y tantas otras cosas: autor de numerosos libros, muchos de los cuales trascendieron el &aacute;mbito acad&eacute;mico, profesor, investigador, poeta de juventud, colaborador de revistas especializadas y medios generalistas (singularmente <em>El Sol de Espa&ntilde;a</em>), impulsor de la secci&oacute;n local de Amnist&iacute;a Internacional y de diversas asociaciones, Medalla de Andaluc&iacute;a en 2006 y apasionado del f&uacute;tbol, la paella y la tertulia. O apasionado en general, dice su hija <strong>Beatriz,</strong> que lo recuerda disfrutar de cada actividad, siempre trabajando y leyendo &ldquo;para poder hablar&rdquo;: <strong>&ldquo;&Eacute;l quer&iacute;a saber&rdquo;</strong>. Recuerda tambi&eacute;n que le encantaba estudiar, y que invert&iacute;a mucho tiempo en preparar sus clases. Por eso aprendi&oacute; a hacer del trabajo su vida: &ldquo;Mi padre era una persona que no entend&iacute;a el estudio y el trabajo sin el esfuerzo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, a Lacomba le dol&iacute;a Andaluc&iacute;a y por ende, un poco Espa&ntilde;a. Abundan sus declaraciones quejosas, desenga&ntilde;ado como estaba de cierta evoluci&oacute;n del Estado de las autonom&iacute;as, en el que tanto hab&iacute;a cre&iacute;do. Lo que m&aacute;s se quiso siempre duele m&aacute;s. Ve&iacute;a a Andaluc&iacute;a estancada, varada en la arena del atraso secular. Con todo, hay un resquicio a la esperanza. &ldquo;El estudio de la historia nos ense&ntilde;a que la realidad no se cambia de golpe&rdquo;, dej&oacute; dicho en una entrevista en televisi&oacute;n: &ldquo;A un andaluz le dir&iacute;a que tomara conciencia de ser andaluz. Segundo, que se educara fuertemente. Tercero, que su participaci&oacute;n en la vida andaluza fuera pensando en los andaluces: <strong>que su esfuerzo fuera dirigido al bien de la comunidad</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lacomba, andaluz porque quiso, tuvo claro que la &uacute;nica manera que &eacute;l ten&iacute;a de serlo era trabajar. <strong>&ldquo;Si quer&iacute;a ser andaluz, sab&iacute;a que entre sus deberes estaba conocer su historia&rdquo;</strong>, explica su hija Beatriz. Dicen los que le conocen que sigui&oacute; con sus papeles de historiador hasta el final, porque aquello no era s&oacute;lo un trabajo o una obligaci&oacute;n, sino su manera de ser andaluz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/juan-antonio-lacomba-andalucismo-historia_132_3269631.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2017 17:37:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Juan Antonio Lacomba: al andalucismo a través de la historia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Gala: Viva Andalucía Viva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/antonio-gala-viva-andalucia_132_3320512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con motivo de la celebración del 40º aniversario de las manifestaciones del 4 de diciembre, Eldiario.es/andalucia inaugura con el autor cordobés una serie de perfiles de andaluces y andaluzas ilustres cuya voz y cuyo compromiso fueron fundamentales en la construcción del ideario andaluz que alumbró el proceso autonómico</p></div><p class="article-text">
        Asegura su secretario personal que &ldquo;hablar de Andaluc&iacute;a es lo que m&aacute;s le puede gustar a don Antonio&rdquo;. Es una conversaci&oacute;n tan breve como ceremoniosa, cargada de bellos formalismos y gestos de cortes&iacute;a que sorprenden en este tiempo de postverdad donde la correcci&oacute;n pol&iacute;tica no se corresponde, parad&oacute;jicamente, con las normas de educaci&oacute;n que ordenan y dan sentido al entorno del escritor. &ldquo;El se&ntilde;or Gala est&aacute; pr&aacute;cticamente retirado de la vida p&uacute;blica&rdquo;, prosigue, amable, el asistente del autor andaluz m&aacute;s le&iacute;do de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, para explicar su silencio ante los requerimientos que nunca cesan en torno a su compleja personalidad: una figura sin duda poli&eacute;drica de la que hoy destacamos uno de sus planos quiz&aacute;s menos transitados, <strong>su andalucismo militante.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque, si bien ahora Gala ha recuperado ese esp&iacute;ritu silente del que fuera Cartujo durante un breve periodo de su vida, no siempre fue as&iacute;. Su compromiso c&iacute;vico, su voz cr&iacute;tica y su conciencia social, apegada a la tierra, convierten a este cordob&eacute;s nacido en Brazatortas (Ciudad Real) en uno de los autores m&aacute;s completos e inabarcables de su generaci&oacute;n. Poeta, dramaturgo, novelista, ensayista, articulista, guionista de cine y televisio&#769;n, y, adema&#769;s, personaje pu&#769;blico que con la pluma como afilado estilete se ha convertido tambi&eacute;n en un <strong>agitador social y un fustigador de conciencias</strong> desde todas las tribunas medi&aacute;ticas a las que se ha asomado durante los &uacute;ltimos sesenta a&ntilde;os.
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                </figure><p class="article-text">
         De Antonio Gala no s&oacute;lo debe conocerse su obra literaria: la popularidad de sus novelas, la carga er&oacute;tica de su poes&iacute;a amorosa y el &eacute;xito de sus piezas teatrales; sino que ahora que se acerca el 40&ordm; aniversario de aquel trascendental 4 de Diciembre andaluz, es un acto de justicia arrojar luz sobre <strong>el Antonio Gala m&aacute;s combativo, el de la responsabilidad social y el activismo pol&iacute;tico.</strong> &ldquo;A veces olvidamos su perfil c&iacute;vico, su firme compromiso ciudadano a favor de las libertades, de los derechos civiles de Andaluc&iacute;a, de cuya bandera auton&oacute;mica form&oacute; parte desde mucho antes de que existiera la autonom&iacute;a, cuando a nuestra comunidad se le negaba incluso el derecho a ser por s&iacute;, por Espa&ntilde;a y por la humanidad&rdquo;, escrib&iacute;a hace un a&ntilde;o el periodista<strong> Juan Jos&eacute; T&eacute;llez</strong> como director del Centro Andaluz de las Letras, instituci&oacute;n que eligi&oacute; al cordob&eacute;s como Autor Andaluz del A&ntilde;o en 2016.
    </p><p class="article-text">
        En esto coincide Jos&eacute; Infante, gran conocedor del intelectual y del hombre, faceta esta &uacute;ltima que Gala se ha reservado para el disfrute de solo unos pocos elegidos. Desde su irrupci&oacute;n en el panorama literario del pa&iacute;s en 1959, cuando se le concede el Premio Adona&#769;is, Espa&ntilde;a descubre &ldquo;a un escritor que habri&#769;a de convertirse en una de las personalidades literarias ma&#769;s destacadas de la segunda mitad del siglo pasado, un decidido renovador del teatro y un hombre pu&#769;blico que con su controvertida personalidad ha trascendido el terreno natural y minoritario de los literatos hasta llegar a convertirse en un feno&#769;meno sociolo&#769;gico. Porque en el caso de Antonio Gala, ese feno&#769;meno le ha acompan&#771;ado en gran parte de su carrera literaria y le ha supuesto un grado de popularidad infrecuente en un escritor en nuestro pai&#769;s&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Viva Andaluc&iacute;a viva</h3><p class="article-text">
        <strong>Viva Andaluc&iacute;a viva</strong>Dentro de este gusto reivindicativo &ldquo;que ha criticado siempre a unos y a otros&rdquo;, y que ha creado opini&oacute;n con una extraordinaria lucidez, es clave y fundamental su defensa de los ideales andaluces y andalucistas. Su &ldquo;testamento andaluz&rdquo; -nombre adem&aacute;s de un poemario musicado en 1994 por Manolo Sanl&uacute;car- podr&iacute;a resumirse en un discurso que, casi cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, es historia viva de Andaluc&iacute;a, y que es un prodigio de clarividencia, justicia hist&oacute;rica y belleza formal.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de su c&eacute;lebre conferencia de inauguraci&oacute;n del Congreso de Cultura Andaluza que se celebr&oacute; en la Mezquita de C&oacute;rdoba el 2 de abril de 1978, tan vigente en muchos de sus p&aacute;rrafos y que termin&oacute; con ese m&iacute;tico &lsquo;Viva Andaluc&iacute;a viva&rsquo; que pronto se convirti&oacute; en el clamor con el que la comunidad se reivindic&oacute; a Espa&ntilde;a y al mundo.
    </p><p class="article-text">
        Al pasear por los paisajes sentimentales de este discurso y sus zonas de reivindicaci&oacute;n y denuncia, uno descubre que <strong>Antonio Gala &ldquo;eligi&oacute; Andaluc&iacute;a como patria profunda</strong> y, al mismo tiempo, se situ&oacute; en el mismo plano que cuatro siglos antes escogiese Miguel de Cervantes, el del ras de suelo, el de abajo, el de aquel que escribe en la complicidad de quienes nunca tuvieron voz en las tribunas del poder absoluto&rdquo;, asegura en un emotivo art&iacute;culo el director del CAL.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos como ejemplo algunos de los pasajes m&aacute;s brillantes:
    </p><p class="article-text">
        <em>Andaluc&iacute;a se halla largamente cansada de no recibir respuesta a sus entregas de ahorro, de mano de obra, de consumo, de infinita paciencia; cansada de enriquecer, con su emigraci&oacute;n y su turismo, al com&uacute;n del pa&iacute;s, sin que tomen en serio sus problemas; cansada de que, como ella es tan fulera y tan dada a las vanas palabras, se le quiera curar el c&aacute;ncer con aspirina y con mercurocromo. Andaluc&iacute;a est&aacute; cansada de premeditados desaciertos. Cansada de ser desde hace siglos tierra de conquista que se reparten los conquistadores o colonia que explotan los de fuera d&aacute;ndoles un pirul&iacute; condesci&eacute;ndete a los hijos de los colonizados. Andaluc&iacute;a es, s&iacute;, la &ldquo;Bella Durmiente&rdquo;. Pero una &ldquo;Bella Durmiente&rdquo; se muere o se despierta. Son demasiados a&ntilde;os los que lleva dormida; demasiados, los que lleva aguardando ese beso de amor, justamente lo contrario de lo que ha recibido. Y el despertar sin vueltas ha de suceder &iexcl;ya! &iexcl;Ya ha sucedido! Yo he apoyado mi o&iacute;do en el coraz&oacute;n de nuestras gentes y s&eacute; que late con alarmante irritaci&oacute;n. Yo conozco a mi pueblo, porque le pertenezco y &eacute;l me asume, y se que est&aacute; muy harto, que le duele la cal de los huesos de ver a la que ama mal vestida y hambrienta, con lo tibia, lo hermosa y bien dotada que lo hizo Dios un d&iacute;a.</em>
    </p><p class="article-text">
        O bien:
    </p><p class="article-text">
        <em>Andaluc&iacute;a hoy, esta misma tarde, se est&aacute; poniendo en pie para que sus reivindicaciones no sean m&aacute;s postergadas, ni sea desatendida su agon&iacute;a. Para que cuanto dio a Espa&ntilde;a, no ya en su historia, lo que es inconmensurable, sino ayer mismo, se tase con justicia. Para demostrar que su destino no es suplicar que la desarrollen, sino conseguir que la dejen desarrollarse sola. Andaluc&iacute;a hoy se est&aacute; poniendo en pie no para reclamar atrasos de cuentas impagadas ni esperar que le abonen intereses de pr&eacute;stamos, sino para comparecer con voz y voto en la reestructuraci&oacute;n compleja de la patria, en la mudanza de posiciones desiguales entre regiones que tantos siglos, juntas, han conformado este caj&oacute;n de sastre que se llama Espa&ntilde;a. Porque a pesar de todo, Andaluc&iacute;a no es partidaria de los separatismos, sino de las rec&iacute;procamente respetadas y respetables autonom&iacute;as. </em><strong>Andaluc&iacute;a hoy, </strong><strong> se est&aacute; poniendo en pie para que sus reivindicaciones no sean m&aacute;s postergadas, ni sea desatendida su agon&iacute;a.</strong>
    </p><h3 class="article-text">Gala, periodista</h3><p class="article-text">
        <strong>Gala, periodista</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         A este texto -que deber&iacute;a ser lectura obligatoria en nuestro sistema educativo-, por cuanto supone de resumen de lo que fueron los andaluces y lo que aspiran a ser, as&iacute; como de retrato de un momento hist&oacute;rico absolutamente clave en la construcci&oacute;n del ideario andaluz sobre el que se ha levantado la comunidad aut&oacute;noma, se suma tambi&eacute;n la intensa actividad period&iacute;stica de Antonio Gala. Aqu&iacute; encontramos al Gala que no ha dejado de defender los intereses de Andaluc&iacute;a, siempre desde la b&uacute;squeda de la belleza a trav&eacute;s de la palabra, pero tambi&eacute;n en su vertiente m&aacute;s lenguaraz, la que le hace hablar sin ambages ni eufemismos. El autor sabe que su fuerza le viene del contacto con la tierra y con sus gentes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gala ha escrito mucho sobre Andaluc&iacute;a. Su aut&eacute;ntica pasi&oacute;n por esta tierra le lleva a observar, vivir, meditar, recordar&hellip; ese suelo que siempre, directa o indirectamente, aparece en su producci&oacute;n teatral, po&eacute;tica, novel&iacute;stica o period&iacute;stica, porque no puede evitar la herencia cordobesa y andaluza. Sabe captar la realidad, aprehender el ensue&ntilde;o, rememorar el pasado y sentir el presente. Y es que le gustan su tierra y sus gentes, su forma de entender la vida, su peculiar humor, su manera de hablar, su soledad; ahora bien, es precisamente esta pasi&oacute;n la que le conduce a una actitud cr&iacute;tica, de lucha, de denuncia. De ah&iacute; que en sus art&iacute;culos encontremos junto a un tono gozoso y esperanzador, otro amargo, duro y cr&iacute;tico. Siempre le ha preocupado su pueblo y para &eacute;l traslada todo un mundo con distintos acentos en los que la poes&iacute;a es el hilo conductor&rdquo;, explica <strong>Ana Padilla Mangas</strong>, doctora en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, quien ha realizado una selecci&oacute;n de textos de Antonio Gala sobre su ciudad de acogida en &lsquo;C&oacute;rdoba de Gala&rsquo; (editorial Almuzara, 2017).
    </p><p class="article-text">
        Lo resume en apenas unas l&iacute;neas el intelectual y el hombre, el ni&ntilde;o de la guerra y el hombre atemporal: <em><strong>"Es en la vieja insistencia del olivar y en la vieja insistencia de las olas donde mejor me encuentro&hellip; Siempre que voy a Andaluc&iacute;a voy con temblor, porque en ning&uacute;n otro lugar he sido tantas veces feliz y desdichado"</strong></em> (Antonio Gala, &lsquo;Itinerario andaluz&rsquo;).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amalia Bulnes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/4-de-diciembre/antonio-gala-viva-andalucia_132_3320512.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jul 2017 12:39:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Antonio Gala: Viva Andalucía Viva]]></media:title>
    </item>
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