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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ínsula fragmentaria]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ínsula fragmentaria]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Óscar Domínguez y los caracoles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/oscar-dominguez-caracoles_132_4934200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e507b2c-f9bf-428b-a83b-6b3927a0d174_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Los caracoles, Óscar Domínguez (1940)"></p><p class="article-text">
        Los caracoles bailan alrededor de m&iacute;. Se divierten en el tobog&aacute;n de mi escritorio. Percuten las palabras en el folio en blanco por dictado de Roma. Traen su mano. Se r&iacute;en de este escrito, de la misma muestra de su retrato en medio de una sala. Corren dificultando la audici&oacute;n de los v&iacute;deos que la muestra de Dom&iacute;nguez propone. Se oye una carcajada de fondo. Hoy no escribe Yeray Barroso. La mano de Roma, ausente en la muestra, desliza la tinta por la p&aacute;gina con la tranquilidad suficiente. Trato de subirme en <em>Le Dimanche</em> (1935), pero la propuesta ha superado al caballo, que ya es m&aacute;s ancla que animal, m&aacute;s b&uacute;squeda de contrarios hacia el interior que trote: espejo y encuentro mientras se miran las espaldas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los ra&iacute;les de un tren de tinta&rdquo;, que dijo alguna vez Agust&iacute;n Espinosa y que recuerda el panel anunciado por Isidro Hern&aacute;ndez, movilizan a una bola roja. La pierna se estira y el abrelatas parece traer un di&aacute;logo del cuerpo. La mano femenina se estira en el autorretrato de Dom&iacute;nguez. Se desnuda o me desnudan. Los caracoles escriben, me enredan a la silla con cinta adhesiva. &iquest;Qui&eacute;n puede morder estas tiras pegajosas y tomar los mandos de la escritura? Aquel que se sienta capaz que tome el relevo, que quite los mandos de esta operaci&oacute;n a los bichos que burlan la escritura con el pensamiento. Mi mano no es m&iacute;a. Es la de Roma, dicen. Pintan mi rostro y lo colocan en el lienzo. Decalcoman&iacute;a. Dom&iacute;nguez pinta. Los caracoles agradecen la salida. Los platillos voladores al fin vuelan. &Oacute;scar, &Oacute;scar, &Oacute;scar...
    </p><p class="article-text">
        &Oacute;scar atiende al cuadro. Alain Resnais lo filma. &Eacute;l est&aacute; sumergido dentro del color. &Oacute;scar toma un gallo en Tenerife y lo exhibe a la c&aacute;mara junto a P&eacute;rez Minik. &Oacute;scar es motor de la Primera Exposici&oacute;n Internacional del Surrealismo, celebrada en su isla natal. &Oacute;scar se divide entre el mito y el sue&ntilde;o, como anuncia la muestra, con las ra&iacute;ces del drago hacia las profundidades y las cabezas del drag&oacute;n natural de la isla surrealista, como la llam&oacute; Andr&eacute; Breton, suben hacia una altura que no llegamos a conocer. En medio de lo c&oacute;smico vuelven los platillos volantes... 
    </p><p class="article-text">
        Es imposible. Los caracoles bailan alrededor de m&iacute;, me imponen la mano de Roma, que escribe como tocando el piano. Do Re Mi... Es posible que tenga concierto en estos d&iacute;as. No ha venido, pero ha prestado su mano. Ahora estos bichos bajan por el cuerno del toro que se autorretrata, me obligan a escribirlo. Han abandonado el tobog&aacute;n abrelatas tallo y vienen al cuerno, se adentran en las fauces del animal y se r&iacute;en: dientes, dientes, dientes.
    </p><p class="article-text">
        Al fondo mi rostro. Han colocado mi decalcoman&iacute;a en medio de la exposici&oacute;n. Ya no s&eacute; si soy yo un observador o soy un cuadro m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Tomo las riendas de la escritura. Me acerco de nuevo a <em>Le dimanche</em> y siento tomar la cometa en mis manos. Tengo la convicci&oacute;n de que Dom&iacute;nguez siempre merece algo mejor. &iquest;Una exposici&oacute;n permanente? Quiz&aacute;.... Creo que los caracoles se divierten porque han salido del s&oacute;tano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yeray Barroso Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/oscar-dominguez-caracoles_132_4934200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Apr 2014 17:46:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Óscar Domínguez y los caracoles]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Una extraña convergencia (*)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/extrana-convergencia_132_4316270.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Comenzamos a ser sin darnos cuenta. Ning&uacute;n dogma abraz&oacute; a quienes ven&iacute;an. Es probable que se pueda hablar ya de una cuantiosa convergencia de autores coet&aacute;neos que han decidido aventurarse en la tarea de la escritura en estas islas. Hace casi dos a&ntilde;os, Daniel Mar&iacute;a, que hoy es mi compa&ntilde;ero de viaje en esta publicaci&oacute;n, se atrevi&oacute; a dar el nombre de &ldquo;Lo imprevisto&rdquo; a lo que estaba sucediendo en Canarias. 
    </p><p class="article-text">
        Si existe algo ins&oacute;lito en los j&oacute;venes creadores de estas islas es la paradoja que hemos tratado de abrir entre el grupo y la individualidad. Cuando por el mes de enero del pasado a&ntilde;o nos planteamos un proyecto como la Revista fogal, que hoy tiene el cuarto n&uacute;mero en marcha, el &uacute;nico manifiesto que como grupo pod&iacute;amos defender y defendimos fue la intencionalidad del proyecto de &ldquo;ser el sustento de una llama de individualidades&rdquo;, pues en realidad no pod&iacute;amos ser m&aacute;s que eso. Si algo puede realmente definir la situaci&oacute;n actual de la joven literatura canaria es lo parad&oacute;jico entre un ambiente grupal que a la vez no constituye un grupo, entendiendo por grupo una concepci&oacute;n que abrigue una tendencia general de todos sus autores. 
    </p><p class="article-text">
        Sin intenci&oacute;n de tomarla como una referencia que fotograf&iacute;e el momento actual, pues se han publicado t&iacute;tulos a mi juicio relevantes en los &uacute;ltimos a&ntilde;os como <em>Creencias de Verano</em> de Iv&aacute;n Cabrera Cartaya, <em>El tiempo de los l&eacute;mures </em>de Daniel Bernal Su&aacute;rez,<em> Los centinelas</em> de Sergio Barreto o <em>El cad&aacute;ver de la sirena</em> de Acerina Cruz, esta edici&oacute;n conjunta de<em> Flor que nace en los ra&iacute;les </em>y <em>huida al centro del agua</em> viene a ser un reflejo de todo lo que est&aacute; definiendo a este momento, pues en un mismo libro conviven dos obras que si algo reflejan es a dos individualidades totalmente diferentes, tanto en b&uacute;squedas como en lenguaje, sin que ello impida convivir a los dos libros en un mismo soporte.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente lo heterog&eacute;neo que es el momento actual es aquello que pretendo reivindicar como ideal de intercambio, pues ayuda a evadir el peligro del pensamiento &uacute;nico, que m&aacute;s que constituir un avance para la creaci&oacute;n, pone trabas a la misma. La libertad del creador, por tanto, se posiciona sobre todo c&iacute;rculo literario o art&iacute;stico. Ah&iacute; se encuentra la individualidad conviviendo consigo misma y sus b&uacute;squedas, con sus influencias y vivencias, para luego compartir con eso que parad&oacute;jicamente ha venido a conformar una especie de grupo sin llegar a serlo, pues las redes cibern&eacute;ticas han hecho que incluso algunos creadores no necesiten conocerse f&iacute;sicamente para compartir lo que hacen de forma inmediata. 
    </p><p class="article-text">
        Si estamos viviendo un momento trascendente o no para las letras de las islas solo el tiempo y la permanencia o no de quienes hoy con entusiasmo proyectamos nuestras inquietudes, adem&aacute;s de la calidad que podamos conseguir, lo dir&aacute;. Ahora solo me queda la convicci&oacute;n de que la poes&iacute;a, m&aacute;s all&aacute; de las cifras, est&aacute; muy viva y se sigue respirando en los j&oacute;venes creadores insulares.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Yeray Barroso</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Febrero 2015</em><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una comunidad de escritores muy polifac&eacute;tica, tanto en el campo literario, ya que cultivan distintos g&eacute;neros, como en el m&aacute;s extenso &aacute;mbito art&iacute;stico, pues muchos de ellos ejecutan varias disciplinas. De tal modo que sus obras se alimentan de la m&uacute;sica, el cine, la danza, la pintura, el c&oacute;mic, el arte urbano, el teatro&hellip; al tiempo que se produce una retroalimentaci&oacute;n de la escritura, pues en el taller de cada escritor conviven, seg&uacute;n los casos, la poes&iacute;a, la prosa, el teatro, el guion, la creaci&oacute;n publicitaria, etc. Hablamos de un rico y potente rebumbio creativo que permite m&uacute;ltiples posibilidades y deriva en una obra de originalidad acaso inici&aacute;tica para nuestra literatura.
    </p><p class="article-text">
        Estos j&oacute;venes autores demuestran un responsable conocimiento de la tradici&oacute;n literaria de las Islas. Valoran los aportes de la literatura canaria a la lengua espa&ntilde;ola, reivindican la importancia de quienes han sido ignorados o infravalorados tanto desde la despreocupada oficialidad de la Pen&iacute;nsula como en las muchas veces injusta oficialidad del Archipi&eacute;lago. De este asunto derivan dos cuestiones: esta comunidad de j&oacute;venes se plantea revisar lo establecido por la cr&iacute;tica insular, porque tiene voluntad de lectura, pero tambi&eacute;n de relectura, y por ello, no alberga ning&uacute;n temor al rechazo de la cr&iacute;tica acomodada, que permanece silenciosa por vagancia. Por otro lado, esta comunidad de j&oacute;venes se siente parte de una literatura total, una potente tradici&oacute;n literaria de la lengua espa&ntilde;ola que extiende vasos comunicantes hacia Europa, &Aacute;frica y Am&eacute;rica. De tal modo que, al asumir la literatura canaria como un centro, no aspiran a alcanzar un imperioso reconocimiento de la Pen&iacute;nsula o partir de all&iacute; para llegar a la universalidad, sino que establecen en el aeropuerto de cada isla el principio de su expansi&oacute;n y su trayecto.
    </p><p class="article-text">
        No futuro, pese a la formaci&oacute;n universitaria o de estudios superiores que caracteriza a estos autores, es la columna que los vertebra. La consabida crisis los ha situado en una posici&oacute;n de extremo ingenio, de supervivencia natural, y al no futuro (asegurado por la debilidad de las empresas y del empleo p&uacute;blico) responden con la dedicaci&oacute;n casi plena a la creaci&oacute;n, la lectura y la investigaci&oacute;n, combinada, en tantos casos, con ocupaciones temporales, becas precarias y salarios irrisorios. Tambi&eacute;n hay quien marcha fuera en busca de mejoras de todo tipo, y en esa fuga de cerebros viaja parte de nuestra joven comunidad creativa e intelectual. 
    </p><p class="article-text">
        No hablamos de movimiento, est&eacute;tica o teor&iacute;a definitiva ni definitoria. Somos todos con todos, distintos y unidos, dispuestos a contar con los dem&aacute;s. Al menos as&iacute; percibo a la inmens&iacute;sima mayor&iacute;a. Habr&aacute; quien desee desmarcarse, decisi&oacute;n tan l&iacute;cita como la contraria, y habr&aacute;n de repetirse, pronostico, mediocres biograf&iacute;as pasadas. No asumo como generaci&oacute;n o grupo a esta comunidad que vengo apuntando, pues el uso de esta terminolog&iacute;a obliga a asumir, as&iacute; lo considero, fundamentos ya culminados que se antojan carcomidos. Renovar el lenguaje contribuye a renovar la mirada y evitar el &oacute;xido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Daniel Mar&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        (*) Estos textos fueron le&iacute;dos en las primeras presentaciones de <em>Flor que nace en los ra&iacute;les</em> y <em>Huida al centro del agua</em>, poemarios que se publicaron de forma conjunta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yeray Barroso Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/extrana-convergencia_132_4316270.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2015 09:51:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una extraña convergencia (*)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La otra genealogía, de Sara Torres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/genealogia-sara-torres_132_4503507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No es com&uacute;n, cuando parece que la livianidad del nombrar sin profundidad, que la superficie menos dolorosa es la que impera en la poes&iacute;a, encontrarnos con propuestas como la de Sara Torres (1991), ganadora de la XV edici&oacute;n del premio Gloria Fuertes con <em>La otra genealog&iacute;a</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Pese a que en ocasiones no coloque un dedo directo en la llaga del poema y caiga en la concatenaci&oacute;n del adjetivo que quiz&aacute; no suma (<em>No nada nos uni&oacute; a la ciudad / Nada nada m&aacute;s que esta ciega / viciosa acostumbrada /necesidad del conjunto</em>), la realidad es que <em>La otra genealog&iacute;a</em> ofrece una b&uacute;squeda consciente en la palabra po&eacute;tica. Desde la dispersi&oacute;n del inicio del ser con que comienza el libro, Torres se adentra en el otro origen por la v&iacute;a de la transgresi&oacute;n. Todo mito fundacional tiene otra puerta: el viaje es m&iacute;stico, pues ofrece un encuentro casi divino hacia la isla. Es determinante el grado de consciencia que Ella (que se propone como un yo en tercera persona) adquiere tras el regreso de la ciudad. Ah&iacute; pueden despertar todas las deidades dormidas, que se esconden tras la m&aacute;scara de los centros y del orden. Por eso la primera parte del poemario tiene m&aacute;s de invocaci&oacute;n que de vivencia en ese mundo. Solo tras el despertar de las deidades, y no de la deidad, lo que muestra una clara referencia a los diversos mundos que se perciben en la obra, desde occidente hasta oriente, el &aacute;rbol geneal&oacute;gico del mundo otro puede establecerse: 
    </p><p class="article-text">
        [&hellip;]
    </p><p class="article-text">
        Al fin tallar&eacute;is el gran la&uacute;d
    </p><p class="article-text">
        en la madera seca
    </p><p class="article-text">
        de un olivo muerto
    </p><p class="article-text">
        sobre el que verteremos
    </p><p class="article-text">
        todo nuestro llanto
    </p><p class="article-text">
        hasta que derramadas
    </p><p class="article-text">
        vayamos a reunirnos con vosotras
    </p><p class="article-text">
        [&hellip;] 
    </p><p class="article-text">
        A partir del derrumbe de todos los nombres dados puede consumarse el rito de entrada en el lugar otro, que es de convivencia entre mujer y mujer. Ahora son las amadas las que instituyen y reclaman su lugar. No reposa ninguna cierva sin loba que la guarde. La imposici&oacute;n del hombre por la fuerza entonces no es posible, por lo que este, que desea tomar a quien duerme por medio de la violencia no solo no es bien recibido, sino que es expulsado, por lo que todas las estatuas que representan un estado de cosas anterior ya puede comenzar a caer, pues todo lo que las sustenta habr&aacute; cortado pronto sus ra&iacute;ces:
    </p><p class="article-text">
        [...]
    </p><p class="article-text">
        Mira bien que ellas duermen de a dos
    </p><p class="article-text">
        y que mientras una reposa la profundidad del sue&ntilde;o
    </p><p class="article-text">
        la otra vela su cuerpo
    </p><p class="article-text">
        que no vive cierva aqu&iacute; sin loba que la guarde
    </p><p class="article-text">
        [&hellip;] 
    </p><p class="article-text">
        <em>La otra genealog&iacute;a</em> supone, entonces, una reinterpretaci&oacute;n de la historia en clave de derrumbe. Todo es renombrado por la v&iacute;a de la reconstrucci&oacute;n. Sara Torres elabora una mitolog&iacute;a otra como un grito que lleva al despertar de la isla en que la luz puede florecer: <em>permanecimos a oscuras / mientras el miedo dur&oacute;</em>. La &iacute;nsula, que muchas veces ha sido vista como lugar carcelario es, en esta ocasi&oacute;n, el lugar donde es posible que se abra la celda. M&aacute;s que como espacio del que no se puede salir se configura como espacio al que se quiere entrar, Jard&iacute;n de las Hesp&eacute;rides, pues all&iacute; todo fruto nace de la tierra:
    </p><p class="article-text">
        Cae de rodillas
    </p><p class="article-text">
        en la playa
    </p><p class="article-text">
        porque el hambre
    </p><p class="article-text">
        ha sido muy larga
    </p><p class="article-text">
        larga la escasez sofocante
    </p><p class="article-text">
        hunde las manos en la arena
    </p><p class="article-text">
        extrae los frutos perlados
    </p><p class="article-text">
        despliega las valvas
    </p><p class="article-text">
        y recibe mar
    </p><p class="article-text">
        carne tersa
    </p><p class="article-text">
        un gusto a sal
    </p><p class="article-text">
        en la cumbre de la boca
    </p><p class="article-text">
        los banquetes que siguieron
    </p><p class="article-text">
        siempre convocan
    </p><p class="article-text">
        aquel primero
    </p><p class="article-text">
        reminiscencia de sabor
    </p><p class="article-text">
        que se transmite
    </p><p class="article-text">
        secretamente
    </p><p class="article-text">
        entre generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Toda la lucha anterior tiene su recompensa en la isla. La voz de la mujer que es capaz de decir que ama a otra mujer puede obtener el banquete del placer una vez superado todo el tr&aacute;nsito de la escasez y del hambre. Una vez en el lugar del destino se hace imposible olvidar el tr&aacute;nsito hasta &eacute;l, la necesidad de despertar a lo dormido, de invocar al ardor interno. Por eso el yo-mujer ya no quiere m&aacute;s mano que la de su amiga (o sus amigas), incluso en el tiempo en que se divaga sobre el momento de morir, que es probablemente el momento cumbre de todo el libro y la creaci&oacute;n m&aacute;s redonda del mismo: 
    </p><p class="article-text">
        Que en el tiempo
    </p><p class="article-text">
        de la muerte
    </p><p class="article-text">
        tenga la mano
    </p><p class="article-text">
        de mi amiga
    </p><p class="article-text">
        pero sus ojos &iexcl;ah!
    </p><p class="article-text">
        Si veo sus ojos
    </p><p class="article-text">
        me amarrar&aacute;n como la hiedra
    </p><p class="article-text">
        no querr&eacute; partir
    </p><p class="article-text">
        La poes&iacute;a de Sara Torres, en definitiva, se expande como necesidad de liberaci&oacute;n para los cuerpos que no soportan el orden establecido, que se quedan fuera de los monumentos a&ntilde;ejos y oxidados. De ah&iacute; la necesidad de fundarse en otra genealog&iacute;a, en las otras deidades, aunque quiz&aacute; estas han llegado a la isla tras muchos a&ntilde;os y ya no pueden actuar como lo que son. Entonces deben integrarse como una m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yeray Barroso Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/genealogia-sara-torres_132_4503507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Nov 2014 19:06:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La otra genealogía, de Sara Torres]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ulat, la isla, continente o leyenda reescrita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/ulat-isla-continente-leyenda-reescrita_132_4607956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Bruno Mesa
    </p><p class="article-text">
        <em>Ulat y otras ficciones </em>(en este caso solo analizamos Ulat)
    </p><p class="article-text">
        Ediciones Idea
    </p><p class="article-text">
        2007
    </p><p class="article-text">
        Ulat es una isla reescrita. Solo llega al lector a partir de la visi&oacute;n reconstruida: parte de quien relata la historia, que es ofrecida en una sucesi&oacute;n de anotaciones de diario y depositada dentro de un cofre en el mar y es conocida a trav&eacute;s de dos traducciones. Una elaborada por el profesor Rickman y otra, que es la que podemos leer, por Nicol&aacute;s Malaventura. Bruno Mesa se sirve, en este caso, de la t&eacute;cnica del manuscrito encontrado y de la traducci&oacute;n para presentarnos a una isla, continente o leyenda, pues no llegamos a conocerla de primera mano, co una identidad difusa. El lector no puede saber en ninguno de los casos qu&eacute; ocurre u ocurri&oacute; en ese espacio m&iacute;tico que es Ulat y que se inserta dentro de una tradici&oacute;n de territorios literarios como son Comala o Macondo.
    </p><p class="article-text">
        Tanta es la desesperanza que llega a tener el individuo en Ulat, que la sensaci&oacute;n que se vive en el territorio en que habita el deseo de ser colonizado: de conocer al otro de cualquier forma, pues solo el uno es quien ha podido ser avistado, es de encierro. Ulat solo conoce a su yo, cuyo &uacute;nico otro solo ha podido ser su imagen en el espejo de tanto habitarse. Si conoce al mundo exterior solo por lo que ella misma ha literaturizado de los otros. Existe en la isla, continente o leyenda un cansancio general de verse a s&iacute; misma y de no contactar con el exterior. En boca de Ilia &ldquo;vivir en Ulat es vivir en una Jaula&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La imagen difusa que nos llega de Ulat: recreada siempre, reescrita, reinventada, sin identidad clara reconocible, dada la doble traducci&oacute;n que poseemos en nuestras manos, es la de un territorio ahogado en s&iacute; mismo. La &uacute;nica salvaci&oacute;n para quien elabora el diario, esa indefinici&oacute;n de &ldquo;uno&rdquo; con que se nombra en repetidas ocasiones, as&iacute; como para sus enemigos, esos con que convive en el encierro, que son Ilia y Ones, es la de la hu&iacute;da. No importa que el mar sea el gran miedo de los habitantes de Ulat. Ni siquiera trasciende el trato de locos que les dar&iacute;a esa poblaci&oacute;n que entiende que todos los seres son malos por naturaleza y que Dios es solo una idea filos&oacute;fica. El deseo de conocer el misterio de un mundo que est&eacute; fuera de los m&aacute;rgenes es superior a la t&eacute;cnica y al pensamiento heredado por los ulatienses.
    </p><p class="article-text">
        El final del diario, que se divide en diez meses de treinta y seis d&iacute;as denominados de la siguiente manera: Cuando, Seguro, Los&eacute;, Esperando, Tranquilo, Solitario, Perdido, Octavo, Silencio y Temor,   hace suponer el fracaso de la expedici&oacute;n de los navegadores de la chalupa. Sin embargo, el hecho de estar ante la reescritura de Ulat nos hace convencernos de estar ante el triunfo. Ulat, territorio que desconoce al otro y desconocido por el otro, es ahora obsesi&oacute;n de cuantos pretenden arribar de alg&uacute;n modo a sus tierras. La isla, continente o leyenda, quiz&aacute;, todav&iacute;a espera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yeray Barroso Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/ulat-isla-continente-leyenda-reescrita_132_4607956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Oct 2014 12:58:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ulat, la isla, continente o leyenda reescrita]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gran incertidumbre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/gran-incertidumbre_132_4916344.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Podremos preguntarnos a nosotros. &iquest;Qu&eacute; edad? &iquest;Qu&eacute; d&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; a&ntilde;o? Y no sabremos. El tiempo es cultural. Nos coloca aqu&iacute; un impacto y no importa la fecha: estamos marcados desde el nacimiento y nadie nos da la posibilidad de elegir. Nos eligen. Dicen lo que somos por nosotros. Un solo gesto determina toda nuestra vida: respiramos por primera vez y ya nos dicen, nos se&ntilde;alan, nos nombran. Somos Alfredo o Justiniano o quien nuestros padres quieran que seamos. Directamente rememoramos a un pasado que nos incumben, nos alimentan, nos perforan a taladro en nuestros pasos. No heredamos, nos heredan. Aprendemos transformaciones y mitificaciones. Constantemente cambiamos el discurso para mantener el poder a trav&eacute;s del tiempo. Si hay algo claro es que la sociedad debe conformarse de tal manera que sean aquellos que se posicionan en lo alto los que perpet&uacute;en su estatus. Desde el discurso literario, por ejemplo, Calder&oacute;n de la Barca, en El Gran teatro del mundo de 1655, desde el lenguaje oficial construye una obra en la que cada personaje debe representar su papel: el rey debe ser rey por siempre y el campesino debe ser campesino hasta la muerte. Lo correcto ser&aacute; obrar como rey o como campesino, nada m&aacute;s. En el Siglo XXI el mensaje sigue siendo el mismo. No vale pensar, reflexionar, establecer un mundo cr&iacute;tico. El ser humano no es incitado jam&aacute;s a iniciar un camino mental, sino a ganarse la vida. Y la vida no se gana, se vive. Para ello, adem&aacute;s de afrontar los prejuicios que han estancado el lenguaje hay que superar el espejo econ&oacute;mico en que se mira el mundo. Si los objetivos de la cultura son econ&oacute;micos (que el individuo encuentre un buen puesto de trabajo para ganarse la vida en el instante en que ya se est&eacute; ganando la muerte), la estructura del mundo no solo no se cuestionar&aacute;, sino que el pensarse y repensarse en &eacute;l ser&aacute; una quimera. Nos nacen, no nacemos. Y nos hacen si no nos hacemos. Jam&aacute;s podr&aacute; el ser humano establecer un discurso hacia la ra&iacute;z si no halla en su curiosidad la posibilidad de cuestionarse el mundo heredado y de rebelarse ante lo oficial. Ah&iacute; el canon. Ah&iacute; los que se quedan fuera porque resultan molestos, incordios, ah&iacute; los m&aacute;rgenes, las periferias. Si no cuestionamos el por qu&eacute; del margen no sabremos c&oacute;mo se ha construido el centro.
    </p><p class="article-text">
        El mundo que hemos recibido es inc&oacute;modo. El mismo individuo que sonr&iacute;e en un acto oficial para saludar a la paz y lanza mil palomas blancas con un olivo en el pico para que comience su vuelo, a su vez fusila a su presa mientras enciende las guerras en los lugares en que hay posibilidades de obtener beneficios monetarios. La hipocres&iacute;a es el signo de nuestro siglo. La ca&iacute;da, la muerte del pensamiento por la fragilidad, el no decir no, esa s&iacute;laba que Steiner defend&iacute;a como comienzo de la creaci&oacute;n. Emilio Lled&oacute;, en una entrevista hablaba de la libertad de expresi&oacute;n y de la libertad de pensamiento. Nos han dejado decir: decir mucho. Konstantinos Tsatsos, en su obra La vida a distancia (y ahora nos alejamos de todo an&aacute;lisis religioso que el griego realiza) afirma que &ldquo;quien diga 'no hay libertad' ya ha confirmado su libertad&rdquo;. &iquest;Es acaso la libertad de expresi&oacute;n el &uacute;nico sendero? El propio Lled&oacute; se cuestiona: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; me importa a m&iacute; la libertad de expresi&oacute;n si no digo m&aacute;s que imbecilidades? &iquest;Para qu&eacute; sirve si no sabes pensar, si no tienes sentido cr&iacute;tico, si no sabes ser libre intelectualmente?&rdquo;. Nos hemos vuelto imb&eacute;ciles y lo aplaudimos. La televisi&oacute;n, uno de los centros de la llamada Tel&eacute;polis por Javier Echevarr&iacute;a, en lugar de ofrecer libertades nos ofrece manipulaci&oacute;n. Cada canal est&aacute; condicionado por la ideolog&iacute;a de sus due&ntilde;os, cada periodista por la censura permanente de su empresa. No existe la libertad de prensa en los grandes medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Comunicaci&oacute;n? Internet ha abierto una puerta grand&iacute;sima para el conocimiento: libros gratuitos de &eacute;pocas pret&eacute;ritas que se pueden adquirir con facilidad, medios de comunicaci&oacute;n bombardeando noticias de todo tipo, vida al otro lado de la pantalla y no en la realidad (&iquest;O es que la realidad es otra?).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, al contrario de lo que podr&iacute;amos pensar, la llamada Era de la Informaci&oacute;n bien podr&iacute;a ser conocida como Era de la Incertidumbre. Un medio anuncia una muerte que otro desmiente. Un medio avanza una noticia y otro comenta algo totalmente diferente refiri&eacute;ndose al mismo tema. Los grandes centros se mantienen en el centro. Final: la gente no indaga ni se cuestiona por saturaci&oacute;n. La manipulaci&oacute;n es constante y quien gana siempre es el canon.
    </p><p class="article-text">
        La literatura, o el arte en general, est&aacute; ba&ntilde;ado de comercializaci&oacute;n. Los escritores ya no pretenden hacer una obra literaria, ya no se cuestionan la obra. Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez ser&iacute;a un cero en esta &eacute;poca. Ahora interesan los contratos, la novela por a&ntilde;o. El boom de ventas, la pel&iacute;cula, la obra con frases a media para continuar tirando del hilo en futuras publicaciones, la creaci&oacute;n apresurada... el hecho de comer. El hambre del escritor, la mendigancia. Rodin fuera de sus puertas del infierno, el no cuestionar sentado, sino divagar rumbo al trabajo. El comer corriendo, el estr&eacute;s, la p&eacute;rdida, la nada, la gran nada y a la vez algo: los m&aacute;rgenes que piden su sitio. Es probable que sea tiempo para la poes&iacute;a. Las multinacionales se han encargado de introducir grandes taladros en todos los g&eacute;neros de ventas: novela, pintura, m&uacute;sica... solo la poes&iacute;a se salva del best seller. Es ah&iacute; donde los discursos pueden navegar libres. El compromiso con la palabra, como anuncia Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n en su obra Discurso del cinismo, y no con el dinero. La indagaci&oacute;n en el decir y no en el vender.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo acud&iacute; a una de las multitudinarias presentaciones que se realizan en la actualidad: el escritor como juglar, el buf&oacute;n en la sala con sonrisa diciendo &ldquo;compra mi libro&rdquo;. No viene a cuento decir nombres, qu&eacute; m&aacute;s da. Es lo de menos. El primer mensaje del escritor fue el siguiente: &ldquo;el objetivo de mi libro es vender&rdquo;. Me levant&eacute; y no quise saber nada m&aacute;s. Si el principal objetivo de la b&uacute;squeda humana es vender, es decir, conseguir un r&eacute;dito econ&oacute;mico de la obra, entonces el paciente est&aacute; grave. Casi hundido en un mar de nadedad.
    </p><p class="article-text">
        En el mercado en que se ha convertido el mundo, donde importan las audiencias y las compras y no la calidad. Donde da igual que lo m&aacute;s prestigioso de la televisi&oacute;n sea un programa del coraz&oacute;n o un debate s&oacute;lido (&iquest;realmente existe?), que el libro m&aacute;s le&iacute;do sea cualquiera de Arturo P&eacute;rez Reverte o uno de Cort&aacute;zar. Donde el camino unidireccional es entretenimiento y evasi&oacute;n a un mundo que oprime, cuyo &uacute;nico mensaje es: &ldquo;estudia para trabajar. Trabaja para vivir&rdquo;, sin cuestionarse que despu&eacute;s del trabajo es la muerte. Esto es, el fin, el adi&oacute;s. Donde todo esto ocurre es dif&iacute;cil saltar la asfixia. La respiraci&oacute;n, quiz&aacute;, sea la creencia en lo humano. &ldquo;S&oacute; a imagina&ccedil;ao transforma&rdquo; dice M&aacute;rio Cesariny. Solo lo humano, que tambi&eacute;n es imaginaci&oacute;n o deber&iacute;a ser en alto grado imaginaci&oacute;n; solo con una conciencia cr&iacute;tica que se posicione frente al pensamiento &uacute;nico se podr&aacute; superar a los mercados. Esos seres que nadie conoce y que controlan el mundo y las mentes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yeray Barroso Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/gran-incertidumbre_132_4916344.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Apr 2014 19:48:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La gran incertidumbre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pez solar y el extravío]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/pez-solar-extravio_132_4936940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El tiempo de los l&eacute;mures
    </p><p class="article-text">
        Daniel Bernal
    </p><p class="article-text">
        Premio Pedro Garc&iacute;a Cabrera 2012
    </p><p class="article-text">
        En <em>El tiempo de los l&eacute;mures</em>, Daniel Bernal contin&uacute;a la senda abierta en <em>Escolio con fuselaje estival,</em> que hab&iacute;a bajado su intensidad y fuerza en <em>Corporeidad</em>, Premio Luis Feria 2011. Si bien la b&uacute;squeda no es la misma, el lenguaje s&iacute; se confirma y se vuelve m&aacute;s intenso. Ahora ya no importa que la po&eacute;tica escrita apoye a los poemas, pues es la poes&iacute;a la que se sustenta en sus versos.
    </p><p class="article-text">
        <em>El tiempo de los l&eacute;mures</em> se afianza en la expulsi&oacute;n y la huida. Partiendo de una cita de Guillermo Sucre: &ldquo;y lo vivo todo como si ya fuera memoria del exilio&rdquo;, Bernal establece un juego dual entre el l&eacute;mur animal y el l&eacute;mur de la mitolog&iacute;a: lo hace habitar entre la naturaleza y la noche, entre la vida y los fantasmas. En ambos casos el yo se a&iacute;sla de la urbe. No aparece el espectro urbano, solo el monte, el mar, y la isla. A lo sumo el archipi&eacute;lago.
    </p><p class="article-text">
        La primera persona es fugitiva, extraviada. El aire, las olas, el rel&aacute;mpago, todos los elementos lo posicionan frente al fluir, al que se acaba yendo. Entonces el descubrimiento del extrav&iacute;o, el viaje hacia lo desconocido, pide la ayuda de un t&uacute; que se aproxima al Eros: te abres como fruto pudoroso. Los poemas van siempre a la luz, pese al l&eacute;mur nocturno, es el l&eacute;mur naturaleza el que quiere triunfar y, de hecho, triunfa. El calor, el fervor y la festividad en que la m&uacute;sica arborece y se adentra en el d&iacute;a, consolidan el fluir del yo en el paisaje y en los fen&oacute;menos del d&iacute;a. La primera persona est&aacute; guiada por su extrav&iacute;o sin reconocerse del todo. Es por ello que se hace necesario alcanzar la gram&aacute;tica del exilio y conocer la di&aacute;spora. Esto, sin duda, supone un trauma de dos alcances: palpar la lejan&iacute;a y la responsabilidad de buscar la identidad de extraviado. Para la b&uacute;squeda es necesaria la ayuda: &ldquo;ven conmigo&rdquo;, pues es la hora del desarraigo.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ello, la llama permanece: &lsquo;yo&rsquo; bebe en un pozo de claridad, ans&iacute;a el ardor. Por eso su trayecto se inicia hacia el t&uacute;, femenino-isla-mar, y la primera persona se reconoce en un mapa de identidades hasta afirmarse en el cuerpo del mar. &ldquo;Isla soy&rdquo;, una regi&oacute;n sin mapa, una reconstrucci&oacute;n y constante reafirmaci&oacute;n del exiliado, que ya desde fuera debe indagar en su recuerdo. Y en su recuerdo est&aacute; la luz, de nuevo hacia  el perihelio, el calor: &ldquo;El cad&aacute;ver de la luz es nuestro exilio&rdquo;. Es el l&eacute;mur naturaleza el que quiere eliminar al &ldquo;Ver muerte&rdquo; que se anuncia desde el comienzo y que divaga en la nocturnidad mientras pernocta en los r&iacute;os y en los lugares del tr&aacute;nsito. La vida, entonces, se posiciona frente a la muerte, al desapego del yo. Por tanto, se sentencia con un  yo que anima a un t&uacute; a enfrentarse: &ldquo;Enfr&eacute;ntate a los l&eacute;mures&rdquo; sin teoremas, pues  solo se quiere la voluntad de identidad, el reconocimiento en la luz y en el d&iacute;a. Un huida hacia el sol, el rayo, el rel&aacute;mpago&hellip; un divagar por la identidad del agua. Pez solar comienza y pez solar busca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yeray Barroso Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lagomeraahora/insula-fragmentaria/pez-solar-extravio_132_4936940.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Apr 2014 14:01:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El pez solar y el extravío]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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