<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - La Palma Opina]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - La Palma Opina]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La universidad pública, garantía de igualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/universidad-publica-garantia-igualdad_129_13506105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a1cc226-1ad8-4b23-9973-be11d9779a24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La universidad pública, garantía de igualdad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Por eso preocupa el crecimiento de un modelo universitario en el que la enseñanza privada adquiere cada vez mayor protagonismo mientras las universidades públicas tienen dificultades para disponer de los recursos necesarios</p></div><p class="article-text">
        Uno de los mayores avances sociales experimentados por Espa&ntilde;a durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha sido la universalizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n. La posibilidad de que un joven pueda llegar a la universidad con independencia de la capacidad econ&oacute;mica de su familia constituye una de las conquistas m&aacute;s importantes de nuestro Estado del bienestar. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No siempre fue as&iacute;. Durante demasiado tiempo, cursar estudios universitarios estuvo reservado, en buena medida, a las familias que pod&iacute;an permitirse mantener a sus hijos durante varios a&ntilde;os fuera de casa. La extensi&oacute;n de la universidad p&uacute;blica y, sobre todo, el fortalecimiento del sistema de becas contribuy&oacute; decisivamente a cambiar aquella realidad. La educaci&oacute;n dej&oacute; progresivamente de ser un privilegio para convertirse en un verdadero instrumento de igualdad de oportunidades. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa apuesta por las becas contin&uacute;a siendo fundamental. Para el curso 2025-2026, el Gobierno de Espa&ntilde;a destin&oacute; una cifra r&eacute;cord de 2.544 millones de euros a becas, m&aacute;s de dos mil millones por encima de la correspondiente al curso 2017-2018. El n&uacute;mero total de becarios pas&oacute; de 784.422 en aquel curso a cerca de un mill&oacute;n en 2024-2025. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estos datos tienen detr&aacute;s historias personales. Son j&oacute;venes cuyos padres son trabajadores, agricultores, empleados p&uacute;blicos, peque&ntilde;os comerciantes o pensionistas que han podido estudiar una carrera porque exist&iacute;a una universidad p&uacute;blica y un sistema de ayudas que hac&iacute;a posible llegar a ella. Ah&iacute; reside una de las funciones esenciales de la educaci&oacute;n p&uacute;blica: evitar que el lugar donde uno nace o los ingresos de su familia determinen hasta d&oacute;nde puede llegar. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por eso preocupa el crecimiento de un modelo universitario en el que la ense&ntilde;anza privada adquiere cada vez mayor protagonismo mientras las universidades p&uacute;blicas tienen dificultades para disponer de los recursos necesarios. La universidad privada tiene su espacio leg&iacute;timo dentro del sistema educativo, pero nunca puede crecer a costa del debilitamiento de la p&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En Canarias esa preocupaci&oacute;n tiene hoy nombres y voces muy concretas. Los rectores de nuestras universidades p&uacute;blicas, Francisco J. Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez, de la Universidad de La Laguna, y Llu&iacute;s Serra Majem, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, han advertido conjuntamente de la insuficiencia del modelo de financiaci&oacute;n planteado por el Gobierno de Canarias. En julio llegaron a afirmar que la propuesta para el periodo 2027-2030 &lsquo;pone en jaque&rsquo; a las universidades p&uacute;blicas de Canarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hace apenas unos d&iacute;as, en la apertura del curso acad&eacute;mico, el rector de la Universidad de La Laguna volvi&oacute; a lanzar una seria advertencia: sin un instrumento de financiaci&oacute;n estable que garantice el futuro de ambas instituciones, puede entrarse en &lsquo;un escenario de serio riesgo de subsistencia a medio plazo&rsquo;. No estamos, por tanto, ante una cuesti&oacute;n menor ni ante una simple discusi&oacute;n presupuestaria. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y hablamos de universidades que han demostrado su capacidad. La Universidad de La Laguna se mantiene en 2026 entre las 800 mejores universidades del mundo en el Ranking de Shangh&aacute;i, situada en la franja 701-800, y ha mejorado adem&aacute;s su posici&oacute;n entre las universidades espa&ntilde;olas, coloc&aacute;ndose en el intervalo 15-18. Solo treinta universidades espa&ntilde;olas aparecen este a&ntilde;o entre las mil primeras de esa calificaci&oacute;n internacional. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Canarias no puede permitirse debilitar un patrimonio construido durante generaciones. Nuestras universidades p&uacute;blicas no son &uacute;nicamente lugares donde se imparten t&iacute;tulos. Son centros de investigaci&oacute;n, conocimiento, innovaci&oacute;n y pensamiento cr&iacute;tico; generan oportunidades y permiten que miles de j&oacute;venes canarios puedan formarse sin que la renta de sus padres determine su futuro. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La educaci&oacute;n p&uacute;blica ha sido uno de los grandes ascensores sociales de nuestra democracia. Preservarla, financiarla adecuadamente y garantizar su calidad no es un gasto. Es invertir en igualdad, en conocimiento y en el futuro de Canarias.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Marcos Pérez Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/universidad-publica-garantia-igualdad_129_13506105.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2026 08:40:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4a1cc226-1ad8-4b23-9973-be11d9779a24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="100279" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4a1cc226-1ad8-4b23-9973-be11d9779a24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="100279" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La universidad pública, garantía de igualdad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4a1cc226-1ad8-4b23-9973-be11d9779a24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alfredo Díaz Moreno, el gran pionero olvidado del baloncesto palmero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/alfredo-diaz-moreno-gran-pionero-olvidado-baloncesto-palmero_129_13506052.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151071.jpg" width="201" height="113" alt="Alfredo Díaz Moreno, el gran pionero olvidado del baloncesto palmero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Militar, instructor, árbitro, organizador, federativo y cronista, su presencia recorre los momentos decisivos de la etapa fundacional del baloncesto en La Palma. Las referencias reunidas permiten considerarlo no solo uno de sus introductores, sino la figura más completa y determinante de aquellos primeros años</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Alfredo Díaz Moreno."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Alfredo Díaz Moreno.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Cuando se habla de los or&iacute;genes del baloncesto en La Palma suelen aparecer varios nombres imprescindibles: Carlos Yanes Carrillo, Miguel Bethencourt Arrocha, Severo Rodr&iacute;guez y algunos otros j&oacute;venes que participaron en los primeros encuentros o contribuyeron despu&eacute;s a sostener la competici&oacute;n. Aquella fue, como casi todas las experiencias deportivas fundacionales, una empresa colectiva. Sin embargo, entre sus protagonistas hay uno cuya intervenci&oacute;n resulta dif&iacute;cilmente equiparable, porque estuvo presente en casi todas las facetas necesarias para que una pr&aacute;ctica desconocida terminara convirti&eacute;ndose en un deporte organizado. Ese hombre fue Alfredo D&iacute;az Moreno.
    </p><p class="article-text">
        	No fue &uacute;nicamente uno de los primeros en conocer el baloncesto ni uno de los que ayudaron a introducirlo en la isla. Lo ense&ntilde;&oacute;, facilit&oacute; un lugar donde practicarlo, arbitr&oacute; la mayor parte de los encuentros del primer campeonato, asumi&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s la primera representaci&oacute;n federativa y escribi&oacute; sobre su historia cuando todav&iacute;a viv&iacute;an muchos de sus protagonistas.&nbsp;Por la variedad y continuidad de sus aportaciones, ocupa el lugar principal en la etapa fundacional del baloncesto palmero.
    </p><p class="article-text">
        	La primera experiencia conocida se remonta a 1928 y tuvo como escenario el antiguo convento de San Francisco, entonces ocupado por el Cuartel de Infanter&iacute;a. All&iacute;, en el patio del acuartelamiento, comenzaron a jugar varios j&oacute;venes que cumpl&iacute;an el servicio militar y proced&iacute;an de La Palma, La Gomera, El Hierro y Gran Canaria. No se trataba todav&iacute;a de una competici&oacute;n reglada ni de equipos civiles constituidos, sino de una pr&aacute;ctica informal dentro del &aacute;mbito castrense. Al frente de aquella iniciaci&oacute;n se encontraba Alfredo D&iacute;az Moreno, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 25 de septiembre de 1910. Con apenas dieciocho a&ntilde;os, prepar&oacute; a los soldados y les ense&ntilde;&oacute; las reglas&nbsp;m&aacute;s&nbsp;elementales del nuevo deporte.
    </p><p class="article-text">
        	Ese episodio convierte a La Palma, con la informaci&oacute;n disponible&nbsp;(y sin necesidad de esperar al primer partido&nbsp;cuasioficial&nbsp;de 1933), en el escenario de la experiencia baloncest&iacute;stica m&aacute;s antigua&nbsp;referida&nbsp;en Canarias y coloca a D&iacute;az Moreno en el punto mismo de partida. En septiembre de 1945, cuando no hab&iacute;an transcurrido todav&iacute;a dos d&eacute;cadas desde aquellos hechos, el peri&oacute;dico&nbsp;<em>Aire Libre</em>&nbsp;situaba en 1928 la introducci&oacute;n del baloncesto en la isla y se&ntilde;alaba expresamente a Alfredo D&iacute;az Moreno y Carlos Yanes entre sus iniciadores. Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde,&nbsp;<em>Arriba Espa&ntilde;a</em>&nbsp;volv&iacute;a a presentar a La Palma como cuna del baloncesto canario y recordaba a ambos como sus primeros propagadores.
    </p><p class="article-text">
        	El testimonio m&aacute;s expresivo es el ofrecido en 1951 por Elirerto Galv&aacute;n, jugador del&nbsp;<em>Canarias de Madrid</em>&nbsp;y uno de los baloncestistas palmeros de mayor relieve de&nbsp;la historia. En una entrevista publicada tambi&eacute;n por&nbsp;<em>Aire Libre</em>, Galv&aacute;n afirmaba que deb&iacute;a rendir tributo a Alfredo D&iacute;az Moreno, quien, con un entusiasmo sin l&iacute;mites, hab&iacute;a sido &laquo;el primero en darnos a conocer este bello deporte&raquo;. Sus palabras muestran la huella personal que dej&oacute; en quienes aprendieron a jugar bajo su orientaci&oacute;n: D&iacute;az Moreno ense&ntilde;&oacute; el juego y despert&oacute; el inter&eacute;s de los j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        	La reconstrucci&oacute;n de su trayectoria militar permite precisar su presencia en la isla. Una noticia de julio de 1929 documenta su llegada a Santa Cruz de La Palma procedente de Las Palmas, aunque&nbsp;el&nbsp;<em>basket-ball</em>&nbsp;ya lo hab&iacute;a ubicado en la capital palmera desde un a&ntilde;o antes. En marzo de 1932 aparece como presidente de la Sociedad Colomb&oacute;fila de Santa Cruz de La Palma, convocando una reuni&oacute;n para aprobar el reglamento de la entidad. Antes de que se organizara la primera competici&oacute;n de baloncesto, ya contaba, por tanto, con experiencia en la direcci&oacute;n de una asociaci&oacute;n deportiva.&nbsp;En octubre de 1932 recibi&oacute; la orden de incorporarse al Regimiento de Infanter&iacute;a de Tenerife, despu&eacute;s de haber prestado servicio en el destacamento de La Palma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	El 17 de julio de 1933 la prensa registr&oacute; nuevamente su llegada a la isla a bordo del&nbsp;<em>Ciudad de Melilla</em>, poco m&aacute;s de tres meses antes del primer encuentro civil del que tenemos noticia. Aquel partido se disput&oacute; el 30 de octubre en un huerto de Armando Yanes, en las inmediaciones del antiguo Parador. Sus protagonistas formaban parte de un grupo de j&oacute;venes que se reun&iacute;a en torno a la librer&iacute;a La Favorita y que hab&iacute;a conocido las reglas del baloncesto, entre otras referencias, mediante un reportaje aparecido en el n&uacute;mero 219 de la revista&nbsp;<em>Algo</em>.&nbsp;El terreno inicial resultaba insuficiente y&nbsp;pronto&nbsp;hubo que buscar un espacio m&aacute;s adecuado. La mediaci&oacute;n de D&iacute;az Moreno facilit&oacute; que los j&oacute;venes accedieran al patio del Cuartel de Infanter&iacute;a, el mismo recinto donde se hab&iacute;a practicado el juego en 1928. El baloncesto civil enlazaba as&iacute; con aquella primera experiencia militar y Alfredo actuaba como puente entre ambas etapas.
    </p><p class="article-text">
        	El 14 de enero de 1934 comenz&oacute; el primer campeonato palmero, que se prolong&oacute; hasta el 25 de marzo. Participaron siete equipos:&nbsp;<em>Rayo</em>,&nbsp;<em>Zeus</em>,&nbsp;<em>Terror</em>,&nbsp;<em>H&eacute;rcules</em>,&nbsp;<em>Spartaco</em>,&nbsp;<em>Arsenal</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Palma</em>. Las denominaciones, tan caracter&iacute;sticas de la &eacute;poca, muestran la espontaneidad de una competici&oacute;n creada desde abajo, sin instalaciones espec&iacute;ficas,&nbsp;ni entrenadores en el sentido actual y con embrionarias&nbsp;estructuras federativas. Hab&iacute;a que conocer las reglas, ense&ntilde;ar a aplicarlas, acondicionar el terreno, fijar los partidos y resolver las dificultades de un deporte que casi todos estaban descubriendo.&nbsp;En aquel campeonato la participaci&oacute;n de D&iacute;az Moreno fue esencial. Arbitr&oacute; la mayor parte de los encuentros, mientras Miguel Bethencourt Arrocha se ocup&oacute; de algunos de ellos. En esos primeros momentos, arbitrar tambi&eacute;n significaba ense&ntilde;ar: explicar las infracciones, ordenar el juego y acostumbrar a los participantes a unas normas que todav&iacute;a no dominaban. Fue as&iacute; una figura central en una competici&oacute;n que apenas comenzaba a abrirse camino.
    </p><p class="article-text">
        	Alfredo D&iacute;az&nbsp;permaneci&oacute; destinado en el destacamento de La Palma durante toda aquella primera temporada. En agosto de 1934 fue trasladado al Regimiento de Infanter&iacute;a n&uacute;mero 11, en Las Palmas, y pocos d&iacute;as despu&eacute;s embarc&oacute; con su esposa y su hija rumbo a Tenerife y Gran Canaria.&nbsp;Sin embargo,&nbsp;cuando menos&nbsp;en abril de 1935 volvi&oacute; a visitar La Palma.&nbsp;Durante la Guerra Civil sirvi&oacute; como sargento del Segundo Batall&oacute;n Expedicionario de Tenerife en el frente de Morata de Taju&ntilde;a. Una cr&oacute;nica de operaciones publicada por&nbsp;<em>La Prensa</em>&nbsp;en abril de 1937 destac&oacute; su serenidad en el cumplimiento de una misi&oacute;n dif&iacute;cil. En junio regres&oacute; brevemente a La Palma y el 4 de marzo de 1938 se documenta otra llegada a Santa Cruz de La Palma. Para entonces ya hab&iacute;a ascendido a alf&eacute;rez.
    </p><p class="article-text">
        	A finales de 1943 se encontraba nuevamente en la isla y fue nombrado primer delegado en La Palma de la reci&eacute;n creada Federaci&oacute;n Tinerfe&ntilde;a de Baloncesto, acompa&ntilde;ado por Pedro Mart&iacute;nez Rossi como secretario. En 1944 era ya teniente y ayudante del gobernador militar de la plaza de Santa Cruz de La Palma.&nbsp;La Delegaci&oacute;n reorganiz&oacute; la competici&oacute;n, moviliz&oacute; a los clubes, estableci&oacute; calendarios y design&oacute; &aacute;rbitros.&nbsp;El baloncesto volv&iacute;a a ponerse en marcha.&nbsp;Bajo la direcci&oacute;n de D&iacute;az Moreno se celebr&oacute; el campeonato de la temporada 1943-1944, en el que participaron&nbsp;<em>Tenisca</em>,&nbsp;<em>Mensajero</em>,&nbsp;<em>Espa&ntilde;ol</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Palma</em>, con victoria final del primero. Tambi&eacute;n se impulsaron encuentros femeninos, partidos con participaci&oacute;n militar y una Copa de Verano, al tiempo que aparec&iacute;an nuevos equipos. La competici&oacute;n oficial&nbsp;no recuperar&iacute;a esa estabilidad hasta la temporada 1951-1952.
    </p><p class="article-text">
        	D&iacute;az Moreno ejerci&oacute; como delegado entre 1943 y 1945. Lo suceder&iacute;a Miguel Bethencourt Arrocha, otra de las grandes figuras de los primeros tiempos. Bethencourt fue decisivo en el arbitraje, la reorganizaci&oacute;n y la continuidad posterior, mientras Carlos Yanes estuvo entre quienes protagonizaron la introducci&oacute;n inicial. Alfredo&nbsp;D&iacute;az, sin embargo, re&uacute;ne en una sola trayectoria casi todas las funciones: iniciador en 1928, mediador en 1933, &aacute;rbitro principal en 1934, primer delegado federativo en 1943, formador de jugadores y promotor de nuevas competiciones.
    </p><p class="article-text">
        	Es m&aacute;s, su actividad directiva no se limit&oacute; al baloncesto. En febrero de 1945 firm&oacute; como subdelegado insular de la Federaci&oacute;n Tinerfe&ntilde;a de F&uacute;tbol el calendario insular de Liga de la temporada 1944-1945, y en diciembre de 1946 aparece como secretario del Real Nuevo Club. Estas responsabilidades se sumaban a la presidencia de la Sociedad Colomb&oacute;fila de Santa Cruz de La Palma que hab&iacute;a ejercido en 1932 y completan su presencia en distintos &aacute;mbitos asociativos y deportivos.
    </p><p class="article-text">
        	Pero a&nbsp;todo ello a&ntilde;adi&oacute; una faceta que hoy posee un valor extraordinario: la de cronista. Durante 1944 public&oacute; numerosas informaciones deportivas bajo el seud&oacute;nimo de&nbsp;<em>Aldimo</em>, formado con las primeras s&iacute;labas de su nombre y apellidos.&nbsp;Y el 7 de febrero de 1947 firm&oacute; en&nbsp;<em>Diario de Avisos</em>&nbsp;el art&iacute;culo &laquo;<em>Algo</em>&nbsp;sobre la historia del baloncesto palmero&raquo;, uno de los primeros intentos de reconstruir los or&iacute;genes de este deporte en la isla. Su relato coincide en sus aspectos esenciales con los recuerdos de Gabriel G&oacute;mez Forns y Carlos Yanes y con las referencias publicadas en 1945, 1948 y 1951.&nbsp;Alfredo D&iacute;az Moreno fue, por tanto, protagonista y memorialista. Primero particip&oacute; en la historia y luego trat&oacute; de evitar que se perdiera. Esta doble condici&oacute;n explica que buena parte de lo que sabemos sobre los comienzos del baloncesto palmero haya llegado hasta nosotros, aunque su propio nombre no haya recibido un reconocimiento proporcionado. Su trayectoria solo adquiere toda su dimensi&oacute;n cuando se contemplan juntas sus distintas etapas.
    </p><p class="article-text">
        	Por lo dem&aacute;s, su carrera militar continu&oacute; despu&eacute;s de abandonar la primera l&iacute;nea de la organizaci&oacute;n baloncest&iacute;stica. Consta como sargento en 1932 y 1937; alf&eacute;rez en 1938, teniente y ayudante del gobernador militar de La Palma en 1944 y capit&aacute;n de Infanter&iacute;a en 1948. Posteriormente alcanz&oacute; el&nbsp;grado&nbsp;de comandante. Desde julio de 1959 ocup&oacute; un destino civil en el Servicio Especial de Vigilancia Fiscal del Ministerio de Hacienda, en Santa Cruz de Tenerife, en el que permaneci&oacute; hasta causar baja por edad reglamentaria el 25 de septiembre de 1980. Casado con Mar&iacute;a Concepci&oacute;n Garc&iacute;a y Garc&iacute;a, falleci&oacute; el 19 de mayo de 1982 en el Hospital General y Cl&iacute;nico de San Crist&oacute;bal de La Laguna.&nbsp;No obstante, sus restos fueron trasladados a Santa Cruz de La Palma, donde se celebr&oacute; la misa de corpore insepulto en la iglesia de El Salvador.
    </p><p class="article-text">
        	Por lo tanto, cabe considerarlo el principal constructor del baloncesto palmero durante su fase fundacional, sin atribuirle en exclusiva una obra que fue colectiva. Cuando fue preciso ense&ntilde;ar el juego, estuvo all&iacute;; cuando los j&oacute;venes necesitaron una cancha, facilit&oacute; el acceso al cuartel; cuando hubo que arbitrar el primer campeonato, dirigi&oacute; la mayor&iacute;a de sus partidos; cuando se cre&oacute; una estructura federativa, fue su primer delegado en La Palma; y cuando aquellos comienzos corr&iacute;an el riesgo de ser olvidados, escribi&oacute; su historia.
    </p><p class="article-text">
        	La Palma ha reivindicado con raz&oacute;n su condici&oacute;n de cuna del baloncesto canario. Esa consideraci&oacute;n exige recuperar a quienes lo hicieron posible. Entre ellos, Alfredo D&iacute;az Moreno ocupa un lugar excepcional y su nombre merecer&iacute;a quedar unido a una cancha o una competici&oacute;n. No ser&iacute;a una concesi&oacute;n generosa, sino la reparaci&oacute;n de un olvido: pocos hicieron tanto como &eacute;l para que en La Palma comenzara a botar un bal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J.J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/alfredo-diaz-moreno-gran-pionero-olvidado-baloncesto-palmero_129_13506052.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2026 08:23:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151071.jpg" length="19913" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151071.jpg" type="image/jpeg" fileSize="19913" width="201" height="113"/>
      <media:title><![CDATA[Alfredo Díaz Moreno, el gran pionero olvidado del baloncesto palmero]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151071.jpg" width="201" height="113"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Dios nos coja confesados!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dios-coja-confesados_129_13505357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1419f45e-43c0-49d6-9dd2-9666dbaf3d8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Dios nos coja confesados!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">LA OTRA CALLE - La vida me ha dado ejemplos de cómo no debe morirse uno y lo tengo muy claro: ni en una guerra, ni ahogada y arrastrada a una playa por olas o tiburones, ni en manos que no entiendan la palabra amor. Y en esa cesta entran hijos, yernos, asistentes y curanderos de pacotilla</p></div><p class="article-text">
        	Y llegado el d&iacute;a que me env&iacute;en a una residencia de ancianos no me toque una vieja gloria heredera de un tirano como directora de dicho centro. No quisiera yo verme metida en uno de esos lugares donde mueres abatida por una epidemia de diarrea universal; un lugar donde mis amigas y yo, junto a nuestros peores enemigos, pasamos los &uacute;ltimos a&ntilde;os de nuestra miserable vida. Confesarme no pienso, pero prefiero visitar el infierno antes de entrar en uno de esos lugares donde saltan las cifras de muertes inhumanas, bien por enfermedades mal atendidas o por abandono de hijos y parientes y donde la soledad se ve aumentada por la pasividad de las instituciones encargadas de cuidarme, ba&ntilde;arme y darme de comer algo que no sean sardinas en lata con papas y boniatos. En mi infancia yo ve&iacute;a comer todo eso, pero cre&iacute;a que eran unos pocos dejados de la mano de Dios o por ser negros o por ser pobres o por maltrato de reyes y tiranos si predicabas en su contra. 
    </p><p class="article-text">
        	La vida me ha dado ejemplos de c&oacute;mo no debe morirse uno y lo tengo muy claro: ni en una guerra, ni ahogada y arrastrada a una playa por olas o tiburones, ni en manos que no entiendan la palabra amor. Y en esa cesta entran hijos, yernos, asistentes y curanderos de pacotilla. Todos ellos ir&aacute;n a la c&aacute;rcel, lo s&eacute;, pero ya estar&aacute;n muertos aquellos que sufrieron tales tropel&iacute;as. No me compensa conocer el final de todos ellos. Lo que quiero es que me devuelvan vivo a mi padre, a mi madre y a algunos parientes m&aacute;s que murieron sin saber que alguien los quer&iacute;a y fueron internados en centros especializados en darles los cuidados que nosotros no supimos o no quisimos darles. 
    </p><p class="article-text">
        	El mundo se acaba. Lo sabemos los que sabemos ya muchas cosas m&aacute;s por viejos que por diablos, y castillos m&aacute;s altos hemos visto caer. Castillos y ciudades hemos visto perecer a manos del enemigo. Ahora lo hacemos a manos de las instituciones encargadas de darnos alguna alegr&iacute;a poco antes de que la parca se presente a recibirnos en su seno. Yo, lo s&eacute;. S&eacute; que voy a morir, pero l&iacute;breme Dios de hacerlo en una casa ajena a la m&iacute;a, que prefiero morir sola en mi cama que mal acompa&ntilde;ada en camastros de alquiler de un estado que se gasta el dinero en bombas y fusiles en vez de comprar toallitas h&uacute;medas o pa&ntilde;ales de algod&oacute;n en rama para limpiarnos el culo en lugares que caen en manos de empresas que no sienten ni padecen ni se molestan en padecer algo que se llama empat&iacute;a y les obliga a sentirse cerca de aquello que dicen cuidar y proteger. 
    </p><p class="article-text">
        	Por el momento, y antes de que me llegue la hora, quiero aclarar algunos t&eacute;rminos del contrato adquirido con esta sociedad: Los viejos ya no lo somos tanto, que la generaci&oacute;n que cumple los ochenta ya no es aquella carcomida por la edad y las enfermedades, que hoy, gracias a la ciencia, los hay llenos de energ&iacute;a y conocimientos que bien podr&iacute;an seguir dando clase en una universidad o ense&ntilde;ando a nadar o dando lecciones de esgrima; que esa generaci&oacute;n transmite conocimientos gracias a la sabidur&iacute;a acumulada y que, les guste o no reconocerlo a los m&aacute;s j&oacute;venes, gracias a la experiencia y a la memoria que a&uacute;n les permite recordar, s&iacute;, &ldquo;recordar&rdquo; lo ocurrido hace muchos a&ntilde;os, a&uacute;n puede mostrar los errores cometidos y decir en voz muy alta cu&aacute;les fueron y hacia qu&eacute; abismo nos condujeron aquellas injusticias que la sociedad parece querer olvidar. 
    </p><p class="article-text">
        	No me queda m&aacute;s remedio que exigir un poco de respeto por los m&aacute;s viejos de la tribu, cosa que ya hacen desde hace siglos muchas culturas que antes de dejar a sus abuelos en la selva para que los devoren los leones o en el hielo para que los maten los osos, escuchan con atenci&oacute;n sus ense&ntilde;anzas y consejos. Tambi&eacute;n los hay que los cuidan y conservan como sabidur&iacute;a viviente para que les recuerden constantemente lo que deben o no deben hacer y as&iacute; procurar que las mentiras o la arrogancia de los enemigos acabe con ellos. Y si los viejos hablan, no decirles a los nietos que esas son batallitas del abuelo. Que las muertes y matanzas cometidas contra los hombres las han llevado a cabo los mismos de siempre y esa herida la tienen abierta muchos de los que caminan a nuestro lado y no olvidan, aunque los ingresemos en determinados lugares para no verlos ni o&iacute;rlos ni permitirles hablar que viene a ser lo mismo que quemar libros o no explicar lo que hacen las dictaduras para eliminar a determinados seres vivos de la faz de la tierra. 
    </p><p class="article-text">
        	Y que silenciarlos es, sencillamente, una forma de genocidio como otra cualquiera. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>	Elsa L&oacute;pez</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>	La Palma, 12 de septiembre de 2026</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elsa López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dios-coja-confesados_129_13505357.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Sep 2026 14:02:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1419f45e-43c0-49d6-9dd2-9666dbaf3d8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="36042" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1419f45e-43c0-49d6-9dd2-9666dbaf3d8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="36042" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¡Dios nos coja confesados!]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1419f45e-43c0-49d6-9dd2-9666dbaf3d8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hermosa vida que amo ‘revisited’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/hermosa-vida-amo-revisited_129_13496720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8a8b5f6-f38b-4926-a3fa-4a0423d12dcf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La hermosa vida que amo ‘revisited’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">PARACETAHUMOR - No hay incienso celestial que me llegue al alma tan profundamente como ese 60% del IRPF que acaban de prolongar y que me ha permitido este verano ser generoso en el gasto y no tanto en el ahorro</p></div><p class="article-text">
        Soy fans &lsquo;number one&rsquo; de los hermanos Marx, en especial de Groucho, aunque el otro Marx , Carlos, tambi&eacute;n ten&iacute;a su punto, por mucho que se diga. Dec&iacute;a Groucho, que no Karl, que la felicidad consist&iacute;a en una serie de peque&ntilde;as cosas, una peque&ntilde;a mansi&oacute;n, un peque&ntilde;o yate, una peque&ntilde;a fortuna, o algo as&iacute;, lo que importa es el argumento. Se puede decir que Groucho a&ntilde;ade a todas esas cosas peque&ntilde;as una enorme retranca e incluso un gran cinismo, tal vez por no discutir con gente que ama tanto sus ideales que los guarda en una caja fuerte. He heredado de mis antepasados gallegos y palmeros una suerte de humanismo cristiano, de mi generaci&oacute;n sesentera las nuevas espiritualidades llamadas gen&eacute;ricamente new age, no exentas de parafernalia y&oacute;guica, budista, suf&iacute; y universalismo ecol&oacute;gico, etc. Pero creo que a&uacute;n as&iacute;, no hay incienso celestial que me llegue al alma tan profundamente como ese 60% del IRPF que acaban de prolongar y que me ha permitido este verano ser generoso en el gasto y no tanto en el ahorro, aunque ya se sabe que el ahorro de hoy es el gasto de ma&ntilde;ana. Una buena noticia para variar, por fin, porque el mundo y sus circunstancias no paran de acojonarnos, que si el rad&oacute;n, que si la bolsa de magma, que si Trump e Ir&aacute;n no paran de deshojar la margarita de Ormuz, que si las penurias de Ceuta, que si la final del mundial de f&uacute;tbol y un etc&eacute;tera infinito de calamidades y no me sirven de consuelo los rayos gamma ni todas esas obras viarias, incluida La Zamora El Remo, que van hacer que La Palma se nos haga cada vez m&aacute;s chiquita y apresurada contrariando el lema ancestral de nuestra isla, el &ldquo;t&uacute; tranquilo&rdquo;, que un amigo llama &ldquo; el Tao&iacute;smo palmero&rdquo;, una especie de &eacute;tica natural, de sentido com&uacute;n cotidiano que para m&iacute; es el fundamento esencial de &ldquo;la hermosa vida que amo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramón Araújo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/hermosa-vida-amo-revisited_129_13496720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Sep 2026 08:41:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e8a8b5f6-f38b-4926-a3fa-4a0423d12dcf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="273072" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e8a8b5f6-f38b-4926-a3fa-4a0423d12dcf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="273072" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La hermosa vida que amo ‘revisited’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e8a8b5f6-f38b-4926-a3fa-4a0423d12dcf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cabildos en la II República: entre la Constitución  y las gestoras a dedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cabildos-ii-republica-constitucion-gestoras-dedo_129_13496231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150742.jpg" width="682" height="384" alt="Los cabildos en la II República: entre la Constitución  y las gestoras a dedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - La República no creó los cabildos y tampoco consiguió normalizar democráticamente su gobierno. Pero hizo algo que ya no tendría vuelta atrás: llevó por primera vez a la Constitución una institución que representaba a la isla y dejó definitivamente asentada la idea de que cualquier proyecto político para Canarias tendría que contar con ambas, la isla y su cabildo</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Sede del Cabildo Insular de La Palma entre 1939 y 1968."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Sede del Cabildo Insular de La Palma entre 1939 y 1968.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Cuando se proclam&oacute; la II Rep&uacute;blica, en abril de 1931, los cabildos insulares llevaban casi dos d&eacute;cadas formando parte del paisaje pol&iacute;tico y administrativo de Canarias. Hab&iacute;an nacido con la Ley de 11 de julio de 1912 despu&eacute;s de una larga batalla en torno a la organizaci&oacute;n del Archipi&eacute;lago y, aunque sus primeros a&ntilde;os no estuvieron exentos de dificultades, a comienzos de los treinta nadie pod&iacute;a considerarlos ya una experiencia provisional. El Estatuto Provincial de 1925 hab&iacute;a reforzado notablemente su posici&oacute;n, al trasladar al &aacute;mbito insular buena parte de las funciones que en el resto del pa&iacute;s correspond&iacute;an a las diputaciones provinciales, y ni siquiera la divisi&oacute;n de Canarias en dos provincias, consumada en 1927, puso en cuesti&oacute;n su continuidad. Las nuevas provincias de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas convivieron desde entonces con los siete cabildos, encargados de los intereses propios de cada isla, y con las respectivas mancomunidades interinsulares para los asuntos comunes. De una u otra forma, la isla hab&iacute;a terminado conquistando un espacio propio dentro de la organizaci&oacute;n territorial espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica hered&oacute;, por tanto, unas instituciones ya asentadas y con una evidente capacidad de supervivencia. Monarqu&iacute;a y Dictadura hab&iacute;an pasado mientras los cabildos permanec&iacute;an. Sin embargo, el periodo que se abr&iacute;a en 1931 iba a ofrecer una de las mayores paradojas de toda su historia. Fue precisamente la Rep&uacute;blica la que los llev&oacute; por primera vez a una Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola, reconociendo expresamente a cada isla como una realidad org&aacute;nica dotada de su propio cabildo insular, pero fue tambi&eacute;n durante la Rep&uacute;blica cuando esas corporaciones permanecieron gobernadas por comisiones gestoras que no hab&iacute;an surgido de la elecci&oacute;n directa de los ciudadanos. La instituci&oacute;n alcanz&oacute; entonces su mayor consagraci&oacute;n jur&iacute;dica y, al mismo tiempo, vivi&oacute; bajo un sistema representativo manifiestamente provisional que termin&oacute; por durar tanto como el propio r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n se adopt&oacute; apenas una semana despu&eacute;s de proclamarse la Rep&uacute;blica. El Decreto de 21 de abril de 1931 sustituy&oacute; las corporaciones existentes por comisiones gestoras y estableci&oacute; para Canarias una composici&oacute;n diferente seg&uacute;n la poblaci&oacute;n y entidad de cada isla: nueve miembros en Tenerife y Gran Canaria, cinco en La Palma y tres en La Gomera, El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura. La aplicaci&oacute;n del decreto fue pr&aacute;cticamente inmediata. En el caso de La Palma fueron nombrados Manuel Casta&ntilde;eda P&eacute;rez, Domingo Pestana Lorenzo, Eugenio Abreu Creagh, Juan Mart&iacute;n P&eacute;rez y Dionisio Duque Fern&aacute;ndez. 
    </p><p class="article-text">
        Nada ten&iacute;a de extra&ntilde;o, en aquellos primeros d&iacute;as, que el Gobierno provisional quisiera sustituir unas corporaciones procedentes de la etapa anterior mientras se organizaba el nuevo r&eacute;gimen. Lo que s&iacute; terminar&iacute;a resultando mucho m&aacute;s significativo fue que aquella f&oacute;rmula, concebida para resolver una situaci&oacute;n transitoria, se prolongase durante a&ntilde;os. Las gestoras fueron renov&aacute;ndose (a veces con retraso) en funci&oacute;n de las distintas coyunturas pol&iacute;ticas y de las decisiones de los gobernadores civiles, sin que llegaran a celebrarse durante la Rep&uacute;blica las elecciones que habr&iacute;an permitido normalizar democr&aacute;ticamente la representaci&oacute;n insular. Algo parecido ocurri&oacute; con las mancomunidades. En mayo de 1931, y en aplicaci&oacute;n expresa del propio Decreto de 21 de abril, se constituy&oacute; la comisi&oacute;n sustitutiva de la Mancomunidad Interinsular de Santa Cruz de Tenerife. La Palma qued&oacute; representada por Dionisio Duque Fern&aacute;ndez, miembro de la gestora del Cabildo palmero. No deja de ser significativo que uno de los primeros protagonistas de aquel sistema provisional participara tambi&eacute;n en las discusiones sobre la futura organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa de Canarias.
    </p><p class="article-text">
        Mientras se desarrollaba esta vida institucional a base de nombramientos gubernativos, en Madrid se discut&iacute;a algo mucho m&aacute;s trascendente: el lugar que deb&iacute;an ocupar las islas dentro de la nueva Constituci&oacute;n. El proyecto inicial elaborado por la comisi&oacute;n presidida por Luis Jim&eacute;nez de As&uacute;a no garantizaba propiamente la continuidad de los cabildos. Ni siquiera utilizaba esa denominaci&oacute;n. Preve&iacute;a que cada isla pudiera constituir una categor&iacute;a org&aacute;nica especial dotada de un cuerpo gestor, partiendo todav&iacute;a de una concepci&oacute;n de la isla muy ligada a la mancomunidad de sus municipios. Para unas corporaciones que llevaban ya cerca de veinte a&ntilde;os funcionando, la f&oacute;rmula resultaba insuficiente. El cabildo hab&iacute;a dejado de ser una simple posibilidad organizativa y se hab&iacute;a convertido en la representaci&oacute;n institucional de una realidad insular que reclamaba algo m&aacute;s que una menci&oacute;n eventual.
    </p><p class="article-text">
        Fue en ese contexto cuando adquiri&oacute; especial relieve la intervenci&oacute;n del diputado palmero Alonso P&eacute;rez D&iacute;az. En septiembre de 1931 defendi&oacute; en las Cortes el particular desarrollo alcanzado por los cabildos canarios y sostuvo que no pod&iacute;an equipararse sin m&aacute;s a las diputaciones provinciales. Su prop&oacute;sito no era &uacute;nicamente asegurar su continuidad dentro del nuevo texto constitucional. Pretend&iacute;a tambi&eacute;n recuperar para ellos un sistema de elecci&oacute;n directa. La cr&oacute;nica parlamentaria recogi&oacute; que P&eacute;rez D&iacute;az reclam&oacute; que los cabildos fueran elegidos por sufragio universal y, al rectificar durante el debate, insisti&oacute; expresamente en el sufragio directo. La Comisi&oacute;n termin&oacute; aceptando que la cuesti&oacute;n quedara recogida en el art&iacute;culo 10 y el diputado palmero retir&oacute; su enmienda. 
    </p><p class="article-text">
        La posici&oacute;n de Alonso P&eacute;rez D&iacute;az enlazaba directamente con una tradici&oacute;n insularista que ven&iacute;a de atr&aacute;s y que hab&iacute;a tenido en su hermano Pedro P&eacute;rez D&iacute;az uno de sus principales formuladores. El cabildo no deb&iacute;a ser una simple reuni&oacute;n o emanaci&oacute;n de los ayuntamientos, sino la corporaci&oacute;n representativa de la isla y, por tanto, de sus habitantes. De ah&iacute; su insistencia en el sufragio directo. Detr&aacute;s de una discusi&oacute;n aparentemente t&eacute;cnica sobre el procedimiento electoral lat&iacute;a en realidad una determinada manera de entender Canarias: las islas constitu&iacute;an personalidades suficientemente definidas para administrar sus propios intereses y no pod&iacute;an quedar diluidas ni en la provincia ni en una hipot&eacute;tica estructura regional construida de espaldas a ellas.
    </p><p class="article-text">
        La redacci&oacute;n definitiva del art&iacute;culo 10 de la Constituci&oacute;n de 1931 termin&oacute; reconociendo expresamente que cada isla canaria formar&iacute;a una categor&iacute;a org&aacute;nica provista de un cabildo insular como cuerpo gestor de sus intereses peculiares. Era un salto de enorme importancia. Por primera vez la instituci&oacute;n creada en 1912 entraba en una Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola y, con ella, la propia isla adquir&iacute;a una presencia constitucional diferenciada. Pero precisamente ah&iacute; comenz&oacute; a resultar m&aacute;s visible la contradicci&oacute;n: mientras el texto constitucional reconoc&iacute;a y fortalec&iacute;a jur&iacute;dicamente a los cabildos, la elecci&oacute;n directa defendida en aquellas mismas Cortes no llegar&iacute;a a convertirse en realidad durante la Rep&uacute;blica. La Constituci&oacute;n los consagr&oacute;; la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica continu&oacute; confi&aacute;ndolos a las gestoras.
    </p><p class="article-text">
        La Constituci&oacute;n de 1931 abri&oacute; adem&aacute;s una cuesti&oacute;n que iba mucho m&aacute;s all&aacute; de la organizaci&oacute;n interna de los cabildos. El nuevo Estado admit&iacute;a la posibilidad de constituir regiones aut&oacute;nomas y Canarias comenz&oacute; muy pronto a preguntarse qu&eacute; lugar pod&iacute;a ocupar en aquel modelo. No era un debate f&aacute;cil. El Archipi&eacute;lago acababa de atravesar d&eacute;cadas de enfrentamiento pol&iacute;tico en torno al llamado pleito insular y la divisi&oacute;n provincial apenas ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os de vigencia. Las desconfianzas entre las islas segu&iacute;an muy presentes y cualquier proyecto de organizaci&oacute;n regional ten&iacute;a que enfrentarse a una cuesti&oacute;n fundamental: c&oacute;mo construir una estructura pol&iacute;tica com&uacute;n para Canarias sin vaciar de contenido a unas instituciones insulares que hab&iacute;an adquirido ya una personalidad propia.
    </p><p class="article-text">
        Los proyectos elaborados durante aquellos a&ntilde;os muestran que la respuesta pod&iacute;a encontrarse precisamente en los cabildos. Ram&oacute;n Gil-Rold&aacute;n plante&oacute; desde 1931 unas bases para la estructuraci&oacute;n regional del Archipi&eacute;lago que manten&iacute;an sustancialmente el sistema insular establecido en 1912. La regi&oacute;n pod&iacute;a constituirse sin necesidad de desmontar la arquitectura institucional de las islas. M&aacute;s ambicioso ser&iacute;a el proyecto elaborado en 1936 por el diputado socialista Jos&eacute; Antonio Junco Toral, a iniciativa del Colegio de Agentes Comerciales de Las Palmas, que llegaba a concebir a los cabildos como aut&eacute;nticos gobiernos insulares y les atribu&iacute;a, dentro de sus respectivos territorios, la potestad ejecutiva de la regi&oacute;n. La f&oacute;rmula ten&iacute;a un notable inter&eacute;s: una organizaci&oacute;n com&uacute;n para Canarias no ten&iacute;a necesariamente que imponerse sobre las islas, sino que pod&iacute;a construirse a partir de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Ese planteamiento anticipaba, de alguna manera, un problema que permanecer&iacute;a vivo durante d&eacute;cadas. La tensi&oacute;n entre regi&oacute;n e isla no ten&iacute;a por qu&eacute; resolverse a favor de una de las dos. Los cabildos pod&iacute;an constituir la base de una organizaci&oacute;n regional en la que cada isla conservara un amplio espacio de gobierno propio. Incluso las iniciativas legislativas de aquellos a&ntilde;os muestran hasta qu&eacute; punto la instituci&oacute;n insular estaba ya consolidada. En 1934 pod&iacute;a discutirse la conveniencia de mantener las mancomunidades provinciales, pero la existencia de los cabildos apenas se cuestionaba. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de su creaci&oacute;n, hab&iacute;an pasado de ser una soluci&oacute;n discutida a convertirse en uno de los elementos m&aacute;s estables de la organizaci&oacute;n canaria.
    </p><p class="article-text">
        Los proyectos auton&oacute;micos republicanos, sin embargo, no llegaron a culminar. Las diferencias territoriales, la inestabilidad pol&iacute;tica y, finalmente, la sublevaci&oacute;n militar de julio de 1936 impidieron que Canarias se dotara entonces de un estatuto de autonom&iacute;a. Pero aquellas propuestas tuvieron al menos el valor de poner de manifiesto que los cabildos hab&iacute;an dejado de ser &uacute;nicamente unas administraciones dedicadas a carreteras, beneficencia, agricultura, obras p&uacute;blicas o servicios insulares. Eran ya instituciones pol&iacute;ticas desde las que pod&iacute;a pensarse la organizaci&oacute;n futura del Archipi&eacute;lago. En apenas dos d&eacute;cadas hab&iacute;an adquirido una centralidad que ni la Dictadura, ni la divisi&oacute;n provincial, ni los proyectos regionales parec&iacute;an capaces de borrar.
    </p><p class="article-text">
        La mejor prueba de hasta qu&eacute; punto se prolong&oacute; la anormalidad representativa de aquellos a&ntilde;os aparece casi al final del periodo. El 29 de febrero de 1936, despu&eacute;s de las elecciones generales que hab&iacute;an dado el triunfo al Frente Popular, <em>Gaceta de Tenerife</em> dedicaba un extenso comentario a los nuevos &laquo;nombramientos gubernativos para las comisiones gestoras de todos los cabildos insulares&raquo;. El peri&oacute;dico cat&oacute;lico, situado claramente en posiciones contrarias a las izquierdas, denunciaba que las mismas fuerzas que hab&iacute;an protestado contra anteriores renovaciones de las gestoras aceptaran ahora que el nuevo gobernador civil utilizara id&eacute;ntico procedimiento. La valoraci&oacute;n pol&iacute;tica de aquella cr&oacute;nica debe leerse, naturalmente, desde la l&iacute;nea ideol&oacute;gica del diario, pero el hecho que describe resulta dif&iacute;cilmente discutible: en febrero de 1936, casi cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de creada la f&oacute;rmula provisional, los cabildos segu&iacute;an siendo gobernados mediante designaciones gubernativas.
    </p><p class="article-text">
        El propio peri&oacute;dico relataba c&oacute;mo la nueva situaci&oacute;n pol&iacute;tica hab&iacute;a llevado al nombramiento de representantes de Izquierda Republicana, Uni&oacute;n Republicana, socialistas y comunistas para aquellas corporaciones, del mismo modo que en etapas anteriores otros gobernadores hab&iacute;an utilizado la misma facultad para desplazar a quienes las ocupaban. M&aacute;s all&aacute; de las acusaciones partidistas, lo verdaderamente significativo era el mecanismo: las gestoras cambiaban al comp&aacute;s de los gobiernos. La direcci&oacute;n pol&iacute;tica de unas instituciones llamadas constitucionalmente a representar los intereses peculiares de cada isla depend&iacute;a, sin embargo, de decisiones gubernativas adoptadas desde fuera de ellas.
    </p><p class="article-text">
        En ese mismo editorial aparec&iacute;a una reflexi&oacute;n que resume con bastante precisi&oacute;n el problema. El editorialista lamentaba el frecuente trasiego de representantes provocado por los cambios pol&iacute;ticos y reclamaba que se acudiera finalmente al &laquo;cuerpo electoral&raquo; para constituir aquellos organismos conforme a la voluntad y a las necesidades de la isla. Resulta dif&iacute;cil encontrar una imagen m&aacute;s expresiva de la contradicci&oacute;n que acompa&ntilde;&oacute; a los cabildos durante toda la Rep&uacute;blica. La instituci&oacute;n hab&iacute;a alcanzado en 1931 una protecci&oacute;n jur&iacute;dica desconocida hasta entonces, hab&iacute;a sido elevada al rango constitucional y aparec&iacute;a incluso como una de las posibles piezas b&aacute;sicas de una futura autonom&iacute;a canaria. Sus dirigentes, sin embargo, segu&iacute;an siendo sustituidos mediante nombramientos gubernativos.
    </p><p class="article-text">
        La II Rep&uacute;blica ocupa por ello un lugar singular en la historia de los cabildos. No fue una etapa fundacional como la de 1912 ni una fase de expansi&oacute;n competencial comparable a la de 1925. Su importancia reside en otra parte. Fue el momento en que la instituci&oacute;n insular qued&oacute; definitivamente incorporada al entramado constitucional espa&ntilde;ol y en que se reforz&oacute; la idea de que cualquier futura organizaci&oacute;n pol&iacute;tica de Canarias tendr&iacute;a que contar necesariamente con ella. Pero ese reconocimiento convivi&oacute; con una anomal&iacute;a que el propio r&eacute;gimen no consigui&oacute; resolver: los consejeros no llegaron a ser elegidos mediante el sufragio universal y directo defendido en las Cortes y las comisiones gestoras, nacidas como soluci&oacute;n provisional en abril de 1931, acompa&ntilde;aron a los cabildos durante toda la experiencia republicana.
    </p><p class="article-text">
        La sublevaci&oacute;n militar de julio de 1936 abri&oacute; un escenario radicalmente distinto. Cambiar&iacute;an otra vez quienes ocupaban las corporaciones y desaparecer&iacute;a el r&eacute;gimen constitucional que por primera vez hab&iacute;a reconocido expresamente a los cabildos, pero estos sobrevivir&iacute;an tambi&eacute;n a aquella ruptura. En apenas un cuarto de siglo hab&iacute;an atravesado la Restauraci&oacute;n, la Dictadura de Primo de Rivera y la II Rep&uacute;blica, y continuar&iacute;an existiendo bajo el nuevo r&eacute;gimen surgido de la Guerra Civil. Esa capacidad de permanencia dice probablemente m&aacute;s sobre su arraigo que cualquier formulaci&oacute;n jur&iacute;dica.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica no cre&oacute; los cabildos y tampoco consigui&oacute; normalizar democr&aacute;ticamente su gobierno. Pero hizo algo que ya no tendr&iacute;a vuelta atr&aacute;s: llev&oacute; por primera vez a la Constituci&oacute;n una instituci&oacute;n que representaba a la isla y dej&oacute;<strong> </strong>definitivamente asentada la idea de que cualquier proyecto pol&iacute;tico para Canarias tendr&iacute;a que contar con ambas, la isla y su cabildo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cabildos-ii-republica-constitucion-gestoras-dedo_129_13496231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 19:46:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150742.jpg" length="120504" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150742.jpg" type="image/jpeg" fileSize="120504" width="682" height="384"/>
      <media:title><![CDATA[Los cabildos en la II República: entre la Constitución  y las gestoras a dedo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150742.jpg" width="682" height="384"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (XI): Tixarafe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cantones-bandos-prehispanicos-benahoare-xi-tixarafe_129_13496177.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (XI): Tixarafe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">BENAHOARE - Las fuentes etnohistóricas están en lo cierto cuando apuntan que el cantón de Tixarafe era “… el más poderoso, por la mucha tierra y gente que tenía …” (J. Abreu Galindo)</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n las fuentes etnohist&oacute;ricas &ldquo;<em>El once&ntilde;o se&ntilde;or&iacute;o era desde el barranco de Hiscaguan hasta el asomada de Tixarafe; y de toda esta tierra era se&ntilde;or Atogamatoma, y el m&aacute;s poderoso, por la mucha tierra y gente que ten&iacute;a </em>(J. Abreu Galindo, 1977: 268). Uno de los datos m&aacute;s interesantes que se desprende de esta cita textual es que sus dominios territoriales inclu&iacute;an los actuales municipios de Tijarafe y Puntagorda. Este top&oacute;nimo tiene el significado de &rdquo;&hellip; <em>el paso &hellip;</em>&ldquo; (2011: 418) que, adem&aacute;s, se puede correlacionar con el de <em>asomada </em>que aparece en la referencia bibliogr&aacute;fica anterior. En este sentido, en la zona de Las Cabezadas, que cuenta con una gran riqueza arqueol&oacute;gica (grabados rupestres, conjuntos de canalillos y cazoletas, poblados de cuevas y yacimientos funerarios), nos encontramos con una degollada conocida por La Somada, emplazada sobre el mismo borde superior de las laderas de Amagar. Una somada o asomada no es otra cosa que un lugar desde el cual se dominan amplias panor&aacute;micas de los alrededores y La Somada tijarafera es, sin ning&uacute;n g&eacute;nero de dudas, una de las m&aacute;s espectaculares de La Palma. Desde aqu&iacute;, la poblaci&oacute;n benahoarita pod&iacute;a controlar una buena parte de su propio territorio, excepto la parte norte, as&iacute; como los cantones colindantes de Acer&oacute; y Aridane y algo m&aacute;s desplazados hacia el sur los de Tihuya y Guehebey.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Mitad meridional del cantón de Tixarafe desde Las Cabezadas (Foto Jorge Pais Pais)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Mitad meridional del cantón de Tixarafe desde Las Cabezadas (Foto Jorge Pais Pais).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es interesante detenernos un poco en el significado de Tixarafe como &ldquo;<em>el paso</em>&rdquo;, que podr&iacute;a referirse al hecho de que en estos parajes se localiza, precisamente, la zona de transici&oacute;n entre la paleopalma (mitad norte) y la neopalma (mitad sur), claramente marcada por la impresionante orograf&iacute;a que conforman las laderas de Amagar y El Time. La comunicaci&oacute;n con el cant&oacute;n de Aridane era posible a trav&eacute;s de tres senderos que, en dos casos, siguen en uso y que, muy posiblemente, sean de tradici&oacute;n aborigen. Por un lado, tenemos el camino a trav&eacute;s de las laderas de Juan Graje, que desemboca en el Puerto de Tazacorte, justo donde desembarcaron las huestes de Alonso Fern&aacute;ndez de Lugo en 1493. Un poco m&aacute;s arriba se sit&uacute;a el sendero que sube desde la ermita de Las Angustias y finaliza en la zona de la Cruz del Time. El m&aacute;s elevado, y hoy en desuso, trepa por las laderas de Amagar y llega, precisamente, a La Somada (Las Cabezadas). Queda otro camino, que casi se puede considerar una &ldquo;pasada&rdquo;, desplazado hacia el este, conocido como el Paso de Los Olivos y que baja por la zona de la Hacienda del Cura (Caldera de Taburiente). Todos estos <em>pasos</em> fueron esenciales para la poblaci&oacute;n benahoarita del cant&oacute;n de Tixarafe, puesto que permit&iacute;a las comunicaciones y relaciones con los bandos de la vertiente occidental y suroccidental de Benahoare y, sobre todo, facilitaba el acceso a un recurso vital, muy escaso en Tixarafe, cu&aacute;l era el agua que corr&iacute;a libremente por el Barranco de Las Angustias que, en buena medida, podr&iacute;a ser aprovechada por los moradores ind&iacute;genas de este bando independiente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64fecbb6-dca8-4435-9c2c-3a3e7b2d197c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64fecbb6-dca8-4435-9c2c-3a3e7b2d197c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64fecbb6-dca8-4435-9c2c-3a3e7b2d197c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64fecbb6-dca8-4435-9c2c-3a3e7b2d197c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/64fecbb6-dca8-4435-9c2c-3a3e7b2d197c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/64fecbb6-dca8-4435-9c2c-3a3e7b2d197c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/64fecbb6-dca8-4435-9c2c-3a3e7b2d197c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Laderas de Amagar desde La Somada por donde discurre un antiguo sendero (Foto: Jorge Pais Pais)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Laderas de Amagar desde La Somada por donde discurre un antiguo sendero (Foto: Jorge Pais Pais)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El capit&aacute;n de Tixarafe, poco antes de la conquista de Benahoare, fue Atogmatoma que, seg&uacute;n Ignacio Reyes Garc&iacute;a, se podr&iacute;a traducir como &ldquo;&hellip; <em>el (que) camina despacio &hellip;</em>&rdquo; (2011: 103). Ello podr&iacute;a indicar que era una persona de movimientos lentos y pausados o que era reflexivo y tranquilo. Sin embargo, esta &uacute;ltima acepci&oacute;n no concuerda nada con las actuaciones e iniciativas en las que se vio involucrado con sus vecinos. M&aacute;s bien parece que fue bastante impetuoso e impulsivo. As&iacute;, poco antes de la conquista de Benahoare sucedieron &ldquo;<em>&hellip; enemistades entre Atogmatoma, que era el mayor se&ntilde;or de tierra y gente que hab&iacute;a en la isla, y Tanausu, su sobrino, hijo de un hermano suyo, se&ntilde;or de Acero, el m&aacute;s fuerte sitio que hab&iacute;a en la isla, por las cuales vinieron a hacerse guerra el uno contra el otro&hellip;&rdquo; </em>(J. Abreu Galindo, 1977: 273) Atogmatoma reuni&oacute; a 200 hombres entablando una batalla en Las Cuevas (cant&oacute;n de Aridane), donde fue derrotado, por lo que se vio obligado a retirarse a su territorio. Sin embargo, la rendici&oacute;n no entraba en los planes de Atogmatoma, por lo que solicit&oacute; la ayuda de sus parientes Temiaba (capit&aacute;n de Tagaragre) y Bediesta (capit&aacute;n de Tagalguen o Adeyahamen aunque, lo m&aacute;s probable es que fuese el primero, dada la proximidad entre ambos bandos). La t&aacute;ctica, en esta ocasi&oacute;n, fue distinta, ya que penetraron en Acer&oacute;, donde vencieron a Tanaus&uacute;, quien se retir&oacute; a las laderas de Benehauno (Pico Bejenao), pidiendo socorro a sus primos y capitanes Chenauca y Aganeye (Ahenguareme), as&iacute; como a Juguiro y Garehagua (Tigalate). Por tanto, un enfrentamiento que empez&oacute; entre dos capitanes rivales se convirti&oacute;, al final, en una guerra que implic&oacute; a buena parte de Benahoare, puesto que algunos capitanes de la mitad norte apoyaron a Atogmatoma mientras que los del sur se decantaron por Tanaus&uacute;. Lo cierto es que la batalla final, en Aridane, provoc&oacute; la derrota de Atogmatoma que fue &ldquo;&hellip;<em>desbaratado, vencido y puesto en hu&iacute;da la vuelta de su t&eacute;rmino &hellip;&rdquo;</em> (J. Abreu Galindo, 1977: 274). 
    </p><p class="article-text">
        Atogmatoma, tras la derrota definitiva, fue perseguido por Chenauca, quien pretend&iacute;a darle muerte, aunque desisti&oacute; de este empe&ntilde;o gracias a los esfuerzos de una hija del capit&aacute;n de Tixarafe, llegando a un pacto para establecer una alianza duradera mediante el casamiento de Tinabuna (hija de Atogmatoma) y Aganeye (se&ntilde;or del cant&oacute;n de Ahenguareme): &ldquo;&hellip; <em>Luego que qued&oacute; Atogmatoma desbaratado, cada capit&aacute;n con su gente se recogi&oacute; en su t&eacute;rmino. Puesto que Atogmatoma era el m&aacute;s poderoso capit&aacute;n, como era envidiado de los otros, temi&eacute;ndose que por la injuria que hab&iacute;a hecho a Tanaus&uacute; no se tornasen Aganeheye y los dem&aacute;s a conjurar contra &eacute;l, por confederarse con ellos y hacer paces, determin&oacute; casar a Tinabuna, su hija, con Aganeie; y as&iacute; celebraron las bodas, y quedaron todos amigos.&rdquo; </em>(J. Abreu Galindo, 1977: 274). En el terreno de la leyenda, tal y como nos han manifestado algunos pastores de la comarca noroeste de la Isla, se indica que Atomatoma se retir&oacute; a su vivienda, que no era otra que la Cueva de Candelaria, donde apareci&oacute; la virgen-patrona de este municipio, donde, presa de la desesperanza y la tristeza, acab&oacute; por darse muerte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf1b8332-0e8b-4dfb-a385-cd73fa9817af_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf1b8332-0e8b-4dfb-a385-cd73fa9817af_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf1b8332-0e8b-4dfb-a385-cd73fa9817af_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf1b8332-0e8b-4dfb-a385-cd73fa9817af_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf1b8332-0e8b-4dfb-a385-cd73fa9817af_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bf1b8332-0e8b-4dfb-a385-cd73fa9817af_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bf1b8332-0e8b-4dfb-a385-cd73fa9817af_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Cueva de Candelaria (Foto Jorge Pais Pais)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Cueva de Candelaria (Foto Jorge Pais Pais).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las fuentes etnohist&oacute;ricas est&aacute;n en lo cierto cuando apuntan que el cant&oacute;n de Tixarafe era &ldquo;&hellip; <em>el m&aacute;s poderoso, por la mucha tierra y gente que ten&iacute;a &hellip;</em>&rdquo;.<em> </em>(J. Abreu Galindo, 1977: 268). Las intensivas prospecciones arqueol&oacute;gicas superficiales realizadas realizadas en Tijarafe y Puntagorda parecen corroborar esa apreciaci&oacute;n. La primera campa&ntilde;a de rastreos la llevamos a cabo entre el verano de 1998 y abril de 1999 y los centramos en las laderas de Amagar. Estos trabajos fueron realizados por encargo de Jos&eacute; Luis Lorenzo Barreto (+) que, por entonces, era concejal de patrimonio del Ayuntamiento de Tijarafe. Las prospecciones m&aacute;s intensivas se realizaron en el verano de 2002 y fueron fruto de un convenio de colaboraci&oacute;n entre la Consejer&iacute;a de Cultura, Patrimonio Hist&oacute;rico y Educaci&oacute;n del Excmo. Cabildo Insular de La Palma y el Centro Internacional para la Conservaci&oacute;n del Patrimonio (CICOP). El equipo que dirigimos estuvo formado por especialistas en la materia: Francisco Herrera Garc&iacute;a, Ylaisa Gonz&aacute;lez Navarro (+), Mar&iacute;a Laura Bencomo Fern&aacute;ndez y Beatriz Brito Casta&ntilde;eda. La Carta Arqueol&oacute;gica de Puntagorda se hizo en el verano de 2003 por parte del mismo grupo investigador.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e4cb7171-01ee-437b-9008-dd2ed59be99c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e4cb7171-01ee-437b-9008-dd2ed59be99c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e4cb7171-01ee-437b-9008-dd2ed59be99c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e4cb7171-01ee-437b-9008-dd2ed59be99c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e4cb7171-01ee-437b-9008-dd2ed59be99c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e4cb7171-01ee-437b-9008-dd2ed59be99c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e4cb7171-01ee-437b-9008-dd2ed59be99c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Calcando los canalillos y cazoletas de Lomo Muerto (Puntagorda) en 2003 (Foto: Jorge Pais Pais)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Calcando los canalillos y cazoletas de Lomo Muerto (Puntagorda) en 2003 (Foto: Jorge Pais Pais)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Estos rastreos nos permitieron descubrir y estudiar en torno a 1000 yacimientos arqueol&oacute;gicos de todo tipo. La gran mayor&iacute;a se correspond&iacute;an con cuevas de habitaci&oacute;n, unas 42 estaciones de grabados rupestres, especialmente en Tijarafe, una buena cantidad de conjuntos de canalillos y cazoletas, sobre todo en Puntagorda, 32 yacimientos funerarios, etc, etc. Estas cifras, desde esa &eacute;poca, se han incrementado considerablemente puesto que, solo por citar los conjuntos de petroglifos, hasta hace unos 10 a&ntilde;os, en Tijarafe ya se conoc&iacute;an 60 estaciones de grabados rupestres, lo cual lo convierte en el tercero de La Palma tras Garaf&iacute;a y El Paso, mientras que Puntagorda ha triplicado el n&uacute;mero de yacimientos de este tipo. El <em>Proyecto Occidente, </em>dirigido por Francisco P&eacute;rez Caama&ntilde;o y Javier Soler Segura, desde hace una d&eacute;cada, lleva descubrimiento nuevos vestigios ind&iacute;genas para la arqueolog&iacute;a tijarafera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/296a5fb6-f451-4872-bf2f-1d9273371e34_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/296a5fb6-f451-4872-bf2f-1d9273371e34_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/296a5fb6-f451-4872-bf2f-1d9273371e34_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/296a5fb6-f451-4872-bf2f-1d9273371e34_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/296a5fb6-f451-4872-bf2f-1d9273371e34_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/296a5fb6-f451-4872-bf2f-1d9273371e34_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/296a5fb6-f451-4872-bf2f-1d9273371e34_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Amontonamiento de piedras en Llano Picón (Cumbre de Puntagorda) (Foto: Jorge Pais Pais)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Amontonamiento de piedras en Llano Picón (Cumbre de Puntagorda) (Foto: Jorge Pais Pais)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La riqueza, variedad e inter&eacute;s de muchos de los yacimientos arqueol&oacute;gicos de este cant&oacute;n est&aacute; fuera de toda duda. En este trabajo es imposible hacer referencia a todos ellos, de tal forma que solo haremos una breve menci&oacute;n a algunos de los conjuntos, a nuestro juicio, m&aacute;s sobresalientes y &uacute;nicos dentro de la arqueolog&iacute;a de la Isla de La Palma. Comenzaremos la descripci&oacute;n por la Laderas de Amagar donde se localiza una gran cantidad de cuevas de habitaci&oacute;n con potentes estratigraf&iacute;as, as&iacute; como necr&oacute;polis individuales y comunales. Sin embargo, los petroglifos son bastante escasos, aunque destaca la conocida como &ldquo;Piedra del Guanche&rdquo;, que forma parte del Mirador de Las Cabezadas. Los motivos curvil&iacute;neos son de gran belleza y complejidad. En estas escarpadas laderas son sumamente interesantes los conjuntos de canalillos y cazoletas como los de, por ejemplo, la Veta del Alm&aacute;cigo, La Somada, etc. Entre las estaciones de grabados rupestres tijaraferas destacan las grecas de la Barranquera de Tagomate (La Punta) que, hoy en d&iacute;a, sigue siendo el conjunto m&aacute;s espectacular de este motivo muy poco representado en la arqueolog&iacute;a palmera. Finalmente, hemos de citar la cueva funeraria de La Palmera (La Punta), excavada en 1985 por Ernesto Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez, en la que sobresalen el uso de un &ldquo;chajasco&rdquo; de madera sobre el que se apoyaban los cuerpos, as&iacute; como dos tablones de tea datados en el siglo III a. C.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff6725e3-2d8a-4fca-8d2c-9c9459362997_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff6725e3-2d8a-4fca-8d2c-9c9459362997_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff6725e3-2d8a-4fca-8d2c-9c9459362997_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff6725e3-2d8a-4fca-8d2c-9c9459362997_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff6725e3-2d8a-4fca-8d2c-9c9459362997_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff6725e3-2d8a-4fca-8d2c-9c9459362997_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ff6725e3-2d8a-4fca-8d2c-9c9459362997_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Grecas en el Barranco de Tagomate (La Punta. Tijarafe) (Foto: Jorge Pais Pais)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Grecas en el Barranco de Tagomate (La Punta. Tijarafe) (Foto: Jorge Pais Pais)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El 19 de marzo de 2015 el Consejo de Gobierno de Canarias declar&oacute; Bien de Inter&eacute;s Cultural, con la categor&iacute;a de Zona Arqueol&oacute;gica, un tramo del Barranco de Los Gomeros entre los caser&iacute;os de Arecida y El Jes&uacute;s (Tijarafe). El conjunto cuenta con unas 39 cuevas naturales de habitaci&oacute;n y tres cavidades con la presencia de restos humanos, as&iacute; como una peque&ntilde;a estaci&oacute;n de grabados rupestres y varias edificaciones con valores etnogr&aacute;ficos (pajero y molina). Este inter&eacute;s se ha visto acrecentado, desde 2017, por el &ldquo;Proyecto Occidente&rdquo;, auspiciado y financiado en su pr&aacute;ctica totalidad por el Ayuntamiento de Tijarafe, que ha permitido realizar varias campa&ntilde;as de excavaci&oacute;n en yacimientos situados dentro del BIC, como la Cueva de Las Mejoras (2017 y 2018) y otra cavidad en el Lomo de Las Vi&ntilde;as I (2018, 2021a, 2021b y 2025). Todo ello ha sido posible merced a un campus de arqueolog&iacute;a, dirigido por Francisco P&eacute;rez Caama&ntilde;o y Javier Soler Segura que, adem&aacute;s, ha permitido llevar a cabo numerosas prospecciones superficiales por todo el municipio, limpieza de basura y vegetaci&oacute;n y hallazgos sorprendentes como una vasija entera de la fase IVB, en agosto de 2024, en la Cueva de Las Jimenas que, aunque est&aacute; situada en el propio Barranco de Los Gomeros, queda fuera de la zona delimitada como BIC.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68acdc82-c970-4d14-9418-4183da76ea5f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68acdc82-c970-4d14-9418-4183da76ea5f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68acdc82-c970-4d14-9418-4183da76ea5f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68acdc82-c970-4d14-9418-4183da76ea5f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68acdc82-c970-4d14-9418-4183da76ea5f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68acdc82-c970-4d14-9418-4183da76ea5f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/68acdc82-c970-4d14-9418-4183da76ea5f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Zona Arqueológica del Barranco de Los Gomeros (BIC) (Foto Jorge Pais Pais)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Zona Arqueológica del Barranco de Los Gomeros (BIC) (Foto Jorge Pais Pais)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La riqueza arqueol&oacute;gica de la parte norte del cant&oacute;n de Tixarafe (actual municipio de Puntagorda) es igualmente muy rica y variada desde la orilla del mar a las cumbres m&aacute;s elevadas en los bordes de la Caldera de Taburiente. En este trabajo no podemos detenernos en detallar sus yacimientos arqueol&oacute;gicos, por lo que solo hablaremos, sucintamente, de tres cuestiones que son sumamente interesantes, tanto para la arqueolog&iacute;a municipal como insular. En los rastreos de este municipio, fuera el equipo que realiz&oacute; la carta Arqueol&oacute;gica de Puntagorda, destaca la figura de Carlos Asterio Abreu D&iacute;az, quien ha descubierto infinidad de yacimiento dispersos por todo el territorio puntagordero. Es interesante rese&ntilde;ar la escasez de estaciones de grabados rupestres que se han descubierto, hasta el momento, si bien destaca la gran cantidad de conjuntos de canalillos y cazoletas que aparecen en las zonas de costa y median&iacute;as, destacando los conjuntos de Monta&ntilde;a de Braulio y Lomo Muerto que, en cuanto a significaci&oacute;n y n&uacute;mero de paneles, son &uacute;nicos dentro de la arqueolog&iacute;a palmera. Asimismo, nos encontramos con el poblado de caba&ntilde;as abor&iacute;genes m&aacute;s extenso de la antigua Benahoare, ocupando la parte superior de los lomos en la zona conocida como Cruz de La Reina, aunque, desgraciadamente, la roturaci&oacute;n del terreno en la &eacute;poca hiast&oacute;rica, ha desmantelado la gran mayor&iacute;a de las construcciones ind&iacute;genas. Finalmente, en La Cumbre de Puntagorda, destacan algunos de los conjuntos de amontonamientos de piedras, petroglifos y abrigos pastoriles m&aacute;s interesantes de La Palma como, por ejemplo, el emplazado en Llano Pic&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6517cf6c-a327-4bf0-808d-5700cb42c2c4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6517cf6c-a327-4bf0-808d-5700cb42c2c4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6517cf6c-a327-4bf0-808d-5700cb42c2c4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6517cf6c-a327-4bf0-808d-5700cb42c2c4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6517cf6c-a327-4bf0-808d-5700cb42c2c4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6517cf6c-a327-4bf0-808d-5700cb42c2c4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6517cf6c-a327-4bf0-808d-5700cb42c2c4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Canalillos y cazoletas en la Montaña de Braulio (Puntagorda) (Foto: Jorge Pais Pais)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Canalillos y cazoletas en la Montaña de Braulio (Puntagorda) (Foto: Jorge Pais Pais)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Finalmente, haremos una breve referencia a los l&iacute;mites del cant&oacute;n de Tixarafe que, como se&ntilde;ala J. Abreu Galindo, por la zona sur se encontraba en La Asomada. Este top&oacute;nimo, en principio se corresponder&iacute;a con la zona de Las Cabezadas, sobre la misma orilla superior de la margen derecha del Barranco de Las Angustias. Ello implicar&iacute;a que los importantes asentamientos en cuevas de las laderas de Amagar, quedar&iacute;an fuera de esta demarcaci&oacute;n territorial y pertenecer&iacute;an a Aridane, privando a los moradores de este bando del agua que corr&iacute;a por el fondo de ese barranco. Esta apreciaci&oacute;n rompe con las fronteras intermunicipales establecidas tras la conquista de Benahoare, siendo el cauce del barranco la separaci&oacute;n, de tal forma que cada margen pertenec&iacute;a a los dos municipios colindantes tal y como, por otro lado, si se respet&oacute; en el lado septentrional, donde el Barranco de Izcagua separaba los cantones de Tixarafe y Tagalguen    
    </p><p class="article-text">
        <strong>Bibliograf&iacute;a general</strong>
    </p><p class="article-text">
             -ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, (Santa Cruz de Tenerife), 1977.
    </p><p class="article-text">
             -&Aacute;LVAREZ RODR&Iacute;GUEZ, Nuria y PAIS PAIS, Felipe Jorge: Los yacimientos funerarios benahoaritas en las antiguas demarcaciones territoriales de La Palma, <em>Actas de las IV Jornadas Prebendado Pacheco de Investigaci&oacute;n Hist&oacute;rica</em>, (Tegueste), 2011, P&aacute;gs. 17-42, ISBN 978-84-938791-0-5 (Publicaci&oacute;n digital).
    </p><p class="article-text">
             -PAIS PAIS, F. J.: La econom&iacute;a de producci&oacute;n en la prehistoria de la isla de La Palma: la ganader&iacute;a, (Santa Cruz de Tenerife), 1996.
    </p><p class="article-text">
             -REYES GARC&Iacute;A, Ignacio: Diccionario &iacute;nsuloamaziq, (Islas Canarias), 2011.
    </p><p class="article-text">
             -PEREZ CAAMA&Ntilde;O, F. y HERRERA GARC&Iacute;A, F.: Puntagorda y el bando de Hiscagu&aacute;n/Tixarafe. La memoria perdida de Atomatoma, en <em>Puntagorda: memorias de un olvido</em>, (Tenerife), 2007, P&aacute;gs.61-108
    </p><p class="article-text">
             -P&Eacute;REZ CAAMA&Ntilde;O, F., SOLER SEGURA, J. y P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, G.: Estudios arqueol&oacute;gicos en el Barranco de Los Gomeros, (Madrid), 2022.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Felipe Jorge Pais Pais es doctor en Arqueolog&iacute;a</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Felipe Jorge Pais Pais]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cantones-bandos-prehispanicos-benahoare-xi-tixarafe_129_13496177.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 19:29:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="140495" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="140495" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los cantones o bandos prehispánicos de Benahoare (XI): Tixarafe]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9d6c6fa9-61fb-447e-b13a-9c711d9f43b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La IA en el mundo emprendedor es la nueva navaja suiza...]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ia-mundo-emprendedor-nueva-navaja-suiza_129_13495914.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150724.jpg" width="1675" height="942" alt="La IA en el mundo emprendedor es la nueva navaja suiza..."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">EMPRENDEDOR 10.0 - La IA es una herramienta, y el emprendedor quizá la está utilizando mal</p></div><p class="article-text">
        La Inteligencia Artificial va mucho m&aacute;s all&aacute; que preguntar a Chat GPT, Claude (tambi&eacute;n llamada por mi alumnado Claudia), Gemini y c&iacute;a. Y empiezo por aqu&iacute; porque pensamos, err&oacute;neamente, en que la IA son aquellas &ldquo;tools&rdquo; que tenemos los mortales, los a &ldquo;pie de lista&rdquo; del Titanic, a las que le preguntamos cu&aacute;ntas Champions ha ganado el Atleti, a las que les ordenamos que desarrollen un TFM o a las que les enviamos una foto de la herida de la &ldquo;canilla&rdquo; para que nos d&eacute; un diagn&oacute;stico tal MIR repetidor&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La Inteligencia Artificial lleg&oacute; demasiado r&aacute;pido, para quedarse y para alelarnos, pero esto &uacute;ltimo a&uacute;n estamos a tiempo de atajarlo&hellip; &iquest;C&oacute;mo? Haciendo que trabaje para nosotros de manera recurrente en tareas demasiado &ldquo;roba tiempo&rdquo; y met&oacute;dicas. 
    </p><p class="article-text">
        Y ahora que &ldquo;no nos lee nadie&rdquo;, les cuento dos secretos&hellip; El primero, desde que uso la IA, me he &ldquo;ahorrado&rdquo; unas 8 horas de trabajo semanales, y el segundo, desde que uso la IA&hellip; &iexcl;trabajo m&aacute;s! S&iacute;, puede parecer una &ldquo;ambig&uuml;edad ambigua&rdquo; pero es m&aacute;s cierto que de que soy de Los Sauces&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Lo comentado ut supra tiene una raz&oacute;n, una explicaci&oacute;n, y es que los emprendedores, cuando ahorramos tiempo lo solemos &ldquo;invertir&rdquo; en nuestros negocios, en pensar m&aacute;s y mejor, en darle una vuelta a las cosas, en ver qu&eacute; podemos mejorar&hellip; Y para eso precisamente sirve la IA, para actuar a modo de &ldquo;navaja suiza&rdquo; y que nos aporte en diferentes partes del emprendimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Y llega la pregunta (o la afirmaci&oacute;n) del mill&oacute;n: &iquest;en qu&eacute; puede ayudar la IA a un emprendedor? Aunque ser&iacute;a muy extensa la contestaci&oacute;n, voy a dar 3 tips en lo que yo he utilizado este tipo de IA generativa de &ldquo;ahorro de tiempo&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1-. Que te proporcione ideas:</strong> explica bien tu negocio y que te de ideas&hellip; &iquest;De qu&eacute; tipo? &iexcl;T&uacute; sabr&aacute;s! Por ejemplo, si necesitas m&aacute;s volumen de negocio m&aacute;s ventas, en definitiva, cu&eacute;ntale informaci&oacute;n detallada de tu empresa, lo m&aacute;s exacta posible, para luego pedirle que te &ldquo;escupa&rdquo; ideas de cara a aumentar tu resultado de explotaci&oacute;n. Las ideas ser&aacute;n muy dispares, habr&aacute; algunas gratuitas, otras con coste, otras mixtas&hellip; pero seguramente te dar&aacute; alguna idea, una de diez, dos de diez o tres de diez, que puedas implementar m&aacute;s pronto que tarde y que te de excelentes resultados. 
    </p><p class="article-text">
        Cabe destacar que, cuanto m&aacute;s y mejor informaci&oacute;n le des, m&aacute;s y mejores ideas te podr&aacute; rebotar&hellip; La IA es una extensi&oacute;n de nuestra mente, no lo olvides. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>2-. Que te facilite un timing:</strong> estoy cansado de ver proyectos con buenas ideas, con buenas iniciativas pero que, por falta de organizaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n, pierden la fuerza como Sans&oacute;n (con o sin Dalila)&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        De poco servir&aacute; un buen tip de la IA si no le acompa&ntilde;a una deadline de ejecuci&oacute;n y/o de preparaci&oacute;n. Hay que poner fecha a las cosas, a las acciones, a las iniciativas&hellip; lo diga la IA, tu madre en Barlovento o tu hija en Barquisimeto. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la IA generativa no solo te ayudar&aacute; a establecer el timing de acciones, tambi&eacute;n lo har&aacute; para establecer un orden l&oacute;gico de las mismas (de administraci&oacute;n, de marketing, publicidad, RRHH, RRPP, etc.). Y esto es muy importante, no solo saber cu&aacute;ndo hacer las cosas sino en qu&eacute; orden&hellip; &iexcl;capital!
    </p><p class="article-text">
        <strong>3-. Que &ldquo;bichee&rdquo; a la competencia:</strong> si hay algo importante en el mundo emprendedor&hellip; es tener monitorizada a tu competencia. Y aqu&iacute; la Inteligencia Artificial puede echarte un cable, en estudiar (por ti) el &iacute;ndice de engagement, el que te diga qu&eacute; acciones est&aacute; desarrollando tu competencia en redes sociales que les est&eacute; funcionando, el que te de un informe de la presencial digital global, en medios, de su p&aacute;gina web&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estudiar la competencia es un ejercicio que el emprendedor deber&iacute;a hacer con m&aacute;s frecuencia, y no solo al arrancar el negocio o en su fase previa&hellip;&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Rayko Lorenzo."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Rayko Lorenzo.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Bonus: </strong>y por favor, NO LA UTILICES PARA HACER CARTELES DE TUS PRODUCTOS O SERVICIOS, (s&iacute;, es may&uacute;sculas porque estoy gritando). &iquest;No se han dado cuenta que son ilegibles y todos iguales? Da igual si est&aacute;s promocionando un 2x1 en tu taller de neum&aacute;ticos, que un descuento del 15% en tu tienda de ropa&hellip; &iexcl;El cartel, tipograf&iacute;a, estilo&hellip; es el mismo!
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; los tres tips (y el bonus), pero como rezaba al principio, la IA se ha convertido en la &ldquo;navaja suiza&rdquo; del emprendedor, es por ello por lo que les quiero acercar algunas reflexiones m&aacute;s en funci&oacute;n de alguno de los accesorios plegables que tiene este artefacto:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Hoja de corte:</strong> ya sabes que viene genial para para cortar cuerdas o pelar fruta, en nuestro s&iacute;mil les dir&iacute;a que la utilicen para &ldquo;cortar el hielo&rdquo;, para pedir informaci&oacute;n de c&oacute;mo ser m&aacute;s incisivos en el mundo de los negocios&hellip; Tips sobre c&oacute;mo mejorar la capacidad de venta y que no tengamos &ldquo;corte&rdquo; de saber vendernos&hellip;</li>
                            </ul>
            </div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Tijeras:</strong> geniales para cortar una venda o incluso recortar peque&ntilde;os objetos&hellip; Pues precisamente aqu&iacute; te dir&eacute; que la utilices para empezar de menos a m&aacute;s en la emprendur&iacute;a. Empieza por lo peque&ntilde;o para avanzar hacia cotas m&aacute;s altas. Facilita a la IA un prompt (o mil) totalmente adaptado a tu situaci&oacute;n&hellip; Si tienes una empresa textil, sin acritud te dir&eacute; que&hellip; &iexcl;No eres Inditex! Habla a la IA con total sinceridad, aterrizando tus ideas y dimension&aacute;ndolas lo mejor (y m&aacute;s real) posible. </li>
                            </ul>
            </div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Destornillador:</strong> plano o de estrella, siempre es bienvenido. En la vida real del emprendedor son muchas las ocasiones en las que &ldquo;se nos aflojan&rdquo; los tornillos y es necesario un reseteo&hellip; Aqu&iacute; les dir&eacute; que no se queden con la primera contestaci&oacute;n que les de la IA, tienen que &ldquo;darle otra vuelta de tuerca&rdquo;, profundizar m&aacute;s y mejor, corregir, dar m&aacute;s y mejor informaci&oacute;n. </li>
                            </ul>
            </div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Lupa:</strong> miren con lupa las contestaciones, no solo por lo anterior de que no se queden con la primera respuesta que aporte, sino porque la IA es totalmente &ldquo;complaciente&rdquo;, &ldquo;pelota&rdquo; y &ldquo;carece de autoestima&rdquo;&hellip;. Est&aacute; programada (de momento) para &ldquo;darte la raz&oacute;n como a los locos&rdquo;, para no fallarte, para no discutirte, para hacerte la pelota&hellip; como dice mi hija mayor, &ldquo;literal&rdquo;. </li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Bueno, hasta aqu&iacute; mi reflexi&oacute;n sobre la IA en el mundo emprendedor&hellip; Cr&eacute;anme si les digo que dar&iacute;a m&aacute;s que para un art&iacute;culo para un libro, pero mi intenci&oacute;n &uacute;nicamente era poder &ldquo;arrimarles&rdquo; no solo algunos tips de para qu&eacute; utilizarla, sino otros que, a modo de navaja suiza, seguro les ayudar&aacute;n a optimizarla mejor 
    </p><p class="article-text">
        Me retiro, que voy a preguntarle a &ldquo;Claudia&rdquo; qu&eacute; n&uacute;meros pongo en el Euromillones&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Un saludo.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://raykolorenzo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rayko Lorenzo</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rayko Lorenzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ia-mundo-emprendedor-nueva-navaja-suiza_129_13495914.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 16:44:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150724.jpg" length="2707597" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150724.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2707597" width="1675" height="942"/>
      <media:title><![CDATA[La IA en el mundo emprendedor es la nueva navaja suiza...]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/88835edd-04d7-4f84-b995-711b599d3466_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150724.jpg" width="1675" height="942"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las calmas de septiembre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/calmas-septiembre_129_13494531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150674.jpg" width="1068" height="601" alt="Las calmas de septiembre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Pero sigo amándote septiembre, me quedo con lo bueno, con tus calmas, con tu sabor a fiesta, con tu color, con el balanceo de tus acordes, con el recuerdo de los que también pusieron ilusión en ti

</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Lucy Gómez."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Lucy Gómez.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Septiembre lleva consigo esa sutil insinuaci&oacute;n del comienzo; esa vuelta a la vida acompasada por otros aires que nos traen un poco de alivio, esa puerta de un &uacute;ltimo trimestre propio de balances que en este a&ntilde;o no son nada halag&uuml;e&ntilde;os: noticias de un panorama nacional y mundial que cuanto menos han sido incendiarias. Septiembre nos va acercando a un nuevo a&ntilde;o que como siempre albergar&aacute; la esperanza de entrar en &eacute;l con buen pie. Me toca abrazarme a este septiembre que tambi&eacute;n recuerda que todo sigue. Muchos han pasado por mi vida y no siempre han tra&iacute;do todo lo bueno que se espera; pero fiel a sus momentos y vivencias, sigo bas&aacute;ndome en su calma, en su templanza y afinidad con esa estaci&oacute;n que se cuela en sus &uacute;ltimos d&iacute;as y es la m&iacute;a; el oto&ntilde;o.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No siento triste esa neblina que se me antoja cercana; la espero junto al caer de las hojas que enmudecen en el suelo. Espero ese oto&ntilde;o que solo es m&iacute;o, mi p&aacute;gina en blanco en la que escribo la canci&oacute;n que lleva su nombre: &lsquo;Septiembre&rsquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Dibujo esa calma que miro en las orillas y ba&ntilde;a la inmensidad de sus mares. Hubo un septiembre que se hizo ceniza para renacer de nuevo. Dej&oacute; huellas maltrechas de silencios y heridas de lavas que caminaron por dentro arrastrando las tristezas; de lavas que avanzaron por fuera y rompieron la vida.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero sigo am&aacute;ndote septiembre, me quedo con lo bueno, con tus CALMAS, con tu sabor a fiesta, con tu color, con el balanceo de tus acordes,</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">con el recuerdo de los que tambi&eacute;n pusieron ilusi&oacute;n en ti.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Fuiste tel&oacute;n cerrado de escenarios que te esperaron, y despertaste en las sombras de los marcados momentos de tristes calendarios, de calles vac&iacute;as que te ocultaron, de vientos arrolladores que no pasaron; pero siempre regresas con tu mejor vestido, con esa inmensidad que si naufraga en lo brav&iacute;o renace de tus calmas.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucy Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/calmas-septiembre_129_13494531.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 09:59:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150674.jpg" length="332658" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150674.jpg" type="image/jpeg" fileSize="332658" width="1068" height="601"/>
      <media:title><![CDATA[Las calmas de septiembre]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f43b281e-f988-48b6-ae00-1ea667c4247d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150674.jpg" width="1068" height="601"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una puerta al jardín (II)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/puerta-jardin-ii_129_13492265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150602.jpg" width="980" height="551" alt="Una puerta al jardín (II)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">PUNTO Y COMA - El jardín permite que el ser se reinicie. Y es, a través de este milagro, la manera en que accedemos a la belleza. El lugar donde pensar el mundo, donde poder amarlo sintiéndonos, por un momento, a salvo de tanta adversidad
</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La isla perdida. Óleo sobre lienzo, 130 x 105 cm. Óscar Lorenzo, 1997."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La isla perdida. Óleo sobre lienzo, 130 x 105 cm. Óscar Lorenzo, 1997.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Pero la Tierra es el Jard&iacute;n de la Naturaleza y cada terreno fruct&iacute;fero un Para&iacute;so&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El jard&iacute;n de Ciro&rdquo; (1658) Thomas Browne.
    </p><p class="article-text">
        La idea de que el para&iacute;so es un jard&iacute;n est&aacute; tan arraigada en la mente del ser humano que no es necesario disponer de jard&iacute;n o haber pasado la infancia en uno para que ello suceda. En el inconsciente individual y colectivo se produce esa asociaci&oacute;n al margen de nuestro deseo o capacidad. Parece que la noci&oacute;n de que el jard&iacute;n es un espacio ideal viene inscrito en el programa gen&eacute;tico de la especie. El jard&iacute;n es una meta a la que hay que llegar, un lugar donde poder descansar y reflexionar, donde sentirse protegido de una realidad que siempre es amenazante. &ldquo;<em>El mundo es, primariamente, hostil al individuo</em>&rdquo;, dec&iacute;a Juan Eduardo Cirlot citando a Ferenczi, y &ldquo;<em>que la tendencia del hombre a encontrar lo que ama en objetos, formas o aspectos del mundo es la fuente primera, el origen del simbolismo.</em>&rdquo; Amamos los jardines aunque no seamos jardineros ni propietarios de un jard&iacute;n. Ocurre que toda alma contiene un jard&iacute;n y todo jard&iacute;n posee un alma o m&aacute;s de una. Sabemos que algo profundo representan para nuestro interior. En ese vergel imaginario refrescamos nuestros anhelos m&aacute;s secretos. Si no lo tenemos, lo buscamos y so&ntilde;amos con &eacute;l a lo largo de nuestra existencia. Quiz&aacute; por un sentido de conservaci&oacute;n m&aacute;s propio de otras especies animales, nosotros tambi&eacute;n tendemos a preferir habitar un espacio acotado y confortable en lugar de otro abierto y sin l&iacute;mite. Todo est&aacute; en nuestro inconsciente que es nueve veces m&aacute;s grande que lo consciente. Igual que un iceberg. La madre protege al hijo o hija en su regazo, el hogar protege a la familia, la comunidad al clan, los gobiernos deber&iacute;an defender al pueblo y la democracia deber&iacute;a cuidar a los ciudadanos. Como sabemos que esto no siempre es as&iacute;, no nos queda m&aacute;s remedio que buscar un jard&iacute;n como alternativa a tanto desenga&ntilde;o. Al margen de que sea una opci&oacute;n ante un mundo con derivas cada vez m&aacute;s inh&oacute;spitas, la posibilidad  de un jard&iacute;n siempre va a estar ocupando nuestros sue&ntilde;os. Todos los jardines van por dentro, demostrando con ello, el peso humano de su significado. En ellos depositamos nuestro esp&iacute;ritu que se renueva y nuestros sentidos que se explayan. El jard&iacute;n permite que el ser se reinicie. Y es, a trav&eacute;s de este milagro, la manera en que accedemos a la belleza. El lugar donde pensar el mundo, donde poder amarlo sinti&eacute;ndonos, por un momento, a salvo de tanta adversidad.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de esta introducci&oacute;n, continuemos donde lo hab&iacute;amos dejado en el anterior art&iacute;culo: &ldquo;Una puerta al jard&iacute;n&rdquo; (I). Para no extendernos mucho, hay que hacer un resumen severo de la historia de los jardines desde Egipto hasta el presente y as&iacute;, poder escribir sobre otros aspectos. Nos hab&iacute;amos quedado en Roma con los b&aacute;rbaros a las puertas del Imperio. Entre las rebeliones internas y las invasiones externas, muchos jardines han sido destruidos a lo largo de la historia y lo peor es que hoy sigue sucediendo. Pienso, por ejemplo, en Siria, uno de los pueblos m&aacute;s antiguos del mundo con una gran tradici&oacute;n en el manejo de las plantas. Jardines de Damasco, jardines de Alepo, los jardines le&iacute;dos y amados de &ldquo;<em>Las mil y una noches</em>&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; habr&aacute; sido de ellos en la &uacute;ltima y terrible guerra que ha asolado este ancestral pa&iacute;s desde 2011? Ni aquel mago de la l&aacute;mpara maravillosa, ha podido con la reciente maldad humana. Pero sigamos con la historia: la ca&iacute;da del Imperio Romano de Occidente en el a&ntilde;o 476 d. C., da inicio a la Edad Media y a ra&iacute;z del cambio, se modifica tambi&eacute;n el concepto de jard&iacute;n que los romanos hab&iacute;an dejado algo m&aacute;s abierto. J. Garc&iacute;a Font en <em>&ldquo;Historia y m&iacute;stica del jard&iacute;n&rdquo;,</em> dice que el jard&iacute;n medieval se enclaustra: &ldquo;<em>La bruja no posee jard&iacute;n. Es mujer de ca&ntilde;ada y matorral. Recoge sus hierbas por los campos. El jard&iacute;n se esconder&aacute; tras los muros de una mansi&oacute;n se&ntilde;orial o en el interior de los claustros medievales. Es un hortus conclusus</em>.&rdquo; Lugar amurallado, incluso fortificado, de planta rectangular, pozo en el centro, austeridad en lugar de frondosidad y cipreses apuntando al cielo. Un espacio donde lo ornamental cede a lo pr&aacute;ctico: &ldquo;<em>hay plantas para la cocina y la botica, &aacute;rboles con fruta para la mesa.</em>&rdquo; Los jardines en aquellos a&ntilde;os dan idea de refugio y de provecho. En Bizancio donde el Imperio Romano de Oriente se mantuvo mil a&ntilde;os m&aacute;s, los jardines segu&iacute;an principios romanos, con mosaicos, estanques, altares y fuentes. Recibieron influencia de Oriente, patrones isl&aacute;micos, y tambi&eacute;n persas con sus colores contrastados. Gran parte de los jardines de lo que antes era Constantinopla y hoy es Estambul, fueron destruidos por los turcos en el siglo XV.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f981687-0bfa-499e-9a86-1431f721f5ed_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f981687-0bfa-499e-9a86-1431f721f5ed_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f981687-0bfa-499e-9a86-1431f721f5ed_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f981687-0bfa-499e-9a86-1431f721f5ed_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f981687-0bfa-499e-9a86-1431f721f5ed_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6f981687-0bfa-499e-9a86-1431f721f5ed_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6f981687-0bfa-499e-9a86-1431f721f5ed_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Jardín del Generalife en Granada. Ha conservado su primitiva distribución, su arquitectura, su vegetación y sus fuentes."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Jardín del Generalife en Granada. Ha conservado su primitiva distribución, su arquitectura, su vegetación y sus fuentes.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Los &aacute;rabes, que conoc&iacute;an bien los rigores del desierto, &ldquo;<em>aportaron a Occidente su secreto culto por el agua</em>&rdquo;, continua diciendo Font. En el Cor&aacute;n se promete a los creyentes que &ldquo;<em>tendr&aacute;n como recompensa, los jardines del Ed&eacute;n, donde corren r&iacute;os. All&iacute; vivir&aacute;n gozando de la inmortalidad.</em>&rdquo; El jard&iacute;n isl&aacute;mico floreci&oacute; sobre todo en Al-Andalus; en Sevilla, en Granada, en Toledo, en la C&oacute;rdoba Omeya donde alcanz&oacute; un gran esplendor. Los sistemas de irrigaci&oacute;n y elevaci&oacute;n de aguas, propiciaron la creaci&oacute;n de amplios jardines con estudiados lugares de sombra y extensas huertas alrededor. Valencia, Murcia y Mallorca se convirtieron en un para&iacute;so vegetal con una alta producci&oacute;n de frutos y de flores. Las palmeras datileras se fueron extendiendo por la pen&iacute;nsula; indicaban d&oacute;nde se iban instalando los agricultores musulmanes. Surgieron los huertos hortelanos que fueron bastante apreciados en todo el orbe cristiano y se publicaron manuales de horticultura y de jardiner&iacute;a. &ldquo;<em>Do pisaron moros crecieron flores y frutos. Arroz, ca&ntilde;a de az&uacute;car, granado, algod&oacute;n, espinacas, esp&aacute;rragos, pl&aacute;tanos, cerezos, naranjos, limoneros, melocotoneros, higueras, fresales, albaricoqueros y cultivaron la vi&ntilde;a y aportaron tambi&eacute;n especiales procedimientos para confitar frutas y lograr suculentas jaleas.</em>&rdquo; Hay que sumar las ciruelas de Siria, la rosa blanca de Damasco, la alcachofa de Palestina, las necesarias cucurbit&aacute;ceas: calabazas, pepinos, melones, sand&iacute;as, y lechuga, perejil, remolacha, hinojo o apio. Nos quitan, hoy en d&iacute;a, algo de lo que trajeron los moros y nos sentir&iacute;amos perdidos en este pa&iacute;s. El jard&iacute;n isl&aacute;mico tiende a hacerse alcazaba para protegerse del exterior, pero no solo es un lugar de reposo y negaci&oacute;n del mundo como en los conventos cristianos, sino una exaltaci&oacute;n de la belleza y los placeres de la vida y del amor. El jard&iacute;n &aacute;rabe debe reflejar el cielo en la tierra. Quiz&aacute; surge, al igual que el egipcio, del concepto de oasis, pues ambos pueblos proceden del desierto. Los jardines del Generalife y de la Alhambra, los del Alc&aacute;zar de Sevilla, que lleva ah&iacute; mil a&ntilde;os y cuya conducci&oacute;n de agua abasteci&oacute; a la ciudad hispalense hasta 1948, los jardines de la Alcazaba de Almer&iacute;a y el de estudios bot&aacute;nicos de Dilm&uacute;n de Toledo, no ten&iacute;an comparaci&oacute;n en cuanto a hermosura. En la pel&iacute;cula <em>&ldquo;Lawrence de Arabia&rdquo; (1962)</em>, de David Lean, en una escena de di&aacute;logo en la tienda beduina del pr&iacute;ncipe <em>Faysal (</em>Alec Guinness<em>)</em>, &eacute;ste le dice al teniente <em>Lawrence (</em>Peter O&acute;Toole): <em>&ldquo;Nosotros los &aacute;rabes no amamos el desierto, amamos los &aacute;rboles verdes y el agua&rdquo;;</em> un momento despu&eacute;s muestra una lejana nostalgia:<em> &ldquo;Suspiro por los jardines de C&oacute;rdoba&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La lengua franca n&aacute;gua o n&aacute;hualt, fue como el lat&iacute;n para diversas ramas &eacute;tnicas de la altiplanicie mexicana y parte de Am&eacute;rica central. Un sabio n&aacute;hualt de este grupo del que formaban parte los aztecas, se propuso &ldquo;<em>hallar lo verdadero sobre la Tierra</em>. <em>Despu&eacute;s de mucho meditar, ofreci&oacute; una respuesta breve y algo misteriosa: Son las flores y los cantos.&rdquo;</em> Para los aztecas, igual que los egipcios, las flores ten&iacute;an car&aacute;cter divino o celestial. En Xochimilco, en un lago al sur de la capital mexicana, se construyeron balsas rectangulares a base de ca&ntilde;as, ramas y lodo ancladas al fondo mediante palos y sauces de r&aacute;pido crecimiento plantados en el agua. Se fueron creando islas de setos, muy f&eacute;rtiles, que no necesitaban riego (<em>chinampas</em>), separadas entre s&iacute; por canales. Esta t&eacute;cnica comenz&oacute; en la &eacute;poca de los toltecas y se populariz&oacute; en 1519 ocupando casi todo el lago Xochimilko, despu&eacute;s se extendieron a otros lagos. Nos recuerda Font que Humboldt consider&oacute; que eran &ldquo;<em>jardines flotantes</em>.&rdquo; Hoy en d&iacute;a estos jardines siguen cubriendo gran parte de la demanda de flores y frutos de la ciudad de M&eacute;xico. Un prodigio que sobrecogi&oacute; a Bernal D&iacute;az del Castillo, en su descripci&oacute;n al llegar con la expedici&oacute;n de Cort&eacute;s a Tenochtitlan: &ldquo;<em>No olvidemos la huerta de flores y &aacute;rboles olorosos y de muchos g&eacute;neros que dellos ten&iacute;a...y sus albercas, estanques de agua dulce...y qu&eacute; de yerbas medicinales y de provecho...muchos hortelanos, y todo labrado de canter&iacute;a...cenaderos donde bailaban y cantaban &eacute; hab&iacute;a tanto que mirar que en esto de los huertos como en todo lo dem&aacute;s que nos nos hart&aacute;bamos de ver su gran poder.</em>&rdquo; En la conocida Casa Azul de Coyoac&aacute;n, en M&eacute;xico D.F., la pintora Frida Khalo, cre&oacute; y cultiv&oacute; un jard&iacute;n a lo largo de toda su vida. Contemplaba el jard&iacute;n y se preocupaba de los cactus y plantas que luego llevaba a sus pinturas: no solo eso, sino que estudiaba libros de bot&aacute;nica y cultivaba albaricoqueros, naranjos y granados, bordeados por viejos cactus, magueyes, nopales, calas y biznagas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86224a62-c5c1-47b9-bb7a-91c3392adf94_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86224a62-c5c1-47b9-bb7a-91c3392adf94_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86224a62-c5c1-47b9-bb7a-91c3392adf94_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86224a62-c5c1-47b9-bb7a-91c3392adf94_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86224a62-c5c1-47b9-bb7a-91c3392adf94_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86224a62-c5c1-47b9-bb7a-91c3392adf94_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/86224a62-c5c1-47b9-bb7a-91c3392adf94_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Chinampas en El Bordo, Atlapulco, México."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Chinampas en El Bordo, Atlapulco, México.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el Renacimiento, siglo XV y XVI, se produjo una reivindicaci&oacute;n de la cultura cl&aacute;sica griega y romana. Los cl&aacute;sicos no conceb&iacute;an la cultura sin di&aacute;logo, ni el di&aacute;logo sin cultura. Como sabemos por Plat&oacute;n, los personajes de sus <em>&ldquo;Di&aacute;logos&rdquo;</em> paseaban charlando a la sombra de grandes &aacute;rboles y al arrullo del agua. Una nueva concepci&oacute;n del hombre y del mundo a trav&eacute;s del humanismo, produjo una renovaci&oacute;n en las artes y en las ciencias. Se expuls&oacute; a Dios del centro del mundo y se coloc&oacute; al ser humano como medida de todas las cosas. El arte de pintura, de la escultura y de la arquitectura pas&oacute; a ser muy importante. La idea de proporci&oacute;n y una contemplaci&oacute;n m&aacute;s libre de la naturaleza se plasm&oacute; tambi&eacute;n en los jardines. Se admiraban las avenidas flanqueadas por estatuas, fuentes, grutas y si dispon&iacute;an de laberinto, mejor. Siguen siendo muy famosos los jardines de Bomarzo, en Viterbo, que se iniciaron en 1550. Un lugar poblado de desmesuradas esculturas, personajes m&iacute;ticos y seres fant&aacute;sticos. El jard&iacute;n italiano del siglo XV se adapta a los accidentes del terreno con la residencia en lo alto o a media altura y se accede a trav&eacute;s de escalinatas con terrazas cultivadas. De alguna manera se hu&iacute;a de la ostentaci&oacute;n, de las grandes extensiones. Dice Font: <em>&ldquo;El hombre medieval viv&iacute;a en una floresta de s&iacute;mbolos: todo conduc&iacute;a a una visi&oacute;n religiosa; el renacentista cultiva el jard&iacute;n de la simbolog&iacute;a posiblemente como recurso para alcanzar el sentido de los distintos elementos que recibe de la Antig&uuml;edad cl&aacute;sica.&rdquo;</em> Idea de proporci&oacute;n, un canon donde la belleza tiene tambi&eacute;n una medida. El manejo de las plantas en este periodo continu&oacute; la herencia musulmana de apreciarlas como fuente de conocimiento. La necesidad de estudiar las plantas hizo que sugieran los jardines bot&aacute;nicos. El m&aacute;s antiguo es el de Pisa en 1544, creado por Luca Ghini con apoyo financiero de los M&eacute;dici. El bot&aacute;nico de Padua es de 1545. En ese mismo a&ntilde;o se establecieron los de Florencia y Venecia. En 1555, Felipe II establece en Aranjuez un jard&iacute;n bot&aacute;nico muy importante. El m&aacute;s antiguo entre los franceses es de 1579, creado por un farmac&eacute;utico de Par&iacute;s, Nicolas Hou&euml;l. A lo largo del siglo XVII continuaron extendi&eacute;ndose por el mundo. En 1635 el Jard&iacute;n des Plantes en Francia, se convirti&oacute; en modelo a seguir en cuanto al desarrollo de la bot&aacute;nica. El Real Jard&iacute;n Bot&aacute;nico de Kew (siglo XVIII), en el suroeste de Londres, con sus grandes invernaderos de hierro y cristal que ocupan 120 hect&aacute;reas de superficie y el Real Jard&iacute;n Bot&aacute;nico de Madrid (1755) junto con el Jard&iacute;n de Aclimataci&oacute;n de La Orotava (1788) en Tenerife, se convirtieron en centros de investigaci&oacute;n para todo lo relacionado con los recientes descubrimientos y las nuevas especies que aportaban las exploraciones cient&iacute;ficas de ultramar.
    </p><p class="article-text">
        En la segunda mitad del siglo XVII, despu&eacute;s de la geometr&iacute;a anal&iacute;tica de Descartes (1596-1650), que hab&iacute;a puesto al descubierto nuevos espacios, relaciones e intersecciones entre las figuras geom&eacute;tricas, en Francia gobernaba el absolutismo. El rey que quer&iacute;a equipararse al sol, Luis XIV, que gobern&oacute; desde 1643 hasta 1715, aplic&oacute; en los jardines de Versalles las leyes de la simetr&iacute;a donde el propio monarca so&ntilde;aba en convertirse en el centro del mundo. La yema del huevo. De los pantanos originarios el ego y la vanidad de un rey hizo surgir la luz. Su dise&ntilde;o es gigantesco pero de una exactitud a prueba de mil&iacute;metros, hecho a regla y comp&aacute;s, con c&eacute;sped muy cuidado, parterres y esculturas repartidas por todo el jard&iacute;n, donde las fuentes son m&aacute;s grandes e importantes que nunca. Es un espacio para recorrer, como hace el astro solar en el cielo. El dise&ntilde;o de Versalles tuvo influencia posterior en muchos de los jardines del resto del mundo, sobre todo en los que ten&iacute;an car&aacute;cter oficial o eran posesiones de grandes hacendados; se trataba de presumir demostrando capacidad de poder. Sobre la obsesi&oacute;n de Luis XIV con su construcci&oacute;n, J. Garc&iacute;a Font en &ldquo;<em>Historia y m&iacute;stica del jard&iacute;n</em>&rdquo; (MRA, 1995) nos ofrece este p&aacute;rrafo impagable: &ldquo;<em>Lo triste del caso es que todo aquello lo estaban pagando campesinos y artesanos con los pesados impuestos de los que estaban exentos nobles y eclesi&aacute;sticos, los &uacute;nicos a fin de cuentas que pod&iacute;an admirarse, en verdad, de lo que el rey gastaba para acrecentamiento de su gloria y de quienes le rodeaban. Alguien ha insinuado que por las avenidas de Versalles pudo avanzar el fantasma de la Revoluci&oacute;n&hellip;&rdquo;.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cb16209-8634-4960-bf55-b14ab213779a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cb16209-8634-4960-bf55-b14ab213779a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cb16209-8634-4960-bf55-b14ab213779a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cb16209-8634-4960-bf55-b14ab213779a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cb16209-8634-4960-bf55-b14ab213779a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6cb16209-8634-4960-bf55-b14ab213779a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6cb16209-8634-4960-bf55-b14ab213779a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Panorama aéreo de la simetría de los jardines del Palacio de Versalles, Francia."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Panorama aéreo de la simetría de los jardines del Palacio de Versalles, Francia.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La desmesura y la injusticia de alguno produce el cambio y la revoluci&oacute;n de otros; ya sea los jardines de Versalles o la construcci&oacute;n de San Petersburgo en un pantano o la gigantesca fiesta que en 1971 dio en medio del desierto, Reza Pahlav&iacute;, el sha de Ir&aacute;n: un sal&oacute;n de banquetes del tama&ntilde;o de un campo de futbol rodeado de cipreses y aves, todo importado. Los excesos del absolutismo acaban despertando al pueblo que siempre tiene un l&iacute;mite en cuanto a su sometimiento. Lo que es incre&iacute;ble es que los jardines tengan algo que decir en estos cataclismos hist&oacute;ricos. Pero no todos los jardines de Francia segu&iacute;an las reglas estrictas del Rey Sol; los que no eran jardines oficiales, los jardines privados y los jardines de los agricultores, eran muy diferentes. De las &ldquo;Memorias de ultratumba&rdquo; de Chateaubriand, que tengo la suerte de estar leyendo este verano, les traigo a colaci&oacute;n un p&aacute;rrafo donde describe de un modo admirable, este tipo de jardines que en 1788 se encontraban en Saint-Malo, su bella tierra natal en la Breta&ntilde;a francesa. Es de destacar que el escritor rom&aacute;ntico franc&eacute;s se&ntilde;ala una de las caracter&iacute;sticas innatas de todo jard&iacute;n: la de ser una huella de la vida que llevaron sus propietarios, de sus viajes y de sus encuentros en otras latitudes: &ldquo;<em>A veces los jardines descienden en pendiente hasta la orilla tras las arcadas de un p&oacute;rtico de tilos, a trav&eacute;s de una columnata de pinos, en el extremo de un cuadro de c&eacute;sped; por encima de los tulipanes de un parterre, el mar presenta sus nav&iacute;os, su calma y sus tempestades.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cada campesino, marinero y labrador es propietario de una peque&ntilde;a quinta blanca con jard&iacute;n; entre las hortalizas, los groselleros, los rosales, los lirios, las cal&eacute;ndulas de este jard&iacute;n hay un plant&iacute;o de t&eacute; de Cayena, un pie de planta de tabaco de Virginia, y una flor de la China, en fin, alg&uacute;n recuerdo de otra ribera y de otro sol: es el itinerario y el mapa del propietario del lugar&ldquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En la India de la civilizaci&oacute;n Harappa (2500-2000 a. C.) a los &aacute;rboles, por su importancia se les ofreci&oacute; protecci&oacute;n religiosa. El rey Ashoka (270-250 a. C.) dio &oacute;rdenes reales de plantar &aacute;rboles y desarrollar jardines. Buddha naci&oacute; en un parque. En el recomendable y profesional blog sobre jardines de El&iacute;as Bonells, se cuenta que en el siglo X y XI d. C. los grandes templos del sur de la India dispon&iacute;an de tanques de agua para los jardines que los rodeaban. La ruta comercial de las caravanas extendi&oacute; la influencia de jardines bien planificados a Persia, Grecia y Roma. A su vez la India recibi&oacute; influencias isl&aacute;micas, no solo en la arquitectura sino tambi&eacute;n en cuanto a la composici&oacute;n de las zonas verdes. Hubo un intercambio amistoso, largo y fruct&iacute;fero de ideas. Bonells nos dice lo que conten&iacute;an los jardines hind&uacute;es: frutales como naranjos, limoneros, mandarinos y granados eran muy comunes; igual que rosas, jazmines, hibiscus y nerium. Entre las plantas de temporada eran muy habituales las malvas, los claveles, el narciso, el polianto y las cal&eacute;ndulas. Aunque no hayamos estado, por infinidad de im&aacute;genes que hemos visto desde la infancia en la envoltura de los caramelos, todos nos hacemos una idea de los cipreses alineados bordeando el estanque del jard&iacute;n que conduce a la entrada del Taj Mahal, en Agra.  
    </p><p class="article-text">
        Al irnos a China todos podr&iacute;amos afirmar que la jardiner&iacute;a, seguramente, es una tradici&oacute;n milenaria; como todo lo dem&aacute;s si a los chinos se refiere. El arranque de la Wikipedia no puede ser m&aacute;s hermoso para m&iacute;: <em>&ldquo;El arte de la jardiner&iacute;a tiene, para los chinos, la misma consideraci&oacute;n sagrada que la escritura o la poes&iacute;a.&rdquo;</em> El jard&iacute;n en China alude, a la vez, a varios significados: es parte del hogar, lugar de recreo, lugar m&aacute;gico y microcosmos de una naturaleza ideal donde el todo se refleja en una parte. Garc&iacute;a Font nos recuerda que el arte chino de la jardiner&iacute;a procura hacer memoria sobre todo de la soledad de la monta&ntilde;a. Es en una gran monta&ntilde;a de una isla lejana en medio del mar, donde las leyendas antiguas sit&uacute;an el para&iacute;so. Por ello, la monta&ntilde;a, el mar y las islas se ven reflejados a nivel simb&oacute;lico en los jardines chinos. No se practica la simetr&iacute;a, como en Europa, sino que se prefiere reflejar un entorno natural sin querer dominarlo. Los jardines privados alcanzaron su apogeo a partir del siglo XV, en el periodo Ming, sobre todo al sur del r&iacute;o Amarillo. El arte de la jardiner&iacute;a fue evolucionando a nivel imperial, a nivel burgu&eacute;s y a nivel religioso hasta el siglo XVIII, cuando la influencia de los misioneros y colonizadores introdujo caracter&iacute;sticas occidentales. En los jardines chinos sobresalen sauces llorones, bamb&uacute;, flores de loto, &aacute;rboles como ginkgo y lichi, la flor del ciruelo que florece el pleno invierno, las peon&iacute;as que son la flor nacional, orqu&iacute;deas, camelias, magnolias, azaleas, narcisos, rododendros y granadas, todo siempre acompa&ntilde;ado de la presencia cercana del agua y de la importancia de sugerentes rocas. Paisaje de alta monta&ntilde;a, jard&iacute;n y pintura se hallan muy relacionados. El jard&iacute;n chino parece practicar una especie de sabidur&iacute;a de la serenidad. <em>&ldquo;Si quieres ser feliz toda la vida, planta un jard&iacute;n.&rdquo;</em> dice un proverbio chino.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3016754f-17cc-4f7c-88c3-2a6369e132d2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3016754f-17cc-4f7c-88c3-2a6369e132d2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3016754f-17cc-4f7c-88c3-2a6369e132d2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3016754f-17cc-4f7c-88c3-2a6369e132d2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3016754f-17cc-4f7c-88c3-2a6369e132d2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3016754f-17cc-4f7c-88c3-2a6369e132d2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3016754f-17cc-4f7c-88c3-2a6369e132d2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Jardín chino. Josepha Richard"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Jardín chino. Josepha Richard                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En Jap&oacute;n, como en China, hay una jardiner&iacute;a milenaria y tambi&eacute;n es importante el culto a la monta&ntilde;a y a las aguas. El jard&iacute;n japon&eacute;s est&aacute; presente en el hogar privado, en los parques de las ciudades, en los templos budistas y sintoistas y en los viejos castillos. Hay una tendencia hacia la asimetr&iacute;a, hacia un sentido purificado del entorno. De los jardines de colinas se pas&oacute; a los austeros jardines de piedras. Se establece una idea de s&iacute;ntesis, un reflejo del todo. Nos cuenta Garc&iacute;a Font en su ensayo que en la &eacute;poca Muromachi (1392-1573) exist&iacute;a un jard&iacute;n enigm&aacute;tico y maravilloso: el Jard&iacute;n de Ryoan-ji, en Kioto: <em>&ldquo;Nos hallamos ante un jard&iacute;n sin flores, sin &aacute;rboles, sin estanques...casi, podr&iacute;a hablarse de un jard&iacute;n vac&iacute;o. Una tapia con techado lo a&iacute;sla del exterior y convierte una superficie de arena blanca, sobre la que destacan piedras de distinto tama&ntilde;o, en un ambiente extra&ntilde;amente misterioso, apacible y recogido&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En Jap&oacute;n existen varios tipos de jardines: los de paseo para verlos desde el sendero, los de aposento para contemplarlos desde un lugar, los de t&eacute; para caminar hasta la caba&ntilde;a de paja y los jardines de contemplaci&oacute;n en un paisaje de monta&ntilde;a y agua. Los monjes zen llevaron los jardines a sus templos para facilitar la meditaci&oacute;n. La visi&oacute;n sintoista del cosmos hace ver el jard&iacute;n como un gran vac&iacute;o (mar) que se llena de objetos (islas); corresponde tambi&eacute;n a una lectura topogr&aacute;fica del paisaje japon&eacute;s y a su condici&oacute;n geogr&aacute;fica insular. Desde siempre los grandes parques de las ciudades han sido muy importantes para los japoneses, son lugares que siguen teniendo mucha afluencia por una cuesti&oacute;n de costumbre y, tal vez, de necesidad espiritual. Por lo que recuerda mi memoria, en ciertas pel&iacute;culas de Mizoguchi y de Kurosawa, se vislumbra alg&uacute;n jard&iacute;n privado y muy antiguo. En las pel&iacute;culas de Ozu, se puede ver alg&uacute;n parque p&uacute;blico de mediados de siglo XX.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9df2f8a5-7dd3-4185-a0e3-aed6d2f5b376_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9df2f8a5-7dd3-4185-a0e3-aed6d2f5b376_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9df2f8a5-7dd3-4185-a0e3-aed6d2f5b376_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9df2f8a5-7dd3-4185-a0e3-aed6d2f5b376_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9df2f8a5-7dd3-4185-a0e3-aed6d2f5b376_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9df2f8a5-7dd3-4185-a0e3-aed6d2f5b376_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9df2f8a5-7dd3-4185-a0e3-aed6d2f5b376_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Jardín inglés donde se aprecia una tendencia a la naturalidad."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Jardín inglés donde se aprecia una tendencia a la naturalidad.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El jard&iacute;n ingl&eacute;s adquiri&oacute;, por una especie de esquizog&eacute;nesis, su propio estilo en el siglo XVIII para diferenciarse, sobre todo, del jard&iacute;n franc&eacute;s. Es un jard&iacute;n que no impone normas, sino que dialoga con el entorno sin querer llamar la atenci&oacute;n. Para ello se rechaz&oacute; la formalidad, la geometr&iacute;a y lo artificioso; se introdujo una idea irregular, m&aacute;s cercana a lo natural sin tener que someter la vegetaci&oacute;n a ning&uacute;n capricho, sino que &eacute;sta se dejaba a su libre albedr&iacute;o acerc&aacute;ndola as&iacute; a lo silvestre. Para los paisajistas ingleses las laderas, las colinas, los &aacute;rboles y arbustos adoptan sus propias formas sin rendir tributo a una regla geom&eacute;trica. Se retiraban los obst&aacute;culos, los muros y se procuraba adaptarse al terreno. Para distanciarse del jard&iacute;n franc&eacute;s, en el jard&iacute;n ingl&eacute;s los elementos rom&aacute;nticos siempre est&aacute;n presentes: un estanque con puente que lo cruza, un lago con una marquesina adosada, hexagonal o de inspiraci&oacute;n romana, p&eacute;rgolas, bancos para descansar y contemplar, adem&aacute;s de senderos sinuosos, grutas y restos de ruinas donde se encarama una rosaleda. La liberaci&oacute;n de la simetr&iacute;a francesa fue como un regalo que hab&iacute;a tra&iacute;do el cambio propiciado por Revoluci&oacute;n. Dejando atr&aacute;s los restos del barroco y el rococ&oacute;, el jard&iacute;n ingl&eacute;s se solt&oacute; el pelo, se deshizo de la trenza francesa del absolutismo y propuso, a cambio, un concepto de libertad y de frescura que aportaba el Romanticismo que en Inglaterra tuvo mucho eco. El jard&iacute;n ingles influy&oacute; en el resto del mundo, incluso, la literatura del XIX, sobre todo la novela inglesa, ayud&oacute; mucho a esta difusi&oacute;n. En el siglo XX lo hizo el cine. En la actualidad mantiene su est&eacute;tica rom&aacute;ntica, pero de una manera m&aacute;s pr&aacute;ctica y sostenible. En los jardines ingleses ha sido habitual disponer de una gran variedad de rosas, no agrupadas sino dispersas y mezcladas con el resto de plantas; hay claveles, lavanda, rododendros, crisantemos y hortensias; el aroma intenso de las lilas, los jazmines, los lirios y el m&aacute;s suave de las peon&iacute;as y el aliso dulce. Se combina lo perenne con lo caduco. Boj, tejo y acebo para los bordes y robles, hayas y magnolios para dar sombra. En la actualidad mantiene su est&eacute;tica rom&aacute;ntica, pero de una manera m&aacute;s pr&aacute;ctica y sostenible. Menos variedad de plantas, pero incorporando la vegetaci&oacute;n nativa que resiste mejor el clima. Se trata de transmitir algo de paz y respeto por el entorno. En Inglaterra es donde m&aacute;s all&aacute; se ha llevado el asunto de los jardines. Desde Milton en &ldquo;El para&iacute;so perdido&rdquo; (1667), que en m&aacute;s de diez mil versos convirti&oacute; el Eden b&iacute;blico en una naturaleza silvestre, en una <em>&ldquo;mansi&oacute;n campestre y encantadora, de rico y variado aspecto,&rdquo;</em> que anticip&oacute; en cien a&ntilde;os los lagos y bosques de aspecto asilvestrado, promoviendo un naturalismo que llegar&iacute;a a ser la cima de la moda georgiana. William Morris, cre&iacute;a, igual que Ruskin, que la belleza no era un lujo, y que todas las personas ten&iacute;an derecho a vivir en un entorno bonito, puro y no contaminado; por ello defendi&oacute; un Ed&eacute;n comunitario. Los &ldquo;cavadores&rdquo;, desde 1649 en la colina de San Jorge, reclamaron los terrenos comunales que m&aacute;s tarde fueron injustamente otorgados a la aristocracia con los &ldquo;<em>cercamientos parlamentarios</em>&rdquo;, de los cuales les habl&eacute; en el anterior art&iacute;culo. Mucho despu&eacute;s, a finales del siglo XX, Derek Jarman dise&ntilde;&oacute; una utop&iacute;a <em>queer</em> en la playa de Dungeness, al lado de una central nuclear. Antes, Edward Carpenter tambi&eacute;n hab&iacute;a establecido un Ed&eacute;n vegetal interclasista en Derbyshire. Cuenta la escritora inglesa Olivia Laing, en su ensayo &ldquo;<em>El jard&iacute;n contra el tiempo&rdquo;</em> (Capit&aacute;n Swing, 2024), que William Blake y su mujer jugaban a Ad&aacute;n y Eva en su jard&iacute;n de Lambeth. Todos &eacute;stos, adem&aacute;s de Walt Whitman, Eric Hill, John Berger echaron la vista atr&aacute;s para buscar un para&iacute;so en la tierra. Sab&iacute;an que &ldquo;<em>el horticultor era el afortunado que hab&iacute;a encontrado la llave de la eternidad&rdquo;</em>; sab&iacute;an que exist&iacute;a un lugar <em>&ldquo;donde las horas no est&aacute;n programadas sino que gotean como la miel de una cuchara&rdquo;.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fddec809-ed5c-419e-9bf0-61f6566d6f28_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fddec809-ed5c-419e-9bf0-61f6566d6f28_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fddec809-ed5c-419e-9bf0-61f6566d6f28_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fddec809-ed5c-419e-9bf0-61f6566d6f28_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fddec809-ed5c-419e-9bf0-61f6566d6f28_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fddec809-ed5c-419e-9bf0-61f6566d6f28_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fddec809-ed5c-419e-9bf0-61f6566d6f28_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Edición de 1855 de “Flora del Coliseo de Roma”, de Richard Deakin."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Edición de 1855 de “Flora del Coliseo de Roma”, de Richard Deakin.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Bueno, en un art&iacute;culo, digamos, m&aacute;s t&eacute;cnico, hemos llegado hasta finales del siglo XIX con algunos apuntes contempor&aacute;neos, a falta del siglo XX y la actualidad, nos podemos hacer una idea de la historia de los jardines. Es muy importante tener una perspectiva cronol&oacute;gica para saber justo d&oacute;nde nos encontramos en el presente, si es que esa indeterminaci&oacute;n se puede descifrar. La historia de los jardines no es otra que la misma historia del ser humano, la de su cultura y su memoria, la de su resistencia y su capacidad ancestral de querer acercarse al misterio de la belleza. Queda mucho por decir de los jardines, as&iacute; que iremos a un tercer art&iacute;culo y, tal vez, a un cuarto. Ya que nos quedamos, m&aacute;s o menos, en el siglo XIX, esta vez me despido con un perla que encontr&eacute; (hace mucho tiempo y que nunca he olvidado), en &ldquo;<em>El libro de los sucesos</em>&rdquo; (Ediciones Maeva, 1987), de Isaac Asimov. Se trata de un jard&iacute;n que se fue haciendo a s&iacute; mismo sin que nadie le ayudara. Lo incre&iacute;ble y asombroso, es que el lugar escogido fue, ni m&aacute;s ni menos, que el Coliseo de Roma, que en esa &eacute;poca, a mitad de siglo XIX, llevaba ya muchos a&ntilde;os en estado de abandono: <em>[En 1855, Richard Deakin (un m&eacute;dico ingl&eacute;s) public&oacute; &ldquo;Flora del Coliseo&rdquo;, un cat&aacute;logo copiosamente ilustrado que registraba 420 variedades de plantas que crec&iacute;an en el anfiteatro romano en ruinas. Entre las plantas que all&iacute; crec&iacute;an, hab&iacute;a romero, tomillo, salvia, ciclamen, margaritas, jacintos, violetas, fresas, cal&eacute;ndulas y espuelas de caballero. En majestuosas cornisas florec&iacute;an &aacute;rboles como higueras, cerezos, perales y olmos].</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&Oacute;SCAR LORENZO</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>San Andr&eacute;s y Sauces</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>07-09-2026  </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Óscar Lorenzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/puerta-jardin-ii_129_13492265.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Sep 2026 11:46:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150602.jpg" length="167665" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150602.jpg" type="image/jpeg" fileSize="167665" width="980" height="551"/>
      <media:title><![CDATA[Una puerta al jardín (II)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/91c87f42-89a4-409b-9790-476571d1900f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150602.jpg" width="980" height="551"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Posibles problemas para el campo español por el acuerdo UE-Mercosur]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/posibles-problemas-campo-espanol-acuerdo-ue-mercosur_129_13486947.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce0e3e66-1eb2-492d-b2ba-acd6a36780f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Posibles problemas para el campo español por el acuerdo UE-Mercosur"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Es muy difícil que un agricultor o ganadero de La Palma con sus pequeñas explotaciones pueda competir con productores con explotaciones de miles de hectáreas y miles de cabezas de ganado, lo que con el tiempo inducirá en un mayor abandono</p></div><p class="article-text">
        Aclaro que no me considero un experto en mercados internacionales ni tampoco en relaciones exteriores, ni de Espa&ntilde;a ni de los pa&iacute;ses firmantes de dicho acuerdo, lo que expongo al principio para no despertar un excesivo entusiasmo, es la opini&oacute;n de un simple perito agr&iacute;cola, pero que naci&oacute; y creci&oacute; en el mundo rural, trabaj&oacute; por el mundo rural y le preocupa mucho el mundo rural.
    </p><p class="article-text">
        Como ya sabr&aacute;n, el pasado 17 de enero, se firm&oacute; en Asunci&oacute;n (Paraguay), el Acuerdo Comercial entre la Uni&oacute;n Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), que busca facilitar el comercio entre ambas regiones, eliminando aranceles y cuotas en casi todos los art&iacute;culos del comercio entre ellos, facilitando por tanto la entrada de productos agr&iacute;colas y ganaderos de los pa&iacute;ses integrantes de Mercosur en el mercado europeo y por tanto en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Posteriormente el 21 de enero, el Parlamento Europeo aprob&oacute; remitir el pol&eacute;mico acuerdo al Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n (TJUE), para que revise su compatibilidadcon los tratados comunitarios, lo que supon&iacute;a en principio  suspender su efectividad hasta que los jueces se pronunciasen, pero la propia comisi&oacute;n decidi&oacute; posteriormente a finales de febrero su aplicaci&oacute;n provisional, dada la gran importancia que tiene para pa&iacute;ses como Alemania y otros pa&iacute;ses con m&aacute;s tecnolog&iacute;a, los grandes beneficiarios de este acuerdo y que en realidad son los que mandan. Posteriormente en el d&iacute;a 23 de marzo, ya se puso fecha para la entrada en vigor desde el pasado 1 de mayo, sin esperar como ser&iacute;a aconsejable el pronunciamiento final del Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n (TJUE), dada la excesiva prisa por consumar dicho atropello al sector primario europeo, no solo el espa&ntilde;ol, primando los sectores industriales sobre los rurales, recordar que varios pa&iacute;ses europeos de gran tradici&oacute;n agr&iacute;cola se opusieron a la firma del tratado (Francia, Polonia,  Austria, Hungr&iacute;a e Irlanda), incluyendo a &uacute;ltima hora a Italia tras ofrecerles algunas concesiones extraordinarias, ya que tampoco estaba por la labor. Qu&eacute; pasar&iacute;a si de pronto dicho TJUE dictara sentencia favorable a los recurrentes y anulase el acuerdo por contravenir la legislaci&oacute;n europea, c&oacute;mo se compensar&iacute;a el da&ntilde;o causado... (Dif&iacute;cil, pero no imposible, eso s&iacute; es trabajar bajo presi&oacute;n de los propios pa&iacute;ses y lobbies con intereses en el tema&hellip;que &lsquo;haberlos haylos&rsquo;).
    </p><p class="article-text">
        Los principales problemas para el campo espa&ntilde;ol, seg&uacute;n manejan las organizaciones agrarias se podr&iacute;an resumir en estos dos apartados (agr&iacute;cola y ganadero).
    </p><p class="article-text">
        <strong>1) Competencia desleal para la ganader&iacute;a espa&ntilde;ola</strong> 
    </p><p class="article-text">
        La ganader&iacute;a es uno de los sectores m&aacute;s perjudicados. La entrada de carne de vacuno y otros productos c&aacute;rnicos de Mercosur, que se producen con costes m&aacute;s bajos y normativas ambientales y sanitarias menos estrictas, supone una competencia directa y desleal para los ganaderos espa&ntilde;oles, no olvidemos que tanto los sistemas de explotaci&oacute;n como las superficies de las mismas no se parecen en nada a las medias europeas y espa&ntilde;olas, donde hay explotaciones ganaderas, sobre todo en Brasil y Argentina, que superan las 200.000 has, lo que se traduce en un s&iacute;mil futbol&iacute;stico en un partido entre equipos de regional y equipos de champions, y eso ya sabemos a qui&eacute;n beneficia.	
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo se trata del tama&ntilde;o de las explotaciones (que tendr&iacute;amos que envain&aacute;rnosla como se suele decir), sino que es de general conocimiento que las normativas sanitarias y ambientales son mucho menos estrictas que las que tienen que cumplir todas las ganader&iacute;as y los cultivos en Europa, e incluso algunos pa&iacute;ses de Mercosur ya avisaron que no van a implantar las correcciones que les pide la UE, y de hecho ya ha habido varios casos de detecci&oacute;n de carnes con unos L&iacute;mites M&aacute;ximos de Residuos (LMR), inaceptables a nivel europeo, con algunos productos y hormonas muy superiores a los permitidos en la UE y la verdad, personalmente, no veo f&aacute;cil una soluci&oacute;n a ello, y mientras tanto, seguir&aacute;n col&aacute;ndose grandes partidas de alimentos sin controlar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2) Competencia desleal para la agricultura, cuestiones medioambientales y sociales</strong>
    </p><p class="article-text">
        Otros problemas acarreados ser&iacute;a que como consecuencia de las nuevas oportunidades de exportaci&oacute;n a la UE con bajos aranceles, de las producciones de otros productos agr&iacute;colas, como la soja, arroz, az&uacute;car, etc., alertan algunos organismos, tanto nacionales como internacionales, de mayor riesgo de deforestaci&oacute;n en esos pa&iacute;ses, as&iacute; como es de general conocimiento en los socios de Mercosur se permite el uso de productos qu&iacute;micos prohibidos en Europa. El problema social que traer&aacute; a Espa&ntilde;a se cree ser&aacute; el incremento del abandono de las poblaciones rurales m&aacute;s peque&ntilde;as y alejadas por la dificultad de competir contra estos productos importados, problema grave que ya tenemos en todo el pa&iacute;s. Es muy dif&iacute;cil que un agricultor o ganadero de La Palma con sus peque&ntilde;as explotaciones pueda competir con productores con explotaciones de miles de has y miles de cabezas de ganado, lo que con el tiempo inducir&aacute; en un mayor abandono.
    </p><p class="article-text">
        Un tema que no se est&aacute; hablando de &eacute;l a nivel de Canarias, o al menos no lo he visto reflejado en la prensa local, es el del pl&aacute;tano, cultivo insignia en Canarias, y que si como dice el acuerdo, en un plazo corto de tiempo (entre 10 y 15 a&ntilde;os), se reducir&aacute;n los aranceles un 91% en la mayor&iacute;a de los productos, ser&iacute;a interesante que las autoridades firmantes explicasen detalles como ese, pues por ejemplo, un pa&iacute;s como Brasil, que si bien ahora no exporta mucho banano, con su superficie cultivada que ronda las 500.000 has, poco le costar&iacute;a incrementar esa superficie por ejemplo en 50-100.000 has una vez se vayan eliminando los antedichos aranceles actuales calculando el beneficio que obtendr&iacute;an con su cultivo y posterior exportaci&oacute;n libre. Tengamos en cuenta que la superficie cultivada de pl&aacute;tanos en Canarias ronda las 9.000 has, o sea una cantidad irrisoria comparada con Brasil.	
    </p><p class="article-text">
        <strong>3) Principales beneficiarios del Acuerdo con Mercosur</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Todo acuerdo o intercambio entre partes, est&aacute; claro que unos ceden en una cosa y otros en otra, no es nada nuevo que todo el mundo sabe que la UE estaba muy interesada por beneficiar los mercados de maquinaria, productos farmac&eacute;uticos, sector del autom&oacute;vil o sector textil y ropa.
    </p><p class="article-text">
        Siendo todo esto cierto, lo que parece claro es que los representantes de todas la organizaciones agrarias del pa&iacute;s han manifestado su rechazo a este acuerdo, antes de firmarlo, sinti&eacute;ndose como moneda de cambio para lograr el acuerdo en beneficio de los sectores antes mencionados, o sea, entregando su sector primario, habiendo convocado numerosas protestas la primavera pasada (en alguna estuve presente), y cosa curiosa tambi&eacute;n hemos visto a varios eurodiputados espa&ntilde;oles tratando de minimizar el resultado de este acuerdo, incluso en algunos casos defendiendo en sus comunidades aut&oacute;nomas lo contrario a lo que hab&iacute;an votado en Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de todo ello, la balanza comercial de Espa&ntilde;a con Mercosur ya es muy negativa, importando mucho m&aacute;s que exportando, que ahora se ver&iacute;a m&aacute;s agravada.
    </p><p class="article-text">
        Este acuerdo considerando las mayores econom&iacute;as de Europa se podr&iacute;a resumir as&iacute;: a Alemania le va fenomenal (exporta maquinaria, coches, productos farmac&eacute;uticos,); Francia no lo firm&oacute; (bien por Macron); Italia lo firm&oacute; a &uacute;ltima hora tras negociar unos beneficios extras para su pa&iacute;s; Espa&ntilde;a s&iacute; lo firm&oacute; sin reparos&hellip;a Luxemburgo y otros pa&iacute;ses peque&ntilde;os no les perjudica en absoluto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Pedro J. Tam&eacute;s Romano es Ingeniero T&eacute;cnico Agr&iacute;cola</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro J. Tamés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/posibles-problemas-campo-espanol-acuerdo-ue-mercosur_129_13486947.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Sep 2026 09:11:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ce0e3e66-1eb2-492d-b2ba-acd6a36780f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="115819" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ce0e3e66-1eb2-492d-b2ba-acd6a36780f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="115819" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Posibles problemas para el campo español por el acuerdo UE-Mercosur]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ce0e3e66-1eb2-492d-b2ba-acd6a36780f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María de las Casas Pérez, una adelantada a su tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/maria-casas-perez-adelantada-tiempo_129_13484069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150387.jpg" width="738" height="415" alt="María de las Casas Pérez, una adelantada a su tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Fue la primera palmera que obtuvo el título de bachiller y todo apunta a que también fue la primera periodista de la isla. Alcanzó con solo quince años el título de maestra superior, ingresó en Telégrafos, dirigió un colegio, escribió en periódicos canarios y nacionales y habló desde tribunas públicas cuando la voz de las mujeres apenas encontraba espacio fuera del hogar</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="María de las Casas Pérez (foto cedida por su nieta Rosario Valcárcel)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                María de las Casas Pérez (foto cedida por su nieta Rosario Valcárcel).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Cuando su nombre apareci&oacute; por primera vez en un peri&oacute;dico, Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez ten&iacute;a solo ocho a&ntilde;os. En julio de 1900, Adolfo Cabrera-Pinto, despu&eacute;s de visitar Santa Cruz de La Palma, la situ&oacute; en primer t&eacute;rmino entre el alumnado del colegio de segunda ense&ntilde;anza y destac&oacute; su &laquo;singular talento&raquo;. El art&iacute;culo se public&oacute; inicialmente en <em>Uni&oacute;n Conservadora</em> y fue reproducido poco despu&eacute;s por <em>La Opini&oacute;n</em> y <em>La Regi&oacute;n Canaria</em>. Todav&iacute;a no era la escritora, maestra, periodista y conferenciante que llegar&iacute;a a ser, sino Marieta, como la llamaban entonces, una ni&ntilde;a criada en un hogar en el que la literatura y la prensa formaban parte de la vida diaria.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a nacido en Santa Cruz de La Palma el 31 de diciembre de 1891. Su padre, Pedro J. de las Casas Pestana, fue un acreditado periodista, investigador y maestro de larga trayectoria, mientras que su madre, Rita P&eacute;rez y Gonz&aacute;lez, ejerci&oacute; tambi&eacute;n el magisterio. Mar&iacute;a creci&oacute;, por tanto, en un hogar en el que la ense&ntilde;anza, la literatura y la prensa formaban parte de la vida cotidiana. Su hermano Jos&eacute; de las Casas P&eacute;rez desarrollar&iacute;a una extensa carrera period&iacute;stica fuera de la isla, pero Mar&iacute;a recogi&oacute; de manera especialmente completa aquella herencia familiar: fue maestra, escritora y periodista, actividades que compagin&oacute; con su trabajo en Tel&eacute;grafos y con una permanente preocupaci&oacute;n por los problemas de los lugares en los que residi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Su primera actuaci&oacute;n p&uacute;blica tuvo lugar en diciembre de 1900, durante una funci&oacute;n ben&eacute;fica organizada en favor de la Cruz Roja. Marieta ley&oacute; una composici&oacute;n escrita por su padre y dedicada a aquella instituci&oacute;n. <em>Heraldo de La Palma</em> destac&oacute; su &laquo;gusto y entonaci&oacute;n&raquo;, mientras <em>El Ej&eacute;rcito Espa&ntilde;ol</em> llev&oacute; la noticia fuera de la isla. Pocos meses despu&eacute;s, la Asamblea Suprema de la Cruz Roja le concedi&oacute; una medalla de plata. La ni&ntilde;a comenzaba as&iacute; a darse a conocer en un ambiente familiar y cultural en el que la palabra escrita y el compromiso social caminaban juntos.
    </p><p class="article-text">
        Su formaci&oacute;n fue excepcional para una mujer de aquellos a&ntilde;os. En 1904 se convirti&oacute; en la primera palmera que obtuvo el t&iacute;tulo de bachiller, despu&eacute;s de estudiar en el colegio Santa Catalina con excelentes calificaciones. Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando apenas contaba quince, era ya maestra superior. Sus primeras lecturas p&uacute;blicas hab&iacute;an sido de trabajos paternos, pero pronto comenz&oacute; a escribir sus propios textos. En 1909 public&oacute; en el n&uacute;mero &uacute;nico <em>Prensa Palmera</em> y en 1910 particip&oacute;, junto con su hermano Jos&eacute;, en una velada dedicada a Emiliano Duque Villegas. Tambi&eacute;n hizo teatro aficionado y obtuvo varios premios literarios.
    </p><p class="article-text">
        La escritura hab&iacute;a entrado, en realidad, mucho antes en su vida. En una entrevista concedida en 1927 record&oacute; que de ni&ntilde;a compon&iacute;a cuentos que su padre le pagaba a cinco c&eacute;ntimos y que, cuando estaba a punto de concluir los estudios de Magisterio, comenz&oacute; a colaborar an&oacute;nimamente en los peri&oacute;dicos que este dirig&iacute;a. &laquo;Colaboraba sin colaborar&raquo;, resumi&oacute; con una frase que explica por qu&eacute; una parte de su obra resulta hoy tan dif&iacute;cil de reconocer. Su padre alentaba sus lecturas y aptitudes literarias, pero no le permit&iacute;a firmar porque las mujeres apenas ten&iacute;an cabida en las redacciones.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas colaboraciones an&oacute;nimas debieron de comenzar durante los primeros a&ntilde;os del siglo XX. A ellas se sumaron posteriormente los art&iacute;culos que public&oacute; con su nombre y los que dio a conocer bajo seud&oacute;nimo. Todo indica, por tanto, que Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez fue la primera periodista de La Palma. No se trat&oacute; de una colaboraci&oacute;n ocasional, sino de una actividad continuada durante buena parte de su vida, primero desde el anonimato impuesto por las costumbres de la &eacute;poca y despu&eacute;s con una firma reconocida en numerosos peri&oacute;dicos canarios.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, inici&oacute; una carrera profesional poco frecuente entre las mujeres de su generaci&oacute;n. En 1909 ingres&oacute; en el Cuerpo de Tel&eacute;grafos y en noviembre de 1911 fue nombrada, por su condici&oacute;n de maestra superior, auxiliar de la Escuela de ni&ntilde;as del distrito norte de Santa Cruz de La Palma. En los a&ntilde;os siguientes pas&oacute; por diferentes destinos telegr&aacute;ficos, entre ellos Fregenal de la Sierra, M&eacute;rida, Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane. En esta &uacute;ltima estaci&oacute;n fue ascendida en 1918, con la correspondiente mejora de sueldo. Cuatro a&ntilde;os antes hab&iacute;a contra&iacute;do matrimonio con Jos&eacute; Julio Valc&aacute;rcel Ram&iacute;rez.
    </p><p class="article-text">
        Al menos desde 1921 resid&iacute;a en Granadilla de Abona, donde se encontraba al frente de la estaci&oacute;n telegr&aacute;fica. El traslado no la apart&oacute; de la ense&ntilde;anza ni de la literatura. Por el contrario, en aquella localidad desarroll&oacute; la etapa m&aacute;s activa de su vida p&uacute;blica. En 1926 fund&oacute; y dirigi&oacute; el colegio Nuestra Se&ntilde;ora de las Mercedes, dedicado a preparar al alumnado de bachillerato y magisterio, adem&aacute;s de impartir otras ense&ntilde;anzas. Los buenos resultados acad&eacute;micos alcanzados por sus estudiantes dieron prestigio al centro y confirmaron la capacidad docente de una mujer que hab&iacute;a obtenido el t&iacute;tulo de maestra superior cuando apenas hab&iacute;a dejado atr&aacute;s la ni&ntilde;ez.
    </p><p class="article-text">
        Su presencia en Granadilla no se redujo a las aulas y a la estaci&oacute;n. En 1923, durante un homenaje celebrado en El M&eacute;dano, la prensa destac&oacute; que la &laquo;ilustrada telegrafista&raquo; hab&iacute;a rivalizado con los dem&aacute;s oradores por su elocuencia y erudici&oacute;n. Mar&iacute;a imparti&oacute; conferencias, intervino en actos culturales y particip&oacute; en representaciones teatrales. Entre 1929 y 1930 presidi&oacute; la Junta Local de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica de la Mujer, desde la que promovi&oacute; escuelas gratuitas para adultas, y continu&oacute; despu&eacute;s como propagandista de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica. Su religiosidad fue manifiesta, pero siempre estuvo acompa&ntilde;ada por una preocupaci&oacute;n muy concreta por la educaci&oacute;n, la pobreza, la sanidad y las condiciones de vida de los pueblos del sur de Tenerife.
    </p><p class="article-text">
        Durante aquellas d&eacute;cadas colabor&oacute; en cabeceras como <em>Diario de Tenerife</em>, <em>Gaceta de Tenerife</em>, <em>La Prensa</em> y <em>Diario de Avisos</em>. En 1936, <em>Acci&oacute;n Social</em> reprodujo, tom&aacute;ndolo de <em>La Prensa</em>, su art&iacute;culo &laquo;Impresiones del momento&raquo;. Mar&iacute;a escribi&oacute; art&iacute;culos, cuentos y textos de orientaci&oacute;n cat&oacute;lica, y tambi&eacute;n public&oacute;, muchas veces bajo seud&oacute;nimo, en revistas nacionales como <em>Cr&oacute;nica</em> y <em>Mundo Gr&aacute;fico</em>. La entrevista de 1927 la presentaba ya como una periodista conocida, una mujer culta y una defensora de las mujeres, aunque su figura todav&iacute;a era descrita mediante los t&oacute;picos propios de la &eacute;poca. Se elogiaba su inteligencia y su preparaci&oacute;n, pero al mismo tiempo se procuraba encajarla en el modelo dom&eacute;stico y maternal de la &laquo;mujer ideal&raquo;. Mar&iacute;a supo moverse dentro de aquellos estrechos l&iacute;mites sin renunciar al aula, la tribuna, el teatro y las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 1930 obtuvo el primer premio del Certamen Literario Femenino celebrado en el Teatro Leal de La Laguna a beneficio de la Cantina Escolar y el Ropero Infantil. El tema propuesto era &laquo;La caridad y la educaci&oacute;n&raquo; y Mar&iacute;a present&oacute; su trabajo bajo el lema &laquo;Amor, divino amor&raquo;. Aquel mismo a&ntilde;o volvi&oacute; literariamente a La Palma. Durante la Fiesta de los Abor&iacute;genes, celebrada en el Circo de Marte con motivo de las fiestas lustrales, se ley&oacute; un discurso suyo titulado &laquo;El cant&oacute;n de Hiscagu&aacute;n&raquo;, que <em>Diario de Avisos</em> public&oacute; en dos entregas los d&iacute;as 4 y 8 de agosto. El peri&oacute;dico la present&oacute; como &laquo;prosista consumada, honra y prez de esta tierra&raquo; y destac&oacute; los aplausos recibidos por su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En &laquo;El cant&oacute;n de Hiscagu&aacute;n&raquo; evoc&oacute; el paisaje, las tradiciones campesinas y el pasado ind&iacute;gena de los pueblos del norte de La Palma, pero tambi&eacute;n habl&oacute; de sus necesidades: el agua, las carreteras, el tel&eacute;fono y unas comunicaciones capaces de sacarlos de su aislamiento. Cerr&oacute; el discurso dirigi&eacute;ndose a las &laquo;hijas de La Palma&raquo;, a quienes anim&oacute; a cultivar las artes y las ciencias, convencida de la importancia de la mujer en la educaci&oacute;n. Entre las dos entregas, <em>Diario de Avisos</em> public&oacute; &laquo;En el aniversario de Emma Santos&raquo;, dedicado a una joven educadora fallecida cinco a&ntilde;os antes. Mar&iacute;a recordaba su preparaci&oacute;n y sus virtudes y relataba una experiencia personal: despu&eacute;s de varias p&eacute;rdidas familiares, hab&iacute;a acudido a una sesi&oacute;n espiritista buscando alguna certeza sobre los seres queridos que hab&iacute;an muerto. Sali&oacute; decepcionada y reafirm&oacute; su confianza en la fe cristiana y en el reencuentro despu&eacute;s de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Uno de sus art&iacute;culos m&aacute;s interesantes apareci&oacute; en la edici&oacute;n extraordinaria del diario republicano <em>Hoy</em> del 1 de enero de 1934. Lo titul&oacute; &laquo;Granadilla. Por qu&eacute; escribo estas cuartillas&raquo; y comenz&oacute; present&aacute;ndose con modestia como una &laquo;humilde cronista&raquo;. Granadilla era el &laquo;pueblo dilecto&raquo; de su esp&iacute;ritu y merec&iacute;a ocupar un lugar en aquellas p&aacute;ginas dedicadas a los municipios isle&ntilde;os. Su prosa, florida y muy atenta al paisaje, describ&iacute;a la localidad recostada en las monta&ntilde;as, entre naranjos y tierras rosadas. Pero la contemplaci&oacute;n ced&iacute;a pronto el paso a los problemas diarios de la poblaci&oacute;n: las malas comunicaciones, la escasez de agua, el insuficiente rendimiento de las galer&iacute;as y la necesidad de construir embalses.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n ocupaba un lugar principal en aquella exposici&oacute;n. Mar&iacute;a reconoc&iacute;a las escuelas creadas por el Gobierno de la Rep&uacute;blica en la zona, pero las consideraba insuficientes. Reclamaba una escuela graduada en el casco y recursos municipales para ayudar al alumnado pobre. Su condici&oacute;n de activa cat&oacute;lica no le imped&iacute;a reconocer una decisi&oacute;n positiva del r&eacute;gimen republicano ni exigir a las administraciones que hicieran m&aacute;s. Pod&iacute;a colaborar en un peri&oacute;dico republicano sin ocultar sus convicciones religiosas y defender en cada momento las medidas que consideraba beneficiosas para Granadilla.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n intervino de forma directa en la pol&iacute;tica de su tiempo. En las elecciones a Cortes de 1933 se pronunci&oacute; en favor de Jos&eacute; Miguel de Sotomayor, demostrando que su presencia p&uacute;blica no se limitaba a los asuntos culturales, religiosos o asistenciales. Era una mujer con opini&oacute;n propia que utilizaba la prensa para tomar posici&oacute;n ante los problemas de su tiempo, una actitud poco com&uacute;n en la sociedad canaria de aquellos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 1933 particip&oacute; en una velada literaria celebrada en Adeje, donde defendi&oacute; la r&aacute;pida creaci&oacute;n de un hospital de urgencia para los pueblos de la comarca. Para explicar su necesidad record&oacute; el caso de una madre que hab&iacute;a transportado en brazos a un hijo enfermo. El peque&ntilde;o muri&oacute; durante el camino y la mujer tuvo que permanecer junto a la senda con el cuerpo, al no encontrar un establecimiento donde depositarlo. Mar&iacute;a pidi&oacute; la aportaci&oacute;n del vecindario y la cooperaci&oacute;n de las clases acomodadas para levantar el hospital. Su idea de la caridad no terminaba en la ayuda ocasional, sino que se dirig&iacute;a hacia la creaci&oacute;n de escuelas, becas y establecimientos sanitarios capaces de atender de manera estable las necesidades de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de 1935 fue trasladada, a petici&oacute;n propia, desde Granadilla a la Estaci&oacute;n-Centro de Santa Cruz de Tenerife, con un sueldo anual de 4.500 pesetas. Terminaba as&iacute; una larga etapa en la que hab&iacute;a convertido aquella localidad sure&ntilde;a en el principal escenario de su madurez. All&iacute; hab&iacute;a atendido la estaci&oacute;n telegr&aacute;fica, dirigido un colegio, promovido la educaci&oacute;n de las mujeres adultas, pronunciado conferencias, hecho teatro, escrito sobre los problemas municipales y defendido servicios destinados al conjunto de la comarca.
    </p><p class="article-text">
        En 1951 su nombre aparec&iacute;a todav&iacute;a entre el personal del Centro Regional de Telecomunicaci&oacute;n y en 1954 gan&oacute; una plaza como jefa de la oficina de Tel&eacute;grafos de Los Llanos de Aridane. Regresaba definitivamente a la isla en la que hab&iacute;a nacido y en la que hab&iacute;a comenzado a leer en p&uacute;blico siendo una ni&ntilde;a, pero lo hac&iacute;a para ocupar una responsabilidad profesional que pocas mujeres de su generaci&oacute;n hab&iacute;an alcanzado. En Los Llanos transcurri&oacute; el resto de su vida, sin abandonar por completo sus colaboraciones con <em>Diario de Avisos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez falleci&oacute; en aquella ciudad el 27 de marzo de 1969, a los setenta y siete a&ntilde;os. Tres d&iacute;as despu&eacute;s, <em>El Eco de Canarias</em> lament&oacute; la muerte de la &laquo;brillante escritora&raquo; y record&oacute; que hab&iacute;a cultivado &laquo;con se&ntilde;alado &eacute;xito&raquo; la poes&iacute;a, el ensayo, la oratoria y el cuento, dejando muestras de su trabajo tanto en la prensa isle&ntilde;a como en publicaciones nacionales. Su recuerdo qued&oacute; especialmente arraigado en Granadilla de Abona, el pueblo que hab&iacute;a llamado dilecto de su esp&iacute;ritu. All&iacute; llevaron su nombre un colegio y, posteriormente, un centro sociocultural y una calle.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez fue una mujer adelantada a su tiempo. Fue la primera palmera que obtuvo el t&iacute;tulo de bachiller y todo apunta a que tambi&eacute;n fue la primera periodista de la isla. Alcanz&oacute; con solo quince a&ntilde;os el t&iacute;tulo de maestra superior, ingres&oacute; en Tel&eacute;grafos, dirigi&oacute; un colegio, escribi&oacute; en peri&oacute;dicos canarios y nacionales y habl&oacute; desde tribunas p&uacute;blicas cuando la voz de las mujeres apenas encontraba espacio fuera del hogar. Sin embargo, su importancia no descansa &uacute;nicamente en esas primac&iacute;as. Tambi&eacute;n se encuentra en la perseverancia con la que puso su preparaci&oacute;n al servicio de los dem&aacute;s y en su capacidad para hacerse presente en &aacute;mbitos que todav&iacute;a estaban reservados casi por completo a los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a contemplaba el paisaje, pero tambi&eacute;n ve&iacute;a la falta de agua; hablaba de caridad, pero ped&iacute;a escuelas y hospitales; defend&iacute;a sus convicciones religiosas, pero reclamaba la intervenci&oacute;n de las instituciones. Aquella ni&ntilde;a de &laquo;singular talento&raquo; que apareci&oacute; en la prensa en 1900 termin&oacute; convirti&eacute;ndose en maestra, telegrafista, directora de colegio, escritora, conferenciante y periodista. En una &eacute;poca que conced&iacute;a a las mujeres un espacio muy reducido, Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez aprendi&oacute; pronto a hacerse o&iacute;r y dedic&oacute; buena parte de su vida a mejorar la de quienes la rodeaban.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J. J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/maria-casas-perez-adelantada-tiempo_129_13484069.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Sep 2026 08:25:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150387.jpg" length="52387" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150387.jpg" type="image/jpeg" fileSize="52387" width="738" height="415"/>
      <media:title><![CDATA[María de las Casas Pérez, una adelantada a su tiempo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150387.jpg" width="738" height="415"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Miguel, símbolo y protector de La Palma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/san-miguel-simbolo-protector-palma_129_13483416.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="San Miguel, símbolo y protector de La Palma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">HISTORIA - El escudo de San Miguel es, sin duda, la pieza principal del blasón insular palmero. Se trata de un medio relieve realizado en piedra caliza, de aproximadamente 100 por 75 centímetros</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Escudo de San Miguel del Puerto en la Real Sociedad Cosmológica."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Escudo de San Miguel del Puerto en la Real Sociedad Cosmológica.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>1.- Los escudos de San Miguel en la Real Sociedad Cosmol&oacute;gica</strong>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En el primer y m&aacute;s antiguo museo de la ciudad, la magn&iacute;fica Real Sociedad Cosmol&oacute;gica, se conserva una numerosa colecci&oacute;n de escudos que constituye un precioso muestrario de la her&aacute;ldica de La Palma. En ella encontramos piedras armeras, piezas de madera tallada y policromada, pinturas sobre tabla y m&aacute;rmol: un amplio repertorio de materiales que, a lo largo del tiempo, sirvieron como soporte para representar motivos her&aacute;ldicos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Estos escudos estuvieron antiguamente colocados en fortificaciones, conventos hoy desaparecidos y numerosas casas solariegas de la Isla. Entre ellos destacan tres blasones relacionados con la antigua torre de San Miguel del Puerto, en la capital palmera: los escudos en piedra caliza del primer adelantado, Alonso Fern&aacute;ndez de Lugo; el escudo real, bastante deteriorado por el paso del tiempo; y el dedicado al santo Arc&aacute;ngel San Miguel, considerado el jefe de la milicia celestial y representado en su lucha contra el drag&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los tres escudos adornaban los muros de la desaparecida torre de San Miguel del Puerto. En el escudo real pueden distinguirse claramente los diferentes cuarteles de las armas de la Corona. Otro de los relieves representa la lucha del Arc&aacute;ngel San Miguel contra el drag&oacute;n, mientras que el tercero presenta una interpretaci&oacute;n m&aacute;s problem&aacute;tica. Los tres han sido estudiados profundamente por investigadores como G&oacute;mez Pamo y Guerra del R&iacute;o, entre otros, y todo apunta a que formaban parte de la decoraci&oacute;n original de aquella fortaleza. As&iacute; lo confirman tambi&eacute;n los dibujos y pinturas que han llegado hasta nuestros d&iacute;as y que permiten conocer, al menos parcialmente, el aspecto que tuvo aquel conjunto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">De todas las fortificaciones con las que cont&oacute; Santa Cruz de La Palma, dos estuvieron bajo la advocaci&oacute;n del Arc&aacute;ngel San Miguel. Su figura ocup&oacute; un lugar destacado en la ciudad, no solamente como defensor de las puertas de los templos, sino tambi&eacute;n como protector y vig&iacute;a de sus torres y fortificaciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">San Miguel &mdash;cuyo nombre significa &laquo;&iquest;Qui&eacute;n como Dios?&raquo;&mdash; era y contin&uacute;a siendo el m&aacute;s popular de los arc&aacute;ngeles. Es presentado como guerrero, caballero, archiestratega y condestable de las milicias celestiales. Seg&uacute;n la tradici&oacute;n cristiana, es quien dirige el combate contra los &aacute;ngeles rebeldes y los arroja al abismo. En el Apocalipsis aparece tambi&eacute;n luchando contra el drag&oacute;n de siete cabezas y salvando a la mujer que acaba de dar a luz, s&iacute;mbolo de la Virgen y de la Iglesia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La Iglesia romana lo considera su defensor. Es, adem&aacute;s, el santo psicopompo, es decir, el encargado de conducir a los muertos y acompa&ntilde;ar sus almas en el momento del Juicio. Por ello es protector de la Iglesia y se le invoca especialmente ante las tentaciones y en la hora de la muerte.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La torre de San Miguel sufri&oacute; diversas transformaciones a lo largo de su historia y lleg&oacute; a mantenerse en pie hasta el siglo pasado. Sabemos que ten&iacute;a una &uacute;nica entrada por su lado sur. Sobre aquella puerta se encontraba un gran escudo de Espa&ntilde;a, tallado en piedra caliza, mientras que en otros frentes de la torre pod&iacute;an verse el blas&oacute;n de la Isla y otros escudos pertenecientes a particulares.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esta fortaleza fue la m&aacute;s antigua construida en la ciudad. Se levantaba junto a la plaza o desembarcadero situado en la zona donde, posteriormente, se construir&iacute;a el muelle proyectado por Leonardo Torriani, el ingeniero italiano enviado a Canarias por el rey Felipe II en 1584. Por sus caracter&iacute;sticas y antig&uuml;edad, se considera tambi&eacute;n una de las construcciones militares m&aacute;s antiguas de todo el archipi&eacute;lago canario. El historiador Rumeu sit&uacute;a su construcci&oacute;n en los primeros a&ntilde;os del siglo XVI.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No se conserva ninguna referencia al privilegio de concesi&oacute;n de armas a favor de la isla de San Miguel de La Palma. Sin embargo, el propio nombre de la isla est&aacute; estrechamente relacionado con el patronazgo que, desde la conquista, se atribuy&oacute; al Arc&aacute;ngel San Miguel. Esta relaci&oacute;n tuvo tambi&eacute;n su reflejo en la her&aacute;ldica insular.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c3d8d3d0-c8cb-47d1-87b3-bf5ea71cc50c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c3d8d3d0-c8cb-47d1-87b3-bf5ea71cc50c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c3d8d3d0-c8cb-47d1-87b3-bf5ea71cc50c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c3d8d3d0-c8cb-47d1-87b3-bf5ea71cc50c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c3d8d3d0-c8cb-47d1-87b3-bf5ea71cc50c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c3d8d3d0-c8cb-47d1-87b3-bf5ea71cc50c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c3d8d3d0-c8cb-47d1-87b3-bf5ea71cc50c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Escudo de San Miguel del Puerto en la Real Sociedad Cosmológica."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Escudo de San Miguel del Puerto en la Real Sociedad Cosmológica.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>2.- San Miguel y la conquista de La Palma</strong>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Seg&uacute;n relata Viera y Clavijo, el general Alonso Fern&aacute;ndez de Lugo habr&iacute;a desembarcado en La Palma el 29 de septiembre, d&iacute;a dedicado a San Miguel, y habr&iacute;a dedicado una capilla al Arc&aacute;ngel como s&iacute;mbolo de los nuevos valores religiosos introducidos por los conquistadores.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sin embargo, otros historiadores consideran que la fecha del 29 de septiembre debe entenderse como una convenci&oacute;n historiogr&aacute;fica vinculada a la tradici&oacute;n romana, ya que no coincidir&iacute;a con la fecha real del desembarco de las tropas de Lugo en la isla para iniciar su conquista. El Diccionario Geogr&aacute;fico de Echar llega incluso a se&ntilde;alar el a&ntilde;o 1486, mientras que la Historia Eclesi&aacute;stica del padre Fabra confirma 1495. A pesar de estas diferencias, la mayor&iacute;a de los historiadores han repetido tradicionalmente el mismo d&iacute;a y mes para situar la entrada de las tropas de Lugo en La Palma.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En este contexto, los conquistadores pod&iacute;an presentarse como &laquo;el pueblo de Dios&raquo; y, por tanto, como personas ayudadas y protegidas por San Miguel. Esta interpretaci&oacute;n serv&iacute;a para dar un sentido religioso a la empresa conquistadora y para presentar su &eacute;xito como una misi&oacute;n respaldada por el Todopoderoso.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No debemos olvidar que el santo alado era tambi&eacute;n considerado guardi&aacute;n del pueblo hebreo. Adem&aacute;s, la ideolog&iacute;a franciscana &mdash;una orden muy pr&oacute;xima al conquistador&mdash; defend&iacute;a una concepci&oacute;n mesi&aacute;nica de la cristianizaci&oacute;n y de la conquista, inspirada en determinados relatos del Antiguo Testamento, como ha se&ntilde;alado Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por esta raz&oacute;n, Alonso Fern&aacute;ndez de Lugo mantuvo una especial devoci&oacute;n por el santo guerrero y repiti&oacute; su advocaci&oacute;n en diferentes fundaciones y lugares. De este modo quer&iacute;a agradecer los milagros que, seg&uacute;n &eacute;l, San Miguel hab&iacute;a realizado en su favor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Entre estas fundaciones podemos recordar la ermita de San Miguel de Tazacorte y la que tambi&eacute;n mand&oacute; construir en la capital palmera, que posteriormente se convertir&iacute;a en un cenobio dominico, conocido como San Miguel de las Victorias. A ellas se sum&oacute; la propia fortaleza de San Miguel, levantada en la ciudad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante todo el siglo XVI, la Isla utiliz&oacute; el nombre de &laquo;Se&ntilde;or San Miguel de La Palma&raquo;, reconociendo al Arc&aacute;ngel como abogado y patr&oacute;n. Su presencia qued&oacute; reflejada en numerosos elementos y lugares representativos de la Isla: el Pend&oacute;n Real, los sellos, el edificio del antiguo Cabildo, la muralla norte, los escudos, las obras religiosas y las fortalezas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La importancia que lleg&oacute; a adquirir esta advocaci&oacute;n fue tal que Leonardo Torriani denomin&oacute; a la capital </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Citt&aacute; de San Michele</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, es decir, &laquo;Ciudad de San Miguel&raquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este santo guerrero, defensor de la honra de Dios, era tambi&eacute;n para Alonso Fern&aacute;ndez de Lugo su protector personal. El propio conquistador dej&oacute; constancia de ello en su testamento de 1525, donde afirm&oacute; que &laquo;toda mi vida tuve por especial abogado y entervenidor&raquo; al Arc&aacute;ngel.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La representaci&oacute;n art&iacute;stica de San Miguel fue cambiando con el paso de los siglos. Durante el rom&aacute;nico y los primeros tiempos del g&oacute;tico se le representaba con una t&uacute;nica larga, ce&ntilde;ida a la cintura, o con una dalm&aacute;tica. A partir del siglo XIV comenz&oacute; a aparecer vestido como un guerrero, con la armadura propia de la &eacute;poca, de manera parecida a San Jorge. La principal diferencia entre ambos era la presencia de las alas de San Miguel.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Poco despu&eacute;s empez&oacute; a represent&aacute;rsele con la coraza de un cruzado y, desde el Renacimiento, se hizo m&aacute;s habitual representarlo con la indumentaria de un general romano. Sobre la cabeza pod&iacute;a llevar una diadema o una corona.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Entre sus atributos m&aacute;s habituales se encuentran un largo bast&oacute;n terminado en cruz &mdash;durante el g&oacute;tico acompa&ntilde;ado en ocasiones por una peque&ntilde;a bandera con la misma cruz&mdash;, una lanza y, desde el Renacimiento, una espada. Tambi&eacute;n aparecen las balanzas y uno o varios demonios.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En las representaciones m&aacute;s antiguas, San Miguel ten&iacute;a la misi&oacute;n de pesar las almas. Estas aparec&iacute;an representadas en forma humana dentro de los platillos de una balanza, mientras el demonio intentaba alterar su peso para arrebat&aacute;rselas. Con el paso del tiempo, esta funci&oacute;n fue perdiendo protagonismo y se impuso la imagen de Miguel como guerrero que, armado con una lanza o una espada, combate directamente contra el demonio, situado bajo sus pies.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El demonio suele representarse de color negro y cubierto de pelo. Su aspecto recuerda en ocasiones al de un ser humano, aunque tambi&eacute;n puede adoptar la forma de un drag&oacute;n u otro animal fant&aacute;stico, con alas de murci&eacute;lago. Esta &uacute;ltima representaci&oacute;n es especialmente importante en el caso del escudo de San Miguel de La Palma.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8013676-e0a9-4720-8a79-451bf34d2e61_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8013676-e0a9-4720-8a79-451bf34d2e61_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8013676-e0a9-4720-8a79-451bf34d2e61_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8013676-e0a9-4720-8a79-451bf34d2e61_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8013676-e0a9-4720-8a79-451bf34d2e61_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8013676-e0a9-4720-8a79-451bf34d2e61_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b8013676-e0a9-4720-8a79-451bf34d2e61_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Torre de San Miguel del Puerto."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Torre de San Miguel del Puerto.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>3.- El escudo de San Miguel: una imagen de la lucha entre el Bien y el Mal</strong>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Volviendo a la fortaleza de San Miguel, el escudo real que se encontraba en su torre se corresponde con el modelo utilizado por la reina do&ntilde;a Juana y por Carlos I antes de su elecci&oacute;n como emperador en 1519.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La laude o relieve que representa a San Miguel sobre la puerta del cuerpo de guardia parece aludir directamente a las armas de la Isla de San Miguel de La Palma. En cuanto al tercer escudo, situado en la pared que daba hacia la plazoleta del muelle, S&aacute;nchez Rodr&iacute;guez considera que pertenec&iacute;a a un &laquo;particular&raquo;. Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez, por su parte, sostiene que podr&iacute;a tratarse del escudo del gobernador Fonseca.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aunque son obras de factura m&aacute;s bien mediocre desde el punto de vista art&iacute;stico, poseen un enorme inter&eacute;s hist&oacute;rico e iconogr&aacute;fico. Son, adem&aacute;s, piezas que han logrado sobrevivir al paso del tiempo y que todav&iacute;a pueden contemplarse, como hemos se&ntilde;alado, en la Real Sociedad Cosmol&oacute;gica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El escudo de San Miguel es, sin duda, la pieza principal del blas&oacute;n insular palmero. Se trata de un medio relieve realizado en piedra caliza, de aproximadamente 100 por 75 cent&iacute;metros.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En &eacute;l aparece el Arc&aacute;ngel protegido por una armadura completa, s&iacute;mbolo caracter&iacute;stico de los santos militares. La armadura cubre sus brazos, el tronco y las piernas. En la mano izquierda sostiene un escudo circular, mientras que con la derecha empu&ntilde;a una lanza con la que atraviesa al ser infernal que se encuentra bajo sus pies, representado en plena contorsi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La figura del drag&oacute;n, s&iacute;mbolo tradicional del demonio y de la idolatr&iacute;a, resulta hoy algo dif&iacute;cil de distinguir con precisi&oacute;n debido al deterioro de la piedra. Uno de sus elementos m&aacute;s llamativos es la cola, que aparece enrollada en forma de espiral alrededor de la espada que San Miguel lleva envainada en la cintura.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La lanza es muy fina y termina en una cruz abanderada, un elemento simb&oacute;lico caracter&iacute;stico de las representaciones g&oacute;ticas. Sobre la cabeza del Arc&aacute;ngel aparece una diadema, semejante a la que llevan las santas v&iacute;rgenes y otros arc&aacute;ngeles. La diadema est&aacute; rematada en su parte anterior y superior por una peque&ntilde;a cruz.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la parte superior del relieve, hacia la derecha del observador, aparece una palmera abierta. Su presencia no es casual: hace referencia directa al patronazgo de San Miguel sobre la Isla de La Palma.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es probable que en esta representaci&oacute;n el Arc&aacute;ngel fuera entendido como un verdadero &laquo;estandarte de la cruzada&raquo;. La imagen responder&iacute;a as&iacute; a la voluntad pol&iacute;tico-militar de presentar la conquista como un triunfo espiritual y como una misi&oacute;n respaldada por la divinidad. De esta manera se pod&iacute;a dar una justificaci&oacute;n religiosa a la empresa conquistadora y ocultar o suavizar hechos como la violencia ejercida, el derramamiento de sangre o el incumplimiento de los pactos establecidos con los habitantes abor&iacute;genes de Benahoare.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Seg&uacute;n algunos documentos regios estudiados por Mart&iacute;n S&aacute;nchez, la presencia de San Miguel podr&iacute;a incluso haber sido impuesta por los Reyes como respuesta a una intensa estrategia de persuasi&oacute;n psicol&oacute;gica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Para Lorenzo Rodr&iacute;guez no existe duda de que este castillo dedicado a San Miguel fue la primera fortaleza con la que cont&oacute; la Isla. Sin embargo, no se atreve a establecer con exactitud cu&aacute;ndo fue construido, ya que su f&aacute;brica era anterior a 1553, a&ntilde;o en que los franceses incendiaron los archivos de la ciudad.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a216b40-eca6-419f-88fc-7fd8a37e9076_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a216b40-eca6-419f-88fc-7fd8a37e9076_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a216b40-eca6-419f-88fc-7fd8a37e9076_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a216b40-eca6-419f-88fc-7fd8a37e9076_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a216b40-eca6-419f-88fc-7fd8a37e9076_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a216b40-eca6-419f-88fc-7fd8a37e9076_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4a216b40-eca6-419f-88fc-7fd8a37e9076_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Recreación de la Torre de San Miguel del Puerto. GREGORIO GUADALUPE"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Recreación de la Torre de San Miguel del Puerto. GREGORIO GUADALUPE                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Precisamente en 1553 La Palma sufri&oacute; uno de los ataques m&aacute;s importantes de su historia. Una armada francesa, al mando del temible corsario Fran&ccedil;ois Leclerc, conocido como &laquo;Pie de Palo&raquo;, atac&oacute; la capital y provoc&oacute; importantes da&ntilde;os. Entre las consecuencias de aquel ataque estuvo la destrucci&oacute;n de buena parte de la documentaci&oacute;n hist&oacute;rica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Rumeu considera que las obras de restauraci&oacute;n de la fortaleza ya estaban terminadas el 13 de agosto de 1554, exactamente un a&ntilde;o despu&eacute;s del ataque.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El hecho de que el escudo estuviera situado originalmente muy cerca del mar explica, al menos en parte, su estado actual. La pieza parece haber sido realizada antes de 1553 y, durante siglos, estuvo expuesta a la acci&oacute;n del viento, la humedad y la salinidad. Por ello, el relieve se encuentra muy desgastado y apenas permite distinguir con precisi&oacute;n todos los elementos formales que compon&iacute;an esta importante reliquia hist&oacute;rica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Probablemente nos encontramos ante la primera representaci&oacute;n psicom&aacute;quica de San Miguel en la Isla. No debemos olvidar que la torre se levant&oacute; durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XVI y que las im&aacute;genes de San Miguel de origen flamenco que conocemos son algo posteriores, como ha se&ntilde;alado Mart&iacute;n S&aacute;nchez, y otros eruditos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El mismo investigador destaca que en la Torre del Puerto se quiso poner un especial &eacute;nfasis en la advocaci&oacute;n del Arc&aacute;ngel. Para ello se coloc&oacute; un relieve sobre piedra en el que se representaba la lucha de Miguel contra el Drag&oacute;n: una imagen de la lucha constante entre las fuerzas del Bien y del Mal.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">San Miguel aparece as&iacute; como jefe de las huestes celestiales, defensor frente al Maligno y s&iacute;mbolo de una victoria espiritual completa. Y precisamente bajo su protecci&oacute;n se coloc&oacute; aquella f&aacute;brica defensiva, la famosa y antiqu&iacute;sima torre que vigilaba el puerto de Santa Cruz de La Palma.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">De este modo, el relieve de San Miguel no era solamente un elemento decorativo. Su presencia ten&iacute;a un profundo significado religioso, pol&iacute;tico y militar. El Arc&aacute;ngel proteg&iacute;a simb&oacute;licamente la fortaleza y, al mismo tiempo, representaba la idea del enfrentamiento entre las fuerzas divinas y malignas, en la que la victoria final correspond&iacute;a a las primeras.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso, aquel escudo, aunque hoy se encuentre deteriorado y haya perdido buena parte de sus detalles, sigue siendo mucho m&aacute;s que una pieza de piedra. Es el testimonio de una &eacute;poca en la que religi&oacute;n, conquista, poder, identidad y defensa de la ciudad estaban profundamente unidos. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Y es tambi&eacute;n la representaci&oacute;n m&aacute;s antigua de San Miguel conservada en La Palma, testimonio de su historia y de su tradici&oacute;n</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> </span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Guillermo Rodríguez Escudero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/san-miguel-simbolo-protector-palma_129_13483416.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2026 19:49:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="270633" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="270633" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[San Miguel, símbolo y protector de La Palma]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fd619c9b-f7c3-4af3-8533-4866998e1d0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ego o estupidez humana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ego-estupidez-humana_129_13483001.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150353.jpg" width="1016" height="571" alt="Ego o estupidez humana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Lo que necesita una isla como La Palma es una sociedad culturalmente viva, no ser un lugar que esté dividido en pequeños reinos donde cada cual protege su parcela por miedo a que alguien se acerque demasiado</p></div><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en los que uno observa determinadas actitudes dentro del sector cultural y no sabe muy bien d&oacute;nde termina el ego y d&oacute;nde empieza, sencillamente, la estupidez humana.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una isla. Una isla peque&ntilde;a en la que, adem&aacute;s, no somos tantas las personas que dedicamos una parte importante de nuestra vida a crear, producir, escribir, dirigir, organizar eventos, levantar festivales, programar actividades o, simplemente, intentar que la cultura tenga un espacio digno dentro de nuestra sociedad. Precisamente por eso resulta dif&iacute;cil comprender que, en lugar de sumar, todav&iacute;a haya quienes se empe&ntilde;an en rivalizar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Rivalizar con qu&eacute;? &iquest;Y, sobre todo, rivalizar con qui&eacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Un buen proyecto no rivaliza con nada ni con nadie. Un proyecto con personalidad, identidad, recorrido y objetivos claros no necesita mirar permanentemente hacia los lados para comprobar qu&eacute; est&aacute; haciendo el vecino. Tampoco necesita apropiarse de espacios, desacreditar otras iniciativas ni interpretar como una amenaza que otra persona tenga una idea, consiga un logro o encuentre su propio camino.
    </p><p class="article-text">
        Porque la cultura no deber&iacute;a ser una carrera para ver qui&eacute;n llega primero.
    </p><p class="article-text">
        Y yo me pregunto: &iquest;Es el ego un s&iacute;ntoma de inseguridad? &iquest;por qu&eacute; parece manifestarse con tanta facilidad en determinados &aacute;mbitos culturales?
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;, muchas veces aquello que llamamos ego no sea m&aacute;s que una inseguridad disfrazada de superioridad. La necesidad constante de reconocimiento, de protagonismo, de demostrar qui&eacute;n lleva m&aacute;s a&ntilde;os, qui&eacute;n tuvo primero una idea, qui&eacute;n conoce a m&aacute;s gente, qui&eacute;n consigue una subvenci&oacute;n, qui&eacute;n aparece m&aacute;s en los medios o qui&eacute;n ocupa determinado espacio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona est&aacute; verdaderamente segura de su trabajo, pocas veces necesita entrar en ese juego.
    </p><p class="article-text">
        Y para adquirir esa seguridad tambi&eacute;n hay que salir. Hay que viajar m&aacute;s. Conocer otros lugares. Entrar en teatros, museos, festivales, librer&iacute;as, centros culturales y espacios creativos fuera de nuestra isla. Hay que hablar con profesionales de otros lugares y descubrir c&oacute;mo conviven proyectos que incluso trabajan disciplinas similares.
    </p><p class="article-text">
        Viajar no solo sirve para ampliar conocimientos, tambi&eacute;n coloca el ego en su sitio.
    </p><p class="article-text">
        Nos permite comprender lo inmenso que es el mundo y lo peque&ntilde;os que somos dentro de &eacute;l. Nos ense&ntilde;a que pr&aacute;cticamente ninguna idea nace completamente aislada, que existen miles de proyectos trabajando sobre conceptos semejantes y que eso no significa que unos tengan que destruir a los otros. Al contrario. La madurez cultural comienza precisamente cuando dejamos de sentirnos amenazados por la creatividad ajena.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Beatriz Gómez."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Beatriz Gómez.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Es que, &iquest;acaso todas las ideas son iguales?
    </p><p class="article-text">
        Dos festivales no tienen por qu&eacute; ser iguales porque ambos proyecten cine. Igual que tampoco dos escritores no escriben el mismo libro porque hablen de un volc&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dos m&uacute;sicos no hacen la misma m&uacute;sica porque compartan escenario ni dos exposiciones no son id&eacute;nticas porque trabajen sobre una misma tem&aacute;tica. Por este motivo y por much&iacute;simos m&aacute;s que dar&iacute;an para escribir un libro, dos proyectos culturales pueden incluso partir de un tema semejante y terminar construyendo experiencias completamente diferentes.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;por qu&eacute; ese empe&ntilde;o en marcar el territorio como si fu&eacute;ramos animalitos levantando la pata? La creatividad no funciona como una propiedad inmobiliaria. Las ideas evolucionan, dialogan, se impregnan, se reinterpretan y adquieren una personalidad diferente dependiendo de qui&eacute;n las desarrolla. Ah&iacute; reside precisamente la riqueza de la cultura.
    </p><p class="article-text">
        Lo verdaderamente preocupante ser&iacute;a una isla donde existiera un &uacute;nico festival, una &uacute;nica exposici&oacute;n, una &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a, una &uacute;nica voz, un &uacute;nico escritor, una &uacute;nica asociaci&oacute;n y una &uacute;nica manera de entender la creaci&oacute;n. Eso no ser&iacute;a riqueza cultural. Ser&iacute;a pobreza.
    </p><p class="article-text">
        La Palma es una isla demasiado peque&ntilde;a para tantos egos. Lo que deber&iacute;amos  preguntarnos seriamente es qu&eacute; modelo cultural queremos construir.
    </p><p class="article-text">
        Desde mi punto de vista creo que ya resulta lo suficientemente complicado sacar adelante cualquier iniciativa. Quienes alguna vez hemos organizado un proyecto cultural sabemos las horas que existen detr&aacute;s de aquello que el p&uacute;blico finalmente contempla durante unas horas o unos d&iacute;as: burocracia, presupuestos, llamadas, correos, b&uacute;squeda de financiaci&oacute;n, producci&oacute;n, montaje, comunicaci&oacute;n, imprevistos y meses de trabajo que casi nunca se ven entre otras muchas cosas.
    </p><p class="article-text">
        Y en un territorio donde quienes hacen cultura tampoco son tantos, resulta todav&iacute;a m&aacute;s lamentable desperdiciar energ&iacute;a compitiendo entre nosotros. Mientras discutimos parcelas imaginarias, la cultura contin&uacute;a teniendo que pelear por ocupar el lugar que merece. Por eso deber&iacute;amos entender de una vez que cuando un proyecto cultural de La Palma crece, no necesariamente pierde otro. Cuando un artista consigue reconocimiento, no se lo est&aacute; quitando al compa&ntilde;ero. Cuando aparece una nueva iniciativa, no significa autom&aacute;ticamente que venga a sustituir a la anterior. Puede significar algo much&iacute;simo m&aacute;s sencillo y positivo: que nuestra isla tiene m&aacute;s cultura. Y eso deber&iacute;a alegrarnos.
    </p><p class="article-text">
        Quienes me conocen saben que mi frase preferida es:<strong> La cultura la hacemos entre todos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No existe una cultura de unos y una cultura de otros. Existe la cultura y punto. 
    </p><p class="article-text">
        Somos muchos los que la construimos. Todos formamos parte del mismo ecosistema.
    </p><p class="article-text">
        Podremos tener maneras diferentes de trabajar. Podremos equivocarnos. Podremos incluso discrepar profundamente. Pero una cosa es la discrepancia profesional y otra muy distinta convertir el &aacute;mbito cultural en una sucesi&oacute;n de peque&ntilde;as guerras territoriales.
    </p><p class="article-text">
        La cultura necesita cr&iacute;tica, por supuesto. Necesita debate. Necesita exigencia y profesionalidad pero no necesita trincheras.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; haya llegado el momento de ser un poco m&aacute;s generosos con el trabajo ajeno. De felicitarnos m&aacute;s. De colaborar cuando sea posible y respetarnos cuando nuestros caminos sean diferentes. Y, sobre todo, de entender que nadie es propietario de la cultura de una isla. Porque La Palma necesita m&aacute;s proyectos, no menos. Igual necesita m&aacute;s artistas de todas las disciplinas, m&aacute;s eventos, m&aacute;s festivales, m&aacute;s pensamiento. Todos esos espacios donde encontrarnos y tambi&eacute;n donde discrepar y sumar sinergias.
    </p><p class="article-text">
        Lo que necesita una isla como La Palma es una sociedad culturalmente viva, no ser un lugar que est&eacute; dividido en peque&ntilde;os reinos donde cada cual protege su parcela por miedo a que alguien se acerque demasiado.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez alg&uacute;n d&iacute;a seremos capaces de entenderlo. Hasta entonces, cuando veo algunas rivalidades, algunos comportamientos y determinadas obsesiones por competir donde deber&iacute;a existir convivencia, sigo haci&eacute;ndome exactamente la misma pregunta:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es ego o es, simplemente, estupidez humana?</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ego-estupidez-humana_129_13483001.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2026 15:49:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150353.jpg" length="198084" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150353.jpg" type="image/jpeg" fileSize="198084" width="1016" height="571"/>
      <media:title><![CDATA[Ego o estupidez humana]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ae9d424c-04d3-4398-b4bc-d6f82c98b5f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150353.jpg" width="1016" height="571"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Disparos a la luna: muerte a la razón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/disparos-luna-muerte-razon_129_13479181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec7bc20f-0a34-4a71-84c0-12ffe24a302d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x626y345.jpg" width="1200" height="675" alt="Disparos a la luna: muerte a la razón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Porque tal vez el verdadero peligro no es que las personas migren —eso ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo— el verdadero peligro sería que dejáramos de pensar. Que cambiáramos la razón por el miedo, la política por las consignas, la solidaridad por la sospecha, y la historia por la memoria selectiva</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">A lo largo de la historia el miedo se ha usado como una herramienta pol&iacute;tica. Tambi&eacute;n hay momentos en los que una sociedad, con una preocupaci&oacute;n real por un problema, puede dejar de pensar en &eacute;l y solo reaccionar. La concentraci&oacute;n organizada para el pr&oacute;ximo 2 de septiembre en apoyo a Ceuta merece, justo por ese motivo, una reflexi&oacute;n. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Que Ceuta necesita apoyo es indiscutible. Sus ciudadanos tienen derecho a exigir seguridad, recursos y una pol&iacute;tica migratoria eficaz. Lo mismo pasa con los habitantes de El Hierro, Lampedusa, Gran Canaria, Lanzarote, o cualquier otro lugar que haya sufrido, o pueda volver a sufrir, una presi&oacute;n migratoria extraordinaria. Pero pedir soluciones es una cosa. Hacer que la inmigraci&oacute;n parezca el enemigo es otra muy diferente. Aqu&iacute; vale la pena recordar una frase dicha hace noventa a&ntilde;os, en uno de los momentos m&aacute;s duros de nuestra historia. El 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno se enfrent&oacute; verbalmente al general Mill&aacute;n-Astray empleando una frase que ha quedado para la historia: &laquo;Vencer&eacute;is, pero no convencer&eacute;is&raquo;. Una frase que representa la defensa de la inteligencia y de la palabra frente al grito, la fuerza y la intimidaci&oacute;n. Quiz&aacute; eso es justo lo que necesitamos hoy. Pensar antes de gritar. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Porque la historia muestra que el miedo puede volverse f&aacute;cilmente un producto pol&iacute;tico. En esa Espa&ntilde;a de 1936, la violencia en las calles, las provocaciones y la propaganda hicieron crecer el enfrentamiento. Hubo atentados, tiroteos, incendios y asesinatos. La prensa de cada bando us&oacute; los hechos para crear relatos pol&iacute;ticos opuestos. En ciertos relatos y testimonios sobre aquel Madrid, tambi&eacute;n se ha contado que algunos grupos acomodados hac&iacute;an disparos al aire por la noche. Quer&iacute;an crear una sensaci&oacute;n de inseguridad que luego la prensa conservadora pudiera usar como prueba de que el Gobierno ya no controlaba las calles. Aunque conviene ser prudentes con esta afirmaci&oacute;n &mdash;pues no existe base suficiente para presentarla como una pr&aacute;ctica generalizada de &laquo;los ricos de Madrid&raquo;&mdash; s&iacute; es importante recordar algo m&aacute;s amplio y bien documentado: la violencia pod&iacute;a usarse con fines pol&iacute;ticos y el relato period&iacute;stico de aquellos sucesos ayudaba a aumentar la sensaci&oacute;n de caos y desgobierno. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La lecci&oacute;n est&aacute; clara. Cuando una sociedad deja de mirar los hechos y empieza a reaccionar solo ante el relato de ellos, corre un peligro enorme y eso nos lleva directamente a la inmigraci&oacute;n. Porque las migraciones no empezaron en Ceuta, ni comenzaron ayer, ni terminar&aacute;n ma&ntilde;ana. La historia de la humanidad es tambi&eacute;n la historia de las migraciones. El hombre ha cambiado de territorio desde que existen sociedades humanas: ha huido de guerras, persecuciones, hambre, sequ&iacute;as y epidemias. Ha buscado trabajo, seguridad, libertad y oportunidades. Espa&ntilde;a lo sabe muy bien. Durante siglos, hemos sido un pa&iacute;s de personas que se van al extranjero. Millones de espa&ntilde;oles dejaron sus pueblos y ciudades para buscar una vida mejor. Muchos se fueron a Am&eacute;rica, otros viajaron a Europa. Canarias conoce bien esa historia, muchos de nuestros abuelos y bisabuelos tambi&eacute;n cruzaron mares y fronteras. En muchos casos, los recibieron como extranjeros, en algunos lugares los trataron con desprecio, en otros, vieron una oportunidad. Y nadie debe olvidar que mucha de la historia reciente de Espa&ntilde;a ha sido escrita por personas que tuvieron que irse porque no pod&iacute;an vivir con dignidad en su pa&iacute;s. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso llama la atenci&oacute;n que hoy algunos quieran mostrar la inmigraci&oacute;n como si fuera algo extra&ntilde;o en la historia. No lo es. Es algo inherente a la humanidad, a la propia evoluci&oacute;n humana. Eso no quiere decir que ignoremos los problemas que supone. Ser&iacute;a absurdo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La llegada de muchas personas a un espacio, espacialmente reducido, supone una gran presi&oacute;n que puede saturar los servicios p&uacute;blicos, causar problemas de alojamiento, exigir recursos extra y presentar grandes desaf&iacute;os para la seguridad, la integraci&oacute;n y la convivencia. Ceuta necesita medios. Canarias necesita medios. Espa&ntilde;a necesita medios. Y Europa necesita aceptar su responsabilidad. Pero justo porque el problema es real, necesita soluciones reales. No consignas. No simplificaciones. No demonizaci&oacute;n. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero hay algo m&aacute;s: tambi&eacute;n debemos proteger la dignidad de quienes llegan. Porque defender las fronteras no significa tratar sin humanidad a quienes las cruzan. Se puede apoyar una pol&iacute;tica migratoria estricta y rechazar el racismo. Se puede exigir control en las fronteras y al mismo tiempo proteger los derechos humanos. Se puede exigir seguridad sin culpar al extranjero solo por ser extranjero. Uno puede estar preocupado y seguir pensando.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando la pol&iacute;tica logra convencernos de que todos nuestros problemas tienen un solo culpable, suele ser a trav&eacute;s de una explicaci&oacute;n demasiado simple para una realidad demasiado compleja. Detr&aacute;s de cada patera, de cada artefacto flotante hay una historia. Detr&aacute;s de cada n&uacute;mero hay una persona. Pero detr&aacute;s de cada movimiento migratorio hay tambi&eacute;n causas econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas, sociales y geopol&iacute;ticas. Estas no desaparecen solo porque levantemos una pancarta, gritemos e insultemos al Gobierno. &Aacute;frica no va a dejar de existir. La desigualdad econ&oacute;mica no va a desaparecer, tampoco las guerras, ni el cambio clim&aacute;tico. Y, por lo tanto, las migraciones tampoco. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La pregunta, pues, no es si vamos a tener migraciones sino c&oacute;mo vamos a manejarlas. Y ah&iacute; es donde necesitamos inteligencia. No miedo. No odio. No propaganda. Inteligencia. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ya sabemos lo que pasa en una sociedad donde cada grupo crea su propia realidad. Cada uno elige los hechos que le convienen y ve al otro como una amenaza. En 1936, esa din&aacute;mica llev&oacute; a Espa&ntilde;a a una tragedia. No deber&iacute;amos necesitar otra para recordar la lecci&oacute;n. Por eso es buen momento para volver a Unamuno: &laquo;Vencer&eacute;is, pero no convencer&eacute;is&raquo;. No tenemos que ganarle a nadie. Necesitamos convencer. Convencer a los ciudadanos de Ceuta de que no est&aacute;n solos. Convencer a los ciudadanos de El Hierro, Lampedusa, Gran Canaria, Lanzarote&hellip; de que tampoco. Convencer a quienes llegan de que Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s donde se respetan las leyes, con derechos y deberes. Convencer a Europa de que las fronteras de Espa&ntilde;a son tambi&eacute;n fronteras de Europa. Y convencernos a nosotros mismos de que podemos enfrentar un fen&oacute;meno tan antiguo como la humanidad sin dejar de lado nuestra propia humanidad. Porque tal vez el verdadero peligro no es que las personas migren &mdash;eso ha ocurrido siempre y seguir&aacute; ocurriendo&mdash; el verdadero peligro ser&iacute;a que dej&aacute;ramos de pensar. Que cambi&aacute;ramos la raz&oacute;n por el miedo, la pol&iacute;tica por las consignas, la solidaridad por la sospecha, y la historia por la memoria selectiva. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ceuta necesita ayuda. Canarias tambi&eacute;n la ha necesitado. Y Espa&ntilde;a necesita una pol&iacute;tica migratoria seria, eficaz, europea y humana. Pero ninguna de esas cosas se construye alzando la voz. Se construye pensando. Porque, al final, podemos ganar con el ruido. Pero solo vamos a convencer con la raz&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Mario Su&aacute;rez Rosa</strong></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/disparos-luna-muerte-razon_129_13479181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2026 10:55:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ec7bc20f-0a34-4a71-84c0-12ffe24a302d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x626y345.jpg" length="329219" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ec7bc20f-0a34-4a71-84c0-12ffe24a302d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x626y345.jpg" type="image/jpeg" fileSize="329219" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Disparos a la luna: muerte a la razón]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ec7bc20f-0a34-4a71-84c0-12ffe24a302d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x626y345.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Échate a temblar, hermano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/echate-temblar-hermano_129_13478617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8dd56ca9-68ec-44f6-8b48-dbfabfe13188_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Échate a temblar, hermano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">PARACETAHUMOR - Me parece más oportuno que estudiar los microorganismos del volcán salir a la superficie y ver cómo podemos mejorar el acceso a la vivienda de nuestros jóvenes y en resumidas cuentas abaratar la vida del personal</p></div><p class="article-text">
        Cuando el Involcan te dice que las posibilidades de un volc&aacute;n en Tenerife, de una erupci&oacute;n del padre Teide son bajas, &eacute;chate a temblar, hermano del chicharro, recuerda cuando deshojaban la margarita delTajogaite que si s&iacute; que si no, que tal vez, que parece que s&iacute;, pero no es inminente, que si la cuarta parte del Tenegu&iacute;a, total que recordaba la famosa an&eacute;cdota de Carracedo  con el campesino y el cura, en que el campesino le dec&iacute;a al famoso vulcan&oacute;logo que &eacute;l sab&iacute;a tanto de lo que pasaba debajo de sus pies como el cura de lo que pasaba en el cielo. Bueno, leo tambi&eacute;n que en esos luciferinos agujeros del Tajogaite est&aacute; ya surgiendo la vida, una vida muy micro, pero que sirve para estudiar la vida en Marte, si a eso se le puede llamar vida, aunque la &uacute;ltima del animador sociocultural de planeta, el presidente Trump, despu&eacute;s de haber rebautizado el lago Ontario y nacionalizar virtualmente el estrecho de Ormuz, sea poner bases en la Luna y Marte, lugares que a m&iacute; me parecen demasiado lejos, incluso de Garaf&iacute;a. Me parece m&aacute;s oportuno que estudiar los microorganismos del volc&aacute;n salir a la superficie y ver c&oacute;mo podemos mejorar el acceso a la vivienda de nuestros j&oacute;venes y en resumidas cuentas abaratar la vida del personal. Pero, pero, pero, debo decir que cada vez me fijo m&aacute;s en si el padre Teide est&aacute; tranquilo, o echa un humito, o qu&eacute; s&eacute; yo, pero por ahora lo veo bien, dominando el horizonte, hermoso e imperturbable, sabi&eacute;ndose uno de los tres volcanes m&aacute;s altos del mundo, consciente de s&iacute; mismo y sabi&eacute;ndose poseedor de una enorme potencia de fuego, tal vez por eso no tiene ninguna prisa en disparar, aunque le irrita bastante que el Involcan presuma de saber tanto sobre el fuego que oculta en sus  tripas y los devaneos expansionistas del vecino de al lado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramón Araújo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/echate-temblar-hermano_129_13478617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2026 08:35:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8dd56ca9-68ec-44f6-8b48-dbfabfe13188_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="273072" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8dd56ca9-68ec-44f6-8b48-dbfabfe13188_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="273072" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Échate a temblar, hermano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8dd56ca9-68ec-44f6-8b48-dbfabfe13188_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Escuela Militar que San Andrés y Sauces quiso tener en 1925]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/escuela-militar-san-andres-sauces-quiso-1925_129_13478560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Escuela Militar que San Andrés y Sauces quiso tener en 1925"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Antonio Martín Herrera, la Sociedad El Progreso y una iniciativa nacida del aislamiento del municipio </p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los Sauces 1900. La casa Massieu y el drago. AGP. Restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los Sauces 1900. La casa Massieu y el drago. AGP. Restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En 1925, San Andr&eacute;s y Sauces era un municipio de unos 4.500 habitantes, dedicado fundamentalmente a la agricultura y todav&iacute;a condicionado por unas comunicaciones dif&iacute;ciles con el resto de la isla. En aquel contexto, la Sociedad El Progreso, presidida por Antonio Mart&iacute;n Herrera, promovi&oacute; una iniciativa hoy pr&aacute;cticamente desconocida: la creaci&oacute;n de una Escuela de Preparaci&oacute;n Militar fuera de filas para los j&oacute;venes del municipio. 
    </p><p class="article-text">
                    La propuesta no lleg&oacute; a hacerse realidad, pero el expediente conservado en el Archivo Regional Intermedio Militar de Santa Cruz de Tenerife permite conocer el proyecto y acercarnos a la figura de Antonio Mart&iacute;n Herrera, un hombre vinculado a la actividad econ&oacute;mica y asociativa de San Andr&eacute;s y Sauces durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. 
    </p><p class="article-text">
                    La iniciativa se plante&oacute; al amparo de la normativa de 1925, que permit&iacute;a a determinadas sociedades promover Escuelas de Preparaci&oacute;n Militar fuera de filas destinadas a proporcionar a los j&oacute;venes una formaci&oacute;n previa a su incorporaci&oacute;n al Ej&eacute;rcito.
    </p><p class="article-text">
                    Antonio Mart&iacute;n Herera, como presidente de El Progreso, defendi&oacute; que aquella preparaci&oacute;n pudiera realizarse en el propio municipio. Seg&uacute;n la documentaci&oacute;n estudiada por los profesores Manuel Ferraz Lorenzo y V&iacute;ctor Alonso Delgado, el promotor consideraba que la iniciativa beneficiar&iacute;a a los j&oacute;venes y tambi&eacute;n al Tesoro p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
                    El proyecto estaba pensado con cierto detalle. Para las pr&aacute;cticas de tiro y determinados ejercicios se hab&iacute;a previsto utilizar el Llano del Cementerio, una explanada de unos 600 metros cuadrados. Tambi&eacute;n se contemplaba realizar marchas superiores a 25 kil&oacute;metros por los caminos vecinales. 
    </p><p class="article-text">
                    Finalmente, la escuela no fue autorizada. La raz&oacute;n fundamental fue que la Sociedad El Progreso no reun&iacute;a las condiciones exigidas por la legislaci&oacute;n para hacerse cargo de una Escuela de Preparaci&oacute;n Militar, entre ellas su car&aacute;cter y finalidad como una entidad cultural-patri&oacute;tica o dedicada a la ense&ntilde;anza. La iniciativa aparece como no aprobada en 1926. 
    </p><p class="article-text">
                    <strong>&lsquo;El Progreso&rsquo;, una sociedad activa en la vida local </strong>
    </p><p class="article-text">
                    La figura de Antonio Mart&iacute;n Herera se entiende mejor si se sit&uacute;a en el ambiente de la Sociedad El Progreso. Hoy sabemos, gracias al acta que se conserva, que su origen se remonta al 7 de febrero de 1907. Ese d&iacute;a en una casa de la calle del Medio n&uacute;mero 16, se reunieron los promotores con el objeto de fundar la Sociedad instructiva y recreativa El Progreso&amp;gt;&amp;gt;. 
    </p><p class="article-text">
                    El documento fundacional confirma as&iacute; el car&aacute;cter instructivo y recreativo de una entidad que tendr&iacute;a una destacada presencia en la vida social y cultural del municipio durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. 
    </p><p class="article-text">
                    El archivo Municipal conserva el libro de actas de la Junta Directiva correspondiente a 1924-1927. En la sesi&oacute;n del 4 de enero de 1925 tom&oacute; posesi&oacute;n la nueva directiva, presidida por Antonio Mart&iacute;n Herrera. 
    </p><p class="article-text">
                    <strong>Una familia que apuesta por la formaci&oacute;n </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>            </strong>Antonio Mart&iacute;n Herrera<strong> </strong>contrajo matrimonio con Celedonia Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez y tuvo, entre otros descendientes, a M&aacute;ximo Mart&iacute;n Mart&iacute;n y Marcos Tom&aacute;s Mart&iacute;n Mart&iacute;n. Ambos siguieron posteriormente caminos profesionales vinculados a los estudios superiores: M&aacute;ximo se form&oacute; como m&eacute;dico y Marcos Tom&aacute;s como abogado. 
    </p><p class="article-text">
                    Resulta significativo que, en una familia vinculada a la agricultura, a la ca&ntilde;a de az&uacute;car y a la actividad empresarial, apareciera tambi&eacute;n una clara apuesta por la formaci&oacute;n y nuevas posibilidades profesionales. 
    </p><p class="article-text">
                    Es, en definitiva, la historia de un municipio que trataba de superar las dificultades derivadas de su aislamiento y de una sociedad local que buscaba, desde sus propios medios, mejorar las oportunidades de sus vecinos. 
    </p><p class="article-text">
                    <strong>Bibliograf&iacute;a y fuentes documentales </strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Ferraz Lorenzo, Manuel y Alonso-Delgado, V&iacute;ctor. &amp;lt;<un modelo educativo sui generis: las escuelas de formaci pre-militar en espa></un></li>
                                    <li>Acta fundacional de la Sociedad El Progreso. Manuel Garrido Abolafia. </li>
                                    <li>Libro de actas de la Junta Directiva de la Sociedad El Progreso (1924-1927). Archivo  Municipal de San Andr&eacute;s y Sauces.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
                    <strong>Fotograf&iacute;a </strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong> </strong>Los Sauces 1900. La casa Massieu y el drago. AGP. Restaurada y coloreada por Abraham Tom&aacute;s D&iacute;az Abreu. </li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
         *<strong>Manuel Marcos P&eacute;rez Hern&aacute;ndez es cronista oficial de San Andr&eacute;s y Sauces</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Marcos Pérez Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/escuela-militar-san-andres-sauces-quiso-1925_129_13478560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2026 08:18:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="305160" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="305160" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Escuela Militar que San Andrés y Sauces quiso tener en 1925]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5f01c5fa-b077-4c66-8503-d1b1dc6051e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando El Paso tuvo tres periódicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/paso-tuvo-tres-periodicos_129_13476065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando El Paso tuvo tres periódicos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - En apenas una década, entre 1901 y 1911, la entonces villa pasense contó con tres semanarios propios: 'La voz del Paso' (1901-1902), 'El eco de la verdad' (1907-1908) y 'El Paso' (1911)</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El semanario &#039;El eco de la verdad&#039; (1907-1908)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El semanario &#039;El eco de la verdad&#039; (1907-1908).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Durante la llamada edad de oro de la prensa palmera, que se extiende aproximadamente desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil, Santa Cruz de La Palma concentr&oacute;, como era l&oacute;gico, la inmensa mayor&iacute;a de los peri&oacute;dicos que vieron la luz en la isla. Pero hubo algunas excepciones. Y una de las m&aacute;s notables fue El Paso. En apenas una d&eacute;cada, entre 1901 y 1911, la entonces villa pasense cont&oacute; con tres semanarios propios: <em>La voz del Paso</em> (1901-1902), <em>El eco de la verdad</em> (1907-1908) y <em>El Paso</em> (1911). Ninguno lleg&oacute; a imprimirse, parad&oacute;jicamente, en el municipio: los dos primeros salieron de talleres de Santa Cruz de La Palma y el &uacute;ltimo, de una imprenta de Tazacorte. Sin embargo, los tres estaban hechos desde El Paso, para El Paso y, sobre todo, desde las inquietudes pol&iacute;ticas y sociales de aquella localidad que comenzaba el siglo XX con una vitalidad poco com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de las tres cabeceras aparece, adem&aacute;s, un mismo personaje: Luis M&eacute;ndez Franco (1872-1942), militar y periodista, hijo de Faustino M&eacute;ndez Cabezola y residente en El Paso desde 1894. M&eacute;ndez Franco hab&iacute;a dirigido anteriormente <em>La justicia</em>, ejerci&oacute; temporalmente como amanuense y secretario del Ayuntamiento pasense y convirti&oacute; el periodismo en una de sus actividades m&aacute;s constantes. Su condici&oacute;n de militar explica probablemente que no figurase oficialmente al frente de aquellos peri&oacute;dicos: una disposici&oacute;n del Ministerio de la Guerra prohib&iacute;a a los militares ser fundadores o directores de peri&oacute;dicos y limitaba incluso su participaci&oacute;n como redactores cuando se trataba de publicaciones pol&iacute;ticas. Y aquellas publicaciones, aunque se presentaran como &laquo;independientes&raquo;, de pol&iacute;tica ten&iacute;an bastante.
    </p><p class="article-text">
        El Paso de aquellos a&ntilde;os era todav&iacute;a un municipio eminentemente agr&iacute;cola y ganadero, conocido incluso como el &laquo;granero del Valle&raquo;. Almendras, tabaco, vino, higos o seda formaban parte de su producci&oacute;n, junto con una industria quesera y una actividad comercial que comenzaba a despuntar. Entre 1900 y 1910 su poblaci&oacute;n pas&oacute; de 4.599 a 5.075 habitantes, aunque la emigraci&oacute;n afectaba de manera considerable a una sociedad en la que muchos hombres j&oacute;venes buscaban fortuna fuera de la isla. Tampoco faltaba cierta efervescencia asociativa. A principios de siglo funcionaban la sociedad recreativa El Progreso, la banda de m&uacute;sica La Inmaculada Concepci&oacute;n y, desde 1908, la C&aacute;mara Agr&iacute;cola, que pronto alcanzar&iacute;a considerable influencia. Hab&iacute;a tel&eacute;fono desde finales del siglo XIX, alumbrado p&uacute;blico y varios centros de ense&ntilde;anza primaria.
    </p><p class="article-text">
        En 1910 llegar&iacute;a adem&aacute;s un reconocimiento largamente celebrado: Alfonso XIII concedi&oacute; a El Paso el t&iacute;tulo de ciudad por el crecimiento de su poblaci&oacute;n, su &laquo;constante laboriosidad&raquo; y su adhesi&oacute;n a la Monarqu&iacute;a constitucional. En las gestiones tuvo un papel destacado el jurista palmero Pedro P&eacute;rez D&iacute;az. En ese ambiente de crecimiento, rivalidades pol&iacute;ticas y aspiraciones de progreso nacieron sus peri&oacute;dicos.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>La Voz del Paso</strong></em><strong>, el primer intento</strong>
    </p><p class="article-text">
        El primero fue <em>La Voz del Paso</em>, aparecido el 14 de agosto de 1901. Su existencia fue breve: apenas medio a&ntilde;o. El &uacute;ltimo ejemplar conservado es el n&uacute;mero 21, correspondiente al 22 de diciembre, aunque todo indica que continu&oacute; public&aacute;ndose durante algunas semanas de enero de 1902. Se imprim&iacute;a en los talleres del <em>Diario de Avisos</em>, en Santa Cruz de La Palma, y era una publicaci&oacute;n modesta: cuatro p&aacute;ginas, peque&ntilde;o formato y dos columnas. La suscripci&oacute;n costaba 75 c&eacute;ntimos al mes y, seg&uacute;n reconoc&iacute;a el propio peri&oacute;dico, alcanzaba una tirada de 300 ejemplares, cifra nada desde&ntilde;able para la prensa palmera de aquellos a&ntilde;os. Hoy apenas se conserva una decena de n&uacute;meros. Como era habitual, las dos primeras p&aacute;ginas estaban ocupadas fundamentalmente por art&iacute;culos y comentarios; la tercera reun&iacute;a noticias y la &uacute;ltima se destinaba casi por completo a publicidad. No hab&iacute;a fotograf&iacute;as y la informaci&oacute;n nacional o internacional era escasa. El mundo de <em>La voz del Paso</em> era, sobre todo, el de la propia isla y muy especialmente el de la pol&iacute;tica municipal.
    </p><p class="article-text">
        Aunque se subtitulaba &laquo;Peri&oacute;dico semanal independiente&raquo;, defend&iacute;a con bastante claridad al sector conservador local enfrentado a liberales y conservadores sotomayoristas. Las elecciones municipales de 1901 alimentaron buena parte de sus pol&eacute;micas. Desde sus p&aacute;ginas se denunciaban pactos, componendas y lo que el peri&oacute;dico llamaba despectivamente &laquo;el grupito&raquo; o &laquo;la camarilla&raquo;. Tampoco faltaron enfrentamientos con otros peri&oacute;dicos. Especialmente sonadas fueron sus refriegas con <em>Heraldo de La Palma</em>, el peri&oacute;dico de Wenceslao Abreu, aunque algunas controversias tuvieran menos que ver con la gran pol&iacute;tica que con cuestiones tan concretas como el pago de los maestros o unas supuestas ofensas al arcipreste Benigno Mascare&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Entre las preocupaciones locales apareci&oacute; ya una que volver&iacute;a una y otra vez a la prensa pasense: el t&uacute;nel de la cumbre. El proyecto de comunicar de manera m&aacute;s eficaz las dos vertientes de la isla era entonces poco menos que una vieja aspiraci&oacute;n que reaparecer&iacute;a tambi&eacute;n en las otras cabeceras del municipio. Cuando <em>La Voz del Paso</em> desapareci&oacute;, Luis M&eacute;ndez Franco recibi&oacute; un significativo reconocimiento: en febrero de 1902 el Ayuntamiento acord&oacute; nombrarlo hijo adoptivo por &laquo;el inter&eacute;s y celo&raquo; que hab&iacute;a demostrado en beneficio de la localidad. Incluso se anunci&oacute; meses despu&eacute;s la posible reaparici&oacute;n del peri&oacute;dico, aunque nunca lleg&oacute; a materializarse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/63d42b70-448c-42f1-b5d1-1dc3fdc87b52_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/63d42b70-448c-42f1-b5d1-1dc3fdc87b52_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/63d42b70-448c-42f1-b5d1-1dc3fdc87b52_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/63d42b70-448c-42f1-b5d1-1dc3fdc87b52_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/63d42b70-448c-42f1-b5d1-1dc3fdc87b52_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/63d42b70-448c-42f1-b5d1-1dc3fdc87b52_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/63d42b70-448c-42f1-b5d1-1dc3fdc87b52_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Semanario &#039;La voz del Paso (1901-1902)&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Semanario &#039;La voz del Paso (1901-1902)&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em><strong>El Eco de la Verdad</strong></em><strong>, el gran peri&oacute;dico pasense</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el 7 de julio de 1907, apareci&oacute; <em>El Eco de la Verdad</em>. Fue, con diferencia, el proyecto period&iacute;stico m&aacute;s s&oacute;lido de cuantos nacieron en El Paso en esta etapa. Alcanz&oacute; al menos 63 n&uacute;meros y continuaba public&aacute;ndose el 29 de octubre de 1908. Se imprim&iacute;a tambi&eacute;n en Santa Cruz de La Palma, esta vez en la tipograf&iacute;a Gutenberg. Comenz&oacute; con cuatro p&aacute;ginas y posteriormente aument&oacute; a seis, convirti&eacute;ndose en el primer peri&oacute;dico palmero de car&aacute;cter diario o semanal que alcanzaba ese paginado. Su precio era de una peseta al mes y lleg&oacute; a presentarse como &laquo;el de mayor circulaci&oacute;n de cuantos se publican en la isla&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Oficialmente lo dirig&iacute;a Bautista Rojo Monreal, antiguo guardia civil avecindado en El Paso. Pero todo apunta nuevamente a Luis M&eacute;ndez Franco como verdadero responsable y principal redactor. A ellos se unieron administradores como Guillermo Santiago Casa&ntilde;as y el maestro Diego Gonz&aacute;lez P&eacute;rez, y desde mayo de 1908 se incorpor&oacute; a la redacci&oacute;n un jovenc&iacute;simo Jos&eacute; Ben&iacute;tez y Rodr&iacute;guez, que acabar&iacute;a desarrollando en Cuba una larga carrera period&iacute;stica. Precisamente una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s llamativas de <em>El Eco de la Verdad</em> fue la amplitud de su red de colaboradores y corresponsales. Los ten&iacute;a en Santa Cruz de La Palma, Los Llanos, Tazacorte y Tijarafe, pero tambi&eacute;n en Tenerife, Cuba y Venezuela. Por sus p&aacute;ginas pasaron asimismo escritores y periodistas palmeros como Tom&aacute;s Felipe Camacho, Manuel Fern&aacute;ndez Cabrera, Tom&aacute;s Capote P&eacute;rez, Gumersindo Galv&aacute;n de las Casas o Antonio Hern&aacute;ndez Capote, adem&aacute;s de autores de fuera de la isla.
    </p><p class="article-text">
        El peri&oacute;dico ofrec&iacute;a noticias, corresponsal&iacute;as, literatura, peque&ntilde;os art&iacute;culos y, durante sus primeros meses, incluso un follet&iacute;n recortable. La publicidad fue creciendo hasta ocupar p&aacute;ginas enteras: f&aacute;bricas de tabaco, abonos, comercios, medicamentos, aguas minerales, licores, champ&aacute;n, f&aacute;bricas peninsulares o productos de los m&aacute;s variados g&eacute;neros. En sus &uacute;ltimos n&uacute;meros la publicidad lleg&oacute; incluso a apropiarse de la primera p&aacute;gina, lo que permite descartar que su desaparici&oacute;n obedeciera simplemente a la falta de anunciantes.
    </p><p class="article-text">
        Pero <em>El eco de la verdad</em> fue, por encima de todo, un peri&oacute;dico de combate. Volv&iacute;a a definirse como &laquo;semanario independiente&raquo; y en su primer editorial proclamaba su deseo de mantenerse alejado de las agrupaciones que se disputaban el poder en La Palma. Aseguraba no contar con el dinero de ning&uacute;n cacique que pagara mensualmente la impresi&oacute;n del peri&oacute;dico y resum&iacute;a su posici&oacute;n con una frase rotunda: &laquo;Nuestro centro es el Progreso&raquo;. La realidad fue algo m&aacute;s compleja. El semanario mostr&oacute; pronto simpat&iacute;as liberales y una posici&oacute;n claramente contraria al leonismo, la poderosa red pol&iacute;tica asociada a Fernando Le&oacute;n y Castillo y a sus aliados insulares. Sus cr&iacute;ticas a la pol&iacute;tica municipal fueron constantes. Desde el primer n&uacute;mero combati&oacute; la composici&oacute;n del Ayuntamiento constituido en 1907, buena parte de cuyos concejales hab&iacute;an sido designados interinamente despu&eacute;s de los conflictos electorales de los a&ntilde;os anteriores.
    </p><p class="article-text">
        Alcaldes, concejales, diputados y caciques pasaron as&iacute; por la trituradora de sus editoriales. Particularmente dura fue su censura al diputado Pedro Poggio y &Aacute;lvarez, al que lleg&oacute; a calificar de diputado &laquo;nominal&raquo; que no trabajaba por los verdaderos intereses del pa&iacute;s. En sus &uacute;ltimos meses, el peri&oacute;dico defendi&oacute; incluso la formaci&oacute;n de una amplia alianza entre liberales, republicanos y conservadores disidentes frente a las combinaciones pol&iacute;ticas tradicionales. Detr&aacute;s de aquellas pol&eacute;micas se advierte una &eacute;poca en la que la prensa era mucho m&aacute;s que un medio de informaci&oacute;n: era un instrumento esencial de la lucha pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No todo, naturalmente, eran elecciones y caciques. <em>El Eco</em> intervino activamente en la pol&eacute;mica sobre la administraci&oacute;n de los puertos francos; respald&oacute; la campa&ntilde;a por el indulto del periodista republicano Jos&eacute; Nakens; inform&oacute; sobre el problema de los llamados &laquo;duros sevillanos&raquo;; apoy&oacute; desde Los Llanos la construcci&oacute;n de un cementerio civil; sigui&oacute; las obras de la carretera del Sur y volvi&oacute; a ocuparse de las comunicaciones de la isla. Tambi&eacute;n entr&oacute; de lleno en uno de los grandes debates canarios de aquellos a&ntilde;os: la divisi&oacute;n provincial. El peri&oacute;dico defendi&oacute; con firmeza la unidad de la provincia y estuvo representado en las asambleas celebradas en Tenerife y La Palma en 1908.
    </p><p class="article-text">
        Hasta la informaci&oacute;n internacional encontr&oacute; ocasionalmente hueco, aunque llegara con retraso: Marruecos, los sucesos de Casablanca o las actividades de la poderosa colonia canaria en Cuba aparecieron en sus p&aacute;ginas. Y hubo incluso espacio para una experiencia period&iacute;stica poco habitual entonces en La Palma. Con motivo del juicio por el asesinato del abogado Siro Gonz&aacute;lez de las Casas, <em>El Eco de la Verdad</em> public&oacute; dos suplementos especiales, profusamente ilustrados con fotograbados de los protagonistas. Era una muestra m&aacute;s de la ambici&oacute;n de aquella peque&ntilde;a publicaci&oacute;n nacida en El Paso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un tercer peri&oacute;dico del que no queda ninguno</strong>
    </p><p class="article-text">
        La historia tuvo todav&iacute;a un &uacute;ltimo cap&iacute;tulo. El 26 de octubre de 1911 comenz&oacute; a publicarse <em>El Paso</em>, un nuevo semanario que se subtitulaba &laquo;Peri&oacute;dico del pueblo y para el pueblo&raquo;. Esta vez se imprim&iacute;a en Tazacorte, en la imprenta La Popular de Claudio C. Hern&aacute;ndez D&iacute;az. Debi&oacute; de tener cuatro p&aacute;ginas y un formato reducido. Nuevamente Luis M&eacute;ndez Franco aparece se&ntilde;alado como su director. Su vida fue todav&iacute;a m&aacute;s corta que la de <em>La Voz del Paso</em>. Apenas mes y medio. Sabemos que segu&iacute;a public&aacute;ndose el 14 de diciembre de 1911, aunque durante mucho tiempo se crey&oacute; que hab&iacute;a desaparecido a finales de noviembre. Lo singular es que hoy no conocemos ning&uacute;n ejemplar. R&eacute;gulo P&eacute;rez pudo consultar alguno cuando prepar&oacute; en 1948 su estudio cl&aacute;sico sobre la prensa palmera, y todav&iacute;a en 1975 el poeta pasense Ismael Gonz&aacute;lez se refiri&oacute; expresamente al n&uacute;mero 2, fechado el 2 de noviembre de 1911. En alg&uacute;n momento posterior esos ejemplares se extraviaron.
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna, otros peri&oacute;dicos reprodujeron algunas de sus noticias y permiten atisbar cu&aacute;l era su orientaci&oacute;n. La prensa tinerfe&ntilde;a lo present&oacute; como &oacute;rgano del Partido Patri&oacute;tico, probablemente la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica que defend&iacute;a la unidad provincial y combat&iacute;a el leonismo. Parece haberse situado cerca del sector liberal que encabezaba Juli&aacute;n van Baumberghen, aunque su lema, &laquo;del pueblo y para el pueblo&raquo;, permite advertir tambi&eacute;n cierta sensibilidad obrerista. Entre las pocas informaciones que conocemos aparecen nuevamente la pol&iacute;tica electoral y, c&oacute;mo no, el t&uacute;nel de la cumbre. Es significativo que diez a&ntilde;os despu&eacute;s de <em>La Voz del Paso</em> las grandes preocupaciones locales continuaran asom&aacute;ndose a las p&aacute;ginas de otro peri&oacute;dico nacido en la misma localidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diez a&ntilde;os de periodismo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entre 1901 y 1911 El Paso protagoniz&oacute;, por tanto, una peque&ntilde;a pero intensa aventura period&iacute;stica. Tres peri&oacute;dicos en diez a&ntilde;os no son poca cosa para un municipio de unos cinco mil habitantes en una isla en la que casi toda la prensa se concentraba en la capital. Los tres tuvieron una existencia relativamente breve. Los tres fueron semanarios. Ninguno se imprimi&oacute; en El Paso. Los tres se proclamaron independientes y los tres, en realidad, tomaron partido en las disputas de su tiempo. Y los tres estuvieron ligados a la misma figura, Luis M&eacute;ndez Franco, periodista vocacional al que su profesi&oacute;n militar oblig&oacute; probablemente a permanecer m&aacute;s de una vez detr&aacute;s de la cabecera. Hay, adem&aacute;s, una &uacute;ltima paradoja. Cuando El Paso dispuso por fin de una imprenta propia, la imprenta Alfa, a partir de 1922, no volvi&oacute; a contar con peri&oacute;dicos locales. En aquellas m&aacute;quinas se imprimir&iacute;an durante la Segunda Rep&uacute;blica <em>Tribuna</em>, <em>Tribuna Libre</em> y <em>El Mundo</em>, pero las tres publicaciones estaban destinadas a Tazacorte.
    </p><p class="article-text">
        De aquel primer despertar period&iacute;stico pasense queda hoy una colecci&oacute;n fragmentaria de <em>La Voz del Paso</em>, una colecci&oacute;n casi completa de <em>El Eco de la Verdad</em> y el recuerdo, disperso entre referencias de otros peri&oacute;dicos, de <em>El Paso</em>. Suficiente, sin embargo, para reconstruir una &eacute;poca. Porque aquellos viejos semanarios dicen bastante m&aacute;s que lo que anuncian sus cabeceras. Hablan de elecciones y caciques, de carreteras y t&uacute;neles, de emigrantes y corresponsales en Cuba, de maestros, comerciantes, agricultores y escritores; de una sociedad que discut&iacute;a sobre su futuro y que descubri&oacute; tambi&eacute;n en la prensa un espacio para hacerlo. Durante unos pocos a&ntilde;os, El Paso tuvo su propia voz impresa. En realidad, lleg&oacute; a tener tres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J. J. Rodr&iacute;guez-Lewis &amp; Amparo Escuder Casimiro</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/paso-tuvo-tres-periodicos_129_13476065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 08:19:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="126483" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="126483" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando El Paso tuvo tres periódicos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inteligencia artificial: una herramienta, no un atajo hacia el talento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/inteligencia-artificial-herramienta-no-atajo-talento_129_13472590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150038.jpg" width="1024" height="576" alt="Inteligencia artificial: una herramienta, no un atajo hacia el talento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - No critico el uso de estas herramientas. Critico su utilización abusiva y deshonesta. No podemos emplearlas para engañar, ganar premios, acumular méritos, obtener reconocimiento inmediato, publicar libros como churros o aparentar que somos profesionales de una disciplina a la que nunca hemos dedicado tiempo, esfuerzo ni formación</p></div><p class="article-text">
        indispensable para muchas personas. Algunos la utilizamos de manera puntual; otros han decidido incorporarla plenamente a su trabajo cotidiano. Su capacidad para agilizar procesos, ordenar ideas, facilitar determinadas tareas o aportar perspectivas diferentes resulta incuestionable. Sin embargo, como sucede con cualquier avance tecnol&oacute;gico, el problema no reside en la herramienta, sino en el uso que hacemos de ella.
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial puede ayudarnos, pero no deber&iacute;a sustituir aquello que nace de la experiencia, la sensibilidad y la creatividad humana. No todo puede &mdash;ni debe&mdash; ser mejorado mediante un algoritmo. Existen trabajos cuya verdadera importancia se encuentra precisamente en el proceso: en las horas dedicadas a escribir, dise&ntilde;ar, pintar, componer o hacer cine; en los intentos fallidos, en las dudas, en el aprendizaje y en la b&uacute;squeda de una voz propia.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos visto c&oacute;mo algunas personas han ganado premios de dise&ntilde;o gr&aacute;fico, literatura y otras disciplinas art&iacute;sticas gracias a obras creadas total o parcialmente mediante inteligencia artificial. En esos casos, cabe preguntarse d&oacute;nde termina la asistencia tecnol&oacute;gica y d&oacute;nde comienza el enga&ntilde;o. Porque una cosa es utilizar una herramienta para desarrollar una idea propia y otra muy diferente presentarse como autor de un trabajo creativo realizado, en su mayor parte, por una m&aacute;quina.
    </p><p class="article-text">
        Desde mi punto de vista, esta cuesti&oacute;n resulta especialmente preocupante. Me dedico a escribir desde los 17 a&ntilde;os, cuando se public&oacute; mi primer libro. A lo largo de mi trayectoria he explorado distintas ramas art&iacute;sticas y conozco bien el esfuerzo que supone prosperar, encontrar un espacio y ganarse el respeto de los dem&aacute;s. Han sido veinte a&ntilde;os remando constantemente, aprendiendo, equivoc&aacute;ndome, volviendo a empezar y tratando de construir un futuro dentro del arte y la cultura.
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta frustrante comprobar c&oacute;mo algunas personas pretenden alcanzar de manera inmediata aquello que a otros les ha costado toda una vida. Personas que nunca hab&iacute;an escrito publican libros a un ritmo imposible; quienes jam&aacute;s hab&iacute;an dise&ntilde;ado se presentan de pronto como profesionales del dise&ntilde;o; quienes no conocen el lenguaje cinematogr&aacute;fico aseguran estar haciendo cine. Y lo hacen apropi&aacute;ndose de un talento, una formaci&oacute;n y una experiencia que realmente no poseen.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Beatriz Gómez."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Beatriz Gómez.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s preocupante es que creen que el enga&ntilde;o resulta cre&iacute;ble. Sin embargo, la creatividad humana deja una huella dif&iacute;cil de falsificar. Quienes llevan a&ntilde;os trabajando en una disciplina reconocen los matices, las decisiones conscientes, las referencias, la coherencia y la sensibilidad que existen detr&aacute;s de una obra aut&eacute;ntica. La inteligencia artificial puede producir un resultado llamativo, t&eacute;cnicamente correcto o visualmente atractivo, pero eso no significa necesariamente que exista una verdadera intenci&oacute;n art&iacute;stica detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de rechazar la inteligencia artificial. Ser&iacute;a absurdo negar sus posibilidades. Desde mi punto de vista, es una herramienta incre&iacute;ble que, utilizada correctamente, puede llegar a ser indispensable para determinadas tareas. Puede ayudarnos a organizar una idea, explorar distintos enfoques, resolver cuestiones t&eacute;cnicas o ampliar nuestra visi&oacute;n inicial. Tambi&eacute;n puede democratizar ciertos recursos y facilitar procesos que antes requer&iacute;an mucho m&aacute;s tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Pero nunca deber&iacute;amos permitir que elimine la mano creativa que se encuentra detr&aacute;s de una obra. Esa mano, con sus imperfecciones, su memoria, sus emociones y su mirada particular, constituye la base de toda creaci&oacute;n art&iacute;stica. Una herramienta puede acompa&ntilde;arnos durante el camino, pero no deber&iacute;a recorrerlo por nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Si dejamos de escribir porque una m&aacute;quina puede hacerlo, si dejamos de dibujar porque un programa genera una imagen en segundos o si renunciamos a pensar porque un sistema nos ofrece respuestas inmediatas, llegar&aacute; un momento en el que nuestras capacidades comenzar&aacute;n a debilitarse. La creatividad tambi&eacute;n necesita entrenamiento. Las ideas se construyen trabajando, leyendo, observando, experimentando y enfrent&aacute;ndonos al vac&iacute;o de una p&aacute;gina en blanco.
    </p><p class="article-text">
        Delegarlo absolutamente todo en una inteligencia artificial no solo empobrece el resultado, sino tambi&eacute;n a la persona que deja de crear. Corremos el peligro de convertirnos en simples consumidores de contenidos producidos de forma autom&aacute;tica, cada vez m&aacute;s parecidos entre s&iacute; y desprovistos de una identidad verdadera. Y eso es profundamente lamentable, adem&aacute;s de peligroso.
    </p><p class="article-text">
        No critico el uso de estas herramientas. Critico su utilizaci&oacute;n abusiva y deshonesta. No podemos emplearlas para enga&ntilde;ar, ganar premios, acumular m&eacute;ritos, obtener reconocimiento inmediato, publicar libros como churros o aparentar que somos profesionales de una disciplina a la que nunca hemos dedicado tiempo, esfuerzo ni formaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial puede ayudarnos a contemplar nuestra visi&oacute;n creativa desde otro &aacute;ngulo, pero no debe realizar todo el trabajo por nosotros. Mucho menos puede convertirse en un atajo para apropiarnos del reconocimiento que corresponde al esfuerzo, al conocimiento y al talento de otras personas.
    </p><p class="article-text">
        El progreso tecnol&oacute;gico deber&iacute;a servir para potenciar nuestras capacidades, no para anularlas. Debemos aprender a convivir con la inteligencia artificial desde la responsabilidad, la transparencia y la &eacute;tica. Si una obra ha sido creada mediante estas herramientas, deber&iacute;a indicarse claramente. Los concursos, premios y cert&aacute;menes tambi&eacute;n deber&iacute;an establecer normas capaces de diferenciar entre una creaci&oacute;n humana asistida y un contenido generado de manera autom&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Quienes nos dedicamos al arte y a la cultura queremos seguir disfrutando de la creatividad humana durante mucho tiempo. Queremos emocionarnos con historias nacidas de experiencias reales, descubrir miradas personales y reconocer el pulso de alguien que ha puesto una parte de s&iacute; mismo en aquello que ha creado.
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial puede ser una gran compa&ntilde;era de viaje, pero jam&aacute;s deber&iacute;a ocupar el lugar de quien imagina, siente y crea. Porque una herramienta puede generar contenidos, pero el arte necesita algo m&aacute;s: necesita verdad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/inteligencia-artificial-herramienta-no-atajo-talento_129_13472590.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 11:19:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150038.jpg" length="179312" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150038.jpg" type="image/jpeg" fileSize="179312" width="1024" height="576"/>
      <media:title><![CDATA[Inteligencia artificial: una herramienta, no un atajo hacia el talento]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fa41b5b3-b6b6-4276-ab21-1f841018eab8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150038.jpg" width="1024" height="576"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El CB La Palma de Pancho Martín: el primer proyecto insular (1967-1977)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cb-palma-pancho-martin-primer-proyecto-insular-1967-1977_129_13472060.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El CB La Palma de Pancho Martín: el primer proyecto insular (1967-1977)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Durante una década, el Club Baloncesto La Palma constituyó el primer proyecto serio y continuado que intentó reunir al mejor baloncesto palmero bajo unas mismas siglas y representar a la isla en las competiciones regionales y nacionales. Nacido en condiciones precarias, conoció ascensos, descensos y continuas reconstrucciones antes de alcanzar su cima deportiva en 1976 y desaparecer apenas un año después. Al frente de aquella aventura estuvo casi siempre Francisco “Pancho” Martín Hernández, su entrenador, impulsor y verdadera alma mater</p></div><p class="article-text">
        <strong>El nacimiento de un equipo insular</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="C.B. La Palma 1970-1971."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                C.B. La Palma 1970-1971.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En la primavera de 1967, cuando la Federaci&oacute;n Tinerfe&ntilde;a decidi&oacute; reestructurar la Tercera Divisi&oacute;n Nacional e incorporar a su grupo provincial un representante de La Palma, el baloncesto insular llevaba demasiado tiempo condicionado por la discontinuidad de las competiciones y una arraigada dispersi&oacute;n organizativa. Se jugaba, y se jugaba con entusiasmo, pero faltaba un proyecto estable capaz de reunir a los mejores y competir regularmente fuera de la isla.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Club Baloncesto La Palma</em> naci&oacute; para cubrir ese vac&iacute;o. Fue el primer intento serio y exitoso de unir al baloncesto palmero bajo unas mismas siglas y puede considerarse, adem&aacute;s, el precedente inmediato de la posterior <em>Uni&oacute;n Baloncesto La Palma</em>. Entre sus principales impulsores se encontraban Manolo P&eacute;rez Cantillo, que asumi&oacute; la presidencia; Jaime Garc&iacute;a Garc&iacute;a, secretario; Orestes Rodr&iacute;guez Hern&aacute;ndez, tesorero, y Francisco &ldquo;Pancho&rdquo; Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez, entrenador y alma mater del nuevo equipo.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a proced&iacute;a del antiguo Frente de Juventudes, de ah&iacute; que el nombre inicial de la entidad se completara con las siglas de la Organizaci&oacute;n Juvenil Espa&ntilde;ola: C. B. La Palma OJE. Era, en buena medida, un grupo de amigos decidido a convertir su afici&oacute;n en un proyecto competitivo. Antes de comenzar la liga, durante el verano de 1967, disput&oacute; su primer partido frente al <em>Perka</em>, combinado integrado por estudiantes palmeros que regresaban a la isla durante las vacaciones.
    </p><p class="article-text">
        Los comienzos no fueron f&aacute;ciles. Las estrecheces econ&oacute;micas obligaban a reducir gastos y a aprovechar los desplazamientos a Tenerife para disputar m&aacute;s de un encuentro durante el mismo fin de semana. Los viajes se realizaban por mar y la fatiga formaba parte inseparable de la competici&oacute;n. En casa, las incomparecencias de algunos rivales alteraban continuamente el calendario. Aun as&iacute;, el equipo encaden&oacute; ocho victorias y se proclam&oacute; campe&oacute;n de su grupo de Tercera Divisi&oacute;n. El partido decisivo lo disput&oacute; el 30 de enero de 1968 frente al <em>CIR-15</em> de Hoya Fr&iacute;a, al que derrot&oacute; por 52-47.
    </p><p class="article-text">
        En apenas unos meses, aquel modesto grupo hab&iacute;a conseguido el ascenso a Segunda Divisi&oacute;n. Entre los jugadores de la primera plantilla figuraban Carlos Mart&iacute;n, Manolo Jaubert, Julio Plata, Jos&eacute; Emilio de la Cruz, Emilio Hern&aacute;ndez Guardia, Carlos Bravo, Paco Ayudarte, Tino Garc&iacute;a y Nono Hern&aacute;ndez Guardia. Algunos permanecer&iacute;an durante buena parte de la d&eacute;cada y servir&iacute;an de enlace entre las distintas generaciones del club.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3337ddbf-1849-4df2-b328-00c3d9a0ac46_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3337ddbf-1849-4df2-b328-00c3d9a0ac46_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3337ddbf-1849-4df2-b328-00c3d9a0ac46_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3337ddbf-1849-4df2-b328-00c3d9a0ac46_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3337ddbf-1849-4df2-b328-00c3d9a0ac46_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3337ddbf-1849-4df2-b328-00c3d9a0ac46_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3337ddbf-1849-4df2-b328-00c3d9a0ac46_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="C.B. La Palma- Sansofé Las Palmas 1970-1971."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                C.B. La Palma- Sansofé Las Palmas 1970-1971.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El salto de categor&iacute;a result&oacute;, sin embargo, demasiado brusco. Las ausencias por estudios, servicio militar o traslado fuera de la isla deshicieron pr&aacute;cticamente el quinteto del ascenso. Pancho Mart&iacute;n tuvo que recurrir a jugadores j&uacute;niors y a j&oacute;venes con escasa preparaci&oacute;n para medirse a los mejores equipos de Tenerife. La Palma termin&oacute; la temporada 1968-1969 sin victorias y perdi&oacute; la promoci&oacute;n de permanencia frente al <em>C&iacute;rculo de Amistad XII de Enero</em>.
    </p><p class="article-text">
        Aquel descenso pudo haber puesto fin a una aventura todav&iacute;a fr&aacute;gil, pero ocurri&oacute; justamente lo contrario. El club se reconstruy&oacute;, recuper&oacute; a algunos veteranos e incorpor&oacute; nuevos valores. En la campa&ntilde;a 1969-1970 termin&oacute; subcampe&oacute;n de Tercera y, gracias a la renuncia del <em>N&aacute;utico B</em>, regres&oacute; a Segunda. All&iacute; complet&oacute; en 1970-1971 una de sus primeras grandes temporadas: ocho victorias, un empate y cinco derrotas, que le permitieron alcanzar una meritoria cuarta posici&oacute;n. Especialmente celebrada fue la victoria por 41-38 frente al potente <em>Universidad Canarias Pepsi</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pancho Mart&iacute;n segu&iacute;a ejerciendo la direcci&oacute;n t&eacute;cnica real, aunque todav&iacute;a no dispon&iacute;a del t&iacute;tulo de entrenador y en las actas deb&iacute;a figurar oficialmente otra persona como <em>coach</em>. El detalle retrata bien la naturaleza casi artesanal del proyecto. Pancho no era &uacute;nicamente quien preparaba al equipo o decid&iacute;a durante los partidos: era tambi&eacute;n quien volv&iacute;a a reunirlo cada vez que las circunstancias amenazaban con deshacerlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/79e0f419-8b86-4542-b146-54c901185f1e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/79e0f419-8b86-4542-b146-54c901185f1e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/79e0f419-8b86-4542-b146-54c901185f1e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/79e0f419-8b86-4542-b146-54c901185f1e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/79e0f419-8b86-4542-b146-54c901185f1e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/79e0f419-8b86-4542-b146-54c901185f1e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/79e0f419-8b86-4542-b146-54c901185f1e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="C.B. La Palma 1975-1976."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                C.B. La Palma 1975-1976.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Ascensos, descensos y generaciones</strong>
    </p><p class="article-text">
        La historia del <em>C. B. La Palma</em> fue, durante aquellos a&ntilde;os, una sucesi&oacute;n de cursos de ida y vuelta. A la excelente campa&ntilde;a de 1970-1971 sigui&oacute; otra mucho m&aacute;s gris. El equipo termin&oacute; &uacute;ltimo en Segunda y descendi&oacute; despu&eacute;s de perder en casa por un solo punto un encuentro decisivo frente al <em>Metr&oacute;pole</em>. Aquel 73-74 simbolizaba hasta qu&eacute; punto la frontera entre la permanencia y el descenso pod&iacute;a ser m&iacute;nima.
    </p><p class="article-text">
        La temporada dej&oacute;, no obstante, una buena noticia: la irrupci&oacute;n de Eduardo Aciego, quien, pese a su juventud, fue el tercer m&aacute;ximo anotador de la competici&oacute;n. El club demostraba as&iacute; que, adem&aacute;s de competir, era capaz de incorporar y promocionar nuevos jugadores. Ese relevo resultaba imprescindible porque los veteranos de 1967 iban dejando paso a una segunda generaci&oacute;n formada por Alejo Cabrera, Roberto Estrello o Pepe Arroyo, mientras se abr&iacute;an camino j&oacute;venes como Aciego, Isidro Castro, PacuchoArrocha y Guillermo &ldquo;Guigui&rdquo; Hern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        De regreso en Tercera, La Palma volvi&oacute; a quedarse a las puertas del ascenso. En la campa&ntilde;a 1972-1973 termin&oacute; segundo, con catorce victorias y cuatro derrotas, por detr&aacute;s del <em>Caja Rural</em> de Santa Cruz. El subcampeonato no daba derecho a disputar una promoci&oacute;n, por lo que ascendi&oacute; &uacute;nicamente el campe&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aquella temporada se celebraron tambi&eacute;n los primeros derbis oficiales entre el <em>C. B. La Palma</em> y el <em>Valle Aridane</em>, que desde 1970 trataba de consolidar el baloncesto en Los Llanos. El conjunto de la capital venci&oacute; en ambos encuentros, por 42-35 en la cancha del Hogar de Juventudes de Los Llanos y por un contundente 52-23 en la segunda vuelta. La aparici&oacute;n de otro club insular no priv&oacute; al <em>C. B. La Palma</em> de su condici&oacute;n representativa; al contrario, confirmaba que el baloncesto comenzaba a extenderse y a echar ra&iacute;ces m&aacute;s all&aacute; de Santa Cruz de La Palma.
    </p><p class="article-text">
        En 1973-1974 lleg&oacute; una de las campa&ntilde;as m&aacute;s brillantes de su historia. El equipo complet&oacute; la competici&oacute;n sin conocer la derrota: quince victorias y un empate, con una media de 63 puntos anotados y solo 30 encajados. En los derbis super&oacute; ampliamente al <em>Valle Aridane</em>, por 100-41 en la capital y 39-61 en Los Llanos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac565772-7898-4c41-93bc-695a09a5a087_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac565772-7898-4c41-93bc-695a09a5a087_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac565772-7898-4c41-93bc-695a09a5a087_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac565772-7898-4c41-93bc-695a09a5a087_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac565772-7898-4c41-93bc-695a09a5a087_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac565772-7898-4c41-93bc-695a09a5a087_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ac565772-7898-4c41-93bc-695a09a5a087_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="C.B. La Palma 1971-1972."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                C.B. La Palma 1971-1972.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La fase de ascenso se disput&oacute; en mayo de 1974 en una Ciudad Juvenil repleta y entusiasta. <em>La Palma</em> derrot&oacute; por 85-31 al <em>Sahara OJE</em> y por 79-57 al <em>N&aacute;utico de Las Palmas</em>. Una posterior reclamaci&oacute;n del conjunto saharaui alter&oacute; en los despachos el resultado del primer encuentro, pero no impidi&oacute; que el representante palmero conservara el primer puesto por mejor diferencia de puntos y obtuviera un nuevo ascenso.
    </p><p class="article-text">
        Siete a&ntilde;os despu&eacute;s de la fundaci&oacute;n, a&uacute;n permanec&iacute;an Julio Plata, Manolo Jaubert, Carlos Bravo y Emilio Hern&aacute;ndez Guardia. Sin embargo, el relevo generacional se hab&iacute;a consumado: Alejo Cabrera, Manolo de las Casas, Quique &Aacute;lvarez y GuiguiHern&aacute;ndez constitu&iacute;an ya la columna vertebral del equipo. Ese tr&aacute;nsito entre generaciones fue uno de los grandes logros de Pancho Mart&iacute;n. No se limit&oacute; a prolongar la vida del conjunto fundador, sino que consigui&oacute; reconstruirlo varias veces y conducirlo nuevamente a Segunda.
    </p><p class="article-text">
        En la temporada 1974-1975, Pancho dej&oacute; el banquillo en manos de Jos&eacute; Manuel &ldquo;Moncho&rdquo; Monsalve, antiguo jugador del Real Madrid y de la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola, aunque continu&oacute; como vicepresidente y delegado. Los resultados fueron discretos: La Palma termin&oacute; octavo y pen&uacute;ltimo, con cuatro victorias y doce derrotas. La aportaci&oacute;n de Monsalve, no obstante, result&oacute; decisiva. Introdujo sistemas t&aacute;cticos, moderniz&oacute; la t&eacute;cnica individual y elev&oacute; la exigencia de los entrenamientos. El equipo dio un salto en su concepci&oacute;n del juego y sent&oacute; las bases del &eacute;xito que llegar&iacute;a al a&ntilde;o siguiente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La cima antes de la desaparici&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una reestructuraci&oacute;n de las categor&iacute;as nacionales situ&oacute; al <em>C. B. La Palma</em> en la nueva Tercera Divisi&oacute;n durante la temporada 1975-1976. Pancho Mart&iacute;n regres&oacute; al banquillo y el club realiz&oacute; un esfuerzo econ&oacute;mico desconocido hasta entonces para contratar al estadounidense David Kundla, llegado por iniciativa de Monsalve.
    </p><p class="article-text">
        La combinaci&oacute;n entre el trabajo t&eacute;cnico desarrollado durante el curso anterior, el regreso de Pancho y la capacidad anotadora del norteamericano convirti&oacute; al representante palmero en el mejor equipo de su grupo. <em>La Palma</em> se proclam&oacute; campe&oacute;n canario con diecinueve victorias, un empate y solo dos derrotas. Entre sus triunfos m&aacute;s significativos estuvo el obtenido frente al <em>Caja Insular</em> por 57-56, despu&eacute;s de remontar una desventaja de diecinueve puntos, los mismos que anot&oacute; Kundla.
    </p><p class="article-text">
        El campeonato le dio derecho a disputar en Valladolid, entre finales de abril y comienzos de mayo de 1976, la fase de ascenso a la nueva Segunda Divisi&oacute;n. Por primera vez, el club med&iacute;a sus posibilidades con los campeones de diferentes grupos peninsulares. All&iacute; venci&oacute; al <em>Loyola Indauchu</em> de Bilbao por 96-88, en un partido memorable en el que David Kundla anot&oacute; 61 puntos. Perdi&oacute; ante el <em>Santa Mar&iacute;a del Mar</em> de La Coru&ntilde;a, el <em>Espa&ntilde;ol</em> de Barcelona y, por solo tres puntos, frente al <em>Liria</em>valenciano, en el encuentro que termin&oacute; por decidir sus opciones de ascenso.
    </p><p class="article-text">
        La Palma no consigui&oacute; subir, pero complet&oacute; un papel digno frente a entidades con mayores medios y experiencia. Kundla promedi&oacute; m&aacute;s de cuarenta puntos por partido y recibi&oacute; la ovaci&oacute;n del p&uacute;blico vallisoletano. Aquel campeonato canario y la participaci&oacute;n en la fase de Valladolid representaron la cima deportiva del <em>C. B. La Palma</em>.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, el mayor &eacute;xito precedi&oacute; inmediatamente al final. La temporada 1976-1977 ser&iacute;a la &uacute;ltima. Kundla no continu&oacute; y muchos de los mejores jugadores palmeros militaban ya en conjuntos de Tenerife o de la Pen&iacute;nsula. Manolo de las Casas y Sim&oacute;n Mart&iacute;n jugaban en el <em>Canarias</em>; Eduardo Aciego lo hac&iacute;a en el <em>Vallehermoso OJE</em> de Madrid; Carlos Valc&aacute;rcel se incorpor&oacute; al <em>Juventud Laguna</em> y otros hab&iacute;an abandonado la competici&oacute;n por motivos de estudio. La isla produc&iacute;a buenos jugadores, pero no siempre pod&iacute;a retenerlos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e45fc8bc-6f39-4180-bf0f-c4864006e33f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e45fc8bc-6f39-4180-bf0f-c4864006e33f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e45fc8bc-6f39-4180-bf0f-c4864006e33f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e45fc8bc-6f39-4180-bf0f-c4864006e33f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e45fc8bc-6f39-4180-bf0f-c4864006e33f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e45fc8bc-6f39-4180-bf0f-c4864006e33f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e45fc8bc-6f39-4180-bf0f-c4864006e33f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="C.B. La Palma 1973-1974."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                C.B. La Palma 1973-1974.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pancho Mart&iacute;n volvi&oacute; a hacerse cargo de una plantilla debilitada. Aun as&iacute;, el equipo consigui&oacute; doce victorias y termin&oacute; en una honrosa quinta posici&oacute;n. En casa conserv&oacute; buena parte de su fortaleza y obtuvo triunfos como el logrado frente al <em>San Isidro</em> por 78-77. Fuera de la isla, en cambio, sus prestaciones descendieron notablemente. En Fuerteventura protagoniz&oacute; incluso una retirada antes de concluir un partido, s&iacute;ntoma del cansancio y la tensi&oacute;n acumulados.
    </p><p class="article-text">
        El problema principal ya no estaba en la cancha. El club soportaba un d&eacute;ficit superior a las cien mil pesetas de la &eacute;poca, carec&iacute;a de ayudas institucionales y privadas suficientes y acusaba el l&oacute;gico agotamiento de sus promotores despu&eacute;s de diez a&ntilde;os de sacrificios. En abril de 1977 disput&oacute;, casi como despedida, un encuentro amistoso frente al <em>Canarias Caja Rural</em>, que perdi&oacute; por la m&iacute;nima, 61-60. Poco despu&eacute;s abandon&oacute; la competici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El <em>C. B. La Palma</em> no desapareci&oacute; despu&eacute;s de un fracaso deportivo, sino cuando a&uacute;n era un conjunto competitivo. Durante una d&eacute;cada hab&iacute;a sido el primer proyecto con verdadera vocaci&oacute;n insular del baloncesto palmero. Sobrevivi&oacute; a los viajes por mar, la escasez de recursos, las continuas bajas y la marcha de sus mejores jugadores; ascendi&oacute; en tres ocasiones, promovi&oacute; distintas generaciones y convirti&oacute; la Ciudad Juvenil en una cancha dif&iacute;cil y concurrida.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de aquella continuidad estuvo siempre Pancho Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez. Entrenador durante nueve de las diez temporadas, adem&aacute;s de directivo, delegado, organizador y permanente reconstructor del equipo, fue mucho m&aacute;s que el hombre del banquillo. Sin su empe&ntilde;o dif&iacute;cilmente se explica que un proyecto nacido de un grupo de amigos en 1967 alcanzara su mayor &eacute;xito nueve a&ntilde;os despu&eacute;s. El <em>C. B. La Palma</em> fue el primer gran proyecto insular de este deporte; Pancho Mart&iacute;n, su sost&eacute;n y su verdadera alma mater.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J.J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cb-palma-pancho-martin-primer-proyecto-insular-1967-1977_129_13472060.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 08:58:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="32911" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="32911" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El CB La Palma de Pancho Martín: el primer proyecto insular (1967-1977)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio de Orbarán y su legado artístico en Tijarafe: historia, arte y conservación del retablo mayor de Nuestra Señora de Candelaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/antonio-orbaran-legado-artistico-tijarafe-historia-arte-conservacion-retablo-mayor-senora-candelaria_129_13469131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149935.jpg" width="1548" height="871" alt="Antonio de Orbarán y su legado artístico en Tijarafe: historia, arte y conservación del retablo mayor de Nuestra Señora de Candelaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">ARTE SACRO - Esta pieza única constituye una obra excepcional de la retablística canaria del siglo XVII y el testimonio más importante conservado de Antonio de Orbarán en Canarias, al reunir en una misma pieza arquitectura, pintura, escultura y dorado</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Retablo mayor de Nuestra Señora de Candelaria."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Retablo mayor de Nuestra Señora de Candelaria.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Apuntes biogr&aacute;ficos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Durante el segundo tercio del siglo XVII, la retabl&iacute;stica canaria alcanz&oacute; uno de sus momentos de mayor esplendor, especialmente en La Palma. En este contexto destac&oacute; <strong>Antonio de Orbar&aacute;n</strong>, arquitecto, escultor y dorador, considerado una figura fundamental de la primera generaci&oacute;n de escultores barrocos asentados en Canarias. Lleg&oacute; a La Palma en <strong>1625</strong>, donde desarroll&oacute; gran parte de su actividad hasta aproximadamente 1660.
    </p><p class="article-text">
        En <strong>1628</strong> aparece documentado en Tijarafe, donde probablemente ejecut&oacute; el <strong>retablo mayor de Nuestra Se&ntilde;ora de Candelaria</strong>. Fue uno de los artistas m&aacute;s completos del siglo XVII y se defini&oacute; en su testamento como &laquo;maestro mayor de todas las facultades que abarcan las Bellas Artes&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su origen sigue siendo discutido. Se ha planteado un posible origen mexicano, debido a que sus padres figuraban como vecinos de Puebla de los &Aacute;ngeles, aunque tambi&eacute;n se ha considerado su nacimiento en La Palma. La hip&oacute;tesis vasca es especialmente relevante: en 1651 otorg&oacute; poderes para investigar su legitimidad y la de sus antepasados en Guip&uacute;zcoa. Su padre, <strong>Mart&iacute;n de Orbar&aacute;n</strong>, era entallador de Vergara, por lo que posiblemente Antonio se form&oacute; con &eacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9db3e93e-4cf4-4478-96ba-8612777e6f3d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9db3e93e-4cf4-4478-96ba-8612777e6f3d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9db3e93e-4cf4-4478-96ba-8612777e6f3d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9db3e93e-4cf4-4478-96ba-8612777e6f3d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9db3e93e-4cf4-4478-96ba-8612777e6f3d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9db3e93e-4cf4-4478-96ba-8612777e6f3d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9db3e93e-4cf4-4478-96ba-8612777e6f3d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Lienzo de la Epifanía. Retablo de la Candelaria. Tijarafe"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Lienzo de la Epifanía. Retablo de la Candelaria. Tijarafe                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En <strong>1625</strong> se cas&oacute; con Ana de Aguilar en El Salvador de Santa Cruz de La Palma. Entre 1625 y 1635 realiz&oacute; numerosos trabajos en la Isla, entre ellos el sobredorado del retablo mayor del convento franciscano, el tabern&aacute;culo de la ermita de Nuestra Se&ntilde;ora de la Encarnaci&oacute;n y trabajos en la mencionada parroquia matriz capitalina. Tambi&eacute;n intervino en Mazo, Garaf&iacute;a y Puntagorda. Entre sus obras desaparecidas destacaba el antiguo retablo mayor de El Salvador, considerado en su &eacute;poca &laquo;famoso en toda Canarias&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mantuvo una estrecha relaci&oacute;n con <strong>Mart&iacute;n de And&uacute;jar</strong>, disc&iacute;pulo de Mart&iacute;nez Monta&ntilde;&eacute;s y compa&ntilde;ero de Alonso Cano. Orbar&aacute;n tambi&eacute;n trabaj&oacute; en la iglesia de Nuestra Se&ntilde;ora de la Luz de Garaf&iacute;a y realiz&oacute; retablos para la ermita de San Sebasti&aacute;n. En <strong>1661</strong> se traslad&oacute; definitivamente a Tenerife y muri&oacute; en <strong>La Orotava en 1671</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea280600-fb42-42dd-81f0-3a20ab7fae3b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea280600-fb42-42dd-81f0-3a20ab7fae3b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea280600-fb42-42dd-81f0-3a20ab7fae3b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea280600-fb42-42dd-81f0-3a20ab7fae3b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea280600-fb42-42dd-81f0-3a20ab7fae3b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea280600-fb42-42dd-81f0-3a20ab7fae3b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ea280600-fb42-42dd-81f0-3a20ab7fae3b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="San Agustín."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                San Agustín.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>El retablo mayor de Tijarafe</strong>
    </p><p class="article-text">
        La actual iglesia de <strong>Nuestra Se&ntilde;ora de Candelaria</strong> se configura principalmente en el siglo XVIII sobre una primitiva ermita del siglo XVI, probablemente de hacia <strong>1530</strong>. Fue remodelada en 1548 y posteriormente ampliada, destacando las obras de 1614, cuando se alarg&oacute; la nave y se construy&oacute; el presbiterio. En 1686 se levant&oacute; una nueva espada&ntilde;a y se realizaron otras reformas.
    </p><p class="article-text">
        En <strong>1705</strong>, el Visitador Jos&eacute; Tovar calific&oacute; el templo de forma muy favorable y defini&oacute; su retablo como &laquo;el mejor retablo que hay en todos los lugares de la Isla&raquo;. El templo fue declarado <strong>Bien de Inter&eacute;s Cultural, con categor&iacute;a de Monumento</strong>, mediante el Decreto 77/1996, y hab&iacute;a sido erigido como noveno beneficio de La Palma en <strong>1660</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El retablo, situado en la capilla mayor, es el <strong>&uacute;nico gran retablo de Antonio de Orbar&aacute;n conservado en Canarias</strong> y uno de los pocos del Archipi&eacute;lago estructurados en <strong>cinco calles</strong>. Su originalidad reside en que el Apostolado ocupa las entrecalles, haciendo que visualmente parezca tener <strong>once calles</strong>. Trujillo defini&oacute; esta organizaci&oacute;n como una &laquo;<strong>soluci&oacute;n mixta esculto-pict&oacute;rica&raquo;</strong>, que combina arquitectura, pintura y escultura.
    </p><p class="article-text">
        La documentaci&oacute;n parroquial registra en <strong>1628</strong> la compra de madera y clavos y el pago de <strong>3.000 reales por la hechura del retablo con todos los bultos que tiene</strong>. En 1633 se pagaron unos 50 ducados al dorador y se compraron nuevos materiales; todav&iacute;a en 1637 consta otro pago por el dorado. Estos datos sit&uacute;an la ejecuci&oacute;n del retablo en torno a finales de la d&eacute;cada de 1620 y comienzos de la siguiente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e4842a7-b01b-48f8-b8f3-dafda197fac8_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e4842a7-b01b-48f8-b8f3-dafda197fac8_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e4842a7-b01b-48f8-b8f3-dafda197fac8_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e4842a7-b01b-48f8-b8f3-dafda197fac8_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e4842a7-b01b-48f8-b8f3-dafda197fac8_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7e4842a7-b01b-48f8-b8f3-dafda197fac8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7e4842a7-b01b-48f8-b8f3-dafda197fac8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="San Andrés."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                San Andrés.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Pinturas y esculturas</strong>
    </p><p class="article-text">
        El retablo est&aacute; formado por <strong>tres cuerpos</strong> y combina pinturas al &oacute;leo sobre tela con esculturas. Los lienzos representan escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, con influencias de la <strong>escuela flamenca</strong>. Entre ellas destacan la Visitaci&oacute;n, Adoraci&oacute;n de los Pastores, Adoraci&oacute;n de los Reyes, Pentecost&eacute;s, Ascensi&oacute;n, Presentaci&oacute;n en el Templo, Resurrecci&oacute;n y Asunci&oacute;n. El &aacute;tico presenta un <strong>Calvario</strong> formado por Cristo crucificado, la Magdalena, la Dolorosa y San Juan Evangelista. En la predela aparecen diez peque&ntilde;os lienzos de santos.
    </p><p class="article-text">
        El conjunto escult&oacute;rico est&aacute; presidido por la talla flamenca de <strong>Nuestra Se&ntilde;ora de Candelaria</strong>, de <strong>102 cm</strong>, realizada en madera dorada y policromada. La acompa&ntilde;an los <strong>doce Ap&oacute;stoles</strong>, seis en cada cuerpo, realizados como altorrelieves de unos 90 cm, con dorados y estofados. Las figuras, frontales, serenas y solemnes, presentan cierto car&aacute;cter arcaizante. Destaca especialmente San Pedro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Virgen de Candelaria</strong>
    </p><p class="article-text">
        La venerada imagen titular ya se encontraba en el altar mayor en <strong>1567</strong>. Con la instalaci&oacute;n del nuevo retablo, en el primer tercio del siglo XVII, pas&oacute; a ocupar la hornacina central, donde contin&uacute;a actualmente. En <strong>1705</strong>, Jos&eacute; Tovar orden&oacute; trasladarla a Santa Cruz de La Palma para restaurar su dorado y estofado.
    </p><p class="article-text">
        La talla es de procedencia <strong>flamenca</strong>, vinculada a la escuela brabanzona de comienzos del siglo XVI. La Virgen sostiene al Ni&ntilde;o y una larga vela, s&iacute;mbolo de su advocaci&oacute;n. El Ni&ntilde;o porta una pera, relacionada con la Encarnaci&oacute;n, y un p&aacute;jaro, s&iacute;mbolo del alma que busca refugio en Cristo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f75b30d1-e049-4d4f-a603-49c8c718988d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f75b30d1-e049-4d4f-a603-49c8c718988d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f75b30d1-e049-4d4f-a603-49c8c718988d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f75b30d1-e049-4d4f-a603-49c8c718988d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f75b30d1-e049-4d4f-a603-49c8c718988d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f75b30d1-e049-4d4f-a603-49c8c718988d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f75b30d1-e049-4d4f-a603-49c8c718988d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Virgen de la Candelaria."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Virgen de la Candelaria.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la tradici&oacute;n, la imagen lleg&oacute; a La Palma en el siglo XVI con destino a Puntagorda, pero fue escondida en la <strong>Cueva de la Virgen</strong>, en el barranco de Pino Araujo, durante los ataques pir&aacute;ticos. Al intentar trasladarla, su enorme peso hizo imposible moverla y se interpret&oacute; que deseaba permanecer en Tijarafe. El lugar se convirti&oacute; desde entonces en espacio de peregrinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su festividad se celebra especialmente el <strong>8 de septiembre</strong>, con misa, procesi&oacute;n y numerosos actos populares. El 2 de febrero se celebra tambi&eacute;n su onom&aacute;stica con la procesi&oacute;n de las candelas. Entre las tradiciones m&aacute;s singulares de sus fiestas estivales destaca la Danza del <strong>Diablo</strong>, que simboliza el triunfo de la Virgen sobre Satan&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En la madrugada de la v&iacute;spera, durante la tradicional verbena, el Maligno danza entre la multitud rodeado de fuego y fuegos artificiales, hasta convertirse en una bola incandescente cuya cabeza finalmente explota. Antiguamente, el Diablo realizaba &laquo;la venia&raquo;, tres genuflexiones ante la Patrona, frente a las puertas cerradas del templo, y al d&iacute;a siguiente, a&uacute;n chamuscado, acompa&ntilde;aba a la Virgen durante su procesi&oacute;n. <strong>Esta costumbre, documentada en la tradici&oacute;n festiva de Tijarafe, ya no forma parte de las celebraciones actuales.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Otros elementos y restauraci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        El retablo posee <strong>24 columnas corintias</strong>, doce por cuerpo, adem&aacute;s de pilastras en el &aacute;tico y dos grandes volutas laterales. El sagrario de plata es posterior y est&aacute; fechado en <strong>1798</strong>; en la sacrist&iacute;a se conserva otro sagrario de madera que posiblemente fue el original, decorado con motivos de inspiraci&oacute;n americana relacionados con la <strong>cantuta</strong>, la &laquo;flor de los Incas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de los a&ntilde;os <strong>1990</strong>, el retablo presentaba un grave deterioro: suciedad acumulada, p&eacute;rdida de dorados y policrom&iacute;a, clavos oxidados, ataques de xil&oacute;fagos, repintes, roturas y da&ntilde;os tanto en las esculturas como en los lienzos y la estructura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e89cebe9-4dc7-4db9-a1bd-7c7148a95039_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e89cebe9-4dc7-4db9-a1bd-7c7148a95039_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e89cebe9-4dc7-4db9-a1bd-7c7148a95039_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e89cebe9-4dc7-4db9-a1bd-7c7148a95039_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e89cebe9-4dc7-4db9-a1bd-7c7148a95039_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e89cebe9-4dc7-4db9-a1bd-7c7148a95039_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e89cebe9-4dc7-4db9-a1bd-7c7148a95039_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="San Pedro."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                San Pedro.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En <strong>1990</strong>, el Taller Insular de Restauraci&oacute;n del Cabildo de La Palma elabor&oacute; un proyecto de recuperaci&oacute;n integral. Se realizaron trabajos de consolidaci&oacute;n, limpieza, eliminaci&oacute;n de barnices, desinfecci&oacute;n y desinsectaci&oacute;n, reintegraci&oacute;n de soportes y policrom&iacute;as y protecci&oacute;n final. La intervenci&oacute;n permiti&oacute; recuperar buena parte de la riqueza original del conjunto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tras la profunda restauraci&oacute;n desarrollada entre 1992 y 1997, el retablo mayor recibi&oacute; en julio de 2019 una nueva intervenci&oacute;n de mantenimiento y limpieza. Esta actuaci&oacute;n permiti&oacute; poner a punto la obra y garantizar su adecuada conservaci&oacute;n.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Bien de Inter&eacute;s Cultural</strong>
    </p><p class="article-text">
        La iglesia fue declarada <strong>Bien de Inter&eacute;s Cultural con categor&iacute;a de Monumento mediante el Decreto 77/1996, de 30 de abril</strong>. El propio decreto destaca el retablo principal por su extraordinario valor art&iacute;stico, su estructura de <strong>cinco calles</strong> y la original disposici&oacute;n del Apostolado en las entrecalles, que le proporciona apariencia de once.
    </p><p class="article-text">
        Esta pieza &uacute;nica constituye as&iacute; una <strong>obra excepcional de la retabl&iacute;stica canaria del siglo XVII</strong> y el testimonio m&aacute;s importante conservado de Antonio de Orbar&aacute;n en Canarias, al reunir en una misma pieza arquitectura, pintura, escultura y dorado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Guillermo Rodríguez Escudero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/antonio-orbaran-legado-artistico-tijarafe-historia-arte-conservacion-retablo-mayor-senora-candelaria_129_13469131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2026 19:32:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149935.jpg" length="918460" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149935.jpg" type="image/jpeg" fileSize="918460" width="1548" height="871"/>
      <media:title><![CDATA[Antonio de Orbarán y su legado artístico en Tijarafe: historia, arte y conservación del retablo mayor de Nuestra Señora de Candelaria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4e1c48f1-5cdf-4fde-9682-b63aa36027ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149935.jpg" width="1548" height="871"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
