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    <title><![CDATA[elDiario.es - Muruza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Muruza]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La 'borona']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/borona_132_1327206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55435038-71b0-4f6b-9aa6-5df810269133_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mujeres en maizal. Mogro. MARIO CORRAL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dentro del ámbito de la estética también se aprecia la regularidad de los tejados, la misma que la del bosque autóctono, la mano pasando suave por el lomo de un animal. Hablo de estética campesina.</p></div><p class="article-text">
        En monta&ntilde;&eacute;s el g&eacute;nero marca diferente calidad y lo hace en beneficio del femenino. As&iacute; por ejemplo ventana y <em>ventanu</em>, botella y <em>botellu</em>, etc. Pero no siempre esta norma es tan f&aacute;cil de aplicar. Hay veces que la comparaci&oacute;n se establece entre entidades que aparentemente no guardan relaci&oacute;n alguna entre s&iacute;. Por ejemplo <em>cucina</em> y <em>cucinu</em>, siendo &eacute;ste el recipiente donde comen los animales, particularmente el marrano. Pero esta aparente desconexi&oacute;n es eso, solo aparente. Generalmente siempre hay un enlace, aunque sea soterrado. As&iacute;, para el caso anterior, la <em>cucina</em> es adem&aacute;s de la cocina el cuenco de madera donde se amasa la torta, un recipiente parecido al destinado a los animales. Resuelto queda, pues, el parentesco entre <em>cucina</em> y <em>cucinu</em>. Pero, como dec&iacute;amos, no siempre es f&aacute;cil descubrirlo.
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        Esta regla, la de marcar la calidad seg&uacute;n el g&eacute;nero, tambi&eacute;n es de aplicaci&oacute;n para borona y <em>boronu</em>: pan de ma&iacute;z la primera y la masa de sangre ligada con cereal y alma de grasa que se parece a la morcilla pero sin serlo, el segundo. La <em>borona</em> es m&aacute;s apreciada que el <em>boronu</em>, como indica el g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Ambas palabras proceden del c&eacute;ltico BRON, &ldquo;pan&rdquo;. Pero, &iquest;c&oacute;mo una palabra prerromana ha terminado dando nombre a un alimento hecho con ma&iacute;z, que tiene su origen en Am&eacute;rica? F&aacute;cil; la borona original es probable que fuera de mijo (todav&iacute;a en el pueblo de Escobedo al maizal se le llama <em>mijotal</em>), cereal que ser&iacute;a sustituido paulatinamente por ma&iacute;z. El nombre supo adaptarse a la nueva realidad, sencillamente. Todo lo que no cambia en la naturaleza, muere. Y la <em>borona</em> sigue viva.
    </p><p class="article-text">
        En Escobedo dec&iacute;amos entre par&eacute;ntesis que al maizal lo siguen llamando <em>mijotal</em>, de mijo, con ese abundancial que se aplica al reino vegetal. En Cabu&eacute;rniga sin&oacute;nimo de maizal es <em>boronal</em>.
    </p><p class="article-text">
        La <em>borona</em> no se hace, se mete. Lo mismo que la fruta, que no se coge, se <em>apa&ntilde;a</em>. Cada producto tiene su verbo, el verbo que hace a ese producto nuestro.
    </p><p class="article-text">
        La <em>borona</em> cuece en el lar envuelta en brasas y ceniza, de forma parecida a como la madera se hace carb&oacute;n en el monte. Se entiende, entonces, que se meta, pues efectivamente se mete dentro de un armaz&oacute;n c&aacute;lido donde se hace. El humo que expele es fino y sube recto. Se reconoce f&aacute;cilmente. El paisaje de hilos de humo prendidos de las chimeneas es caracter&iacute;stico. Y bonito. Dentro del &aacute;mbito de la est&eacute;tica tambi&eacute;n se aprecia la regularidad de los tejados, la misma que la del bosque aut&oacute;ctono, la mano pasando suave por el lomo de un animal. Hablo de est&eacute;tica campesina.
    </p><p class="article-text">
        Eran ya varias las veces que hab&iacute;a comprado <em>boronu</em> envasado para que probara mi madre y ninguna hab&iacute;a salido bien. &ldquo;No era as&iacute;&rdquo; o &ldquo;no es as&iacute; como lo recuerdo&rdquo;, repet&iacute;a. Hasta que finalmente no lo compr&eacute; lebaniego, sino monta&ntilde;&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;&Eacute;ste!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Y era que la liga del monta&ntilde;&eacute;s llevaba m&aacute;s ma&iacute;z que trigo, a diferencia del lebaniego.
    </p><p class="article-text">
        Friendo un poco en la cocina pregunto si lo vamos a comer con pan o c&oacute;mo a lo que mi madre responde que no, que el <em>boronu</em> ya es como pan, aunque de sangre.
    </p><p class="article-text">
        Los masai comen sangre l&iacute;quida, a&ntilde;ade mi madre, y nosotros as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>boronu</em> se sirve en rodajas y se echa az&uacute;car a todo. Cuando coges una rodaja echas un pellizco m&aacute;s de az&uacute;car al alma, la grasa del centro, que debe su nombre al color y a que est&aacute; adentro. La leche, fresca, para contrastar. No se moja. Se muerde o mete entera la rodaja a la boca si peque&ntilde;a y de seguido se bebe un trago, masticando entonces.
    </p><p class="article-text">
        Es la forma monta&ntilde;esa de hacerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/borona_132_1327206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Oct 2019 12:18:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La 'borona']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Delfines y kéfir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/delfines-kefir_132_1340942.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49c28221-c949-431c-b980-2805f313a7be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Señora y pájaro en jaula. Sin localización conocida. | MARIO CORRAL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los delfines pescan acorralando a los peces. La barahúnda que se forma es lo que se conoce como</p><p class="subtitle">manjúa</p><p class="subtitle">manjuá</p><p class="subtitle">en Castro Urdiales.</p></div><p class="article-text">
        Fui uno de los &uacute;ltimos en nacer en Santa Clotilde, en El Alta de Santander. Mi padre lo hizo en una casa de la misma calle, casi enfrente. Era f&aacute;cil reconocerla porque ten&iacute;a cristal de caramelo en la galer&iacute;a pero lo han quitado y ya no. Dice mi padre que cuando nac&iacute; entraron <em>to&iacute;nos</em> a la bah&iacute;a, que &eacute;l los vio desde el hospital, que lo hicieron tras un banco de peces y que los vecinos del Pesquero salieron tras ellos. No han vuelto a entrar, aprendieron de aquella, asegura mi padre.
    </p><p class="article-text">
        Los delfines pescan acorralando a los peces. La barah&uacute;nda que se forma es lo que se conoce como <em>manj&uacute;a</em>, <em>manju&aacute;</em> en Castro Urdiales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; la describe el callealtero Esteban Polidura en un art&iacute;culo publicado en <em>El Cant&aacute;brico</em> el a&ntilde;o 1896:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute;bamos comentando el hecho [la pesca por accidente de un <em>pitorru</em>, ave zambullidora, que hab&iacute;a quedado presa en la red por encontrarse buceando] cuando vimos que, de repente y como movidos por un mismo resorte, los delfines [&hellip;] se dirigen hacia un determinado punto y las aves todas, que han estado revoloteando cerca de nuestra lancha, vuelan en la misma direcci&oacute;n que llevan los delfines. [&hellip;] All&iacute; ver&iacute;ais una espes&iacute;sima nube de gaviotas [&hellip;] piando y arroj&aacute;ndose sobre las inocentes sardinas que a millares son lanzadas al aire por los hambrientos delfines [&hellip;] Todo esto junto es lo que se llama la <em>manj&uacute;a</em>. [&hellip;] Al poco tiempo apareci&oacute; sobre la superficie del mar, y muy cerca de nuestra lancha, un cet&aacute;ceo de grandes dimensiones que puso fin a toda aquella contienda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1917 aparece en la <em>Revista 'La Monta&ntilde;a'&nbsp;</em>de La Habana la siguiente descripci&oacute;n firmada por L. Alonso:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La <em>manj&uacute;a</em>, el banco de sardinas que viene siempre acompa&ntilde;ado del delf&iacute;n. Refi&eacute;reme [el patr&oacute;n de la lancha] lo entretenido que es ver los delfines perseguir al pescado, dar saltos enormes. Fuera del agua coletea furioso y rebulle alrededor de la red cuando ya est&aacute; en ella la sardina. Hac&iacute;a pocos d&iacute;as que hab&iacute;an hallado la <em>manj&uacute;a</em>; en la primera redada hab&iacute;an sacado 200.000 sardinas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es de suponer que aquel d&iacute;a de principios de agosto desde el que mi padre oteaba, los delfines estaban sirvi&eacute;ndose de las angosturas de la bah&iacute;a para pescar.
    </p><p class="article-text">
        Ra&uacute;l vio su primer delf&iacute;n desde la galer&iacute;a que conduce del comedor a la celda. Cumpli&oacute; un a&ntilde;o de c&aacute;rcel en El Dueso por insumiso.
    </p><p class="article-text">
        Dice que dentro enseguida se distorsiona la percepci&oacute;n del color, que todo pasa a ser gris, y tambi&eacute;n&nbsp; las formas, que en la c&aacute;rcel llegas a eliminar del cerebro las redondeces, que todo est&aacute; lleno de l&iacute;neas rectas y &aacute;ngulos.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda que nunca falta leche porque dentro hay una vaquer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Que leche beb&iacute;a de continuo, &eacute;l, que es de un pueblo alimentado sobre todo de leche y ma&iacute;z, huevos, alubias y carne cuando alguna res se despe&ntilde;aba y los vecinos que pod&iacute;an compraban una parte del animal accidentado sobre todo para ayudar al due&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que m&aacute;s le gustaba era el yogur de k&eacute;fir.
    </p><p class="article-text">
        El k&eacute;fir es &ldquo;como repollo que parece coral&rdquo;, describe.
    </p><p class="article-text">
        Se deja leche en un bote de Cola-Cao con k&eacute;fir dentro. Por la ma&ntilde;ana se saca el k&eacute;fir y se echa en otro bote con leche para la ma&ntilde;ana siguiente y se bebe el que ha estado al sereno. Se toma con miel. No est&aacute; bien visto pedir comida fuera. La miel en la c&aacute;rcel se compra en el economato.
    </p><p class="article-text">
        Ra&uacute;l vio a su primer delf&iacute;n desde la galer&iacute;a, mar adentro. En aquella ocasi&oacute;n nadie sali&oacute; a por &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/delfines-kefir_132_1340942.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Sep 2019 18:28:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cocina,Cultura,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A avellanas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/avellanas_132_1352733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66a0cfec-91d7-40fc-bf1e-f9605fe0903d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Anciana y flores. Sin localización conocida. | MARIO CORRAL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El derroche penalizaba y era considerado derroche todo lo que escapara al frágil equilibrio de una cultura agónica como la montañesa. Fragilidad a la que poco costaba convertirse en delicadeza.</p></div><p class="article-text">
        Es conocida una foto en la que varios mozos est&aacute;n <em>echando&acute;l campanu </em>a una se&ntilde;ora mayor en una feria de a&ntilde;o. Todos r&iacute;en. Pero fuera de contexto esta foto puede llevar a enga&ntilde;o porque <em>echar el campanu</em> no era cosa de broma. Y no lo era porque los <em>campanos</em> constituyen un elemento fundamental en culturas ganaderas extensivas, caso de la monta&ntilde;esa.
    </p><p class="article-text">
        El paisaje pasiego, intensivo, es silencioso. El cencerro no es imprescindible porque las vacas no abandonan la finca. Por el contrario, en el paisaje monta&ntilde;&eacute;s, extensivo o de palo y pastor, el sonido de los cencerros es constante. En monta&ntilde;&eacute;s <em>trillir&iacute;a</em> es el sonido de los muchos <em>campanos</em> o cencerros.
    </p><p class="article-text">
        Los <em>campanos</em> proyectan sobre el territorio la identidad individual subsumida en la colectiva de muchas maneras. Mediante el sonido, por ejemplo, pues su afinaci&oacute;n, reforzada por peque&ntilde;os golpes practicados por el herrero, es distintiva, es decir, no es solo que suenen diferente entre s&iacute;, es que lo hacen de forma intencionada. O a trav&eacute;s de una amplia bater&iacute;a de caracter&iacute;sticas materiales, por ejemplo la naturaleza del <em>majuelu</em> o badajo, si de metal, hueso (el mejor es el de tibia de yegua) o asta (el de cuerno de cabra, por su dureza). Tambi&eacute;n es relevante la informaci&oacute;n que trasladan los <em>marcos</em>, que recorren las distintas escalas identitarias a trav&eacute;s de iniciales, apodos, nombres de localidades, que pueden presentarse abreviadas, por ejemplo Z para Cieza o SG para San Sebasti&aacute;n de Garabandal, comarcas o valles. De modo que s&iacute;, <em>echar el campanu</em> no era ninguna broma, muy al contrario, era todo un reconocimiento colectivo; el mejor halago.
    </p><p class="article-text">
        A mi abuela se lo echaron siendo moza.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuela, la m&aacute;s guapa. Llevaba un traje que se hab&iacute;a hecho con un corte de tela comprado con avellanas de La Mata Guzabreru, en las faldas de Pe&ntilde;a Sagra. Lo cosi&oacute; ella misma en el cuarto del <em>correor</em> o balc&oacute;n que hab&iacute;a dejado vac&iacute;o su hermano reci&eacute;n casado. Cuando se romp&iacute;a procuraba dar con una tela parecida para que no se notara que era nuevo. El derroche penalizaba y era considerado derroche todo lo que escapara al fr&aacute;gil equilibrio de una cultura ag&oacute;nica como la monta&ntilde;esa. Fragilidad a la que poco costaba convertirse en delicadeza.
    </p><p class="article-text">
        He visto fotos del traje. Era de flores.
    </p><p class="article-text">
        Sucesivos trajes de flores.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que la tierra medra, que va abultando m&aacute;s y m&aacute;s. Pero a mayor velocidad se desgastan los montes. Los montes se desgastan (el viento y la lluvia, las nevadas) mientras las flores siguen brotando.
    </p><p class="article-text">
        Una familia de un barrio alto de Sili&oacute; conserva sus campanos antiguos. Los tienen colgados de una p&eacute;rtiga bien a la vista, pues viendo los campanos est&aacute;s viendo su <em>caba&ntilde;a</em>, la val&iacute;a de la familia. Ni siquiera el m&aacute;s anciano guarda memoria de los m&aacute;s antiguos. Hay uno que presenta por <em>marcu</em> iniciales desconocidas y un jarr&oacute;n con flores.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; clase de flores?
    </p><p class="article-text">
        Los motivos florales de la antigua cer&aacute;mica de Galizano, muy fina, que son resultado de empapar en distintos pigmentos l&iacute;quenes, pu&ntilde;ados de hierba, se parecen a hortensias.
    </p><p class="article-text">
        Dicen de las hortensias que cobran el color de la tierra donde est&aacute;n plantadas.
    </p><p class="article-text">
        La foto de mi abuela es en blanco y negro. Mi abuela, la m&aacute;s guapa, viste traje de flores.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero qu&eacute; flores?
    </p><p class="article-text">
        En nuestra casa del pueblo, la familiar, no hay hortensias. El <em>poyu</em> de piedra que est&aacute; a la puerta es la piedra alargada de la antigua cocina reutilizada, la <em>pusiega</em>. Hay en mitad un agujero donde incid&iacute;a una gotera del alero. El alero marca el l&iacute;mite simb&oacute;lico de la casa o, por mejor decir, la cortina de agua que cae del alero cuando llueve, que queda inmanente, presentida cuando no llueve: las <em>goteraas</em> (Cabu&eacute;rniga) o el <em>goterial</em> (Campoo).&nbsp; Se arregl&oacute; el tejado y se puso un canal&oacute;n. Es en este agujero de la antigua <em>pusiega</em> abierto por las gotas de lluvia que escurr&iacute;an del alero donde partimos las avellanas.
    </p><p class="article-text">
        Las avellanas se reparten de una en una, haciendo rondo, no se cuentan.
    </p><p class="article-text">
        El racimo de avellanas, unidas por las cazoletas, recibe en Cabu&eacute;rniga el nombre de <em>cloque</em>, es probable que del lat&iacute;n tard&iacute;o CLOCCA, &ldquo;campana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando no se quiere hacer ruido se mete hierba en los <em>campanos</em> para amortiguar el sonido. El paisaje monta&ntilde;&eacute;s tambi&eacute;n sabe ser silencioso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/avellanas_132_1352733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Sep 2019 18:49:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A avellanas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cocina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Presos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/presos_132_1354738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1325af5-71a5-492f-927c-301d2c68943b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Asistentes a una de las primeras ediciones de la UIMP, cuyos cursos se celebraban no en La Magdalena sino en el antiguo Hospital de San Rafael. | MARIO CORRAL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El franquismo intentó tapar hasta el olvido este y otros campos de concentración de dentro y fuera de Santander, por ejemplo el de Santoña, tras la derrota del nazismo.</p></div><p class="article-text">
        Quedamos en un antiguo bar marinero de Pe&ntilde;a Herbosa. &Eacute;l viv&iacute;a en una buhardilla pr&oacute;xima. Le hab&iacute;a pedido su colaboraci&oacute;n para un poemario institucional y &eacute;l puso como &uacute;nica condici&oacute;n conocerme antes en persona. Fue la primera de las muchas que quedamos.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a nacido en una fecha indeterminada en la&nbsp;calle Lim&oacute;n. No le gustaba decir la edad. Se le escap&oacute; una sola vez, en la contraportada de un poemario muy comprometido para la &eacute;poca que le llev&oacute; a juicio. Fue durante la Dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Cuando era ni&ntilde;o se suced&iacute;an los suicidios en el Cabildo de Arriba. Se sol&iacute;an tirar desde la Rampa de Sotileza. Tambi&eacute;n recordaba que a las mujeres las rapaban y obligaban a beber aceite de ricino. Las cantidades estaban estipuladas. Esa crueldad institucionalizada, escalofriante. Las purgas se perpetraban en la plazoleta que hay frente a la sede del Ateneo Popular de Santander, incautado, hoy Ateneo de Santander, al lado de la iglesia de Santa Luc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Es en esa plaza donde se vieron por &uacute;ltima vez los cinco mil libros de la biblioteca desaparecida del Ateneo Popular de Santander. Recientemente adquir&iacute; en una librer&iacute;a anticuaria bilba&iacute;na un libro con matasellos de la instituci&oacute;n, libro dedicado al ganador de un premio literario, de cuya biblioteca personal procede. No hay muchos m&aacute;s rastros.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco fue f&aacute;cil adquirir <em>A tot vent: Poemes d&acute;abans d&acute;ahir, </em>poemario del maestro republicano Jaume Anglada Rodellas, preso en el campo de concentraci&oacute;n de La Magdalena: &ldquo;Son las diez menos cuarto, y ya no tienen pan. / Se escucha un sordo clamor&hellip; / &iexcl;Es el hambre! / Hombres alineados, / brigadas de reclusos, de narices larguiruchas / que comen con los ojos. / Hay por todas partes un clamor&hellip; / &iexcl;Es el hambre! [...]&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El poema 'Es el hambre', original en catal&aacute;n, lleva fecha de 4 de marzo de 1939 y fue escrito en Santander.
    </p><p class="article-text">
        El franquismo intent&oacute; tapar hasta el olvido este y otros campos de concentraci&oacute;n de dentro y fuera de Santander, por ejemplo el de Santo&ntilde;a, tras la derrota del nazismo. Pero no lo consigui&oacute;. Pese a lo que debi&oacute; ser un arduo proceso de borrado del sistema de campos franquista, expurgo documental incluido, se ha logrado rescatar un n&uacute;mero reducido pero significativo de documentos irrebatibles, entre los que destaca una relaci&oacute;n de pacientes de la Casa de Salud Valdecilla dados de alta y conducidos sin soluci&oacute;n de continuidad al campo de concentraci&oacute;n de La Magdalena, con marcas y cruces en rojo delante de algunos nombres que rompen el coraz&oacute;n, a lo que se suman fotograf&iacute;as, cartas personales de &eacute;poca y numerosos testimonios orales de presos y parientes.
    </p><p class="article-text">
        Preguntado el colectivo <a href="http://desmemoriados.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Desmemoriados</a>&nbsp;por testimonios y en particular por aqu&eacute;llos relacionados con la alimentaci&oacute;n de los presos, recibo dos realmente estremecedores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El mismo d&iacute;a que entraron [las tropas franquistas] nos sacaron de Valdecilla y nos llevaron a Los Salesianos. Estuvimos presos en Los Salesianos un mes, me parece. Estando ah&iacute; nos dicen que nos tenemos que preparar que nos llevan al hospital de O&ntilde;a. All&iacute; estuve un mes hasta que me dieron el alta. Luego me sacaron al campo de concentraci&oacute;n de O&ntilde;a. De all&iacute; me trasladaron al campo de concentraci&oacute;n de Miranda de Ebro y de all&iacute; a un batall&oacute;n de trabajadores a la provincia de Burgos, cuando todav&iacute;a no hab&iacute;a terminado la guerra. [&hellip;] De all&iacute; nos sacaron y nos llevaron a &Aacute;frica, a Melilla. Desembarcamos en Nador. Y de all&iacute; me enviaron a casa en 1940&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y el segundo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estuve en la c&aacute;rcel provincial; estaba hecha para 124 presos, hab&iacute;a 1.500. En los patios tirados, sobre las paredes. Llegamos all&iacute;, nos tuvieron tres d&iacute;as sin darnos nada de nada. A los tres d&iacute;as nos dieron un poco de arroz cocido. No ten&iacute;amos ni platos, ni cuchara, ni nada. En los pa&ntilde;uelos, que estaban asquerosos, ech&aacute;bamos el arroz y lo com&iacute;amos. Ten&iacute;amos latas de escabeche de cinco kilos, que las utiliz&aacute;bamos para orinar, all&iacute; ech&aacute;bamos el arroz y lo com&iacute;amos... En El Dueso nos daban una sardina arenque, para comer y otra para cenar. En otras ocasiones nos daban un poco de cebolla cocida con agua y echaban unos huesos limpios, de los que ahora las carnicer&iacute;as llevan para molerlos. Al que le ca&iacute;a un hueso en el plato, le ten&iacute;as en el patio todo el d&iacute;a hasta que ro&iacute;a el hueso, igual que los perros. Los que sal&iacute;an a la finca, cog&iacute;an la hierba y la met&iacute;an para adentro. Yo he comido hierba igual que una vaca, porque no hab&iacute;a m&aacute;s. Hab&iacute;a un promedio diario de tres que se mor&iacute;an de hambre, no de enfermedad. Los ve&iacute;as hoy esquel&eacute;ticos y al d&iacute;a siguiente inflados, la avitaminosis, a morir. Estaba en un piso para cerrar las celdas y abrir, uno se muri&oacute; all&iacute;, los otros por coger la raci&oacute;n no declararon que se hab&iacute;a muerto. El oficial se asomaba por la reja, contaba. Hasta que un d&iacute;a ya huele. Otro caso, un andaluz que le mandaron un paquete de comida grande, se hinch&oacute; a comer, luego le hizo da&ntilde;o y hab&iacute;a que subir al tercer piso. Iba &eacute;l devolviendo y los que iban detr&aacute;s comi&eacute;ndolo. Eso es la realidad, y ah&iacute; es donde se forjan los hombres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se hace dif&iacute;cil entender que la recuperaci&oacute;n institucional de nuestra memoria hist&oacute;rica, la de todos, por eso la necesidad de que sea institucional por encima de iniciativas privadas de cualquier signo, por muy loables que &eacute;stas sean, se hace dif&iacute;cil comprender, dec&iacute;a, que esta necesaria recuperaci&oacute;n institucional de nuestra memoria hist&oacute;rica sea tan parsimoniosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/presos_132_1354738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Sep 2019 10:43:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Presos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Presos,Memoria Histórica,La Magdalena,Campos de concentración,Franquismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fuente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/fuente_132_1365627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c70692d2-d5b0-4565-b343-8c18c2812895_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fuente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rulín no es una fuente sagrada, pero su agua sana. Hay otras muchas que sí lo son, en Peña Sagra hay una e incluso la hubo en Santander, en el antiguo barrio Molnedo, pero ésta cabuérniga no lo es.</p></div><p class="article-text">
        Mi abuelo muri&oacute; de c&aacute;ncer. Lo hizo rodeado de pinos, en Liencres. Mi abuelo, que al comprar casa en Santander lo hizo donde cantaba el <em>miruellu</em>, que es como aqu&iacute; decimos al mirlo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Ya no cantan los miruellos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en la mata de avellano.</em>
    </p><p class="article-text">
        Era su tonada favorita.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l hab&iacute;a nacido en Sope&ntilde;a de Cabu&eacute;rniga. Se cas&oacute; en segundas nupcias con mi abuela, bastiana. La noche de bodas tuvieron que soportar la ineludible, dadas las circunstancias, cencerrada de los mozos, como dicta la tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su flor favorita era la siempreviva, de un amarillo que alcanza su m&aacute;xima intensidad cuando bajan las temperaturas, como la del tojo, del mismo color. Ambas disfrutan en las culturas tradicionales de una consideraci&oacute;n especial por la rareza de su floraci&oacute;n. En cuanto ten&iacute;a ocasi&oacute;n mi abuelo se pon&iacute;a una ramita de siempreviva en el ojal de la chaqueta.
    </p><p class="article-text">
        Muri&oacute; rodeado de pinos en Liencres pidiendo que le dejaran subir a Rul&iacute;n, que si le dejaban beber de la fuente sanar&iacute;a, aseguraba.
    </p><p class="article-text">
        La fuente Rul&iacute;n est&aacute; en uno de los montes que flanquean Cabu&eacute;rniga, donde antes hab&iacute;a una <em>praeria</em>, hoy invernal, que es el conjunto de cuadra y pajar donde el ganado pasa el invierno tras abandonar los puertos.
    </p><p class="article-text">
        El invernal de la fuente es el de Chuch&iacute;n y se ve desde el pueblo de Sope&ntilde;a. Yo nunca hab&iacute;a subido. Pero el &uacute;ltimo d&iacute;a de La Cruz, que es el d&iacute;a en que se celebra la fiesta del monte que preside ese tramo del valle, monte hom&oacute;nimo, y digo &uacute;ltimo porque siempre sobrevuela la amenaza de desaparecer v&iacute;ctima del desinter&eacute;s, sub&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Rul&iacute;n es un hidr&oacute;nimo, es decir, un top&oacute;nimo del agua, en el que se distinguen dos partes: /ru-/, contracci&oacute;n de <em>r&iacute;u</em>, &ldquo;r&iacute;o&rdquo;, y /-lin/, cuyo significado desconozco. Quiz&aacute; provenga del nombre de alg&uacute;n vecino, lo m&aacute;s probable, o del lat&iacute;n LENIS, &ldquo;suave&rdquo;, por la ladera, que se desploma suavemente.
    </p><p class="article-text">
        Hoy la fuente, de piedra bien trabajada, est&aacute; seca. La han canalizado para acercarla al camino. La nueva est&aacute; en un alto, es de ladrillo y tiene grifo.
    </p><p class="article-text">
        Rul&iacute;n no es una fuente sagrada, pero su agua sana. Hay otras muchas que s&iacute; lo son, en Pe&ntilde;a Sagra hay una e incluso la hubo en Santander, en el antiguo barrio Molnedo, pero &eacute;sta cabu&eacute;rniga no lo es.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que no hay agua santa que no haya sido antes sana, que la salubridad es un antecedente, por as&iacute; decir, de la sacralidad? &iquest;Es &eacute;sta, de lo sano a lo sagrado, una transici&oacute;n natural o no? &iquest;Es la religi&oacute;n una imposici&oacute;n o responde a un resorte innato? &iquest;Acaso se trata de una supuesta dimensi&oacute;n trascendente del ser humano, la religi&oacute;n, trascendente e inevitable? Sea como fuere, Rul&iacute;n es una fuente de agua sana que no ha necesitado sacralizarse. Y bien est&aacute; as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Llen&eacute; una botella de agua y la llev&eacute; a casa. Todos bebimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/fuente_132_1365627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Sep 2019 19:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fuente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A setas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/setas_132_1380019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ecded05-dc51-4e38-9b5b-e1c9de08212b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Buscando setas. Sin localización conocida. | MARIO CORRAL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es entonces cuando nos socorre la cultura, que es nuestra carta de ajuste con la realidad. De resultas acuñamos sistemas culinarios que funcionan como filtros.</p></div><p class="article-text">
        El p&aacute;jaro se alimenta de lo que le hace p&aacute;jaro.
    </p><p class="article-text">
        Hay semillas que solo medran si son digeridas por p&aacute;jaros. Es lo que dicen del tejo, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        El salm&oacute;n mosca, la vaca hierba, la abeja n&eacute;ctar. Pero el ser humano hace con todo. Es omn&iacute;voro. Es por eso que puede adaptarse a casi cualquier entorno. Hay seres humanos doquiera pero p&aacute;jaros o salmones no.
    </p><p class="article-text">
        La ausencia de especializaci&oacute;n del ser humano es una ventaja competitiva, pero ha trocado en riesgo evolutivo porque diciendo todo incluimos lo que nos hace da&ntilde;o, lo venenoso. Es entonces cuando nos socorre la cultura, que es nuestra carta de ajuste con la realidad. De resultas acu&ntilde;amos sistemas culinarios que funcionan como filtros.
    </p><p class="article-text">
        En La Monta&ntilde;a no se comen setas. En Li&eacute;bana, por el contrario, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Siendo un alimento cuya ingesti&oacute;n entra&ntilde;a cierto riesgo, hay comarcas c&aacute;ntabras donde se decide asumirlo y otras donde no. Estas diferencias son culturales.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente fuimos a comprar queso a Bejes y la familia quesera nos cont&oacute; que los setales los descubren las cabras. Si est&aacute;s atento te llevan a ellos. Y que se mueven, los setales, a saltos, aunque estoy seguro que no era m&aacute;s que una forma de explicar que no se encuentran siempre en el mismo sitio, que cada temporada se desplazan unos metros, es de suponer que por efecto de la propagaci&oacute;n de esporas.
    </p><p class="article-text">
        Eran varios los amigos de mis padres que quedaban para coger setas en el entorno del convento de Monte Hano o <em>Montihanu</em>, en Santo&ntilde;a. Los diques manten&iacute;an alejada el agua y en el terreno ganado a la marisma hab&iacute;a &aacute;rboles bajo cuya sombra nac&iacute;an setas, no recuerdo cu&aacute;les, setas muy apreciadas porque cada hallazgo era sobradamente celebrado. Eran los maestros de Colindres, Treto, etc., que las cocinaban e invitaban a sus parejas, algunas de ellas tambi&eacute;n maestras, cocinaban ellos y las invitaban esa misma noche o a lo m&aacute;s tardar a la siguiente para que las setas no ennegrecieran y se echaran a perder. Si sal&iacute;an el s&aacute;bado, el domingo las com&iacute;an. A los ni&ntilde;os no nos dejaban, por si acaso. Hoy han roto los diques y es todo agua.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, a finales de verano mi padre a veces sal&iacute;a a coger setas por los prados de Cabu&eacute;rniga. Solo champi&ntilde;ones, que es con lo que &eacute;l se atrev&iacute;a. Una vez se sum&oacute; un pariente de San Sebasti&aacute;n de Garabandal y dijo que &eacute;l no com&iacute;a, que si las vacas no lo hac&iacute;an &eacute;l tampoco. &iquest;Ser&aacute; &eacute;sta, por prevenci&oacute;n, la raz&oacute;n por la que en La Monta&ntilde;a no se comen setas?
    </p><p class="article-text">
        Hace no mucho, que es cuando pasa casi todo para los desmemoriados, estuvimos cenando con el escritor asturiano y en asturiano Xuan Bello, que nos confirm&oacute; que tampoco se comen en Asturias. &Eacute;l argumenta, y lo hace tambi&eacute;n en <em>Los cuarteles de la memoria</em> (2003), que antiguamente quiz&aacute; hubiera una especie de chamanes que se val&iacute;an de las setas alucin&oacute;genas para dirigir a su comunidad, o sugestionarla. Este uso explicar&iacute;a que se mantuvieran vedadas al pueblo, en general, todas. Y esta reserva es la que quiz&aacute; haya quedado latente en la cultura cant&aacute;brica. Pero son todo hip&oacute;tesis. Las razones, razones en todo caso culturales, son insondables.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/setas_132_1380019.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Sep 2019 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A setas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cocina,Cultura,Cantabria,Setas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A caracoles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/caracoles_132_1384303.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6cbd29d-e447-4795-ae60-865f09b5a0f7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Buscando fósiles. Sin localización conocida. | MARIO CORRAL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tía Vicenta tendría hoy más de cien años. Sirvió en una casa pudiente de Ampuero pero la receta de caracoles procede de su pueblo natal, Rasines.</p></div><p class="article-text">
        En La Monta&ntilde;a no se comen caracoles. Yo mismo recuerdo el impacto que caus&oacute; en Cabu&eacute;rniga, treinta a&ntilde;os atr&aacute;s, la aparici&oacute;n de un forastero que compraba caracoles al peso para luego vend&eacute;rselos a restaurantes. Era inaudito. No tardaron en reutilizarse conejeras. Se cog&iacute;an sobre todo en los alrededores del cementerio de Ter&aacute;n, donde se cre&iacute;a que estaban los m&aacute;s gordos, seguramente con raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el oriente de Cantabria los caracoles se comen desde hace al menos un siglo.
    </p><p class="article-text">
        T&iacute;a Vicenta tendr&iacute;a hoy m&aacute;s de cien a&ntilde;os. Sirvi&oacute; en una casa pudiente de Ampuero pero la receta de caracoles procede de su pueblo natal, Rasines. Es su sobrina quien nos la explica adaptada a su propio contexto santanderino.
    </p><p class="article-text">
        Los mejores caracoles de Santander eran los de La Esperanza y se compraban a las cuetanas que acud&iacute;an al mercado en burro. En el famoso grabado de Santander realizado por Georges H&ouml;fnagel para el Theatrum Orbis Terrarum de 1570 ya aparece burrera cuetana con el caracter&iacute;stico tocado coniforme cant&aacute;brico. Los caracoles m&aacute;s preciados eran los de la tapia de Ciriego, por su elevada insolaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s importante es dejarlos bien limpios. El verbo zaguatar significa &ldquo;agitar algo bajo el agua&rdquo;. Cuando se pod&iacute;a se hac&iacute;a en Punta Piqu&iacute;o. Hab&iacute;a familias que los met&iacute;an en una red que dejaban colgando en el puente de La Virgen del Mar para que los batiera la marea y otras que los llevaban en barco, arrastrando.
    </p><p class="article-text">
        Los caracoles se arraciman as&iacute; que lo primero es separarlos. Despu&eacute;s se huelen uno a uno y si no huelen a basa, es decir, a marisma, porque de hacerlo se han de retirar, se meten en agua con sal y se raspan con la u&ntilde;a o un cepillo. El agua sale negra. Son necesarias al menos cuatro aguas para que aclare.
    </p><p class="article-text">
        Meter los caracoles en una olla con agua y sal y a&ntilde;adir una cebolla grande, de cuarto de quilo, un pimiento rojo sin semillas, varios dientes de ajo pelados y una hoja de laurel. Que cueza una hora. Probar que est&eacute;n tiernos con un palillo.
    </p><p class="article-text">
        Dorar chorizo, bacon evitando el adobo, jam&oacute;n y tocino, este &uacute;ltimo imprescindible.
    </p><p class="article-text">
        Pelar y trocear un quilo de nueces por cada tres quilos de caracoles y pasarlo por la sart&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Poner miga de pan a remojo.
    </p><p class="article-text">
        Mezclar la miga con la cebolla, el pimiento, el ajo y la hoja de laurel cocidas y pasar todo por el pasapur&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Echar la salsa resultante sobre los caracoles y dar unos hervores.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;adir el chorizo, bacon, jam&oacute;n, tocino y nueces.
    </p><p class="article-text">
        Los caracoles se comen con palillos y con las manos, sorbiendo. Se dice que el sabor se lo da la salsa, que el caracol es ins&iacute;pido. Es un plato reservado para d&iacute;as especiales sobre todo por el trabajo que conlleva limpiarlos y hacer la salsa. Ocurre que en los restaurantes se suelen ofrecer a diario platos de consumo excepcional en las familias. &Eacute;ste es el caso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/caracoles_132_1384303.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Aug 2019 08:03:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A caracoles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viñales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/vinales_132_1392937.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21a6d9ae-36ae-46b3-826e-0c88d395b96d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Viñales de Laredo. Mario Corral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estas fincas costeras son hoy en su mayoría prados y huertas de altos muros de piedra armada en seco, sin aglutinante. Pero en su origen es probable que fueran viñas.</p></div><p class="article-text">
        Es caracter&iacute;stica de La Marina la figura del obrero mixto, el obrero con vacas en casa, de las que sol&iacute;a ocuparse la mujer.
    </p><p class="article-text">
        Las familias <em>pejinas</em> tambi&eacute;n eran mixtas. Y es que adem&aacute;s de faenar en la mar cultivaban la tierra, en particular vi&ntilde;as. El vino producido era de antiguo <em>chacol&iacute;</em>, denominaci&oacute;n patrimonial relacionada probablemente con el vasco <em>etxe</em>, &ldquo;casa&rdquo;, de lo que resulta &ldquo;el vino de casa&rdquo;, lo cual no quiere decir que sea una palabra de origen vasco, solo que es una palabra perteneciente a un sustrato ling&uuml;&iacute;stico antiqu&iacute;simo compartido con el vasco. A este sustrato se le etiqueta como preindoeuropeo y a &eacute;l pertenecen otras palabras netamente c&aacute;ntabras como <em>argayu</em>, &ldquo;desprendimiento&rdquo;<em>, </em>y <em>g&aacute;ndara</em>, &ldquo;terreno rocoso por entre cuyas piedras fluye el agua&rdquo;, todas m&aacute;s antiguas que las m&aacute;s antiguas a las que podemos poner fecha.
    </p><p class="article-text">
        Las <em>vi&ntilde;as</em> o <em>vi&ntilde;ales</em> eran tambi&eacute;n secaderos de redes. Esta superposici&oacute;n de significados probablemente se deba a que los soportes para las vi&ntilde;as eran parecidos a los que se utilizan para tender las redes o a que, una vez desaparecidas las vi&ntilde;as, sus soportes fueron reutilizados para esta otra labor.
    </p><p class="article-text">
        En el peri&oacute;dico santanderino <em>El Buz&oacute;n de la Botica </em>de 1848 se lee: &ldquo;Las risue&ntilde;as colinas de Miranda y del Alta repitieron mil veces las alegres cantinelas del laborioso pescador que cubr&iacute;a el suelo con la fresca hoja de la verde vid. [&hellip;] Ar&aacute;bale el pescador cuando la d&eacute;bil proa de su barquilla no pod&iacute;a surcar el airado mar [...] Pero vino el pueblo nuevo y cambi&oacute; por oro las tierras de su madre, y la achacosa anciana tuvo que abandonar las vi&ntilde;as de sus mayores y reducirse solo al fruto del mar&rdquo;. En <em>La Voz de Cantabria</em> de 1931 Manuel Llano escribe en uno de sus art&iacute;culos <em>pejines</em> lo que sigue: &ldquo;D&iacute;as tristes de la d&aacute;rsena al Concejo, del Concejo a los vi&ntilde;ales, de los vi&ntilde;ales a las barcas, de las barcas a las nieblas de la costa&rdquo;. Baldomero de Laredo escribe en sus memorias lo siguiente: &ldquo;Cuando dije que el barco estaba pegado a los vi&ntilde;ales, no quise decir que estuviera cerca de alg&uacute;n vi&ntilde;edo. Seguramente en tiempos ya olvidados hab&iacute;a vi&ntilde;as, que se las conocer&iacute;a por vi&ntilde;ales, y as&iacute; qued&oacute; para siempre, aunque luego fuera donde se colgaban las redes para secar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la costa norte de Santander se sigue llamando a las fincas <em>vi&ntilde;as </em>o <em>vi&ntilde;ucas</em> si son de peque&ntilde;o tama&ntilde;o, como suele.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, no es raro encontrar cepas en las fincas de Cueto, recostadas en las paredes, asomando entre las piedras de los montones que resultan de limpiar las fincas. Las que el olvido ha tra&iacute;do hasta nosotros son m&aacute;s de los p&aacute;jaros, se las debemos m&aacute;s a ellos que a nosotros, que a nuestros cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Estas fincas costeras son hoy en su mayor&iacute;a prados y huertas de altos muros de piedra armada en seco, sin aglutinante. Pero en su origen es probable que fueran vi&ntilde;as. Su nombre parece confirmarlo. Si as&iacute; fuera, la costa norte de Santander tendr&iacute;a que ser catalogada como un antiguo paisaje de vi&ntilde;edo de alto valor patrimonial. Incluso la UNESCO podr&iacute;a mostrar inter&eacute;s por &eacute;l, de ser informada. Su potencial es, pues, enorme. Ser&iacute;a una l&aacute;stima perder esta oportunidad. Si acaso enterr&aacute;ramos este paisaje bajo capas funcionales espurias, ajenas a su naturaleza, por ejemplo un campo de golf, lo perder&iacute;amos irremediablemente, a este paisaje y a lo que puede llegar a ser sin necesidad de ser otro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/vinales_132_1392937.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Aug 2019 19:16:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viñales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres palabras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/palabras_132_1401998.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb08dfeb-6676-4af8-96ec-06f8195fbc35_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Prácticas de extinción de incendios. Sin localización conocida. | MARIO CORRAL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las adaptaciones, lejos de pervertir la lengua, lejos de suponer una afrenta, son un síntoma de salud, pues las palabras solo son capaces de adaptarse cuando están vivas.</p></div><p class="article-text">
        En esta ocasi&oacute;n vamos a prestar atenci&oacute;n a tres palabras que tienen que ver con la cocina, pieza de la casa que en sus formulaciones m&aacute;s antiguas, o al menos las m&aacute;s antiguas que conocemos, se encontraba en la planta baja, nada m&aacute;s entrar a derecha o izquierda. Cuando la casa monta&ntilde;esa moderna se reformula, la cocina sube a la planta superior, reubic&aacute;ndose al fondo, de ah&iacute; que haya tantas casas con la parte trasera levantada, incluso m&aacute;s que la propia fachada, lo que en no pocas ocasiones se ha confundido con una torre adosada, sobre todo en casos de cocinas voluminosas, que procuran apartarse tanto como les es posible sin llegar a ser cocinas exentas, aunque tambi&eacute;n se da el caso (por ejemplo en Riocorvo y S&aacute;mano), para evitar incendios. Las tres palabras propuestas son <em>cornejal</em>, <em>cantu</em> y <em>pusiega</em>.
    </p><h3 class="article-text">1. Cornejal</h3><p class="article-text">
        <em>Cornejal</em>Esta palabra da nombre a la oquedad de la chimenea pareja al hogar donde se guarda la le&ntilde;a, en particular la que se utiliza para encender el fuego o avivarlo inmediatamente despu&eacute;s de haberlo encendido. La palabra <em>cornejal</em> emparenta con otras europeas, como el ingl&eacute;s <em>corner</em>, &ldquo;esquina&rdquo;. Toda la familia procede del lat&iacute;n CORNU, &ldquo;cuerno&rdquo;, por lo curvo y los &aacute;ngulos que hacen las puntas.
    </p><p class="article-text">
        Hay que diferenciar lo que son pr&eacute;stamos ling&uuml;&iacute;sticos de los cognados. El santanderino <em>pichi</em>, &ldquo;brea&rdquo;, es un pr&eacute;stamo del ingl&eacute;s <em>pitch</em>, con igual significado. La palabra santanderina deriva de la inglesa. En la costa oriental se dice <em>galip&oacute;</em> o <em>galipote</em>, del franc&eacute;s, y en la occidental <em>chapapote</em>, del nahua. Los pr&eacute;stamos se multiplican en localidades portuarias. Los cognados, por su parte, a diferencia de los pr&eacute;stamos, comparten origen. Pasa con <em>cornejal</em> y <em>corner</em> o con <em>r&aacute;spanu</em>, castellano &ldquo;ar&aacute;ndano&rdquo;, e ingl&eacute;s <em>raspberry</em>, &ldquo;frambuesa&rdquo;, en monta&ntilde;&eacute;s <em>carrambuela</em>, que a su vez es cognado del ingl&eacute;s <em>cramberry</em>, &ldquo;ar&aacute;ndano&rdquo;. Para <em>r&aacute;spanu</em> y <em>carrambuela</em> desconocemos la lengua de origen, pero seguramente sea prerromana.
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n entre cognados es entre iguales, no hay jerarqu&iacute;a entre ellos, pero habiendo una lengua minorizada de por medio es habitual que la palabra que &eacute;sta aporta a la relaci&oacute;n sea considerada inferior, es decir, que sea tomada como pr&eacute;stamo aun sin serlo. Es una circunstancia muy negativa porque afecta precisamente a la lengua m&aacute;s d&eacute;bil, la m&aacute;s necesitada de consideraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la genealog&iacute;a de la palabra <em>cornejal</em> parece indicar que la le&ntilde;a menuda se encontraba arrinconada dentro de casa antes de disponer de un espacio propio, que es, quiz&aacute; inevitablemente, a su manera tambi&eacute;n un rinc&oacute;n. Cosa distinta es el <em>rimeru</em> de le&ntilde;a, en el exterior u ocupando ese espacio liminal situado debajo del alero que es el <em>goterial</em> o las <em>goteraas</em>, el l&iacute;mite simb&oacute;lico de la casa.
    </p><h3 class="article-text">2. Cantu</h3><p class="article-text">
        <em>Cantu</em>Es el nombre que recibe el calzo met&aacute;lico que sujeta el recipiente puesto al fuego. Parece claro que esta palabra monta&ntilde;esa remite a piedra. De la piedra al elemento met&aacute;lico, podr&iacute;a pensarse que es la progresi&oacute;n l&oacute;gica. Pero resulta que <em>cantu</em> procede del lat&iacute;n CANTUS, &ldquo;llanta de metal de la rueda del carro&rdquo;, con lo que quiz&aacute; antes que del <em>cantu</em> de piedra el <em>cantu</em> met&aacute;lico podr&iacute;a proceder directamente del lat&iacute;n, sin paradas intermedias. Incluso se podr&iacute;a dar el caso de que el <em>cantu</em> de metal fuera m&aacute;s antiguo que el <em>cantu</em> de piedra por encontrarse aquel m&aacute;s cerca del &eacute;timo, de la palabra latina de origen que este.
    </p><p class="article-text">
        El <em>cantu</em> de piedra, sea anterior al met&aacute;lico o no, se relaciona sem&aacute;nticamente con <em>morrillu</em>, probable diminutivo de <em>morru</em> aunque tambi&eacute;n pudiera pertenecer a una antigua familia compuesta por <em>muriazu</em>, &ldquo;mont&oacute;n de piedra&rdquo;, <em>moruguetu</em>, &ldquo;mont&oacute;n de tierra&rdquo;, y <em>muruza</em>, &ldquo;conjunto desordenado de cosas sin importancia&rdquo;, todas y otras m&aacute;s enhebradas por la ra&iacute;z MOR-, &ldquo;piedra, mejor si amontonada&rdquo;, prerromana.
    </p><p class="article-text">
        Las piedras tambi&eacute;n se utilizaban dentro del &aacute;mbito de la cocina para, incandescentes, hervir l&iacute;quidos en recipientes de madera. O incluso cuando los recipientes pasaron a ser met&aacute;licos para aportar un determinado sabor muy apreciado a la leche que todav&iacute;a es posible rastrearse, por ejemplo, en la cuajada.
    </p><h3 class="article-text">3. Pusiega</h3><p class="article-text">
        Un elemento fundamental de las antiguas cocinas era la <em>pusiega</em>, conjunto de tres piedras, dos perpendiculares a la pared y la tercera, larga, en paralelo, que adem&aacute;s de como soporte serv&iacute;a para dome&ntilde;ar las llamas y encauzar el humo cuando no hab&iacute;a chimenea y este escapaba por entre las tejas.
    </p><p class="article-text">
        La palabra <em>pusiega</em> pertenece a la familia del verbo &ldquo;posar&rdquo;, lo mismo que <em>posaoriu</em>, &ldquo;lugar de descanso o reposo&rdquo;. En la actualidad cocinas de este tipo apenas hay, de hecho la piedra larga es frecuente encontrarla reutilizada como <em>poyu</em> o asiento corrido dispuesto a la entrada de las viviendas.
    </p><p class="article-text">
        Pero la palabra no se ha perdido. Y no lo ha hecho porque ha pasado a denominar la repisa que recorre el perfil de la campana de la chimenea. La <em>pusiega</em> es hoy esa baldita donde se posa el reloj de escritorio o chimenea, fotos o cualquier otro objeto decorativo de peque&ntilde;o tama&ntilde;o. Las adaptaciones, lejos de pervertir la lengua, lejos de suponer una afrenta, son un s&iacute;ntoma de salud, pues las palabras solo son capaces de adaptarse cuando est&aacute;n vivas. Y &eacute;ste ha sido el caso. Como en la naturaleza, lo que no muta, muere.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/palabras_132_1401998.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Aug 2019 10:13:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres palabras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Cocina,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El juchu]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/juchu_132_1409920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/04b517ce-6742-4c7d-baa5-95ea7909a66b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Niño, bosque. Cantabria. | Mario Corral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la Antigua Grecia nació la literatura. En Cantabria obviamente no, pero conservamos la semilla.</p></div><p class="article-text">
        Lo vimos colgado en un balc&oacute;n. Era una especie de espada de forja cuyo uso nos era entonces desconocido.
    </p><p class="article-text">
        Hicimos foto y preguntamos: para atizar el horno, unos; para cazar o marcar animales, otros; para trinchar y asar, finalmente.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que en castellano se llama espeto. En monta&ntilde;&eacute;s recibe el nombre de <em>juchu</em>, palabra de dif&iacute;cil etimolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En Cabu&eacute;rniga al hueco que deja una persona cuando duerme en el pajar se le dice <em>joche</em>. El pajar es donde dorm&iacute;an los <em>m&eacute;ndigos</em> y los <em>peligrinos</em>, no en lo que ahora se ha dado en llamar &ldquo;el cuarto del peregrino&rdquo;, en realidad <em>&ldquo;cuartu&acute;l portal&rdquo;</em>, estancia resultante de la reformulaci&oacute;n de la casa monta&ntilde;esa moderna que, efectivamente, pod&iacute;a cederse a alguna visita, fuera peregrino o no, pero sin ser &eacute;sta su funci&oacute;n principal. Otra palabra que parece ligada a la anterior es el lebaniego <em>juche,</em> el lugar donde se esconde algo. A su vez, tanto <em>joche</em> como <em>juche</em> no parecen muy distantes del castellano boche y buche, de origen dudoso para la Real Academia de la Lengua Espa&ntilde;ola. Precisamente esta instituci&oacute;n pidi&oacute; a Jos&eacute; Mar&iacute;a de Pereda un listado de monta&ntilde;esismos que valorar, oportunidad que el escritor aprovech&oacute; para expresar su opini&oacute;n, denigrante, por otra parte, sobre el monta&ntilde;&eacute;s. Dentro de la aspiraci&oacute;n de la efe inicial latina por influencia prerromana que &eacute;l consideraba err&oacute;neamente <em>jandalismo</em>, es decir, influencia de los emigrantes a Andaluc&iacute;a retornados, aportaba como ejemplo <em>jocho</em>, &ldquo;hoyo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otro escritor, Miguel de Unamuno, se refer&iacute;a a su Bilbao natal como &ldquo;mi bochito&rdquo;. El n&uacute;cleo urbano sigue siendo el <em>botxo</em> para los bilba&iacute;nos de pro. De la mano, el castre&ntilde;o <em>buchu</em>, &ldquo;cavidad&rdquo;, y <em>buchacu</em>, sin&oacute;nimo de <em>joraca</em>, el agujero practicado en las puertas para facilitar la entrada y salida de las gallinas y que tambi&eacute;n aprovecha el gato, pero que no es una gatera, pues el gato entra y sale por donde puede, no por un lugar espec&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Otra palabra que probablemente est&eacute; relacionada con las anteriores es el monta&ntilde;&eacute;s <em>jucha</em>, &ldquo;arca&rdquo;, que es de suponer estuviera hecha en origen a partir de un tronco ahuecado, lo mismo que el vasco <em>kutxa</em>, con igual significado.
    </p><p class="article-text">
        Toda la familia parece pertenecer al campo sem&aacute;ntico &ldquo;vaciado&rdquo;. &iquest;Del lat&iacute;n PUTEUM, PUTEA, &ldquo;pozo&rdquo;? Es m&aacute;s plausible que se trate de palabras de origen no latino, palabras situadas a la misma profundidad que el lat&iacute;n o incluso m&aacute;s adentro, anteriores.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a los espetos, se hace forzado relacionarlos con antiguas parrilladas rituales paneuropeas, de entre las cuales las mejor documentadas, no necesariamente las m&aacute;s antiguas, son las que se celebraban en la Antigua Grecia, donde el consumo de carne se concentraba en torno a sacrificios religiosos que destinaban el f&eacute;mur, la grasa y v&iacute;sceras, quemados, a los dioses, mientras que la carne, la parte que correspond&iacute;a a los hombres, se hac&iacute;a a la parrilla y se repart&iacute;a entre los asistentes. En griego el espeto es el &oacute;bolo, moneda que representa la sexta parte de un dracma, que es el haz de espetos. El Museo Arqueol&oacute;gico Nacional de Espa&ntilde;a expone varios &oacute;bolos, espetos en miniatura, del tama&ntilde;o de un me&ntilde;ique. Serv&iacute;an como moneda. Son exactamente iguales al que vimos en el balc&oacute;n monta&ntilde;&eacute;s; el mismo mango entorchado, la misma hoja ancha, en definitiva, el mismo tipo. En Grecia habr&iacute;a sobrevivido el valor simb&oacute;lico del espeto, prolongaci&oacute;n de la potencia ritual de las antiguas parrilladas. En Cantabria solo el nombre y algunos fragmentos o espetos completos pero descontextualizados.
    </p><p class="article-text">
        Que Cantabria forma parte activa de vastas y antiqu&iacute;simas tradiciones europeas parece cosa clara: en Castillo (Arnuero) se ha recogido la leyenda de un pastor que hallando refugio un d&iacute;a de tormenta en la cueva de la Ju&aacute;ncana tuvo la mala suerte de que &eacute;sta le descubriera y quisiera com&eacute;rselo. Como la Ju&aacute;ncana ten&iacute;a un solo ojo (caracter&iacute;stica compartida con el c&iacute;clope griego, el <em>oj&aacute;ncanu</em> c&aacute;ntabro y el <em>basajaun</em> vasco) y ve&iacute;a mal, se apost&oacute; en la puerta e iba palpando todas las ovejas que sal&iacute;an, diciendo &ldquo;&iquest;Es lana? &iexcl;Lana es!&rdquo;. Finalmente el pastor pudo escapar agarr&aacute;ndose al abultado vientre de una de ellas. El paralelismo con el Polifemo de <em>La Odisea</em> es evidente. En la Antigua Grecia naci&oacute; la literatura. En Cantabria obviamente no, pero conservamos la semilla.
    </p><p class="article-text">
        Hay un plato monta&ntilde;&eacute;s desaparecido de las cartas pero del que todav&iacute;a hay quien recuerda la receta, no yo, llamado <em>jochobu</em>, con un aire de familia indiscutible. Est&aacute; hecho con calostros, la primera leche, es lo &uacute;nico que s&eacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/juchu_132_1409920.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Aug 2019 07:50:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El juchu]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Dientes, culebras y leche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/dientes-culebras-leche_132_1419099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0276848a-8be6-49a6-a762-2e52e0048408_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mujer e hijos, y sombra. Sin localización conocida. | MURUZA (CANTABRIA)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestra tradición campesina, de naturaleza oral, parece no haber cortado el cordón umbilical que la une con la lógica románica.</p></div><p class="article-text">
        Puede ocurrir en cualquier momento, sentir dentro de la boca un pedacito de algo duro, como cuando se come un melocot&oacute;n sin cuidado y te llevas parte del coraz&oacute;n, que se descascarilla, pues igual, lo sacas y es blanco y pincha, y es entonces cuando te das cuenta que es un pedacito de diente.
    </p><p class="article-text">
         Fui al m&eacute;dico y es que tengo bruxismo.
    </p><p class="article-text">
         El bruxismo es cuando aprietas los dientes por estr&eacute;s y se rompen.
    </p><p class="article-text">
         Estando en Olea un vecino nos cont&oacute; que cuando de ni&ntilde;os se les ca&iacute;a un diente lo posaban en un saliente de la portada de la iglesia, que es rom&aacute;nica. Les parec&iacute;a &eacute;ste el sitio apropiado para dejarlos, quiz&aacute; por simpat&iacute;a entre diente y taqueado jaqu&eacute;s, el ajedrezado asociado al Camino de Santiago que ribetea la iglesia.
    </p><p class="article-text">
         En la casa monta&ntilde;esa es frecuente encontrar el mismo elemento decorativo en madera, en los balcones y aleros. No recibe nombre concreto, pero es un motivo que se toma por dientes, lo mismo que otros representan cuerdas, soles u ojos, no siempre de forma evidente.
    </p><p class="article-text">
         El programa decorativo del Rom&aacute;nico nos es ajeno, responde a una l&oacute;gica perdida, indescifrable. Cu&aacute;l sea el significado de los m&uacute;sicos tallados en los canecillos de los templos, de los animales o de las escenas de sexo, lo ignoramos. Pero en Cantabria se conservan tradiciones que pueden darnos pistas.
    </p><p class="article-text">
         Es relativamente frecuente encontrar en canecillos o modillones mujeres no s&eacute; si amamantando culebras o que las culebras las han asaltado para chuparles la leche directamente de los pechos. As&iacute; en San Mart&iacute;n de Sobrepenilla (Valderredible), San Andr&eacute;s de Rioseco (Santiurde de Reinosa) o en San Pedro de Cervatos (Campoo de Enmedio), iglesias todas de la comarca de Campoo - Los Valles. A veces estas mujeres son sirenas.
    </p><p class="article-text">
         Estas escenas se han asociado tradicionalmente, dentro de la tradici&oacute;n acad&eacute;mica, digo, a la lujuria.
    </p><p class="article-text">
        Pero en Cantabria se cree que a las culebras les gusta la leche. Tanto es as&iacute; que si una mujer se queda <em>istil</em> o sin leche se entra a considerar muy seriamente la posibilidad de que se haya quedado dormida en el campo y la culebra haya aprovechado para dejarla seca. M&aacute;s que de lujuria, pues, estar&iacute;amos hablando de pereza.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra tradici&oacute;n campesina, de naturaleza oral, parece no haber cortado el cord&oacute;n umbilical que la une con la l&oacute;gica rom&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Cuentan en Tudanca de aquel hombre que daba de beber a una culebra, silbaba y ven&iacute;a, y que le daba directamente del <em>jarmosu</em>, la jarra pastoril de madera, hasta que march&oacute; a cumplir con el servicio militar y al volver silb&oacute;, la culebra respondi&oacute; a su llamada pero a diferencia de otras veces se le enrosc&oacute; al cuello hasta ahogarlo, por amor.
    </p><p class="article-text">
        El olor a leche de los beb&eacute;s tambi&eacute;n representa un peligro. Las mujeres los llevaban a las tierras, dej&aacute;ndolos al cuidado de alg&uacute;n otro hijo o solos, en el <em>escanillu</em>, la cuna que es como un caj&oacute;n con el sol a la cabecera y la luna a los pies, cerca de los <em>jisos</em> o hitos por ser &eacute;stos elementos que se procuraba estuvieran a la vista dado que serv&iacute;an para delimitar las parcelas cuando no hab&iacute;a paredes de por medio. Mi madre tiene el recuerdo de quedarse en el <em>jisu</em> al cuidado de su hermana. Tambi&eacute;n recuerda cuidar de ella en el balc&oacute;n de casa. Los tornos de los balcones tienen que tener la distancia precisa para que no quepa la cabeza de un ni&ntilde;o. Tambi&eacute;n cumpl&iacute;a esa funci&oacute;n, el balc&oacute;n, espacio liminal por antonomasia, que ven&iacute;a a sumarse a la de secar la cosecha, tender la ropa, plancharla con piedras o asearse a la luz.
    </p><p class="article-text">
        Las culebras, que dicen en Cabu&eacute;rniga que para avanzar m&aacute;s deprisa se muerden la cola y echan a rodar por las cuestas. Qu&eacute; otra cosa si no el ur&oacute;boros griego, s&iacute;mbolo del esfuerzo eterno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Corral García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/muruza/dientes-culebras-leche_132_1419099.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jul 2019 20:02:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dientes, culebras y leche]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Lingüística]]></media:keywords>
    </item>
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