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    <title><![CDATA[elDiario.es - Cinetario]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Cinetario]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[‘Quién te cantará’, de Carlos Vermut: melodía de mujeres y máscaras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/cantara-carlos-vermut-melodia-mascaras_132_1577230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2cc21ba6-944a-4d6b-baf5-a333ef706c88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Quién te cantará’, de Carlos Vermut: melodía de mujeres y máscaras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Najwa Nimri y Eva Llorach son las absolutas protagonistas de esta compleja historia, que vuelve a someter al espectador a una radical lectura</p></div><p class="article-text">
        El costumbrismo sofisticado de Carlos Vermut es como una canci&oacute;n sin estribillo. Crees que te la sabes, que has desentra&ntilde;ado el n&uacute;cleo principal sobre el que gira la letra de la pel&iacute;cula, cuando de repente todo se vuelve surrealista, se rompe la continuidad narrativa y te debates entre la admiraci&oacute;n y el desprecio. Pero ocurre que el cineasta sabe c&oacute;mo vestir sus cr&iacute;pticos relatos para que al final caigas en la trampa. Sucedi&oacute; con &lsquo;Diamond Flash&rsquo;, sucedi&oacute; con &lsquo;Magical Girl&rsquo;, y con m&aacute;s raz&oacute;n en &lsquo;Qui&eacute;n te cantar&aacute;&rsquo;, su pel&iacute;cula m&aacute;s redonda en cuanto a la facilidad para identificar todo su simbolismo.
    </p><p class="article-text">
        Sigue sin ser f&aacute;cil, sin embargo, aceptar sus cartas. El cineasta no termina de encontrar el hueco existencial de sus personajes en el espacio que les rodea. Mantiene una lucha constante, dir&iacute;amos que casi imposible, entre lo exterior y lo interior. Eso provoca que sus protagonistas sean tan extra&ntilde;as como m&aacute;gicas, magn&eacute;ticas y cotidianas, y al mismo tiempo, lejanas y algo extraterrestres. La soluci&oacute;n s&iacute; es sencilla: Vermut est&aacute; fraguando cada vez con m&aacute;s fuerza su propia realidad cinematogr&aacute;fica con una sofisticada visi&oacute;n que poco o nada tiene que ver con nuestro mundo. Se disfraza de un elegante Pedro Almod&oacute;var, se adentra en las pesadillas hipn&oacute;ticas de David Lynch. Se lanza al precipicio y se salva.
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        En &lsquo;Qui&eacute;n te cantar&aacute;&rsquo;, la llave de su arriesgado experimento son sus actrices. Najwa Nimri y Eva Llorach (barredora de premios) son las absolutas protagonistas de su compleja historia, que vuelve a someter al espectador a una radical lectura. La primera interpreta a una famosa cantante que ha perdido la memoria tras un accidente justo antes de volver a los escenarios; y la segunda, a la trabajadora de un karaoke y su mejor imitadora. Son Lila y Violeta. El mismo color con diferentes matices. Los mismos traumas con otros nombres de mujer. Mujeres rotas y paralizadas por el miedo. Y la misma canci&oacute;n saliendo de los labios de ambas con la misma intensidad pero con diferente voz.
    </p><h3 class="article-text">Sue&ntilde;os zombis que todav&iacute;a pueden bailar</h3><p class="article-text">
        Porque al contrario que en &lsquo;Eva al desnudo&rsquo;, Violeta no irrumpe en la vida de Lila para pasar de la sombra a la luz a costa del sabotaje. La melod&iacute;a de Eva Llorach, cantada por Eva Amaral y entrando en el laberinto amn&eacute;sico de Najwa Nimri, en sus juegos de m&aacute;scaras y miradas, las perlas guardadas para las fabulosas Carme El&iacute;as y Natalia de Molina, esconden sorpresas insospechadas, la apertura del ata&uacute;d donde enterramos los sue&ntilde;os no conseguidos. Sue&ntilde;os zombis que todav&iacute;a son capaces de bailar &ldquo;pareciendo gilipollas&rdquo;. De aplazar una decisi&oacute;n para adoptarla m&aacute;s tarde pero con otra ropa, otro nombre, otra determinaci&oacute;n. Ah&iacute; el conmovedor final de la historia eclipsa todos los sentimientos anteriores.
    </p><p class="article-text">
        Se est&aacute; bien en esta trampa sin estribillo. Transcurre la pel&iacute;cula y sus extra&ntilde;as y extempor&aacute;neas canciones mientras nos crece el antifaz en los ojos para aprender a mirarla y comprenderla. Si se arrastra un ligero escepticismo, queda mutilado en su magistral desenlace, un camino muy estrecho de dos finales en uno, &ldquo;siguiendo la ruta de un p&aacute;jaro herido&rdquo;. Como lo cantan todas (las dos Evas y Najwa) en &ldquo;Procuro olvidarte&rdquo;:
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      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/cantara-carlos-vermut-melodia-mascaras_132_1577230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 May 2019 08:56:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Natalia de Molina,Música,Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El silencio de otros’ o cómo desenquistar el olvido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/silencio-desenquistar-olvido_132_1606853.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0530d06-e365-46f2-9368-9139015d99e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El silencio de otros’ o cómo desenquistar el olvido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El documental de Almudena Carracedo y Robert Bahar es algo más que una llamada a la memoria histórica: es un grito de ayuda a los represaliados</p><p class="subtitle">Su estilo sobrio, elegante y certero ha conseguido sacar los colores a todos los gobiernos que han olvidado resolver una transición que no lo fue para todos</p></div><p class="article-text">
        No es la primera vez que nos encontramos en el cine una funci&oacute;n obviada por las administraciones. Ni ser&aacute; la &uacute;ltima vez que a trav&eacute;s de la pantalla descubrimos que hay toda una tarea social olvidada en alg&uacute;n caj&oacute;n. Es cuando el arte sustituye, que no complementa, la funci&oacute;n de cualquier gobierno: hacer cumplir la ley. &lsquo;El silencio de otros&rsquo; ya es probablemente uno de los documentales m&aacute;s importantes de nuestra cinematograf&iacute;a en ese sentido, y lo es por el m&eacute;rito de recordar la memoria. As&iacute; de redundante. Y hacerlo a trav&eacute;s de la gente&nbsp; que a&uacute;n puede rememorar lo que nunca debi&oacute; olvidarse, lo que qued&oacute; enquistado en 1977 mediante una tramposa Ley de Amnist&iacute;a que truc&oacute; la transici&oacute;n dejando a ambos lados de una carretera, o en la &uacute;ltima fosa de un monte perdido, los recuerdos desdibujados de varias generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Almudena Carracedo y Rober Bahart son los autores, entre un magn&iacute;fico equipo de investigadores y t&eacute;cnicos, que han hecho posible que la sociedad espa&ntilde;ola no olvide la asignatura pendiente de los que firmaron que todo nuestro pasado franquista se pod&iacute;a enterrar bajo el disfraz de la benevolencia. No hay mejor f&oacute;rmula documental para ello que ponerle cara a los que no olvidan. El rostro tr&aacute;gico de Mar&iacute;a Mart&iacute;n, que siempre luch&oacute; por buscar el cuerpo de su madre, hasta un segundo antes de morir. Y el rostro triunfante de Ascensi&oacute;n Mendieta, convertida en el s&iacute;mbolo de la memoria hist&oacute;rica, cuando los restos de su padre, Timoteo Mendieta, pudieron ser recuperados de una fosa com&uacute;n en el cementerio de Guadalajara.
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        Producida por Pedro Almod&oacute;var, &lsquo;El silencio de otros&rsquo; sigue la estela, por un lado, de c&oacute;mo se fragu&oacute; la conocida como &lsquo;querella argentina&rsquo; promovida por la jueza Mar&iacute;a Servini con la fuerza de los denunciantes. Una posibilidad judicial que en Espa&ntilde;a no ha sido posible porque ning&uacute;n pol&iacute;tico ha sido capaz de defender la derogaci&oacute;n de una ley vergonzosa y absurda, que hoy ya no tiene sentido. Desde Buenos Aires lleg&oacute; la posibilidad de una denuncia colectiva que ha ido agrand&aacute;ndose con el tiempo, y que mantiene viva la esperanza, tambi&eacute;n, de los que a&uacute;n viven para recordar su propio sufrimiento: los torturados por Billy El Ni&ntilde;o y los que saben que en los s&oacute;tanos de la Puerta del Sol todav&iacute;a hay fantasmas a los que escuchar. Mientras Almudena Grandes lo contaba en &lsquo;Las tres bodas de Manolita&rsquo; entre la realidad y la ficci&oacute;n, los directores de este documental acompa&ntilde;aban en el camino a sus tristes protagonistas, a sus familias y a sus amigos.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el documental se ofrece tambi&eacute;n como un compendio de palabras que desenquistan el olvido. Introducida por las figuras del memorial del Valle del Jerte, el &uacute;nico monumento colectivo espa&ntilde;ol a los represaliados por el franquismo en Espa&ntilde;a, una breve voz en off aporta algunos datos para dejar paso a los testimonios de los que recuerdan. Y por ah&iacute; transitan, t&iacute;midos y reticentes, hombres y mujeres con una historia guardada a base de dolor. Ah&iacute; queda el de Chato Galante, entre otros muchos torturados por Billy El Ni&ntilde;o, uno de los luchadores m&aacute;s incansables por algo tan obvio como que alguien pague por sus cr&iacute;menes.
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        Lo mejor, como sucede en los buenos documentales, es que desempolva tambi&eacute;n interrogantes que deben heredar incluso los que nunca se preguntan nada. &iquest;Por qu&eacute; ese pacto de silencio en torno a la guerra y la posguerra? &iquest;Por qu&eacute; la Ley de Amnist&iacute;a sigue siendo intocable pese a sus evidentes contradicciones con la tambi&eacute;n vigente, aunque vac&iacute;a de financiaci&oacute;n, Ley de Memoria Hist&oacute;rica? &iquest;Por qu&eacute; todas las acciones de b&uacute;squeda, identificaci&oacute;n y trabajos sobre fosas comunes siguen realiz&aacute;ndose desde asociaciones y colectivos privados? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la justicia administrativa? Y no, no ofrece las respuestas, pero s&iacute; deja adivinarlas.
    </p><p class="article-text">
        Este documental ahora permitir&aacute; que nadie olvide a Mar&iacute;a Mart&iacute;n, poniendo flores en el punto kilom&eacute;trico donde est&aacute; enterrada su madre, ni a Ascensi&oacute;n Mendieta, pudiendo enterrar, por fin, a su padre. Ver &lsquo;El silencio de otros&rsquo; es un ejercicio obligatorio para construir memoria sobre la memoria. Tambi&eacute;n para heredar, como espectadores, todos esos recuerdos para que nada ni nadie intente volver a extirparlos de nuestra amarga y negra historia. Porque esto no es &ldquo;la guerra del abuelo&rdquo;. Es nuestra guerra mientras haya alguien que recuerde c&oacute;mo alguien desapareci&oacute; sin dejar rastro, dejando a sus hijos y a sus nietos con un rictus congelado en el rostro. Una cicatriz con una peque&ntilde;a veta que el cine nos devuelve en forma de grito.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/silencio-desenquistar-olvido_132_1606853.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Apr 2019 18:46:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘El silencio de otros’ o cómo desenquistar el olvido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Almodóvar,Memoria Histórica,Documentales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El vicio del poder’, de Adam McKay: Maquiavelo entre bastidores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/vicio-adam-mckay-maquiavelo-bastidores_132_1624387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8e15bd3-474f-43f3-b267-6cba58eea989_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El vicio del poder’, de Adam McKay: Maquiavelo entre bastidores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este thriller centrado en la figura del todopoderoso Dick Cheney baja con cierto tino a las cloacas del poder en Estados Unidos</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cambi&oacute; el curso de la historia para millones de personas y lo hizo como un fantasma&hellip;&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Dick Cheney lleg&oacute; a ser una especie de rey absolutista en la corte del presidente de George W. Bush. Un tipo todopoderoso que cont&oacute; con el cinismo y la astucia suficientes como para colarse en la cumbre del poder sin que se notara del todo. El cineasta Adam McKay le vio hechuras de protagonista y decidi&oacute; enfrentarse a su retrato recuperando el lenguaje vivo y mordaz que tan buenos resultados le dio en &lsquo;La gran apuesta&rsquo;. Un film donde, por cierto, se meti&oacute; con fortuna en el barrizal de la burbuja econ&oacute;mica y las hipotecas subprime. En esta ocasi&oacute;n, decide bajar a las cloacas del poder impulsado por el mismo tono sarc&aacute;stico, a bordo de un ritmo trepidante y un montaje en permanente estado de rebeld&iacute;a. Y logra una pel&iacute;cula divertida, aterradora e inteligente, pero de la que se podr&iacute;a esperar m&aacute;s, dada la trascendencia del personaje.
    </p><p class="article-text">
        Sencillamente, el inter&eacute;s del espectador acaba oscilando como un p&eacute;ndulo. As&iacute;, nos encontramos con una primera parte de la pel&iacute;cula donde la narraci&oacute;n parece dar tumbos. Se retrata a un personaje en mete&oacute;rico ascenso profesional y pol&iacute;tico sin que se llegue a comprender del todo qu&eacute; le est&aacute; sucediendo. Sabemos, eso s&iacute;, que el vicepresidente m&aacute;s c&eacute;lebre de la historia de los EEUU fue un hombre hecho a s&iacute; mismo, falto de ambici&oacute;n en origen, sin ning&uacute;n tipo de escr&uacute;pulos y cuya &eacute;pica comienza con una humillaci&oacute;n que parece no tener tampoco demasiada importancia en su biograf&iacute;a: su expulsi&oacute;n de la de la Universidad de Yale. En segundo lugar, se nos deja claro que cuenta con esa &lsquo;gran mujer&rsquo; que, como reza el &lsquo;refranero patriarcal&rsquo;, permanece detr&aacute;s de todo hombre de &lsquo;dimensiones XXL&rsquo;. Porque el guion lanza ciertas se&ntilde;ales condescendientes al descubrirnos a la esposa del futuro gran pol&iacute;tico, Lynne (Amy Adams). Una mujer extraordinariamente inteligente, pero seg&uacute;n la pel&iacute;cula, una ambiciosa manipuladora tambi&eacute;n entre bastidores.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, a medio camino, el film sufre una transformaci&oacute;n y parece cobrar vida a un ritmo deslumbrante. Entonces, Cheney comienza a parecernos otro. Deja de ser un &lsquo;bur&oacute;crata-aut&oacute;mata&rsquo; gris  y aparece el pol&iacute;tico de peso, el que da aut&eacute;ntico pavor. El Maquiavelo de Nebraska que se convierte en el 46&ordm; vicepresidente de los Estados Unidos (2001-2009).
    </p><h3 class="article-text">Simbolismos, giros de guion y sorpresas</h3><p class="article-text">
        La narraci&oacute;n, entonces, mejora notablemente. Surgen comentarios y digresiones que cuentan con ingenio cap&iacute;tulos tremendos de la historia reciente de los Estados Unidos y de todo el planeta. Asoman giros de guion que sorprenden al espectador y unos t&iacute;tulos de cr&eacute;dito que se despistan con muy buen tino. Incluso se permite el lujo de establecer paralelismos cargados de cierto simbolismo facil&oacute;n, pero que funcionan, resultando ocurrentes. Ah&iacute; est&aacute;, por ejemplo, el Se&ntilde;or W. Bush haciendo su particular &lsquo;pacto con el diablo&rsquo;, en el que el pescador Cheney pone sus condiciones antes de convertirse en su escudero en las siguientes elecciones presidenciales. Un trato, una ca&ntilde;a de pescar y un futuro presidente que, por cierto, evidencia en la pel&iacute;cula una interesante relaci&oacute;n con su padre.
    </p><p class="article-text">
        Como ocurri&oacute; en la anterior producci&oacute;n de McKay, &lsquo;El vicio del poder&rsquo; cuenta con un plantel de primeras figuras de la industria de Hollywood. Nos encontramos a Sam Rockwell procurando proporcionarle &lsquo;cierta coherencia&rsquo; al personaje del se&ntilde;or Bush y a Steve Carell interpretando a otro &lsquo;gestor&rsquo; todopoderoso de la &eacute;poca, Donald Rumsfeld. La actuaci&oacute;n de Amy Adams, perfecta como siempre, no resulta tan apasionante como se podr&iacute;a esperar de una nominaci&oacute;n al Oscar a la Mejor Actriz y de una int&eacute;rprete de su talla.
    </p><p class="article-text">
        Es Bale quien se apropia del espect&aacute;culo, aunque tampoco brinda la mejor de sus caracterizaciones. Est&aacute; imponente, eso s&iacute;, sigui&eacute;ndole los pasos al pol&iacute;tico: en su postura corporal, en sus gestos, en su manera de hablar, en un idioma cercano al susurro sibilino, y sumergido en un maquillaje muy logrado. Su transformaci&oacute;n f&iacute;sica es monumental (el actor gan&oacute; 20 kilos), aunque &eacute;l prefiera quitarle m&eacute;rito al asunto. Como cuando agradeci&oacute; su Globo de Oro al Mejor Actor diciendo que le deb&iacute;a  la inspiraci&oacute;n al mism&iacute;simo Satan&aacute;s. Otro tipo en la sombra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/vicio-adam-mckay-maquiavelo-bastidores_132_1624387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Mar 2019 19:10:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘El vicio del poder’, de Adam McKay: Maquiavelo entre bastidores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Estados Unidos,Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Ha nacido una estrella’, de Bradley Cooper: el dolor de cumplir un sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/nacido-estrella-bradley-cooper-cumplir_132_1650817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b870a78d-b845-4ae4-86cc-f15a4869fdb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ha nacido una estrella’, de Bradley Cooper: el dolor de cumplir un sueño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La química de Lady Gaga y Bradley Cooper estalla en una historia más del sueño americano de conseguirlo todo empezando desde la nada</p></div><p class="article-text">
        Grandes zapatos son los que tuvo que llenar Lady Gaga en la nueva versi&oacute;n de &lsquo;Ha nacido una estrella&rsquo;. Nombres ic&oacute;nicos de la historia del cine, como Barbra Streissand, Judy Garland y Janet Gaynor, ya hab&iacute;an protagonizado una pel&iacute;cula con la que ahora Bradley Cooper se estrena como director. La historia tambi&eacute;n parece que se ha contado en innumerables ocasiones en el cine, en la televisi&oacute;n, en los castillos en el aire: es el relato del sue&ntilde;o americano, de alcanzarlo todo partiendo desde cero, un lema que ha movido a generaciones y generaciones, dentro y fuera del cine. &lsquo;A lucky twist&rsquo; y la camarera pasa a ser una gran estrella de la m&uacute;sica pop.
    </p><p class="article-text">
        Ally (Lady Gaga) es camarera. Pero su sue&ntilde;o es ser cantante. Sin embargo, es un sue&ntilde;o lejano que se limita a viernes por la noche en el bar de &lsquo;drag queens&rsquo; donde la dejan ser &ldquo;una de las chicas&rdquo;. Ah&iacute; explora su innegable talento, con unas cejas pegadas y el pelo pintado de negro. As&iacute; es como la encuentra Jackson Maine (Bradley Cooper), un cantante de m&uacute;sica country que arrasa entre las masas pero que tiene serios problemas de alcoholismo y tristeza. Se encuentran entre las luces de la noche, entre la m&uacute;sica de bares en California y se enamoran. &lsquo;I&rsquo;m in love with your music, baby&rsquo;. La carrera de Ally despega al lado de Jack, que la ayuda a hacerse valer en su talento, oculto hasta entonces.
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        &ldquo;Creo que eres una cantautora&rdquo;, le susurra Jackson a Ally al o&iacute;do la primera noche que se conocen, maravillado por la fuerza que irradia esta mujer de nariz grande a trav&eacute;s de su m&uacute;sica. La qu&iacute;mica entre Lady Gaga y Bradley Cooper estalla ante el espectador. Es una mezcla tan potente que hace que se puedan obviar los fallos que tiene &lsquo;A Star is Born&rsquo;, que llega, en muchas ocasiones, a ser poco cre&iacute;ble. Como cuando ella se sube al escenario y conoce el arreglo entero que se ha hecho de una canci&oacute;n que apenas hab&iacute;a tarareado antes en un aparcamiento.
    </p><p class="article-text">
        La ense&ntilde;anza musical a la que se someti&oacute; Bradley Cooper para encarnar verdaderamente a un cantante que se roba los escenarios demuestra, una vez m&aacute;s, la capacidad que tiene para sobresalir entre sus cong&eacute;neres. Es, sin duda, uno de los grandes valores dentro de su generaci&oacute;n. Pero la que realmente se roba la pel&iacute;cula es Lady Gaga, que emana una energ&iacute;a poderosa, cruda y sin aditivos. Ally es ella cuando no pensaba que iba a alcanzar el &eacute;xito, acomplejada por su nariz. La cantante sale a escena sin maquillaje, mostr&aacute;ndose tal cual es ella y es algo que no se puede olvidar incluso cuando se convierte en un producto de la industria musical. La m&uacute;sica que crea es &uacute;nica, es algo que no se escucha y eso es una de las grandes marcas de &lsquo;A Star is Born&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay momentos que rezuman demasiado edulcorante, como es la boda de Jack y Ally, y ese primer plano de una sola l&aacute;grima en la cara de la novia que le resta autenticidad a todo el montaje creado. Tambi&eacute;n la reca&iacute;da de Jackson en sus h&aacute;bitos autodestructivos est&aacute; forzada dentro de la historia para ser lo m&aacute;s rimbombante posible, un recurso mucho m&aacute;s sencillo que una destrucci&oacute;n silenciosa y prolongada a lo largo de la pel&iacute;cula. El espectador sabe qu&eacute; va a pasar con Jackson desde el principio y es algo que tambi&eacute;n quita suspense a &lsquo;Ha nacido una estrella&rsquo;. Lo mismo ocurre con el giro que da la m&uacute;sica de Ally, que pasa de tener una esencia propia a hablar de culos que quedan bien en vaqueros. No hay nada nuevo y todos los esper&aacute;bamos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Pero todo este contenido tan insulso, tan predecible se olvida de un plumazo con la actuaci&oacute;n final de &lsquo;I will never love again&rsquo;. Ally, viuda, destrozada, vuelca todos sus sentimientos en el ultim&iacute;simo homenaje de una canci&oacute;n escrita por Lady Gaga, por Jackson en la pel&iacute;cula, que transmite una fuerza poderos&iacute;sima, una fuerza que viene de la tristeza, del desconsuelo de la p&eacute;rdida. El &uacute;ltimo concierto que vemos es el broche de oro de la pel&iacute;cula, un homenaje a la m&uacute;sica dentro del s&eacute;ptimo arte, a la constancia y al valor que supone perseguir los sue&ntilde;os, a pesar del dolor que puedan acarrear. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisca Bravo Miranda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/nacido-estrella-bradley-cooper-cumplir_132_1650817.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Mar 2019 09:57:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Ha nacido una estrella’, de Bradley Cooper: el dolor de cumplir un sueño]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos: duelo en la Corte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favorita-yorgos-lanthimos-duelo-lacorte_132_1671673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c42f9be1-d99e-403f-9464-293d7ad0918b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos: duelo en la Corte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La nueva película del cineasta griego ha roto todos los moldes del cine histórico con una delirante historia de poder femenino</p><p class="subtitle">El trío protagonista formado por Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone es uno de los mejores cuadros interpretativos del año</p></div><p class="article-text">
        &lsquo;La favorita&rsquo; est&aacute; repleta de pasillos. Pasillos donde se ambiciona, se sufre y se desea. Corredores donde se respira venganza, se manipula o se ama con misterios que solo pueden ser resueltos por mujeres que se dejan caer en la trampa a conciencia. En la &uacute;ltima pel&iacute;cula del cineasta griego Yorgos Lanthimos las gentes se apresuran de un lado a otro del palacio de la reina Ana Estuardo para huir de la miseria, hacer equilibrios en lo alto del poder o para encaramarse al mismo y hacer el amago de conquistarlo.
    </p><p class="article-text">
        Siempre hay un recorrido vertiginoso en esta pel&iacute;cula donde todo resulta raro, pero nada incomprensible, y donde un cap&iacute;tulo de la historia de Inglaterra se cuenta desde un lugar singular: una imaginaci&oacute;n barroca, desbordante y sin sentido de la medida. Desde la libertad desconcertante de un cineasta que ha sabido perfeccionar su estilo hasta lograr establecer una comunicaci&oacute;n eficaz con un amplio espectro de espectadores, m&aacute;s all&aacute; de los que, desde hace alg&uacute;n tiempo, le han profesado devoci&oacute;n (son muchas las voces que opinan que esta es la pel&iacute;cula de Lanthimos m&aacute;s legible).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los largos corredores de &lsquo;La favorita&rsquo; nos dejan pasar a la corte de Ana Estuardo (S. XVIII), donde una monarca (Olivia Colman), cada vez m&aacute;s enferma, permite que su amiga y confidente, Lady Sarah Churchill (Rachel Weisz), gobierne el pa&iacute;s. Una muchacha (Abigail Hill, Emma Stone), una noble venida a menos, inteligente y con un instinto de supervivencia voraz, ir&aacute; escalando posiciones hasta ganarse el favor, primero de su benefactora (Churchill), y despu&eacute;s, de su Majestad.
    </p><p class="article-text">
        Hay mucho artificio en la puesta en escena de la pel&iacute;cula, pero ello no impide ver algo esencial: el poderoso entramado de intrigas, ambiciones y manipulaciones que se establece en el tri&aacute;ngulo de mujeres protagonistas. Es una pel&iacute;cula de contrastes con secuencias llenas de di&aacute;logos feroces, en pie de guerra, y momentos de dolor punzante, capaces de producir un corte en la yugular del &aacute;nimo del espectador para, al rato, disolverse el impacto emocional en un instante c&oacute;mico de inteligente frivolidad.
    </p><p class="article-text">
        El espect&aacute;culo visual que ofrece &lsquo;La favorita&rsquo; es toda una aventura. El relato se deja enmarcar en grandes angulares y en perspectivas de ojo de pez. Se deja llevar por contrapicados de v&eacute;rtigo y enloquecidas c&aacute;maras lentas que retuercen la desidia de unos cortesanos acostumbrados a matar el aburrimiento con carreras de patos o con &lsquo;tomatazos&rsquo; a se&ntilde;ores en cueros que calzan peluca. El estilo de la pel&iacute;cula puede resultar cargante porque tiene demasiado protagonismo en la narraci&oacute;n, pero la realidad es que su originalidad, su atrevimiento y la belleza de su fotograf&iacute;a terminan por llevarnos al huerto.
    </p><h3 class="article-text">Con el poder de la fascinaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        El retrato de la &eacute;poca, que tiene algo de imaginada, tambi&eacute;n tiene su poder de fascinaci&oacute;n. Las gentes se expresan y juran con el lenguaje de nuestros tiempos, se dejan llevar por danzas de coreograf&iacute;a disparatada y en la banda sonora, se escuchan piezas inmortales de Bach, Vivaldi, H&auml;ndel y tambi&eacute;n de Elton John&hellip; Y como tel&oacute;n de fondo, cuenta con el aliciente de asomarse a un momento hist&oacute;rico de convulsiones pol&iacute;ticas donde la nobleza &lsquo;subversiva&rsquo; amenazaba con montar su propia revoluci&oacute;n dom&eacute;stica, si no se les exoneraba de costear una guerra internacional, que hab&iacute;a perdido su norte mucho tiempo atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone son tres actrices que se han enamorado de sus respectivos personajes y eso queda retratado en tres interpretaciones virtuosas y apasionadas. Aunque bien es cierto que la Ana Estuardo de Colman se ha llevado la palma y ha dejado boquiabierto a medio mundo, cosechando un buen n&uacute;mero de premios (Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Venecia, Globo de Oro de Comedia 2019 y Premio Bafta a la Mejor actriz protagonista&hellip;). La actriz brit&aacute;nica se mete en la piel de una reina inteligente, de voluntad quebradiza, atrapada por la gula, la pasi&oacute;n y la gota. Una mujer con miedo a &ldquo;quedarse dormida y hundirse&rdquo;, que siente algo parecido a la felicidad rode&aacute;ndose de sus mascotas. Unos conejos que mantienen viva su tragedia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favorita-yorgos-lanthimos-duelo-lacorte_132_1671673.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Mar 2019 18:24:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos: duelo en la Corte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Críticas de cine,Cine,Emma Stone]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Tiempo después’, de José Luis Cuerda: auto-tributo amanecista y social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/tiempo-jose-luis-cuerda-auto-tributo_132_1699756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18edaccb-26c3-4a1b-84f0-0f7fce48b20a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Tiempo después’, de José Luis Cuerda: auto-tributo amanecista y social"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta suerte de secuela de ‘Amanece, que no es poco’ es un fabuloso relato futurista que el cineasta albaceteño tenía en mente desde hace décadas</p><p class="subtitle">Pese a ser injustamente ignorada en los Premios Goya, la particular distopía de Cuerda emana calidad y un inmejorable reparto</p></div><p class="article-text">
        Hace poco se cumplieron tres d&eacute;cadas del estreno de &lsquo;Amanece, que no es poco&rsquo;, esa rara avis del cine espa&ntilde;ol que ha provocado, a lo largo de los a&ntilde;os, uno de los fen&oacute;menos de fans m&aacute;s singulares de nuestra cinematograf&iacute;a: los autodenominados &lsquo;amanecistas&rsquo;. Pocos filmes patrios han conseguido aglutinar la pasi&oacute;n primaria de tantos hombres y mujeres de toda idiosincrasia. Y mucho menos, en torno a una historia coronada como la m&aacute;s surrealista y absurda del s&eacute;ptimo arte &lsquo;made in Spain&rsquo;. Su director, Jos&eacute; Luis Cuerda, intent&oacute; pocos a&ntilde;os despu&eacute;s repetir esa genial enciclopedia tridimensional del humor absurdo en &lsquo;As&iacute; en el cielo como en la tierra&rsquo;, pero no termin&oacute; de cuajar. Era l&oacute;gico. En &lsquo;Amanece&rsquo; lo hab&iacute;a dicho casi todo: aborda pr&aacute;cticamente todos los temas universales que podamos imaginar, por imposible que parezca.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que tambi&eacute;n algunos a&ntilde;os despu&eacute;s comenz&oacute; a fraguarse en la cabeza del cineasta la idea de una distop&iacute;a. Tambi&eacute;n esencialmente rural, pero no solamente rural. S&iacute; ten&iacute;a claro que en ese mundo del futuro habr&iacute;a una clase social dominante y otra dominada. Sin medias tintas ni explicaciones vanas. El hecho de que los gobernantes y ricos se alojaran en el m&iacute;tico edificio de las Torres Blancas de Madrid, en medio del desierto del Monument Valley de John Ford; o que los marginados y parados quedaran relegados a un paup&eacute;rrimo campamento en un bosque, fueron aspectos del guion que surgieron despu&eacute;s. Mucho tiempo despu&eacute;s. Tanto &ldquo;tiempo despu&eacute;s&rdquo; que al final no le qued&oacute; m&aacute;s remedio al cineasta albacete&ntilde;o que regalarse un tributo. Beber del amanecismo que &eacute;l cre&oacute; y brind&aacute;rselo a los fans que durante 30 a&ntilde;os hab&iacute;an estado repitiendo sin complejos sus di&aacute;logos y disparates por Espa&ntilde;a y parte del extranjero.
    </p><h3 class="article-text">La secuela en forma de apocalipsis</h3><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no? La pel&iacute;cula de 1989 siempre fue precaria en cuanto a producci&oacute;n, montaje y en algunas interpretaciones. Su culto traspasa su calidad, sin duda. &iquest;Por qu&eacute; no demostrar que era capaz de montarse otra f&aacute;bula con su recurrente fantas&iacute;a futurista, pero repleta de gui&ntilde;os a &lsquo;Amanece, que no es poco&rsquo;? El post-apocalipsis, nada m&aacute;s y nada menos, se&ntilde;oras y se&ntilde;ores. Y as&iacute; lo hizo. Consigui&oacute; el respaldo financiero y un nuevo reparto de lujo, y all&aacute; que se puso. Con el resultado de una historia divertida, trepidante, nost&aacute;lgica, inteligente y maravillosamente adornada (la producci&oacute;n art&iacute;stica no tiene nada que envidiar a los juegos futuristas de Hollywood) y, sobre todo, fabulosamente interpretada.
    </p><p class="article-text">
        Ni uno solo de sus actores sobra. Est&aacute;n como reci&eacute;n salidos del horno de la magia del cineasta albacete&ntilde;o. Destacamos desde luego a Roberto &Aacute;lamo, a Miguel Rell&aacute;n (la primera herencia amanecista), a Blanca Su&aacute;rez, a Arturo Valls, a Carlos Areces, a Manolo Solo, a Gabino Diego (la segunda herencia amanecista), a Berto Romero, a Saturnino Garc&iacute;a (dichosos los ojos, &lsquo;Justino&rsquo;), y algunos cameos de Andreu Buenafuente y Eva Hache. M&aacute;s de uno suelta alg&uacute;n que otro mon&oacute;logo que bien le habr&iacute;a valido un Premio Goya. Y, por supuesto, no hay forma de entender c&oacute;mo esta pel&iacute;cula ha sido tan abiertamente ignorada por la Academia. Al final de la gala, Buenafuente envi&oacute; un saludo a Cuerda mencionando entre en barullo del escenario que el cineasta era &ldquo;lo mejor del cine espa&ntilde;ol&rdquo; y seguramente por ah&iacute; iban los tiros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Es probable que &lsquo;Tiempo despu&eacute;s&rsquo; no sea una pel&iacute;cula sembradora de premios. Pero no ser&iacute;a la primera vez que se ofrece alg&uacute;n tipo de reconocimiento a determinadas pel&iacute;culas por lo que significaron en las carreras de sus directores. Cuerda ha tenido mucho reconocimiento con aut&eacute;nticas maravillas como &lsquo;La lengua de las mariposas&rsquo;, entre otras, y no hay que olvidar que gracias a &eacute;l contamos hoy en d&iacute;a con ese genio llamado Alejandro Amen&aacute;bar del que han bebido a su vez otros muchos. Su historia futurista es su forma de seguir so&ntilde;ando, de revisionar su propio mundo para darle un mensaje social del que &lsquo;Amanece&rsquo; carec&iacute;a y del que tan necesitados estamos. Es un acto de valent&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Si un parado se desnaturaliza por vender zumo de lim&oacute;n, si los cantos del gallo ayudan a entrar en edificios inaccesibles, si la juventud no se compromete con las causas imposibles porque &ldquo;ha quedao&rdquo;, si los muertos visitan a sus asesinos para reconfortarles en sus noches de arrepentimiento y si la revoluci&oacute;n definitiva al final ser&aacute; cutre y del todo bochornosa, qu&eacute; m&aacute;s da. El mundo real, en la mayor&iacute;a de las ocasiones, no ofrece cosas mejores. Mejor intentar desentra&ntilde;ar los discursos filos&oacute;fico-humanistas de los marginados y apelar a la espiral del caos m&aacute;s absurdo. Disfrutar con ello. Darle la vuelta a la realidad cotidiana. Acompa&ntilde;ar a Cuerda en su visi&oacute;n desmadrada del fin del mundo. Si total, hasta donde sabemos, siempre seguir&aacute; amaneciendo por donde debe. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/tiempo-jose-luis-cuerda-auto-tributo_132_1699756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Feb 2019 18:07:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Tiempo después’, de José Luis Cuerda: auto-tributo amanecista y social]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine,José Luis Cuerda,Amanece que no es poco]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘The Tale’, de Jennifer Fox: la introspección del abuso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/the-tale-jennifer-fox-introspeccion_132_1737199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3169506d-3916-472a-8161-7d1b9bafb80f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘The Tale’, de Jennifer Fox: la introspección del abuso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El abuso sexual desde dos puntos de vista: la víctima de los 13 años y la mujer adulta que se reencuentra con su trauma. Así es 'The Tale', una historia autobiográfica de la directora Jennifer Fox</p></div><p class="article-text">
        La han llamado &ldquo;la primera pel&iacute;cula del #metoo&rdquo; y es muy posible que lo sea. Dif&iacute;cil es encontrar un relato planteado de una manera tan visceral y directa como lo ha hecho la directora y guionista Jennifer Fox al mostrarnos &lsquo;The Tale&rsquo;. Fox utiliza el cine para enfrentarse a sus propios fantasmas, su propio abuso, y lo hace a trav&eacute;s de dos personajes: Jennifer, interpretado por Laura Dern fuerte, emocional y dur&iacute;sima, y Jenny, de la mano de Isabelle N&eacute;lisse que ofrece la visi&oacute;n de un abuso infantil tan cercana que se puede sentir en la piel. Ambas actrices nos ofrecen una visi&oacute;n en 360 grados de lo que es la violaci&oacute;n, sus consecuencias, la aceptaci&oacute;n de la misma y su lucha contra ella.
    </p><p class="article-text">
        Todo empieza por una suerte de carta de amor. Es la madre de Jennifer (Ellen Burstyn) quien llama preocupada a su hija para pedirle explicaciones. Jennifer est&aacute; inmersa en su trabajo como periodista y un documental donde recoge los testimonios de mujeres que han sufrido violaciones y abusos durante su infancia. Estas historias casi an&oacute;nimas la acompa&ntilde;an en todo el viaje que realiza para descubrir la verdad acerca de su propia vida, un eco de voces femeninas que son precisamente lo que implic&oacute; el movimiento del #metoo. Mujeres hablando de sus vivencias, sobreviviendo a sus abusos y hablando de ellos para hacerlos reales.
    </p><p class="article-text">
        El relato que encuentra la madre habla de una complicada relaci&oacute;n para una joven mujer de 13 a&ntilde;os. Una relaci&oacute;n afectiva entre ella, la se&ntilde;ora G. y Bill, sus monitores de equitaci&oacute;n y atletismo, un tr&iacute;o rom&aacute;ntico que se va descubriendo como algo mucho m&aacute;s perverso seg&uacute;n avanza el relato. Las dos actrices que encarnan a la se&ntilde;ora G, Elizabeth Debicki y Frances Monroy, se enfrenan al desaf&iacute;o de mostrar a un personaje perverso como uno normal y se desenvuelven en el mismo con solidez y potencia. Bill, llevado a la vida por Bill Ritter, muestra las dos caras. Las que ve la peque&ntilde;a Jenni y Jennifer, la adulta, la documentalista y prestigiosa profesora de universidad. Por un lado, un amor adolescente que se convierte en un pat&eacute;tico recuerdo, por otro lado, un violador, un monstruo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Las escenas de abuso son lo suficientemente expl&iacute;citas para hacer que el espectador quiera volver la cara y no mirar m&aacute;s. Algunos sectores de la cr&iacute;tica han rechazado el uso de estos recursos, pero esto es parte de la fuerza de &lsquo;The Tale&rsquo;, una pel&iacute;cula que no ofrece medias tintas y que pone el dedo en todos los culpables, desde el maestro que se aprovech&oacute; de su alumna, hasta la madre que prefiri&oacute; perder de vista a su hija los fines de semana y no hacer caso a sus instintos m&aacute;s fuertes. As&iacute; se lo hace saber Jennifer a Nettie y tambi&eacute;n a la c&oacute;mplice se&ntilde;ora G. Pero en el caso de la maestra de equitaci&oacute;n la historia da un rev&eacute;s para mostrar a otra v&iacute;ctima de la violencia contra la mujer.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No pod&iacute;a pedir ayuda. Estaba esperando que t&uacute; me salvaras. En mi mente, yo sab&iacute;a que no pod&iacute;a ser nadie m&aacute;s. Ten&iacute;as que ser t&uacute; quien me salvara. &iquest;Por qu&eacute; no lo hiciste?&rdquo;,&ldquo;, le recrimina Jennifer a su antigua maestra. La estremecedora respuesta: &rdquo;a m&iacute; nadie me salv&oacute;&ldquo;. &lsquo;The Tale&rsquo; traza as&iacute; un hilo entre varias generaciones de mujeres abusadas y c&oacute;mo sus decisiones han sido las que han marcado las diferencias. Es tal como lo dice la peque&ntilde;a Jenni cuando ya es capaz de ver que lo que pasa no est&aacute; bien, cuando corta con su novio que le saca d&eacute;cadas de edad. &rdquo;Yo soy la hero&iacute;na de esta historia, no la v&iacute;ctima. Ellos se derrumbaron. Yo no&ldquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisca Bravo Miranda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/the-tale-jennifer-fox-introspeccion_132_1737199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Feb 2019 18:31:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘The Tale’, de Jennifer Fox: la introspección del abuso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Abusos sexuales,Violencia de género,Me Too]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Ralph rompe Internet’, de Rich Moore y Phil Johnston: inteligencia digital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/ralph-internet-rich-moore-johnston_132_1743310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/255f5e33-8c1a-446d-91a8-273c93bc33a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ralph rompe Internet’, de Rich Moore y Phil Johnston: inteligencia digital"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de un universo superpoblado por marcas, esta nueva entrega de Disney es una película sobre la amistad que no se anda con rodeos</p><p class="subtitle">Sus personajes se expresan con naturalidad, sin complejos ni empalagos, en un fiel reflejo de la camaradería</p></div><p class="article-text">
        Era cuesti&oacute;n de tiempo. Alguien ten&iacute;a que viajar por su imaginaci&oacute;n para dar con el paradero de Internet e inventarle un aspecto animado. La factor&iacute;a Disney ha realizado su particular descubrimiento del espacio virtual donde pasamos buena parte de nuestro tiempo. Y el resultado es espectacular. Al recrear la red, en la pel&iacute;cula &lsquo;Ralph rompe Internet&rsquo;, ha pintado una imagen de ciudad futurista fren&eacute;tica, ca&oacute;tica, pero tambi&eacute;n arrebatadora. Una megal&oacute;polis surcada por autopistas de correos electr&oacute;nicos y poblada por rascacielos flotantes, sedes de las redes sociales m&aacute;s c&eacute;lebres, las webs m&aacute;s visitadas y los buscadores m&aacute;s frecuentados.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, es el marco ideal para seguir las andanzas de una conocida pareja de amigos, Ralph (voz de John C. Reilly) y Vanellope (voz de Sarah Silverman). Para quienes no tuvieron el placer de conocerles hace algunos a&ntilde;os, son los protagonistas de &lsquo;&iexcl;Rompe Ralph&rsquo;!, nominada a la Mejor Pel&iacute;cula de Animaci&oacute;n en los Premios Oscar de la Academia de Hollywood del a&ntilde;o 2012.
    </p><p class="article-text">
        En esta ocasi&oacute;n, el &lsquo;malote que no quiere serlo&rsquo; y la peque&ntilde;a corredora de carreras electr&oacute;nicas se embarcan en una nueva aventura de dimensiones digitales. Col&aacute;ndose primero por un router para escapar de los viejos videojuegos en los que viven, sumergi&eacute;ndose en Internet y entrando en eBay, donde se endeudar&aacute;n hasta las cejas al comprar un repuesto para una de sus m&aacute;quinas. En ese nuevo territorio les pasar&aacute; de todo: se topar&aacute;n con un simp&aacute;tico spam que les llevar&aacute; a los bajos fondos para hacerse con un virus; conocer&aacute;n a una aut&eacute;ntica hero&iacute;na del asfalto, curtida en un videojuego online y cada vez que se vean en apuros, acudir&aacute;n a su particular or&aacute;culo, un motor de b&uacute;squeda con pinta de empoll&oacute;n.
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        M&aacute;s all&aacute; de los confines de este fascinante universo, superpoblado por marcas y referencias a la Red, &lsquo;Ralph rompe Internet&rsquo; es una pel&iacute;cula sobre la amistad que no se anda con rodeos, que se expresa con naturalidad, sin complejos ni empalagos. Porque la relaci&oacute;n entre Ralph y Vanellope es un viaje de ida y vuelta donde sucede de todo: se enfrentan desde las trincheras del ego&iacute;smo m&aacute;s absoluto, entran en barrena cuando se desatan los celos descontrolados. Pero tambi&eacute;n dejan al descubierto, como quien no quiere la cosa, esa sinton&iacute;a m&aacute;gica, &uacute;nica, muchas veces inexplicable que produce la compa&ntilde;&iacute;a de una persona determinada. Este retrato de la camarader&iacute;a muestra, adem&aacute;s, una reivindicaci&oacute;n del espacio propio que resulta rematadamente original en un producto para el entretenimiento dise&ntilde;ado, a priori, para ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, muchos encontrar&aacute;n que lo mejor del espect&aacute;culo se cifra en el corrosivo sarcasmo que destila su sentido del humor. Un humor que no deja t&iacute;tere con cabeza cuando se detiene ante las nuevas formas de tiran&iacute;a impuestas por la Red. Con un par de gui&ntilde;os, soltados con clase y algo de mala leche, pone en evidencia la histeria colectiva que se propaga por el universo de las interacciones en las redes sociales. Todo queda retratado con astucia: desde la esclavitud en la que se enredan los que quieren atesorar el mayor n&uacute;mero de Corazones / &lsquo;Me gusta&rsquo; &nbsp;(y les va en ello la autoestima), pasando por el entretenimiento absurdo de los v&iacute;deos que llenan el vac&iacute;o de un aburrimiento casi existencial&hellip; Hasta el estr&eacute;s desbocado que produce mantenerse en lo m&aacute;s alto, en la &eacute;lite de las publicaciones virales. Huracanes de entusiasmo y reconocimiento, en definitiva, que duran un suspiro y producen falsos espejismos de popularidad.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula tambi&eacute;n brinda un divertido y necesario canto a la libertad. El que entonan las princesas Disney (al fin inteligentes , seguras e ingeniosas) para contarnos que los tiempos han cambiado. Ha llegado el momento de librarse del rancio &lsquo;color&iacute;n colorado&rsquo; donde &ldquo;hombres grandes y fuertes&rdquo; aparecen, providencialmente, &ldquo;para solucionarlo todo&rdquo; y redimirlas de su desgraciada existencia.
    </p><p class="article-text">
        Su destino y el &lsquo;selfie&rsquo;, por fin, es cosa de ellas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/ralph-internet-rich-moore-johnston_132_1743310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Jan 2019 11:06:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Ralph rompe Internet’, de Rich Moore y Phil Johnston: inteligencia digital]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine,Disney]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Roma’, de Alfonso Cuarón: en el imperio del prodigio visual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/roma-alfonso-cuaron-imperio-prodigio_132_1770184.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ff07cb3-890b-4150-b00b-681153bbfe06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Roma’, de Alfonso Cuarón: en el imperio del prodigio visual"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La aclamada nueva película del cineasta mexicano es un homenaje a las mujeres de su infancia donde reina la estética de los planos</p><p class="subtitle">Narra el drama de una familia de clase media-alta en México durante los convulsos inicios de la década de los 70</p></div><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o en la vida de cualquier persona no tiene que empezar el 1 de enero. Puede empezar, por ejemplo, mientras limpia las baldosas del patio en la casa en la que est&aacute; empleada. Agua que se desagua y refleja el mundo. Y ese a&ntilde;o puede terminar otro d&iacute;a diferente al 31 de diciembre, frente al mar, mientras te abrazan los seres humanos a los que m&aacute;s quieres. En manos de Alfonso Cuar&oacute;n, ese ciclo se convierte en un homenaje casi enteramente visual, en blanco y negro, a las mujeres que marcaron su infancia en la colonia Roma de M&eacute;xico D.F. al inicio de la d&eacute;cada de los 70 del siglo pasado.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los grandes maestros del plano-secuencia del cine contempor&aacute;neo ha decidido abandonar la &eacute;pica de su viajes dist&oacute;picos y espaciales para atar a su c&aacute;mara sus recuerdos infantiles. Una nostalgia que es tan &iacute;ntima como comprensible para el espectador, porque hipnotiza los sentidos en cada imagen para participar en el drama de las mujeres luchadoras que marcaron su ni&ntilde;ez, especialmente en la historia de una de las trabajadoras dom&eacute;sticas de su casa. Yalitza Aparicio interpreta a esta &uacute;ltima, a Cleo, de forma tan sencilla que no se adivina a la actriz (es profesora de preescolar). Solo a una joven perdida en la inocencia de su juventud.
    </p><h3 class="article-text">Cine al servicio de la forma</h3><p class="article-text">
        Cleo es el eje rotatorio de un relato que no tiene nada de original, pero s&iacute; de conmovedor. &lsquo;Roma&rsquo; es el ejemplo del cine puesto al servicio de la forma, un ejercicio de estilo tremendamente complejo al que deber&iacute;an someterse todos los que alg&uacute;n d&iacute;a quieran ponerse detr&aacute;s de una c&aacute;mara. La anti-revoluci&oacute;n est&eacute;tica. El clasicismo arropado por las nuevas tecnolog&iacute;as. La complejidad de la ambientaci&oacute;n m&aacute;s cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        El contenido queda as&iacute; relegado a una historia muy simple, que incluso olvidamos en algunos momentos del metraje porque estamos subiendo al escenario de unos suburbios, a unas revueltas sociales, a una clase magistral de artes marciales, a un paritorio infernal o a un ba&ntilde;o en el mar donde nos ahogamos de impotencia. Sus fabulosos planos y movimientos recuerdan otras &lsquo;romas&rsquo; de Fellini, nos contagian otra nostalgia diferente a la de Cuar&oacute;n: la necesidad de un tipo de cine naturalista, preelaborado hasta el infinito, pero presentado como con un realismo sin l&iacute;mites.
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        Por si fuera poco, es un aut&eacute;ntico placer investigar sobre una banda sonora que refleja la diversidad musical setentera de aquellos a&ntilde;os en M&eacute;xico, desde el rock hasta los ritmos tropicales y el pop nacional. Suenan algunos 'hits' muy conocidos en Espa&ntilde;a como &lsquo;La nave del olvido&rsquo; de Jos&eacute; Jos&eacute;, &lsquo;Cuando me enamoro&rsquo; de Ang&eacute;lica Mar&iacute;a o &lsquo;M&aacute;s bonita que ninguna' de la espa&ntilde;ola Roc&iacute;o D&uacute;rcal, que fue todo un fen&oacute;meno en M&eacute;xico. Aparecen en radio o en vinilos, con un sonido rasgado y transparente, t&iacute;midamente tarareadas por Cleo.
    </p><p class="article-text">
        La nueva pel&iacute;cula de Cuar&oacute;n, ganadora del Festival de Venecia, favorita para la categor&iacute;a de habla no inglesa de los pr&oacute;ximos Oscar y arropada inmensamente por la cr&iacute;tica (parece que no tanto por el p&uacute;blico), es una aventura dolorosa y tierna. Est&aacute; repleta de simbolog&iacute;a y gui&ntilde;os al propio cine, y sobre todo y m&aacute;s importante, es un llamamiento a un tipo de amor, aquel que sale a la primera capa de tristeza. Cuando m&aacute;s necesario es. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/roma-alfonso-cuaron-imperio-prodigio_132_1770184.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jan 2019 19:09:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Roma’, de Alfonso Cuarón: en el imperio del prodigio visual]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Roma,Alfonso Cuarón,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Los crímenes de Grindelwald' de David Yates: cuando lo oscuro es necesario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/crimenes-grindelwald-david-yates-necesario_132_1789649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee2b7a54-4934-44b7-a6d3-23d7fdace451_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Animales Fantásticos y Donde Encontrarlos. Los Crímenes de Grindelwald."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La segunda entrega de la saga de 'Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos' ofrece un giro maduro e ineludible para marcar las diferencias con Harry Potter</p></div><p class="article-text">
        La jugada maestra de m&aacute;rketing que hizo J.K Rowling al escribir los guiones para una nueva serie m&aacute;gica es indudable. Los ac&eacute;rrimos fans de Harry Potter encontraron en la novedad un nuevo nicho donde descargar las emociones que ha ido creando una de las colecciones m&aacute;s importantes de literatura y cine juvenil de la historia. Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de captar a este p&uacute;blico, lo que ha ocurrido con la saga de Animales Fant&aacute;sticos y D&oacute;nde Encontrarlos ha supuesto un giro en c&oacute;mo entendemos el mundo m&aacute;gico. Newt Scamander, al que da vida un brillante Eddie Redmayne, cogi&oacute; a todos los 'potterheads' y los sac&oacute; fuera de Hogwarts. De cabeza al mundo real, y con m&aacute;s magia que nunca.
    </p><p class="article-text">
        En 'Los cr&iacute;menes de Grindelwald' encontramos un trabajo que dista mucho de la primera entrega de 'Animales Fant&aacute;sticos'. Al cruzar las fronteras en un carro tirado por thestrals, Grindelwald, el villano, abre la puerta a una parte del mundo m&aacute;gico desconocido hasta ahora. Personajes oprimidos, con un toque de maldad, miedo y desesperanza que la aleja del esp&iacute;ritu m&aacute;s juvenil de Harry Potter. Pero lo mejor, es que la historia no nos deja olvidar las entra&ntilde;ables paredes de Hogwarts y, adem&aacute;s, nos presenta a Albus Dumbledore (Jude Law) y a otros profesores ic&oacute;nicos de la saga como Minerva McGonagall (Fiona Glascott).
    </p><p class="article-text">
        Y es que siempre resulta entra&ntilde;able volver a ver los vastos campos de la escuela m&aacute;gica m&aacute;s importante de Gran Breta&ntilde;a, y especialmente desde el punto de vista de un Hufflepuff y una Slytherin. Newt Scamander y Leta Lestrange ofrecen un romance adolescente que es suficiente para rememorar a Harry, Hermione, Ron y Ginny y no perder la esencia de la historia. Podemos conocer las rarezas del joven magizoologista y su paso por el instituto, adem&aacute;s de disfrutar con alusiones divertid&iacute;simas a momentos inolvidables de los libros de Harry Potter, como ocurre con la aparici&oacute;n de un 'boggart'.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que no podemos olvidar el colorido y el dinamismo que ofrecen los animales fant&aacute;sticos, que son el producto de una direcci&oacute;n de arte impecable con inspiraciones mitol&oacute;gicas de pa&iacute;ses alrededor del mundo. Vemos lo que parece un gran drag&oacute;n chino, el 'zouwu', los demonios japoneses 'kappa' y los ya conocidos escarbato y el 'bowtruckle', las mascotas fieles de Newt Scamander que ofrecen ternura y acci&oacute;n a la pel&iacute;cula a partes iguales.
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                </figure><h3 class="article-text">'Por el bien de todos'</h3><p class="article-text">
        En esta segunda parte de la historia, su protagonista Newt Scamander vuelve a Europa, despu&eacute;s de haber participado en el arresto de Gellert Grindelwald (Johnny Depp). La acci&oacute;n lleva a ambos personajes a Par&iacute;s, en la b&uacute;squeda de Credence Barebone (Ezra Miller), el 'obscurus' que ha viajado hasta la capital parisina en busca de su identidad. Aparecen nuevos personajes, pero con nombres conocidos como es el caso de Leta Lestrange (Zo&euml; Kravitz) o&nbsp;la misteriosa 'maledictus' Nagini (Claudia Kim). Tambi&eacute;n viajan a Europa las hermanas Goldstein, Queenie (Alison Sudol) y Tina (Katherine Waterson), junto al 'no-maj' Jacob Kowalski (Dan Fogler).
    </p><p class="article-text">
        La amenaza de la magia oscura se cierne de nuevo sobre el mundo m&aacute;gico y los protagonistas de la pel&iacute;cula deben pelear contra la fuerza cada vez m&aacute;s potente de Gellert Grindelwald. 'Por el bien de todos' es el lema del mago, un discurso que ofrece en las escenas finales que recuerda inevitablemente a los dirigentes de la extrema derecha y que sit&uacute;a a los 'muggles' o 'no-maj' en un conflicto similar al que quieren otorgar desde la derecha a los refugiados. 'O ellos o nosotros', ser&iacute;a el resumen.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de llegar a la declaraci&oacute;n de intenciones de Grindelwald, el espectador tiene que ser capaz de seguir historias secundarias, que pueden resultar confusas si no se presta suficiente atenci&oacute;n. Es lo que ocurre con la relaci&oacute;n creada entre Leta Lestrange, Credence Barebone y&nbsp;Yusuf Kama (William Nadylam), una decisi&oacute;n&nbsp;discutible en el gui&oacute;n, que finalmente no decide ni condiciona nada. Las historias rom&aacute;nticas sin concluir est&aacute;n tambi&eacute;n a la orden del d&iacute;a en la pel&iacute;cula: Queenie y Jacob, Tina y Newt, y otras que no se pueden discutir sin entrar en spoilers.
    </p><p class="article-text">
        A fin de cuentas, la historia de amor m&aacute;s importante es la ya conocida por los fans de Harry Potter. Albus Dumbledore es el &ldquo;&uacute;nico&rdquo; personaje homosexual del universo Potter, en palabras de la misma J.K Rowling. En&nbsp;'Los Cr&iacute;menes de Grindelwald' nos adentramos un poco m&aacute;s en el misterio que supuso su joven relaci&oacute;n con el que acaba siendo un mago malvado y es tambi&eacute;n una manera de hacer m&aacute;s inclusiva la narrativa. &ldquo;Fuimos mucho m&aacute;s cercanos que hermanos&rdquo;, corrige el mismo Dumbledore a los representantes del Ministerio de la Magia.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisca Bravo Miranda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/crimenes-grindelwald-david-yates-necesario_132_1789649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Dec 2018 10:41:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Los crímenes de Grindelwald' de David Yates: cuando lo oscuro es necesario]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Bohemian Rhapsody’, de Bryan Singer: apoteosis musical, biopic naíf]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/bohemian-rhapsody-bryan-singer-biopicnaif_132_1798995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c741504c-9b15-4a8d-be6e-d4799ebc0369_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Bohemian Rhapsody’, de Bryan Singer: apoteosis musical, biopic naíf"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pese a sus carencias, le debemos a esta película la voluntad de recorrer la historia de Queen, una de las bandas más grandes de la historia</p><p class="subtitle">Rami Malek impresiona por momentos en su encarnación de Freddie Mercury, pero se desdibuja en escenas de baja intensidad</p></div><p class="article-text">
        Era 13 de julio de 1985. Unas 74.000 almas llenaban el estadio Wembley de Londres, aunque el concierto Live Aid fue seguido en 72 pa&iacute;ses y obtuvo una audiencia de 1.500 millones de espectadores. Fue &ldquo;el escenario perfecto para Freddie: el mundo entero&rdquo; (Bob Geldof, en el libro &lsquo;Freddie Mercury: the definitive biography&rsquo;).
    </p><p class="article-text">
        Un Freddie Mercury, consciente de su enfermedad (al menos, en la pel&iacute;cula), emerge en el escenario con una vitalidad arrolladora. Ante un p&uacute;blico que se pierde en el horizonte y es un oc&eacute;ano de energ&iacute;a, catarsis, hambre de estrellas y rock and roll. El planeta queda a los pies del talento descomunal de su graciosa majestad. La interpretaci&oacute;n de Queen en Wembley es la apoteosis, el momento cumbre que dar&aacute; pie, en la pel&iacute;cula &lsquo;Bohemian Rhapsody&rsquo;, a que Mercury conecte con su pasado a trav&eacute;s de un &lsquo;flash back&rsquo; sostenido. Habitado por recuerdos que recorren la trayectoria del m&uacute;sico, su banda y su mito.
    </p><p class="article-text">
        Vaya por delante que a &lsquo;Bohemian Rhapsody&rsquo;, de Bryan Singer, le debemos bastante: la voluntad de recorrer la g&eacute;nesis, vida, obra y milagros de una de las bandas m&aacute;s grandes de la historia. Las ganas de recordar a la leyenda que devoraba los escenarios y al hombre a la deriva que apuraba la vida, enfermo de soledad, hasta la extenuaci&oacute;n. Desde un punto de vista epid&eacute;rmico, s&iacute;: &ldquo;&iexcl;Dios Salve a Bohemian Rhapsody!&rdquo;.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la pel&iacute;cula deber&iacute;a ser algo m&aacute;s. Deber&iacute;a funcionar como ficci&oacute;n y en esas latitudes resulta algo decepcionante. En la cara oculta de la pel&iacute;cula se encuentran todas esas cuestiones que el espectador sospecha que van mal, bajo el brillo de la producci&oacute;n y la genialidad de la banda. Ah&iacute; est&aacute; el personaje llamado Freddie Mercury, quien parece quedarse en su definici&oacute;n, en las coordenadas de una leyenda que todos creemos conocer. La interpretaci&oacute;n de Rami Malek impresiona por momentos. Deslumbra cuando Mercury se sube al escenario, en los tiempos que pierde el norte y su soledad provoca desgarro. Pero m&aacute;s all&aacute; de los instantes de especial intensidad el actor y el mismo personaje quedan un tanto desdibujados.
    </p><h3 class="article-text">La simplificaci&oacute;n del villano</h3><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, est&aacute;n las idas y venidas art&iacute;sticas. Las trifulcas y los acercamientos que protagonizan los miembros de la banda y que tambi&eacute;n parecen simplificarse para quedarse en los huesos. Hasta el punto de que se ha buscado a un villano que ofrece cierta consistencia como hilo conductor cuando falla la emoci&oacute;n en el metraje. Es un malo que parece funcionar como un Santo Grial providencial y su aparici&oacute;n explica muchas cosas. Demasiadas, porque aunque no sepamos a ciencia cierta lo que ocurri&oacute; aquella &eacute;poca en la que Mercury anduvo, para algunos, un tanto err&aacute;tico y aunque sea conocida por todos la cala&ntilde;a de ciertos personajes que le rodearon, el manique&iacute;smo hacia el que apunta no resulta convincente dentro del relato.
    </p><p class="article-text">
        No es cuesti&oacute;n de juzgar si Bryan Singer y Dexter Fletcher (directores del film) hacen justicia al fen&oacute;meno musical que supuso el paso de Queen por la historia del rock o si se han modificado o no ciertos datos biogr&aacute;ficos buscando efectos emocionales que se quedan en agua de borrajas. No hace falta ponerse estupendos y &lsquo;montar redadas&rsquo; para descubrir si existen las juergas, drogas, sexo y rock and roll que se esperan en estos casos. Aunque se hubiera hecho una pel&iacute;cula diferente, probablemente tampoco habr&iacute;a sido del agrado de todo el mundo. Por eso, volvemos al mundo de las sensaciones para ver como una certeza que este acercamiento a la historia de Queen, con la distancia, se olvida f&aacute;cilmente.
    </p><p class="article-text">
        Menos una cosa muy importante. Siempre nos quedar&aacute; Wembley. Su recuerdo y su anhelado espejismo en la gran pantalla. Porque a la pel&iacute;cula le debemos la oportunidad de volver a vibrar de emoci&oacute;n y pasi&oacute;n con la m&uacute;sica y los conciertos de Queen. Olvid&aacute;ndonos de la butaca que nos mantiene atados a una sala de cine. Detenidos en otra &eacute;poca, en una quietud antinatural. Muy a nuestro pesar, aunque felices.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/bohemian-rhapsody-bryan-singer-biopicnaif_132_1798995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Dec 2018 11:15:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Bohemian Rhapsody’, de Bryan Singer: apoteosis musical, biopic naíf]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Isla de perros’, de Wes Anderson: la incontenible ternura de lo raruno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/isla-wes-anderson-incontenible-ternura_132_1822628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10deec87-fa6c-481e-bfb5-5702b5a911b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Isla de perros’, de Wes Anderson: la incontenible ternura de lo raruno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ilimitado imaginario del cineasta le llevó a obtener el Premio al Mejor Director en el pasado Festival de Berlín</p><p class="subtitle">Un guion a cuatro bandas nos traslada hasta hasta Japón para contarnos una distopía animalista y delirante</p></div><p class="article-text">
        El imaginario de Wes Anderson no tiene l&iacute;mites. Y si los tiene, todo parece indicar que es probable que nos los alcance en esta vida. En su particular visi&oacute;n del universo cinematogr&aacute;fico en stop-motion, algo se le removi&oacute; en su inescrutable cerebro creador cuando &lsquo;Fant&aacute;stico Sr. Fox&rsquo; rescat&oacute; la mejor esencia de la literatura infantil de Roald Dahl. Ese zorrito doblado por George Clooney encandil&oacute; a medio planeta, mientras el otro medio se qued&oacute; pensando en si realmente eso era un cuento para ni&ntilde;os. Es decir, igual que con sus pel&iacute;culas de no animaci&oacute;n. Porque la capacidad de la cara pasmada (animal o humana) mirando al frente o de perfecto perfil y sus juegos de simetr&iacute;as son los mismos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ha ocurrido con &lsquo;Isla de perros&rsquo;? Para empezar es una historia original de Anderson -que obtuvo el Premio al Mejor Director en el pasado Festival de Berl&iacute;n- junto con Roman Coppola, Junichi Nomura y Jason Schwartzman. Un guion a cuatro bandas que viaja hasta Jap&oacute;n para contarnos una distop&iacute;a delirante en Megasaki City, cuyo alcalde, procedente de una saga milenaria que odia a los perros, decide exiliar a todos estos animales a una isla que es un vertedero, bajo argumentos falsos y manipulaci&oacute;n informativa de las masas. All&iacute;, los perretes sobreviven como pueden: mal. Pero el destino de todos ellos cambiar&aacute; con la llegada inesperada de un ni&ntilde;o que quiere recuperar a su mascota.
    </p><p class="article-text">
        La pasi&oacute;n perruna se desata entonces en cada escena de la pel&iacute;cula. Wes Anderson no solo retrata a diferentes variedades de canes con una maestr&iacute;a asombrosa sino que construye en esa isla un universo portentoso de paisajes infernales y desolados. Con la visi&oacute;n de la metr&oacute;poli siempre en el horizonte, ese pedazo de tierra alberga no solo millones de toneladas de basura, sino ciudades industriales abandonadas, reflejo de un pasado siniestro que los protagonistas convierten, no obstante, en una aventura llena de humor y triste sarcasmo.
    </p><h3 class="article-text">Los &ldquo;sellos de calidad&rdquo; de Anderson</h3><p class="article-text">
        En paralelo, se sucede la vida sin perros en la ciudad. All&iacute; hay una peque&ntilde;a resistencia que todav&iacute;a quiere que los canes regresen en base a la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica. Hay en este bloque algunos sellos de calidad del cineasta que han sido interpretados por muchos cr&iacute;ticos como altibajos en la narraci&oacute;n, pero que no son m&aacute;s que estampas del universo japon&eacute;s, de su cultura y de la estructuraci&oacute;n de varios detalles. De hecho, la pel&iacute;cula necesita m&aacute;s de un visionado para captar los m&uacute;ltiples gui&ntilde;os a su gastronom&iacute;a, su arte, sus haikus y su concepci&oacute;n de la vida y la muerte. Todo eso por si no han quedado ya claras las referencias con los fabulosos tambores que retumban en la banda sonora del genio Alexandre Desplat.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es una pel&iacute;cula para ni&ntilde;os? Es probable que no. Tambi&eacute;n es probable que s&iacute;. Wes Anderson no es &lsquo;mainstream&rsquo; ni para sus chistes. A veces incluso parece que lo intenta, pero no le sale. Algo que da absolutamente igual. Para eso ya tenemos otras grandes productoras como Pixar que nos rompen las barreras sentimentales por muchos apuntalamientos que pongamos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que le sale a este mago de la fricada es animalismo a m&aacute;s no poder reflejado en los ojos fijos y abrumados de sus perros; y tambi&eacute;n humanidad a raudales en su mensaje de amor universal. Raruno, pero universal. Pocos lo consiguen as&iacute;. Y as&iacute; nos gusta y enternece.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/isla-wes-anderson-incontenible-ternura_132_1822628.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Nov 2018 19:53:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Isla de perros’, de Wes Anderson: la incontenible ternura de lo raruno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Animación,Perros,Wes Anderson]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Lo que queda del día’, de James Ivory: amor sin suceder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/diseccion-queda-dia-james-ivory_132_1849140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03a81401-56c0-4637-a4e7-8625e24749dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Lo que queda del día’, de James Ivory: amor sin suceder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Metemos el bisturí cinetario a esta obra maestra del drama romántico protagonizada por Anthony Hopkins y Emma Thompson hace 25 años</p><p class="subtitle">Es un viaje inolvidable por sentimientos mutilados, reprimidos, recogidos en un guion portentoso</p></div><h3 class="article-text">El meollo</h3><p class="article-text">
        Un millonario americano (Cristopher Reeve) es el nuevo propietario de la mansi&oacute;n Darlington Hall. Su mayordomo, el Sr. Stevens (Anthony Hopkins), solicita de manera excepcional unos d&iacute;as de permiso para visitar a una vieja amiga. En el trayecto, Stevens viaja por su memoria para remontarse 20 a&ntilde;os atr&aacute;s, en los tiempos en los que el antiguo propietario de la casa se&ntilde;orial, un noble ingl&eacute;s (James Fox) se convierte en el anfitri&oacute;n de personajes clave para la historia de Inglaterra de los a&ntilde;os 30. De camino por sus recuerdos, Stevens tambi&eacute;n realiza una visita a la relaci&oacute;n que mantuvo con la antigua ama de llaves, Miss Kenton (Emma Thompson). La amiga que ha de ser su destino.
    </p><h3 class="article-text">Detr&aacute;s de las c&aacute;maras: James Ivory</h3><p class="article-text">
        El pasado a&ntilde;o tuvimos noticias de &eacute;l. Cuando nos deslumbr&oacute; con una historia que parec&iacute;a ser la de un primer amor accidental, pero acab&oacute; llev&aacute;ndonos por muchos otros derroteros, entre torpezas apasionadas, angustias y una felicidad sin miramientos. La excusa fue una suerte de encuentro entre dos hombres que lanzaba un mensaje directo a la mala conciencia de los que pasan de largo por su propia vida. En &lsquo;Call me by your name&rsquo;, James Ivory no estaba detr&aacute;s de las c&aacute;maras, pero s&iacute; con la pluma en la mano, escribiendo el guion, y demostrando que es uno de los m&aacute;s grandes cineastas de todos los tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Es un hombre tranquilo para las gentes con las que ha trabajado, un estudioso incansable que investiga todo aquello que puede rodear a sus historias (cualquier m&iacute;nimo detalle que puede dotar de verosimilitud a sus pel&iacute;culas) antes de ponerse ante las c&aacute;maras. Estadounidense de nacimiento (1928), James Francis Ivory estudi&oacute; Bellas Artes y Arquitectura as&iacute; como Cinematograf&iacute;a. Comenz&oacute; su carrera en los a&ntilde;os 50&nbsp; realizando varios cortometrajes. El nacimiento de su filmograf&iacute;a comenz&oacute; pr&aacute;cticamente en 1959, cuando conoci&oacute; al director indio Ismail Merchant. Al poco tiempo, ambos fundaron la c&eacute;lebre compa&ntilde;&iacute;a Merchant Ivory. Junto a la guionista Ruth Prawer Jhabvala conformaron un tr&iacute;o creativo de formidable sensibilidad art&iacute;stica. Una novela de la escritora, de hecho, fue la que alumbr&oacute; la primera pel&iacute;cula del triunvirato cinematogr&aacute;fico. Se titulaba &lsquo;The householder&rsquo; (1963) y cuenta la historia de un hind&uacute; que alcanza la madurez sin abandonar la inocencia.
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        En 1975 rod&oacute; su primer gran &eacute;xito con &lsquo;The Wild Party&rsquo; (1975), que recreaba el poema hom&oacute;nimo de Joseph Moncure March y recog&iacute;a el s&oacute;rdido suceso que envolvi&oacute; a la estrella del cine mudo Fatty Arbuckle, acusado del asesinato de una joven actriz. Comenz&oacute; la d&eacute;cada de los 80 y con ella los primeros &eacute;xitos del realizador, muchos de los cuales vinieron de la mano de adaptaciones literarias. Como &lsquo;Las Bostonianas&rsquo; (1984), de Henry James, y que cont&oacute; con un gran reparto en el que se encontraban Vanessa Redgrave y Jessica Tandy.
    </p><p class="article-text">
        En 1985 realiz&oacute; &lsquo;Una habitaci&oacute;n con vistas&rsquo;, basada en la novela de E.M. Forster, el autor ingl&eacute;s que ser&aacute; una prodigiosa fuente de inspiraci&oacute;n para el cineasta a lo largo de su trayectoria. La historia part&iacute;a de una situaci&oacute;n anecd&oacute;tica: la joven inglesa Lucy Honey Church y su dama de compa&ntilde;&iacute;a aceptan gustosamente la habitaci&oacute;n con vistas que les ofrece el se&ntilde;or Emerson y su hijo George, en su visita a Florencia. A partir de entonces, Ivory nos conduce por el descubrimiento de la vida que realiza una mujer. Desde las contradicciones de los esp&iacute;ritus inquietos a la libertad que campa a sus anchas entre besos robados, Puccini y trigales salpicados&nbsp; de flores pasando por la mente brillante de un peque&ntilde;o burgu&eacute;s que ha criado a su hijo al margen de las &lsquo;buenas costumbres&rsquo;. Es un divertimento cinematogr&aacute;fico de gran belleza y con grandes interpretaciones, como las de Daniel Day Lewis, Maggie Smith, Judi Dench y Denholm Elliott. A partir de entonces, el cineasta alcanza la fama y el aprecio de la cr&iacute;tica. De la mano de E.M Foster, de nuevo, rodar&iacute;a &lsquo;Maurice&rsquo; (1987), sobre el amor, a hurtadillas, que surge entre dos j&oacute;venes caballeros ingleses y que dio pie a una discreta y bien humorada cr&iacute;tica hacia los prejuicios y convencionalismos de la buena sociedad inglesa. &lsquo;Maurice&rsquo; fue una pel&iacute;cula maravillosa que dio a conocer a Hugh Grant al gran p&uacute;blico.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El realizador trabaj&oacute; despu&eacute;s (1990) junto a una leyenda, el actor Paul Newman y la extraordinaria Joanne Woodward en &lsquo;Esperando a Mr Bridge&rsquo;. En 1992 rod&oacute; uno de las obras cumbres de su cine, &lsquo;Regreso a Howards End&rsquo;, junto a Anthony Hopkins, Emma Thompson y Vanessa Redgrave. La original historia de las hermanas Schlegel, mujeres adelantadas a su tiempo, unas librepensadoras, y sus relaciones con la &lsquo;respetable&rsquo; familia Wilcox en plena &eacute;poca victoriana, logr&oacute; un gran &eacute;xito de cr&iacute;tica y p&uacute;blico. Fue nominada a 10 premios Oscar; gan&oacute; tres de ellos, adem&aacute;s de dos premios Bafta y un Globo de Oro.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, se encerrar&iacute;a en los pasillos interminables, minados de mirillas, cerraduras y puertas secretas de la gran mansi&oacute;n Darlington Hall para rodar &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;. Volvi&oacute; a triunfar en medio mundo y cont&oacute; tambi&eacute;n, en cierta forma, con la bendici&oacute;n de Hollywood ya que fue nominada a otros ocho premios de la Academia. No logr&oacute; ninguno, aunque &eacute;l, personalmente, s&iacute; consigui&oacute; un BAFTA. A partir de entonces, rodar&iacute;a varias pel&iacute;culas&nbsp; que no obtendr&iacute;an el mismo calor del p&uacute;blico. De este modo, Ivory nos llev&oacute; hasta la Revoluci&oacute;n Francesa para contarnos las andanzas de un presidente estadounidense enamorado en &lsquo;Jefferson in Paris&rsquo; (1995). Volvi&oacute; a confiar en Anthony Hopkins quien encarn&oacute; a Picasso en una pel&iacute;cula que levant&oacute; ampollas en la familia del pintor (&lsquo;Sobrevivir a Picasso&rsquo;, 1996) y regres&oacute; al territorio literario de Henry James para adaptar la novela &lsquo;La copa dorada&rsquo; (2000). Cont&oacute;, de nuevo, con un interesante reparto (James Fox, Nick Nolte, Anjelica Huston, Kate Beckinsale), fue apreciada por la cr&iacute;tica, pero pas&oacute; desapercibida en taquilla. &lsquo;El divorcio&rsquo; (2003) y &lsquo;La condesa rusa&rsquo; (2005, esta &uacute;ltima, una pel&iacute;cula excepcional) no devolvieron al cineasta a sus tiempos dorados como realizador, aunque la cr&iacute;tica sigue consider&aacute;ndolo un maestro de la gran pantalla. Desde hace a&ntilde;os, intenta sacar adelante un viejo proyecto, llevar al cine &lsquo;Ricardo II&rsquo; (obra de Shakespeare). Un proyecto&nbsp; que cuenta con un buen pu&ntilde;ado de pretendientes al trono, como posible reparto, pero con dificultades de financiaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Anthony Hopkins&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Una mirada de reptil y aquel siseo con el que se relam&iacute;a al recordar su &uacute;ltimo fest&iacute;n de carne humana. Aquellas fueron las coordenadas que llevaron a muchos, por primera vez, hasta el actor Sir Anthony Hopkins. Hasta el personaje que le dio a conocer ante el gran p&uacute;blico: el atildado y culto can&iacute;bal en serie, Hannibal Lecter. Fueron diecis&eacute;is minutos que pon&iacute;an, literalmente, los pelos de punta. Corr&iacute;an los a&ntilde;os 90 cuando lleg&oacute; a nuestras vidas &lsquo;El silencio de los corderos&rsquo;, un aut&eacute;ntico fen&oacute;meno DE taquilla que llev&oacute; a su director, Jonathan Demme, a consolidarse como una apuesta segura dentro del universo &lsquo;hollywoodense&rsquo; de la &eacute;poca. Hopkins gan&oacute; un Oscar, pero la buena prensa y el prestigio iban asociados a su carrera desde hac&iacute;a mucho tiempo. Llevaba a&ntilde;os demostrando su talento sobre las tablas (en especial, de la mano de las obras de Shakespeare), pero tambi&eacute;n en la gran pantalla. Naci&oacute; en el mismo pueblo gal&eacute;s que Richard Burton, su &iacute;dolo de talento arrollador, el espejo en el que siempre quiso verse reflejado. Estudi&oacute; en Londres, donde acab&oacute; ingresando en el Teatro Nacional. Fue la instituci&oacute;n en la que conoci&oacute; al gran Laurence Olivier, quien se convirti&oacute; en su padrino y mentor. Olivier le dio su gran oportunidad cuando confi&oacute; en Hopkins para sustituirle como protagonista en la representaci&oacute;n&nbsp; de &lsquo;La danza de la muerte&rsquo; (Strindberg, 1967).
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        Su talento o la buena suerte hizo que se viera envuelto en otra ocasi&oacute;n espl&eacute;ndida. De hecho, se podr&iacute;a decir que casi debut&oacute; en la gran pantalla a bordo de una obra maestra y rodeado de actores inmensos. Nos referimos a &lsquo;El Le&oacute;n en&nbsp; invierno&rsquo; (1968) donde interpret&oacute; a Ricardo Coraz&oacute;n de Le&oacute;n y comparti&oacute; cartel con Peter O&acute;Toole y con Katharine Hepburn. Particip&oacute; despu&eacute;s en &lsquo;Un puente Lejano&rsquo; (1977), se convirti&oacute; en el humanitario doctor Treves que rescata de la &lsquo;parada de los monstruos&rsquo; a &lsquo;El hombre elefante&rsquo; (1980) y atraves&oacute; los confines del alma humana para llegar &nbsp;a su otra punta y encarnar al inflexible y cruel teniente William Bligh, en &lsquo;Mot&iacute;n a bordo&rsquo; (1984). Despu&eacute;s de Hannibal Lecter llegaron sus personajes m&aacute;s ricos y complejos. &lsquo;Regreso a Howards End&rsquo; (1992) supuso su primer encuentro con el director James Ivory, dio vida a Mr Wilcox, el viudo con pasado que enamora a Emma Thompson y sufre, a su manera, en busca de redenci&oacute;n. Junto al cineasta brit&aacute;nico tambi&eacute;n realizar&iacute;a la que probablemente sea su m&aacute;s sutil y fascinante interpretaci&oacute;n: se meti&oacute; en la compleja piel del mayordomo Sr. Stevens en &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;. Fue, para muchos, el momento cumbre de su trayectoria. Sin embargo el actor tambi&eacute;n se ha prodigado en &eacute;xitos comerciales de todo pelaje, como en &lsquo;Leyendas de pasi&oacute;n&rsquo; (1994) o en &lsquo;&iquest;Conoces a Joe Black?&rsquo; (1998). Y ha devuelto a la vida a importantes personajes de todos los tiempos: &lsquo;Nixon&rsquo; (Oliver Stone, 1995), Picasso (James Ivory, &lsquo;Surviving Picasso&rsquo;, 1996), Ptolomeo (&lsquo;Alejandro Magno&rsquo; ,2004, Oliver Stone), &lsquo;Hitchcock&rsquo; (Sacha Gervasi, 2012) y Matusal&eacute;n (&lsquo;No&eacute;&rsquo;, Darren Aronofsky, 2014).
    </p><p class="article-text">
        Hopkins, devoto admirador de Olivier, acostumbra a desmitificar el oficio de actor como le gustaba hacer al primero. El gal&eacute;s cuenta que &ldquo;interpretar es describir a alguien&rdquo;, sencillamente. Sobrio desde hace d&eacute;cadas, amante de los viajes en coche (disfrutados en soledad), el actor ha estado casado tres veces y hoy se encuentra emocionalmente alejado de su &uacute;nica hija por motivos confusos. En cualquier caso, es un hombre que parece conservar la curiosidad intacta y con m&aacute;s de 80 a&ntilde;os se permite el lujo de cumplir sue&ntilde;os de juventud. Como aquel que le ha permitido grabar un disco con composiciones propias.
    </p><h3 class="article-text">Emma Thompson</h3><p class="article-text">
        Naci&oacute; en 1959 y lleva media vida interpretando a un buen pu&ntilde;ado de grandes, variados y singulares personajes. Su talento ha sabido reconocerse en la piel&nbsp; de un buen n&uacute;mero de mujeres completamente diferentes. La hemos admirado en la culta y equilibrada Margaret Schlegel (&lsquo;Regreso a Howards End&rsquo;) y en la razonable y discreta Elinor Dashwood (&lsquo;Sentido y Sensibilidad&rsquo;). Fue la testaruda y atormentada autora de Mary Poppins, P.L.Travers (&lsquo;Al Encuentro de Mr Banks&rsquo;) enfrentada a un Disney perseverante y Miss Kenton, una solitaria pero efervescente ama de llaves en &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;. En las ant&iacute;podas, supo encontrarle el carisma friqui a la profesora de adivinaci&oacute;n de Harry Potter y se dej&oacute; caer tambi&eacute;n en las extravagancias de una ni&ntilde;era surrealista, m&aacute;gica y malcarada (&lsquo;Nanny McPhee&rsquo;) a la que, por cierto, dio vida a trav&eacute;s de su pluma h&aacute;bil de guionista.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nacida en el seno de una familia de actores, estudi&oacute; literatura inglesa en Cambridge donde &lsquo;se alist&oacute;&rsquo; en el Footlights Group, una compa&ntilde;&iacute;a de teatro incubadora de grandes de la comedia brit&aacute;nica como algunos de los Monty Python. A principios de los 80 ya despunt&oacute; en un &lsquo;sketch&rsquo; c&oacute;mico de televisi&oacute;n, Alfresco, frecuent&oacute; la radio y cuando la d&eacute;cada estaba tocando a su fin, conoci&oacute;, se enamor&oacute; y se cas&oacute; con Kenneth Branagh, con quien rodar&iacute;a &lsquo;Enrique V&rsquo;, &eacute;xito fulgurante del actor y director. Sin embargo, Thompson alcanzar&iacute;a la gloria y el prestigio en los 90 gracias a t&iacute;tulos inolvidables como &lsquo;Regreso a Howards End&rsquo; (gan&oacute; el Oscar y el Globo de Oro), &lsquo;En el nombre del padre&rsquo;, donde encarn&oacute; a la abogada que logr&oacute; la exculpaci&oacute;n de los Cuatro de Guildford (acusados injustamente de atentados atribuidos al IRA) y &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;. Comparti&oacute; cartel en otras producciones con Branagh como en &lsquo;Morir todav&iacute;a&rsquo;, &lsquo;Los amigos de Peter&rsquo; o &lsquo;Mucho ruido y pocas nueces&rsquo;. En 1995 se llev&oacute; de nuevo la estatuilla por &lsquo;Sentido y Sensibilidad&rsquo; (Ang Lee), pero esta vez por haber escrito el mejor guion adaptado.
    </p><p class="article-text">
        Londinense de nacimiento, esta mujer inteligente, conocida por tener temperamento de protesta y ning&uacute;n pelo en la lengua, ha mostrado p&uacute;blicamente su decepci&oacute;n hacia Tony Blair por su papel en la Guerra de Irak. Ha denunciado en varias ocasiones la brecha salarial que sufren las actrices con respecto a sus compa&ntilde;eros de reparto. Trabaja habitualmente con refugiados y solicitantes de asilo y dice, de muy buen humor, que no le gusta Hollywood &ldquo;porque all&iacute; le hacen sentir gorda&rdquo;. Pol&iacute;ticamente incorrecta, y, sin embargo, Dama del Imperio Brit&aacute;nico.
    </p><h3 class="article-text">La secuencia</h3><p class="article-text">
        Miss Kenton es una profesional respetada, de reconocido prestigio. Una joven ama de llaves entusiasta, optimista sin estridencias, que nunca pierde la compostura. Pero la vida se le escapa a borbotones en aquella secuencia. &ldquo;No tiene a d&oacute;nde ir, no tiene familia&rdquo;, y se considera una cobarde&hellip; pero no. Aquel d&iacute;a le ha dado esquinazo a su fantasma particular, la soledad. Miss Kenton ha dado el paso, se ha acercado al Se&ntilde;or Stevens con una tonta excusa: conocer el nombre de la novela que el seco y fr&iacute;o mayordomo de la mansi&oacute;n Darlington Hall lee a escondidas. &Eacute;l se resiste a hablar, esquiva sin mover apenas un m&uacute;sculo el adem&aacute;n impertinente de la mujer que quiere alcanzar el libro. Ella insiste con su torpe e infantil coqueteo hasta que los dos quedan muy juntos. Demasiado. Y &eacute;l clava su mirada en ella. Con una tristeza infinita, agazapado en el deseo, dej&aacute;ndose marear por la tentaci&oacute;n. A punto, casi a punto de tocarla, pero sabiendo que no va a ser capaz de abandonar su refugio. Ese c&oacute;modo territorio en el que los d&iacute;as de trabajo se parecen unos a otros. Como eternos puntos suspensivos sin misterio, que solo conducen hacia el conocido y previsible sentido del deber.Es un instante sublime, de poderosa contenci&oacute;n, donde el cine late con v&eacute;rtigo.
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                </figure><h3 class="article-text">Contrapicado: a favor</h3><p class="article-text">
        Un universo de pasiones, deseos y temores se desata en el interior de los personajes de &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo;, pero al otro lado, en los pasillos y las estancias de Darlington Hall, apenas se puede percibir a trav&eacute;s del ojo de una cerradura. Es un viaje inolvidable por sentimientos mutilados, reprimidos, recogidos en un guion portentoso escrito por la estadounidense Ruth Prawer Jhabvala y basado en la novela del Premio Nobel de Literatura, Kazuo Ishiguro. Es un film que recoge una de las historias de amor m&aacute;s apasionantes jam&aacute;s contadas en el s&eacute;ptimo arte precisamente porque contiene la respiraci&oacute;n, nunca llega a suceder. El miedo a elegir la oportunidad equivocada es m&aacute;s poderoso que cualquier instinto de supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;Lo que queda del d&iacute;a&rsquo; es una producci&oacute;n donde destacan la esmerada direcci&oacute;n art&iacute;stica y el minucioso retrato de una &eacute;poca. Y una oportunidad &uacute;nica para asomarse a uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s oscuros de la historia de Inglaterra a trav&eacute;s &nbsp;de los ojos de aquellos que no pod&iacute;an opinar nada al respecto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Picado: en contra</h3><p class="article-text">
        Estamos ante una pel&iacute;cula extraordinariamente contada, pero puede marcar ciertas distancias con muchos espectadores que necesitan satisfacer su curiosidad de forma inmediata. El film de Ivory, sin embargo, est&aacute; labrado sobre peque&ntilde;os gestos que descubren secretos del alma, con rid&iacute;culas an&eacute;cdotas donde intuimos la procesi&oacute;n que va por dentro, de bajezas que no se castigan para satisfacci&oacute;n de los bienintencionados. No es un drama costumbrista al uso. No es tan solo una pel&iacute;cula de &eacute;poca, tampoco un precioso marco para contener una historia de amor convencional. No tiene intenci&oacute;n de denunciar desigualdades sociales, despotismos varios ni cr&iacute;menes contra la humanidad. M&aacute;s bien es una pel&iacute;cula para los que encuentran un encendido y secreto deleite en esperar, en descubrir sucesos extraordinarios en momentos cotidianos. Es una cinta inc&oacute;moda, quiz&aacute;s desgarradora, para aquellos que tienen la certeza de haber errado el camino.
    </p><h3 class="article-text">Simbiosis sonora</h3><p class="article-text">
        Richard Robbins fue el compositor de cabecera de la productora Merchant-Ivory y, de hecho, su m&uacute;sica forma parte del ADN del cine de aquella afortunada conjunci&oacute;n de artistas. La bell&iacute;sima composici&oacute;n de Lo que queda del d&iacute;a&rsquo; fue reconocida con una candidatura a los Premios Oscar, invitaba a realizar un nost&aacute;lgico y resignado recorrido por temas que &ldquo;sugieren arrepentimiento, ocasiones perdidas y el paso del tiempo&rdquo;, en palabras de su autor.
    </p><h3 class="article-text">Ojo al dato</h3><p class="article-text">
        Antes de que la producci&oacute;n de la pel&iacute;cula fuera a parar a Merchant-Ivory, Mike Nichols fue el encargado dirigir la cinta. En aquella &eacute;poca se pens&oacute; en Jeremy Irons y en Meryl Streep como protagonistas. Todo un misterio intentar imaginar hacia qu&eacute; derroteros emocionales hubiera conducido la pel&iacute;cula con esta fabulosa pareja de actores. Sin embargo, el productor indio y el realizador norteamericano apostaron por el rostro y el talento de Hopkins / Thompson para dar vida al mayordomo y a la ama de llaves, t&aacute;ndem con el que trabajaron en &lsquo;Regreso a Howards End&rsquo;.
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        El otro gran protagonista de la cinta, Darlington Hall, tambi&eacute;n ten&iacute;a que responder al concepto de mansi&oacute;n ideal de un director tan detallista y minucioso como Ivory. &nbsp;El cineasta buscaba salas y pasillos repletos de intensos colores y una imponente y laber&iacute;ntica parte trasera, donde habitara el servicio. Encontr&oacute; su palacio hilvanando en su pel&iacute;cula las estancias de cinco casas se&ntilde;oriales diferentes.
    </p><h3 class="article-text">Retrato del h&eacute;roe</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Sin ella, estar&iacute;a perdido&rdquo;, explica el Se&ntilde;or Stevens sin dejar de disimular. Esconde su pasi&oacute;n detr&aacute;s de su mirada-muro, su amaneramiento profesional y una insolencia siempre oportuna a la hora de mantenerse alejado de la tentaci&oacute;n. Es el perfecto mayordomo: discreto, terriblemente eficaz, aut&oacute;mata. Un tipo con el horizonte colocado sobre el sentido del deber, listo para limpiarle el polvo en todo momento. &ldquo;Siempre hubo trabajo, trabajo y m&aacute;s trabajo. Y continuar&aacute; siendo as&iacute;. No me cabe la menor duda&rdquo;, le explica, a &uacute;ltima hora, a la mujer que ama.
    </p><p class="article-text">
        El Se&ntilde;or Stevens, con la pinta en la mano, es un fanfarr&oacute;n a medio gas, un prepotente con verg&uuml;enza. Un fiero guardi&aacute;n de su precioso y escaso tiempo privado, un hijo servil, un amante esquivo, el representante de un pueblo al que le quieren quitar la voz antes de comenzar a hablar.&nbsp;Es un c&iacute;nico al que le entran las prisas cuando ve que se acerca el final, perdiendo el norte hasta convertirse en un ingenuo de solemnidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/diseccion-queda-dia-james-ivory_132_1849140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Nov 2018 10:45:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Lo que queda del día’, de James Ivory: amor sin suceder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El sacrificio de un ciervo sagrado’, de Yorgos Lanthimos: cómo aceptar un castigo inexplicable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/sacrificio-sagrado-yorgos-lanthimos-castigoinexplicable_132_1869670.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77c53693-0114-4e1e-a405-b2404fd778c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El sacrificio de un ciervo sagrado’, de Yorgos Lanthimos: cómo aceptar un castigo inexplicable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nicole Kidman y Colin Farrell protagonizan esta versión hiper-modernizada y perturbadora del mito griego de Ifigenia</p><p class="subtitle">El director importa el ángel exterminador de Buñuel y lo convierte en una parálisis que nadie puede diagnosticar salvo una maldición secular</p></div><p class="article-text">
        Hay pel&iacute;culas que se ponen tremendistas pero no enga&ntilde;an. No podemos pedirle explicaciones a una historia que no las promete en ning&uacute;n momento. Ah&iacute; reside la honestidad del cine pero tambi&eacute;n la del espectador. Lo hace en paralelo a la mitolog&iacute;a de la cual han sabido beber, casi hasta atrangantarse, cineastas como Darren Aronofosky. Lo hace el cineasta griego Yorgos Lanthimos tambi&eacute;n en esta ocasi&oacute;n. La diferencia es la respuesta, o mejor dicho, que no la haya. Podemos rascar hasta el infinito las numerosas capas de &lsquo;El sacrificio de un ciervo sagrado&rsquo; para resolver el estupor que nos envuelve desde el principio. Y solo encontraremos m&aacute;s preguntas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sabemos, por las propias referencias que da el guion, que &lsquo;El sacrificio de un ciervo sagrado&rsquo; es una revisi&oacute;n moderna del mito de Ifigenia, hija del rey Agamen&oacute;n, y supuestamente sacrificada por este &uacute;ltimo para calmar la ira de la diosa Artemisa, quien paraliz&oacute; las naves reales en su viaje a Troya por haber matado a un ciervo. Eso sabemos. Y es mucho saber. Lo suficiente para subirse a la c&aacute;mara mastod&oacute;ntica de Lanthimos y recorrer los mareantes pasillos blancos de un hospital vertiginoso, donde el cirujano cardiovascular Steven Murphy (Colin Farrell) se adentra en el infierno. Una vez cometi&oacute; un error, de alguna forma lo intuye, y abre las puertas de su propio lastre a un inquietante joven, Martin (Barry Keoghan) y con ello a toda su familia.
    </p><p class="article-text">
        Espacios extra&ntilde;os, silencios desquiciantes, violines desafinados en forma de palabras, di&aacute;logos cr&iacute;pticos, resonancias del Stanley Kubrick m&aacute;s aterrador, situaciones sin explicaci&oacute;n que aceptamos como un destino fatal. Lanthimos importa el &aacute;ngel exterminador de Bu&ntilde;uel y lo convierte en una par&aacute;lisis que nadie puede diagnosticar salvo una maldici&oacute;n que ha pervivido a lo largo de los siglos. La impavidez de los personajes, muy caracter&iacute;stica del cine del director griego, no es aqu&iacute; cotidiana y hasta c&oacute;mica como en &lsquo;Canino&rsquo;, o fren&eacute;tica y dist&oacute;pica como en &lsquo;Langosta&rsquo;, sino terror&iacute;fica y astuta. Quien mejor lo demuestra es Nicole Kidman: brilla de manera especial en esa forma de arrastrar su aparente perfecci&oacute;n maternal, solo una m&aacute;scara de algo que no es capaz de afrontar porque duele sin matar, es decir, duele hasta el infinito.
    </p><p class="article-text">
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        Los ni&ntilde;os Raffey Cassidy y Sunny Suljic, convertidos en m&aacute;rtires del incompasivo Lanthimos, convierten la pel&iacute;cula en no apta para est&oacute;magos sensibles. Ojo, no por casquer&iacute;a. Esta tragedia es eso, drama, tristeza y estupor que da miedo, casi un miedo infantil, irracional. Como la escena final, de un mutismo tan sangrante como los ojos de un peque&ntilde;o convertido en m&aacute;rtir, en la v&iacute;ctima-reptil de una venganza que funciona con sus propias reglas, imposibles de romper sin convertir en un caos el propio universo familiar.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que el cineasta griego, como Haneke, como Kubrick, no hace precisamente un cine sencillo. Su m&eacute;rito es conseguir que el enigma repose en la mente, inquieto y perturbador. Revolvi&eacute;ndose porque intenta entenderse a s&iacute; mismo. Lo hemos dicho en otras ocasiones. Es importante aceptar el misterio cuando nos lo ofrecen en bandeja. Es como hacer un trato con la pel&iacute;cula. Dejar que te gu&iacute;e sin mentiras sin el porte estrafalario de una explicaci&oacute;n eterna y rocambolesca. Tambi&eacute;n podemos convertirnos as&iacute; en la Ifigenia de esta pel&iacute;cula. El sacrificio tambi&eacute;n somos nosotros, condenados a no saber.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/sacrificio-sagrado-yorgos-lanthimos-castigoinexplicable_132_1869670.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Oct 2018 13:51:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘El sacrificio de un ciervo sagrado’, de Yorgos Lanthimos: cómo aceptar un castigo inexplicable]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Una mujer fantástica’ de Sebastián Lelio: la voz de los marginados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mujer-fantastica-sebastian-lelio-marginados_132_1895984.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc9b954c-c330-4280-87c5-c839c1f0a22d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Una mujer fantástica’ de Sebastián Lelio: la voz de los marginados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cineasta chileno compone un intenso drama de conocimiento personal en torno a la figura de Marina, una mujer transexual</p><p class="subtitle">Daniela Vega descarga toda su empatía interpretativa con un personaje que la ha hecho conocida en todo el mundo</p></div><p class="article-text">
        Es pr&aacute;cticamente imposible no recordar 'Laurence Anyways', de Xavier Dolan, al visionar 'Una mujer fant&aacute;stica'. Y no s&oacute;lo porque ambos personajes protagonistas sean transexuales, sino porque el chileno Sebasti&aacute;n Lelio logr&oacute; crear una atm&oacute;sfera &uacute;nica en medio de un Santiago oscuro para contarnos la historia de Marina (Daniela Vega), una mujer transexual que est&aacute; enamorada de Orlando (Francisco Reyes), un hombre mayor que colapsa y muere en sus brazos. De esto nos hablan los colores en esta obra que llega hasta lo m&aacute;s hondo de una sociedad que tiene problemas para esconder una transfobia latente. &ldquo;No entiendo lo que eres&rdquo;, le espeta Bruno (Nicol&aacute;s Saavedra), el hijo de Orlando, a Marina.
    </p><p class="article-text">
        Marina se enfrenta a la muerte de su amante despu&eacute;s de celebrar un cumplea&ntilde;os, hacer el amor y mirar con optimismo hacia su futuro. La muerte de Orlando hace que la burbuja en la que nos presentan a los personajes se reviente y nos muestre la realidad de de la protagonista, una cantante de &oacute;pera que trabaja como camarera. Ella es consciente de su conflicto; es consciente de la dificultad que supone ser una mujer transexual. Por eso, huye cuando muere su amante, tras las miradas de sospecha de los m&eacute;dicos que reciben a Orlando. Por eso, esconde su dolor en una ins&iacute;pida cabina de ba&ntilde;o p&uacute;blico de una cl&iacute;nica sin nombre.
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        &iquest;C&oacute;mo retratar la transfobia? &iquest;C&oacute;mo entrar en este universo tan particular y olvidado? Cabe recordar que 'Una mujer fant&aacute;stica' fue un hito hist&oacute;rico para el cine chileno, sin recurrir a los temas m&aacute;s comunes: la pobreza, la dictadura o la transici&oacute;n a la democracia. En este sentido es una bocanada de aire fresco, pero que no permite bajar la guardia. Porque la importancia de esta mujer fant&aacute;stica no s&oacute;lo recae en lo impecable de los planos con los que trabaja Lelio, la pulcra elecci&oacute;n del elenco y una Daniela Vega magistral, sino en dirigirnos hacia los problemas de los m&aacute;s marginados. Y si a esto, le sumamos canciones tan magistrales como 'Natural Woman' de Aretha Franklin, tenemos un trabajo que no deber&iacute;a dejar a nadie indiferente.
    </p><p class="article-text">
        Es imposible olvidar la escena de la camioneta, del 'pseudosecuestro' perpetrado por los familiares de Orlando despu&eacute;s de que Marina intente acudir al velatorio de su pareja. &ldquo;Para m&iacute;, en esto hay pura perversi&oacute;n no m&aacute;s. Disc&uacute;lpame, pero cuando te veo no s&eacute; lo que veo. Una quimera. Eso es lo que veo. Perdona&rdquo;, le espeta la expareja de Orlando, Sonia (Aline K&uuml;ppenheim). &ldquo;T&uacute; no vas a ir a ning&uacute;n velorio, entiende &iquest;C&oacute;mo quieres que te lo diga? &iexcl;Daniel!&rdquo;. Daniel, la identidad abandonada, un gui&ntilde;o a la vida de Daniela Vega, el insulto m&aacute;s profundo. La hostilidad que recibe Marina por parte de esta familia empieza con palabras y acaba con una escena de violencia tan cruda que dejar&aacute; al espectador tiritando.
    </p><p class="article-text">
        Marina sigue en la b&uacute;squeda de un secreto, algo que puede ser un tesoro que le ha dejado Orlando, un fantasma que se le aparece de noche y de d&iacute;a, en sus momentos m&aacute;s vulnerables. Un fantasma que no la abandona cuando recibe visitas de la Polic&iacute;a y cuando es obligada a desnudarse para descartar que su relaci&oacute;n con su novio fuese de violencia y agresi&oacute;n. La lucha constante de una mujer que finalmente ve c&oacute;mo su futuro se ilumina en una de las salas de espect&aacute;culos. Esa es la historia que hay que buscar en 'Una mujer fant&aacute;stica', ese es el mensaje. Teniendo todo en su contra, Marina logra salir adelante, su car&aacute;cter as&iacute; lo permite, porque es el resultado de una historia que es realmente la historia de todos aquellos &ldquo;marginados&rdquo; como ella.
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        Y la m&uacute;sica. El arte. As&iacute; se lo dice su profesor de canto cuando en un momento de flaqueza va a visitarlo: &ldquo;&iquest;Viniste a mejorar tu t&eacute;cnica o a esconderte del mundo?&rdquo;. &ldquo;Yo no tengo problema en que vengas tarde, mal y nunca. Pero yo soy tu profesor de canto. L&iacute;rico&rdquo;. &ldquo;Y no eres mi psic&oacute;logo y no eres mi pap&aacute;. Chuta, y a qu&eacute; vine entonces?&rdquo;. &ldquo;El amor no se puede buscar&rdquo;, remata el profesor. Y la pantalla se ilumina con un rostro diferente de Marina, que comienza a cantar enfundada en un vestido vaquero, movida por el amor, por la desesperanza y la soledad, y luego se nos muestra a una mujer que debe luchar contra una r&aacute;faga de viento, que la hace doblarse y casi perder el equilibrio. Una met&aacute;fora del viento santiaguino para mostrar la fortaleza de una forma fant&aacute;stica. Y la voz de Daniela Vega cierra tambi&eacute;n la pel&iacute;cula, sin haber dejado a nadie indiferente, ni siquiera en la alfombra roja de los &Oacute;scar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisca Bravo Miranda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mujer-fantastica-sebastian-lelio-marginados_132_1895984.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Oct 2018 08:30:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Una mujer fantástica’ de Sebastián Lelio: la voz de los marginados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Mystic River’, de Clint Eastwood: a veces un hombre es solo un niño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mystic-river-clint-eastwood-hombre_132_1925021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b1eb9a9-7d2a-4bf9-b2a0-6b669c30de93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Mystic River’, de Clint Eastwood: a veces un hombre es solo un niño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diseccionamos una de las mejores películas del gran cineasta estadounidense, tan conservadora como reveladora</p><p class="subtitle">Sean Penn, Tim Robbins y Kevin Bacon conforman el trío protagonista de este viaje emocional plagado de traumas</p></div><h3 class="article-text">El meollo</h3><p class="article-text">
        Tres ni&ntilde;os juegan al hockey en una calle de una barriada de Boston. Cuando la pelota se cuela por una alcantarilla deciden&nbsp;entretenerse grabando sus nombres en el cemento todav&iacute;a h&uacute;medo de una baldosa de la acera. Jimmy y Sean (futuros Sean Penn y Kevin Bacon) as&iacute; lo hacen, pero mientras Dave (futuro Tim Robbins) todav&iacute;a no ha escrito la segunda letra del suyo aparece un&nbsp;supuesto polic&iacute;a que les increpa su acci&oacute;n y obliga a este &uacute;ltimo a subir al coche. Ocurre algo espantoso, algo que conmociona al barrio y que marca la vida de Dave. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s,&nbsp;las vidas de los tres volver&aacute;n a cruzarse por el asesinato de la hija adolescente de Jimmy, cuya investigaci&oacute;n recae en el ahora polic&iacute;a Sean.
    </p><p class="article-text">
        El paso del tiempo, las dudas inconexas, las fatales coincidencias, la interpretaci&oacute;n propia de los actos ajenos, los traumas de la ni&ntilde;ez y un destino malparado har&aacute;n que&nbsp;la p&eacute;rdida de la inocencia quede suspendida en un interrogante eterno, en una imposible vuelta atr&aacute;s. El gran Clint Eastwood abri&oacute; las siete llaves del ba&uacute;l donde hab&iacute;a atesorado todas sus grandes inquietudes sobre la moral y la justicia cuando hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os rod&oacute; esta adaptaci&oacute;n de la&nbsp;novela de&nbsp;Dennis Lehane. Sombr&iacute;a, conmovedora, tramposa y emocionalmente contenida y afilada, su&nbsp;asombroso reparto y una direcci&oacute;n entregada por completo al sufrimiento&nbsp;del espectador, la convirtieron en una de las obras maestras del nuevo siglo y de toda la filmograf&iacute;a del cineasta norteamericano.
    </p><h3 class="article-text">Detr&aacute;s de las c&aacute;maras</h3><p class="article-text">
        El viejo Frankie Dunn nos sacudi&oacute; el alma cuando le dijo aquello de &ldquo;Mi hija, mi sangre&rdquo; (&ldquo;Mo Cuishle&rdquo;) a la moribunda Maggie en&nbsp;&lsquo;Million Dollar Baby&rsquo;. Aquel fue un instante cinematogr&aacute;fico tan brutalmente intenso y bello que supimos&nbsp;reconocer en &eacute;l al genio, a la obra maestra, ese momento fugaz, inolvidable que solo unos pocos artistas saben alcanzar. Aquella fue una pel&iacute;cula sobre boxeo, que parec&iacute;a aburrida, pero que tuvo la astucia suficiente como para hablar de la humanidad que hay en la muerte. Y es que&nbsp;&ldquo;El hombre sin nombre&rdquo; de la&nbsp;Trilog&iacute;a del D&oacute;lar (Sergio Leone) es hoy uno de los cineastas que mejor sabe retarnos con cada una de las pel&iacute;culas que crea.&nbsp;Las plantea como un desaf&iacute;o para nuestra conciencia, un derechazo imp&iacute;o para nuestras emociones.&nbsp;Porque nadie como Clint Eastwood sabe meternos en aut&eacute;nticos berenjenales morales, en historias perdidamente amargas o rom&aacute;nticas, en narraciones crudas y vigorosas que nunca pierden la calma. Si el h&eacute;roe del spagueti-western era un tipo de silencios, el cineasta le sigue la huella porque el estilo de Eastwood es as&iacute;, como &lsquo;El Sucio&rsquo;,&nbsp;de pocas palabras y apenas detalles, con personajes que cobran vida en la imaginaci&oacute;n del espectador (pues se merecen un respeto) y de tomas que aspiran a ser &uacute;nicas. &ldquo;Otros ruedan muchas por la falta de confianza en lo que quieren&rdquo;, fanfarronea el viejo Eastwood.
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        Debut&oacute; como director en 1971 con&nbsp;&lsquo;Escalofr&iacute;o en la noche&rsquo;.&nbsp;Sorprendi&oacute; al mundo con la biograf&iacute;a de Charlie Parker en&nbsp;&lsquo;Bird&rsquo;&nbsp;(1988); hizo que nos estremeci&eacute;ramos mirando por un retrovisor en la rom&aacute;ntica&nbsp;&lsquo;Los puentes de Madison&rsquo;&nbsp;(1995) y&nbsp;sobrevivi&oacute; magistralmente a la muerte del western en&nbsp;&lsquo;Sin perd&oacute;n&rsquo;&nbsp;(1992). Pero adem&aacute;s, el fino sentido del humor de Eastwood se super&oacute; y perfeccion&oacute; el acento c&iacute;nico para retratar a las gentes de Savannah. Aquella proeza la hizo en la fabulosa&nbsp;&lsquo;Medianoche en el jard&iacute;n del bien y del mal&rsquo;&nbsp;(1997).&nbsp;&lsquo;Cartas desde Iwo Jima&rsquo; (2006) nos sumergi&oacute; en un laberinto de t&uacute;neles nipones para&nbsp;dejarnos al descubierto las atrocidades de la guerra&nbsp;y pasamos al bando contrario, al norteamericano, para cuestionar la &eacute;pica de papel que hay tras la propaganda b&eacute;lica (&lsquo;Banderas de nuestros padres&rsquo;). Despu&eacute;s, logr&oacute; atrapar, en todas sus dimensiones a&nbsp;una de las figuras clave de la historia norteamericana, Hoover, en&rsquo;&nbsp;J. Edgar&rsquo;, y supo sacarle partido a una an&eacute;cdota hist&oacute;rica, un Campeonato del Mundo de Rugby donde descubrimos la grandeza de Nelson Mandela en&nbsp;&lsquo;Invictus&rsquo;. Grandes decepciones se sucedieron con &lsquo;American Sniper&rsquo; y &lsquo;Jersey Boys&rsquo; , la biograf&iacute;a de Frankie Valli y su m&iacute;tica banda The Four Seasons. Ha habido quien se ha preguntado qu&eacute; se le ha perdido al director en un musical. Probablemente nada, pero por qu&eacute; no proba, como le sucedi&oacute; con &lsquo;Sully&rsquo;, la historia de un h&eacute;roe cuestionado.&nbsp;No todo el mundo tiene 88 a&ntilde;os a sus espaldas, una carrera valiente&nbsp;y una creatividad que no se puede contener. Como &eacute;l mismo dice, por si acaso, &ldquo;nunca dejo entrar al viejo en casa&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Sean Penn</h3><p class="article-text">
        Dos d&eacute;cadas tard&oacute; Hollywood en aprender a admirar, valorar y poner en su sitio al que hoy en d&iacute;a es&nbsp;uno de los mejores actores de su generaci&oacute;n. Su rostro de t&iacute;o duro vulnerable, ojos m&iacute;nimos y claros, la forma en que ha sabido sacudirse todos los sambenitos que le han querido colgar y su&nbsp;f&eacute;rreo compromiso con causas sociales y pol&iacute;ticas, le han convertido en un actor que traspasa sus personajes, sin un m&eacute;todo claro pero con rabia asoladora y un carisma fuera de serie. Aunque nacido en Burbank (California) en 1960, sus or&iacute;genes pasan por Irlanda, Italia y Lituania. Hijo del maltratado cineasta Leo Penn, y de la actriz Eileen Ryan,&nbsp;todos sus primeros pasos parec&iacute;an encaminarse hacia el mundo de la interpretaci&oacute;n, aunque no fue as&iacute; en un principio. Sean Justin Penn decidi&oacute; explorar terrenos tan diversos como el surf, la m&uacute;sica y la mec&aacute;nica.
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                </figure><p class="article-text">
        Cuando quiso dedicarse a la actuaci&oacute;n, como tambi&eacute;n har&iacute;a su hermano Chris Penn, decidi&oacute; formarse en Los &Aacute;ngeles y despu&eacute;s mudarse a Nueva York, donde realizar&iacute;a sus&nbsp;primeras interpretaciones teatrales en Broadway, que fueron un aut&eacute;ntico fracaso. Pese a ello, defendi&oacute; los a&ntilde;os de esfuerzo que hab&iacute;a dedicado a darle forma a su talento, y apost&oacute; por Hollywood, debutando en los largometrajes&nbsp;&lsquo;Taps&rsquo;, &lsquo;M&aacute;s all&aacute; del honor&rsquo;&nbsp;(1981),&nbsp;&lsquo;Aquel excitante curso&rsquo;&nbsp;(1982) y&nbsp;&lsquo;Bad Boys&rsquo;&nbsp;(1983). Mantuvo un list&oacute;n cuantitativo de hasta dos pel&iacute;culas por a&ntilde;o que, debido a su dudosa calidad,&nbsp;poco o nada aportaron a su carrera, llegando su proyecci&oacute;n a la fama de la mano de&nbsp;&lsquo;Shanghai Surprise&rsquo; y de su tormentoso matrimonio con su compa&ntilde;era de reparto, la cantante Madonna, en 1986. Discusiones p&uacute;blicas, peleas publicadas a toda p&aacute;gina y hasta una condena por agredir a un periodista, hicieron a Sean Penn&nbsp;tristemente conocido por aquellos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Se divorci&oacute; de la diva del pop, pero no de su mala fama, y tuvo que&nbsp;recurrir a amigos y conocidos como Dennis Hopper o Brian de Palma&nbsp;para conseguir algunos papeles, como el de&nbsp;&lsquo;Colors&rsquo;&nbsp;(1988) o&nbsp;&lsquo;Corazones de hierro&rsquo;&nbsp;(1989), respectivamente. Tras casarse con la actriz Robin Wright, a quien conoci&oacute; en&nbsp;&lsquo;El clan de los irlandeses&rsquo;, anunci&oacute; una retirada del mundo del cine, que finalmente no cumplir&iacute;a pero que lo mantuvo alejando de los focos durante tres a&ntilde;os. A su regreso, ya con treinta a&ntilde;os,&nbsp;sorprendi&oacute; a los recelosos iniciando en paralelo dos carreras: la de director (con grandes t&iacute;tulos como&nbsp;&lsquo;Cruzando la oscuridad&rsquo;,&nbsp;&lsquo;El juramento&rsquo;&nbsp;y su cap&iacute;tulo en&nbsp;&lsquo;11&rsquo;09&rsquo;&rsquo;01. Once de septiembre&rsquo;, ganador del Festival de Venecia); y la de int&eacute;rprete todoterreno y transmutado.&nbsp;Su papel del reo Mathew Poncelet en&nbsp;&lsquo;Pena de muerte&rsquo;&nbsp;(1995), dirigida por el tambi&eacute;n actor Tim Robbins, le hizo meterse a la cr&iacute;tica en el bolsillo y le allan&oacute; el camino para&nbsp;una grand&iacute;sima carrera a finales de siglo, donde destacaron&nbsp;&lsquo;Giro al infierno&rsquo; (1997), de Oliver Stone;&nbsp;&lsquo;Atrapado entre dos hombres&rsquo;&nbsp;(1997), de Nick Cassavetes;&nbsp;&lsquo;La delgada l&iacute;nea roja&rsquo;&nbsp;(1998), de Terrence Malick; o&nbsp;&lsquo;Acordes y desacuerdos&rsquo;, de Woody Allen (1999). El cambio de milenio tan solo sirvi&oacute; para confirmar su imparable ascenso como int&eacute;rprete, realizando en el mismo a&ntilde;o las que consideramos&nbsp;las dos mejores actuaciones de su carrera: en&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo;, de Clint Eastwood, (por la que consigui&oacute; su primer Oscar) y en&nbsp;&lsquo;21 gramos&rsquo;, de Alejandro Gonz&aacute;lez I&ntilde;&aacute;rritu (ambas de 2003). Con Sidney Pollack en&nbsp;&lsquo;La int&eacute;rprete&rsquo;&nbsp;y con Gus Van Sant en&nbsp;&lsquo;Mi nombre es Harvey Milk&rsquo;, que le proporcion&oacute; su segunda estatuilla dorada, sigui&oacute; experimentando registros. Destacables son sus apenas ocho minutos de aparici&oacute;n en&nbsp;&lsquo;El &aacute;rbol de la vida&rsquo;, repitiendo con Malick, o en&nbsp;&lsquo;Un lugar donde quedarse&rsquo;, de Paolo Sorrentino. Sigue poniendo cara a numerosos proyectos solidarios y demostrando, ahora s&iacute;, que no hay ruptura entre la fama, el talento y el hacerse respetar.
    </p><h3 class="article-text">Tim Robbins</h3><p class="article-text">
        De origen tambi&eacute;n californiano, Timothy Francis Robbins naci&oacute; all&iacute; en 1958 pero se cri&oacute; en Nueva York, en una&nbsp;familia de artistas y m&uacute;sicos, donde destacaba su padre, el cantante de folk del Greenwich Village neoyorkino, Gil Robbins. Manifest&oacute; su deseo de dedicarse al mundo del cine pr&aacute;cticamente desde su infancia, por lo que&nbsp;tan solo con 12 a&ntilde;os ya interpretaba obras de teatro en el Theatre New City de la Gran Manzana. Sus inquietudes pol&iacute;ticas tambi&eacute;n formaron parte de su formaci&oacute;n como actor, escritor y cineasta comprometido, toda&nbsp;una carrera de protestas sociales&nbsp;que inici&oacute; formando en 1981 la compa&ntilde;&iacute;a teatral Actor&rsquo;s Gang, que se encarg&oacute; de dar voz a obras vanguardistas de contenido sociopol&iacute;tico. En cuanto a su trayectoria como actor fuera de las tablas, durante toda la d&eacute;cada de los 80 no pas&oacute; de apariciones en televisi&oacute;n (&lsquo;Canci&oacute;n triste de Hill Street&rsquo;&nbsp;y&nbsp;&lsquo;Luz de luna&rsquo;, entre otras series) y de&nbsp;algunos papeles secundarios en la gran pantalla, como en&nbsp;&lsquo;Click, click&rsquo;&nbsp;(1984),&nbsp;&lsquo;Top Gun&rsquo;&nbsp;(1986), o&nbsp;&lsquo;Howard, un nuevo h&eacute;roe&rsquo;&nbsp;(1986).
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        A finales de la d&eacute;cada conoci&oacute; a la tambi&eacute;n actriz y activista&nbsp;Susan Sarandon, con la que mantuvo una relaci&oacute;n sentimental hasta el a&ntilde;o 2009&nbsp;y con la que ha protagonizado numerosas acciones en defensa de los derechos humanos. Ambos compartieron cartel en&nbsp;&lsquo;Los b&uacute;falos de Durnham&rsquo;&nbsp;(1988), que marc&oacute; en buena medida el inicio de la gran carrera de Robbins como actor y director. Aunque alternando todo tipo de papeles, de mayor o menor proyecci&oacute;n y creatividad,&nbsp;su gran estatura (literal y figurada) qued&oacute; maravillosamente plasmada en papeles inolvidables&nbsp;como&nbsp;&lsquo;La escalera de Jacob&rsquo;&nbsp;(1990),&nbsp;&lsquo;El juego de Hollywood&rsquo;&nbsp;(1992),&nbsp;&lsquo;Cadena perpetua&rsquo;&nbsp;(1994),&nbsp;&lsquo;Arlington Road. Temer&aacute;s a tu vecino&rsquo;&nbsp;(1999),&nbsp;&lsquo;Alta Fidelidad&rsquo;&nbsp;(2000),&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo; (2003), por la que&nbsp;conseguir&iacute;a un Oscar como Mejor actor de reparto;&nbsp;&lsquo;La vida secreta de las palabras&rsquo;&nbsp;(2005), uno de sus mejores papeles, de la mano de la espa&ntilde;ola Isabel Coixet; o&nbsp;&lsquo;Back to 1942&rsquo;&nbsp;(2012). Como director, tras debutar con la&nbsp;s&aacute;tira pol&iacute;tica o falso documental&nbsp;&lsquo;Ciudadano Bob Roberts&rsquo;&nbsp;(1992), que tambi&eacute;n protagoniz&oacute;, jug&oacute; su mejor baza dram&aacute;tica y taquillera con&nbsp;&lsquo;Pena de muerte&rsquo;&nbsp;(1995), que consigui&oacute; cuatro nominaciones a los Oscar, ayud&oacute; a consolidar la carrera de Sean Penn, y le otorg&oacute; un premio dorado a su compa&ntilde;era Susan Sarandon. Con sus dos pel&iacute;culas posteriores tras las c&aacute;maras tambi&eacute;n demostr&oacute; su firme declaraci&oacute;n de amor al teatro en&nbsp;&lsquo;Abajo el tel&oacute;n&rsquo;&nbsp;(1999) y&nbsp;su inalterable compromiso con el pacifismo&nbsp;en el documental&nbsp;&lsquo;Embedded / Live&rsquo;&nbsp;(2005). Sigui&oacute; apostando por los cineastas espa&ntilde;oles rodando a las &oacute;rdenes de un director espa&ntilde;ol, como&nbsp;protagonista del drama social&nbsp;&lsquo;A Perfect Day&rsquo;, de Fernando Le&oacute;n de Aranoa.
    </p><h3 class="article-text">Kevin Bacon</h3><p class="article-text">
        No hemos comprobado cu&aacute;ntos grados de separaci&oacute;n tendr&iacute;amos (si estuvi&eacute;ramos en IMDb) con este actor de Filadelfia&nbsp;hecho a s&iacute; mismo a base de grandes logros y tropiezos. Lo que s&iacute; sabemos es que tiene a sus espaldas una carrera impresionante que merece, cuanto menos,&nbsp;que se le dediquen m&aacute;s elogios de los que normalmente recibe. Lo cierto es que Kevin Norwood Bacon se cri&oacute; en un n&uacute;cleo familiar muy tradicional y conservador que hizo que sus inicios en el mundo de la interpretaci&oacute;n fueran bastante duros. Comenz&oacute; haciendo&nbsp;algunas obras de teatro durante su adolescencia&nbsp;hasta que se hizo con un papel muy breve en el reparto de la generacional y atolondrada&nbsp;&lsquo;Desmadre a la americana (Animal House)&rsquo;,&nbsp;en&nbsp;1978. A partir de ese momento aument&oacute; el n&uacute;mero de castings para los que era convocado y tras entrar en los a&ntilde;os 80 con algunos t&iacute;tulos importantes como&nbsp;&lsquo;Viernes 13&rsquo;&nbsp;(1980),&nbsp;comenz&oacute; a hacerse valer entre la cr&iacute;tica por su fabuloso papel en el drama sobre la amistad&nbsp;&lsquo;Diner&rsquo;&nbsp;(1982), de Barry Levinson. No obstante, muy alejado de ese registro anterior, la fama mundial comenzar&iacute;a a acompa&ntilde;arle interpretando a un&nbsp;joven apasionado del baile en la chisposa&nbsp;&lsquo;Footloose&rsquo;&nbsp;(1984), demostrando su enorme versatilidad para alternar comedias y dramas a lo largo de toda su carrera.
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        Ya en los a&ntilde;os 90, Bacon&nbsp;se convertir&iacute;a en carne de thriller apareciendo en taquillazos&nbsp;como&nbsp;&lsquo;L&iacute;nea mortal&rsquo;&nbsp;(1990),&nbsp;&lsquo;J.F.K. Caso abierto&rsquo;&nbsp;(1991),&nbsp;&lsquo;Algunos hombres buenos&rsquo; (1992),&nbsp;&lsquo;Homicidio en primer grado&rsquo;&nbsp;(1995) y en&nbsp;una de sus interpretaciones m&aacute;s majestuosas, la del cruel vigilante de la maravillosa&nbsp;&lsquo;Sleepers&rsquo;&nbsp;(1996), repitiendo con Barry Levinson como director. Trabajador incansable (de ah&iacute; el denominado&nbsp;N&uacute;mero de Bacon) y muy alejado de la prensa rosa y de los chismorreos, su&nbsp;filmograf&iacute;a es absolutamente desconcertante pero plagada de t&iacute;tulos inolvidables&nbsp;como&nbsp;&lsquo;El le&ntilde;ador&rsquo;, &lsquo;Cuatro vidas&rsquo;, &lsquo;El desaf&iacute;o: Frost contra Nixon&rsquo;, o&nbsp;&lsquo;Crazy, Stupid, Love&rsquo;,&nbsp;adem&aacute;s de&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo;, probablemente uno de los papeles m&aacute;s importantes de su vida. Tan solo lo intent&oacute; un par de veces como director, con la serie&nbsp;&lsquo;Pasi&oacute;n oculta&rsquo;&nbsp;(1996) y con&nbsp;&lsquo;Lover Boy&rsquo;&nbsp;(2005) con unas desastrosas y &aacute;cidas cr&iacute;ticas. Volvi&oacute; a despertar el inter&eacute;s en todo el mundo con la serie de televisi&oacute;n&nbsp;&lsquo;The Following&rsquo;, encarnando a un agente del FBI muy similar al polic&iacute;a de la pel&iacute;cula de Eastwood que le consagr&oacute; como actor.
    </p><h3 class="article-text">Contrapicado</h3><p class="article-text">
        &lsquo;Mystic River&rsquo;&nbsp;es un oc&eacute;ano de fantasmas, de&nbsp;traumas pegados a la nuca que confluyen en un destino maldito, de vidas marcadas por un hecho espantoso que separa a tres ni&ntilde;os mucho m&aacute;s de lo que nunca ser&aacute;n conscientes. Nunca un drama con tan pocos minutos dedicados expl&iacute;citamente a la ni&ntilde;ez fue&nbsp;tan terriblemente mordaz con lo que la infancia determina en cada uno de nosotros. Eastwood, con esa estela &lsquo;dickensiana&rsquo; y tan maravillosamente conservadora que ya quiso explorar en&nbsp;&lsquo;Un mundo perfecto&rsquo;,&nbsp;decidi&oacute; que&nbsp;esta pel&iacute;cula ser&iacute;a su particular homenaje a los a&ntilde;os cruciales de nuestra existencia. Pero lo narr&oacute; desde las vidas adultas de aquellos que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado siendo ni&ntilde;os.&nbsp;Sin ninguna moraleja perceptible&nbsp;salvo la que queramos forzar para nuestro propio inter&eacute;s moral, y con un guion hecho a la medida de&nbsp;esa frialdad apasionada que le caracteriza, el cineasta compuso una de las grandes obras maestras del nuevo siglo sacando de unos actores ya muy curtidos un collage de interpretaciones absolutamente perfecto.
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        Aparte de sus tres protagonistas, intachables en sus trabajos, lo impresionante de esta pel&iacute;cula es&nbsp;un reparto que encaja sin fisuras apreciables&nbsp;y que hace vibrar. En el sector femenino,&nbsp;la grandiosa&nbsp;Marcia Gay Harden&nbsp;resulta la perfecta m&aacute;rtir, quiz&aacute;s la &uacute;nica capaz de mostrar alg&uacute;n sentimiento acariciador en toda la pel&iacute;cula; mientras que&nbsp;Laura Linney, pr&aacute;cticamente un florero en casi todo el metraje, se convierte en la&nbsp;gran hero&iacute;na final con un discurso aplastante. Y no podemos dejar de mencionar el rentabil&iacute;simo Laurence Fishburne, y el maravilloso&nbsp;cameo de&nbsp;Eli Wallach
    </p><h3 class="article-text">Picado</h3><p class="article-text">
        Estamos ante una pel&iacute;cula que&nbsp;no sabe encontrar su final. Durante m&aacute;s de dos horas somos espectadores de un film sobrio, cl&aacute;sico e impecable, que sabe desenvolverse con un ritmo y una angustia creciente, con&nbsp;un escalofr&iacute;o que se instal&oacute;, de manera magistral, en nuestro estado de &aacute;nimo&nbsp;hasta que llegamos al momento cumbre. Al desenlace. Entonces la narraci&oacute;n se bifurca en&nbsp;dos acciones paralelas que pierden el norte, precisamente, porque abandonan la agilidad, la emoci&oacute;n y el sentido del tempo. Aparte de ofrecer en ellas demasiada informaci&oacute;n en poco tiempo (cual novela de Agatha Christie en pos del &lsquo;whodunit&rsquo;) ambas tienen suficiente intensidad dram&aacute;tica como para protagonizar secuencias completas sin cortes que se den codazos o se molesten. Si se apuesta por simultanearlas,&nbsp;lo suyo hubiera sido aligerarlas, hacerlas m&aacute;s concisas y cortas. Porque si no, a la altura del ep&iacute;logo, a la altura de esa fiesta nacional con desfiles y carrozas donde los protagonistas parecen respirar, al fin,&nbsp;en medio de una calma tensa, el espectador comienza a impacientarse. Y es que no necesita saber m&aacute;s de aquellos personajes que sobreviven a la tragedia y quedan en tablas. La elegancia y la sobriedad que han caracterizado la mayor parte de la narraci&oacute;n&nbsp; pierden pie porque los personajes no saben cu&aacute;ndo despedirse.
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                </figure><h3 class="article-text">Simbiosis sonora</h3><p class="article-text">
        Eastwood es un hombre del Renacimiento metido a cineasta, pero con una vocaci&oacute;n creativa que le desborda y le hace aventurarse en todo tipo de manifestaciones art&iacute;sticas.&nbsp;En&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo;&nbsp;es tambi&eacute;n el autor de la banda sonora, pero dej&oacute; que su compositor de cabecera,&nbsp;Lennie Niehaus, la dirigiera interpret&aacute;ndola con la Boston Symphony Orchestra y el Coro del Tanglewood Festival.&nbsp;Con&nbsp;resonancias de jazz y marcada voz de piano, esta discreta, elegant&iacute;sima banda sonora es una de las culpables de que la pel&iacute;cula llegue a altos niveles de emoci&oacute;n.&nbsp;Lapidarios, tristes, distantes, evocadores, los temas de la banda sonora se suceden para arropar, acompa&ntilde;ar, inquietar o ahondar en la tragedia. Ah&iacute; est&aacute; la&nbsp; bell&iacute;sima y solemne pieza de introducci&oacute;n, que&nbsp;domina algunas de las secuencias claves de la pel&iacute;cula y sus acordes se reinventan en otras piezas. Pero hay mucho m&aacute;s.&rsquo;&nbsp;Meditation&rsquo;&nbsp;es&nbsp;una muestra m&aacute;s de su pasi&oacute;n hacia el jazz m&aacute;s calmado y reflexivo;&nbsp;&lsquo;Escape from the wolves&rsquo;&nbsp;inspira un terror g&eacute;lido, y el destino inevitable se deja escuchar en&nbsp;&lsquo;The Confrontation&rsquo;. En la banda sonora hay&nbsp;un total de 19 temas compuestos por Eastwood, y dos en colaboraci&oacute;n su hijo, Kyle (Cosmo&nbsp;y&nbsp;Black Emerald).
    </p><h3 class="article-text">Ojo al dato</h3><p class="article-text">
        Eastwood&nbsp;lo tuvo crudo para sacar adelante&nbsp;&lsquo;Mystic River&rsquo;.&nbsp;De hecho, cobr&oacute; por ella el salario m&iacute;nimo. Y es que el Hollywood complaciente de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, en aquella ocasi&oacute;n,&nbsp;se mostr&oacute; reacio a adentrarse en una tem&aacute;tica tan terrible&nbsp;como el abuso infantil. No hay nada mejor que las f&oacute;rmulas comerciales m&aacute;gicas para no asustar a los espectadores y espantarlos de las salas de cine. De ah&iacute; que&nbsp;ninguna productora quisiera verse mezclada en una pel&iacute;cula valiente, tr&aacute;gica y madura como la que propon&iacute;a Eastwood. Tras mucho pelear, la Warner acudi&oacute; a su rescate y aval&oacute; el proyecto&nbsp;haci&eacute;ndole una especie de favor a un cineasta que tantos buenos momentos en taquilla hab&iacute;a proporcionado. Eso s&iacute;, siempre y cuando terminarla resultara barato. La pel&iacute;cula sigui&oacute; arrastrando su mala suerte despu&eacute;s de finalizar su producci&oacute;n.&nbsp;No result&oacute; bien recibida en algunos circuitos internacionales&nbsp;y en Estados Unidos fue estrenada en muy pocas salas. El aplauso de cr&iacute;tica y p&uacute;blico llegar&iacute;a algo m&aacute;s tarde, afortunadamente.
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                </figure><h3 class="article-text">Retrato del h&eacute;roe</h3><p class="article-text">
        A veces un hombre es solo un ni&ntilde;o. Cuando pasan los a&ntilde;os, cuando todo parece decidido, los planes cumplidos y la vida hecha m&aacute;s o menos a la medida de algunos modestos sue&ntilde;os,&nbsp;un simple hecho fortuito abre la puerta de un laberinto sin salida. Dave nunca termin&oacute; de escribir su nombre en el cemento, una se&ntilde;al fat&iacute;dica de que siempre ser&iacute;a &ldquo;ese muchacho&rdquo;&nbsp;perseguido por lobos, por vampiros, por criaturas nocturnas, despertando y creyendo que en ocasiones ni siquiera es un ser humano. Subido al asiento trasero de un coche hacia el infierno, cuando Dave mira para atr&aacute;s y ve a sus dos amigos quietos y alej&aacute;ndose, ya no hay remedio posible para ninguno de ellos.&nbsp;Un h&eacute;roe fatal, un ni&ntilde;o eterno, una forma de vivir en la muerte&nbsp;sin que nadie, nunca, haya sido capaz de comprenderlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto, Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mystic-river-clint-eastwood-hombre_132_1925021.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Sep 2018 20:51:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Mystic River’, de Clint Eastwood: a veces un hombre es solo un niño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Clint Eastwood,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor y en contra de 'Captain Fantastic', de Matt Ross]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-captain-fantastic-matt-ross_132_1938024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/24790fbd-4cf0-4318-9d61-6085a91c4d6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor y en contra de &#039;Captain Fantastic&#039;, de Matt Ross"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Se puede educar y vivir al margen del sistema? Dos visiones de una de las películas más controvertidas de los últimos años</p><p class="subtitle">Viggo Mortensen es el capitán protagonista de esta tragicomedia que pone sobre la mesa un conflicto nada desdeñable</p></div><h3 class="article-text">A favor: Una utop&iacute;a del amor</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Interesante es una no-palabra. Est&aacute; prohibido&rdquo;. Este es uno de los reproches que hace Ben Cash (Viggo Mortensen) a su hija Kielyr (Samantha Isler). Est&aacute; montada en un autob&uacute;s junto a sus cinco hermanos con un solo objetivo: salvar a la madre de ser enterrada en un funeral de una religi&oacute;n en la que no cree. La misi&oacute;n es el camino que sigue esta familia tan singular, &uacute;nica si nos atrevemos, que se nos ofrece en un halo di&aacute;fano, una espiral de colores, naturaleza y sonidos de guitarras alrededor del fuego, acompa&ntilde;ados de lecturas y personajes tan variados como Pol Pot o Noam Chosmsky. &ldquo;Stick it to the man&rdquo; es el lema de los m&aacute;s peque&ntilde;os, desobediencia en su educaci&oacute;n, en sus sentimientos y en sus v&iacute;nculos familiares.
    </p><p class="article-text">
        Porque aunque viven completamente alejados del sistema capitalista estadounidense, los Cash tambi&eacute;n se enfrentan a algo que es inevitable: que su &iacute;ntima utop&iacute;a se tope de lleno contra la realidad que los rodea. Vemos a Bo, interpretado por un transparente George MacKay, recibiendo cartas de aceptaci&oacute;n de las universidades m&aacute;s prestigiosas del pa&iacute;s, enamor&aacute;ndose de la primera chica que le regala un beso, gritando a su padre porque&nbsp; le &ldquo;convertido en un friqui&rdquo;. Pero todas estas contradicciones espirituales que ocurren inevitablemente&nbsp; siempre se ven superadas por el amor de una familia que quiere salvar a una madre de verse sepultada por aquello contra lo que luch&oacute;.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las convicciones son un elemento crucial en la pel&iacute;cula, que ofrece una cr&iacute;tica a la sociedad estadounidense m&aacute;s all&aacute; del tono sarc&aacute;stico de Mortensen y que se convierte en la base de lo que quiere transmitir &lsquo;Captain Fantastic&rsquo;: que queremos construir un mundo mejor que aquel en el que vivimos, porque ah&iacute; fuera solo vemos personas ignorantes, enganchadas a los videojuegos y que no hacen suficiente deporte y est&aacute;n gordos. Mientras tanto, los seis ni&ntilde;os hablan m&uacute;ltiples idiomas, son pr&aacute;cticamente atletas de &eacute;lite y tienen conocimientos claramente superiores en pol&iacute;tica, ciencias y artes. Pero, &iquest;es suficiente? &iquest;es esto lo que necesita nuestra sociedad?
    </p><p class="article-text">
        El relato deja r&aacute;pidamente clara la respuesta: no. Son fuertes pero tambi&eacute;n d&eacute;biles, porque solamente conocen lo que han creado en su propio mundo, que parece de fantas&iacute;a a pesar de las inclemencias que sufren. Pero el poder del experimento familiar y sociol&oacute;gico que han creado deja su mella en todos, incluso en aquellos que deciden optar por la rebeld&iacute;a y querer vivir en el mundo de los normales. Es el amor el que salva a Ben de la soledad, de la culpa, de la rabia, de la tristeza. Un amor que nace precisamente de la certeza de que no son como los dem&aacute;s, de que su vida tiene un prop&oacute;sito muy claro: la supervivencia, pero nunca solos, siempre juntos.
    </p><p class="article-text">
        El relato no oculta el extremismo y la intolerancia de esta familia, pero esto no los convierte en unos personajes insoportables, sino que incluso les ofrece un car&aacute;cter dulce, ingenuo, incluso rozando la infantilidad. Esto lleva al espectador al quid de la cuesti&oacute;n: desprenderse de lo innecesario y lo superfluo para poder encontrar lo esencial, la fuerza que est&aacute; dentro de nosotros mismos y as&iacute; trabajar por la vida que queremos. No en vano viene la cita de Noam Chomsky, una suerte de Pap&aacute; Noel para los Cash: &ldquo;Si asumimos que hay un instinto por la libertad, entonces habr&aacute; una oportunidad para cambiar las cosas&rdquo;.
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        Alrededor de una pira funeraria, un gui&ntilde;o a costumbres ancestrales que celebraban y no lloraban la muerte de sus seres queridos, se baila y se canta &lsquo;&ldquo;Sweet Child O&rsquo;Mine&rdquo;, un himno popular que resume perfectamente bien visi&oacute;n paralela de la vida que se retrata en la pel&iacute;cula, de j&oacute;venes prodigiosos que s&oacute;lo quieren ser normales y admitidos por sus semejantes. &ldquo;Mi cara es m&iacute;a, mis manos son m&iacute;as, mi boca es m&iacute;a, pero yo no. Yo soy tuyo&rdquo;, es la declaraci&oacute;n de Ben a su mujer Leslie, que sufre en la pel&iacute;cula de un trastorno que tambi&eacute;n tiene dos partes: el bipolar. La actuaci&oacute;n de Viggo Mortensen no ofrece ning&uacute;n altibajo: funciona como un poderoso pilar y un camino para los m&aacute;s j&oacute;venes: no en vano el mismo actor es sumamente ducho en t&eacute;cnicas de supervivencia, pol&iacute;glota y con reconocidas habilidades en distintas ramas de las artes. &iquest;Qui&eacute;n mejor que &eacute;l para este capit&aacute;n fant&aacute;stico?
    </p><h3 class="article-text">En contra: un precioso error</h3><p class="article-text">
        &lsquo;Captain Fantastic&rsquo; propone una Odisea singular. Nos habla de Ben Cash (Viggo Mortensen) y de sus seis &nbsp;hijos, los cuales se ven obligados a regresar a la civilizaci&oacute;n tras a&ntilde;os cri&aacute;ndose aislados de la sociedad, en los bosques del norte de EEUU. Alejados de cualquier tipo de comodidad consumista, &nbsp;centrados en la lectura incesante de libros y entregados a un programa extremo de entrenamientos que les permite sobrevivir en plena naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        La celebrada producci&oacute;n de Matt Ross es una pel&iacute;cula provocadora y apasionante, que hace gala de un inteligente sentido del humor, pero que cuenta con un &ldquo;precioso error&rdquo; como&nbsp; punto de partida. Y es que no consigue alcanzarnos de lleno, tocar ese territorio mental donde se ubican nuestras fantas&iacute;as sobre los para&iacute;sos perdidos o anhelados. Y eso que al sue&ntilde;o descabellado de nuestro Capit&aacute;n Fant&aacute;stico no le falta atractivo, al menos, en el plano te&oacute;rico. &Eacute;l y, en otros tiempos, tambi&eacute;n su mujer, se propusieron criar a sus v&aacute;stagos como si fuera posible que el hombre volviera a sus or&iacute;genes y, al mismo tiempo, pudiera refugiarse en una especie de Rep&uacute;blica de Plat&oacute;n. Una buena causa que &ldquo;bien vale una misa&rdquo;, pero que en este caso se nos queda a las puertas, en el &nbsp;umbral de una Shangri-La impostada, con cierto postureo y rebeld&iacute;a a corto plazo.
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        Es decir, al romanticismo de la pel&iacute;cula le falta gancho y no tendr&iacute;a la menor importancia si no fuera porque nos plantea una desconexi&oacute;n emp&aacute;tica con el protagonista desde el inicio de su aventura. Algo que puede resultar intrigante en otro tipo de historias, pero que no llega a encajar en una que acaba por tomar ciertos derroteros convencionales y en la que se nos pide cierto nivel de compromiso a la hora &nbsp;entender el viaje emocional y mental que realizan sus personajes.
    </p><p class="article-text">
        Ben es un tipo que &lsquo;reza&rsquo; verdades como pu&ntilde;os, mezcladas con pensamientos delirantes. Es un extremista que se atrinchera en sus hijos, unos &ldquo;reyes fil&oacute;sofos&rdquo;, esclavos eruditos que no saben &ldquo;nada sobre nada&rdquo; (&ldquo;a no ser que haya salido en un puto libro&rdquo;), para esconderse de una sociedad que detesta y a la que no pretende comprender. &nbsp;Pero tambi&eacute;n es un hombre en lucha por construir un mundo mejor, comprometido con unos ideales y unos valores justos, &nbsp;que acaba siendo derrotado por una realidad arrolladora y por un guion que parece acobardarse.
    </p><p class="article-text">
        Existen ciertos &ldquo;resbalones de credibilidad&rdquo; en la narraci&oacute;n (o fantasmadas argumentales innecesarias) que tampoco ayudan demasiado a la pel&iacute;cula, como el hecho de que &lsquo;apenas un hijo&rsquo;, en plena &eacute;poca de descubrir el mundo, se declare en rebeld&iacute;a. Es &nbsp;decir, manifieste abiertamente su rechazo a vivir completamente aislado, ajeno al confort de una sociedad que podr&iacute;a estar llena de atractivos para los j&oacute;venes. O el sospechoso grado de &lsquo;excelencia&rsquo; que se intuye en el m&eacute;todo pedag&oacute;gico integral empleado por el progenitor, &nbsp;donde parece no haber espacio para la falta de motivaci&oacute;n o para los individuos del mont&oacute;n.
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        Sin embargo, la pel&iacute;cula tambi&eacute;n cuenta con momentos memorables, como ese retrovisor vac&iacute;o, colmado de ausencias para un padre que se aleja de sus hijos o el hallazgo narrativo que supone &lsquo;que te echen de tu propio funeral&rsquo;. La interpretaci&oacute;n de Mortensen es poderosa, sutil, tornasolada, y Frank Langella est&aacute; soberbio como el abuelo usurpador, tan cruel como providencial. El humor &nbsp;corrosivo, arrollador, es quiz&aacute;s el principal logro del film.
    </p><p class="article-text">
        Menci&oacute;n aparte merecen sus planteamientos morales y filos&oacute;ficos. Es una pel&iacute;cula que apela directamente a la conciencia del espectador para que tome partido ante temas pol&eacute;micos o para, sencillamente, medir su grado de tolerancia hacia las propuestas de vida anti-sistema, m&aacute;s all&aacute; de la civilizaci&oacute;n capitalista que habitamos. En ese limbo de lo opinable, surgen un buen pu&ntilde;ado de temas controvertidos y arriesgados. Por ejemplo, pone sobre la mesa&nbsp; una necesaria reflexi&oacute;n sobre el sistema educativo m&aacute;s adecuado para que los j&oacute;venes salgan de la cueva y realmente entiendan el mundo que les rodea. Habla tambi&eacute;n de los l&iacute;mites a partir de los cuales se llega al &lsquo;maltrato infantil&rsquo;. Incluso refleja la infelicidad inevitable del disidente, de aquel que sue&ntilde;a con un mundo mejor, pero se permite el lujo de pensar que siempre y, en cualquier caso, &ldquo;el infierno son los otros&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisca Bravo Miranda, Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-captain-fantastic-matt-ross_132_1938024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Sep 2018 17:43:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor y en contra de 'Captain Fantastic', de Matt Ross]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[antisistema,Capitalismo,Cine,Películas,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor y en contra de ‘El guateque’, de Blake Edwards]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-guateque-blake-edwards_132_1959566.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/86868ebb-52a7-416a-bd52-8efdb2d6f33a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor y en contra de ‘El guateque’, de Blake Edwards"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos críticas contrapuestas sobre una de las comedias más admiradas de todos los tiempos: ¿genialidad o simples gags?</p></div><h3 class="article-text">A favor: la comicidad de un genio</h3><p class="article-text">
        &lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;es mucho m&aacute;s que una pel&iacute;cula. Es&nbsp;optimismo en estado puro, alegr&iacute;a de vivir que nace del absurdo, de un universo alocado que se sale de su &oacute;rbita psicod&eacute;lica para anclarse en nuestra memoria, en nuestro Olimpo de pel&iacute;culas imprescindibles. All&iacute;, alterando nuestra percepci&oacute;n del espacio, del tiempo, y del sentido com&uacute;n, ech&oacute; ra&iacute;ces esa casa automatizada de Hollywood, donde sit&uacute;a su acci&oacute;n. Donde tiene lugar una&nbsp;desenfrenada fiesta&nbsp;en la que se lo pasan en grande (o no tanto) camareros borrachos, productores que no soportan a la parienta, bellas italianas de gula insaciable, elefantes coloristas y pollos asados con un punto retoz&oacute;n. Y por supuesto, donde se encuentra el&nbsp;protagonista m&aacute;s divertido de la historia del cine, Hrundi V. Bakshi: el educado, optimista, ceremonioso, pesado, torpe e inocente hind&uacute; interpretado por&nbsp;Peter Sellers. Un pobre diablo que intenta hacerse un hueco como estrella de Hollywood con las maneras de un arma de destrucci&oacute;n masiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Heredero del humor de los Hermanos Marx y de las pel&iacute;culas que protagonizaron bajo las &oacute;rdenes de Leo McCarey,&nbsp;&lsquo;El guateque&rsquo;, de&nbsp;Blake Edwards, es la esencia del cine. Puro lenguaje visual y gestual.&nbsp;Edwards logra un magistral &lsquo;tempo c&oacute;mico&rsquo; haciendo uso de tomas largas llenas de ocurrencias inesperadas, con gags y di&aacute;logos impresionistas de acento c&iacute;nico. Cada plano, cada secuencia, cada di&aacute;logo est&aacute;n llenos de potencial c&oacute;mico y de una mirada sarc&aacute;stica que dirige hacia el mundo de Hollywood y sus habitantes.
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        Toda la pel&iacute;cula es una sublime tonter&iacute;a, pero resulta tan demoledoramente divertida, que nunca deja de sorprender, aun cuando nos hayamos muerto de la risa, muchas veces, con las torpezas del protagonista. Hay tantos momentos memorables que cuesta resaltar algunos para dejar de lado otros.&nbsp;Es especialmente brillante la secuencia en la que Hrundi se pone a enredar con el cuadro de mandos que dirige la &lsquo;casa inteligente&rsquo;&nbsp;(esa gallina retransmitida a trav&eacute;s del altavoz). O el momento en el que un tenedor, mal hincado, le da alas a un pollo que vuela, de una manera completamente inveros&iacute;mil, hasta lo alto de un mo&ntilde;o. O aquella &lsquo;cruel&rsquo; escena en que Hrundi, apremiado por unas ganas irresistibles de orinar, tiene que guardar las formas, de una manera muy retorcida, mientras la guapa francesa, que le hace ojitos, termina su interpretaci&oacute;n musical.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El humor de&nbsp;&lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;es capaz de poner el mundo patas arriba, de tal manera que, por obra y gracia de otro sortilegio psicod&eacute;lico, Hrundi deja de ser ese patoso de solemnidad que todos creemos ver. Es m&aacute;s bien&nbsp;el universo que le rodea el que parece haberse confabulado contra ese pobre diablo de buenas intenciones. As&iacute;, un tropel de invitados decide ir al cuarto de ba&ntilde;o cuando &eacute;l necesita aliviarse con urgencia; el papel higi&eacute;nico, ante su presencia, cobra vida hasta soltar lastre o su zapato se le escapa y vive mil y una aventuras acu&aacute;ticas que finalizan cuando es servido como un entrem&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La grandeza c&oacute;mica de esta pel&iacute;cula no hubiera sido posible sin la presencia del actor brit&aacute;nico que la protagoniza, Peter Sellers. Se nos hacen inolvidables su&nbsp;actitud complaciente, sus movimientos y gestos de disimulo, pausados, exagerados, conscientes; sus miradas aumentadas por la sorpresa o el bochorno; o su gesto crispado cuando se ve enredado en una situaci&oacute;n inc&oacute;moda.&nbsp;Woody Allen dijo, en una ocasi&oacute;n, que Peter Sellers pose&iacute;a &ldquo;la comicidad de un genio&rdquo;. Y no podemos estar m&aacute;s de acuerdo porque el actor cuenta con una capacidad, inexplorada por otros actores, de adentrarse en un sinf&iacute;n de papeles. Lo hace de la mano, principalmente, de su prodigiosa habilidad para imitar acentos, pero tambi&eacute;n para&nbsp;perderse, f&iacute;sicamente, en la piel de una multitud de personajes par&oacute;dicos o inventados. Como siempre, Sellers tiene la capacidad de extraer una interpretaci&oacute;n imposible e inesperada de cualquier virtuoso de la torpeza, de cualquier hijo del disparate.
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        M&aacute;s de una vez hemos acudido a la fiesta de Blake Edwards para alejarnos de nosotros mismos y del mundanal ruido. M&aacute;s de una vez hemos so&ntilde;ado con vivir, para siempre, en ese&nbsp;eterno estado de jolgorio, tan simpl&oacute;n, pero tan creativo y lleno de vida. Es lo m&aacute;s parecido que hemos encontrado al para&iacute;so en la tierra. Un territorio donde la risa que te invade es tan irracional, tan pura y absurda, que no s&oacute;lo nos distingue de los animales, como nos dir&iacute;a Hrundi, sino mejor a&uacute;n, de los tristes mortales.
    </p><h3 class="article-text">En contra: plastificada sucesi&oacute;n de gags</h3><p class="article-text">
        &nbsp;No vamos a decir que&nbsp;&lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;no tenga su gracia. Es m&aacute;s, posee un componente de humor sesentero que hasta podr&iacute;amos calificar de&nbsp;&lsquo;fashion&rsquo;, con ese&nbsp;toque de culto pict&oacute;rico con el que Blake Edwards supo plastificar la mayor&iacute;a de sus pel&iacute;culas. Sabemos que hoy en d&iacute;a es muy dif&iacute;cil encontrar comedias de este tipo, dotadas de elegancia en forma y fondo. El sentido de la risa cambia junto con las generaciones y actualmente es lo irrisorio, lo pol&iacute;ticamente incorrecto y lo bestia lo que m&aacute;s hace desternillarse a las grandes masas, entre las que nos incluimos. Pero por aquello de la exclusividad, solo en este plano, el de la sofisticaci&oacute;n, destacamos la contribuci&oacute;n de esta pel&iacute;cula a la historia del cine.
    </p><p class="article-text">
        Mas all&aacute; poco hay. Se trata de&nbsp;una sucesi&oacute;n de gags que recaen, hasta bien entrado el final, en el personaje principal&nbsp;de Hrundi V. Bakshi, actor hind&uacute; que acude a una fiesta por error, encarnado por el fant&aacute;stico Peter Sellers, fetiche del cineasta, cuya capa facial de bet&uacute;n no podemos dejar de apreciar todo el rato sin que todav&iacute;a comprendamos a cuento de qu&eacute; tal caracterizaci&oacute;n. El caso es que a su chepa arrastra durante la pel&iacute;cula todas las surrealistas situaciones que &eacute;l mismo provoca o le vienen dadas, desde que cruza la puerta del piso hasta la gran bacanal espumosa de su desenlace. Son como&nbsp;peque&ntilde;os cortometrajes que bien podr&iacute;an ser independientes,&nbsp;y que no necesitan de una trama argumental ni para comprenderlos ni para justificarlos.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, no captamos ning&uacute;n trabajo especial en el guion, y eso es algo que nos cuesta perdonar en las comedias, tras habernos&nbsp;entrenado durante a&ntilde;os con los cl&aacute;sicos de Billy Wilder y Howard Hawks, con personajes ensartados entre di&aacute;logos alocados, agudos y absolutamente perfectos. Por eso todav&iacute;a nos cuesta tambi&eacute;n comprender que fueran tres los guionistas del filme.
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        Es muy curioso que, precisamente, los miles de admiradores de&nbsp;&lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;vean este argumento como algo positivo, por aquello de regresar a la&nbsp;esencia muda de los primeros constructores del&nbsp;&lsquo;sketch&rsquo;&nbsp;cinematogr&aacute;fico:&nbsp;Charlot,&nbsp;Harold Lloyd&nbsp;o&nbsp;Buster Keaton. No es nuestro caso. Estos cumplieron el papel que les tocaba en su &eacute;poca, y si se les homenajea resulta anacr&oacute;nico hacerlo en color y a golpe de las retro-partituras de Henry Mancini. La mezcla al final queda algo friqui: parodias del&nbsp;&lsquo;slapstick&rsquo;&nbsp;mezcladas con pausad&iacute;simas y lent&iacute;simas escenas de &ldquo;situaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Siempre que nos detenemos entre las secuencias ya antol&oacute;gicas de esta pel&iacute;cula, como la entrada al apartamento a trav&eacute;s de la peque&ntilde;a piscina, el camarero cada vez m&aacute;s borracho, el caos en el cuarto de ba&ntilde;o o el barullo final,&nbsp;no pasamos de la media sonrisa. Y no es que solo nos guste que fuercen m&aacute;s nuestra m&aacute;quina de re&iacute;r, es que llega un momento en el que el intruso, el no invitado,&nbsp;nos cae hasta un poco gordo en su&nbsp;pavi-sosez&nbsp;aunque le perdonemos gracias a la m&iacute;mica de un Sellers&nbsp;al que no podemos dejar de recordar en la multipolaridad de&nbsp;&lsquo;&iquest;Tel&eacute;fono rojo? Volamos hacia Mosc&uacute;&rsquo;&nbsp;o en su torpeza, mucho m&aacute;s ind&oacute;mita, como el inspector Clouseau de las cinco entregas cinematogr&aacute;ficas de&nbsp;&lsquo;La pantera rosa&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Blake Edwards falleci&oacute;, &lsquo;El guateque&rsquo;&nbsp;fue una de las pel&iacute;culas m&aacute;s repuestas en televisi&oacute;n para homenajearlo y recordarlo. Tampoco es extra&ntilde;o, porque se trata de puro entretenimiento, sin m&aacute;s. Pero&nbsp;bizqueamos un poco ante la falta de proyecci&oacute;n, salvo contadas excepciones como la maravillosa&nbsp;&lsquo;Desayuno con diamantes&rsquo;, de sus mejores tragicomedias como&nbsp;&lsquo;D&iacute;as de vino y rosas&rsquo;,&nbsp;&lsquo;Operaci&oacute;n Pac&iacute;fico&rsquo;&nbsp;o&nbsp;&lsquo;La carrera del siglo&rsquo;. Pero en fin, una fiesta es siempre mucho m&aacute;s atrayente, m&aacute;s visual, menos complicada. Mejor dejar los dilemas morales de otras pel&iacute;culas para cuando vengan buenos tiempos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto, Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-guateque-blake-edwards_132_1959566.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Sep 2018 08:35:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor y en contra de ‘El guateque’, de Blake Edwards]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Jurassic World. El reino caído’, de J. A. Bayona: superproducción de autor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/jurassic-world-bayona-superproduccion-deautor_132_1976387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4cddcf26-2410-4aed-968a-28f0a9b36552_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Jurassic World. El reino caído’, de J. A. Bayona: superproducción de autor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cineasta español enciende la mecha de un interesante dilema moral que tiene mucho de provocación</p><p class="subtitle">Se aventura en la saga con el máximo respeto hacia Steven Spielberg, pero dejando una enorme huella de su propia  personalidad cinematográfica</p></div><p class="article-text">
        Bayona es un cineasta con los arrestos suficientes como para tomar riesgos en plena superproducci&oacute;n. Sabe c&oacute;mo detonar el factor sorpresa entre las gentes que sienten haberlo visto todo desde sus butacas y como realizador, tiene un talento formidable. Es capaz de &lsquo;darle la vuelta&rsquo; a un volc&aacute;n, con furia de apocalipsis, y convertirlo en un inmenso reloj de arena que inicia su particular cuenta atr&aacute;s. Toda una pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        El volc&aacute;n entra en erupci&oacute;n en la Isla Nublar, aquel parque de atracciones tem&aacute;tico donde campaban a sus anchas formidables especies de dinosaurio en la pasada entrega de &lsquo;Jurassic World&rsquo; (2015). Con ello, enciende la mecha de un interesante dilema moral que tiene mucho de provocaci&oacute;n. Es el punto de partida de la pel&iacute;cula. El Dr. Ian Malcolm (Jeff Goldblum), el brillante pelmazo que recordaba hace 21 a&ntilde;os la Teor&iacute;a del Caos, lo pone encima de la mesa en su regreso a la saga: &ldquo;&iquest;Ser&aacute;n el hombre y la mujer capaz de dejar que la naturaleza siga su curso para corregir la alteraci&oacute;n que le permiti&oacute; &nbsp;transformarla para siempre?&rdquo; O lo que es lo mismo, &iquest;est&aacute; preparada la humanidad para rescatar a los dinosaurios de los efectos devastadores del volc&aacute;n que arrasar&aacute; la Isla Nublar? Porque aquellas especies pret&eacute;ritas que hab&iacute;an dado un salto abismal en el tiempo gracias a la tecnolog&iacute;a gen&eacute;tica tienen, en la pel&iacute;cula, los d&iacute;as contados. Y Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), la doctora que dirig&iacute;a con mano de hierro el parque de atracciones, acaba pidi&eacute;ndole ayuda a Owen Grady (Chris Pratt), el cuidador estrella de dinosaurios, para participar en una misi&oacute;n de rescate que cuenta con un curioso patrocinador. Un multimillonario con nostalgia de so&ntilde;ador (James Cromwell, magn&iacute;fico en el papel).
    </p><p class="article-text">
        J.A. Bayona se aventura en la saga, como &eacute;l mismo ha manifestado, con el m&aacute;ximo respeto hacia Steven Spielberg, el art&iacute;fice y creador de la misma, pero dejando una enorme huella de su propia&nbsp; personalidad cinematogr&aacute;fica. El &lsquo;blockbuster&rsquo; del verano es una impecable producci&oacute;n llena de ritmo, con los toques precisos de humor inteligente y en la que &nbsp;se abre una falla para distanciar dos partes claramente diferentes en la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el espectador toma asiento y se lanza hacia la primera mitad del metraje para disfrutar de unas &nbsp;secuencias trepidantes, muy bien narradas, visualmente arrolladoras. El avance de la lava por toda la isla, que inicia una implacable persecuci&oacute;n de las criaturas prehist&oacute;ricas y de los humanos que quieren cazarlas, se convierte en un fascinante juego de im&aacute;genes amenazadoras. Son escenas de acci&oacute;n vibrante que solamente encuentran un l&iacute;mite ante una particular estampa. Y es que la pel&iacute;cula toma aire gracias a una estremecedora secuencia que funciona como una especie de &lsquo;fundido sostenido&rsquo;. En &eacute;l se recorta la silueta de un braquiosaurio (aquel majestuoso dinosaurio de cuello largo) apenas visible por el humo y el caos que hay a su alrededor. Sucede entonces una imagen po&eacute;tica, triste y de enorme belleza que ya forma parte del imaginario colectivo de los fans de la saga.
    </p><h3 class="article-text">Un cambio de registro</h3><p class="article-text">
        El escenario queda listo para dar paso a la segunda parte donde la pel&iacute;cula cambia radicalmente de registro y, en algunos momentos, tambi&eacute;n, parece ofrecer signos de agotamiento. Es el cap&iacute;tulo donde el espectador comprende, hasta las &uacute;ltimas consecuencias, el lado oscuro con mensaje comprometido que puede llegar a encerrar &lsquo;Jurassic World&rsquo;. Aparece el villano que mejor da en c&aacute;mara en nuestros tiempos, la codicia desmedida, y adem&aacute;s, encontramos buenas interpretaciones como la del inquietante Toby Jones. Reserva tambi&eacute;n cierto hechizo porque a estas alturas del metraje llegamos a disfrutar de im&aacute;genes melanc&oacute;licas que cuentan con el poder de invocar a cierto terror m&aacute;gico de otros tiempos, de otros relatos.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula es un espect&aacute;culo muy completo, aunque si hay que ponerle un pero, dir&iacute;amos que el romance se nos queda demasiado corto. Aunque cuando se deja ver lo hace con cierta clase. Aquella que recuerda, de alg&uacute;n remoto modo, los mejores tiempos de las comedias basadas en las guerras de sexo. Ah&iacute; est&aacute; la despedida, con retranca viperina, que se marca Owen para dejar sin palabras a Claire: &ldquo;Si no logro volver, recuerda, t&uacute; me hiciste venir&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/jurassic-world-bayona-superproduccion-deautor_132_1976387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Aug 2018 09:31:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Jurassic World. El reino caído’, de J. A. Bayona: superproducción de autor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mujer fatal en el cine (II): un cliché roto entre la severidad y la ternura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mujer-ii-cliche-severidad-ternura_132_2033730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/28bd9dca-6c05-40ff-ac80-dba9e37c10dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mujer fatal en el cine (II): un cliché roto entre la severidad y la ternura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Todas ellas ensancharon muchísimo los límites, cada vez más desdibujados por su amplitud, de la psicología femenina"</p></div><p class="article-text">
        Arrebujado entre mantas, con un pijama de franela, calcetines de lana, y el est&oacute;mago porfiando por asentar un vaso de leche caliente con un fondo de miel y una copa de brandy, yac&iacute;a yo en una de las alcobas de la casa de mi abuela, a la espera de que la suma de todos estos remedios de medicina consuetudinaria me hicieran superar lo que, sumariamente, se me hab&iacute;a diagnosticado como un &ldquo;enfriamiento&rdquo;. La fiebre y el pastoso aroma del caf&eacute; proveniente del cuarto del fondo convirtieron mis pensamientos en alucinaciones.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres de mi realidad se sumaron a las mujeres de mi ficcionalidad, pero la adici&oacute;n me ofreci&oacute; una resultante femenina que vi bastante amenguada y fuera de foco. La Sigrid del Capit&aacute;n Trueno o la Claudia del Jabato me parec&iacute;an tan ensombrecidas como Lois Lane, Mary Jane Watson, Selina Kyle, Betty Ross, Carol Ferris y hasta Sue Storm, la mujer invisible (todo un pleonasmo). Pens&eacute; que estos arquetipos de hero&iacute;nas (la mayor&iacute;a, parejas de superh&eacute;roes) estaban aquejadas por el mal del desprecio y del estigma que la mujer ha padecido a lo largo de la historia tanto en el mito como en el logos.
    </p><p class="article-text">
        Sumidas en la oscuridad del cuarto del fondo, degustando el caf&eacute; de puchero de mi abuela, sentadas en torno a la mesa de formica, se me apareci&oacute; la despechada reina Inana, rechazada por Gilgamesh; junto a ella, Dido, abandonada por Eneas, hablaba con Helena de Troya y con Medea sobre la inconstancia del temperamento masculino. En otro extremo de la mesa, Eva y Pandora reivindicaban la curiosidad y el derecho al saber. A continuaci&oacute;n, Circe, Calipso, las sirenas y las amazonas prohijaban a la prostituta de Babilonia, mientras escuchaban las razones de Llilith, Betsab&eacute;, Judith, Salom&eacute; y Mar&iacute;a Magdalena para constituir una liga justiciera en defensa de la mujer maltratada.
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        Finalmente, Cleopatra trufaba ideas propias en su lectura de un discurso redactado por Mata Hari, que conten&iacute;a subversivas consignas contra la sumisi&oacute;n femenina a la autoridad del var&oacute;n sancionada por el C&oacute;digo de Hammurabi. La reina egipcia, auxiliada por la esp&iacute;a en labores de gabinete, se dirig&iacute;a a un grupo de disc&iacute;pulas fervorosas entre las que se encontraban las monjas pioneras del primer corpus budista en lengua pali, Rama y Sita, salidas del Ramayana de Valmiki, y, junto a ellas, todas las brujas que ardieron en la hoguera desde la Edad Media hasta las puertas de la Edad Contempor&aacute;nea. En esta espiral, me qued&eacute; dormido.
    </p><p class="article-text">
        Como nunca me he fiado de la verosimilitud de los despertares, en cuanto pude volver a valerme por m&iacute; mismo, regres&eacute; al cine. Porfi&eacute; en mi idea de la liberaci&oacute;n de la mujer a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n y comprob&eacute; c&oacute;mo, a comienzos de los a&ntilde;os cuarenta, Mary Astor hizo una de las primeras y m&aacute;s impactantes aportaciones a la grey de la mujer fatal propiamente dicha, donde el plano de apariencia de pureza y candor contrastaba, perversa y morbosamente, con su verdadera naturaleza de asesina sin escr&uacute;pulos en &lsquo;El halc&oacute;n malt&eacute;s&rsquo; (1941), de John Huston. Ese era el h&aacute;bitat en el que se mover&iacute;a, con ademanes felinos y pel&iacute;culas inolvidables, Lauren Bacall (&lsquo;Tener y no tener&rsquo;, 1944, y &lsquo;El sue&ntilde;o eterno&rsquo;, 1946, ambas de Howard Hawks; &lsquo;La senda tenebrosa&rsquo;, 1947, de Delmer Daves; &lsquo;Cayo Largo&rsquo;, 1948, de John Huston). Con un punto de siniestra seducci&oacute;n ar&aacute;cnida, Barbara Stanwyck me sali&oacute; al paso en su papel de Phyllis Dietrichson (curioso patron&iacute;mico en un apellido que parece hacer a la Stanwyck hija de una Dietrich que solo pod&iacute;a ser Marlene) en la maravillosa &lsquo;Perdici&oacute;n&rsquo; (1944), de Billy Wilder. Ese mismo poder para manejar la voluntad masculina con un sutil batir de pesta&ntilde;as es el que parec&iacute;a tener Lana Turner en &lsquo;El cartero siempre llama dos veces&rsquo; (1946), de Tay Garnett.
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        Siempre recordar&eacute; aquel rel&aacute;mpago con apariencia de escalofr&iacute;o que me recorri&oacute; al ver, por primera vez, el aspecto indefinible de Gene Tierney, entre el candor y el instinto at&aacute;vico, en &lsquo;Laura&rsquo; (1944), de Otto Preminger, y &lsquo;Que el cielo la juzgue&rsquo; (1945), de John M. Stahl, en clave de melodrama. Fue la misma sensaci&oacute;n que me produjo el encuentro con ese animal esc&eacute;nico que fue Ava Gardner, a quien Robert Siodmark supo captar con todos sus matices y sugerencias en &lsquo;Forajidos&rsquo; (1946).
    </p><p class="article-text">
        A partir de entonces, la mujer fatal, como antonomasia de la complejidad de su sexo, no podr&iacute;a ser reducida a un clich&eacute;; maravillosas demostraciones de ello me parecieron la cavernosa voz de Lizabeth Scott (&lsquo;Callej&oacute;n sin salida&rsquo;, 1947, de John Cronwell); el mito quintaesenciado de la mujer fatal que fue Rita Hayworth&nbsp;(&lsquo;Gilda&rsquo;, 1946, de Charles Vidor; &lsquo;La Dama de Shangh&aacute;i&rsquo;, 1947, de Orson Welles), el misterio insondable de la feminidad de Yvonne De Carlo (&lsquo;El abrazo de la muerte&rsquo;, 1949, de Robert Siodmack), esa mirada inconfundible, entre la severidad y la ternura (apoyada en un ligero estrabismo que subrayaba su misterio), de Virginia Mayo (&lsquo;Al rojo vivo&rsquo;, 1949, de Raoul Walsh).
    </p><p class="article-text">
        Todas ensancharon much&iacute;simo los l&iacute;mites, cada vez m&aacute;s desdibujados por su amplitud, de la psicolog&iacute;a femenina. Con ello, el cine segu&iacute;a ofreciendo figuras apasionantes, con una capacidad de sugesti&oacute;n tal que las exim&iacute;a del juicio condenatorio que cabr&iacute;a esperar de su escasez de escr&uacute;pulo; tal fue el caso de Anne Baxter en &lsquo;Eva al desnudo&rsquo; (1950), dirigida por Joseph Leo Manckiewicz; o de Gloria Swanson, que cultiv&oacute; esa imagen tan suya, de tir&aacute;nica suficiencia apoyada en una mirada de cristal, que la acompa&ntilde;&oacute; durante todo un brillante itinerario en la &eacute;poca del mudo, de la mano, sobre todo, de Cecil B. de Mille, y que volver&iacute;a a exhibir, en una especie de maravilloso canto del cisne, en &lsquo;El crep&uacute;sculo de los dioses&rsquo; (1950), de Billy Wilder. Particular emoci&oacute;n me despert&oacute; la figura de Ida Lupino, que fue pionera como directora de una pel&iacute;cula de g&eacute;nero negro &lsquo;The Hitch-Hiker&rsquo;&nbsp;(1953) y que previamente protagonizar&iacute;a &lsquo;La pasi&oacute;n ciega&rsquo; (1940), de Raoul Walsh.
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        Me encanta pensar -un poco ingenuamente; lo s&eacute;- que esa conquista que supone el emplazamiento tras la c&aacute;mara de la mujer que pasa de int&eacute;rprete a creadora fue el detonante para que siguieran surgiendo otros muchos papeles de mujeres fatales, absolutamente cautivadoras. Al conjunto creciente se incorporar&iacute;a Gloria Grahame, en pel&iacute;culas portadoras del signo tr&aacute;gico tan identificativo de Fritz Lang (&lsquo;Los sobornados&rsquo;, 1953; y &lsquo;Deseos humanos&rsquo;&nbsp;,1954). El propio Lang se apoyar&iacute;a en la aparente (y fascinante) fragilidad de Joan Bennett como mujer fatal para ofrecer algunos de los mejores t&iacute;tulos del g&eacute;nero negro de la historia: &lsquo;La mujer del cuadro&rsquo; (1944), &lsquo;Perversidad&rsquo; (1945) y &lsquo;Secreto tras la puerta&rsquo; (1948).
    </p><p class="article-text">
        Felizmente, en la d&eacute;cada de los cincuenta, el flujo continu&oacute; con presencias como la de Joan Crawford, que explot&oacute; su mirada aquilina y los rincones oscuros de su vida privada para proyectar un personaje que repiti&oacute; una y otra vez, con independencia del g&eacute;nero y de las exigencias del guion (ejemplo de ello, &lsquo;Una mujer peligrosa&rsquo;, 1952, del artesano Felix E. Feist), o la de Marilyn Monroe en &lsquo;Ni&aacute;gara&rsquo; (1953), de Henry Hathaway, con esos matices que la hicieron, siempre magn&eacute;ticamente inclasificable, o Dorothy Malone, arquetipo de la mujer fatal por sus ademanes y por su f&iacute;sico, que, sin embargo, ha perdurado, en mi memoria, por un melodrama: &lsquo;Escrito sobre el viento&rsquo; (1956), de Douglas Sirk.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Estatuto propio dentro de estas mujeres que hicieron de la perversi&oacute;n su arma de lucha personal y/o social tiene Sue Lyon, la &lsquo;Lolita&rsquo; (1962) de Stanley Kubrick. Audrey Hepburn se movi&oacute;, siempre, en ese espacio indefinido entre la fragilidad vulnerable y una suficiencia arrogante capaz de destrozar los corazones m&aacute;s duros e insensibles (&lsquo;Desayuno con diamantes&rsquo;, 1961, de Blake Edwards; &lsquo;Charada&rsquo;, 1963, de Stanley Donen). Angie Dickinson se me mostr&oacute; majestuosa y leonina en &lsquo;C&oacute;digo del hampa&rsquo; (1964), de Don Siegel. Inolvidable como icono de toda una actitud vital, me parece Faye Dunaway, con sus ademanes andr&oacute;ginos y sus muy estudiadas referencias freudianas en &lsquo;Bonnie y Clyde&rsquo; (1967), de Arthur Penn.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os 80, la figura de la mujer fatal sigui&oacute; desarroll&aacute;ndose con encarnaciones plenas de sofisticaci&oacute;n, clase, ingenio y presencia seductora, que son los rasgos que definen a Kathleen Turner en &lsquo;Fuego en el cuerpo&rsquo; (1981), de Lawrence Kasdan, con una envolvente y enigm&aacute;tica belleza que parece quedar al margen de la l&iacute;nea que separa el bien del mal. En la oscilaci&oacute;n entre la realidad y el sue&ntilde;o, hall&eacute; a Isabella Rossellini en &lsquo;Terciopelo azul&rsquo;, 1986, de David Lynch, y, proveniente del mismo Jard&iacute;n del Ed&eacute;n, intentando subsistir en el exilio monacal del infierno, encontr&eacute; a Valentina Vargas en &lsquo;El nombre de la rosa&rsquo; (1986), de Jean-Jacques Annaud. Por desgracia, el salvaje conductismo de Kasdan, el apasionante mundo on&iacute;rico de Lynch, y el revisionismo del relato polic&iacute;aco y negro de Annaud y Eco dejaron el g&eacute;nero al borde de la chabacaner&iacute;a; tan solo era necesaria otra vuelta de tuerca para que fu&eacute;ramos arrojados a la groser&iacute;a y la estulticia.
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        Y, pese a que recibir&iacute;a a&uacute;n alguna valiosa aportaci&oacute;n, como la de Annette Bening en &lsquo;Los timadores&rsquo; (1990) de Stephen Frears, la figura de la mujer fatal se vio seriamente amenazada con parodias tan burdas como las protagonizadas por (la, por otra parte, fant&aacute;stica) Glenn Close (&lsquo;Atracci&oacute;n fatal&rsquo;, 1987, de Adrian Lyne), Sharon Stone (&lsquo;Instinto b&aacute;sico&rsquo;, 1992, de Paul Verhoeven) a la que siguieron un listado de t&iacute;tulos perfectamente olvidables como &lsquo;Mujer blanca soltera busca...&rsquo; (1992), de Barbet Schroeder; &lsquo;La mano que mece la cuna&rsquo; (1992), de Curtis Hanson; &lsquo;Acoso&rsquo; (1994), de Barry Levinson; &nbsp;&lsquo;Jade&rsquo; (1995) de William Friedkin; &lsquo;Entre las piernas&rsquo; (1999), de Manuel G&oacute;mez Pereira y un etc&eacute;tera casi tan largo y poco estimulante como el chorreo incesante de telefilmes que pueblan las anodinas sobremesas de los domingos.&nbsp; Tal vez, de este listado inmundo, quepa salvar a Linda Fiorentino en &lsquo;La &uacute;ltima seducci&oacute;n&rsquo; (1994), de John Dahl, y a Rosamund Pike en &lsquo;Perdida&rsquo; (1914), de David Fincher.
    </p><p class="article-text">
        Entretanto, en el cine europeo, los j&oacute;venes maestros de la Nouvelle Vague francesa, desde los a&ntilde;os cincuenta, hicieron propio el hallazgo de un eterno femenino cuyo mayor atractivo resid&iacute;a en su inteligencia (Simone Signoret, Vera Clouzot, Brigitte Bardot,&nbsp;Jean Seberg, Anouk Aim&eacute;e, Catherine Deneuve, Anna Karina, Monica Vitti&hellip;). Sin embargo, para entonces, la imagen de la mujer en el cine del viejo continente evolucionaba con una complejidad y una hondura que iba mucho m&aacute;s all&aacute; del cine negro y de la &lsquo;femme fatale&rsquo;&hellip; Pero esa es otra pel&iacute;cula.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[El Cronista Sentimental]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mujer-ii-cliche-severidad-ternura_132_2033730.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Aug 2018 20:28:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mujer fatal en el cine (II): un cliché roto entre la severidad y la ternura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine]]></media:keywords>
    </item>
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