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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jorge García]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Jorge García]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Eduardo López-Chavarri, músico rebelde en tiempos de orquestinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/eldiario-de-la-cultura/eduardo-lopez-chavarri-musico-rebelde-tiempos-orquestinas_132_6094394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a2afb7e-7b73-40cd-be6d-36a93f40d1ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eduardo López-Chavarri, músico rebelde en tiempos de orquestinas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodismo, la literatura y, sobre todo, la música centraron el interés de uno de los protagonistas de la cultura valenciana del siglo XX</p></div><p class="article-text">
        En el barrio del Carme de Val&egrave;ncia est&aacute; la plaza del M&uacute;sico L&oacute;pez-Chavarri. Fue rotulada en 1970, en vida todav&iacute;a de su dedicatario, que hab&iacute;a sido nombrado poco antes hijo predilecto de la ciudad. Solar y aparcamiento hasta hace poco, la plaza es hoy una especie de albero rectangular, con algo de jard&iacute;n a un lado, amenazado peri&oacute;dicamente por el hormig&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad se acord&oacute; demasiado tarde de Chavarri (Val&egrave;ncia 1871-1970), uno de los protagonistas culturales de nuestra historia reciente, cuando estaba a punto de desaparecer despu&eacute;s de casi un siglo de vida. Su &eacute;poca de esplendor quedaba muy atr&aacute;s, entre la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XIX y las primeras del XX; en aquellos tiempos fue un personaje extraordinariamente inquieto e influyente. Tuvo varias vocaciones y a todas dedic&oacute; esfuerzos: el derecho, el dibujo, la literatura, y sobre todo la docencia, el periodismo y la m&uacute;sica, que ocupaba el centro de su mundo. Su trayectoria, como la de otros valencianos de su tiempo, se resume en una lucha desigual por la modernizaci&oacute;n est&eacute;tica, que tropez&oacute; con la indiferencia o la hostilidad de sus conciudadanos. Tras el triunfo del franquismo, Chavarri, de talante conservador, no fue perseguido ni tuvo que exiliarse, pero su antigua beligerancia qued&oacute; reducida a sus aspectos m&aacute;s inofensivos, refugiada en nostalgias y silencios.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro personaje fue en gran parte autodidacta. Estudi&oacute; m&uacute;sica en la academia privada del reputado organista y editor Francisco Antich. El piano debi&oacute; aprenderlo con profesores particulares, siguiendo los pasos de su hermano mayor Casimiro. Su padre, Juli&aacute;n, era un mel&oacute;mano y en la acomodada casa familiar se organizaban veladas donde los hermanos tocaban el piano a cuatro manos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Juli&aacute;n L&oacute;pez-Chavarri hab&iacute;a nacido en Guadalajara&nbsp;&mdash;donde pose&iacute;a fincas&mdash; pero se instal&oacute; en Val&egrave;ncia hacia 1857&nbsp;para ser profesor de la Escuela Industrial. Ingeniero y pol&iacute;tico del Partido Liberal de Sagasta, en Madrid fue diputado y senador y en Val&egrave;ncia concejal y catedr&aacute;tico de la Universidad, adem&aacute;s de pertenecer a influyentes sociedades.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los primeros escritos del joven Eduardo aparecieron en el diario&nbsp;<em>La nueva lucha</em>, de Girona, en 1889, ciudad en la que vivi&oacute; la familia cuando su padre ostent&oacute; el gobierno civil de aquella provincia. Con el seud&oacute;nimo de Dixit comentaba estrenos de m&uacute;sica l&iacute;rica y teatro, adem&aacute;s de polemizar sobre nader&iacute;as con algunos poetas locales. Su soltura y su ingenio ya son apreciables en esos textos, como tambi&eacute;n su inclinaci&oacute;n por la iron&iacute;a, a veces casi sarcasmo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta finales de la d&eacute;cada de los noventa del siglo XIX, las colaboraciones period&iacute;sticas de Eduardo L&oacute;pez-Chavarri en diferentes cabeceras fueron espor&aacute;dicas. Los datos que tenemos sobre esa etapa son escasos, pero estudi&oacute; arte, leyes&nbsp;&mdash;parte de la carrera como alumno libre&mdash; y sigui&oacute; con la m&uacute;sica.&nbsp;En 1895 se licenci&oacute; en Derecho. Es posible que sus estudios musicales en el extranjero, incluyendo una estancia en Leipzig para recibir lecciones de Salomon Jadassohn, coincidieran con esta &eacute;poca. Jadassohn fue un profesor prestigioso; entre sus alumnos en el conservatorio de Leipzig estuvo Edvard Grieg, uno de los primeros h&eacute;roes musicales de Chavarri.
    </p><p class="article-text">
        En 1894, Eduardo L&oacute;pez-Chavarri se inici&oacute; como conferenciante concertista en el Ateneo Cient&iacute;fico de Val&egrave;ncia, instigado por Enrique Buxaderas, que hab&iacute;a sido su profesor de literatura en el Instituto. Habl&oacute; all&iacute; precisamente sobre Grieg y la m&uacute;sica noruega, con ejemplos musicales que &eacute;l mismo introduc&iacute;a desde el piano. Asistente desde muy joven a las tertulias organizadas por Teodoro Llorente en&nbsp;<em>Las Provincias</em>, empez&oacute; a colaborar con el diario en 1897 como cr&iacute;tico musical, aunque pronto ser&iacute;a redactor con otros m&uacute;ltiples cometidos. Casi al mismo tiempo se inici&oacute; como corresponsal para revistas de m&uacute;sica francesas y belgas. Trabaj&oacute; adem&aacute;s&nbsp;&mdash;hasta 1908&mdash;&nbsp;como fiscal sustituto en la audiencia provincial, lo que no le imped&iacute;a viajar con frecuencia a Madrid para obtener el grado de doctor en la Universidad Central, &uacute;nica en Espa&ntilde;a autorizada a expedir ese t&iacute;tulo. En la capital era asiduo del Teatro Real y las salas de concierto y se ve&iacute;a entre otros intelectuales con el compositor y music&oacute;grafo tortosino Felipe Pedrell, catedr&aacute;tico de su conservatorio entre 1895 y 1904 y personalidad decisiva en el curso de la m&uacute;sica y la musicolog&iacute;a espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Pedrell (1841-1922) fue lo m&aacute;s parecido a un mentor que tuvo L&oacute;pez-Chavarri. No sabemos c&oacute;mo se conocieron pero Pedrell era amigo de Llorente y ten&iacute;a relaci&oacute;n con Val&egrave;ncia. Chavarri se escrib&iacute;a con &eacute;l al menos desde 1897; aunque formalmente era su alumno y le enviaba ejercicios y borradores para que los corrigiera, tambi&eacute;n colaboraba en sus proyectos de recopilaci&oacute;n de m&uacute;sicas tradicionales e intercambiaban informaci&oacute;n y opiniones sobre m&uacute;sica. Chavarri elogi&oacute; su obra compositiva, pero Pedrell le influy&oacute; sobre todo como historiador y te&oacute;rico que contribuy&oacute; a sentar las bases del nacionalismo musical.
    </p><p class="article-text">
        La personalidad e intereses de&nbsp;Eduardo L&oacute;pez-Chavarri&nbsp;le predispon&iacute;an a ese entendimiento. Chavarri fue, como Pedrell, un entusiasta de la m&uacute;sica de Richard Wagner, cuyas &oacute;peras escuchaba en el teatro Real de Madrid y en el Liceo de Barcelona (a la Val&egrave;ncia de su tiempo apenas llegaba). Pero era tambi&eacute;n&nbsp;un idealista, un rom&aacute;ntico tard&iacute;o que pretend&iacute;a transformar la sociedad por medio de la educaci&oacute;n y el arte, o de la educaci&oacute;n por el arte, aspiraci&oacute;n no menos wagneriana. En esa &eacute;poca ser partidario de Wagner supon&iacute;a, en cierto modo, estar a favor de la innovaci&oacute;n musical frente a inercias decimon&oacute;nicas.
    </p><p class="article-text">
        En cuestiones musicales L&oacute;pez-Chavarri censuraba todo lo que los conciertos ten&iacute;an de espect&aacute;culo y rutina social. &Eacute;l buscaba en la m&uacute;sica experiencias sublimes. Abominaba adem&aacute;s de lo que Pedrell llamaba &laquo;flamenquismo&raquo;, o sea el abuso del cante jondo como mero espect&aacute;culo o clich&eacute; y en general la mistificaci&oacute;n de m&uacute;sicas tradicionales mediante influencias de la cultura burguesa. Por la misma raz&oacute;n detestaba la m&uacute;sica de banda, que consideraba imitaci&oacute;n rural de vicios ciudadanos, y las florecientes m&uacute;sicas populares urbanas, que a defectos similares sumaban, en su opini&oacute;n, la perversi&oacute;n moral y la exaltaci&oacute;n de los bajos instintos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1901 Chavarri gan&oacute; un premio en los juegos florales de Lo Rat Penat con un ensayo sobre educaci&oacute;n musical, uno de sus textos te&oacute;ricos m&aacute;s importantes. En nuestro &aacute;mbito cultural esa preocupaci&oacute;n educadora relacionaba a Chavarri con el regeneracionismo, del que participaba Pedrell, aunque en el valenciano asomaba tambi&eacute;n un puritano, un perseguidor de pecadores contra la religi&oacute;n del arte, enemigo a la manera de Ruskin de una civilizaci&oacute;n &laquo;demasiado mercantil&raquo; y de sus progresos tecnol&oacute;gicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese puritanismo emparentaba a Chavarri con el modernismo del pintor y dramaturgo Santiago Rusi&ntilde;ol, a quien conoci&oacute; en Val&egrave;ncia y con el que mantuvo una firme amistad hasta su muerte. Chavarri fue uno de los m&aacute;s celebrados propagandistas del modernismo a trav&eacute;s de un art&iacute;culo publicado en 1902 por la revista madrile&ntilde;a&nbsp;<em>Gente vieja</em>&nbsp;(y reproducido en&nbsp;<em>Las Provincias</em>) que le dio reconocimiento intelectual. Rusi&ntilde;ol y Chavarri abogaban por un arte que conmoviera las conciencias sin dejarse llevar por el materialismo &laquo;de bajo vientre&raquo;. Rusi&ntilde;ol escribi&oacute; luego el pr&oacute;logo para el libro&nbsp;<em>Cuentos l&iacute;rics</em>&nbsp;(1907), de Chavarri, donde hac&iacute;a un atinado retrato de la compleja personalidad del valenciano. Este, por su parte, escribi&oacute; sobre su amigo que&nbsp;&laquo;el pensamiento de Rusi&ntilde;ol no puede ser m&aacute;s claramente po&eacute;tico, m&aacute;s impregnado de ese agridulce melanc&oacute;lico peculiar de los esp&iacute;ritus enamorados de lo hermoso, cuando se sienten heridos por los contrastes de la realidad&raquo;. Pod&iacute;a estar hablando de s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        En el convulso cambio de siglo a L&oacute;pez-Chavarri se le abrieron las puertas de varias publicaciones eruditas editadas en Madrid, como la&nbsp;<em>Revista critica de historia y literatura espa&ntilde;olas, portuguesas e hispanoamericanas</em>, que dirig&iacute;an Rafael Altamira y Antonio El&iacute;as de Molins, o la&nbsp;<em>Revista contempor&aacute;nea</em>. En sus art&iacute;culos, ambiciosos y elaborados, habl&oacute; de la tetralog&iacute;a wagneriana, dio muestra de su fidelidad al ideario pedrelliano y particip&oacute; a su manera en el debate sobre una &oacute;pera nacional, aunque a Chavarri la inspiraci&oacute;n le llevar&iacute;a por otro camino. Pese a su admiraci&oacute;n por el teatro musical, por temperamento estaba m&aacute;s cerca de Schumann y como compositor cultivar&iacute;a sobre todo las formas breves y la m&uacute;sica de c&aacute;mara, consciente quiz&aacute; de las fragilidades del mundillo musical valenciano.
    </p><p class="article-text">
        Es curiosa su etapa como corresponsal valenciano del diario&nbsp;<em>El Globo</em>&nbsp;de Madrid, entre 1902 y 1903, donde trabajaban entonces Azor&iacute;n y P&iacute;o Baroja. En breves cr&oacute;nicas telef&oacute;nicas se ocup&oacute; sobre todo de temas pol&iacute;ticos y de conflictos sociales, pero tambi&eacute;n de sucesos, y firm&oacute; art&iacute;culos de denuncia social como el titulado &laquo;Industrias de muerte&raquo;, sobre las terribles condiciones laborales en las papeleras del r&iacute;o Clariano, un g&eacute;nero sobre el que ya no volver&iacute;a y un momento de franco progresismo ideol&oacute;gico que se desvanecer&iacute;a. Descubrimos ah&iacute; al L&oacute;pez-Chavarri enamorado del periodismo, de la cr&oacute;nica, m&aacute;s all&aacute; de la cr&iacute;tica cultural.
    </p><p class="article-text">
        Animado por Pedrell, catedr&aacute;tico en Madrid de Est&eacute;tica e Historia de la M&uacute;sica, Chavarri fantase&oacute; con la posibilidad de trasladarse a la capital y obtener una plaza en su conservatorio. Pero cuando aqu&eacute;l abandon&oacute; Madrid y regres&oacute; a Barcelona en 1904, la relaci&oacute;n de L&oacute;pez-Chavarri con Madrid y sus c&iacute;rculos intelectuales perdi&oacute; fuelle y se orient&oacute; decididamente hacia Catalu&ntilde;a, donde ya contaba con su amigo Rusi&ntilde;ol, que le abr&iacute;a puertas de revistas y c&iacute;rculos art&iacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        No fue sin embargo un giro brusco. Los m&uacute;sicos de la generaci&oacute;n de Eduardo L&oacute;pez-Chavarri y la siguiente, influidos por el pensamiento pedrelliano, vieron como algo casi preceptivo la recopilaci&oacute;n de canciones populares para reutilizarlas en composiciones de m&uacute;sica culta. Del espa&ntilde;olismo pasaron muchos de ellos al regionalismo o al nacionalismo musical y cultural en sus tierras de origen. Este fue tambi&eacute;n el caso de Chavarri, que conforme entraba el siglo se asent&oacute; en Val&egrave;ncia, intensific&oacute; su colaboraci&oacute;n con&nbsp;<em>Las Provincias</em>, puso m&aacute;s ambici&oacute;n en su carrera musical y explicit&oacute; sus convicciones nacionalistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En lo musical, en 1903 organiz&oacute; una orquesta de cuerda para ofrecer unas conferencias-concierto auspiciadas por el C&iacute;rculo de Bellas Artes y en 1906 volvi&oacute; a reunir una orquesta, esta vez sinf&oacute;nica, para dar conciertos en el Teatro Principal, a los que se asist&iacute;a por suscripci&oacute;n. Era el germen de la Sociedad Filarm&oacute;nica, que llegar&iacute;a definitivamente en 1912. Ambas aventuras tuvieron dos rasgos en com&uacute;n: el af&aacute;n de Chavarri por mostrar a Val&egrave;ncia nuevos repertorios y obras consagradas en el resto de Europa pero desconocidas en su ciudad, y unos resultados de audiencia entre discretos y calamitosos.
    </p><p class="article-text">
        En contraste con el &laquo;ol&iacute;mpico desd&eacute;n de Valencia hacia todo lo que tiene m&eacute;rito&raquo;, Chavarri encontr&oacute; en Barcelona, seg&uacute;n sus palabras, &laquo;gentes cultas que pueden disfrutar las grandes emociones del arte&raquo;, y algo m&aacute;s importante que se le regateaba en su ciudad: reconocimiento. Perfectamente integrado en el catalanismo cultural, que lo acogi&oacute; como uno de los suyos, fue firmante del manifiesto estatal a favor de la juventud catalana de 1907, encabezado por Leopoldo Alas, adem&aacute;s de mantenedor de los juegos florales de Barcelona de 1918, y particip&oacute; en otras m&uacute;ltiples iniciativas culturales y c&iacute;vicas. Desde 1905 hasta su desaparici&oacute;n colabor&oacute; con la&nbsp;<em>Revista Musical Catalana</em>, publicada por el Orfe&oacute; Catal&agrave;. Su admiraci&oacute;n por el movimiento coral ten&iacute;a ra&iacute;ces est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, pues pensaba que &laquo;las cosas augustas con las que se hace patria solo al noble canto pueden ser confiadas&raquo;, pero esa devoci&oacute;n se increment&oacute; mediante colaboraciones art&iacute;sticas a las que el Orfe&oacute; siempre se prest&oacute;. La m&aacute;s significativa de ellas, tal vez, el estreno de&nbsp;<em>Llegenda</em>, cantata patri&oacute;tica para coro y orquesta basada en un poema de Llorente, durante la Exposici&oacute;n Regional valenciana de 1909.
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;pez-Chavarri fue el m&aacute;ximo responsable de las actividades musicales de la Exposici&oacute;n y el estreno de&nbsp;<em>Llegenda</em>&nbsp;ten&iacute;a una especie de valor simb&oacute;lico, de momento culminante. Chavarri deposit&oacute; muchas esperanzas en la Exposici&oacute;n como motor de cambio cultural. Sin embargo el protagonismo musical, como sabemos, fue para el himno de Jos&eacute; Serrano y Maximiliano Thous. Por otra parte, seg&uacute;n confesiones de un despagado Chavarri a la&nbsp;<em>Revista Musical Catalana</em>, de todos los espect&aacute;culos musicales de pago que se organizaron el &uacute;nico que tuvo &eacute;xito de p&uacute;blico fue la actuaci&oacute;n de la cupletista Fornarina, que incluso oblig&oacute; a retrasar un concierto de la Escola Choral de Terrassa programado por &eacute;l: &laquo;el p&uacute;blic acudia a festejar el cant lasciu d&rsquo;una&nbsp;<em>divette</em>, y triomfava la carn sobre aquells cants que s&oacute;n flor d&rsquo;esperit, y s&oacute;n noblesa de cor y s&oacute;n patria&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa Val&egrave;ncia fr&iacute;vola asfixiaba a Chavarri. En busca de un cambio de aires, en julio de 1909 parti&oacute; hacia Melilla como corresponsal de&nbsp;<em>Las Provincias</em>&nbsp;en la campa&ntilde;a del Riff, donde permaneci&oacute; hasta noviembre. Un gesto novelesco y sin duda buscado por voluntad propia. Pero ni as&iacute; pudo distanciarse del todo; con soterrada iron&iacute;a escrib&iacute;a en agosto, en una de sus cr&oacute;nicas de guerra, que en cuanto se juntaban dos valencianos en &Aacute;frica invariablemente se hablada de la Exposici&oacute;n y se entonaba el himno: &laquo;&iexcl;dichoso himno! Pienso que ya lo saben hasta los chiquillos de los aduares moros amigos&raquo;. Chavarri no se involucr&oacute; en los ataques contra el himno de un grupo de intelectuales encabezados por el cr&iacute;tico Eduardo Ranch en agosto de 1925, poco despu&eacute;s de su proclamaci&oacute;n como himno regional, pero dej&oacute; ver su distancia respecto al compositor de Sueca y su oportunismo musical en varias ocasiones.
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                Retrato de Chavarri, hacia 1930, por Novella.                            </span>
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        En 1910 L&oacute;pez-Chavarri accedi&oacute; a una plaza en el Conservatorio de Val&egrave;ncia como profesor de Est&eacute;tica y Teor&iacute;a de la M&uacute;sica, la misma asignatura que imparti&oacute; Pedrell en Madrid, y que en Val&egrave;ncia era de nueva creaci&oacute;n. De alguna manera se acababan as&iacute; sus vaivenes laborales; su vida profesional bascul&oacute; en adelante entre la docencia acad&eacute;mica y el periodismo. &Eacute;l hab&iacute;a sido muy cr&iacute;tico con el Conservatorio, por sus deficiencias pedag&oacute;gicas, y continuar&iacute;a si&eacute;ndolo desde sus mismas aulas, lo que le vali&oacute; incluso reprimendas de la direcci&oacute;n. Pero la tribuna acad&eacute;mica &mdash;y el peso de su opini&oacute;n a la hora de conceder subvenciones&mdash; le permiti&oacute; impulsar la carrera de m&uacute;sicos importantes, como los hermanos Amparo y Jos&eacute; Iturbi, Joaqu&iacute;n Rodrigo, Amparo Garrigues o Leopoldo Querol, y difundir sus ideas sobre el nacionalismo musical y la m&uacute;sica popular, que influyeron en compositores de la generaci&oacute;n de Manuel Palau y en la siguiente, la del llamado grupo de los j&oacute;venes, cuya trayectoria ascendente qued&oacute; frenada por la Guerra Civil.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito ensay&iacute;stico, su&nbsp;<em>Historia de la m&uacute;sica</em>&nbsp;(1917) incluy&oacute; uno de los primeros res&uacute;menes sistem&aacute;ticos de la m&uacute;sica espa&ntilde;ola de su tiempo, y&nbsp;<em>M&uacute;sica popular espa&ntilde;ola</em>, que public&oacute; Labor en 1927, fue un trabajo importante y can&oacute;nico dentro del nacionalismo de la &eacute;poca, con numerosas reediciones. Por otra parte, su pol&eacute;mica con Joaqu&iacute;n Nin en las p&aacute;ginas de la&nbsp;<em>Revista Musical</em>&nbsp;(1911-12) en torno al uso del clave o el piano para interpretar m&uacute;sica antigua a&uacute;n se lee con inter&eacute;s m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Su carrera como compositor avanzaba siempre entre tropiezos por la falta de infraestructuras musicales y temporadas estables en Val&egrave;ncia. Escrib&iacute;a obras de peque&ntilde;as dimensiones que estrenaban colegas, alumnos o amigos fieles como Millet desde su Orfe&oacute; Catal&agrave;, y le costaba mucho conseguir que volvieran a interpretarse. Entre 1915 y 1918 organiz&oacute; y se puso al frente de una ef&iacute;mera Orquesta Valenciana de C&aacute;mara, su en&eacute;sima empresa musical, que protagoniz&oacute; varios ciclos de conciertos e incluso estuvo de gira por Espa&ntilde;a, algo ins&oacute;lito para una agrupaci&oacute;n de esta ciudad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero los verdaderos acontecimientos culturales de la ciudad eran los estrenos de zarzuela, m&aacute;s arrevistada conforme avanzaban los a&ntilde;os, y el puntual certamen de bandas de la plaza de toros, lo cual fue minando el antiguo idealismo de L&oacute;pez-Chavarri. A veces ten&iacute;a estallidos de genio, como el sombr&iacute;o art&iacute;culo para la revista&nbsp;<em>Ritmo</em>&nbsp;de Madrid de 1933 sobre la historia de la m&uacute;sica valenciana donde, al ocuparse del momento presente, se quejaba de que el Estado actuaba como si tuviera &laquo;el prop&oacute;sito decidido de aniquilar&raquo; la pujante escuela valenciana; antes hab&iacute;a dicho cosas parecidas, pero no en una tribuna tan poco amiga de la confrontaci&oacute;n con el poder.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la Guerra Civil Eduardo L&oacute;pez-Chavarri, que ya rondaba los setenta a&ntilde;os, fue adoptado por el franquismo como uno de sus colaboradores visibles en Val&egrave;ncia, y &eacute;l accedi&oacute; a ello (una de sus preocupaciones era abrir camino a su &uacute;nico hijo, Eduardo L&oacute;pez-Chavarri And&uacute;jar, nacido en 1931 y que a la larga&nbsp;<em>heredar&iacute;a</em>&nbsp;algunos de sus cargos y responsabilidades). En 1940 ingres&oacute; en la Real Academia de San Carlos, se le llamaba para intervenir en actos propagand&iacute;sticos y comenz&oacute; a asesorar a los coros de la Secci&oacute;n Femenina, la acartonada versi&oacute;n que daba el R&eacute;gimen del cultivo de las m&uacute;sicas populares, anta&ntilde;o preconizado por Pedrell y el propio Chavarri. El puritanismo de Chavarri y su idealizaci&oacute;n de lo popular, convertidos en clich&eacute;, encontraron de pronto un inesperado acomodo en los discursos est&eacute;ticos de la dictadura, hostil a cualquier innovaci&oacute;n musical venida de fuera.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; nuestro m&uacute;sico so&ntilde;&oacute; entonces con la recompensa de ver su obra ocupando un lugar destacado en los programas de las orquestas, pero sigui&oacute; m&aacute;s o menos en el segundo plano donde estaba, obligado a pedir favores e insistir a unos y otros para conseguir conciertos. La jubilaci&oacute;n del Conservatorio de Val&egrave;ncia en 1941 fue reglamentaria, aunque tambi&eacute;n la vivi&oacute; como una marginaci&oacute;n m&aacute;s. El escritor Daniel Mart&iacute;nez Ferrando, entonces perseguido por el franquismo como mas&oacute;n y que tambi&eacute;n en su juventud hab&iacute;a pretendido dignificar la literatura valenciana, le escribi&oacute; con motivo de su retirada lamentando que no hubiera conseguido imponer sus ideales est&eacute;ticos. Y por una carta de Ricard Lamote de Grignon fechada en 1950 sabemos que L&oacute;pez-Chavarri le pregunt&oacute; con amargura si sus obras estaban prohibidas cuando Ricard y su padre Joan llevaban las riendas de la Orquesta Municipal de valencia, entre 1943 y 1949. La respuesta fue que prohibidas no, pero que la gerencia sol&iacute;a privilegiar aquellas que aseguraban una buena taquilla.
    </p><p class="article-text">
        Durante su largo oto&ntilde;o Chavarri sigui&oacute; componiendo, dando conferencias y escribiendo rese&ntilde;as o art&iacute;culos anecd&oacute;ticos sobre personajes de otros tiempos. Puede que sus quejas &iacute;ntimas tuvieran fundamento pero en todo caso se le interpretaba. En Val&egrave;ncia y en el resto de Espa&ntilde;a, sobre todo. Como ha pasado con el tambi&eacute;n valenciano Manuel Palau, infaltable durante tantos a&ntilde;os, con el sevillano Joaqu&iacute;n Turina, uno de los m&uacute;sicos privilegiados por el franquismo, y con otros m&uacute;sicos nacionalistas de su tiempo, de colores ideol&oacute;gicos diversos, la m&uacute;sica de Chavarri casi ha desaparecido hoy de los programas. Si la escuchamos ahora tiene encanto y una cierta ingenuidad, pero hace cien a&ntilde;os sus apuestas formales eran rompedoras, y debemos agradecerle su empe&ntilde;o por dotar a la ciudad de infraestructuras musicales, por reformar la complaciente ense&ntilde;anza musical de su &eacute;poca y por buscar espectadores menos atentos al virtuosismo del int&eacute;rprete que a la experiencia &uacute;nica que las obras maestras de la m&uacute;sica nos proponen. Sobre todo ello escribi&oacute; en abundancia, con la mayor exigencia intelectual y a veces con una irresistible iron&iacute;a. Pero cuando hizo falta fue tambi&eacute;n el primero en subirse a un escenario e implicarse en la batalla real de la cultura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/eldiario-de-la-cultura/eduardo-lopez-chavarri-musico-rebelde-tiempos-orquestinas_132_6094394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2020 20:24:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo López-Chavarri, músico rebelde en tiempos de orquestinas]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Patrimonio musical: una pérdida silenciosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/patrimonio-musical-perdida-silenciosa_1_6310645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El incendio de Notre Dame de Par&iacute;s en abril de 2019 nos mostr&oacute; hasta qu&eacute; punto la desaparici&oacute;n fulminante del patrimonio cultural, incluso cuando est&aacute; alejado de nosotros, puede dolernos intensamente. Es un caso reciente pero en absoluto &uacute;nico. Los esfuerzos colectivos llevados a cabo para la salvaci&oacute;n de pinturas, esculturas o libros amenazados de expolio o destrucci&oacute;n, incluso con riesgo de vidas, no son cosa de este tiempo, y encontramos ejemplos a lo largo de toda la historia. Pero que la cultura se perciba como un bien digno de protecci&oacute;n cuando se ve afectada por una desgracia no nos exime de su cuidado en circunstancias menos dram&aacute;ticas. En el monasterio de santa Mar&iacute;a de la Valldigna tenemos un ejemplo muy cercano de degradaci&oacute;n sin cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        La democracia y el estado de las autonom&iacute;as han generado herramientas legales m&aacute;s cercanas a las sensibilidades locales para una defensa de los bienes culturales, incluso de aquellos menos vistosos que una catedral o un cuadro de Picasso. Sin embargo, el aumento de las obligaciones conservacionistas no se ha visto correspondido con un crecimiento en consonancia de las inversiones e instituciones que permitan atenderlas; el desarrollo del aparato legal no siempre coincide con un aumento de la sensibilidad real y las medidas efectivas. Las leyes y las protecciones honorarias no solucionan problemas si se desatienden o no se pueden cumplir.
    </p><p class="article-text">
        En este universo patrimonial la m&uacute;sica ocupa un lugar &uacute;nico que dificulta especialmente su salvaguardia. Los objetos musicales necesitados de protecci&oacute;n son de naturaleza muy diferente, desde una partitura impresa o manuscrita, un instrumento musical en desuso, una melod&iacute;a popular que corre de boca en boca o una grabaci&oacute;n en cualquiera de los innumerables soportes que se han sucedido a lo largo del &uacute;ltimo siglo y medio. Su cuidado exige especializaciones plurales e infraestructuras y tecnolog&iacute;a tambi&eacute;n muy diversos. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, y debido en parte a esa misma heterogeneidad, el patrimonio musical est&aacute; disperso, repartido entre archivos civiles y eclesi&aacute;sticos, colecciones privadas, bibliotecas de m&uacute;sicos, almacenes de empresas de servicios o asociaciones y sociedades musicales. Todo este caudal de bienes no solo carece en muchas ocasiones de la protecci&oacute;n requerida, m&aacute;s all&aacute; de la te&oacute;rica protecci&oacute;n legal; es que muchas veces ni siquiera hay noticia p&uacute;blica de su existencia porque no ha sido inventariado. Va desapareciendo sin que apenas nadie llegue a saberlo, pese a que constituye una parte de nuestra identidad como pueblo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; el mayor problema del patrimonio musical es el de su invisibilidad. Parad&oacute;jicamente, la invisibilidad de la m&uacute;sica est&aacute; ligada a su omnipresencia. Convivimos con la m&uacute;sica con una naturalidad que no experimentamos cuando disfrutamos de otros objetos art&iacute;sticos, que reclaman una atenci&oacute;n m&aacute;s exclusiva, y eso nos conduce, de manera inconsciente, a obviar su protecci&oacute;n. Tampoco hay, al menos entre nosotros, museos dedicados a la m&uacute;sica que nos conciencien sobre su valor patrimonial y los peligros que se ciernen sobre tantos documentos y objetos musicales, cuya fragilidad demanda una vigilancia especial. Ahora que se multiplican en Valencia los edificios p&uacute;blicos en busca de un destino cultural adecuado deber&iacute;amos pensar en las necesidades del patrimonio musical. Habr&iacute;a que recuperar la idea de una biblioteca de las artes esc&eacute;nicas, el audiovisual y la m&uacute;sica que se anunci&oacute; a bombo y platillo como proyecto de legislatura hace unos a&ntilde;os y luego cay&oacute; en el olvido m&aacute;s absoluto. Dicha instituci&oacute;n, que tambi&eacute;n podr&iacute;a tener actividad muse&iacute;stica, funcionar&iacute;a como reclamo capaz de atraer objetos o colecciones an&oacute;nimas, darlas a conocer a los ciudadanos y a la comunidad cient&iacute;fica y ponerlas en valor. Un acuerdo entre diferentes instituciones p&uacute;blicas y el sector privado ser&iacute;a quiz&aacute; lo m&aacute;s deseable para alcanzar un amplio consenso en torno a tareas pendientes y metas a corto y largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro sistema cultural, cada vez m&aacute;s dependiente de la imagen, la m&uacute;sica ajena a la industria audiovisual est&aacute; en desventaja respecto a otros productos, y los medios de comunicaci&oacute;n, llevados por la inercia, con frecuencia no hacen sino intensificar esa desigualdad. Si nadie pone remedio, estamos en un c&iacute;rculo vicioso. El panorama es sombr&iacute;o. No hacen falta incendios, terremotos o inundaciones para que el patrimonio musical, a peque&ntilde;os pasos, vaya desapareciendo o quede sepultado en un olvido definitivo. La tierra de la m&uacute;sica podr&aacute; presumir de nuevo, cuando el virus lo permita, de festivales multitudinarios, industria, escuelas y talentos en activo, pero seguir&aacute; perdiendo la memoria de sus ra&iacute;ces art&iacute;sticas, de todo aquello que la ha hecho &uacute;nica y diferente de todas las dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/patrimonio-musical-perdida-silenciosa_1_6310645.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Oct 2020 20:31:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Patrimonio musical: una pérdida silenciosa]]></media:title>
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