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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rafael Pérez Ruiz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rafael-perez-ruiz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rafael Pérez Ruiz]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Proteger nuestra democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/proteger-democracia_129_6111553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1bfb2e2-1704-4a35-ac5c-d946a16b753c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Proteger nuestra democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este próximo 22 de julio celebramos el Día Europeo de las Víctimas de los Delitos de Odio. Son delitos que nos envenenan, que nos envilecen a todos y que nos llevan a un riesgo real de fractura</p></div><p class="article-text">
        Cuando a mediados del pasado siglo Tennessee Williams escribi&oacute; que &ldquo;el odio es un sentimiento que s&oacute;lo puede existir en ausencia de toda inteligencia&rdquo;, recog&iacute;a una idea imperante en su &eacute;poca, que mantiene todav&iacute;a hoy cierta vigencia, y que relaciona la discriminaci&oacute;n con la incultura y el desconocimiento propios de quienes defienden que determinados grupos nacionales, &eacute;tnicos, religiosos, de identidad cultural o sexual, de capacidades intelectuales o f&iacute;sicas, son superiores al resto. 
    </p><p class="article-text">
        Es un razonamiento acertado, pero equ&iacute;voco. Porque, en el tiempo que nos ha tocado vivir, la mayor&iacute;a de las veces se llega al odio desde una construcci&oacute;n pretendidamente intelectual y, por lo tanto, m&aacute;s peligrosa incluso. Ten&iacute;a raz&oacute;n Nelson Mandela cuando afirmaba que &ldquo;nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, por su trasfondo, o por su religi&oacute;n&rdquo;. Al racismo, a la xenofobia, se llega hoy desde inteligentes, por elaborados, discursos construidos con odio. Nacen muchas veces como bromitas escolares, acosos adolescentes o insultos tabernarios que parecen intrascendentes hasta que degeneran en ataques a la dignidad que excluyen y provocan la violencia contra personas, comunidades o grupos de personas. 
    </p><p class="article-text">
        Es un esquema que hemos visto reproducido demasiadas veces a lo largo de nuestra historia reciente, y cuya virulencia m&aacute;s aterradora fue ejecutada por el r&eacute;gimen nazi, los promotores del Ku Klux Klan, los actores del conflicto de los Balcanes o los grupos enfrentados en la guerra civil ruandesa, por citar solo algunos de los m&aacute;s cruentos ejemplos. Pero no es, desgraciadamente, un esquema superado, que podamos se&ntilde;alar confiados como algo del pasado. 
    </p><p class="article-text">
        El relato del odio es hoy moneda com&uacute;n de ideolog&iacute;as de dominio y enfrentamiento que apelan a la ret&oacute;rica, a la emoci&oacute;n m&aacute;s que a la raz&oacute;n, para propagar posiciones que humillan y provocan dolor a sus v&iacute;ctimas. Las redes sociales han amplificado este discurso y el ciberodio es ya un problema de primera magnitud que requiere nuevos recursos y conocimientos para identificarlo y perseguirlo.
    </p><p class="article-text">
        La humanidad ha progresado cada vez que ha combatido las estrategias discriminatorias, y lo ha hecho por el da&ntilde;o que causan a quienes las sufren y porque desencadenan procesos de violencia intolerables. El pre&aacute;mbulo de la Declaraci&oacute;n Universal de Derechos Humanos nos recuerda que el menosprecio de la dignidad humana &ldquo;ha originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La estrategia del odio busca la destrucci&oacute;n de ese otro concreto a quien identifica como enemigo, pero nos amenaza a todos. Y su germen, su punto de partida, est&aacute; en los discursos de odio. No hablamos de algo inocuo o intrascendente: esconden un latente peligro que puede detonar la violencia. Toda la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la materia tiene un mismo hilo conductor: &ldquo;Los discursos pol&iacute;ticos que incitan al odio basado en prejuicios religiosos, &eacute;tnicos o culturales representan un peligro para la paz social y la estabilidad pol&iacute;tica en los Estados democr&aacute;ticos&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Delitos de odio</h3><p class="article-text">
        Este pr&oacute;ximo 22 de julio celebramos el D&iacute;a Europeo de las V&iacute;ctimas de los Delitos de Odio. La fecha fue elegida dentro de la campa&ntilde;a <em>No Hate Speech</em> en recuerdo de los atentados de 2011 en Oslo y Utoya (Noruega), que dejaron un saldo de 77 muertos y m&aacute;s de un centenar de heridos, muchos de ellos adolescentes. Aquella masacre evidencia el riesgo al que nos enfrentamos: el discurso del odio nace para alcanzar un estadio superior m&aacute;s peligroso porque implica acciones lesivas contra personas o propiedades. 
    </p><p class="article-text">
        El progresivo protagonismo que los delitos de odio han adquirido en el panorama jur&iacute;dico, social y pol&iacute;tico espa&ntilde;ol en los &uacute;ltimos tiempos es innegable: la Oficina Nacional de lucha contra los delitos de odio del Ministerio del Interior nos alerta de que entre 2013 y 2019 las denuncias por estos hechos han aumentado un 45 por ciento. Ha llegado el momento de reaccionar. 
    </p><p class="article-text">
        En sistemas democr&aacute;ticos comprometidos con los derechos humanos como el espa&ntilde;ol, la respuesta a la violencia generada por el odio debe apoyarse en pol&iacute;ticas integrales y trasversales que generen un cambio de mentalidad a favor de la igualdad y el respeto a la diversidad cultural, racial, afecto-sexual y funcional. 
    </p><p class="article-text">
        No podemos permanecer indiferentes porque un Estado silente alienta de manera directa y proporcional la comisi&oacute;n de los delitos de odio. Y la actuaci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos debe tener un enfoque de derechos humanos que busque la protecci&oacute;n de la v&iacute;ctima y en el que primen los principios de universalidad y no discriminaci&oacute;n de ning&uacute;n individuo como elemento protecci&oacute;n del Estado social y democr&aacute;tico de Derecho.
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio del Interior y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado van a estar en esta lucha, como lo llevan haciendo desde hace a&ntilde;os, conscientes de que las conductas que atentan contra la igualdad ponen en serio peligro la normal y pac&iacute;fica convivencia. Son delitos que atentan en primer lugar contra una v&iacute;ctima concreta, pero que se dirigen tambi&eacute;n contra colectivos enteros y contra toda la sociedad en su conjunto. Son delitos que nos envenenan, que nos envilecen a todos y que nos llevan a un riesgo real de fractura. 
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos que las v&iacute;ctimas denuncien, pero lo imprescindible es que ni un solo ciudadano o ciudadana se quede callado ante cualquier delito de odio del que pueda ser testigo. 
    </p><p class="article-text">
        Jean Paul Sartre nos ense&ntilde;&oacute; que &ldquo;basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera&rdquo;. Todos debemos colaborar para poner freno al odio en defensa de nuestra sociedad, de nuestra democracia, de nuestra convivencia. Debemos hacerlo por todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Pérez Ruiz]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jul 2020 20:33:03 +0000]]></pubDate>
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