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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Gracia González]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-gracia-gonzalez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Gracia González]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El campo de la vergüenza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/campo-vergueenza_129_6116138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc5497ed-1547-45b6-a9f8-0f45047ffda3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El campo de la vergüenza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La situación en el campo, es de todo menos desconocida para una patronal agraria que se lucra con este régimen de explotación y unas instituciones que lo permiten, a pesar de lo cual nadie parece estar dispuesto a mover un dedo para que esta situación mejore.</p></div><p class="article-text">
        El relator de la ONU para la pobreza extrema y los derechos humanos, Philip Alston, visit&oacute; el campo de Huelva poco antes del inicio de la pandemia del coronavirus, justo durante la campa&ntilde;a de la recogida de la fresa. Durante su visita quedo impresionado por las condiciones de vida de las temporeras y temporeros, que describi&oacute; como unas condiciones &ldquo;mucho peores que un campamento de refugiados&rdquo;, &ldquo;como animales&rdquo;, &ldquo;mientras grandes empresas ganan millones de euros&rdquo;. Este no es un fen&oacute;meno nuevo, pero s&iacute; que ha ido creciendo de forma exponencial en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en relaci&oacute;n al aumento de los cultivos de la fresa y frutos rojos. As&iacute; la degradaci&oacute;n permanente de las condiciones de vida y laborales de los/as jornaleros/as se ha convertido en un pilar fundamental del llamado milagro econ&oacute;mico del &ldquo;oro rojo&rdquo;, que ha transformado a Huelva en la primera potencia europea con unas 400.000 toneladas de fresones y otros frutos rojos, 11.500 hect&aacute;reas de cultivos y exportaciones por valor de 1.200 millones de euros al a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Estos mismos jornaleros/as que se ven obligados a vivir en infraviviendas en poblados chabolistas, en los m&aacute;rgenes de los campos de cultivo, a&uacute;n teniendo recursos econ&oacute;micos para poder alquilar una vivienda, se encuentran con la imposibilidad de poder hacerlo, ya que ni los empresarios se lo facilitan, ni los propietarios de las viviendas de los diferentes municipios donde trabajan.
    </p><p class="article-text">
        Jornaleros/as que durante el confinamiento por la crisis sanitaria ha sido un sector econ&oacute;mico &ldquo;esencial&rdquo; para que la comida llegue a nuestras mesas. En cierta medida, el confinamiento ha arrojado luz sobre qui&eacute;nes est&aacute;n realizando principalmente este trabajo esencial y en qu&eacute; condiciones: explotaci&oacute;n y semiesclavitud, tal como lo vemos en los campos frut&iacute;colas de Huelva. Sin derechos, infraviviendas, sin agua, luz y mucho menos condiciones de salubridad o servicios sanitarios para hasta unas 5000 personas, en unos 50 asentamientos. En Espa&ntilde;a suman 15.000 entre este y otros polos como Almer&iacute;a y Murcia.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n en el campo, es de todo menos desconocida para una patronal agraria que se lucra con este r&eacute;gimen de explotaci&oacute;n y unas instituciones que lo permiten, a pesar de lo cual nadie parece estar dispuesto a mover un dedo para que esta situaci&oacute;n mejore.
    </p><p class="article-text">
        Llamativo fue c&oacute;mo la misma ministra de Trabajo y Econom&iacute;a Social fue amenazada por la patronal al anunciar inspecciones laborales extraordinarias en el campo. Unas inspecciones motivadas entre otras razones por la relevancia medi&aacute;tica de la escandalosa situaci&oacute;n de las m&aacute;s de 7.000 temporeras marroqu&iacute;es atrapadas sin recursos econ&oacute;micos, ni informaci&oacute;n y en un absoluto abandono institucional en Huelva. Adem&aacute;s al estar alojadas en fincas dispersas muy lejos de los n&uacute;cleos urbanos, la sensaci&oacute;n de abandono y de estar atrapadas se ha intensificado generando numerosas patolog&iacute;as. Una situaci&oacute;n que no solo manifiesta las terribles condiciones laborales de estas temporeras sino que tambi&eacute;n cuestiona el marco de la propia contrataci&oacute;n en origen.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de los asentamientos chabolistas de la comarca de la fresa en Huelva no es nueva, a pesar de ello ni la patronal ni las instituciones enfrentan la situaci&oacute;n buscando alg&uacute;n tipo de alternativa habitacional para los miles de jornaleros/as que se desplazan cada a&ntilde;o a la regi&oacute;n. Por si no fuera poco, estos campamentos son en demasiadas ocasiones pasto de las llamas, con una frecuencia que hace sospechar que no solo se debe a las altas temperaturas o a la precariedad de su situaci&oacute;n sino que en muchas casos pueden estar provocados.
    </p><p class="article-text">
        Solo en la &uacute;ltima semana, el incendio de tres poblados chabolistas habitados por trabajadoras migrantes del campo, ha dejado a m&aacute;s de 400 personas sin techo en la provincia de Huelva. El fuego no solo ha destruido sus casas y sus escasas pertenencias, sino tambi&eacute;n documentaci&oacute;n vital para sus aspiraciones de regularizaci&oacute;n. El &uacute;ltimo en la madrugada de este viernes 17 de julio, cuando las llamas arrasaron parte del poblado chabolista ubicado a la vera de la &ldquo;Pista del Corchuelo&rdquo;, muy cerca del Estadio Ciudad de Lepe. En lo que podr&iacute;a ser un incendio provocado por uno o varios vecinos de la localidad. Mientras el Ayuntamiento sigue sin responder a la emergencia habitacional, a pesar de que podr&iacute;a habilitar alguna de las numerosas dependencia municipales como polideportivos o escuelas que contin&uacute;an sin actividad por la pandemia. Como por cierto ya se ha hecho en otras ocasiones en este municipio, la gran diferencia parece residir en que el Ayuntamiento del PP tiene miedo a la presi&oacute;n electoral de una extrema derecha en auge en la localidad, que en las &uacute;ltimas elecciones generales llego a ser la segunda fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Todos sabemos que si cualquier vecino hubiera perdido su casa o m&aacute;s aun si un barrio entero de Lepe hubiera ardido pasto de las llamas, esa misma noche las personas afectadas hubieran contado con la ayuda de las diferentes administraciones asegurando que nadie durmiera en la calle. Pero como aparec&iacute;a en un telediario de Antena 3, no son personas sino migrantes, sujetos de no derecho, invisibilizados y estigmatizados por una legislaci&oacute;n migratoria que vulnera derechos. Porque una de las grandes falacias, no espa&ntilde;ola sino europea, es que no queremos o necesitamos migrantes, claro que los necesitamos pero justamente as&iacute;, sin derechos, con miedo, viviendo en chabolas y sin sus papeles en regla. Como mano de obra barata, explotable, sin capacidad de sindicarse u organizarse y favoreciendo una disputa por los recursos escasos entre los &uacute;ltimos contra los pen&uacute;ltimos. Porque negando los derechos a las personas migrantes estamos devaluando nuestros propios derechos, favoreciendo una competencia laboral a la baja que solo favorece a unas elites que maximizan sus beneficios a costa de agrandar la desigualdad y a una extrema derecha que se aprovecha de ella para convertir a los m&aacute;s golpeados en chivos expiatorios y exculpatorios de las primeras.
    </p><p class="article-text">
        El Real Decreto 13/2020 permiti&oacute; que j&oacute;venes extranjeros de 18 a 21 a&ntilde;os adquiriesen permiso de trabajo temporal en el sector agrario durante la pandemia para asegurar que se salvaran las cosechas. A trav&eacute;s de este gesto qued&oacute; claro que una regularizaci&oacute;n amplia no s&oacute;lo es posible, sino necesaria y que jur&iacute;dicamente no habr&iacute;a obst&aacute;culos, sobre todo si se considera el derecho al trabajo como derecho universal. Y es que no existe otro enfoque para la regularizaci&oacute;n, que no sea el de derechos, rechazando la premisa seg&uacute;n la cual la poblaci&oacute;n inmigrante solo merece consideraci&oacute;n si econ&oacute;micamente aportan m&aacute;s de lo que reciben de parte del Estado. En el actual contexto, un gobierno que se autodenomine progresista no pude menos que afrontar una regularizaci&oacute;n administrativa urgente de aplicaci&oacute;n inmediata para las personas en situaci&oacute;n administrativa irregular. El movimiento de Black Lives Matter ha generado con su movilizaci&oacute;n todo tipo de simpat&iacute;as, es el momento de demostrar que las vidas negras importan a miles de kil&oacute;metros, pero tambi&eacute;n en los campos de Andaluc&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Urbán, María Gracia González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/campo-vergueenza_129_6116138.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2020 19:24:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El campo de la vergüenza]]></media:title>
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