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    <title><![CDATA[elDiario.es - Kerstin Sailer]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/kerstin-sailer/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Kerstin Sailer]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El virus nos obliga a reinventar las oficinas, pero no volvamos a equivocarnos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/virus-obliga-reinverntar-oficinas-no-volvamos-equivocarnos_129_6148885.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c62d8954-788b-46f7-890b-507bb7c059cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El virus nos obliga a reinventar las oficinas, pero no volvamos a equivocarnos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el cubículo a la sillas calientes, el pasado nos enseña que la utopía del teletrabajo puede acabar reducida a una medida para abaratar costes</p></div><p class="article-text">
        Cuando cerraron las oficinas a mitad de marzo y las empresas pidieron a sus empleados que teletrabajaran &ndash;sin tener acceso a sus materiales, espacio y colegas de trabajo habituales&ndash; muchos sintieron que se encontraban ante un experimento sin precedentes. Nadie estaba preparado para esto, ni siquiera los bancos que suelen contar con planes que garantizan su continuidad ante contingencias como el terrorismo. Nadie hab&iacute;a previsto un escenario en el que se evitara cualquier contacto f&iacute;sico con otras personas. Contra todo pron&oacute;stico, el teletrabajo ha sido m&aacute;s exitoso de lo que nadie pudo haber predicho. La productividad, en muchos casos, ha aumentado durante los primeros meses de confinamiento.
    </p><p class="article-text">
        Cuando ya ha pasado un tiempo, muchas personas que trabajan en oficinas no han regresado a sus lugares de trabajo y los que lo han hecho se han visto catapultados a espacios extra&ntilde;os, a un nuevo mundo dividido por pantallas de pl&aacute;stico, distancias f&iacute;sicas, mascarillas y geles de manos. En medio de las turbulencias de una posible segunda ola de contagios y confinamientos, lo mejor que las empresas pueden ofrecer es un regreso a la oficina flexible y por fases, evaluando los riesgos paso a paso.
    </p><p class="article-text">
        Un debate mucho m&aacute;s interesante es el que gira en torno al tipo de oficina al que nos gustar&iacute;a regresar. Estamos en el momento perfecto para mirar hacia adelante y tambi&eacute;n extraer lecciones de la historia. Y dos ideas especialmente interesantes y novedosas emergen de la organizaci&oacute;n espacial de los lugares en el pasado para ofrecernos lecciones valiosas.
    </p><p class="article-text">
        En 1968, el dise&ntilde;ador Robert Propst desarroll&oacute; estudios sobre los procesos de trabajo y lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que la oficina t&iacute;pica &ldquo;mina la vitalidad, bloquea el talento y frustra la consecuci&oacute;n de resultados&rdquo;. A partir de ah&iacute;, desarroll&oacute; sus ideas sobre una &ldquo;oficina para la acci&oacute;n&rdquo;, un sistema de mobiliario modular que permite configuraciones flexibles y modifica la gradaci&oacute;n entre privacidad y comunidad sobre todo a partir de separaciones m&oacute;viles. Casi dos d&eacute;cadas despu&eacute;s, el arquitecto Robert Luchetti, defini&oacute; una serie de ubicaciones dentro de una oficina que pod&iacute;an usar unas mismas personas en funci&oacute;n de qu&eacute; actividad desarrollen. Se sentaron as&iacute; las bases para lo que luego se conocer&iacute;a como &ldquo;puesto de trabajo en funci&oacute;n de la actividad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ambos conceptos giran en torno a la persona y est&aacute;n impregnados de un cierto idealismo que trata de que las oficinas sean un espacio m&aacute;s amable para quienes las habitan. Pero tambi&eacute;n se distorsionaron con el tiempo. La &ldquo;oficina para la acci&oacute;n&rdquo; estaba pensada para liberar al trabajo del espacio en el que se desarrolla pero acab&oacute; reducida a una mera compartimentaci&oacute;n de ese espacio. De ah&iacute; naci&oacute; el concepto de cub&iacute;culo y sus condiciones de trabajo en densidad similares a las de una f&aacute;brica. Los trabajadores se encontraron as&iacute; con las peores obligaciones de ambos mundos: las distracciones de un ruido permanente mientras se les negaban los aspectos m&aacute;s sociales de su jornada, relacionados con ver y ser visto. De hecho, los cub&iacute;culos acabar&iacute;an siendo los espacios de trabajo peor valorados en las encuestas de satisfacci&oacute;n. El puesto de trabajo basado en actividades no mostr&oacute; resultados mucho mejores. Se convirti&oacute; en sin&oacute;nimo de &ldquo;sillas calientes&rdquo;, un ejercicio de ahorro de costes en el que los empleados comparten escritorio pero no se benefician de escenarios de trabajo alternativos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; podemos aprender de estos dos modelos para la oficina pospandemia? Que el espacio no es neutral. Que el dise&ntilde;o de espacios siempre tiene consecuencias. Que abre nuevas oportunidades: cada cuanto tiempo vemos a los dem&aacute;s, a qui&eacute;n vemos cuando entramos y salimos, con quien nos cruzamos, la facilidad o la dificultad con la que podemos mantener conversaciones con colegas en otros departamentos. Todo esto depende del modo en que se haya dise&ntilde;ado la oficina. Que la oficina genere sensaciones de soledad o inspire un sentimiento de solidaridad y comunidad de acci&oacute;n depende en muchos casos de una combinaci&oacute;n de distribuci&oacute;n del espacio y cultura organizativa. El espacio no es neutral porque no sucede por s&iacute; mismo, es consecuencia de decisiones humanas, tomadas con una intenci&oacute;n determinada.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo que las ideas de Propst y Luchetti terminaron generando problemas en los espacios de trabajo, podr&iacute;amos, ahora, en el momento de regreso a la normalidad tras la pandemia, encontrarnos ante decisiones tomadas en funci&oacute;n de sus costes cuando en realidad muchas personas tienen mayor necesidad de contacto humano. Los gigantes tecnol&oacute;gicos van en cabeza. Ya han construido catedrales dedicadas a la innovaci&oacute;n antes de la pandemia y ahora parecen implicadas en un cambio de direcci&oacute;n estrat&eacute;gico que pasa por declarar el espacio f&iacute;sico de trabajo com&uacute;n como algo innecesario de la noche a la ma&ntilde;ana. Ahora se pide a todos los empleados que est&eacute;n disponibles en sus casas y eso alarga sus jornadas de trabajo. Esto es a&uacute;n m&aacute;s desconcertante porque su enfoque anterior, que apostaba por copresencialidad en entornos bien dise&ntilde;ados con sof&aacute;s, toboganes, ping-pong, caf&eacute; y helados de marca, al menos se alinea con la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica sobre la importancia de los encuentros para la creatividad y la innovaci&oacute;n.&nbsp; La investigaci&oacute;n sugiere que las interacciones en persona no planeadas son un impulso importante a la aparici&oacute;n de nuevas ideas y se habla de &ldquo;la fortaleza de los v&iacute;nculos d&eacute;biles&rdquo;. De hecho, la investigaci&oacute;n muestra que esas interacciones d&eacute;biles son las que han sufrido de manera desproporcionada durante este per&iacute;odo en el que se ha trabajado desde casa.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, no debemos renunciar a la idea de un espacio de trabajo compartido para todos en el futuro. No s&oacute;lo es poco pr&aacute;ctico sugerir el teletrabajo desde casa en un momento de crisis de la vivienda en el que muchas personas no tienen la capacidad de establecer un lugar de trabajo fijo y equipado de manera adecuada. Es importante recordar que estar juntos y compartir experiencias es fundamental para el bienestar y la salud individual y colectiva. A largo plazo, deshacerse por completo de la oficina podr&iacute;a afectar a la base de una organizaci&oacute;n. Se secan las ideas, es m&aacute;s compleja la incorporaci&oacute;n de personal y los equipos comienzan a desintegrarse. Claro que podemos seguir as&iacute; meses, incluso a&ntilde;os, hasta que se encuentre la vacuna para la COVID-19, pero no deber&iacute;amos sacrificar la idea de encontrarnos con cierta regularidad en un espacio provisto del mejor dise&ntilde;o para que los empleados de una organizaci&oacute;n puedan compartir ideas de unidad y comunidad de objetivos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Kerstin Sailer es profesora de redes sociales y espaciales en la Escuela Bartlett de arquitectura en el University College de Londres.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kerstin Sailer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/virus-obliga-reinverntar-oficinas-no-volvamos-equivocarnos_129_6148885.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2020 19:25:28 +0000]]></pubDate>
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