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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Franzé]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-franze/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Franzé]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Crisis de la monarquía o del orden político?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/crisis-monarquia-orden-politico_129_6164897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce40d808-c841-4b5d-952b-b666a926c6e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Crisis de la monarquía o del orden político?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué significa la salida/huida/destierro del rey emérito? ¿Qué queda más afectado por esta crisis? ¿La democracia, la monarquía, el orden político en su conjunto?</p></div><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, la izquierda no socialista y los conservadores (PP, Vox, Ans&oacute;n,<em> La Raz&oacute;n, ABC</em>) parecen coincidir en que lo m&aacute;s afectado ser&iacute;a el orden en su conjunto. Incluso ambos utilizan el mismo nombre para referirse a ese todo: R&eacute;gimen del '78, denominaci&oacute;n que Podemos puso en circulaci&oacute;n al inicio de su andadura. Para los conservadores, ese R&eacute;gimen ser&iacute;a una suma de nacionalismo espa&ntilde;ol, monarqu&iacute;a, democracia parlamentaria y mercado, que obrar&iacute;a como una suerte de escudo contra el separatismo y el izquierdismo, hoy simbolizado en el populismo y en un &ldquo;comunismo&rdquo; redivivo. Para la izquierda no socialista, tal R&eacute;gimen del '78 ser&iacute;a una democracia oligarquizada por las &eacute;lites econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y medi&aacute;ticas que, provenientes del tardo-franquismo, consolidaron su poder con ese pacto en las alturas que habr&iacute;a sido la Transici&oacute;n (l&eacute;ase &ldquo;revoluci&oacute;n pasiva&rdquo; en Gramsci).
    </p><p class="article-text">
        Si para los primeros la crisis que protagoniza el rey em&eacute;rito ser&iacute;a el pretexto que la izquierda chavista-comunista (&iquest;?) en el Gobierno, aliada a los <em>separatistas, </em>utilizar&iacute;a para cargar contra el <em>ser nacional espa&ntilde;ol</em>, protegido por la Constituci&oacute;n del &lsquo;78, para los segundos ser&iacute;a la prueba del artificio que fue la Transici&oacute;n y por tanto el inicio de la aut&eacute;ntica democracia. La debilidad de este punto de vista es, justamente, que concibe el orden como una totalidad homog&eacute;nea, basada en un pivote que, una vez removido, har&iacute;a caer a todo el conjunto. Un reduccionismo que recuerda el lugar imaginario que &ldquo;la crisis final del capitalismo&rdquo; ten&iacute;a y tiene en la izquierda economicista. Como si hubiera un &uacute;nico centro de hegemon&iacute;a del que derivara el sentido cristalizado de lo social, que es lo que constituye en definitiva el orden pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Juan Carlos I contaba que, en su lecho de muerte, Franco &mdash;que no sol&iacute;a tener conversaciones pol&iacute;ticas con &eacute;l&mdash; le tom&oacute; la mano y le dijo &ldquo;conserve Espa&ntilde;a unida&rdquo;, como si para el dictador lo dem&aacute;s no importara tanto, deduc&iacute;a el rey em&eacute;rito. El sentido de lo pol&iacute;tico rara vez coincide con el testimonio de sus actores &mdash;como en la ficci&oacute;n, protagonista y autor no coinciden&mdash; pero este caso podr&iacute;a ser la excepci&oacute;n que confirmara la regla.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, lo que creo que esta crisis significa es que el discurso de la Transici&oacute;n &mdash;el hegem&oacute;nico del orden pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a&mdash; ya no puede utilizar el recurso de la monarqu&iacute;a como &ldquo;prenda de unidad&rdquo; para un pa&iacute;s que describe y piensa como cainita, para lo cual muestra la Guerra Civil como conflicto entre &ldquo;bandos&rdquo; igualmente desafectos de la democracia. Por eso ese discurso habla de &ldquo;republicanos&rdquo; y de &ldquo;nacionales&rdquo; y no de &ldquo;constitucionalistas&rdquo; y &ldquo;golpistas&rdquo;, por ejemplo. Y envuelve el Golpe del '36 en la Guerra Civil. De ah&iacute; que la democracia reinstaurada en 1978 aparezca como parad&oacute;jicamente hu&eacute;rfana, sin pasado ni memoria. Quiz&aacute; por eso su padre pueda ser, para este relato, el ahora rey em&eacute;rito.
    </p><p class="article-text">
        En verdad, en ese sentido esta crisis es m&aacute;s colof&oacute;n que pr&oacute;logo, consecuencia que causa. Por varios motivos: porque el desgaste de la monarqu&iacute;a como factor de unificaci&oacute;n ya hab&iacute;a empezado con los casos de corrupci&oacute;n de yerno e hija del em&eacute;rito y con los esc&aacute;ndalos que protagoniz&oacute; Juan Carlos I en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su reinado (o que los medios dominantes decidieron ahora s&iacute; contar). La abdicaci&oacute;n de 2014, el retiro de la asignaci&oacute;n anual y la renuncia a la herencia por parte de Felipe VI vinieron a corroborar esa erosi&oacute;n. Pero que la monarqu&iacute;a o el monarca &mdash;el famoso &ldquo;juancarlismo&rdquo; &mdash; ya no pod&iacute;an seguir jugando ese papel qued&oacute; en evidencia con el avance del soberanismo catal&aacute;n desde 2010. M&aacute;s a&uacute;n, ese proceso no solo afect&oacute; al &ldquo;juancarlismo&rdquo; sino al incipiente &ldquo;felipismo&rdquo;, en tanto el nuevo rey tuvo que bajar al fango de la lucha pol&iacute;tica en 2017 para pronunciar un discurso nacionalista espa&ntilde;ol que dej&oacute; tocada ya muy al inicio de su reinado su aura de &ldquo;padre protector de todos sus hijos&rdquo;, sean estos como fueren.
    </p><p class="article-text">
        La crisis protagonizada ahora por Juan Carlos I, en tanto imposible de tapar como anta&ntilde;o, parece inscribirse as&iacute; en una larga tendencia hacia la mayor&iacute;a de edad de la ciudadan&iacute;a espa&ntilde;ola, iniciada hacia 2003 con el rechazo masivo de la participaci&oacute;n espa&ntilde;ola en la guerra de Irak, continuada con las protestas por la desinformaci&oacute;n del gobierno de Aznar respecto de la autor&iacute;a de los atentados de Atocha en 2004 y coronada con la movilizaci&oacute;n del 15M en 2011. Esa demanda de mayor&iacute;a de edad viene a cuestionar el contrato de ciudadan&iacute;a que propuso la Transici&oacute;n a su pueblo para constituirlo: nosotros tomamos las decisiones y ustedes disfrutan &ldquo;del per&iacute;odo de mayor prosperidad y paz de la historia de Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ni la propia monarqu&iacute;a ni desde luego la democracia parecen en duda por esta crisis, precisamente porque no hay un &uacute;nico pivote que sostiene el orden pol&iacute;tico. Lo que parece estar en juego es la legitimidad de la monarqu&iacute;a, no por azar afectada por la ausencia de un sentido compartido de pertenencia a la comunidad y por la crisis social (2008 y 2020) que impide a la Transici&oacute;n cumplir con las nuevas generaciones con su promesa insignia, la de que &ldquo;los hijos vivan mejor que sus padres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No est&aacute; en juego el orden en su conjunto, porque en la identificaci&oacute;n popular la democracia no depende exclusivamente del nacionalismo espa&ntilde;ol ni de la monarqu&iacute;a (todos son dem&oacute;cratas, catalanistas y republicanos tambi&eacute;n), ni la profundizaci&oacute;n de la democracia se ata solo al fin de la monarqu&iacute;a (Podemos en sus inicios rechaz&oacute; entrar en el debate sobre la rep&uacute;blica). La fuerza de la democracia en Espa&ntilde;a radica en que puede vincularse a distintos elementos para conformar un orden pol&iacute;tico. No hay tal R&eacute;gimen del '78 porque hay varios rasgos igualmente valiosos para la ciudadan&iacute;a (o m&uacute;ltiples centros de hegemon&iacute;a, dicho en gramsciano). Parece que estamos entonces ante un eslab&oacute;n m&aacute;s de la crisis de representaci&oacute;n que puso de manifiesto el 15M.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es si la monarqu&iacute;a o el monarca podr&aacute;n renovar esa legitimidad, encontrar un sentido que justifique su papel y genere identificaci&oacute;n con la instituci&oacute;n o, al menos, con quien la encarne. Para ello deber&aacute;n hallar otra forma de aparecer <em>por encima de las diferencias, </em>que en Espa&ntilde;a<em> son las de pertenencia nacional. </em>Pero ciertamente resulta m&aacute;s dif&iacute;cil imaginar una monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola situada por encima del nacionalismo espa&ntilde;ol que una corona con d&eacute;ficit cr&oacute;nico de legitimidad en una sociedad fuertemente identificada con la democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Si lograra lo primero volver&iacute;a a acompasar los movimientos de la democracia, como al inicio de la Transici&oacute;n. Porque encontrar ese lugar de neutralizaci&oacute;n de las diferencias, con y sin monarqu&iacute;a, es en verdad el reto central del orden pol&iacute;tico espa&ntilde;ol: democratizar la idea de Espa&ntilde;a, para que se pueda pertenecer a ella de muchas maneras, merced a una identificaci&oacute;n que &mdash;como todas&mdash; sea vaga, indefinida, no literal ni taxativa. Ese d&iacute;a el orden podr&aacute; reformar su libro sin el temor actual a mover una coma. Ese d&iacute;a los ciudadanos podr&aacute;n construir su relaci&oacute;n de identidad con la comunidad y, quiz&aacute; a ra&iacute;z de eso, decidir la forma del Estado. En cualquier caso, ya ser&aacute;n mayores de edad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Franzé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/crisis-monarquia-orden-politico_129_6164897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Aug 2020 19:10:44 +0000]]></pubDate>
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