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    <title><![CDATA[elDiario.es - Fernando G. Benavides]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/fernando-benavides/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Fernando G. Benavides]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una Agencia para afrontar las futuras crisis sanitarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/agencia-afrontar-futuras-crisis-sanitarias_129_9612134.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/542b10c4-1557-4ea0-99d8-8216e33792b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una Agencia para afrontar las futuras crisis sanitarias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De haber dispuesto de la AESAP antes de la pandemia se hubieran podido evitar algunos errores. Por ejemplo, habríamos contado posiblemente con información más fiable, inmediata y comparable desde el inicio de la crisis para guiar la toma de decisiones. Se habrían seguido los pasos establecidos en los planes de vigilancia, preparación y respuesta diseñados con anterioridad</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, el Consejo de Ministros aprobaba el Anteproyecto de Ley por la que se propone crear la Agencia Estatal de Salud P&uacute;blica (AESAP). Un organismo previsto en la Ley General de Salud P&uacute;blica de 2011, y que seguramente seguir&iacute;amos esperando, quiz&aacute; otra d&eacute;cada si no hubi&eacute;ramos padecido la pandemia. Un ejemplo m&aacute;s del atraso secular de nuestro pa&iacute;s en materia de salud p&uacute;blica, pues pa&iacute;ses de nuestro entorno ya cuentan con instituciones de este tipo, algunas de referencia, como las que existen en Reino Unido o Alemania desde hace d&eacute;cadas. Es m&aacute;s, muchas de estas agencias, incluyendo la europea (ECDC), est&aacute;n en periodo de reconfiguraci&oacute;n fruto de las lecciones aprendidas y considerando las amenazas veros&iacute;miles a las que nos podemos enfrentar. Una oportunidad que debemos aprovechar para construir de nueva planta nuestra Agencia.
    </p><p class="article-text">
        Honestamente, despu&eacute;s de lo vivido, podemos afirmar que, posiblemente, de haber dispuesto de la AESAP antes de la pandemia se hubieran podido evitar algunos errores.&nbsp;Por ejemplo, habr&iacute;amos contado posiblemente con informaci&oacute;n m&aacute;s fiable, inmediata y comparable desde el inicio de la crisis para guiar la toma de decisiones. Se habr&iacute;an seguido los pasos establecidos en los planes de vigilancia, preparaci&oacute;n y respuesta dise&ntilde;ados con anterioridad, que adem&aacute;s habr&iacute;an considerado tener reservas estrat&eacute;gicas de materiales imprescindibles. Tambi&eacute;n la comunicaci&oacute;n con los medios y la sociedad se hubiera podido estructurar con mayor transparencia y mejores capacidades, y contar con diversidad de actores ajust&aacute;ndose a las necesidades de informaci&oacute;n en cada momento y para cada poblaci&oacute;n diana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ya habr&aacute; tiempo de conocer las conclusiones de las evaluaciones que se est&aacute;n llevando a cabo, y de conocer aciertos y errores habidos durante la pandemia. Tampoco somos tan diferentes, errores ha habido en todos los pa&iacute;ses, tal y como acaba de reconocer la agencia norteamericana (CDC), se&ntilde;alando fallos de comunicaci&oacute;n con la poblaci&oacute;n. Pero podemos avanzar como hip&oacute;tesis que el coste de no tener una Agencia ha sido superior al coste de haberla tenido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, como recientemente ha recomendado la Sociedad Espa&ntilde;ola de Salud P&uacute;blica y Administraci&oacute;n Sanitaria (SESPAS), la creaci&oacute;n de la Agencia no puede esperar m&aacute;s. Los problemas de salud se suceden y es urgente tenerla funcionando cuanto antes. La epidemia de la viruela de mono, declarada por la OMS como una emergencia internacional, o los casos de poliomielitis detectados en Nueva York, que parece alejar su erradicaci&oacute;n global, son algunos ejemplos. Pero tambi&eacute;n lo son las crisis humanitarias fruto de los movimientos migratorios que no cesan. Siria, Afganist&aacute;n y ahora Ucrania, todas ellas generan demandas sanitarias, adem&aacute;s de vivienda, empleo y educaci&oacute;n, que no eran esperadas, y que hay que atender de manera urgente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero estas crisis no son comparables a la que comenzamos a vislumbrar relacionada con la crisis clim&aacute;tica y energ&eacute;tica. M&aacute;s en un entorno de final de la abundancia, como se nos anuncia, y vemos que se avecina. De hecho, ya nos est&aacute; afectando. El incremento de la mortalidad por las olas de calor es un hecho, y nos tememos que le seguir&aacute;n las que se producir&aacute;n este invierno por las olas de frio, y de nuevo en las personas m&aacute;s vulnerables. Estas crisis afectar&aacute;n adem&aacute;s a la econom&iacute;a y a la pol&iacute;tica, que acabar&aacute;n afectando a la salud. Sin olvidar, por supuesto, los retos sanitarios a los que hemos de enfrentarnos de manera continua, como por ejemplo la desigual distribuci&oacute;n de las enfermedades por razones de g&eacute;nero, clase social o grupo &eacute;tnico, y que afectan de manera transversal a todos los problemas de salud, incluidas las enfermedades cr&oacute;nicas que se incrementan a la vez que envejece la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Prepararnos para los desaf&iacute;os, presentes y futuros, debe ser la misi&oacute;n esencial de la AESAP. No hay Estrategia de Seguridad Nacional si no hay seguridad sanitaria. La preparaci&oacute;n de los hospitales y de la atenci&oacute;n primaria debe incluir tambi&eacute;n sus respuestas a estas crisis. Las situaciones de caos que se vivieron en las primeras semanas y meses de la pandemia de la COVID-19 no deben volver a repetirse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para ello, la AESAP debe disponer de autonom&iacute;a y recursos suficientes para liderar las respuestas a estos desaf&iacute;os sobre la base de su competencia t&eacute;cnica y profesional. Lo que exige tener informaci&oacute;n a tiempo, fiable y comparable a compartir con los otros actores implicados: econom&iacute;a, interior, trabajo, seguridad social, educaci&oacute;n, etc. Tener operativa una Agencia especializada en salud p&uacute;blica, que mire los problemas colectivamente y d&eacute; prioridad a la prevenci&oacute;n, ayudar&aacute; en la b&uacute;squeda de soluciones a la altura de la complejidad de los problemas a los que nos enfrentamos. Una buena noticia que hay que celebrar, esperemos que pronto, por la v&iacute;a de urgencia y con el apoyo un&aacute;nime de los grupos parlamentarios. Los firmantes de este art&iacute;culo estamos disponibles para contribuir con nuestro conocimiento cient&iacute;fico y experiencia en todo lo que asegure la configuraci&oacute;n de una Agencia que verdaderamente contribuya a mejorar la protecci&oacute;n de la salud de nuestra poblaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando G. Benavides, Ildefonso Hernández Aguado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/agencia-afrontar-futuras-crisis-sanitarias_129_9612134.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Oct 2022 04:01:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una Agencia para afrontar las futuras crisis sanitarias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Virus, olas de calor y salud (pública)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/virus-olas-calor-salud-publica_129_9261552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec006850-e496-423e-b6b6-c68e92f157c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Virus, olas de calor y salud (pública)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para para hacer frente a las resistencias, nada mejor que la transparencia, compartiendo la información fiable, actualizada, y basada en indicadores bien definidos, que evalúan de manera continua y sistemática los efectos de las medidas preventivas en términos de salud y bienestar de las olas de calor</p><p class="subtitle">El Consejo de Ministros aprueba la creación de la Agencia Estatal de Salud Pública</p></div><p class="article-text">
        A la crisis del coronavirus, ya bajo control principalmente en los pa&iacute;ses ricos como el nuestro, se le ha a&ntilde;adido en estas &uacute;ltimas semanas una nueva &ldquo;plaga&rdquo;: las olas de calor que estamos experimentando de manera directa en numerosos lugares del hemisferio norte del planeta. Tambi&eacute;n anunciada por los expertos. Tambi&eacute;n disruptiva en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Que afecta nuestra salud y bienestar, de manera directa o indirecta, agravando los problemas de salud cr&oacute;nicos ya preexistentes. De nuevo tensionando el complicado equilibrio entre salud y econom&iacute;a. Otra crisis, que una vez m&aacute;s afecta de manera desigual a la poblaci&oacute;n. Esto es, los que m&aacute;s han sufrido la pandemia, y los que m&aacute;s est&aacute;n sufriendo las olas de calor, y sus derivadas en forma de sequ&iacute;as, incendios, inundaciones, etc., son las personas y grupos m&aacute;s vulnerables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace unos meses, la revista <em>Nature</em> publicaba un trabajo sobre el poco impacto que han tenido hasta ahora los ciento cincuenta a&ntilde;os de investigaci&oacute;n sobre los determinantes sociales en la desigual distribuci&oacute;n de las enfermedades en la poblaci&oacute;n. Las &uacute;ltimas evidencias se han podido observar durante la pandemia, comprobando como la COVID-19 no se ha distribuido al azar, pues ha afectado m&aacute;s a las personas con menos ingresos econ&oacute;micos, peor vivienda, o peores condiciones de trabajo, etc. Una explicaci&oacute;n del limitado impacto de la investigaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica sobre los determinantes sociales es, seg&uacute;n el mencionado art&iacute;culo, la poca o nula influencia pol&iacute;tica de las instituciones de salud p&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una tesis que explica muy bien, a trav&eacute;s de la literatura, el premio nobel<strong> </strong>Orhan Pamuk, en su reciente e impresionante novela (hist&oacute;rica) Las noches de la peste, donde nos relata en sus m&aacute;s de 700 p&aacute;ginas los detalles de la epidemia de peste bub&oacute;nica que sufri&oacute; la poblaci&oacute;n de la isla ficticia de Minguer, bajo control del imperio otomano, ya en decadencia, en el Mediterr&aacute;neo oriental durante 1901. Y c&oacute;mo, para hacer frente a la epidemia, el Sult&aacute;n env&iacute;a al Dr. Nuri, m&eacute;dico especialista en cuarentenas, quien siguiendo a John Snow y su investigaci&oacute;n de la epidemia de c&oacute;lera de 1834 en Londres, cuelga el mapa epidemiol&oacute;gico en la sala donde cada ma&ntilde;ana se re&uacute;ne el comit&eacute; de crisis, para el seguimiento de las medidas de control de la epidemia, las cuales van fracasando una tras otra, consecuencia de la resistencia de los negacionistas, fundamentalmente sectas islamistas, y las intrigas pol&iacute;ticas de los comerciantes, fundamentalmente cristianos ortodoxos. Hasta que, llegando a un n&uacute;mero insostenible de fallecimientos diarios, el Dr. Nuri es nombrado primer ministro, tras lo cual consigue poner de acuerdo a los distintos sectores religiosos y econ&oacute;micos para que la poblaci&oacute;n acepte quedarse confinada en sus casas, mientras el gobierno se hace cargo de repartir alimentos entre los habitantes en los barrios m&aacute;s pobres, donde se concentra la epidemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata, evidentemente, de llegar a ese extremo en que, ante una plaga fuera de control, los poderes f&aacute;cticos se ponen de acuerdo en ceder el poder a un salubrista. Hace tiempo que Voltaire nos vacun&oacute; contra el despotismo ilustrado de un gobierno de expertos: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Los dioses nos libren. Pero ante esta nueva crisis de largo recorrido a la que nos enfrentamos relacionada con el cambio clim&aacute;tico, y que ahora se manifiesta en olas de calor, de nuevo es necesario adoptar medidas que condicionan en parte nuestra libertad individual, y la l&oacute;gica del mercado, para poner en valor los intereses generales de las personas, especialmente las m&aacute;s d&eacute;biles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, si antes era la mascarilla o la vacuna lo que serv&iacute;a como bandera para la &ldquo;desobediencia&rdquo;, ahora parece que ser&aacute; no bajar la temperatura de los lugares p&uacute;blicos por debajo de temperatura razonable o apagar la iluminaci&oacute;n de los escaparates de los comercios a partir de una hora determinada. A estos defensores de la &ldquo;libertad&rdquo; se les une los que cuestionan sin argumentos hechos contrastados, con teor&iacute;as que niegan la gravedad de la pandemia o, ahora, el cambio clim&aacute;tico. De hecho, ya hemos empezado a o&iacute;r algunas declaraciones, cuestionando las medidas razonables que se van adoptando, seg&uacute;n criterios basados en la mejor informaci&oacute;n disponible. Siempre limitadas. Las cuales, por supuesto, y como se ha ido haciendo durante la pandemia, hay que revisar peri&oacute;dicamente e ir ajustando para que podamos hacer compatible la salud con la econom&iacute;a, y con la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para para hacer frente a estas resistencias, muchas veces bien intencionadas, nada mejor que la transparencia, compartiendo la informaci&oacute;n fiable, actualizada, y basada en indicadores bien definidos, que eval&uacute;an de manera continua y sistem&aacute;tica los efectos de las medidas preventivas en t&eacute;rminos de salud y bienestar de las olas de calor. Es algo que hacen las agencias de salud p&uacute;blica en pa&iacute;ses de nuestro entorno. Los responsables pol&iacute;ticos de nuestro pa&iacute;s deben de haberlo aprendido durante la pandemia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando G. Benavides]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/virus-olas-calor-salud-publica_129_9261552.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Aug 2022 19:41:52 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los servicios de prevención de las empresas tienen la palabra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/servicios-prevencion-empresas-palabra_129_8936929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b5886a8-3c63-4e6c-b015-3d70a8f546b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los servicios de prevención de las empresas tienen la palabra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Prevenir el contagio en la empresa de una persona trabajadora por SARS-CoV-2, y la posterior enfermedad que se produce en algunos casos de COVID-19, es una responsabilidad también de la empresa y que los servicios de prevención de riesgos laborales lo asuman es una obligación</p></div><p class="article-text">
        Los servicios de prevenci&oacute;n de riesgos laborales constituyen una instituci&oacute;n relativamente reciente, y a&uacute;n poco reconocida por la opini&oacute;n p&uacute;blica espa&ntilde;ola. Sin embargo, desde 1997 todas las empresas deben tener en alguna de sus diferentes modalidades un servicio de prevenci&oacute;n que le ayude t&eacute;cnicamente a asumir sus responsabilidades, de la empresa, en la protecci&oacute;n de la salud de sus trabajadores. El principio de toda la normativa europea, que est&aacute; detr&aacute;s de la normativa espa&ntilde;ola, es que el hecho de trabajar no debe poner en riesgo la salud de la persona que trabaja.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, prevenir el contagio en la empresa de una persona trabajadora por SARS-CoV-2, y la posterior enfermedad que se produce en algunos casos de COVID-19, es una responsabilidad tambi&eacute;n de la empresa. Evidentemente, una persona se puede contagiar en su casa, en el cine o el metro, pero tambi&eacute;n se puede contagiar en la oficina o en el taller. Es, pues, un problema de salud p&uacute;blica, pero tambi&eacute;n de salud laboral. Asumirlo por parte de los servicios de prevenci&oacute;n de riesgos laborales es una obligaci&oacute;n, adem&aacute;s de una oportunidad para demostrar su utilidad delante de la sociedad en su conjunto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este principio tambi&eacute;n descansa el hecho que, al inicio de la pandemia, cuando se declar&oacute; el primer estado de alarma, la COVID-19 se reconociera como accidente de trabajo, a efectos de prestaci&oacute;n econ&oacute;mica que gestiona el INSS y las mutuas colaboradoras, aunque la prestaci&oacute;n sanitaria segu&iacute;a siendo prestada l&oacute;gicamente por el sistema nacional de salud, dado el volumen de personas trabajadoras que se contagiaron y enfermaron. Es m&aacute;s, el hecho de proteger a las personas trabajadoras que eran contactos estrechos mediante el reconocimiento de una incapacidad laboral mientras hac&iacute;an la cuarentena &ndash;esto es, sin la enfermedad&ndash; tambi&eacute;n se sustenta en este principio del derecho a la protecci&oacute;n a la salud; lo cual, adem&aacute;s, constituy&oacute; una medida preventiva de primer orden para romper la cadena de contagios en las empresas y en la comunidad. Las sentencias favorables al reconocimiento de la COVID-19 en trabajadores sanitarios empiezan a producirse, pues la relaci&oacute;n causal es evidente, ya que el coronavirus SARS-CoV-2 ha sido reconocido como riesgo biol&oacute;gico durante el trabajo. Algo que se reclama para otras ocupaciones y actividades econ&oacute;micas. L&eacute;ase, por ejemplo, cajeras de un supermercado. Tiempo al tiempo. En definitiva, se trata de poner todos los recursos asistenciales y preventivos disponibles, sea en el sistema sanitario o en las empresas, al servicio de un objetivo com&uacute;n: controlar la pandemia. En eso estamos, pues desgraciadamente no podemos darla por finalizada. Estos d&iacute;as estamos viendo lo que ocurre en Shangh&aacute;i (China) o en Philadelphia (EEUU), por mencionar dos ciudades donde el n&uacute;mero de casos se han incrementado a niveles preocupantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los profesionales de los servicios de prevenci&oacute;n, sean erg&oacute;nomos, higienistas, sanitarios o psicosoci&oacute;logos, disponen de numerosas medidas preventivas para llevar a cabo con &eacute;xito sus tareas, y cuya efectividad est&aacute; probada cient&iacute;ficamente. Un reciente trabajo publicado en la revista <a href="https://www.bmj.com/content/375/bmj-2021-068302" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>British Medical Journal</em></a><a href="https://www.bmj.com/content/375/bmj-2021-068302" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>revisaba la evidencia cient&iacute;fica m&aacute;s fiable procedente de diferentes estudios observacionales y de intervenci&oacute;n, concluyendo que las mascarillas reduce la incidencia de COVID-19 en al menos un 50%, al igual que la distancia f&iacute;sica, que no social, y en un 25% el lavado de manos. Pero adem&aacute;s, los servicios de prevenci&oacute;n disponen de otros recursos para reducir el riesgo como es la ventilaci&oacute;n de los espacios cerrados, junto a medidas organizativas, tan importantes, como disminuir el n&uacute;mero de personas por metro cuadrado en un espacio interior. Las cuales pueden alternarse, combinando el teletrabajo con el trabajo presencial. Medidas todas ellas que deben adoptarse despu&eacute;s de una evaluaci&oacute;n de riesgos rigurosa en cada empresa y lugar de trabajo espec&iacute;fico. Una tarea ingente, dada la diversidad de puestos de trabajo que puede haber en cada una de las m&aacute;s de 3,3 millones de empresas activas registradas en Espa&ntilde;a. De las cuales alrededor del 95% tienen menos de 10 personas trabajadoras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de toda la complejidad es posible hacerlo. Un estudio publicado recientemente muestra que, entre la primera ola y la segunda en 2020, cuando a&uacute;n no hab&iacute;a vacunas, en el Hospital de Mar (Barcelona) las medidas preventivas (mascarillas, guantes, distancia, protocolos eficaces de manejo de pacientes infectados, cuarentena, teletrabajo, etc...) consiguieron deducir la incidencia de casos COVID-19 (PCR positiva) en un 50% entre los m&aacute;s de 4.500 trabajadores. No llega a la protecci&oacute;n de algunas vacunas (85-90%), pero no es nada despreciable.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, tanto al inicio como ahora, esperemos que sea la fase final, los servicios de prevenci&oacute;n de riesgos laborales tienen un papel fundamental para controlar la pandemia, colaborando en primera l&iacute;nea con los dem&aacute;s servicios de salud p&uacute;blica, y las inspecciones de trabajo. Los servicios de prevenci&oacute;n de riesgos laborales tienen la palabra.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando G. Benavides]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/servicios-prevencion-empresas-palabra_129_8936929.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Apr 2022 04:00:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19,Mascarillas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Emergencia climática global y transporte aéreo local]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/emergencia-climatica-global-transporte-aereo-local_129_8318489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a1fe3155-ff95-4733-af1b-cf7a385da030_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Emergencia climática global y transporte aéreo local"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que necesitamos ahora saber es qué podemos hacer para evitar esta crisis ambiental, que también será una crisis sanitaria y económica, pero de una envergadura probablemente muy superior a la de la pandemia de COVID-19</p></div><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n sobre la ampliaci&oacute;n del aeropuerto de Madrid y Barcelona no puede abordarse exclusivamente desde una perspectiva comarcal, regional o estatal. Efectivamente, en la actual era geol&oacute;gica del Antropoceno, dominada por la acci&oacute;n de los humanos sobre el planeta, y en medio de una pandemia que no acaba de controlarse, los pros y contras de los planes de ampliaci&oacute;n de los aeropuertos de Madrid y Barcelona necesitan valorarse desde una escala global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n tras el reciente informe del Panel Intergubernamental del Cambio Clim&aacute;tico (IPCC en sus siglas en ingl&eacute;s) hecho p&uacute;blico recientemente, y que no podemos ignorar. Un informe que ha dejado claro que el cambio clim&aacute;tico es un hecho, y sus consecuencias ya las estamos viviendo. La cuesti&oacute;n ahora es si podemos mitigar algo sus efectos a medio y largo plazo. El a&ntilde;o 2050, en 30 a&ntilde;os pensando en nuestros hijos y nietos, es el horizonte propuesto en el que debemos tomar medidas radicales si no queremos que los efectos pongan en riesgo la propia supervivencia de la especie, que no la del planeta. Medidas, pues, que hay que adoptar ahora con urgencia. Es nuestra responsabilidad, que no podemos trasladar a nuestros nietos. As&iacute; pues, lo que necesitamos ahora saber es qu&eacute; podemos hacer para evitar esta crisis ambiental, que tambi&eacute;n ser&aacute; una crisis sanitaria y econ&oacute;mica, pero de una envergadura que probablemente ser&aacute; muy superior a la que estamos experimentando con la pandemia de la COVID-19. Una experiencia que seguro va a servir como preparaci&oacute;n frente a la emergencia clim&aacute;tica. Es decir, los gobiernos prohibir&aacute;n la movilidad, si no queda m&aacute;s remedio, entre otras la movilidad a&eacute;rea.
    </p><p class="article-text">
        En la b&uacute;squeda de respuestas, Bill Gates ha publicado un libro, muy recomendable, titulado en espa&ntilde;ol 'C&oacute;mo evitar un desastre clim&aacute;tico', donde resume de manera muy sencilla y clara algunas de las soluciones disponibles que ya tenemos para aplicar, junto con los avances que se han de producir, para hacer frente a los desaf&iacute;os que tenemos por delante. Unas reflexiones muy &uacute;tiles para nuestro debate local en Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con las estimaciones cient&iacute;ficas m&aacute;s fiables, Gates nos dice que anualmente emitimos a la atm&oacute;sfera unos 51.000 millones de toneladas de di&oacute;xido de carbono. Cantidad que hay que reducir a cero de aqu&iacute; a 2050. En este horizonte, el Sr. Gates plantea soluciones posibles en nuestro actual contexto; esto es, sin cuestionar que estamos en una econom&iacute;a de mercado y una democracia liberal. Lo digo porque las cr&iacute;ticas de un lado vendr&aacute;n por ah&iacute;. Del otro lado est&aacute;n los negacionistas de aqu&iacute; no pasa nada, pues todo es fruto de una conspiraci&oacute;n, como con la pandemia. Como vemos la crisis sanitaria y la crisis ambiental tienen mucho en com&uacute;n, tanto para lo bueno como para lo menos bueno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, sus propuestas, y la l&oacute;gica en la que descansan, deber&iacute;an ser tenidas en cuenta en nuestro debate local. As&iacute;, Gates analiza las principales fuentes de estas emisiones. Entre ellas, y en cuarta posici&oacute;n, se&ntilde;ala que el 16% del total de las emisiones es originada por la forma en que nos desplazamos, ya sea en coches, barcos, trenes o aviones. A estos &uacute;ltimos, los aviones, le atribuye el 10%, de ese 16%, comparado con el 47% que representa las emisiones de los coches o el 30% de los autobuses o camiones. Sin embargo, frente a los camiones y coches que est&aacute;n en proceso de electrificaci&oacute;n, y de los que se espera una transici&oacute;n r&aacute;pida, en el caso de los aviones la transici&oacute;n a fuentes de energ&iacute;a verdes ser&aacute; muy lenta, y costosa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estas comparaciones, Gates aplica el concepto de 'prima verde', que define como el coste adicional que representa el cambio de las fuentes de energ&iacute;a f&oacute;siles a otras con emisi&oacute;n de carbono cero. Estimando para el caso de los aviones que la prima verde ser&aacute; de entre un 140% y un 300% m&aacute;s cara que el precio actual. Es decir, la prima verde m&aacute;s cara de todas las transiciones corresponde al transporte a&eacute;reo, en comparaci&oacute;n con los otros medios de transporte, pero tambi&eacute;n con respecto a otras fuentes de emisiones como la fabricaci&oacute;n de cemento, pl&aacute;stico, acero o el cultivo de plantas o la cr&iacute;a de animales. Los combustibles alternativos para la aviaci&oacute;n no son una soluci&oacute;n a corto plazo. Ante esta realidad, y dada la emergencia de la situaci&oacute;n que vivimos, la &uacute;nica manera de reducir las emisiones de CO2 producidas por los aviones es reducir su uso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aprendiendo de la crisis sanitaria de la COVID-19, esta nos ha mostrado alternativas viables para reducir los viajes por razones de trabajo, formaci&oacute;n o placer. Internet y las conexiones virtuales, cada d&iacute;a m&aacute;s efectivas, hacen innecesarios un n&uacute;mero muy importante de desplazamientos en avi&oacute;n. Tambi&eacute;n, y esto me parece m&aacute;s significativo en el debate actual sobre cambio clim&aacute;tico, la crisis de la COVID-19 ha servido para experimentar de manera directa por parte de todos los ciudadanos del planeta, con mayor o menor intensidad, que los gobiernos adoptan medidas que restringen algunos de nuestros derechos b&aacute;sicos &iexcl;all&iacute; donde son respetados!, con confinamientos prolongados y el cierre de empresas, centros educativos o incluso ciudades, regiones y pa&iacute;ses. De hecho, gobiernos europeos con el franc&eacute;s o austriaco ya est&aacute;n limitando el transporte entre ciudades cercanas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este contexto global de emergencia clim&aacute;tica, y en medio de la crisis sanitaria, uno no puede dejar de preguntarse s&iacute; tiene sentido ampliar el aeropuerto de Barcelona o el de Madrid, si incluso antes de que est&eacute;n finalizadas las obras habr&aacute; que restringir su uso por razones clim&aacute;ticas y sus consecuencias sanitarias. No se trata de no invertir, bienvenidas, sino de preguntarse por otros proyectos alternativos, m&aacute;s rentables social y econ&oacute;micamente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando G. Benavides]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/emergencia-climatica-global-transporte-aereo-local_129_8318489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Sep 2021 10:34:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Emergencia climática global y transporte aéreo local]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ecologismo,Aeropuertos,Aeropuerto de El Prat,Barajas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vacunas, ¿obligatorias o exigibles?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vacunas-obligatorias-exigibles_129_8229723.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6be3f4c-623a-441a-9562-fd1494bfd414_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vacunas, ¿obligatorias o exigibles?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuanto antes resolvamos esta situación, antes podremos ceder las vacunas que no necesitamos a los países de renta baja y media. Allí no se vacunan fundamentalmente porque no tiene vacunas</p></div><p class="article-text">
        Al dilema econom&iacute;a y salud, tan debatido a lo largo de la pandemia, se suma ahora con toda su fuerza un nuevo conflicto entre derecho y salud alrededor de la obligatoriedad o no de la vacunaci&oacute;n. Efectivamente, ya vamos para el a&ntilde;o dos de la pandemia y el coronavirus sigue circulando, enfermando y matando. Especialmente en los pa&iacute;ses de renta media y baja. En los pa&iacute;ses de renta alta, nosotros, la incidencia se va controlando poco a poco gracias al conjunto de medidas preventivas, entre ella de manera muy destacada la vacuna. En muchos de estos pa&iacute;ses ya hemos pasado del 60% de la poblaci&oacute;n vacunada de manera completa, y avanzamos hacia el objetivo inicial del 70% de la deseable inmunidad de grupo. En Espa&ntilde;a, en concreto, este objetivo se puede alcanzar, como pronostic&oacute; Salvador Illa cuando era ministro de Sanidad, a finales de agosto. Un pron&oacute;stico, que no una ocurrencia, basado en datos proporcionado por los expertos del Ministerio, como el mismo ha comentado.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta etapa final de la pandemia, esperemos, no est&aacute; resultando ser un camino de rosas. Nuevos obst&aacute;culos aparecen en esta larga marcha. Entre ellos, sin ser exhaustivo, cabe mencionar la mayor transmisibilidad de la variante delta del coronavirus que hace necesario incrementar el porcentaje de la cobertura vacunal para alcanzar la inmunidad de grupo hasta al menos el 90% o la propia durabilidad de la inmunidad adquirida tras la vacuna, lo que plantea la necesidad de una dosis de refuerzo, al menos para personas con el sistema inmunitario comprometido. Por supuesto, hay que mencionar tambi&eacute;n la efectividad de la vacuna, que no es del 100%. En este contexto, la resistencia de determinadas personas a vacunarse surge como importante obst&aacute;culo para salir del laberinto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, entre las personas que a&uacute;n no se han vacunado no todos son antivacunas. Es un error calificar a todos los no vacunados en este grupo que cuestiona las evidencias cient&iacute;ficas y creen, es una cuesti&oacute;n de fe, que todo es fruto de una conspiraci&oacute;n que persigue dinero y poder. No, tambi&eacute;n hay personas que razonablemente tienen dudas sobre la eficacia de las vacunas y del riesgo real que supone no estar vacunado. Otros simplemente son personas que no tiene un acceso f&aacute;cil a los servicios sanitarios, por la marginalidad en la que viven o porque no acaban de priorizar entre sus m&uacute;ltiples tareas la de vacunarse. Para incrementar en los pr&oacute;ximos meses el porcentaje de vacunados hay que concentrase en estos grupos, ofreciendo informaci&oacute;n comprensible para ellos y facilitando el acceso a la vacuna d&iacute;a y noche, llueva o escampe. Es lo que ya se ha comenzado a hacer con la apertura de algunos CAP para ir a vacunarse sin cita previa. Las largas colas que se han podido observar, sobre todo de personas j&oacute;venes, son admirables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, sea por un motivo o por otro, desde la salud p&uacute;blica, que tiene entre sus funciones la de autoridad sanitaria, se deben adoptar decisiones claras para proteger la salud del conjunto de la poblaci&oacute;n. Ello significa que ha de hacer prevalecer el inter&eacute;s general frente al individual. En este sentido, algunas voces autorizadas tienden a proponer que la vacunaci&oacute;n sea obligatoria -seg&uacute;n la RAE,<em> hacer fuerza en una cosa para conseguir un efecto</em>-, especialmente a los trabajadores sanitarios. Otras igualmente autorizadas hablan de exigir -seg&uacute;n la RAE,<em> pedir, por su naturaleza o circunstancia, alg&uacute;n requisito necesario</em>-<em> </em>estar vacunados para realizar determinadas actividades, como por ejemplo viajar de un pa&iacute;s a otro.
    </p><p class="article-text">
        El debate tiene sus aristas, pero posiblemente exigir sea mejor que obligar. Pues, por un lado, obligar genera un discurso victimista que refuerza la ideolog&iacute;a antivacunas y, adem&aacute;s, si hay efectos secundarios, que puede haberlos, la responsabilidad puede recaer en la autoridad que oblig&oacute; a administrarse un f&aacute;rmaco como es una vacuna. Que no es lo mismo que obligar a ponerse la mascarilla para entrar en un restaurante. Por el otro lado, exigir se abre paso tras el &eacute;xito del certificado vacunal, al pasar la decisi&oacute;n de vacunarse al individuo si quiere entrar en un restaurante, ir a un concierto o visitar un museo o, m&aacute;s relevante, si desea trabajar -o seguir trabajando- en una residencia de ancianos o en un hospital. Ellos pueden decidir sobre su salud, no vacunarse, pero no pueden poner a riesgo la salud de los dem&aacute;s, especialmente si estos son pacientes de un hospital, residentes de una residencia de la tercera edad o estudiantes. Es su decisi&oacute;n, su responsabilidad. No vacunarse significa no poder trabajar o seguir trabajando en esos lugares. La vacuna le est&aacute; esperando. Est&aacute; en juego el derecho de los pacientes o residentes a ser tratados de manera segura seg&uacute;n la evidencia cient&iacute;fica disponible.
    </p><p class="article-text">
        Postdata, cuanto antes resolvamos esta situaci&oacute;n, antes podremos ceder las vacunas que no necesitamos a los pa&iacute;ses de renta baja y media. All&iacute; no se vacunan fundamentalmente porque no tiene vacunas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando G. Benavides]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vacunas-obligatorias-exigibles_129_8229723.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Aug 2021 19:50:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vacunas, ¿obligatorias o exigibles?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vacunas y vacunaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vacunas-vacunaciones_129_8095986.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d3920f9-091e-4866-8b98-319deba7301b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vacunas y vacunaciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Invertir en ciencia es la mejor manera de hacer frente a las amenazas, presentes y futuras, para la salud de las personas</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Hemos vencido la pandemia? A&uacute;n no lo sabemos, pero todo indica que vamos por el buen camino. La buena ciencia, la buena econom&iacute;a y la buena pol&iacute;tica se han alineado por una vez, como astros en el firmamento, para que esta historia tenga un final feliz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, en primer lugar, la ciencia, b&aacute;sica y aplicada, ha hecho posible disponer de varias vacunas en un tiempo r&eacute;cord y con una fundamentaci&oacute;n cient&iacute;fica innovadora, que a&uacute;n no nos lo acabamos de creer. No es magia, es ciencia duramente labrada, &ldquo;golpe a golpe, verso a verso&rdquo;, con sudor e ingenio, aprovechando las palabras del poeta. Asistimos a una revoluci&oacute;n cient&iacute;fica en el campo de las vacunas que esperemos nos traigan otras alegr&iacute;as, como por ejemplo frente a la tuberculosis (alrededor de 1,5 millones de muertes cada a&ntilde;o) o el paludismo (500.000 muertes cada a&ntilde;o, el 90% en &Aacute;frica). Un reto pendiente que la ciencia puesta al servicio de la pandemia pueda ayudar a conseguir. Invertir en ciencia es la mejor manera de hacer frente a las amenazas, presentes y futuras, para la salud de las personas.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, las empresas farmac&eacute;uticas han hecho posible que el fruto de la investigaci&oacute;n y la innovaci&oacute;n, financiado en la mayor&iacute;a de las ocasiones por fondos p&uacute;blicos, pudiera producir millones y millones de dosis, y en las condiciones de calidad y seguridad adecuadas para que la eficacia demostrada en los ensayos cl&iacute;nicos -cuya log&iacute;stica han asumido-, siempre en condiciones ideales, casi de laboratorio, pudiera ser igual de efectiva en las condiciones habituales en las que vivimos las personas. Liberar las patentes, en determinadas circunstancias, es una opci&oacute;n a medio y largo plazo, pero a corto plazo son los pa&iacute;ses ricos los que deben proveer los fondos necesarios para que las vacunas seguras y de calidad lleguen en cantidades suficientes a los pa&iacute;ses de renta media y baja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero todo ello, realmente necesario, no habr&iacute;a sido suficiente si no dispusi&eacute;ramos de instituciones p&uacute;blicas, con capacidad para comprar esas vacunas, gracias a los ingresos que generan los impuestos, y con ello ponerlas gratis al alcance de miles y millones de personas. Adem&aacute;s, los Estados, el espa&ntilde;ol y otros europeos, han podido endeudarse con el apoyo del Banco Central Europeo. Algo que no todos los Estados pueden hacer. Posiblemente, la existencia de Estados fr&aacute;giles en el mundo, algunos fallidos, sea el punto m&aacute;s d&eacute;bil de la lucha contra la pandemia. Algo que no resuelve ni la liberaci&oacute;n de las patentes ni la financiaci&oacute;n de ingentes cantidades de vacunas.&nbsp; Pero es donde nos jugamos m&aacute;s para que lo conseguido en los pa&iacute;ses como el nuestro sea definitivo. Fortalecer las instituciones internacionales como la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud es otro paso necesario para afrontar el futuro en mejores condiciones.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, en este an&aacute;lisis sobre los determinantes que est&aacute;n haciendo posible este final feliz, hay que mencionar al incre&iacute;ble esfuerzo log&iacute;stico que est&aacute; haciendo el Sistema Nacional de Salud. El componente estrella, junto al sistema educativo y de seguridad social, del estado de Bienestar, que existe, volvamos a recordarlo, gracias a los impuestos y a su adecuada administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si en la primera fase de la pandemia fueron los hospitales los que aguantaron ejemplarmente la embestida de la pandemia, junto a las pol&iacute;ticas de restricciones de la movilidad y la adopci&oacute;n de medidas preventivas no farmacol&oacute;gicas; en esta fase final, esperemos, est&aacute; siendo la atenci&oacute;n primaria la que da el do de pecho, como todos podamos comprobar cuando nos citan para vacunarnos, y cuando llega el momento m&aacute;s deseado todo trascurre con una normalidad que sorprende por su eficiencia. Disponer de sistemas sanitarios robustos es una condici&oacute;n <em>sine qua non</em> para que las vacunas se materialicen en vacunaciones.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad existe y, a trav&eacute;s de la adecuada coordinaci&oacute;n de sus instituciones cient&iacute;ficas, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, puede y sabe organizarse para conseguir vencer a la pandemia. Una lecci&oacute;n que no debemos olvidar para cuando esta pandemia est&eacute; definitivamente vencida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando G. Benavides]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vacunas-vacunaciones_129_8095986.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jul 2021 19:54:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vacunas y vacunaciones]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vacunas y algo más]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/vacunas_129_6510092.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/117c43be-2bb7-4f58-bda8-94174cfec115_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vacunas y algo más"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es difícil ponernos ya de acuerdo en que uno de los puntos más débiles en la respuesta a la actual pandemia ha sido la falta de una institución con suficiente capacidad técnica e independencia política para afrontar el reto</p></div><p class="article-text">
        La llegada de las vacunas es ya una realidad que podemos casi tocar con los dedos. La colaboraci&oacute;n p&uacute;blico-privada est&aacute; siendo tan potente, medida en miles de millones de euros, que acabar&aacute; dando los resultados deseados. Una colaboraci&oacute;n p&uacute;blico-privada que no es nueva. De hecho, esta colaboraci&oacute;n entre las administraciones p&uacute;blicas y la iniciativa privada es el fundamento ordinario de los avances cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos que disfrutamos. Las ayudas p&uacute;blicas a la investigaci&oacute;n (casi el 45% del 1,2% del PIB dedicado a I+D en Espa&ntilde;a, lejos del 2,2% europeo), tanto en ciencia b&aacute;sica como aplicada, explican el r&aacute;pido desarrollo de las nuevas vacunas o la comprensi&oacute;n de los determinantes sociales a la hora de gestionar la pandemia. Esta es la gran diferencia con la pandemia de la gripe de 1918. Ahora hay una ciencia bien estructurada que funciona, junto a una industria farmac&eacute;utica capaz de fabricar todas las dosis que esperemos sean necesarias. Desde esta perspectiva, podemos estar aceptablemente satisfechos de lo aprendido en estos 100 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta misma perspectiva secular, necesaria para poder entender estos fen&oacute;menos sist&eacute;micos y globales, hemos de pensar en los pr&oacute;ximos 100 a&ntilde;os. Pregunt&aacute;ndonos por lo que hemos de hacer para que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, puedan gestionar mejor las pr&oacute;ximas crisis sanitarias que seguro llegaran, ya sean causadas por agentes infecciosos o por otras causas qu&iacute;micas, f&iacute;sicas o sociales, o de la interacci&oacute;n entre ellas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la espera de la evaluaci&oacute;n prometida de la gesti&oacute;n de la crisis en Espa&ntilde;a, despu&eacute;s de ser pedida en dos cartas publicadas en la revista <em>Lancet</em>, no es dif&iacute;cil ponernos ya de acuerdo en que uno de los puntos m&aacute;s d&eacute;biles en la respuesta a la actual pandemia ha sido la falta de una instituci&oacute;n con suficiente capacidad t&eacute;cnica e independencia pol&iacute;tica para afrontar el reto de la pandemia desde el primer d&iacute;a, coordinando las pol&iacute;ticas sanitarias (vigilancia epidemiol&oacute;gica, camas de UCI, etc.) y extra-sanitarias (empleo, movilidad, protecci&oacute;n social, etc.). Un esfuerzo que se ha basado en el Centro de Coordinaci&oacute;n de Alertas y Emergencias Sanitarias, al que reconocemos un enorme m&eacute;rito, pero que a todas luces ha resultado insuficiente. Ahora que estamos pensando en el futuro, debemos mirar a los mejores referentes. Entre ellos, por ejemplo, el <a href="https://www.rki.de/EN/Home/homepage.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Instituto Robert Koch de Alemania</a>, que est&aacute; a punto de cumplir sus primeros 130 a&ntilde;os, y donde trabajan aproximadamente unas 1.000 personas, de las cuales 450 son investigadores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, es una buena noticia saber, por declaraciones de la Secretaria de Estado de Sanidad, Silvia Calz&oacute;n, que el proyecto de presupuesto que se discute estos d&iacute;as en el Congreso contempla una partida para crear el Centro Estatal de Salud P&uacute;blica, previsto desde hace 9 a&ntilde;os en la Ley general de Salud P&uacute;blica de 2011. Esperamos conocer m&aacute;s detalle el proyecto, y saber si su independencia institucional y sus recursos estar&aacute;n a la altura de los retos a los que debe hacer frente.
    </p><p class="article-text">
        Aprovechar la salida de esta crisis sanitaria para fortalecer nuestras infraestructuras de salud p&uacute;blica es una obligaci&oacute;n &eacute;tica que no podemos ignorar. En ellos nos va que en una pr&oacute;xima crisis sanitaria podamos evitar, si no todos, una parte importante de los fallecimientos, pues comparados con, por ejemplo, Alemania, donde a 30 de noviembre se hab&iacute;an registrado 16.248 defunciones, en Espa&ntilde;a esa cifra era en la misma fecha de 44.668 defunciones, sabiendo que Espa&ntilde;a tiene casi la mitad de poblaci&oacute;n que Alemania.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando G. Benavides]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/vacunas_129_6510092.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Dec 2020 08:28:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vacunas y algo más]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salud pública,Coronavirus,Epidemias,Vacunas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Control de la pandemia y crisis económica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/control-pandemia-crisis-economica_129_6175743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5da42e8-70a5-44fe-b2f6-3aaed18923b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Control de la pandemia y crisis económica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Disponer de un empleo (decente) es básico para la salud de las personas, pues para la inmensa mayoría de ellas el empleo constituye la principal fuente de ingresos y bienestar</p></div><p class="article-text">
        El nuevo pacto social que posiblemente nos deja la pandemia de la COVID-19, la protecci&oacute;n de la salud en el centro de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas del siglo XXI, no puede olvidar los efectos que para la salud est&aacute; teniendo tambi&eacute;n la crisis econ&oacute;mica, derivada de las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis sanitaria. La salud y la econom&iacute;a son realidades interdependientes.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, las noticias que nos trae el INE con los datos de la EPA del segundo trimestre son realmente preocupantes. Entre abril y junio, los principales meses de confinamiento, se han perdido m&aacute;s de un mill&oacute;n de empleos, sin contar los empleos y autoempleos que est&aacute;n acogidos a un ERTE y cesaci&oacute;n de actividad. Una parte de los cuales es posible que pierda tambi&eacute;n su empleo o actividad una vez acabe este periodo excepcional.&nbsp;El numero de hogares en el que todos sus miembros activos est&aacute;n en paro es ahora de casi un 1.200.000, de los que unos 300.000 son unipersonales. En s&iacute;ntesis, la curva de la crisis econ&oacute;mica, cuyo mejor indicador para las personas es el desempleo, est&aacute; en plena subida. Siendo optimista, la tasa de desempleo es previsible que suba de nuevo por encima del 20% para final de a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como bien sabemos en salud p&uacute;blica, y especialmente en salud laboral, disponer de un empleo (decente) es b&aacute;sico para la salud de las personas, pues para la inmensa mayor&iacute;a de ellas el empleo constituye la principal fuente de ingresos y bienestar. Los efectos sobre la salud del desempleo sin protecci&oacute;n social en t&eacute;rminos de enfermedad y muerte son conocidos. De hecho, una de las medidas m&aacute;s importantes adoptadas durante la primera fase de la pandemia, y que podemos catalogar tambi&eacute;n de salud p&uacute;blica, ha sido el establecimiento del ingreso m&iacute;nimo vital para estas personas y familias que carezcan de empleo. El seguro de desempleo y esta nueva medida de protecci&oacute;n social son los pilares para soportar la crisis econ&oacute;mica en la que ahora estamos
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, en la fase en la que nos encontramos, despu&eacute;s de centrar todos los esfuerzos en aplanar la curva de la crisis sanitaria, la prioridad ahora es mantener el control de la pandemia y hacer frente al impacto de la crisis econ&oacute;mica. Esto es, debemos de continuar haciendo frente a la crisis sanitaria, insistiendo una y otra vez en la identificaci&oacute;n de casos y seguimiento de contactos de la manera m&aacute;s eficiente posible, pero esto ha de ser compatible con la reactivaci&oacute;n de la econom&iacute;a, que hab&iacute;a quedado en m&iacute;nimos tras la primera fase de la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero para que todo ello funcione: vigilancia epidemiol&oacute;gica, protecci&oacute;n al desempleo e ingreso m&iacute;nimo vital, es necesario que la econom&iacute;a funcione, y las empresas y las personas paguen/paguemos nuestros impuestos y nuestras cotizaciones sociales. La deuda que hemos contra&iacute;do, sea directamente por Espa&ntilde;a o mutualizada con Europa, habr&aacute; que pagarla, de una u otra manera. El nuevo contrato social se fundamenta en la salud de las personas, como prerrequisito para una econom&iacute;a sostenible y una sociedad justa. En ello nos va la vida.
    </p><p class="article-text">
        <em>Fernando G. Benavides es catedr&aacute;tico de Salud P&uacute;blica en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y profesor adjunto en la University of Texas School of Public Health.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando G. Benavides]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2020 20:13:06 +0000]]></pubDate>
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