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    <title><![CDATA[elDiario.es - Enrique Cerdá Cerdá]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/enrique-cerda-cerda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Enrique Cerdá Cerdá]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Camino sin retorno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/camino-retorno_129_8106809.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8668a6f2-1a9d-4d99-86c6-a184932e1724_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Camino sin retorno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me comentó que no quería seguir así, que si su enfermedad no tenía remedio no quería morir asfixiándose y que iba a pedir a sus oncólogos y al equipo de paliativos que le practicaran una sedación profunda para poder morir sin enterarse de nada, y dirigiéndose a mí dijo: "Pero quiero que ese día estés tu presente"</p></div><p class="article-text">
        Hoy hace cuatro a&ntilde;os de aquel d&iacute;a, en que, comiendo en su casa,&nbsp;un amigo nos cont&oacute; que ten&iacute;a un c&aacute;ncer. Recuerdo que, sobre la marcha, a m&iacute; solo se me ocurrieron esas frases manidas que pretenden negar una realidad endulz&aacute;ndola, del tipo de: &ldquo;Hoy d&iacute;a hay c&aacute;nceres que se curan&rdquo;&nbsp;o bien &ldquo;con los tratamientos actuales se consiguen grandes supervivencias&rdquo; etc. La realidad es que a todos nos abruma esa palabra, y deseamos librarnos de cualquier manera de la angustia que nos provoca. Tambi&eacute;n recuerdo que evit&eacute; usar ciertas met&aacute;foras militaristas tan empleadas&nbsp;en&nbsp;esas ocasiones: &ldquo;Ten &aacute;nimo para luchar contra &eacute;l&rdquo;, o bien &ldquo;t&uacute; seguro que lo vences&rdquo;, como si se tratara de un combate entre guerreros. Cuando se usan esas met&aacute;foras&nbsp;militaristas, sin querer, se est&aacute; estigmatizando la enfermedad y por tanto, a quienes la sufren. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que mostramos al usarlas es el temor que nos producen, como el temor que sentimos ante el enemigo en una guerra. Al usar esas met&aacute;foras, la propia reputaci&oacute;n del c&aacute;ncer aumenta el sufrimiento de los pacientes, y su imaginaci&oacute;n se llena de todas las connotaciones negativas&nbsp;que tiene el t&eacute;rmino; se produce una relaci&oacute;n inevitable entre demonizar la enfermedad y achacar algo al paciente, por mucho que le consideremos una v&iacute;ctima. Las v&iacute;ctimas siempre sugieren inocencia&nbsp;y la v&iacute;ctima, por la l&oacute;gica subyacente a todo termino que expone&nbsp;una relaci&oacute;n, supone culpa. Deber&iacute;amos &nbsp;intentar calmar la imaginaci&oacute;n de la persona que padece un c&aacute;ncer, para que no sufra m&aacute;s por pensar en la enfermedad, que por la enfermedad misma, y para ello necesitar&iacute;amos hablar m&aacute;s entre nosotros de todo aquello&nbsp;que se supone que no debe nombrarse. Y as&iacute; hicimos: hablamos de las posibilidades de curaci&oacute;n seg&uacute;n el tipo de c&aacute;ncer y de los achaques que ten&iacute;a, y que ahora,&nbsp;deb&iacute;an quedar en segundo plano. Al terminar la conversaci&oacute;n, mi amigo dijo a modo de despedida: &ldquo;Ya ves qu&eacute; r&aacute;pido cambia la vida, un d&iacute;a cualquiera te levantas, y en un instante, la vida, tal como la conoc&iacute;as, se te ha acabado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aquel d&iacute;a, comenzaron para mi amigo tres a&ntilde;os de penalidades. No pudo ser operado por la localizaci&oacute;n del tumor, y los onc&oacute;logos le indicaron un tratamiento con quimioterapia y radioterapia. Con el transcurrir de los meses, al ir cumpliendo los ciclos de los tratamientos, comenzaron a aparecerle los efectos secundarios. Una temporada ten&iacute;a dificultades con la alimentaci&oacute;n porque la radioterapia le hab&iacute;a irritado el es&oacute;fago, otras, ten&iacute;a un dolor punzante en el costado, con fiebre, que le obligaba a reingresos hospitalarios, para drenarle el derrame que se le hab&iacute;a producido por una&nbsp;infecci&oacute;n pulmonar; m&aacute;s tarde, comenz&oacute; a tener dificultades para respirar, porque los pulmones acusaban sus a&ntilde;os de fumador. Segu&iacute;amos vi&eacute;ndonos con frecuencia,&nbsp;cultivando esa&nbsp;amistad de muchos a&ntilde;os que te une a algunas personas, y la sientes como una ayuda para vivir;&nbsp;aunque a veces, hab&iacute;amos pasado tiempo sin vernos, cuando lo hac&iacute;amos, reanud&aacute;bamos la relaci&oacute;n y las conversaciones como si las hubi&eacute;ramos interrumpido el d&iacute;a anterior. Me impresionaba siempre la entereza y la serenidad con que se manten&iacute;a frente a la enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Al final del tercer a&ntilde;o, comenc&eacute; a notar que ten&iacute;a tendencia a hablar del pasado, de su pasado. Rememoraba con orgullo los a&ntilde;os de militancia pol&iacute;tica antifranquista en la universidad, los episodios de la transici&oacute;n pol&iacute;tica a la democracia, vivida desde la &oacute;ptica de la extrema izquierda, e incluso, las ansias de nuevas experiencias vitales de los a&ntilde;os de la movida madrile&ntilde;a. Quiz&aacute;s el presentimiento de que su final se acercaba le obligaba a hacer inventario de lo que hab&iacute;a vivido, o deseaba recordar todo lo que hab&iacute;a sentido como verdadero en su vida, porque como escribi&oacute; Siri Hustved&nbsp;&ldquo;lo que no sentimos se nos acaba olvidando&rdquo;. As&iacute;, configuramos los recuerdos para dotarlos de significado y coherencia. Para las personas sanas es f&aacute;cil encontrar qu&eacute; papel queremos jugar en los distintos momentos de la vida, e interpretarlo en la realidad de nuestro presente, pero en el mundo de los enfermos graves nadie sabe vivir con su presente, solo se quiere escapar de &eacute;l, porque la enfermedad te proporciona una forma tan bastarda de identidad que el enfermo no sabe qu&eacute; pensar de s&iacute; mismo en su presente y, &nbsp;por eso, necesita reconstruir su pasado. Ya lo dijo William Faulkner: &ldquo;El pasado nunca est&aacute; muerto, ni siquiera est&aacute; pasado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de continuar con los tratamientos, el &nbsp;estado de mi amigo no mejor&oacute;, precisaba&nbsp;ya oxigeno domiciliario continuo, y, finalmente, los onc&oacute;logos los dieron por finalizados&nbsp;y lo derivaron a los cuidados paliativos. &Eacute;l comprendi&oacute; que su enfermedad era irreversible y que los nuevos medicamentos que le indicaron ten&iacute;an como &uacute;nica finalidad aliviarle los dolores y la asfixia. Un d&iacute;a me coment&oacute; que no quer&iacute;a seguir as&iacute;, que si su enfermedad no ten&iacute;a remedio, no quer&iacute;a morir asfixi&aacute;ndose y a&ntilde;adi&oacute; que iba a pedir a sus onc&oacute;logos y al equipo de paliativos que le practicaran una sedaci&oacute;n profunda para poder morir sin enterarse de nada, y &nbsp;dirigi&eacute;ndose a m&iacute; dijo: &ldquo;Pero quiero que ese d&iacute;a est&eacute;s tu presente&rdquo;. Le di mi conformidad, sin preguntarle nada y sin dudarlo, aunque desconoc&iacute;a cu&aacute;l iba a ser mi papel. Yo siempre he tenido el convencimiento de que una vida humana sometida al dolor y al sufrimiento f&iacute;sico, por una enfermedad incurable en fase terminal, no es digna de ser vivida por nadie, ya que degrada al ser humano, oblig&aacute;ndole a vivir una situaci&oacute;n inhumana. Quiz&aacute;s reparamos pocas veces en el dolor ajeno de estas situaciones, porque &nbsp;nuestro dolor est&aacute; siempre haciendo ruido a todas horas, y ese ruido nos incapacita para escuchar al otro, y ofrecerle nuestro consuelo. El azar quiso que, en esos d&iacute;as, se tramitara en el Parlamento un proyecto de ley de eutanasia y volvieran a o&iacute;rse esas voces apocal&iacute;pticas&nbsp;profetizando de nuevo el fin de la civilizaci&oacute;n cristiana-occidental si se aprobaba la eutanasia, como ya hicieron a&ntilde;os atr&aacute;s con el divorcio y el aborto. Esas voces siguen fanatizadas por el fundamentalismo religioso de la jerarqu&iacute;a de la Iglesia cat&oacute;lica, que intenta impedir el amparo legal a una muerte digna. Esa justificaci&oacute;n de la que alardean, de presentarse como defensoras de la vida, es un sarcasmo cruel, porque esos enfermos nunca est&aacute;n en condiciones de disfrutarla, y, adem&aacute;s, ocultan que con su postura los est&aacute;n condenando a un martirio, ya que&nbsp;vivir en esas condiciones es morir mil veces cada d&iacute;a hasta que el suplicio termina de forma &ldquo;natural&rdquo;. Esas voces, adem&aacute;s de mostrar un autoritarismo exacerbado sobre la sociedad espa&ntilde;ola, no respetando a los que no pertenecemos a su reba&ntilde;o, tambi&eacute;n muestran ignorar que el derecho a vivir no est&aacute; amenazado por el derecho a morir, sino m&aacute;s bien reforzado, porque no hay nada como la referencia de la muerte para apreciar las infinitas riquezas de la vida. A menudo, he intentado comprender las razones de esos comportamientos tan dogm&aacute;ticos, incluidas las ideolog&iacute;as totalitarias, que no reconocen que los tiempos cambian, las certidumbres se desvanecen y la vida de los ortodoxos, ante el r&aacute;pido transcurrir de las cosas y de las perspectivas, se hace cada vez m&aacute;s precaria y melanc&oacute;lica. Esa rigidez que custodia verdades inmutables revela una intimidad fr&aacute;gil y sensible, un alma que busca protecci&oacute;n para su propia vulnerabilidad sentimental, tras la coraza de una fe inquebrantable. Quiz&aacute;s todos sufrimos por el mundo que cambia, por las verdades que pasan, por los rostros amados que se alejan, por la innumerable perdida de las cosas y se intenta presentar un orden tranquilizador, pero cuanto m&aacute;s extra&ntilde;o se nos hace el mundo, m&aacute;s nos aislamos en una testaruda soledad, pat&eacute;tica y dolorosa, aunque aparentemente r&iacute;gida e inflexible.
    </p><p class="article-text">
        Transcurrieron varias semanas&nbsp;en las que cumplimentaron los tr&aacute;mites administrativos, testamento vital etc. Y un d&iacute;a, me avisaron de que ya estaba todo preparado. Realmente yo no sab&iacute;a cu&aacute;l iba a ser mi papel, y tem&iacute;a vivir escenas dram&aacute;ticas con la familia. En cuarenta a&ntilde;os de medico intensivista, hab&iacute;a vivido muchas muertes, pero nunca la de un amigo y en su casa. Cuando llegu&eacute;, el ambiente era de tranquilidad y sosiego. El m&eacute;dico del equipo de paliativos le explicaba pausadamente&nbsp;a mi amigo que pod&iacute;a retractarse de su decisi&oacute;n o aplazarla sin ning&uacute;n inconveniente, pero &eacute;l&nbsp;insisti&oacute; en seguir adelante y&nbsp;morir sin enterarse de nada. El m&eacute;dico dej&oacute; escritos el informe cl&iacute;nico y la pauta de administraci&oacute;n de medicamentos que iniciaron a continuaci&oacute;n y a&ntilde;adi&oacute;&nbsp;que &eacute;l y su equipo deb&iacute;an acudir a otros domicilios a atender a otros pacientes, pero que volver&iacute;an, y que se les pod&iacute;a llamar por tel&eacute;fono en cualquier momento. Fue entonces&nbsp;cuando me ofrec&iacute; a aplicar yo la pauta en su ausencia, y en ese momento comprend&iacute; el papel que me hab&iacute;a asignado el destino. En las horas siguientes,&nbsp;continu&eacute; la administraci&oacute;n, y tuve que acortar los intervalos entre las dosis para conseguir una sedaci&oacute;n continuada.&nbsp;Sin darme cuenta, me estaba dejando llevar por el andamiaje intelectual que proporciona el ejercicio de la profesi&oacute;n y que moldea nuestras mentes. Cualquier profesi&oacute;n&nbsp;marca a la persona que la ejerce, y condiciona la manera de actuar que tiene a lo largo de la vida. La cercan&iacute;a de la muerte es un hecho al que te habit&uacute;a la especialidad m&eacute;dica, y eso te proporciona una apariencia exterior de tranquilidad, que a veces sorprende a los que te rodean y no se corresponde con lo que sientes en tu interior. Recibes las miradas&nbsp;de los dem&aacute;s, y ellas te hacen ver c&oacute;mo est&aacute;s actuando y, de esta manera, quedas definido c&oacute;mo eres ante los dem&aacute;s. Mi obsesi&oacute;n en aquellos momentos era cumplir el deseo de mi amigo tan querido, y lo que yo sintiera o dejara de sentir era secundario. Mientras &eacute;l dorm&iacute;a profundamente, nosotros, familia y alg&uacute;n amigo, nos acompa&ntilde;&aacute;bamos unos a otros entre conversaciones intrascendentes, que ten&iacute;an como finalidad principal hacer pasar el tiempo. As&iacute; &nbsp;pasaron la tarde y la noche y al amanecer nos dej&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque la muerte sea la cancelaci&oacute;n de la vida, debemos considerar que forma parte consustancial de ella de una forma natural. Tambi&eacute;n lo es percibir el dolor de perder a alguien que amas, y que ha formado parte de tu vida. Han pasado ya seis meses desde entonces, y hoy nos hemos reunido para recordarlo porque hubiera cumplido 70 a&ntilde;os. Su ausencia nos impregna a todos sin derivar en una melancol&iacute;a nost&aacute;lgica, y sentimos un nuevo impulso interior &nbsp;que nos hace vivir el presente con m&aacute;s intensidad, porque como dijo Kierkegaard &ldquo;la vida solo puede ser entendida mirando hacia atr&aacute;s, aunque deba ser vivida mirando hacia adelante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Agradecimiento: A Joan Serrano por la correcci&oacute;n del manuscrito.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cerdá Cerdá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/camino-retorno_129_8106809.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jul 2021 20:12:48 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[COVID-19: Un descenso entre tinieblas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/covid-19-descenso-tinieblas_129_6975123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2483425b-8e20-4934-b652-025c2b294d7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="COVID-19: Un descenso entre tinieblas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los avances científicos que se han experimentado durante la pandemia no nos eximen de tener que lidiar con las incertidumbres que tenemos todavía, y por tanto tenemos que hacerles frente y aprender a gestionarlas</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as fui a casa de un amigo a visitarlo. Hac&iacute;a bastante tiempo que no nos ve&iacute;amos. Es de esas amistades que se mantienen en el tiempo, a pesar de los largos periodos sin encuentros. Sin saber por qu&eacute;, te alejas de alguna persona durante mucho tiempo, y no solo es porque&nbsp; las circunstancias personales te acerquen o te alejen, como la existencia o no de hijos, sus edades, separaciones matrimoniales, cambio de domicilios etc. Quiz&aacute;s sea porque nos juzgamos con demasiada severidad, y, al no comprender las circunstancias del otro, emitimos r&aacute;pidamente veredictos condenatorios sobre cualquier aspecto de la vida, que nos separan. Pero con los a&ntilde;os sentimos que necesitamos al otro, buscamos en los recuerdos y aparecen detalles que nos acercan de nuevo a esa figura ausente, y pensamos &iquest;qu&eacute; ser&aacute;&nbsp; de &eacute;l? En este caso lo que ocurri&oacute; fue que mi amigo enferm&oacute; gravemente de COVID-19, y ya hab&iacute;a salido del Hospital,&nbsp; as&iacute; que le llam&eacute; porque ten&iacute;a muchas ganas de verle y enseguida me invit&oacute; a tomar un caf&eacute; una tarde. Estaba muy delgado y desmejorado f&iacute;sicamente, pero ten&iacute;a buen &aacute;nimo y conservaba el humor. 
    </p><p class="article-text">
        Comenzamos a hablar de cuando &eacute;ramos vecinos, de cotilleos de los otros vecinos y de las vidas que hab&iacute;a llevado cada uno. Su mujer, muy amable, sac&oacute; unas pastas muy ricas con el caf&eacute; y se excus&oacute; por tener que salir un momento a la compra. Al cabo de estar un tiempo solos se hizo el silencio. A m&iacute; me gusta, cuando estoy con una persona de confianza, respetar esos silencios de las conversaciones y esperar, porque casi siempre presagian la aparici&oacute;n de algo &iacute;ntimo o m&aacute;s profundo de la otra persona.&nbsp;Dio un largo suspiro, fij&oacute; la mirada en la ventana y cambiando su semblante a una seriedad triste empez&oacute; a hablar:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy hace dos meses que he vuelto a casa, y aunque al salir del Hospital me dijeron que con el tiempo se me ir&iacute;an borrando los recuerdos de los tres meses de hospitalizaci&oacute;n, de ellos dos en la UCI con respirador, la verdad es que no est&aacute; siendo as&iacute;. Quiz&aacute;s est&eacute; influyendo que vuelvo cada d&iacute;a al Hospital a hacer rehabilitaci&oacute;n, para recuperar la movilidad y la fuerza en mi cuerpo. Cuando me quedo solo en casa, suelo acudir a esa ventana que tiene vistas al parque, y all&iacute; la mirada se me queda fijada en los &aacute;rboles y en los p&aacute;jaros y entonces comienzan las evocaciones de mis tres meses hospitalizado. Recuerdo los dolores f&iacute;sicos, la visi&oacute;n en la cama de mi cuerpo enflaquecido, la incapacidad para moverme, y la sensaci&oacute;n de fragilidad personal que, juntos, me dan un intenso sentimiento de vulnerabilidad que no conoc&iacute;a anteriormente. Durante bastante tiempo de mi ingreso, los deseos que me obsesionaban se reduc&iacute;an a la a&ntilde;oranza de sensaciones f&iacute;sicas primarias, como notar el contacto del agua fresca en mi boca, o poder masticar alg&uacute;n alimento y tragarlo, y sobre todo sentir sobre mi piel el contacto de una mano humana que me acariciara sin pl&aacute;stico&nbsp;por medio. A todo eso qued&oacute; reducido mi universo. Dese&eacute; tanto terminar con aquel martirio de tubos y sondas dentro de mi cuerpo, que una vez ped&iacute; a mis cuidadores que me sedaran profundamente, que abandonaran sus cuidados y me dejaran morir en paz. Ya no ve&iacute;a ninguna separaci&oacute;n entre la vida y la muerte. Todo lo que pasaba a mi alrededor, las palabras, los tonos de voz, los movimientos de cuidadores y familiares, ten&iacute;a una repercusi&oacute;n enorme sobre mi &aacute;nimo. El d&iacute;a que me ense&ntilde;aron en un tel&eacute;fono m&oacute;vil el video de una excursi&oacute;n que hab&iacute;amos hecho d&iacute;as antes de enfermar, con el fin de levantarme el &aacute;nimo, fue demoledor. No pude soportar la visi&oacute;n de la persona que yo era antes porque se me hac&iacute;a presente, de una manera angustiosa, todo lo que hab&iacute;a perdido al enfermar. Mi experiencia me ha devuelto, como en un espejo, una visi&oacute;n devaluada de m&iacute; mismo. No soy la persona que cre&iacute;a ser, sino alguien m&aacute;s d&eacute;bil y con m&aacute;s necesidad de los otros para sobrevivir. He tenido que estar a punto de morir, para comprender la verdadera dimensi&oacute;n de los sentimientos en mi vida&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Saliendo de la casa de mi amigo, me vino a la memoria un dialogo de La Divina Comedia en el que Francesca, cuya alma desciende a los infiernos, le dice a Dante: &ldquo;No hay mayor dolor que rememorar el tiempo feliz en la desdicha&rdquo;. Las&nbsp;palabras de mi amigo me&nbsp;han hecho comprender, profundamente, a las personas que quieren poner fin a su vida, cuando est&aacute;n postrados por una enfermedad incurable, e incluso a las personas enfermas que, con un futuro incierto, no soportan por m&aacute;s tiempo el sufrimiento, y ven en la muerte la liberaci&oacute;n del dolor. Nunca he entendido, y ahora menos que nunca, la utilizaci&oacute;n de met&aacute;foras belicistas que tratan de presentar la convivencia con una enfermedad maligna en t&eacute;rminos de lucha y combate contra un enemigo al que hay que vencer. Los que las emplean creen que ayudan, pero ignoran que esos planteamientos conllevan a responsabilizar a la persona enferma de su enfermedad, aumentando su sufrimiento. Pienso no solo en la dimensi&oacute;n individual de la pandemia, sino tambi&eacute;n en la dimensi&oacute;n universal, en los millones de enfermos y muertos, as&iacute; como en las terribles consecuencias sociales y econ&oacute;micas que est&aacute; teniendo. 
    </p><p class="article-text">
        No nos ha salvado el vivir en uno de los supuestos pa&iacute;ses avanzados, con servicios p&uacute;blicos que cre&iacute;amos de gran calidad. Cierto que la falta de conocimientos sobre el virus, y lo que se nos ven&iacute;a encima, nos hizo perder tiempo al principio de la pandemia, pero, considerando lo que nos sigue sucediendo ahora, ha quedado demostrada la falta de procedimientos de protecci&oacute;n suficientemente desarrollados en el sistema sanitario de nuestro pa&iacute;s, con una Atenci&oacute;n Primaria infradotada por los recortes presupuestarios de las pol&iacute;ticas neoliberales de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Experiment&eacute; un sentimiento de decepci&oacute;n al ver en mi pa&iacute;s esas deficiencias y, sobre todo, al ver a formaciones pol&iacute;ticas, intentando apropiarse de los muertos sin ning&uacute;n pudor, para culpabilizar a los contrarios, y jaleando las protestas callejeras entre sus seguidores, contra el estado de alarma y el confinamiento, que eran las medidas m&aacute;s seguras para atajar la extensi&oacute;n de la enfermedad y las que segu&iacute;an casi todos los pa&iacute;ses. 
    </p><p class="article-text">
        La intensidad de la crisis ha golpeado la confianza&nbsp;en que los gobiernos&nbsp;quieran y puedan afrontar los riesgos actuales de la existencia, de manera eficaz e igualitaria, pero no hay que olvidar, que los riesgos compartidos pueden ser un factor de unidad, en un mundo en el que todos estamos amenazados, y, por eso, necesitamos fortalecer la tendencia hacia un mundo de bienes comunes, un mundo m&aacute;s integrado en estructuras supranacionales. Estamos viendo que los avances cient&iacute;ficos que se han experimentado durante la pandemia no nos eximen de tener que lidiar con las incertidumbres que tenemos todav&iacute;a, y por tanto tenemos que hacerles frente y aprender a gestionarlas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el presente se enmara&ntilde;a, las palabras del pasado pueden sonar n&iacute;tidas.&nbsp;Le&iacute; una vez que el emperador romano Marco Aurelio,&nbsp; enfrascado en campa&ntilde;as militares para expandir el imperio, y con el ej&eacute;rcito asolado por la peste, se refugiaba por las noches en su tienda y escrib&iacute;a un diario, Meditaciones, en el que, para no embrutecerse ni desmoronarse, buscaba fortaleza, gu&iacute;a, y refugio en la filosof&iacute;a. En la continuaci&oacute;n de la escena de La Divina Comedia evocada anteriormente, Dante, indagando en las causas de la condenaci&oacute;n de Francesca, le pregunta c&oacute;mo le surgi&oacute; el extraordinario amor que le uni&oacute; a Paolo, y que acab&oacute; llev&aacute;ndola a la muerte,&nbsp;y al segundo c&iacute;rculo del infierno. Entonces, ella siente su compasi&oacute;n, y en la piedad de Dante,&nbsp;ve la &uacute;nica luz posible en la oscuridad del inframundo, y comienza a relatar su tr&aacute;gica historia de amor, que ha conmovido a tantas generaciones. Es mejor tratar de fijarse en las luces que todo tiempo oscuro alberga. Conversar con nuestros muertos nos puede infundir lucidez y sosiego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cerdá Cerdá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/covid-19-descenso-tinieblas_129_6975123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Jan 2021 05:00:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[COVID-19: Un descenso entre tinieblas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[UCI,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[COVID-19 en la UCI: el triunfo de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/covid-19-uci-triunfo-vida_129_6189322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f92aa31-0706-4310-8323-33b515b7568b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="COVID-19 en la UCI: el triunfo de la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie puede saber cuántas vidas se hubieran podido salvar en esta pandemia, si el sistema sanitario hubiera podido disponer de más recursos, disminuidos por los recortes económicos de las políticas neoliberales practicadas en los últimos años</p></div><p class="article-text">
        El confinamiento se hab&iacute;a acabado y pod&iacute;amos salir por la ciudad, as&iacute; que me dirig&iacute; al Museo del Prado a ver una exposici&oacute;n titulada &ldquo;Reencuentro&rdquo;, con la que se celebraba su reapertura. Hab&iacute;a le&iacute;do que se trataba de una selecci&oacute;n de obras maestras de&nbsp;grandes genios de la pintura universal. Uno de los primeros cuadros que vi&nbsp;fue &ldquo;El Triunfo de la Muerte&rdquo; de Pieter Brueghel el Viejo, pintado hacia 1562, en el que se pod&iacute;a ver, sobre un paisaje calcinado y desolador al fondo,&nbsp;multitud de escenas en las que un ej&eacute;rcito de calaveras con guada&ntilde;as mataba a cientos de ciudadanos indefensos con gran violencia y crueldad. Una representaci&oacute;n de la lucha eterna de la humanidad entre la vida y la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        Es probable que&nbsp;el pintor viviera algunas de las innumerables guerras y epidemias, como la peste negra, que asolaron Europa&nbsp;en aquella &eacute;poca y las quiso representar en su obra. El cuadro ejerce una fascinaci&oacute;n inmediata en el espectador que quiz&aacute;s sea debida a que presenta&nbsp;ante nuestros ojos una de las verdades absolutas de la vida,&nbsp;lo inexorable de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Asoci&eacute; enseguida las im&aacute;genes con nuestra pandemia actual,&nbsp;por la cual todos &iacute;bamos con mascarilla en el museo y nos hab&iacute;an realizado un control de temperatura a la entrada, y con el demoledor&nbsp;e interminable recuento diario de los miles de enfermos y fallecidos&nbsp;en todo el mundo, que escuch&aacute;bamos en los medios de comunicaci&oacute;n. Tambi&eacute;n record&eacute; a mis antiguos compa&ntilde;eros de las UCI y los imagin&eacute; totalmente abrumados por tener que atender a una avalancha de pacientes con una enfermedad para la que no exist&iacute;a tratamiento espec&iacute;fico y, al principio, sin equipos de protecci&oacute;n individual para ellos, temiendo contagiarse y transmitirla a sus familias.
    </p><p class="article-text">
        Una de las situaciones m&aacute;s dram&aacute;ticas a las que puede enfrentarse un intensivista en una cat&aacute;strofe, guerra o epidemia es tener que decidir qu&eacute; pacientes deben de ser ingresados y conectados a un respirador cuando lo precisen y cu&aacute;les no,&nbsp;considerando que en esas circunstancias&nbsp;excepcionales, el n&uacute;mero de pacientes supera al de camas y respiradores. El principio moral que rige la &eacute;tica profesional,&nbsp;de buscar siempre con nuestro trabajo la salud de todos&nbsp;nuestros pacientes,&nbsp;puede verse comprometido en una situaci&oacute;n de pandemia, aunque uno no se enfrente solo a ella.&nbsp;Las agrupaciones de especialistas establecieron pronto gu&iacute;as y protocolos para ayudar a los profesionales a trabajar en la pandemia actual. 
    </p><p class="article-text">
        En las revistas de la especialidad, las sociedades cient&iacute;ficas nacionales e internacionales&nbsp;hab&iacute;an publicado, en&nbsp;el pasado mes de marzo, recomendaciones para ayudar a los m&eacute;dicos y al personal de enfermer&iacute;a a trabajar en las actuales circunstancias, incluyendo procedimientos para la toma de decisiones, cuando el enorme n&uacute;mero de pacientes que acud&iacute;an a los hospitales y pod&iacute;an precisar ingreso en UCI, superaran al n&uacute;mero de camas y de respiradores disponibles. B&aacute;sicamente, las recomendaciones tratan&nbsp;de definir,&nbsp;en base a&nbsp;los datos cl&iacute;nicos que presenta cada paciente, el nivel de gravedad, no solo de su situaci&oacute;n cl&iacute;nica actual por la COVID-19, sino tambi&eacute;n por las enfermedades previas que padeciera, con su estadio evolutivo y pron&oacute;stico vital, adem&aacute;s de la edad ( aunque nunca como valor absoluto y &uacute;nico) y, con todos esos datos, establecer las posibilidades de supervivencia de cada paciente,&nbsp;teniendo en cuenta el concepto de &ldquo;a&ntilde;os de vida que se pod&iacute;an salvar,&rdquo; al seleccionar&nbsp;a un paciente&nbsp;y no a otro para su ingreso en la UCI. 
    </p><p class="article-text">
        Priorizar los&nbsp;a&ntilde;os de vida futuros que se pueden conseguir, como criterio para el triaje de los pacientes, obliga, inexorablemente,&nbsp;a decidir qui&eacute;n puede vivir, si supera la enfermedad, y qui&eacute;n puede morir muy probablemente, atendido con tratamiento paliativo, pero sin el&nbsp;respirador que necesita y al que en circunstancias normales, fuera de la epidemia, se le hubiera conectado. Esta obligaci&oacute;n de tener que seleccionar pacientes, puede entrar en contradicci&oacute;n,&nbsp;aparentemente, con la&nbsp;&eacute;tica profesional, la cual nos induce a tratar a todos&nbsp;los pacientes&nbsp;por igual, con las t&eacute;cnicas y conocimientos disponibles en ese momento, atendi&eacute;ndolos&nbsp;&ldquo;seg&uacute;n lleguen&rdquo;, pero esta opci&oacute;n no contempla a los pacientes que acuden al hospital, cuando en las UCI no se dispone de recursos sanitarios para atenderlos. 
    </p><p class="article-text">
        Con los procedimientos recomendados para la selecci&oacute;n, se busca racionalizar&nbsp;la atenci&oacute;n a una demanda&nbsp;asistencial desbordada por la pandemia y cumplir con las exigencias &eacute;ticas en momentos extraordinarios.&nbsp;Pero&nbsp;a veces,&nbsp;la realidad no es tan n&iacute;tida y pueden aparecer dudas al aplicar los criterios de c&aacute;lculo sobre las&nbsp;probabilidades de supervivencia de los pacientes individuales, sobre todo, al considerar que conllevan consecuencias irreversibles para otros pacientes. 
    </p><p class="article-text">
        Esto puede originar confusi&oacute;n en la aplicaci&oacute;n de las recomendaciones y tambi&eacute;n frustraci&oacute;n, al no poder atender bien a todos los pacientes que lo necesitan. La persistencia de tener que vivir&nbsp;esta situaci&oacute;n repetidamente, puede generar sentimientos de traici&oacute;n, ira y temor, al sentirse desprotegido, y la realizaci&oacute;n de la selecci&oacute;n de pacientes, con arreglo a las recomendaciones establecidas, al entrar en contradicci&oacute;n con el principio moral b&aacute;sico comentado anteriormente, (buscar siempre lo mejor para todos los pacientes) puede producir un da&ntilde;o moral a los profesionales. Si se produce este da&ntilde;o, es conveniente comunicarlo y&nbsp;escuchar las referencias de otros para no sentirse solos en la propia incomodidad moral, en la comunidad en que se vive, en el pa&iacute;s&nbsp;y en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Pensar en las vidas que pod&iacute;an haberse salvado&nbsp;y que, por las circunstancias excepcionales, no se ha hecho, no puede ocultar la gran mayor&iacute;a de vidas que se han salvado de los pacientes que ingresaron, gracias al trabajo de los profesionales sanitarios, arranc&aacute;ndolas&nbsp;de una muerte muy probable&nbsp;y que deben ser consideradas globalmente como un gran triunfo de la vida sobre la muerte. Esos a&ntilde;os de vida futura que se han ganado a la muerte no solo&nbsp;constituyen la recompensa moral para los profesionales sanitarios por las tribulaciones pasadas, sino que son un ejemplo de lo que la humanidad puede conseguir cuando los recursos se utilizan con una finalidad social. Nadie puede saber cu&aacute;ntas vidas se hubieran podido salvar en esta pandemia, si el sistema sanitario hubiera podido disponer de m&aacute;s recursos, disminuidos por los recortes econ&oacute;micos de las pol&iacute;ticas neoliberales practicadas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s&nbsp;Pieter&nbsp;Brueghel el Viejo cuando reflej&oacute;, en el rinc&oacute;n inferior derecho del cuadro, a una pareja de enamorados tocando el la&uacute;d, ajenos a la matanza que les rodea, como s&iacute;mbolo y expresi&oacute;n de la vida, quiso darnos tambi&eacute;n un resquicio a la esperanza&nbsp;para el&nbsp;futuro de la humanidad en esos momentos tr&aacute;gicos que son representados. Despu&eacute;s de todo lo que hemos vivido en los &uacute;ltimos meses, quiz&aacute;s ahora&nbsp;nos ocurra a nosotros lo mismo que a Gilgamesh, el h&eacute;roe del poema&nbsp;m&aacute;s antiguo que se conoce en la historia,&nbsp;un rey que&nbsp;emprendi&oacute; un gran viaje a la b&uacute;squeda de la inmortalidad y&nbsp;cuando descubri&oacute; que esta no exist&iacute;a, al final, comprendi&oacute;&nbsp;que era necesario mirar con otros ojos la realidad que le rodeaba, con todos los peque&ntilde;os detalles que pose&iacute;a y no valoraba.&nbsp;As&iacute;, nosotros, que no busc&aacute;bamos la inmortalidad, sino tan solo librarnos de la muerte, quiz&aacute;s podamos tambi&eacute;n aprender a valorar&nbsp;las peque&ntilde;as cosas de nuestra realidad&nbsp;y a mirarla con otros ojos.
    </p><p class="article-text">
        Acab&eacute; la visita a la exposici&oacute;n y sal&iacute; al exterior buscando un banco a la sombra, abrumado por las maravillas que hab&iacute;a contemplado y por todo lo que hab&iacute;a pensado.&nbsp;Sent&iacute; el frescor de la primavera, reparando en que a mi alrededor, las palomas, confiadas, picoteaban en el suelo mientras unos jardineros recortaban los setos de boj a las puertas del Jard&iacute;n Bot&aacute;nico y en el Paseo del Prado,&nbsp;el tr&aacute;fico indicaba que el ajetreo de la vida de la ciudad continuaba.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cerdá Cerdá]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2020 20:03:13 +0000]]></pubDate>
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