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    <title><![CDATA[elDiario.es - Victoriano Santana Sanjurjo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/victoriano-santana-sanjurjo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Victoriano Santana Sanjurjo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Letras canarias, ¿letras premiadas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/letras-canarias-letras-premiadas_132_13011052.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99aef4db-25f7-44fa-a723-6a542b56734c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Letras canarias, ¿letras premiadas?"></p><p class="article-text">
        Con respeto, por supuesto; siempre con respeto. Como tiene que ser. Como no puede dejar de ser. Y con firmeza, claro. No le quepa la menor duda. Si pudiera, si se diera la ocasi&oacute;n, si tuviera la oportunidad, se lo dir&iacute;a con firmeza. Con firmeza y con respeto, faltar&iacute;a m&aacute;s. &ldquo;Se&ntilde;or presidente, creo que deber&iacute;a intentar que la concesi&oacute;n del Premio Canarias de Literatura vuelva a ser anual&raquo;. Es posible que mi interlocutor me sonr&iacute;a, se muestre afable y me diga, a bote pronto y sin dobles intenciones ni &aacute;nimos que den a entender que est&aacute; a la defensiva, que no solo esta modalidad&hellip; Que hay otras&hellip; Que&hellip; &rdquo;&iexcl;Claro, claro, claro!&ldquo;, le interrumpir&eacute;; y, sobre la marcha, le pedir&eacute; perd&oacute;n por este repentino arranque de conciencia igualitaria. &rdquo;Todos anuales, se&ntilde;or. Por supuesto&ldquo;, dir&eacute;, aprovechando esa laguna de silencio que quiz&aacute;s se produzca entre ambos. Y subir&eacute; la apuesta: &rdquo;Se&ntilde;or, igual que el Nobel y el Princesa de Asturias, que todos los a&ntilde;os reconocen las mismas categor&iacute;as&ldquo;. Me mirar&aacute; fijamente. Le devolver&eacute; la mirada: &rdquo;&iquest;No cree, se&ntilde;or, que los Premios Canarias no han de ser menos?&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l es educado. Si me recibe, me escuchar&aacute; atentamente, aunque solo sean unos escasos minutos; y aunque en ese tiempo tan limitado, en el fondo, no termine de estar muy de acuerdo conmigo o concluya que hay temas m&aacute;s urgentes que atender desde la presidencia auton&oacute;mica. &ldquo;No le falta raz&oacute;n&rdquo;, pensar&eacute;, si en voz alta lo dice. No discutir&eacute; su afirmaci&oacute;n. Hasta ah&iacute; pod&iacute;amos llegar; pero no dejar&eacute; pasar la ocasi&oacute;n, si se diera, para recordarle la importancia institucional y sentimental de la ejemplaridad (&ldquo;Se&ntilde;or, cada persona premiada es una referencia para los canarios&rdquo;) y de la gratitud (&ldquo;Se&ntilde;or, en cada premio se halla el agradecimiento de un pueblo&raquo;). Deduzco que en esto no podr&aacute; decir que no me asiste la verdad &mdash;hermana mayor de la raz&oacute;n&mdash; porque el se&ntilde;or presidente conoce bien la ley de 11 de abril de 1984 de Premios Canarias y recuerda que en sus preliminares se habla de recompensar &rdquo;trayectorias de relevante contenido cultural que hayan significado una eminente contribuci&oacute;n a los valores propios&ldquo; y de la voluntad de &rdquo;manifestar su agradecimiento [el de la Comunidad Aut&oacute;noma de Canarias] a las personas que se han esforzado por la cultura canaria&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la llanura del encuentro, cuando m&aacute;s extenso sienta que es el territorio que puedo recorrer, esto le dir&eacute;: &ldquo;Se&ntilde;or, cuando se instituyeron los premios, se reconoc&iacute;an de manera anual e irrepetible cuatro categor&iacute;as: Literatura, Bellas Artes e Interpretaci&oacute;n, Investigaci&oacute;n y Trabajos sobre nuestro acervo sociohist&oacute;rico y patrimonio hist&oacute;rico-art&iacute;stico y documental. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s de formalizado el galard&oacute;n, el legislador se percat&oacute; de la escasez de modalidades. Yo creo que, sin duda, pens&oacute; que hab&iacute;a tantos individuos haciendo tantas cosas memorables que, con los cuatro compartimentos iniciales, dejar&iacute;amos sin formular las necesarias gratitudes a muchos. Y he aqu&iacute; que se hizo el cambio. De cuatro se subi&oacute; a seis. Luego, en 1992, se sum&oacute; uno m&aacute;s. Hoy se contemplan, seg&uacute;n la Ley 2/1997, de 24 de marzo, de Premios Canarias, nueve. Y tiene sentido que as&iacute; sea, aunque yo lo hilar&iacute;a m&aacute;s fino y alguna que otra m&aacute;s espec&iacute;fica a&ntilde;adir&iacute;a, dada la actual realidad: las artes esc&eacute;nicas y musicales, por un lado; las artes pl&aacute;sticas, por otro; las&hellip; En cualquier caso, estamos en 2026 (en mi recreaci&oacute;n, el se&ntilde;or presidente me recibe este a&ntilde;o); han pasado casi treinta a&ntilde;os desde la &uacute;ltima modificaci&oacute;n de la ley. La poblaci&oacute;n ha aumentado y las esperanzas de vida biol&oacute;gica e intelectualmente activa se han prolongado. Las cotas que determinan nuestro progreso tambi&eacute;n han aumentado. Se crea m&aacute;s que nunca y se realiza m&aacute;s que nunca, probablemente porque se publicita todo lo que se lleva a cabo m&aacute;s que nunca. En consecuencia, las manifestaciones ejemplares y agradecibles &mdash;por una simple cuesti&oacute;n de proporcionalidad&mdash; han crecido, son mayores. Se nos acumulan los merecedores de la distinci&oacute;n. Ya se quedaron en la estacada muchos en los noventa, cuando se inici&oacute; la incomprensible rotaci&oacute;n de los premios; imag&iacute;nese ahora, se&ntilde;or presidente. Le confieso que no logro entender el porqu&eacute; de esa rotaci&oacute;n. &iquest;Por dinero, quiz&aacute;s? Si as&iacute; fuera, esta dificultad se solventar&iacute;a <em>ipso facto</em> bajando el importe de lo que se da a las personas reconocidas<em>, </em>&iquest;no cree?&rdquo;.&nbsp;
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                Premio Canarias de Literatura. Un año, un nombre.                            </span>
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        Al mencionar la palabra &ldquo;dinero&rdquo;, el se&ntilde;or presidente me har&aacute; un gesto de negaci&oacute;n. Su rictus se ha vuelto serio. Su semblante me conduce a pensar que considera inapropiado &mdash;inc&oacute;modo, incluso&mdash; asociar la voz &ldquo;taca&ntilde;er&iacute;a&rdquo; con lo que representa el Gobierno de Canarias. S&eacute; que podr&iacute;a sacarme de la manga en esta simulaci&oacute;n alguna contestaci&oacute;n del se&ntilde;or presidente justificando la actual disposici&oacute;n de entrega de los Premios Canarias: un a&ntilde;o, Literatura, Deporte y Cultura Popular; al a&ntilde;o siguiente, Acciones Altruistas y Solidarias, Comunicaci&oacute;n e Internacional; al otro, Bellas Artes e Interpretaci&oacute;n, Investigaci&oacute;n e Innovaci&oacute;n y Patrimonio Hist&oacute;rico. Podr&iacute;a. Pero no se me ocurre nada porque no la entiendo (para mentir hay que conocer bien el terreno sobre el que se miente) ni soy capaz de confeccionar una explicaci&oacute;n m&aacute;s o menos enderezada que me permita inventar una respuesta probable. En consecuencia, escribir&eacute; que el se&ntilde;or presidente me dir&aacute;: &ldquo;Eso fue cosa de Olarte&hellip;&rdquo;. &iexcl;Qu&eacute; significativos son estos puntos suspensivos!, &iquest;no te parece? En la conversaci&oacute;n oral se manifestar&aacute;n con un movimiento &ldquo;alejativo&rdquo; de la mano derecha y una pausa medida, algo que podr&iacute;a traducirse como: &ldquo;Es que Olarte&hellip;, ya se sabe&rdquo;. Es posible. No s&eacute;. No soy traductor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; cuesta cambiar la ley? &iquest;Tan dif&iacute;cil es?&rdquo;, le preguntar&eacute;. &ldquo;Si se viera razonable su modificaci&oacute;n, entonces&hellip;&rdquo;. En este momento, mirar&aacute; su reloj. No habr&aacute; dejado de ser amable, pero s&eacute; que mi tiempo se acaba. No s&eacute; si volver&eacute; a disponer de otra oportunidad para hablar con &eacute;l. Apuro al m&aacute;ximo: &ldquo;Se&ntilde;or presidente, no deseo molestarle m&aacute;s. Solo quiero que tenga en cuenta que Canarias no tiene ning&uacute;n premio superior al que lleva su nombre, que es la distinci&oacute;n m&aacute;s elevada que se puede conceder a un canario, haya o no nacido en nuestra tierra. Como sabe, esta es una tierra de admirables mujeres y hombres de letras. Usted lo sabe. Nos satisface much&iacute;simo tener un D&iacute;a de las Letras Canarias (con el que dar las gracias a autores como Alonso Quesada y Alfonso Garc&iacute;a-Ramos) y un D&iacute;a de las Escritoras Canarias (para dar las gracias tambi&eacute;n, como en su &uacute;ltima edici&oacute;n, a una maravillosa autora como Alicia Llarena); nos alegra comprobar c&oacute;mo nuestra literatura hace acto de presencia de m&uacute;ltiples eventos (ferias, presentaciones&hellip;), organizados para todas las edades, y c&oacute;mo se publica mucho (desde instituciones p&uacute;blicas como la que usted preside y desde entidades privadas, que apuestan con generosidad por lo nuestro, poniendo incluso en peligro el patrimonio personal de los que las gestionan), y c&oacute;mo nos honra sentirnos parte de una tradici&oacute;n cultural literaria que se muestra, se ofrece, se difunde sin complejos, conscientes como somos de su feliz existencia e importancia. Se&ntilde;or, usted sabe &mdash;entre otras razones porque es una ley de vida&mdash;, que cuando se dilatan los reconocimientos, se corre el riesgo de cuestionar la necesidad de estos; y si se cuestionan, con el tiempo, desaparecen. Creo que todos deseamos unas letras canarias justamente premiadas y, desde mi humilde entender, eso pasa, entre otras acciones, por reformular la periodicidad con la que reciben los parabienes de los canarios. A mi juicio, se&ntilde;or Presidente, el aplauso colectivo del pueblo, que deber&iacute;a ser escuchado anualmente, no ha de quedar reflejado institucionalmente cada trienio, pues ello traslada una imagen poco edificante: que la administraci&oacute;n atiende con lentitud lo que con presteza podr&iacute;a resolver. Es como si tardara tres a&ntilde;os en llegar a las altas oficinas lo que en la calle se ha emitido con claridad y presteza, como esa luz c&oacute;smica que vemos hoy y que la ciencia demuestra que fue proyectada hace miles de a&ntilde;os; como&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por la puerta principal del despacho donde estamos se asomar&aacute; alguien que trabaja codo a codo con el m&aacute;ximo representante de la Comunidad Aut&oacute;noma de Canarias. Se mirar&aacute;n. Mi interlocutor har&aacute; un sutil movimiento de desplazamiento en el asiento. Se acab&oacute; la reuni&oacute;n. Se incorpora. Me incorporo. &ldquo;Qu&eacute; sill&oacute;n tan c&oacute;modo&rdquo;, pensar&eacute;; &ldquo;l&aacute;stima que me tenga que levantar&rdquo;. Agradecer&eacute; el tiempo dedicado. &Eacute;l, hombre educado, correcto, atento, har&aacute; lo mismo con mi visita y con cuanto he tenido a bien compartir en los escasos minutos vitales de nuestro encuentro. Dado que esto es una ficci&oacute;n, me puedo permitir la licencia de reproducir lo que ser&iacute;a estupendo que me dijera antes de marcharme: &ldquo;Victoriano, me has convencido. Creo sinceramente que tienes raz&oacute;n y que Canarias debe ser generosa, m&aacute;s generosa a&uacute;n, con sus literatos, y con sus deportistas, y con tantos que hacen tantas cosas que merecen ser reconocidas. Aprovecho para darte una primicia (me lo dir&aacute; con tono desenfadado, gan&aacute;ndose as&iacute;, sin duda alguna, mi complicidad): en el pr&oacute;ximo Consejo de Gobierno, voy a pedir no solo el cambio de periodicidad, o sea, que volvamos a la anualidad, sino que lo hagamos haciendo uso de lo que dice el segundo punto del primer art&iacute;culo, eso de concederlo a t&iacute;tulo p&oacute;stumo a personas fallecidas entre la convocatoria anterior y la que se trate, y voy a proponer el premio <em>ex aequo</em> a Eugenio Padorno Navarro y Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna. Es lo justo. Es lo correcto. Espero que mis consejeros est&eacute;n de acuerdo conmigo&hellip;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/letras-canarias-letras-premiadas_132_13011052.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Feb 2026 10:46:23 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Un gigante de gigantes: Eugenio Padorno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gigante-gigantes-eugenio-padorno_1_12862449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/152f6666-e6c5-4c6c-b0f9-fa7cb09a0f48_16-9-discover-aspect-ratio_default_1113134.jpg" width="1181" height="664" alt="Un gigante de gigantes: Eugenio Padorno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Eugenio, para mí, ha sido y es palabra escrita. A Eugenio, esencialmente, lo he leído. Él me ha invadido desde la lectura porque lo he percibido en todo momento como una de esas referencias intelectuales fundamentales en mi existencia para que yo pudiera construir la imagen del mundo, de la vida y del hombre que atesoro</p></div><p class="article-text">
        El 5 de febrero de 1675, antes de que la relaci&oacute;n entre las dos celebridades cient&iacute;ficas se agriara, se agrietara y se rompiera por completo, Isaac Newton escribi&oacute; a Robert Hooke con el prop&oacute;sito de defender la integridad de sus investigaciones sobre la luz. En esta ep&iacute;stola, conservada en la Sociedad Hist&oacute;rica de Pensilvania, el autor de la Ley de Gravitaci&oacute;n Universal, para hablar de la importancia que ejercieron en &eacute;l y en sus teor&iacute;as muchos pensadores y hombres de ciencia que le precedieron, anot&oacute;: &laquo;Si he visto m&aacute;s lejos, es porque me he subido a hombros de gigantes&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Enterado de la triste nueva que nos convoca, no he podido evitar que Newton usurpara el espacio de mis reflexiones mientras mi coraz&oacute;n se iba recogiendo bajo el aura de una inmensa gratitud: hacia la vida misma, con sus entresijos azarosos y complementos circunstanciales, por haberme concedido la oportunidad de conocer y de enriquecerme de un gigante como Eugenio Padorno, que me ha permitido ver m&aacute;s lejos. Si bien han sido varios los gigantes evocados este a&ntilde;o (Yolanda Arencibia Santana, Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna&hellip;, Alonso Quesada, en el centenario de su salida), gigantes que, con mis cortedades a cuestas, me ofrecieron el privilegio de poder ver m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites naturales de mi entendimiento, ha sido Eugenio quien m&aacute;s me ha sacudido el &aacute;nimo, pues con &eacute;l &mdash;tras semanas estivales de silenciosa y desconocida convivencia mutua convertidas en personales retazos testificales autobiogr&aacute;ficos&mdash; empec&eacute; este 2025, que presto desembocar&aacute; en el mar de nuestras historias particulares para que comencemos a descender el r&iacute;o de 2026; y junto a &eacute;l, aunque nunca lo llegara a saber, ni a suponer, ni a intuir, he recorrido el tramo de los &uacute;ltimos doce meses.
    </p><p class="article-text">
        Cuando en enero le dediqu&eacute; <em>Poes&iacute;a universitaria palmense</em> &mdash;&laquo;A Eugenio Padorno Navarro, sol en este sistema de voces orbitantes y orbitadoras en el que he viajado como habitante en la luz&raquo;&mdash;, era incapaz de imaginar hasta qu&eacute; punto las leyes gravitacionales del f&iacute;sico y matem&aacute;tico ingl&eacute;s pod&iacute;an ayudarme a explicar, desde el respeto y la admiraci&oacute;n, la importancia y trascendencia que para m&iacute; ha tenido, tiene y tendr&aacute; la figura de quien, dentro del mismo universo compartido, no necesit&eacute; tratar m&aacute;s all&aacute; del estrecho cauce que permiti&oacute; el v&iacute;nculo escolar y las ocasiones que ofrec&iacute;an los puntuales encuentros acad&eacute;micos, librescos o coyunturales, que nos situaron en id&eacute;nticas coordenadas. Eugenio, para m&iacute;, ha sido y es palabra escrita. A Eugenio, esencialmente, lo he le&iacute;do. &Eacute;l me ha invadido desde la lectura porque lo he percibido en todo momento como una de esas referencias intelectuales fundamentales en mi existencia para que yo pudiera construir la imagen del mundo, de la vida y del hombre que atesoro. Nuestra coincidencia espacio-temporal m&aacute;s prolongada &mdash;Facultad de Filolog&iacute;a de la ULPGC, a&ntilde;os noventa&mdash; es ahora una an&eacute;cdota frente a la constataci&oacute;n de que su lugar aut&eacute;ntico para m&iacute; siempre ha sido aquel donde sit&uacute;o a mis gigantes, sean de la &eacute;poca que sean, procedan de donde procedan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En torno a esta brillante, singular, privilegiada estrella, poseedora de una inconmensurable masa que ejerc&iacute;a una inmensa fuerza gravitatoria en un sinn&uacute;mero de disc&iacute;pulos, de humanistas y de maestros hom&oacute;logos, que han trazado &oacute;rbitas su alrededor, quiz&aacute;s desde la remot&iacute;sima lectura p&uacute;blica de versos que realiz&oacute; en la Escuela Luj&aacute;n P&eacute;rez, en noviembre de 1958, invitado por, entre otros, Manuel Gonz&aacute;lez Barrera, como leemos en su indispensable <em>Acaso s&oacute;lo una frase incompleta (1965-2015)</em>, que public&oacute; Mercurio Editorial en 2018; sobre este cisne, repito &mdash;que astron&oacute;micamente ser&iacute;a af&iacute;n a NML Cygni&mdash;, trat&oacute; la humilde pieza con la que a principios de este a&ntilde;o le expres&eacute; mi gratitud y donde declaro, de todas las maneras posibles, por un lado, que yo, astro menudo, insignificante sat&eacute;lite, me sent&iacute; atra&iacute;do por este gigante desde el instante mismo de nuestro primer encuentro, en septiembre de 1991 (un a&ntilde;o antes de su llegada a la facultad &mdash;de la que fue secretario en el decanato de Germ&aacute;n Santana Henr&iacute;quez y director, entre 1994 y 1999, de la emblem&aacute;tica revista del centro, <em>Philologica canariensia</em>&mdash; tras un periplo docente que, adem&aacute;s de la capital grancanaria, le condujo a Ag&uuml;imes, Tafira, Arucas&hellip; y, de 1983 a 1988, Par&iacute;s, una estancia que inspirar&iacute;a su impresionante <em>Septenario</em>, de 1985). Esto, insisto, por un lado; y por otro, libro, el nombrado, en el que proclamo que, el&iacute;pticamente, he orbitado a su alrededor a lo largo de estos m&aacute;s de treinta a&ntilde;os de relaci&oacute;n que he mantenido con &eacute;l y que, como he se&ntilde;alado, ha sido esencialmente lectora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        7 de marzo de 2023. <em>Big bang</em>. Una llamada de tel&eacute;fono de mi apreciado y admirado Oswaldo Guerra S&aacute;nchez favoreci&oacute; que se alterara el afelio en el que me hallaba con respecto al maestro (por nada en especial, sino por la acumulaci&oacute;n de elementos que modificaron el movimiento de la que pod&iacute;a haber sido una probable trayectoria natural &mdash;principio de inercia, primera ley de Newton&mdash;). Poco a poco, la involuntaria y despistada lejan&iacute;a fue torn&aacute;ndose en el perihelio de un verano de 2024 que recuerdo como uno de los m&aacute;s felices que he pasado, pues tuve la oportunidad de viajar en el tiempo. Mi destino: esa d&eacute;cada de los noventa que vivi&oacute; el ilusionante nacimiento, no exento de dificultades, de la Facultad de Filolog&iacute;a de la ULPGC y la universidad que la acog&iacute;a tal y como las conocemos. Mi gu&iacute;a en la traves&iacute;a: Eugenio Padorno Navarro, convertido en un Virgilio que acompa&ntilde;aba a un tipo &ldquo;dantesco&rdquo; como yo que, quiz&aacute;s por indolencia, comodidad o prudencia, y sin que hubiera selva oscura por medio, hab&iacute;a extraviado la ruta que, bajo el amparo y el consejo del gigante, se pod&iacute;a haber tomado &laquo;a mitad del camino de la vida&raquo;, cuando el siglo XX ya tocaba a su fin.
    </p><p class="article-text">
        Subido a sus hombros, una vez m&aacute;s, contempl&eacute; la galaxia eug&eacute;nica, la enormidad de su legado, y con ello la fortuna de quienes le hemos circunnavegado, que seguiremos silenciando el dictamen de la biolog&iacute;a con las lecturas y observaciones estelares que, de un modo sempiterno, lo mantendr&aacute;n con nosotros. Lo sent&iacute; a finales de enero de 1992, al lado de Carlos &Aacute;lvarez, promoviendo La Plazuela de las Letras, en el Centro Insular de Cultura, que tanto bien ocasion&oacute; mientras estuvo desarroll&aacute;ndose; y estimulando un &ldquo;Manifiesto po&eacute;tico &uacute;ltimo&rdquo; que para m&iacute; se convirti&oacute;, por una parte, por el bien de la poes&iacute;a, en mi &uacute;ltima manifestaci&oacute;n po&eacute;tica y, por otra, en el primer gran encuentro con una nov&iacute;sima y muy valiosa literatura canaria que el tiempo ha juzgado como se merece (Oswaldo Guerra, Federico J. Silva, Antonio Becerra&hellip;). Lo sent&iacute;, s&iacute;; y tambi&eacute;n lo hall&eacute; en esas colecciones de &laquo;alcance modesto&raquo;, como afirmaba que eran &mdash;manufacturas en muchos casos autofinanciadas&mdash;, que consolidaron la <em>plaquette </em>como un g&eacute;nero en s&iacute; mismo que, dependiente del canal, ofrec&iacute;a una manera de entender la escritura l&iacute;rica que cal&oacute; profundamente en el siglo XX: Mafasca, Mafasca para bibli&oacute;filos, Cuaderno del sendereador, Pasos sobre el mar, Tierra del poeta (que coedit&oacute; con Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, cuya fecha de nacimiento &mdash;17 de diciembre&mdash; coincide con la de su fallecimiento, un curioso detalle que me apunt&oacute; Alejandro Krawietz en un escueto y amable intercambio comunicativo), etc.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me lo encontr&eacute; al lado de L&aacute;zaro Santana Nuez, quien igualmente ha estado conmigo a lo largo de este a&ntilde;o <em>alonsoquesadiano</em> que nos dejar&aacute; en breve; los dos, hilvanando y encabezando los acontecimientos de una antolog&iacute;a esencial para Canarias: <em>Poes&iacute;a canaria &uacute;ltima </em>(1966), reimpresa en 1997 al hilo de unas magn&iacute;ficas jornadas que se dedicaron a su publicaci&oacute;n y que fueron recordadas en las p&aacute;ginas del op&uacute;sculo que dediqu&eacute; al gigante de gigantes a principios de a&ntilde;o y que saqu&eacute; en Mercurio Editorial, sello que volvi&oacute; a imprimir la nombrada compilaci&oacute;n en 2016. Me lo encontr&eacute;, s&iacute;; y di con &eacute;l, de nuevo junto a L&aacute;zaro y acompa&ntilde;ado de Domingo Vel&aacute;zquez y Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n, en el consejo de redacci&oacute;n de <em>Fablas</em>, que tuvo por director de casi todos sus n&uacute;meros a Alfredo Herrera Piqu&eacute;. Eugenio estuvo en los nueve iniciales (1969-1970) y en el &uacute;ltimo (1979). Di, s&iacute;; y conoc&iacute; a los tertulianos del horno o generaci&oacute;n del horno, en simp&aacute;tica denominaci&oacute;n de Pepe Quintana a los j&oacute;venes estudiantes, futuros maestros hom&oacute;logos del gigante que nos llama, que iban a casa de Carlos Pinto Grote: nuestro Eugenio, Miguel Martin&oacute;n, Jos&eacute; Luis Pernas, Alberto Pizarro... Conoc&iacute;, s&iacute;; y vibr&eacute; con su &oacute;pera prima, <em>Para decir en abril </em>(1965), que sigo reconociendo como el primer gran paso de un camino que no pod&iacute;a dejar de ser grande.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y me recre&eacute; en sus padrinazgos, fundamentalmente los referidos a revistas del alumnado de Filolog&iacute;a: <em>Tiresias</em> (1994-1995), <em>Al margen</em> (1997-1998) y, sobre todo, <em>Calib&aacute;n</em> (1998-2002), cuyos responsables (pienso en Jos&eacute; Miguel Perera Santana, Jos&eacute; Yeray Rodr&iacute;guez Quintana&hellip;) con el tiempo se han convertido en aut&eacute;nticos referentes de nuestras letras, ya sean las que giran alrededor de la creaci&oacute;n como las enmarcadas en el circuito acad&eacute;mico. Tanto ellos como los incluidos en ese sinn&uacute;mero de disc&iacute;pulos, de humanistas y de maestros hom&oacute;logos antes anotado no podremos negar que, sin obligaciones, exigencias ni tributos &mdash;he aqu&iacute; una muestra de la fortaleza de su autoridad&mdash;, este gigante, que sobre sus hombros nos ense&ntilde;&oacute; a ver a otros como &eacute;l, nos ayud&oacute;, por un lado, a que nos plante&aacute;semos nuestra realidad est&eacute;tica y cultural de otra manera, m&aacute;s atentos a la importancia que subyace en el hecho de que entendiendo nos podemos entender; y por otro lado, como consecuencia de lo se&ntilde;alado, contribuy&oacute; a perfilar en los j&oacute;venes vates de aquella &eacute;poca una voz po&eacute;tica individual, aut&oacute;noma, propia, identificable con la libertad, deudora del arte, hondamente trabajada y en constante revisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De su imprescindible <em>Del lugar de existir</em>, discurso de ingreso en la Academia Canaria de la Lengua (junio, 2002), extraigo esta cita que dice mucho de un magisterio que le llev&oacute; a trascender los l&iacute;mites de los centros educativos en los que imparti&oacute; clases desde que comenzara en 1968 en el actual IES Joaqu&iacute;n Artiles, donde tuvo como alumno &mdash;as&iacute; lo ha contado Miguel Martin&oacute;n recientemente en unas jornadas celebradas en la RSEAPGC&mdash; a un joven Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, con quien iba y ven&iacute;a en su coche: &laquo;&iquest;No es educar o ense&ntilde;ar, en cierto modo, una forma elevada de crear? Por consiguiente, de ser afirmativa &mdash;como sospecho&mdash; la respuesta a esta pregunta, entonces he de aventurar que tal vez lo mejor que he podido producir se encuentra en las actividades de las ense&ntilde;anzas secundaria y universitaria; y, si quiero pensar que he formado y he dejado formar en libertad, en provecho exclusivo de los alumnos, no es menos cierto que en esa tarea tambi&eacute;n, y sobre todo, he sido forjado como persona&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jam&aacute;s imagin&eacute; que necesitar&iacute;a acudir al final de mi entra&ntilde;able viaje estival de 2024 junto al maestro para dar fin a unas palabras, las que nos convocan, que van dirigidas igualmente a &eacute;l &mdash;como aquellas&mdash;, pero bajo el manto triste de una despedida solamente f&iacute;sica, que toma el aspecto de un arrepentimiento, pues postergu&eacute; para no s&eacute; cu&aacute;ndo la ocasi&oacute;n de entregarle en mano, mir&aacute;ndole con afecto y gratitud, el velero de <em>Poes&iacute;a universitaria palmense</em>, que plante&oacute; como colof&oacute;n la siguiente certeza: &laquo;Entre la llegada de Eugenio Padorno Navarro como alumno de la Universidad de La Laguna y la llegada de Eugenio Padorno Navarro como docente de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en esos veintiocho a&ntilde;os de diferencia, gracias a su prodigiosa intervenci&oacute;n, se ciment&oacute; una admirada y admirable manera de hacer y asimilar la poes&iacute;a en lengua castellana que, con el tiempo, trascendi&oacute; hasta adquirir las formas de una entidad filos&oacute;fica que contribuy&oacute; al entendimiento de lo que es y representa la canariedad; y que condicion&oacute; la l&iacute;rica y el pensamiento cultural que se desarroll&oacute; a lo largo de la d&eacute;cada de los noventa del siglo XX para luego sentar las bases para que fuera posible durante este primer cuarto del siglo XXI esa literatura de nuestra tierra que hoy no dudamos en afirmar no solo su m&aacute;s que demostrable existencia, sino su destacada posici&oacute;n dentro del ampl&iacute;simo y complejo universo de las letras hisp&aacute;nicas&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gigante-gigantes-eugenio-padorno_1_12862449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Dec 2025 13:42:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un gigante de gigantes: Eugenio Padorno]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Campanadas por la grandeza poética]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/campanadas-grandeza-poetica_132_12347800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b12866e-737a-4c2a-821b-ca70e66d4cd5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Campanadas por la grandeza poética"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tañían las campanas para revelarme nuevamente que delante de mí se hallaban tres grandes de nuestra poesía canaria (y, de paso, hispánica) que, al margen de consideraciones ajenas, habían aportado un dato más a nuestra literatura no reconocido antes
</p></div><p class="article-text">
        El 8 de mayo de 2025, aproximadamente en torno a las seis de la tarde, hora canaria, las campanas de todas las iglesias cat&oacute;licas del mundo repiquetearon machaconas la proximidad de un anuncio que, seg&uacute;n el cardenal protodi&aacute;cono &mdash;el encargado de comunicarlo&mdash; supon&iacute;a una &laquo;gran alegr&iacute;a&raquo; para todos. En ese momento, en ese punto exacto de la cronolog&iacute;a de la humanidad, los habitantes de la Tierra nos colocamos en tres compartimentos de dimensiones bien diferentes: en uno, de tama&ntilde;o considerable, se agruparon los que, con gozo, recordar&aacute;n esta fecha porque fue la del nombramiento de un papa que, de alg&uacute;n modo, ver&iacute;a condicionadas sus primeras pisadas con las sandalias del pescador por culpa de las que hab&iacute;a dejado atr&aacute;s su predecesor; en otro, inmenso, inconmensurable, se ubicaron quienes, con independencia de si son o no creyentes, de la profesi&oacute;n de fe alguna o de la asunci&oacute;n de cualquier grado atribuible a la incredulidad, en el m&aacute;s suave de los sentimientos, les produc&iacute;a una atroz indiferencia la proclamaci&oacute;n de un nuevo Vicario de Cristo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el tercer grupo, estaba yo, bajo una carpa negra asentada en la Avenida de Canarias y concluyendo que deb&iacute;a ser el &uacute;nico terr&iacute;cola que explicaba el intenso repicar a partir de una suerte de j&uacute;bilo personal: tener frente a m&iacute;, sobre un escenario, presentando sus &uacute;ltimos poemarios, a tres grandezas po&eacute;ticas nuestras, muy nuestras, que inauguraban la Feria del Libro de Santa Luc&iacute;a de 2025 y que, por sus regalos l&iacute;ricos, situaban el list&oacute;n de la calidad de la convocatoria bibliogr&aacute;fica de este a&ntilde;o en su nivel m&aacute;s alto. Cualquier otra firma ferial &mdash;quiz&aacute;s, es posible, no me atrever&iacute;a a decir que no&mdash; pod&iacute;a estar a una altura similar al esplendor de estas tres voces &mdash;a lo mejor (insisto en la probabilidad)&mdash;, pero por encima, nunca. Repito: nunca.
    </p><p class="article-text">
        Aquel campanear, en mi puntual conciencia de la vida, se justificaba en ese instante por Tina Su&aacute;rez Rojas y su <em>Jacintos y galletas </em>(Ediciones La Palma); por Federico J. Silva, con la antolog&iacute;a <em>Del vicio solitario y del deseo de compa&ntilde;a nueva</em> (Averso Poes&iacute;a) y <em>Puerco cuerpo</em> (Ediciones La Palma); y por Pedro Flores, con <em>El incre&iacute;ble poeta menguante</em>, otro florilegio publicado tambi&eacute;n en Averso Poes&iacute;a&hellip; Por el tr&iacute;o &ldquo;volc&aacute;nico&rdquo; (tiempo ha de esto&hellip;), por ellos, en mi &aacute;nimo, en mi noci&oacute;n de tres d&eacute;cadas de camino siguiendo sus pasos envuelto en ropajes de lector, de fil&oacute;logo, de hispanista, de testigo sobre c&oacute;mo surgieron sus primeras composiciones al alba de los noventa y c&oacute;mo han acumulado en estos seis lustros transcurridos toda clase de premios y reconocimientos, y admiraciones, y atenciones de especialistas que han hablado de sus productos en obras acad&eacute;micas y en un significativo n&uacute;mero de piezas que han visto la luz en los m&aacute;s variados canales culturales y divulgativos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre campanadas, pens&eacute; en un &laquo;qui&eacute;n lo iba a decir&raquo; en boca de muchos que, como yo, no olvidan el recibimiento de entonces a los luminosos vates que ten&iacute;a delante: con desnortados afectos, impactantes desconsideraciones y prolongados desdenes que ven&iacute;an, precisamente, de hom&oacute;logos que &mdash;como me ocurre con Tina, Federico y Pedro&mdash; siempre han tenido y tendr&aacute;n para m&iacute; la condici&oacute;n de grandezas. En medio de ese persistente badajo va, badajo viene, redescubr&iacute; el cariz de una inquina entre excelencias que, con sus dimes y diretes, y comprobado el panorama treinta a&ntilde;os despu&eacute;s como simple destinatario de lecturas recibidas desde una posici&oacute;n externa, desorientada, alejada de las interioridades y las personificaciones, desconocedora de tantas particularidades disociadoras como las que pudo haber, ha favorecido la existencia de admirables surcos paralelos en nuestra l&iacute;rica, v&iacute;as florecientes, referenciales, b&aacute;sicas&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin los unos ni los otros, reconozc&aacute;moslo ahora, en este momento, cuando el primer cuarto del siglo XXI ya va camino de quedarse atr&aacute;s, no es posible aprehender, desde la perspectiva de lo que nos toca muy de cerca, esa expresi&oacute;n cultural de naturaleza ling&uuml;&iacute;stica y amarre m&iacute;stico que, sustentada en el yo &mdash;nada m&aacute;s &iacute;ntimo ni m&aacute;s introspectivo que el g&eacute;nero po&eacute;tico&mdash;, nos permite reconocernos y contemplar lo que somos a partir de un ego sujeto a lo que fuimos y a lo que, entre recreaciones y aceptaciones, podemos llegar a ser; en otras palabras, filosofarnos, como nos ense&ntilde;&oacute; el maestro Eugenio Padorno.
    </p><p class="article-text">
        La tarde en la que fui el &uacute;nico habitante de la Tierra que capt&oacute; en el campaneo lo que nadie &mdash;no por hipoac&uacute;sico, sino por hiperinspiraci&oacute;n reveladora&mdash;, yo tambi&eacute;n ten&iacute;a un &laquo;gaudium magnum&raquo; que proclamar: frente a m&iacute; se hallaba la poes&iacute;a sin m&aacute;s. Aquella era una muestra significativa de la esencia misma que atesora la voz &ldquo;po&eacute;tica&rdquo;, una representaci&oacute;n del alma que da sentido a lo que ha de ser la l&iacute;rica y que solo puede adherirse al entendimiento desde su plena conciencia de surgir para una inmensa minor&iacute;a, una suerte de &ldquo;plaquette&rdquo; humana, un grup&uacute;sculo que, al margen de estilos, no fundamenta su raz&oacute;n de ser hacia sus destinatarios en la necesidad de manifestarse a trav&eacute;s de una escritura cr&iacute;ptica, compleja, dependiente de unos conocimientos y unos dominios t&eacute;cnicos muy espec&iacute;ficos, con medida, con fondo, con forma, sino en la venturosa convicci&oacute;n de que se contrapone a una abigarrada y vocinglera mayor&iacute;a que sostiene que redactar en verso es hacer poes&iacute;a, y que dopar de recursos estil&iacute;sticos una composici&oacute;n es condici&oacute;n <em>sine qua non</em> para que alguien merezca ser considerado un vate cult&iacute;simo (y, seg&uacute;n su grado de narcisismo, hasta &ldquo;cult&eacute;rrimo&rdquo;); y que conviene embadurnar de ocurrencias los sentimientos con el fin de engatusar con vacuidades (aunque no sea consciente de que lo son) a unos receptores poco exigentes en materia literaria y con muchas ganas de mostrarse sofisticado en sus aficiones lectoras y de proclamar sin pudor y sin que nadie se lo pida que a-do-ran la poes&iacute;a y que diariamente &mdash;en el desayuno, en la merienda, en el ir y venir en coche, esperando a pagar en el supermercado o a que la pasta vaya cogiendo su punto en el agua hirviendo&mdash; dan cuenta de no s&eacute; cu&aacute;ntos poemas reproducidos a trav&eacute;s de los m&aacute;s variados canales mientras, de tanto en tanto, entre una cosa y la otra, afinan su hedonistas gustos musicales escuchando&hellip;, no s&eacute;, reguet&oacute;n, por ejemplo; y canciones que resuelven su profundidad conceptual registrando versos repletos de oclusivas y bilabiales &laquo;pimtoreskas&raquo;, como no tendr&iacute;an reparo en anotar.
    </p><p class="article-text">
        Y me acord&eacute; en ese instante, cuando el sonido met&aacute;lico lo abarcaba todo, de una cita que hab&iacute;a rele&iacute;do hac&iacute;a nada a prop&oacute;sito de una extensa rese&ntilde;a que hab&iacute;a compuesto sobre <em>El precio de la verdad</em>, de Jes&uacute;s Cintora: &laquo;Una de las principales clasificaciones que har&iacute;a en la vida no es entre gente de izquierdas, de derechas o vete t&uacute; a saber qu&eacute;, sino entre buenas y malas personas&raquo;, y en ese momento pens&eacute; que el t&eacute;rmino &ldquo;personas&rdquo; pod&iacute;a reemplazarse perfectamente por &ldquo;poetas&rdquo;. La analog&iacute;a vino a consolidarse con el recuerdo de otra cita, esta vez de Eugenio F. Granell, en una entrevista que concedi&oacute; a Domingo-Luis Hern&aacute;ndez en 1992 para la revista <em>La P&aacute;gina</em> y que se ha reeditado en el recopilatorio <em>El libro de los otros</em>, que en breve se publicar&aacute; en Mercurio Editorial. Dec&iacute;a el pintor y escritor gallego que &laquo;es arte aquella creaci&oacute;n art&iacute;stica que permanece en el inter&eacute;s de la memoria de la gente. Lo que la historia se traga (sea pintura, sea poes&iacute;a&hellip;) y hace desaparecer de la atenci&oacute;n general no es suficientemente distinguido como para permanecer [&hellip;] La buena poes&iacute;a, la buena pintura no pueden pasar desapercibidas para la historia; segregan un dato m&aacute;s no reconocido antes&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fueron estos detalles los que me permitieron confirmar la singular percepci&oacute;n con la que estaba asimilando aquella escena: ta&ntilde;&iacute;an las campanas para revelarme nuevamente que delante de m&iacute; se hallaban tres grandes de nuestra poes&iacute;a canaria (y, de paso, hisp&aacute;nica) que, al margen de consideraciones ajenas, hab&iacute;an aportado un dato m&aacute;s a nuestra literatura no reconocido antes. Vi en ellos las tenazas que menciona Pedro Flores en sus &ldquo;Instrucciones para desactivar a un poeta bomba&rdquo;, &uacute;tiles para cortar el cable amarillo (como la gran vaca de &ldquo;Insomnio&rdquo;, de D&aacute;maso Alonso) y sujetar con firmeza los extremos a un detonador; un liberador detonador que har&aacute; posible que vuele por los aires tanto okupa literario, como los denomina la brillante Elsa L&oacute;pez en un esclarecedor y necesario art&iacute;culo hom&oacute;nimo que sac&oacute; en varios medios unos d&iacute;as antes del campaneo y que, con su habitual magisterio y belleza expresiva, habla de los que &mdash;entre &laquo;tertulias po&eacute;ticas, congresos de algo y sobre algo, recitales a cuatro voces con cantautora incluida y mesas redondas en bibliotecas y museos de prestigio&raquo;&mdash; &laquo;proclaman sus derechos y a&ntilde;aden que son poetas, narradores o ensayistas porque han publicado un libro y eso les otorga el t&iacute;tulo de escritores y el derecho al asilo literario&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/campanadas-grandeza-poetica_132_12347800.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Jun 2025 17:24:22 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un decálogo papal cualquiera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/decalogo-papal_132_12288614.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50d44a24-4fd9-4eb1-98ef-2e814611ffbf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un decálogo papal cualquiera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El papa, se mire por donde se mire, es de ideología conservadora. Su condición le impele al estatismo. Toda revolución, si no hubiera más remedio que padecerla, solo puede ser diacrónica
</p></div><p class="article-text">
        1. El papa ha sido elegido a trav&eacute;s de un procedimiento v&aacute;lido para sus electores, varones con formaci&oacute;n teol&oacute;gica y experiencia pastoral. Estos, por mayor&iacute;a, han llegado a la conclusi&oacute;n de que el escogido ha de ser el representante de la Iglesia Cat&oacute;lica Apost&oacute;lica Romana. Todos los que reconocen el poder que atesoran estos votantes aceptan esta representaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        2. El papa es un ser humano. Su naturaleza le obliga a cumplir con ciertas necesidades: ha de alimentarse, tiene que descansar, debe sanar cuando enferma, etc&eacute;tera. No es una deidad ni le son ajenos los defectos y virtudes propios de sus semejantes. En consecuencia, su infalibilidad en materia doctrinal no es el resultado de una metamorfosis que lo ha convertido en un ser divino tras la proclamaci&oacute;n, sino de un acuerdo entre personas id&eacute;nticas a &eacute;l: del mismo modo que se tuvo a bien considerar que nunca falla cuando habla de fe y moral, es posible determinar que &ldquo;a veces&rdquo; puede equivocarse o, de una manera suave, estar desacertado.
    </p><p class="article-text">
        3. El papa, en tanto que humano, sucumbir&aacute; al engreimiento. Es razonable que as&iacute; sea. Estar&aacute; rodeado de aduladores. Causar&aacute; fascinaci&oacute;n por donde vaya. Todos desear&aacute;n tocarlo, ser mirados por &eacute;l, recibir sus palabras. Querr&aacute;, quiz&aacute;s, mostrarse humilde &mdash;pues sabe que la soberbia envilece&mdash;, pero en su interior arder&aacute; una llamita de vanidad. No se le ha de culpar por ello. Es inevitable. Cuando elector, al igual que sus colegas, accedi&oacute; al c&oacute;nclave con el secreto conocimiento de qu&eacute; responder&iacute;a a la pregunta &laquo;Quo nomine vis vocari?&raquo; y de c&oacute;mo ser&iacute;an esas l&aacute;grimas que lo acoger&iacute;an en la Sala del Pianto si sobre &eacute;l &mdash;por voluntad y &ldquo;acierto&rdquo; del Esp&iacute;ritu Santo&mdash; recayera el peso de la iglesia.
    </p><p class="article-text">
        4. El papa tiene claro que su gesti&oacute;n del tiempo no es similar a la del resto de mandatarios. &Eacute;l no siembra para recoger ahora, sino para una cosecha futura. Cada minuto de gobierno laico equivale, en un pontificado, en el mejor de los casos, a una hora, aunque lo normal es que se sit&uacute;e entre un mes (los m&aacute;s innovadores) y un a&ntilde;o (los menos proclives a los cambios).
    </p><p class="article-text">
        5. El papa, se mire por donde se mire, es de ideolog&iacute;a conservadora. Su condici&oacute;n le impele al estatismo. Toda revoluci&oacute;n, si no hubiera m&aacute;s remedio que padecerla, solo puede ser diacr&oacute;nica. Si ha de afectarle, el papa buscar&aacute; el modo de que dure poco y de que sus consecuencias rupturistas sean &iacute;nfimas. En su actitud reaccionaria, no es descartable la existencia de alguna que otra inclinaci&oacute;n &mdash;sutil, por supuesto&mdash; hacia un cierto progresismo que, trat&aacute;ndose de la instituci&oacute;n de la que se trata, siempre ser&aacute; constre&ntilde;ido.
    </p><p class="article-text">
        6. El papa, cuando asume el rol de jefe de Estado, es plenamente consciente de que su poder es m&iacute;nimo, irrelevante, insuficiente, pobre, suprimible si hubiera voluntad externa para ello. Por eso, le interesa m&aacute;s mostrarse como la autoridad religiosa que es: no es lo mismo ser la cabeza de un pa&iacute;s de 44 hect&aacute;reas y con apenas mil personas censadas que ser la conciencia de casi mil quinientos millones de seres humanos en todo el planeta Tierra.
    </p><p class="article-text">
        7. El papa no olvida lo relativa que es su fortaleza como autoridad religiosa, puesto que esta se sustenta en la eficacia con la que una serie de textos divulgativos y normativos, compuestos por otros hombres como &eacute;l, se aclimatan a la cosmovisi&oacute;n y creencia de sus destinatarios. Tan pronto como un receptor diga &laquo;Esto es ficci&oacute;n, no me ata&ntilde;e&raquo;, el poder papal se disuelve al instante.
    </p><p class="article-text">
        8. El papa, tras la misa de inicio del ministerio petrino del obispo de Roma, ya se sabe inmortal. Su nombre quedar&aacute; registrado o ser&aacute; supuesto en cuantos documentos escritos, orales o visuales recojan cualquier detalle relacionado con el catolicismo. Su vida tras la llegada a la sede de Pedro y su muerte ser&aacute;n seguidas por millones de terr&iacute;colas. Esto, inevitablemente, condicionar&aacute; su manera de ver el mundo y, en consecuencia, sobre cu&aacute;l habr&aacute; de ser su legado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        9. El papa estar&aacute; siempre solo y situado permanentemente en una suerte de tierra de nadie. Aunque no deje de haber gente a su alrededor, se hallar&aacute; siempre en un lugar intermedio: entre la comunicaci&oacute;n con un dios que no le hablar&aacute; como si fuera una tercera persona, sino a trav&eacute;s de un di&aacute;logo introspectivo donde toda interpretaci&oacute;n empieza y acaba en la mismidad; y la conexi&oacute;n con semejantes que, de un modo u otro, mantendr&aacute;n una distancia con &eacute;l. Su afabilidad, distensi&oacute;n, cercan&iacute;a&hellip; no impedir&aacute; a los que le rodean la conciencia clara de la separaci&oacute;n que hay entre ellos y el reconocido como Vicario de Cristo.
    </p><p class="article-text">
        10. El papa est&aacute; al tanto de que nadie &mdash;excepto los vaticanos y los afectos a la Iglesia Cat&oacute;lica Apost&oacute;lica Romana&mdash; est&aacute; obligado a obedecerle. Conviene no confundir el deber de todo s&uacute;bdito con el respeto de cualquier ser humano del planeta Tierra hacia el papa en consideraci&oacute;n a su representatividad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/decalogo-papal_132_12288614.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 May 2025 19:52:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un decálogo papal cualquiera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad tiene un precio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/precio_132_12268455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Admiro a Jesús Cintora, llevo muchos años teniéndolo como referencia periodística de primer nivel y he estado al tanto de sus coyunturas profesionales precisamente por mostrarse como creo que debe ser alguien que se entrega a la noble tarea de dar noticias y favorecer una reflexión crítica acerca de ellas

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        De lo mucho y bueno que hubo en la Feria del Libro de Santa Luc&iacute;a de 2024, me quedo con dos momentos muy especiales para m&iacute;: por una parte, el que protagoniz&oacute; el d&iacute;a 3 de mayo mi querido y admirado Eduardo Gonz&aacute;lez P&eacute;rez durante la presentaci&oacute;n de mi <em>Soltadas Tres</em>, demostrando no solo que se hab&iacute;a le&iacute;do el libro de cabo a rabo (cu&aacute;ntos no cumplen con esta funci&oacute;n sin conocer apenas las obras sobre las que hablan), sino que, adem&aacute;s, hab&iacute;a interiorizado cuanto pretend&iacute;a compartir con los destinatarios de este entra&ntilde;able t&iacute;tulo. En contad&iacute;simas ocasiones, he podido tener a un lector tan entregado, tan leal con su labor de analista, tan creativo, tan cari&ntilde;oso y tan predispuesto a establecer un di&aacute;logo acerca de lo que uno, en la m&aacute;s solitaria de las soledades, ha compuesto con la incertidumbre de no saber si lo expuesto lograr&aacute; el prop&oacute;sito de trascenderle, de estar vigente en el instante que toque dejar de ser lo &uacute;nico que soy: un viviente.
    </p><p class="article-text">
        Esto, por un lado; por otro, el hermoso regalo que me hizo Miguel Alvarado, magn&iacute;fico organizador del evento libresco, cuando me propuso que presentara <em>El precio de la verdad </em>(Penguin Random House, 2024), del soriano Jes&uacute;s A. Cintora P&eacute;rez (1977), uno de los actos m&aacute;s emblem&aacute;ticos de la feria que se program&oacute; para el jueves 2 de mayo y que dispuso, porque el azar que todo lo rige as&iacute; lo quiso, de un inmejorable preludio: la carta a la ciudadan&iacute;a que hab&iacute;a publicado el presidente del Gobierno el jueves 25 de abril en una red social y en la que se hac&iacute;a menci&oacute;n de la expresi&oacute;n &ldquo;m&aacute;quina del fango&rdquo;, que alude a la licencia que se atribuyen gacetilleros, pol&iacute;ticos y jueces para atacar a los que considera adversarios levantando sospechas sobre su comportamiento a trav&eacute;s de infundios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Reconozco mi desconcierto inicial por la invitaci&oacute;n: admiro a Cintora, llevo muchos a&ntilde;os teni&eacute;ndolo como referencia period&iacute;stica de primer nivel y he estado al tanto de sus coyunturas profesionales precisamente por mostrarse como creo que debe ser alguien que se entrega a la noble tarea de dar noticias y favorecer una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica acerca de ellas, con independencia de los desaciertos que haya podido cometer en seg&uacute;n qu&eacute; momentos y qu&eacute; circunstancias. Por eso, no cre&iacute;a que fuera merecedor de esta designaci&oacute;n, y m&aacute;s cuando hay en Canarias inmejorables periodistas que hubiesen realizado no solo una extraordinaria presentaci&oacute;n, sino un an&aacute;lisis m&aacute;s preciso y enriquecedor junto con el autor de lo que es una situaci&oacute;n atroz en torno a los medios de comunicaci&oacute;n: la multiplicaci&oacute;n exponencial de canales informativos y, a la vez, el aumento de la desinformaci&oacute;n por culpa del preocupante crecimiento de intereses por la promoci&oacute;n de la mentira, el embuste, el bulo, la manipulaci&oacute;n; la actitud &ldquo;piensativa&rdquo;, entre cobarde y aburguesada, de quienes esquivan como sea la verdad reveladora, que tiene forma de pregunta inesperada y comprometida, de repregunta que descoloca y que desmiga el argumento tramposo, de dato contrastado que se muestra y que incomoda al interpelado; y el ataque despiadado de <em>bots</em> (sean de la naturaleza que sean) dirigido a quienes buscan que la evidencia &mdash;como ha de ser&mdash; prevalezca, que el rigor se imponga, y que la luz de las palabras ilumine y no emponzo&ntilde;e los &aacute;nimos, las esperanzas, el conocimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero Miguel Alvarado insisti&oacute; en su ofrecimiento y lo hizo despejando cualquier clase de dudas y temores por mi parte; y yo, honrad&iacute;simo, acept&eacute;. Lo hice exponi&eacute;ndole cu&aacute;l era la &uacute;nica manera en la que iba a ser posible realizar mi funci&oacute;n con algo de efectividad y dignidad: leyendo el libro a conciencia, tomando notas de su contenido y procurando obtener de &eacute;l todas las claves principales que pod&iacute;a ofrecer como producto divulgativo; en suma, estudiando a fondo la obra. No soy periodista, soy fil&oacute;logo. No soy un informador con una posici&oacute;n destacada en los medios de comunicaci&oacute;n para compartir con una audiencia generosa, cuando quiera y como quiera, lo que opino. Soy &mdash;lo que no es poco&mdash; un feliz profesor de instituto que, en sus ratos de ocio, se transforma en un humilde editor literario, un juntaletras artesano entregado al quehacer de trabajar textos ajenos y propios con el simple prop&oacute;sito de conceder a mis huecos de existencia no-docentes cierta utilidad para la sociedad a la que pertenezco. <em>Grosso modo, </em>as&iacute; se lo traslad&eacute; a mi interlocutor. &Eacute;l, con su habitual amabilidad, sentenci&oacute; la cuesti&oacute;n se&ntilde;alando que no esperaba otra cosa de m&iacute;. Dispon&iacute;a, pues, de libertad para encauzar el encargo como mejor me pareciera.
    </p><p class="article-text">
        Yo contaba con una ventaja: conoc&iacute;a los otros libros de Cintora (<em>La hora de la verdad, </em>2015; <em>Conspiraciones, &iquest;por qu&eacute; no gobern&oacute; la izquierda?, </em>2017; <em>La conjura. As&iacute; se fragu&oacute; el primer Gobierno de coalici&oacute;n de la democracia, </em>2020; y <em>No quieren que lo sepas, </em>2022), publicados por Espasa, excepto el que nos ocupa &mdash;un detalle significativo si consideramos el material hacia el que apunta un enunciado como <em>El precio de la verdad </em>y que los t&iacute;tulos anteriores se vendieron muy bien<em>&mdash;. </em>Repito: estaba al tanto de la bibliograf&iacute;a del periodista, lo que me permit&iacute;a tener nociones sobre su estilo y sus l&iacute;neas de pensamiento; y, fij&aacute;ndome en el r&oacute;tulo, acerca del posible enfoque de la lectura que nos convocaban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como no hab&iacute;a le&iacute;do a&uacute;n la obra (la invitaci&oacute;n me lleg&oacute; antes de que viera la luz), trac&eacute; un plan alternativo por si ocurr&iacute;a lo inesperado: encontrarme de frente con un producto desajustado con respecto a mis expectativas, que no me sedujera, que no me resultara grato. Decid&iacute; que, si se daba eso, me limitar&iacute;a a exponer de qu&eacute; iba, ahondar&iacute;a en algunas ideas m&aacute;s o menos representativas de su contenido y dejar&iacute;a que el protagonista del acto hablara todo lo que quisiera. De esta manera, no me ve&iacute;a en la tesitura de mentir a los asistentes declarando unas virtudes que me eran desconocidas. Pero si eso no suced&iacute;a, si me gustaba o me convenc&iacute;a &mdash;tal y como me pas&oacute; con los otros&mdash;, entonces, envuelto en mi (para m&iacute;) preciada verdad, deb&iacute;a exprimir al m&aacute;ximo el t&iacute;tulo; y aunque, en el evento, no pudiera expresar a fondo ese conocimiento ni mis impresiones (&eacute;l era la estrella; yo, un simple accidente), bien pod&iacute;a hacer uso de la escritura para constatar el alcance de la vivificadora experiencia lectora, lo que explica que se hallen delante de ti estas palabras que me agrada compartir contigo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La presentaci&oacute;n fue magn&iacute;fica. Nada raro ni extra&ntilde;o: Jes&uacute;s Cintora es magn&iacute;fico. El p&uacute;blico que asisti&oacute; &mdash;abundante, respetuoso, disfrut&oacute;n&mdash; tambi&eacute;n merece el calificativo de magn&iacute;fico. El autor, due&ntilde;o absoluto de la escena y consciente de su capacidad para atraer a cuantos lo ven y escuchan gracias a su magnetismo, nos enganch&oacute;. Su val&iacute;a como orador qued&oacute; fuera de toda duda. Admirable fue la destreza con la que nos mostr&oacute; los distintos asuntos que abord&oacute;. La suya fue una excelente demostraci&oacute;n de efectividad ret&oacute;rica &ldquo;de la buena&rdquo;, de la que logra despertar en el &aacute;nimo esas convicciones con las que comulgamos y que, por vaya uno a saber qu&eacute; razones, no terminamos de dar a conocer como se deber&iacute;a. (Y s&iacute;, por supuesto: hay una efectividad ret&oacute;rica mala. Es la que se utiliza para convencer a pazguatos de que apoyen a quienes, cuando puedan, har&aacute;n lo posible por da&ntilde;ar sus intereses; es la que, en el fondo, promueve el mal colectivo para beneficio de unos pocos; es la que alimenta y se nutre de bulos, embustes, manipulaciones&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        Como lo que nos convoca es un libro y mi posici&oacute;n en este discurso no es otra que la de modesto fil&oacute;logo, comenzar&eacute; dejando constancia de un par de detalles ling&uuml;&iacute;sticos interrelacionados sobre el producto antes de sumergirnos en el suculento, enriquecedor y variado contenido ideol&oacute;gico que posee; en esa pl&eacute;yade de verdades necesarias que constelan las p&aacute;ginas del tomo y que &mdash;por descuido, indolencia o imprudencia de la ciudadan&iacute;a&mdash; se han ido desconsiderando a pesar de lo importantes que son para la &ldquo;salud social&rdquo;. Ambas apreciaciones orbitan alrededor de lo que ha de ser una sugerencia permanente y un consejo pedag&oacute;gico: la primera, trata de adquirir la obra, busca tiempo para comunicarte con ella, predisponte a observar la realidad desde una perspectiva que puede resultarte ignota o que, por lo general, mueva en ti cierta indiferencia, aunque no llegues a saber por qu&eacute;; lo segundo, lleva a cabo la acertada decisi&oacute;n de ponerte a leer el ejemplar con un l&aacute;piz en la mano, subrayando los mil y un apuntes del autor que merecen la pena destacarse y que est&eacute;n disponibles gracias a la clarividente virtud que atesoran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, los dos anunciados detalles ling&uuml;&iacute;sticos: empiezo con el asociado al estilo, que es cercano, asequible, coloquial&hellip; Sin enredos sint&aacute;cticos. Fluido. Sin enunciados internos, salvo los que sirven para identificar cada uno de los veinti&uacute;n cap&iacute;tulos en los que se distribuye un contenido que, m&aacute;s que leerse, me atrever&iacute;a a afirmar que se ve e, incluso, hasta que se oye. Es esta una propuesta de lectura muy audiovisual en la que prevalece el tono serio en todo lo que cuenta, si bien de vez en cuando hace uso de una muy agradecible iron&iacute;a: &laquo;En 13TV, conoc&iacute; tambi&eacute;n a un joven Pablo Casado. Por entonces, yo no sab&iacute;a que Pablo estaba sac&aacute;ndose la carrera de Derecho. Lo peor es que &eacute;l tampoco&raquo;. La claridad expositiva se&ntilde;alada es deudora de un af&aacute;n did&aacute;ctico muy evidente. El escritor cumple en esto con lo que considera que ha de ser un cometido de la ocupaci&oacute;n laboral que lo ampara: &laquo;Podemos informar y formar. Nos dirigimos a seres racionales&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y termino con un apunte relacionado con los destinatarios. A mi juicio, este libro no se ha compuesto para los periodistas que se hallan en la actualidad en ejercicio, tanto si son rectos, responsables, cumplidores&hellip; como si pertenecen al cupo de los &ldquo;literatos&rdquo;, los que viven de fabular, los mediocres, los que no investigan, los que sirven de relleno y son f&aacute;ciles de comprar. Al margen del lugar que ocupen en funci&oacute;n de su &eacute;tica, los noticieros en activo est&aacute;n al corriente de cuanto se expone en estas p&aacute;ginas, de ah&iacute; que no conciba este producto como una llamada de atenci&oacute;n pensada para colegas de Cintora. Para m&iacute;, su esencia divulgativa me lleva a concluir que son los principales receptores de este <em>Precio de la verdad</em> los estudiantes de ciencias de la informaci&oacute;n y, de paso, cualquier universitario; y de paso tambi&eacute;n, los escolares de secundaria, sobre todo los bachilleres; y de paso, por supuesto, c&oacute;mo no, el p&uacute;blico en general, con independencia de sus quehaceres diarios, condiciones y situaci&oacute;n, un colectivo que deber&iacute;a ser consciente de que los periodistas han de ganarse la vida con dignidad y sin necesidad de vender su c&oacute;digo deontol&oacute;gico a los intereses de pol&iacute;ticos y, por extensi&oacute;n, de entornos de poder empresarial y financiero.
    </p><p class="article-text">
        A los dos apuntes se&ntilde;alados quisiera a&ntilde;adir un tercero de naturaleza m&aacute;s&hellip;, no s&eacute;, &iquest;introspectiva, quiz&aacute;s?: el t&iacute;tulo que nos convoca es una suerte de testimonio acerca de c&oacute;mo el periodismo que promueve y defiende nuestro autor forma parte de su manera de concebir la vida. De ah&iacute;, en buena medida, ese homenaje a David Briain, a quien dedica el libro. En el cap&iacute;tulo 20, titulado &ldquo;Morir por contarlo&rdquo;, nos cuenta c&oacute;mo fue asesinado en Burkina Faso junto al c&aacute;mara Roberto Fraile y el conservacionista Rory Young, presidente y fundador de la ONG Chengeta Wildlife. Es el episodio m&aacute;s entra&ntilde;able y emocionante de la obra. Est&aacute; lleno de an&eacute;cdotas y notas afectuosas, como la referida al concierto de Extremoduro al que asistieron o la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; la productora de David se llama 93 Metros: era la distancia entre la casa de la matriarca de los Beriain y el banco de la iglesia a la que ella acud&iacute;a regularmente.
    </p><p class="article-text">
        Para Cintora, su amigo es un ejemplo porque ejerce un tipo de periodismo (el de guerra o conflicto) que demanda mucha valent&iacute;a y mucha convicci&oacute;n en la profesi&oacute;n: &laquo;Hay gente que tiene que arriesgar porque, si no, no conocer&iacute;amos lo que pasa en el mundo. Al final, si vivimos pens&aacute;ndolo y no vamos a esas zonas por lo que pueda pasar, no habr&iacute;a periodismo&raquo;, le dec&iacute;a a Jes&uacute;s; en otra ocasi&oacute;n, que &laquo;lo m&aacute;s importante es la humildad de saber que eres un paracaidista en una realidad que no es la tuya, porque no hay mayor ignorancia que creerte que ya te lo sabes y no acercarte para saberlo&raquo;. David sosten&iacute;a que no se puede ser reportero siendo una mala persona. Nuestro emisor, a partir de esta creencia, afirma: &laquo;A mis cuarenta y siete a&ntilde;os, una de las principales clasificaciones que har&iacute;a en la vida no es entre gente de izquierdas, de derechas o vete t&uacute; a saber qu&eacute;, sino entre buenas y malas personas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esta verdad, muchas otras esparce en las casi 350 p&aacute;ginas del tomo. Un buen n&uacute;mero de ellas merecen la pena declararse, difundirse y hacer lo posible para que calen hondo en todos los destinatarios de esta obra, aquellos que, tal y como yo lo veo, son los receptores que habitan en el &aacute;nimo del autor: estudiantes de periodismo, universitarios y de secundaria, y p&uacute;blico general (esas buenas personas, honradas, que pagan sus impuestos, cumplen con sus responsabilidades y aspiran a vivir en un mundo mejor). Son las certezas del subrayado, las que resaltan en las hojas, las que quedar&aacute;n destacadas y reclamar&aacute;n nuestras atenciones en las relecturas. He aqu&iacute; algunas de esas perlas, ofrecidas a continuaci&oacute;n como dec&aacute;logo: [1] un periodista se debe a la ciudadan&iacute;a y no a los caciques de turno; [2] toda cr&iacute;tica ha de ser constructiva; [3] ha de priorizarse siempre el sentido com&uacute;n (hay que hablar de lo que hay que hablar y no de lo que otros quieren que uno hable); [4] una salida de tono, un insulto, una provocaci&oacute;n, una ocurrencia&hellip; no son noticia; [5] no hay temas intocables, aunque hay asuntos que no se discuten (&laquo;la homofobia, el machismo o el terrorismo no pueden dar lugar a posturas a favor o en contra. Es inaceptable&raquo;); [6] lo que se expone como informaci&oacute;n ha de estar demostrado; [7] hay que evitar la polarizaci&oacute;n; [8] la mentira no es una opci&oacute;n; [9] hay que ser coherente; [10] conviene distinguir entre &ldquo;pensar&rdquo; y &ldquo;piensar&rdquo;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        Hay un aspecto que me parece m&aacute;s que relevante en la obra y que, de alg&uacute;n modo, ayuda a perfilar la actitud del autor ante lo que cuenta: su sinceridad. La verdad por delante en todo momento. Frente al misticismo, en ocasiones algo impostado, con el que se desenvuelven no pocos creadores, que apelan a la inspiraci&oacute;n, a la condici&oacute;n de elegidos para poner negro sobre blanco lo que el numen les dicta, frente a toda esta parafernalia en la que se mezclan afici&oacute;n y vocaci&oacute;n y, a veces, un tanto de petulancia; frente a esto, repito, la descarnada declaraci&oacute;n de que escribir es una forma de subsistir: &laquo;Si yo llego a ganar decenas de miles de euros diarios, como llegaron a publicar, le aseguro que no estar&iacute;a aqu&iacute; ahora mismo escribiendo un libro&raquo;. No se reconoce Cintora como escritor, sino como alguien que escribe y esto, indudablemente, influye en el estilo y en c&oacute;mo aborda los asuntos que trata.
    </p><p class="article-text">
        Es el suyo un t&iacute;tulo muy valiente, s&iacute;; y, a la vez, muy temerario. Y me explico, porque esta observaci&oacute;n aflor&oacute; en la presentaci&oacute;n. &laquo;Soy mucho m&aacute;s d&eacute;bil que la gente poderosa que menciono en este libro&raquo;, se&ntilde;ala; lo que confirma una certeza: que cualquiera de los que apunta podr&iacute;a &ldquo;aplastarlo&rdquo;. Aun as&iacute;, sin agresividad, sin salidas de tono, con el sosiego que da el convencimiento de que no hace falta alterar la cruda verdad que expone con subterfugios literarios, aun as&iacute;, insisto, no silencia su voz; a pesar de que es consciente de que esta obra le cerrar&aacute; puertas, pues un buen n&uacute;mero de los nombres propios que aparecen est&aacute;n asociados a inadmisibles e indecorosas manchas con forma de conductas inmorales &mdash;cuando no contrarias a la &eacute;tica y, si me apuras, en ocasiones, rozando &ldquo;de lleno&rdquo; la ilegalidad&mdash;. A veces, toca desahogo: hay que detener la lectura para soltar un &laquo;qu&eacute; ciegos hemos estado&raquo; o un &laquo;por menos, se justificar&iacute;a una revoluci&oacute;n que diera una vuelta de calcet&iacute;n a todo&raquo;, aunque, como afirma Cintora, la lucha colectiva se vea siempre frenada por el &ldquo;egosistema&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pensando en su supervivencia, en lo que le ata&ntilde;e como ser humano que se alimenta, que necesita un techo, pagar facturas, medicinas&hellip;, no es precisamente el luminoso libro que nos convoca lo que convendr&iacute;a que hiciera alguien que lleva m&aacute;s de dos a&ntilde;os fuera del &aacute;mbito profesional en el que m&aacute;s y mejor se ha desenvuelto en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas y que tiene inter&eacute;s en regresar y, sobre todo, en permanecer. Por eso, al factor de la sinceridad cabe a&ntilde;adir el de la filantrop&iacute;a cuando declara que su &laquo;intenci&oacute;n es contarlo por si sirve de algo para mejorar&raquo;; y por eso, adem&aacute;s, en el cap&iacute;tulo 21, titulado &ldquo;No estar en venta&rdquo;, expone lo siguiente: &laquo;Siempre me impactaron el silencio y las reservas de mis abuelos al preguntarles por la Guerra Civil y la posguerra. Hay miedos que calan y perduran durante muchos a&ntilde;os. Lo malo de las injusticias y de la censura no es solo que te callen, sino el temor a que puedan volver a hacerlo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        A medida que avanzamos en <em>El precio de la verdad</em>, descubrimos el inmenso repertorio de cuestiones que pujan por una respuesta o, al menos, por mostrarse como la prueba de que la obra nos est&aacute; removiendo, alterando, modificando nuestras percepciones, revolucionando el conjunto de aceptaciones &mdash;por desinter&eacute;s, desd&eacute;n, etc.&mdash; acerca de una realidad que no pod&iacute;a ni deb&iacute;a narrarse en este libro en clave ficcional, pues la finalidad del proceso comunicativo que nos re&uacute;ne no es el entretenimiento ni la distracci&oacute;n de lo subjetivo, sino la asunci&oacute;n de lo objetivo, la aprehensi&oacute;n de lo certero.
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, ofrecidas tambi&eacute;n a modo de dec&aacute;logo, algunas de las espont&aacute;neas preguntas surgidas a lo largo de la navegaci&oacute;n lectora y que dan cuenta de problemas de muy dif&iacute;cil soluci&oacute;n: [1] &iquest;Qui&eacute;n puede tomarse en serio la cantidad de sandeces que se difunden para manipular a la sociedad?; [2] &iquest;C&oacute;mo &ldquo;sanarse&rdquo; de la ignorancia cuando no se sabe si se est&aacute; enfermo?; [3] &iquest;C&oacute;mo se huye de los fanatismos cuando no se tiene conciencia de que se es fan&aacute;tico?; [4] Tenemos claro que no nos gusta que nos mientan; pero cuando damos por v&aacute;lida una noticia falsa, &iquest;estamos aceptando de buen grado que nos mientan o es que carecemos de recursos para detectar la mentira?; [5] Ante un embuste, &iquest;c&oacute;mo determinar los m&aacute;rgenes de la maldad (envuelta en el halo de la vanidad o la ambici&oacute;n), la ignorancia o la propia indolencia?; [6] &iquest;C&oacute;mo se obtiene el criterio propio si se vive rodeado de personas que carecen de &eacute;l?; [7] &iquest;C&oacute;mo descubrir un bulo (bien compuesto, claro est&aacute;) si no hay tiempo para mirar, leer y escuchar lo suficiente como para poder cotejar la informaci&oacute;n de diferentes fuentes?; [8] &iquest;C&oacute;mo elegir medios buenos, fiables, plurales, rigurosos para informarse y obtener opiniones constructivas si la oferta es inmensa y se carece de formaci&oacute;n, tiempo, recursos, etc., para el filtrado?; [9] Aceptamos que la cultura es el &uacute;nico ant&iacute;doto contra la manipulaci&oacute;n, pero &iquest;c&oacute;mo podemos culturizar a una relevante parte de la poblaci&oacute;n que, en gran medida, se sumerge en la evasi&oacute;n vacua a la hora de rellenar sus inconstantes horas de vigilia sin obligaciones y que, cuando se le ocurre, a destiempo, resuelve el saludable h&aacute;bito de la informaci&oacute;n de cualquier manera?; [10] &iquest;No deber&iacute;a ser obligatorio (castigable judicialmente si se oculta o se manipula) el conocimiento p&uacute;blico &mdash;en argot period&iacute;stico&mdash; de &ldquo;qui&eacute;n paga la tinta&rdquo;?&hellip;
    </p><p class="article-text">
        V
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; le falta al libro para que sea m&aacute;s impactante de lo que ya es de por s&iacute; y m&aacute;s inc&oacute;modo para el considerable n&uacute;mero de retratados? Dos elementos que, como editor, le hubiese pedido al autor que incluyese: por una parte, un detallado &iacute;ndice onom&aacute;stico que recoja los nombres citados; por otra, una relaci&oacute;n de asuntos abordados que podr&iacute;a incorporarse en la misma tabla de contenidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No descarto que Cintora, atento a sus necesidades (recuerda que se define como una persona que escribe y no como un escritor en sentido estricto), albergara en su &aacute;nimo la composici&oacute;n de un ensayo sobre una cuesti&oacute;n que le resulta muy cercana sin m&aacute;s inter&eacute;s que la satisfacci&oacute;n intelectual y, por supuesto, si fuera posible, el beneficio mercantil. Es comprensible. Por eso, no lo culpo (si es que la palabra &ldquo;culpa&rdquo; cabe en este contexto). Pero alguien deber&iacute;a haberle dicho que la suya no es una obra inocente, un divertimento, una declaraci&oacute;n sin consecuencias porque no, no es nada de eso. Creo que es un desacierto no conceder a este t&iacute;tulo toda la validez que posee, que es mucha; ni percatarse de lo muy provechoso y, por tanto, indispensable que es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El precio de la verdad </em>es, principalmente, un excelente texto divulgativo que, a diferencia de las monograf&iacute;as acad&eacute;micas, reemplaza el aparato bibliogr&aacute;fico habitual por una fuente informativa m&aacute;s precisa: la contrastada experiencia vital y profesional de Jes&uacute;s Cintora acerca de lo que expone. Su sencillez y efectividad expresivas, su didacticismo, logran que tomemos conciencia plena de lo que nos cuenta y, con ello, que lleguemos a configurar nuestra explicaci&oacute;n particular de la realidad que nos ampara. En mi caso, no pude evitar la percepci&oacute;n de que los males del pa&iacute;s &mdash;que haberlos, haylos&mdash; no provienen tanto de los que alimentan esa suerte de &ldquo;crispaci&oacute;n edulcorada&rdquo;, de la que habla el escritor, como del silencio y desinter&eacute;s hacia sus desmanes por parte de las buenas personas, las honradas, las que pagan sus impuestos, las que cumplen con sus responsabilidades y aspiran a vivir en un mundo mejor. Es como si la democracia produjera una enorme pereza, una inmensa apat&iacute;a, y no importara defender que el precio de la verdad ha de ser el respeto, la dignidad y la ecuanimidad, y no la indolencia ni ese desd&eacute;n hacia la <em>res publica </em>del que, con gran acierto, nos advierte el autor cuando declara: &laquo;Uno podr&aacute; decir que pasa de los pol&iacute;ticos, pero la pol&iacute;tica no pasa de &eacute;l, pues lo abarca todo&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/precio_132_12268455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 May 2025 18:06:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La verdad tiene un precio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hombre ha muerto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hombre-muerto_132_12233874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/696574ca-3a54-4196-bc1a-9e97d327efc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un hombre ha muerto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ha muerto un hombre. Solo. Porque así es como se mueren los hombres. Solos. Aunque haya mucha gente alrededor</p></div><p class="article-text">
        Ha muerto un hombre. A la misma hora que otros. En la misma ciudad, el mismo pa&iacute;s, el mismo continente, el mismo planeta donde otros tambi&eacute;n acaban de fallecer. Y de un modo id&eacute;ntico al de otros: su organismo ha dejado de funcionar como deber&iacute;a hacerlo para que la vida siguiera d&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Ha muerto un hombre que, vivo, deb&iacute;a alimentarse todos los d&iacute;as, y dormir, y excretar, y reponerse cuando alg&uacute;n componente de su cuerpo no cumpl&iacute;a como se esperaba que lo hiciera.
    </p><p class="article-text">
        Ha muerto un hombre que, cuando estuvo entre nosotros, protagoniz&oacute; momentos que se han alojado en la memoria de aquellos que lo conocieron. En unos casos, estos instantes fueron meritorios; en otros, no. Muchos hablaron muy bien de &eacute;l y no pocos manifestaron la baja consideraci&oacute;n en la que lo ten&iacute;an. Fue ensalzado por unos; ninguneado por otros.
    </p><p class="article-text">
        Ha muerto un hombre que, a lo largo de su existencia, supo qu&eacute; eran el amor f&iacute;sico y el espiritual; la tristeza del desenga&ntilde;o y la de la nostalgia; el dolor, tanto el que se siente como el an&iacute;mico; la ira, tanto la comedida como la violenta; la envidia, el sentimiento de solidaridad, el impulso del desprecio; la experiencia de lo que significan las palabras &ldquo;amistad&rdquo; y &ldquo;enemistad&rdquo;; la necesidad de estar acompa&ntilde;ado, en ocasiones con otros, casi siempre con uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        Ha muerto un hombre. Solo. Porque as&iacute; es como se mueren los hombres. Solos. Aunque haya mucha gente alrededor. La muerte es un di&aacute;logo de yoes que mantiene el que se empe&ntilde;a en quedarse con el que ha decidido que ya es hora de irse. Es una conversaci&oacute;n que interrumpen quienes -presentes- se empecinan en mostrarse a favor de uno de los dos.
    </p><p class="article-text">
        Ha muerto un hombre. Se llamaba Francisco&hellip;, o Fulano, Mengano, Zutano; o, casualmente, Victoriano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hombre-muerto_132_12233874.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Apr 2025 09:14:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un hombre ha muerto]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para conversar en las catedrales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/conversar-catedrales_132_12222360.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6d1f61c-454e-4059-acd5-f0402b4a3db6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para conversar en las catedrales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se ha ido, sí; pero en el fondo, reconozcámoslo, no se ha ido. Es más: no puede haberse ido</p></div><p class="article-text">
        Los escritores no mueren. No, al menos, los buenos, que no son necesariamente los m&aacute;s premiados o reconocidos (aunque no sea el caso de quien ahora nos ocupa &mdash;Nobel, 2010; Cervantes, 1994; Asturias, 1986, etc.&mdash;), sino los que han trazado un surco por donde es inevitable transitar si se desea acceder al conocimiento y a los placeres de una literatura que, como tal, surge como necesidad para perpetuar la identidad de una comunidad ling&uuml;&iacute;stica que, a la vez, tambi&eacute;n lo es en lo cultural.
    </p><p class="article-text">
        Mario Vargas Llosa traz&oacute; un surco profundo, inmensamente profundo, desde que en 1963, con la inestimable ayuda de Carlos Barral, publicara <em>La ciudad y los perros</em>, donde denunci&oacute; a los Jaguar, los Cava, los Alberto&hellip; que no dudan en acosar a los Arana &ldquo;el Esclavo&rdquo;, ya sea en una escuela militar peruana, donde transcurre la novela, ya en la realidad, en la vida misma donde nos desenvolvemos. Tan honda ha sido la hendidura tras m&aacute;s de seis d&eacute;cadas de penetraci&oacute;n que es normal &mdash;irremediable, dir&iacute;a yo&mdash; que los que deambulamos por ese &aacute;mbito tan amplio y complejo como el hispanismo sintamos que hoy, 14 de abril, singular d&iacute;a en el que celebramos la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola (&iquest;gui&ntilde;o juguet&oacute;n del azar?), se nos ha ido f&iacute;sicamente uno de los indispensables, que jam&aacute;s volveremos a tener la oportunidad de disponer de algo novedoso suyo y, con la obra asida, poder renovarle, cara a cara, ese sincero &laquo;muchas gracias&raquo; que gustamos de dar los lectores a quienes, con su prosa o sus versos, han contribuido a que nuestro particular surco sea m&aacute;s hermoso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha ido, s&iacute;; pero en el fondo, reconozc&aacute;moslo, no se ha ido. Es m&aacute;s: no puede haberse ido. Ese incansable tes&oacute;n escritor que le caracteriz&oacute; nos impide aceptar que nada m&aacute;s nos ha dejado, que sus gavetas de creaciones ahora est&aacute;n vac&iacute;as. En &eacute;l, imposible. Algo habr&aacute;, muchos &ldquo;algo&rdquo;, pues el fecundo autor siempre fue el ejemplo claro de c&oacute;mo un amor tan voraz hacia la escritura &mdash;horarios extensos, met&oacute;dicos, inquebrantables&mdash; pod&iacute;a llegar a convertirse en una obsesi&oacute;n (una felic&iacute;sima obsesi&oacute;n para cientos de miles de lectores); una obsesi&oacute;n que, unida a su idiosincrasia (y a su ego, todo sea dicho), le condujeron en un buen n&uacute;mero de ocasiones a trascender los l&iacute;mites de la literatura impresa para adentrarse en los de una cotidianeidad que alegr&oacute; a miles de seguidores y, a veces, sirvi&oacute; de alimento para el escarnio de los no pocos detractores que tuvo, muchos de los cuales (l&oacute;gico es que as&iacute; fuera) no entraron a cuestionar su val&iacute;a como narrador ni la fortaleza moral de las denuncias que dirig&iacute;a hacia los que atentaban contra los derechos humanos, sino sus desempe&ntilde;os como actor en asuntos que, de alg&uacute;n modo, lo distanciaban de lo que se consideraba que deb&iacute;a ser su &uacute;nico cometido: ayudar al trazado de nuestros surcos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; fueron sus incursiones, vaivenes y pronunciamientos pol&iacute;ticos, en el fondo, si no los visualizamos o aceptamos como una manera de proyectar al exterior la imagen de un personaje que perfectamente pod&iacute;a formar parte de las p&aacute;ginas de cualquiera de sus novelas? &iquest;Qu&eacute; de sus travesuras recogidas en papel cuch&eacute;? &iquest;Despistaron estas ocupaciones o desmerecieron el buen hacer de quien lleg&oacute; a componer con precisi&oacute;n cu&aacute;n dram&aacute;tica es una dictadura, sea de la naturaleza que sea, como lo hizo en <em>La fiesta del Chivo </em>(2000) a prop&oacute;sito de ese monstruo llamado Rafael Le&oacute;nidas Trujillo: &laquo;Dentro de diez minutos, de uno, el Chevrolet en el que el viejo zorro iba cada semana a la Casa de Caoba en San Crist&oacute;bal aparecer&iacute;a y, de acuerdo al plan cuidadosamente esbozado, el asesino de Gal&iacute;ndez, de Murphy, de Tavito, de las Mirabal, de miles de dominicanos, caer&iacute;a acribillado por las balas de otra de sus v&iacute;ctimas, Antonio de la Maza, a quien Trujillo hab&iacute;a matado tambi&eacute;n, de manera m&aacute;s demorada y perversa que a los que liquid&oacute; a tiros, golpes o ech&aacute;ndolos a los tiburones. A &eacute;l lo mat&oacute; por partes, quit&aacute;ndole la decencia, el honor, el respeto por s&iacute; mismo, la alegr&iacute;a de vivir, las esperanzas, los deseos, dej&aacute;ndolo convertido en un pellejo y unos huesos atormentados por esa mala conciencia que lo destru&iacute;a a poquitos desde hac&iacute;a tantos a&ntilde;os&raquo;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha ido el aliento de su cuerpo en Semana Santa, tres d&iacute;as antes de que en 2014, en similar periodo, un 17 de abril, lo hiciera esa suerte de env&eacute;s de la moneda &ldquo;boom latinoamericano&rdquo; que responde al nombre de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, a quien estudi&oacute; el peruano en su tesis doctoral, presentada en la Complutense en 1971 y que vio la luz ese a&ntilde;o bajo el t&iacute;tulo: <em>Historia de un deicidio</em>. En este magn&iacute;fico trabajo acad&eacute;mico, devenido en fundamental ensayo sobre la literatura, hablando de Gabo, lo hizo de s&iacute; mismo y de cuantos se adentran en las voraginosas aguas de la ficci&oacute;n narrativa:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escribir novelas es un acto de rebeli&oacute;n contra la realidad, contra Dios, contra la creaci&oacute;n de Dios que es la realidad. Es una tentativa de correcci&oacute;n, cambio o abolici&oacute;n de la realidad real, de su sustituci&oacute;n por la realidad ficticia que el novelista crea. Este es un disidente: crea vida ilusoria, crea mundos verbales porque no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que son). La ra&iacute;z de su vocaci&oacute;n es un sentimiento de insatisfacci&oacute;n contra la vida; cada novela es un deicidio secreto, un asesinato simb&oacute;lico de la realidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si cada novela representa una manera de &ldquo;matar&rdquo; a Dios, justo y razonable ha de parecer a los creyentes que sea en estos &ldquo;santos&rdquo; d&iacute;as cuando la v&iacute;ctima haya querido pronunciarse, como ya lo hiciera con el colombiano; y justo y razonable ha de parecer a los literatos de bien que en estas &ldquo;beat&iacute;ficas&rdquo; fechas nos acerquemos hasta La Catedral, la que nos apetezca &mdash;mejor si es de pobres y con un cuartito que se alquile por horas&mdash; para conversar, aunque sea de un modo pagano, sobre en qu&eacute; momento se jodi&oacute; el Per&uacute; y c&oacute;mo fue posible que se diera ese prodigio que, alrededor de la dictadura peruana de Manuel Odr&iacute;a, mereci&oacute; la consideraci&oacute;n de su autor de obra que salvar&iacute;a del fuego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/conversar-catedrales_132_12222360.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Apr 2025 07:14:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Para conversar en las catedrales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Básica, sí; e indispensable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/basica-si-e-indispensable_132_12195776.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/267999ae-ef1a-4191-b809-00907026afc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Básica, sí; e indispensable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los Ciclos Formativos de Grado Básico demuestran que es factible convertir los números rojos del curso pasado en verdes; en otras palabras, que es posible recuperar a ese alumnado de la ESO desilusionado con los estudios</p></div><p class="article-text">
        De todos los compartimentos que ofrece el actual sistema educativo para ubicar a los menores de edad, hay uno que, a pesar de su obligatoriedad, escapa al conocimiento global de la ciudadan&iacute;a. El que m&aacute;s y el que menos tiene claro de qu&eacute; va la educaci&oacute;n infantil, la primaria, la secundaria, qu&eacute; es el bachillerato y qu&eacute;, la formaci&oacute;n profesional. <em>Grosso modo</em>. Pero muy pocos -considerando la cantidad a la que se refiere esa apuntada &ldquo;globalidad&rdquo;- est&aacute;n al tanto de lo que es la B&aacute;sica, as&iacute;, con may&uacute;scula inicial. Su nombre t&eacute;cnico: Ciclo de Formaci&oacute;n Profesional B&aacute;sica. Su situaci&oacute;n: etapa anterior al grado medio que arranca a partir de la ESO. Casi dos d&eacute;cadas de experiencia me permiten, hasta cierto punto, sostener esto del desconocimiento: insisto, pocos est&aacute;n al corriente de su presencia en el cat&aacute;logo de titulaciones y, en consecuencia, de lo muy necesaria que es, por un lado, la existencia de la escasa oferta que ahora hay -qu&eacute; se le va a hacer, algo es algo-; y, por otro, de lo muy conveniente que ser&iacute;a el aumento de plazas en todos los centros de secundaria, aunque a muchos colegas la sola enunciaci&oacute;n de esta recomendaci&oacute;n pueda ocasionarles un estado de mortificaci&oacute;n personal intolerable. &iquest;Que si exagero? Solo una migaja, lo reconozco&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Cuando entr&eacute; en La Casa -en septiembre de 2002-, exist&iacute;an los Programas de Garant&iacute;a Social (el BOE que los regulaba era de 1998), que se ofrec&iacute;an como una suerte de remedio (me incomoda utilizar esta voz en un &aacute;mbito como el educativo, pero&hellip;), una soluci&oacute;n para atender a j&oacute;venes que circulaban por v&iacute;as diferentes a las que favorec&iacute;an el alcance de alg&uacute;n reconocimiento acad&eacute;mico con el que conseguir, como m&iacute;nimo, una inserci&oacute;n laboral digna y fruct&iacute;fera. Con un poquito de esto, otro de aquello, un trozo de aqu&iacute; y una pizca de all&iacute;, se le certificaban las horas de estancia y la preparaci&oacute;n obtenida, y a otra cosa, a confiar en que hubiera alguna continuidad provechosa: un grado medio a trav&eacute;s de la prueba de acceso para los m&aacute;s animados a seguir estudiando; un empleo para los&hellip;; un&hellip;, en fin, lo que fuera.
    </p><p class="article-text">
        Esta oferta en s&iacute;, tal y como estaba planteada, no representaba la mejor manera de afrontar el problema de los alejados del camino &ldquo;titulante&rdquo; (de hecho, en cuanto fue posible, se suprimi&oacute;), pero su mera creaci&oacute;n y desarrollo constitu&iacute;an una efectiva toma de conciencia de un dilema vigente desde el origen mismo de la LOGSE (1990), por no retroceder a leyes educativas anteriores, pues la coyuntura no ha dejado de darse: &iquest;Qu&eacute; hacemos con el alumnado de secundaria que, por sus condiciones y circunstancias, y a pesar de las numerosas medidas de apoyo que recibe, es bastante probable que no logre titular en la etapa donde se encuentra y, m&aacute;s pronto que tarde, por edad y quiz&aacute;s por hartazgo, pase a engrosar, de un modo u otro, las listas de abandono escolar o, peor, de &ldquo;escolares abandonados&rdquo; (o que as&iacute; se sienten)? &iquest;Aceptamos que pierdan el tiempo sin m&aacute;s &mdash;no sabes cu&aacute;nto me disgusta anotar esto&mdash; solo porque son menores y hemos de colocarlos como sea bajo un techo estudiantil que, tal y como est&aacute; configurado, nada les reporta dada su situaci&oacute;n personal? Los Programas de Garant&iacute;a Social dieron un salto de calidad con los Programas de Cualificaci&oacute;n Profesional Inicial, que arrancaron en 2007 y que ofrec&iacute;an dos l&iacute;neas de actuaci&oacute;n: por un lado, la adaptada (PCA); por otro, la que no ten&iacute;a adaptaci&oacute;n (PCPI). En el curso 2014/2015, se convirtieron en la Formaci&oacute;n Profesional B&aacute;sica y de ah&iacute; han evolucionado hasta el modelo que tenemos hoy en d&iacute;a, que es de 2021.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2007, a&ntilde;o en el que me vincul&eacute; de manera voluntaria a la oferta educativa cuando llegu&eacute; al IES Jos&eacute; Zerpa (en ese momento, uno de los contados que ese curso la pusieron en marcha en Gran Canaria), he visto c&oacute;mo poco a poco esta etapa ha ido haci&eacute;ndose un hueco en nuestros centros, aunque esta implantaci&oacute;n haya sido &mdash;as&iacute; me lo parece constatado el panorama archipel&aacute;gico y despu&eacute;s de dieciocho a&ntilde;os repletos de experiencias en este &aacute;mbito&mdash; sin la conveniente certidumbre de su importancia; lo que ha impedido la percepci&oacute;n de los inmensos beneficios que reporta su correcto desarrollo. De entrada, y no es balad&iacute; esto, en lo tocante a la paz en las aulas (a mi juicio, el principal problema que afrontan diariamente los institutos de las islas): un alumnado de segundo y tercero de la ESO desmotivado, sin expectativas de &eacute;xito acad&eacute;mico, inc&oacute;modo, enfadado por su <em>statu quo</em>, etc., puede cambiar a bien su situaci&oacute;n gracias a esta nueva oportunidad que ofrece una formaci&oacute;n en la que se combinan m&oacute;dulos profesionales con unos pocos de conocimiento general. El acceso a la B&aacute;sica para estos discentes, se mire por donde se mire, trae consigo una mejora de su condici&oacute;n estudiantil. Por eso, apuesto por la mayor y m&aacute;s atenta vigilancia hacia la etapa, por su ampliaci&oacute;n y promoci&oacute;n adecuadas; y, a ser posible, por la eliminaci&oacute;n de toda clase de sambenitos, estigmas y menoscabos con la que suelen espolvorearla los que no est&aacute;n al corriente de las ventajas que atesora (e incluyo en este cupo, aunque no me resulte grato, a muchos docentes que, por los motivos que sean, se suman al carro de los desacreditadores).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La B&aacute;sica, a su manera, representa aquello que tenemos claro que ha de prevalecer en la ense&ntilde;anza p&uacute;blica: su capacidad para integrar a todo el que lo requiere; postulando no tanto por la igualdad como por la equidad (quien m&aacute;s dificultades tiene, m&aacute;s necesidades demanda y, en consecuencia, m&aacute;s atenciones debe recibir) y la proporcionalidad (importa m&aacute;s cuanto puedan hacer nuestros escolares que cuanto se supone que han de saber hacer seg&uacute;n esos entes normativos de ficci&oacute;n que responden al nombre de curr&iacute;culos). En ese apuntado &ldquo;cuanto puedan hacer&rdquo; entra la constataci&oacute;n m&aacute;s reconfortante para m&iacute; como profesor de lo que es el esfuerzo, el tes&oacute;n, la voluntad, el querer ir a m&aacute;s, etc., de un discente que se merece todas mis consideraciones: m&aacute;s valioso es el cuatro de quien solo puede alcanzar esta calificaci&oacute;n y la logra por m&eacute;ritos propios que el aprobado raso del que perfectamente podr&iacute;a conseguir un sobresaliente si quisiera.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La B&aacute;sica demuestra que es factible en primero convertir los n&uacute;meros rojos del curso pasado en verdes; en otras palabras, que es posible recuperar a ese alumnado de la ESO desilusionado con los estudios pidi&eacute;ndole &uacute;nicamente el cumplimiento de tres requisitos bastante asequibles: asistencia regular, buen comportamiento y demostraci&oacute;n de su inter&eacute;s por superar los m&oacute;dulos. Nada m&aacute;s. La actitud lo es todo. Y no lo dice alguien que acaba de llegar o uno de esos pedag&oacute;gicos te&oacute;ricos sentados en c&aacute;tedras y alejados de las trincheras del d&iacute;a a d&iacute;a en la escuela, sino un humilde tipo que lleva dieciocho a&ntilde;os en el frente, dieciocho enriquecedores y hermosos a&ntilde;os, por supuesto. Un individuo, este que te escribe, al que le gusta recalcar que el mayor triunfo en esta etapa no se circunscribe tanto a la obtenci&oacute;n de los t&iacute;tulos de t&eacute;cnico b&aacute;sico en una familia profesional y de secundaria (indudables m&eacute;ritos, ni que decir tiene, por lo que conllevan a nivel personal, acad&eacute;mico y laboral), como al hecho de que el discente quiera continuar su educaci&oacute;n en un grado medio; o sea, que desaparezcan los fantasmas del abandono escolar y del miedo o aversi&oacute;n inconsciente a querer mejorar, y se asienten los &aacute;ngeles de la preparaci&oacute;n con vistas a configurar un proyecto de vida lo m&aacute;s digno y feliz posible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/basica-si-e-indispensable_132_12195776.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Apr 2025 11:00:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Básica, sí; e indispensable]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una decana al cuadrado: Yolanda Arencibia Santana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/decana-cuadrado-yolanda-arencibia-santana_132_12179248.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/47a3408d-361e-4be5-b607-5840e8698bfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una decana al cuadrado: Yolanda Arencibia Santana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante los noventa tuve la inmensa fortuna de mantener con ella una comunicación constante, fluida y, para mí, sumamente enriquecedora, pues me permitió descubrir en ella facetas que valoro mucho en los gestores de instituciones, tanto políticas como educativas: autoridad, firmeza, prudencia, empatía, respeto… y liderazgo </p></div><p class="article-text">
        De lo mucho, muy bueno y sumamente certero y verdadero que se ha dicho y escrito sobre Yolanda Arencibia Santana desde el pasado s&aacute;bado 22 de marzo, cuando se anunci&oacute; su fallecimiento, me quedo, por sentirme aludido impl&iacute;citamente, con ese gui&ntilde;o que, de alg&uacute;n modo, dirige a mis noventeros colegas coet&aacute;neos el latinista Antonio M.&ordf; Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez en la semblanza que dedic&oacute; a la querida profesora: &laquo;Las universidades se valoran hoy, en buena medida, por criterios num&eacute;ricos y fr&iacute;os como las posiciones en los rankings, los fondos externos que atraen, el n&uacute;mero de art&iacute;culos en revistas de primer cuartil&hellip; y quiz&aacute;s en eso las universidades peque&ntilde;as y j&oacute;venes juguemos en desventaja. Pero, al menos en el &aacute;mbito de la Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, haber podido contar simult&aacute;neamente con el magisterio de figuras, entre otras, como Jos&eacute; Antonio Samper, Maximiano Trapero, Eugenio Padorno y, por supuesto, Yolanda, estoy convencido de que habr&aacute; sido un aut&eacute;ntico lujo para muchos antiguos estudiantes que estar&aacute;n ahora leyendo esta p&aacute;gina y pensando, quiz&aacute;s, que, ni el h&aacute;bito hace al monje, ni otra cosa que los buenos maestros hacen buena una universidad&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El referido catedr&aacute;tico de Filolog&iacute;a Latina moder&oacute; en 2021, en la muy recomendable y disponible colecci&oacute;n Di&aacute;logo vivo de la universidad palmense, un delicioso coloquio sobre la consolidaci&oacute;n de los estudios filol&oacute;gicos, en el que participaron tres distinguidos docentes de la Facultad de Filolog&iacute;a: Trinidad Arcos Pereira, el ya citado profesor Trapero y nuestra homenajeada, cuyas interesant&iacute;simas aportaciones a los or&iacute;genes y primeros a&ntilde;os de la instituci&oacute;n &mdash;de los que un servidor fue testigo&mdash;, complementadas con las que hizo en una entra&ntilde;able entrevista que concedi&oacute; en diciembre de 1988 al alumnado de Filolog&iacute;a del Colegio Universitario de Las Palmas (CULP) para la revista <em>La voz del grumete</em>, que dirig&iacute;a Guillermo Perdomo Hern&aacute;ndez, fueron indispensables &mdash;tanto en lo tocante a lo hist&oacute;rico como a lo emocional&mdash; en el parco ensayo <em>Poes&iacute;a universitaria palmense, 1992-1998</em>, que tuvo a bien publicarme Mercurio Editorial a comienzos de este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, no solo fueron ineludibles sus palabras para mi autobiogr&aacute;fica exposici&oacute;n, llena de retales, sino que la propia Yolanda, como protagonista &mdash;si nos atenemos a lo que transmiten las voces y los a&ntilde;os que componen el t&iacute;tulo del op&uacute;sculo&mdash;, era en s&iacute; misma inevitable, maravillosamente inevitable; pues su figura, esa que conoc&iacute; como alumno de licenciatura y doctorado, como representante estudiantil de la carrera durante muchos cursos, como becario universitario adscrito a la secci&oacute;n de literatura, como organizador de los Encuentros de J&oacute;venes Hispanistas, como participante en eventos acad&eacute;micos&hellip;, su figura, repito, pose&iacute;a la virtud de aunar y multiplicar el alcance significativo de una voz tan majestuosa como &ldquo;decano, na&rdquo;: ella fue la m&aacute;xima autoridad de la Facultad de Filolog&iacute;a desde sus or&iacute;genes, que se remontan a la etapa del CULP, hasta el 1 de marzo de 1999, cuando la sustituy&oacute; Germ&aacute;n Santana Henr&iacute;quez, que hab&iacute;a sido secretario del centro hasta que asumi&oacute; la coordinaci&oacute;n del Servicio de Publicaciones y Producci&oacute;n Documental de la ULPGC, en 1996 (el puesto en la secretar&iacute;a que dej&oacute; vacante lo desempe&ntilde;&oacute; don Antonio Cabrera, mi querido maestro, hasta la marcha de Yolanda; y este, a su vez, con Germ&aacute;n ya en el decanato, cedi&oacute; el testigo a otro insigne maestro: Eugenio Padorno, lo que viene a consolidar las palabras iniciales de mi apreciado Antonio M.&ordf; acerca de los ilustres docentes que nutrieron nuestras aulas de excelencia).
    </p><p class="article-text">
        Mas dejemos bien clara una cosa (por eso de la grandeza con la que ejerci&oacute; su cargo): la suya como decana &mdash;por fortuna para cuantos estuvimos ah&iacute; y para las generaciones venideras &mdash; no fue una mera labor administrativa, sujeta a los vaivenes pol&iacute;ticos de los a&ntilde;os ochenta en un permanente tira y afloja sobre la creaci&oacute;n o no de la universidad palmense con esa autonom&iacute;a con la que se nos muestra hoy en d&iacute;a, sino que se implic&oacute; de tal manera en su cometido, precisamente cuando todo estaba por hacer y los obst&aacute;culos aparec&iacute;an hasta en los asuntos m&aacute;s insospechados, que, sin duda, aquella suerte de hogar que conocimos en la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX no hubiese sido el mismo para nosotros ni, con toda seguridad &mdash;dig&aacute;moslo con claridad&mdash;, para esa trig&eacute;sima cuarta promoci&oacute;n que se graduar&aacute; este a&ntilde;o (&iexcl;c&oacute;mo pasa el tiempo!; y pensar que yo pertenezco a la quinta). Carism&aacute;tica y emblem&aacute;tica: &iquest;alguna vez fue consciente de que, de un modo u otro, al margen de lo que significaba el puesto que ocupaba, ella <em>era la Facultad</em>? La pregunta no es balad&iacute;: fui miembro de diversos &oacute;rganos de representaci&oacute;n estudiantil, lo que favoreci&oacute; el establecimiento de frecuentes contactos con el alumnado y el profesorado de otros centros, as&iacute; como con diferentes responsables que ten&iacute;an sus despachos en el rectorado. S&eacute; de lo que hablo cuando afirmo y repito de nuevo ahora que ella era la Facultad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante los noventa tuve la inmensa fortuna de mantener con ella una comunicaci&oacute;n constante, fluida y, para m&iacute;, sumamente enriquecedora, pues me permiti&oacute; descubrir en ella facetas que valoro mucho en los gestores de instituciones, tanto pol&iacute;ticas como educativas: autoridad, firmeza, prudencia, empat&iacute;a, respeto&hellip; y liderazgo; o sea, capacidad para trasladar una sensaci&oacute;n de protecci&oacute;n a quienes est&aacute;n por debajo de ti en el escalaf&oacute;n (las organizaciones, para que funcionen, no pueden ser estructuras horizontales, sino verticales) sin que ello implique una actitud conducente a la anulaci&oacute;n o el impedimento para la expresi&oacute;n libre de ideas o de acciones.
    </p><p class="article-text">
        Fue un ejemplo como decana de la Facultad de Filolog&iacute;a porque &mdash;y en esto se apuntala a&uacute;n m&aacute;s su brillo&mdash; nunca desatendi&oacute; sus obligaciones acad&eacute;micas, &aacute;mbito en el que goz&oacute; de un incuestionable prestigio, sobre todo, por la parte que me toca en esta historia como alumno de licenciatura y de doctorado (asist&iacute; a sus cursos y, adem&aacute;s, me honr&oacute; con la presidencia de mi tribunal de tesis): imparti&oacute; docencia, investig&oacute;, public&oacute;, coordin&oacute; actividades desde su condici&oacute;n de especialista en literatura&hellip;, y lo hizo con plenitud, de un modo destacado y comprometido, sin esconderse, sin alimentarse del quehacer de otros para dar m&aacute;s realce a su curr&iacute;culo. Y en esto alumbro ese segundo significado que tiene la voz &ldquo;decano, na&rdquo;, el cual, aludiendo a la antig&uuml;edad de quien goza de este reconocimiento, apela al magisterio procedente de la veteran&iacute;a, entendida esta como esa experiencia provechosa que puede y debe compartirse; a ese batallar exitoso al frente de cometidos complejos que, resueltos, maravillan y reciben toda clase de agradecimientos por su contribuci&oacute;n a la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        A su manera, me ense&ntilde;&oacute; que lo eventual, lo que es as&iacute; por su naturaleza (por ejemplo: un cargo, una responsabilidad puntual&hellip;), no ha de ser permanente. Si ella hubiese querido, habr&iacute;a seguido en el decanato hasta su jubilaci&oacute;n (en 2010) o se habr&iacute;a unido, como tantos, a la comitiva de catedr&aacute;ticos en excedencia apoltronados en asientos electivos y viviendo a la sopa boba mientras se embrutecen y van perdiendo cuanto hizo de ellos personas de ciencia. Si ella hubiese querido&hellip;, repito; pero por fortuna no quiso. Yolanda era investigadora y docente, y muy buena (no descubro nada); y eso estaba por encima de su condici&oacute;n de gestora p&uacute;blica. Lo demostr&oacute;. Ah&iacute; est&aacute; su extraordinaria hoja de servicios universitarios y acad&eacute;micos, a la que acompa&ntilde;ar&aacute; siempre ese reconfortante, feliz, agradable sentimiento de gratitud y admiraci&oacute;n que le profesamos quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar y aprender mucho y muy bien de/con ella
    </p><p class="article-text">
        Concluyo este sucinto apunte sobre la que para m&iacute; ser&aacute;, hasta el fin de mis d&iacute;as, <em>la decana</em> con una de las muchas lecciones brillantes que recib&iacute; de ella: un d&iacute;a, en uno de nuestros encuentros en su despacho &mdash;supongo que en cuarto o quinto de carrera&mdash;, le traslad&eacute; mi inter&eacute;s por continuar mi licenciatura con los cursos de doctorado y le declar&eacute;, con esa infantil autosuficiencia del pollo que se cree gallo, que pensaba hacer una tesis, pero &laquo;no complicarme la vida en su quehacer&raquo;. Ella me mir&oacute; con la intensidad con la que sol&iacute;a hacerlo cuando ten&iacute;a absolutamente claro algo, mezclando afabilidad y seguridad al mismo tiempo; esboz&oacute; una sonrisa situada entre el desenfado y la socarroner&iacute;a; y me dijo: &laquo;Si no quiere complicarse la vida, no haga una tesis&raquo;. <em>Touch&eacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Aquella escena con la maestra Yolanda Arencibia Santana, con mi sempiterna decana, fue otra de las tantas epifan&iacute;as que me concedi&oacute; mi etapa universitaria y que a&uacute;n conservo. Sus palabras todav&iacute;a est&aacute;n presentes en mi d&iacute;a a d&iacute;a y las ofrezco a quien me informa de su deseo de buscar &ldquo;atajos&rdquo; para resolver lo que, por su espl&eacute;ndida y luminosa condici&oacute;n (enti&eacute;ndase: un t&iacute;tulo acad&eacute;mico, un libro, una relaci&oacute;n, etc.), exige esfuerzo, constancia, sacrificio&hellip; indesmayable entrega.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/decana-cuadrado-yolanda-arencibia-santana_132_12179248.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Mar 2025 13:06:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una decana al cuadrado: Yolanda Arencibia Santana]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inadvertido maltrato escolar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/inadvertido-maltrato-escolar_132_12148519.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No tengo cifras que dimensionen la magnitud del problema &mdash;porque de un problema he venido a hablarles, uno muy serio&mdash;. Carezco de guarismos acompa&ntilde;ados del correspondiente s&iacute;mbolo de porcentaje que informen con una as&eacute;ptica neutralidad de aquello que s&iacute; poseo: a&ntilde;os, experiencia, testimonios, contemplaciones. Hay que estar en la trinchera del d&iacute;a a d&iacute;a para poder afirmar lo que nadie del gremio, de un modo u otro, niega: que existe una suerte de maltrato escolar &mdash;llam&eacute;moslo as&iacute;&mdash; que es reiterado y dificil&iacute;simo de erradicar, que se produce invariablemente en el interior de cada centro educativo de secundaria a lo largo de todas las horas lectivas semanales y que de momento &mdash;atento a las directrices de esta exposici&oacute;n&mdash; circunscribir&eacute; a un colectivo concreto: el alumnado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; aspecto tiene esta mortificaci&oacute;n? El de un hartazgo de menudencias de diferentes grosores que suman y suman, que muchas veces son complicadas de relativizar y que ponen a prueba la paciencia de los afectados. El de un estufido &ldquo;otra vez lo de siempre&rdquo;, y un &ldquo;&iquest;por qu&eacute; no se queda en su casa?&rdquo;, y un &ldquo;ya estaba tardando en liarla&rdquo;, y un&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Todos los d&iacute;as, en el horizonte de los comienzos de jornadas escolares, estos perjudicados detectan las mismas nubes oscuras en forma de presentimientos que, con el transcurso de las evaluaciones y los cursos, dejan de ser tales para convertirse en certezas de viejo marinero: hoy habr&aacute; tormenta, hoy se encrespar&aacute; el mar de las aulas y las zonas comunes, hoy &mdash;como ayer, como anteayer, como&hellip;&mdash; deber&aacute;n actuar los &ldquo;antidisturbios&rdquo;; hoy, con el arte habitual o con novedosa inventiva, alguien a&ntilde;adir&aacute; otro enojoso corte en la cohesi&oacute;n convivencial que ha de existir entre el alumnado y el profesorado, y que producir&aacute; un sangrante desgarro en las razonables expectativas de tener un d&iacute;a acad&eacute;mico tranquilo, donde sea posible corregir tareas, tomar apuntes, intervenir en debates, escuchar exposiciones y argumentos, aportar sugerencias, planificar actividades alternativas, trabajar en grupo&hellip; y, ya puestos, disfrutar de instantes amenos, agradables, felices, durante las seis horas en las que est&aacute;n encerrados en los institutos. (Si pudiera elegir, la mayor&iacute;a optar&iacute;a por no venir al centro; pero dado que no se puede esquivar la obligaci&oacute;n, qu&eacute; menos que la imposici&oacute;n se desarrolle de la manera m&aacute;s desenfadada, &iquest;no te parece?). &ldquo;Hoy habr&aacute; una nueva cicatriz&rdquo;, afirman convencidos estos nautas minutos antes de que comience la primera clase del d&iacute;a y, con ella, se inaugure esa traves&iacute;a de previsibles borrascas en la que se convierte cada jornada escolar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiero dedicar este mensaje de solidaridad y, c&oacute;mo no, de gratitud por su actitud (sobre todo, por su admirable paciencia) a muchos discentes que asisten al ritual diario de los <em>hooligans</em>, aquellos coet&aacute;neos con los que comparten espacio y que &mdash;por arrogancia, malcriadez o vaya uno a saber qu&eacute;&mdash; gritan sin ton ni son en medio de una sesi&oacute;n lectiva, tiran las cosas al suelo, lanzan objetos de un extremo al otro, se levantan sin permiso, insultan a los que les llaman la atenci&oacute;n, amenazan, agreden, se sienten impunes, exteriorizan su desprecio hacia sus interlocutores de los modos m&aacute;s desagradables, manifiestan su irritaci&oacute;n por estar donde se encuentran con groser&iacute;a, etc..
    </p><p class="article-text">
        Los testigos de este espect&aacute;culo de los reprobables son chicas y chicos que no dicen nada; que, silentes, contemplan escenas cotidianas de mala educaci&oacute;n en las aulas, a veces con ojos curiosos, otras con ojos de inquietud, porque tras cada una detectan una herida en el docente, un atisbo de malestar que condicionar&aacute; lo que reste de clase ese d&iacute;a, por muy profesional que sea, por mucho oficio que tenga. Son chicos y chicas que, en no pocas ocasiones, acaban el perturbado tramo horario enfadados, aunque no lo expresen abiertamente; y que est&aacute;n convencidos de que un d&iacute;a alguien puede salirse del plato, y dos, incluso &mdash;en fin&hellip; &mdash; hasta tres; pero que no es normal que todos los d&iacute;as los mismos hagan lo mismo (destrozar el ambiente) y que, a pesar de que se intervenga en su reconducci&oacute;n (llegando a la sanci&oacute;n), ninguna medida adoptada parezca servir para minimizar esta desquiciante reiteraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Eso me cuentan en <em>petits comit&eacute;s </em>en los pasillos y los rellanos, en la cancha, en las aulas vac&iacute;as, en los talleres, en el sal&oacute;n de actos y la biblioteca, estos navegantes de la resignaci&oacute;n que, por culpa de los egoc&eacute;ntricos, pasan desapercibidos y que no desean otra cosa que realizar sus traves&iacute;as acad&eacute;micas surcando aguas pac&iacute;ficas para que del modo m&aacute;s diligente y distendido posible se llegue al puerto de destino, conocido entre la mariner&iacute;a como finalizaci&oacute;n de la &uacute;ltima hora de clase.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/inadvertido-maltrato-escolar_132_12148519.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Mar 2025 09:20:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Inadvertido maltrato escolar]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sánchez Robayna o la inevitabilidad como prueba de grandeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sanchez-robayna-inevitabilidad-prueba-grandeza_132_12135600.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfcd7ee2-7168-45d8-a238-ed5d28463572_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sánchez Robayna o la inevitabilidad como prueba de grandeza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">«Y ahora el silencio es más intenso; y habla una tranquila voz en lejanía: “Aleja de tu espíritu ese albergue que será para todos algún día… Y evádete, en la noche, entre las sombras, y sé una parte de la noche misma”» (Alonso Quesada)</p></div><p class="article-text">
        <strong>Literatura canaria, un planeta circumbinario</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue inevitable, imposible de soslayar, de sortear, de esquivar, de trazar un rumbo alternativo para no mentarle; y no porque anidara en mi voluntad el prop&oacute;sito de evitarle, negarle, vetarle (&iexcl;eso nunca, jam&aacute;s!), sino porque era prodigiosa la forma en la que no dejaba de estar presente en la escritura sin que hubiera una intenci&oacute;n para que as&iacute; fuera. De un modo u otro, mientras me sumerg&iacute;a en la composici&oacute;n de un ensayo autobiogr&aacute;fico y testifical acerca de la poes&iacute;a de la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX en un &aacute;mbito tan reducido como el de la Facultad de Filolog&iacute;a de la ULPGC, mientras se evidenciaba la cortedad de mi experiencia y la largueza de mis admiraciones, detectaba c&oacute;mo la ra&iacute;z del asunto que me entreten&iacute;a, conforme ganaba en profundidad, lo hac&iacute;a en ramificaciones; y todo gracias a un extraordinario nutriente que expand&iacute;a mi percepci&oacute;n del fen&oacute;meno sobre el que, con humildad, trataba de dar cuenta: al apelar al alimento intelectual y po&eacute;tico de un grande como Eugenio Padorno Navarro surg&iacute;a, en no pocas ocasiones, la majestuosa presencia de otro tan grande como &eacute;l, Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los dos, de una manera inevitable &mdash;la grandeza llama a la grandeza&mdash;, en el &uacute;ltimo tercio de la centuria pasada, se encontraron en una suerte de camino estelar de la literatura que muy pocos en Canarias han sido capaces de recorrer. Y digo bien: camino estelar, camino de elegidos, de convocados para fundirse en la universalidad de las letras hisp&aacute;nicas intemporales; nada que ver con esos otros variados caminos, m&aacute;s o menos firmes, m&aacute;s o menos aceptables, m&aacute;s o menos imprescindibles, que forman parte del paisaje de nuestras escrituras creativas y de pensamiento, y que son transitables y memorables, pero que no alcanzan a ser estelares por vaya uno a saber qu&eacute; razones. Andurriales, veredas, atajos&hellip; no tienen cabida en esta met&aacute;fora sobre la excelsitud de los dos mentados nombres propios y el prestigio de los muchos y dispares caminantes, cuyas nominaciones est&aacute;n de m&aacute;s en este momento porque se hallan en el entendimiento de cuantos aprecian la expresi&oacute;n verbal m&aacute;s cercana a las pulsiones intelectuales y est&eacute;ticas que nos identifican como habitantes de este hogar atl&aacute;ntico que nos acoge.
    </p><p class="article-text">
        Los dos, de un modo inevitable tambi&eacute;n &mdash;la fortuna en ocasiones no es azarosa&mdash;, asumieron la magistral misi&oacute;n para la que fueron escogidos por esa arbitraria dama llamada Vida: la docencia, la academia, la poes&iacute;a; o sea, la ense&ntilde;anza en torno a c&oacute;mo son los caminos y c&oacute;mo se puede llegar a ser caminante, la investigaci&oacute;n acerca de los caminos y de los caminantes, la construcci&oacute;n de los caminos caminando. De ah&iacute; que los dos representen, en este acercamiento que realizo a la figura de Andr&eacute;s desde su v&iacute;nculo con la de Eugenio, las estrellas de este planeta circumbinario en el que se ha convertido la literatura canaria que hoy, con la marcha de S&aacute;nchez Robayna, contemplo.
    </p><p class="article-text">
        Los vi juntos &mdash;en el transcurso de mi escritura&mdash;, cuando el maestro Padorno decidi&oacute; retomar la colecci&oacute;n Mafasca (1964-1968), que renombr&oacute; como Mafasca para bibli&oacute;filos, denominaci&oacute;n que evocaba la Colecci&oacute;n para treinta bibli&oacute;filos que dirigi&oacute; Juan Manuel Trujillo Torres entre 1943 y 1945; una serie con la que, por decirlo de alg&uacute;n modo, se consolid&oacute; dentro del &aacute;mbito literario la noci&oacute;n de &ldquo;plaquette&rdquo; &mdash;folleto po&eacute;tico&mdash;, fundamental concepto (no es el lugar ni el momento de exponer el porqu&eacute; de esta sustancial condici&oacute;n) para entender la producci&oacute;n l&iacute;rica canaria de la segunda mitad del siglo XX &mdash;en buena medida, gracias a los hermanos Padorno Navarro&mdash;. En los diez a&ntilde;os de duraci&oacute;n de la segunda Mafasca (1975-1985), S&aacute;nchez Robayna intervino varias veces: inaugur&oacute; la serie con Fragmentos nocturnos; public&oacute;, como octavo volumen, Tinta (1978); y aport&oacute; textos propios en dos t&iacute;tulos: la edici&oacute;n de Eugenio de Pictograf&iacute;as para un cuerpo: Domingo Rivero (1977) y Negro sobre blanco (1980), de Jos&eacute; Luis Gallardo. Esta &uacute;ltima obra apareci&oacute; por las mismas fechas que el suplemento cultural Jornada Literaria, que coordin&oacute; el estelar poeta hasta 1982, aproximadamente, y que cont&oacute; con la participaci&oacute;n activa, entre otros, de dos importantes firmas de nuestras letras: Miguel Martin&oacute;n y Nilo Palenzuela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las ra&iacute;ces se vuelven m&aacute;s profundas y ramificadas: un Miguel Martin&oacute;n, el nombrado, que estuvo muy presente en el desarrollo de una de las revistas de literatura, arte y cr&iacute;tica m&aacute;s emblem&aacute;ticas del hispanismo de finales del siglo XX, Syntaxis, fundada y dirigida durante los treinta y un n&uacute;meros que dur&oacute; por S&aacute;nchez Robayna. Lleg&oacute; a ser el secretario de la publicaci&oacute;n y el responsable, entre otras aportaciones, de esa significativa y relevante y griega que contiene el t&iacute;tulo, como recojo en mi breve y heterodoxo ensayo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sigo por la senda del v&iacute;nculo Eugenio-Andr&eacute;s a partir de Mafasca para bibli&oacute;filos. La gratificante experiencia debi&oacute; empujarles a poner en marcha juntos otra colecci&oacute;n: Tierra del poeta, gracias en esta ocasi&oacute;n al apoyo de Ediciones La Palma. La iniciativa se concret&oacute; en doce plaquettes: la primera, de Octavio Paz (Reflejos: r&eacute;plicas, 1996); la &uacute;ltima, de 2000, la antolog&iacute;a De camino a casa, de Oswaldo Guerra S&aacute;nchez, uno de los autores canarios de referencia del siglo XXI, uno de esos disc&iacute;pulos aventajados de Eugenio, uno de esos que sabe c&oacute;mo acceder al camino estelar, como lo fue para Andr&eacute;s el poeta Rafael-Jos&eacute; D&iacute;az, quien firm&oacute; en esta colect&aacute;nea el und&eacute;cimo tomo, Llamada en la primera nieve (2000).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo hablaron para hacer realidad esta empresa editorial? &iquest;Quiz&aacute;s cuando ejercieron funciones de jurado (junto con Jos&eacute; Hierro y Francisco Brines) en el Premio &ldquo;Ciudad de Santa Cruz de La Palma&rdquo;, que en 1995 premi&oacute; Fauna para el olvido, de Alicia Llarena, poemario que publicar&iacute;a Ediciones La Palma dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde? Insisto: la grandeza llama a la grandeza, y de ah&iacute; no me bajo.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, las ra&iacute;ces se vuelven m&aacute;s profundas y ramificadas: un Octavio Paz, el nombrado, con el que arranc&oacute; esta Tierra del poeta, que regresaba as&iacute; al orbe de S&aacute;nchez Robayna, pues ya estuvo presente en una iniciativa literaria que promovi&oacute; el sataute&ntilde;o en sus a&ntilde;os universitarios por Barcelona: una revista que dirigi&oacute; hacia 1976 y que se titulaba Literradura, un cuaderno &laquo;muy de neovanguardia&raquo; &mdash;como le dijo en una intervi&uacute; a otro disc&iacute;pulo suyo, el magn&iacute;fico poeta Alejandro Krawietz&mdash;. En la mentada publicaci&oacute;n tambi&eacute;n participaban Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o y Eduardo Pinto, si nos atenemos a lo que Alfonso O&rsquo;Shanahan nos se&ntilde;alaba en un art&iacute;culo que sac&oacute; en La Provincia en junio de ese indicado 1976. En este texto, informa del surgimiento de una incipiente generaci&oacute;n de escritores (en la que entraban los citados Cata&ntilde;o y Pinto, m&aacute;s Andr&eacute;s Doreste Zamora, Jos&eacute; Miguel Junco Ezquerra, Agust&iacute;n Millares Cantero, etc.) y se ve en la obligaci&oacute;n de dejar al margen del colectivo a S&aacute;nchez Robayna: &laquo;Se despega en madurez po&eacute;tica de todos los dem&aacute;s, acaso por su m&aacute;s temprana dedicaci&oacute;n [&hellip;]&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        De nuevo, las ra&iacute;ces se vuelven m&aacute;s profundas y ramificadas: un Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o, el nombrado, que en 1998, entrevistado por Mariano de Santa Ana para La Provincia (edici&oacute;n del 12 de marzo), reconoci&oacute; la influencia que Eugenio hab&iacute;a ejercido en &eacute;l y en Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La grandeza literaria es pareja al magisterio por la v&iacute;a de la imitaci&oacute;n, la del influjo, la del asesoramiento, la de la admiraci&oacute;n. En el caso de Andr&eacute;s &mdash;como expuse en mi ensayo trazando las analog&iacute;as existentes entre &eacute;l y Eugenio&mdash;, gran parte de esta grandeza se vertebr&oacute; en una escuela l&iacute;rica que, durante la etapa de la que me ocupo en mi op&uacute;sculo, se denominaba Paradiso y estaba vinculada con la Universidad de La Laguna. Con la prudencia del sabio, estuvo para generar los est&iacute;mulos, asesor&oacute;, ayud&oacute;, dej&oacute; hacer, encauz&oacute; el estro, favoreci&oacute; que las nuevas voces tuvieran un respaldo editorial y p&uacute;blico que era necesario para que fluyeran y demostraran su val&iacute;a. Entre 1993 y 1995, se sit&uacute;an los doce n&uacute;meros de Paradiso, pliego de literatura, revista dirigida por Rafael-Jos&eacute; D&iacute;az, acompa&ntilde;ado, entre otros, por autores como Alejandro Krawietz, Francisco Le&oacute;n, Goretti Ram&iacute;rez Castro y V&iacute;ctor Ru&iacute;z; quienes en 1994, junto con Melchor L&oacute;pez y Francisco-Javier Hern&aacute;ndez, y dentro del entorno de la revista Syntaxis, fueron seleccionados por S&aacute;nchez Robayna para conformar la excelente antolog&iacute;a Paradiso, que prolog&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La muerte es la visi&oacute;n de una pir&aacute;mide infinita y lejana sobre la palma de una mano m&aacute;s infinita a&uacute;n&hellip;&raquo; (Alonso Quesada).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un 25 para marcharse: A+A (Alonso y Andr&eacute;s)</strong>
    </p><p class="article-text">
        La grandeza llama a la grandeza, he dicho y repetido; y los acontecimientos parecen confirmarlo, aunque sea de manera tan triste: este a&ntilde;o, dedicado a Alonso Quesada por el primer centenario de su fallecimiento (4 de noviembre de 1925), es el a&ntilde;o en el que se nos va uno de sus m&aacute;s destacados estudiosos, pues Andr&eacute;s lo era y de los mejores, sin duda. Ah&iacute; est&aacute; su producci&oacute;n acad&eacute;mica para avalar cuanto afirmo. En 1978, en la Universidad de Barcelona y bajo la supervisi&oacute;n del insigne Jos&eacute; Manuel Blecua, defendi&oacute; su tesis doctoral: La poes&iacute;a de Alonso Quesada. Y como buen maestro que siempre fue, sembr&oacute; buena simiente: en junio de 1992, en la Universidad de La Laguna, firm&oacute; la direcci&oacute;n de otro proyecto de doctorado similar relacionado con el poeta que homenajeamos este a&ntilde;o y que prepar&oacute; uno de los m&aacute;s celebrados novelistas canarios que hay en la actualidad. El t&iacute;tulo del trabajo: Alonso Quesada: hacia una interpretaci&oacute;n documental de &lsquo;El lino de los sue&ntilde;os&rsquo;; su autor: Jos&eacute; Luis Correa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Lo reclam&oacute; Alonso &mdash;redivivo desde hace apenas tres semanas gracias al D&iacute;a de las Letras Canarias&mdash; para agradecerle lo mucho y muy bueno que hizo el sabio para que su quehacer l&iacute;rico se mantuviera vigente? &iquest;Pidi&oacute; tener cerca al profesor para expresarle en persona su gratitud por esa magn&iacute;fica antolog&iacute;a sobre su obra po&eacute;tica que acaba de editar y publicar como n.&ordm; 1257 de la prestigiosa Colecci&oacute;n Visor de Poes&iacute;a, una indispensable referencia bibliogr&aacute;fica que nadie imagin&oacute; que iba a convertirse en una suerte de extraordinario colof&oacute;n a una admirable vida de escrituras?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Quienes habitamos entre libros y, principalmente, entre los dedicados a la literatura y el arte, con independencia de su naturaleza, lo sabemos, pero conviene no silenciar esta verdad notoria cuando sea posible volver sobre ella: un grande como Andr&eacute;s jam&aacute;s se va. Su legado se queda. Nosotros pasaremos, nos desembocaremos en el mar, desapareceremos; pero &eacute;l no, porque su palabra seguir&aacute; vibrando en nuestras conciencias literarias, seguir&aacute; ahondando y ser&aacute;, como nunca ha dejado de ser, una inevitable y necesaria ra&iacute;z profunda y ramificada.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Al fin reson&oacute; tu voz lejos de ti, como un humo de voz sagrada: &ldquo;Estoy contenta de estar sin una herida en el alma, como el mar y como el prado de los cielos, libre y amplia&rdquo;&raquo; (Alonso Quesada).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sanchez-robayna-inevitabilidad-prueba-grandeza_132_12135600.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Mar 2025 13:06:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sánchez Robayna o la inevitabilidad como prueba de grandeza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una década eugénica 1: perfilados iniciales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/decada-eugenica-1-perfilados-iniciales_132_12115350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/152f6666-e6c5-4c6c-b0f9-fa7cb09a0f48_16-9-discover-aspect-ratio_default_1113134.jpg" width="1181" height="664" alt="Una década eugénica 1: perfilados iniciales"></p><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n, como todas las que mantengo con &eacute;l, fue grata. Enriquecedora. Mucho. Aquella&nbsp; tarde del 7 de marzo de no s&eacute; ahora bien qu&eacute; a&ntilde;o (&iquest;2023, quiz&aacute;s?), hablamos por tel&eacute;fono de no pocos temas: de educaci&oacute;n superior (su &aacute;mbito) y de educaci&oacute;n secundaria (el m&iacute;o); de cuestiones familiares que el azar quiso que nos emparejaran; de la meteorolog&iacute;a de este continente en miniatura que disocia los calores capitalinos de los sure&ntilde;os; de&hellip; En fin, de tanto; y, sobre&nbsp; todo, de literatura, por supuesto, aquello que amamos y que nos ama. Aunque surgieron bastantes&nbsp; nombres, t&iacute;tulos y acontecimientos, me quedo con un tiempo, un espacio y una luminosa voz que&nbsp;supo habitarnos y que acab&oacute; envolviendo por completo la conversada: &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo&nbsp; XX, Facultad de Filolog&iacute;a de la ULPGC, Eugenio Padorno Navarro.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Habla un testigo. No me cabe otro rol. Yo no protagonic&eacute; nada memorable en ese tramo&nbsp; cronol&oacute;gico (tampoco en ning&uacute;n otro intervalo de mi existencia anterior y posterior al periodo que nos convoca, dig&aacute;moslo ya). Poseo la perspectiva que me conceden los afectos y las&nbsp; admiraciones que contraje con muchos a los que vi, conoc&iacute;, con los que trat&eacute;, de los que aprend&iacute;; y tengo la tranquilidad que me otorga el saber que nada de lo observado se ha depositado en mi memoria con acritud ni destemplanza. Estuve cerca, pero no dentro; contempl&eacute;, pero no hice; &iquest;quise?, quiz&aacute;s, pero no pude o no supe&hellip; Sea como fuere, entre mi acceso a la citada facultad&nbsp; (septiembre, 1991) y la defensa de mi tesina (enero, 2000) pude asistir a una extraordinaria eclosi&oacute;n literaria en la capital grancanaria que, tras la feliz charla telef&oacute;nica, siento la necesidad de recoger, aunque sea consciente de que la versi&oacute;n de lo sucedido que ofrezca ser&aacute; incompleta, sesgada y desmayada: por una parte, porque me faltan muchos datos por incorporar, porque los&nbsp; desconozco o porque he decidido no dar cuenta de ellos por la raz&oacute;n que sea; por la otra, porque&nbsp; me ce&ntilde;ir&eacute; principalmente a un &aacute;mbito espec&iacute;fico: el que representaron la Facultad de Filolog&iacute;a de la ULPGC y, en menor medida, el Centro Insular de Cultura; y en lo de la flojedad, qu&eacute; decir&hellip; Resignaci&oacute;n, no queda otra.
    </p><p class="article-text">
        Por encima del motivo que sea, una convicci&oacute;n: otros &mdash;m&aacute;s capacitados, mejor formados, con&nbsp; m&aacute;s energ&iacute;a y predisposici&oacute;n que yo&mdash; deben ser los que acometan el estudio serio, riguroso,&nbsp; cient&iacute;fico de un fen&oacute;meno literario sumamente interesante como el que esbozar&eacute;, tanto por lo&nbsp; est&eacute;tico, ideol&oacute;gico y cultural como por lo sociol&oacute;gico y, si me apuras, hasta incluso lo&nbsp; antropol&oacute;gico. Te hablo de un instante cronol&oacute;gico que se vio condicionado por el espacio y por una fascinante constelaci&oacute;n de nombres propios que caminaron hacia el final de una centuria y,&nbsp; a la vez, de un milenio, y que no pudieron evitar, como siempre ocurre con los humanos &mdash;es&nbsp; posible que por ser los inventores del tiempo&mdash;, el sentirse trastocados ni que su &aacute;nimo fluctuara entre la sublimidad del surfista que ha superado una ola de dimensiones colosales y la apat&iacute;a y/o&nbsp; depresi&oacute;n de quien concluye que la trascendencia del momento no ser&aacute; tal porque, tras el cambio, nada ser&aacute; diferente (en esto, larga es la sombra del gatopardismo). Espero que, antes de dos o tres siglos, alguien pueda sacar alg&uacute;n provecho acad&eacute;mico a estos apuntes. Confieso que deseaba anotar &laquo;estoy convencido&raquo; en vez de &laquo;espero&raquo;, pero he preferido ser prudente: por una parte, porque no soy capaz de sostener la calidad de lo que ofrecen estas p&aacute;ginas; por la otra, porque no&nbsp; es descartable la probabilidad de que para entonces el calificativo de &ldquo;acad&eacute;mico&rdquo; se aplique a&nbsp; realidades ajenas al estudio y la educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el tramo que me muestran dos extremos segmentales muy espec&iacute;ficos (a la siniestra, la voz de los poetas que conformaron lo que se vino a denominar, en 1992, Manifiesto po&eacute;tico &uacute;ltimo; a la diestra, la publicaci&oacute;n, en 1998, de &Uacute;ltima generaci&oacute;n del milenio), tratar&eacute; de ordenar&nbsp; lo que para m&iacute; ahora se visualiza disperso y lejano. Mucho. &iquest;Demasiado? S&iacute;, demasiado. Solo fuera del sistema solar y a considerable distancia es posible ver con la necesaria proyecci&oacute;n el&nbsp; movimiento planetario alrededor de la estrella, calibrar la velocidad de los astros cuando son visibles y constatar, sobre todo, los vac&iacute;os, la inmensidad del silencio y de la insondable nada.&nbsp; &iquest;Alcanzar&aacute; mi quehacer a colocar adecuadamente los hechos de hace tres d&eacute;cadas que ahora&nbsp; yacen sueltos y ca&oacute;ticos en la habitaci&oacute;n de mis recuerdos? Lo m&aacute;s seguro es que no. El adverbio&nbsp; me queda grande. Aun as&iacute;, deposito en estos apuntes &mdash;que han de servir para entenderme&mdash; el&nbsp; alivio de las inquietudes que ocasionan los desniveles de mi memoria, que he procurado&nbsp; equilibrar de alguna manera en esta empresa gracias a las consultas realizadas en un pu&ntilde;ado de&nbsp; fuentes documentales; a la perspectiva &mdash;la dichosa perspectiva, la feliz perspectiva&mdash; que da el&nbsp; contemplar el pasado con los ojos de la vejez y observar cu&aacute;n relativo es todo y c&oacute;mo el tiempo&nbsp; &mdash;permanente apisonadora&mdash;, de un modo u otro, acaba allanando el camino de las confluencias,&nbsp; &laquo;que va a dar en la mar&raquo; siempre. [&hellip;]&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>591 p&aacute;ginas despu&eacute;s: &ldquo;Es la hora. Voy terminando (2024)&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Habla el maestro en su <em>Cuaderno de esbozos y apuntes po&eacute;ticos</em> del destemplado palinuro atl&aacute;ntico (2005): &laquo;La f&oacute;rmula con que se nos conminaba cuando el tiempo de entregar el examen estaba ya pr&oacute;ximo a cumplir: &ldquo;Vayan terminando&rdquo;; y escuchado el aviso, &iquest;qu&eacute; se pod&iacute;a en adelante anotar con sosiego? Materializar tal vez la frase con la que remat&aacute;ramos un juicio; impensable otra cosa, aunque no renunci&aacute;ramos a reunir, en un intento de prodigiosa s&iacute;ntesis, palabras que aludieran, al menos, a cuanto por extenso &mdash;y en pormenor&mdash; hab&iacute;a quedado sin&nbsp; decir. A veces, cuando estoy escribiendo &mdash;un quehacer que, en sentido esencial, no deja de&nbsp; saberse apremiado por lo finito de nuestra condici&oacute;n&mdash;, imagino escuchar una voz que, en un casi&nbsp; inaudible murmullo, me espeta por encima del hombro: &ldquo;Va a ser la hora; ve terminando&rdquo;&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Concluye el disc&iacute;pulo: me he quedado corto. Lo s&eacute;. Hubo m&aacute;s. Tuvo que haberlo. Lo intuyo&nbsp; porque, a poco que escarbe en los archivos de prensa, y en los cat&aacute;logos bibliogr&aacute;ficos, y en&nbsp; internet, y en los libros sujetos a curiosas a&ntilde;oranzas, los datos vuelven a la vida, pujan por salir, por ofrecerse. Nos gritan: &laquo;F&iacute;jate en esto y vinc&uacute;lalo con esto otro&hellip; &iexcl;Todo est&aacute; comunicado!&raquo;;&nbsp; nos impelen a continuar, nos afean las omisiones, nos azuzan con las imprecisiones&hellip; No s&eacute; si&nbsp; regresar&eacute;. Es un sinvivir el afloramiento constante de informaci&oacute;n rediviva en estas jornadas de&nbsp; escritura. Qu&eacute; agitaci&oacute;n. Qu&eacute; borboteo tan absorbente y todo para que nos haya salido una&nbsp; gacetilla, poco m&aacute;s. &iquest;Que si me har&eacute; con otro billete para volver antes de que la nube negra&nbsp; desvirt&uacute;e por completo los recuerdos y las br&uacute;julas y sextantes muestren el camino a ninguna&nbsp; parte? Lo m&aacute;s seguro es que no. Creo sinceramente &mdash;repito&mdash; que alguien ha de tomar el testigo&nbsp; de lo poco que he podido anotar para componer ese trabajo serio, acad&eacute;mico, cient&iacute;fico, justo,&nbsp; importante, relevante, etc., que hace falta; y que ese alguien no puedo ser yo. No soy capaz de&nbsp; realizar nada en condiciones, solo me gu&iacute;o por mis intuiciones. Por eso, comparto con&nbsp; quienquiera que asuma la noble empresa sugerida mi conjetura, que he intentado elevar a la&nbsp; categor&iacute;a de tesis en estos vol&aacute;tiles apuntes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; lo que sostengo: &laquo;Entre la llegada de Eugenio Padorno Navarro como alumno de la&nbsp;Universidad de La Laguna y la llegada de Eugenio Padorno Navarro como docente de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en esos veintiocho a&ntilde;os de diferencia, gracias a su trascendental intervenci&oacute;n, se ciment&oacute; una admirada y admirable manera de hacer y entender la&nbsp; poes&iacute;a en lengua castellana que, con el tiempo, evolucion&oacute; hasta adquirir las formas de una&nbsp; entidad filos&oacute;fica que contribuy&oacute; al entendimiento de lo que es y representa la canariedad; y que condicion&oacute; la l&iacute;rica y el pensamiento cultural que se desarroll&oacute; a lo largo de la d&eacute;cada de los noventa del siglo XX para luego sentar las bases para que fuera posible durante este primer cuarto&nbsp; del siglo XXI esa literatura de nuestra tierra que hoy no dudamos en afirmar no solo su m&aacute;s que&nbsp;demostrable existencia, sino su destacada posici&oacute;n dentro del ampl&iacute;simo y complejo universo de&nbsp; las letras hisp&aacute;nicas&raquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto creo. Esto defiendo. Esto comparto, convencido de su verdad. Esto muestro esperanzado y expectante&hellip; Forse altro canter&agrave; con miglior plectro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FUENTE. Primer y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de Poes&iacute;a universitaria palmense, 1992-1998. (Retazos testificales autobiogr&aacute;ficos), un ensayo publicado en Mercurio Editorial en enero de 2025.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/decada-eugenica-1-perfilados-iniciales_132_12115350.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Mar 2025 11:54:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una década eugénica 1: perfilados iniciales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A mi don Juan Manuel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/don-juan-manuel_132_12095781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Para m&iacute;, la figura de Juan Manuel Betancor Le&oacute;n estar&aacute; siempre ligada al IES Casas Nuevas: fue director de ese centro en mi periodo de pr&aacute;cticas docentes (1996/1997), en aquel experimento tan desconcertante como est&eacute;ril del Curso de Cualificaci&oacute;n Pedag&oacute;gica, y all&iacute; tambi&eacute;n fue compa&ntilde;ero de claustro durante mis dos primeros a&ntilde;os como funcionario (2002/2003 y 2003/2004).
    </p><p class="article-text">
        De lo mucho, much&iacute;simo, que departimos en esa etapa iniciadora de mi trayectoria como profesor de secundaria &mdash;m&aacute;xime, porque nuestras veletas ideol&oacute;gicas sol&iacute;an moverse hacia la misma orientaci&oacute;n ante determinados impulsos ventosos de naturaleza sociopol&iacute;tica&mdash;, me quedo con una conversaci&oacute;n que mantuvimos al poco de yo aterrizar en el instituto teldense. A&uacute;n recuerdo el aula: en la planta de la entrada principal, &uacute;ltima a la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        En honor a la verdad, ese instante no puede definirse como una charla, sino como una iluminante exposici&oacute;n an&aacute;loga a la de cualquier maestro frente a su disc&iacute;pulo. Sus palabras de entonces fueron una revelaci&oacute;n. Siempre lo he reconocido; y aunque no las haya verbalizado salvo en contadas ocasiones, he procurado que no dejaran de estar presentes en mi quehacer como docente en los &uacute;ltimos cuatro lustros. Llegaron en el momento justo y de tal manera que lograron un alojamiento permanente en mi concepci&oacute;n del tramo profesional que estaba comenzando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo era nuevo en todo aquello. Muy nuevo. No solo porque ven&iacute;a de un ambiente acad&eacute;mico diferente (universidad) y ejerciendo unas funciones distintas (becario de investigaci&oacute;n), sino porque nunca hab&iacute;a dado clases. Nunca. Yo desconoc&iacute;a lo que era dar clases particulares y jam&aacute;s me hab&iacute;a enfrentado al reto de ense&ntilde;ar a varios grupos escolares variados, a la vez y durante un extenso periodo. Mis desempe&ntilde;os pedag&oacute;gicos se hab&iacute;an circunscrito hasta ese momento a las poquitas horas que di en las nombradas pr&aacute;cticas, a unas pocas e insignificantes de Inform&aacute;tica en un colegio privado de Telde y a las abundantes dedicadas a charlas cervantinas &mdash;en plan <em>veni, vidi, vici</em>&mdash; que me entreten&iacute;an desde mis a&ntilde;os de licenciatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la situaci&oacute;n ahora no era igual. La estabilidad laboral, que daba tranquilidad y facilitaba el abordaje de un proyecto de vida m&aacute;s o menos digno, se constru&iacute;a sobre una ocupaci&oacute;n que &mdash;mal llevada, peor asumida&mdash; puede suponer un largo martirio. A lo largo de dos d&eacute;cadas, he conocido muchos casos de docentes arrepentidos que, al no poder abandonar su trabajo por circunstancias personales, arrastran en su cotidianeidad una sensaci&oacute;n de estar condenados que se traduce en una merma de su bienestar y, a la vez, de la exigible diligencia y eficacia profesional que han de mostrar como servidores p&uacute;blicos que son.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Juanma me habl&oacute; de salud mental. S&iacute;. Ya entonces me habl&oacute; del estr&eacute;s y de la gesti&oacute;n del tiempo propio; de la necesidad de tener aficiones que reconfortaran mis horas de vigilia fuera del centro; de la importancia de separar lo que se hace en el instituto de lo que se hace en nuestra vida privada, que ambos mundos han de estar aislados siempre que se pueda; y que hemos de evitar que las tareas que se llevan a casa (corregir, preparar clases, etc.) se nos descontrolen, pues el hartazgo conduce a la desmotivaci&oacute;n y esta rompe la frescura y la creatividad necesarias en toda actividad did&aacute;ctica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Abord&oacute; la &ldquo;libertad de c&aacute;tedra&rdquo;. Las programaciones est&aacute;n y es bueno que est&eacute;n; gu&iacute;an, orientan, pero el d&iacute;a a d&iacute;a escolar es diferente a como sus p&aacute;ginas pretenden que sea. Incidi&oacute; mucho en esto, en la libertad: act&uacute;a como entiendas que debes hacerlo y siempre pensando en el beneficio del alumnado; y no dudes en pedir auxilio ante dificultades que te superen. Aunque en el aula seamos la autoridad y, con la puerta cerrada, lo que hagamos vaya a misa, no estamos solos. El consejo de quienes tienen m&aacute;s experiencia es provechoso. Enriquece los enfoques del asunto en cuesti&oacute;n y favorece la concepci&oacute;n de la soluci&oacute;n m&aacute;s adecuada.
    </p><p class="article-text">
        Ahond&oacute; en la equidad, una voz que para m&iacute; entonces, con mi paup&eacute;rrima experiencia, me resultaba un tanto extra&ntilde;a dentro del marco educativo y que ahora, dos d&eacute;cadas despu&eacute;s, considero clave porque implica la atenci&oacute;n individualizada al discente y, en consecuencia, el trazado de un camino hecho a medida que le facilite su desarrollo acad&eacute;mico y, con ello, personal. Mucho debi&oacute; gustarme el t&eacute;rmino, pues toda mi trayectoria profesional se ha edificado pr&aacute;cticamente con j&oacute;venes a los que, como buenamente he podido, he procurado ayudar para que pudieran o supieran recorrer esa v&iacute;a particular &mdash;equitativa&mdash; que les corresponde.
    </p><p class="article-text">
        Me traslad&oacute; cu&aacute;l era el placer de la docencia, ese sembrar y saber que algo comestible (en consecuencia, bueno) se cosechar&aacute;, aunque no sea el fruto esperado. Y me advirti&oacute; del mayor lastre que envuelve al sistema educativo: los n&uacute;meros. No los de las asignaturas de ciencias (&eacute;l daba Historia; yo, Lenguas y Literatura castellanas), sino los de las fachadas, los que sirven para que se enfrenten entre s&iacute; los pol&iacute;ticos, los que salen en prensa; o sea, los de la administraci&oacute;n. En otras palabras: aquellos que, de un modo u otro, reemplazan nombres y situaciones singulares por simples guarismos verdes y rojos. Nunca olvidar&eacute; su aviso: nadie te preguntar&aacute; si los aprobados est&aacute;n bien aprobados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Juanma que recoge este humilde texto abarca unos veinte meses entre los tres a&ntilde;os escolares que viv&iacute; bajo el techo del IES Casas Nuevas; veinte meses y un pu&ntilde;ado de horas m&aacute;s que compartimos con otros entra&ntilde;ables compa&ntilde;eros, en convocatorias gastron&oacute;micas puntuales, cuando ya andaba yo dando vueltas por el IES Antonio Cabrera P&eacute;rez y, m&aacute;s tarde, por el Francisco Hern&aacute;ndez Monz&oacute;n de La Paterna. Poco tiempo, s&iacute;, y muy concentrado, tambi&eacute;n; pero suficiente para fijar una huella en mi camino que a&uacute;n sigo visualizando y que, <em>grosso modo</em>, porque el espacio as&iacute; lo exige, he apuntado.
    </p><p class="article-text">
        En una ocasi&oacute;n, tras una sesi&oacute;n de clase en primero de bachillerato (2003/2004), al hilo de ciertos t&iacute;tulos medievales abordados con el alumnado, sali&oacute; en la conversada el c&eacute;lebre <em>Conde Lucanor</em> de Don Juan Manuel. Entre bromas y veras con su nombre y con el sentido did&aacute;ctico de la obra, recuerdo que le dije que, por analog&iacute;a con su manera de ser, estaba m&aacute;s pr&oacute;ximo a Patronio que a su amo &mdash;el receptor de las consejas de su criado&mdash;; lo que supon&iacute;a estar m&aacute;s cercano al autor de los cuentos moralizantes que a los lectores. Le record&eacute; en ese momento el encuentro que hab&iacute;amos tenido el curso anterior unas semanas despu&eacute;s de mi llegada al instituto. De ah&iacute; surgi&oacute; el que, durante un tiempo, con desenfadada complicidad, yo me dirigiera a &eacute;l como Don Juan Manuel.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/don-juan-manuel_132_12095781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Mar 2025 15:43:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A mi don Juan Manuel]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lectoescritura en FP]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lectoescritura-fp_132_12088918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El consenso es &mdash;preocupantemente&mdash; casi un&aacute;nime: pobres son, en general, las habilidades ling&uuml;&iacute;sticas del alumnado que obtiene el t&iacute;tulo de ESO. Puedo ser m&aacute;s contundente con el adjetivo, pero estoy comenzando el art&iacute;culo: dej&eacute;moslo como est&aacute; y, en aras de la suavidad, reconozcamos las excepciones, que las hay; por supuesto que las hay. En educaci&oacute;n, al igual que en tantos &aacute;mbitos de la vida, los guarismos no se ubican nunca en los extremos &mdash;todo tiene matices, nada es blanco o negro absoluto&mdash;, lo que no impide la detecci&oacute;n de tendencias que ofrezcan en el eje crom&aacute;tico una mayor proximidad hacia las zonas oscuras &mdash;como ocurre con el tema que ahora nos ocupa&mdash; y, con ello, una lejan&iacute;a de las claras, que en esta imagen representar&iacute;a el estado &oacute;ptimo de la cuesti&oacute;n. Sit&uacute;o el asunto en el espacio sombr&iacute;o donde tengo la impresi&oacute;n de que se halla, gracias a mi experiencia, porque l&oacute;brego para m&iacute; se muestra el panorama: a grandes rasgos, los graduados escriben, leen, hablan y escuchan con desazonadoras deficiencias; o, si se prefiere, para entibiar el impacto de la afirmaci&oacute;n, sin el grado de precisi&oacute;n aconsejable que deber&iacute;an tener como receptores del mentado t&iacute;tulo acad&eacute;mico. La &ldquo;mancha&rdquo;, que circunscribo en este apunte a las capacidades lectoescritoras, como si de un derrame petrol&iacute;fero en el mar de las comunicaciones verbales se tratara, se extiende a bachillerato, donde la situaci&oacute;n no parece mejorar de un modo significativo; y alcanza las costas universitarias, adentr&aacute;ndose en ocasiones en lugares que se consideraban libres de la contaminaci&oacute;n (hay cada TFG que&hellip;, y cada tesis que&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        Apena el paisaje. La inversi&oacute;n de tiempo, energ&iacute;a, dineros, etc., para poner en marcha y desarrollar cuanto tiene que ver con nuestro sistema educativo desde la etapa de infantil, debido a numerosos factores &mdash;silencio culpables humanos y circunstanciales, no procede su abordaje ahora&mdash;, no se ha traducido en que un porcentaje muy elevado de discentes, sean de la condici&oacute;n que sean, hagan un uso lectoescritor del idioma adecuado y, en consecuencia, efectivo. &iquest;Hacen falta m&aacute;s horas escolares dedicadas exclusivamente a estas habilidades? S&iacute;. M&aacute;s y mejores horas: por cada una de contenidos espec&iacute;ficos de materias, tres o m&aacute;s de lectura y escritura. Hay que leer, leer, leer mucho, variado y con calidad; y escribir, escribir, escribir mucho, variado y con esmero. No hay otra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un titulado en ESO de diecis&eacute;is a&ntilde;os y con la esperada formaci&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola (en la que se incluye el dominio de herramientas para resolver dificultades) deber&iacute;a ser capaz de entender sin problema alguno cualquiera de las novelas de Alexis Ravelo publicadas en Siruela &mdash;las mejores de este autor&mdash; y de escribir un peque&ntilde;o texto expositivo, coherente y cohesionado, sobre lo le&iacute;do. Recalco: &ldquo;Deber&iacute;a ser capaz&rdquo;. No planteo nada descabellado. Si unimos biolog&iacute;a y ling&uuml;&iacute;stica en el &aacute;mbito de la madurez intelectual, un ser humano de esa edad, con la preparaci&oacute;n que se considera que ha conseguido tras su paso en la mentada etapa educativa, puede asimilar a la perfecci&oacute;n las piezas literarias del escritor canario. Que le entretengan o que logre apreciar su valor estil&iacute;stico son harina de otro costal. Repito: leer, leer, leer mucho, variado y con calidad; y escribir, escribir, escribir mucho, variado y con esmero. Hay que insistir una y otra vez, y en todos los frentes posibles: en educaci&oacute;n infantil, en primaria, en la ESO, en bachillerato, en los estudios universitarios&hellip;, &iexcl;y en la formaci&oacute;n profesional! Y aqu&iacute; es donde ahora me detengo.
    </p><p class="article-text">
        No pregunto &ldquo;desde cu&aacute;ndo&rdquo; porque se sabe (desde la fecha de aprobaci&oacute;n de las normas que regulan los contenidos que se han de impartir en FP), sino &ldquo;por qu&eacute;&rdquo;: &iquest;Por qu&eacute; el alumnado de FP &mdash;que llega al grado medio tras su t&iacute;tulo en la ESO o la superaci&oacute;n de la prueba de acceso correspondiente (sobre la que alg&uacute;n d&iacute;a habr&aacute; que decir algo, y no muy bonito&hellip;) y al superior tras el medio o bachillerato&mdash; ha quedado excluido, dentro del marco escolar, del necesario refuerzo espec&iacute;fico y peri&oacute;dico en habilidades ling&uuml;&iacute;sticas? &iquest;Acaso no afectan a los discentes de la etapa los males que ocasiona la pobreza antes se&ntilde;alada? &iquest;Por qu&eacute; no aprovechar su madurez intelectual y el ambiente renovado que ofrecen las ense&ntilde;anzas postobligatorias para mejorar en un terreno, el de la lengua castellana, que les ha de acompa&ntilde;ar durante toda su vida laboral? Porque, se quiera o no, como agentes del sector profesional que les toque ejercer, sea cual sea, tendr&aacute;n que leer, escribir, hablar, escuchar; en otras palabras, instruirse para actualizar sus conocimientos, redactar informes y documentos variados, exponer situaciones a clientes y superiores jer&aacute;rquicos de las empresas para las que trabajan o aspiran a hacerlo, y o&iacute;r respuestas o planteamientos de problemas que requieren de su intervenci&oacute;n, etc. Y nada digamos de si anida en la voluntad de este alumnado el dar un paso hacia la actividad docente.
    </p><p class="article-text">
        Las capacidades ling&uuml;&iacute;sticas se deben entrenar diariamente y con cierto orden y concierto, y m&aacute;s si nos hallamos en un espacio dedicado a la ense&ntilde;anza. El que yo camine de lunes a viernes para ir y venir del centro educativo donde desempe&ntilde;o funciones profesorales, levante con frecuencia el peso de las bolsas de la compra o de lo que sea, me agache o me desplace cual bicho rastrero para recoger algo del suelo, me estire para alcanzar alg&uacute;n libro lejano de mi biblioteca, suba y baje las escaleras de mi edificio, renunciando as&iacute; a coger el ascensor, etc., no me convierte en deportista. Pues lo mismo ocurre con la lectoescritura, por ce&ntilde;irme a las habilidades que rigen este art&iacute;culo: el que se escriba y se lea todos los d&iacute;as &mdash;que hablen las redes sociales&mdash; no supone que se haga con la debida correcci&oacute;n. Dicho de otro modo: que haya comunicaci&oacute;n no impide que se d&eacute; la incomunicaci&oacute;n si no se es capaz de dominar la ambig&uuml;edad, madre de la confusi&oacute;n y abuela del desconocimiento; una nieta esta que, con el tiempo, desde&ntilde;osa, acaba llam&aacute;ndose &ldquo;ignorancia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Concluyo con otra analog&iacute;a: una de las ventajas que tienen los comedores de los colegios es que pueden llegar a ser el &uacute;nico medio para que muchos escolares dispongan al menos de una comida decente al d&iacute;a. Pensando en la formaci&oacute;n profesional y la lectoescritura: si se trabajara de manera espec&iacute;fica en alg&uacute;n m&oacute;dulo (por ah&iacute; pulula uno reciente llamado Digitalizaci&oacute;n que avisa con ser una suerte de caj&oacute;n de sastre y que se podr&iacute;a reciclar un tanto para la causa), quiz&aacute;s estar&iacute;amos ante el &uacute;nico medio para que muchos discentes de la etapa est&eacute;n en contacto con un &ldquo;entrenamiento&rdquo; ling&uuml;&iacute;stico que ha de contribuir a mejorar su uso del idioma. En este sentido, se vuelve inevitable la siguiente pregunta: &iquest;Por qu&eacute; negar a esta ense&ntilde;anza postobligatoria de secundaria la atenci&oacute;n que al respecto ya posee su hom&oacute;loga, o sea, bachillerato?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lectoescritura-fp_132_12088918.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Feb 2025 10:27:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lectoescritura en FP]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres caminos hacia Alonso Quesada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/tres-caminos-alonso-quesada_1_12072329.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40538aaa-8833-4a97-9f75-1fea4f6e3baa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1111964.jpg" width="2480" height="1395" alt="Tres caminos hacia Alonso Quesada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este artículo está compuesto por extractos de tres preliminares que aparecen en 'Camino, siempre la última palabra', una antología dispersa y musical de Alonso Quesada que verá la luz el 21 de febrero, Día de las Letras Canarias, dedicado a la figura de Rafael Romero Quesada: contiene una extensa cronología y una selección de poemas realizados por un servidor; doce partituras compuestas por Héctor Muñoz García e inspirados en piezas líricas del poeta; y una ilustración de Patricia D. Franz Santana situada en un lugar significativo del citado libro</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El primer intento, frustrado, de la publicaci&oacute;n de las obras completas de Rafael Romero (Alonso Quesada) surgi&oacute; al a&ntilde;o escaso de su muerte. Desde entonces, muchas voces autorizadas se han alzado de cuando en cuando pidiendo la realizaci&oacute;n de esta empresa. Pero la verdad es que nos encontramos en el XL aniversario de la muerte del poeta fundamental de la l&iacute;rica canaria y Alonso Quesada es pr&aacute;cticamente desconocido para nuestra generaci&oacute;n, pues sus libros, in&eacute;ditos unos, agotados y no reimpresos desde hace muchos a&ntilde;os los m&aacute;s, son dif&iacute;cilmente encontrables&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace sesenta a&ntilde;os que L&aacute;zaro Santana Nuez y Fernando Ram&iacute;rez Su&aacute;rez publicaron esta cita en la nota preliminar de un libro dedicado a la poes&iacute;a de Alonso Quesada que apareci&oacute; en la colecci&oacute;n Tagoro en 1964. El primer intento apuntado debi&oacute; ser en 1926, &laquo;al a&ntilde;o escaso de su muerte&ldquo;. La percepci&oacute;n de abandono, extra&ntilde;o silencio, inquietante, desconcertante&hellip;, que traslada el fragmento pudo aliviarse en las d&eacute;cadas siguientes gracias precisamente a uno de sus redactores: L&aacute;zaro; acompa&ntilde;ado en la misi&oacute;n de difundir las virtudes del poeta palmense por un significativo grupo de literatos, tanto del &aacute;mbito acad&eacute;mico como del editorial. La bibliograf&iacute;a canaria de los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os del siglo XX testimonia el prop&oacute;sito. Gracias a ellos, el protagonista de estas p&aacute;ginas lleg&oacute; al siglo XXI situado en lo m&aacute;s alto de las consideraciones l&iacute;ricas del hispanismo; una posici&oacute;n que, en la actualidad, en las dos d&eacute;cadas y media de la vig&eacute;sima primera centuria que llevamos, no ha variado. Por eso, aunque se demorara m&aacute;s de lo esperado (o de lo razonable), nunca se dud&oacute; de que en alg&uacute;n momento se producir&iacute;a la proclamaci&oacute;n de Alonso Quesada (Rafael Romero Quesada) como autor de referencia para el D&iacute;a de las Letras Canarias (21 de febrero); y, de paso, gracias a esta circunstancia, para todo lo que, a lo largo del a&ntilde;o, representa nuestro orbe literario m&aacute;s pr&oacute;ximo por afinidad cultural. Ha tardado el nombramiento, s&iacute;, pero por fin se ha producido y lo ha hecho en un momento muy oportuno: en 2025, cuando se cumplir&aacute; el 4 de noviembre el primer centenario de su muerte. Ha sido esta una felic&iacute;sima decisi&oacute;n gubernativa que merece ser aplaudida y, en consecuencia, refrendada con toda clase de iniciativas que favorezcan el fin &uacute;ltimo que se propone con el merecido homenaje colectivo: que los canarios de hoy en d&iacute;a no olvidemos a quien tan bien supo, hablando de s&iacute;, hablar de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Acogidas desde mediados del pasado a&ntilde;o al aura de la efem&eacute;ride prevista y de otros impulsos editoriales de naturaleza &ldquo;po&eacute;tica&rdquo;, &ldquo;universitaria&rdquo; y &ldquo;palmense&rdquo;, la modesta y dispersa antolog&iacute;a literaria que configura el primer tramo de este libro y la reconocida como sucinta e inquieta cronolog&iacute;a que la precede &mdash;que tambi&eacute;n tiene lo suyo como florilegio&mdash; fueron adquiriendo sus pretensiosas formas atendiendo en todo momento a lo que representaban como experiencias de lectura, experimentos de editor, exabruptos de juntaletras, exaltaci&oacute;n de admiraciones, excepciones filol&oacute;gicas, excursos irritables, etc.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este peligroso bordeo del desatino anduve hasta que hall&eacute; lo que necesitaba: la extensi&oacute;n del fen&oacute;meno literario a otras artes y ninguna m&aacute;s acorde a ese esp&iacute;ritu <em>alonsoquesadiano</em> presente en el quehacer que la m&uacute;sica, la &uacute;nica manifestaci&oacute;n humana capaz de plasmar a la vez la amargura y la resignaci&oacute;n, el deseo y la frustraci&oacute;n, la compleja sencillez de la vida y la liberadora desesperanza que provoca la muerte. Entre poetas y m&uacute;sicos &mdash;reconozc&aacute;moslo ya&mdash; todo es comprensi&oacute;n. La palabra del autor que nos ha llamado hasta estas p&aacute;ginas se abraza a los acordes, compases, ritmos y cadencias de su hom&oacute;logo: H&eacute;ctor Mu&ntilde;oz Garc&iacute;a. Y los dos &mdash;poeta y m&uacute;sico, m&uacute;sico y poeta&mdash;, en sus expresiones subliminales, quedan situados en dos frentes, con una mirada alternativa y, en cierta medida, dilem&aacute;tica a una u otra antolog&iacute;a, como recoge la propuesta pict&oacute;rica de Patricia D. Franz Santana, que complet&oacute; la terna de este <em>camino</em> con un cuadro que nos habla de bifurcaci&oacute;n, de movimiento bic&eacute;falo, indistinguible en su conflicto, como fue el que represent&oacute; la vida de quien se divid&iacute;a entre el <em>estar</em> de Rafael Romero Quesada y el <em>ser </em>de Alonso Quesada; y, adem&aacute;s, en este volumen, entre la palabra llana, seca, cotidiana, sufrida &mdash;la antolog&iacute;a <em>dispersa</em>&mdash; y la excelsa &mdash;la antolog&iacute;a <em>musical</em>&mdash;. As&iacute;, desde nuestras rutas particulares, llegamos el poeta, el m&uacute;sico, la pintora y un servidor a este <em>camino </em>que, como todos en la vida, ha mirado siempre al horizonte m&aacute;s reconfortante: el que conceden las experiencias compartidas envueltas en la felicidad de las horas dedicadas al trayecto.
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                    alt="Cubierta del libro &#039;Camino, una antología dispersa y musical&#039;."
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                Cubierta del libro &#039;Camino, una antología dispersa y musical&#039;.                            </span>
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        Para concluir, dos reconocimientos: por un lado, al ciudadano Rafael Romero Quesada, tambi&eacute;n conocido por la querencia y la admiraci&oacute;n como Alonso Quesada, al hombre y al poeta, haz y env&eacute;s de una misma moneda l&iacute;rica&nbsp;que supo registrar la angustia del ser insular en un momento concreto de nuestra historia, y hacerlo de tal modo que a&uacute;n perdura la profundidad candorosa, ir&oacute;nica, amarga&hellip;, de sus versos en nuestra cotidianeidad, se hayan o no le&iacute;do, asimilado, interiorizado, adherido a nuestra idiosincrasia; por otro, a cuantos con abnegaci&oacute;n y generosidad han labrado las tierras editoriales, culturales y educativas en el &uacute;ltimo siglo para que siguiera vigente la figura del autor de los dos t&iacute;tulos en los que se amparan esto que frente a ti humilde se muestra:<em> El lino de los sue&ntilde;os </em>(1915) y <em>Los caminos dispersos </em>(1944). No basta la voz, hace falta el eco.
    </p><h2 class="article-text"><strong>II. EN EL LINO DEL TIEMPO</strong></h2><p class="article-text">
        [&hellip;] Es posible que a&uacute;n haya algo nuevo que apuntar sobre la vida de Alonso Quesada que resulte significativo para entender m&aacute;s y mejor su producci&oacute;n literaria, incluso para incrementarla si el hallazgo viene en forma de poemas o de textos en prosa ignorados hasta ahora. Ojal&aacute; se d&eacute; a conocer algo nuevo; y si es pronto, mejor que mejor. Ya me gustar&iacute;a a m&iacute; que estas p&aacute;ginas aportaran algo de luz documental sobre la biograf&iacute;a y la obra del poeta, pero justo, honesto, razonable, es admitir que nada de esto hallar&aacute; quien se acerque a estas p&aacute;ginas. Lo siento. S&iacute; encontrar&aacute;, en cambio, una manera de acercarnos a sus versos, un enfoque distinto al habitual, una mirada que responde a una perspectiva particular de lector que puede tener alguna validez, tanto si se opta por secundarla como si se considera mejor su descarte. Un faro, de un modo u otro, ayuda a visibilizar tanto lo bueno como lo malo.
    </p><p class="article-text">
        En lo tocante a los art&iacute;culos sobre el poeta, mi inter&eacute;s se ha centrado en conocer y, de paso, compartir contigo la consideraci&oacute;n que se ten&iacute;a hacia Rafael Romero Quesada en vida del poeta; de ah&iacute; que me haya inclinado por buscar, ante todo, piezas period&iacute;sticas que bien pudo leer &eacute;l y quienes habitaban a su alrededor &mdash;familia, amigos, compa&ntilde;eros de trabajo, vecinos, lectores conocedores de su trayectoria&mdash;. &iquest;Alguna vez fue consciente de la admiraci&oacute;n, respeto y gratitud que cosechaba entre sus pr&oacute;ximos y, por extensi&oacute;n, entre sus coet&aacute;neos, principalmente entre aquellos que tuvieron a bien reflejar la felicidad po&eacute;tica e intelectual que suscitaba con la firma de cr&oacute;nicas, discursos, rese&ntilde;as y art&iacute;culos que han llegado hasta nosotros mostr&aacute;ndose tan actuales y luminosos como cuando aparecieron por primera vez?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Volver otra vez a Alonso Quesada tras todo lo que ya se ha dicho y publicado? S&iacute;, por supuesto. El <em>camino </em>hacia el poeta, aunque sea compartido, siempre es un viaje personal que, iniciado, mantiene la frescura y el arrobamiento de las primeras veces; de ah&iacute; que siempre apetezca retornar <em>con &eacute;l</em> a su casa, a su oficina, a los peri&oacute;dicos, a las calles, a los afines&hellip;; en suma, a esa palabra suya po&eacute;tica que, como ya se ha dicho, hablando de s&iacute;, habla de nosotros.
    </p><h2 class="article-text"><strong>III. UNA ANTOLOG&Iacute;A DISPERSA</strong></h2><p class="article-text">
        Versos compone el poeta que a su ego satisfacen: se libran del fuego, de la quebradura se salvan. Con escritura <em>caminante</em>, articula el puzle de los renglones como buenamente cree saber, con el af&aacute;n de que perduren y con la esperanza de una lectura cuya magnitud le resultar&aacute;, en el fondo, ignota, aunque algo le llegue a su entendimiento entremezclado con los afectos de amigos y conocidos. Arma el discurso con ese anhelo ling&uuml;&iacute;stico &mdash;tan propio de traductores&mdash; de reflejar, con la mayor precisi&oacute;n posible, el dictado ajeno, pues qu&eacute; es el numen si no: un desdoblamiento que convierte al oficinista, al &uacute;nico var&oacute;n en una casa &mdash;canaria, urbana, de clase media-baja, de principios de siglo XX&mdash; compuesta por mujeres, a un remedo cervantino en esto y en tanto, en un ente l&iacute;rico que alcanza su raz&oacute;n de ser con la escritura y la necesidad de testimoniar una inquietud que, a ojos de legos, es manifestaci&oacute;n intrascendente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Manuscribe primero. Quiz&aacute;s incluso llegue a mecanografiar la transcripci&oacute;n. Seguir&aacute; luego lo de siempre: el trazado de rayas, el apunte de palabras sobre palabras, las correcciones. El sempiterno debate de d&oacute;nde termina la errata y comienza el error, y viceversa. Vendr&aacute;n luego los trueques: una pieza por otra o, con tachones, a cambio del vac&iacute;o. Resoluci&oacute;n de contratiempos: alterar lo que al principio se pens&oacute; que era v&aacute;lido. Y un d&iacute;a dice: &laquo;Se acab&oacute;&raquo;. O &laquo;basta&raquo;. El m&aacute;rmol sobrante del bloque ha sido eliminado, dir&iacute;a Miguel &Aacute;ngel: emerge ante los ojos del int&eacute;rprete el poema. Por reiteraci&oacute;n en el proceso, surgir&aacute; la obra. Su legado.
    </p><p class="article-text">
        La guardar&aacute; en un sobre o en una carpeta, en un caj&oacute;n, en un armario, en alguna maleta donde haya hueco, por si toca emigrar &mdash;&iquest;Madrid?, &iquest;Barcelona?, &iquest;Buenos Aires?&mdash;. En el cementerio del despacho, yacer&aacute;. Con el tiempo, por insistencia, multiplicada: <em>las obras</em>. La inercia del desconocimiento y la mala suerte alientan la inmovilidad. Algunas estrofas lograr&aacute;n mostrarse al p&uacute;blico, que las acoger&aacute; con afecto, con aplauso, con m&uacute;ltiples parabienes, con efusivo inter&eacute;s por disponer de otra oportunidad para seguir disfrutando de otras similares labradas con su primor po&eacute;tico. Pero, como en todo, llegar&aacute; la muerte y, con ella, la desidia del olvido; y, con ella, el aplazamiento; y, con &eacute;l, la relegaci&oacute;n del pante&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mas alguien &mdash;cansada, por fin, Tique de su inclemencia&mdash; recordar&aacute; que, y le vendr&aacute; a la memoria tambi&eacute;n que, e ir&aacute; a, y preguntar&aacute; por; y lograr&aacute; que se busque en la habitaci&oacute;n <em>aquello</em>. Lo remover&aacute;n todo, lo cambiar&aacute;n de sitio. En el &aacute;nimo intelectual &mdash;incluso emocional&mdash;, una voz: &ldquo;escudri&ntilde;amiento&rdquo;. El deseo del conocimiento y la suerte alientan la movilidad. Se hallar&aacute;n las hojas, ensobradas, encarpetadas, encajadas, encajonadas, tras abrir el armario, y la maleta, y lo que fuera que hiciera de tumba. Abierto el sepulcro, vistos los restos, est&eacute;n como est&eacute;n, un nuevo h&aacute;lito de vida reciben. Se depositar&aacute; el galard&oacute;n del talento en manos afectuosas, de confianza: las de un albacea de la poes&iacute;a &mdash;el editor&mdash;, que dictar&aacute; instrucciones a unos y otros para la posteridad, pues aquello que sujeta es un billete colectivo para la inmortalidad. Cuando dentro de un siglo, dos, tres&hellip;, alg&uacute;n curioso pregunte por ellos tras hacerlo por el poeta y su<em> </em>legado, sus nombres de albaceas, notarios, sepultureros y resucitadores volver&aacute;n nuevamente a mostrarse; y a la gratitud debida al vate habr&aacute; que unir la que merecen quienes han hecho posible que <em>aquello</em> no siguiera ignorado.
    </p><p class="article-text">
        Accede el lector &mdash;libre&mdash; a los versos como buenamente ha querido. Escoge. &iquest;Piezas enteras? S&iacute;. &iquest;Piezas sueltas? Tambi&eacute;n. Porque as&iacute; se escribieron los versos, palabra a palabra, l&iacute;nea a l&iacute;nea, estrofa a estrofa. El todo y las partes. El conjunto y el detalle. Entre el fluir extenso de una lectura que, con su comienzo y su final, determina una totalidad cognoscitiva, en un momento; y, en otro, el instante refulgente que detiene el curso del r&iacute;o, lo desv&iacute;a, paraliza el tiempo, concreta la atenci&oacute;n, predispone el suspiro y anima al subrayado, emulaci&oacute;n del grabador de sepulcros. Porque la poes&iacute;a es eso: un instante memorable. Un hallazgo diminuto, feliz, inesperado, repentino, particular.
    </p><p class="article-text">
        Pertrechado con sus licencias &mdash;desembarazado, sin ortodoxias&mdash;, corta, dispone, figura, proyecta, escoge, asimila, comparte&hellip; Dispersa el conjunto para amoldarlo a la experiencia, una suerte de camino compuesto por <em>trechos</em>, compuestos a su vez por <em>pasos</em>, compuestos a su vez por lo que se dice y perdura, y lo que se silencia, aunque sea posible conocer m&aacute;s all&aacute; de los m&aacute;rgenes del singular y <em>personal&iacute;simo </em>periplo l&iacute;rico que hoy, ahora, aqu&iacute;, as&iacute;, recogen unas p&aacute;ginas, estas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/tres-caminos-alonso-quesada_1_12072329.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Feb 2025 08:15:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres caminos hacia Alonso Quesada]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘1936’ para saber, recordar, reafirmar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/1936-recordar-reafirmar_1_12058902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a41db825-c7e0-48ab-829e-40e028ec8037_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘1936’ para saber, recordar, reafirmar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sostengo, tras lo visto el sábado 15 de febrero de 2025, por la noche, en el Cuyás, que ha nacido un clásico. ¿Qué presencié? Una obra soberbia, un transatlántico teatral que desborda por su grandeza y que surcará los océanos de las artes escénicas nacionales e internacionales durante tanto tiempo como sus promotores quieran
</p></div><p class="article-text">
        Una vigorosa agitaci&oacute;n a la conciencia. Un severo &laquo;mira, co&ntilde;o, no bajes la guardia&raquo;. Un aleccionador &laquo;no olvides nunca&raquo;. Un temible &laquo;pasado futurible&raquo;. Un certero &laquo;cuidado con los mentirosos&raquo;. Un desasosegante &laquo;&iquest;se est&aacute; repitiendo?&raquo;. Una intensa solidaridad con los damnificados, &laquo;el pueblo, siempre el pueblo&raquo;. Cuatro horas de impactos visuales, sonoros, cin&eacute;ticos y verbales; e intelectuales; y, sobre todo, morales. Desgarradoramente morales. El amor a la vida, a la concordia, a la inteligencia, a la ciencia, a la igualdad, son negociados de la moral, quehaceres morales que convierten a sus quebrantadores en seres inmorales; y, de paso, con ello, en asesinos, en despreciables, en ignorantes&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Al margen dejo la impecable manufactura t&eacute;cnica del producto. Ah&iacute;, en un apartado lado, sit&uacute;o aquello en lo que ahondar&iacute;a una cr&iacute;tica literaria teatral que se precie. Aunque humilde y pobre sea la m&iacute;a, imagino (supongo, intuyo&hellip;, quiero creer) que comparte con las estimables un cuadrante valorativo similar, donde solo es posible reconocer con las puntuaciones m&aacute;s altas los aspectos que conciernen al ejercicio dramat&uacute;rgico: actrices y actores, tanto principales como secundarios, im-pre-sio-nan-tes (por encima del calificativo que se encuentre en el m&aacute;s elevado lugar del escalaf&oacute;n); el guion, igual; los elementos escenogr&aacute;ficos perceptibles, lo mismo; y tambi&eacute;n cuantos, entre bastidores, han logrado que funcionaran con una asombrosa fluidez las incontables transiciones protagonizadas por los numerosos personajes reales y simb&oacute;licos que circulaban por el escenario; y la direcci&oacute;n, y&hellip; Sostengo, tras lo visto el s&aacute;bado quince de febrero de dos mil veinticinco, por la noche, en el Cuy&aacute;s, que ha nacido un cl&aacute;sico. &iquest;Qu&eacute; presenci&eacute;? Una obra soberbia, un transatl&aacute;ntico teatral que desborda por su grandeza y que surcar&aacute; los oc&eacute;anos de las artes esc&eacute;nicas nacionales e internacionales durante tanto tiempo como sus promotores quieran.
    </p><p class="article-text">
        Mas no le concedo a la pieza referida la condici&oacute;n de cl&aacute;sica porque se haya desarrollado del impecable y admirable modo con el que lo hizo, y cumpliera sobradamente con el prop&oacute;sito que se espera alcanzar en todo quehacer creativo que se comparte: que se d&eacute; por bien empleado el rato que se le ha dedicado. En este caso, a las dos virtudes apuntadas conseguidas, le a&ntilde;ado una tercera sumamente significativa para m&iacute;: el mensaje, perceptible gracias al poso que ha generado su asimilaci&oacute;n y a la constataci&oacute;n de c&oacute;mo se ha depositado, una vez m&aacute;s, en los cimientos del entendimiento. El mensaje, s&iacute;, repito; y con &eacute;l, la asunci&oacute;n de su imprescindibilidad; y con ella, la perenne reafirmaci&oacute;n de que la cultura siempre ser&aacute; la &uacute;nica arma v&aacute;lida para acabar con los inmorales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conocer los hechos de entonces&hellip;&nbsp;(entre tantos: los ataques inmisericordes a la II Rep&uacute;blica desde su proclamaci&oacute;n en 1931; la falta de cohesi&oacute;n y firmeza de la izquierda para crear un frente com&uacute;n que sirviera para repeler a los enemigos del legal y democr&aacute;tico Estado republicano; la conchabanza del poder financiero y empresarial con los militares y los pol&iacute;ticos sin escr&uacute;pulos; el golpe de Estado, ese alzamiento contra el pueblo promovido con el apoyo de naciones criminales como la Alemania nazi y la Italia fascistas; el abandono internacional de muchos pa&iacute;ses cercanos y, supuestamente, amparadores de los valores democr&aacute;ticos, que deber&iacute;an haber acudido en defensa de nuestra Rep&uacute;blica; los lugares te&ntilde;idos de sangre inocente &mdash;Badajoz, Almer&iacute;a, Guernica, Ebro&hellip;, Espa&ntilde;a entera, dig&aacute;moslo ya&mdash;; el enmudecimiento&nbsp; c&oacute;mplice y anticristiano de la Iglesia cat&oacute;lica &mdash;&laquo;A Dios rogando y con el mazo dando&raquo;&mdash;; el hambre, la miseria, la podredumbre; el exilio &mdash;Francia, M&eacute;xico&hellip;, la URSS, ay, los ni&ntilde;os, acogidos para que pudieran tener un m&iacute;nimo plato de comida, un techo, un algo parecido a un hogar&mdash;; las cunetas repletas de espa&ntilde;oles que piden desde hace casi un siglo &mdash;falta menos de tres lustros para el centenario del final de la guerra&mdash; una reparaci&oacute;n a su dignidad y volver al sitio donde los suyos llevan demasiado tiempo esper&aacute;ndolos),&nbsp;conocer los hechos, repito, estos hechos, obliga a los concienciados a una perseverante militancia en su recuerdo y a la determinaci&oacute;n moral e intelectual &mdash;m&aacute;s racional que nunca&mdash; de no permitir, por una parte, que sean silenciados por quienes, sabiendo la verdad, prefieren el infundio; y, por otra, que sean ignorados por quienes tienen el derecho y, a la vez, la responsabilidad de estar al tanto de ellos, bien por ser espa&ntilde;oles, bien por ser personas defensoras de los derechos humanos con independencia de su condici&oacute;n. Hay que insistir en que los enumerados no son acontecimientos pret&eacute;ritos, lejanos, distantes. No, no lo son; a&uacute;n son de ayer, est&aacute;n frescos, vigentes en las habitaciones del conocimiento y todav&iacute;a duelen, y desesperan, y a&iacute;ran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay que reafirmar la necesidad de la remembranza porque el pasado sangrante reclama siempre del hoy un acuerdo colectivo para su cierre, una alianza fraterna que ayude al aplacamiento de cualquier sufrimiento y de ese lacerante peso en el &aacute;nimo que ocasiona la impotencia; y porque el presente, con los inmorales en puestos decisivos y proclamando con desfachatez la conveniencia del olvido, no puede ser la plataforma para que se repita en el futuro lo que tenemos claro que nunca, jam&aacute;s, ha de volver a darse: otro 1936.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conocer los hechos de entonces nos ha de permitir estar advertidos ante los actuales; entre tantos: los ataques inmisericordes a la democracia y a los m&aacute;s elementales derechos de la ciudadan&iacute;a, y los incontables impedimentos para que sea posible una reforma constitucional acorde a la realidad de la Espa&ntilde;a del primer cuarto del siglo XXI; la tradicional falta de cohesi&oacute;n y firmeza de la izquierda para crear un frente com&uacute;n que sirva para repeler a los aut&eacute;nticos enemigos del Estado democr&aacute;tico &mdash;identificables por su patriotismo de chichinabo&mdash;; la continuada conchabanza del poder financiero y empresarial con los pol&iacute;ticos sin escr&uacute;pulos; el encubierto golpe de Estado que se est&aacute; produciendo gracias a la confabulaci&oacute;n de numerosos medios de comunicaci&oacute;n y de miembros de la judicatura que ocupan puestos destacados; la desidia de Occidente, supuesto entorno que defiende los valores democr&aacute;ticos, a la hora de acotar a la extrema derecha y sus bulos; los lugares te&ntilde;idos de inquietud dom&eacute;stica por la precariedad en las retribuciones laborales, en la disponibilidad de viviendas, en los servicios sanitarios, en los recursos educativos, en el transporte, en el coste de la vida&hellip;; la c&oacute;mplice y anticristiana laxitud de la Iglesia cat&oacute;lica para se&ntilde;alar a los que, proclamados como afines, lo &uacute;nico que siembran es maldad&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca m&aacute;s otro 1936. Nunca. Por eso, bienvenido y bien hallado, bien difundido y bien conocido sea <em>1936</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/1936-recordar-reafirmar_1_12058902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Feb 2025 08:09:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘1936’ para saber, recordar, reafirmar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipica V de 2004]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/felipica-v-2004_132_11920214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c016dc95-94a4-46f2-a8af-e1507f7d2841_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipica V de 2004"></p><p class="article-text">
        <em>Buenas noches.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Como cada Nochebuena, tengo la oportunidad de felicitaros la Navidad y de transmitiros, junto a mi familia, nuestros mejores deseos. Es una tradici&oacute;n que me agrada mantener y que tambi&eacute;n me permite hacer llegar a vuestros hogares algunas reflexiones sobre nuestro presente y sobre los retos que se nos plantean como pa&iacute;s</em>.
    </p><p class="article-text">
        Ser&eacute; breve en esta ocasi&oacute;n. Muy breve. No me cabe otra. No me complace la decisi&oacute;n, lo confieso, porque carezco de momentos como este para dirigirme a vosotros. Ser jefe de Estado en una monarqu&iacute;a parlamentaria es lo que tiene, que est&aacute;n limitadas las concesiones de instantes para ofreceros mi visi&oacute;n de la Espa&ntilde;a que contemplo y la que me gustar&iacute;a que hubiera. Aunque la agenda de la Casa Real d&eacute; cuenta de una abundante cantidad de actos, intervenciones, audiencias y viajes oficiales realizados a lo largo de este 2024 que presto finalizar&aacute;, sobre los que tanto podr&iacute;a comentaros, pues de cada uno son muchos los aprendizajes que he obtenido, considero conveniente ce&ntilde;irme ahora a unos pocos asuntos, muy puntuales todos &mdash;de ah&iacute; la concisi&oacute;n de mi discurso&mdash;, los cuales, por su naturaleza tan personal, quiz&aacute;s os ayude a entender mi actual sensaci&oacute;n de zozobra.
    </p><p class="article-text">
        Porque es as&iacute; como me sit&uacute;o en esta hora de confesiones delante de vosotros, queridos compatriotas, centro de mis atenciones, raz&oacute;n de mis desvelos. As&iacute;, inquieto, afligido, con el &aacute;nimo acongojado, me presento en este para m&iacute; siempre dichoso soplo en el que me hallo frente al pueblo con el que camino. No es la imagen que se espera de un rey, lo s&eacute;. No es la actitud ni el temple admisibles de alguien que, aunque sea de un modo simb&oacute;lico, porta sobre sus espaldas la representaci&oacute;n de una naci&oacute;n con muchos siglos de historia. Lo s&eacute;, repito; pero no quiero enga&ntilde;aros. S&eacute; que puedo mentiros y que, seg&uacute;n mis consejeros, en situaciones como esta en la que me encuentro, lo m&aacute;s aconsejable es que os mienta; pero no quiero, no, eso no, por el respeto que os debo y porque s&eacute; que, m&aacute;s pronto que tarde, lo falso, acompa&ntilde;ado de lo irresponsable y lo mezquino, terminar&aacute;n por manchar una trayectoria que, hasta donde puedo y me dejan mis m&aacute;s cercanos, o al menos los que as&iacute; se consideran, procuro que sea limpia y provechosa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No soy perfecto. Posiblemente, he cometido m&aacute;s fallos de los que soy capaz de imaginar, lo que reafirma mi inter&eacute;s por esforzarme en lograr que, hacia el final de mi recorrido como rey, gracias a mi labor, no sea el embuste en todas sus manifestaciones lo que emponzo&ntilde;e mi hoja de servicios. No tengo intenci&oacute;n alguna de situarme en la Historia, en esa que se escribe con may&uacute;sculas y se acoge como patrimonio colectivo, compartiendo espacio junto a los cientos o miles de nombres propios de representantes p&uacute;blicos que han da&ntilde;ado el noble oficio de la pol&iacute;tica y del funcionariado. Cu&aacute;nto me gustar&iacute;a, si pudiera, eliminar del paisaje cotidiano a estos infames que se aprovechan de las fisuras de la administraci&oacute;n del Estado (que las hay porque su enormidad dificulta un control exhaustivo del conjunto) para su beneficio particular; sobre todo, cuando materializan sus atentados (porque no cabe otra denominaci&oacute;n para identificar lo que hacen) apelando a una patria que no los reconoce, por muchas pulseritas con la bandera nacional que se pongan. Dig&aacute;moslo ya: ellos no son Espa&ntilde;a. Han renegado de su pa&iacute;s, aunque porten dene&iacute;s y declaren que su raigambre es la misma que la de los espa&ntilde;oles de bien. Por su peligrosidad, pues con ellos la paz (emocional, sicol&oacute;gica e incluso f&iacute;sica) est&aacute; siempre en riesgo, son nuestros peores enemigos y merecen ser tratados como tales.
    </p><p class="article-text">
        Me hiere el da&ntilde;o grave y constante que est&aacute;n ocasionando a nuestra bandera (&iexcl;cu&aacute;ntas veces no lo he repetido en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os!), que se ha convertido en un elemento polarizador y no en lo que deber&iacute;a ser: el m&aacute;s ecu&aacute;nime de cuantos simbolizan a la naci&oacute;n que nos abraza con su centenario arrullo. Por eso (me viene ahora a la memoria), he sentido verg&uuml;enza e impotencia al ver la manera con la que la selecci&oacute;n masculina de f&uacute;tbol festej&oacute; su triunfo en la Eurocopa celebrada entre los meses de junio y julio en Alemania. El &eacute;xito deportivo no puede empa&ntilde;arse con el modo de llevar a cabo los homenajes de reconocimiento popular y mucho menos cuando por medio est&aacute; la insignia nacional. Qu&eacute; gran ocasi&oacute;n perdida para, desde el debido respeto a lo que significa, demostrar la grandeza espa&ntilde;ola, pues bajo su sombra se acogen los miles de cient&iacute;ficos de aqu&iacute; que causan admiraci&oacute;n, los miles de literatos y artistas de aqu&iacute; que a todos nos reconfortan, los millones de mujeres y hombres de aqu&iacute; que honran a nuestro pa&iacute;s. No es esa la bandera de los que han asumido que Madrid es el centro de lo que somos y aspiramos a ser. No. La Espa&ntilde;a que me toca reinar es la plural, la que se siente muy feliz tambi&eacute;n por los Nico o los Yamal, y que se enorgullece de ver c&oacute;mo ondea la bandera en la punta de Orchilla y en la de Finisterre, en el cabo de Creus y en el de Tres Forcas.
    </p><p class="article-text">
        Lo expuesto hasta ahora, de un modo u otro, para desgracia de cuantos amamos este hogar que nos susurra su afecto d&iacute;a tras d&iacute;a, este a&ntilde;o lo hemos podido ver en la doloros&iacute;sima tragedia ocurrida en Valencia, una muestra m&aacute;s, por un lado, de que el cambio clim&aacute;tico o, si lo prefieren los negacionistas, las singularidades meteorol&oacute;gicas que se est&aacute;n padeciendo en el Mundo merecen una mayor concienciaci&oacute;n colectiva, una particular atenci&oacute;n y no ese hiriente desd&eacute;n acompa&ntilde;ado de chascarrillos e impertinencias como respuesta a lo que tanto consenso cient&iacute;fico acumula como verdad demostrable; y, por el otro, de que la democracia, entendida como ese cuerpo social que nos cohesiona alrededor de voces tan potentes como libertad, igualdad y m&eacute;rito, no puede, en aras de un equilibrio pr&aacute;ctico y ecum&eacute;nico, permitir que individuos sin la debida preparaci&oacute;n, sin un m&iacute;nimo de sentido com&uacute;n ni un &aacute;pice de bagaje moral alcancen puestos de responsabilidad al frente de las instituciones. No es admisible. Tiene que haber filtros, se ha de buscar la manera de que no valga cualquiera con el fin de preservar el esp&iacute;ritu de homogeneidad en los derechos que demanda un Estado que se precia de democr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una negligencia por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, venga de donde venga, cuando cuesta una sola vida &mdash;no digamos cuando estas son m&aacute;s, muchas m&aacute;s&mdash; ha de obligar al sistema en el que se fundamenta nuestro bienestar a que asuma medidas significativas para que el percance no se vuelva a dar. En esto, ha de ser f&eacute;rrea la unidad a la hora de actuar de todos los agentes implicados en estas decisiones (representantes de los tres poderes del Estado y actores pol&iacute;ticos), que no pueden ni deben permanecer ajenos a la funci&oacute;n que les compete. El fin inesperado de una vida &mdash;insisto: no digamos cuando estas son m&aacute;s, muchas m&aacute;s&mdash; nunca ha de quedar impune, tapado con los vergonzosos e indignos mantos de un compa&ntilde;erismo y una lealtad desnortados. Lo dir&eacute; 222 veces. Y si hay que hacerlo 7 291 veces, tambi&eacute;n lo har&eacute;. No es admisible que la justicia, para que aspire a ser reconocida como tal, se mantenga no ya al margen, aunque en paralelo, como algunos pretenden que est&eacute;, sino completamente ausente de esto que se&ntilde;alo, como da la impresi&oacute;n que est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        No quiero que el lugar que me corresponda en la Historia por mi condici&oacute;n actual se vincule a desaciertos que trasladen una imagen de insolidaridad, insensibilidad, imperturbabilidad, por mi parte, porque yo no soy as&iacute;. Carezco de la campechan&iacute;a tan alabada de mi progenitor, de quien tampoco he heredado el don de gentes. Es cierto. Para qu&eacute; voy a negarlo. Pero ello no tiene que conduciros a pensar que no me duelo de los males que padecen otros ni que soy indiferente a los errores que cometo y que tanto os ha podido y puede disgustar. Por eso, no ha de resultaros dif&iacute;cil entender la zozobra que me aqueja, asociada a fallos en determinadas decisiones y procederes que, sin duda (ahora lo veo con claridad), han afeado la opini&oacute;n acerca de la monarqu&iacute;a que ten&eacute;is cuantos os declar&aacute;is partidarios de ella.
    </p><p class="article-text">
        Empiezo por el final o por lo pen&uacute;ltimo, no s&eacute;: siento much&iacute;simo el paso dado con los retratos fotogr&aacute;ficos realizados por la reconocida artista Annie Leibovitz en el deslumbrante, por su opulencia decorativa, Sal&oacute;n de Gasparini del Palacio Real de Madrid. No cuestiono la calidad del trabajo. No soy un experto en arte y lo que puedo decir de lo creado es que me gusta, as&iacute;, en l&iacute;neas generales, sin particularizar en m&aacute;s detalles. Insisto en que no niego el valor de lo desarrollado por la retratista norteamericana, pero s&iacute; debo admitir el desconcierto, rozando posiblemente el enfado, que ha producido en buena parte de la ciudadan&iacute;a la inversi&oacute;n econ&oacute;mica de una instituci&oacute;n p&uacute;blica como es el Banco de Espa&ntilde;a en unos cuadros que, en el fondo, tal y como muchas fuentes me lo han hecho saber, es posible que trasladen una representaci&oacute;n del trono inadecuada, fr&iacute;vola incluso seg&uacute;n sea el enfoque. El arte permanece. Las im&aacute;genes se quedar&aacute;n donde se hallan el tiempo que se considere oportuno. Lo que me preocupa es que, en el &aacute;nimo de calificar lo que se exhiba, se aparten el arte y el espacio que lo contiene, y se consolide en los contempladores la convicci&oacute;n de que tienen enfrente un ejemplo de derroche, de desatenci&oacute;n a las necesidades b&aacute;sicas del pueblo, de impasibilidad de las figuras que se muestran ante la realidad que ofrece la Espa&ntilde;a de este primer cuarto de siglo XXI, que se manifiesta muy cr&iacute;tica con los fastos palaciegos y las ostentaciones de poder. Por eso, en l&iacute;nea con lo expuesto, y tras expresarlo en mis c&iacute;rculos privados, debo disculparme por las celebraciones del d&eacute;cimo aniversario de mi entronizaci&oacute;n, que no debieron ser como se mostraron, dando una imagen de pomposidad, cutrez y banalidad impropias de una monarqu&iacute;a que pretende asentar en la conciencia de sus s&uacute;bditos su voluntad y esfuerzo (nada f&aacute;ciles) por pacificar un ambiente en el que sus actuantes m&aacute;s destacados se han ido volviendo cada vez m&aacute;s beligerantes.
    </p><p class="article-text">
        Pido perd&oacute;n, pues, por esa probabilidad de rechazo fundada en un enojo eludible si me hubiese percatado del componente vanidoso que la actividad art&iacute;stica pod&iacute;a connotar. Lo siento. Como siento tambi&eacute;n el error de la visita a Paiporta el tres de noviembre. La situaci&oacute;n en ese momento no era favorable para un acercamiento a las zonas afectadas por la DANA. El doloroso y terrible paisaje geogr&aacute;fico, humano y emocional que dej&oacute; el fen&oacute;meno meteorol&oacute;gico aconsejaba evitar toda clase de parafernalias de naturaleza protocolaria, aunque la intenci&oacute;n fuera cordial y solidaria. No supe ver el malestar que ocasionaba esta cita ni el grado de desesperaci&oacute;n y rabia de los ciudadanos del municipio valenciano, como tampoco logr&eacute; intuir que muchos carro&ntilde;eros y buleros aprovechar&iacute;an la circunstancia para seguir deteriorando la convivencia con actos y mensajes violentos, desvirtuados, impropios de una sociedad que se declara af&iacute;n a cuanto tenga que ver con la paz y la concordia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desatend&iacute;, lo reconozco, el consejo del Gobierno porque pens&eacute; que me amparaba la raz&oacute;n, y me equivoqu&eacute;. No tuve que haberme impuesto. Los horrorosos d&iacute;as posteriores a la cat&aacute;strofe solo deben tener dos protagonistas: el pueblo que la ha padecido y quienes, desde los servicios p&uacute;blicos, hacen lo posible y mucho m&aacute;s por restablecer la normalidad. S&iacute;, insisto, los servicios p&uacute;blicos; los benditos, necesarios y, por culpa de los antipatriotas antes mencionados, precarizados servicios p&uacute;blicos que, en situaciones como esta, tan indispensables son. Los que con sus decisiones los menoscaban, los asfixian, los suprimen, tambi&eacute;n son merecedores de nuestro rechazo, nuestra inculpaci&oacute;n y nuestra reclamaci&oacute;n para que asuman las responsabilidades que su desidia ha ocasionado. Esos, repito, son los dos grandes protagonistas. La reina y yo sobr&aacute;bamos ah&iacute;, como sobraba el presidente del Gobierno y, por supuesto, el de la autonom&iacute;a, que ten&iacute;a que haber estado desde el principio mismo del problema (o sea, durante los d&iacute;as previos al fat&iacute;dico 29 de octubre) al frente del operativo que deb&iacute;a sospechar las desgracias que se pod&iacute;an producir y que despu&eacute;s, por negligencias, fueron inevitables.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos hechos tan recientes, el de las fotos y el de la visita a Paiporta, han terminado por afectarme porque me hacen titubear acerca de la fortaleza que tiene la instituci&oacute;n que encabezo desde el instante en el que alineo su pervivencia con mi situaci&oacute;n an&iacute;mica. Siempre he tenido claro que la jefatura de un Estado que no ha sido sometida al veredicto popular, o sea, no condicionada para su continuidad por nada salvo la muerte o la abdicaci&oacute;n de su titular, corre el peligro de sumergirse en una suerte de autocomplacencia que, de un modo u otro, la alejar&iacute;a del lugar que le corresponde en tanto que &aacute;mbito de representaci&oacute;n. Cuanta m&aacute;s distancia con los s&uacute;bditos, m&aacute;s riesgo de que se quiebre el v&iacute;nculo; y es esa sensaci&oacute;n de fragmentaci&oacute;n, de atisbo de ruptura, la que me ha conducido a esta particular pesadumbre con la que me hallo al final de este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Un incordiante interrogante inclemente est&aacute; presente: &iquest;Hay algo que no va bien en mi casa o, ya puestos, en m&iacute; cuando doy validez a sugerencias que luego se plasman en la agenda oficial y, realizadas, acaban siendo perniciosas para la imagen del trono? Otro ejemplo reciente: lo de Notre Dame. Lo pienso en fr&iacute;o y no puedo dejar de cuestionarme por el momento en que se decidi&oacute; esta inconexi&oacute;n comunicativa entre la Zarzuela y la Moncloa. &iquest;C&oacute;mo es posible que no se informara al Gobierno de la decisi&oacute;n de no asistir a la reinauguraci&oacute;n del emblem&aacute;tico templo franc&eacute;s? Se est&aacute; afirmando, defendiendo y proclamando entre los carro&ntilde;eros una voluntad expl&iacute;cita de la Casa Real por boicotear al poder ejecutivo y debo impedir como sea su mera enunciaci&oacute;n, pues nada perjudicar&iacute;a m&aacute;s a una monarqu&iacute;a no elegida por el pueblo que enfrentarse a &oacute;rganos compuestos por individuos que s&iacute; obedecen al mandato popular. M&aacute;s pronto que tarde, la corona sucumbir&iacute;a. La historia de Europa de los &uacute;ltimos siglos est&aacute; llena de situaciones as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Ante los desacuerdos y las apuntadas desconexiones, pregunto: &iquest;No convendr&iacute;a replantear la funci&oacute;n de la instituci&oacute;n que dirijo para que de su blindaje no se alcance la inoperatividad a la hora de contribuir de un modo m&aacute;s directo y productivo en el d&iacute;a a d&iacute;a de nuestra naci&oacute;n? El car&aacute;cter representativo que encierra su raz&oacute;n de ser a&iacute;sla cualquier tentativa de romper la unidad del pa&iacute;s apelando a una misi&oacute;n arbitral que se sustenta en la Carta Magna que nos acoge, pero este apartamiento alimenta, se quiera o no, una imagen de insustancialidad de la monarqu&iacute;a que a medio plazo, cuando a la Princesa Leonor le toque sucederme, traer&aacute; consigo su fin y, con ello, la implantaci&oacute;n de la Tercera Rep&uacute;blica, de la que tengo claro que no durar&aacute; ocho a&ntilde;os, como la precedente, sino muchos, much&iacute;simos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Un rey cuya firma solo vale si lleva el respaldo correspondiente del Gobierno, porque as&iacute; lo ha determinado la vigente constituci&oacute;n, no puede erigirse en una figura indispensable para el establecimiento de consensos sobre temas que a todos nos preocupan, nos inquietan, nos desazonan. Pienso en la fortaleza que hemos de tener ante la extrema derecha, principalmente cuando criminaliza a los inmigrantes y (en su clasismo, m&aacute;s que racismo) atenta contra los principios de solidaridad que promueven los siempre necesarios Derechos Humanos. Y pienso del mismo modo en el genocidio que est&aacute; provocando Israel en Gaza y en ese deleznable manto impune de destrucci&oacute;n, odio y desestabilizaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica que esparce por la zona de Oriente Medio gracias a la complicidad de mandatarios (militares, empresariales&hellip;) estadounidenses y de la Uni&oacute;n Europea. &iquest;Acaso no necesita el Gobierno de Espa&ntilde;a de un jefe de Estado que se sit&uacute;e a su lado y le diga: &laquo;Adelante, estoy contigo: no al apoyo armament&iacute;stico a los sionistas ni a la aquiescencia diplom&aacute;tica con ellos&raquo;? Y pienso sin duda alguna en los casos de <em>lawfare</em> de los que somos testigos d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n, y que han de se&ntilde;alarse con insistencia y entereza porque afectan a uno de los pilares esenciales de la democracia que nos ha de proteger: la ecuanimidad de la justicia. Sin ella, el Estado falla y termina por convertirse en uno de esos lugares ca&oacute;ticos que hay por el mundo donde la seguridad jur&iacute;dica brilla por su ausencia y sus habitantes son v&iacute;ctimas de toda clase de abusos. Yo no quiero que mi pa&iacute;s, nuestro pa&iacute;s, padezca esta lacra; por eso, debe haber alg&uacute;n mecanismo donde sea posible decirle al Gobierno y, con &eacute;l, a los representantes p&uacute;blicos serios, honrados, virtuosos, tengan la ideolog&iacute;a que tengan: &laquo;Tranquilos, estoy con vosotros. Vamos a expresar nuestro rechazo m&aacute;s en&eacute;rgico a los que promueven y favorecen la judicializaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, incluidos los que nutren ese periodismo nauseabundo que ha renunciado a defender ideas nobles (ya sean neoliberales, ya comunistas, ya&hellip;) para ocuparse de especular a diestro y siniestro&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todos tenemos que frenar como sea el af&aacute;n mercantil, empresarial, financiero (da igual su denominaci&oacute;n), que es, en &uacute;ltima instancia, el que moviliza con sus manipulaciones a tipos sin principios o con visiones de la realidad reduccionistas y fan&aacute;ticas. Es imposible componer un pa&iacute;s decente desde la arbitrariedad de unos poderes f&aacute;cticos que carecen de escr&uacute;pulos. Desde que me dirijo a vosotros de esta manera tan humanizada, observo cada a&ntilde;o el incremento de antipatriotas, de individuos para los que el &uacute;nico inter&eacute;s se encuentra lejos de la naci&oacute;n que sentimos, queremos y amparamos. Son f&aacute;ciles de identificar gracias a c&oacute;mo se muestran en p&uacute;blico y a sus discursos, poco s&oacute;lidos y peor articulados, con esa suerte de obsesi&oacute;n en sus ataques que los incapacita para ajustar dos simples pensamientos que puedan ser provechosas. Entre mercaderes y clientes sin criterios se est&aacute; moldeando la Espa&ntilde;a ruidosa y desproporcionada de nuestros d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Reconozc&aacute;moslo ya, una vez m&aacute;s y no dejemos de hacerlo: la extrema derecha ha dejado de ser un problema para convertirse en un muy grave problema. Si bien es cierto que Franco garantiz&oacute; la continuidad de la monarqu&iacute;a proponiendo a mi padre, no olvidemos que mi bisabuelo no pudo recuperar el trono perdido con la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica, acabada la Guerra Civil, porque el sanguinario dictador no quiso bajo mil escusas. Tampoco omitamos que mi abuelo fue humillado al oblig&aacute;rsele a renunciar a la corona. Estamos al corriente de estos acontecimientos y tambi&eacute;n, a pesar del beneficio que ha podido suponer para la familia real, de que Franco y su r&eacute;gimen no es ni ser&aacute; nunca un espejo donde mirarse. Mi padre debi&oacute; saberlo nada m&aacute;s recoger el poder absoluto que le dio su predecesor en la jefatura y entregarlo a quienes deb&iacute;a para que fuera posible la democracia; aunque luego atara y bien atara las cosas como ahora intuyo que no ten&iacute;a que haberlo hecho. Tanto amarr&oacute; que el resultado es un nudo gordiano que, por culpa del escaso inter&eacute;s hacia los consensos, solo podr&aacute; deshacerse con un tajo. La met&aacute;fora escalofr&iacute;a. Una carta magna falla desde el momento en que en el articulado aparece un nombre propio. Es una excepci&oacute;n intolerable. Lo s&eacute; y me gustar&iacute;a que no se diera el caso, por lo que estar&iacute;a dispuesto a estimular una reforma profunda de la constituci&oacute;n con el fin de robustecer ante la conciencia colectiva del pueblo y de su historia la instituci&oacute;n de la monarqu&iacute;a. Si mi palabra vale de algo, ah&iacute; la dejo, por escrito, en este medio, como testimonio de mi voluntad por una Espa&ntilde;a que sea mejor de la recibida por nuestros padres y abuelos, y mejor de la que dejaremos a nuestros descendientes.
    </p><p class="article-text">
        Quiero una Espa&ntilde;a que liquide para siempre la figura del dictador y su larga estela, que a&uacute;n puede vislumbrarse, aunque nos situemos a las puertas del cincuentenario de su marcha. Su lugar ha de estar en los libros de Historia, en las mismas p&aacute;ginas donde se mencionan a los cientos o miles de representantes p&uacute;blicos que han da&ntilde;ado el noble oficio de la pol&iacute;tica y del funcionariado. Repito: Franco y el franquismo no son ni ser&aacute;n el espejo donde mirarse. Nunca. Nada hay en los treinta y seis a&ntilde;os de autocracia que merezca reconocerse como v&aacute;lido. Nada. Lo he dicho en muchos foros y lo repetir&eacute; en cuantos sean necesarios: los asesinos no reparan las vidas que arrebatan y carecen de la capacidad de consolar a los que lloran por esos muertos que provocaron. Esto sirve para hablar de ETA, del GAL, de los GRAPO, de la Triple A, del FRAP, de Terra Lliure, del Batall&oacute;n Vasco Espa&ntilde;ol, del GAE, de las falsas democracias como Israel y, por supuesto, de dictaduras crueles e improductivas como el franquismo, que todav&iacute;a hoy en d&iacute;a saborea los parabienes de una parte de la poblaci&oacute;n que alaba un periodo tr&aacute;gico de Espa&ntilde;a sin atender al grado de nula veracidad de lo que defienden y mostrando en su manera de expresarse una actitud m&aacute;s propia de un pueril berrinche que de un firme convencimiento del malestar que sienten por la situaci&oacute;n del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Insisto, sobre todo para aquellos que gozan de echarme en cara la reinstauraci&oacute;n de la monarqu&iacute;a en la figura de mi padre y para quienes consideran que la corona sufre de tort&iacute;colis y, por eso, inclina la cabeza siempre a la derecha: Franco y el franquismo no son ni ser&aacute;n jam&aacute;s el espejo donde mirarse. No se puede ensalzar la mejora econ&oacute;mica de una naci&oacute;n en los sesenta, en la &eacute;poca del desarrollismo, cuando se es responsable de su empobrecimiento en los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta: los asesinos no reparan las vidas que arrebatan y carecen de la capacidad de consolar a los que lloran por esos muertos que provocaron. Aunque lo declaren a los cuatro vientos los que ensucian el nombre de Espa&ntilde;a, en el haber de m&eacute;ritos del tirano no est&aacute; la Seguridad Social ni los reiterados pantanos, ni las vacaciones pagadas, ni las viviendas de protecci&oacute;n oficial, ni los impuestos progresivos, ni los servicios sociales universales, ni la inexistencia del paro (dado que despreciaban en el c&oacute;mputo a las mujeres y a los subempleados), ni la ense&ntilde;anza p&uacute;blica gratuita, ni la formaci&oacute;n profesional, ni&hellip; Nada. Absolutamente nada. Y seguir&iacute;a con m&aacute;s bulos, pero temo que se disperse vuestra atenci&oacute;n a la hora de consolidar la &uacute;nica verdad del r&eacute;gimen, que no fue otra que la miseria, el dolor, la sangre y la mortandad criminal que ocasion&oacute;, y el retraso educativo, cient&iacute;fico, social de nuestro pa&iacute;s. El franquismo, repito, no es ning&uacute;n espejo donde mirarse; por eso, todo acto de exaltaci&oacute;n ha de ser minimizado con la certeza de los datos demostrados y el compromiso de los comunicadores (sean o no periodistas) con la democracia. Franco fue un dictador y todo dictador es, per se, un antidem&oacute;crata. Y quienes utilizan los p&uacute;lpitos de la democracia para destruirla deben ser denunciados y recibir nuestro m&aacute;s firme rechazo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Cuanto os he apuntado es lo que est&aacute; edificando, a esta altura de a&ntilde;o 2024, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de mi proclamaci&oacute;n, esa lacerante zozobra de la que os he hablado al principio. Estoy cansado y, por momentos, irritado. El m&iacute;o es un agotamiento mental y emocional. Me percibo, ante los hechos, como alguien insustancial. Muchos me dir&eacute;is que si no puedo, debo dejar el trono. Lo he pensado. Siempre llego a vosotros con la sensaci&oacute;n de que, quiz&aacute;s, sea el que nos convoca el &uacute;ltimo discurso que os d&eacute;. Mas os anuncio que seguir&eacute;. He de continuar. Carezco de vocaci&oacute;n de m&aacute;rtir. No me estoy sacrificando para redimir a los espa&ntilde;oles de nada. No necesit&aacute;is ese tipo de intervenciones. Proseguir&eacute; porque a&uacute;n siento que hay esperanzas, a pesar de la aflicci&oacute;n que me envuelve. Vivimos en la mejor Espa&ntilde;a de todos los tiempos, no podemos rendirnos y consentir que los anhelantes del intransigente y da&ntilde;ino pasado destrocen lo que nos ha costado levantar durante estos cuarenta y seis a&ntilde;os de democracia. No me mantengo porque tenga claro que si me voy se desmoronar&aacute; nuestro pa&iacute;s, sino porque no quiero dar argumentos a los exaltados para que sostengan que la violencia resolver&aacute; el vac&iacute;o en la jefatura del Estado. No conf&iacute;o en estos fan&aacute;ticos, lleven o no corbatas, porten tapabocas o antorchas, est&eacute;n con la mano en posici&oacute;n de saludo civil o militar, o llamando a un taxi&hellip; No creo que con mi marcha ellos favorezcan sin m&aacute;s, como reemplazo, a la Princesa Leonor, otra de las razones que me frenan. No puedo abandonar ahora por ella. Ser&aacute; una buena reina, si las circunstancias lo permiten, pero solo si dejamos que madure y se prepare para el puesto que se ha previsto que ocupe cuando toque.
    </p><p class="article-text">
        Otro de los temas que me ha entristecido este a&ntilde;o, como ha ocurrido en los precedentes, ha sido ese linchamiento hacia la figura de mi padre. Cuesta asimilar c&oacute;mo, por parte de una mayor&iacute;a ciudadana significativa, se ha pasado con &eacute;l de la idolatr&iacute;a al odio m&aacute;s visceral. Este a&ntilde;o han removido nuevas miserias suyas que da&ntilde;an a la monarqu&iacute;a en la medida que salpican el trabajo que jornada tras jornada trata de realizar la Casa Real. Dos ejemplos de saetas dolorosas: la publicaci&oacute;n de audios acerca de lo que mi progenitor dijo del general Armada al hilo del golpe de Estado del 23F. Sus palabras envilecen su imagen y los adversarios de la corona, que no son en la actualidad &uacute;nicamente los republicanos &mdash;al C&eacute;sar lo que es del C&eacute;sar&mdash;, vuelven a dirigir sus miras a lo que soy y represento como descendiente y heredero del trono, lo que considero injusto porque, lo digo con sinceridad, desde el punto de vista personal, no tengo el recuerdo de que mi vivencia esa fat&iacute;dica noche fuera trascendente: ten&iacute;a trece a&ntilde;os y mucho sue&ntilde;o; y mis intereses, cuando no dormitaba, estaban centrados en otros asuntos. Zanjemos ya las leyendas que buscan sostener que mi padre me quiso cerca para que yo aprendiera de aquella situaci&oacute;n y que yo obedec&iacute; consciente de&hellip; No, por favor. Dejemos ya este remedo de <em>El Rey Le&oacute;n</em> y hagamos uso del sentido com&uacute;n: yo no ten&iacute;a ni idea de lo importante que era lo que estaba sucediendo, aunque hubiera una voluntad declarada por parte de los m&aacute;s pr&oacute;ximos al jefe de Estado de que estuviera all&iacute; y de que prestara atenci&oacute;n al desarrollo de unos hechos que, por momentos, seg&uacute;n supe m&aacute;s tarde, m&aacute;s parec&iacute;an un sainete que un pasaje destacado de nuestra historia nacional reciente.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Es m&aacute;s: &iquest;Creen que, con los a&ntilde;os, he llegado a saber m&aacute;s? Mi padre jam&aacute;s toc&oacute; el tema conmigo. Nunca. Se ampar&oacute; en que cada monarca tiene sus propios secretos y que yo, cuando se diera la ocasi&oacute;n, tambi&eacute;n deber&iacute;a tener los m&iacute;os. &iquest;Han pensado por casualidad que, tras abdicar, me ech&oacute; un telefonazo para decirme: &laquo;Oye, hijo, mira, que el 23F fue as&iacute; y as&aacute;&raquo;? Pues no. Desconozco los pormenores de aquel golpe de Estado; y no se me ha autorizado a conocerlos. Pero s&iacute; tengo claro, en este punto del debate, que lo que pas&oacute; s&iacute; fue un golpe de Estado y no lo que denuncian sin ton ni son determinados sectores alineados con tesis absurdas. Si vivi&eacute;ramos en una dictadura producto de un golpe de Estado, ni ellos podr&iacute;an manifestarse con la libertad con la que lo hacen. Hablan de dictadura los que gozan de libertad de expresi&oacute;n. Ser&iacute;a risible si no fuera tan tr&aacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        La otra saeta dolorosa es la que convierte a mi padre en una suerte de Zeus promiscuo y corrupto. Es penoso constatar el ensa&ntilde;amiento, entiendo que acorde a un &aacute;nimo agraviado que antes hab&iacute;a sido lisonjero. &iquest;Por qu&eacute; ahora s&iacute; y antes no? No lo s&eacute;. &iquest;Creen que atac&aacute;ndolo me defienden? Quiz&aacute;s el razonamiento sea que su menoscabo (habiendo sido &eacute;l quien allan&oacute; el camino de la democracia renunciando a todos los poderes que le concedi&oacute; el tirano) contribuir&aacute; a realzar mis pobres aciertos. Dicho de otro modo: destrozar las flores ajenas para que las m&iacute;as, feas y escuchimizadas, parezcan hermosas. Pongo el &ldquo;quiz&aacute;s&rdquo; por aminorar el da&ntilde;o que estas posibilidades me infligen y la inquietud que surge en esta situaci&oacute;n en forma de preguntas: &iquest;Los que hoy me ensalzan aprovechar&aacute;n mis actuales debilidades para, con el paso del tiempo, convertirlas en instrumentos de agresi&oacute;n hacia m&iacute; y los m&iacute;os? &iquest;Se hallar&aacute; la Princesa Leonor alguna vez en la tesitura del descr&eacute;dito en la que se encuentra su abuelo y en la que, qui&eacute;n sabe, podr&iacute;a estar yo? Es mayor de edad. Hora es de que se gane el respeto por s&iacute; misma. La licencia de impunidad de la minor&iacute;a de edad ya no le corresponde. Y aunque a ella y a su hermana Sof&iacute;a las quiera (y las querr&eacute; siempre &mdash;son mis hijas, representan lo m&aacute;s importante de mi vida&mdash;), en el ejercicio de sus responsabilidades tendr&aacute;n que asumir lo que les toque si tienen interiorizado que la jefatura de Estado de nuestro pa&iacute;s ha de seguir siendo una monarqu&iacute;a. Los errores que cometan, al margen del factor personal que conlleven, repercutir&aacute;n tambi&eacute;n en la estabilidad de la naci&oacute;n. En su abuelo disponen de un ejemplo de hasta qu&eacute; punto los fallos hacen da&ntilde;o al trono y, por extensi&oacute;n, al pa&iacute;s como unidad org&aacute;nica que se debe ver reconocida en la corona.
    </p><p class="article-text">
        Concluyo. He sido menos breve de lo que pretend&iacute;a ser al comienzo porque mi apuntada zozobra se ha ido acrecentando conforme transfer&iacute;a los renglones de mi desasosiego en este discurso. 2025 ha de ser mejor. Espero. Ojal&aacute; as&iacute; sea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Gracias por vuestro tiempo en esta noche y junto a la Reina, la Princesa Leonor y la Infanta Sof&iacute;a os deseamos una feliz Nochebuena, con un recuerdo muy especial para quienes, en este momento, con dedicaci&oacute;n y entrega, velan por la seguridad de todos, y por el funcionamiento de los servicios p&uacute;blicos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A todos, feliz Navidad, Eguberri on, Bon Nadal y Boas festas. Muy buenas noches; y feliz y pr&oacute;spero a&ntilde;o 2025</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/felipica-v-2004_132_11920214.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Dec 2024 09:53:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Felipica V de 2004]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Prometes estar agradecido?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/prometes-agradecido_132_11484813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Con qu&eacute; perturbadora frecuencia, por vagancia o abulia, o por la combinaci&oacute;n de ambas, el dulce velo de la cortes&iacute;a se rasga y se renuncia &mdash;con o sin conciencia clara de ello&mdash; al ingrediente esencial para enriquecer las relaciones y consolidar las experiencias compartidas: la afabilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con qu&eacute; lamentable constancia se omite lo que siempre ha de reconocerse como un testimonio espont&aacute;neo de felicidad, de alegr&iacute;a, de satisfacci&oacute;n, aunque sea puntual, ef&iacute;mero, instant&aacute;neo; y c&oacute;mo esta preocupante ignorancia impide percibir las consecuencias de esta desatenci&oacute;n: el que se geste en el &aacute;nimo de los afectados una suerte de decepci&oacute;n tan incomprensible como lacerante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con qu&eacute; triste reiteraci&oacute;n se olvidan los que llegan al puerto de sus intenciones o pretensiones del desvalimiento con el que se dispon&iacute;an a comenzar la traves&iacute;a y de c&oacute;mo fueron socorridos sus deseos por quienes estuvieron a su lado en todo momento para afrontar juntos las coyunturas del periplo.
    </p><p class="article-text">
        Con qu&eacute; penosa redundancia se detecta c&oacute;mo al primaveral reconocimiento y estival agradecimiento &mdash;efusivos y singulares, henchidos de gozo por el encuentro y dicha por la comuni&oacute;n&mdash; le siguen, de un modo extra&ntilde;o y desconcertante, sobre todo cuando no ha habido roces ni fisuras, la oto&ntilde;al tibieza y la invernal desafecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; estos &laquo;con qu&eacute;&raquo; si, acabado el servicio, el que sea y como sea, es natural el impulso de un &laquo;gracias&raquo; que, por su franqueza, resulta imposible de sujetar en el &aacute;nimo? Pensemos en lo siguiente: se ha abonado un trabajo realizado (sea del tipo que sea) y se tiene presente, no se cuestiona, que no se hubiera hecho sin el correspondiente pago, por muy agradables que seamos, por muy atractivos que resultemos al cobrador. Aun as&iacute;, a pesar del &ldquo;haces, te pago&rdquo;, flota al terminar un no s&eacute; qu&eacute; dichoso que se adhiere a la liquidaci&oacute;n. Fin del cometido, retribuci&oacute;n, factura y un soplo de gratitud lo llena todo, lubricando as&iacute; el atisbo de frialdad mutua que pudiera haberse dado.
    </p><p class="article-text">
        Es como si quisi&eacute;ramos dejar claro &mdash;por supuesto que de manera involuntaria&mdash; algo que va m&aacute;s all&aacute; de la relaci&oacute;n mercantil en la que se nos ha obligado a desembolsar monedas: que somos conscientes de que nos hemos cruzado en este inmenso planeta en un instante de nuestra existencia y, quiz&aacute;s, no volvamos a confluir m&aacute;s. Cada &ldquo;gracias&rdquo; adquiere as&iacute; las formas de un &laquo;hasta siempre&raquo;, una suerte de &laquo;celebro haberte encontrado en mi camino&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Comprensibles son las gratitudes del que recibe, pues significan: &ldquo;Qu&eacute; bueno que haya pensado en m&iacute; para esto&rdquo;; hermosas, las del que da, pues conllevan un matiz de dicha: no solo se cumple con el deber de satisfacer la cantidad pecuniaria que se le demanda en este intercambio de intereses (dinero por actuaciones), sino que acompa&ntilde;a su obligaci&oacute;n con un gesto de cortes&iacute;a, tan innecesario para los fines mercantiles como necesario para los sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y lo mismo ocurre, aunque sin moneda ni transacci&oacute;n comercial por delante, con los que nos conceden la condici&oacute;n de usuarios: cumplen con su deber y el &ldquo;gracias&rdquo; sale con rapidez, como la boya que estaba en el fondo del mar y a la que hemos cortado la sujeci&oacute;n que le impide flotar.
    </p><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        Pienso en quienes vienen a casa a reparar cualquier cosa que no est&eacute; como deber&iacute;a o a traer cualquier producto solicitado; y en los que nos atienden en cualquier establecimiento, espacio de tr&aacute;nsito o en cualquier ventanilla de cualquier oficina, p&uacute;blica o privada, a los que, de un modo u otro, pagamos, ya sea <em>in situ</em>, ya por medios administrativos. En todos pienso y, sobre todo, en el tiempo que nos han dedicado &mdash;lo m&aacute;s valioso que atesoran&mdash;, al margen de que est&eacute; tasado y eso parezca restarle importancia a la hora de admitir expresiones sujetas a nociones como el altruismo, la generosidad, el desprendimiento, la liberalidad, etc.
    </p><p class="article-text">
        Estos conceptos, as&iacute; las cosas, tal y como yo lo veo, si no se desea que est&eacute;n anclados a los v&iacute;nculos profesionales, deber&iacute;an aplicarse a las actuaciones que se sustentan sobre una dedicaci&oacute;n desinteresada. &iquest;C&oacute;mo no agradecer lo que otros hacen por ti sin pedirte nada a cambio &mdash;atendi&eacute;ndote siempre, preocup&aacute;ndose por tus intereses, contribuyendo a que mejore de un modo mancomunado aquello que no has dudado en compartir y sobre lo que has depositado grandes esperanzas&mdash;, aunque se introduzca en tu conciencia el convencimiento de que alg&uacute;n beneficio obtienen a tu costa? &iquest;Y qu&eacute; si as&iacute; fuera? Si de su mano obtienes lo que deseas, &iquest;por qu&eacute; no dar lo que, en otra situaci&oacute;n, no dudar&iacute;as en entregar? &iquest;Por qu&eacute; rasgar el velo de la cortes&iacute;a y la afabilidad? &iquest;Por qu&eacute; permitir el invierno mientras feliz contemplas lo que te han ayudado a lograr? &iquest;Tanto cuesta ser amable?
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        CODA 1. El t&iacute;tulo de este enunciado se ha inspirado en la canci&oacute;n <em>Agradecido</em>, de Rosendo (1985). Escuch&eacute; el tema envuelto en la imagen de un no s&eacute; qui&eacute;n que, con humildad, halagando y reiterando sempiternas gratitudes, entrega un no s&eacute; qu&eacute; a un receptor &mdash;en ese momento, importante para &eacute;l porque espera que le conceda algo especial&mdash;; y observando c&oacute;mo, a medida que avanzaba la pieza musical, adquir&iacute;an cada vez m&aacute;s nitidez las palabras, que emerg&iacute;an del invisible fondo oce&aacute;nico del folio en blanco para conformar este texto, del que espero toda clase de calificativos menos el de ir&oacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        CODA 2. Por fortuna, en el mundo editorial no sucede esto: autores y editores confluyen en una armon&iacute;a absoluta, y el trabajo creativo de los segundos es siempre reconocido por los primeros sea donde sea y como sea: no faltan presentaciones ni huecos pertinentes en las publicaciones donde no quede testimoniada la reconfortante gratitud. Lo he constatado en los &uacute;ltimos seis meses, y en los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/prometes-agradecido_132_11484813.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2024 07:20:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Prometes estar agradecido?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Reguetón', el prontuario vitalista de Luis León Barreto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/regueton-prontuario-vitalista-luis-leon-barreto_1_11452537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/505b7153-7267-403c-af30-217856d42609_16-9-discover-aspect-ratio_default_1097149.jpg" width="2947" height="1658" alt="&#039;Reguetón&#039;, el prontuario vitalista de Luis León Barreto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reseña sobre la última novela de Luis León Barreto, que se presentará en la Casa-Museo Pérez Galdós el próximo martes, 18 de junio, a las 19.00 horas</p></div><p class="article-text">
        &laquo;Nos gusta habitar en un mundo de quimeras
    </p><p class="article-text">
        y as&iacute; las utop&iacute;as satisfacen nuestras aspiraciones&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>I</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay obras que requieren de toda una vida para ser compuestas. No hablo de libros que se han aplazado durante a&ntilde;os por vaya uno a saber qu&eacute; razones personales o profesionales de sus autores, sino de t&iacute;tulos que, para que adquieran la consistencia conceptual, estil&iacute;stica y ret&oacute;rica necesarias, precisan de unas condiciones que solo se pueden obtener despu&eacute;s de haberse recorrido una larga trayectoria vital y creativa. Este es el caso de <em>Reguet&oacute;n</em> (Mercurio Editorial, 2024); una novela que, desde su mismo enunciado, acoge con intensidad el hondo significado de la locuci&oacute;n latina <em>carpe diem </em>(<em>aprovecha el d&iacute;a</em>), presente en tantas manifestaciones art&iacute;sticas y literarias de Occidente desde su aparici&oacute;n en las <em>Odas </em>(I a. C.) de Horacio y referente principal de unas p&aacute;ginas que nos invitan a celebrar la vida &mdash;como se lee al comienzo y al final de la historia&mdash;; a sacar provecho de todos y cada uno de los instantes que dan color a nuestra existencia y que logran mitigar, aunque solo sea en parte, la espesura de las sombras que nos cubren diariamente en forma de tristeza, desdicha, incomodidades e incertidumbres: &ldquo;An&iacute;mate, pues; y aunque no est&eacute;s contento, lo importante es disimularlo&rdquo;, nos llegar&aacute; a decir el narrador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Reguet&oacute;n, </em>que toma del g&eacute;nero musical la habitual actitud desenfadada y desinhibida que ofrece el estilo, es una revisi&oacute;n honesta, humilde, sin dogmatismos ni asperezas, de lo que son y de lo que, a juicio de la voz narrativa, deber&iacute;an ser las prioridades en nuestros d&iacute;as. De tal manera es esto as&iacute; que, se mire por donde se mire, esta larga reflexi&oacute;n sobre la actualidad y los acontecimientos condicionantes adquiere, a medida que se lee la obra, las formas de un grato recetario sobre c&oacute;mo intentar alcanzar la felicidad, entendida como un modo de estar de acuerdo a lo que la situaci&oacute;n personal demanda en funci&oacute;n de las circunstancias; o, para ser m&aacute;s precisos y acordes a lo que se&ntilde;ala el personaje de Anna Vil&agrave;, quiz&aacute;s ser&iacute;a m&aacute;s coherente utilizar la palabra &ldquo;bienestar&rdquo;, un vocablo que ella considera menos pretenciosa. Por eso reitera el narrador que no basta con sobrevivir, sino que hay que hacerlo en condiciones.
    </p><p class="article-text">
        La novela, con esta direcci&oacute;n, se erige como un vadem&eacute;cum donde se recogen impresiones sobre la vida, pautas para analizarla y sopesar las decisiones m&aacute;s adecuadas para hacerla llevadera. No hay una voluntad de exigencia o mandato, sino de planteamiento y cesi&oacute;n a los lectores, como no puede ser de otro modo, para que sean ellos quienes opten por aquello m&aacute;s ajustado a su manera de interpretar el mundo. Se prescinde del dogmatismo y se opta por un muestrario de observaciones y reflexiones que promueven el debate. En este sentido, &iexcl;qu&eacute; gran novela para llevar a un club de lectura!
    </p><p class="article-text">
        <strong>II</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para lograr el prop&oacute;sito divulgativo que, en el fondo del fondo, sostiene la voluntad compositiva del autor, este se vale de tres elementos fundamentales: el estilo narrativo, la estructura y los personajes. Quienes se acerquen a la obra detectar&aacute;n con facilidad las formas que constituyen el primero: oraciones sencillas y claras, b&uacute;squeda de la precisi&oacute;n en la exposici&oacute;n de cada cuesti&oacute;n particular que aborda, disposici&oacute;n de la informaci&oacute;n de manera que sea asequible el acceso a los diversos temas que propone la voz narrativa, reiteraci&oacute;n de asuntos y f&oacute;rmulas expresivas en los cap&iacute;tulos que sirve para cohesionar los contenidos; desenfado en el tratamiento de los temas, alejamiento de la expresi&oacute;n que connote trascendentalismo, a pesar de que lo abordado est&aacute; alejado de cualquier consideraci&oacute;n de banalidad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La novela distribuye su materia a lo largo de trece cap&iacute;tulos. Cada uno representa un momento concreto del narrador en el que los temas que aborda (los hay espec&iacute;ficos &mdash;epis&oacute;dicos&mdash; y los hay generales, presentes en toda la obra) se exponen desde la perspectiva sincr&oacute;nica en la que se halla. Por eso, creo que es un error concebir la novela como un proceso sujeto a la estructura de planteamiento, nudo y desenlace, aunque algunas subtramas internas, puntuales, s&iacute; respondan a este desarrollo: la desaparici&oacute;n de Silvana Estruch o el cambio de estatus de Aythami Artiles, por ejemplo.&nbsp;
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            <span class="title">
                Portada de &#039;Reguetón&#039;.                            </span>
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        La evoluci&oacute;n aqu&iacute; es la del tiempo en el que se ubican las percepciones del narrador, esos pasajes de pensamiento que se han agrupado <em>a posteriori</em> y que se ofrecen a los lectores de un modo disperso. El narrador observa y, en funci&oacute;n de lo que ve y oye, piensa, pero sus ideas no obedecen a un patr&oacute;n estructurado. No tiene sentido que as&iacute; fuera. Nosotros no actuamos as&iacute; salvo en las ocasiones en las que hemos de sujetarnos a una formalidad expresiva dada la singularidad del acto comunicativo. El narrador de nuestra novela divaga, y va de un tema a otro, y se recrea en un di&aacute;logo puntual que, quiz&aacute;s, en su circunstancialidad, pueda parecer que carece de sustento conceptual; pero eso da igual. Est&aacute; en medio de una prolongada reuni&oacute;n de amigos (con independencia del acontecimiento que los convoque o el canal que utilice) que representan una alegor&iacute;a sobre las diferentes maneras de vivir. &Eacute;l analiza sin prejuicios y sin obligaciones. Opina con profundidad sobre alg&uacute;n tema y, al rato, como cansado del asunto, pasa a otro.
    </p><p class="article-text">
        Esto, que puede alterar nuestras nociones de lo que es la linealidad del discurso y nuestra particular zona de confort como lectores de ficci&oacute;n, est&aacute; muy bien pensado, est&aacute; hecho adrede, es una genialidad que se refuerza, en una suerte de analog&iacute;a indirecta, con las ideas sobre la naturaleza que, en mayor o menor medida, a todos nos afecta: &laquo;la naturaleza es hermosa, aunque est&eacute; llena de defectos. Hay que extraer de ella tres ideas b&aacute;sicas: nada es perfecto, ni permanente, ni est&aacute; completo&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Asumida la naturaleza tal y como es, solo nos resta &ldquo;festejar lo inexacto o inacabado&rdquo;, y la voz narrativa, atenta a la posici&oacute;n que tiene de dominadora de la comunicaci&oacute;n, configura sus palabras de acuerdo a sus caracter&iacute;sticas; de ah&iacute; que parezca que habla al golpito, cambiando de temas y entrelazando asuntos. La novela en este sentido es como la vida; y la vida, como leemos en <em>Reguet&oacute;n</em>, &ldquo;no tiene un fluir apacible, sino que se compone de una sucesi&oacute;n de cascadas y despe&ntilde;aderos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la variedad de cuestiones abordadas y reiteradas aconseja que estas se vayan distribuyendo de manera ordenada, pero nunca sujetas al rigor que demanda el lenguaje escrito sostenido sobre el prop&oacute;sito del didacticismo, sino el oral que busca compartir con el destinatario aquello que considera oportuno para el desahogo de sus inquietudes emocionales e intelectuales, y es aqu&iacute; donde adquiere entidad propia una imagen del conjunto que pasa desapercibida por la distribuci&oacute;n capitular de la obra: su condici&oacute;n de diario. <em>Reguet&oacute;n </em>es, de alg&uacute;n modo, un gran conjunto de extractos del dietario que Cornelia la Maga &mdash;curioso personaje&mdash; le recomend&oacute; al protagonista que fuera componiendo antes de irse a dormir. Ad&aacute;n Khoury, la omnisciente voz narrativa en primera persona &mdash;qu&eacute; genial combinaci&oacute;n&mdash; tiene c&aacute;ncer de colon y ha asumido su final teniendo presente, por una parte, unas palabras de su abuelo: &laquo;Yo tendr&eacute; que irme para que otra persona como t&uacute; ocupe mi sitio y pueda ser feliz. Les pasa a los animales, a los &aacute;rboles, a todos los objetos que existen, que han de finalizar su vida para que otros los reemplacen [&hellip;] Es algo natural y no pasar&aacute; nada. Porque t&uacute; tienes que sucederme a m&iacute;, con mis cosas buenas y con mis cosas menos buenas&raquo;; y, por la otra, el hecho de que la muerte a todos nos iguala: tan muerte es la de una ni&ntilde;a que no ha tenido ocasi&oacute;n de disfrutar de la vida como la de un anciano que la ha vivido a tope. Por eso, no hay que virarle la cara: &laquo;hay que recibirla con buena predisposici&oacute;n. Incluso con alegr&iacute;a, con infinita armon&iacute;a. Hay que prepararse a liberar las sombras de las malas experiencias&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La escritura supone la revisi&oacute;n de episodios de su vida y, sobre todo, el planteamiento, a partir de ellos, de una honda reflexi&oacute;n acerca de lo que es estar vivo. Es importante, en este sentido, su declaraci&oacute;n de intenciones, que formula en estos t&eacute;rminos: &ldquo;Mantengo el estado de positividad, pues es el primer argumento en contra del monstruo. El &aacute;nimo sereno, el esp&iacute;ritu optimista, como me he mandado a m&iacute; mismo desde el primer momento del padecimiento. Tienes que seguir en tu l&iacute;nea de lucha y de empuje, solo de este modo vas a salir adelante. Nunca mires hacia atr&aacute;s, el pasado no existe&rdquo;; y no existe el pasado porque no se puede rehacer, como dir&aacute; el protagonista. S&iacute;, en cambio, es posible volver a empezar; en otras palabras: se le puede y se le debe dar a la vida siempre segundas oportunidades para que sea mejor que la versi&oacute;n precedente. El motor que empuja esta convicci&oacute;n es una afirmaci&oacute;n: &ldquo;Nunca est&aacute; todo definitivamente perdido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estas numerosas consideraciones que se atienden en la obra se vertebran en la mayor&iacute;a de los casos sobre situaciones dial&oacute;gicas y ello obliga a que haya un n&uacute;mero elevado de personajes que mantienen v&iacute;nculos entre s&iacute; y que comparten el mismo rango de importancia, lo que tambi&eacute;n me resulta llamativo. Una veintena de nombres &mdash;la mayor&iacute;a emparejados&mdash; configura el corpus de personajes principales de la novela, o sea, de intervinientes que est&aacute;n presentes a lo largo del t&iacute;tulo en mayor o menor medida. Los secundarios son muy escasos. Irrelevantes. Es normal que as&iacute; sea: en esta suerte de diario, Khoury recoge lo m&aacute;s significativo de sus interacciones con las personas que tratan con &eacute;l, un c&iacute;rculo reducido que, por otro lado, es descrito con suma precisi&oacute;n. Otro aspecto que conviene no desatender. Estas descripciones abarcan matices psicol&oacute;gicos y f&iacute;sicos. Son como un retrato del que se espera que no deje recoger el m&aacute;s m&iacute;nimo detalle. Esta exactitud es pareja con una voluntad de hacer que el personaje no quede al albur de la interpretaci&oacute;n de los destinatarios. Es un inter&eacute;s que empuja a pensar en los referentes reales que inspiraron al escritor para componer la descripci&oacute;n. &iquest;Qui&eacute;n en la vida de nuestro autor se parece a Anna Vil&agrave; o sirvi&oacute; de modelo para trazar la personalidad de Javier Mart&iacute;n, por ejemplo? &iexcl;Qu&eacute; interesante pregunta detectivesca para lograr entender lo que &mdash;desde el &aacute;mbito de la autor&iacute;a&mdash; hay detr&aacute;s de este vadem&eacute;cum sobre la supervivencia!
    </p><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        El gran tema de la novela es la supervivencia. En esto ser&aacute; reiterativo Ad&aacute;n Khoury: &ldquo;Lo m&aacute;s importante es aprender a ser un superviviente. Eso es lo que me digo a m&iacute; mismo desde hace tiempo. Hay que saber alejar las acechanzas, y pensar que el d&iacute;a que acaba de nacer es un regalo. La vida es un riesgo maravilloso y por eso hemos de capturar todos los momentos. Hay que saber mantenerse con dignidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo gira, pues, en torno al valor de la existencia, de ah&iacute; que los cumplea&ntilde;os deban celebrarse como una muestra de enardecimiento de la vida; un valor que, por otro lado, no demanda ning&uacute;n tipo de explicaci&oacute;n trascendental, por eso me siento identificado con una afirmaci&oacute;n como esta: &laquo;la vida no tiene sentido, pero no tenemos otro remedio que vivirla a fondo. Dado que somos un producto del azar, como la creaci&oacute;n es el fruto de procesos de la F&iacute;sica, somos tan perfectamente prescindibles como los dinosaurios&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En torno a esta inmensa estrella que constituye la voz &ldquo;supervivencia&rdquo;, orbitan tres grandes planetas, tres subtemas en los que entrar&iacute;an la ingente cantidad de asuntos que la voz narrativa comparte con nosotros. A saber: las relaciones y condiciones humanas, los residuos emocionales que dej&oacute;, por un lado, la pandemia y, por el otro, el volc&aacute;n de La Palma. En todos, los contenidos que se abordan son universales y extrapolables a cualquier semejante nuestro que habite en cualquier rinc&oacute;n del mundo. Esto es as&iacute;, aunque sea inevitable el empuje del &aacute;nimo hacia una visi&oacute;n canaria de las percepciones, quiz&aacute;s porque hay cabida para hablar de la inmigraci&oacute;n americana desde lo que representa una oportunidad para una vida mejor y de las consecuencias de la conquista de las islas en el siglo XV desde la &oacute;ptica de la destrucci&oacute;n irreversible; lo que, por otro lado, depuradas las cuestiones hasta su esencia &uacute;ltima, no hace m&aacute;s que reforzar la idea de que por encima de las singularidades que nos identifican como territorio y sociedad est&aacute; nuestra condici&oacute;n humana y todas las circunstancias que, de un modo u otro, le afectan.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es aquello que, como humanos, a todos nos ata&ntilde;e por igual y que es objeto de atenci&oacute;n por parte del diarista hasta el punto de se&ntilde;alarlo en la obra como pautas para una discusi&oacute;n compartida? Los hijos, por ejemplo: &iquest;conviene traerlos a este mundo? &iquest;Qu&eacute; cabe pensar de una sociedad que parece estar m&aacute;s predispuesta a tener mascotas que descendientes? Si carecemos aqu&iacute; de ni&ntilde;os, &iquest;somos conscientes de que necesitaremos que vengan de fuera? Al hilo de su formaci&oacute;n, &iquest;puede el sistema educativo, envuelto en conflictos y batallas diversas (tecnolog&iacute;a del ocio por encima de la instructiva, bagaje escaso de valores del alumnado, etc.), cumplir con su cometido si abundan los discentes que &ldquo;tienen un pobre vocabulario, destrozan la sintaxis, detestan leer, su lenguaje es brusco y simple. Se impacientan si no les dejan entrar en sus pasatiempos, y siempre contestan r&aacute;pido a los mensajes de los amigos, da igual que est&eacute;n cenando o que sean los momentos para estudiar?&rdquo;. &iquest;Puede la sociedad atajar el derrame de adolescentes que optan por la v&iacute;a del suicidio (segunda causa de muerte)? &iquest;Qu&eacute; est&aacute; fallando? &iquest;Las amistades artificiales de las redes sociales demuestran su invalidez? &iquest;Cu&aacute;ndo dejamos de aceptarnos c&oacute;mo somos? &iquest;Estamos al albur de esos algoritmos que nos vigilan y que configuran una realidad que empuja o a salir de ella o a tentar a la suerte, como la del joven arquitecto, con un proyecto de vida espl&eacute;ndido, que se mata en un deportivo alquilado durante un fin de semana? &iquest;Qu&eacute; hacemos con la autoayuda (&ldquo;este negocio lo pone en marcha una legi&oacute;n de charlatanes que te obliga a creer que el dinero es un r&iacute;o que pasa a tu lado, y solo tienes que poner la mano&rdquo;)? &iquest;Qu&eacute; posici&oacute;n adoptar ante la violencia de g&eacute;nero (&laquo;creo que tenemos que pedir disculpas a las mujeres por nuestra forma de ser&raquo;, dir&aacute; el narrador)? &iquest;C&oacute;mo situarnos ante temas como la prostituci&oacute;n y la pornograf&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo asimilar cuanto tiene que ver con el envejecimiento del cuerpo (menopausia, declive del deseo sexual, p&eacute;rdida de fuerzas&hellip;) para no ver en ello ning&uacute;n impedimento y s&iacute; una oportunidad para abrir una nueva fase vital?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De pol&iacute;tica y religi&oacute;n no se debe hablar, se deja caer en uno de los encuentros entre amigos sobre los que el narrador informa; pero esta recomendaci&oacute;n se incumple: se habla de la debilidad de la democracia, de la importancia de las clases medias y de lo que es la corrupci&oacute;n (&ldquo;hija de la prisa por triunfar&rdquo;) y de c&oacute;mo est&aacute; implantada y normalizada; de los falsos protectores de la patria, de la desinformaci&oacute;n y la manipulaci&oacute;n; de la p&eacute;rdida de la privacidad (drones, m&oacute;viles, c&aacute;maras&hellip;), la autodeterminaci&oacute;n de Catalu&ntilde;a y el modelo tur&iacute;stico; de la importancia de la Uni&oacute;n Europea; y de la condena de Canarias a ser lo que es por no ser autosuficiente ni asumir que es un espacio limitado y que no puede haber v&iacute;a libre sin m&aacute;s para que compren el territorio en forma de viviendas; de c&oacute;mo &laquo;los profesionales de la pol&iacute;tica obedecen el dictado de las grandes entidades financieras, grupos mucho m&aacute;s poderosos que los gobiernos de cada pa&iacute;s&raquo;; y de la guerra (Ucrania, por ejemplo), entre otros muchos asuntos que se vuelven inevitables, por m&aacute;s que se tenga conciencia de lo conflictivos que pueden llegar a ser.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los pilares tem&aacute;ticos de la novela, o sea, de base para fundamentar juicios variados por parte del narrador en torno a la idea de la supervivencia es el COVID. Destaco el apunte que hace sobre la desesperanza y el pesimismo reinantes, y c&oacute;mo la negatividad que arrastran consigo puede servir de acicate para todo lo contrario, para que emerja un amor m&aacute;s intenso por la vida. El personaje de Silvana sirve de ejemplo para plantear los l&iacute;mites de la esperanza. Pod&iacute;a haber sucumbido a esa vida dom&eacute;stica que no le aportaba nada, pero la pandemia y su ocupaci&oacute;n como m&eacute;dica le hizo plantearse una alternativa, una segunda oportunidad. La mujer dubitativa al final asume las riendas de su vida. De ah&iacute; su desaparici&oacute;n y consecuente distancia del grupo de amigos que configura el entorno del narrador.
    </p><p class="article-text">
        De la enfermedad global se derivan, adem&aacute;s, otras reflexiones igual de interesantes. Me ce&ntilde;ir&eacute; a dos: por un lado, las consecuencias que puede traer consigo el uso de estupefacientes como minimizadores del dolor (tanto f&iacute;sico como psicol&oacute;gico): &ldquo;Las urgencias psiqui&aacute;tricas se han disparado, igual que los trastornos alimentarios. Quiz&aacute; cuando esto acabe, habr&aacute; un repunte en el consumo de las drogas y el alcohol&rdquo;. El dolor no es una opci&oacute;n y los narc&oacute;ticos lo alejan, &iquest;la conclusi&oacute;n del silogismo es la conveniencia de las sustancias aplacadoras? Por el otro, la constataci&oacute;n de que hay males cr&oacute;nicos en el coraz&oacute;n de nuestra especie que, hagamos lo que hagamos o suceda lo que suceda, jam&aacute;s podr&aacute;n ser eliminados: &ldquo;Hemos superado epidemias exterminadoras, pero no conseguimos erradicar el hambre ni la guerra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otro pilar tem&aacute;tico de <em>Reguet&oacute;n </em>es el volc&aacute;n de Tajogaite. La apelaci&oacute;n constante a la monta&ntilde;a palmera se proyecta sobre dos l&iacute;neas de pensamiento: la que implica verla como una entidad da&ntilde;adora (lo arrasa todo); la que permite que se visualice como entidad da&ntilde;ada (el mar, un entorno m&aacute;s fuerte, aplacar&aacute; su voracidad). He aqu&iacute; la relatividad del poder. Siempre habr&aacute; algo que est&eacute; por encima; y ese algo, de un modo u otro, se llama la vida, la naturaleza, cuanto nos rodea, que siempre pujar&aacute; por renacer y que siempre lo har&aacute; de un modo bello y hermosamente perturbador a pesar de la violencia, la destrucci&oacute;n y la muerte que siembra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la fortaleza l&iacute;rica que en ocasiones atesoran las met&aacute;foras, la existencia adquiere las formas de un malpa&iacute;s, un terreno en el que &laquo;hay que moverse con cuidado para vencer ese mar encrespado e infecundo de basaltos; hay que ganarle la batalla, aunque sea a pico y pala; hay que roturarlo; hay que traer tierra vegetal de la cumbre para as&iacute; poder plantar sobre el volc&aacute;n. De este modo, la vida triunfa una vez m&aacute;s sobre la aniquilaci&oacute;n, sobre las babas del diablo, que son las lavas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La imagen del volc&aacute;n tambi&eacute;n se convierte en la de una elecci&oacute;n. Hay que establecer prioridades, como en la vida misma. No se puede tener todo, no se puede llevar consigo todo. &iquest;Qu&eacute; cargar antes de que la lava arrase con aquello que, contra nuestra voluntad, dejar&aacute; en breve de pertenecernos y, al mismo tiempo, de existir? &iquest;Qu&eacute; merece ser abandonado para siempre? Considero estremecedora por su intensidad la analog&iacute;a que establece la voz narrativa con el Vesubio: &ldquo;Y cuando dentro de doscientos a&ntilde;os los arque&oacute;logos encuentren los restos de las casas, los caminos de acceso, las tuber&iacute;as que distribu&iacute;an el agua y los estanques redondos, las huertas de frutales y las mejores plataneras del territorio, las fincas que pudieron sorribar sobre las lavas, descubrir&aacute;n los televisores de plasma, los cargadores de los m&oacute;viles, las fotos chamuscadas de la primera comuni&oacute;n, los robots de limpieza y los de cocina, los ventiladores y las neveras, tantas cosas que se convirtieron en f&oacute;siles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El amor a la vida que se promueve en las p&aacute;ginas de <em>Reguet&oacute;n </em>se configura sobre la asunci&oacute;n de la efimeridad del placer. Acabado el est&iacute;mulo del disfrute, todo vuelve a la rutina, a ese andar parsimonioso de los d&iacute;as que se busca alterar como sea con el siguiente subid&oacute;n de goce, y as&iacute; sucesivamente. Nos acostumbramos a los deleites conscientes de que solo ser&aacute;n instantes y que, tras el puntual gusto, volveremos a sumergirnos en la insatisfacci&oacute;n y en la necesidad de hallar nuevos est&iacute;mulos: &ldquo;Esto hace que la gratificaci&oacute;n de nuestros impulsos se asemeje a la imagen de una rata que corre en una rueda sin que pueda parar&raquo;, nos dir&aacute; el narrador, quien trata de convencerse y convencernos de la importancia de disfrutar de lo que ya se tiene cuando afirma que &laquo;es mejor olvidar la posibilidad de que el pr&oacute;ximo producto nos haga m&aacute;s felices, pues la respuesta no se encuentra ah&iacute;&rdquo;, en esa suerte de bipolaridad compuesta en sus extremos por los estados euf&oacute;ricos y depresivos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IV</strong>
    </p><p class="article-text">
        No les miento porque no tengo motivos para hacerlo: <em>Reguet&oacute;n </em>no es un libro c&oacute;modo, quiz&aacute;s porque no se sujeta a patr&oacute;n alguno de desarrollo m&aacute;s all&aacute; del contemplativo. En todo caso, es un libro que se acomoda, que se adhiere a nosotros si dejamos que fluya y nos liberamos de los prejuicios. Si buscamos una historia en sentido estricto, no la hallaremos; si dejamos que las palabras de la voz narrativa nos busquen, entonces la experiencia lectora ser&aacute; alucinante porque <em>Reguet&oacute;n </em>se nos mostrar&aacute; como una extensa sinfon&iacute;a compuesta por trece movimientos &mdash;tantos como cap&iacute;tulos&mdash; que, a su vez, son en s&iacute; mismo otras tantas sinfon&iacute;as integradas por escenas y secuencias repletas de axiomas, sentencias, observaciones e impresiones que remueven el &aacute;nimo, agitan el intelecto y producen una sensaci&oacute;n deliciosa que solo puedo identificar de una manera: embobamiento.
    </p><p class="article-text">
        En este vadem&eacute;cum liberador y hedonista, la voz de Ad&aacute;n Khoury sirve para testamentar en su dietario su inmenso amor a la vida, a pesar de todas sus contrariedades; y su deseo de seguir reunido, como sea, donde sea, con el peque&ntilde;o y variopinto c&iacute;rculo con el que se ha conjurado para dejar a un lado, hasta donde sea posible, la l&uacute;gubre e irremediable verdad de la muerte: &laquo;Lo siento, Cicer&oacute;n: esta gente no quiere pensar todav&iacute;a en la vejez, sino que pretenden alejar la pesadilla de la partida, apurar cada gota del licor. Quieren vivir a fondo, conocer a fondo, para que cuando llegue la guada&ntilde;a nos encuentre vac&iacute;os. Y la Parca es esa dama que a todos iguala, nos corta la respiraci&oacute;n en el &uacute;ltimo minuto y nos hace partir desnudos sin que te acompa&ntilde;en los t&iacute;tulos universitarios, ni los dep&oacute;sitos bancarios, ni las mejores fotos del &aacute;lbum de los recuerdos&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/regueton-prontuario-vitalista-luis-leon-barreto_1_11452537.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Jun 2024 08:58:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Reguetón', el prontuario vitalista de Luis León Barreto]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Votar para botar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/votar-botar_132_11432848.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La t&eacute;cnica de la voladura de edificios y, por extensi&oacute;n, de estructuras de gran envergadura consiste en la eliminaci&oacute;n de apoyos o puntos cr&iacute;ticos de la construcci&oacute;n de modo que, ante la fuerza de la gravedad, esta caiga por su propio peso. Para que sea viable la demolici&oacute;n se requiere de explosivos que se colocan estrat&eacute;gicamente en el interior de lo que se desea destruir. Estos &mdash;leemos en Wikipedia&mdash; &laquo;se detonan de forma progresiva, con peque&ntilde;os lapsos de demora entre s&iacute;, en toda la estructura. De esta manera, los explosivos en los pisos inferiores inician el derrumbe controlado&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La t&eacute;cnica de la voladura de la democracia &mdash;la real, la verdadera, la de la equidad&mdash; consiste en la eliminaci&oacute;n desde el interior de las instituciones de todo aquello que satisface el cumplimiento de los derechos humanos, la justicia social y la convivencia en paz. En ocasiones &mdash;&iquest;muchas?, &iquest;pocas?&mdash;, los explosivos que se utilizan para destrozar los consensos y la magnanimidad de los representantes p&uacute;blicos se colocan estrat&eacute;gicamente en los esca&ntilde;os gracias al &iacute;mprobo quehacer de algunos togados y gacetilleros ingenieros civiles, quienes aprovechan los periodos electorales para ubicar las sustancias fulminantes donde mejor pueden llevar a cabo su controlada funci&oacute;n destructiva.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es como la extrema derecha pretende acabar con este inconmensurable edificio que las sociedades avanzadas aceptan como &uacute;nico sistema admisible para que sea factible ese otro mundo mejor en el que muchos creemos; as&iacute; es, desde dentro, desde la nitroglicerina de su odio hacia la democracia y el lubricante de su anhelo por los totalitarismos.
    </p><p class="article-text">
        Hay que votar, s&iacute;, por supuesto, sin dudarlo; porque hemos de dotarnos de garantes que atiendan al cumplimiento se&ntilde;alado y, al mismo tiempo, porque hemos de hacer lo posible por botar al vertedero de la indigencia moral, social e intelectual a quienes, desde el fanatismo m&aacute;s recalcitrante (como sucede con Netanyahu, con Milei, con&hellip;), nos consideran sus enemigos y, en consecuencia, merecedores del m&aacute;s atroz de los sufrimientos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoriano Santana Sanjurjo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/votar-botar_132_11432848.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Jun 2024 09:36:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Votar para botar]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
