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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Domingo Sánchez Estop]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-domingo-sanchez-estop/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Domingo Sánchez Estop]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Entre la verdad y el relato: Covid-19, terror y epistemología neoliberal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/relato-covid-19-terror-epistemologia-neoliberal_132_6213651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d2623c3-db6a-4838-bfe2-046a0c936a18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre la verdad y el relato: Covid-19, terror y epistemología neoliberal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre la disputa entre la racionalidad científica y la propaganda político-mediática en la gestión de la pandemia</p></div><p class="article-text">
        Estamos asistiendo hoy en la conversaci&oacute;n p&uacute;blica, tanto a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, como en el discurso pol&iacute;tico o en las redes sociales, a una convergencia creciente del discurso que toma la ciencia como referente y del miedo. La epidemia de coronavirus ha movilizado por un lado la actividad de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, la curiosidad p&uacute;blica ante un fen&oacute;meno inquietante y la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica destinada a gestionar la expansi&oacute;n social de la enfermedad. El trabajo de los cient&iacute;ficos ha ido realiz&aacute;ndose seg&uacute;n los protocolos habituales, marcado por el ritmo de la observaci&oacute;n, la formulaci&oacute;n de hip&oacute;tesis y las comprobaciones experimentales; la curiosidad p&uacute;blica, por su lado, buscaba y busca explicaciones que den algo de coherencia a una situaci&oacute;n ca&oacute;tica, pero tambi&eacute;n puede dar ocasi&oacute;n esa misma curiosidad a que se atienda a discursos que causan admiraci&oacute;n o espanto. La comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica, se ha solido basar en referencias al trabajo de los cient&iacute;ficos, al tiempo que se reservaba la posibilidad, mediante la presentaci&oacute;n de los datos, de modular el clima afectivo de la sociedad, gestionando temores y esperanzas para producir obediencia a las consignas de los gobiernos. La actuaci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n durante la crisis actual parece consistir en amplificar el discurso del poder pol&iacute;tico o en oponerse a &eacute;l en nombre de otras posturas que generan sus propios temores y sus propias esperanzas, y, por consiguiente, sus propias formas de obediencia. 
    </p><p class="article-text">
        La necesaria discreci&oacute;n y austeridad del trabajo cient&iacute;fico puede a veces contrastar con las tomas de posici&oacute;n p&uacute;blicas de los cient&iacute;ficos en las que no es tanto la ciencia &ndash;una pr&aacute;ctica basada en m&eacute;todos y protocolos rigurosos&ndash; como la ideolog&iacute;a del cient&iacute;fico la que sale a la luz p&uacute;blica. La responsabilidad p&uacute;blica del pol&iacute;tico que gestiona la pandemia desde instancias de gobierno se ve a su vez determinada por sus sesgos ideol&oacute;gicos y por su voluntad de mantenerse en el poder. Rara vez se ha presentado a los gobiernos mejor ocasi&oacute;n para reforzar su mando que la actual, pues hoy puede llegarse a imponer en nombre de la lucha contra una pandemia mort&iacute;fera, o presentada como tal, pr&aacute;cticamente cualquier medida. Sin embargo, la imagen de poder total que hoy se dan los gobiernos debe matizarse, pues estos gobiernos no s&oacute;lo son los celosos guardianes de la salud p&uacute;blica, sino quienes deben velar por la buena marcha de la econom&iacute;a y dar ante los mercados financieros internacionales una imagen de solvencia del pa&iacute;s. El imperativo sanitario y el econ&oacute;mico parecen en buena medida contradictorios, lo que introduce cierta cacofon&iacute;a en la comunicaci&oacute;n p&uacute;blica gubernamental. De ah&iacute; que el virus, seg&uacute;n los momentos y seg&uacute;n las presiones a que se ven sometidos los gobernantes, sea un monstruo peligroso capaz de generar grav&iacute;simas dolencias o incluso de matar a muchas personas, o bien un pat&oacute;geno mucho m&aacute;s benigno, que en unas ocasiones sea contagios&iacute;simo o que s&oacute;lo sea transmisible en circunstancias muy precisas. Cuando se trata de movilizar a la poblaci&oacute;n para que regrese a sus puestos de trabajo y use masivamente el transporte p&uacute;blico, el peligro se minimiza, pero cuando de lo que se trata es de seguir imponiendo medidas restrictivas de la vida social extralaboral o extraescolar, muestra el virus su rostro m&aacute;s temible. De ah&iacute; que parezca que el virus tiene gran afici&oacute;n a los bares y discotecas y poco inter&eacute;s por los lugares de trabajo. 
    </p><p class="article-text">
        El virus se nos presenta, m&aacute;s all&aacute; de esa jocosa caracter&iacute;stica como una realidad proteica. Covid-19 est&aacute;, desde el principio de la epidemia, asociado a diversas especies animales entre ex&oacute;ticas (el pangol&iacute;n) y algo siniestras (el murci&eacute;lago) que habr&iacute;an transmitido el virus a los humanos por caminos a&uacute;n no muy determinados salt&aacute;ndose la barrera interespecies. Esto es algo que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas parece estarse repitiendo, desde el VIH hasta el Ebola. Sin embargo, lo que caracteriza &ndash;si eso puede considerarse una caracter&iacute;stica&ndash; a Covid-19 es su cat&aacute;logo de s&iacute;ntomas, digno del de un Don Giovanni de los pat&oacute;genos, un cat&aacute;logo que supera las famosas &ldquo;mil y tres&rdquo; conquistas del personaje de Da Ponte-Mozart y es capaz de producir casi toda clase de dolencias, como una purga de Benito al rev&eacute;s. Se nos ha dicho que produc&iacute;a graves patolog&iacute;as respiratorias y parece ser, en efecto, la neumon&iacute;a la causa de muerte de muchas personas que enferman de la Covid-19, pero la gama de s&iacute;ntomas no se detiene aqu&iacute;, sino que parece ampliarse a los saba&ntilde;ones, los dolores intestinales, lesiones en el h&iacute;gado y el p&aacute;ncreas, da&ntilde;os cerebrales y del sistema nervioso en general, p&eacute;rdida del olfato y del apetito, depresi&oacute;n y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera. El cuerpo entero y, aparentemente, tambi&eacute;n la mente parecen expuestos a esta fuerza del Mal sumamente pl&aacute;stica. Por lo dem&aacute;s, este virus dejar&iacute;a, aun despu&eacute;s de la curaci&oacute;n del paciente peligrosas y persistentes secuelas que afectar&iacute;an a las m&aacute;s variadas funciones org&aacute;nicas. Da la impresi&oacute;n de que si se quiere probar la peligrosidad del virus se est&aacute; probando demasiado...
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La lógica de la &quot;convención&quot; espontánea domina hoy todo el campo discursivo y se hace visible en los discursos sobre el Covid-19, que oscilan entre un consenso fuerte sobre su peligrosidad y un consenso no menos fuerte sobre su inocuidad, </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Uno de los principios del racionalismo b&aacute;sico que inspira las ciencias y la filosof&iacute;a en la era moderna es que una causa produce una serie de efectos determinada. La naturaleza es una red infinita de causas, pero cada una de las causas es una causa finita que, como tal, produce efectos finitos y delimitados. Cuando parece producir efectos que van m&aacute;s all&aacute; de los que quepa atribuirle suele esto obedecer a que esta causa est&aacute; asociada con otra que tambi&eacute;n se puede determinar. En el caso que nos ocupa, parece que la Covid-19 tiene prevalentemente efectos sobre el sistema respiratorio, pero que golpea tambi&eacute;n de manera preferente a personas con otras patolog&iacute;as previas como enfermos cr&oacute;nicos o ancianos con patolog&iacute;as graves. De ah&iacute; es muy probable que provenga una parte de la enorme multitud de s&iacute;ntomas que se atribuye al coronavirus y no de una capacidad esencial que este tuviera de producir todo tipo de dolencias y de s&iacute;ntomas que afectan seg&uacute;n los casos a una u otra parte del cuerpo humano. 
    </p><p class="article-text">
        Es muy probable que la observaci&oacute;n cl&iacute;nica haya arrojado cuadros sumamente diversos entre los enfermos de la Covid-19, pero esto no significa que todos estos males deban asociarse con un solo virus. Si un s&iacute;ntoma determinado, como los saba&ntilde;ones, aparece en personas con un resultado positivo en las pruebas PCR, ello no significa, mientras no se haya mostrado el mecanismo por el que se producen estos efectos, que deba asociarse al coronavirus. Lo mismo cabe afirmar de casi todos los dem&aacute;s s&iacute;ntomas: no basta la observaci&oacute;n para establecer una relaci&oacute;n causal estable entre un pat&oacute;geno supuesto y su supuesto s&iacute;ntoma, es necesario transitar un largo proceso descrito hace siglo y medio por Claude Bernard en el que intervienen la observaci&oacute;n, la formulaci&oacute;n de hip&oacute;tesis, la experimentaci&oacute;n y la extracci&oacute;n de conclusiones que confirman o invalidan las hip&oacute;tesis. Eso requiere tiempo, pero da resultados verificables y &ldquo;verdaderos&rdquo; dentro de las condiciones establecidas por los protocolos de experimentaci&oacute;n, y, por lo tanto revisables en funci&oacute;n de otros par&aacute;metros. Nada hay en este m&eacute;todo experimental sino un proceso infinito de trabajo racional que determina relaciones verificables dentro de la naturaleza, nunca una asignaci&oacute;n esencial y definitiva de una causalidad determinada a un elemento de la realidad. De ah&iacute; que sea absurda y profundamente anticient&iacute;fica la atribuci&oacute;n a este elemento de un sinf&iacute;n de patolog&iacute;as. Esto, sin duda se puede hacer, pero nunca en nombre de la ciencia y de sus m&eacute;todos, sino dentro de procedimientos ret&oacute;ricos de amalgama de las causas y relaciones caracter&iacute;sticos de la magia, que somete las relaciones internas a la naturaleza a una sobredeterminaci&oacute;n infinita sin control experimental. De este modo, un taumaturgo puede sanar a los leprosos, resucitar a los muertos o convertir el agua en vino o transformar una vara en una serpiente... Igualmente puede un mineral determinado estar relacionado en su naturaleza y en sus virtudes con una hierba, una estrella, un estado de &aacute;nimo, etc... Estos mismos principios del razonamiento m&aacute;gico, utilizados de manera deliberada, han servido para modificar el pensamiento y la conducta de las multitudes por medio de la propaganda: as&iacute; nos cuenta Bernays en su obra cl&aacute;sica <em>Propaganda</em> c&oacute;mo el consumo de cigarrillos se asoci&oacute; en los a&ntilde;os 70 con un nuevo papel social de las mujeres e incluso con ciertos beneficios para la salud...refrendados por paneles de m&eacute;dicos. Vimos tambi&eacute;n c&oacute;mo la propaganda de guerra inventa armas de destrucci&oacute;n masiva en manos de d&eacute;spotas arruinados o multiplica la f&aacute;bula terror&iacute;fica de los ni&ntilde;os sacados de las cunas de las maternidades y ensartados en bayonetas, f&aacute;bula que fue utilizada en B&eacute;lgica durante la Primera Guerra Mundial a fin de desacreditar a unos alemanes identificados a los Hunos y contra las tropas de Saddam Hussein con ocasi&oacute;n de la invasi&oacute;n iraqu&iacute; de Kuwait&nbsp;Se trata en todos estos casos de asociar esencialmente con la figura del enemigo rasgos malignos de todo tipo sin que sea necesario para ello administrar la m&aacute;s m&iacute;nima prueba. <span class="highlight" style="--color:white;">&iexcl;</span>De qu&eacute; no ser&aacute; capaz un enemigo! La justificaci&oacute;n de estas afirmaciones es siempre circular: como X es malo, X efect&uacute;a por esencia toda suerte de actos malvados. Sustit&uacute;yase X por el Covid-19 o por Saddam Hussein, o Soros seg&uacute;n convenga. Se trata de elaborar ret&oacute;ricamente, por procedimientos de sobra conocidos de desplazamiento y condensaci&oacute;n, una causa de miedo tan indefinida en su relaci&oacute;n con sus supuestos efectos como sea posible.
    </p><p class="article-text">
        El Covid-19 es hoy un monstruo y en primer lugar un monstruo epistemol&oacute;gico si a lo que se atiende no es tanto al saber cient&iacute;fico que va elabor&aacute;ndose al respecto como a la comunicaci&oacute;n de gobiernos y medios sobre la pandemia. Esta comunicaci&oacute;n toma como base de autoridad la ciencia, pero, en realidad consiste en una explotaci&oacute;n regresiva y precipitada de resultados parciales del procedimiento cient&iacute;fico: observaciones cl&iacute;nicas m&aacute;s que conclusiones. De esta manera se hace del Covid-19 un monstruo proteico y universalmente temible. No es necesario insistir despu&eacute;s de Hobbes en la utilidad que tiene para los gobiernos &ndash;incluso para el n&uacute;cleo m&aacute;s s&oacute;lido de los Estados&ndash; el intercambio de protecci&oacute;n por obediencia. La protecci&oacute;n frente a amenazas, incluso o sobre todo frente a la amenaza que suponen sus propios cong&eacute;neres para el individuo humano propietario, es la principal justificaci&oacute;n de la obediencia al Estado y por consiguiente de la existencia de este como realidad separada de la sociedad. Un enemigo universal y sin contornos como el Covid-19, nombrado como tal enemigo por un soberano que dice estar &ldquo;en guerra&rdquo; contra &eacute;l, permite al Estado presentarse como protector en la situaci&oacute;n de extrema necesidad que supone la pandemia. De ah&iacute; que este tienda a agigantar las consecuencias del virus en lugar de atenerse con la debida prudencia a la simple observaci&oacute;n de los datos. El uso interesado de la estad&iacute;stica es as&iacute; el complemento indispensable de la transformaci&oacute;n del virus en monstruo. As&iacute;, bas&aacute;ndose en proyecciones arbitrarias a partir de una cifras de contagios muy poco fiables, se agigant&oacute; en un primer momento la letalidad del virus, y hoy, cuando esa letalidad no se ha podido confirmar tras las medidas de confinamiento, se afirma que sin el confinamiento habr&iacute;an fallecido centenares de miles de personas o incluso millones en nuestros pa&iacute;ses, gracias a lo cual, ahora que se tienen cifras de contagios m&aacute;s fiables y en fuerte alza, se sostiene contra toda evidencia que existe una correlaci&oacute;n directa entre n&uacute;mero de contagios y n&uacute;mero de enfermos y fallecidos. Ello cuando las cifras de contagios no dejan de crecer y las de hospitalizaciones y fallecimientos se mantienen a niveles comparativamente mucho m&aacute;s bajos. Ante esta incongruencia, el creyente en el coronavirus como fuerza maligna se justificar&aacute; diciendo que si esa correlaci&oacute;n directa no se da hoy, nada impide que se d&eacute; ma&ntilde;ana... Cifra as&iacute; el creyente su malsana esperanza en que la causa del miedo se perpet&uacute;e o incluso se ampl&iacute;e.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n, puede decirse que no salimos de la admiraci&oacute;n, o incluso de la estupefacci&oacute;n ante la potencia terrible que se adjudica al virus. Una estupefacci&oacute;n producto, no ya del conocimiento cient&iacute;fico, que tiende a disolver en un conjunto de relaciones naturales los fantasmas de nuestra imaginaci&oacute;n, sino de un dispositivo de verdad espec&iacute;fico del neoliberalismo. No nos llamemos a enga&ntilde;o: no estamos ante ning&uacute;n tipo de conspiraci&oacute;n que pretenda enga&ntilde;arnos, sino ante un mecanismo interno al r&eacute;gimen neoliberal que fue descrito hace d&eacute;cadas por Friedrich von Hayek en su libro <em>La Constituci&oacute;n de la libertad </em>(1960),<em> </em>libro importante que constituye un aut&eacute;ntico manifiesto pol&iacute;tico y epistemol&oacute;gico del neoliberalismo. Hayek afirma en ese texto que la capacidad intelectual humana es limitada e incapaz de abarcar la multitud de factores que intervienen en el funcionamiento de una sociedad y una econom&iacute;a. Por ello debe evitarse que la econom&iacute;a se base en la planificaci&oacute;n y el mando pues estos presuponen un conocimiento suficiente de la realidad por parte del planificador, conocimiento que, simplemente no est&aacute; a su alcance. S&oacute;lo el libre juego espont&aacute;neo de actores econ&oacute;micos y sociales libres ha permitido hist&oacute;ricamente el progreso social y econ&oacute;mico. Este juego espont&aacute;neo se manifiesta en primer lugar en el mercado, lugar en el que se genera, m&aacute;s all&aacute; de la conciencia y la voluntad de cualquiera de los agentes, un consenso sobre el precio de las mercanc&iacute;as. Existen adem&aacute;s otras realidades surgidas de este orden espont&aacute;neo como las instituciones &ldquo;tradicionales&rdquo; que han ido consolid&aacute;ndose a los largo de los siglos sin apelar a la conciencia ni la voluntad de ning&uacute;n ingeniero social consciente: la familia, las iglesias, las comunidades &eacute;tnicas, etc. son manifestaciones de este orden espont&aacute;neo. Lo es incluso el propio Estado en tanto se limita a proteger este &ldquo;orden espont&aacute;neo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el terreno de la verdad es tambi&eacute;n aplicable esta l&oacute;gica de la espontaneidad, pues lo que determina el funcionamiento de una sociedad y una econom&iacute;a no es un conocimiento verdadero pose&iacute;do por el dirigente, sino una &ldquo;convenci&oacute;n&rdquo;, un consenso espont&aacute;neo sobre el valor de las mercanc&iacute;as o de las instituciones, pero tambi&eacute;n sobre el propio valor de verdad de los enunciados. Ahora bien, esta convenci&oacute;n puede tener en cada uno de los individuos motivaciones de todo tipo, entre las que no prevalece el c&aacute;lculo racional sino los afectos de los agentes y la esperanza y el temor de cada agente respecto del comportamiento de los dem&aacute;s. Comportamiento de reba&ntilde;o. El valor de una acci&oacute;n en el mercado no depende de consideraciones objetivas como la productividad o rentabilidad de una empresa, sino de un consenso sobre el valor presente y futuro de esa acci&oacute;n. Ese consenso se basa en un conjunto de apreciaciones de los distintos agentes, que a veces convergen y otras veces se oponen en una permanente y harto inestable fluctuaci&oacute;n. Esta l&oacute;gica de la &ldquo;convenci&oacute;n&rdquo; espont&aacute;nea domina hoy todo el campo discursivo y se hace visible en los discursos sobre el Covid-19, que oscilan entre un consenso fuerte sobre su peligrosidad y un consenso no menos fuerte sobre su inocuidad, gener&aacute;ndose tambi&eacute;n consensos parciales amplificados por medios y gobiernos sobre sus s&iacute;ntomas, secuelas, etc. Todo ello sin que el trabajo de los cient&iacute;ficos pueda influir de manera efectiva sobre la opini&oacute;n, pues en el mejor de los casos este trabajo se utiliza de manera sesgada, aunque lo m&aacute;s a menudo sencillamente se ignora o deforma, gener&aacute;ndose as&iacute; un consenso sobre el pat&oacute;geno como monstruo o consensos alternativos sobre la inexistencia o la inocuidad del pat&oacute;geno real o sobre supuestas conspiraciones.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No estamos ante ningún tipo de conspiración que pretenda engañarnos, sino ante un mecanismo interno al régimen neoliberal que fue descrito hace décadas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No creo que deba ponerse en duda la necesidad de prudencia ante la pandemia, pero ser&iacute;a bueno que esta prudencia se guiase por la raz&oacute;n y se basase en informaci&oacute;n contrastada en lugar de ser orientada por un consenso aterrador. De momento, se ignora mucho sobre este fen&oacute;meno y quedan muchos elementos por investigar. Esta ignorancia no debe sin embargo convertirse en argumento, no debe crear monstruos a partir de una falta de conocimiento. No sirven como explicaci&oacute;n ni la voluntad de Dios, ni la del sujeto humano, ni la maldad intr&iacute;nseca de un virus. Un monstruo no es sino una entificaci&oacute;n de nuestra ignorancia y de nuestra necia admiraci&oacute;n ante lo desconocido. La raz&oacute;n nos permite liberarnos de esa admiraci&oacute;n poniendo las cosas en su sitio, esto es en la trama de relaciones que constituye la naturaleza. Liber&aacute;ndonos de esa admiraci&oacute;n podemos tambi&eacute;n liberarnos de la ignorancia mediante la producci&oacute;n colectiva de conocimiento, en la cual el trabajo de la ciencia tiene un papel relevante, pues la ciencia s&oacute;lo puede desplegarse en una sociedad con un m&iacute;nimo de ilustraci&oacute;n y de capacidad cr&iacute;tica. La sociedad neoliberal, con sus consensos &ldquo;espont&aacute;neos&rdquo; y su apego a tradiciones no cuestionadas, con su devaluaci&oacute;n de la pol&iacute;tica y de la b&uacute;squeda de la verdad, con su Estado que oscila entre la necesidad de proteger al reba&ntilde;o y la aceptaci&oacute;n de ciertos sacrificios de vidas en favor de la econom&iacute;a, es incompatible con la ilustraci&oacute;n general que necesita la ciencia y es fuente de un renovado oscurantismo. Un oscurantismo que se manifiesta tanto en quienes atribuyen al virus un ilimitado poder maligno, como entre quienes consideran que el virus mismo es el producto &ndash;real o imaginario&ndash; de una oscura conspiraci&oacute;n. Si no logramos establecer entre todos las condiciones de una emancipaci&oacute;n moral, pol&iacute;tica e intelectual, de una nueva ilustraci&oacute;n, seguiremos a merced de unas &ldquo;convenciones&rdquo; cada vez m&aacute;s alejadas de la realidad, que nos impiden ver los riesgos reales y nos ocultan las posibilidades de acci&oacute;n efectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Domingo Sánchez Estop]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2020 19:55:44 +0000]]></pubDate>
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