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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elvira C. García Vidales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elvira-c-garcia-vidales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elvira C. García Vidales]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ficciones y realidad(es)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/ficciones-realidad_132_6215468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f9094288-b34f-419d-8f21-f56336709c96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ficciones y realidad(es)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin embargo, -el póster- sí acierta con los factores utilizados para captar la atención… y suscitar polémica. Estar en boca de todos. El eco mediático. La remuneración ¿asegurada? Veremos</p></div><p class="article-text">
        Me produce demasiado bochorno y pavor reconocer que, con tal de andar a garrotazo goyesco, en este ambiente cada vez m&aacute;s irrespirable, resulta casi imposible generar intercambios ideol&oacute;gicos reflexivos y de inter&eacute;s. Para conseguir este prop&oacute;sito ponemos todo nuestro empe&ntilde;o; sin importar la mezcla partidista de los distintos planos que afectan al objeto del escarnio. Esta vez, le ha tocado al cartel promocional de la serie Patria de HBO, basada en la novela hom&oacute;nima de Fernando Aramburu, un superventas enmarcado en el caso vasco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este objeto se proyectan e interseccionan, al menos, tres planos principales: el m&aacute;rquetin, la ficci&oacute;n (o representaci&oacute;n) y la realidad; que se han introducido en la misma coctelera para poner el brebaje explosivo (una vez m&aacute;s) al servicio de la pol&iacute;tica de partidos, las redes sociales y los medios de comunicaci&oacute;n. Un desenfoque que nos complica (una vez m&aacute;s) el an&aacute;lisis pausado, el debate constructivo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tratar&eacute; de abordarlo por planos, identificando las intersecciones, aportando algunas claves. Aunque por espacio, no tantas como me gustar&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Considero la &ldquo;ciencia&rdquo; del m&aacute;rquetin la rama perversa de la psicolog&iacute;a. Desde ah&iacute; afirmo que el cartel no acierta, porque desvirt&uacute;a, se aleja del planteamiento del caso vasco (realidad) que retrata su autor en la novela (ficci&oacute;n) y que debiera promocionar en la serie (ficci&oacute;n) con coherencia. Sin embargo, s&iacute; acierta con los factores utilizados para captar la atenci&oacute;n&hellip; y suscitar pol&eacute;mica. Estar en boca de todos. El eco medi&aacute;tico. La remuneraci&oacute;n &iquest;asegurada? Veremos.
    </p><p class="article-text">
        A partir de este punto empieza a complicarse el asunto, ya que nos adentramos en la (dis)capacidad de diferenciar los c&oacute;digos que rigen la ficci&oacute;n y la realidad. La ficci&oacute;n es el arte de representar la realidad desde lo imaginario y, por tanto, como se&ntilde;ala la escritora Mar&iacute;a Zaragoza, no est&aacute; obligado a ser educativo ni moral. Una representaci&oacute;n se rige por los elementos que el autor considera m&aacute;s id&oacute;neos y pertinentes para contar lo que le plazca y c&oacute;mo le plazca. Lo que ha de juzgarse es su verosimilitud &mdash;no su adhesi&oacute;n a la verdad&mdash;, por mucho que lo narrado (vivencias, sentimientos, personajes, conversaciones, paisajes, acciones&hellip;) se base en una realidad identificable, cercana, palpitante, controvertida&hellip; Fallamos si consideramos a pies juntillas que lo que cuenta o debiera contar Patria es la verdad. &iquest;A caso cuestionamos con la misma vehemencia otros productos culturales donde se narran historias insertas en otros contextos que nos resultan m&aacute;s lejanos o desconocidos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la responsabilidad de cada lector/espectador radica, primero, elegir con o sin diversidad sus consumos culturales &mdash;aunque la retroalimentaci&oacute;n ideol&oacute;gica puede darse tambi&eacute;n a trav&eacute;s del arte... Segundo, filtrar (seleccionar, descartar, procesar, cotejar) y permitirse &mdash;o no&mdash; la transformaci&oacute;n a partir de ellos. Y por &uacute;ltimo, aplicar, crear, construir en la realidad desde el poso de lo aprendido en la ficci&oacute;n. Porque a trav&eacute;s de la exploraci&oacute;n art&iacute;stica de mundos externos e internos podemos concebir puentes en la vida real.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ensayo que aborda con maestr&iacute;a las intersecciones entre la realidad del caso vasco y sus representaciones mediante distintas disciplinas art&iacute;sticas es &ldquo;El eco de los disparos&rdquo; (Edurne Portela, Galaxia Gutenberg, 2016). Su eje central, &ldquo;si resulta posible hacer un cambio imaginativo que permita reconstruir los v&iacute;nculos sociales resquebrajados por la violencia, y si la cultura tiene una funci&oacute;n en este proceso&rdquo;. En otras palabras: indaga en el imaginario sobre la normalizaci&oacute;n de la violencia en el marco de una sociedad enferma &ldquo;a veces testigo c&oacute;mplice, a veces testigo amedrentado, a veces testigo indiferente&rdquo;. Para despu&eacute;s lanzar un alegato esperanzador: son, precisamente, los nuevos productos art&iacute;sticos que se creen a partir de esta consciencia de la complejidad y multiplicidad de intrahistorias &mdash;de &ldquo;memorias &iacute;ntimas&rdquo;&mdash; sobre el caso vasco, los que pueden dar lugar a un imaginario que contribuya a sanar a esa misma sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, Patria (la novela, la serie) resulta una representaci&oacute;n ficticia, como tantas otras que existen y existir&aacute;n sobre el caso vasco. Con una repercusi&oacute;n literaria desconocida hasta ahora en relaci&oacute;n al tema, s&iacute;, pero no por ello debe asumir sobre sus l&iacute;neas &mdash;y pr&oacute;ximamente escenas&mdash; mayor responsabilidad educativa y moral. Definitivamente: no es este el cometido del arte. Un artista no deber&iacute;a cercenar nunca su creatividad. Siempre existir&aacute; alguien que rechace lo que hace, pero eso no significa que haya que modificarlo o incluso prohibirlo. Su consumo es una elecci&oacute;n. La responsabilidad descansa en el receptor.
    </p><p class="article-text">
        La realidad s&iacute; deber&iacute;a (pre)ocuparnos. Esa realidad que, a su modo, recoge Aramburu en Patria y que tendremos que esperar para comprobar en HBO c&oacute;mo ha sido su trasvase visual. (Pre)ocuparnos sobre qu&eacute; podemos hacer &mdash;y qu&eacute; no hicimos y debemos enmendar&mdash; con las heridas reales a&uacute;n abiertas vinculadas con el caso vasco, que demasiados quieren parcializar o esquivar para seguir con los pies metidos en el barro o en urnas intocables de cristal. A&uacute;n tenemos responsabilidades, (auto)cr&iacute;ticas que desnudar, aunque nos dejen tiritando.
    </p><p class="article-text">
        Tras algunos a&ntilde;os de mi carrera profesional dedicada a indagar y a desarrollar proyectos para abordar y descongestionar este complejo asunto, sinti&eacute;ndome privilegiada al haber escuchado tantas &ldquo;memorias &iacute;ntimas&rdquo; que laten sobre una fase de la Historia en (re)escritura, se me ocurren algunas heridas cuyo eco sigue resonando. Aunque las instituciones p&uacute;blicas parecen haber decidido taparse premeditadamente los o&iacute;dos (&ldquo;pasar p&aacute;gina&rdquo;) y ahogar econ&oacute;micamente las propuestas que no son afines con el relato hegem&oacute;nico que buscan escribir y difundir. Al menos, a&uacute;n quedan entidades y personalidades se&ntilde;alando con ah&iacute;nco nuestras tareas pendientes (quiz&aacute;s escriba una segunda parte donde pueda desarrollarlas).&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; subrayar&eacute; que tendemos a centrarnos y se&ntilde;alar habitualmente lo que nos hizo el &ldquo;otro&rdquo; &mdash;hay tantos &ldquo;otros&rdquo; en este asunto tan complejo&hellip; Como si el &ldquo;otro&rdquo; &mdash;y &ldquo;los nuestros&rdquo;, tambi&eacute;n&mdash; fueran un ente monol&iacute;tico y no estuvieran formados por tantas visiones como individuos contengan. Aunque esto sea m&aacute;s dif&iacute;cil de descodificar en estructuras jer&aacute;rquicas y militarizadas como ETA y su subcultura, la izquierda abertzale, donde ya se han encargado de minimizar la voluntad y el margen de acci&oacute;n del individuo, en favor de la causa y la protecci&oacute;n del conjunto del grupo social que la defiende.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin ninguna intenci&oacute;n de equiparar, pues huyo por completo del concepto &ldquo;conflicto vasco&rdquo; y de la versi&oacute;n, por tanto, de dos bandos enfrentados, ocurre algo similar en los cuerpos y fuerzas de seguridad. Pues el deber, la instrucci&oacute;n a la subordinaci&oacute;n, tambi&eacute;n ha tra&iacute;do y trae consigo la aplicaci&oacute;n poco cuestionada de leyes revisables y la aniquilaci&oacute;n del &ldquo;enemigo&rdquo; bajo el uso de pr&aacute;cticas, en ocasiones, desproporcionadas e injustificables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, en el marco del caso vasco las intrahistorias siguen palpitando y necesitan ser descubiertas y contadas, visibilizadas, para poder sanar(nos). Es m&aacute;s: en la era de la polaridad es un deber moral recuperar los matices &mdash;m&aacute;s humanos y menos peligrosos que los dogmas&mdash;; bajar las resistencias y deconstruir las narrativas adquiridas y reproducidas. Aunque pongan en jaque el sentido que nos vertebra, que asumimos como propio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y si duele o desconcierta demasiado hacer este ejercicio desde la realidad (acerc&aacute;ndose, conociendo, conversando con la pluralidad, por ejemplo), el arte es, precisamente, el que contribuye con su abstracci&oacute;n a llevarnos a otros escenarios en los que encontrarnos con esas partes m&aacute;s opacas de uno mismo, para preguntarnos despu&eacute;s &mdash;si queremos&mdash; por qu&eacute; pensamos, sentimos, actuamos y vivimos de una u otra forma. Desde d&oacute;nde y por qu&eacute; defendemos nuestras certezas; d&oacute;nde anidan y por qu&eacute; nos molestan nuestras dudas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y si a&uacute;n no estamos preparados ni para la uno ni para lo otro, como afirma el escritor y acad&eacute;mico Antonio Mu&ntilde;oz Molina: &ldquo;El arte nos posibilita la evasi&oacute;n de las reglas que rigen el d&iacute;a a d&iacute;a, nos sirve para buscar refugio en otros mundos; la ficci&oacute;n es terap&eacute;utica&rdquo;. Dejemos, por tanto, de convertirla en el problema.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elvira C. García Vidales]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Sep 2020 11:23:45 +0000]]></pubDate>
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