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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Granizo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-granizo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Granizo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Antonio Dechent: "A nuestra actualidad la titularía 'La jaula de las locas', 'Grupo salvaje' o 'La jauría humana']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/antonio-dechent-actualidad-titularia-jaula-locas-grupo-salvaje-jauria-humana_1_8185356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13fd6bc7-7b2c-479e-8068-59316c71c556_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Dechent: “A nuestra actualidad la titularía ‘La jaula de las locas’, ‘Grupo salvaje´ o ‘La jauría humana’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su estatura, su semblante y su voz le condenaron a convertirse en el malo de la película. Sin embargo, él es un hombre tranquilo, enamorado de Triana, de la música de Frank Zappa y de la poesía de Cernuda. Eterno secundario, en ‘Hombre muerto no sabe vivir’ vuelve a demostrar que no hay protagonista que le haga sombra. Su vida, de trabajador nato, encierra más sorpresas que su centenar de cintas de suspense</p></div><p class="article-text">
        Comenz&oacute; a jugar mucho antes de que le robara, a escondidas, el chupete a su hermana peque&ntilde;a: apenas ten&iacute;a tres a&ntilde;os, pero ya quer&iacute;a recortar un trocito de mundo y manipularlo para entenderlo. Recorriendo el hispalense Paseo de la O lleg&oacute; al colegio y all&iacute; jug&oacute;, con sus compa&ntilde;eros, a hacerse el gracioso &ldquo;para evitar sus malos tratos&rdquo;. El juego se llamaba teatro y, gracias a &eacute;l, se invent&oacute; la vida y acab&oacute; siendo verdad: &ldquo;Cuando dicen acci&oacute;n, te pones a jugar, y cuando dicen corten, se acaba el recreo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antonio naci&oacute; en el coraz&oacute;n de Sevilla, pero en su vida nunca ha sido un se&ntilde;orito andaluz. No lo fue cuando trataba de salir adelante recolectando fresas o echando las redes al mar en la costa portuguesa. Tampoco cuando, con diecis&eacute;is a&ntilde;os, vend&iacute;a seguros para perros y hac&iacute;a encuestas. No lo fue cuando se gan&oacute; el pan trabajando como acomodador y bibliotecario. Mucho menos cuando se vio llorando, con dieciocho a&ntilde;os, en una pensi&oacute;n de Zafra porque hab&iacute;a tocado muchas puertas que solo se abrieron para confirmarle que no hab&iacute;a nacido para ser comercial y para recordarle la fina pluma de Valle-Incl&aacute;n<em>: </em>&ldquo;El comercio honrado no chupa la sangre de nadie&rdquo;. Tampoco fue ning&uacute;n se&ntilde;orito cuando estudi&oacute; Psicolog&iacute;a ni cuando quiso ser escritor y su autoexigencia y honradez lo desestimaron. No lo fue cuando le puso la voz a Popeye. Ni siquiera cuando ensombreci&oacute; a Nick Nolte coincidiendo en el reparto de la misma pel&iacute;cula o cuando fue candidato a un Goya, ganador de dos Biznagas de Plata y de una ristra de reconocimientos. No lo ha sido cuando los grandes directores de nuestro pa&iacute;s le han escrito papeles a medida o cuando, pasando desapercibido en un guion, se convierte en el centro indiscutible de la escena.
    </p><p class="article-text">
        Un cura de su colegio tuvo la culpa: le descubri&oacute; el placer de &ldquo;decir la verdad en la que es todo mentira y est&aacute;s disfrazado&rdquo;. Entonces, se olvid&oacute; de querer ser de mayor &ldquo;misionero o explorador&rdquo; y arranc&oacute; su vocaci&oacute;n &ldquo;para decir las palabras de los grandes&rdquo;: &ldquo;Me sub&iacute; al escenario siendo un ni&ntilde;o. Lleg&oacute; un momento en el que dirig&iacute;a diez o doce obras al a&ntilde;o con el padre Isaac. Llevaba a todos los alumnos de la escuela, desde los de preescolar a los de COU. Nunca pens&eacute; hacerme profesional, a pesar de que viv&iacute;a en el teatro, y le dedicaba casi todas las horas del d&iacute;a&rdquo;. Las de verano las reserv&oacute; para disfrutar, a la fresca, del cine de verano en el que vio <em>Grupo salvaje, </em>el western de Sam Peckinpah que se convirti&oacute; en una de las cintas que le hicieron so&ntilde;ar con ser &eacute;l quien estuviera un d&iacute;a en la pantalla en vez de en el patio de butacas.
    </p><p class="article-text">
        Cambiaron las hojas del calendario y cuando ya le&iacute;a a Cervantes y asent&iacute;a a Albert Camus sentenciando que &ldquo;tras la primera guerra p&uacute;nica, Cartago segu&iacute;a teniendo poder, tras la segunda segu&iacute;a siendo habitable, y tras la tercera desapareci&oacute; del mapa&rdquo;, se hizo objetor de conciencia. Sin embargo, sin pisar un cuartel y manifest&aacute;ndose en contra de la OTAN, continu&oacute; jugando y haci&eacute;ndolo se ha puesto todos los uniformes del mundo:&ldquo; He hecho todo el escalaf&oacute;n de la Polic&iacute;a, desde el ministro del Interior hasta el &uacute;ltimo agente. Guardias civiles, generales del alzamiento nacional, Queipo de Llano, Mill&aacute;n, Mola, y otros muchos, menos Franco porque era muy bajito. No est&aacute; mal para un ni&ntilde;o asustadizo que se dedic&oacute; a esto por terror y que nunca elegir&iacute;a la profesi&oacute;n de militar. Aunque, quiz&aacute;, me dar&iacute;a m&aacute;s apuro emular al banquero del Vaticano&rdquo;. Solo su corpulencia, su metro noventa, su talento y su voz grave han sido los responsables de que su largo historial de personajes autoritarios le hayan colgado la etiqueta de <em>el villano por excelencia </em>del cine espa&ntilde;ol: &ldquo;Me han dado decenas de papeles donde asusto a los dem&aacute;s. M&aacute;s falso que eso&hellip;&rdquo;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un hombre de altura</strong></h3><p class="article-text">
        Como aut&eacute;ntico caballero de Triana creci&oacute;, rodeado de cinco hermanos, correteando por antiguas calles de marineros, de navieros y alfareros. Las mismas por las que hoy transita. Esas en las a&uacute;n se habla de &ldquo;barrio&rdquo; y de &ldquo;patios&rdquo;, en las que se saluda a cuantos se cruzan con uno y a las que nunca ha querido dejar atr&aacute;s: &ldquo;En &eacute;pocas de vacas flacas, en el terru&ntilde;o es donde m&aacute;s calentito se est&aacute;&rdquo;. Calles repletas de rincones en los que huele a jazm&iacute;n y a la dama de noche, los aromas de su infancia. Plazuelas donde una copa de manzanilla o un sorbo de rebujito se convierte &ldquo;en gloria bendita&rdquo; con una tapa de puntillitas o un cartucho de &ldquo;albur en adobo&rdquo;. Donde solo las fachadas de las casas hablan de historia. Donde la canci&oacute;n hace honor al color especial de la ciudad. Donde la vista se emborracha de luz y donde &eacute;l se contagi&oacute; del germen del arte y de la l&oacute;gica contradicci&oacute;n que acuna el r&iacute;o al que los romanos llamaron Betis: &ldquo;Yo creo que el andaluz es el pueblo m&aacute;s sumiso, tal vez porque ha sido el m&aacute;s invadido, pero tambi&eacute;n es el pueblo con m&aacute;s ansia de libertad. Es el m&aacute;s alegre y, a la vez, el m&aacute;s desesperado. Si tuviera que resumirlo, lo dir&iacute;a con una letra de flamenco: <em>Cada vez que considero que me tengo que morir, yo tiro la mantita al suelo y yo me pongo a dormir</em>. Toda una filosof&iacute;a de vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A sus sesenta y un a&ntilde;os, Dechent es un hombre de altura. Lo es cuando su grandeza le permite reconocer su propia peque&ntilde;ez, cuando se define como un obrero de la interpretaci&oacute;n y nos sorprende en cada una de sus cien pel&iacute;culas como un centenar de personas distintas. Cuando, pese a protagonizar muchos t&iacute;tulos y encabezar ahora el cartel de <em>Hombre muerto no sabe vivir,</em> lucha por alimentar su vocaci&oacute;n y no por quitarse tambi&eacute;n el sambenito de actor de reparto o por subir pelda&ntilde;os donde &ldquo;los ojos se convierten en ilusionados embusteros&rdquo; porque en la cima realmente &ldquo;no hay nada&rdquo;: &ldquo;Yo soy un actor vocacional y todo lo que implica lo doy por bueno. Lo duro ser&iacute;a trabajar en una mina o trabajar durante doce horas para cobrar seiscientos euros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n un hombre de altura cuando sus palabras y sus actuaciones son ejercicio de coherencia. Cuando reafirma que un compromiso sin actuaci&oacute;n tiene el mismo valor que una bicicleta sin ruedas. Cuando &eacute;l, sin embargo, llega a muchas partes, colg&aacute;ndose un dorsal para correr contra el c&aacute;ncer infantil o cuando levanta la voz para decir &uml;no a la cosificaci&oacute;n de las mujeres&uml;. Cuando lee un manifiesto por la Memoria Hist&oacute;rica, cuando sonr&iacute;e al D&iacute;a Mundial Sin Tabaco o cuando saca mand&iacute;bula y pone su cara m&aacute;s rotunda para mostrar su rechazo a &ldquo;las hipotecas trampa&rdquo;. Dechent tambi&eacute;n marca altura cuando muestra su apoyo a trabajadores en huelga para defender sus empleos: &ldquo;El que a&uacute;n tiene trabajo se ha convertido en casi un esclavo y se han agrandado las diferencias de sueldos y abierto un abismo entre ricos y pobres. El hombre se est&aacute; convirtiendo en un lobo para el hombre. Vamos a acabar esperando al se&ntilde;orito en la plaza que diga: 'A ver, usted que protesta poco y cobra menos, v&eacute;ngase conmigo. Los dem&aacute;s, qu&eacute;dense aqu&iacute; que no quiero a nadie que reivindique sus derechos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El malo de la pel&iacute;cula</strong></h3><p class="article-text">
        Treinta y cinco a&ntilde;os de trayectoria profesional le han convertido en &ldquo;un actor de carretera&rdquo;, con tantos largos y cortometrajes, obras teatrales y series de televisi&oacute;n que hacen de &eacute;l uno de los int&eacute;rpretes m&aacute;s prol&iacute;ficos de nuestra filmograf&iacute;a: &ldquo;Como dec&iacute;a Pilar Bardem cuando le ofrec&iacute;an un trabajo: '&iexcl;Por Dios que sea bueno! Porque lo tengo que hacer de todas maneras&rsquo;. Aun teniendo el privilegio de que no me falte, no creo que podamos elegir demasiado&rdquo;. Tal vez, por eso, su mayor &eacute;xito no es su arsenal de premios, ni siquiera el aplauso del p&uacute;blico y de la cr&iacute;tica, sino que se le acumulen guiones: &ldquo;El papel m&aacute;s raro que he hecho fue el del ind&iacute;gena <em>Nube de agua</em> en la cinta de Antonio Cuadri <em>Eres mi h&eacute;roe. </em>Mi madre me dijo entonces que mi profesi&oacute;n era hacer el indio. Y yo estuve de acuerdo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El lugar en el que naci&oacute; el malo de la pel&iacute;cula, y su mejor escuela de aprendizaje, tuvo nombre de bar, La Revuelta: &ldquo;Le llamaron 'el &uacute;ltimo reducto hippie de Sevilla&rsquo; y era el local que tuve en la d&eacute;cada de los ochenta&rdquo;. A la fuerza, all&iacute; tuvo que impostar voz, fachada y car&aacute;cter:&ldquo; Aquel antro era un poquito salvaje y la clientela m&aacute;s todav&iacute;a. Cuando cerr&aacute;bamos a&uacute;n hab&iacute;a mucha gente dentro y no quedaba m&aacute;s remedio que ponerse en la puerta para decir que no pod&iacute;a entrar nadie m&aacute;s. En esa situaci&oacute;n me asustaba mi propia clientela y la &uacute;nica manera de imponer era decir con rotundidad que ya no se pod&iacute;a entrar y parecer ser m&aacute;s peligroso de lo que realmente soy. Creo que se me qued&oacute; la voz as&iacute; de grave por eso, por miedo a mis clientes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de intentar enga&ntilde;ar a su vocaci&oacute;n montando bares y haciendo todo tipo de trabajos, acab&oacute; matricul&aacute;ndose en el Instituto del Teatro de Sevilla: &ldquo;All&iacute; conoc&iacute; a gente tan loca como yo y entend&iacute; que mi afici&oacute;n no era una enfermedad, sino que pod&iacute;a ser hasta una carrera&rdquo;. De las tablas, su refugio preferido, pas&oacute; a debutar ante las c&aacute;maras en <em>Las dos orillas</em>. Vicente Aranda se fij&oacute; en &eacute;l y Dechent se pase&oacute; por los fotogramas de <em>El Lute </em>para acabar convirti&eacute;ndose en canalla reincidente en cintas de Agust&iacute;n D&iacute;az Yanes, Mario Camus, Jos&eacute; Luis Garci o Chus Guti&eacute;rrez. <em>&nbsp;</em>Con su tono y corpulencia comenzaron a llegarle papeles para ser, casi siempre, el tirano de la pel&iacute;cula en m&aacute;s t&iacute;tulos de los que podemos recordar: <em>Solas, Intacto, Smoking Room, Carmen, 7 v&iacute;rgenes, La voz dormida, Los Borgia, El d&iacute;a de la bestia, La marrana, El mundo es nuestro, Retorno a Hansala, Salvador, Los aires dif&iacute;ciles, Poniente, Besos de gato </em>o<em> Alatriste. </em>Tambi&eacute;n en la pel&iacute;cula que siente m&aacute;s suya, <em>A puerta fr&iacute;a</em>, de Xavi Puebla, y en medio centenar de series de televisi&oacute;n como <em>Lleno, por favor, Brigada central, Este es mi barrio, La casa de los l&iacute;os, Todos los hombres sois iguales, </em>o <em>La familia Mata.</em>
    </p><p class="article-text">
        Aparcando su fachada de tipo duro al grito de 'corten&rsquo;, sonr&iacute;e porque no cree que &ldquo;ning&uacute;n tiempo pasado fuera mejor&rdquo;, pero s&iacute; reclama la libertad de expresi&oacute;n &ldquo;sin los matices ni cortapisas que se han impuesto&rdquo; en los &uacute;ltimos tiempos: &ldquo;Antes pod&iacute;as hablar con la gente de un mont&oacute;n de cosas. Todo el mundo es libre de pensar y opinar lo que quiera y no por ello debe implicar un castigo. En lo &uacute;nico que s&iacute; me parece bien es en el tema de la violencia de g&eacute;nero y en lo relativo al g&eacute;nero. &iexcl;Qu&eacute; se corten ya el desprecio, chistes y bromas hacia otro sexo, pero en todo lo dem&aacute;s, no!&nbsp;Habr&iacute;a que quitar las injurias al Estado, a la bandera, las blasfemias, son solo palabras. Este nuevo resurgir de la ultraderecha, que siempre ha estado ah&iacute;, pero ahora tiene un nombre, me recuerda a &eacute;pocas pasadas y no quiero volver a entonces, cuando te dec&iacute;an 'usted no sabe con qui&eacute;n est&aacute; hablando&rsquo;. A m&iacute;, con quince o diecis&eacute;is a&ntilde;os, como llevaba los pelos largos, me cog&iacute;an de ellos los cuerpos y fuerzas de seguridad y me dec&iacute;an: '&iquest;A d&oacute;nde vas ni&ntilde;a, nenita?, a ver si te pelas&rsquo;. Todas estas cosas me dan un poquito de p&aacute;nico. En este momento creo que lo mejor de nuestro pa&iacute;s es la diversidad, pero tambi&eacute;n creo que lo peor es esa gente que no acepta esa diversidad. A la actualidad de Espa&ntilde;a le encajar&iacute;a bien t&iacute;tulos como 'La jaula de las locas&rsquo;, 'Grupo salvaje&rsquo; o 'La jaur&iacute;a humana&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dispuesto a seguir escuchando uno de sus discos favoritos, <em>Zappa en Nueva York</em>, el &aacute;lbum con el que el pionero en romper las barreras entre rock, jazz y m&uacute;sica cl&aacute;sica, Frank Zappa, le gan&oacute; la partida a Warner y recuper&oacute; los derechos de divulgaci&oacute;n de su trabajo, el hombre tranquilo y m&aacute;s alejado a los malos que, sin embargo, lleva treinta y cinco a&ntilde;os interpret&aacute;ndolos, despide su Playlist. En un patio que rezuma la vida de sus tiestos, con una hamaca y el poema <em>Donde habite el olvido</em> de su paisano Luis Cernuda, Antonio P&eacute;rez Dechent disfruta de su peque&ntilde;o para&iacute;so trianero antes de que se asome a la no belleza del mundo que trae la portada del peri&oacute;dico que le acecha y los WhatsApp que no le dejan de entrar: &ldquo;En Espa&ntilde;a siempre hemos dicho que 'no vivimos para trabajar sino que trabajamos para vivir&rsquo;, pero eso hoy es mentira. Sin embargo, tengo dos hijos y, por tanto, no puedo permitirme el lujo de creer que las cosas no tienen arreglo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/antonio-dechent-actualidad-titularia-jaula-locas-grupo-salvaje-jauria-humana_1_8185356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jul 2021 20:03:02 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Alejandra Jacinto: "La vivienda es el derecho que te permite acceder al resto de derechos: su acceso es ya una emergencia"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/alejandra-jacinto-vivienda-derecho-permite-acceder-resto-derechos-acceso-emergencia_1_8164348.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e60453b-f4c7-4fed-9b2e-798a04c8f7bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alejandra Jacinto: &quot;La vivienda es el derecho que te permite acceder al resto de derechos: su acceso es ya una emergencia&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Busca tiempo para ejercer como madre, abogada, activista, diputada y portavoz adjunta de UP en la Asamblea de Madrid. También para leer "La España de las piscinas", escuchar a Extremoduro y volver a disfrutar de Martín (Hache). Cerca de los que pierden su hogar, espera que este año se apruebe una ley de vivienda "porque hay vidas en juego"</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n tendr&iacute;a el valor de explicarle a Ari, una ni&ntilde;a de dos a&ntilde;os, o a cualquier otra como ella que, a veces, demasiadas, la vida no es bella?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a capaz de romper su bendita ingenuidad para contarle que los antidisturbios que derribaron su puerta no vinieron a darle una sorpresa por su cumplea&ntilde;os, como su madre trat&oacute; de hacerle creer, para envolver en papel bonito un sufrimiento evitable?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n encontrar&iacute;a las palabras justas para que entendiera que la pancarta que estaba enfrente de su casa no dec&iacute;a &ldquo;felicidades&rdquo; sino &ldquo;hay quienes tienen la conciencia limpia porque no la usan nunca&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n sabr&iacute;a c&oacute;mo explicarle que su regalo por cumplir un a&ntilde;o m&aacute;s ser&iacute;a vivir un desahucio y quedarse en la calle a merced de la caridad de vecinos y familiares?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a asegurarnos que este no ser&aacute; un recuerdo que esa ni&ntilde;a no borre nunca?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n le har&iacute;a entender c&oacute;mo es posible que nos hayamos acostumbrado a este tipo de situaciones?
    </p><p class="article-text">
        Como Manuela, vecina del madrile&ntilde;o barrio de Vallecas, madre de Ari y de otros tres ni&ntilde;os m&aacute;s, v&iacute;ctimas de un lanzamiento, casi 11.000 familias han tenido que enfrentarse, en primera persona, a preguntas semejantes solo en el primer trimestre del a&ntilde;o. M&aacute;s del doble de los desahuciados son menores de edad. 90.000 al a&ntilde;o. Ni&ntilde;os con luz propia, aunque retratarlos arrojados a la calle incomode a quienes est&aacute;n en la oscuridad.
    </p><p class="article-text">
        Los desahucios no son cosa del pasado. Contin&uacute;an y se han incrementado un 13,5%, durante los tres primeros meses del a&ntilde;o, respecto al mismo periodo de 2020, seg&uacute;n datos del CGPJ. Del total, un 72% corresponden a lanzamientos practicados por impago de la renta de alquiler y el resto por hipotecas. Mil treinta y tres de esas &oacute;rdenes se dictaron en la Comunidad de Madrid, un 6% m&aacute;s que entre enero y marzo del a&ntilde;o anterior.
    </p><p class="article-text">
        Ari y su familia lo vivieron hace diez d&iacute;as. Nueve menos de los que tard&oacute; la entidad financiera propietaria del inmueble, con la que la familia intent&oacute; negociar sin &eacute;xito, en poner en venta, a trav&eacute;s de un portal inmobiliario, el &uacute;nico hogar que conoci&oacute; la peque&ntilde;a Ari. El llamado &lsquo;escudo social&rsquo; del Gobierno no le sirvi&oacute; a esta familia. El decreto antidesahucios que supuestamente los frena, mientras duren los efectos de la pandemia, deja la decisi&oacute;n en manos del juzgado porque no es una paralizaci&oacute;n de oficio. Sorteando esa misma resoluci&oacute;n, este mi&eacute;rcoles Cruz y sus cuatro nietos, de entre 9 y 16 a&ntilde;os, han sido desalojados de un piso del mismo barrio, en este caso propiedad de Cerberus, &ldquo;uno de los fondos buitre que m&aacute;s vivienda ha comprado a los bancos, en los &uacute;ltimos tiempos, por precios muy bajos&rdquo;. La pandemia dej&oacute; sin trabajo a la familia y la abuela, despu&eacute;s de siete a&ntilde;os pagando el alquiler, no pudo continuar haci&eacute;ndolo. &ldquo;Ni la Comunidad ni el Ayuntamiento les han provisto de una vivienda a pesar de llevar a&ntilde;os en las listas de espera. &iexcl;Verg&uuml;enza!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Alejandra Jacinto, la diputada sin pelos en la lengua y portavoz adjunta de UP en la Asamblea de Madrid, es experta en vivienda. Tiene 31 a&ntilde;os, muchos menos que el n&uacute;mero de &ldquo;escenas traum&aacute;ticas&rdquo; a las que ha asistido &ldquo;por este tipo de ejecuciones&rdquo; que se han quedado grabadas no solo en su retina: &ldquo;Se puede intentar cerrar los ojos a la realidad, pero no a los recuerdos. No puedo olvidar todos los desahucios en los que, a trav&eacute;s de la mirilla de una puerta, se ve&iacute;a un s&eacute;quito de antidisturbios para desalojar a una familia. Han sido muchos, y todos tremendos, y lo que se siente cuando se vive de cerca es indescriptible, sobre todo para las personas que lo sufren. Imposible olvidar, por ejemplo, el desahucio de Andr&eacute;s, en el barrio de San Crist&oacute;bal, uno de los m&aacute;s azotados por la crisis en Madrid. Recuerdo a los agentes de la polic&iacute;a apostados en la puerta de este hombre, que era una persona enferma a la que la Empresa Municipal de la Vivienda, con Ana Botella, le hab&iacute;a adjudicado una casa social que despu&eacute;s vendi&oacute; al fondo buitre Blackstone. A Andr&eacute;s le desahuciaron de la peor manera, de la forma m&aacute;s cruel. Tambi&eacute;n hay otra ejecuci&oacute;n que me marc&oacute; bastante: el de la madrile&ntilde;a calle Argumosa, en el n&uacute;mero 11, un desahucio m&uacute;ltiple que se llev&oacute; a cabo de forma coordinada por los juzgados y que supuso un atropello brutal de los derechos humanos de las inquilinas que dejaron de ser rentables, en el centro de Madrid, a unos grandes propietarios que quer&iacute;an poner las viviendas en alquiler tur&iacute;stico para poder especular y sacar m&aacute;s rentabilidad econ&oacute;mica. Fue un desahucio especialmente terrible por c&oacute;mo se produjo, por el dispositivo desproporcionado que se emple&oacute; y porque cont&aacute;bamos con diferentes resoluciones de Naciones Unidas que hab&iacute;an instado a paralizarlo y a que la Comunidad de Madrid otorgara alternativa habitacional a las familias. Esto no sucedi&oacute; y se efectu&oacute; un desahucio sangrante&rdquo;. Aquel febrero de 2019, una mara&ntilde;a de matices jur&iacute;dicos &ldquo;dej&oacute; a familias enteras, menores de edad, un beb&eacute; y una adolescente discapacitada en la calle&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a los momentos dif&iacute;ciles, &ldquo;no he pensado en ning&uacute;n momento en tirar la toalla porque el objetivo no permite hacerlo&rdquo;. Releyendo <em>La Espa&ntilde;a de las piscinas </em>de Jorge Dioni sobre el boom<em> </em>inmobiliario y la transformaci&oacute;n de la vivienda, Alejandra reafirma su negativa a aceptar lo habitual como algo natural porque, como apuntaba Bertolt Brecht, &ldquo;en tiempos de desorden sangriento, de confusi&oacute;n generalizada, de arbitrariedad consciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Activista nata</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quienes la conocen de cerca coinciden en que nunca ha sido una persona que pidiera una carga ligera sino una espalda fuerte. Desde ni&ntilde;a, la diputada morada y activista por el derecho a la vivienda, tuvo la fortuna de pertenecer a una familia de clase media, residente en el acomodado barrio de Retiro, donde los procedimientos de desalojo nunca han sido frecuentes. Hija de un periodista, &ldquo;que me llev&oacute; todos los domingos de mi infancia a ver t&iacute;teres&rdquo;, y de una funcionaria del Estado, no necesit&oacute; pasar calamidades para entender que &ldquo;quien no vive de alg&uacute;n modo para los dem&aacute;s, tampoco vive para s&iacute; mismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en 1989, pertenece a la generaci&oacute;n de los &lsquo;Milenial&rsquo;<em>,</em> siete millones de j&oacute;venes espa&ntilde;oles que crecieron con los inicios de la digitalizaci&oacute;n, impulsaron la vida sana y el ecologismo. Pero tambi&eacute;n son la generaci&oacute;n cuyo acceso a la vida laboral est&aacute; muy marcado por la crisis econ&oacute;mica y, como consecuencia, por un bajo porcentaje de independizaci&oacute;n. Alejandra no fue una excepci&oacute;n: &ldquo;En cuanto pude, en cuanto tuve trabajo, me emancip&eacute;. Viv&iacute; en varios sitios, cerca del barrio de Retiro, en Arganzuela y, finalmente, en Lavapi&eacute;s. Pero tuve que volver a casa de mis padres una temporada por la precariedad laboral que nos azota a todos los j&oacute;venes en este pa&iacute;s, m&aacute;xime si te dedicas a lo que yo eleg&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En plena adolescencia vio la pel&iacute;cula de Adolfo Aristarain, <em>Mart&iacute;n (Hache)</em> y, aunque se convirti&oacute; en una de sus cintas favoritas, tuvo claro que ella no ser&iacute;a una &lsquo;nini&rsquo; como el personaje interpretado por Juan Diego Botto: desde muy peque&ntilde;a fue consciente del esfuerzo que hac&iacute;an sus padres para que su hermano y ella tuviesen una vida confortable. Tal vez, por eso, no tuvo jam&aacute;s los brazos ca&iacute;dos. Tan buena estudiante y tan empollona que el contenido de todos los ex&aacute;menes, uno a uno, tema tras tema, se los contaba a mi madre el d&iacute;a de antes de la prueba. Siempre digo a la pobre que ella tambi&eacute;n se sac&oacute; las carreras, tanto de Derecho como de Ciencias Pol&iacute;ticas, porque le cont&eacute; todo lo que entraba en los ex&aacute;menes. Eso s&iacute;, funcion&oacute;, tuve buenas notas&ldquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de obtener la doble licenciatura en la Universidad Aut&oacute;noma, la hija mayor de los Jacinto Uranga pas&oacute; veranos dorados, suavizados por la brisa cant&aacute;brica y la magia de los atardeceres reflejada en los edificios modernistas de Comillas, el pueblo de sus abuelos, con los que pase&oacute; una y otra vez la playa de Oyambre. All&iacute; descubri&oacute; que un mar tranquilo nunca hizo un buen marinero. Si desde muy peque&ntilde;a hab&iacute;a so&ntilde;ado con ser abogada, sus inquietudes sociales y pol&iacute;ticas fueron creciendo con ella como la marea: &ldquo;Un a&ntilde;o antes de finalizar la carrera, con el estallido del 15-M, acud&iacute; con una amiga a la manifestaci&oacute;n y, a partir de ah&iacute;, encontr&eacute; un lugar donde poder desarrollar mi compromiso pol&iacute;tico siempre con los derechos humanos y con las personas que m&aacute;s lo necesitan. Me dediqu&eacute; al activismo social y a la abogac&iacute;a casi a la vez, de la mano&rdquo;. Una ma&ntilde;ana de 2011 fue al barrio de Usera, donde se hab&iacute;a enterado que se debat&iacute;a a diario sobre los problemas de la vivienda. Cuando se present&oacute; como estudiante de Derecho, los vecinos la abordaron a preguntas porque &ldquo;nadie ense&ntilde;a la burocracia de la vivienda&rdquo;. Entonces supo que &ldquo;no hay denuncia verdadera sin compromiso de transformaci&oacute;n, ni compromiso sin acci&oacute;n&rdquo;. Mientras participaba en la asamblea Stop Desahucios, acab&oacute; la carrera y se puso manos a la obra: se implic&oacute; en hacer frente a los desalojos de inquilinos de las viviendas p&uacute;blicas que el PP vendi&oacute; a los fondos buitre durante los mandatos de Ana Botella en el Ayuntamiento e Ignacio Gonz&aacute;lez en la Comunidad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>De la abogac&iacute;a y el activismo a la pol&iacute;tica</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el verano de 2012, &ldquo;participando en una manifestaci&oacute;n contra los desmanes de Bankia por el tema de las preferentes&rdquo;, conoci&oacute; a Javier Rubio, un letrado experto en temas vinculados a la vivienda y que llevaba a&ntilde;os defendiendo los derechos de los habitantes de la Ca&ntilde;ada Real. Con &eacute;l comenz&oacute; a trabajar en el Centro de Asesor&iacute;a y Estudios Sociales, una cooperativa de abogados comprometida con la transformaci&oacute;n social y la defensa de los derechos humanos desde dentro de los movimientos sociales. &ldquo;Ten&iacute;a esfuerzo y coraje desde muy cr&iacute;a&rdquo;, pero acercarse a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca le dio un prop&oacute;sito: &ldquo;Trabajar para que se cumpla el derecho a la vivienda como base que te permite tener acceso al resto de derechos. Cambiar el paradigma, descartar la vivienda como mercado, como negocio y sustituirlo por el concepto de derecho humano, que es lo que es y lo que dicen los tratados internacionales, y evitar las viviendas vac&iacute;as que acaparan grandes tenedores de casas y que son los que provocan las subidas de precio. Y, fundamental, parecernos m&aacute;s a Europa, a ciudades como Viena, que tienen un parque p&uacute;blico del 20% al alcance de las mayor&iacute;as sociales&rdquo;. Tambi&eacute;n al pa&iacute;s en el que se desarrolla la laureada serie de televisi&oacute;n favorita de la activista, <em>Borgen</em>: en Dinamarca, menos del 50% de la poblaci&oacute;n tiene vivienda en propiedad y m&aacute;s del 41% reside en r&eacute;gimen de alquiler, la mitad de ellos de vivienda p&uacute;blica, junto con un 7% de ciudadanos que viven en cooperativas. Adem&aacute;s, el arrendamiento de los pisos antiguos est&aacute; regulado por las autoridades municipales, que fijan una renta basada en los costes de mantenimiento.
    </p><p class="article-text">
        Ejerciendo en un despacho comprometido con los Derechos Humanos y la justicia social, durante casi diez a&ntilde;os Alejandra se ha dedicado, junto con la PAH, &ldquo;a defender los intereses de las personas frente a los abusos bancarios y a la especulaci&oacute;n inmobiliaria. Actualmente la gente destina m&aacute;s del 50% de sus ingresos para el pago de sus alquileres y, como indica la OCDE, es dinero que se retrae del consumo y del mercado. Adem&aacute;s, los precios abusivos hacen que tan solo el 20% de los j&oacute;venes pueda emanciparse. Es necesario revertir la nefasta pol&iacute;tica de vivienda que tenemos, en particular en la Comunidad de Madrid, desde hace 40 a&ntilde;os. Es necesario apostar por un cambio de modelo que ponga el derecho a la vivienda en el centro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mirando m&aacute;s all&aacute; de la indignaci&oacute;n, en 2017, Jacinto recibi&oacute; la condecoraci&oacute;n de Amnist&iacute;a Internacional en su campa&ntilde;a <em>Valiente</em> como defensora de derechos humanos. Hab&iacute;a propuesto a todos los colectivos de la vivienda madrile&ntilde;a una gran recogida de firmas para presentar una iniciativa legislativa popular en la Asamblea de Madrid. El objetivo era lograr una ley urgente en la regi&oacute;n &ldquo;porque esta es la &uacute;nica Comunidad junto con Asturias, que no tiene esa ley por el ejercicio mezquino de dejaci&oacute;n de funciones para permitir que esto sea el salvaje Oeste en materia de derechos sociales y de vivienda&rdquo;. Para pasar por la puerta de la Asamblea era necesario que el texto contara con 50.000 firmas. Logr&oacute; 77.000. Sin embargo, al entrar al Parlamento madrile&ntilde;o se dio de bruces con el PP y Ciudadanos, que tumbaron la iniciativa con sus votos. La ley ni se tramit&oacute;: &ldquo;De la forma m&aacute;s cruel tiraron nuestra propuesta a la basura, no permitieron ni siquiera debatirla en la C&aacute;mara. Me recuerdo absolutamente indignada, sin poder creer que se pisoteara un ejercicio de democracia&rdquo;. Sin embargo, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, la justicia le dio la raz&oacute;n: la presidenta D&iacute;az Ayuso tiene que recuperar los 2.930 pisos p&uacute;blicos que, en 2013, el PP vendi&oacute; a un fondo por 205 millones. Alejandra Jacinto, alentada por su firme convicci&oacute;n de que &ldquo;siempre es demasiado temprano para abandonar&rdquo;, form&oacute; parte del equipo jur&iacute;dico que ha logrado esta hist&oacute;rica sentencia.
    </p><p class="article-text">
        Celebrando &ldquo;lo mejor que est&aacute; sucediendo en nuestro pa&iacute;s, el avance imparable y la conquista de derechos feministas&rdquo; y lamentando &ldquo;lo peor, la imagen de la Espa&ntilde;a en blanco y negro a la que nos quieren hacer retroceder algunos&rdquo;, en marzo pasado, Jacinto tard&oacute; veinticuatro horas en decir &ldquo;s&iacute;&rdquo; a la propuesta del ex vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias para dar un paso al frente como candidata independiente a la lista de UP a la Comunidad de Madrid. Seis meses despu&eacute;s de nacer su primera hija, se convirti&oacute; en diputada y portavoz adjunta del partido morado en la Asamblea de Madrid: &ldquo;Llevo pocos meses, pero no dejan de sorprenderme las formas del PP y de Vox insultando a la inteligencia de los que estamos en la oposici&oacute;n y tambi&eacute;n a la de los madrile&ntilde;os y madrile&ntilde;as. La prioridad de Ayuso es afianzarse en su carrera pol&iacute;tica a La Moncloa y hacer oposici&oacute;n al se&ntilde;or Casado. Lejos de combatir la desigualdad en la Comunidad, la mayor de todo el Estado, se dedica a aumentar su chiringuito de propaganda, a tomar el control de Telemadrid y a seguir regalando dinero p&uacute;blico a las cloacas. Lo que hay que aprobar ya, porque es una emergencia, es una ley de vivienda que regule los precios de alquiler, frene los desahucios sin alternativa habitacional y consolide un parque de vivienda social. La pol&iacute;tica no puede llegar tarde a este tipo de materias: &rdquo;Conf&iacute;o en que la nueva ley de vivienda sea aprobada por el Gobierno antes de que acabe este a&ntilde;o porque hay vidas en juego. La entrada en el Ministerio de Transportes y Movilidad de Raquel S&aacute;nchez, quien siendo alcaldesa de Gav&aacute; permiti&oacute; que se regularan los alquileres en su municipio, puede ser una oportunidad para desbloquear las diferencias en la redacci&oacute;n del texto entre los socios de Gobierno. Es l&oacute;gico pensar que, si quieres lo mejor para tu pueblo, tambi&eacute;n lo quieras para el Estado
    </p><p class="article-text">
        Con una carpeta bajo el brazo repleta de expedientes sobre pr&oacute;ximos lanzamientos, que pone la piel de gallina, Alejandra Jacinto Uranga, la joven que pronto entendi&oacute; que la contemplaci&oacute;n a veces es un lujo y la acci&oacute;n una necesidad, despide su Playlist<em> </em>mientras se va escuchando a Extremoduro por camino de su despacho<em>. </em>La activista que no quiere m&aacute;s desahucio que el de la Presidenta Ayuso de la Puerta del Sol porque &ldquo;su libertad cabe en una caja de zapatos&rdquo;, se aleja tarareando <em>Ama, ama, ama y ensancha el alma: &ldquo;Quisiera que mi voz fuera tan fuerte que a veces retumbaran las monta&ntilde;as y escucharais las mentes social adormecidas, las palabras de amor de mi garganta. Abrid los brazos, la mente y repart&iacute;os, que solo os ense&ntilde;aron el odio y la avaricia, y yo quiero que todos como hermanos repartamos amores, l&aacute;grimas y sonrisas&hellip;&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/alejandra-jacinto-vivienda-derecho-permite-acceder-resto-derechos-acceso-emergencia_1_8164348.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jul 2021 19:54:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alejandra Jacinto: "La vivienda es el derecho que te permite acceder al resto de derechos: su acceso es ya una emergencia"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Unidas Podemos,Activismo,Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio de la Torre: ''Una sola vida es infinitamente más valiosa que cualquier frontera, nación o bandera'']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/antonio-torre-sola-vida-infinitamente-valiosa-frontera-nacion-bandera_1_8143611.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/539a876d-b4b5-4bbd-9612-8e10b99b3d9d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio de la Torre: &#039;&#039;Una sola vida es infinitamente más valiosa que cualquier frontera, nación o bandera&#039;&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con catorce nominaciones a los Goya y dos cabezones en su haber, antes de alcanzar el firmamento del cine cogió varios trenes y subió muchos peldaños. Con las lentejas aseguradas, retomó su vocación de actor y hoy, escuchando a Mala Rodríguez y releyendo a Gabo, cree posible un mundo mejor</p></div><p class="article-text">
        <em>Imagina que no hay pa&iacute;ses. No es dif&iacute;cil hacerlo. Nada por lo que matar o morir. Tampoco ninguna religi&oacute;n. Imagina a toda la gente viviendo la vida en paz. Quiz&aacute;s digas que soy un so&ntilde;ador, pero no soy el &uacute;nico. Espero que alg&uacute;n d&iacute;a te unas a nosotros. Y el mundo ser&aacute; uno solo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez porque se acostumbr&oacute; a mirar tanto al Mediterr&aacute;neo que el esperanzador azul del mar se proyecta en sus ojos: &ldquo;Tengo un sue&ntilde;o: unos Estados Unidos de la humanidad sin fronteras''.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s porque piensa que la igualdad pasa por ''la revoluci&oacute;n educativa, formativa e informativa: me considero una persona de izquierda internacionalista, en mi ideario no cabe que ning&uacute;n ser humano tenga menos derechos que otro''.
    </p><p class="article-text">
        Acaso porque cree que ''el gran desarrollo intelectual, moral y emocional es superar la confrontaci&oacute;n y el odio''.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente porque pertenece a la estirpe de quienes sue&ntilde;an un mundo mejor, lo proclaman y en su vida cotidiana trabajan para convertirlo en realidad: ''Las &uacute;nicas revoluciones que han perdurado son las que comenzaron de un modo pac&iacute;fico''.
    </p><p class="article-text">
        Sin haber interpretado nunca a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/imagine-cancion-lennon-mccartney-querria-haber-compuesto_1_7829996.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Lennon </a>ni haber tenido la oportunidad de estrechar su mano, si se hubieran visto sin conocerse, se hubieran reconocido. Como el de Liverpool, el malague&ntilde;o, para imaginar y ver claro, sabe cambiar la direcci&oacute;n de la mirada: ''Todo tiene un porqu&eacute;, una causalidad y creo que ahondar en las ra&iacute;ces de eso nos permitir&iacute;a tener un mundo con m&aacute;s paz, aunque sea una utop&iacute;a, pero la humanidad ha avanzado gracias a esos locos que cre&iacute;an en esa utop&iacute;a''.
    </p><p class="article-text">
        Desde cr&iacute;o, Antonio de la Torre trabaj&oacute; tanto la suya que, de aut&eacute;ntico realista, pas&oacute; a ser visionario.&nbsp;Hu&eacute;rfano, con poco m&aacute;s que lo puesto y ''el s&iacute;ndrome del pobre'' proclive a aceptar cualquier trabajo, se vino a Madrid, estudi&oacute;, se duch&oacute; en la Pensi&oacute;n Garc&iacute;a por 75 c&eacute;ntimos diarios y bombarde&oacute; a sus amigos para que fueran al cine y lograr as&iacute; que aguantaran m&aacute;s en cartelera las pel&iacute;culas en las que sal&iacute;a. Mientras, se convirti&oacute; en periodista deportivo. Y con sobrada inteligencia emocional, aprendi&oacute; ''mucho m&aacute;s del fracaso que del &eacute;xito''. Un d&iacute;a se hizo la magia trabajada con esfuerzo y alcanz&oacute; ''la oportunidad genial para ser otro''. El &eacute;xito no le confundi&oacute;. Escalando la cima se sacudi&oacute; los prejuicios y comenz&oacute; ''a juzgar menos y a entender m&aacute;s a las personas''.
    </p><p class="article-text">
        Sin disfrazarse nunca delante ni detr&aacute;s de las c&aacute;maras, como el hombre leal a sus principios que nunca baja la mirada y siempre la mantiene con humildad, ha vivido tantas vidas como personajes ha interpretado. Con la sabidur&iacute;a del malacitano que sabe que el viento puede cambiar de rumbo y que hay muchos fracasos que llegan por no darse cuenta de lo cerca que est&aacute; el &eacute;xito, celebrando su carrera se ha comido la pantalla y todo lo que se pusiera por delante como <em>Can&iacute;bal</em>. Ha cogido 33  kilos para convertirse en uno de los <em>Gordos</em> y ha adelgazado 17 para meterse en la piel del ex presidente de Uruguay. Ha transformado su natural campechan&iacute;a en una venganza aterradora cuando era<em> Tarde para la ira</em>. Ha entonado la <em>Balada triste de trompeta</em>, ha desvelado que &eacute;l y Ra&uacute;l Ar&eacute;valo eran unos particulares <em>Primos</em> que pod&iacute;an convertirse en <em>Amantes pasajeros</em>, en <em>La gran familia espa&ntilde;ola</em> y hasta llevarnos a una <em>Isla M&iacute;nima</em>, para que <em>Dios nos perdone</em> diciendo <em>Abracadabra</em> y nos descubra <em>El autor, El invasor</em> y al <em>Grupo 7</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con su nombre metido ya de lleno en el firmamento del <em>AzulOscuroCasiNegro</em> y en <em>El Reino</em> de los Goyas, el hombre de las mil caras, y de la cabeza siempre bien situada, solo acapara el hist&oacute;rico r&eacute;cord de haber sido nominado 14 veces a los Goya y llevarse a casa dos cabezones. Tambi&eacute;n el m&aacute;ximo reconocimiento del Sindicato de Actores en cinco ocasiones, seis premios de los Escritores Cinematogr&aacute;ficos, la Medalla de Andaluc&iacute;a y otra ristra infinita de honores. Sin embargo, la vanidad ni le roza: ''La clave es aprender a vivir con poco porque, como apunta Jos&eacute; M&uacute;jica, 'cuando t&uacute; pagas algo, no lo pagas con dinero sino con el tiempo que invertiste en ganar ese dinero'''. Y eso es irrecuperable.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La vida en manos del trabajo, nunca del destino</strong>
    </p><p class="article-text">
        La curiosidad, el riesgo y la sinceridad son las se&ntilde;as de identidad de quien encuentra lo importante en la mirada, no en lo que mira. En veintiocho a&ntilde;os de oficio Antonio ha visto mucho. En cincuenta y tres, asom&aacute;ndose a la vida, m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En un tercer piso del barrio obrero de Ciudad Jard&iacute;n conoci&oacute; los primeros planos nada impostados de los afectos, de aquellos que aprendi&oacute; que ''se educa viviendo'', aunque ellos solo tuvieran tiempo para matarse a trabajar. De un padre, administrativo de profesi&oacute;n, que se dej&oacute; la vida, demasiado corta, gan&aacute;ndose un jornal desde los 12 a&ntilde;os hasta los 56; entonces, la muerte, disfrazada de enfermedad, toc&oacute; a su puerta y con ella se fue sin haber alcanzado m&aacute;s lujo que su sentida pasi&oacute;n por el M&aacute;laga CF. Tambi&eacute;n de una madre, ''ama de casa casi analfabeta'', que sab&iacute;a tan poco de los libros como de vivir sin los miedos de una infancia que le secuestr&oacute; la posguerra; seis a&ntilde;os despu&eacute;s de fallecer su marido, la misma dolencia le oblig&oacute; a seguirle los pasos y al menor de sus hijos ya nadie volvi&oacute; a llamarle ''Antonio Jes&uacute;s'' desde la ventana de la cocina para que subiera a comer. De dos hermanos mayores, a los que dio sus primeros pases con el bal&oacute;n, y de otras dos abuelas viudas, tambi&eacute;n narradoras de calamidades. ''Historias de hambre'' que le hacen ser ''antifranquista porque vi en ellos una generaci&oacute;n perdida: mi padre se qued&oacute; hu&eacute;rfano con tres a&ntilde;os y siendo un ni&ntilde;o tuvo que empezar a trabajar. &iquest;Quieres cargarte la ideolog&iacute;a de la gente? Obl&iacute;gala a sobrevivir y se acab&oacute; la ideolog&iacute;a''.
    </p><p class="article-text">
        De su familia, en aquella peque&ntilde;a vivienda de protecci&oacute;n oficial malague&ntilde;a, tambi&eacute;n aprendi&oacute; a creer m&aacute;s en el trabajo duro que en el destino: ''La vida se anda, no es ning&uacute;n camino que te pongan ah&iacute;''. Con paso fuerte, porque ir de puntillas no garantizaba la supervivencia, antes de so&ntilde;ar con ser actor ya hab&iacute;a comenzado a actuar. Primero vaticin&oacute; su obsesi&oacute;n ''por contar historias'' retando a su propia credibilidad con quien le meci&oacute; la cuna: ''En el cole me hice muy amigo de un ni&ntilde;o de un curso superior y yo, que estaba en primero, le cont&eacute; una trola a mi madre dici&eacute;ndole que pod&iacute;a pasar a segundo. Ella fue a hablar con la profesora y esta le dijo que s&iacute;, que yo era muy listo y que estaba preparado. Entonces, fui toda mi infancia un a&ntilde;o adelantado, aunque no s&eacute; muy bien para qu&eacute; sirvi&oacute;''. Despu&eacute;s, con 12 a&ntilde;os, volvi&oacute; a dar muestra de sus dotes para la interpretaci&oacute;n, esta vez pisando un escenario: ''En el colegio apareci&oacute; la compa&ntilde;&iacute;a Arlequ&iacute;n que hac&iacute;a actividades con ni&ntilde;os. Recuerdo ensayar la obra <em>La historia de Pituch&iacute;n y Pituchina</em>. No lo podr&eacute; olvidar. Tuve muy claro qu&eacute; era lo que me gustaba''. Sin embargo, el peso casi ineludible de las opiniones de los amigos, en plena pubertad, pudieron m&aacute;s que la vocaci&oacute;n y se apart&oacute; del teatro.
    </p><p class="article-text">
        Camufl&oacute; su vac&iacute;o con las pel&iacute;culas que alquilaba, sin descanso, en el v&iacute;deo club de la Sra. B&aacute;rbara, enfrente de su casa. Con algunas, Alfredo Landa se convirti&oacute; en su &iacute;dolo, ''el actor que siempre quise ser''. Con otras, tambi&eacute;n adquiri&oacute; cultura cinematogr&aacute;fica, y descubri&oacute; cintas que ver&iacute;a una y otra vez: <em>''El Exorcista</em>, que me aterr&oacute; cuando era un adolescente y que no ha envejecido en absoluto, y <em>El Padrino</em> por las interpretaciones, por el tiempo, por el cine en estado puro''. Al llegar el est&iacute;o, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, sustitu&iacute;a esos maratones por campeonatos de f&uacute;tbol, en La Cala del Moral, en los que se dejaba el aliento y la voluntad sin pasar desapercibido: ''Tengo recuerdos muy bonitos con todo lo que supone ese deporte. Es dif&iacute;cil explicarlo, pero la pasi&oacute;n que sentimos, la solidaridad, la diversi&oacute;n, el sentimiento de pertenencia a un grupo que gana, que pierde, es muy flipante''. Por encima de la distorsi&oacute;n que genera el tiempo y la memoria que idealiza los recuerdos, guarda en el coraz&oacute;n ''tardes gloriosas en La Rosaleda''. Tambi&eacute;n ''el olor de las moragas que hac&iacute;amos en verano en La Cala, en ese lugar y en ese tiempo en el que fui feliz''.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El f&uacute;tbol, el viaje al periodismo y el poder de la vocaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando echa una ojeada al ni&ntilde;o que fue, recuerda varios trenes hasta que pudo subirse al suyo. El primero tuvo como destino Madrid, como fecha 1986, y como asunto estudiar periodismo.
    </p><p class="article-text">
        En la literatura privada de los recuerdos de Antonio hay muchos ligados al deporte que han sobrevivido precisos al tiempo porque en ellos est&aacute; su padre: su primer partido juntos en el primer estadio de la ciudad, ''un M&aacute;laga-Burgos en el que ganamos por un gol que no vi porque en ese momento miraba a la grada'', las caras<em><strong> </strong></em>de emoci&oacute;n y los abrazos sentidos celebrando victorias como ''cuando el M&aacute;laga le gan&oacute; al Sporting y se clasific&oacute; para Champions''. Nunca ha podido abstraerse de aquellos momentos que envolvieron en papel de regalo su infancia. Mucho menos cuando, poco antes de acabar el instituto, un c&aacute;ncer en el est&oacute;mago paterno acab&oacute; con la posibilidad de volver a repetirlos.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo que su padre le hab&iacute;a acercado al f&uacute;tbol, el bal&oacute;n lo hizo a los programas de deportes. Escuchando en la radio, noche tras noche, <em>Supergarc&iacute;a</em>, hab&iacute;a so&ntilde;ado ''ser de mayor periodista deportivo como Butanito''. Con entrevistar y narrar ''historias bonitas'' como la de su admirado coterr&aacute;neo Juanito, ''el chaval de barrio que triunfa luego en un gran equipo. Me encantar&iacute;a hacer una pel&iacute;cula, un 'biopic', sobre &eacute;l''.
    </p><p class="article-text">
        Con una beca de 20.000 pesetas, la mitad de lo que le costaba dormir cada mes en un piso compartido del madrile&ntilde;o barrio de Arg&uuml;elles, y ''un curro en negro por el que cobraba 30.000'', sobrevivi&oacute; en la capital los cinco a&ntilde;os de carrera universitaria ''trabajando por la ma&ntilde;ana y estudiando por la tarde''. Tambi&eacute;n leyendo con una avidez que no hab&iacute;a tenido nunca. La pluma de Gabo escribiendo los <em>Cien a&ntilde;os de Soledad</em> de los Buend&iacute;a fue la culpable: ''Recuerdo que lo le&iacute; en la facultad y estaba deseando llegar a casa, como un novio enamorado, para reencontrarme con el libro y devorarlo''.<em><strong>&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Su primer empleo profesional lleg&oacute;, en 1990, en Canal Sur, como productor de un programa de radio. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, enferm&oacute; su madre, mientras &eacute;l ''tiraba de cualquier conocido para que ella estuviera mejor'', pero nada la salv&oacute;. Era 1992. Alberto San Juan, uno de los mejores amigos de Antonio en la facultad, se fue a Madrid a estudiar interpretaci&oacute;n en la Escuela de Cristina Rota. Sin nadie ya que le esperara en casa, y sin saber por d&oacute;nde tirar, de la Torre se pregunt&oacute;: ''&iquest;Cu&aacute;ndo tenga cuarenta40 a&ntilde;os le voy a perdonar al de 24 no haberlo intentado?'' Un billete de ida a Madrid fue su respuesta inmediata.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>El Reino</strong></em><strong> de los Goyas</strong>
    </p><p class="article-text">
        ''Si alguien me hubiera dicho que a&ntilde;os despu&eacute;s ganar&iacute;a alg&uacute;n <a href="https://www.eldiario.es/cultura/anecdotas-galas-premios-goya_1_7277109.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Goya</a> y me llamar&iacute;a Almod&oacute;var, me hubiera ahorrado una depresi&oacute;n, pero es verdad que aquello que no hagas, nunca m&aacute;s lo vas a hacer''.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l se arriesg&oacute; y lo hizo. Durante cinco a&ntilde;os, hasta casi cumplir los 30, interpret&oacute; papeles ''en los que casi no se me ve&iacute;a. Aspiraba a algo m&aacute;s y no ten&iacute;a cuajo para aguantar eso''. La necesidad le llev&oacute; a una prueba de presentadores, de nuevo en Canal Sur, y la casualidad y su desparpajo hicieron que comenzara a trabajar como periodista deportivo en Sevilla. Con las lentejas ya cubiertas, retom&oacute; su carrera: ''Mis compa&ntilde;eros me ayudaron mucho para poder cambiar turnos e ir a castings''.
    </p><p class="article-text">
        Sin rendirse y extrayendo todo lo bueno, incluso aquello que a otros ojos pasar&iacute;a desapercibido, hizo su primera aparici&oacute;n en una pel&iacute;cula, en 1994. Interpretando el papel de ''periodista 3'', <em>Los peores a&ntilde;os de nuestra vida</em> marc&oacute; el inicio de los mejores tiempos en su carrera: ''Siempre quedar&aacute; en mi recuerdo como el primer beso, por esa sensaci&oacute;n virginal de verte en un rodaje, es inolvidable''. Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s se sinti&oacute; plenamente actor trabajando en <em>Poniente</em> de Chus Guti&eacute;rrez. Pero la cinta que cambi&oacute; su devenir, ''la que hace que deje el periodismo definitivamente'', lleg&oacute; en 2006 con t&iacute;tulo en colores presagiando el triunfo, <em>AzulOscuroCasiNegro</em>. Tambi&eacute;n con la promesa cumplida de su director, Daniel S&aacute;nchez Ar&eacute;valo, con el que ya hab&iacute;a trabajado en varios cortos: ''Nadie te ha escrito un papel a la altura de tu talento y lo voy a hacer''. En su primer largometraje, el cineasta puso el guion en manos de Antonio. El actor, que nunca repite una escena porque su autoexigencia hace que cada toma sea diferente, acab&oacute; levantando su primer Goya en 2007. Ten&iacute;a cerca de 40 a&ntilde;os. <em><strong>&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Sumergi&eacute;ndose de nuevo en la complejidad del ser humano, el reconocimiento como mejor actor protagonista lo celebr&oacute; en 2019 entrando en <em>El Reino</em> de nuestro cine. En esta ocasi&oacute;n se guio por la direcci&oacute;n de Rodrigo Sorogoyen, pero tambi&eacute;n por sus conversaciones con Rubalcaba, con Eduardo Madina y con varios pol&iacute;ticos en activo, con imputados, con el Bigotes, con Francisco Correa y con Cristina Cifuentes, con jueces e incluso asistiendo al juicio de la G&uuml;rtel. Escuch&aacute;ndolos abri&oacute; o&iacute;dos y mente. Sin dejar que nada humano le fuera ajeno, se meti&oacute; en el impecable traje de un pol&iacute;tico de provincias envuelto en una trama de corrupci&oacute;n casi tan real como el triunfo que dedic&oacute; ''a los que se levantan cada ma&ntilde;ana queriendo cambiar el mundo'' y al orgullo de sus ra&iacute;ces: ''Este Goya se queda en esta tierra de pasi&oacute;n y talento que se llama Andaluc&iacute;a, pueblo multicultural que abraza siempre al que viene de fuera. Si ha sido as&iacute;, seguir&aacute; siendo as&iacute;''.
    </p><p class="article-text">
        El hombre que cuando hace un papel aspira ''a ser otro'' y siempre lo consigue, que no reconocemos de una a otra de sus pel&iacute;culas, obras de teatro y series de televisi&oacute;n, arropado solo por la curiosidad y el talento, honra la memoria de sus padres y de sus semejantes: ''El miedo mata la vida. La verdadera revoluci&oacute;n es cuando no necesitas el poder para relacionarte con los dem&aacute;s. La manera en que Europa ha tratado la crisis de los refugiados ha reflejado nuestro fracaso como modelo de civilizaci&oacute;n. Una sola vida es infinitamente m&aacute;s valiosa que cualquier frontera, naci&oacute;n o bandera. Y una vida con todos los recursos b&aacute;sicos que una vida decente requiere y precisa''.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como el ni&ntilde;o curioso que lleva dentro y la tenacidad de quien siempre encuentra una forma y evita excusas si quiere algo, Antonio Jes&uacute;s de la Torre Mart&iacute;n, a ritmo de <em>El trato</em> que tiene con Mala Rodr&iacute;guez, despide su Playlist poniendo m&uacute;sica a su convencimiento de que, ''cuando crezcamos como seres humanos, de una manera m&aacute;s universal y generosa, m&aacute;s nos acercaremos a un tiempo nuevo''.&nbsp; Persuadido por un sue&ntilde;o ''que es posible'', vuelve a imaginar y sonr&iacute;e esperanzado como el 'beatle' m&aacute;s rebelde.
    </p><p class="article-text">
        <em>Imagina que no hay posesiones. Deseo que puedas hacerlo. Que no hay necesidad de codicia ni hambre. Una hermandad humana. Imagina a toda la gente compartiendo todo el mundo. Quiz&aacute;s digas que soy un so&ntilde;ador, pero no soy el &uacute;nico. Espero que alg&uacute;n d&iacute;a te unas a nosotros y el mundo ser&aacute; uno solo</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/antonio-torre-sola-vida-infinitamente-valiosa-frontera-nacion-bandera_1_8143611.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jul 2021 19:54:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Antonio de la Torre: ''Una sola vida es infinitamente más valiosa que cualquier frontera, nación o bandera'']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Actores,Premios Goya,Antonio de la Torre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matthew McConaughey: ''El éxito se resume en tener fama y dinero por la errónea forma en que manejamos el capitalismo'']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/matthew-mcconaughey-exito-resume-fama-dinero-erronea-forma-manejamos-capitalismo_1_8121502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ba6c8ce-f8af-415d-bd34-10104e65525d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matthew McConaughey: &#039;&#039;El éxito se resume en tener fama y dinero por la errónea forma en que manejamos el capitalismo&#039;&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes de levantar un Oscar y rechazar un proyecto de catorce millones de dólares, fue hijo de una pareja que se maldecía tanto como hacía el amor delante de los niños. Que nunca supo que el menor se subía a los árboles y escribía diarios: 'Greenlights'. Que Matt veneraba a Paul Newman y se asomaba al mundo para encontrar un equilibrio que hoy sigue buscando</p></div><p class="article-text">
        Antes de que su nombre irland&eacute;s tuviera cinco puntas en el Paseo de la Fama, ya andaba por las nubes ''con un ego descontrolado''. Escribiendo y perdi&eacute;ndose por otros mundos, se cur&oacute; ''de la arrogancia'' y ya no ha vuelto a olvidarse del suelo.
    </p><p class="article-text">
        Entre ayer y ma&ntilde;ana se queda con hoy: ''Hay que vivir porque nadie sale vivo de la vida''. Naci&oacute; con el don natural de ser todo, pero creci&oacute; entre demasiadas tinieblas para llegar a nada. Fue el m&aacute;s guapo del parvulario, el adolescente m&aacute;s ocurrente, el deportista m&aacute;s laureado del instituto, el chico m&aacute;s seductor, el compa&ntilde;ero m&aacute;s lig&oacute;n, el universitario m&aacute;s brillante. Pero tambi&eacute;n ''el accidente inesperado'' de una pareja que no sab&iacute;a estar ''ni contigo ni sin ti'', que se cas&oacute; tres veces y se divorci&oacute; otras dos, que se maldec&iacute;a en la misma proporci&oacute;n ''que hac&iacute;a el amor en el suelo de la cocina a la vista'' de sus tres ni&ntilde;os y que les ense&ntilde;aba a empu&ntilde;ar con una mano la Biblia y con la otra un rifle <em>Daisy BB</em> para que aprendiesen a disparar y a centrar sus objetivos. Unos padres que les inculcaban la consigna de que ''siempre hab&iacute;a que ganar'' sin importar c&oacute;mo, que se dejaban el aliento salvando a sus mascotas despu&eacute;s de ''desgastar el cintur&oacute;n de cuero en el trasero'' de sus hijos, que blasfemaban en cada discusi&oacute;n diaria antes o despu&eacute;s de abandonar a alguno de los cr&iacute;os ''a veinte kil&oacute;metros de casa para que regresara andando por nombrar a Dios en vano''. Un matrimonio que retaba a sus v&aacute;stagos a responder a sus golpes hasta que se meaban encima para demostrarles que eran ''unos cobardes'', que les dej&oacute; hu&eacute;rfanos de padre ''practicando sexo'' y que vendi&oacute; la intimidad del benjam&iacute;n por la espuma ef&iacute;mera de la fama.
    </p><p class="article-text">
        Acostumbrado a normalizar la oscuridad, Matt se guio por la luz de las estrellas. Bajo su amparo vivi&oacute; ''el mejor verano'' de su vida ''robando materiales de noche en un aserradero y construyendo, de d&iacute;a, una casa en un &aacute;rbol''. Ocupados casi siempre en divorciarse para volverse a casar, sus padres nunca se enteraron de que ese mes de julio hab&iacute;a cambiado su admiraci&oacute;n por el verde de <em>Hulk, </em>su h&eacute;roe de ficci&oacute;n favorito, hacia el verde de un pino majestuoso desde el que alcanz&oacute; a ver m&aacute;s all&aacute; del peque&ntilde;o condado de Texas que le vio nacer. Entonces, entendi&oacute; que el mundo fue creado redondo para que no podamos ver el final del camino. Su curiosidad quiso asomarse m&aacute;s y le llev&oacute; a sellar su pasaporte a trav&eacute;s de un programa de intercambio de estudiantes. Mientras hac&iacute;a la maleta se imagin&oacute; con alas, pero sin pies, en las playas de arena blanca de S&iacute;dney, con chicas bronce&aacute;ndose en bikini y disfrutando m&aacute;gicas puestas de sol. El espejismo dio la talla, pero la realidad tuvo defectos. Se tuvo que conformar con sobrevivir un a&ntilde;o en una casa australiana con poca luz, con la brisa envuelta en el polvo de una carretera de interior y con la &uacute;nica imagen de un ba&ntilde;ador sexy en una manoseada portada del <em>Playboy</em>. Por si fuera poco, durante trescientas noches, so&ntilde;&oacute; con el deleite de cenar hamburguesas con queso. Sin embargo, la resignaci&oacute;n a dejar pasar el tiempo le conden&oacute; a masticar lechuga <em>iceberg</em> con k&eacute;tchup y a buscar el placer masturb&aacute;ndose mientras le&iacute;a a Lord Byron y escuchaba <em>Rattle and Hum </em>de U2.
    </p><p class="article-text">
        Haciendo de su sacrificio un acto de honor, con diecinueve a&ntilde;os regres&oacute; a Austin y quiso ser abogado como Nelson Mandela, pero su afici&oacute;n por narrar historias le hizo cerrar la puerta de la Facultad de Derecho y, con notas brillantes, entrar en el Programa de Honores de la Escuela de Cine: ''Estaba en un nuevo camino en el que, a diferencia de la otra carrera que empec&eacute;, la nota media no importaba. Sab&iacute;a que a Hollywood le dar&iacute;a igual que sacara excelentes o muy deficientes; necesitaban ver algo que mereciera su atenci&oacute;n. Ten&iacute;a que hacer una pel&iacute;cula, una actuaci&oacute;n, un corto, algo. Necesitaba un trabajo''. Sinti&eacute;ndose ''un marginado en clase por ser el &uacute;nico que, en vez de estar p&aacute;lido y vestir de negro, iba bronceado y llevaba botas camperas'', acab&oacute; sac&aacute;ndose la camisa por fuera del pantal&oacute;n para parecerse a los dem&aacute;s. Pero comentando su pasi&oacute;n ''por las pel&iacute;culas que pon&iacute;an en el Metroplex como <em>La jungla de cristal, </em>frente a la machacona letan&iacute;a de las reposiciones de Eisenstein'', acab&oacute; dudando de s&iacute; mismo: '''Eso es mierda de gran estudio, &eacute;xitos de taquilla de la Am&eacute;rica corporativa', me dijeron.<em> </em>Entonces les pregunt&eacute;: '&iquest;Por qu&eacute; es mierda?, &iquest;qu&eacute; fue lo que no os gust&oacute; de ella?' y respondieron: 'Bueno, en realidad no la hemos visto. Simplemente sabemos que es mierda'''. Desde ese d&iacute;a, Mathew no volvi&oacute; a clase sin meterse, de nuevo, la camisa por dentro.
    </p><p class="article-text">
        Una agencia de talentos le ofreci&oacute; su primer trabajo publicitario como modelo de manos: ''Me pagaron tan bien que nunca m&aacute;s me mord&iacute; las u&ntilde;as. La buena apariencia no lo es todo, pero te abre puertas, y yo estaba decidido a aprovechar todas las que me dejaran pasar''. Dirigi&oacute; cortometrajes, edit&oacute;, fue ayudante de direcci&oacute;n en las pel&iacute;culas de otros compa&ntilde;eros, director de fotograf&iacute;a, escribi&oacute;, actu&oacute; y comenz&oacute; a conocer gente de los estudios de la Paramount y del Teatro Dolby. ''Escuchando veintid&oacute;s veces <em>L. A. Woman </em>de los Doors mientras conduc&iacute;a, lleg&oacute; a Hollywood. No tard&oacute; en entender que Marilyn ten&iacute;a raz&oacute;n: ''En la meca del cine te dan mil d&oacute;lares por un beso y cincuenta centavos por tu alma''. Bombeando adrenalina, despu&eacute;s de veinte horas pisando el acelerador para llegar puntual a la cita acordada, llam&oacute; al timbre de la mansi&oacute;n del productor Don Phillips: en vez de un contrato para su pr&oacute;xima pel&iacute;cula, encontr&oacute; ''a un hombre en pelotas, con una erecci&oacute;n, que hab&iacute;a olvidado la entrevista'' y que le dio un portazo en las narices para seguir con lo que estaba. El de Texas no se desesper&oacute;: como el que nunca se duerme en las clases de geograf&iacute;a, supo r&aacute;pido que encontrar el cielo en la tierra no es tarea f&aacute;cil. Se acomod&oacute; y supo esperar.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>''Alright, alright, alright</strong></em><strong>'': su pistoletazo de salida</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los sue&ntilde;os imposibles, empezaron a ser improbables y a&uacute;n pasar&iacute;a tiempo hasta que acabaran siendo inevitables. Pero lo fueron. Unas semanas despu&eacute;s de su particular encuentro, recibi&oacute; un guion de la oficina de Phillips para interpretar a un personaje secundario en una nueva pel&iacute;cula: <em>Movida del 76.</em> McConaughey se vio, por primera vez, en un set de rodaje con un micr&oacute;fono y forzado a hacer una prueba improvisando la primera frase de su personaje. Hoy, casi treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, se r&iacute;e a carcajada limpia record&aacute;ndola, mientras una legi&oacute;n de fans la inmortalizan en tatuajes y camisetas: <em>''Alright, alright, alright</em>''. Unos vocablos que no debi&oacute; decir nada mal ''porque las tres &uacute;nicas escenas en las que ten&iacute;a que aparecer se acabaron convirtiendo en unas cuantas m&aacute;s'' y, de un d&iacute;a, pas&oacute; a estar tres semanas de rodaje.
    </p><p class="article-text">
        Antes de finalizarlo recibi&oacute; una llamada de su madre: ''Tu padre ha muerto. Tuvo un infarto mientras hac&iacute;amos el amor''. Perder ''al abominable hombre de las nieves, a la fiera con el sistema inmune de un vikingo y la fuerza de un toro'', al ex jugador de f&uacute;tbol americano reconvertido en empleado de una petrolera al que siempre llam&oacute; ''se&ntilde;or'', al que ''pese a todo'', idealiz&oacute; y quiso, fue su rito ''de paso a la edad adulta m&aacute;s trascendental, la hora de que madurase, la hora de decir adi&oacute;s al chico que constru&iacute;a casas en los &aacute;rboles en plena noche''. Aparc&oacute; las aspiraciones y la gran pantalla y, para no olvidarse de vivir, arranc&oacute; una moto prestada y recorri&oacute; Centroeuropa. Hizo amigos para siempre y, respirando libertad, dej&oacute; de luchar contra sus demonios para comenzar a bailar con ellos. Le fue bien. Encontr&oacute; ''una gran herramienta para la supervivencia e incluso para la felicidad: el humor en la sabidur&iacute;a y la sabidur&iacute;a en el humor''. Con la perspectiva de la distancia aprendi&oacute; a valorar ''el optimismo norteamericano, la oportunidad, la resiliencia, nuestro coraje''. Tambi&eacute;n a detectar que ''somos demasiado arrogantes, que a veces nos supera el miedo. Tratar de proteger nuestra individualidad en detrimento de nuestro colectivo, no es seguramente lo mejor de nosotros''.
    </p><p class="article-text">
        Rendido a las dotes actorales de Paul Newman, regres&oacute; a EE. UU. y quiso ser tambi&eacute;n El<em> m&aacute;s salvaje entre mil</em>, su pel&iacute;cula favorita.<em> </em>Durante unos a&ntilde;os tuvo que conformarse con aceptar todos los papeles que llegaban a sus manos y con llamar a una perra malherida, que adopt&oacute;, como al legendario <em>Hud </em>con los ojos m&aacute;s azules del celuloide. Tambi&eacute;n se dio el capricho de tener una caravana para, de vez en cuando, dejar atr&aacute;s las colinas de la Costa Oeste y <em>Perderse en diez d&iacute;as, </em>olvidarse por un rato de <em>Planes de boda, </em>de su <em>Novia por contrato </em>y hasta de <em>Los fantasmas de mis exnovias</em>.
    </p><p class="article-text">
        Entre rodajes, idas y venidas, fum&oacute; peyote, toc&oacute; los bongos, enton&oacute; las canciones de los Black Pumas, que no se cansa de escuchar, y vivi&oacute; con una tribu que recoloc&oacute; el orden de sus prioridades. Tratando de recuperar eslabones perdidos rechazando la nostalgia, volvi&oacute; a su pueblo, pero acab&oacute; maldiciendo los abusos policiales y period&iacute;sticos que, ''con mucho &aacute;nimo de lucro y la falsa acusaci&oacute;n de alterar el orden p&uacute;blico'', le sacaron una noche de su casa, como su madre le trajo al mundo, y de un barrio en el que hab&iacute;a encontrado el anonimato y la paz.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Greenlights</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Con las dos caras de la moneda que paga la mercanc&iacute;a de la vida, convertirse en <em>True detective </em>le acerc&oacute; a uno de sus mejores amigos, Woody Harrelson. Tambi&eacute;n le libr&oacute; de ''la cansina etiqueta de gal&aacute;n'' como heredero de las comedias rom&aacute;nticas de Hugh Grant en las que siempre se ten&iacute;a que quitar la camiseta en la playa, pero con las que se pag&oacute; ''el alquiler de las casas de la playa donde era yo quien decid&iacute;a quitarme la camiseta''. A&ntilde;os empa&ntilde;ados por el espejismo de la borrachera creciente de la fama a la que no le encontraba la vuelta: ''Disfrutaba de poder poner, al fin, gasolina s&uacute;per sin plomo en mi <em>pickup</em>, pagar la cuenta cuando sal&iacute;a con mis amigos, conseguir pases entre bastidores y trabajar con gente con tanto talento. Intentaba seguir siendo un caballero y aceptar el caviar, los buenos vinos y los 'te quiero' con elegancia, pero sent&iacute;a que todo aquello no era yo''. El mundo se convirti&oacute; en un espejo: ''Gente desconocida se acercaba a tocarme y me hablaba como si me conocieran muy bien. Todo el mundo ten&iacute;a una biograf&iacute;a preconcebida sobre m&iacute; en aquel momento''.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras impresiones honestas eran cosa del pasado. Ese cheque ya hab&iacute;a sido cobrado incluso en su propia familia: ''Me aseguraba de llamar a mi madre todos los domingos. Solo que la persona a quien llamaba ya no era mi madre. No era mi madre quien me escuchaba. No era mi madre quien hablaba con su hijo. Era una mujer que estaba m&aacute;s enamorada de mi fama que yo. Eso se hizo especialmente evidente cuando una noche recib&iacute; una llamada de un amigo y me dijo que pusiera el Canal 7. Ah&iacute; estaba ella, en la televisi&oacute;n estatal, hablando a la c&aacute;mara que la segu&iacute;a por toda nuestra casa en una visita guiada hasta llegar a mi cama donde contaba que era all&iacute; donde perd&iacute; la virginidad con quince a&ntilde;os, con qu&eacute; chica hab&iacute;a sido y todos los detalles que record&oacute; y otros que se le pasaron por la cabeza... Tristemente, la relaci&oacute;n con mam&aacute; fue extenuante los ocho a&ntilde;os siguientes''. Con una carrera consolidada y ''los pies m&aacute;s firmes en el suelo, finalmente dije 'a la mierda' y afloj&eacute; las cuerdas con ella. Mi madre hab&iacute;a entrado en una edad en la que pens&eacute; que tal vez deber&iacute;a dejar que se divirtiera todo lo que quisiera. Y sigo haci&eacute;ndolo hasta hoy. Tiene ochenta y ocho a&ntilde;os, le encanta la alfombra roja, dar entrevistas y decirle al mundo que ella 'sabe de d&oacute;nde me viene'. De ella. No le falta raz&oacute;n''.
    </p><p class="article-text">
        Menos preocupaciones, pero tambi&eacute;n mucho esfuerzo, supuso para el actor de<em> El chico del peri&oacute;dico, Magic Mike </em>e <em>Interestelar</em> meterse en la piel del seropositivo Ron Woodroof en <em>Dallas Buyers Club: </em>comiendo solo verduras y pescado perdi&oacute; veintid&oacute;s kilos en seis semanas. Con menos fuerza, pero sinti&eacute;ndose m&aacute;s fuerte, le quedaron los suficientes huesos para levantar un Oscar y un Globo de Oro despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de profesi&oacute;n. Tambi&eacute;n para crear una fundaci&oacute;n que forma a chicos en riesgo de exclusi&oacute;n ''y sin posibilidad de escalar para divisar otros mundos''.
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento de la Academia, la factura de sus interpretaciones y tener su estrella en el Paseo de la Fama le han permitido apostar ''por pel&iacute;culas independientes y m&aacute;s exigentes''.<em> </em>Tambi&eacute;n poder rechazar un proyecto de catorce millones y medio de d&oacute;lares, defender un guion que escribi&oacute; sobre la vida del Presidente Jimmy Carter que no se resigna a dejar dormido en un caj&oacute;n, ''aunque a Hollywood estos temas no le interesen mucho'', irse al desierto para reencontrarse con sus diarios de infancia y juventud y escribir su libro <em>Greenlights </em>para o&iacute;rse pensar: ''Llevo en esta vida cincuenta y un a&ntilde;os, cuarenta y dos intentando resolver su misterio y he escrito diarios con pistas para solucionar este enigma los &uacute;ltimos treinta y dos. Nunca he escrito cosas para recordar, siempre lo he hecho para poder olvidarlas. Tambi&eacute;n para divertirme, para hacer menos da&ntilde;o a las personas, para hacerme menos da&ntilde;o, para ser un buen hombre, para conseguir lo que quiero, mi equilibrio, ser m&aacute;s yo''.
    </p><p class="article-text">
        Como cuando era un cr&iacute;o, pero con alguna cana, encuentra la mejor versi&oacute;n de s&iacute; mismo subido a su casa del &aacute;rbol cada vez que se escapa de la mansi&oacute;n de Malib&uacute; que comparte, desde hace quince a&ntilde;os, con Camila Alves. Tambi&eacute;n con sus tres hijos que llevan primero el apellido materno porque ''me parec&iacute;a justo que continuaran esa antigua tradici&oacute;n brasile&ntilde;a que reconoce el valor incomparable de las madres''. Recuperando la libertad del ni&ntilde;o que solo se fijaba en la luz desechando las sombras, se pierde con frecuencia en su caravana, desde la que despide su Playlist, recomend&aacute;ndonos <em>La Balada</em> <em>de Curtis Lowe</em> de Lynyrd Skynyrd ''para envolver de magia las noches de verano con los coros de los grillos''.
    </p><p class="article-text">
        Apostado en una colina desde la que nos muestra la inmensidad de un valle cuyo nombre prefiere reservarse, hoy, como cada vez que se reencuentra consigo mismo, dormir&aacute; al raso, arropado por la fidelidad de su perra, para continuar gui&aacute;ndose por luces en la oscuridad: ''Como pueblo, hemos perdido la verdadera frecuencia del mundo. Creo que la definici&oacute;n de &eacute;xito que le vendemos a la gente est&aacute; fuera de lugar, especialmente en EE. UU. Aqu&iacute; el triunfo se resume en ser famoso y tener dinero. No creo que esos dos factores deban estar en los primeros puestos de la lista. Creo que inherentemente han acabado ah&iacute; porque es la err&oacute;nea forma en la que hemos manejado el capitalismo. Todos queremos ser relevantes, pero deber&iacute;amos preguntarnos: &iquest;relevantes para qu&eacute;?''.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/matthew-mcconaughey-exito-resume-fama-dinero-erronea-forma-manejamos-capitalismo_1_8121502.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jul 2021 19:54:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Matthew McConaughey: ''El éxito se resume en tener fama y dinero por la errónea forma en que manejamos el capitalismo'']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Actores,Hollywood,Libros,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Serigne Mbaye: un negro en una Asamblea de blancos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/serigne-mbaye-negro-asamblea-blancos_1_8099966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d200e6d0-d473-4828-bf41-448fe297991f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Serigne Mbaye: un negro en una Asamblea de blancos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nació en un paraíso que la pesca indiscriminada, el cambio climático y la globalización se ocuparon de destruir. La desesperación le llevó a acabar en medio del Atlántico subido a una patera. Logró llegar a tierra y, mientras leía Discurso sobre el colonialismo, se vio en otro infierno: el del racismo que ha padecido incluso dentro de la Asamblea de Madrid</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El fascismo se cura leyendo. El racismo, viajando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es uno de los pa&iacute;ses que menos gasta en libros. Algunos, ocupados siempre en desplegar banderas, los abren poco e incapaces de refrescar la memoria y de pasar p&aacute;gina, no ven personas m&aacute;s all&aacute; de las fronteras. Lo advirti&oacute; Unamuno hace m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os. Hoy lo palpamos todos. M&aacute;s si eres negro y entras en una Asamblea de blancos, como el diputado de UP Serigne Mbaye.
    </p><p class="article-text">
        Ni las amenazas p&uacute;blicas de deportarlo, aun teniendo nacionalidad espa&ntilde;ola, ni las provocaciones de Vox intimidan a un hombre que, despu&eacute;s de enfrentarse al oc&eacute;ano, &ldquo;ya no tiene miedo a nada, aunque padecer esas actitudes oscurezcan a veces tanto la esperanza en el futuro como la noche cerrada en medio del mar&rdquo;. Su voluntad de &ldquo;acabar con el racismo institucionalizado&rdquo; hace que, pese a muchos pesares, siempre conf&iacute;e en un nuevo amanecer.
    </p><p class="article-text">
        Naci&oacute; en un para&iacute;so transformado en pesadilla. En un pa&iacute;s rico que se esquilma hasta el agotamiento. En la tierra f&eacute;rtil de Senegal donde m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n, por m&aacute;s que se esfuerce y doble el lomo, est&aacute; condenada a la miseria. En un lugar en el que el sistema sanitario es tan precario que cumplir sesenta a&ntilde;os es casi una rareza. En una costa en la que los cayucos han dejado de ser herramienta imprescindible para la pesca atl&aacute;ntica como medio de vida para convertirse, con demasiada frecuencia, en ata&uacute;d que engulle el mar y apenas ensucia nuestras hip&oacute;critas conciencias.
    </p><p class="article-text">
        <em>Djeredieuf</em>, 'gracias' en <em>w&oacute;lof</em>, lengua nativa de Senegal, es una de las primeras palabras que los ni&ntilde;os del pa&iacute;s africano leen al un&iacute;sono y escriben cuando comienzan la escuela a los siete a&ntilde;os. Hace cuarenta que Serigne la aprendi&oacute;, pero con la gratitud del que solo con estar vivo se siente feliz, no se cansa de usarla: da gracias a la vida por haber abierto los ojos al mundo en un lugar donde, sin casi nada, tuvo casi todo. Donde la piel es negra por generosidad hacia la explosi&oacute;n de color de la madre naturaleza. Entona tambi&eacute;n <em>djeredieuf </em>a la vida<em> </em>por una ni&ntilde;ez repleta de afectos. Porque la fortuna le evitara ser el migrante de cada veinte senegaleses que, tratando de alcanzar las Islas Canarias, es devorado a diario y sin piedad por el mar. Agradece haber logrado avistar el Teide, como un faro de salvaci&oacute;n en la bruma, despu&eacute;s de mil cuatrocientos kil&oacute;metros de precaria navegaci&oacute;n. <em>Dieredieu</em>f por la voluntad y confianza en el ma&ntilde;ana que le inculcaron sus padres. Porque esos principios le libraran de la rendici&oacute;n y el desaliento, y hoy le contin&uacute;en llevando a creer, con firmeza, que &ldquo;la educaci&oacute;n es el arma m&aacute;s poderosa&rdquo; frente a la ultraderecha, a la intolerancia y a la sinraz&oacute;n: &ldquo;La &uacute;nica que puedes usar para cambiar el mundo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras ejerce de activista social y pol&iacute;tico, lidera el Sindicato de Manteros de la capital y ocupa su esca&ntilde;o en la Asamblea de Madrid, Serigne, transparente como el agua de mar que le vio nacer, se muestra como si nadie le mirase y se expresa como si todo el mundo escuchase, incluso los que le amenazan. Fiel a Martin Luther King proclama sus ense&ntilde;anzas al pie de la letra: &ldquo;Sigue movi&eacute;ndote, que nada te detenga, avanza con dignidad, honor y respetabilidad&rdquo; porque &ldquo;el prop&oacute;sito de la libertad es crearla para otros&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El para&iacute;so esquilmado</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;La mayor gloria no es no caer nunca, sino levantarse siempre&rdquo;. En el para&iacute;so de la infancia de Serigne no hubo ni siquiera tropezones: &ldquo;Yo era un ni&ntilde;o s&uacute;per feliz. Cuando echo la vista atr&aacute;s, extra&ntilde;o a aquel cr&iacute;o juguet&oacute;n que fui, que disfrutaba de d&iacute;as dorados en la playa saltando de barco en barco, nadando con mis colegas, tambi&eacute;n en el campo con mis padres, rodeado de &aacute;rboles frutales jugando al f&uacute;tbol, visti&eacute;ndome impecable para tomar la mano de mis compa&ntilde;eros y entrar en fila en la escuela, felices por tener el privilegio de poder estudiar, de aprender, de so&ntilde;ar ser tantas y tantas cosas, de estar rodeados de animales en libertad, de juegos corriendo detr&aacute;s de los monos que hab&iacute;a por todas partes.&nbsp;Para un ni&ntilde;o era muy divertido. Es algo que echo de menos no solo porque sea mayor sino porque aquel mundo ya no existe tal cual lo viv&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De aquel recuerdo imprescindible solo queda un lugar en el mismo sitio y con el mismo nombre, pero tan transformado &ldquo;que parece otro: aquellas manadas de animales fueron desapareciendo, tambi&eacute;n las plantaciones exuberantes de frutales sin explotaci&oacute;n ni vallados, y el pescado, el recurso principal del que viv&iacute;an las familias de mi pueblo, Kayar, fue tan expoliado por los grandes barcos internacionales que se fue agotando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se termin&oacute; tambi&eacute;n su oportunidad de estudiar, su sue&ntilde;o casi imposible de llegar a la universidad porque andar por las nubes no le hizo olvidarse del suelo. Cuando acab&oacute; el bachillerato, la promesa de aquel Senegal pr&oacute;spero comenzaba a diluirse. El <em>ceebu j&euml;n, </em>el arroz con pescado al que sabe su ni&ntilde;ez, ya no llegaba a diario para llenar el plato: &ldquo;Yo soy el quinto de ocho hermanos. Decid&iacute; dejar de estudiar para ayudar a mis padres, eso era lo primero por m&aacute;s que me hubiera gustado continuar. Me convert&iacute; en pescador y llegu&eacute; a tener mi propia embarcaci&oacute;n que, al principio, se llenaba de meros, de merluzas y doradas. Mi padre era agricultor y durante la estaci&oacute;n de las lluvias y tras la recogida de la cosecha, tambi&eacute;n se dedicaba a la venta y ahumado del pescado, al igual que mi madre. El mar nos estuvo dando la vida. La pesca era abundante hasta que, en los a&ntilde;os 2000, los buques industriales extranjeros nos hicieron la vida imposible y destrozaron el entorno: arrastraban sus redes hasta la costa, vaciaban el mar de peces y dejaban un rastro tremendo de poluci&oacute;n. Por m&aacute;s que trabaj&aacute;bamos, cada vez fue llegando menos alimento a la mesa. Aquellos barcos fueron los causantes de la inmigraci&oacute;n porque la mayor&iacute;a de quienes se echan al mar antes viv&iacute;an de la pesca&rdquo;. El cambio clim&aacute;tico tambi&eacute;n aniquil&oacute; la oportunidad de sobrevivir de la tierra: &ldquo;Las estaciones y las lluvias se volvieron impredecibles, la tierra se sec&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;vido lector, Serigne hab&iacute;a prestado atenci&oacute;n a las p&aacute;ginas del <em>Discurso sobre el Colonialismo</em>, pero a medida que su mundo se acercaba m&aacute;s a las pesadillas que a los sue&ntilde;os, las palabras del libro de Aim&eacute; C&eacute;saire, que no ha dejado de releer, &ldquo;ten&iacute;an m&aacute;s y m&aacute;s sentido&rdquo;. Pese a su estabilidad pol&iacute;tica, el pa&iacute;s natal del activista fue escalando las primeras posiciones de corrupci&oacute;n.&nbsp;En 1994, se adopt&oacute; un profundo programa de reforma econ&oacute;mica que comenz&oacute; con una devaluaci&oacute;n de casi el cincuenta por ciento de la moneda. El control gubernamental de precios desapareci&oacute; y tambi&eacute;n los subsidios. La presencia masiva de buques faenando en el Atl&aacute;ntico, al amparo de las concesiones firmadas por el tercer presidente del pa&iacute;s, fulminaba uno de los principales medios de vida de la poblaci&oacute;n. Sin su utilidad vital, los cayucos se convirtieron en un siniestro transporte hacia las Islas Canarias. Con la pesca aniquilada y una crisis agraria agravada por el atraso en los pagos de la producci&oacute;n adquirida por el gobierno a los agricultores, sobrevivir se convirti&oacute; en una heroicidad diaria en la que apenas hab&iacute;a espacio para el ma&ntilde;ana. En 2006 &ldquo;ya no ten&iacute;amos elecci&oacute;n&rdquo;: comenz&oacute; el &eacute;xodo de las pateras.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El viaje, demasiado frecuente, a ninguna parte</strong>.</h3><p class="article-text">
        Con tantas incertidumbres como l&aacute;grimas ahogadas, sin oportunidad para despedirse de padres, hermanos, una ex mujer y tres hijos, Serigne se subi&oacute; a un cayuco y en ese instante el para&iacute;so de su infancia qued&oacute; condenado para siempre al recuerdo y su vida a merced de la fortuna:&ldquo; Te lanzas al agua porque la necesidad es m&aacute;s fuerte que el miedo a la muerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Acababa de cumplir treinta y un a&ntilde;os. Despu&eacute;s de una d&eacute;cada de desesperaci&oacute;n, lo hab&iacute;a pensado muchas veces. Aquella tarde no dud&oacute;: &ldquo;Embarqu&eacute; en Saint Louis, al atardecer. Vi como estaba saliendo una embarcaci&oacute;n y ofrec&iacute; mi experiencia en el mar para que me dejaran subir. No pagu&eacute; nada. Como pescador hab&iacute;a visto el peligro muchas veces cerca de m&iacute; y morir a compa&ntilde;eros, pero aquella traves&iacute;a, tan penosa y larga como una eternidad, sin pasar por la costa fue dur&iacute;sima. &Eacute;ramos noventa y cinco personas hacinadas&rdquo;. El p&aacute;nico, los v&oacute;mitos, los restos de otras pateras y las discusiones los acompa&ntilde;aron todo el trayecto, m&aacute;s cuando el oleaje en alta mar amenaz&oacute; con volcar la rudimentaria embarcaci&oacute;n: &ldquo;Un hombre se cay&oacute; al agua. Por m&aacute;s que lo intentamos, no pudimos hacer nada. Eso jam&aacute;s se olvida y la sensaci&oacute;n de culpa no se supera&hellip; Hubo otro momento muy cr&iacute;tico, cuando no nos qued&oacute; otro remedio que tirar los imprescindibles bidones de agua para beber porque ten&iacute;amos que quitar peso. Era urgente achicar el agua de mar que nos entraba para no hundirnos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de una semana en alta mar y mil trescientos cincuenta kil&oacute;metros recorridos, la patera lleg&oacute; a suelo tinerfe&ntilde;o: &ldquo;Siempre se habla de n&uacute;meros, de cifras, pero nunca de las razones. En mi pa&iacute;s, el capitalismo explota y agota todos los recursos. Las multinacionales se llevan cuanto tenemos, el oro, el fosfato y el circonio. Exterminan nuestra pesca, nuestro medio de vida.&nbsp;Se lo llevan absolutamente todo. No hay futuro. Y mientras los europeos pueden viajar sin visado, a los africanos se nos exigen muchos papeles y se nos deniega el visado continuamente&rdquo;. Una batalla legal que comienza tan pronto pisan suelo espa&ntilde;ol: &ldquo;Seg&uacute;n llegu&eacute; a Tenerife, me internaron cuatro d&iacute;as en CIE, tuve suerte porque otros estuvieron cuarenta&rdquo;. Enseguida constat&oacute; &ldquo;lo que no se cuenta all&aacute;: la dificultad de demostrar ser refugiado clim&aacute;tico, de convertirte en un sin papeles y en no poder trabajar&rdquo;. La Cruz Roja le envi&oacute; unos d&iacute;as a un centro de acogida en A Coru&ntilde;a y despu&eacute;s a Madrid: &ldquo;No sab&iacute;a qu&eacute; hacer y los compa&ntilde;eros senegaleses me explicaron que sin documentos no pod&iacute;a trabajar. As&iacute; es que empec&eacute; en el 'top manta'. Me coloqu&eacute; en Atocha y mi inexperiencia era tal que al tercer d&iacute;a ya me hab&iacute;an detenido. Fue la primera de muchas detenciones. Tantas que &rdquo;he dormido en casi todas las comisar&iacute;as de la ciudad&ldquo;. La Asociaci&oacute;n Sin Papeles le defendi&oacute; en una sucesi&oacute;n de juicios, pero las causas abiertas retrasaron a&uacute;n m&aacute;s su documentaci&oacute;n: &rdquo;Es un c&iacute;rculo vicioso porque si no tienes papeles no puedes salir de la calle&ldquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Cuando el infierno son los otros</strong></h3><p class="article-text">
        Super&oacute; pesadillas porque ten&iacute;a sue&ntilde;os. Pero alcanzar una vida digna, sin temores, escondites, ni la sombra de la deportaci&oacute;n, le llev&oacute; mucho m&aacute;s tiempo que alcanzar la costa del archipi&eacute;lago canario: &ldquo;Vengo aqu&iacute; y tengo la barrera de la ley de extranjer&iacute;a que no permite tener los papeles hasta los tres a&ntilde;os. Y si no tengo los papeles, no puedo trabajar. Est&aacute;s condenado. Me dediqu&eacute; a vender DVD en Atocha hasta que consegu&iacute; otros trabajos como cuidador de personas mayores y pe&oacute;n de alba&ntilde;il. A&uacute;n no ten&iacute;a papeles y trataba de hacerlo compatible con formarme en inform&aacute;tica y aprender mejor el idioma en centros sociales.&nbsp;Despu&eacute;s, cre&eacute; una asociaci&oacute;n de sin papeles, en 2008, para luchar contra las redadas policiales e intentar cambiar el C&oacute;digo Penal. Quer&iacute;amos denunciar muchas actuaciones policiales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En enero de 2011, un mes despu&eacute;s de enterarse por casualidad de que ya se hab&iacute;a aceptado su regularizaci&oacute;n, le contrataron como administrativo: &ldquo;La ilusi&oacute;n inicial enseguida cambi&oacute; porque mis compa&ntilde;eros no dejaron de recordarme que era negro y que por eso no pod&iacute;an confiar en que hiciera correctamente mi trabajo. Sin duda, hay mucha gente que lucha por la igualdad y eso es lo mejor de Espa&ntilde;a. Pero tambi&eacute;n est&aacute; la otra cara, lo peor, el fascismo creciente que no es bueno para el pa&iacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 2015 Serigne encabez&oacute; la creaci&oacute;n del Sindicato de Manteros &ldquo;no solo para denunciar todo lo que les pasa a los vendedores, sino para que salgan de la calle y puedan tener otros trabajos&rdquo;. Antes de conseguir la nacionalidad espa&ntilde;ola y renunciar a la senegalesa, se cas&oacute; con una chica espa&ntilde;ola, capitaliz&oacute; su paro y acept&oacute; la propuesta de su cu&ntilde;ado para unirse a una cooperativa con la que abrieron el restaurante El Fog&oacute;n Verde.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ser votante de Podemos, dud&oacute; cuando la direcci&oacute;n del partido le propuso aparecer en las listas de las &uacute;ltimas elecciones a la Comunidad de Madrid: &ldquo;Me decid&iacute; porque llevar el activismo a las instituciones es lo que se requiere. Defender la igualdad, los servicios p&uacute;blicos y una vida digna para todos sin distinci&oacute;n. No creo en las categor&iacute;as de personas. Clasificarlas es una trampa. Lucho y soy feliz haci&eacute;ndolo porque me educaron para ayudar y apoyar a las personas sobre las que se ejercen injusticias. Para que se entienda que nadie quiere ni tiene que verse obligado a viajar en patera. Morir ahogado es atroz. Europa tiene que entender la desesperaci&oacute;n que sienten los refugiados para llegar a arriesgar sus vidas de esta manera en el mar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con el ritmo en las venas de quien naci&oacute; y creci&oacute; en un lugar y en un tiempo donde se apreciaba sin esfuerzo el susurro del viento y los coros de los p&aacute;jaros, despu&eacute;s de haber proclamado que &ldquo;el racismo no tiene cabida en nuestro pa&iacute;s&rdquo;, tararea <em>Plus rien ne m'&eacute;tonne </em>(<em>Nada me sorprende)</em> del marfile&ntilde;o Tiken Jah Fakoly, cuando le mencionamos las &uacute;ltimas palabras de la portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid. Recomendando la oscarizada cinta de Steve McQueen, <em>Doce a&ntilde;os de esclavitud,</em> Serigne Mbaye Diouf, el ciudadano del mundo al que la vida le ense&ntilde;&oacute; a ser de todas partes despide su <em>Playlist </em>apostillando a Unamuno: &ldquo;El cambio pasa por la educaci&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/serigne-mbaye-negro-asamblea-blancos_1_8099966.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jul 2021 04:00:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Serigne Mbaye: un negro en una Asamblea de blancos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política municipal,Madrid,Unidas Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ismael Serrano: ''Lo de salir peores de la pandemia es un mensaje que busca desmovilizarnos políticamente'']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/ismael-serrano-salir-peores-pandemia-mensaje-busca-desmovilizarnos-politicamente_1_8076405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/faf2b47e-837d-403e-b72f-e7f4685fe510_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ismael Serrano: &#039;&#039;Lo de salir peores de la pandemia es un mensaje que busca desmovilizarnos políticamente&#039;&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Abandonó la Astrofísica para cantarle al mundo y enseñarnos que con la honestidad de una guitarra, poesía y mucho compromiso social es posible remover conciencias y acercarse a las estrellas. Aferrado al valor de las palabras, reivindica a Atticus Finch para que en la nueva normalidad no matemos a ningún ruiseñor</p></div><p class="article-text">
        ''Porque fuimos, seremos''.<em> </em>Quiso ser de mayor astronauta, pero con el tiempo descubri&oacute; que le daban miedo las alturas.<em> </em>Quiso ahondar en los l&iacute;mites de la realidad, pero dej&oacute; la carrera de Astrof&iacute;sica para iniciar el camino de trovador porque en las ecuaciones variables no encontraba las respuestas.<em> </em>Quiso que su <em>pap&aacute;</em> le<em> contase</em> <em>esa historia tan bonita, de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia, cuyo fusil ya nadie se atrevi&oacute; a tomar de nuevo, y desde aquel d&iacute;a todo parece m&aacute;s feo. </em>Quiso que le contara <em>otra vez que tras tanta barricada, tanto pu&ntilde;o en alto y tanta sangre derramada, al final de la partida no pudieron hacer nada, y bajo los adoquines no hab&iacute;a arena de playa.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ya ha cumplido la edad que ten&iacute;a su padre cuando, con la arrogancia de la juventud, le abronc&oacute; en alto por la herencia del mundo que &eacute;l y su generaci&oacute;n recib&iacute;an, pero sigue sin ponerse de perfil ''ante los embates del tiempo''. Veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en el mapa de su cuerpo ''la vida ha trazado sus rutas'' y asegura que cada viaje mereci&oacute; la pena: ''Crecemos. Y qu&eacute; suerte hacerlo''. Sin quitarse ni un instante el traje de la conciencia de clase que se visti&oacute; para siempre en su barrio de Vallecas, ha visto mucho mundo y no ha sucumbido a la fama que emborracha al &eacute;xito. Tampoco se ha rendido a la distancia que algunos aumentan con unas oscuras gafas de sol.
    </p><p class="article-text">
        Con la cara descubierta, el altavoz de su guitarra y la carretera por patria, le ha cantado a las madres de la Plaza de Mayo <em>que sue&ntilde;an abrazos, buscan recuerdos a los que aferrarse para no conciliar el sue&ntilde;o. </em>Tambi&eacute;n al M&eacute;xico insurgente, a <em>los hijos de mil derrotas y su sangre derramada, que van a reescribir la historia y han empezado por Chiapas. </em>Ha reclamado memoria hist&oacute;rica para el <em>bando vencido</em>: <em>Ni un momento, ni un recuerdo, para los que perdieron, los que construyeron la tumba, el mausoleo de la miseria, del carnicero.</em>
    </p><p class="article-text">
        Aferrado al valor de las palabras ha denunciado ''la impunidad'', los bombardeos de Israel contra la Franja de Gaza, y ha pedido la intervenci&oacute;n urgente de la comunidad internacional. Su f&eacute;rrea fe en el ser humano nos ha alentado para sobrevivir a la pandemia: ''Hubo noches que duraron d&iacute;as. Tambi&eacute;n esto pasar&aacute;. Hoy es siempre todav&iacute;a. Toca defender el futuro y la alegr&iacute;a''. Ha rescatado ''belleza entre el escombro'' y reivindicado a Pessoa para recordarnos que ''la poes&iacute;a consiste en otorgar a lo cotidiano el misterio de lo desconocido''.
    </p><p class="article-text">
        Nos ha confesado que su hogar est&aacute; donde se encuentre su hija: <em>Vendr&aacute; el presente a verte con hambre de futuro, ese ma&ntilde;ana incierto que alg&uacute;n d&iacute;a intuimos que t&uacute; har&aacute;s cercano, m&aacute;s humano y abierto. </em>Le ha susurrado a <em>la luna</em> <em>radiante, a la que a&uacute;llan los lobos, la que mecen las mareas, la que veneran los locos. </em>Ha cantado para que cesara el <em>ruido de patriotas que se envuelven en banderas, confunden la patria con la sordidez de sus cavernas, ruido de conversos que, ca&iacute;dos del caballo siembran su rencor perseguidos por sus pecados.</em>
    </p><p class="article-text">
        A los confusos les ha recordado que ''la libertad es una responsabilidad colectiva'' y apelando a Goethe ha reafirmado que ''nadie es m&aacute;s esclavo que el que se tiene por libre sin serlo''. En un mundo de inversiones y de ruinas ha observado como <em>el invierno sitiaba Madrid y cerraba otro cine, un maldito desahucio, un fest&iacute;n para elegantes buitres. </em>Ha visto como <em>en las casas de apuestas un ni&ntilde;o blasfemaba. </em>Ha alertado de que ''el virus siempre es una amenaza mayor para el pobre''. Ha gritado ''&iexcl;inaceptable! al chantaje de Marruecos jugando con la vida de miles de personas desesperadas''. Y ha advertido de que ''los mensajes racistas por parte de pol&iacute;ticos irresponsables se ven forzados por la sobreactuaci&oacute;n de un gobierno que despliega al ej&eacute;rcito y que hace devoluciones 'en caliente' contrarias a los derechos humanos''.
    </p><p class="article-text">
        Ha llorado a Battiato y ha guardado su alma en la eterna<em> estaci&oacute;n de los amores. </em>Ha rendido homenaje a <em>la belleza </em>de Aute y se ha emocionado cuando los otros h&eacute;roes de su juventud, Sabina, Serrat y Silvio Rodr&iacute;guez le han aplaudido a rabiar. Ha regresado con ilusi&oacute;n a su<em> </em>barrio y, arropado por las voces de sus antiguos vecinos, ha apoyado a Unidas Podemos con un himno para tratar de<em> </em>construir <em>Un nuevo futuro </em>en la Comunidad de Madrid: <em>Aunque la vida a menudo nos duela, mereces saber que estamos juntos, y juntos, sin duda, podemos vencer</em>. ''Jugando a lo perdido'', ha abierto ventanas a la esperanza m&aacute;s all&aacute; del resultado electoral: <em>Yo quiero ser la zurda m&aacute;s que diestro. Yo quiero hacer un congreso del unido. Yo quiero rezar a fondo un &lsquo;hijonuestro&rsquo;</em>. Y ha agradecido a Pablo Iglesias que, ''con todo en contra, cambiase la historia pol&iacute;tica de este pa&iacute;s''.
    </p><p class="article-text">
        En el &eacute;xito y en el fracaso ha militado la vida siempre con los otros: ''La &uacute;nica lucha que se pierde es la que se abandona''. Y amig&aacute;ndose con el tiempo ''para no tenerle siempre a la contra'' ha descubierto que ''madurar consiste en entender que toda elecci&oacute;n conlleva una renuncia''. Mientras comenzamos a ganarle la batalla al Covid-19 y ''el deshielo nos trae la vida'', generoso e incansable nos entrega libros de poemas, relatos, musicales infantiles y un nuevo disco alentando lo que <em>Seremos: </em>''Hoy es la ocasi&oacute;n de celebrar que a&uacute;n no hemos perdido la partida. Hoy ser&aacute; nuestra felicidad un &uacute;ltimo acto de rebeld&iacute;a''
    </p><p class="article-text">
        <strong>El barrio que escribe un pedazo de historia</strong>
    </p><p class="article-text">
        No logr&oacute; todos sus prop&oacute;sitos juveniles, pero nunca renunci&oacute; a ''la b&uacute;squeda de la voz propia''. Con los ojos limpios de ni&ntilde;o que conservan los poetas, a los cuarenta y siete a&ntilde;os, Ismael Serrano ha conseguido lo que pocos alcanzan despu&eacute;s de toda una vida: ponerse frente al espejo y reconocerse.
    </p><p class="article-text">
        Mimando la guitarra, como la que de cr&iacute;o le regal&oacute; su madre cuando ya estudiaba solfeo y piano, el cristal le devuelve la imagen adulta del menor de tres hermanos que so&ntilde;aba con domingos en los que un simple puchero alegraba el est&oacute;mago casi tanto como el coraz&oacute;n: ''El olor a cocido madrile&ntilde;o que hace mi madre me recuerda al de mi abuela cuando nos reun&iacute;amos todos los fines de semana en su casa, t&iacute;os y primos. Y me recuerda tambi&eacute;n lo mucho que la echo de menos''. De ella, Julia, hered&oacute; el canto ''y, ojal&aacute;, tambi&eacute;n su humor y sentido com&uacute;n''.
    </p><p class="article-text">
        De su barrio madrile&ntilde;o, Vallecas, que su esp&iacute;ritu de rebeld&iacute;a adolescente sigue escribiendo con <em>k</em>, hizo su patria: ''De all&iacute; tengo recuerdos de infancia feliz. De vivir con las puertas abiertas, de sentir que mis vecinos eran mi familia, de disfrutar la libertad de ser ni&ntilde;o jugando despreocupado en la calle, de un tiempo en el que en el que a&uacute;n exist&iacute;an solares sin urbanizar en la periferia de la ciudad, de despertar con el canto del gallo del corral que hab&iacute;a enfrente de mi casa, del silbato del afilador convocando a los vecinos para que sacasen la cuberter&iacute;a''. Tampoco olvida los colores de la ropa tendida ''entre la que se colaban las melod&iacute;as de Los Chichos y de Los Chunguitos, del sonido de la vida vecinal''. Un tiempo y un lugar que solo se tornaba en blanco y negro dentro de los muros del colegio de los franciscanos en el que estudi&oacute; ''porque los profesores entend&iacute;an el rigor y la disciplina desde un lugar un poquito chungo y antiguo''. Pero al acabar la jornada, mientras se o&iacute;a el timbre y los ni&ntilde;os como hormigas invad&iacute;an el patio, regresaba el arco&iacute;ris para defender ''la alegr&iacute;a como una herramienta de lucha''. Sin permitir que el rigor de la realidad se impusiera a lo que era privativo para la mayor parte de la gente trabajadora, se supl&iacute;a con fantas&iacute;a lo que no se ten&iacute;a: ''Nos inventamos la fiesta del mar, una batalla de agua en la que los vecinos se armaban con cualquier recipiente y nos empap&aacute;bamos los unos a los otros''.
    </p><p class="article-text">
        Impregnado del sentido de comunidad a fuego lento, pero candente, se gest&oacute; su conciencia de clase ''que te acompa&ntilde;a ya siempre, para toda la vida'': <em>Somos el barrio que escribe un pedazo de historia mientras ocupa la plaza por su dignidad</em>. Despu&eacute;s de diecis&eacute;is a&ntilde;os sintiendo las calles de Vallecas tan propias como su casa, el sonido latente del espacio com&uacute;n se apag&oacute;. Sus padres adquirieron una nueva vivienda, a trav&eacute;s de una cooperativa, en un pueblo residencial de Madrid y la algarab&iacute;a vecinal, las casas abiertas de par en par y las sesiones matinales con sus hermanos en el cine Excelsior revisitando a los fantasmas de <em>Amarcord,</em> quedaron veinte kil&oacute;metros de l&aacute;grimas atr&aacute;s: ''No tengo un recuerdo muy bueno de aquella mudanza porque me toc&oacute; en una edad jodida donde ya empiezas a estrechar los v&iacute;nculos con los amigos de una forma muy especial y, de alguna manera, me tocaba empezar de nuevo. Aquella transici&oacute;n no est&aacute; entre mis mejores recuerdos''.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De mirar a las estrellas a convertirse en astro</strong>
    </p><p class="article-text">
        ''Hubo adioses como sal en las heridas'', pero siempre ha tratado de no quedarse instalado en la nostalgia y la tristeza de la canci&oacute;n de autor. Llegar a la facultad fue una buena medicina: ''Ahora, al servicio del mercado, las universidades han perdido un poco el foro, se desatiende esa funci&oacute;n esencial en la que el individuo se forma no solo acad&eacute;micamente sino tambi&eacute;n socialmente, sentimentalmente, incluso pol&iacute;ticamente. Yo s&iacute; tuve la oportunidad de formarme en todos esos aspectos, incluso pertenec&iacute;a a una asociaci&oacute;n que se llamaba <em>F&iacute;sica y Cultura</em> donde organiz&aacute;bamos actos culturales, pero tambi&eacute;n de car&aacute;cter pol&iacute;tico. Por si fuera poco, la Complutense fue el lugar en el que yo hice gran parte de mis mejores amigos. Tengo muy buen recuerdo de lo que era el Parque de Ciencias, de las sangr&iacute;as y de las excusas m&aacute;s delirantes que encontr&aacute;bamos para organizar fiestas.
    </p><p class="article-text">
        En aquel tiempo ya iba a clase con ella y a cualquier sitio donde le llevara su guitarra. Los acordes de las canciones de Silvio Rodr&iacute;guez y de Serrat, que siempre salieron del tocadiscos de su padre para envolver de magia su casa, le llevaron a abrazar para siempre su cuerpo y a acariciar una y otra vez su m&aacute;stil. Vagando por los bares de Madrid puso m&uacute;sica a poemas de Luis Garc&iacute;a Montero, de Neruda, de Mario Benedetti. Despu&eacute;s llegaron composiciones m&aacute;s personales sustentadas por ''el andamio de la memoria restaurando la identidad en tiempos que se resquebraja'', el amor, la rebeld&iacute;a y el compromiso pol&iacute;tico que mam&oacute; en su familia, en las cr&oacute;nicas period&iacute;sticas de su padre y en los poemas de su hermano Daniel. Tambi&eacute;n en el esp&iacute;ritu de crecimiento y superaci&oacute;n de una madre, funcionaria de justicia que, jubilada, sali&oacute; de su trabajo y entr&oacute; en la universidad para licenciarse en Historia.
    </p><p class="article-text">
        En 1996, despu&eacute;s de dos a&ntilde;os tocando en asociaciones y fiestas solidarias, con un marcado car&aacute;cter reivindicativo ''con la poes&iacute;a como arma cargada de futuro'', emprendi&oacute; el circuito de los bares y salas de conciertos madrile&ntilde;os. Y volvi&oacute; a hacerse la magia: un productor discogr&aacute;fico toc&oacute; a la puerta de su camerino y le propuso grabar su primer disco. Cambi&oacute; la universidad por los escenarios de medio mundo y demostr&oacute; que la canci&oacute;n de autor no est&aacute; en desuso: <em>Atrapados en azul</em> se convirti&oacute; de inmediato en disco de Platino en Espa&ntilde;a y de Oro en Argentina. Aplaudido por compa&ntilde;eros, cr&iacute;tica y p&uacute;blico, en veinticinco a&ntilde;os de profesi&oacute;n ha publicado diecisiete &aacute;lbumes con el mismo n&uacute;mero de temas escritos por su padre, ha celebrado ''nuestra capacidad para solidarizarnos en los momentos dif&iacute;ciles'' y ha rechazado ''el sectarismo que lleva a se&ntilde;alar al contrincante pol&iacute;tico en unos t&eacute;rminos de confrontaci&oacute;n frontal que no molan''.
    </p><p class="article-text">
        Esperando un tuit ''que anuncie el fin definitivo del COVID'', entona <em>Seremos</em> ''para establecer un punto de encuentro entre lo que fuimos, somos y entre lo que tendremos que ser: no s&eacute; si mejores o peores porque estamos todos atravesados por un trauma del que no somos conscientes y que va a cambiar nuestra percepci&oacute;n de la realidad y nuestra forma de relacionarnos. Pero s&iacute; creo que, en el mensaje pesimista de que vamos a ser peores tras de la pandemia, hay una intenci&oacute;n pol&iacute;tica y es el hecho de que abandonemos la esperanza a la hora de cuidar ciertas cosas que se han puesto en valor en este tiempo, como es el bien com&uacute;n y el sentido de comunidad, la sanidad p&uacute;blica, el Estado para que nos ampare. La intenci&oacute;n es desmotivarnos pol&iacute;ticamente, desmovilizarnos entorno a esas cosas porque estamos cuestionando y repensando el paradigma pol&iacute;tico. Esto ha puesto en evidencia las carencias y desigualdades del modelo de sociedad y econ&oacute;mico en el que vivimos''.
    </p><p class="article-text">
        Antes de despedir su <em>Playlist, </em>Ismael Serrano Mor&oacute;n,<em> </em>el ni&ntilde;o que siempre jug&oacute; a compartir en un barrio, que aqu&iacute; o all&iacute;, siempre est&aacute; en &eacute;l, recomienda el Pulitzer de Harper Lee, <em>Matar a un ruise&ntilde;or: </em>''Un libro que me encant&oacute; y releo con gusto''. Como el propio Atticus Finch, el protagonista al que Gregory Peck puso voz y rostro en la versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica celebra que ''a&uacute;n no hemos perdido la partida, hoy ser&aacute; nuestra felicidad un &uacute;ltimo acto de rebeld&iacute;a. &iquest;Qui&eacute;n nos lo iba a decir? <em>Seremos </em>y de las cenizas a&uacute;n nacer&aacute; una flor''
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/ismael-serrano-salir-peores-pandemia-mensaje-busca-desmovilizarnos-politicamente_1_8076405.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jun 2021 20:26:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ismael Serrano: ''Lo de salir peores de la pandemia es un mensaje que busca desmovilizarnos políticamente'']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantautores,Música,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gorka Landaburu: ''Este país está condenado a entenderse'']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/gorka-landaburu-pais-condenado-entenderse_1_8053474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d31cf796-7ce3-4b38-b46e-334cbba7b66c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gorka Landaburu: “Este país está condenado a entenderse”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nació en el exilio y padeció dos dictaduras: ''La de Franco y la de ETA''. Hoy celebra veinte años de vida después de que la barbarie estuviera a punto de arrebatársela. Escuchando a Jacques Brel y respirando mar insiste en que ''la división y la deslealtad son males endémicos de España''</p></div><p class="article-text">
        Cualquier tiempo pasado fue antes, pero no mejor. Cuando Gorka Landaburu ten&iacute;a la edad de Aihen, su &uacute;nico nieto, no le acunaba el rumor de las olas. No ten&iacute;a arena de la playa de Zarautz bajo los dedos ni a su edad hab&iacute;a dado sus primeros pasos por los prados generosos del Parque Natural de Pagoeta. Tampoco pod&iacute;a aprender a leer la vida cerca de sus t&iacute;os y abuelos. De esa tierra honesta y longeva, como las ra&iacute;ces del Tejo de Behorbarruti, solo le llegaba, ''con la Ikurri&ntilde;a en el biber&oacute;n'', el sentido recuerdo de la nostalgia de sus padres.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hijo del Vicepresidente del Gobierno vasco en Par&iacute;s durante los a&ntilde;os sesenta, vio morir a su 'aita' en el exilio despu&eacute;s de haber estado un a&ntilde;o enterrado en vida en su Vitoria natal para evitar la represalia franquista. Con la alegr&iacute;a que da la buena conciencia, se felicit&oacute; cuando la magia del Mar Cant&aacute;brico le provoc&oacute; una otitis pasajera que le libr&oacute; de hacer la mili, quiz&aacute;s como a uno de sus hermanos, en la guerra de Argelia. Asisti&oacute; al retrato feliz de su 'ama' fundi&eacute;ndose en un eterno abrazo con la 'amona' despu&eacute;s toda una vida separada por el destierro. Con su madre tambi&eacute;n sabore&oacute; con j&uacute;bilo los pasteles que no pudo comer de ni&ntilde;o para celebrar la muerte del dictador.
    </p><p class="article-text">
        Estrenando los a&ntilde;os setenta respondi&oacute; al amor y a la llamada de la tierra. Dej&oacute; atr&aacute;s la luz francesa de Mayo del 68, ''la libertad y la democracia''. Cruz&oacute; la frontera y, con pasaporte franc&eacute;s, libros prohibidos escondidos en la maleta y el Zarautz de sus ancestros en el alma, se estableci&oacute; en una Espa&ntilde;a en blanco y negro repleta de controles, sospechas, tricornios y capas verdes. De traductor pas&oacute; a ejercer el periodismo, asisti&oacute; al nacimiento de <em>Cambio 16</em> y, a trav&eacute;s de sus p&aacute;ginas y del compromiso pol&iacute;tico heredado de su padre, en 1977 se convirti&oacute; en impecable cronista de nuestra Historia: ''La Transici&oacute;n, la Amnist&iacute;a, los Estatutos, las primeras elecciones, la Constituci&oacute;n, el Golpe de Estado, y ETA y ETA todos los d&iacute;as. Todo eso lo hemos vivido aqu&iacute; en primera fila, con la violencia de la banda terrorista, la extrema derecha y el GAL''. Junto a su hermano Ander al frente de la publicaci&oacute;n que naci&oacute; hace cincuenta a&ntilde;os, recibi&oacute; amenazas de los etarras y tambi&eacute;n de la extrema derecha: ''En 1983, un dirigente de la c&uacute;pula de ETA nos exig&iacute;a que cambi&aacute;ramos las noticias que d&aacute;bamos de la organizaci&oacute;n si no quer&iacute;amos atenernos a las consecuencias. Diez d&iacute;as despu&eacute;s era la <em>Triple A</em> quien firmaba otra carta en la que nos acusaba de meternos con Tejero, nos llamaban comunistas, rojos'' y sentenci&aacute;ndolos a muerte apostillaban ''Hitler ten&iacute;a raz&oacute;n''. Acosados por los dos extremos, pero lejos de amilanarse, los Landaburu se convencieron de que estaban ''en el buen camino e &iacute;bamos a seguir''. Informar sin eufemismos, ''con los valores de resistencia del padre, llamando crimen al crimen y asesinato al asesinato'', convirti&oacute; a Gorka en objetivo de la banda terrorista. Con el alma en vilo por el temor a lo que pudiera pasarle a su familia, la tranquilidad de su vida qued&oacute; sometida ''a la semilibertad que supone, para ti y para cuantos te rodean, estar siempre bajo la atenta mirada de dos guardaespaldas''. Fueron doce a&ntilde;os en los que escuch&oacute; demasiadas explosiones, asisti&oacute; a demasiados funerales y padeci&oacute; demasiados desaf&iacute;os de vecinos, de conocidos y hasta de un cu&ntilde;ado que cumpli&oacute; nueve a&ntilde;os de condena por estar vinculado a un atentado de ETA Pol&iacute;tico Militar.
    </p><p class="article-text">
        Testigo directo de la barbarie, no olvida los r&iacute;os de sangre que encontr&oacute; tratando de auxiliar a inocentes tiroteados a escasos metros del club deportivo que tambi&eacute;n dirigi&oacute;. Todav&iacute;a se pregunta por qu&eacute;, a&ntilde;os despu&eacute;s, abri&oacute; un enmascarado paquete bomba que le estall&oacute; en las manos seg&uacute;n sal&iacute;a de la ducha. Una explosi&oacute;n que pudo cobrarse por completo su vida ''y peor, la de mi hija'', y que le record&oacute; la fragilidad y el dolor por los que se mueve como equilibrista la muerte. Aquel d&iacute;a de primavera como hoy, la banda terrorista le rob&oacute; varios dedos, la visi&oacute;n de un ojo y le dej&oacute; cicatrices por todo el cuerpo. Pero en el juicio a sus agresores les espet&oacute;: ''Os hab&eacute;is equivocado, no me hab&eacute;is cortado la lengua. Voy a seguir peleando por la paz y la libertad en Euskadi''.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado veinte a&ntilde;os y, sin sacudirse del todo la precauci&oacute;n de sentarse a&uacute;n de espaldas a una puerta o junto a la ventanilla de un avi&oacute;n, alza la voz y contin&uacute;a cumpliendo su promesa. Con un ordenador adaptado escribe a favor del acercamiento de los presos ''porque es una forma de avanzar'' y reclama ''justicia y reparaci&oacute;n para las v&iacute;ctimas''. Exige ''autocr&iacute;tica a Bildu y a los ex de ETA'', rechaza'' la venganza y el rencor porque te da&ntilde;a a ti y eso es otra doble victoria del que te ha metido la bomba''. Recuerda c&oacute;mo convers&oacute;, ''en la c&aacute;rcel de Nanclares con siete etarras arrepentidos, dos de ellos miembros del comando'' que le hab&iacute;an enviado el explosivo camuflado a casa y no olvida c&oacute;mo le pidieron perd&oacute;n: ''Hablamos durante dos horas y media de la violencia, de su inutilidad, del sufrimiento de ambas partes, porque hay mucho sufrimiento tambi&eacute;n en la familia de los terroristas''. Se emociona al recordar c&oacute;mo les felicit&oacute; ''por el paso humano, moral, &eacute;tico, important&iacute;simo que hab&iacute;an dado'' y por ''la gran satisfacci&oacute;n personal'' que sinti&oacute;: ''Despu&eacute;s me enter&eacute; de que ellos tambi&eacute;n sintieron esa satisfacci&oacute;n. Y con eso me vale''.
    </p><p class="article-text">
        Con la sonrisa como idioma universal de los hombres inteligentes, no se cansa de hablar de futuro en clave de'' tolerancia y progreso, pero siempre con el retrovisor imprescindible de la memoria''. En&eacute;rgico, dice ''basta ya de utilizarnos a las v&iacute;ctimas como ha hecho el se&ntilde;or Casado m&aacute;s de un mi&eacute;rcoles desde la tribuna del Parlamento. Aunque algunos se empe&ntilde;en en ponerlo en duda, hoy estamos en una situaci&oacute;n absolutamente diferente a la que lamentablemente padecimos. Eso no significa que olvide: cada ma&ntilde;ana, cuando tardo cinco minutos en abrocharme la camisa, recuerdo aquel d&iacute;a''. Un ejemplo m&aacute;s de la cruel sinraz&oacute;n que estuvo a punto de privarle de tener el pelo cano, ''de disfrutar de un nieto que es pura vitamina en estos tiempos de pandemia''. Hoy, los ojos limpios de Aihen no se cruzan ''con las miradas de odio que ya han terminado. Queremos que las heridas vayan cicatrizando y estamos avanzando''.
    </p><p class="article-text">
        <strong>''Nacido en el exilio y sufridor de dos dictaduras''</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el Par&iacute;s del exilio familiar de los a&ntilde;os cincuenta, en el que abri&oacute; los ojos al mundo, no se crec&iacute;a con el chupete acaramelado en la 'mamia' de leche de oveja porque lo m&aacute;s pr&oacute;ximo del paladar a un dulce llegaba solo por la vista y el olfato: 'Mis hermanos y yo &eacute;ramos muy peque&ntilde;os, pero se me ha quedado ese olor de cuando &iacute;bamos a la escuela p&uacute;blica francesa y pas&aacute;bamos todos los d&iacute;as a las ocho de la ma&ntilde;ana por delante de una pasteler&iacute;a muy elegante que estaba a escasos quinientos metros de nuestra casa. Siempre nos par&aacute;bamos y mir&aacute;bamos a los cocineros porque abajo se ve&iacute;a c&oacute;mo preparaban los pasteles. No los pod&iacute;amos comprar, pero solo vi&eacute;ndolos percib&iacute;amos sus olores y sabores''. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, en noviembre de 1975, Koxtan Illarramendi, su madre, s&iacute; pondr&iacute;a una gran bandeja de confituras sobre la mesa del comedor para saborear lo que nunca se deber&iacute;a celebrar, una muerte, pero s&iacute; hicimos aquel d&iacute;a:&nbsp; felicitamos por el fallecimiento de Franco. Recuerdo que era temprano y mi &lsquo;ama&rsquo; puso la m&uacute;sica a tope, abri&oacute; las ventanas y le pregunt&eacute; qu&eacute; estaba haciendo. Y ella contest&oacute;: '&iexcl;Ha muerto, ha muerto!'. Acto seguido, se fue a la pasteler&iacute;a, cogi&oacute; unos dulces y, con ellos en mano, pas&oacute; delante del cuartel de la Guardia Civil dos veces. Ese d&iacute;a s&iacute; comimos muchos pasteles''.
    </p><p class="article-text">
        Cada uno de los mordiscos que dieron a aquellas exquisiteces era un intento de suavizar la hiel de una dictadura que hab&iacute;a sembrado tanto miedo como ausencia y dolor: ''Mi 'ama', una mujer muy valiente que no se callaba, era de Zarautz.&nbsp;Con dieciocho a&ntilde;os se fue a Bilbao y, desde all&iacute;, tuvo que huir en barco porque llegaban los nacionales. Entonces conoci&oacute; a mi padre, diputado del PNV en la II Rep&uacute;blica. &Eacute;l, ya exiliado, hab&iacute;a pasado trece meses escondido en un desv&aacute;n tapiado en la casa familiar de Vitoria. Solo pudo salir, ayudado por la <em>Red &Aacute;lava</em>, para escapar en el maletero de un coche hasta llegar a Bayona. Fue uno de los primeros que lo consigui&oacute;. M&aacute;s tarde, fue Vicelehendakari del Gobierno Vasco durante el franquismo''. En aquella ciudad del sudoeste de Francia lleg&oacute; a la libertad, pero comenz&oacute; la espiral de su definitivo exilio. En un tiempo convulso, donde hasta el amor era engullido por los vientos de guerra, conoci&oacute; a Koxtan, se dieron el s&iacute; quiero y se establecieron en la capital. Comenzaba la epopeya francesa de los Landaburu Illarramendi mientras los s&iacute;ntomas de la derrota invad&iacute;an el cielo: ''A Par&iacute;s llegaron los alemanes. Cuando se produjo la ocupaci&oacute;n mis padres ya ten&iacute;an tres hijos y el cuarto en camino. Despu&eacute;s nacer&iacute;a un quinto hermano y luego yo, el sexto. Y por &uacute;ltimo, la benjamina, nuestra &uacute;nica hermana''.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La infancia narrada en franc&eacute;s</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con la imaginaci&oacute;n como l&aacute;piz para pintar d&iacute;as sombr&iacute;os, Gorka, un ni&ntilde;o noble y tranquilo, hizo de su inteligencia emocional la varita m&aacute;gica con la que evitaba que las penurias del exilio y las miserias de la guerra se impusieran al para&iacute;so imprescindible de la infancia: ''Viv&iacute;amos en el distrito diecis&eacute;is de Par&iacute;s, un barrio privilegiado a cinco minutos de la Plaza del Trocadero y la Torre Eiffel. Recuerdo un ambiente feliz, con juegos en la parroquia a donde &iacute;bamos con frecuencia y en la que yo fui monaguillo durante bastante tiempo hasta que el Mayo del 68 me abri&oacute; los ojos''. Siempre observador, en la postal de su ni&ntilde;ez tambi&eacute;n est&aacute; su madre guardando turno en &lsquo;las colas del hambre&rsquo; para recibir, como familia numerosa, dos litros de leche para sus hijos y, al mismo tiempo, miradas acusadoras por acceder al alimento no siendo francesa. Pero, sobre todo, el periodista recuerda una pi&ntilde;a de afectos que le hac&iacute;an sentir un ni&ntilde;o poderoso: ''&Eacute;ramos una familia muy unida, con los hermanos mayores ayudando a los peque&ntilde;os gracias a las ense&ntilde;anzas de la madre. Los siete hermanos y los padres viv&iacute;amos en sesenta metros cuadrados con tres &uacute;nicas ventanas que daban a un patio interior''.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que llegaron veranos radiantes de visita a la tierra de los abuelos, al sexto de los Landaburu le falt&oacute; la vista del mar, el espejo del cielo en la tierra de Zarautz. Pero la oscuridad nunca se impuso en su casa. La luz la irradiaban el cari&ntilde;o, una radio y los libros que cayeron en sus manos para guiar su porvenir: ''<em>Miguel Strogoff: el correo del zar, </em>lo le&iacute; siendo un ni&ntilde;o y me llev&oacute; para siempre a la lectura. Una peque&ntilde;a radio, que gan&eacute; en un concurso, me convenci&oacute; de querer ser locutor cuando fuera mayor''. Aquel aparato aliment&oacute; su existencia abri&eacute;ndole una ventana al mundo, pero tambi&eacute;n puso melod&iacute;a a la banda sonora de su vida: ''Mi canci&oacute;n, sin duda, es la de Jacques Brel, <em>Ne me quitte</em> <em>pas</em>''.
    </p><p class="article-text">
        En franc&eacute;s con sus hermanos, en euskera con su madre y en castellano con el padre, su casa era ''un popurr&iacute; de idiomas''. Tambi&eacute;n de visitas: ''Ven&iacute;a mucha gente para hablar con el &lsquo;aita&rsquo; y con Jos&eacute; Antonio Aguirre, el lehendakari, porque ambos siguieron mucho tiempo trabajando en la construcci&oacute;n de Europa en la que mi padre tuvo un papel importante. Escribi&oacute; <em>La Causa del Pueblo Vasco</em>, un libro ideol&oacute;gico publicado en 1957. Era un nacionalista moderado, dem&oacute;crata cristiano total y muy europe&iacute;sta''. En 1963, Par&iacute;s, el puerto de su refugio y cuna de sus hijos, se convirti&oacute; para siempre en su destierro: ''Mi 'aita' falleci&oacute; sin poder regresar a su tierra, esa es nuestra gran pena''.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;El cainismo pol&iacute;tico y la deslealtad es lo peor que tenemos''</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 1972, con veinti&uacute;n a&ntilde;os, Gorka cruz&oacute; la frontera y se estableci&oacute; en Zarautz. Ya hab&iacute;a padecido la dictadura franquista sacudiendo con dolor el rumbo de su familia. A&uacute;n le quedaba ''sufrir una segunda'': la de la tiran&iacute;a ''de ETA''. Si la primera enterr&oacute; a su padre lejos de casa, la siguiente casi se cobra su vida y condena a su familia a su ausencia desgarradora.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;cadas de bombas, de amenazas, de funerales inesperados, de escoltas pis&aacute;ndoles los talones. A&ntilde;os grises ''de confesiones de amigos desesperados subiendo al monte Gorbea, obligados por la coacci&oacute;n, para dejar mochilas con quince millones de pesetas y bajar arruinados por el miedo a perder a sus seres queridos''. Noches inquietas y despertares con olor a p&oacute;lvora. Estruendos de coches bomba saltando por los aires, sirenas de ambulancias, el silencio y el &uacute;ltimo llanto de la muerte. Tambi&eacute;n ''las provocaciones sufridas por vecinos, e incluso por algunos familiares'', cuando se manifestaba en silencio con <em>Gesto por la Paz.</em> Adolescencias de hijos ''marcadas por dianas con su apellido pintado en paredes del pueblo, por corbatas negras dentro del buz&oacute;n, por las acciones de los 'borrokas'''. Por d&iacute;as que estremecen como aquel en el que el director del instituto sac&oacute; a su hijo de clase para comunicarle que el padre hab&iacute;a sufrido un atentado. Por tanta desesperaci&oacute;n y ojos doloridos de llanto. Por la pasta de supervivientes de los Landaburu que, pese a todo, no permiti&oacute; que les convencieran de que el futuro no ser&iacute;a mejor que el presente: ''Era una etapa muy triste en todos los sentidos, pero lo que nos motivaba era el convencimiento de que la batalla la &iacute;bamos a ganar. Y as&iacute; ha sido''.
    </p><p class="article-text">
        Intuir la disoluci&oacute;n de la banda armada no rest&oacute; emoci&oacute;n a la que sigue entrecortando su voz cuando recuerda, con precisi&oacute;n absoluta, el d&iacute;a que regres&oacute; de Madrid y, al llegar a casa, su hija se lanz&oacute; a sus brazos y le dijo: ''&iexcl;Se ha acabado! Y empezamos a llorar los dos. Eso s&iacute; se me ha quedado grabado. Quiero para mis hijos, para mi nieto, un pa&iacute;s pr&oacute;spero, m&aacute;s justo, m&aacute;s tolerante, donde impere el respeto y la solidaridad. Un pa&iacute;s que no olvide su pasado y que se construya sobre la base de la pluralidad. Siempre digo que guiarse en la vida es como conducir un autom&oacute;vil: para hacerlo debidamente tienes que poner las dos manos en el volante y mirar de frente. Pero si no tienes el retrovisor, que es la memoria, no conducir&aacute;s bien. Y eso es lo que quiero, no que se olvide como pretenden muchos. No hemos resuelto temas de la guerra civil todav&iacute;a, tenemos a cien mil personas en las cunetas y ni siquiera les hemos puesto, como han hecho en Francia, una medalla y una l&aacute;pida con su nombre. Yo no quiero venganza, pero s&iacute; que hagamos justicia y una reparaci&oacute;n m&iacute;nima: &iquest;Cu&aacute;ndo vamos a hacer un memorial sobre la guerra civil y un memorial sobre la dictadura en este pa&iacute;s? Aunque no coincidiera en nada con Arzalluz s&iacute; refrendo su frase de que 'todav&iacute;a somos una democracia en pantal&oacute;n corto'. Que se recojan firmas contra indultos, como el caso de los presos del proc&eacute;s, me parece de un pa&iacute;s bananero, de pantal&oacute;n corto. Yo me considero progresista de izquierdas y no entiendo que cada vez que la derecha pierde en las urnas, acuda a los tribunales, a la recogida de firmas y a las manifestaciones. Ah&iacute; est&aacute; el matrimonio LGTB, el proceso de paz, el estatuto catal&aacute;n, &hellip; Adem&aacute;s consideran ileg&iacute;timo al Gobierno y se proclaman dem&oacute;cratas. Estamos divididos porque no hemos puesto las heridas encima de la mesa. No se puede dejar que los problemas se pudran. El cainismo pol&iacute;tico y la deslealtad es lo peor que tenemos, pero este pa&iacute;s est&aacute; condenado a entenderse. Vamos a empezar por el respeto y a convivir porque tenemos la obligaci&oacute;n de hacerlo''.
    </p><p class="article-text">
        En el lugar tranquilo que considera su sitio,' 'en un banco a mitad del Paseo de Zarautz a Getaria donde disfruto el paisaje y escucho m&uacute;sica'', Gorka Landaburu Illarramendi, el dem&oacute;crata de setenta y dos a&ntilde;os que acaba de celebrar su veinte aniversario vivo, despide su<em> Playlist</em>. Respirando el mar que siempre ha alentado su vida, reconoce el cielo cada vez m&aacute;s pr&oacute;ximo a la tierra de Euskadi. Sonr&iacute;e y lo celebra para que su nieto crezca con la paz de no correr detr&aacute;s del viento porque cualquier tiempo pasado definitivamente ''no fue mejor''.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/gorka-landaburu-pais-condenado-entenderse_1_8053474.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jun 2021 04:00:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gorka Landaburu: ''Este país está condenado a entenderse'']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Periodistas,Música,Libros,Víctimas ETA]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ariel‌ ‌Rot:‌ ‌"Vine‌ ‌huyendo‌ ‌de‌ ‌una‌ ‌dictadura‌ ‌atroz‌ ‌que‌ ‌ confío‌ ‌no‌ ‌se‌ ‌repita,‌ ‌pero‌ ‌la‌ ‌ultraderecha‌ ‌asusta"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/ariel-rot-vine-huyendo-dictadura-atroz-confio-no-repita-ultraderecha-asusta_1_8029200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c20d563-36e7-453e-8585-f7535b3bcfa6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ariel‌ ‌Rot:‌ ‌&quot;Vine‌ ‌huyendo‌ ‌de‌ ‌una‌ ‌dictadura‌ ‌atroz‌ ‌que‌ ‌ confío‌ ‌no‌ ‌se‌ ‌repita,‌ ‌pero‌ ‌la‌ ‌ultraderecha‌ ‌asusta&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nieto e hijo de exiliados, supo también lo que era huir "de una dictadura sanguinaria". Siendo observador se convirtió en protagonista, nos invitó a gritar '¡Salta!' recién fallecido Franco y a cantar 'Hace calor' hasta en invierno. Después de convencernos de que el nuestro es Un país para escucharlo, nos emocionan su compromiso y sus composiciones</p></div><p class="article-text">
        Salvar obst&aacute;culos le ha conducido a muchos sitios. A todos ha llegado, sin cambiar de talla, con el traje honesto e impecable de rockero que sinti&oacute; por dentro y se visti&oacute; por fuera siendo solo un ni&ntilde;o: &ldquo;El rock no quiere crecer&rdquo;. Cumplidos m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os que evidencian la maestr&iacute;a de sus dedos sobre los trastes, pero no su f&iacute;sico, ha huido de no correr riesgos para no fracasar. Ha escapado de una dictadura &ldquo;atroz y sanguinaria&rdquo; que le llev&oacute; a cruzar el charco siendo un cr&iacute;o y a abrazar a Madrid como a su otra casa. Ha demostrado que se puede hacer rock en castellano. Ha eludido la ilusi&oacute;n &oacute;ptica de las drogas que le rob&oacute; compadres y el acecho del sida que hizo estragos entre muchos de sus compa&ntilde;eros. Ha renunciado a lo bueno en el momento preciso para ir a lo grandioso: &ldquo;Fui pionero con 17 a&ntilde;os, n&uacute;mero uno con la misma edad y aqu&iacute; estoy, ni loco, ni internado, ni bajo tierra<em>&rdquo;.</em> Ha sido capaz de desarrollar triunfos incluso desde fracasos<em>: </em>&ldquo;Fue muy curioso porque yo vine aqu&iacute; de espectador y de repente, en muy poco tiempo, me convert&iacute; en una especie de protagonista de lo que estaba pasando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la toma continua a tierra y la ilusi&oacute;n intacta que le enchuf&oacute; al &lsquo;ampli&rsquo;, ha sabido asumir los vaivenes de la fama y mecerse con la inteligencia del que disfruta de las olas: &ldquo;En pocos a&ntilde;os vi c&oacute;mo era el &eacute;xito repentino, pero tambi&eacute;n la ca&iacute;da, el olvido y hasta la indiferencia&rdquo;. Solo ha nadado a contracorriente del avance de la ultraderecha: &ldquo;Esa es una palabra que ya de por s&iacute; suena a peligro, a temor. Vine huyendo de una dictadura atroz como todas las que hubo en Latinoam&eacute;rica. Y conf&iacute;o en que eso nunca se repita. Pero los avances de la ultraderecha preocupan y asustan&rdquo;. Vacunado del estrellato y en espera del mensaje que m&aacute;s le gustar&iacute;a recibir, la cita para su segunda dosis de AstraZeneca, tambi&eacute;n le infunde miedo la pandemia. Le sobran razones. Sin embargo, el bonaerense no ha permitido que ni la mascarilla apague su sincera y acogedora sonrisa, calco de la que el Covid-19 borr&oacute;, hace unos meses, del rostro de su bella madre. A&uacute;n puede verla con nitidez en sus mejores recuerdos cuando &eacute;l a&uacute;n no iba al colegio, pero ya se embelesaba observando las manos del guitarrista que la acompa&ntilde;aba mientras ella cantaba.
    </p><p class="article-text">
        El aroma del tabaco de pipa hace que tambi&eacute;n eche una ojeada al ni&ntilde;o que fue, a aquel &lsquo;pibe&rsquo; menudo e inquieto que quer&iacute;a ser electricista y jugando provocaba cortes de luz en casa. Cortocircuitos que anticipaban los que provoc&oacute; en nuestro pa&iacute;s, con Franco reci&eacute;n fallecido y &eacute;l casi reci&eacute;n llegado,<em> </em>gritando <em>&iexcl;salta! </em>con Tequila y bailando <em>Rock and roll en la plaza del pueblo. </em>Despu&eacute;s de unos a&ntilde;os de euforia, de tocar en colegios mayores, en pueblos a los que llegaban en una furgoneta sin asientos, de compartir escenario con Burning, la irrupci&oacute;n de la Movida sentenci&oacute; a la banda: &ldquo;Nuestra ca&iacute;da fue tan abrupta como la ascensi&oacute;n. A los 21 a&ntilde;os nos consideraron unos carrozas&rdquo;. Se cort&oacute; la corriente del grupo, pero no el voltaje del artista. Emprendi&oacute; su primer tramo del camino en solitario y promocionando <em>Debajo del puente,</em> despu&eacute;s de diez a&ntilde;os se reconcili&oacute; con Argentina: celebr&oacute; la primavera de la nueva democracia, produjo discos y vivi&oacute; de hacer <em>jingles</em> publicitarios. La hiperinflaci&oacute;n acab&oacute; con aquello y, en un garbe&iacute;to a Espa&ntilde;a para visitar a sus padres y no perder la nacionalidad, volvi&oacute; &ldquo;a conectar con Madrid&rdquo; y se qued&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Junto a Andr&eacute;s Calamaro, a quien conoci&oacute; en una emisora de radio, Juli&aacute;n Infante y Germ&aacute;n Vilella, celebr&oacute; la d&eacute;cada de los noventa con <em>Buena suerte</em> hasta que <em>Palabras m&aacute;s, palabras menos,</em> hicieron &ldquo;gente grande&rdquo; a Los Rodr&iacute;guez. <em>Sin documentos</em> les abri&oacute; las puertas de todos los escenarios<em> </em>hasta hacer una gira triunfal con Joaqu&iacute;n Sabina. Se convirtieron en superventas y tocando juntos, pero desunidos, descubrieron que en la cima no hab&iacute;a nada. Despu&eacute;s de seis a&ntilde;os, entonaron <em>Hasta luego </em>y murieron de &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        Justo antes de tocar con la banda de Elvis Costello, &ldquo;The Attractions, un regalazo que me dio la vida&rdquo;, y descubrir &ldquo;la libertad de ser solista&rdquo;, dijo adi&oacute;s definitivo al grupo con el segundo apellido m&aacute;s com&uacute;n en nuestro pa&iacute;s, cantando que en esta vida no quer&iacute;a pasar ni un d&iacute;a entero sin nosotros. Lo ha cumplido. Con su guitarra ha puesto banda sonora a nuestra vida, nos ha hecho c&oacute;mplices de sus composiciones, confinados nos ha redescubierto <em>Emociones escondidas</em>, se ha comprometido con causas sociales y se ha movilizado para ayudar al mundo de la cultura.
    </p><p class="article-text">
        Por si fuera poco, durante tres temporadas ha recorrido nuestra geograf&iacute;a de norte a sur, de este a oeste, para tratar de bajar lo que no le gusta de Espa&ntilde;a, &ldquo;el ruido&rdquo;, y subir la m&uacute;sica: &ldquo;El rock ha sabido sintonizar siempre con todo lo que estaba ocurriendo en el mundo y tambi&eacute;n lo ha alimentado para que cambie. O lo ha intentado al menos&rdquo;. Con su prolongaci&oacute;n en forma de guitarra, la magia del trabajo mimado en equipo y bien hecho, y confraternizando con los acordes de otros artistas, ha logrado tambi&eacute;n que volvamos a enamorarnos de la televisi&oacute;n. Peg&aacute;ndonos a la pantalla casi tanto como a sus melod&iacute;as, con cara de ni&ntilde;o travieso y un elegante talento propio de los aut&eacute;nticos maestros, ha roto audiencias y nos ha convencido de que el nuestro <em>es Un pa&iacute;s para escucharlo </em>porque Espa&ntilde;a &ldquo;definitivamente suena a diversidad&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>M&uacute;sica en casa y terror en la calle</strong></h3><p class="article-text">
        Ni de muy chico tuvo que buscar en el diccionario la palabra <em>exilio</em>. En su casa se sab&iacute;a mucho de eso. Abrir por primera vez sus grandes ojos verdes al mundo, en abril de 1960, no fue suficiente signo de esperanza para los Rotenberg, una familia afincada en una Argentina en la que, desde hac&iacute;a treinta a&ntilde;os, todas las experiencias de gobierno elegidas democr&aacute;ticamente eran interrumpidas mediante golpes de Estado. Pero las ra&iacute;ces de aquel ni&ntilde;o despierto ven&iacute;an desde m&aacute;s lejos y desde m&aacute;s conflictos. Huyendo del nazismo primero y del estalinismo despu&eacute;s, su abuelo paterno se hab&iacute;a subido a un barco en un puerto de Ucrania y, sin saberlo, el carguero le llev&oacute; a Argentina. El hombre se estableci&oacute; en Buenos Aires como comerciante, pero tard&oacute; m&aacute;s de ocho a&ntilde;os en poder traer a su lado a su mujer y a su hijo, Abrasha Rotenberg, el padre de Ariel. Eso har&iacute;a crecer al m&uacute;sico con pasta de superviviente. La de artista tambi&eacute;n le vino dada de casa. Su madre, Dina Rot, proced&iacute;a de Mendoza, y era una prestigiosa cantante del <em>nuevo</em>&nbsp;<em>tango</em>: &ldquo;Llegar del colegio y saber que hab&iacute;a ensayo esa tarde en nuestro sal&oacute;n era la mejor noticia que pod&iacute;a tener. Hab&iacute;a un piano, una guitarra, varios instrumentos, y enseguida sent&iacute; que no exist&iacute;a otra opci&oacute;n en mi vida. Lo tuve claro. No exactamente la forma, pero s&iacute; el fondo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde muy peque&ntilde;o, Ariel estudi&oacute; piano cl&aacute;sico, pero la influencia de un rock argentino &ldquo;muy fuerte e imaginativo&rdquo; cal&oacute; en su alma, molde&oacute; su existencia y ya no pudo ni quiso liberarse de &eacute;l. Tampoco de su amigo Alejo Stivel a quien conoci&oacute; en un concierto de Paco Ib&aacute;&ntilde;ez cuando ambos, a&uacute;n muy ni&ntilde;os, acompa&ntilde;aban a sus madres al recital. Escuchando blues, a los Rolling Stones y a Chuck Berry, asaltando el armario de su hermana para adoptar la est&eacute;tica <em>glam</em> y leyendo la vida, enseguida comenzaron a componer sus primeras canciones.
    </p><p class="article-text">
        Entre una casa en la que transitaban m&uacute;sicos que ensayaban con su madre y la redacci&oacute;n del peri&oacute;dico <em>La</em> <em>Opini&oacute;n</em> del que fue fundador y director financiero el padre, crecieron Ariel y su hermana Cecilia. Mientras ambos agotaban esa etapa en la que solo hay presente cargado de ilusi&oacute;n y de inocencia y en la que la patria es la infancia, a su alrededor eran cada vez m&aacute;s frecuentes las bombas, los asesinatos y secuestros. Tambi&eacute;n los robos y asaltos domiciliarios de los que ellos tampoco se libraron. El ambiente de desgobierno, de caos y de violencia apuntaba a un nuevo golpe militar. Su padre aguant&oacute; hasta que supo que estaba en una lista de &ldquo;personas no gratas&rdquo; para los militares antisemitas. Un mes antes de que Ariel cumpliera diecis&eacute;is a&ntilde;os, una nueva sublevaci&oacute;n militar derrocaba a la presidenta, Mar&iacute;a Estela Mart&iacute;nez Per&oacute;n, y se instalaba una dictadura: el <em>Proceso de Reorganizaci&oacute;n Nacional</em> basado en una pol&iacute;tica sistem&aacute;tica de terrorismo de Estado y de violaci&oacute;n masiva de los derechos humanos que causar&iacute;a la desaparici&oacute;n de decenas de miles de personas.
    </p><p class="article-text">
        No bastaba ya lamerse las heridas, se hab&iacute;a acabado el tiempo de las dudas. La &uacute;nica salida era el exilio: &ldquo;El cataclismo nos hace a todos m&aacute;s humanos. Los Rotenberg nos convertimos en una pi&ntilde;a&rdquo;. Con Cecilia, la hija mayor que se convertir&iacute;a en actriz de culto, hundida en un mar de l&aacute;grimas porque dejaba atr&aacute;s todo lo que hab&iacute;a conocido en sus casi veinte a&ntilde;os de vida, unas maletas, un pedazo del alma herida de Argentina y el coraz&oacute;n de supervivientes dispuesto a aprovechar las oportunidades a su alcance, la familia puso rumbo a Espa&ntilde;a.
    </p><h3 class="article-text"><em><strong>El vals de los recuerdos</strong></em></h3><p class="article-text">
        Agosto de 1976. Una fecha que Ariel no olvida. Tampoco pasa inadvertida en la historia de nuestro pa&iacute;s. Un decreto publicado por el Gobierno de Adolfo Su&aacute;rez evidenciaba el desmantelamiento de la dictadura y la construcci&oacute;n de la democracia: se hac&iacute;a efectiva la primera amnist&iacute;a pol&iacute;tica. Con ese indulto desaparec&iacute;a la condici&oacute;n de preso o de perseguido pol&iacute;tico y de ella se beneficiaban todos los encarcelados por el r&eacute;gimen franquista, excepto los condenados por actos terroristas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En medio del &ldquo;primer gran paso de la Transici&oacute;n&rdquo;, los Rotenberg pisaron el suelo de una inhabitual Gran V&iacute;a madrile&ntilde;a, muy vac&iacute;a esos d&iacute;as por el &eacute;xodo vacacional de quienes hu&iacute;an de una ola de calor: &ldquo;Apenas hab&iacute;a nadie, me parec&iacute;a rar&iacute;simo. Yo ven&iacute;a de una ciudad ca&oacute;tica y peligrosa, donde hablar alto o re&iacute;r te convert&iacute;a en sospechoso y donde te interrogaban por cualquier cosa. Viv&iacute;a aterrado en aquella &eacute;poca. Por eso, la sensaci&oacute;n de disfrutar de la calle era incre&iacute;ble, m&aacute;s viniendo de una dictadura. Pasar ante la polic&iacute;a y no temblar. Era impresionante. Adem&aacute;s, ten&iacute;a el presentimiento de que me iba a ir bien, de que aqu&iacute; iba a poder cumplir mi sue&ntilde;o, poder ensayar con una banda en un local y con instrumentos, que en vez de levantarme y tener que ir a estudiar, lo que har&iacute;a ser&iacute;a ir a ensayar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la primera noche de exilio en la habitaci&oacute;n de un hotel, con 16 a&ntilde;os, los ojos abiertos como platos y mucha hambre de libertad, Ariel sali&oacute; a explorar el centro de la capital. No tuvo que andar mucho para saber que aquel era su sitio: &ldquo;Baj&eacute; a recorrer la zona y dio la casualidad de que por un lado hab&iacute;a una tienda de guitarras el&eacute;ctricas y por el otro un cine donde estaban dando<em> Ladies</em> <em>and Gentlemen: The Rolling Stones. </em>Me emocion&eacute; y llegu&eacute; de vuelta al hotel desencajado. Nunca hab&iacute;a visto ni tantas guitarras juntas ni un cartel de los Rolling Stones en la calle. Era fabuloso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese momento, abri&oacute; a&uacute;n m&aacute;s los brazos a la vida y, con intensos latidos adolescentes a ritmo de rock, se prepar&oacute; para dejar entrar al futuro, para bailar lo que hoy es su Vals de los recuerdos: <em>Me acostumbraba a los nuevos ritos, las nuevas palabras. Y me perd&iacute;a por las calles que hoy ya son m&iacute;as. Yo solo quer&iacute;a rock &amp; roll todo el tiempo. Pero el colegio era un lugar muy vulgar. Y tuve que salir corriendo. Poco se puede decir que siga igual. Pasaron coches, altavoces, mujeres, amigos, desencuentros. Nadie se puede escapar. Nadie se puede borrar. Todo el mundo listo para bailar. El vals de los recuerdos.</em>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cuarenta y cuatro a&ntilde;os de vueltas y m&aacute;s vueltas honradas, sin marearse ni marearnos, de toda una vida bebiendo m&uacute;sica y a&uacute;n teniendo sed, apunta <em>Volver a los diecisiete</em> de Violeta Parra como una de las canciones que le hubiera gustado firmar. Custodiado por libros de Patricia Highsmith y de Roberto Bola&ntilde;o, y dispuesto a volver a disfrutar la cinta de Luca Guadagnino, <em>Call me by your name</em>, Ariel Rotenberg Gutkin, el ni&ntilde;o que se enamor&oacute; de la palabra <em>rock</em> como &ldquo;la m&aacute;s evocadora del mundo&rdquo; e hizo con sus ra&iacute;ces alas, despide su <em>Playlist</em>. Con la cercana sabidur&iacute;a y paciencia de los genios que no se dejan avasallar por el tiempo, acaricia una p&uacute;a mientras cita a Oscar Wilde para decirnos &ldquo;no dejes para ma&ntilde;ana lo que puedas hacer pasado ma&ntilde;ana&rdquo;. <em>Nunca es tarde para el rock and roll.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/ariel-rot-vine-huyendo-dictadura-atroz-confio-no-repita-ultraderecha-asusta_1_8029200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Jun 2021 04:00:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ariel‌ ‌Rot:‌ ‌"Vine‌ ‌huyendo‌ ‌de‌ ‌una‌ ‌dictadura‌ ‌atroz‌ ‌que‌ ‌ confío‌ ‌no‌ ‌se‌ ‌repita,‌ ‌pero‌ ‌la‌ ‌ultraderecha‌ ‌asusta"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Roberto Sotomayor: "Lo que ha pasado con Pablo Iglesias es la mayor vergüenza de la democracia"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/roberto-sotomayor-pasado-pablo-iglesias-mayor-verguenza-democracia_1_8005359.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b7091ef-747b-47b7-9ea9-7d25482a662f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Roberto Sotomayor: &quot;Lo que ha pasado con Pablo Iglesias es la mayor vergüenza de la democracia&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acumula medallas y récords imbatidos en atletismo máster, una legión de seguidores en sus redes sociales que echan humo y un compromiso ideológico que le ha convertido en fichaje estrella de Ione Belarra para UP. Mientras escucha Thriller y lee 108 metros denuncia que "hemos llevado la política al barrizal absoluto"</p></div><p class="article-text">
        El atletismo es su &ldquo;pasi&oacute;n&rdquo;. &ldquo;La izquierda&rdquo;, su ideolog&iacute;a. La combinaci&oacute;n de &ldquo;lucha y compromiso&rdquo;, su gu&iacute;a. Los kil&oacute;metros que lleva en sus piernas avalan sus triunfos: cinco medallas como campe&oacute;n de Espa&ntilde;a, tres oros europeos, dos r&eacute;cords del mundo a&uacute;n imbatidos<strong> </strong>y un subcampeonato en atletismo m&aacute;ster. La mano tendida que ofrece siempre a sus competidores y los halagos a sus entrenadores reafirman su deportividad. Sus manifestaciones p&uacute;blicas, &ldquo;en las que no cabe el insulto ni la provocaci&oacute;n&rdquo;, prolongan su empe&ntilde;o de &ldquo;ganar o perder&rdquo;, pero haci&eacute;ndolo &ldquo;siempre con Democracia&rdquo;. Su ojo cr&iacute;tico le lleva a analizar antes de masticar: &ldquo;Alcaldes que retiran versos de Miguel Hern&aacute;ndez y colocan estatuas de legionarios rebeldes. Presidentas que cierran centros de atenci&oacute;n primaria y despiden a m&aacute;s de dos mil sanitarios. La guerra de la derecha tiene un mismo fin: derrocar a la izquierda y convertir a Espa&ntilde;a en lo que siempre fue, su particular territorio donde prima el saqueo de las arcas p&uacute;blicas y la imposici&oacute;n de un sistema privatizador que destruye el sistema de servicios p&uacute;blicos que tantos a&ntilde;os nos ha costado defender&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la fortaleza del que suda la camiseta hasta la extenuaci&oacute;n, ni siquiera la rotura del tend&oacute;n de Aquiles le ha impedido acercarse a Unidas Podemos para gritar a los cuatro vientos que &ldquo;el deporte, como la cultura, es un medio de transformaci&oacute;n social&rdquo;. Despu&eacute;s de treinta y cinco a&ntilde;os corriendo como el coyote, no le para ni el contundente resultado electoral de Isabel D&iacute;az Ayuso en las &uacute;ltimas elecciones de la Comunidad de Madrid: &ldquo;Dejemos de llorar ya. Quedan dos a&ntilde;os y mucho por hacer. Si un d&iacute;a lo so&ntilde;amos, es que se puede. Sacad pecho, que nuestros votos no fallaron&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo candidato de la formaci&oacute;n morada no se cansa de reclamar &ldquo;menos ruido, m&aacute;s pol&iacute;tica&rdquo;, defiende &ldquo;la sanidad p&uacute;blica, no como opci&oacute;n sino como obligaci&oacute;n&rdquo;, pide &ldquo;toda la inversi&oacute;n posible para educaci&oacute;n, menos fotos de reyes y m&aacute;s colegios&rdquo;, alerta sobre &ldquo;la normalizaci&oacute;n de la corrupci&oacute;n&rdquo;, reclama &ldquo;un proyecto feminista&rdquo; que llegue tambi&eacute;n a la foto del Consejo General del Poder Judicial, critica a Calvi&ntilde;o porque &ldquo;no meta mano a las el&eacute;ctricas, pero s&iacute; a los ciudadanos&rdquo;, denuncia &ldquo;la politizaci&oacute;n de los medios&rdquo;, y celebra la nueva Ley de Salud Mental insistiendo en que &ldquo;unos trabajan por el bien de sus ciudadanos, otros por dividir un pa&iacute;s con himnos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Atleta de bandera, se ha envuelto en la rojigualda celebrando sus triunfos frente a la &ldquo;apropiaci&oacute;n indebida que de ella hace la derecha&rdquo;: &ldquo;Tambi&eacute;n es m&iacute;a. Parece ser que si no eres de derechas no la puedes sacar, pero nos representa a la gran mayor&iacute;a y yo me siento identificado con ella. Llevar la bandera no significa ser facha. Confundimos t&eacute;rminos. Hay que sacarla como un orgullo de nuestra cultura, servicios p&uacute;blicos, de nuestro estado plurinacional. No como alarde de espa&ntilde;olidad, de toros y de ser de derechas. No como manto del odio. Rechazo esa connotaci&oacute;n con la que no me siento identificado. Esa Espa&ntilde;a con la que no comulgo, para nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Defini&eacute;ndose como &ldquo;atleta, donante de m&eacute;dula y feminista&rdquo;, sus redes sociales, siempre echando humo, amplifican su voz con una legi&oacute;n de seguidores. Juzga la actualidad: &ldquo;La imagen de los militantes del PP abucheando a los periodistas que preguntan a Pablo Casado por la imputaci&oacute;n de Cospedal es la imagen perfecta de la derecha de este pa&iacute;s&rdquo;. Pero tambi&eacute;n aplaude: &ldquo;Rafa Nadal es mi referente en lo que a logros deportivos se refiere&rdquo;. Se conmueve con lo que sucede en las pistas m&aacute;s all&aacute; de los tiempos y las marcas: &ldquo;Siempre me ha emocionado la amistad que surgi&oacute; entre Jesse Owens, el atleta afroamericano, y Lutz Long, deportista alem&aacute;n favorito de Hitler, con la que desafiaron al r&eacute;gimen nazi en las Olimpiadas de Berl&iacute;n de 1936. Todo parec&iacute;a que les enfrentaba, pero su abrazo conmovi&oacute; al mundo. Protagonizaron uno de los mayores gestos que definen perfectamente lo que es el deporte como herramienta de transformaci&oacute;n e integraci&oacute;n social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la resiliencia del que se sobrepone al agotamiento para cruzar siempre la meta, ve &ldquo;oportunidad en toda calamidad&rdquo;: &ldquo;El trece de junio, en la manifestaci&oacute;n contra los indultos, ver&aacute;s muchas banderas y mucho discurso Maquiavelo ensalzando el patriotismo baratero, mientras esconden nuestras miserias debajo de la alfombra. Pero al otro lado, ese mismo d&iacute;a, tambi&eacute;n podr&aacute;s ver otra forma de entender nuestra patria desde el consenso, la tranquilidad y la ilusi&oacute;n. Solo por el pasado sangriento que ha soportado este pa&iacute;s, merece la pena apostar por lo segundo. No hay m&aacute;s camino. Por mucho que sientas tu decepci&oacute;n, otro pa&iacute;s es posible. Una vez lo so&ntilde;amos y yo, sinceramente, lo sigo so&ntilde;ando. Merece la pena seguir intent&aacute;ndolo. Siempre. Nos va mucho en ello&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Corriendo a ritmo de </strong><em><strong>Thriller</strong></em></h3><p class="article-text">
        Con cuarenta y tres a&ntilde;os, el aroma de jazm&iacute;n contin&uacute;a oli&eacute;ndole a la infancia. A la fragancia que desprend&iacute;an los ramilletes de las fr&aacute;giles flores blancas que su madre regaba con esmero en la terraza de su casa. Aquellas cuyo recuerdo le lleva a echar una ojeada al ni&ntilde;o que fue: hijo &uacute;nico de una ama de casa manchega y de un empleado de banca jerezano que creci&oacute; en la capital al amparo del deporte y del compromiso sindical y pol&iacute;tico. Desgast&oacute; zapatillas en los pinares de la Casa de Campo acompa&ntilde;ando a su padre a correr las ma&ntilde;anas de domingo. Cuando cumpli&oacute; siete a&ntilde;os, el peque&ntilde;o Roberto se agarr&oacute; de su mano para ir tambi&eacute;n al polideportivo del madrile&ntilde;o Barrio de la Concepci&oacute;n. Desde ese momento, el atletismo fue su sitio: &ldquo;Lo llevo en la sangre, est&aacute; en mi ADN, es mi filosof&iacute;a y mi estilo de vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin levantar a&uacute;n dos palmos del suelo, el futuro atleta so&ntilde;aba viendo las competiciones en el canal UHF de una televisi&oacute;n setentera en blanco y negro. El color lo puso su mirada de ni&ntilde;o entusiasmado aplaudiendo a su padre en el Marat&oacute;n de Madrid y en las carreras en las que sol&iacute;a participar como aficionado. Mientras, en la radio no dejaba de sonar su disco favorito: <em>Thriller</em> de Michael Jackson. La primera cadena de TVE estren&oacute; el videoclip del <em>Rey del Pop</em> que revolucion&oacute; la industria musical tanto como impidi&oacute; conciliar el sue&ntilde;o, sin im&aacute;genes de zombis, a aquel cr&iacute;o en mucho tiempo. Como medio mundo, Sotomayor tarare&oacute; la canci&oacute;n m&aacute;s vista del planeta, pero cuando se dejaba la garganta era animando a Jos&eacute; Manuel Abascal, el especialista en medio fondo que nos trajo la medalla de bronce de los 1500 metros, de los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1984, en Los &Aacute;ngeles.
    </p><p class="article-text">
        Con los a&ntilde;os, las piernas de aquel cr&iacute;o despierto y menudo se fueron alargando. Mucho m&aacute;s creci&oacute; su ilusi&oacute;n por ser &eacute;l quien tambi&eacute;n luciera un dorsal y a quien aclamaran: &ldquo;Quer&iacute;a ser de mayor campe&oacute;n ol&iacute;mpico. Me qued&eacute; en el camino, pero fui atleta. Estoy contento con mi vida, cumpl&iacute; parte de mi sue&ntilde;o&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La libertad no anida en la precariedad</strong></h3><p class="article-text">
        Roberto Sotomayor sabe correr y ganar. Tambi&eacute;n se ha lesionado y ha perdido. Pero no se rinde ni en la pista ni en la pol&iacute;tica, aunque no entienda &ldquo;c&oacute;mo Ayuso ha llegado a ser presidenta&rdquo;. Frente al desaliento, &ldquo;siempre lucha y compromiso&rdquo;. Lo mam&oacute; en un barrio obrero donde el d&iacute;a a d&iacute;a engulle los sue&ntilde;os &ldquo;mientras solo puedes preocuparte de salir adelante&rdquo;. Donde no se vive de rentas. Donde las amas de casa saben m&aacute;s de econom&iacute;a familiar que cualquier ministro. Donde cualquier extra es un capricho pocas veces alcanzable. Donde desde muy joven palp&oacute; que la libertad no anida en la precariedad. Entonces reafirm&oacute; el ejemplo de su padre, afiliado sindical a CC. OO y militante del Partido Comunista.
    </p><p class="article-text">
        Su fervor por la pol&iacute;tica fue creciendo, mirando &ldquo;con optimismo&rdquo; al frente sin dejar de echar la vista atr&aacute;s: &ldquo;Desde peque&ntilde;o mis padres me llevaban a las manifestaciones del 1&ordm; de Mayo y fui aprendiendo a construir una fuerte conciencia de clase. Coquete&eacute; con las Juventudes Comunistas y comenc&eacute; a ir a manifestaciones por cualquier causa que me pareciera justa&rdquo;. Sin saberlo entonces, su entusiasmo por el deporte fue tambi&eacute;n una tabla de salvaci&oacute;n. Mientras la droga engull&iacute;a a muchos chavales de barrio a comienzos de los noventa, Roberto no vivi&oacute; el miedo &lsquo;al caballo&rsquo; porque su vida ya era &ldquo;estudiar y entrenar, entrenar y estudiar&rdquo;: &ldquo;No hab&iacute;a tiempo para mucho m&aacute;s&rdquo;. Entre los quince y los dieciocho a&ntilde;os practic&oacute; la marcha:&ldquo; Se me daba muy bien, pero me aburr&iacute;a porque entrenaba solo&rdquo;. Disfrutaba tanto correr que escoger ese camino no signific&oacute; para &eacute;l abandonar otros: &ldquo;Dej&eacute; la marcha y en la carrera volv&iacute; a reencontrar mi pasi&oacute;n por el atletismo&rdquo;. Sin embargo, iniciar unos estudios que no le interesaban le convirti&oacute; en &ldquo;un abogado frustrado&rdquo; al que le quedaron pendientes solo unas &uacute;ltimas asignaturas para licenciarse.
    </p><p class="article-text">
        En aquel barrio en el que las lentejas llegaban solo a base de madrugar y de doblar el lomo, Roberto trabajaba mientras iba tambi&eacute;n a la universidad: primero como reponedor de supermercados, despu&eacute;s como dependiente en grandes superficies. &ldquo;Solo con ajustes de turnos&rdquo;, que siempre le ha autorizado la empresa en la que lleva m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, y haciendo malabarismos con sus horarios consegu&iacute;a &ldquo;trabajar, estudiar y entrenar. Y a veces competir. Esa era toda mi vida. Las lesiones se prolongaban m&aacute;s en el tiempo que las de mis compa&ntilde;eros porque no es lo mismo recuperarse en casa con el pie en alto, que ir a trabajar y sacarte el sueldo. El sue&ntilde;o ol&iacute;mpico probablemente se truncaba desde muy jovencito. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a pasado si me hubiera dedicado solo a entrenar? No lo sabr&eacute; nunca, pero no me arrepiento de c&oacute;mo ha discurrido mi vida porque lo habl&eacute; con mis padres y tuve claro que lo que ten&iacute;a que hacer era eso&rdquo;. Lo primero es antes.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;Hemos llevado la pol&iacute;tica al barrizal absoluto&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        El esfuerzo y la tenacidad disfrazados de casualidad le condujeron, con dieciocho a&ntilde;os, al <em>Club Larios</em>, el m&aacute;s laureado del atletismo masculino espa&ntilde;ol. Mientras Roberto entrenaba en la madrile&ntilde;a sede de Moratalaz junto a los deportistas nacionales m&aacute;s importantes, sin saberlo, a pocos metros el hombre que se convertir&iacute;a &ldquo;sin duda, en el mejor pol&iacute;tico que hemos tenido en democracia, Pablo Iglesias&rdquo;, estudiaba bachillerato en el Instituto Juana de Castilla. Sus caminos comenzaban a acercarse: &ldquo;Desde las primeras elecciones yo votaba a IU. Pero, tras el 11M, por un sentido de responsabilidad ciudadana, vot&eacute; a Rodr&iacute;guez Zapatero para evitar que continuara el PP. Gan&oacute; el PSOE y en la primera legislatura hizo cosas interesantes como la ley de matrimonio homosexual, pero al llegar las siguientes elecciones me sent&iacute; traicionado. Mi padre a&uacute;n no me ha perdonado que votara a los socialistas. Luego vino el Gobierno de Rajoy y el 15M y ah&iacute; es cuando sufro un despertar. Surge Pablo Iglesias a quien yo segu&iacute;a desde la Universidad porque me parec&iacute;a una figura muy interesante. Ha sido un pol&iacute;tico de altura que ha puesto un programa social encima de la mesa. Los medios lo han denostado, lo han machacado, lo han vilipendiado. Yo creo que se ha ido de la pol&iacute;tica porque estaba cansado: cuando ya entramos en amenazas a la familia, a los ni&ntilde;os, hasta el m&aacute;s fuerte termina por ceder. No tengo dudas de que lo que ha pasado con &eacute;l es la mayor verg&uuml;enza de la democracia. Hemos llevado la pol&iacute;tica al barrizal absoluto. Creo que los libros de Historia le acabar&aacute;n reconociendo como algunos empiezan a hacerlo ahora con Julio Anguita&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de dos d&eacute;cadas dando zancadas a nivel nacional, corriendo ligas de divisi&oacute;n de honor, campeonatos de Espa&ntilde;a, &ldquo;trabajando, entrenando y compitiendo&rdquo;, encontr&oacute; la clave de su futuro escondida en su vida diaria. Con casi 34 a&ntilde;os prepar&oacute; los Campeonatos de Europa que se celebraban en San Sebasti&aacute;n y se gan&oacute; a pulso la sonrisa de la fortuna. En el atletismo m&aacute;ster supo lo que era colgarse todas las medallas: tres t&iacute;tulos de campe&oacute;n de Europa en 1500 y 3000 metros lisos en un podio de nuestro pa&iacute;s, pero tambi&eacute;n en Polonia y en Italia, y doble subcampe&oacute;n del mundo en el Mundial de Corea. Hace cuatro a&ntilde;os se retir&oacute; como atleta s&eacute;nior en los Campeonatos de Espa&ntilde;a Absolutos. No olvida ni un detalle de su &uacute;ltima carrera oficial donde m&aacute;s que las piernas pes&oacute; la emoci&oacute;n. Ahora, m&aacute;s despacio, pero sin desandar todo lo recorrido, contin&uacute;a corriendo fuera de los grandes circuitos &ldquo;porque el atletismo es mi vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin dejar de sonre&iacute;r &ldquo;y de crecer&rdquo; para no perder ni un d&iacute;a, celebra lo mejor de nuestro pa&iacute;s: &ldquo;Nuestra diversidad cultural. No me gusta el centralismo rancio propio del pasado. Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s plural y diverso. Lo peor es esa ausencia de memoria, ese pasado sangriento que nos persigue y que no hemos sido capaces de revisar y de hacer justicia. Ese cortoplacismo que prefiere ca&ntilde;as y cervezas al inter&eacute;s general de la sociedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Agradecido a los pies que le han hecho volar por medio mundo, a quienes le ayudaron a subir a los podios que le acercaron al cielo y a la conciencia que no le permite cerrar los ojos a la miseria y a la injusticia, Roberto Sotomayor Men&eacute;ndez, el ni&ntilde;o que comenz&oacute; a correr para alcanzar un mundo mejor y no ha parado, despide su <em>Playlist</em>. Mientras relee los <em>108 metros </em>de Alberto Prunetti, denuncia &ldquo;la precariedad laboral y la fuga de cerebros&rdquo; porque &ldquo;cualquier momento es bueno para crecer y siempre es demasiado pronto para rendirse''.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/roberto-sotomayor-pasado-pablo-iglesias-mayor-verguenza-democracia_1_8005359.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jun 2021 04:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Roberto Sotomayor: "Lo que ha pasado con Pablo Iglesias es la mayor vergüenza de la democracia"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Atletismo,Unidas Podemos,Deportes,Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Espido Freire: "Olvidamos lo importante y solo nos preocupa lo esencial"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/espido-freire-olvidamos-importante-preocupa-esencial_1_7982273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3c892ca4-71af-4f27-b74b-02d82d2d934a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Espido Freire: &quot;Olvidamos lo importante y solo nos preocupa lo esencial&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue niña prodigio y recorrió Europa con la compañía de José Carreras. Superó una depresión y trastornos alimenticios, y acabó renunciando a cantar porque "no quería ser el personaje sino la autora". Volvió a escribir y el Premio Planeta le dio la razón: subió al podio como finalista y bajó como ganadora</p></div><p class="article-text">
        Aprendi&oacute; a mirar siendo una cr&iacute;a y hoy solo sonr&iacute;e porque &ldquo;la alegr&iacute;a es un esfuerzo&rdquo;. Al libro de nuestra actualidad lo titular&iacute;a como la obra de Choderlos de Laclos, <em>Las amistades peligrosas</em>: &ldquo;No solo a nivel pol&iacute;tico, incluso entre los ciudadanos resulta complicado discernir en qui&eacute;n confiar y en qui&eacute;n no, qu&eacute; alianzas se mantendr&aacute;n, si podemos entregar la confianza a una ideolog&iacute;a, una creencia o un partido sin ser traicionados a corto plazo. Creo que existe una enorme erosi&oacute;n y desconfianza hacia todo tipo de autoridad, incluida la cient&iacute;fica, que hasta hace poco se manten&iacute;a casi intocable. Nos estamos volviendo m&aacute;s desconfiados y vulnerables&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ser ni&ntilde;a prodigio tambi&eacute;n abon&oacute; su propia fragilidad. Con un l&aacute;piz y un papel, a los diecis&eacute;is a&ntilde;os, ech&oacute; una ojeada a la ni&ntilde;a que fue y ya no quiso perder de vista qui&eacute;n era, de d&oacute;nde ven&iacute;a y el camino a seguir: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; nos distingue a unos de otros? He visto a hijos de familias nobles comportarse como cobardes y dejar atr&aacute;s a sus compa&ntilde;eros cuando silbaban las flechas, y a algunos esclavos arriesgarse a morir para arrastrar a su amo herido. He visto que la sangre de todos nosotros es del mismo color, roja, y que las &uacute;nicas diferencias entre nosotros se encuentran en nuestro comportamiento, no en nuestro rango&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antes de presentarse al mundo, Espido mam&oacute; la cultura del esfuerzo y la obligaci&oacute;n del deber. La de quienes vienen de un sitio donde se echa a andar con lo justo. La de unos padres pertenecientes a la clase trabajadora que se levanta con el sol y se acuesta con el lomo doblado. La de una familia gallega que, con el terru&ntilde;o en el alma y los enseres en cuatro maletas, se convirti&oacute; en emigrante en el Pa&iacute;s Vasco. La de quienes sin rentas procuraron que sus hijas alcanzaran todo lo que el sudor y horas de puntadas tras puntadas les privaron a ellos. La de quienes descubrieron que ten&iacute;an en casa a una estudiante brillante y promesa oper&iacute;stica, y accedieron a que recorriera Europa cantando con la compa&ntilde;&iacute;a de Jos&eacute; Carreras. La de quienes so&ntilde;ando con que la ni&ntilde;a se labrara un porvenir, no repararon en que a la peque&ntilde;a le pudiera pesar mucho la vida y m&aacute;s &ldquo;la necesidad de la continua superaci&oacute;n&rdquo;. La de quienes, cuidando la toma a tierra, abrazaron a su hija cuando abandon&oacute; m&aacute;s de una d&eacute;cada de carrera musical y regres&oacute; a casa.&nbsp;La de quienes vivieron, con el coraz&oacute;n en un pu&ntilde;o, sus trastornos alimenticios y una grave depresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La cultura tambi&eacute;n de quien, agarrada a la tabla de la literatura vertebr&oacute; su existencia, se dej&oacute; mecer por las olas y no sucumbi&oacute; al naufragio ni al suicidio. La de quien contin&uacute;a adelante&ldquo; porque la herida se hace costra, y la costra, cicatriz&rdquo;. La de quien, con solo veintitr&eacute;s a&ntilde;os, debut&oacute; como narradora con <em>Irlanda</em> y, entre el Atl&aacute;ntico y el Mediterr&aacute;neo, los libreros franceses le aplaudieron con el <em>Premio Millepages</em>. La de quien, con veinticinco a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos, se convirti&oacute; en la ganadora m&aacute;s joven del Premio Planeta con <em>Melocotones helados</em>. La de quien no descuida su condici&oacute;n de hija de obreros escribiendo sobre &ldquo;lo que horada nuestra sociedad&rdquo;, sobre la enquistada condena de <em>Los mileuristas</em>, sobre el desenga&ntilde;o ante la crisis econ&oacute;mica, sobre la condici&oacute;n de la mujer, sobre <em>Los malos del cuento, </em>sobre <em>Cuando comer es un infierno </em>y tambi&eacute;n<em> De la melancol&iacute;a</em>, sobre su rotunda posici&oacute;n animalista, sobre su &ldquo;esperanza en la rectificaci&oacute;n&rdquo; aunque la vea &ldquo;frustrada porque olvidamos lo importante y solo nos preocupa lo esencial. Nos toman por tontos, apagamos fuegos a corto plazo&rdquo;. La de quien, rescatando un pasado no tan lejano y buscando referentes literarios femeninos, camina<em> tras los pasos de Jane Austen</em> y ahora nos invita a recorrer &ldquo;de la <em>a</em> a la <em>z</em>&rdquo; su <em>&ldquo;Diccionario de amores y pesares&rdquo; </em>porque &ldquo;para contemplar el amor de manera diferente, hay que comenzar por las palabras y sus definiciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La obra de quien fue amiga y lectora de Ana Mar&iacute;a Matute.&nbsp; De quien despu&eacute;s de dos d&eacute;cadas firmando novelas, ensayos, relatos, traducciones y poes&iacute;a tiene como prueba contundente de su &eacute;xito la continuidad de su trabajo: &ldquo;Si se gana al inicio de una carrera, los sue&ntilde;os est&aacute;n al final&rdquo;. La de quien pidi&oacute; a la RAE que cambiara la definici&oacute;n de &lsquo;madre&rsquo;. La autora de narraciones que present&oacute; I&ntilde;aki Gabilondo, amadrin&oacute; Rosa Montero y halag&oacute; Cela. La de la escritora actual que, a su edad, acumula m&aacute;s galardones literarios y se la disputan las marcas como <em>influencer</em>. La de quien no olvida que siendo &ldquo;una veintea&ntilde;era que viv&iacute;a a&uacute;n en Pa&iacute;s Vasco, dentro de una existencia que inclu&iacute;a ya la violencia como algo cotidiano&rdquo;, sinti&oacute; &ldquo;rabia, pena y una impotencia paralizadora&rdquo; cuando ETA asesin&oacute; a Miguel &Aacute;ngel Blanco: &ldquo;Cuando apareci&oacute; agonizante, me qued&oacute; claro lo que cont&aacute;bamos como sociedad y como pueblo; el poder que cre&iacute;amos tener, la invulnerabilidad de la juventud se hizo pedazos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><em><strong>&nbsp;El Diabulus </strong></em><strong>de la m&uacute;sica fractur&oacute; su orden y apareci&oacute; el caos</strong></h3><p class="article-text">
        Antes de que llegara un tiempo en el que la felicidad la frecuentaba poco, Espido Freire era una ni&ntilde;a enfermiza, temprana y &aacute;vida lectora, que fantaseaba relatos y ped&iacute;a a sus padres que parasen el coche &ldquo;para coger racimos de milicroques&rdquo;, aquellas florecillas p&uacute;rpuras erguidas a orillas de la carretera que les conduc&iacute;a al pueblo gallego de sus abuelos. En aquel <em>fin del mundo</em> pasaba sus vacaciones estivales, junto a su hermana mayor, la que le hizo con cinco a&ntilde;os su primer carn&eacute; de biblioteca: devoraba cuentos, inventaba relatos y jugaba con Nancys que su madre, costurera, vest&iacute;a con r&eacute;plicas de la ropa que tambi&eacute;n confeccionaba para sus hijas.
    </p><p class="article-text">
        En ese tiempo de color y veranos eternos que anticipaban las camelias del jard&iacute;n, la autora de <em>Soria Moria</em> so&ntilde;aba con &ldquo;ser de mayor astronauta: lo deseaba con toda mi alma, las ni&ntilde;as se re&iacute;an de m&iacute;, pero yo estudiaba los efectos de la ley de la gravedad, sab&iacute;a de memoria las distancias entre planetas, y dibujaba extraterrestres&rdquo;. Despu&eacute;s, quiso ser &ldquo;poeta y, m&aacute;s tarde, escritora&rdquo;. Sin embargo, revelarse como genio musical supuso un largo desv&iacute;o hasta poder retomar el camino de sue&ntilde;os: &ldquo;Comenc&eacute; a cantar porque mis profesores me dijeron que ten&iacute;a cualidades extraordinarias y a mi familia y a m&iacute; nos pareci&oacute; una buena oportunidad. Super&eacute; muy pronto las pruebas de acceso a canto. Me parec&iacute;a importante aprovechar esa experiencia, obtener una titulaci&oacute;n y demostrarme que pod&iacute;a con todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre los once y los diecinueve a&ntilde;os <em>el Diabulus </em>de la m&uacute;sica fractur&oacute; su orden y apareci&oacute; el caos. Viaj&oacute; por el mundo con la compa&ntilde;&iacute;a del tenor Jos&eacute; Carreras, aprendi&oacute; idiomas y se enamor&oacute; de Noruega. Aunque se refugi&oacute; en Shakespeare y en los libros de las hermanas Br&ouml;nte, que ahora relee, la ansiedad, camuflada por un trastorno de alimentaci&oacute;n, y su desinter&eacute;s creciente por la profesionalizaci&oacute;n de la m&uacute;sica, la rompieron: &ldquo;Fue una etapa oscura y contradictoria, en la que las posibilidades, los viajes, la visibilidad, la dedicaci&oacute;n art&iacute;stica y la independencia se mezclaban con un constante maltrato por parte de personas del entorno y una absoluta falta de vocaci&oacute;n. Por suerte combinaba mis estudios en el instituto y el Conservatorio sin demasiados problemas. Los profesores lo toleraban, aunque no sent&iacute; un gran apoyo por su parte. Eran otros tiempos&rdquo;. Comenzaban los a&ntilde;os ochenta y la sobreprotecci&oacute;n hacia los ni&ntilde;os era menor: &ldquo;Yo viajaba sola, y me parec&iacute;a una muestra de debilidad el quejarse o incluso reaccionar. Por otro lado, exist&iacute;a menos informaci&oacute;n o conciencia sobre los riesgos que a largo plazo pod&iacute;a suponer soportar una tensi&oacute;n psicol&oacute;gica como la que sobrellevaba. De haberlo sabido, tanto mi actitud como la del entorno hubiera sido diferente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de ocho a&ntilde;os ahogando el llanto y solo subiendo el tono en los teatros de media Europa dio carpetazo a las partituras: &ldquo;Finalmente lo dej&eacute; porque, expectativas y sacrificios aparte, hab&iacute;a llegado a un punto en el que prefer&iacute; ir a la universidad. No deseaba ser cantante, ni era una carrera que me atrajera en absoluto&rdquo;. Han pasado m&aacute;s de dos d&eacute;cadas y no ha vuelto a cantar. Se deleita escuchando a <em>The Cure</em> y pincha, una y otra vez, el octavo &aacute;lbum de la banda brit&aacute;nica: <em>Disintegration</em>. Se public&oacute; en 1989, cuando ella ten&iacute;a quince a&ntilde;os y disfrutaba poco de la c&aacute;ndida adolescencia: &ldquo;Es una &eacute;poca en la que todos quieren ser iguales. Y yo era radicalmente diferente. Siempre de gira, siempre en otra parte&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Subir al podio como finalista y bajar como ganadora</strong></h3><p class="article-text">
        El aroma del caf&eacute; le recuerda a su sitio, &ldquo;cualquiera en el que est&eacute;&rdquo;, pero pr&oacute;ximo al coraz&oacute;n de sus padres: &ldquo;Un ejemplo vital de responsabilidad y superaci&oacute;n personal&rdquo;. Con diecinueve a&ntilde;os regres&oacute; a la casa familiar de la alavesa tierra de Llodio. &ldquo;Despu&eacute;s de tanto tiempo sin pensar, solo haciendo&rdquo;, volvi&oacute; a alimentarse de afecto y de literatura. Hizo frente a su ansiedad y se liber&oacute; de &ldquo;un mont&oacute;n de fantasmas que arrastraba de lejos&rdquo; en las p&aacute;ginas de <em>Irlanda, </em>que hab&iacute;a escrito con diecis&eacute;is a&ntilde;os, en cuentos que creaba &ldquo;casi sin pausa<em>&rdquo; </em>y en <em>Donde siempre es octubre, </em>su segunda novela. Comenz&oacute; sus estudios en Deusto para estudiar leyes, pero acab&oacute; cursando Filolog&iacute;a inglesa. Convencida de que &ldquo;frente a las circunstancias externas hay que imponer una voluntad acorazada&rdquo;, demostr&oacute; su apuesta de ser escritora &ldquo;trabajando como una mona, horas y horas&rdquo;. A trav&eacute;s de un profesor de la universidad de los jesuitas, que pidi&oacute; a los alumnos sus escritos y los puso en las manos de una agente literaria, los <em>Melocotones helados </em>de Espido entraron en el camino del Planeta. &ldquo;Agn&oacute;stica, pero con una fe inmensa en el ser humano, la raz&oacute;n y el aprendizaje&rdquo;, nunca crey&oacute; que una veintea&ntilde;era, desconocida, cuentista, &ldquo;voluntaria&rdquo; de la literatura en talleres estudiantiles se pudiera hacer con el Premio. Sin embargo, con &ldquo;una determinaci&oacute;n y una ingenuidad a toda prueba&rdquo;, le parec&iacute;a &ldquo;factible&rdquo; dedicarse en exclusiva a escribir.
    </p><p class="article-text">
        La noche del 15 de octubre de 1999 volvi&oacute; a llegar antes que nadie a los lugares que se propon&iacute;a. En la deliberaci&oacute;n final de la 48&ordf; edici&oacute;n de Premio Planeta, su novela qued&oacute; en segundo puesto, mientras que <em>El ego&iacute;sta </em>de Nativel Preciado se hac&iacute;a con el galard&oacute;n: &ldquo;Un segundo lugar era perfecto. Me otorgaba visibilidad, un buen premio y poca responsabilidad. Sin embargo, mientras avanzaba hacia la tribuna, donde el anciano se&ntilde;or Lara, fundador de Planeta, su hijo, y Mariano Rajoy, ministro de Cultura, me esperaban, el jurado rectific&oacute;. Se hab&iacute;a le&iacute;do mal el acta y <em>Melocotones helados </em>era la novela ganadora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquella noche no comenz&oacute; su carrera literaria, &ldquo;ni mi aguda conciencia del peligro de convertirme en un personaje, algo que ten&iacute;a presente ya entonces. En realidad, no cambiaron demasiadas cosas: continu&eacute; trabajando y escribiendo como antes, a una velocidad y a una dimensi&oacute;n aceleradas. Pero las que cambiaron, cambiaron para siempre. La ingenuidad. El anonimato. La pretensi&oacute;n de crecer sin prisas&rdquo;. A una primera edici&oacute;n de 210.000 ejemplares, le siguieron otras diecis&eacute;is reediciones, una docena de traducciones y varios premios m&aacute;s: &ldquo;El Planeta me ofreci&oacute; una fant&aacute;stica oportunidad que tom&eacute; &aacute;vidamente. Me dio otra vida, insospechada, pero no por eso menos real, ni menos aut&eacute;ntica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pasados veintid&oacute;s a&ntilde;os desde que subi&oacute; al podio como finalista y lo baj&oacute; como ganadora, con una prol&iacute;fica y aplaudida carrera literaria, la cr&iacute;tica la considera una de las voces m&aacute;s interesantes y activas de la narrativa espa&ntilde;ola: &ldquo;Una mente como la m&iacute;a en estado ocioso resultar&iacute;a muy nociva para m&iacute; misma&rdquo;. Despu&eacute;s de ser fiel a su esp&iacute;ritu n&oacute;mada y haber vivido en varios pa&iacute;ses, insiste en que lo mejor y lo peor del nuestro &ldquo;es su gente&rdquo;, aunque &ldquo;cada vez resulte m&aacute;s complicado hablar en general, analizar una situaci&oacute;n, porque hemos divinizado la excepci&oacute;n, y el debate que supone explicar aquello de lo que hablamos oscurece lo que deseamos decir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la pandemia deja paso a la esperanza y Freire vuelve a disfrutar junto a su madre de la pel&iacute;cula favorita de ambas, <em>Solo ante el peligro,</em> advierte que, como en plena crisis econ&oacute;mica, &ldquo;pisamos hielo fr&aacute;gil que aumentar&aacute; la temperatura y deshar&aacute; el hielo. El empobrecimiento progresivo, la fragilidad de las clases medias, el aumento de una conciencia individualista entendida no como una reivindicaci&oacute;n de la mirada propia, sino como la imposici&oacute;n de un deber, los cambios constantes de los sistemas educativos y las expectativas generadas por un modelo generalizado y falso de &eacute;xito no ayudan&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con un ejemplar en mano de su &uacute;ltima criatura, <em>Diccionario de amores y pesares, </em>Espido Freire, la ni&ntilde;a prodigio no malgastada, la joven que renunci&oacute; a cantar &ldquo;porque no quer&iacute;a ser el personaje, sino la autora&rdquo;, la escritora de &eacute;xito que apela a la esperanza porque &ldquo;hay una b&uacute;squeda constante de amor&rdquo;, despide su <em>Playlis</em>t. Antes, advierte de que &ldquo;la baja resistencia a la frustraci&oacute;n como sociedad nos hace m&aacute;s vulnerables y manipulables&rdquo; y citando a Teresa de Jes&uacute;s y a Truman Capote, a&ntilde;ade: &ldquo;Se derraman m&aacute;s l&aacute;grimas por las plegarias atendidas que por aquellas que no han sido escuchadas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/espido-freire-olvidamos-importante-preocupa-esencial_1_7982273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 May 2021 04:00:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Espido Freire: "Olvidamos lo importante y solo nos preocupa lo esencial"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Ópera,Depresión,Premio Planeta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sara Baras: "Tener libertad para expresarte como quieres no tiene precio"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/sara-baras-libertad-expresarte-quieres-no-precio_1_7959390.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0e46096-f8b8-42d3-85af-c9372ea8e620_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sara Baras: &quot;Tener libertad para expresarte como quieres, no tiene precio&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acunada por el arte gaditano, creció zapateando bajo la atenta mirada de Paco de Lucía y de Camarón. Desafiando a puristas flamencos bailó el traje de cola, pero también se puso pantalones. Rostropóvich se rindió a sus pies y los grandes teatros la ovacionan</p></div><p class="article-text">
        Rafa Nadal, Pau Gasol, Edurne Pasaban, Jos&eacute; Andr&eacute;s, Fernando Alonso, Ferr&aacute;n Adri&agrave;, Joan Roca&hellip; Ella tambi&eacute;n es marca Espa&ntilde;a. Como ellos, nunca ha sido una m&aacute;s. Tampoco lo es su nombre, Sara Baras, un pal&iacute;ndromo que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Naci&oacute; en C&aacute;diz, en la luminosa tierra de los lunes al sol, y se crio en San Fernando, <em>Isla de Le&oacute;n, </em>donde el Atl&aacute;ntico se asoma para suavizar el clima y los estragos del paro. Donde m&aacute;s que aire, se respira buen humor. Donde la antigua <em>Casa de Comedias</em> acun&oacute; las primeras l&iacute;neas de <em>La Pepa</em> antes de que se hiciera grande y se promulgara en la <em>Tacita de plata</em>. All&iacute; donde se pueden dar bocados a las olas comiendo ortiguillas, donde la caballa con piri&ntilde;aca y las tortillitas de camarones recuerdan a los <em>cana&iacute;llas</em> que son hijos de la Costa de la Luz. Ese lugar m&aacute;gico en el que si algo sobra es arte. Lista desde peque&ntilde;a como los linces de Do&ntilde;ana, Sarita no desaprovech&oacute; ni una migaja, todo lo supo recoger: &ldquo;No conozco mi vida sin baile&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mecida por el Levante y contagiada por la gitaner&iacute;a gaditana, el flamenco le lleg&oacute; directo al coraz&oacute;n. Era solo una cr&iacute;a. Con apenas siete a&ntilde;os ya hac&iacute;a dibujos con su cuerpo menudo y m&uacute;sica con sus zapatos. Desde entonces ha cabalgado con sus tacones por los mejores escenarios del mundo, incluso cuando a su padre le hizo un gui&ntilde;o la muerte: &ldquo;Estuvo a punto de morir y coincidi&oacute; con el estreno de <em>Carmen</em> en el Liceo de Barcelona. Era la primera vez que una compa&ntilde;&iacute;a de flamenco abr&iacute;a la temporada de danza en ese Teatro. Ese fue un momento para m&iacute; dur&iacute;simo, pero gracias a Dios sali&oacute; todo bien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con veinticinco a&ntilde;os, la gaditana ya hab&iacute;a bailado por medio mundo y con los m&aacute;s grandes. Entonces, clav&oacute; tac&oacute;n simbolizando el peso de la vida y cre&oacute; su propia compa&ntilde;&iacute;a. Hab&iacute;a llegado para quedarse e iluminar el mundo con su arte. Bebiendo de la tradici&oacute;n, de Carmen Amaya, de Camar&oacute;n y de su gran maestro y amigo Paco de Luc&iacute;a, pero buscando el riesgo, desafi&oacute; a los puristas flamencos: aparc&oacute; el traje de cola y se puso pantalones para interpretar <em>la farruca</em>, hasta entonces baile masculino por antonomasia. &ldquo;O arriesgas o no creces&rdquo;. La preparaci&oacute;n se encontr&oacute; con la oportunidad y el reto le sali&oacute; mejor que bien.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de veintid&oacute;s a&ntilde;os dirigiendo sus espect&aacute;culos, sigue poniendo en pie a un p&uacute;blico entregado a su talento desde el Teatro Real de Madrid al City Center de Nueva York. En Asia y en Latinoam&eacute;rica se rinden a su embrujo y en el parisino Teatro de los Campos El&iacute;seos, ovacionada, es la artista que m&aacute;s veces ha actuado en el &uacute;ltimo siglo. La m&aacute;s medi&aacute;tica de las bailaoras tambi&eacute;n ha sido burbuja Freixenet, la &uacute;nica a la que Correos ha dedicado un sello, la que bail&oacute; con Paco de Luc&iacute;a en la madrile&ntilde;a Plaza de Cibeles cuando pas&oacute; la antorcha ol&iacute;mpica de los Juegos de Atenas camino a Barcelona, la que tiene una escultura en el Museo de Cera de Madrid. Tambi&eacute;n la que, sin ser esclava de la moda ni de fetichismos, acept&oacute; ser la primera espa&ntilde;ola en tener una <em>Barbie</em> a su imagen y semejanza para que los beneficios recaudados, con las r&eacute;plicas de la mu&ntilde;eca, se destinaran a Aldeas Infantiles SOS. Y la que arrebuj&aacute;ndose el vestido hasta las rodillas y dando alas a sus piernas dej&oacute; boquiabierto al mism&iacute;simo Rostrop&oacute;vich. La bailaora no olvida el Festival de Evian que &eacute;l dirig&iacute;a y al que la invit&oacute;, en sus inicios, como telonera de su concierto: &ldquo;Hab&iacute;a &oacute;rdenes estrictas de no hacer ruido durante los ensayos del genio&rdquo;. Mientras la gaditana preparaba un <em>martinete</em>, oy&oacute; al genial violonchelista ruso tocar las puertas de los camerinos preguntando por ella. Pens&oacute; que la buscaba para quejarse por el sonido de su zapateo: &ldquo;Casi me da algo cuando le vi llegar. Sin embargo, me insisti&oacute; en que repitiera el taconeo y dijo: &lsquo;Es incre&iacute;ble que a estas alturas de mi vida hoy haya descubierto un nuevo instrumento musical&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Creando coreograf&iacute;as, bailando y haciendo m&uacute;sica con los pies, repasando los palos del flamenco acompa&ntilde;ada del saxofonista de los Rolling Stones, Tim Ries, o del viol&iacute;n m&aacute;gico de Ara Malikian, Sara tambi&eacute;n asoma su cabeza al mundo y le &ldquo;dan verg&uuml;enza las injusticias&rdquo;. Por eso, se ha metido en la piel &ldquo;de mujeres heroicas&rdquo; como Carmen de Bizet, Juana la Loca o Mariana Pineda. Ellas le han devuelto el reconocimiento en forma de Premio Nacional de Danza y le han dejado &ldquo;huellas en el alma&rdquo;, aunque reconoce que no se considera &ldquo;tan valiente como para renunciar a mi vida por unos ideales. Yo no ser&iacute;a capaz de despedirme de mi hijo como Mariana Pineda&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Haciendo frente a la pandemia con cultura, dobla mantones y prepara maletas para estrenar <em>Momentos</em>, su nuevo espect&aacute;culo, en el Festival de Pedralbes el uno de junio, pero nunca se despide de su casa, del olor del mar y de la brisa de C&aacute;diz porque &ldquo;siento, como me dijo una vez Chavela Vargas, que uno vuelve siempre a aquellos lugares donde am&oacute; la vida&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Entre la disciplina militar y la creatividad art&iacute;stica</strong></h3><p class="article-text">
        Mecida por los vientos de poniente y levante, por la disciplina militar de su padre, coronel de infanter&iacute;a de Marina, y la chispa gaditana de su madre, profesora de baile, Sara creci&oacute; en San Fernando tan alegre como la luz de la tierra que la vio nacer hace cincuenta a&ntilde;os. No era gitana, pero el embrujo flamenco se prend&oacute; de su desparpajo, de sus ojos verdes y de su expresividad. Tercera de cuatro hermanos, comenz&oacute; a asistir a la escuela de su madre, con su otra hermana, siendo muy cr&iacute;a. No tard&oacute; en apuntar maneras: &ldquo;Empec&eacute; a bailar con seis a&ntilde;os y todav&iacute;a me veo saliendo del <em>Colegio Juan D&iacute;az de Sol&iacute;s</em>, donde me sub&iacute; al escenario por primera vez, e ir corriendo para llegar a la clase de danza y ver a mis compa&ntilde;eros. Mi madre organizaba visitas a los Hogares del Pensionista de muchos pueblos de C&aacute;diz, e &iacute;bamos con la ilusi&oacute;n de tener p&uacute;blico&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cualquier escenario siempre ha sido su sitio. Con solo diez a&ntilde;os ya amenizaba las cenas de gala que daban los superiores de su padre: &ldquo;Como hija de militar, viv&iacute; siempre al lado de los cuarteles, en contraste total con la familia de mi madre m&aacute;s volcada en el arte&rdquo;. Tambi&eacute;n comenz&oacute; a recorrer festivales como miembro del grupo <em>Los Ni&ntilde;os de la Tertulia Flamenca</em> y no olvida que con su primer sueldo le compr&oacute; &ldquo;una bicicleta blanca&rdquo; a su hermana: &ldquo;Desde ni&ntilde;a ya so&ntilde;aba que bailar&iacute;a, pero no me imagin&eacute; nunca que llegar&iacute;a tan lejos&rdquo;. Influenciada por la pasi&oacute;n art&iacute;stica de su abuelo materno que era pianista cl&aacute;sico, recuerda las lecciones que les daba a sus alumnos, entre ellos a Felipe Campuzano, dici&eacute;ndoles que &ldquo;el piano nunca se aporrea, se acaricia&rdquo;. Empap&aacute;ndose del arte que la vida le pon&iacute;a en su camino, aquella ni&ntilde;a despierta, que jugaba siempre a bailar, tom&oacute; nota: &ldquo;Antes de hacer ruido, hay que intentar hacer m&uacute;sica&rdquo;. Comenz&oacute; a acariciar la madera con los zapatos &ldquo;como el abuelo dec&iacute;a que hab&iacute;a que hacer con las teclas&rdquo;. Aprendi&oacute; a hacer que sus taconeos fueran mucho m&aacute;s que una percusi&oacute;n, a crear melod&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Con el pellizco y el comp&aacute;s del flamenco se desat&oacute; el duende, y con diecisiete a&ntilde;os &ldquo;es cuando ya me lo planteo m&aacute;s en serio&rdquo;. Despu&eacute;s de foguearse en la compa&ntilde;&iacute;a de Manuel Morao, gan&oacute; el concurso <em>Gente joven</em>, un buque insignia de TVE que lleg&oacute; a superar los datos de audiencia de <em>Un, dos, tres</em> y de <em>Informe semanal</em>. Aquel escaparate de j&oacute;venes talentos hizo que la actuaci&oacute;n de la bailaora fuera seguida por ocho millones de espectadores y su popularidad comenz&oacute; a subir como la espuma. Ten&iacute;a dieciocho a&ntilde;os: &ldquo;Mi padre quer&iacute;a que estudiara una carrera y que luego bailara. Mi madre fue la m&aacute;s lanzada y estudi&eacute; hasta COU, decidiendo no hacer ninguna carrera y me dediqu&eacute; al baile. Desde el principio las cosas me fueron saliendo bien y eso hizo que mi padre se uniera tambi&eacute;n&rdquo;. Hoy, Cayetano Pereyra, &ldquo;lleno de orgullo&rdquo;, tiene guardado, desde la primera vez que sali&oacute; su hija en un peri&oacute;dico, &ldquo;todo lo que se ha publicado&rdquo;. Su madre, su primera y gran maestra, le contin&uacute;a diciendo que hay que conducirse poco a poco porque &ldquo;las cosas que se hacen a toda prisa no tienen vida&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Bailando con los m&aacute;s grandes y pisoteando el s&iacute;ndrome de Rett</strong></h3><p class="article-text">
        Con el arte en la sangre y el baile en el coraz&oacute;n, de la intimidad de su tierra ligada por el mar, Sarita, la hija de Concha Baras, lleg&oacute; a Madrid con poco que desaprender: &ldquo;Empec&eacute; tan joven que hasta los vicios que tra&iacute;a eran buenos. Al llegar a la capital me pusieron en la barra de danza cl&aacute;sica para colocarme el cuerpo y adquirir un lenguaje m&aacute;s amplio. Pensaba que eso quitar&iacute;a pureza al flamenco, pero todo lo que uno aprende suma. La danza cl&aacute;sica, de hecho, aporta al flamenco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces y ahora, antes de pisar el escenario, se desabrocha la hebilla del zapato &ldquo;y vuelvo a ajustarla de nuevo porque supongo que eso me da seguridad&rdquo;. No tiene m&aacute;s tics ni supersticiones porque &ldquo;el baile requiere de estudio, aprendizaje de los maestros y, ante todo, ensayo incansable para acabar dominando la t&eacute;cnica hasta poder olvidarla y expresar lo que el coraz&oacute;n te pide&rdquo;. La guitarra de su amigo y mentor Paco de Luc&iacute;a, cuyos discos no se cansa de escuchar, le recuerda &ldquo;su dulzura, su gran sentido del humor y su genialidad&rdquo;, pero tambi&eacute;n uno de los consejos del maestro que siempre ha sido su gu&iacute;a: &ldquo;Con talento se nace, pero sin trabajar no hay nada&rdquo;. Exigi&eacute;ndose el m&aacute;ximo a s&iacute; misma y a los que la rodean, &ldquo;no soporto a la gente que quiere ahorrarse dos gotas de sudor&rdquo;, con veinte a&ntilde;os ya derrochaba poder&iacute;o por las tarimas de los teatros espa&ntilde;oles. Tambi&eacute;n en las de Par&iacute;s, en el Town Hall de Nueva York y en el Teatro Verdi de G&eacute;nova. Sin desaprovechar los aplausos y las lecciones de Enrique Morente, Camar&oacute;n, Paco Pe&ntilde;a, Antonio Gades y del menor de la dinast&iacute;a de los Luc&iacute;a, y con su experiencia en las compa&ntilde;&iacute;as de Paco Cepero, de Rancapino y de Antonio Canales, en 1998, &ldquo;siendo una chavalilla de veinticinco a&ntilde;os&rdquo;, dio un paso al frente: cerrando el Festival Nacional de Cante de las Minas present&oacute; su nueva compa&ntilde;&iacute;a. Demostrando que &ldquo;si la vida evoluciona, el flamenco tambi&eacute;n&rdquo;, como Carmen Amaya, &ldquo;la Capitana&rdquo;, cuyo relato de vida no se cansa de releer a trav&eacute;s de Terenci Moix, debut&oacute; hace veintid&oacute;s a&ntilde;os en el Auditorio de Murcia rodeada de bailarinas: &ldquo;Antes las mujeres solo us&aacute;bamos los brazos y las caderas, y los hombres los pies; ahora usamos todo el cuerpo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, ha derrochado arte en m&aacute;s de cuatro mil representaciones con quince espect&aacute;culos que han puesto en pie a los teatros m&aacute;s importantes del mundo. Acumula honores como una de las m&aacute;s grandes bailaoras y core&oacute;grafas de la historia: Medalla de Oro de la fundaci&oacute;n John F. Kennedy, Medalla al M&eacute;rito en las Bellas Artes, Hija predilecta de C&aacute;diz, Premio Nacional de Danza, cinco Premios Max de las Artes Esc&eacute;nicas, ... Pero el aplauso que m&aacute;s le reconforta lo recibe de su compromiso social, casi tan grande como su dimensi&oacute;n art&iacute;stica: &ldquo;Ayudar no es una obligaci&oacute;n, es un privilegio&rdquo;. Convencida de que desde que es madre &ldquo;bailo mejor&rdquo;, la maternidad le ha ense&ntilde;ado que nada le compensa &ldquo;si no puedo estar con mi hijo&rdquo;. Tambi&eacute;n a ver a su peque&ntilde;o en los ojos de cualquier ni&ntilde;o. Por eso, se estremece y recomienda la cinta de Jonathan Jakubowicz, <em>Resistencia, </em>basada en la historia real de Marcel Marceau: el mimo franc&eacute;s que, cambiando su apellido para ocultar sus or&iacute;genes jud&iacute;os, se alist&oacute; a la Resistencia francesa en Limoges y salv&oacute; a m&aacute;s de trescientos menores de los campos de concentraci&oacute;n antes de unirse a las fuerzas de la Francia Libre de Charles de Gaulle. Sin poder imaginar c&oacute;mo ser&iacute;a una vida sin bailar, &ldquo;tener libertad para expresarte como quieres no tiene precio&rdquo;, y evitando guerras, alza la voz para decir que &ldquo;lo mejor de nuestro pa&iacute;s es el flamenco&rdquo; y que, para combatir el ruido y la crispaci&oacute;n, &ldquo;en esta &eacute;poca tan dura, tan dif&iacute;cil, habr&iacute;a que poner un palo de flamenco alegre, algo con ritmo, con energ&iacute;a bonita. As&iacute; es que me voy a mi tierra otra vez, lo siento, me tengo que ir a C&aacute;diz, yo pondr&iacute;a &lsquo;alegr&iacute;as&rsquo; de C&aacute;diz&rdquo;. Imprescindible, para disfrutarlas, defender &ldquo;los tres pilares del estado del bienestar que es a lo que doy m&aacute;s valor: la sanidad, la cultura y la educaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Colaborando con la Fundaci&oacute;n Vicente Ferrer, con la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola Contra el C&aacute;ncer (AECC), llenando el Teatro Calder&oacute;n para recaudar fondos para la formaci&oacute;n de ni&ntilde;os con s&iacute;ndrome de Down, se enorgullece tambi&eacute;n de ser madrina de las <em>Princesas Rett, </em>la asociaci&oacute;n de familias con ni&ntilde;as afectadas por una patolog&iacute;a neurol&oacute;gica que provoca retraso mental y p&eacute;rdida de capacidades motoras: &ldquo;Espero que la investigaci&oacute;n de la enfermedad del s&iacute;ndrome de Rett encuentre cura. Eso ser&iacute;a un sue&ntilde;o que yo creo que ser&aacute; una realidad, pero sobre todo un deseo de que sea ya&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Metiendo en su equipaje la camiseta, que reivindica la atenci&oacute;n hacia esta enfermedad, con la que ensaya y en la que se enfunda antes de recibir el aplauso final del p&uacute;blico, Sara Pereyra Baras, la bailaora que se viste por la cabeza, pero tambi&eacute;n por los pies, despide su <em>Playlist</em>. Con el don de quien sabe dejar en el escenario la grandeza y bajarse con humildad, de quien se enfrent&oacute; a una quimera y, removiendo con respeto los cimientos del flamenco, conquist&oacute; a propios y a ajenos, no olvida a Camar&oacute;n cuando siendo muy ni&ntilde;a le dec&iacute;a: &ldquo;No dejes de aprender, pero recuerda siempre de d&oacute;nde vienes&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/sara-baras-libertad-expresarte-quieres-no-precio_1_7959390.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 May 2021 04:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sara Baras: "Tener libertad para expresarte como quieres no tiene precio"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Flamenco]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amaya Uranga: "Estamos pasando por un estado aberrante, necesitamos más sentido común"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/amaya-uranga-pasando-aberrante-necesitamos-sentido-comun_1_7935114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c506cb8d-0e70-4cea-ae2c-a380a9302dc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amaya Uranga: &quot;Estamos pasando por un estado aberrante, necesitamos más sentido común&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nunca le gustó el nombre de Mocedades, ni los concursos musicales ni el fenómeno fan. Pero desde niña, su vida fue pura música y su voz un prodigio que cautivó al mundo entero después de su paso por el primer Festival de Eurovisión en color de nuestra historia</p></div><p class="article-text">
        <em>Eres t&uacute; </em>siempre ser&aacute; ella. Una dulce cenicienta bilba&iacute;na que no tuvo m&aacute;s hada madrina que Valentina, &ldquo;una vieja guitarra regalada llena de parches y esparadrapos&rdquo;. Acariciando su m&aacute;stil, comenz&oacute; a cantar en el ba&ntilde;o, el &uacute;nico sitio a veces vac&iacute;o de una casa con nueve hermanos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Como una promesa </em>fue ella, la peque&ntilde;a que jugando a tocar acordes aprendi&oacute; sola a versionar los discos que atesoraba su padre mientras quer&iacute;a ser de mayor enfermera.
    </p><p class="article-text">
        <em>Como una ma&ntilde;ana de verano </em>aquella ni&ntilde;a, que lleg&oacute; a amar tanto la m&uacute;sica que nunca pens&oacute; profesionalizar su pasi&oacute;n, se convirti&oacute; en una adolescente que se divert&iacute;a cantando folk americano con amigos y hermanos en fiestas universitarias.
    </p><p class="article-text">
        <em>Como una sonrisa</em> luminosa fue para Juan Carlos Calder&oacute;n escuchar por casualidad una cinta grabada por ella y el resto de los componentes de su grupo <em>Voces y guitarras, </em>buscarlos, firmar de inmediato un contrato con ellos, componer sus nuevas canciones y presentarles al mundo como <em>Mocedades</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Como lluvia fresca en las manos </em>fue aquella veintea&ntilde;era de d&oacute;cil y dulce aspecto que, arropada por su banda, entonaba inteligentes melod&iacute;as de libertad, a menudo disfrazadas por historias de amor, e incluso una versi&oacute;n de un texto lit&uacute;rgico, <em>Pange Lingua</em>, que enfureci&oacute; tanto al obispo de Madrid que prohibi&oacute; la difusi&oacute;n radiof&oacute;nica del tema.
    </p><p class="article-text">
        <em>Como fuerte brisa </em>fue una de los solistas que enviaron por sorpresa a Eurovisi&oacute;n con una mochila de responsabilidad tan cargada que solo fue capaz de abrir la boca, para regalar magia a nuestros o&iacute;dos, cuando escuch&oacute; al m&aacute;nager Emilio Santamar&iacute;a gritar &ldquo;&iexcl;Aupa!: &rdquo;Oye, eso fue como respirar&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Como agua de nuestra fuente </em>fue aquella joven vasca que, escoltada por los coros privilegiados de sus cinco compa&ntilde;eros, alz&oacute; a nuestro pa&iacute;s a una segunda posici&oacute;n en el festival y, sin ganar, acabaron siendo los rotundos triunfadores: vendieron un mill&oacute;n de copias solo en EEUU y su canci&oacute;n se convirti&oacute; en un himno mundial.
    </p><p class="article-text">
        <em>Como el fuego de nuestro hogar </em>al que extra&ntilde;amos cuando se apaga,<em> </em>tras diecis&eacute;is a&ntilde;os de giras, conciertos, anuncios de televisi&oacute;n, doblaje de pel&iacute;culas, y el desgaste de los intereses comunes del grupo, la artista se baj&oacute; de los escenarios &ldquo;para respirar y parar&rdquo;. Despu&eacute;s de cantarle a Gardel <em>con la frente marchita, </em>de&nbsp;susurrar a Serrat <em>historias de amor </em>y<em> sue&ntilde;os de poetas, de </em>corear al <em>arrullo de Dios </em>con Mar&iacute;a Dolores Pradera<em> </em>y proclamar con Sabina que <em>cualquier tiempo pasado fue peor, </em>volvi&oacute; a buscar compa&ntilde;&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Como una guitarra en la noche </em>se rode&oacute; de El Consorcio para mimar lo mejor del ayer y, <em>con </em>m&aacute;s <em>palabras de amor, sencillas y tiernas,</em> volver a iluminar <em>todo nuestro horizonte.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Eres t&uacute; </em>es Ic&iacute;ar Amaya Uranga, &ldquo;la voz femenina m&aacute;s portentosa de la d&eacute;cada de los 60, 70 y 80&rdquo;, la joven que derrochaba dulzura, pero nunca quiso ser princesa sumisa ni vivir del cuento. La mujer que un d&iacute;a se pregunt&oacute; <em>&ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;s, coraz&oacute;n?</em>&rdquo; y respondiendo &ldquo;No<em> oigo tu palpitar</em>&rdquo;, rechaz&oacute; ser una famosa de &eacute;xito para ser una artista de valor: &ldquo;La m&uacute;sica ni se toma ni se deja, est&aacute; contigo. Puede cambiar el mundo porque puede cambiar a las personas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Acunada por el folk americano</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s porque creci&oacute; alumbrada por la calle Esperanza de Bilbao. Tal vez porque siempre le atrajo, como un im&aacute;n, la colecci&oacute;n de discos de m&uacute;sica folk que el <em>aita</em> hab&iacute;a tra&iacute;do como un tesoro de EEUU, donde vivi&oacute; su infancia y juventud como hijo de emigrantes. Tambi&eacute;n porque sus ocho hermanos menores cantaban siguiendo la batuta de su padre, delineante de <em>Aceros Echeverr&iacute;a</em>, y de su madre, ama de casa. Y muy probablemente porque la m&uacute;sica era la &uacute;nica nota de color de un mundo en el que, mientras ella abr&iacute;a los ojos, se iniciaba la Guerra Fr&iacute;a y nuestro pa&iacute;s continuaba te&ntilde;ido de oscuro sumido en el aislamiento internacional: &ldquo;La memoria hist&oacute;rica de los vascos lleva m&uacute;sica. En el Pa&iacute;s Vasco, cantar es algo con lo que uno nace. La m&uacute;sica siempre ha estado presente en mi vida. Desde aquellas subidas por las colinas de Zurbar&aacute;n cantando en familia hasta cuando mi padre me llevaba al kiosco del Arenal para escuchar a la Banda Municipal o cuando &iacute;bamos a ver concursos de <em>otxotes</em>, las agrupaciones corales vascas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En aquel tiempo con menos relojes porque lo urgente no se confund&iacute;a con la prisa, a ella siempre le gust&oacute; cantar: &ldquo;Sin embargo, jam&aacute;s pens&eacute; en dedicarme profesionalmente a la m&uacute;sica. Quer&iacute;a ser enfermera, pero no me gustaban los estudios. Aprend&iacute; algo de fisioterapia y lo dej&eacute;. Entonces, en mi casa me dijeron: &rdquo;&iexcl;A estudiar Secretariado!&ldquo;. No me interesaba nada, no soportaba la taquigraf&iacute;a y comenc&eacute; a refugiarme en la m&uacute;sica&rdquo;. Sin saber tocar ning&uacute;n instrumento, Amaya cogi&oacute; en sus brazos a &ldquo;Valentina&rdquo; y aquel abrazo cambi&oacute; su vida: &ldquo;Mi t&iacute;a Makutxa me regal&oacute; una vieja guitarra llena de parches y sola fui aprendiendo acordes. Otra t&iacute;a me tra&iacute;a discos de Norteam&eacute;rica e iba form&aacute;ndome. A veces tocaba con dos amigos y tambi&eacute;n hac&iacute;a grupo con mis hermanas, Est&iacute;baliz e Izaskun, &eacute;ramos las <em>Hermanas Sisters. </em>Cant&aacute;bamos canciones de Dylan, de Atahualpa, de Joan B&aacute;ez, de Peter Paul and Mary, de Pete Seeger, de The Beatles&hellip;&rdquo; En la senda de la formaci&oacute;n, la oportunidad llam&oacute; a su puerta: &ldquo;Un d&iacute;a nos ofrecieron cantar en la inauguraci&oacute;n de la tuna de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, en el Coliseo. A nuestro peque&ntilde;o grupo se sumaron hermanos, &eacute;ramos cinco Urangas, y varios amigos. Y all&iacute; empez&oacute; el grupo <em>Voces y Guitarras&rdquo;,</em> el germen de lo que una discogr&aacute;fica rebautizar&iacute;a como <em>Mocedades.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rotando para comer</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ni treinta y cinco a&ntilde;os fumando &ldquo;hasta tres paquetes diarios&rdquo; han podido con unas cuerdas vocales tocadas por los dioses que contin&uacute;a tensando, aunque lejos ya de humos. Es el aroma fresco de la colonia que su madre le pon&iacute;a cuando era ni&ntilde;a y que hoy sigue usando, el que le lleva a momentos dorados cantando en familia, a ratos placenteros de lectura de las novelas polic&iacute;acas de Agatha Christie y de <em>El coraz&oacute;n de piedra verde </em>de Salvador de Madariaga y a tardes de jueves en Radio Popular presentando sus primeras versiones. Tambi&eacute;n a la caprichosa casualidad que cambi&oacute; el rumbo de su vida: &ldquo;Un amigo se llev&oacute; a Madrid una de las cintas que <em>Voces y guitarras</em> grababan cantando en la emisora. La maqueta lleg&oacute; al compositor Juan Carlos Calder&oacute;n y este, de la noche a la ma&ntilde;ana, les convirti&oacute; en un grupo que dejaba los escenarios de clubes parroquiales y de fiestas juveniles para cantar en televisi&oacute;n <em>Happy Christmas </em>amadrinados por la gran estrella de aquel 1969, Marisol.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los a&ntilde;os setenta nac&iacute;an con el impacto de la muerte de Jimi Hendrix y el esc&aacute;ndalo del Watergate, en Espa&ntilde;a, todav&iacute;a amordazada por una dictadura que sin saberlo caminaba hacia su final, comenzaba el milagro econ&oacute;mico<em>, </em>los 600 y R-8 ya no eran una rareza en la escasa red vial, y la nueva Ley de Educaci&oacute;n estrenaba el COU, el curso previo a la entrada en la Universidad. Bu&ntilde;uel regresaba al pa&iacute;s para grabar <em>Tristana </em>aunque la taquilla se decantaba por el cine patrio de Paco Mart&iacute;nez Soria. Un valenciano, Nino Bravo, conquistaba las emisoras entonando <em>Te quiero, te quiero </em>y, entre tanta sentida declaraci&oacute;n, sonaba Camilo Sexto, V&iacute;ctor Manuel y un exfutbolista, Julio Iglesias, que cantando <em>Gwendolyne</em> hab&iacute;a conseguido un meritorio cuarto puesto en el Festival de Eurovisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para la nueva banda de Bilbao se suced&iacute;an las actuaciones, &ldquo;ten&iacute;amos muy buenas cr&iacute;ticas, pero aquello no daba para comer y &eacute;ramos nada menos que ocho&rdquo;. El est&oacute;mago y las facturas se impusieron a las promesas, por eso se redujeron y fueron rotando varios de los cantantes. Una de las hermanas de Amaya, Est&iacute;baliz, y su pareja, Sergio Blanco, abandonaron el grupo en 1972, tres a&ntilde;os despu&eacute;s de que Mocedades sacara su primer disco. Bajo la direcci&oacute;n de Calder&oacute;n, quien adem&aacute;s de componer, produc&iacute;a y arreglaba los temas, fueron sumando m&aacute;s y m&aacute;s aplausos. Con armon&iacute;as vocales excelsas, las canciones, a menudo envueltas en textos de amor, enmascaraban las ansias de libertad de un pa&iacute;s en el que a&uacute;n la censura se aplicaba a conciencia: &ldquo;Yo nunca he escrito lo que canto, pero comparto muchas de esas realidades. Para m&iacute; las letras son esenciales en la canci&oacute;n e incluso me he negado a cantar algunas cuando no estaba de acuerdo con las letras&rdquo;. <em>El casamiento de Negros, </em>la composici&oacute;n de Violeta Parra con cuyos derechos de autor la chilena pudo comprarse un terreno y construir a su familia una casa, &ldquo;y nuestra balada <em>T&oacute;mame o d&eacute;jame </em>son las canciones con las que me he sentido m&aacute;s yo y m&aacute;s c&oacute;moda cantando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Eurovisi&oacute;n lo cambi&oacute; todo&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nunca me han gustado los concursos musicales&rdquo;. Sin embargo, apenas cinco a&ntilde;os despu&eacute;s del nacimiento de Mocedades, &ldquo;de repente nos dijeron: 'Os vais a Eurovisi&oacute;n'. Aquello lo cambi&oacute; todo&rdquo;. Sobre el escenario del Gran Teatro de Luxemburgo, el 7 de abril de 1973, el sexteto formado por los hermanos Amaya, Izaskun y Roberto Uranga, y Javier Garay, Jos&eacute; Pi&ntilde;a y Carlos Zubiaga, con trajes ellos y abotonadas ellas desde el cuello hasta los pies, interpretaron una nueva composici&oacute;n de Calder&oacute;n, <em>&ldquo;Eres t&uacute;&rdquo;. </em>Una larga ovaci&oacute;n, r&eacute;cord de puntos jam&aacute;s obtenidos por nuestro pa&iacute;s en el festival, y una segunda posici&oacute;n en la tabla final solo superada por cuatro puntos de la luxemburguesa Anne-Marie David, fue el resultado de aquella noche en la que, por primera vez, se pudo ver, en Espa&ntilde;a, el concurso en color. Aquel d&iacute;a tambi&eacute;n cambi&oacute; la historia para el sexteto bilba&iacute;no: &ldquo;Yo lo pas&eacute; muy mal porque me hab&iacute;an mentalizado mucho de la responsabilidad, pero, al final, salimos a cantar y estuvo muy bien. Cuando acab&oacute;, lo pasamos genial con los irlandeses, nos tomamos todo el whisky que hab&iacute;a all&iacute; y nos vinimos a Bilbao. Y sin quererlo, aquello empez&oacute; a crecer de una manera que jam&aacute;s hubi&eacute;ramos imaginado&rdquo;. Un mill&oacute;n de copias del <em>Eres t&uacute; </em>en castellano y en ingl&eacute;s se vendieron solo en EEUU. La canci&oacute;n se edit&oacute; incluso en Vietnam y se version&oacute; en varias lenguas: &ldquo;Los americanos la cantaban en las iglesias, pero tambi&eacute;n en las universidades para aprender nuestro idioma&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; se convirtieron en el grupo de moda. Aclamados y reclamados por todos &ldquo;en una &eacute;poca en la que las canciones perduraban mucho m&aacute;s&rdquo;, las voces del grupo se pod&iacute;an escuchar en los anuncios de televisi&oacute;n, se colaban en las primeras cintas del cine de destape<em>, </em>como en <em>Las adolescentes </em>de Pedro Mas&oacute;, en las emisoras de radio, en el Festival de San Remo e, incluso,<em> </em>en series de dibujos animados dando <em>La vuelta al mundo </em>en 80 d&iacute;as<em> </em>con Willy Fog<em>. </em>La inconfundible voz de Amaya se hizo reconocible internacionalmente con otros &eacute;xitos como <em>T&oacute;mame o d&eacute;jame, El vendedor, La otra Espa&ntilde;a, Secretaria, Desde que t&uacute; te has ido </em>o<em> Solos en la Alhambra. </em>Las giras y los conciertos se suced&iacute;an sin descanso y, mientras algunos componentes de la banda reclamaban al productor cantar y no hacer solo coros para la solista, ella se desgast&oacute; <em>y la luz del alba se oscureci&oacute;. </em>En 1984, cuando Espa&ntilde;a tarareaba <em>Amor de Hombre, </em>los diecis&eacute;is discos de Mocedades se vend&iacute;an como churros y en el rostro de la artista a&uacute;n hab&iacute;a cicatrices del grave accidente de tr&aacute;fico que la banda hab&iacute;a sufrido, cant&oacute; <em>&ldquo;qui&eacute;n te ha dicho que yo no s&eacute; cerrar nuestra &uacute;ltima p&aacute;gina&rdquo; </em>y<em> </em>la mayor de los Uranga dijo adi&oacute;s: &ldquo;Muchos me recuerdan por mi etapa en Mocedades, pero a m&iacute; nunca me gust&oacute; ese nombre. Me dir&aacute;n, 'a buenas horas lo dice esta', pero es as&iacute;. El nombre lo puso la discogr&aacute;fica. Hoy me veo en el papel de 'm&aacute;s edades' que en el de moza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De solista a El Consorcio</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando me baj&eacute; del tren de Mocedades estaba muy cansada. No dej&eacute; la m&uacute;sica sino el mundo del espect&aacute;culo, que es demoledor, dur&iacute;simo&rdquo;. Regres&oacute; a su sitio, &ldquo;a mi casa y a la de mis hermanos&rdquo;, dej&oacute; de arrastrar maletas, se alej&oacute; del fen&oacute;meno fan &ldquo;que no me gusta&rdquo;, volvi&oacute; a disfrutar de la m&uacute;sica sin obligaciones, del <em>Mediterr&aacute;neo </em>de su amigo Serrat, &ldquo;el disco que no me canso de escuchar&rdquo;, de su colecci&oacute;n de cer&aacute;micas y de su afici&oacute;n por cocinar: &ldquo;Al que le gusta comer, acaba cocinando normalmente&rdquo;. Pero en aquellos dos a&ntilde;os de sosiego le falt&oacute; &ldquo;el escenario y el p&uacute;blico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1986 decidi&oacute; <em>Volver </em>con su primer disco como solista versionando a sus cantautores favoritos como Aute, Joaqu&iacute;n Sabina, Billy Joel, Jim Croce, Caetano Veloso, y tambi&eacute;n con un repertorio de boleros. Despu&eacute;s se sum&oacute; a Miguel R&iacute;os, a V&iacute;ctor Manuel, a Ana Bel&eacute;n y al propio Sabina para entonar que <em>Cualquier tiempo pasado fue peor.&nbsp; </em>Recre&oacute; en euskera temas procedentes de la cultura popular del Pa&iacute;s Vasco y <em>despu&eacute;s de hablar </em>con Armando Manzanero, respondi&oacute; a la propuesta de su amiga Rosa Le&oacute;n para conmemorar el cuarenta aniversario de la radio en Espa&ntilde;a. La celebraci&oacute;n le llev&oacute; a volver a cantar con sus hermanos I&ntilde;aki y Est&iacute;baliz, y con dos de los hist&oacute;ricos de Mocedades: Sergio Blanco y Carlos Zubiaga. Y como el que tuvo, retuvo, de aquella puntual colaboraci&oacute;n en 1994 naci&oacute; <em>El Consorcio</em>, &ldquo;una uni&oacute;n de intereses entre hermanos&rdquo; que despu&eacute;s de veintisiete a&ntilde;os de melod&iacute;as y del fallecimiento de uno de sus integrantes, Sergio, exhibe el premio Excelencia Musical de los Grammys Latinos: &ldquo;A pesar de la edad que tengo y de mi pelo cano, del cual me siento muy orgullosa, creo que no he llegado al m&aacute;ximo esplendor. No he llegado a mi meta en la vida ni me gustar&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; queda despu&eacute;s de la meta? Solo te queda bajar.
    </p><p class="article-text">
        Desafiando a la ley de la gravedad, con una voz que nos lleva a las alturas y una pierna cargada de titanio, Amaya Uranga Am&eacute;zaga despide su Playlist. Antes de repasar repertorio para el pr&oacute;ximo concierto el 25 de julio en Las Palmas de Gran Canaria, regresa al cine de John Steinbeck y a su pel&iacute;cula favorita, <em>Las uvas de la ira, </em>para tratar de entender por qu&eacute; &ldquo;formamos lo mejor y lo peor de este estado absolutamente aberrante por el que estamos pasando ahora y para el que necesitamos tener mucho m&aacute;s sentido com&uacute;n&rdquo;. Preocupada por el tiempo que nos toca vivir, pero con la huella de la sonrisa y el sosiego que solo deja la m&uacute;sica, recuerda que &ldquo;el &eacute;xito solo consiste en obtener lo que se desea, pero la felicidad es disfrutar lo que se obtiene&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/amaya-uranga-pasando-aberrante-necesitamos-sentido-comun_1_7935114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 May 2021 04:00:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amaya Uranga: "Estamos pasando por un estado aberrante, necesitamos más sentido común"]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Paco León: "Hay mucho miedo para tan poco peligro"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/paco-leon-hay-miedo-peligro_1_7910695.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7352b36a-0fe6-4568-a1d1-27ff7ad26784_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paco León: &quot;Hay mucho miedo para tan poco peligro&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Bajo el astro del talento disfrazado de suerte, nació en Las Tres Mil Viviendas de Sevilla sin más lujo que una familia unida como pocas. Hoy se codea con Nicolás Cage y, sin buscar hacer las Américas, idolatra a Tarantino</p></div><p class="article-text">
        Le tira <em>besos al aire </em>porque &ldquo;si perdemos el sentido del humor, ah&iacute; s&iacute; estamos perdidos&rdquo;. Tal vez por ello, a sus cuarenta y siete a&ntilde;os, la vida le devuelve tantas sonrisas como &eacute;l regala desde que era ni&ntilde;o: &ldquo;Al mal tiempo, siempre buena cara&rdquo;. De casta le viene al le&oacute;n. Se crio entre una venta hispalense de carretera, en la que trabajaban sus padres de sol a sol, y una humilde casa en el sevillano barrio Parque Alcosa, en el que nada sobraba excepto desparpajo, afecto y alegr&iacute;a de los que se empap&oacute; bien. Cuando era &ldquo;m&aacute;s pobre que las ratas&rdquo; hizo dibujos con la zurrapa del caf&eacute; que serv&iacute;a mientras trabajaba como camarero. Servilletas y trozos de manteles de papel guardados por sus amigos demuestran que no eran simples garabatos. El mayor de los Le&oacute;n naci&oacute; artista. Siendo solo un cr&iacute;o, tambi&eacute;n ayud&oacute; a llevar las habichuelas a casa actuando como payaso en las comuniones de &ldquo;los ni&ntilde;os pijos&rdquo;, disfraz&aacute;ndose de pollo publicitario en supermercados, &ldquo;y trabajando en todo lo que se pod&iacute;a&rdquo;. Ni esos circunstanciales empleos ni su timidez le impidieron nunca dejar de so&ntilde;ar con ser actor.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s tiene la nevera m&aacute;s llena, proyectos que se suceden uno tras otro, una madre y una hermana actrices de raza a las que ha impulsado al firmamento de la fama, un padre muy discreto aunque sea &ldquo;el m&aacute;s artista de todos&rdquo;, un hermano militar &ldquo;que siempre fue el m&aacute;s gamberro de los tres&rdquo;, y una hija que no apunta maneras de ser alg&uacute;n d&iacute;a &ldquo;dentista ni notaria&rdquo; como a &eacute;l le gustar&iacute;a. Tambi&eacute;n ha recogido la Medalla de Andaluc&iacute;a, un Goya, un Ondas, varios Fotogramas de Plata y los premios y nominaciones m&aacute;s importantes del cine y la televisi&oacute;n. Con ellos, el afecto del p&uacute;blico y el reconocimiento de sus compa&ntilde;eros. Capaz de darle la vuelta a la industria audiovisual, ha rodado cinco pel&iacute;culas en plena pandemia. Dirige videoclips musicales y se ha permitido resucitar a la inmortal Ava Gardner para que volviera a <em>Arde Madrid </em>y lo alabara hasta el <em>New York Times.</em> Tambi&eacute;n para contar la historia de otra manera: &ldquo;La de aquella Espa&ntilde;a en blanco y negro, en medio de una dictadura, en la que hab&iacute;a una &eacute;lite que viv&iacute;a la <em>dolce vita, </em>pero en la que los protagonistas reales eran los criados y su entorno porque, detr&aacute;s de cada momento hist&oacute;rico, siempre hay alguien haciendo las camas&rdquo;. El hijo de Carmina siempre ha sabido mirar m&aacute;s all&aacute;.<em> </em>Sin buscar hacer las Am&eacute;ricas y hablando un rudimentario ingl&eacute;s, este a&ntilde;o se ha codeado con Nicolas Cage, y su natural encanto no ha impedido que, aun interpretando a un villano, haya hecho buenas migas con el sobrino de Coppola. Embriagado por &ldquo;el aroma de los pucheros potentes de la Carmina&rdquo; y una familia unida que le sujeta a la tierra, ni Hollywood ni las estrellas le deslumbran por m&aacute;s que idolatre el cine de Tarantino.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El nombre del sevillano se cotiza alto, pero la esencia de Francisco Le&oacute;n Barrios no ha cambiado: &ldquo;Soy actor, director, productor, guionista y lo que haga falta&rdquo;. Cuando r&iacute;e la madre que le pari&oacute;, &ldquo;los malos corren despavoridos&rdquo;. Por eso, no le teme a nada y la libertad es su mejor triunfo. Comprometido con la defensa de la cultura, ha denunciado tambi&eacute;n la impunidad de los cr&iacute;menes del franquismo como el de su bisabuelo Joaqu&iacute;n Le&oacute;n, maestro en Castilleja del Campo, que fue detenido en un bar de Sevilla mientras tomaba caf&eacute; y, despu&eacute;s, fue fusilado. Mirando hacia adelante, pero sin perder la perspectiva de quienes se quedan atr&aacute;s, ha dado <em>La vuelta a la tortilla</em> para luchar contra el c&aacute;ncer de mama, ha tendido la mano a Cruz Roja y ha conversado con inmigrantes explotados. Defendiendo sin peros el derecho a la libertad de expresi&oacute;n lo ejerza quien lo ejerza, solo responde a las provocaciones y a la oscuridad de algunos, con luz: &ldquo;Contra el odio, amor. Contra la estupidez, cultura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ilumin&aacute;ndose con la m&uacute;sica de Sole&aacute; Morente y de los Stay Homas, con las obras de Shakespeare, y &ldquo;con la clase y la categor&iacute;a humana de I&ntilde;aki Gabilondo&rdquo;, se convence de la grandeza del ser humano: &ldquo;La suerte es en mucha medida la consecuencia l&oacute;gica de ser positivo, de proyectar cosas positivas y de ser agradecido con lo que acontece&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&nbsp;Un ni&ntilde;o al que su madre lanz&oacute; al escenario y triunf&oacute;</strong></h3><p class="article-text">
        Un mundo convulso por el <em>Watergate</em> y, en Espa&ntilde;a, por la &uacute;ltima etapa del franquismo marcaron 1974. Han pasado cuarenta y siete a&ntilde;os, pero las inquietudes de aquellos d&iacute;as no est&aacute;n tan alejadas de las de hoy: Billy Wilder estrenaba <em>Primera Plana </em>cuestionando ya las exclusivas de la prensa frente a la veracidad de las informaciones y Bu&ntilde;uel propon&iacute;a un mundo al rev&eacute;s del poder, de la religi&oacute;n y de las convenciones llevando a las pantallas francesas e italianas <em>El fantasma de la libertad</em>.<em> </em>Era el a&ntilde;o del Tigre, seg&uacute;n el hor&oacute;scopo chino.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Con la astucia e inteligencia del felino, pero con los ojos grandes y claros de luci&eacute;rnaga despierta, calcoman&iacute;as de los de su hermana, naci&oacute; un ni&ntilde;o menudo y despierto que pronto vio con claridad la realidad que le rodeaba<strong> </strong>en el barrio de Las Tres Mil Viviendas. No muy lejos de aquel humilde rinc&oacute;n sevillano, creci&oacute; el primer hijo de Carmina Barrios, una chica guapa de diecinueve a&ntilde;os y origen extreme&ntilde;o &ldquo;a la que se rifaban los vecinos y que solo hizo caso al que le ofreci&oacute; medio bocadillo de jam&oacute;n en un baile&rdquo;. El elegido fue Antonio Le&oacute;n, un tabernero hijo tambi&eacute;n del Guadalquivir. Antes de cumplir un a&ntilde;o, el primog&eacute;nito de la pareja ya ten&iacute;a un hermano, Alejandro. Nueve a&ntilde;os despu&eacute;s, nacer&iacute;a la benjamina de la familia, Mar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Recorriendo una encrucijada de calles de obreros, de familias venidas de pueblos de la regi&oacute;n que luchaban por la libertad a su manera, unos en pe&ntilde;as y otros en la clandestinidad, para el mayor de los Le&oacute;n el mundo se reduc&iacute;a al espacio entre su casa y la fonda familiar, famosa por sus jamones y chacina, que hab&iacute;a pertenecido al abuelo Paco, &ldquo;un buenazo al que fusilaron por ser republicano&rdquo;. T&iacute;mido, haciendo re&iacute;r aunque no fuera su intenci&oacute;n y muy h&aacute;bil con el l&aacute;piz, pasaba las horas muertas dibujando mientras sonaba en la radio <em>El ramito de violetas</em> de Cecilia, la voz ani&ntilde;ada de Jeanette, el folk de Mocedades y un Peret que, aprovechando el tir&oacute;n de Eurovisi&oacute;n, entonaba machaconamente &ldquo;Canta y s&eacute; feliz&rdquo;. Paco, a&uacute;n muy cr&iacute;o, capt&oacute; el mensaje. Desafiando a su madre cuando le dec&iacute;a que &ldquo;no estudiara tanto&rdquo; porque se iba &ldquo;a volver loco&rdquo; o cuando le animaba a no ir al colegio porque hac&iacute;a fr&iacute;o o porque hac&iacute;a calor, fue buen estudiante pero &ldquo;desde los cinco o seis a&ntilde;os&rdquo; tuvo claro que quer&iacute;a ser actor: &ldquo;Mezclaba imaginaci&oacute;n y mucha timidez. Para m&iacute; la m&aacute;scara era la v&iacute;a de escape, no ser t&uacute; para ser t&uacute;&rdquo;. Solo se atrevi&oacute; a confesar su vocaci&oacute;n a su t&iacute;a abuela que viv&iacute;a en Inglaterra &ldquo;porque era extranjera&rdquo;, pero cada vez que iba al circo invitado por familiares de su padre, que trabajaban como payasos, alimentaba su ilusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Ni los a&ntilde;os ni las glorias recientes le permiten olvidar la primera vez que subi&oacute; a un escenario: haciendo su espect&aacute;culo <em>Veo, veo</em>, Teresa Rabal pidi&oacute; voluntarios para un concurso de baile infantil. Sin dudarlo, Carmina lanz&oacute; a su hijo al escenario. Sobre aquella tarima, el peque&ntilde;o de siete a&ntilde;os, &ldquo;muy paradito&rdquo;, pero heredero del desparpajo de su madre, se quit&oacute; el cintur&oacute;n, e imitando al mism&iacute;simo Travolta, lo tir&oacute; al p&uacute;blico. Con aquel gesto triunf&oacute; sabiendo que el punto de partida de todo logro es el deseo. El premio le gust&oacute; menos que la experiencia de pisar el escenario: gan&oacute; un p&oacute;ster de la actriz m&aacute;s grande que &eacute;l. Mientras le aplaud&iacute;an aprendi&oacute; que lo importante no es lo que ganamos sino lo que hacemos: &ldquo;Me gust&oacute; ser el campe&oacute;n, pero a los que perdieron les dieron una banderita que me gustaba m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Bailar&iacute;n antes de actor, director, guionista y productor</strong>
    </p><p class="article-text">
        Crecer en una casa &ldquo;en la que reinaba la anarqu&iacute;a&rdquo;, pero en la que siempre escuchaban sus opiniones, le ayud&oacute; a &ldquo;ser autosuficiente&rdquo; y &ldquo;a hacer las cosas por su propia voluntad, no por obligaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp; Por eso, mientras trabajaba en bares, supermercados y ocasionalmente como payaso, finaliz&oacute; COU y sus estudios de interpretaci&oacute;n en el Centro Andaluz de Teatro. Antes de actuar tambi&eacute;n se form&oacute; como bailar&iacute;n yendo a clases mientras pon&iacute;a copas por las noches y comparti&oacute; escenario con primeras figuras de la danza como Israel Galv&aacute;n y Manuela Nogales: &ldquo;No era bueno bailando, sufr&iacute;a mucho. El bailar&iacute;n tiene cierto masoquismo que a m&iacute; me falta. Yo soy muy hedonista&rdquo;. Sin embargo, con apenas dieciocho a&ntilde;os, se march&oacute; de casa: &ldquo;En mi familia me sent&iacute;a patito feo, era muy tremendo. Pensaba que a m&iacute; me hab&iacute;an cambiado. Me sent&iacute;a muy ajeno a mi familia, quer&iacute;a pertenecer a otra cosa. Me escap&eacute; de all&iacute; y encontr&eacute; mi camino, pero al final fue un efecto boomerang porque yo soy eso de lo que escap&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La televisi&oacute;n le condujo al sendero de la fama para acabar encontrando su ruta real. Con veinticinco a&ntilde;os rod&oacute; un telefilm, <em>Castillos en el aire,</em> e intervino en otros como <em>Asalto inform&aacute;tico</em>. Tambi&eacute;n hizo alguna incursi&oacute;n en series y debut&oacute; en el cine con <em>Amar o</em> <em>morir en Sevilla. </em>Rendido a la maestr&iacute;a de Martin Achenbach en <em>La pianista</em>, &ldquo;aunque sea una pel&iacute;cula 'malrollera'&rdquo;, y a la vez sigiloso y entusiasta como la propia <em>Pantera rosa</em>, le gustar&iacute;a que la m&uacute;sica de Henry Mancini fuera su banda sonora<em>: </em>&ldquo;Es el mejor, sobre todo haciendo comedias que es lo que me gustar&iacute;a que fuera mi vida &rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la mirada c&aacute;lida de quien espera grandes cosas de s&iacute; mismo antes de hacerlas y con las suelas de los zapatos desgastadas recorriendo la dura senda de los castings, en 2003, se convirti&oacute; en la estrella de <em>Homo Zapping</em>: un programa de humor en el que sus inolvidables parodias de personajes televisivos hicieron que su rostro y su nombre no volvieran a pasar desapercibidos. Sin buscarlo, un a&ntilde;o despu&eacute;s, se convirti&oacute; en <em>el Luisma</em>, un ex toxic&oacute;mano que se asom&oacute; a <em>7 Vidas, </em>con ternura y absurda genialidad,<em> </em>para acabar viviendo, durante diez a&ntilde;os, en el mismo barrio de <em>A&iacute;da </em>y en el coraz&oacute;n de los espectadores<em>:</em> metido en su piel logr&oacute; dos Fotogramas de Plata, dos TP de Oro y tres premios de la Academia de la Televisi&oacute;n.<em> </em>La cuesti&oacute;n ya no era qui&eacute;n le iba a dejar sino qui&eacute;n le iba a parar: &ldquo;Cuando me lleg&oacute; el accidente de la fama intent&eacute; controlar ese caballo que a veces se desboca. Conviene coger bien las riendas y llevarlo donde t&uacute; quieres y no donde te lleva porque, a veces, la fama te puede conducir a sitios donde no quieres estar o te conviertes en otra cosa. As&iacute; es que decid&iacute; utilizar eso para m&iacute;&rdquo;. Lo hizo sin despistarse ni un momento.
    </p><p class="article-text">
        En 2006 dirigi&oacute; la serie <em>&Aacute;caros</em>, lleg&oacute; su primer papel protagonista en la gran pantalla con <em>Los M&aacute;nagers</em> y una sucesi&oacute;n continua de pel&iacute;culas que, &ldquo;como buen hijo&rdquo;, le permitieron comprar una casa a sus padres y, en 2012, dar un paso adelante: &ldquo;Pas&eacute; de ser ese actor que pregunta &lsquo;d&oacute;nde me pongo&rsquo;, a decir &lsquo;pues ya te voy a decir yo d&oacute;nde&rsquo;&rdquo;. Debutando como director y responsable de las campa&ntilde;as de comunicaci&oacute;n de sus propios trabajos, present&oacute; al mundo a <em>Carmina </em>y <em>revent&oacute;</em> los cors&eacute;s de la industria audiovisual: &ldquo;Dirigida por m&iacute;, con mis ahorros, dos c&aacute;maras de fotos y muy poca verg&uuml;enza, con veinte p&aacute;ginas de guion, en once d&iacute;as hicimos una cosa que no se sab&iacute;a si era un v&iacute;deo familiar caro o una pel&iacute;cula muy barata. Y result&oacute; ser una pel&iacute;cula muy barata&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El estreno multiplataforma de la cinta, que permit&iacute;a verla en casa mientras estaba tambi&eacute;n en cartelera, fue un reto para los distribuidores: &ldquo;Paco, siempre alumbrado por los astros que se asoman en sus ojos, volvi&oacute; a trabajar su fortuna y la jugada le sali&oacute; tan bien que gan&oacute; tres premios en el Festival de M&aacute;laga y, apenas dos a&ntilde;os despu&eacute;s, estren&oacute; la secuela <em>Carmina y Am&eacute;n. </em>Volvi&oacute; a llenar los cines y recaud&oacute; m&aacute;s de un mill&oacute;n de euros. Aquel metraje fue un punto y seguido por seis a&ntilde;os en los que ha vuelto a dirigir un largo, <em>Kiki, el amor se hace, </em>varios videoclips, teatro, otra decena de pel&iacute;culas y varias series de televisi&oacute;n. Estirando el tiempo como si solo hubiera ma&ntilde;ana, pero disfrutando el ahora y no olvidando el ayer, ha vuelto a jugar a ser el ni&ntilde;o que siempre vive en &eacute;l doblando al le&oacute;n &Aacute;lex en las animaciones de <em>Madagascar</em>: &rdquo;No pienso hacer un drama para que luego me tomen en serio. No tengo prisa&ldquo;. Tampoco se toma pausas.
    </p><p class="article-text">
        Con la humildad del que ha llegado a acariciar el cielo escalando desde muy abajo sin perder la vista al suelo, el hijo de Carmina y hermano de la actriz revelaci&oacute;n Goya 2012, despide su <em>Playlist </em>justificando su no parar pese a la pandemia: &ldquo;Debe ser por esa estrella m&iacute;a de tener una flor en el culo&rdquo;. Abanderando &ldquo;una actitud audaz en la vida&rdquo; toma prestado a una amiga el lema &ldquo;hay mucho miedo para tan poco peligro&rdquo; y sonriendo confirma que su trabajo es su suerte y su talento la br&uacute;jula de su camino.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/paco-leon-hay-miedo-peligro_1_7910695.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 May 2021 04:00:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Paco León: "Hay mucho miedo para tan poco peligro"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agustín Moreno, candidato de la lista de UP para el 4M: "¿Quién dice que está todo perdido? Si aumenta la participación habrá Gobierno de progreso"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/agustin-moreno-candidato-lista-up-4m-dice-perdido-si-aumenta-participacion-habra-gobierno-progreso_1_7888341.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abd5628b-363a-4b73-a5bd-6df85ed0b664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Agustín Moreno (Unidas Podemos): &quot;¿Quién dice que está todo perdido? Si aumenta la participación habrá Gobierno de progreso&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pisó la cárcel, militó en el Partido Comunista, fue Secretario de Acción Sindical en CCOO, descartó suceder a Marcelino Camacho y también rechazó ser Coordinador general de IU. Su único propósito ha sido "defender la libertad" que el franquismo le privó</p></div><p class="article-text">
        Aspirante a ingeniero, obrero de la construcci&oacute;n, maestro industrial, responsable sindical, profesor de Geograf&iacute;a e Historia y, sobre todo, ciudadano &ldquo;comprometido con la defensa de la libertad&rdquo; de la que el franquismo le priv&oacute;. Varios caminos se abrieron ante &eacute;l, pero tom&oacute; el menos transitado y eso marc&oacute; la diferencia. Descart&oacute; suceder a Marcelino Camacho en 1987 y rechaz&oacute; ser coordinador general de Izquierda Unida, a propuesta de Julio Anguita, en 2008. Acab&oacute; eligiendo el sendero de la docencia porque &ldquo;cuando se ense&ntilde;a, se aprende&rdquo;. Acert&oacute; porque tuvo el privilegio de ir, durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, &ldquo;cantando al trabajo&rdquo;. Apost&oacute; &ldquo;por un modelo inclusivo de educaci&oacute;n&rdquo;, en aulas muy alejadas de las de los colegios elitistas, convencido de que &ldquo;no hay buen aprendizaje si no va acompa&ntilde;ado de afecto&rdquo;. Ejerci&oacute; su oficio los &uacute;ltimos ocho a&ntilde;os en la capital, en centros de especial dificultad, con chicos en situaci&oacute;n compensatoria y parte del alumnado procedente de la Ca&ntilde;ada Real&ldquo;. Con el uniforme de la camiseta verde en defensa de la escuela p&uacute;blica y sin constituir ning&uacute;n <em>Club de poetas muertos</em>, pero con su esencia, inspir&oacute; el cambio sin limitarse a impartir materias: &rdquo;Es fundamental encender en los chavales el fuego del conocimiento, sobre todo en un momento de desesperanza. El paradigma de la educaci&oacute;n como ascensor social se ha roto&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con setenta rejuvenecidos a&ntilde;os &ldquo;por el contagioso entusiasmo de los j&oacute;venes&rdquo;, se jubil&oacute; hace poco m&aacute;s de tres, cuando lo habitual es hacerlo con sesenta a&ntilde;os.&nbsp; En diciembre de 2017 dej&oacute; atr&aacute;s su &ldquo;otra casa&rdquo;, el madrile&ntilde;o IES Villa de Vallecas, recorriendo un pasillo repleto de afectos y aplausos: &ldquo;Creo que nunca he dado tantos abrazos y tantas veces las gracias. La emoci&oacute;n de la despedida me produjo tal congoja que tuve que ir a refrescar los ojos a un parque. Como dice un amigo, no hab&iacute;a llorado m&aacute;s desde que vi <em>ET</em>. Pero no ser&aacute;n l&aacute;grimas que se pierdan en la lluvia, son sentimientos fuertes para cuando me asalten las dudas sobre las cosas que merecen la pena en la vida&rdquo;. Desde entonces no se acerca al encerado ni corrige ex&aacute;menes, pero le ilusiona recibir mensajes de sus antiguos alumnos que no olvidan su mejor lecci&oacute;n: &ldquo;M&aacute;s importante que decirle a alguien &lsquo;te quiero&rsquo; es decirle &lsquo;creo en ti&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace un mes, &ldquo;por compromiso y coherencia&rdquo;, acept&oacute; la propuesta de entrar en pol&iacute;tica que ven&iacute;a rechazando desde hac&iacute;a a&ntilde;os. Su decisi&oacute;n le ha convertido en el candidato n&uacute;mero cinco en la lista de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid: &ldquo;Yo ya me considero un reservista, pero si hay que ir a detener una ofensiva peligrosa para la libertad y la convivencia de nuestra sociedad, pues hay que hacer la aportaci&oacute;n que podamos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Incapaz de resignarse frente a las dificultades, cuando ten&iacute;a la misma edad de los chavales que asist&iacute;an a sus clases, se tom&oacute; &ldquo;como algo personal la injusticia y la falta de libertades de la dictadura&rdquo;. Aquello empez&oacute; a complicar su existencia. Con poco m&aacute;s de veinte a&ntilde;os ya supo lo que era tener que vivir fugado &ldquo;con orden de b&uacute;squeda y captura&rdquo;. Tambi&eacute;n ser condenado &ldquo;a dos a&ntilde;os de c&aacute;rcel en rebeld&iacute;a&rdquo; y expedientado en su carrera de Ingenier&iacute;a, lo que le impidi&oacute; acabar sus estudios: &ldquo;Que la gente sepa que la libertad no es un bocadillo de calamares y unas ca&ntilde;as, como dice D&iacute;az Ayuso. Esa es una banalizaci&oacute;n que ofende a las personas que sufrimos la dictadura. La libertad es algo sagrado y nadie nos la puede arrebatar&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>So&ntilde;ando con </strong><em><strong>Senderos de gloria</strong></em></h3><p class="article-text">
        Llevaba pantalones cortos y jugaba con sus indios de goma en el patio de la casita baja en la que naci&oacute;, en el madrile&ntilde;o barrio de <em>El Zof&iacute;o </em>del distrito de Usera, cuando se rod&oacute; la pel&iacute;cula que ha visto tantas veces que hasta puede repetir &ldquo;con precisi&oacute;n&rdquo; casi todos sus di&aacute;logos: <em>Senderos de gloria. </em>Aun siendo su favorita, no pudo disfrutarla hasta ser adulto. Prohibida durante casi tres d&eacute;cadas en nuestro pa&iacute;s, &ldquo;ese alegato antibelicista tremendo de Stanley Kubrick&rdquo; fue la &uacute;ltima cinta en estrenarse de la lista negra de la censura. Agust&iacute;n Moreno se estremece cada vez que la revisa y se reconoce, cuando fue testigo directo del franquismo, en una de las c&eacute;lebres frases del <em>coronel Dax </em>a quien Kirk Douglas se empe&ntilde;&oacute; en dar vida sin querer cobrar ni un d&oacute;lar por su interpretaci&oacute;n: &ldquo;Hay ocasiones en que me averg&uuml;enza ser miembro de la raza humana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hijo de desplazados toledanos por la Guerra Civil y nieto de un asesinado republicano, tuvo una primera infancia feliz &ldquo;porque fui un ni&ntilde;o protegido de las penalidades de la posguerra que mi familia intent&oacute; que no conociera hasta ser mayor. En mi casa, como en otras de derrotados, se hablaba muy poco de la contienda. Era tambi&eacute;n un mecanismo de protecci&oacute;n para evitar que nos meti&eacute;ramos en l&iacute;os&rdquo;. Sin embargo, el compromiso social impl&iacute;cito en su ADN nunca le permiti&oacute; minusvalorar &ldquo;la importancia de no olvidar nuestra historia&rdquo;. De la suya hablan hoy las flores blancas que visten las acacias estos d&iacute;as de primavera. Su belleza le recuerda &ldquo;el sabor dulz&oacute;n y el olor del pan y quesillo&rdquo; que tantas veces comi&oacute; en un tiempo en el que se aficion&oacute; a la lectura, en la obligada hora de la siesta, y en el que so&ntilde;aba ser de mayor el mism&iacute;simo indio Ger&oacute;nimo: &ldquo;Me dicen en casa que hasta quer&iacute;a hacer la Comuni&oacute;n disfrazado de &eacute;l&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Menos rebelde que el apache, pero tambi&eacute;n con af&aacute;n de combatir la injusticia, creci&oacute; escuchando &ldquo;las chapas estupendas de Historia Sagrada de don Vitorino&rdquo;, el maestro de su primer colegio estatal. Mientras, &eacute;l y sus compa&ntilde;eros de pupitres tomaban &ldquo;la raci&oacute;n diaria de leche en polvo y queso americano&rdquo; en una Espa&ntilde;a que trataba de recuperar los niveles alimenticios anteriores a la guerra. Cumplir diez a&ntilde;os supuso acabar un primer ciclo escolar y continuarlo &ldquo;en una academia privada, con tantos alumnos como carencias educativas&rdquo;. Sometidos a &ldquo;un modelo repetitivo y autoritario de educaci&oacute;n&rdquo;, presidido por el concepto generalizado de que &ldquo;la letra con sangre entra&rdquo;, el hijo de Moreno, el trabajador metal&uacute;rgico de M&eacute;ndez &Aacute;lvaro que hab&iacute;a pisado la c&aacute;rcel por alistarse en el ej&eacute;rcito republicano, fue siempre un estudiante disciplinado. Sus calificaciones le acercaron a una beca de la Universidad Laboral: &ldquo;Era un invento de Franco para captar a los hijos de los trabajadores para que dieran soporte a la industrializaci&oacute;n y al sistema productivo desempe&ntilde;ando trabajos que los hijos de la clase pudiente nunca iban a hacer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En aquel tiempo en el que a los ni&ntilde;os se les obligaba a dejar de serlo muy pronto, el peque&ntilde;o Agust&iacute;n se despidi&oacute; de sus padres en la antigua Estaci&oacute;n de Atocha sin haber cumplido a&uacute;n catorce a&ntilde;os. Desconcertado, y con m&aacute;s temores que a&ntilde;os, subi&oacute; a un tren de carbonilla, &ldquo;como si fuera un convoy de ganado, con otros mil quinientos cr&iacute;os. Parec&iacute;amos los ni&ntilde;os del coro. Nos llevaban a la Universidad Laboral de Sevilla para estudiar Oficial&iacute;a y Maestr&iacute;a Industrial&rdquo;. Con aquel viaje comenz&oacute; a pagar el precio del desarraigo familiar, pero &ldquo;aquello permiti&oacute; que pudiera continuar estudiando cinco a&ntilde;os m&aacute;s hasta comenzar la carrera de Ingenier&iacute;a T&eacute;cnica en la Universidad Laboral de Huesca&rdquo;. Los cent&iacute;metros de estatura que creci&oacute; en aquellos a&ntilde;os le recuerdan que &ldquo;olvidamos con facilidad&rdquo; que solo una generaci&oacute;n nos separa de la pobreza generalizada: &ldquo;Alojado en r&eacute;gimen de internado, del que solo sal&iacute;a en Navidad y en verano para ver a mi familia, all&iacute; nos daban cama, comida y ropa. Alimentarme mejor creo que hizo que mi estatura acabara superando a las de mis dos hermanos&rdquo;. Alejarse tambi&eacute;n de la protecci&oacute;n familiar le demostr&oacute; que &ldquo;depende de d&oacute;nde nazcas tienes m&aacute;s posibilidades de estudiar o no tienes ninguna&rdquo;. Aquel aprendizaje le llev&oacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde a vestir todos los mi&eacute;rcoles la camiseta de la Marea Verde y a convertirse en uno de los principales activistas de &ldquo;la Escuela P&uacute;blica de todos y para todos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;Abrazando al sindicalismo&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Crecer en un pa&iacute;s en el que a la libertad le llov&iacute;an piedras hizo que no tuviera <em>La mejor juventud, </em>pero como los protagonistas de la serie de Marco T. Giordana, su favorita, quiso mejorar el mundo y a&uacute;n hoy no se resigna a dejarlo tal y como es.
    </p><p class="article-text">
        La historia de su familia, la suya propia y el universo de los libros de las bibliotecas de f&aacute;brica que le tra&iacute;a su padre y que &eacute;l devoraba, le evidenciaron, siendo solo un cr&iacute;o, que &ldquo;el pensamiento y la palabra deben ser libres&rdquo;. Dando un paso hacia adelante en su lucha contra la dictadura, particip&oacute; en una huelga universitaria: &ldquo;Cuando te tomas como algo personal la injusticia y la falta de libertades, te empieza a cambiar la vida y a complicarse&rdquo;. Su caso no fue una excepci&oacute;n: pese a ser un buen estudiante, perdi&oacute; su beca, pero no se resign&oacute; a abandonar su carrera. Para costearla trabaj&oacute; en una empresa de construcci&oacute;n, en una de gas y en varios barcos de pesca. No fue suficiente. Inscribirse en el Partido Comunista, &ldquo;el <em>&uacute;nico </em>de oposici&oacute;n de izquierdas realmente existente&rdquo;, le coloc&oacute; en el punto de mira del R&eacute;gimen. En 1973, la aparici&oacute;n de una pintada reclamando la libertad de los encausados en el <em>Proceso 1001 </em>le condujo a la Direcci&oacute;n General de Seguridad: &ldquo;All&iacute; hab&iacute;a un manual que dec&iacute;a &lsquo;si te detienen ni&eacute;galo todo y c&oacute;mete los papeles que lleves&rsquo;. As&iacute; lo hice, pero recib&iacute; una buena manta de golpes&rdquo;. Despu&eacute;s de estar detenido tres d&iacute;as en Sol y dos m&aacute;s en Las Salesas, crey&oacute; que se le abr&iacute;a el cielo cuando lleg&oacute; &ldquo;un &aacute;ngel&rdquo; para ofrecerle asistencia: la joven abogada del PC, Manuela Carmena, que le acompa&ntilde;&oacute; a comparecer ante el juez del Tribunal de Orden P&uacute;blico. Fue procesado &ldquo;por propaganda y asociaci&oacute;n il&iacute;cita&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin dejar nunca &ldquo;de arriesgar m&aacute;s all&aacute; de lo razonable&rdquo;, apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s, el veinticinco de abril de 1974, mientras Portugal se sublevaba contra cuarenta a&ntilde;os de dictadura, otra mujer se enfrentaba, en la puerta de su casa de Usera, a la temida Brigada Pol&iacute;tico Social para tratar de evitar una nueva detenci&oacute;n de su hijo: &ldquo;Yo ten&iacute;a veintid&oacute;s a&ntilde;os y un proceso anterior as&iacute; es que, mientras mi madre se resist&iacute;a a que la polic&iacute;a entrara en casa, salt&eacute; por la ventana del tercer piso en el que viv&iacute;amos. Me salv&eacute;. La consecuencia es que estuve fugado en orden de busca y captura durante el tiempo que hubo hasta que se promulg&oacute; la amnist&iacute;a tras la muerte de Franco. Fui condenado a dos a&ntilde;os en rebeld&iacute;a de c&aacute;rcel y expedientado en el tercer a&ntilde;o de Ingenier&iacute;a T&eacute;cnica Industrial y no pude acabar la carrera. Los que luchamos por la libertad, los que vivimos aquello, no queremos que nadie nos la arrebate. &iexcl;Fascismo nunca m&aacute;s! No olvidemos nuestra historia&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;Nunca se deja de ser maestro&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Condenado en rebeld&iacute;a, regres&oacute; a Madrid para trabajar en la construcci&oacute;n de la madrile&ntilde;a Delegaci&oacute;n de Hacienda de Reina Victoria, pero enseguida tuvo que volver a poner pies en polvorosa por participar en la organizaci&oacute;n de una huelga de cientos de trabajadores &ldquo;por un accidente laboral&rdquo;. Militando en CCOO de la construcci&oacute;n conoci&oacute; a l&iacute;deres como Macario Barjas, Arcadio, Tranquilino y al cura Paco. Luego trabajar&iacute;a codo con codo con Marcelino Camacho, &ldquo;que personificaba lo mejor de la clase trabajadora&rdquo;, y a varios hist&oacute;ricos del sindicato. De ellos, y de su padre, aprendi&oacute; que &ldquo;primero hay que cumplir y luego reivindicar&rdquo;. En 1977 se legaliz&oacute; el sindicato y Agust&iacute;n se convirti&oacute; en el responsable de la Secretar&iacute;a de Acci&oacute;n Sindical. Cuando el hist&oacute;rico l&iacute;der de CCOO decidi&oacute; dar un paso atr&aacute;s, &ldquo; ofreci&oacute; su cargo a Antonio Guti&eacute;rrez y a m&iacute;. Rechac&eacute; el ofrecimiento y apoy&eacute; a Guti&eacute;rrez&rdquo;. El resultado de la huelga del 14-D de 1988, &ldquo;la mayor movilizaci&oacute;n sindical de la historia de este pa&iacute;s&rdquo;, demostr&oacute; que eran los a&ntilde;os dorados del sindicalismo&ldquo;. Pero la llegada de Felipe Gonz&aacute;lez, &rdquo;un personaje lamentable&ldquo;, y las reformas laborales de Solchaga, condujeron al sindicato al Congreso de 1996 en el que &rdquo;echaron a Marcelino de la presidencia&ldquo; y a Moreno &rdquo;de toda responsabilidad en la direcci&oacute;n por liderar el llamado <em>Sector Cr&iacute;tico de CCOO</em>&ldquo;. Una puerta se cerraba, pero otra se abr&iacute;a. Oposit&oacute; al cuerpo de profesores de Secundaria y consigui&oacute; una plaza de profesor tras haberse licenciado en Historia: &rdquo;Despu&eacute;s del sindicato, encontr&eacute; en la escuela un refugio maravilloso&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entregado al oficio de maestro durante m&aacute;s de dos d&eacute;cadas y &ldquo;al auxilio de una Comunidad en emergencia educativa por los recortes en el gasto, pero sobre todo por la privatizaci&oacute;n&rdquo;, el candidato a diputado madrile&ntilde;o insiste en que &ldquo;se necesita con urgencia un gobierno decente que desaloje a una derecha que se est&aacute; cargando la educaci&oacute;n p&uacute;blica: en Madrid hay ahora mismo menos alumnos matriculados en ella que en la concertada y privada. Eso supone quince puntos menos que la media de Espa&ntilde;a y cuarenta menos que en Europa. En los pa&iacute;ses m&aacute;s potentes de nuestro entorno, la educaci&oacute;n es p&uacute;blica. Esto es una anomal&iacute;a que tiene que ver con una visi&oacute;n clasista de la educaci&oacute;n y con un negocio no solo econ&oacute;mico sino ideol&oacute;gico de la Iglesia y de los sectores conservadores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la belleza del susurro del bandone&oacute;n de Astor Piazzolla enton&aacute;ndole al <em>olvido </em>y releyendo <em>Si esto es un hombre </em>de Primo Levi, &ldquo;para que nos vacunemos de la barbarie&rdquo;, Agust&iacute;n Moreno Garc&iacute;a, el ni&ntilde;o que hizo de la libertad su bandera y defendi&eacute;ndola ha vivido varias vidas, despide su <em>Playlist. </em>Insistiendo en que &ldquo;la educaci&oacute;n tiene que ser lo primero&rdquo;, abraza al morado de UP para <em>que hable la mayor&iacute;a </em>el 4 de mayo, y parafraseando a Fito P&aacute;ez pregunta: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n dice que est&aacute; todo perdido? Se responde citando a Gandhi: &rdquo;S&eacute; t&uacute; el cambio que deseas&ldquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/agustin-moreno-candidato-lista-up-4m-dice-perdido-si-aumenta-participacion-habra-gobierno-progreso_1_7888341.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 May 2021 04:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Agustín Moreno, candidato de la lista de UP para el 4M: "¿Quién dice que está todo perdido? Si aumenta la participación habrá Gobierno de progreso"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosa Regás: "A la mitad de los españoles no les horroriza que la ultraderecha tome el poder"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/rosa-regas-mitad-espanoles-no-les-horroriza-ultraderecha-tome_1_7853257.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/412ae60a-7c6b-44bd-9d43-177d60d6c4c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosa Regás: &quot;A la mitad de los españoles no les horroriza que la ultraderecha tome el poder&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sus ojos claros siguen sin quitar la vista a las desigualdades y a las injusticias, pero también a la belleza del mundo. Republicana, activista y feminista, escucha a Schubert, a The Beatles y a Amy Winehouse</p></div><p class="article-text">
        Camina hacia los ochenta y ocho a&ntilde;os con la misma clarividencia y compromiso social que se fueron gestando en aquella ni&ntilde;a que &ldquo;conoci&oacute; la angustia y el dolor, pero nunca estuvo triste una ma&ntilde;ana&rdquo;. La Guerra Civil, un abuelo &ldquo;hijo de puta que se pas&oacute; la vida haciendo da&ntilde;o de verdad&rdquo; y una sociedad franquista y pacata, le robaron el calor de sus padres y el ed&eacute;n de la infancia. Creci&oacute; en el exilio franc&eacute;s y en orfelinatos monjiles separada de sus tres hermanos, pero hizo de ellos su &uacute;nica patria. Se convirti&oacute; pronto en esposa y madre, sin saber lo que era ser adolescente, y logr&oacute; lo que siempre quiso: &ldquo;Una familia numerosa porque pensaba que, cuanto m&aacute;s numerosa, era m&aacute;s familia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Explorando libertad, se puso el mundo por montera, rechaz&oacute; dogmas religiosos y convencionalismos burgueses. Enfrent&aacute;ndose a la tradici&oacute;n y a su familia pol&iacute;tica entr&oacute; en la universidad con tres hijos peque&ntilde;os y acab&oacute; la carrera de Filosof&iacute;a teniendo dos m&aacute;s. Mientras constru&iacute;a un universo de libros, descubri&oacute; Cadaqu&eacute;s como &ldquo;una puerta abierta a la vida&rdquo; que la invitaba a entrar en &ldquo;un mundo alejado del catalanismo religioso&rdquo; que la hab&iacute;a rodeado. Su vida se convirti&oacute; entonces en una p&aacute;gina en blanco que ella misma pod&iacute;a escribir. Se baj&oacute; de los tacones y luci&oacute; minifalda, escandaliz&oacute; entrando sola en bares y se convirti&oacute; en una de las musas del movimiento cultural m&aacute;s importante del tardofranquismo: la <em>Gauche Divine</em>. Esper&oacute; a que sus hijos fueran mayores para separarse amistosamente de su marido, trabaj&oacute; en <em>Seix Barral</em>, dirigi&oacute; una revista y, mientras navegaba por la Costa Brava, y Dal&iacute; la saludaba con admiraci&oacute;n llam&aacute;ndola &ldquo;Regasol&rdquo;, fund&oacute; la editorial <em>Gaya Ciencia</em>. Public&oacute; con entusiasmo a un casi desconocido V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, a Javier Mar&iacute;as, a Mar&iacute;a Zambrano y a &Aacute;lvaro Pombo. Volvi&oacute; a cambiar de vida y se hizo traductora de la ONU en Ginebra. All&iacute; se sent&oacute; a escribir con cincuenta y ocho a&ntilde;os y, si su sabidur&iacute;a y coraje siempre se impusieron a <em>la desgracia de ser mujer</em>, su pluma se estren&oacute; con <em>Memoria de Almator </em>y, solo tres a&ntilde;os despu&eacute;s, en <em>Azul </em>narr&oacute; una historia de amor y de mar que ilumin&oacute; para siempre la senda de nuestras Letras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Republicana y activista, con los ojos bien abiertos a la realidad del mundo, se acerc&oacute; a los socialistas so&ntilde;ando &ldquo;que cambiaran la educaci&oacute;n e impusieran una escuela p&uacute;blica y laica&rdquo;: lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que &ldquo;Felipe Gonz&aacute;lez debe tener alma de derechas&rdquo;. Con su nombre grabado en un Premio Nadal, en el Ciudad de Barcelona y en el Planeta, puso un busto a Machado en Madrid mientras abr&iacute;a al p&uacute;blico las puertas de la Biblioteca Nacional que dirigi&oacute; durante tres a&ntilde;os. En agosto de 2007 present&oacute; su dimisi&oacute;n por discrepancias con el ministro de Cultura del Gobierno de Rodr&iacute;guez Zapatero, C&eacute;sar Antonio Molina. Acab&oacute; dando un portazo al PSOE y bautiz&oacute; &ldquo;al burro muy burro que naci&oacute; aquellos d&iacute;as&rdquo; en su finca de Llofriu, con el nombre del pol&iacute;tico gallego: &ldquo;Pertenezco a la reserva de quienes solo izar&iacute;an banderas si estuvieran prohibidas. Nunca he podido adecuar mi compromiso pol&iacute;tico a un territorio determinado o a una ley determinada. Nunca he sido de ning&uacute;n club, nunca he sido de ninguna asociaci&oacute;n, nunca he sido de nada y mucho menos de un partido pol&iacute;tico. Yo creo que no va con mi manera de ser y tambi&eacute;n creo que se puede seguir trabajando en estas cosas tan necesarias desde otros lugares. Y as&iacute; lo he hecho durante toda mi vida y no me parece que tenga que cambiar ahora porque no podr&iacute;a. Y, por otra parte, cuanto m&aacute;s tiempo pasa, m&aacute;s asco me dan todos los discursos cargados de manipulaci&oacute;n y de mentiras de unos y otros, no de todos, es verdad, pero s&iacute; de los que a m&iacute; no me gustan, los que no hacen m&aacute;s que mentir, mentir, mentir, y cargar en los dem&aacute;s las culpas que tienen ellos. Es como si se hubiera hecho, de verdad, una especie de ley que estuviera basada en aquello que dice 'siempre cree el ladr&oacute;n que todos son de su propia condici&oacute;n'''.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Convencida de que &ldquo;si buscas una mano que te ayude, la encontrar&aacute;s al final de tu brazo&rdquo;, confiesa que el deseo que le gustar&iacute;a ver cumplido es &ldquo;haber amado m&aacute;s a quienes he dicho que amaba, haber defendido m&aacute;s a quienes tanto he presumido de haber defendido y haber trabajado m&aacute;s en aquello en lo que he puesto mi pasi&oacute;n creyendo que hab&iacute;a llegado al l&iacute;mite&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;La infancia de los vencidos&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Arrastra, como todos, su pasado y sabe que el d&iacute;a de ma&ntilde;ana ya es hoy: &ldquo;No recuerdo haberme aburrido jam&aacute;s, quiz&aacute; porque busco en el exceso la soluci&oacute;n a las causas imposibles. Y solo quisiera volver a los veinte a&ntilde;os para andar d&iacute;a y noche en minifalda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Antes de llegar a esa etapa, en la mochila de la memoria de Rosa Reg&aacute;s est&aacute; &ldquo;la infancia profundamente desgraciada&rdquo; de una ni&ntilde;a que naci&oacute; amparada por la prometedora &ldquo;luz cultural de la Rep&uacute;blica&rdquo;. Solo tres a&ntilde;os despu&eacute;s, su familia la subi&oacute; a un tren camino de Francia, junto a Oriol, su hermano menor de a&ntilde;o y medio, para salvarlos de la penuria y los bombardeos provocados por la oscuridad ensordecedora de la Guerra Civil. A&uacute;n mirando por la ventanilla, Rosa dej&oacute; de ver para siempre el mundo que hasta entonces hab&iacute;a conocido: se aniquil&oacute; su para&iacute;so infantil y desapareci&oacute; su identidad tan r&aacute;pido como se desvanecieron los acogedores besos de su madre. Aquella ma&ntilde;ana gris de 1937 se quedaron atr&aacute;s las paredes de su hogar en un acomodado piso de la Gran V&iacute;a barcelonesa donde sus padres Mariona y Xavier, republicanos, catalanistas, burgueses y cultos, que ya no volver&iacute;an a estar juntos, organizaban tertulias con personajes como Garc&iacute;a Lorca quien alguna vez la acun&oacute;. Ese mismo d&iacute;a se difumin&oacute; el rastro dorado de los juegos con sus tres hermanos, la m&uacute;sica de Franz Schubert y de Mahler que la acompa&ntilde;a hoy como lo hac&iacute;a a su madre, libros de Joyce y Faulkner que ahora relee, junto a <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em> de Juan Benet, &ldquo;para llegar a entenderlos exactamente tal como imagino que deben ser&rdquo;. Tambi&eacute;n pas&oacute; a ser solo un vago recuerdo la imagen de su padre, abogado y periodista, escribiendo con entusiasmo el teatro que tanto le gustaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquellos dos ni&ntilde;os y sus dos hermanos mayores, igualmente obligados al exilio, pero en Holanda, no regresar&iacute;an a su Barcelona natal hasta fines de 1939 cuando el abuelo paterno dio con ellos para traerles antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, culpabiliz&aacute;ndoles, sin l&oacute;gica ni piedad, de todas las desgracias familiares. Despu&eacute;s de dos a&ntilde;os internos en el &ldquo;fant&aacute;stico&rdquo; colegio laico y progresista del maestro C&eacute;lestin Freinet, defensor del libre pensamiento, del nudismo, de la renovaci&oacute;n pedag&oacute;gica y de la creaci&oacute;n art&iacute;stica, en unas horas, Rosa y el peque&ntilde;o Oriol se dieron de bruces contra el antag&oacute;nico muro del desprecio y del maltrato. Despu&eacute;s de un largo y tortuoso viaje de regreso en furgoneta, fueron recibidos &ldquo;con una bofetada&rdquo; por Miquel, el padre de su padre. Era solo el preludio de &ldquo;los castigos f&iacute;sicos y las humillaciones psicol&oacute;gicas&rdquo; que hasta entonces no hab&iacute;an conocido, pero que envolver&iacute;an, desde ese momento, un largo calvario.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Entre el sentido com&uacute;n y el desvar&iacute;o</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Me merecen respeto muy pocas personas, admiraci&oacute;n bastantes y ternura la mayor&iacute;a. Desprecio a los 'traidorzuelos', a los vanidosos, a los fatuos, a los dogm&aacute;ticos. El mundo me desconcierta porque no s&eacute; qu&eacute; puedo hacer para paliar tanta doblez y tanto dolor y porque cada vez queda menos espacio para la libertad&rdquo;. Ese lugar fue estrecho desde que era ni&ntilde;a. Apenas levantaba dos palmos del suelo cuando Rosa comenzaba una tercera vida en la que so&ntilde;aba &ldquo;con ser escritora, esquiadora, &iexcl;no me acuerdo!, &iexcl;tantas cosas! Quer&iacute;a tener muchos hijos, muchos, quer&iacute;a estudiar l&oacute;gica matem&aacute;tica, pero sobre todo, lo que quer&iacute;a por encima de todo era tener una familia muy divertida, muy bonita, completa, cada uno en el camino de la libertad, as&iacute; la quer&iacute;a&rdquo;. Era el deseo de lo que jam&aacute;s encontr&oacute;, ni por atisbo, en &ldquo;la casa de tenebrosos pasillos, reliquias y santos&rdquo; de sus abuelos paternos donde se fomentaba &ldquo;el castigo divino&rdquo;. Su abuela era una mujer depresiva y sometida a su marido. &Eacute;l, un empresario hostelero que hab&iacute;a hecho fortuna, amargado por el destino de sus hijos, defensor de la religiosidad obsesiva y reconvertido en seguidor de Franco &ldquo;como toda la burgues&iacute;a catalana&rdquo;. Reci&eacute;n llegados, sin espera alguna a una m&iacute;nima adaptaci&oacute;n ni a que aprendieran el idioma, ingres&oacute; a los dos ni&ntilde;os en distintos orfanatos catalanes y a Rosa y a su hermana Georgina, poco mayor que ella, en un internado de las monjas dominicas, ant&iacute;tesis de su primer colegio franc&eacute;s: &ldquo;Pese a los a&ntilde;os transcurridos, en Espa&ntilde;a no habr&aacute; realmente una democracia hasta que Estado e Iglesia no est&eacute;n completamente separados. No hemos de pagar a la iglesia el bienestar de sus ministros. La Constituci&oacute;n es aconfesional y la escuela libre y democr&aacute;tica para todos. Si alguien quiere educar en una fe a sus hijos, ya est&aacute;n las iglesias, sinagogas y mezquitas. En ning&uacute;n pa&iacute;s de Europa la Iglesia tiene tan asustada a la clase pol&iacute;tica como en Espa&ntilde;a. Y si luego se manifestaran por cosas justas, contra la pena de muerte, la guerra o el maltrato&hellip; Pero s&oacute;lo se mueven para defender sus intereses&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con un padre anulado por la tiran&iacute;a del abuelo, por la derrota de la Rep&uacute;blica y por la condena de no salir a la calle m&aacute;s que escondido y de noche, los hermanos Reg&aacute;s solo recuperaron lo m&aacute;s parecido a la esencia familiar una hora y media al mes, cuando ve&iacute;an a su madre &ldquo;en una sala del Tribunal de Menores, custodiados por dos grises&rdquo; que no les permit&iacute;an ni siquiera tocarla ni besarla. Tambi&eacute;n les vigilaba una funcionaria que Rosa convertir&iacute;a en personaje de ficci&oacute;n, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en su <em>Luna, lunera</em>. Aquella mujer tomaba nota de la conversaci&oacute;n maternofilial para revel&aacute;rsela luego al abuelo de los ni&ntilde;os. Eran los a&ntilde;os cuarenta, y para aquella, como otras separadas, no hab&iacute;a esperanza de recuperar la patria potestad de sus hijos. Mucho menos cuando se le pon&iacute;a la m&aacute;cula de ser una mujer cuya belleza imped&iacute;a pasar desapercibida, pero tambi&eacute;n la de ser culta, republicana, con una nueva pareja que, para m&aacute;s irritaci&oacute;n cat&oacute;lica, no era un hombre sino otra mujer: &ldquo;Pese a los a&ntilde;os transcurridos no se ha avanzado tanto en igualdad, necesitamos tener la lucidez suficiente para no votar a aquellas personas que no vean este grav&iacute;simo problema de la sociedad como una prioridad. Todav&iacute;a hay muchas mujeres que viven en el miedo, pero algunas no lo reconocen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Compartiendo sue&ntilde;os de libertad y la mirada positiva de Tim Robbins, protagonista de <em>Cadena Perpetua, </em>una de sus pel&iacute;culas favoritas, Rosa termin&oacute; su bachillerato con diecisiete a&ntilde;os, sali&oacute; del internado y, sin terminar la carrera de piano, conoci&oacute; a quien ser&iacute;a su marido solo un a&ntilde;o despu&eacute;s. Con la soberbia e intransigencia del que siente que quien no tiene sus h&aacute;bitos es un rotundo enemigo, ni siquiera entonces su abuelo permiti&oacute; que llegara al altar del brazo de su padre ni autoriz&oacute; que Mariona pudiera entrar en la ceremonia. Pero la magia maternal y perenne de su esencia la envolvi&oacute; y sigue con ella: &ldquo;El aroma de mi vida es el de la colonia <em>Arp&eacute;ge</em> de Lanvin que me envi&oacute; mi madre el d&iacute;a que me cas&eacute; y que es la &uacute;nica que he llevado a lo largo de toda mi vida y que sigo llevando ahora&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La infatigable lucha por hacer el mundo mejor</strong></h3><p class="article-text">
        Con la misteriosa serenidad de quien se sobrepone a la desgracia con entereza, sabidur&iacute;a y coraje, mirando siempre hacia arriba por si en medio del chaparr&oacute;n sale el arco&iacute;ris, el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la ni&ntilde;ez de los Reg&aacute;s culmin&oacute; con m&aacute;s drama cuando la Iglesia despoj&oacute; a los cuatro hermanos de todos los bienes familiares que, por indicaci&oacute;n del abuelo, pasaron a ser herencia de diversas organizaciones religiosas. Inconformista y sin dormirse nunca en los laureles, a los cincuenta y ocho a&ntilde;os, Rosa se par&oacute; a escribir y con <em>La canci&oacute;n de Dorotea </em>gan&oacute; la 50&ordf; edici&oacute;n del Premio Planeta. Los cien millones del galard&oacute;n no le permitieron recuperar ni un &aacute;pice del ed&eacute;n de la ni&ntilde;ez, pero s&iacute; le sirvieron para &ldquo;comprar tiempo&rdquo;, para retirarse a escribir, a ser <em>Abuela de verano, </em>para ver el mundo desde el <em>Azul</em> de sus lentes, para &ldquo;patrullar su jard&iacute;n con las tijeras de podar&rdquo;, y para continuar rebel&aacute;ndose contra la injusticia: &ldquo;A la mitad de los espa&ntilde;oles no les horroriza la extrema derecha de ninguna manera. Y en un momento de apuro, en un momento de desorden, que les parece que la situaci&oacute;n est&aacute; un poco complicada, tampoco les asusta que sea Vox que se haga con el poder. Est&aacute;n convencidos de que son capaces de arreglarlo cuando la experiencia nos dice que no es as&iacute;. No hay m&aacute;s que mirar recientemente lo que ha sido el nazismo de Alemania, lo que ha sido el fascismo de la Italia de Mussolini, de lo que ha sido el franquismo y de lo que est&aacute;n siendo algunos partidos de extrema derecha que est&aacute;n gobernando Europa. Para que lleguemos a la normalidad absoluta, o por lo menos a la normalidad que nos permita llevar una vida pol&iacute;ticamente correcta y que de alguna forma defienda la democracia tal y como la entendemos, un pa&iacute;s que ha vivido en la dictadura lo tiene realmente muy mal. Seg&uacute;n Kapuscinski har&aacute;n falta todav&iacute;a cien a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la elegancia y el atractivo de 'quien tuvo retuvo' que deslumbr&oacute; a Umbral, a Garc&iacute;a M&aacute;rquez, a Carlos Fuentes y a muchos otros, una veintena de laureados libros y muchas vidas en una, ni las arrugas ni los achaques de la edad le impiden seguir llevando siempre el pasaporte en el bolso para &ldquo;no desaprovechar ninguna posibilidad de viaje&rdquo;. Sin renunciar a su infatigable lucha por hacer de este un mundo un poco mejor, la escritora no ve series de televisi&oacute;n &ldquo;porque voy siempre esperando que el d&iacute;a tenga m&aacute;s de veinticuatro horas porque no me da tiempo a hacer todo lo que quiero hacer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Contemplando sin interferencias la belleza y el caos del mundo desde su mas&iacute;a del Ampurd&aacute;n, escuchando a Amy Winehouse y el imprescindible <em>All you need is love </em>de The Beatles, Rosa Reg&aacute;s despide su <em>Playlist </em>convencida de cu&aacute;l es su sitio: &ldquo;Despu&eacute;s de tanto movimiento, de tanto viaje, en el final de mi vida, mi puesto est&aacute; donde estoy ahora. Tengo una numerosa familia creadora y sonriente con la que me entiendo y me divierto. Vivo en una casa luminosa que, en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, he hecho crecer y adaptarse a lo que somos hoy. Rodeada de &aacute;rboles que plantaron hermanos y amigos vivos, ausentes o muertos, que ahora me hacen compa&ntilde;&iacute;a d&iacute;a y noche. Tengo tambi&eacute;n una inmensa biblioteca y toda la m&uacute;sica que deseo a mi alcance, una larga novela a medio escribir y poseo una mente que sigue funcionando y suaviza, incluso aleja, los trastornos f&iacute;sicos que la edad me presenta a diario. Me faltan hermanos y amigos del alma que ya murieron, pero aun as&iacute;, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s podr&iacute;an a&ntilde;adir los dioses a mis aspiraciones ya cumplidas?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/rosa-regas-mitad-espanoles-no-les-horroriza-ultraderecha-tome_1_7853257.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Apr 2021 04:00:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rosa Regás: "A la mitad de los españoles no les horroriza que la ultraderecha tome el poder"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nerea Barros: "¡Culpables, los políticos por abandonar a nuestros mayores en residencias, y nosotros, por mirar hacia otro lado!"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/nerea-barros-culpables-politicos-abandonar-mayores-residencias-mirar-lado_1_7829506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ca1f488-e309-4e3f-a349-73a82e798861_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nerea Barros: &quot;¡Culpables! Los políticos por abandonar a nuestros mayores en residencias y nosotros por mirar hacia otro lado&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reclama Memoria para la generación que nos dio la vida y cuanto tenemos. Algunos de sus rostros están en su retina desde que aparcó un Goya, el glamour de la moda y una película para combatir al Covid-19 en una residencia de ancianos. Ni su pasión por el cine de los hermanos Coen ni los cuentos de Cortázar le hacen olvidar un Madrid apocalíptico que arrebató al arte de envejecer el de conservar la esperanza</p></div><p class="article-text">
        En una<em> isla m&iacute;nima</em> se molde&oacute; su primer Goya, el ascenso al firmamento cinematogr&aacute;fico avalado por una docena de exitosas series y otras tantas pel&iacute;culas, un libro, un documental y la direcci&oacute;n de un largo en el que reclama <em>Memoria </em>para sus abuelos y para los de todos nosotros: &ldquo;Olvidar a nuestros mayores es perder su legado, cuanto tenemos y cuanto somos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su aroma favorito siempre ha sido el de su h&uacute;meda <em>terra galega</em>, pero aun teni&eacute;ndola muy presente, despu&eacute;s de doce a&ntilde;os en Madrid ya ol&iacute;a m&aacute;s a Chanel y, en vez de <em>zocas </em>para evitar charcos, sus tacones de firma se paseaban por el olimpo de las estrellas. En marzo de 2020 regres&oacute; de un rodaje en Uzbekist&aacute;n, aterriz&oacute; en la capital y un thriller con nombre de COVID se apoder&oacute; de su vida tanto como de la nuestra. No contrajo la enfermedad, pero descubri&oacute; que repentinamente al arte de envejecer le hab&iacute;amos arrebatado el de conservar la esperanza: &ldquo;De pronto me encontr&eacute; una ciudad apocal&iacute;ptica, donde solo circulaban ambulancias, coches f&uacute;nebres, militares, bomberos y polic&iacute;as. El olor a muerte era palpable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como la madre coraje de la cinta de Alberto Rodr&iacute;guez que la elev&oacute; a los altares del cine, acostumbrada a mojarse no quiso esperar entre cuatro paredes a que escampara. Junto a su compa&ntilde;ero Hern&aacute;n Zin sali&oacute; a la calle y con miedo, mascarilla en boca y c&aacute;mara en mano, grab&oacute; un documental que es ya uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s negros de nuestra historia, una cinta que a todos nos gustar&iacute;a que fuera solo una macabra ficci&oacute;n. En la improvisada morgue de Ifema, en residencias de ancianos y en una saturada protectora que recog&iacute;a las mascotas de los ingresados y de los fallecidos por la pandemia, grab&oacute; el silencio que genera el miedo. Tambi&eacute;n puso rostro a los escalofriantes datos que nos llegaban como losas a trav&eacute;s de peri&oacute;dicos e informativos: &ldquo;Dej&eacute; de ver los telediarios porque me generaban mucha ansiedad, y en la pol&iacute;tica ve&iacute;a y veo mucho ego, busco pol&iacute;ticos que me hablen &lsquo;de t&uacute; a t&uacute;&rsquo;&rdquo;. Detr&aacute;s del objetivo palp&oacute; el dolor, la desesperaci&oacute;n, la soledad y la necesidad de ayuda. El impacto de la pesadilla fue tal que la actriz no volvi&oacute; a conciliar el sue&ntilde;o: &ldquo;Siempre vi la cara de mis abuelos reflejada en la de todos aquellos ancianos&rdquo;. Entonces, desempolv&oacute; sus juveniles estudios de enfermer&iacute;a y ofreci&oacute; sus manos y esfuerzo a una residencia: &ldquo;Como dice Jane Goodall, creo firmemente que ninguna acci&oacute;n es suficientemente peque&ntilde;a, todas cuentan y cualquiera de ellas se puede convertir en el efecto mariposa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante tres meses y medio se olvid&oacute; de claquetas, de alfombras rojas, de maquillajes, de los focos y del glamour. En aquella par&aacute;bola tan incre&iacute;ble como real, solo hab&iacute;a un guion: el de la supervivencia. Lo superfluo ya no ten&iacute;a raz&oacute;n de ser.&nbsp; Pese a su directa exposici&oacute;n al virus ha vivido para contarlo, pero no olvida la impotencia de familias que no sab&iacute;an del estado de salud de sus mayores y la desesperaci&oacute;n de la mayor&iacute;a cuando recib&iacute;an la noticia de la muerte de sus padres por un WhatsApp. Pero, sobre todo, le sigue estremeciendo la soledad de aquellos abuelos que apretaron su mano porque ni en su padecimiento ni en la despedida pudieron estrechar la de sus familiares: &ldquo;Para ellos el mayor problema no era la enfermedad sino no poder ver, ni para decirles adi&oacute;s, a sus hijos, a sus nietos&hellip; Deber&iacute;amos exigir responsabilidades a los pol&iacute;ticos que permitieron todo esto, pero tambi&eacute;n a nosotros mismos como sociedad que, sin querer darnos cuenta de lo que suced&iacute;a, miramos hacia otro lado. &iexcl;Fue terror&iacute;fico!&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una infancia m&aacute;gica en </strong><em><strong>O Eixo: la fuerza para dar aliento</strong></em></h3><p class="article-text">
        En el tiempo en el que bastaba jugar a ver figuras en las nubes y encontrar <em>El aliento del cielo </em>entre las p&aacute;ginas de Carson McCullers para disfrutar de la vida, un para&iacute;so verde con nombre de aldea gallega, <em>O Eixo</em>, arrop&oacute; su infancia. Tambi&eacute;n sus padres, dos hermanos mayores, los abuelos maternos con los que convivi&oacute;, los amigos de la <em>escola</em>, unos cuantos gatos y tanta naturaleza como los a&ntilde;orados empachos que sufri&oacute; &ldquo;comiendo cerezas a cuatro metros sobre el suelo&rdquo;. Entre &aacute;rboles frutales, suaves praderas y el universo imprescindible de los libros firmados por Cort&aacute;zar y Borges, sus favoritos, creci&oacute; una cr&iacute;a menuda que encontr&oacute;, en una vieja bata y en unos zapatos rojos de su madre, el atrezo de un sue&ntilde;o que quiso hacer realidad: ser actriz. A los diecis&eacute;is a&ntilde;os, el pasaporte al celuloide toc&oacute; a su puerta de la mano del director Xavier Berm&uacute;dez. Protagoniz&oacute; <em>Nena, </em>se convirti&oacute; en la nueva cara del cine espa&ntilde;ol y entonces entendi&oacute; a la perfecci&oacute;n a su paisana Rosal&iacute;a de Castro: &ldquo;Es feliz el que muere so&ntilde;ando y desgraciado el que muera sin so&ntilde;ar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para superar la oposici&oacute;n de su padre a que abandonara sus estudios por la interpretaci&oacute;n y la danza, y asegurarse &ldquo;un futuro menos incierto&rdquo;, dej&oacute; aparcada su vieja bicicleta de cross con la que comenz&oacute; a ensanchar su mundo de <em>rapaza:</em> &ldquo;La mejor bici que he tenido y que seguro tendr&eacute;&rdquo;. Tambi&eacute;n renunci&oacute; al frecuente deleite de recorrer el monte recogiendo setas y de disfrutar del agua clara del r&iacute;o Santa Luc&iacute;a, &ldquo;el sitio al que siempre quiero regresar&rdquo;. Compatibilizando su formaci&oacute;n como actriz con la de Enfermer&iacute;a, se gradu&oacute; y comenz&oacute; a trabajar en la UCI y Neonatolog&iacute;a del Hospital Cl&iacute;nico de Santiago: &ldquo;Gracias a esa carrera descubr&iacute; muchos matices del ser humano que me han ayudado a desarrollarme como persona y como artista&rdquo;. Pero su hoja de ruta estaba clara: mientras disfrutaba del cine de Sorrentino, de los hermanos Coen y tarareaba la melod&iacute;a de Nino Rota en una de sus cintas favoritas, <em>Ocho y medio</em>, segu&iacute;a el camino que desde muy ni&ntilde;a la impuls&oacute;. En 2001 su nombre ya encabezaba los cr&eacute;ditos de su siguiente pel&iacute;cula, <em>Bellas durmientes, </em>a la que se sum&oacute; una larga lista de t&iacute;tulos que crecieron como la espuma despu&eacute;s de recibir la estatuilla a la Mejor Actriz Revelaci&oacute;n en la XXIX edici&oacute;n de los Premios Goya. Tras el reconocimiento, sus interpretaciones tambi&eacute;n se hicieron m&aacute;s frecuentes en laureadas series de televisi&oacute;n, desde <em>El secreto de Puente Viejo </em>a <em>El tiempo entre costuras, El Pr&iacute;ncipe, Apaches </em>y <em>D&iacute;as de Navidad. </em>Pero ni alcanzar el universo del cine ni el sustrato de aquella infancia dorada han sido suficientes este &uacute;ltimo a&ntilde;o para que Nerea no haya tenido que recitar interiormente &ldquo;a Garcilaso para combatir la presi&oacute;n, el estr&eacute;s y encontrar la serenidad y la emoci&oacute;n correcta&rdquo; mientras retrataba a la pandemia: &ldquo;En tanto que de rosa y de azucena se muestra el color en vuestro gesto, y que vuestro mirar ardiente, honesto, con clara la tempestad serena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Reci&eacute;n estrenado 2020 se embarc&oacute; en el rodaje de su primer trabajo como directora, <em>Memoria</em>, un largo con exteriores en Asia Central. De regreso, a comienzos de marzo, aterriz&oacute; en Madrid: una ciudad tan secuestrada por el virus que poco ten&iacute;a que ver con aquella que unas semanas antes hab&iacute;a dejado. El futuro tiene muchos nombres, pero en ese momento solo respond&iacute;a &ldquo;al del miedo y al de la incertidumbre&rdquo;. Superado un primer momento de impacto, decidi&oacute; prestar sus ojos a los de una c&aacute;mara y testimoniar lo que intu&iacute;amos, pero no ve&iacute;amos, &ldquo;lo que jam&aacute;s deber&iacute;a haber sucedido, lo que no quiero volver a ver m&aacute;s&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Ancianos aislados, animales abandonados y cementerios saturados</strong></h3><p class="article-text">
        Los recuerdos no son la llave del pasado sino del futuro. La actriz y directora compostelana ni olvida ni quiere olvidar <em>2020. </em>Con solo invitarle un instante a echar la vista atr&aacute;s recuerda a Enrique, &ldquo;un <em>homeless</em> que viv&iacute;a en la desconcertante soledad de la madrile&ntilde;a Plaza de Neptuno&rdquo; cuando nadie asomaba la nariz a la calle si no era por una urgencia: sin donativos, sin comida, sin refugio, sin medios para informarse, sin nadie que le mirase ni siquiera de reojo, sobrevivir era una tarea a&uacute;n m&aacute;s &eacute;pica. Tambi&eacute;n tiene muy presente a Carolina, la directora de la protectora de animales ALBA: &ldquo;Impactante su actividad incansable y su sufrimiento por atender a perros y a gatos que mor&iacute;an de inanici&oacute;n cuando sus due&ntilde;os eran trasladados a hospitales y nadie quer&iacute;a hacerse cargo de ellos por miedo a que fueran transmisores de la enfermedad&rdquo;. Dif&iacute;cil es tambi&eacute;n borrar las im&aacute;genes de la fren&eacute;tica actividad de los enterradores del cementerio de la Almudena cuando se agolpaban como nunca coches f&uacute;nebres, el humo de las incineraciones y la soledad de los funerales. Y presente &ldquo;como una obsesi&oacute;n que no deja de doler, el desconsuelo de tanta gente que suplicaba noticias de sus familiares recluidos en residencias y lo que me impact&oacute; much&iacute;simo y me decidi&oacute; a ofrecerme a trabajar en una residencia: la impotencia que sent&iacute; cuando vi que las personas m&aacute;s vulnerables eran aquellas a las que debemos todo y a las que en algunos momentos se prohibi&oacute; que fueran tratadas en hospitales o que se les atendiera adecuadamente. Entend&iacute; que era una situaci&oacute;n muy dif&iacute;cil y que hubiera que tomar decisiones muy duras, pero no que llegara a suceder aquello y tampoco que la sociedad no se volcara en ese momento. Ni siquiera nos hemos parado a dedicarles un minuto de silencio, se merecen muchos para honrar su memoria y para pedirles perd&oacute;n. Lo peor de nuestro pa&iacute;s es que salimos y nos unimos por el f&uacute;tbol, pero no cuando realmente necesitamos unirnos. Nos dejamos llevar por la pasi&oacute;n y nos cuesta mucho vernos frente a nuestro propio espejo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Convencida de que cuando ya no somos capaces de cambiar una situaci&oacute;n, nos encontramos ante el desaf&iacute;o de cambiarnos a nosotros mismos, Nerea deja que sus deseos, m&aacute;s que sus heridas, den forma a nuestro futuro: &ldquo;Haber tenido la oportunidad de aliviar la enfermedad y acompa&ntilde;ar en la muerte a algunos ancianos ha sido muy duro, pero tambi&eacute;n me ha transformado: he redescubierto a mis abuelos que tanto quise en las personas que ten&iacute;a a mi cargo y, aunque mi vocaci&oacute;n siempre ha sido la de actriz, he corroborado que la Enfermer&iacute;a es una profesi&oacute;n imprescindible, muy dura, muy generosa y que hay que poner en valor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la serenidad del piano de Yann Tiersen y dispuesta a continuar leyendo <em>Mongo Blanco, </em>la novela de Carlos Bardem que le ha revelado &ldquo;la historia del mayor esclavista del mundo que sali&oacute; de Espa&ntilde;a&rdquo;, Nerea Barros, la <em>neni&ntilde;a </em>que en un ed&eacute;n verde so&ntilde;&oacute; con ser actriz y a la que la pandemia sumi&oacute; en un desierto del dolor, despide su <em>Playlist. </em>Apostando por la esperanza como un riesgo que es imprescindible tomar, acaricia con ternura a uno de sus gatos mientras comparte el sue&ntilde;o de que pronto estemos vacunados contra la COVID-19 pero tambi&eacute;n contra el olvido: &ldquo;La memoria es el &uacute;nico para&iacute;so del que no podemos ser expulsados&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/nerea-barros-culpables-politicos-abandonar-mayores-residencias-mirar-lado_1_7829506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Apr 2021 04:00:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nerea Barros: "¡Culpables, los políticos por abandonar a nuestros mayores en residencias, y nosotros, por mirar hacia otro lado!"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Covid-19,Residencias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jaime Urrutia: "Hay mucha envidia en este país"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/jaime-urrutia-hay-envidia-pais_1_7393650.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82c559f5-edad-46ab-b526-6af6ce6ac9f4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Jaime Urrutia: “Hay mucha envidia en este país”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dejó de mecanografiar las crónicas de su padre para abrazar la guitarra de su hermana y ya nunca la soltó. Con ella, y al abrigo de Gabinete Caligari, se convirtió en el compositor y vocalista más personal y castizo de nuestro rock and roll</p></div><p class="article-text">
        <em>Al calor del amor en un bar</em> se gestaron algunas de las composiciones del m&uacute;sico m&aacute;s personal y castizo de la<em> Movida</em> que han hecho, para quienes las han sabido disfrutar, &ldquo;que la vida no sea un error&rdquo;. Sus acordes comenzaron a sonar hace m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas con los Ejecutivos Agresivos. Despu&eacute;s lleg&oacute; Gabinete Caligari, la banda con cuyo nombre rend&iacute;a homenaje a la pel&iacute;cula clave del expresionismo alem&aacute;n y con la que estuvo a punto de ir a Noruega para participar, a golpe de pasodoble, en el Festival de Eurovisi&oacute;n de 1986.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n supo lo que es pasar de ser el <em>alma m&aacute;ter</em> de un grupo de verbenas a alcanzar el &eacute;xito, ponerse visera y gafas negras para intentar vacunarse contra la timidez, llenar estadios, estar en lo m&aacute;s alto de las listas de radio y por <em>Culpa </em>o no<em> del Cha-cha-ch&aacute; </em>ser el compositor m&aacute;s elogiado por Bunbury, Calamaro, Alaska, Aute, Ana Bel&eacute;n, Loquillo, Eva Amaral, Jorge Drexler, Garc&iacute;a-Alix, Carlos Go&ntilde;i y cuantos se han cruzado con &eacute;l entre guitarras y amplificadores, estudios de grabaci&oacute;n y escenarios. Casi reci&eacute;n llegado al nutrido mapa musical de los ochenta, proclamando <em>que Dios reparta suerte, </em>recibi&oacute; aplausos sinf&iacute;n mientras le coreaban <em>cuatro rosas</em> en su honor<em>. </em>Entonces, el Bogart m&aacute;s chulo de los escenarios dijo <em>&ldquo;T&oacute;cala, Uli</em>, una vez m&aacute;s<em>&rdquo; </em>y sin ir a Casablanca, pero s&iacute; <em>Camino Soria</em>, vendi&oacute; m&aacute;s de 300.000 copias, todo un r&eacute;cord para la &eacute;poca. Despu&eacute;s de ocho &aacute;lbumes, dos recopilatorios oficiales y varios sencillos, de convertirse en &ldquo;el Maestro&rdquo; de las composiciones y en uno de los vocalistas m&aacute;s m&iacute;ticos, desenchuf&oacute; el &lsquo;ampli&rsquo; de los <em>Caligari</em> y emprendi&oacute; una carrera en solitario que veinte a&ntilde;os despu&eacute;s sigue siendo aplaudida. No hay pandemia que pueda con el rock and roll.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Descubriendo a los Rolling y a Gald&oacute;s</strong></h3><p class="article-text">
        Cuando todo su mundo se ce&ntilde;&iacute;a a su madrile&ntilde;o barrio de Goya y las ma&ntilde;anas de domingo ol&iacute;an a churros y porras con caf&eacute; con leche, la guitarra de su hermana cay&oacute; en sus brazos y no la supo soltar: &ldquo;Ten&iacute;a once o doce a&ntilde;os y pronto me di cuenta de que, con solo tres o cuatro acordes, no me era nada dif&iacute;cil hacer una canci&oacute;n, pero tuve que aprender y escuchar muchos discos de los artistas y grupos que me gustaban para llegar a componer algo que mereciera la pena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El menor de los seis hijos del cr&iacute;tico taurino del diario <em>Madrid, </em>Julio Urrutia, creci&oacute; mecanografiando las cr&oacute;nicas que le dictaba su padre y educando su o&iacute;do con las canciones de Serrat, de Aute, de Massiel, de todas las que entonaba con frecuencia su madre, pero tambi&eacute;n con los discos de The Beatles que tra&iacute;a su hermano mayor. Cuando comenz&oacute; a entrar en esa etapa en la que dejamos de preguntar de d&oacute;nde venimos y empezamos a evitar decir a d&oacute;nde vamos, descubri&oacute; a P&iacute;o Baroja y a Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, se qued&oacute; fascinado con la narrativa y la ambientaci&oacute;n de <em>Fortunata y Jacinta, </em>su libro de cabecera<em>, </em>y se convirti&oacute; en alumno aventajado de Literatura. Con la visita fortuita al domicilio de un compa&ntilde;ero de colegio, su universo se expandi&oacute; tanto como lo har&iacute;a su m&uacute;sica: &ldquo;Un d&iacute;a mi amigo Eugenio me llev&oacute; a casa de su padre, Eduardo Haro Tecglen, de la revista <em>Triunfo</em>. Entr&eacute; en esa casa pudiente con poco m&aacute;s de doce a&ntilde;os y vi en el sal&oacute;n una <em>Playboy</em> abierta mientras sonaban los Rolling Stones. Claro, alucin&eacute; y pens&eacute;: &rdquo;Esto me interesa&ldquo;. Entonces descubri&oacute; <em>Exile on Main Street</em>, el duod&eacute;cimo &aacute;lbum de la banda de Mick Jagger y Keith Richards que entonces, como ahora, no se cansa de escuchar &rdquo;porque es un compendio de las influencias americanas como el blues, el soul, el rhythm &amp; blues y la m&uacute;sica country de los Stones&ldquo;.
    </p><h3 class="article-text"><em><strong>Solo se vive una vez</strong></em></h3><p class="article-text">
        &nbsp;Aquella aritm&eacute;tica de sonidos, sin l&iacute;mites, sin fronteras, le llev&oacute; con frecuencia al Rastro a comprar discos de The Doors, de Bob Dylan, de Lou Reed, de Bowie, y a tocar la guitarra sobre ellos. Tambi&eacute;n encontr&oacute; el <em>California Dreamin de </em>The Mamas &amp; the Papas<em>, </em>la canci&oacute;n que ha escuchado tantas veces como ha so&ntilde;ado haberla firmado: &ldquo;Tiene una melod&iacute;a sublime y unos maravillosos arreglos tanto vocales como instrumentales. Cada vez que la escucho me parece la primera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La llegada de <em>la</em> <em>Nueva Ola</em> le pill&oacute; &ldquo;muy bien preparado. Ten&iacute;a cultura musical. No es que fuera un gran guitarrista, pero sab&iacute;a tocar lo m&iacute;nimo. Sab&iacute;a hacer canciones&rdquo;. Finalizaba 1978, la democracia echaba a andar, en los dos &uacute;nicos canales de televisi&oacute;n se estrenaban los <em>Tele&ntilde;ecos</em>, <em>Vacaciones en el mar, Ca&ntilde;as y barro</em> y uno de los primeros culebrones de la CBS, <em>Dallas</em>. En la radio ya era un &eacute;xito el <em>Rock en la plaza del pueblo</em> de Tequila, se formaban <em>Kaka de Luxe</em> con Alaska, Nacho Canut y Carlos Berlanga, y tambi&eacute;n <em>Nacha Pop</em>: &ldquo;Era un batiburrillo cultural que creo que se reflejaba a la hora de componer&rdquo;. Rendido a aquel Madrid en el que comenzaban a imponerse los pelos de colores, el<em> RockOla</em>, el punk y el pop, los personajes perdedores se convirtieron en los h&eacute;roes de sus composiciones como sucede en<em> Barry Lyndon, </em>la cinta de Kubrick que siempre ha sido su pel&iacute;cula favorita: &ldquo;A la gente le gustan las historias de fracasados, por eso el noventa por ciento de las canciones de amor en realidad son de desamor. La felicidad cansa. Al p&uacute;blico, y a los m&uacute;sicos tambi&eacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gritando con fe<em> &ldquo;solo se vive una vez&rdquo;, </em>a sus sesenta y dos a&ntilde;os es consciente de que el tiempo es lo m&aacute;s valioso que una persona puede gastar: &ldquo;Espa&ntilde;a me debe trece meses de mi vida porque me los pas&eacute; fregando suelos y aguantando humillaciones de los superiores. Que las hubo y muchas. El rollo militar puede ser bastante kafkiano&rdquo;. Reci&eacute;n formada su nueva banda, Urrutia, su compa&ntilde;ero de Filolog&iacute;a sem&iacute;tica y bajista, Ferni Presas, y el estudiante de periodismo y bater&iacute;a Edi Clavo, decidieron hacer el servicio militar obligatorio para &ldquo;quit&aacute;rnoslo cuanto antes porque <em>la mili</em> fue el gran &lsquo;mata-grupos&rsquo; en Espa&ntilde;a. Por eso, decidimos hacerla antes de que la cosa creciese, de hacernos m&aacute;s profesionales&rdquo;. Trece meses en un cuartel de Hoyo de Manzanares dieron para algo m&aacute;s que para hacer instrucci&oacute;n y fregar: &ldquo;Ese tiempo nos influy&oacute; much&iacute;simo porque hab&iacute;a gente de todo tipo y condici&oacute;n, de todas partes del pa&iacute;s. Desde pastores y carpinteros a delincuentes y estudiantes. Lo m&aacute;s alejado del p&uacute;blico elitista del <em>RockOla</em> que te pudieses imaginar. Conocimos la Espa&ntilde;a real y all&iacute; escuchamos rumba, los Chunguitos y dem&aacute;s, y vimos una realidad distinta a la que est&aacute;bamos acostumbrados. Eso es lo que luego nos permiti&oacute; hacer un disco como <em>Camino Soria&rdquo;. </em>La reacci&oacute;n contra el cosmopolitismo y &ldquo;el postureo que hab&iacute;a en la <em>Movida</em> madrile&ntilde;a hizo que encontr&aacute;ramos nuestra forma de ser diferentes: nuestro primer disco lo compartimos Par&aacute;lisis Permanente<em> </em>y Gabinete Caligari.<em> </em>Somos los primeros de la <em>Movida. </em>Nos rebelamos contra lo que sacaban entonces, que era Julio Iglesias y toda horterada de turno&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El singular secreto del &eacute;xito: casticismo y literatura</strong></h3><p class="article-text">
        Influenciados por el folclore espa&ntilde;ol y por sonidos castizos, como el pasodoble, incluyeron referencias literarias en casi todas sus letras convirti&eacute;ndose en un grupo &ldquo;tan raro como especial&rdquo;: &ldquo;Supimos aplicar nuestros estudios, gustos y vivencias a la m&uacute;sica. A m&iacute; me gustaba que el grupo se diferenciara de los dem&aacute;s y creo que lo logramos. Nosotros &eacute;ramos chuletas, no quer&iacute;amos ser roqueros, ni punks, ni &lsquo;nuevaoleros&rsquo;. El amigo Edi era castizo y yo tambi&eacute;n lo era con el lenguaje que le hab&iacute;amos escuchado a nuestros padres. M&aacute;s que macarras, castizos. Adem&aacute;s, hablando de literatura dimos un paso adelante y despu&eacute;s, con los a&ntilde;os, es algo que se ha apreciado&rdquo;. Participando de la melancol&iacute;a de Machado y de B&eacute;cquer, &ldquo;por los dos sabr&aacute;s que el olvido del amor se cura en soledad&rdquo;, en 1987 Urrutia ya alzaba la voz sobre la Espa&ntilde;a vaciada: &ldquo;A la ribera del Duero, existe una ciudad, a la ribera del Duero, mi amor te espero. Voy camino Soria, &iquest;t&uacute; hacia d&oacute;nde vas?&rdquo;. Sin que muchos recorrieran los caminos de la capital de Castilla y Le&oacute;n, su nombre se oy&oacute; machaconamente en las emisoras y escenarios de todo el pa&iacute;s. Tanto que, en cuatro a&ntilde;os, Gabinete alcanz&oacute; la cumbre de la popularidad y entr&oacute; en el mercado de fichajes de las multinacionales. Deslumbrados, a&uacute;n no sab&iacute;an que detr&aacute;s del foco del &eacute;xito &ldquo;no hay nada&rdquo; salvo nostalgia: &ldquo;Jam&aacute;s podr&eacute; olvidar el concierto en el que hicimos la presentaci&oacute;n del disco <em>Cuatro Rosas, </em>en la sala Astoria de Madrid, porque represent&oacute; el reconocimiento definitivo de p&uacute;blico y prensa al grupo y sonamos como nunca. Pero tambi&eacute;n tengo que decir que yo he conocido el &eacute;xito y es algo que no me interesa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de que proclamaran a los cuatro vientos, y en todas las emisoras, &ldquo;mi cielito y yo en la suite nupcial nos resbala el mundo entero, estamos como Dios, mucho mejor<em>&rdquo;, pecados m&aacute;s dulces que un zapato de raso </em>empezaron a pasar factura a la formaci&oacute;n. Aunque los aplausos continuaron en <em>Privado y </em>proclamaron<em> Amor de madre, </em>dando <em>Cien mil vueltas, </em>las luces del firmamento Caligari se fueron apagando con sus dos siguientes &aacute;lbumes casi tan r&aacute;pido como se hab&iacute;an encendido. Entonces, el &ldquo;Maestro&rdquo; decidi&oacute; colgar el micro de la banda madrile&ntilde;a para siempre: &ldquo;Despu&eacute;s de dieciocho a&ntilde;os, en 1999, separ&eacute; el grupo. Ya hab&iacute;a dado todo lo que ten&iacute;a que dar. No ten&iacute;a frescura. No era como cuando empezamos. &Iacute;bamos al local y apenas habl&aacute;bamos. Yo quer&iacute;a hacer una carrera en solitario. Se lo tomaron mal, me consideraron un traidor porque ellos quer&iacute;an seguir aunque las diferencias musicales eran abismales. Pasamos muchos a&ntilde;os juntos, muchas aventuras, aunque no tengamos relaci&oacute;n siempre les considerar&eacute; mis amigos, mis compa&ntilde;eros&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Urrutia en solitario</strong></h3><p class="article-text">
        Donde las palabras fallan, la m&uacute;sica habla. Jaime Urrutia tard&oacute; tres a&ntilde;os en elevar la voz: en 2002 emprendi&oacute; su carrera en solitario editando <em>Patente de Corso. </em>Rodeado de amigos como Bunbury, Calamaro, Loquillo, y la banda de Los Corsarios, volvi&oacute; a hacernos so&ntilde;ar con <em>Castillos en el aire.&nbsp; </em>Acariciando la guitarra que abraz&oacute; hace cincuenta a&ntilde;os enton&oacute;, entre aplausos y m&aacute;s aplausos, &ldquo;&iquest;<em>D&oacute;nde est&aacute;s</em>, princesa de mi soledad?&rdquo;. Su p&uacute;blico respondi&oacute; de inmediato y coreando al un&iacute;sono &ldquo;qu&eacute; borrachera, qu&eacute; grande es el mar, que no me quieras <em>qu&eacute; barbaridad</em>&rdquo;. Asom&aacute;ndose a <em>La Ventana </em>de la radio junto a Ariel Rot, embarcado en giras ajenas, componiendo y sin dejar de subirse a escenarios, Jaime Urrutia sabe ver lo mejor de nosotros: &ldquo;Las ganas de re&iacute;rnos y el cachondeo en general&rdquo;. Pese a que tambi&eacute;n ha detectado nuestro peor defecto,&ldquo; la envidia, hay mucha envidia en este pa&iacute;s&rdquo;, afirma tan rotundo como canta que cree &ldquo;en la justicia social: soy un hombre de izquierdas. Durante casi toda mi vida vot&eacute; al PSOE, luego a Carmena. Me hubiera gustado que, cuando hubo la oportunidad de echar a Rajoy del Gobierno, Pablo Iglesias y los socialistas se hubieran unido. Me da rabia que no lo hicieran. Lo que de ninguna manera soporto son los nacionalismos: lo &uacute;nico que hacen es joder la vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Acostumbrado al eco de la libertad de los ochenta y a hacer de la m&uacute;sica la medicina contra la infelicidad, Jaime Urrutia Valenzuela, el ni&ntilde;o castizo que dej&oacute; de mecanografiar a su padre cr&oacute;nicas taurinas para taquigrafiar emociones a golpe de melod&iacute;as, despide su <em>Playlist</em>. Citando a Bu&ntilde;uel en su <em>&Uacute;ltimo suspiro</em> porque &ldquo;el pensamiento no delinque, qu&eacute; libre es la imaginaci&oacute;n&rdquo;, afina cuerdas para combatir la COVID y suspirar de nuevo la banda sonora de toda una generaci&oacute;n presidida por la que siente &ldquo;la ni&ntilde;a bonita&rdquo; de sus composiciones: <em>&ldquo;&iexcl;Qu&eacute; barbaridad!&rdquo;. </em>La cita: el pr&oacute;ximo viernes 16 al calor del madrile&ntilde;o Nuevo Teatro Alcal&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/jaime-urrutia-hay-envidia-pais_1_7393650.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Apr 2021 04:00:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jaime Urrutia: "Hay mucha envidia en este país"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mónica García (Más Madrid): "Se nos ha negado tener una memoria democrática"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/monica-garcia-madrid-negado-memoria-democratica_1_7370275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35646bfc-5ab2-4d74-967e-e6286954e4f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mónica García (Más Madrid): &quot;Se nos ha negado tener una memoria democrática&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Perseverante, comprometida, anestesista y campeona de atletismo. Así era y es la candidata de Más Madrid a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Impulsora de la Marea Blanca contra la privatización de la Sanidad, se convenció de que la política es la mejor medicina social. Desde hace cinco años es diputada, continúa escuchando a The Clash y leyendo a Eduardo Mendoza, pero ya solo corre para ganarle a la derecha el 4 de mayo</p></div><p class="article-text">
        Somos lo que hacemos, nos definen &ldquo;nuestras acciones y nuestro coraje&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ella fue la cr&iacute;a que, sin apenas levantar dos palmos del suelo, so&ntilde;&oacute; con participar en unas Olimpiadas: renunci&oacute; a muchas tardes de tele y de juegos, y despu&eacute;s de diez a&ntilde;os compitiendo, en un abrir y cerrar de ojos, bati&oacute; su propia marca y se situ&oacute; en las semifinales espa&ntilde;olas de los 100 metros vallas de 1999.
    </p><p class="article-text">
        Antes de correr como el coyote, fue la mejor amiga de una ni&ntilde;a de su colegio con un tumor cerebral: sin tener a&uacute;n edad para entender la fragilidad de la vida, decidi&oacute; estudiar Medicina para no conformarse con la impotencia de no poder hacer otra cosa m&aacute;s que arropar a su compa&ntilde;era. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s mir&oacute; de frente al dolor, le ret&oacute; y se convirti&oacute; en una de las contadas anestesistas que est&aacute;n autorizadas a asistir en cirug&iacute;as en las que se realizan trasplantes de &oacute;rganos, las intervenciones m&aacute;s complicadas de esa especialidad.
    </p><p class="article-text">
        Ella es tambi&eacute;n la m&eacute;dica que, ejerciendo su profesi&oacute;n, en 2012 dijo &ldquo;basta ya a la privatizaci&oacute;n de la Sanidad P&uacute;blica&rdquo; emprendida por el entonces consejero Fern&aacute;ndez-Lasquetty: sacando su bata blanca a la calle atrajo a miles de sanitarios para ser Marea y defender el derecho a la protecci&oacute;n de la salud.
    </p><p class="article-text">
        Fue una de las ciudadanas que sinti&oacute; que las instituciones no la representaban y que, adem&aacute;s de quejarse, ten&iacute;a que &ldquo;hacer algo proactivo&rdquo;: despu&eacute;s del 15M, se lanz&oacute; a formar parte de Podemos en la capital, consigui&oacute; un esca&ntilde;o en la Asamblea y durante dos a&ntilde;os, hasta junio de 2019, se convirti&oacute; en portavoz de la Comisi&oacute;n de Sanidad. Como &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n y Rita Maestre, abandon&oacute; la formaci&oacute;n morada y, convencida de que la pol&iacute;tica es la mejor medicina social, se sum&oacute; al nuevo partido madrile&ntilde;o como portavoz y l&iacute;der regional.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de dos d&eacute;cadas como residente en el Doce de Octubre, es la doctora que se ha emocionado a diario con los aplausos de los balcones mientras ten&iacute;a &ldquo;la sensaci&oacute;n real de que nos estaba quedando gente fuera de los necesarios cuidados para mantener la vida&rdquo; y frenar en seco al Covid.
    </p><p class="article-text">
        Ella es la mujer que critic&oacute; &ldquo;la falta de previsi&oacute;n de los efectos del temporal Filomena&rdquo;, que se remang&oacute; y hundi&oacute; hasta la cintura en la nieve para coger una pala y limpiar los accesos a las puertas del hospital que siente como su &ldquo;verdadera casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es la diputada de M&aacute;s Madrid que trabajando media jornada como m&eacute;dica y otra media en la Asamblea, ara&ntilde;a tiempo al reloj para que sus tres hijos disfruten de su madre y la vuelvan a ver conducir, otra vez, una autocaravana para perderse en vacaciones por las apacibles <em>terras galegas</em>.
    </p><p class="article-text">
        Ahora tambi&eacute;n es una de las candidatas a la presidencia de la Comunidad de Madrid, la que saca de quicio a la Ejecutiva del PP narrando el horror que se ha vivido en los hospitales, cargando contra el &ldquo;despilfarro del Zendal&rdquo; y criticando las medidas aperturistas de la presidenta madrile&ntilde;a: &ldquo;Ayuso es una pol&iacute;tica nefasta&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una velocista corriendo entre la medicina y la pol&iacute;tica</strong></h3><p class="article-text">
        Abril huele a lilas. A la mujer que tiene como patria &ldquo;los servicios p&uacute;blicos y el cuidado de lo com&uacute;n&rdquo;, que de Suiza solo le gusta &ldquo;el chocolate&rdquo; y que del neoliberalismo no comparte m&aacute;s que &ldquo;el prefijo&rdquo;, a sus cuarenta y siete a&ntilde;os a&uacute;n le llega el aroma de su antigua casa familiar en la madrile&ntilde;a calle Ibiza: &ldquo;Mi madre siempre tra&iacute;a lilas, era su flor favorita. No s&eacute; muy bien donde las cog&iacute;a, pero es un aroma que me recuerda mucho a ella, a mi infancia&rdquo;. Con aquel perfume y al abrigo de aquel hogar se marc&oacute; el camino de la coordinadora general de M&aacute;s Madrid. Sus padres, Rosa Mar&iacute;a G&oacute;mez Rojo y Sergio Garc&iacute;a Reyes, fueron psiquiatras del Hospital Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n desde los a&ntilde;os setenta hasta su jubilaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La medicina y el compromiso social anidaron pronto en el ideario de una ni&ntilde;a cuyo padre era militante del PCE y diputado de la Asamblea de Madrid entre 1983 y 1987, legislatura en la que trat&oacute; de evidenciar las carencias de la salud psiqui&aacute;trica en los hospitales madrile&ntilde;os. Durante esa etapa se aprob&oacute; la Ley General de Sanidad que equiparaba a las personas con una enfermedad ps&iacute;quica con las que ten&iacute;an otras patolog&iacute;as. La norma tambi&eacute;n condujo al cierre de los manicomios donde se aislaba a las personas con trastornos y se impuls&oacute; el desarrollo de las unidades de salud mental. Por aquel entonces M&oacute;nica sinti&oacute; muy de cerca la importancia del trabajo de sus padres para aprender a gestionar un hecho que conmocion&oacute; una infancia dorada: &ldquo;El momento en el que a mi mejor amiga del colegio le diagnosticaron un tumor cerebral. Fue un momento vital duro y de mucho impacto. Pese a lo complicado de aquello, tambi&eacute;n recuerdo a toda la comunidad de amigos y a la familia que se volc&oacute; con ella en el transcurso de su enfermedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la fe del optimismo que conduce al logro, la diputada tambi&eacute;n recuerda d&iacute;as juveniles radiantes, sin m&aacute;s obligaci&oacute;n que vivir, como los que envolv&iacute;an los desplazamientos en equipo cuando compet&iacute;a como atleta: &ldquo;Recuerdo con especial cari&ntilde;o un viaje que hice a Jerez con el equipo de chicas para la liga femenina. No me acuerdo de si perdimos o no, pero nos divertimos mucho tanto dentro como fuera de la pista&rdquo;. Ganando o aprendiendo, pero con el placer de competir, siendo Sub18 sus marcas en las pistas de atletismo no fueron ef&iacute;meras: alcanz&oacute; 24,86 m en lanzamiento de jabalina, 1,51 metros en salto de altura y 3.566 puntos en la prueba de heptatl&oacute;n. Pasados m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, se ilumina su mirada con orgullo cuando recuerda que lleg&oacute; a recorrer los 100 metros vallas en 14s77. Instantes de gloria que justificaron a&ntilde;os de duro entrenamiento en el Club Marath&oacute;n de Madrid: insuficientes para cumplir su sue&ntilde;o de vivir unas Olimpiadas, pero sobrados para alcanzar una semifinal espa&ntilde;ola.
    </p><h3 class="article-text"><strong>London Calling</strong></h3><p class="article-text">
        La n&uacute;mero uno en las listas de M&aacute;s Madrid cumpl&iacute;a seis a&ntilde;os cuando su banda favorita, The Clash, jug&oacute; al doble o nada con la publicaci&oacute;n de su tercer &aacute;lbum. Desafiando a <em>La Dama de Hierro </em>que acababa de llegar a Downing Street, el grupo de punk brit&aacute;nico desfilaba por los escenarios con pegatinas del Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n en sus guitarras, camisetas con s&iacute;mbolos ideol&oacute;gicos de izquierda y canciones cuyos protagonistas eran los perdedores. En un desalentador ambiente, aquel pulso musical a la f&eacute;rrea agenda de privatizaciones y recortes sociales de Thatcher, se llam&oacute; <em>London Calling.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ese es el disco que sedujo a una jovenc&iacute;sima M&oacute;nica Garc&iacute;a cuando se licenci&oacute; en Medicina por la madrile&ntilde;a Universidad Complutense especializ&aacute;ndose en Anestesiolog&iacute;a, una de las pr&aacute;cticas m&aacute;s dif&iacute;ciles y delicadas de las ramas sanitarias. Tambi&eacute;n estaba entre sus preferencias musicales cuando comenz&oacute;, en 2004, a desarrollar su carrera en el Hospital Doce de Octubre. Las melod&iacute;as entonadas por Joe Strummer continuaron alentando los o&iacute;dos de la diputada velocista cuando, antes de tener pretensiones pol&iacute;ticas, comenz&oacute; a grabar <em>flashmobs </em>como portavoz de la Asociaci&oacute;n de Facultativos Especialistas. Aquel rock combativo le transmiti&oacute; energ&iacute;a cuando promov&iacute;a acciones de la Marea Blanca movilizando en la calle a los profesionales sanitarios. Y le inspir&oacute; compromiso social cuando denunci&oacute; las privatizaciones de siete hospitales madrile&ntilde;os ante la Fiscal&iacute;a Anticorrupci&oacute;n y se inici&oacute; una investigaci&oacute;n por la que se imput&oacute; a la ex presidenta del PP Esperanza Aguirre. Hace un a&ntilde;o, en la primera ola, su desesperaci&oacute;n tambi&eacute;n tarare&oacute; &ldquo;the ice age is coming, the sun is zooming in, engines stop running and the wheat is growing thin&rdquo; (&ldquo;la era del hielo se acerca, el sol se hace m&aacute;s fuerte, los motores se detienen y el trigo apenas crece&rdquo;) cuando se quedaron sin UCI en el Hospital Doce de Octubre: &ldquo;Lo viv&iacute; en mis propias carnes. Me da rabia tener un Gobierno que va en direcci&oacute;n contraria a las evidencias cient&iacute;ficas. Hay un sesgo ideol&oacute;gico que impide hacer pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n porque eso no da votos ni titulares. Los ingresos que se previenen no son cuantificables, pero los ladrillos de un hospital s&iacute;&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&lsquo;Primum non nocere&rsquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Casada y disfrutando con sus tres hijos <em>Wall-E</em>, su cinta de animaci&oacute;n favorita, y ejerciendo la Medicina por vocaci&oacute;n y a&uacute;n, de vez en cuando, el atletismo por afici&oacute;n, el miedo al cambio ni le roza: &ldquo;Estoy aqu&iacute; porque a mis hijos y a mi hija les quiero dejar en herencia una sociedad mejor&rdquo;. Con un diagn&oacute;stico &ldquo;bastante aproximado de lo que le sucede a la Sanidad madrile&ntilde;a&rdquo;, sus vehementes intervenciones en medios de comunicaci&oacute;n como impulsora de la Marea Blanca llamaron la atenci&oacute;n de &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Cursando un m&aacute;ster y embarazada de su hija menor, la admiradora de la activista y pol&iacute;tica estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez comenz&oacute; a militar en la nueva formaci&oacute;n morada. En 2015 la candidatura de Podemos a la CAM, encabezada por Jos&eacute; Manuel L&oacute;pez, logr&oacute; veintisiete delegados. M&oacute;nica ocupaba el n&uacute;mero veintid&oacute;s de la lista. Sin abandonar su trabajo en el hospital, se convirti&oacute; en diputada regional. Con la creaci&oacute;n de M&aacute;s Madrid, en 2019, pas&oacute; a formar parte de la candidatura de Carmena y Errej&oacute;n, y la llegada de la pandemia la convirti&oacute; en el azote de Ayuso.
    </p><p class="article-text">
        Fiel al juramento hipocr&aacute;tico, aun cuando cuelga la bata blanca a media jornada para ocupar su esca&ntilde;o, se gu&iacute;a por la m&aacute;xima m&eacute;dica <em>&lsquo;Primum non nocere&rsquo; (</em>&lsquo;Ante todo no hagas da&ntilde;o&rsquo;)<em>: </em>&ldquo;Esta pandemia nos ha hecho ver el abandono en el que hemos dejado a nuestros mayores y el mercadeo que hemos hecho con sus cuidados dejados, al final, al mejor postor para que unas cuantas empresas se lucren. Lo que significa tambi&eacute;n que vivimos en una situaci&oacute;n en la que no somos capaces de empatizar ya no solo con nuestros mayores sino con nuestro propio yo del futuro. Y eso, claramente, es una parte cultural que hay que cambiar&rdquo;. Recalcando que lo mejor de los servicios p&uacute;blicos &ldquo;es la Organizaci&oacute;n Nacional de Trasplantes que a trav&eacute;s de la Sanidad P&uacute;blica hace prevalecer los valores de empat&iacute;a y solidaridad&rdquo;, apunta, sin embargo, que lo peor de este pa&iacute;s &ldquo;es que se nos ha negado tener una memoria democr&aacute;tica&rdquo;. Con esp&iacute;ritu atl&eacute;tico, pero sin contemplar m&aacute;s falsedades que las nacidas por y para la ficci&oacute;n, recomienda las series <em>Big Little Lies</em> y <em>La Veneno</em> para combatir el confinamiento.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Desafiando &ldquo;con empe&ntilde;o y m&aacute;s empe&ntilde;o&rdquo; que la pol&iacute;tica sea el arte de impedir que la gente se meta en lo que s&iacute; le importa, M&oacute;nica Garc&iacute;a G&oacute;mez, la ni&ntilde;a velocista que no naci&oacute; para quedarse quieta esperando a que las cosas se arreglen solas, despide su <em>Playlist.</em> Convertida estos d&iacute;as en la voz del &ldquo;no&rdquo; a Pablo Iglesias para ir en una lista conjunta, confiesa que le da &ldquo;pavor&rdquo; contemplar que sus hijos y los nuestros &ldquo;tengan a Vox en la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n&rdquo;. Por eso, respirando hondo el aroma limpio de las lilas, manteniendo la sonrisa con la iron&iacute;a de Eduardo Mendoza en <em>Sin noticias de Gurb </em>que asoma en su bolso y tom&aacute;ndonos el pulso, persevera para que &ldquo;la izquierda en este momento solo tenga un &uacute;nico objetivo: impedir que Ayuso y Monasterio entren en la Puerta del Sol porque Madrid merece m&aacute;s&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/monica-garcia-madrid-negado-memoria-democratica_1_7370275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Apr 2021 18:28:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mónica García (Más Madrid): "Se nos ha negado tener una memoria democrática"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Madrid 2021,Mónica García,Más Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[David de Jorge: "Con 267 kilos vi muy de cerca la muerte"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/david-jorge-267-kilos-vi-cerca-muerte_1_7352015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/19efbffc-fde4-49b4-8f9e-bcf4345a7cc7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="David de Jorge: &quot;Con 267 kilos vi muy de cerca la muerte&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nació pesando seis kilos y a los 45 años la báscula ya marcaba 267. La muerte le hizo un guiño y él, tan enamorado de la vida como de la cocina, buscó solución y se quedó "como el pelo de una gamba". Ahora, con la mitad de peso, relee a Dickens y escucha a Paco de Lucía mientras continúa con sus laureadas recetas Robin Food y su osadía explorando sabores</p></div><p class="article-text">
        Kilo arriba, kilo abajo, sin l&iacute;mites ni doctrinas. As&iacute; es <em>Robin Food, </em>el chef de m&aacute;s peso y altura que, haciendo de un sofrito una fiesta y poes&iacute;a de un chipir&oacute;n, asalta neveras y atenta contra &ldquo;el postureo culinario&rdquo; porque cualquier tiran&iacute;a solo conduce al fracaso: &ldquo;El envoltorio intelectual de algunos cocineros me pone de muy mal gas, no soporto las dosis extras de misticismo. Labordeta, que era un <em>Nostradamus </em>aragon&eacute;s, ya lo dec&iacute;a en una canci&oacute;n: &lsquo;De algunos rojos de anta&ntilde;o, &iquest;qu&eacute; queda hoy? Uno est&aacute; de modisto, otro es dise&ntilde;ador y el rojo m&aacute;s peque&ntilde;o est&aacute; de restaurador jodiendo la cocina de su abuelo el labrador '''.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        David de Jorge naci&oacute; hace 50 a&ntilde;os &ldquo;muy ternerito&rdquo;, pesando el doble que cualquier beb&eacute;, y con una voluntad tan grande de hacer lo que le gustaba como los 267 kilos que ha llegado a cargar sobre sus piernas. Pero tambi&eacute;n como los 140 que, jug&aacute;ndose la vida, se ha sacudido de encima. Tres lustros en un colegio &lsquo;<em>opusino</em>&rsquo; no le callan para decir que su Dios es &ldquo;la tortilla de patata con cebolla&rdquo;. Ni siquiera el amor infinito a su tierra vasca le confunde con nacionalismo alguno que le impida levantar el pu&ntilde;o y saludar al grito de &ldquo;&iexcl;Viva Rusia!&rdquo;:&ldquo; En los a&ntilde;os 60 aqu&iacute; se usaba mucho, como signo de rebeld&iacute;a porque si se dec&iacute;a '<em>gora Euskadi</em>' te 'enchironaban'. Los mayores tambi&eacute;n me contaron que durante la Guerra Civil, por la noche, cuando sacaban a la gente de sus casas para fusilarlos, sal&iacute;an gritando 'Viva Rusia'. Es una expresi&oacute;n que me gusta como alternativa a lo prohibido, esa carga antisistema tan irritante para los m&aacute;s r&iacute;gidos de sesera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l no vivi&oacute; esas contiendas, pero aprendi&oacute; a rebelarse contra lo establecido tan pronto como se meti&oacute; a hurtadillas en la cocina de su madre mientras escuchaba que &ldquo;los pucheros no son cosas de hombres&rdquo;. No hizo caso incluso cuando a&uacute;n ten&iacute;a que subirse a una banqueta para llegar a los fogones. Asido a una cuchara de palo dej&oacute; de lado el f&uacute;tbol, se conform&oacute; con idolatrar a Arconada, y entre sartenes y cacerolas comenz&oacute; a experimentar sabores: &ldquo;Mi primera decepci&oacute;n gastron&oacute;mica fue siendo muy peque&ntilde;o, cuando mord&iacute; un jab&oacute;n de lavanda en el ba&ntilde;o&rdquo;. El desenga&ntilde;o no evit&oacute; su afici&oacute;n por ponerse el delantal y ganarse en casa el apodo de <em>&ldquo;Arzakito</em>&rdquo;. Aproxim&aacute;ndose a su para&iacute;so, nacieron sus &ldquo;guarrindongadas&rdquo;, como las meriendas de sardinillas con <em>Nocilla</em>. Sin querer ser otra cosa que cocinero, ha sudado tanto la chaquetilla como kilos y artima&ntilde;as fue ganando mientras lo consegu&iacute;a: aburrido del bachillerato, copi&oacute; el examen de Selectividad para aprobar y conseguir as&iacute; que sus padres le dejaran estudiar Hosteler&iacute;a.&nbsp;Con apenas 20 a&ntilde;os, falsific&oacute; tambi&eacute;n su carn&eacute; de identidad para poder presentarse al <em>Campeonato de Espa&ntilde;a de Cocina</em>: lo gan&oacute; con rotundidad. A&ntilde;os despu&eacute;s, concurs&oacute; de nuevo y se convirti&oacute; en el &uacute;nico cocinero que ha levantado dos veces el premio del certamen. No lo logr&oacute; forrando libros y carpetas escolares con fotos de sus cocineros favoritos. Tampoco viendo a diario, en la tele, a Elena Santonja <em>con las manos en la masa. </em>Cada uno de los &eacute;xitos que atesora, incluido el galard&oacute;n al &ldquo;Mejor Libro del Mundo 2010&rdquo; de la <em>Gourmand World Cookbook Awards, </em>representa una m&iacute;nima porci&oacute;n de las horas que ha pasado estudiando Restauraci&oacute;n aqu&iacute; y al otro lado de los Pirineos.
    </p><p class="article-text">
        Su pasi&oacute;n por cocinar es inseparable de su deleite por comer. Solo la superan sus ganas de disfrutar de la vida. Despu&eacute;s de haber visto a la muerte gui&ntilde;ar el ojo, no se aleja de &ldquo;la cabrona b&aacute;scula&rdquo; para que la tentaci&oacute;n no le lleve, otra vez, a &ldquo;vivir empachado&rdquo; y tenderle la mano. Tambi&eacute;n se lo recuerda la talla 62 del pantal&oacute;n corto que tiene enmarcado en su despacho.&nbsp;Lo llev&oacute; puesto el d&iacute;a de su boda porque no entraba en otro. La cicatriz que rodea todo su cuerpo, tras una reducci&oacute;n de est&oacute;mago y una arriesgada cirug&iacute;a que lo tuvo seis meses al borde del abismo, atestigua que una buena hogaza de pan con aceite de oliva, los pimientos de Padr&oacute;n, el queso de nata y de tetilla, los filetes empanados, los bizcochos de ma&iacute;z de Guitiriz, los chorizos de Lugo o las empanadas de bacalao son pedacitos de felicidad a los que no hay que renunciar pero s&iacute; racionar.
    </p><p class="article-text">
        Antes, con medidas desorbitadas, escribi&oacute; su nombre en el <em>Libro Guinness</em> cocinando un filete ruso de 400 kilos, 15 metros cuadrados de superficie y tres cent&iacute;metros de espesor que se convirtieron en 4.000 raciones. Ahora su r&eacute;cord est&aacute; en seguir rodeado de comida, de olores y sabores, e irse a la cama &ldquo;con un poco de 'gusa' en el est&oacute;mago&rdquo; para no volver a tener que buscar una silla que aguante su peso o gastarse 200 euros en una camisa a medida. Tambi&eacute;n para hacer caso a su venerado Oteiza y continuar firmando &ldquo;no malogres tu carrera de perdedor con un &eacute;xito de mierda&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La comida de su infancia: una fiesta a ritmo de jazz</strong></h3><p class="article-text">
        Reunirse en torno a la mesa le aliment&oacute; el alma desde que tuvo conciencia de ser un ni&ntilde;o gordito. Con las tripas rugiendo de hambre a todas horas, comer le hizo feliz. M&aacute;s, incluso, ver a los suyos disfrutar reunidos, entre viandas, conversando delante del mantel. En <em>Kurlinka</em>, una casa familiar en Fuenterrab&iacute;a rodeada de praderas, de huertas y de un cedro testigo de sus juegos, David ubica su infancia de felicidad. Era la d&eacute;cada de los 70. Su sangre celta y vasca ya le agarraban a la tierra. En aquel jard&iacute;n de la alegr&iacute;a recuerda, hasta sugerente, el olor a <em>Zotal </em>con el que se limpiaban los establos y gallineros de los caser&iacute;os. Como si fuera ayer, pero m&aacute;s de 40 a&ntilde;os atr&aacute;s, se ve jugando a buscar al imaginario &ldquo;lobo Jacinto&rdquo; con sus tres hermanos menores. Instantes m&aacute;gicos en los que tambi&eacute;n est&aacute;n Maril&eacute;n, su madre, y Jorge de Jorge, su padre, celebrando comidas y reuniones, con los abuelos gallegos paternos y con los amigos de siempre. Y en toda esa suma de momentos que en el fondo somos las personas, David muy ni&ntilde;o ejerciendo ya de anfitri&oacute;n prepar&aacute;ndoles el postre.
    </p><p class="article-text">
        El sustento de aquella casa, casi m&aacute;gica, proced&iacute;a del sudor de sus padres &ldquo;trabajando como animales en la mercer&iacute;a <em>Margarita</em>&rdquo;, un pr&oacute;spero negocio de ropa infantil heredado de la abuela materna. Eran tiempos en los que la sinton&iacute;a del hogar ten&iacute;a ritmo de jazz: &ldquo;Mi padre me obligaba a ir con &eacute;l al Festival de Donosti, que a m&iacute; no me interesaba nada. Pero el o&iacute;do se hace y &eacute;l lo sab&iacute;a. Mi padre fue quien me descubri&oacute; a Thelonius Monk, a Pat Metheny, a Count Basie, a John Coltraine, a Miles Davis, a los grandes del g&eacute;nero&rdquo;. Sus notas le siguen acompa&ntilde;ando. Tambi&eacute;n alguna cinta de <em>AC/DC</em> que compr&oacute; en Francia siendo adolescente y, sobre todo, los acordes de Paco de Luc&iacute;a: &ldquo;No me canso de escuchar lo que grab&oacute; con Al Di Meola y John McLaughlin, es un discazo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mal estudiante, a sus padres tambi&eacute;n les debe ser un &aacute;vido lector: &ldquo;Me dejaban libros en la mesilla para que picara como un incauto. Acab&eacute; enganch&aacute;ndome a esa pu&ntilde;eta de apagar la luz a las tantas. Comenc&eacute; con muchos tebeos como los del gran Nazario, el sevillano de <em>El V&iacute;bora. </em>Gracias a una de sus vi&ntilde;etas, que explicaba el &lsquo;<em>modus operandi&rsquo;, </em>aprend&iacute; a hacerme mi primera pajilla. Hasta ese momento cre&iacute;a que aquello consist&iacute;a en meterse una paja por la uretra&hellip; La verdad es que le debo la vida&rdquo;. Sus sobredosis de lectura han llegado a ser casi tan grandes como sus ganas de comer: &ldquo;Me gustaba leer sobre todo a los &lsquo;autores anticristo&rsquo;. Siempre que me han prohibido algo, lo he hecho con m&aacute;s ganas. En el colegio religioso al que fui, cuando estudiabas Filosof&iacute;a y parec&iacute;a que ibas a llegar a Nietzsche, se lo saltaban con la excusa de que no ten&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s. Entonces, yo me compraba sus obras completas y, aunque no lo entendiera mucho, me lo le&iacute;a de arriba abajo como gesto de rebeld&iacute;a. <em>David Copperfield </em>de Dickens me marc&oacute; mucho. Adem&aacute;s, cu&aacute;nta comida hay en ese libro: ostras, lenguados, embutidos, oporto. Es una org&iacute;a de hambre y excesos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El chaval al que le gustaban todas las cocinas del mundo</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando la profesi&oacute;n y la aspiraci&oacute;n se unen, la vida es un poco m&aacute;s bella&rdquo;. El hombre que igual nos invita a preparar una merluza en salsa verde con almejas y cocochas como nos reta a probar galletas Chiquil&iacute;n con mahonesa y chorizo de Pamplona, &ldquo;para tener sensaciones interesantes como ir a El Bulli, pero en <em>take away</em>&rdquo;, siempre jug&oacute; a tener las manos en la masa: &ldquo;Lo primero que recuerdo haber preparado fue un postre horroroso. Mis padres llegaban de trabajar y yo, con siete a&ntilde;os, les hab&iacute;a hecho un bizcocho y flipaban. Cuando ven&iacute;a del cole, y no hab&iacute;a moros en la costa, me remangaba y me met&iacute;a en la cocina. Pon&iacute;a la sart&eacute;n y, sin que me vieran, hac&iacute;a una merienda caliente: lomo con queso, tortilla francesa, y el cop&oacute;n. Y de ah&iacute; hasta aqu&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Hasta convertirse en el alumno brillante y aventajado de la Escuela de Cocina de San Sebasti&aacute;n. A veranos trabajando en restaurantes de la zona. A fregar mucho y a observar m&aacute;s a sus maestros Hilario Arbelaitz, Pedro Subijana y a algunos de los mejores chefs franceses para empezar a cocinar de verdad&ldquo;. A que el mundo conspirara a su favor ganando, con 21 a&ntilde;os, un mill&oacute;n de pesetas con el m&aacute;ximo galard&oacute;n del Congreso de Alta Cocina del Zaldiaran. A ofrecerse a trabajar gratis para algunos de los cocineros m&aacute;s importantes del mundo. A regresar a Lasarte, seguir la acertada br&uacute;jula de Mart&iacute;n Berasategui y convertirse en su brazo derecho. A convertirse en chef radiof&oacute;nico y despu&eacute;s televisivo. A convertir sus libros de recetas en <em>best sellers</em>. A acaparar p&aacute;ginas en <em>The Guardian y </em>a tratar de convencernos de que &rdquo;para vivir mejor es b&aacute;sico cocinar en casa: o cocinamos o desaparecemos&ldquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Con menos equipaje se aligera la vida</strong></h3><p class="article-text">
        Cuatro d&eacute;cadas sin alejarse un solo d&iacute;a de los fogones y comer sin discriminaci&oacute;n le llevaron a pesar, sin error, 267 kilos y otros tantos gramos de consecuencias: &ldquo;Me cas&eacute; con alpargatas y pantal&oacute;n corto porque con tanta grasa viv&iacute;a siempre en un verano continuo, como en Costa Rica. No pod&iacute;a conducir un coche y ten&iacute;a que reservar al menos dos billetes de avi&oacute;n para hacer un solo trayecto. No encontraba m&aacute;s ropa y calzado que los hechos a medida, reventaba sillas y taburetes, y solo pod&iacute;a pesarme en la b&aacute;scula del matadero. Ten&iacute;a fatiga continua. Vi de cerca que me mor&iacute;a y, apoy&aacute;ndome en mi familia y en ayuda profesional, me puse manos a la obra para solucionar la historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os de sacrificios, riesgos, voluntad y claroscuros le han permitido convertirse en &ldquo;el gordo m&aacute;s delgado del mundo&rdquo;: se puso un bal&oacute;n g&aacute;strico con el que perdi&oacute; 11 kilos en una semana y dos en cada una de las posteriores; solo pudo tomar cuatro lonchas de jam&oacute;n despu&eacute;s de cuatro d&iacute;as de ayuno. Despu&eacute;s vino una reducci&oacute;n de est&oacute;mago con la que su peso baj&oacute; a 136, pero no pudo masticar durante dos meses. Su &uacute;ltimo paso por el hospital fue de los que dejan tanto recuerdo como huella: 10 horas de intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica, semanas en la UCI y seis meses de reposo absoluto para superar la abdominoplastia que le retir&oacute; &ldquo;los colgajos de piel&rdquo; y cuya cicatriz le rodea todo el cuerpo. Pero con menos equipaje, ha aligerado su vida. Librarse de 140 kilos le ha permitido redescubrir la sensaci&oacute;n de fr&iacute;o, de darse caminatas, de sentarse donde quiera y hasta de ilusionarse porque le sobre un trozo del cintur&oacute;n de seguridad: &ldquo;Sigue habiendo mucha comida a mi alrededor, pero hoy he comido coliflor y encantado de la vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Insistiendo en que m&aacute;s ligero se vuela mejor y que &ldquo;con salud hay todo&rdquo;, David de Jorge Eceizabarrena, el ni&ntilde;o campechano que encontr&oacute; en el mercado su parque de atracciones y en la cocina su ed&eacute;n, despide su <em>Playlist. </em>Regalando siempre buen humor y dispuesto a volver a disfrutar de Maureen O&acute;Hara y de John Wayne en <em>El hombre tranquilo</em>, su pel&iacute;cula favorita, prepara una crema irlandesa de pescado y verdura mientras mira de reojo un pan de torrijas y se le ilumina la cara. Lo &uacute;nico que le gusta m&aacute;s que hablar de comida es comer y alegrarnos la vida: &ldquo;&iexcl;Viva Rusia!&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/david-jorge-267-kilos-vi-cerca-muerte_1_7352015.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Mar 2021 21:37:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[David de Jorge: "Con 267 kilos vi muy de cerca la muerte"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cocina,Cocineros,Comida]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carlos Saura: "La corrupción es un mal endémico de España, pero no de ahora sino de siempre"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/carlos-saura-corrupcion-mal-endemico-espana-no-ahora_1_7325116.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85682fd8-3b25-4728-bc3e-258743c58064_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Carlos Saura: &quot;La corrupción es un mal endémico de España, pero no de ahora sino de siempre&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tenía cuatro años cuando estalló la Guerra Civil y su edén infantil desapareció. Las huellas del conflicto le marcaron para siempre y se pasean por su medio centenar de películas. Pero, antes de cineasta, fue fotógrafo y nunca ha dejado de serlo. Mientras lee a Lorca, se deleita con Schubert y disfruta del cine de ciencia ficción, recuerda que ni sus 89 años pueden con sus ganas de hacer de mañana una aventura repleta de proyectos</p></div><p class="article-text">
        Persevera en sus propios errores y la curiosidad le ara&ntilde;a a cada instante. Eso le ha llevado a convertirse en uno de los cineastas m&aacute;s importantes del mundo. Tambi&eacute;n en escritor y en fot&oacute;grafo imprescindible de nuestra historia.
    </p><p class="article-text">
        Vivir la guerra civil espa&ntilde;ola entre los cuatro y los siete a&ntilde;os le convenci&oacute; de que la infancia no es sin&oacute;nimo de para&iacute;so. Su medio centenar de pel&iacute;culas lo han dicho una y otra vez. Como el cr&iacute;o que fue, jug&oacute; y vivi&oacute; cada d&iacute;a como una aventura. Pero tambi&eacute;n sinti&oacute; de cerca el terror que siembran las bombas y la desesperaci&oacute;n que lleva a un padre a quemar los muebles y las contraventanas de su propia casa para hacer frente al fr&iacute;o y calentar a sus hijos. &Eacute;l vio al suyo hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Nunca ha subestimado el poder del amor. Ni la cochambrosa miseria de la posguerra pudo privarle de enamorarse cuando apenas levantaba dos palmos del suelo. Eso le llev&oacute; a colgarse al cuello una c&aacute;mara de fotos, hacer una instant&aacute;nea a la ni&ntilde;a de sus ojos y a envi&aacute;rsela por correo con un coraz&oacute;n atravesado por una flecha. Nunca obtuvo respuesta, pero no se rindi&oacute;. Se emparej&oacute; cuatro veces, tuvo siete hijos, una legi&oacute;n de nietos y Charles Chaplin fue su suegro. Desde aquella primera vez que mir&oacute; por un objetivo, no sale a la calle sin retratar nuestra memoria: &ldquo;Mi ideal ser&iacute;a poder tener una fotograf&iacute;a de cada instante de mi vida&rdquo;. Indagando en el tiempo, afirma que el nuestro es un pa&iacute;s muy belicoso y, por eso, &ldquo;no hay que olvidar nunca la guerra&rdquo;, pero tampoco le interesa &ldquo;hablar mucho del pasado, hay que estar por encima de eso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Convencido de que en la vida &ldquo;todo se debe a la necesidad y al azar&rdquo;, comenz&oacute; a hacer pel&iacute;culas porque &ldquo;quer&iacute;a contar historias&rdquo;. Narr&aacute;ndolas se convirti&oacute; en exponente del cine de autor. Ferviente admirador de Bu&ntilde;uel y de su simbolog&iacute;a, le dedic&oacute; una de sus cintas. La primera, <em>Los golfos, </em>ya rompi&oacute; los moldes del cine espa&ntilde;ol que se hab&iacute;a hecho hasta entonces: no se rod&oacute; en ning&uacute;n estudio sino que, improvisando mucho, se hizo en la calle. Ese retrato de la realidad de Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os 50 no escap&oacute; a las tijeras del franquismo: &ldquo;Es imposible llegar a ser alguien aqu&iacute;&rdquo;. Es una de las frases de su guion, que &eacute;l suscribi&oacute; y que la censura mutil&oacute; cortando el negativo de la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que los reconocimientos comenzaron a llegarle pronto, no ha sido profeta en su tierra: &ldquo;Yo he podido hacer cine porque tuve &eacute;xito en el extranjero. Si no hubiera sido as&iacute; no hubiera hecho m&aacute;s que una pel&iacute;cula. Cuando acab&eacute; la primera, cre&iacute;a que nunca m&aacute;s har&iacute;a otra. Por suerte, pude acudir a festivales internacionales, a Cannes, a Venecia, a Berl&iacute;n, a EEUU, porque en Espa&ntilde;a me hab&iacute;an hecho la vida imposible. La censura era terrible. Ya en mi primera pel&iacute;cula me quitaron 15 minutos<em> </em>mientras la proyectaban. Muchas personas dicen que las &eacute;pocas de censura son las que agudizan m&aacute;s el ingenio, yo no estoy de acuerdo. Fue tremenda la total falta de libertades que vivimos durante el franquismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con el hambre de aprendizaje insaciable de los genios ni siquiera ahora, que ha cumplido 89 a&ntilde;os, se toma muchos respiros en su taller: un ed&eacute;n atiborrado de cultura cuyas paredes y colecci&oacute;n de c&aacute;maras hablan de &eacute;l, de su familia, de su cine y de todos nosotros. Semiconfinado contin&uacute;a dibujando, tratando fotograf&iacute;as, dirigiendo una obra de teatro, una &oacute;pera, preparando un espect&aacute;culo sobre Lorca y planea escribir su relato de vida: &ldquo;Dicen que con la edad, uno pierde la memoria inmediata y recupera la pasada. Y es cierto. Yo trato de resistirme a eso. Pienso que el pasado est&aacute; bien, pero hay que trabajar en el presente y proyectarse hacia el futuro. Esa es mi idea vital&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El trauma de la guerra</strong></h3><p class="article-text">
        Su primer apellido, Saura, en &aacute;rabe significa lo que sus siete d&eacute;cadas de trabajo han supuesto para la cultura: revoluci&oacute;n. Su biograf&iacute;a de leyenda arranca en Huesca, el cuatro de enero 1932. De Fermina, su madre, una pianista que no quiso que ninguno de sus cuatro hijos estuviese sometido a la tiran&iacute;a de las horas que pas&oacute; frente al piano, hered&oacute; su buen o&iacute;do: &ldquo;La m&uacute;sica me sigue acompa&ntilde;ando en la vida, pero soy incapaz de tocar instrumentos por m&aacute;s que me propuse estudiar. Tambi&eacute;n me hubiera gustado cantar bien o ser bailaor flamenco. Antonio Gades es el mejor que ha habido en mucho tiempo, con &eacute;l hice tres pel&iacute;culas. Ahora escucho mucha m&uacute;sica cl&aacute;sica, como <em>Los Lieder</em> de Schubert y tambi&eacute;n &oacute;pera, como las canciones tan maravillosas cantadas por Victoria de los &Aacute;ngeles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Romanzas de zarzuela, Imperio Argentina, Celia G&aacute;mez, Concha Piquer, Miguel Molina, Pedro Vargas y Carlos Gardel, sonaban en la radio y se cantaban en los patios de vecinos el d&iacute;a que los generales Emilio Mola y Francisco Franco iniciaron una sublevaci&oacute;n para derrocar la Segunda Rep&uacute;blica. Carlos Saura cumpl&iacute;a entonces cuatro a&ntilde;os y medio. Aquel mes de julio de 1936 comenz&oacute; la Guerra Civil y la transformaci&oacute;n de su mundo: &ldquo;Unas huellas de las que, pese al tiempo, no puedes liberarte&rdquo;. El trabajo de su padre, secretario del ministro de Hacienda del gobierno republicano, oblig&oacute; a la familia a vivir en los tres centros neur&aacute;lgicos de la contienda: Madrid, Valencia y Barcelona. La filmograf&iacute;a del cineasta est&aacute; plagada de vivencias personales de aquellos a&ntilde;os: &ldquo;No se&nbsp;puede trabajar sobre el vac&iacute;o&rdquo;. El bombardeo que se recrea en <em>Mi prima Ang&eacute;lica </em>es la trasposici&oacute;n de un hecho personal que vivi&oacute; y que recuerda tan traum&aacute;tico como n&iacute;tido: &ldquo;Fue el primer d&iacute;a que iba al colegio en Barcelona. Era una escuela en la que hab&iacute;a un enorme ventanal. Comenzaron a o&iacute;rse los aviones, y cada vez m&aacute;s cerca. Hasta ese d&iacute;a la ciudad no hab&iacute;a sufrido bombardeos, pero yo intu&iacute;a qu&eacute; iba a suceder. Sin embargo, el resto de los ni&ntilde;os de seis o siete a&ntilde;os no ten&iacute;an esa sensaci&oacute;n de peligro. Recuerdo que enseguida comenzaron a caer bombas muy cerca y saltaron las ventanas&rdquo;. Lo siguiente fue una imagen que despu&eacute;s incluir&iacute;a en su metraje: &ldquo;Abr&iacute; los ojos y vi a una ni&ntilde;a que estaba a mi lado con toda la cara ensangrentada y con cristales&rdquo;. No era la primera vez que era testigo directo de la destrucci&oacute;n: &ldquo;En otra ocasi&oacute;n, bombardearon por completo la casa de los vecinos y en un instante se transform&oacute; en un mont&oacute;n de escombros. Lo mismo sucedi&oacute; con una parte de la nuestra. Ten&iacute;as la sensaci&oacute;n de que en cualquier momento pod&iacute;as perder a alguno de tus seres queridos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El costumbrismo b&eacute;lico y su canto personal a la libertad tambi&eacute;n lo retrat&oacute; en otra de sus cintas: <em>&iexcl;Ay, Carmela!</em> Lo hizo tomando el nombre de una de las canciones del folclore espa&ntilde;ol m&aacute;s representativas de los tablaos milicianos y de los recuerdos del bando republicano: <em>El paso del Ebro. </em>La pel&iacute;cula se convirti&oacute; no solo en la m&aacute;s reconocida en los Premios Goya de 1990 con 13 estatuillas, sino tambi&eacute;n en una de las m&aacute;s galardonadas en toda la historia de sus ediciones.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La obsesi&oacute;n por capturar lo ef&iacute;mero</strong></h3><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s <em>&ldquo;cainita</em>, como lo defini&oacute; Unamuno, en el que nunca nos ponemos de acuerdo&rdquo;, volar era el sue&ntilde;o de un cr&iacute;o curioso y &aacute;vido lector, que ahora relee <em>El llanto por Ignacio S&aacute;nchez Mej&iacute;as </em>de Federico Garc&iacute;a Lorca. Desde muy ni&ntilde;o ya quiso despertarse con alas: &ldquo;De peque&ntilde;o yo quer&iacute;a ser aviador, me gustaban mucho los aviones&rdquo;. Buen estudiante, y tan destacado en matem&aacute;ticas que despu&eacute;s estudiar&iacute;a Ingenier&iacute;a industrial, su tal&oacute;n de Aquiles siempre fue la religi&oacute;n: &ldquo;En esa materia era un desastre. Con nueve o diez a&ntilde;os le&iacute; un libro sobre Darwin y me pareci&oacute; tan genial que me hice darwinista. El profesor me preguntaba: &iquest;Usted piensa que el hombre viene del mono? Y yo contestaba: Y de mucho m&aacute;s atr&aacute;s. Y &eacute;l a&ntilde;ad&iacute;a: '&iexcl;Si&eacute;ntese!' Y me pon&iacute;a un cero. Hoy esto parece mentira, pero era as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de los libros, a esa edad comenz&oacute; tambi&eacute;n a acariciar la c&aacute;mara de fotos de su padre. Un d&iacute;a la cogi&oacute; prestada sin permiso para vencer su timidez. Un visor y una lente le acercaron a un primer amor tan sentido como plat&oacute;nico: &ldquo;En <em>El Retiro</em>, escondido, hice unas fotos a una ni&ntilde;a por la que suspiraba. Todav&iacute;a la recuerdo, era muy guapa. Le escrib&iacute; una carta declar&aacute;ndome y met&iacute; en el sobre una de las fotograf&iacute;as que le hab&iacute;a hecho con un coraz&oacute;n. Nunca me respondi&oacute;&rdquo;. Sin saberlo, en aquel momento comenz&oacute; su m&aacute;s longeva historia de amor: la pasi&oacute;n por la fotograf&iacute;a. Desde entonces, de su gran arsenal de c&aacute;maras siempre hay, al menos una, que le acompa&ntilde;a all&aacute; donde vaya: &ldquo;Tengo bastantes, pero hay una muy especial, de mis favoritas. Tiene mucha historia: es una <em>Ernemann</em> vinculada a un importante fot&oacute;grafo jud&iacute;o que muri&oacute; en un campo de concentraci&oacute;n junto a su mujer e hijos. Fue revolucionaria en su &eacute;poca, los a&ntilde;os 20, porque es muy luminosa y su objetivo permiti&oacute; empezar a hacer fotos sin flash&rdquo;. Siendo a&uacute;n adolescente, con una de 16 mm, el segundo hijo var&oacute;n de los Saura comenz&oacute;, a partir de 1950, a realizar sus primeros reportajes: un documento hist&oacute;rico de su vida y su familia, pero tambi&eacute;n de un pa&iacute;s en blanco y negro. De una Espa&ntilde;a de temor, de censura y de miseria: &ldquo;A veces les recuerdo a mis hijos que no deben quejarse tanto porque vienen de aquella Espa&ntilde;a, de un pa&iacute;s que a mediados del siglo pasado estaba todav&iacute;a anclado en una &eacute;poca medieval. Y no ha pasado tanto tiempo&rdquo;. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; 	
    </p><h3 class="article-text"><strong>El fot&oacute;grafo cineasta</strong></h3><p class="article-text">
        El cine lleg&oacute; a trav&eacute;s de la fotograf&iacute;a: &ldquo;Primero pens&eacute; ser documentalista y luego, del documental pas&eacute; al cine de ficci&oacute;n porque quer&iacute;a contar historias&rdquo;. Entonces cambi&oacute; la carrera de ingenier&iacute;a por la escuela de cine y se especializ&oacute; en direcci&oacute;n. Gran admirador del cine de Bergman y de Bu&ntilde;uel, <em>Mr. Arkadin </em>es uno de los largos de Orson Welles que le hubiera gustado dirigir. Sin embargo, ajeno a los a&ntilde;os, con el esp&iacute;ritu de sorpresa y de haza&ntilde;a casi intacto, reconoce que el g&eacute;nero de la ciencia ficci&oacute;n, de la imaginaci&oacute;n sin cortapisas plasmada en fotogramas, es su favorito: &ldquo;Me encanta, por ejemplo, <em>2012, </em>la he visto tres o cuatro veces y la disfruto tanto como la primera vez, sobre todo, la parte de cat&aacute;strofes del principio. Es una maravilla como est&aacute; hecho, me fascina&rdquo;. Las que no suele volver a ver son sus propias pel&iacute;culas: &ldquo;No se puede vivir pensando siempre en el pasado. Hay que vivir el presente y el futuro, en el trabajo sobre todo. El pasado est&aacute; ah&iacute;, pero no puede ser obsesivo. Hay que estar por encima. A m&iacute; no me interesa nada volver a ver mis trabajos. Ya est&aacute;n hechos. Es lo que te permite salir de un &aacute;mbito de 'autorrecreaci&oacute;n' que puede perturbar el crecimiento&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pese a poner la vista siempre en el horizonte, reconoce que dirigir <em>La caza </em>fue una de sus mejores experiencias cinematogr&aacute;ficas. La rod&oacute; por orden rigurosa de guion y le permiti&oacute; &ldquo;disfrutar esa capacidad maravillosa que tiene el cine de ser tambi&eacute;n una aventura, de no saber c&oacute;mo va a terminar&rdquo;. Tras su primera proyecci&oacute;n con periodistas tuvo que o&iacute;r que su &ldquo;pel&iacute;cula era una mierda&rdquo;. En la Edici&oacute;n General de Cine lleg&oacute; a escuchar lo mismo. Sin embargo fue al Festival de Berl&iacute;n y all&iacute; logr&oacute; el galard&oacute;n a la Mejor Direcci&oacute;n y en EE. UU. fue un &eacute;xito rotundo: &ldquo;Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s precioso, creo que no nos lo merecemos. Pero es tambi&eacute;n un pa&iacute;s muy duro, tremendamente duro, muy envidioso y atormentado. Y lo peor es que la corrupci&oacute;n es una cosa end&eacute;mica desde hace siglos. Siempre ha habido corruptela en este pa&iacute;s. No es de ahora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Evitando las sombras y tratando de ser el piloto de su propia vida, tiene claro cu&aacute;l es su sitio: &ldquo;Estoy donde debo estar, no me quejo. Creo que soy un privilegiado porque vivo bien, he hecho lo que quer&iacute;a hacer y sigo en ello, en lo que me gusta. Mientras tenga la cabeza despierta y tenga proyectos voy a estar trabajando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su taller que siente como el &uacute;tero materno donde se gesta cultura, su sustento, Carlos Saura Atar&eacute;s, el ni&ntilde;o al que la guerra impidi&oacute; crecer en un pa&iacute;s de cine y que hizo de la realidad una pel&iacute;cula, despide su <em>Playlist. </em>Se queda dibujando y rezuma entusiasmo: &ldquo;Nunca se termina de aprender, cada d&iacute;a es diferente y es un milagro&rdquo;. En la casa del genio la vida siempre empieza ma&ntilde;ana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Granizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/carlos-saura-corrupcion-mal-endemico-espana-no-ahora_1_7325116.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Mar 2021 20:52:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carlos Saura: "La corrupción es un mal endémico de España, pero no de ahora sino de siempre"]]></media:title>
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