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    <title><![CDATA[elDiario.es - Karlos Zurutuza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/karlos-zurutuza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Karlos Zurutuza]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Diez días esperando respuesta, tensión a bordo... y por fin un puerto seguro para el Open Arms]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/diez-dias-esperando-respuesta-tension-bordo-puerto-seguro-open-arms_1_6231294.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b23a2f5-ae9d-428c-8a84-f8582c4100c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez días esperando respuesta, tensión a bordo... y por fin un puerto seguro para el Open Arms"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras decenas de correos electrónicos, llamadas de teléfono y comunicaciones cruzadas, Italia ha concedido puerto al Open Arms, que había rescatado a 276 personas a la deriva</p><p class="subtitle">El Open Arms, a la deriva en su primera misión de rescate en tiempos de COVID-19</p></div><p class="article-text">
        Hac&iacute;a falta un puerto de desembarco cercano y de forma inmediata, as&iacute; lo exige la ley. Desde el puente del <em>Open Arms</em> se enviaron decenas de emails a las autoridades maltesas e italianas; fueron decenas de llamadas de tel&eacute;fono y comunicaciones por radio cruzadas con La Valeta y Roma. Y no solo eso: tambi&eacute;n se pidi&oacute; a Madrid que mediara. Diez d&iacute;as esperando respuesta. Al final, el agotamiento y la desesperaci&oacute;n provocaron que m&aacute;s de 130 individuos se tiraran por la borda frente a la costa de Sicilia. &nbsp;
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1306542385871097856?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Era ya la misi&oacute;n de rescate n&uacute;mero 76 del <em>Open Arms,</em> pero <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/open-arms-deriva-primera-mision-rescate-tiempos-covid-19_1_6222547.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la primera en tiempos de pandemia</a>. El buque de la ONG de rescate catalana zarpaba del puerto de Borriana (Castell&oacute;n) el pasado 27 de agosto para sufrir 10 d&iacute;as de temporal a manos de un oto&ntilde;o que se abr&iacute;a paso impaciente por el Mediterr&aacute;neo central. Se lleg&oacute; incluso a poner sobre la mesa volver a casa para hacer un cambio de tripulaci&oacute;n y reabastecer el barco, pero lleg&oacute; la calma: las pateras volv&iacute;an a salir desde la costa libia y se rescat&oacute; a tres de ellas con gente que llegaba de Ghana, Sierra Leona, Nigeria, Egipto y otros tantos rincones de un planeta tan remoto como &Aacute;frica. Eran 276 en total.
    </p><p class="article-text">
        Han sido 10 d&iacute;as en lucha constante contra el agotamiento, el hacinamiento, el calor, el olor y la falta de sue&ntilde;o sobre una superficie que no deja de moverse. Intenten pegar ojo encajados en ese puzle humano sobre la tarima de cubierta. No pasa ni un d&iacute;a hasta que se producen los primeros roces entre el pasaje: a Stephen le han desaparecido las fotos de esos ata&uacute;des de dise&ntilde;o que fabricaba con sus manos en Ghana y cree que son los egipcios; a poco metros de &eacute;l (siempre son pocos), Hassan, marroqu&iacute;, se queja de que le han quitado su espacio para dormir: &ldquo;Yo siempre duermo aqu&iacute;, &iquest;es que no lo sabes?&rdquo;, le grita a un nigeriano que intenta ignorarle hasta que resulta imposible. Casi llegan a las manos, esas que se roc&iacute;an con desinfectante antes de comer esos cuencos de cusc&uacute;s con legumbre. Desinfectante tambi&eacute;n para los pies antes de entrar a uno de los dos aseos habilitados. Dos para 276. As&iacute;, 10 d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        El pasado martes por la tarde, Roma accedi&oacute; a que el buque se protegiera del mal tiempo al socaire de Agrigento (Sicilia) y, de paso, poder evacuar a dos somal&iacute;es embarazadas. Nada m&aacute;s divisar la embarcaci&oacute;n de la <em>Guardia Costiera</em> acerc&aacute;ndose por popa<em>, </em>un egipcio se tira al agua. Y luego otro, y otro m&aacute;s. As&iacute; hasta 10. Desde el puente del <em>Open Arms</em>, Albert Mayordomo, el barcelon&eacute;s de 38 a&ntilde;os que lidera la primera misi&oacute;n de rescate en tiempos de pandemia, activa el protocolo de socorro en su buque antes de avisar a la autoridad italiana de que la gente se est&aacute; tirando por la borda. &laquo;No nos hacemos cargo&raquo;, responden por radio los italianos. No tardan en recular porque son sus aguas y su responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a quedan siete hombres en el agua cuando se consigue finalmente evacuar a las somal&iacute;es. Dos horas despu&eacute;s de que la paz vuelva a las aguas de Agrigento, Roma pide al <em>Open Arms</em> que ponga rumbo a Palermo. La alegr&iacute;a se desborda por cubierta, pero nadie, ni siquiera la tripulaci&oacute;n, sabe que a&uacute;n es demasiado pronto para cantar victoria.
    </p><h3 class="article-text">Estampida</h3><p class="article-text">
        Navegar alrededor de Sicilia desde su extremo suroriental hasta el nororiental exige 16 horas de navegaci&oacute;n. Palermo es eso que se ve a diez millas hacia las cinco de la tarde del mi&eacute;rcoles. &ldquo;&iquest;Desembarcaremos esta tarde?&rdquo;, pregunta Ayub, un bereber de Agadir que habla en nombre de los 14 marroqu&iacute;es a bordo. Roma a&uacute;n no ha indicado ni el d&oacute;nde ni el c&oacute;mo. En realidad, ni siquiera hay confirmaci&oacute;n de que se vaya a producir el desembarco. El atardecer es precioso, e incluso se acercan tres delfines a saludar, pero los ojos de los 267 sobre la cubierta del <em>Open Arms</em> siguen clavados sobre la capital de Sicilia. Y as&iacute; se hace de noche.
    </p><p class="article-text">
        La cena ser&aacute; tensa. La tripulaci&oacute;n saca de la bodega de popa las &uacute;ltimas latas de legumbres que se servir&aacute; con pasta. Un d&iacute;a m&aacute;s hay que gestionar el hambre y la desesperaci&oacute;n sudando bajo el EPI, la mascarilla, unas gafas que insisten en empa&ntilde;arse y un cuerpo al l&iacute;mite por guardias dobladas. Todo hace mella, como no encontrar un simple abrelatas. Puede parecer una tonter&iacute;a cuando uno est&aacute; en casa, pero no cuando hay que gestionar a una multitud hambrienta. Casi tres horas para dar de comer a todo el pasaje. El est&oacute;mago les dar&aacute; una tregua durante unas horas, pero la cabeza no descansa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; estamos parados? &iquest;Por qu&eacute; no enfilamos ya hacia el puerto?&rdquo;, repite varias veces y a gritos el m&aacute;s alto de los somal&iacute;es. Los egipcios no tardan en sumarse a la protesta mientras dos ghaneses aprovechan para dar las gracias a los voluntarios. Se lo dicen a ellos y a los que les increpan mientras el resto intenta acomodarse para pasar una noche m&aacute;s en cubierta. Como cada noche, ser&aacute; la conquista del espacio. Tambi&eacute;n en el puente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente est&aacute; agotada y cada vez m&aacute;s nerviosa. No puedo garantizar la seguridad ni del pasaje ni de la tripulaci&oacute;n. Es urgente que nos concedan un puerto para desembarcar&rdquo;. Habla Ricardo Sandoval, capit&aacute;n del <em>Open Arms,</em> y se dirige al Centro de Coordinaci&oacute;n Mar&iacute;tima de Roma. Italia le remite a Espa&ntilde;a y Sandoval estalla. &ldquo;&iquest;Se supone que tenemos que esperar tres d&iacute;as a que llegue un buque de rescate de Salvamento Mar&iacute;timo desde all&iacute;?&rdquo;. Eso o que haya un buque de la Armada en la zona, pero no es el caso. No obstante, es cierto que el protocolo le exige que llame primero a Salvamento Mar&iacute;timo; desde ah&iacute; le dicen que hablar&aacute;n con Roma, que permanezca a la espera. 
    </p><p class="article-text">
        Dan las seis, las siete y las ocho del jueves, pero sigue sin haber noticias de Roma, ni tampoco desayuno. Y lo que es m&aacute;s grave, el barco parece seguir donde estaba ayer a la noche. A estas alturas ya no merece insistir en el estado de &aacute;nimo del pasaje. La presi&oacute;n sobre el puente es tal que se opta por enfilar hacia puerto, despacio, &nbsp;a tres nudos. Ha funcionado: Roma se despierta para volver a negar un puerto e intentar calmar las aguas ofreciendo un puesto de fondeo a cuatro millas. Es justo en ese punto donde se desata el caos: vuelve a caer un hombre al agua, y luego otro y otros cinco m&aacute;s; luego siete y, en menos de cinco minutos suman 39. &ldquo;&iquest;Me tiro yo tambi&eacute;n?&rdquo;, pregunta un bangladesh&iacute; a un tripulante. La respuesta es siempre que no, y menos a&uacute;n sin chaleco. Afortunadamente, todos han cogido uno del armario que forzaron durante aquellas horas en Agrigento. La <em>Guardia Costiera </em>remolonea como lo hizo entonces, pero pronto saldr&aacute;n al rescate en una desbandada a la que se suman la <em>Guardia di Finanza</em>, un helic&oacute;ptero y, por supuesto, los dos botes r&aacute;pidos del <em>Open Arms. </em>Los &uacute;ltimos 75 en abandonar el barco son trasladados a tierra firme por una nave italiana. El resto mira desde cubierta, y en el puente siguen esperando una llamada de Roma.
    </p><h3 class="article-text">Colosos</h3><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Hombre al agua!&rdquo;: as&iacute; daban las ocho de la ma&ntilde;ana del viernes 18. Ni siquiera un ej&eacute;rcito de voluntarios podr&iacute;a evitar que alguien se lanzara al mar desde cualquier punto de cubierta. &ldquo;&iexcl;No me digas que no salte, dime cu&aacute;ndo vamos a desembarcar!&rdquo;, dec&iacute;a Collins, un ghan&eacute;s amarrado a la borda entre el salto n&uacute;mero 35 y el 36. No hab&iacute;a respuestas entonces, ni tampoco cuando salt&oacute; el n&uacute;mero 48. Ese fue el &uacute;ltimo. Todos acaban rescatados por los socorristas del <em>Open Arms</em> y la <em>Guardia Costiera</em> antes de desaparecer en un bote italiano que enfila hacia puerto. Los 140 que siguen en cubierta se preguntan si no ser&aacute; esa la &uacute;nica forma de llegar a tierra mientras desayunan <em>Cola Cao </em>con galletas. Hasta que suena el tel&eacute;fono a las 12:46. Es la Capitan&iacute;a de Palermo y pide al <em>Open Arms </em>que prepare al pasaje para transferirlo a un buque de cuarentena &ldquo;en las pr&oacute;ximas horas&rdquo;. Un minuto despu&eacute;s, la alegr&iacute;a estalla en cubierta: el movimiento del barco escoltado por los guardacostas italianos confirma que esta vez ya no hay trampa. Hay abrazos, y bailes, y l&aacute;grimas como las de Am&iacute;n, un gambiano que no ve el momento de decirle a su familia que est&aacute; a salvo, o las de Paola. Es la doctora milanesa que ha dedicado sus vacaciones anuales a cuidar de los que est&aacute;n a punto de irse y los que decidieron hacerlo en los &uacute;ltimos d&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        No ha sido f&aacute;cil. Albert Mayordomo, jefe de la misi&oacute;n, la describe como un &ldquo;aut&eacute;ntico desaf&iacute;o&rdquo;, mucho m&aacute;s all&aacute; de la amenaza del virus.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente que hemos rescatado ha sufrido much&iacute;sima violencia y llegaban exhaustos. La negativa reiterada de puerto de Malta e Italia durante todos estos d&iacute;as, sobre todo estando frente a la costa, no ha hecho sino provocar un escenario de incertidumbre en el que llegaban a desconfiar de nuestra palabra. Nos ped&iacute;an una soluci&oacute;n que no les pod&iacute;amos dar, y tampoco les pod&iacute;amos mentir&rdquo;, resume el catal&aacute;n. La tensi&oacute;n vivida, a&ntilde;ade, no tiene precedentes entre las 75 misiones anteriores de la ONG catalana. 
    </p><p class="article-text">
        Como el resto de la tripulaci&oacute;n, Mayordomo deber&aacute; guardar una cuarentena de dos semanas en el <em>Open Arms</em> fondeado en la bah&iacute;a de Palermo. Los migrantes la pasar&aacute;n en el <em>Allegra, </em>uno de los cinco ferris alquilados por el Gobierno italiano. Es un nav&iacute;o blanco de 166 metros de eslora y diez pisos de altura, un coloso que hasta ayer mismo se dedicaba al transporte c&oacute;modo de miles de personas entre Barcelona, G&eacute;nova, Atenas y el resto de los puertos principales del Mediterr&aacute;neo. Los de su cuenca norte, claro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karlos Zurutuza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/diez-dias-esperando-respuesta-tension-bordo-puerto-seguro-open-arms_1_6231294.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2020 20:45:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diez días esperando respuesta, tensión a bordo... y por fin un puerto seguro para el Open Arms]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Open Arms,Mediterráneo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Open Arms, a la deriva en su primera misión de rescate en tiempos de COVID-19]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/open-arms-deriva-primera-mision-rescate-tiempos-covid-19_1_6222547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44b72966-72a4-42a3-b21e-a4acf56ada20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Open Arms, a la deriva en su primera misión de rescate en tiempos de COVID-19"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La nave de la ONG catalana, con más de 270 rescatados a bordo, ha recibido autorización para aproximarse a Palermo para protegerse del temporal y sigue esperando indicaciones</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Deterioro progresivo&rdquo;. Con estas dos palabras resume la &uacute;ltima semana de traves&iacute;a Ricardo Sandoval, el capit&aacute;n del Open Arms<em>.</em> El barco de la ONG catalana zarpaba el pasado 27 de agosto desde el puerto de Borriana (Castell&oacute;n) hacia el Mediterr&aacute;neo central. El protocolo anti-COVID-19 ha obligado a partir el buque en dos: la llamada zona limpia va desde su centro hasta la proa (camarotes, cocina y puente); la &ldquo;sucia&rdquo; es el segmento hasta la popa, donde a duras penas se puede acomodar a las 277 personas rescatadas la semana pasada. El 'cortafuegos' en mitad del buque es imprescindible para que la epidemia no se extienda entre todos los ocupantes del barco,  y los rescatadores acaben teniendo que convertirse tambi&eacute;n en rescatados. 
    </p><p class="article-text">
        No obstante, el abandono institucional que sufre el barco relega a la COVID-19 a un segundo plano. Las condiciones meteorol&oacute;gicas han empeorado, y, aunque ha recibido instrucciones para aproximarse a Palermo para resguardase, la nave sigue sin un lugar seguro en el que poder desembarcar a los rescatados. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si bien se pidi&oacute; puerto seguro tanto a Malta como a Italia para desembarcar hace ya m&aacute;s de una semana, las autoridades de ambos pa&iacute;ses siguen sin dar se&ntilde;ales de vida violando la legislaci&oacute;n internacional que les obliga a concedernos un puerto cuanto antes&rdquo;, dice Sandoval, poco despu&eacute;s de dirigirse a todo el pasaje y hablar personalmente con cuatro supervivientes (tres egipcios y un marroqu&iacute;) involucrados en un robo de comida. Ya no basta con vigilar que los rescatados no se quiten la mascarilla; tambi&eacute;n hay que evitar que un peque&ntilde;o incidente vaya a mayores. &ldquo;La gente llega ya agotada y esta espera solo contribuye a que aumente la tensi&oacute;n&rdquo;, cuenta el capit&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de la misi&oacute;n de rescate n&uacute;mero 76 de la ONG, pero la primera en tiempos de pandemia. La tripulaci&oacute;n tuvo que hacerse PCR y aislarse 48 horas hasta obtener los resultados. S&oacute;lo entonces el barco pudo zarpar. En cuanto a los rescatados, se les gu&iacute;a a trav&eacute;s de una compleja gincana nada m&aacute;s subir a bordo: deja el chaleco aqu&iacute; y mete los pies durante diez segundos en esta bandeja de desinfectante; hidrogel en las manos, medici&oacute;n de temperatura&hellip; todo mientras se les hace una ficha con sus datos (edad, nacionalidad&hellip;). 
    </p><p class="article-text">
        Eleonora Dotti, una de las dos sanitarias de Emergency, una ONG italiana, a bordo dice no haber detectado s&iacute;ntomas de COVID-19 entre los rescatados por el momento. &ldquo;Los que m&aacute;s me preocupan son los que tienen quemaduras qu&iacute;micas provocadas por la reacci&oacute;n de la gasolina con el agua salada. Esta gente tendr&iacute;a que ser evacuada cuanto antes&rdquo;, asegura la enfermera. 
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo llegamos a Italia?&rdquo;: la pregunta sin respuesta</h3><p class="article-text">
        Las mujeres entre el pasaje se cuentan con los dedos de las manos, pero son las m&aacute;s vulnerables. Dos de ellas est&aacute;n embarazadas: Muheen tiene 19 a&ntilde;os y viaja acompa&ntilde;ada de su marido; Anaf, de 18, no pod&iacute;a contener las l&aacute;grimas cuando las sanitarias le ense&ntilde;aron la ecograf&iacute;a. Anaf cuenta que fue violada a punta pistola en Libia, lo mismo que Chamal, una nigeriana de 29. Era peluquera y conf&iacute;a en poder seguir si&eacute;ndolo en Europa y, en cuanto pueda, traerse a su hijo de 9 a&ntilde;os con ella. A su lado, Sasudone cuenta que ella tambi&eacute;n tendr&aacute; que empezar de cero, aunque reconoce que a sus 50 a&ntilde;os ser&aacute; a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo llegamos a Italia?&rdquo;. La pregunta es cada vez m&aacute;s recurrente en cubierta. Nadie lo sabe, ni siquiera Albert Mayordomo, el barcelon&eacute;s de 38 a&ntilde;os que lidera la misi&oacute;n y achaca la demora a &ldquo;una campa&ntilde;a institucional que busca dejar a la flota de rescate en tierra&rdquo;. Dice que todo empez&oacute; en 2017 con el reconocimiento oficial de una Zona de B&uacute;squeda y Rescate bajo jurisdicci&oacute;n libia, un pa&iacute;s que incumple la mayor&iacute;a de los requisitos legales, entre ellos el de ofrecer un puerto seguro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La falta de cooperaci&oacute;n de Malta e Italia es el &uacute;ltimo episodio junto a la campa&ntilde;a de criminalizaci&oacute;n dirigida contra las ONG, el acoso administrativo a trav&eacute;s de controles cada vez m&aacute;s estrictos a nuestros buques&hellip;&rdquo;, denuncia el catal&aacute;n, con unas ojeras que hablan del sobreesfuerzo al que se est&aacute; sometiendo a la tripulaci&oacute;n para gestionar la crisis. 
    </p><p class="article-text">
        Mayordomo apunta a la misma &ldquo;ofensiva administrativa&rdquo;, que, dice, ha retenido al Sea Watch 4, de la ONG alemana hom&oacute;nima, en Palermo tras su &uacute;ltimo rescate. El Louise Michel, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/italia-evacua-49-219-migrantes-bordo-barco-humanitario-banksy_1_6189219.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">financiado por el artista Banksy</a>, permanece fondeado en Mallorca. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el caso reciente m&aacute;s significativo es el del buque mercante Maersk Etienne.<em> </em>Tras rescatar a 27 migrantes en aguas maltesas a principios de agosto tuvo que esperar 39 d&iacute;as hasta poder desembarcar finalmente en Sicilia el pasado s&aacute;bado. Robert Maersk, director ejecutivo del gigante del transporte mar&iacute;timo, denunciaba en su cuenta de Linkedin &ldquo;el terrible precedente para la flota mercante global&rdquo; que supone el caso del Etienne. &ldquo;No hay registro hasta la fecha de un caso de abandono por parte de las autoridades como este&rdquo;, escribe Maersk. 
    </p><p class="article-text">
        El bloqueo se traduce en las cifras. Seg&uacute;n datos de la Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones (IOM), en torno a 20.000 migrantes han conseguido llegar a Italia en lo que va de a&ntilde;o tras cruzar el Mediterr&aacute;neo, una tercera parte del total en 2019. Los muertos superan los 400, y son solo los confirmados. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi objetivo es rescatar y desembarcar en un puerto seguro; que tanto el pasaje como la tripulaci&oacute;n d&eacute; negativo en COVID-19 una vez en tierra y evitar que el barco sea requisado para poder volver a la zona de rescate cuanto antes&rdquo;, dice Mayordomo.
    </p><p class="article-text">
        No falta mucho. Los 277 del&nbsp;<em>Open Arms</em>&nbsp;ve&iacute;an este martes la costa de Sicilia a pocas millas. Roma hab&iacute;a permitido al&nbsp;Open Arms&nbsp;que entrara en aguas territoriales italianas para protegerse del temporal del sur y proceder despu&eacute;s a la evacuaci&oacute;n de las dos embarazadas. El operativo se retras&oacute;: nada m&aacute;s divisar la embarcaci&oacute;n de los guardacostas italianos<em>,&nbsp;</em>un grupo de rescatados decidi&oacute; tirarse al agua desde popa, lo que provoc&oacute; el retraso de la maniobra y, de paso, precipit&oacute; los acontecimientos. Para cuando se pudo evacuar a las dos somal&iacute;es hab&iacute;a siete migrantes intentando llegar hasta el bote italiano por sus propios medios en mitad de la noche. Las ordenes de Roma llegaban dos horas despu&eacute;s: el&nbsp;Open Arms&nbsp;debe poner rumbo a Palermo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karlos Zurutuza]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Sep 2020 21:14:01 +0000]]></pubDate>
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