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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lucía Franco]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El tiempo se acaba para Ana: la lucha de una inmigrante para abortar sin papeles, con burocracia y en medio de la pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/tiempo-acaba-ana-lucha-inmigrante-abortar-papeles-burocracia-medio-pandemia_1_6230905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/faefb485-9f78-4e8c-84c2-e617a4ff5ac3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El tiempo se acaba para Ana: la lucha de una inmigrante para abortar sin papeles, con burocracia y en medio de la pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llegó en abril en patera de Costa de Marfil, habla sólo francés y se ha topado en Getafe con papeleo, oficinas cerradas y confinamientos obligados</p></div><p class="article-text">
        Ana G. (nombre ficticio) tiene 30 a&ntilde;os, est&aacute; embarazada y mira con nerviosismo el reloj. Sabe que las horas cuentan y hace ya ocho semanas que busca por todos los medios un aborto seguro, pero el tiempo se acaba. Desde que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a hace frente a quienes le piden que no aborte y a un sistema sanitario que no le permite decidir porque no tiene papeles. &ldquo;Me dicen que si lo tengo me van a dar los papeles m&aacute;s r&aacute;pido&rdquo;, cuenta. Sin embargo, ella est&aacute; decidida a seguir adelante con la interrupci&oacute;n de su embarazo. Ana no se atreve a hablar de lo que pas&oacute; y tiembla de solo recordarlo.
    </p><p class="article-text">
        Esta mujer de Costa de Marfil lleg&oacute; a Canarias el pasado mes de abril y fue trasladada despu&eacute;s a Getafe. Una vez en la ciudad madrile&ntilde;a, acudi&oacute; a la farmacia para comprar un test de embarazo: el primer resultado fue negativo. Pero segu&iacute;a sinti&eacute;ndose extra&ntilde;a. Se hizo una ecograf&iacute;a en un centro de salud que confirm&oacute; sus mayores miedos: estaba embarazada de nueve semanas. Desde ese momento, empez&oacute; su lucha contra las dificultades que ha encontrado en el sistema sanitario de la Comunidad de Madrid.&nbsp;Acaba de cumplir diez semanas de embarazo y dice que su decisi&oacute;n sigue siendo firme.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo corre en su contra. &ldquo;Tengo pesadillas todas las noches, no puedo dormir. Me est&aacute; empezando a afectar mentalmente, tengo que acabar con esto cuanto antes&rdquo;, explica Ana asustada. Cada d&iacute;a al despertar en el centro de acogida para refugiados en el edificio de CEAR (Comisi&oacute;n Espa&ntilde;ola de Ayuda al Refugiado) enciende sus dos m&oacute;viles. Ahora tiene dos vidas. Primero, el de la tarjeta del m&oacute;vil de Costa de Marfil donde mira sus mensajes. Despu&eacute;s, coge su m&oacute;vil con la tarjeta de Espa&ntilde;a y empieza a buscar qu&eacute; puede hacer por su cuenta para interrumpir la gestaci&oacute;n. Pero su prioridad es intentarlo por la v&iacute;a legal y segura. Desde que sabe que est&aacute; embarazada ha visitado al menos cinco veces el centro de salud, otras tantas el hospital m&aacute;s cercano y ha pedido dos citas en cl&iacute;nicas donde se practican interrupciones de embarazo. En todas partes, una misma respuesta: sin los papeles en regla, no la atienden.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Me siento rechazada&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Camina asustada por las calles de Getafe. Lo &uacute;nico que conoce de la ciudad es el centro de salud y el hospital. &ldquo;Cuando estoy en el albergue me siento segura, pero cuando salgo empiezo a sentirme mal&rdquo;, dice. El otro d&iacute;a le dio antojo de mango y decidi&oacute; ir a la fruter&iacute;a, pero al llegar se arrepinti&oacute;. El mango costaba m&aacute;s de lo que ella pod&iacute;a permitirse y cuando trat&oacute; de hablar con el tendero, no la entendi&oacute;. Dice que nadie hace el esfuerzo de entenderla. &ldquo;Me siento rechazada por no ser como todos aqu&iacute;&rdquo;, cuenta Ana.
    </p><p class="article-text">
        El informe de la Polic&iacute;a relata con precisi&oacute;n la llegada de Ana. A las 20.15 del 6 de abril <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/365-dias-de-migraciones/llegan-arguineguin-54-migrantes-rescatados-cayuco_132_6223647.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lleg&oacute; al muelle de Arguinegu&iacute;n, en Gran Canaria</a>. Lo hizo desde Costa de Marfil en una patera que comparti&oacute; con otras 35 personas m&aacute;s de origen subsahariano. Al menos esto es lo que consta en el documento del acuerdo de devoluci&oacute;n que le entreg&oacute; la polic&iacute;a. &ldquo;No entiendo por qu&eacute; ese papel oficial del Gobierno no vale para que me atiendan en el hospital y me ayuden. Ah&iacute; sale que tengo n&uacute;mero de NIE&rdquo;, dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las citas de extranjer&iacute;a se est&aacute;n demorando m&aacute;s de lo normal. Los tr&aacute;mites se quedaron paralizados por el cierre de las oficinas de atenci&oacute;n a causa de la pandemia. Cuando, tras mucho batallar, logr&oacute; al fin su cita para pedir asilo como refugiada, no pudo acudir. &ldquo;En el albergue donde estoy detectaron un positivo y nos pusieron a todos en cuarentena, entonces no pude ir a mi cita&rdquo;, cuenta Ana, que dio negativo por coronavirus en la prueba PCR que le hicieron. Mientras tanto, el tiempo pasa y el l&iacute;mite para interrumpir su embarazo llega a su final.
    </p><p class="article-text">
        Las dificultades no acaban ah&iacute;. Ana nunca tuvo la oportunidad de ir al colegio. No sabe ni leer ni escribir, pero quiere aprender castellano. Empez&oacute; a dar clases de espa&ntilde;ol antes del confinamiento, pero tuvo que interrumpirlas. Solo habla franc&eacute;s, y eso ha supuesto un obst&aacute;culo m&aacute;s en esta carrera que libra contra el tiempo. En Espa&ntilde;a, la interrupci&oacute;n del embarazo est&aacute; cubierta por la sanidad p&uacute;blica hasta la semana 14 de embarazo y hasta la 22 por causas m&eacute;dicas. En condiciones normales, a Ana solo le queda un mes para abortar.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico documento de identificaci&oacute;n que tiene es el que le entreg&oacute; la polic&iacute;a la noche que pis&oacute; Espa&ntilde;a. &ldquo;El problema es que no me da tiempo a tener los documentos. Fui tambi&eacute;n a la embajada de mi pa&iacute;s y me pidieron mi pasaporte, pero no lo puedo conseguir porque no tengo ninguna relaci&oacute;n con mi familia&rdquo;, explica mientras deja escapar unos suspiros, por debajo de la mascarilla. Su padre muri&oacute;, y era &eacute;l quien se ocupaba de ayudarla con los documentos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este jueves una voluntaria de la Comisi&oacute;n para la Investigaci&oacute;n de Malos Tratos se enter&oacute; de su caso y acompa&ntilde;&oacute; a Ana toda la tarde para que pudiera conseguir el certificado que necesita para que le realicen el procedimiento sin tener que presentar sus papeles. &ldquo;Tenemos establecido el c&oacute;digo DAR para irregulares [una forma de identificar y dar asistencia para personas extranjeras sin papeles], solo tiene que tramitarlo&rdquo;, afirma al respecto un portavoz de la Consejer&iacute;a de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Por ahora, decirlo parece m&aacute;s f&aacute;cil que conseguirlo. En primera instancia la Comisi&oacute;n Espa&ntilde;ola de Ayuda al Refugiado estuvo acompa&ntilde;ando a Ana. Ella dice que el trabajador social que le toc&oacute; no se esforz&oacute; en ayudarla. Durante la elaboraci&oacute;n de este art&iacute;culo, la Comisi&oacute;n intervino y ahora la est&aacute; apoyando en todo el proceso.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Obst&aacute;culos ya denunciados</h3><p class="article-text">
        Este no es solo el caso de Ana, sino que sucede a las mujeres migrantes sin papeles que necesitan demostrar su identidad para que se les practique un aborto seguro. La alternativa privada est&aacute; fuera de su alcance. En abril del 2019, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/denuncian-defensor-pueblo-obstaculos-embarazadas_1_1602811.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dos organizaciones pidieron al Defensor del Pueblo</a>, Francisco Fern&aacute;ndez Marug&aacute;n, que investigara los obst&aacute;culos y demoras que afrontan las inmigrantes para <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/madrid-autorizacion-progenitores-abortar-desaparecido_1_3986315.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acceder a un aborto en la Comunidad de Madrid.</a> Women's Link y la Comisi&oacute;n para la Investigaci&oacute;n de Malos Tratos presentaron una queja con seis casos de mujeres sin autorizaci&oacute;n para vivir en Espa&ntilde;a que, entre 2016 y 2018, tuvieron dificultades cuando pidieron una interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El origen de la discriminaci&oacute;n se remonta a la reforma sanitaria del Partido Popular, que excluy&oacute; de la sanidad p&uacute;blica a los inmigrantes sin papeles, salvo embarazadas, menores y casos de urgencias. Sin embargo, la indefinici&oacute;n de la normativa se traduc&iacute;a en la pr&aacute;ctica en numerosos casos de mujeres a las que negaban acceder al sistema nacional de salud a pesar de su embarazo. Tras la entrada en vigor del Real Decreto 7/2018, aprobado en 2018 para &ldquo;recuperar la sanidad universal&rdquo;, persisten los problemas en la aplicaci&oacute;n de la ley.
    </p><p class="article-text">
        Las organizaciones denuncian que la normativa dej&oacute; una serie de grietas que permiten la elevaci&oacute;n de barreras de los gobiernos auton&oacute;micos a la asistencia sanitaria de diversos colectivos, entre ellos, las mujeres embarazadas sin papeles que lleven menos de 90 d&iacute;as residiendo en Espa&ntilde;a o no puedan demostrar una estancia superior a tres meses. En estos seis casos, que se suman a cuatro m&aacute;s presentados este a&ntilde;o, con la ayuda de varias ONG, las mujeres s&iacute; pudieron acceder a su derecho al aborto. Pero las cosas se est&aacute;n poniendo cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles. &ldquo;Con la pandemia, el sistema sanitario ha cambiado por completo y es otra realidad diferente&rdquo;, explica un representante de la Comisi&oacute;n para la Investigaci&oacute;n de Malos Tratos.
    </p><p class="article-text">
        Ana tiene cuatro hijos que dej&oacute; en Costa de Marfil. El m&aacute;s peque&ntilde;o tiene cinco a&ntilde;os y el mayor, 13. Lleg&oacute; a Espa&ntilde;a con la ilusi&oacute;n de poder vivir en libertad y de labrarse un futuro trabajando en su gran pasi&oacute;n: la gastronom&iacute;a. Cuando piensa en lo mejor de aqu&iacute;, lo tiene claro: la paella. &ldquo;Quisiera traerme a mis ni&ntilde;os cuando se pueda&rdquo;, cuenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No entiende por qu&eacute; le est&aacute; costando tanto trabajo ejercer el derecho a terminar su embarazo. &ldquo;Es mi cuerpo&rdquo;, afirma. Ana no quiere hablar de c&oacute;mo se qued&oacute; embarazada, pero no puede contener las l&aacute;grimas y el gesto de angustia cuando se enfrenta a esa pregunta. Es la misma expresi&oacute;n de miles de mujeres que sufren agresiones sexuales en su ruta hacia Europa. &ldquo;Entiendo que por ser inmigrante no tenga los mismos derechos que los blancos aqu&iacute;, pero la salud es un derecho y todos merecemos ser atendidos&rdquo;, dice Ana.
    </p><p class="article-text">
        <em>Informaci&oacute;n elaborada en colaboraci&oacute;n con </em><a href="https://porcausa.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>porCausa</em></a><em>.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Franco]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Sep 2020 20:03:17 +0000]]></pubDate>
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