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    <title><![CDATA[elDiario.es - Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/inigo-jauregui-ezquibela/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un intruso en el Himalaya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/himalaya-cho-oyu-herbert-tichy-ochomiles_1_11668937.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a3b581d1-1783-4ed7-b6db-18569cfd4943_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un intruso en el Himalaya"></p><p class="article-text">
        En el santoral de primeros ochomilistas figuran todo tipo de caracteres y personalidades: m&aacute;rtires devotos, eg&oacute;latras patol&oacute;gicos, patriotas fan&aacute;ticos, estrategas oportunistas, narcisistas de manual, exc&eacute;ntricos y alg&uacute;n que otro intruso. Si tuvi&eacute;ramos que elegir una de entre todas esas categor&iacute;as, nos inclinar&iacute;amos, sin duda, por la que figura en &uacute;ltimo lugar, al final de ese listado, y lo har&iacute;amos no tanto por el comportamiento intr&iacute;nseco de los protagonistas de semejantes haza&ntilde;as como por su singularidad, por constituir una excepci&oacute;n dentro de todo el conjunto. Y es que, si analizamos en detalle el listado de ascensiones y ascensionistas que se sucedieron entre 1950, fecha en la que Maurice Herzog y Louis Lachenal coronaron el Annapurna, hasta 1964, a&ntilde;o en el que finaliz&oacute; la carrera de los 14 ochomiles con la conquista del Shisha Pangma a cargo de un equipo chino, comprobaremos que todas o casi todas transcurrieron por los cauces previstos o estuvieron marcadas por la previsibilidad. Las excepciones a la norma fueron realmente pocas o muy pocas y ninguna lo fue tanto como la dirigida en 1954 por el austriaco Herbert Tichy (Viena, 1912 &ndash; Viena, 1987) que culmin&oacute; con la coronaci&oacute;n del Cho Oyu que, con sus 8.188 metros, constituye la sexta monta&ntilde;a m&aacute;s alta de la Tierra.
    </p><p class="article-text">
        	Los motivos por los que acabamos de tachar a Tichy de intruso o advenedizo son muy diversos. Su expedici&oacute;n, como tendremos ocasi&oacute;n de analizar a continuaci&oacute;n, estuvo llena de, llam&eacute;moslas as&iacute;, irregularidades. En otras palabras, no discurri&oacute; por los cauces habituales o no se acomod&oacute; al modelo que por aquel entonces dominaba este tipo de iniciativas y que estaba gobernado por criterios y estrategias militares no muy diferentes a las practicadas algunos a&ntilde;os antes en los campos de batalla. La mejor prueba de todo la hallamos en la literatura de monta&ntilde;a de aquel entonces. Si consultamos las obras que los protagonistas de estas expediciones produjeron a su regreso veremos que est&aacute;n cuajadas de terminolog&iacute;a b&eacute;lica o belicista, de asedios, asaltos, ataques, retiradas, movimientos estrat&eacute;gicos, actos de hero&iacute;smo, puestos avanzados, campa&ntilde;as, derrotas&hellip; y que los l&iacute;deres de grupo, responsables &uacute;ltimos de la cadena de mando, ejerc&iacute;an un control f&eacute;rreo o cuartelario sobre sus subordinados.
    </p><p class="article-text">
        	Para empezar, Herbert Tichy estaba muy lejos de ser un alpinista consumado o de raza. Su experiencia como monta&ntilde;ero era casi nula o, para ser piadosos, extremadamente limitada. El mismo lo reconoce en la introducci&oacute;n de una de sus obras (<em>Cho Oyu</em>) cuando afirma: <em>&ldquo;No soy monta&ntilde;ero en el sentido estricto del t&eacute;rmino. Por m&aacute;s que me hallan atra&iacute;do las monta&ntilde;as, &eacute;stas no constituyen para m&iacute; objetivos en s&iacute; mismas (&hellip;)&rdquo;</em>.<em> </em>Sus verdaderas vocaciones eran la aventura y la geolog&iacute;a, ciencia a la que consagr&oacute; los primeros a&ntilde;os y viajes de su vida. Esta disciplina fue lo que le llev&oacute; en 1933 a viajar hasta la India a lomos de una motocicleta y a regresar en 1935. El resultado de ambas incursiones fue una tesis doctoral &iacute;ntegramente dedicada a la cordillera del Pir Panjal y la redacci&oacute;n de la primera de las 27 publicaciones que redact&oacute; a lo largo de su carrera. La obra en cuesti&oacute;n, que tiene traducci&oacute;n espa&ntilde;ola, se titula <em>Hacia el trono de los dioses</em>, fue editada en 1937 y forma parte, junto a <em>La metamorfosis de la flor de loto </em>(1951) y la ya citada <em>Cho Oyu </em>(1955), de una trilog&iacute;a consagrada al subcontinente indio.
    </p><p class="article-text">
        	Con este historial, no es extra&ntilde;o que su verdadero bautizo en el Himalaya se produjese en 1953, a unos meses de cumplir 42 a&ntilde;os. Fue entonces, al final de una incursi&oacute;n de cuatro meses por las monta&ntilde;as del oeste de Nepal, cuando concibi&oacute; la posibilidad de ascender un ochomil virgen. La idea inicial no parti&oacute; de Herbert sino de uno de los sherpas de su equipo: Pasang Dawa. La sugerencia se debi&oacute;, probablemente, a que Dawa era natural y estaba muy familiarizado con el Khumbu, la regi&oacute;n en la que se alza este ochomil.
    </p><p class="article-text">
        	Estos antecedentes, o falta de ellos, son s&oacute;lo un ejemplo de lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s porque buena parte de las circunstancias que rodearon la escalada tuvieron muy poco que ver con lo que sol&iacute;an ser los cauces habituales. Para empezar, la de Tichy fue la primera expedici&oacute;n en estilo alpino o ligero y exitosa de la que se tiene noticia. El equipo se redujo a 10 miembros: tres austriacos, el propio Tichy, J. J&ouml;chler, H. Heuberger y siete sherpas encabezados por Dawa y Adjiba. Su intentona, adem&aacute;s, no se desarroll&oacute; durante la primavera, como hab&iacute;a sucedido en todos los casos anteriores, sino durante los meses de septiembre y octubre de 1954 y, lo que es a&uacute;n m&aacute;s sorprendente, desech&oacute; completamente el empleo de ox&iacute;geno suplementario. Eso sin olvidar las diversas imprudencias cometidas por Tichy. Las m&aacute;s notorias fueron dos: atravesar los l&iacute;mites fronterizos que separan China de Nepal sin el conocimiento ni la autorizaci&oacute;n de las autoridades de la Rep&uacute;blica Popular y empe&ntilde;arse en continuar a pesar de los principios de congelaci&oacute;n sufridos en ambas manos. As&iacute; es como, contra todo pron&oacute;stico, Tichy, J&ouml;chler y Dawa alcanzaron la cima del Cho Oyu la tarde del 19 de octubre de 1954 y as&iacute; es como Tichy refleja el acontecimiento: <em>&ldquo;El interminable cielo azul descend&iacute;a en torno a nosotros como si fuera una campana. Haber alcanzado la cumbre era un hecho glorioso, pero la proximidad del cielo resultaba abrumadora. S&oacute;lo unos pocos han estado m&aacute;s cerca de &eacute;l que nosotros aquel d&iacute;a. Fue el cielo lo que domin&oacute; nuestra media hora en la cumbre&rdquo;</em>. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s podemos a&ntilde;adir?&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/himalaya-cho-oyu-herbert-tichy-ochomiles_1_11668937.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Sep 2024 10:02:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un intruso en el Himalaya]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vertikal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/vertikal-stanislav-govorukhin-boris-durov-pelicula-montana-vladimir-vysotskiy_1_11604607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25e5e37b-a995-4970-8f40-37015eeb60cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1100813.jpg" width="945" height="532" alt="Vertikal"></p><p class="article-text">
        	&nbsp;As&iacute; se titula una pel&iacute;cula sovi&eacute;tica de 73 minutos de duraci&oacute;n estrenada en 1967 y dirigida por dos directores noveles llamados Stanislav Govorukhin y Boris Durov (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=rjDI-pX3JIQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.youtube.com/watch?v=rjDI-pX3JIQ</a>). Se trata de una cinta en blanco y negro, realizada con muy pocos medios, a ratos &ldquo;naif&rdquo; y sin grandes alardes t&eacute;cnicos que describe las peripecias de un grupo compuesto por seis expedicionarios (cuatro hombres y dos mujeres) que se dispone a ascender a la cima de una monta&ntilde;a llamada Artao enclavada en la cordillera del C&aacute;ucaso y cuya silueta recuerda a la del Ushba. Su tem&aacute;tica result&oacute; no ser un obst&aacute;culo a la hora de suscitar el inter&eacute;s del p&uacute;blico de la extinta U.R.S.S. porque atrajo a un total de 33 millones de espectadores convirti&eacute;ndose, de ese modo, en el decimotercer largometraje m&aacute;s popular de ese ejercicio. Curiosamente, el m&aacute;s taquillero de todos los estrenos de ese mismo a&ntilde;o fue una comedia rodada y ambientada en la misma cadena monta&ntilde;osa y de la que se vendieron m&aacute;s de 76 millones de entradas. El argumento de esta segunda pel&iacute;cula, titulada <em>La prisionera del C&aacute;ucaso </em>o <em>Nuevas aventuras de Shurik</em> (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=8KYUSLtXJyo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.youtube.com/watch?v=8KYUSLtXJyo</a>), giraba en torno a las c&oacute;micas andanzas de Shurik, el estrafalario personaje que daba nombre al filme, un viejo conocido de las audiencias sovi&eacute;ticas que ya hab&iacute;a protagonizado otro gran &eacute;xito: <em>Operaci&oacute;n &ldquo;Y&rdquo; y otras aventuras de Shurik</em>. <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        	Pero volviendo al tema que nos ocupa, el &eacute;xito cosechado por <em>Vertikal </em>a su paso por las pantallas no se debi&oacute; tanto a las virtudes t&eacute;cnicas, argumentales o dram&aacute;ticas del largometraje sino a la participaci&oacute;n en el mismo del que m&aacute;s tarde se convertir&iacute;a en uno de los mayores &iacute;dolos cinematogr&aacute;ficos y musicales de la escena sovi&eacute;tica. Nos estamos refiriendo al cantautor Vladimir Vysotskiy (Mosc&uacute;, 1938 &ndash; Mosc&uacute;, 1980). La composici&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los cinco temas que forman la banda sonora y su papel como radiotelegrafista de la expedici&oacute;n no solamente alimentaron la curiosidad de las audiencias, sino que, probablemente, suscitaron la necesidad de acudir a los cines donde se exhib&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        	Sea como fuere, los dos primeros minutos del metraje transcurren en el interior de un apartamento en el que los integrantes del grupo se hallan reunidos para ultimar los preparativos y elegir a su l&iacute;der, responsabilidad que recae en Vitaly, el m&aacute;s veterano de todos ellos. Tras esta introducci&oacute;n, el escenario se traslada al C&aacute;ucaso georgiano, a una localidad de la regi&oacute;n de Svaneti llamada Ushguli. Durante cerca de un cuarto de hora, la pel&iacute;cula se transforma en un documental etnogr&aacute;fico que se dedica a mostrar, aunque sea de forma superficial, los aspectos m&aacute;s significativos de la vida de sus habitantes: rostros, atuendo, costumbres, arquitectura, utensilios, mobiliario dom&eacute;stico, gastronom&iacute;a&hellip; Mientras tanto, Vessari&oacute;n, el anciano que ha acogido a los alpinistas subraya los riesgos a los que se exponen y se lamenta de la p&eacute;rdida de su hijo mayor Iliko, desaparecido en las faldas del pico que aspiran a escalar.
    </p><p class="article-text">
        	Unos minutos despu&eacute;s, la comitiva llega al campamento base con la intenci&oacute;n de preparar el asalto a la cumbre. Mientras Volodya, el radiotelegrafista, y Larisa, la doctora, permanecen all&iacute;, a la espera de acontecimientos, el resto del equipo se interna en las estribaciones del Artao. Es entonces cuando comienza a desarrollarse el nudo argumental, cuando Volodya retransmite un mensaje en el que advierte de la llegada de una borrasca. Gennadi, receptor del aviso, decide ocultar a sus compa&ntilde;eros esta noticia y, tras hacer cima, se desencadena una tormenta en el curso de la cual descubren la tienda en la que yace el cad&aacute;ver de Iliko. Afortunadamente, la expedici&oacute;n al completo consigue salir indemne de la prueba y regresar a su hogar.
    </p><p class="article-text">
        	Como es f&aacute;cil imaginar, el valor de esta pel&iacute;cula no depende tanto de su trama o sus alardes t&eacute;cnicos como de algunos detalles o peculiaridades. Para empezar, y a pesar de la inverosimilitud de algunas situaciones, el filme est&aacute; rodado en su totalidad en escenarios naturales f&aacute;cilmente reconocibles (Elbrus, Bezengi, Ushba, Ushguli&hellip;) y carece de actores de doblaje para las escenas de acci&oacute;n. Adem&aacute;s, el equipamiento t&eacute;cnico que utilizan los protagonistas resulta, cuando menos, llamativo y revela, a trav&eacute;s de diversos objetos y prendas (jers&eacute;is, cuerdas, casco de escalada, arneses, deportivas&hellip;) la penuria o escasez de medios de los alpinistas sovi&eacute;ticos de ese per&iacute;odo. No obstante, sus rasgos m&aacute;s rese&ntilde;ables tienen que ver con la obsesi&oacute;n por la seguridad, que se revela a trav&eacute;s del servicio centralizado de alertas radiof&oacute;nicas y la utilizaci&oacute;n de cohetes de colores, y con la cr&iacute;tica a la insensatez y al comportamiento insolidario de Gennadi. Un comportamiento que, en consonancia con la ideolog&iacute;a sovi&eacute;tica, podr&iacute;a tacharse de peque&ntilde;o burgu&eacute;s o capitalista porque la decisi&oacute;n de no comunicar lo que est&aacute; a punto de suceder est&aacute; guiada por la ambici&oacute;n, la insolidaridad y el ego&iacute;smo personal, por el af&aacute;n de conquistar la gloria a&uacute;n a riesgo de poner en peligro la vida y la seguridad de sus camaradas. Como se&ntilde;ala Volodya &ndash; Visotskiy en una conversaci&oacute;n con Larisa: <em>&ldquo;los rasgos desconocidos de la personalidad aparecen en las monta&ntilde;as&rdquo;</em>. Ojo, por tanto, con lo que las monta&ntilde;as revelen de nosotros mismos, no vaya a ser que amanezcamos marxistas-leninistas y nos acostemos contrarrevolucionarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/vertikal-stanislav-govorukhin-boris-durov-pelicula-montana-vladimir-vysotskiy_1_11604607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Aug 2024 08:05:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vertikal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bill Tilman, una vida de película]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/bill-tilman-alpinismo-eric-shipton_1_11542310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6810a762-3f40-4a5c-a48c-6d9b48ef7572_16-9-discover-aspect-ratio_default_1099394.jpg" width="707" height="398" alt="Bill Tilman, una vida de película"></p><p class="article-text">
        Para quienes jam&aacute;s hayan o&iacute;do hablar de este personaje, baste se&ntilde;alar que, a pesar de que no existe ning&uacute;n documental o biopic que dramatice los acontecimientos que rodearon su paso por este mundo, la suya fue una vida intensa y plena, repleta de acci&oacute;n y de emociones. Tanto es as&iacute; que, como m&aacute;s tarde comprobaremos, su fallecimiento y las circunstancias en las que &eacute;ste se produjo s&oacute;lo sirvieron para corroborar este car&aacute;cter ind&oacute;mito y aventurero y engrandecer su leyenda. La muerte, por una vez, le hizo justicia.
    </p><p class="article-text">
        Harold William Tilman (1898 &ndash; 1977), el protagonista absoluto de esta historia, naci&oacute; en un pueblecito de la campi&ntilde;a inglesa llamado Wallasey y al estallar la Primera Guerra Mundial, ingres&oacute; en la Royal Military Academy de Woolwich de la que se gradu&oacute; en 1915 con el grado de teniente. Tras alistarse en un batall&oacute;n de artiller&iacute;a, particip&oacute; en la batalla del Somme y fue herido en dos ocasiones y condecorado en otras tantas. Finalizada la contienda, decidi&oacute; instalarse en Kenia, donde estableci&oacute; un negocio dedicado a la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de caf&eacute;. Alrededor de 1929, durante su estancia en este territorio colonial, trab&oacute; amistad con otro plantador nueve a&ntilde;os menor que respond&iacute;a al nombre de Eric Shipton y que, de paso, le inici&oacute; en la pr&aacute;ctica del alpinismo. De este modo casual se inici&oacute; su amistad, su participaci&oacute;n en multitud de aventuras conjuntas y la formaci&oacute;n de una de las cordadas m&aacute;s c&eacute;lebres y fruct&iacute;feras de todos los tiempos.
    </p><p class="article-text">
        	Los primeros logros de su carrera como deportista los obtuvo a comienzos de la d&eacute;cada de los 30 al alim&oacute;n con su inseparable compa&ntilde;ero y sin salir de &Aacute;frica. De entonces datan la traves&iacute;a del monte Kenia y las ascensiones al Kilimanjaro y Ruwenzori. Tras este bautizo de fuego, ambos decidieron trasladar el campo de operaciones al Himalaya comenzando por el reconocimiento del santuario (1934) y la primera ascensi&oacute;n del Nanda Devi (1936), siguiendo con las expediciones al Everest (1935 y 1938) y finalizando con una incursi&oacute;n de varios meses de duraci&oacute;n por la regi&oacute;n de Assam y los confines orientales del Himalaya (1939).
    </p><p class="article-text">
        	El estallido de la S.G.M., al contrario de lo que pudiera parecer, no impidi&oacute; que el bueno de Bill continuara cultivando la que, por aquel entonces, constitu&iacute;a su principal pasi&oacute;n. La reincorporaci&oacute;n al servicio activo y su estrecha colaboraci&oacute;n con los partisanos italianos, albaneses y kurdos le permitieron conocer de cerca las monta&ntilde;as en las que se refugiaban y desde las que lanzaban sus ataques y, adem&aacute;s, obtener nuevas distinciones militares.
    </p><p class="article-text">
        	Tras el restablecimiento de la paz, la carrera de Tilman se reanuda gracias a su participaci&oacute;n en nuevas expediciones que le conducen a internarse en las vertientes del Rakaposhi y del Karakorum pakistan&iacute; (1947) y en las monta&ntilde;as del Turkest&aacute;n chino (1948) o explorar los macizos nepal&iacute;es de Langtang, Ganesh y Jugal Himal (1949) y Annapurna (1950). Su vocaci&oacute;n como alpinista culmina en 1952 cuando la Royal Geographical Society le otorga la medalla de los fundadores. A partir de esa fecha opta por abandonar definitivamente la actividad que llevaba practicando durante cerca de un cuarto de siglo, y abrazar una nueva carrera que no abandonar&aacute; hasta la muerte (<a href="https://comlay.net/tilman/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://comlay.net/tilman/</a>). Nos estamos refiriendo a la navegaci&oacute;n. El primer acto de esta reinvenci&oacute;n como piloto o capit&aacute;n de barco consiste en la compra en 1954 de un velero llamado Mischief al que seguir&aacute;n otros dos: See Breeze y Baroque. Con ellos se internar&aacute; en los mares m&aacute;s tormentosos y extremos del mundo en singladuras de meses de duraci&oacute;n. De este modo visitar&aacute; las costas de las islas subant&aacute;rticas o las de Groenlandia, a las que volver&aacute; una y otra vez, Patagonia, Baffin, Spitzbergen e Islandia.
    </p><p class="article-text">
        	En agosto de 1977, a punto de convertirse en octogenario, se embarca como tripulante en el remolcador En Avant con destino al archipi&eacute;lago de las Shetland del Sur, situado a escasas millas de la Pen&iacute;nsula Ant&aacute;rtica. El objetivo de esta empresa integrada por siete miembros es muy semejante al llevado a cabo algunos a&ntilde;os antes en la isla Heard: desembarcar, reconocer y ascender al techo de la isla Smith. Despu&eacute;s de abandonar Southampton y recalar en Las Palmas y R&iacute;o, la nave pone rumbo a las Malvinas a comienzos de noviembre, pero nunca llegar&aacute; a su destino&hellip; La b&uacute;squeda, iniciada algunas semanas despu&eacute;s, resulta infructuosa y, a d&iacute;a de hoy, todo son especulaciones sobre lo que pudo suceder.
    </p><p class="article-text">
        	A falta de sepultura, la memoria de Tillman sigue vigente gracias a sus publicaciones, reeditadas recientemente por Lodestar Books y Vertebrate Publishing en una colecci&oacute;n formada por 15 vol&uacute;menes, y a sus bi&oacute;grafos J. R. L. Anderson (High mountains and cold seas), Tim Madge (<em>The last hero</em>) y David A. Glen (<em>Warrior wanderer</em>). De este &uacute;ltimo hemos extra&iacute;do, precisamente, una descripci&oacute;n atribuida a su sobrina, Pam Davis: <em>&ldquo;La gente tacha a Bill de exc&eacute;ntrico. Si las viejas virtudes de temer a Dios, honrar al rey y servir a la patria son consideradas exc&eacute;ntricas, entonces claro que lo era. Yo no lo creo. Tuvo una enorme influencia en mi vida y en la de muchos otros. Era modesto, humilde y su sentido del humor se manifestaba en las burlas dedicadas a s&iacute; mismo que figuran en sus obras&rdquo;</em>. Que el mar le sea tanto o m&aacute;s leve que la tierra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/bill-tilman-alpinismo-eric-shipton_1_11542310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jul 2024 08:37:37 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Walser: montañeses de los Alpes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/walser-alpes-montaneses_1_11466690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/116cf913-dcd5-4431-9b5d-8fcb4102c9f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1097515.jpg" width="1732" height="974" alt=""></p><p class="article-text">
        	&nbsp;Tal y como hemos se&ntilde;alado en alguna otra ocasi&oacute;n, las cadenas y sistemas monta&ntilde;osos son grandes aliados de la biodiversidad. Por un lado, sus condiciones clim&aacute;ticas y topogr&aacute;ficas favorecen la fragmentaci&oacute;n de los h&aacute;bitats y, consecuentemente, la proliferaci&oacute;n de endemismos, de organismos &uacute;nicos y excepcionales. Por otro, su aislamiento e inaccesibilidad los convierte en santuarios o refugios consagrados a la protecci&oacute;n de variedades relictas y vulnerables, de especies que en el pasado gozaron de una ampl&iacute;sima representaci&oacute;n, pero que en la actualidad apenas cuentan con unos cuantos efectivos.
    </p><p class="article-text">
        	Los efectos de la fragmentaci&oacute;n y el aislamiento que caracterizan a los ecosistemas de monta&ntilde;a jam&aacute;s han quedado restringidos a la flora y a la fauna salvajes, sus consecuencias tambi&eacute;n se han dejado sentir &ndash;y de qu&eacute; manera&ndash; en la especie humana. Para comprobarlo, basta consultar el <em>Atlas of world cultures </em>de David H. Price y los mapas 32, 38 y 39. Su observaci&oacute;n permite apreciar la existencia de un v&iacute;nculo entre el relieve y la diversidad &eacute;tnica y/o cultural, una correlaci&oacute;n que apunta a que, por lo general, las regiones m&aacute;s accidentadas y montuosas albergan m&aacute;s minor&iacute;as y variabilidad &eacute;tnica que las que carecen de tales relieves. As&iacute; ocurre, al menos, en el caso del C&aacute;ucaso (mapa 38), el Himalaya (39) o la Cordillera Central de Nueva Guinea (32).
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, para hallar pruebas de lo que acabamos de se&ntilde;alar, no hace falta irse tan lejos, con dirigirse al coraz&oacute;n de Europa es suficiente porque los Alpes constituyen un excelente ejemplo de lo que acabamos de se&ntilde;alar. Su diversidad es obra de las diferencias nacionales existentes entre los siete pa&iacute;ses por los que se extienden (Francia, Alemania, Austria, Suiza, Italia, Eslovenia y Liechtenstein), pero, sobre todo, de las existentes a nivel local o comarcal y que obedecen a que cada uno de esos estados cuenta con la presencia de comunidades espec&iacute;ficas entre las que destacan los valdostanos, tiroleses, sudtiroleses, saboyanos, valdenses, berneses, lombardos, ladinos, friulanos, piamonteses, delfineses o walser, de quienes nos ocuparemos en lo que resta de art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        	 Los walser o valesanos, tambi&eacute;n llamados vallesani, valaisans y gualser por sus vecinos italianos, franceses y romanches, constituyen una minor&iacute;a &eacute;tnica e idiom&aacute;tica originaria de los Alpes cuya lengua vern&aacute;cula es un dialecto del alto alem&aacute;n y que, seg&uacute;n cifras oficiosas, est&aacute; integrada por cerca de 35.000 personas. Seg&uacute;n sus propias fuentes <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">(</a><a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">https://www.wir-walser.ch</a>), la comunidad se halla repartida en 150 asentamientos distribuidos a lo largo de un eje de 300 kil&oacute;metros de longitud que pasa por cuatro pa&iacute;ses: Suiza, Italia, Liechtenstein y Austria. La l&iacute;nea imaginaria a la que nos referimos comenzar&iacute;a en el Valais, junto a la cabecera del valle del R&oacute;dano, y se dirigir&iacute;a hacia el NE para finalizar en las inmediaciones de las fuentes del Rin, Sankt Gallen y el lago Constanza.
    </p><p class="article-text">
        	Todo parece indicar que este grupo tom&oacute; el nombre por el que son conocidos de la comarca en la que se establecieron alrededor del siglo X de nuestra era, un territorio situado en pleno coraz&oacute;n de los Alpes suizos que coincide con los l&iacute;mites territoriales del Valais (Wallis en alem&aacute;n). Poco o nada es lo que se sabe de esos primeros asentamientos, sin embargo, la falta de documentaci&oacute;n asociada a ese per&iacute;odo no ha podido ocultar el hecho de que a partir del siglo XII, entre 1150 y 1450, la poblaci&oacute;n walser comenz&oacute; a trasladarse a otras latitudes. Este proceso migratorio denominado <em>walserwanderungen </em>es el que explica su presencia en los lugares que hemos mencionado anteriormente.
    </p><p class="article-text">
        	Nadie sabe a ciencia cierta cu&aacute;les fueron las causas de esta migraci&oacute;n. Existen teor&iacute;as para todos los gustos. Algunos autores sostienen que fue provocada por los conflictos y enfrentamientos ocasionados por los se&ntilde;ores feudales; otros apuntan a factores ex&oacute;genos y end&oacute;genos como son el cambio clim&aacute;tico y la sobrepoblaci&oacute;n o la posesi&oacute;n de un car&aacute;cter emprendedor y poco acomodaticio que les empujaba a abandonar sus tierras ancestrales en pos de nuevos horizontes. Sea como fuere, lo cierto es que, en algunas comarcas, los colonos walser se hicieron acreedores de ciertos privilegios como la capacidad de nombrar a sus propios tribunales de justicia y la de legar propiedades a sus herederos.
    </p><p class="article-text">
        	De lo que no hay ninguna duda es de la reputaci&oacute;n que han ostentado hasta el pasado siglo como arrieros, pastores de altura y granjeros. La fama que se atribuye a estos monta&ntilde;eses obedece, en buena medida, a que muchas de sus aldeas se constru&iacute;an muy por encima de las de sus vecinos y del l&iacute;mite del bosque, en cotas que superaban los 1.500 o 2.000 metros. El ejemplo m&aacute;s evidente es Juf, un peque&ntilde;o n&uacute;cleo perteneciente al cant&oacute;n suizo de los Grisones situado a 2.126 metros. Estas ubicaciones, adem&aacute;s de facilitar un r&aacute;pido acceso a los pasos de monta&ntilde;a, permit&iacute;a la explotaci&oacute;n intensiva del &uacute;nico recurso que prolifera a esas alturas: el pasto en forma de prados de diente o de siega. Esa fue la base de su econom&iacute;a, de su relativa prosperidad y del modelo de poblamiento &ndash;disperso o concentrado&ndash; que todav&iacute;a puede observarse en Davos, Gressoney, Issime, Macugnaga, Sonntag, Sankt Gerold o Formazza. Para dar a conocer estos enclaves se han dise&ntilde;ado algunas iniciativas como el Great Walser Trail (<a href="https://www.walserweg.it/en/the-great-walser-trail#" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.walserweg.it/en/the-great-walser-trail#</a>) que discurre &iacute;ntegramente por el norte de Italia o el Walserweg Graub&uuml;nden (<a href="https://www.walserweg.ch/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.walserweg.ch/</a>) que lo hace por Suiza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/walser-alpes-montaneses_1_11466690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jun 2024 08:31:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Walser: montañeses de los Alpes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sinaí, montaña ecuménica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/sinai-montana_1_11380244.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3e4d5c3-f334-43e6-9c80-c8a4a1ef0ea0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sinaí, montaña ecuménica"></p><p class="article-text">
        La pen&iacute;nsula del Sina&iacute; se localiza en el cuadrante nororiental del continente africano. Este ap&eacute;ndice terrestre de 60.000 km<sup>2</sup>,<sup> </sup>perteneciente a Egipto y con forma de tri&aacute;ngulo invertido, es un territorio desolado y semides&eacute;rtico que durante milenios ha facilitado el tr&aacute;nsito de animales y hombres entre &Aacute;frica y Oriente Medio o viceversa. Su interior se lo reparten las monta&ntilde;as y las dunas de arena. Las primeras ocupan buena parte de la mitad meridional lindante con el mar Rojo mientras que las segundas se extienden por el norte, hasta las orillas del Mediterr&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        	La poblaci&oacute;n de este territorio apenas alcanza los 400.000 habitantes y, si exceptuamos los beduinos que habitan el interior, la mayor&iacute;a se concentra en las &aacute;reas costeras, en las inmediaciones de Sharm el-Sheikh y de los restantes centros vacacionales que salpican el litoral del mar Rojo.
    </p><p class="article-text">
        	Esta gran lengua de tierra alberga la mayor parte de las monta&ntilde;as existentes en Egipto, elevaciones que superan ampliamente los 2.000 metros de altitud y entre las que figuran los picos Santa Catalina (2.642 metros), Zubayr (2.634 metros), Abu Shajarah (2.343 metros). Sina&iacute; (2.285 metros) o Serbal (2.070 metros).
    </p><p class="article-text">
        	Nadie sabe a ciencia cierta de d&oacute;nde procede el top&oacute;nimo &ldquo;Sina&iacute;&rdquo;. Algunos expertos sospechan que su origen est&aacute; directamente relacionado con el dios lunar Sin, una deidad preisl&aacute;mica relativamente popular entre las tribus de Arabia. En cualquier caso, la monta&ntilde;a que da nombre a este territorio y que tambi&eacute;n es conocida bajo los apelativos de monte Horeb, jbel Musa (&aacute;rabe) o har Sinai (hebreo) constituye un espacio sagrado para quienes profesan una de las tres religiones abrah&aacute;micas: cristianos, jud&iacute;os y musulmanes. Los motivos son f&aacute;ciles de imaginar. Dentro del Antiguo Testamento y de la Torah hebrea, existen dos libros (&Eacute;xodo y Deuteronomio) que afirman que &eacute;ste fue el lugar elegido por Yahv&eacute; para manifestarse al pueblo de Israel y hacerle llegar su voluntad en forma de mandamientos. El veh&iacute;culo o avatar que eligi&oacute; para hacerlo fue una zarza en llamas; el destinatario, Mois&eacute;s y el canal, dos losas de piedra cubiertas de caracteres. Por estos motivos, el Sina&iacute; fue convertido desde los primeros siglos de nuestra era, e incluso antes, en uno de los santuarios al aire libre m&aacute;s c&eacute;lebres de todo el mundo. Su sacralidad, como sucede tambi&eacute;n con el Kailash, tiene car&aacute;cter ecum&eacute;nico, es compartida por los miembros de las tres confesiones que acabamos de mencionar. Ninguno de ellos duda de que la entrega de esas tablas &ndash;tablas de la alianza&ndash; tuvo lugar en sus inmediaciones. All&iacute; es donde se sell&oacute; el pacto que vincula a Dios con el destino de la humanidad y de cada uno de los seres humanos que la componen. Este ecumenismo ha sido llevado a la pr&aacute;ctica en la cumbre del Sina&iacute; porque en este espacio de reducidas dimensiones coexisten una mezquita y una capilla ortodoxa dedicada a la Sant&iacute;sima Trinidad (<em>Agia Triada</em>) que fue construida en 1934 sobre las ruinas de un templo del siglo XVI levantado con sillares extra&iacute;dos de la misma cantera de la que Yahv&eacute; obtuvo las tablas.
    </p><p class="article-text">
        	Existen dudas acerca del emplazamiento exacto del lugar en el que Yahv&eacute; se manifest&oacute; y expres&oacute; sus deseos a Mois&eacute;s. Aunque en la actualidad, casi todos los ex&eacute;getas aceptan que esta teofan&iacute;a se produjo en el monte Sina&iacute;, a 50 kil&oacute;metros de la costa del mar Rojo y 75 de Sharm, hay indicios que apuntan en otra direcci&oacute;n. El candidato alternativo es el Serbal, a cuyos pies se edific&oacute; la primera fundaci&oacute;n mon&aacute;stica de toda la pen&iacute;nsula, un cenobio fechado en el siglo IV que posteriormente fue trasladado a su emplazamiento actual: los contrafuertes del pico Catalina.
    </p><p class="article-text">
        	 Sea como fuere, la reputaci&oacute;n de este paraje no tard&oacute; en atraer la curiosidad y el inter&eacute;s de viajeros, curiosos y peregrinos. Entre los primeros visitantes figura, precisamente, una hispanorromana nacida en el siglo IV llamada Egeria. Su cr&oacute;nica, titulada <em>Itinerarium ad loca sancta</em> contiene una entrada fechada el s&aacute;bado 18 de diciembre de 383 en la que describe su llegada al lugar, el aspecto que presentaba y el itinerario seguido hasta alcanzar la cima. As&iacute; nos enteramos de que: <em>&ldquo;la monta&ntilde;a, vista de lejos, parece ser una sola, pero una vez que te internas en ella, vas descubriendo cimas diversas, si bien es todo el conjunto lo que se llama Monte de Dios. Aunque de manera especial se llama as&iacute; a un pico que se halla en medio de todos los dem&aacute;s y en cuya c&uacute;spide se encuentra el lugar exacto al que descendi&oacute; la majestad de Dios, seg&uacute;n rezan las Escrituras&rdquo;</em>. O que <em>&ldquo;el s&aacute;bado por la tarde nos adentramos en la zona montuosa y llegamos hasta algunos eremitorios donde los monjes que all&iacute; moraban nos acogieron de manera muy cordial, ofreci&eacute;ndonos toda su hospitalidad; hay all&iacute; incluso una iglesia con un sacerdote. Pernoctamos all&iacute;, y al despuntar la ma&ntilde;ana del domingo comenzamos a escalar, una tras otra, las sucesivas cimas, acompa&ntilde;ados por el propio sacerdote y los monjes que all&iacute; habitaban (&hellip;) De manera que, hacia la hora cuarta, ganamos la cumbre de aquella monta&ntilde;a santa de Dios, el Sina&iacute;, donde fue dada la Ley, es decir, el lugar mismo al que descendi&oacute; la majestad divina en aquel d&iacute;a en que el monte se cubri&oacute; de humo&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        	 Desde entonces, todo sigue m&aacute;s o menos igual, apenas ha habido cambios en el paisaje o en las condiciones de la ascensi&oacute;n. Las &uacute;nicas novedades han venido de la mano de los visitantes, las facilidades puestas a su disposici&oacute;n y sus motivos para llegar hasta all&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/sinai-montana_1_11380244.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 May 2024 10:33:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sinaí, montaña ecuménica]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La favela del fin del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/la-rinconada-los-andes-ananea_1_11292697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e86d9a0-46d9-4ffb-92d8-777acbb7f5c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1093399.jpg" width="1279" height="720" alt=""></p><p class="article-text">
        Quito, 2.850 metros; Cuzco, 3.400 metros; Namche Bazaar, 3.440 metros; Lhasa, 3.656 metros; La Paz, 3.640 metros; Potos&iacute;, 4.067 metros; El Alto, 4.150 metros&hellip; En el mundo existen unas cuantas ciudades situadas a gran altitud, incluso a altitudes extraordinarias para lo que suele ser habitual, y luego est&aacute; La Rinconada cuyos 5.100 metros sobre el nivel del mar la han convertido en el asentamiento humano permanentemente habitado m&aacute;s alto, inh&oacute;spito y extremo de la Tierra.
    </p><p class="article-text">
        La Rinconada se halla enclavada en la cordillera de Los Andes, a los pies del nevado Ananea (5.829 metros) y forma parte del distrito peruano del mismo nombre, uno de los cinco distritos pertenecientes a la provincia de San Antonio de Putina. Para llegar all&iacute;, a este conf&iacute;n del mundo, es preciso dirigirse a la ciudad de Juliaca y, a continuaci&oacute;n, abordar un veh&iacute;culo para cubrir los 200 kil&oacute;metros de asfalto, zahorra y tierra que separan ambas localidades. Nadie sabe con exactitud cu&aacute;ntas personas residen temporal o permanente en este lugar. Las cifras oscilan entre un m&aacute;ximo de 30.000 y un m&iacute;nimo de 10.000 habitantes. Esta disparidad que, a primera vista, puede ser desconcertante, no lo es tanto cuando descubrimos que La Rinconada es un enclave que vive por y para la miner&iacute;a; que su vecindario est&aacute; integrado, mayoritariamente, por jornaleros de extracci&oacute;n ind&iacute;gena &ndash;preferentemente quechua y aymara&ndash; o que el pico demogr&aacute;fico alcanzado durante la primera d&eacute;cada del nuevo milenio estuvo ligado a la cotizaci&oacute;n del oro en los mercados internacionales que en aquel entonces alcanzaba m&aacute;ximos hist&oacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        Los vecinos de esta remota poblaci&oacute;n andina viven hacinados en construcciones fabricadas con calamina, bloques de cemento, y chapa met&aacute;lica. Sus condiciones de vida son peor que malas porque, adem&aacute;s de carecer de agua corriente, potabilizadora, red de saneamiento o sistema de recogida de basuras, deben soportar unas alt&iacute;simas concentraciones de contaminantes (mercurio) y temperaturas que, durante el d&iacute;a, rara vez superan el punto de congelaci&oacute;n y que por la noche pueden descender a &ndash; 25&ordm; C. La dotaci&oacute;n sanitaria se reduce a un &uacute;nico consultorio m&eacute;dico atendido por ocho profesionales y la policial a una comisar&iacute;a integrada por una veintena de efectivos. Todas estas circunstancias han convertido a La Rinconada en un gigantesco vertedero al aire libre y en un foco de infecciones respiratorias y gastro-intestinales.
    </p><p class="article-text">
        	El descubrimiento y la explotaci&oacute;n de este yacimiento minero se produjeron durante el per&iacute;odo incaico, pero las labores de extracci&oacute;n se prolongaron durante el Virreinato y la Rep&uacute;blica hasta llegar al siglo XX. Fue entonces, a finales de la d&eacute;cada de los 70, con ocasi&oacute;n de la constituci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a Minera Aur&iacute;fera &ldquo;Ana Mar&iacute;a&rdquo;, cuando el volumen de oro extra&iacute;do de los pozos y galer&iacute;as excavados en las entra&ntilde;as del Ananea comenz&oacute; a llamar la atenci&oacute;n y a atraer a un n&uacute;mero creciente de campesinos y desempleados &aacute;vidos de riqueza.
    </p><p class="article-text">
        	El sistema de producci&oacute;n de este yacimiento posee un sinf&iacute;n de particularidades. La m&aacute;s llamativa est&aacute; relacionada con la informalidad y la ausencia de planificaci&oacute;n, controles medioambientales y derechos laborales. Al parecer, la empresa concesionaria, Corporaci&oacute;n Minera Ananea S.A., delega la explotaci&oacute;n de los filones en las tres cooperativas que operan en la zona y de las que forman parte un total de 250 contratistas independientes. Estos &uacute;ltimos cuentan con una plantilla de 4.000 mineros permanentes y de una incalculable cantidad de trabajadores temporales que van y vienen de los socavones en funci&oacute;n de las circunstancias y las necesidades planteadas en cada momento. S&oacute;lo unos pocos cuentan con un salario previamente fijado. La mayor&iacute;a acepta de buen grado o por la fuerza el sistema de cachorreo que consiste en renunciar al salario mensual a cambio del derecho a explotar por cuenta propia y durante uno o dos d&iacute;as los socavones y galer&iacute;as asignadas a cada contratista o empleador. Aunque se habla de casos en los que algunos trabajadores han obtenido grandes riquezas en tiempo r&eacute;cord, la mayor&iacute;a apenas gana lo suficiente para sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        	La desigualdad econ&oacute;mica y social no solamente reina en el interior de la mina, tambi&eacute;n lo hace en el exterior. Las mujeres no pueden acceder a los t&uacute;neles que conducen a los filones, est&aacute; totalmente prohibido, y por eso ellas y sus hijos deben conformarse con trabajar como pallaqueros rebuscando en las escombreras y relaves el material que ha sido descartado con la esperanza de que contenga algunas trazas de oro.
    </p><p class="article-text">
        Como nota curiosa, se&ntilde;alar que, desde 2017, un equipo cient&iacute;fico internacional impulsado por el Laboratoire de Hypoxie et Physiopathologies Cardiovasculaires et Respiratoires (HP2) de la Universidad de Grenoble (<a href="https://hp2.univ-grenoble-alpes.fr/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://hp2.univ-grenoble-alpes.fr/</a>) se ha dedicado, a lo largo de sucesivas campa&ntilde;as, a investigar las patolog&iacute;as, los mecanismos de adaptaci&oacute;n y la respuesta gen&eacute;tica de los habitantes de La Rinconada a la altitud extrema. Sus estudios sobre el terreno han permitido establecer tanto la sintomatolog&iacute;a del mal de altura cr&oacute;nico (C.M.S.) como los tratamientos destinados a paliar sus indeseables efectos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/la-rinconada-los-andes-ananea_1_11292697.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Apr 2024 07:28:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La favela del fin del mundo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La conquista del Cáucaso (III parte)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/caucaso-alpinismo-montana_1_11231468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec49cc80-9733-4fe0-a3a1-c2b98801335f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La conquista del Cáucaso III"></p><p class="article-text">
        Tal y como se&ntilde;al&aacute;bamos en una entrada anterior, durante la segunda mitad del siglo XIX la cordillera del C&aacute;ucaso fue testigo de un flujo incesante de expediciones brit&aacute;nicas empe&ntilde;adas en realizar primeras ascensiones. Esta din&aacute;mica se prolonga hasta la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo y, m&aacute;s concretamente, hasta el a&ntilde;o 1896 porque a partir de esa fecha ser&aacute;n los alemanes quienes tomar&aacute;n el relevo y comenzar&aacute;n el asedio a las cumbres todav&iacute;a v&iacute;rgenes.
    </p><p class="article-text">
        	En los a&ntilde;os previos a la materializaci&oacute;n de ese fen&oacute;meno se producen dos campa&ntilde;as cuyos logros son muy dispares. La primera tiene lugar en 1891 y es encabezada por dos alemanes: G. Merzbacher y L. Purtscheller. Sus esfuerzos son coronados por el &eacute;xito ya que en el transcurso de la expedici&oacute;n conquistan las cumbres del Donguz Orun (4.468 m.) Laila, Tetnuld y Jangi Tau y exploran la regi&oacute;n fronteriza de Khevsureti y el valle del r&iacute;o Adyr. La segunda data de 1893 y en ella participan tres caballeros ingleses: Woolley, Solly y Newmarch. Su estancia en Svaneti no arroja grandes resultados debido a los fracasos que sufren en las laderas del Tikhtengen y de la cima sur del Ushba.
    </p><p class="article-text">
        	Como se&ntilde;al&aacute;bamos m&aacute;s arriba, el a&ntilde;o 1896 marca un antes y un despu&eacute;s no s&oacute;lo por el relevo al que hemos aludido sino porque las ascensiones y la exploraci&oacute;n del sector central llegan a su fin. Los picos que permanecen v&iacute;rgenes o bien revisten dificultades insuperables para los alpinistas y las t&eacute;cnicas de la &eacute;poca o se encuentran en &aacute;reas marginales como Dagest&aacute;n o Abkhasia.
    </p><p class="article-text">
        	El primero en inaugurar esta nueva andadura es un viejo conocido, el h&uacute;ngaro M&oacute;ric D&eacute;chy que, despu&eacute;s de sus tres visitas iniciales, regresa en 1897, 1898 y 1902. Algo semejante sucede con W. R. Rickmers que tras intentar infructuosamente ascender al Ushba en 1895, vuelve a intentarlo en 1900 y 1903. En esta &uacute;ltima ocasi&oacute;n es acompa&ntilde;ado por un fort&iacute;simo equipo compuesto por nueve miembros entre los que sobresalen A. Schulze, R. Helbing o F. Reichert. La campa&ntilde;a arroja resultados inmejorables porque durante la misma hollan las cimas del Shkhelda (4.320 m.), Ushba sur (4.710 m.), Lyalver (4.250 m.), Gestola (4.860 m.) y Jangi Tau (5.051 m.). Por las mismas fechas, el equipo formado por Distel, Leuchs y Pfann realiza la traves&iacute;a integral del Ushba inici&aacute;ndola en la cima norte y finalizando en la sur.
    </p><p class="article-text">
        	La primera d&eacute;cada del siglo XX est&aacute; marcada por la misma t&oacute;nica general: sobreabundancia de alpinistas germanos y, ocasionalmente, algunos austriacos, suizos o italianos. Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914 &ndash; 1918), de la Revoluci&oacute;n Rusa (1917) y de la subsiguiente Guerra Civil (1917 &ndash; 1923) ponen fin a este tipo de actividades que vuelven a retomarse inmediatamente despu&eacute;s de la finalizaci&oacute;n del &uacute;ltimo conflicto. A partir de ese momento, son los sovi&eacute;ticos quienes toman la iniciativa. De hecho, los occidentales no regresan hasta 1928 de la mano de cuatro b&aacute;varos apellidados Bauer, Beigel, Niesner y Tillman. A partir de ese momento, y durante toda la d&eacute;cada siguiente, llegan m&aacute;s alemanes, austriacos, suizos y franceses. Los primeros brit&aacute;nicos en revisitar la cordillera lo hacen en 1937, casi un cuarto de siglo despu&eacute;s de la &uacute;ltima incursi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	Entre tanto, los logros alcanzados por los alpinistas sovi&eacute;ticos son relativamente modestos porque como ya se&ntilde;alamos en un art&iacute;culo anterior (&ldquo;Otro modelo, otros tiempos&rdquo;, 12-XI-21) sus prioridades estaban en las ant&iacute;podas de las de los occidentales. Impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente deciden renunciar al individualismo, la competitividad y el amor al riesgo que, seg&uacute;n ellos, es consustancial al sistema capitalista y, por extensi&oacute;n, a la pr&aacute;ctica monta&ntilde;era, para abrazar un modelo presidido por la equidad, seguridad, colaboraci&oacute;n y obediencia a las directrices emanada de los &oacute;rganos directivos del Partido Comunista de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Este marco ideol&oacute;gico, adem&aacute;s de coartar la libertad individual, dificulta la aparici&oacute;n de figuras sobresalientes o la realizaci&oacute;n de grandes haza&ntilde;as, pero, a cambio, promueve y populariza su pr&aacute;ctica a trav&eacute;s de ayudas financieras, instalaci&oacute;n de campamentos alpinos, celebraci&oacute;n de cert&aacute;menes y concesi&oacute;n de medallas y, lo m&aacute;s importante, formaci&oacute;n. Para que nos hagamos una idea, en 1934, el Elbrus fue ascendido por un total de 386 alpinistas que se convirtieron en 2.016 alpinistas al a&ntilde;o siguiente. Adem&aacute;s, en 1938, justo antes del estallido de la Gran Guerra Patria, los campamentos repartidos por todo el pa&iacute;s ascend&iacute;an a 43 y eran frecuentados por decenas de miles de aficionados.
    </p><p class="article-text">
        	A pesar de las dificultades, la d&eacute;cada de los 30 marca el inicio de un per&iacute;odo en el que los escaladores sovi&eacute;ticos comienzan a asumir riesgos y a destacar por sus ascensiones. Los m&aacute;s activos y exitosos son los hermanos Abalakov, Evgeny (Yeniseysk, 1907 &ndash; Mosc&uacute;, 1948) y Vitaly (Krasnoyarsk, 1906 &ndash; Mosc&uacute;, 1986) seguidos por otra saga familiar, los hermanos Japaridze, Alexandra (Khergiani, 1895 &ndash; Tbilisi, 1974) Simon y Aliosha. Lamentablemente, el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939 &ndash; 1945), como ya hab&iacute;a sucedido con la Primera, fren&oacute; en seco la progresi&oacute;n de los monta&ntilde;eros sovi&eacute;ticos y puso fin a un siglo de exploraciones, aventuras y primeras ascensiones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/caucaso-alpinismo-montana_1_11231468.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Mar 2024 11:06:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La conquista del Cáucaso (III parte)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Arco de Shipton]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/shipton-arco-eric-shipton-kizilsu_1_10936128.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5af95e89-fa40-454a-9a19-465c1b337e2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1090101.jpg" width="2560" height="1440" alt=""></p><p class="article-text">
        Hay pocos lugares en este mundo, por no decir ninguno, que hayan escapado del escrutinio de <em>Google maps</em> y de los sat&eacute;lites que orbitan a nuestro alrededor. Toda o casi toda la superficie de la Tierra ha sido descubierta, descrita y cartografiada. La expresi&oacute;n latina <em>terra incognita</em>, que era incluida en los planisferios renacentistas para referirse a los territorios situados m&aacute;s all&aacute; del alcance de los occidentales, hace tiempo que dej&oacute; de tener sentido.
    </p><p class="article-text">
        	Una de las mejores maneras de buscar consuelo frente a esta situaci&oacute;n es refugiarse en el pasado para evocar los tiempos gloriosos en los que los exploradores y las exploraciones, en el que las sorpresas y lo sorprendente estaban a la orden del d&iacute;a. En ellos se ocultan aut&eacute;nticos tesoros, gestas y hechos fascinantes o meramente curiosos.
    </p><p class="article-text">
        	&Eacute;se es el per&iacute;odo al que vamos a referirnos para evocar la figura del alpinista y explorador brit&aacute;nico Eric Shipton (Sri Lanka, 1907 &ndash; Ansty Manor, 1977). Para quienes no lo sepan, Shipton fue uno de los pioneros en el reconocimiento y las tentativas de ascenso al Everest, pero simult&aacute;neamente, como tendremos ocasi&oacute;n de comprobar, desempe&ntilde;&oacute; labores diplom&aacute;ticas al servicio del Imperio brit&aacute;nico. En su haber figuran la conquista del Kamet, cinco expediciones al Everest (1933, 1935, 1936, 1938, 1951), el descubrimiento del santuario del Nanda Devi, un intento frustrado al Muztagh Ata, ocho libros publicados y decenas de ascensiones en los cinco continentes. Entre agosto de 1940 y octubre de 1942, y agosto de 1946 y octubre de 1948 ejerci&oacute; como c&oacute;nsul general de su graciosa majestad en la ciudad china de Kashgar (Sinkiang) y durante estas dos estancias consecutivas descubri&oacute;, en un paraje remoto, la existencia de un arco natural de grandes dimensiones que es conocido con el nombre de <em>Shipton&acute;s Arch </em>(Arco de Shipton). Las peripecias y los tres intentos que llevaron a su descubrimiento definitivo aparecen registradas en un libro editado en 1950 bajo el t&iacute;tulo <em>Mountains of Tartary</em>. El cap&iacute;tulo cinco (&ldquo;The arch&rdquo;)<em> </em>est&aacute; consagrado casi &iacute;ntegramente a su descripci&oacute;n y en sus inicios podemos leer lo siguiente: <em>&ldquo;A 25 millas al oeste-noroeste de Kashgar existe una cordillera de crestas rocosas dentadas. Desde Kashgar, y observada por encima, no resulta muy impresionante porque aparece semioculta por una masa informe de colinas desiertas (&hellip;) Mientras viajaba de Kashgar a Tashkent en 1942, a la altura de Min-Yol y a unas 25 millas de la primera ciudad, pude observar que uno de los picos estaba traspasado por un orificio que parec&iacute;a iniciarse a 200 pies por debajo de la cumbre y extenderse casi hasta el suelo. Desde 10 millas de distancia era dif&iacute;cil hacerse una idea del tama&ntilde;o de ese gigantesco orificio, pero seg&uacute;n mis estimaciones, la b&oacute;veda deb&iacute;a rondar los 1.000 pies de altura.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>No fue hasta muchos a&ntilde;os despu&eacute;s que tuve la oportunidad de intentar estudiar este extraordinario fen&oacute;meno. Infravalorando la dificultad de la tarea, mi mujer y yo partimos de Kashgar un fin de semana de enero de 1947 con este prop&oacute;sito&hellip;&ldquo;</em>. <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, lo verdaderamente singular de este caso no es el hallazgo del arco sino su desaparici&oacute;n. Durante algunos a&ntilde;os, el Arco de Shipton figur&oacute; en el libro Guiness de los R&eacute;cords como el mayor arco natural existente en el mundo, pero como nadie volvi&oacute; a dar con &eacute;l, como nadie repiti&oacute; la visita, fue excluido del cat&aacute;logo. Su redescubrimiento se produjo m&aacute;s de medio siglo despu&eacute;s, en mayo del 2000, cuando una expedici&oacute;n compuesta por cinco miembros y patrocinada por National Geographic (<a href="http://publications.americanalpineclub.org/articles/12200140200/Asia-China-Kun-Lun-Shan-Shiptons-Arch-First-Ascent" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://publications.americanalpineclub.org/articles/12200140200/Asia-China-Kun-Lun-Shan-Shiptons-Arch-First-Ascent</a>) fue capaz de relocalizarlo siguiendo las instrucciones redactadas por Shipton. Los detalles del descubrimiento aparecieron algunos meses despu&eacute;s, en el n&uacute;mero de diciembre de la edici&oacute;n inglesa de la revista, en un art&iacute;culo que llevaba la firma de Jeremy Schmidt y el t&iacute;tulo de &ldquo;Journey to Shipton&acute;s lost arch&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	Ahora sabemos que el arco en cuesti&oacute;n se halla en las inmediaciones de la ciudad de Artux o Artush, capital de la prefectura de Kizilsu (Sinkiang), a 2.973 metros de altitud, y que localmente es conocido el nombre de Toshuk Tagh (uigur) o el de Atushi Tianmen (chino). El primero suele ser traducido como &ldquo;monta&ntilde;a del orificio&rdquo; y es segundo como &ldquo;puerta del cielo&rdquo;. Esta gigantesca b&oacute;veda de conglomerado est&aacute; ubicada en la cabecera de una garganta de varios centenares de metros de profundidad y, por consiguiente, sus dimensiones var&iacute;an en funci&oacute;n del punto que se elija para realizar los c&aacute;lculos. El m&aacute;s optimista, el que toma como referencia la base del barranco, le atribuye una altura m&aacute;xima los 460 metros y una anchura media de 55.
    </p><p class="article-text">
        	Hace algunos a&ntilde;os, las autoridades chinas decidieron convertir este monumento natural esculpido por los elementos en una atracci&oacute;n de primera magnitud. Adem&aacute;s de construir y asfaltar una carretera hasta el aparcamiento y centro de visitantes que preceden a la formaci&oacute;n, tambi&eacute;n habilitaron un sendero de tres kil&oacute;metros para facilitar el acceso de los turistas dot&aacute;ndolo de pasarelas de madera, escaleras, bancos, mesas, barandillas, un mirador panor&aacute;mico y priv&aacute;ndolo de toda su magia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/shipton-arco-eric-shipton-kizilsu_1_10936128.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Feb 2024 08:51:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Arco de Shipton]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arte en la cumbre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/arte-montanas-cimas-cumbres-alpinismo-pintura_1_10690765.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bdf3dd0-439f-4f29-bcb7-80af203f6449_16-9-discover-aspect-ratio_default_1084790.jpg" width="900" height="506" alt=""></p><p class="article-text">
        El mundo del arte y el de la monta&ntilde;a habitan, en apariencia, mundos paralelos y completamente estancos, mundos en los que no se producen ni se atisban indicios de intercambio, comunicaci&oacute;n o transferencia de contenidos. Sin embargo, esta afirmaci&oacute;n no es del todo cierta porque hay ocasiones, pocas, en las que ambos universos entran en contacto, aunque la conexi&oacute;n sea puntual y no se prolongue en el tiempo. La prueba est&aacute; en una entrada que publicamos hace varios meses en este mismo medio bajo el t&iacute;tulo de <em>Cancelando monta&ntilde;as </em>y en la que los seguidores de este blog est&aacute;n a punto de leer.
    </p><p class="article-text">
        	El pasado 27 de septiembre, la galer&iacute;a londinense Cromwell Place inaugur&oacute; en uno de sus espacios una exposici&oacute;n que se prolong&oacute; hasta el d&iacute;a 8 del siguiente mes titulada <em>James Hart Dyke Mont Blanc: The Summit Paintings</em> integrada por cerca de 40 obras propias (bocetos, apuntes y acr&iacute;licos) y una peque&ntilde;&iacute;sima muestra de las realizadas por un paisajista franc&eacute;s llamado Gabriel Lopp&eacute; (Montpellier, 1825 &ndash; Par&iacute;s, 1913). El nexo com&uacute;n entre unas y otras resid&iacute;a en el hecho de que tanto unas como otras estaban inspiradas por el Mont Blanc y hab&iacute;an sido facturadas durante o despu&eacute;s de sendos ascensos separados por un lapso de 150 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        	La primera de estas expediciones, la capitaneada por Lopp&eacute;, se llev&oacute; a cabo en agosto de 1873. La incursi&oacute;n cont&oacute; con la participaci&oacute;n de los brit&aacute;nicos Leslie Stephen, Edward S. Kennedy, dos de los pioneros de esta disciplina, y el gu&iacute;a franc&eacute;s Fran&ccedil;ois Devouassoud, ampliamente conocido por los servicios prestados a Douglas Freshfield. El grupo parti&oacute; de Chamonix con la intenci&oacute;n de seguir la ruta trazada por Michel-Gabriel Paccard y Jacques Balmat durante el verano de 1786. Tras remontar el glaciar de Bossons, continuaron hacia el Ancien Passage y, tras superarlo y alcanzar las Rochers Rouges, siguieron camino hasta el collado de Petits Mulets<em> </em>y la cima que alcanzaron el 6 de agosto cuando faltaba una hora para anochecer. Inmediatamente despu&eacute;s, Lopp&eacute; desenfund&oacute; &oacute;leos y pinceles y en un santiam&eacute;n factur&oacute; dos telas, una de 30 x 40 cm. titulada <em>Sombra del Mont Blanc a la puesta del sol</em>, y otra que lleva el nombre de <em>Puesta de sol en el Mont Blanc</em>. En el primero de estos &oacute;leos, el m&aacute;s interesante desde el punto de vista t&eacute;cnico, se aprecian tres planos: el m&aacute;s pr&oacute;ximo al observador, contiene las figuras apenas bosquejadas de tres alpinistas en retirada; el segundo, representa una arista en la que rocas y nieve se funden; finalmente, el tercero, muestra la sombra triangular del Mont Blanc perfilada contra un fondo en el que las monta&ntilde;as comienzan a oscurecerse y sumirse en las sombras del atardecer. Por este y otros trabajos similares, Lopp&eacute; es considerado, junto con Franz Schrader, uno de los fundadores de la escuela de pintores alpinistas establecida en 1898 en el departamento de Saboya bajo el patrocinio del Club Alpino Franc&eacute;s y que cont&oacute; con la participaci&oacute;n de Julien Bouvier, Robert Le Roy-Wattiaux, Joseph-Victor Communal, Charles-Henri Contencin, Jacques Fourcy o Leberecht Lortet, entre otros muchos. 
    </p><p class="article-text">
        	A partir de estos antecedentes, James Hart (Inglaterra, 1966) tom&oacute; la decisi&oacute;n de reproducir los pasos de su mentor con un doble fin: capturar y <em>&ldquo;compartir una visi&oacute;n de la cordillera m&aacute;s conocida de Europa antes de que desaparezca definitivamente&rdquo;</em> y reivindicar la figura del artista galo que no solamente consagr&oacute; buena parte de su vida a plasmar la majestuosidad de los Alpes, sino que, adem&aacute;s, y seg&uacute;n algunas fuentes, coron&oacute; hasta en 40 ocasiones el techo del continente. La presentaci&oacute;n ante los medios del plan impulsado por este brit&aacute;nico tuvo lugar en septiembre de 2021 y durante la misma, celebrada en el hotel Majestic de Chamonix, se dieron a conocer los porqu&eacute;s del nuevo proyecto y el nombre de los miembros de un grupo expedicionario capitaneado por el pol&eacute;mico Cristophe Profit, el gu&iacute;a encausado judicialmente por retirar dos anclajes met&aacute;licos instalados en la arista de Bosses. La nueva ascensi&oacute;n tuvo lugar menos de un a&ntilde;o despu&eacute;s, el 8 de julio de 2022. La llegada de Hart a la cumbre se produjo, poco m&aacute;s o menos, a la misma hora que la de su predecesor, cuando la temperatura rondaba los 15 grados bajo cero, y durante su estancia de dos horas, entre las 8.15 y 10 de la noche, finaliz&oacute; dos pinturas acr&iacute;licas, las mismas que ahora se exhiben en la galer&iacute;a londinense a escasos cent&iacute;metros de los dos lienzos que Lopp&eacute; realiz&oacute; en el mismo emplazamiento y parecidas circunstancias. As&iacute; las describe en una entrevista concedida al diario <em>The Guardian</em>: <em>&ldquo;Cuando alcanzamos la cima fui capaz de ocupar el mismo lugar en el que Lopp&eacute; contempl&oacute; la puesta de sol en 1873 y no pude evitar darme cuenta de los enormes cambios que se han producido desde entonces. Fue bastante perturbador&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        	La experiencia de Hart, que goza de una dilatada carrera como pintor y ha acompa&ntilde;ado al rey Carlos III en varias misiones diplom&aacute;ticas por el mundo en calidad de artista oficial, debi&oacute; de ser transformadora si hacemos caso a unas palabras en las que declara lo siguiente: <em>&ldquo;Estar en la cumbre de una monta&ntilde;a es el mejor lugar en el que puedo pensar para celebrar la vida y ser consciente de la naturaleza, de las maravillas de nuestro planeta (&hellip;) si contactamos con ellas, nos comprometeremos m&aacute;s para realizar los cambios que debemos hacer&rdquo;</em>. Esperemos que cunda su ejemplo y que sus palabras no caigan en saco roto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/arte-montanas-cimas-cumbres-alpinismo-pintura_1_10690765.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Nov 2023 10:21:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Arte en la cumbre]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las montañas responden]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/montanas-everest-himalaya-masificacion_1_10611080.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54bc9825-69a6-41f0-b27c-0a2924e46076_16-9-discover-aspect-ratio_default_1082972.jpg" width="1002" height="564" alt=""></p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;Alguien se ha planteado alguna vez que las monta&ntilde;as tengan la capacidad de pensar, sentir o desear? Yo si lo he hecho. Alguna vez, como sucede mientras escribo este art&iacute;culo, me he dirigido a ellas y las he interrogado. De momento, como es obvio, no ha habido respuesta alguna, pero, en el caso de que la hubiese, en el caso de que fueran capaces de hablarnos es posible que nos hicieran una petici&oacute;n, una muy sencilla. Simplemente nos solicitar&iacute;an que las dej&aacute;ramos en paz, que evit&aacute;ramos agredirlas, lastimarlas, da&ntilde;arlas. Eso es precisamente lo que llevamos d&eacute;cadas haciendo.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no seamos plenamente conscientes de ello, las monta&ntilde;as son la fuente de la vida en la Tierra y cuando digo &ldquo;fuente&rdquo; no estoy utilizando ese t&eacute;rmino en sentido figurado sino en sentido literal. La totalidad de las corrientes de agua dulce que riegan la superficie de este planeta y sacian la sed de plantas, animales y seres humanos tienen su origen en las monta&ntilde;as. Sin monta&ntilde;as, la &uacute;nica vida de este planeta residir&iacute;a en los oc&eacute;anos, el resto, la tierra firme ser&iacute;a un erial, un p&aacute;ramo tan desolado y desierto como la superficie de Marte. No obstante, y de momento, nuestro mundo parece estar a salvo, ajeno y alejado de ese escenario. Y sin embargo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        	Durante la pasada primavera, el gobierno nepal&iacute; otorg&oacute; 463 permisos para ascender al Everest, un centenar m&aacute;s que en 2019. De ese total, 367 correspondieron a hombres y 96 a mujeres. Los hacinamientos y atascos que se produjeron en el Escal&oacute;n Hillary, el Collado Sur o la Banda Amarilla resultan anecd&oacute;ticos si lo comparamos con algo mucho m&aacute;s prosaico: las toneladas de basura y de excrementos humanos abandonados a su suerte a lo largo de todo el recorrido. Basta que hagamos un sencillo c&aacute;lculo para comprender la magnitud de este problema&hellip; Como podremos imaginar, los 463 expedicionarios que intentaron hollar la cima del techo del mundo durante la temporada no estaban solos. Algunas estimaciones calculan que los acompa&ntilde;aban otros 1.500 individuos entre los que figuraban sherpas, gu&iacute;as, porteadores de altura, cocineros, sanitarios y oficiales de enlace. Es decir, 2.000 personas en n&uacute;meros redondos. Si cada persona produce alrededor de 150 gramos de excrementos y entre 800 y 2.000 mililitros de orina al d&iacute;a y hacemos la media y unas oportunas conversiones, descubriremos que la cantidad diaria de desechos corporales producida por los hombres y mujeres que se aventuraron en el Everest se aproxim&oacute; o super&oacute; las tres toneladas. 3.000 kilogramos de materia org&aacute;nica soluble y altamente contaminante depositados diariamente en la superficie de un glaciar a lo largo de 40, 50, 60 o m&aacute;s d&iacute;as al a&ntilde;o durante decenas de ellos.
    </p><p class="article-text">
        	Basta hacer una simple multiplicaci&oacute;n para calcular el volumen de residuos inertes y de la mierda, o mejor, de la monta&ntilde;a de mierda que los seres humanos hemos ido apilando en el que seguimos imaginando que es uno de los entornos m&aacute;s puros y pr&iacute;stinos de la Tierra. &iexcl;Menuda mentira! En realidad, es una letrina a cielo abierto, uno de los parajes m&aacute;s degradados y contaminados de cuantos nos podamos imaginar. Las evidencias cient&iacute;ficas as&iacute; lo demuestran (<a href="https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/feart.2020.00351/full" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/feart.2020.00351/full</a>), pero preferimos cerrar los ojos y mirar a otro lado porque no nos afecta y no corremos ning&uacute;n riesgo sanitario mientras dispongamos de agua embotellada o pastillas potabilizadoras. La aventura, la realizaci&oacute;n personal y deportiva, el prestigio o la satisfacci&oacute;n de nuestros deseos deben prevalecer sobre cualquier otra consideraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	Los nepal&iacute;es que viven a lo largo de los cauces del Dudh y el Bhote Koshi son plenamente conscientes del problema y algunos ya han dado la voz de alarma, pero &iquest;qu&eacute; pueden hacer? Es evidente que el gobierno de Nepal no desea impulsar una moratoria o restringir dr&aacute;sticamente la concesi&oacute;n de permisos porque eso significar&iacute;a matar la gallina de los huevos de oro. Al fin y al cabo, el turismo de monta&ntilde;a es el &uacute;nico recurso a su alcance que puede explotar y proporcionar divisas. Las &uacute;nicas medidas que ha llevado a cabo hasta ahora han consistido en la organizaci&oacute;n de campa&ntilde;as de limpieza meramente testimoniales que apenas han tenido resultado. Seg&uacute;n el testimonio de un empleado del Comit&eacute; de Control de Contaminaci&oacute;n entrevistado en 2019, la operaci&oacute;n de limpieza de excrementos s&oacute;lidos llevada a cabo por este organismo se limit&oacute; &uacute;nicamente al campo base y a la retirada de 13 toneladas. Eso fue todo. Algunos sherpas ya han propuesto el traslado del campo base a una cota inferior y la instalaci&oacute;n de una o varias potabilizadoras de agua. Otra medida podr&iacute;a ser la autorregulaci&oacute;n de las agencias que organizan las expediciones, el establecimiento de un c&oacute;digo de buenas pr&aacute;cticas medioambientales que comprometa a quienes lo suscriban voluntariamente. De ese modo, los clientes podr&iacute;an elegir a las compa&ntilde;&iacute;as decididas a reducir el impacto de su actividad y penalizar a las que no est&eacute;n dispuestas a realizar ese esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        	Tras este ejemplo, cabr&iacute;a preguntarse si lo que sucede en el Everest est&aacute; ocurriendo en otras latitudes&hellip; Me temo que la respuesta es afirmativa y que los monta&ntilde;eros no estamos exentos de culpa. Al fin y al cabo, nosotros o nuestros antecesores fueron quienes descubrieron, difundieron la existencia de unas regiones jam&aacute;s holladas por hombre alguno y construyeron un relato repleto de &eacute;pica, hero&iacute;smo, aventura y superaci&oacute;n. Si ahora el Himalaya est&aacute; repleto de turistas de monta&ntilde;a es porque antes se llen&oacute; de alpinistas de renombre, alpinistas con una gran reputaci&oacute;n que &ndash;no seamos ingenuos&ndash; comet&iacute;an los mismos desmanes y contaminaban tanto o m&aacute;s que sus imitadores. La &uacute;nica diferencia es que antes hab&iacute;a 40 y ahora hay 400 o 4.000 y la situaci&oacute;n comienza a volverse insostenible. &iexcl;Pobres monta&ntilde;as! Asediadas, desnaturalizadas, explotadas, contaminadas, sometidas&hellip;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/montanas-everest-himalaya-masificacion_1_10611080.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Oct 2023 10:03:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las montañas responden]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ascensión del Rum Doodle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/rum-doodle-ascension-alpinismo-w-e-bowman_1_10509665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ffff3df4-7fea-4e28-9af1-d173de777c31_16-9-discover-aspect-ratio_default_1080772.jpg" width="834" height="469" alt=""></p><p class="article-text">
        Ahora que acabamos de celebrar el 70 aniversario de la primera vez que dos seres humanos alcanzaron la cima del Everest, convendr&iacute;a recordar que pocos a&ntilde;os despu&eacute;s de esta haza&ntilde;a, en 1956, vio la luz una novela humor&iacute;stica titulada <em>The ascent of Rum Doodle </em>que, probablemente, se inspir&oacute; en la aventura protagonizada por Tensing Norgay y Edmund Hillary. La obra, publicada por primera vez en Espa&ntilde;a en 2001 por Barrab&eacute;s con el nombre de <em>Al asalto del Khili &ndash; Khili </em>y reeditada en 2016 por Blackie Books bajo el t&iacute;tulo de <em>Hasta arriba</em>,<em> </em>es una ficci&oacute;n que reemplaza la &eacute;pica por el humor, la compostura por la parodia y la gravedad que, habitualmente, distingue a los libros de monta&ntilde;a por el absurdo y las situaciones directamente rid&iacute;culas o inveros&iacute;miles. Estas caracter&iacute;sticas convierten a su autor, W. E. Bowman (1911 &ndash; 1985), en uno de los mejores y m&aacute;s desconocidos exponentes del <em>british humour</em>, un subg&eacute;nero cultivado por autores tan c&eacute;lebres y populares como P. D. Wodehouse, Jerome K. Jerome, Evelyn Waugh, Kingsley Amis o Tom Sharpe.
    </p><p class="article-text">
        	La vida de Bowman fue, por decirlo de alg&uacute;n modo, bastante convencional y siempre se mantuvo alejada de los focos. Sabemos que naci&oacute; en Scarborough pocos a&ntilde;os antes del inicio de la P.G.M. y que, tras cursar estudios de ingenier&iacute;a, ocup&oacute; diversos empleos en Middlesbrough, Londres y Swansea. Posteriormente, al estallar la S.G.M., sirvi&oacute; en la R.A.F. como instructor de radar y, una vez concluida, particip&oacute; en la reconstrucci&oacute;n de Alemania como miembro del <em>International Voluntary Service for Peace </em>(I.V.S.P.). De vuelta a Inglaterra, contrajo matrimonio y se estableci&oacute; en Guidford hasta su jubilaci&oacute;n en 1971. Ninguna de las dos novelas c&oacute;micas que, en r&aacute;pida sucesi&oacute;n, public&oacute; a lo largo de su vida, <em>The ascent of the Rum Doodle </em>(1956) y <em>The cruise of the Talking Fish </em>(1957), logr&oacute; el favor de los lectores o mereci&oacute; mayor atenci&oacute;n por parte de la cr&iacute;tica especializada. Esta reacci&oacute;n &ndash;o falta de ella&ndash; constituy&oacute; un jarro de agua fr&iacute;a para sus aspiraciones literarias y provoc&oacute; el abandono definitivo de esta actividad.
    </p><p class="article-text">
        	Despu&eacute;s de esta brev&iacute;sima nota biogr&aacute;fica, es inevitable se&ntilde;alar que Bowman no se caracteriz&oacute; precisamente por sus logros alpin&iacute;sticos, ni por sus aventuras en la alta monta&ntilde;a. De hecho, sus incursiones no sobrepasaron los l&iacute;mites de la campi&ntilde;a inglesa y del <em>Lake District</em>. A pesar de ello, la redacci&oacute;n de <em>The ascent </em>revela un conocimiento bastante minucioso de los entresijos, procedimientos y mec&aacute;nica de las expediciones que por aquel entonces estaban teniendo lugar tanto en el Himalaya como en otras cordilleras del planeta. Como hemos apuntado al comienzo del art&iacute;culo, es probable que la lucidez y el entendimiento que demuestra a lo largo de los 15 cap&iacute;tulos que integran la obra fueran adquiridos a trav&eacute;s de la lectura atenta de los textos firmados por Bill Tilman (<em>The ascent of Nanda Devi, 1937</em>; <em>Mount Everest 1938</em>, 1948), John Hunt (<em>The ascent of Everest</em>, 1953) o W. H. Murray (<em>The story of Everest</em>, 1953).
    </p><p class="article-text">
        	La acci&oacute;n de la s&aacute;tira contenida en las p&aacute;ginas de <em>Hasta arriba</em> transcurre en un pa&iacute;s imaginario llamado Yoguist&aacute;n y sus protagonistas son un grupo de expedicionarios formado por siete miembros: Tost&oacute;n (director del equipo), Tom Fornid (alpinista y responsable de la log&iacute;stica), Cristopher O&acute;Jalah (cient&iacute;fico), Donald Cliche (documentalista), Humphrey Selvat (radiotransmisor), Lancelot Constant (ling&uuml;ista) y Ridley Propens (m&eacute;dico). El motivo por el que se re&uacute;nen y que les conduce hasta este remoto pa&iacute;s es alcanzar lo que nadie ha conseguido hasta ese momento: hollar el techo del mundo, los 40.000 pies y medio de la cumbre del Kurda Rar&iacute; (Rum Doodle en el original). Para lograrlo, contratan a un enorme ej&eacute;rcito compuesto por 3.000 porteadores y 375 ni&ntilde;os para que los acompa&ntilde;en hasta el campamento base. A partir de ese momento, los acontecimientos van desarroll&aacute;ndose dando lugar a todo tipo de situaciones c&oacute;micas o directamente absurdas. Algunos de los episodios m&aacute;s disparatados tienen que ver con la relaci&oacute;n que los expedicionarios establecen con el cocinero Puag, <em>&ldquo;uno m&aacute;s de los peligros de la monta&ntilde;a&rdquo;</em> y sus <em>&ldquo;intentos por apartarlo de los fogones&rdquo;</em>, el consumo desmedido de champ&aacute;n, el comportamiento de los porteadores, la invenci&oacute;n de Escocia o la imposibilidad de entenderse con la poblaci&oacute;n local o de interpretar correctamente los mensajes transmitidos a trav&eacute;s de la radio.
    </p><p class="article-text">
        	<em>Hasta arriba </em>es mucho m&aacute;s que un libro ingenioso repleto de ocurrencias. El paso del tiempo lo ha convertido en un ant&iacute;doto contra la solemnidad, el dramatismo exagerado, los lugares comunes, la &eacute;pica y los estereotipos que tanto abundan en las obras que forman parte del canon de literatura de monta&ntilde;a. Es, por decirlo de otro modo, la ant&iacute;tesis de las obras firmadas por esos monta&ntilde;eros que todos conocemos y que parecen incapacitados para re&iacute;rse de s&iacute; mismos o para incorporar peque&ntilde;as dosis de iron&iacute;a o escepticismo a sus escritos. Nadie duda de que la monta&ntilde;a sea una cosa muy seria, pero todos conocemos o hemos experimentado episodios hilarantes en los que la capacidad de re&iacute;rse de uno mismo ha sido fundamental para seguir adelante o desdramatizar la situaci&oacute;n que est&aacute;bamos atravesando. A lo mejor va siendo hora de que estas circunstancias comiencen a figurar en las cr&oacute;nicas y en las publicaciones que describen el ejercicio de esta actividad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/rum-doodle-ascension-alpinismo-w-e-bowman_1_10509665.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Sep 2023 08:31:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ascensión del Rum Doodle]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los bosques sagrados del Épiro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/epiro-bosques-sagrados-religion_1_10447617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/542a2e1b-3fe0-4425-9ab8-b30255b496ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_1079276.jpg" width="5146" height="2895" alt=""></p><p class="article-text">
        Los historiadores sostienen que los antiguos galos y las poblaciones de origen celta que se distribu&iacute;an por el continente europeo rend&iacute;an culto a sus dioses en espacios al aire libre. Los parajes que eleg&iacute;an para establecer estos santuarios pose&iacute;an ciertas caracter&iacute;sticas que los convert&iacute;an en lugares realmente especiales o &uacute;nicos: manantiales, cavernas, arboledas, surgentes, pantanos, estuarios, r&iacute;os o cimas. Estos espacios denominados <em>nemeton </em>(galo), <em>nemed </em>(ga&eacute;lico), <em>neved </em>(bret&oacute;n) o <em>nyfed </em>(brit&oacute;nico) eran los elegidos por los druidas para oficiar sus rituales, sacrificar animales o seres humanos, vaticinar el futuro, leer presagios o hacer ofrendas a Cernunnos, Esus, Taranis o Teutates.
    </p><p class="article-text">
        	La religi&oacute;n celta dej&oacute; de practicarse hace cientos de a&ntilde;os. El polite&iacute;smo romano primero y el cristianismo despu&eacute;s contribuyeron decisivamente a su erradicaci&oacute;n. Sin embargo, la difusi&oacute;n y el triunfo de la nueva religi&oacute;n fueron menos traum&aacute;ticos de lo que imaginamos porque, en muchas ocasiones, solamente supuso un cambio de nombre o advocaci&oacute;n. Los dioses paganos adoptaron la forma y los atributos de alguno de los numeros&iacute;simos santos y m&aacute;rtires que integran el santoral cristiano y sus consortes se mimetizaron o buscaron amparo bajo el manto de la Virgen Mar&iacute;a. Donde hubo fuego, siempre quedan ascuas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        	Sorprendentemente, la existencia de <em>nemetones </em>en forma de<em> </em>bosques, de bosques dotados de significado religioso no es una cosa del pasado como podremos comprobar a continuaci&oacute;n. Los m&aacute;s c&eacute;lebres y los &uacute;nicos que han sido objeto de investigaci&oacute;n en el contexto geogr&aacute;fico europeo se encuentran al noroeste de Grecia, en la regi&oacute;n de &Eacute;piro, m&aacute;s concretamente, en los municipios de Zagori y Konitsa. La instituci&oacute;n responsable de promover este estudio a trav&eacute;s de un programa interdisciplinar iniciado en el a&ntilde;o 2000 y reeditado en 2012 (<em>Conservation through religi&oacute;n: the sacred forests of Epirus</em>) ha sido la Universidad de Ioannina. Las campa&ntilde;as anuales de trabajo de campo llevadas a cabo en la regi&oacute;n por investigadores como Kalliopi Stara, John Halley o Rigas Tsiakiris han proporcionado un ingente volumen de datos de entre los cuales s&oacute;lo vamos a entresacar los m&aacute;s significativos.
    </p><p class="article-text">
        	La primera conclusi&oacute;n de sus investigaciones se&ntilde;ala que el fen&oacute;meno de los bosques sagrados, conocidos localmente con el nombre de <em>iera</em>, <em>klisiastka</em>, <em>vakufika</em>, <em>kouri</em>, <em>livadia</em>, <em>aforismena</em> o <em>eftapapada</em>, afecta a todas y cada una de las m&aacute;s de 80 poblaciones que suman ambos municipios (Vitsa, Kapesovo, Palioseli, Kato Pedina, Molitsa, Aristi, Greveniti, Vrysochori, Vikos, Molista, Elaphotopos &hellip;). No existe ni una sola que no cuente con una arboleda que merezca esta consideraci&oacute;n. Todas se localizan en la periferia de los n&uacute;cleos habitados, a una altura que suele oscilar entre los 800 y 1.200 metros de altura, y todas cuentan con su propia advocaci&oacute;n o con una figura religiosa responsable de su protecci&oacute;n: Agios Nikolaos (San Nicol&aacute;s), A. Paraskevi (Santa Paraskevi), Panagia (Virgen Mar&iacute;a), A. Charalampos (San Caralampio) &hellip;
    </p><p class="article-text">
        	La instituci&oacute;n y los rituales religiosos que rodean y santifican la existencia de estos bosques formados por robles, encinas, hayas, abetos o pinos negros se hallan documentados desde comienzos de la ocupaci&oacute;n otomana de este territorio (1479) aunque todo apunta a la existencia de un sustrato anterior vinculado al polite&iacute;smo o las creencias animistas. Eran precisamente las ceremonias oficiadas por los popes ortodoxos las que ratificaban la condici&oacute;n sagrada y la inviolabilidad de esos espacios y de cuanto crec&iacute;a en su interior. Los rituales m&aacute;s habituales para lograr ese prop&oacute;sito eran los de consagraci&oacute;n y excomuni&oacute;n. A trav&eacute;s de unos u otros, la poblaci&oacute;n comprend&iacute;a que nadie pod&iacute;a vulnerar ese tab&uacute; o prohibici&oacute;n y que si lo hac&iacute;a su vida y la de sus familiares corr&iacute;an un peligro real porque nada escapaba al escrutinio del santo que velaba por la protecci&oacute;n de ese lugar. Los usos y regulaciones variaban de una localidad a otra. En algunos casos se prohib&iacute;a taxativamente cualquier tipo de aprovechamiento, incluida la recogida de le&ntilde;a o de setas; en otros, sin embargo, se permit&iacute;a la caza, el pastoreo, la poda o la recogida de hojas, bellotas o hayucos. Fuere como fuere, nadie pod&iacute;a obrar con impunidad o saltarse los controles porque estos &uacute;ltimos no eran ejercidos por un ser humano sino por una entidad divina que no se dejaba sobornar y a la que era imposible burlar.
    </p><p class="article-text">
        	A la hora de buscar una explicaci&oacute;n para esta pr&aacute;ctica, todos los estudiosos coinciden en sostener que tras ella se oculta un mecanismo destinado a regular eficientemente la explotaci&oacute;n de los recursos, preservar el entorno y garantizar su sostenibilidad futura. La sacralidad de la que se revest&iacute;a a los bosques impidiendo su tala o sobreexplotaci&oacute;n, aseguraba su estatus durante varias generaciones y acarreaba beneficios a largo plazo, dif&iacute;ciles de percibir en el curso de una vida (la prueba la tenemos en los ejemplares de robles, encinas o hayas de 250 o m&aacute;s a&ntilde;os que todav&iacute;a podemos encontrar en casi todos ellos). Protegiendo el &ldquo;velo&rdquo; vegetal se evitaban los desprendimientos, los corrimientos de tierras, la erosi&oacute;n, las avenidas y, al mismo tiempo, se conservaban los acu&iacute;feros o establec&iacute;a una reserva de emergencia que pod&iacute;a activarse o monetizarse ante cualquier contingencia o cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        	Estas y otras razones nos llevan a pensar que, si este modelo de gesti&oacute;n hubiese sido imitado o difundido por la Iglesia cat&oacute;lica en sus di&oacute;cesis y entre sus fieles, otro gallo nos cantar&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/epiro-bosques-sagrados-religion_1_10447617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Aug 2023 07:08:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los bosques sagrados del Épiro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Montañas imaginarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/montanas-imaginarias-ripeos-rifeos-mungo-park_1_10387460.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d74311e-138f-4376-ae8a-2ba729721d05_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077485.jpg" width="1002" height="564" alt=""></p><p class="article-text">
        Si los humanos no existi&eacute;ramos, las monta&ntilde;as no ser&iacute;an otra cosa que una manifestaci&oacute;n de las fuerzas geol&oacute;gicas que laten y se desarrollan bajo la corteza terrestre. Nuestra presencia y nuestras miradas, sin embargo, las han convertido en algo completamente diferente, en un artefacto cultural, en un objeto destinado a ser pensado, recreado y representado. Es por eso que las monta&ntilde;as, todas las monta&ntilde;as, son, en cierto sentido, realidades imaginadas en las que su forma o apariencia material cuenta mucho menos que su dimensi&oacute;n metaf&iacute;sica, art&iacute;stica, literaria o como queramos denominarla. De ese modo, cada cordillera y monta&ntilde;a del planeta ha sido revestida de un aura o halo en el cual la naturaleza f&iacute;sica juega un papel mucho menor que nuestros sentimientos, ideas, relatos o enso&ntilde;aciones con respecto a las mismas.
    </p><p class="article-text">
        	El caso m&aacute;s extremo de lo que acabamos de se&ntilde;alar lo hallamos en las cordilleras entera o completamente imaginarias, es decir, en los sistemas monta&ntilde;osos cuya existencia real jam&aacute;s pudo ser demostrada y que, a pesar de ello, generaron r&iacute;os de tinta, dando lugar a decenas y decenas de elucubraciones y teor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        	Uno de los mejores ejemplos de cuanto acabamos de se&ntilde;alar es el de los montes Ripeos o Rifeos, una cadena fabulosa que nunca nadie fue capaz de situar en el mapa con exactitud y sobre cuya existencia se empez&oacute; a especular en el siglo VII a. C. El primero en hacerlo fue un poeta, posiblemente espartano, llamado Alcm&aacute;n. Tras &eacute;l hubo una multitud de autores greco-romanos, tardoantiguos, medievales y renacentistas que durante m&aacute;s de dos milenios no dudaron en aportar nuevas informaciones al respecto incrementando, de ese modo, el ruido y la confusi&oacute;n. Entre todos ellos, los m&aacute;s notables fueron S&oacute;focles, Apolonio de Rodas, Arist&oacute;teles, Hecateo, Hip&oacute;crates, Estrab&oacute;n, Plutarco, Plinio el Viejo, Claudio Ptolomeo, Pomponio Mela, Amiano Marcelino, Orosio, Procopio o Isidoro de Sevilla. Arist&oacute;teles los situ&oacute; <em>&ldquo;en el extremo norte, m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de Escitia&rdquo; </em>(<em>Meteorol&oacute;gicos </em>I, 13, 350 b), opini&oacute;n que, al parecer, tambi&eacute;n fue compartida por Plinio si hacemos caso del siguiente testimonio: <em>&ldquo;Luego se encuentran los montes Rifeos y la zona denominada Pter&oacute;foro, por las continuas precipitaciones de nieve que se asemejan a las plumas; es una parte del mundo maldita por la naturaleza, sumergida en una densa bruma, expuesta s&oacute;lo al fr&iacute;o intenso y ocupada por los g&eacute;lidos lugares donde nace el aquil&oacute;n&rdquo; </em>(<em>Historia Natural </em>IV, 26, 5).
    </p><p class="article-text">
        	Al margen de las inconsistencias y contradicciones en las que incurrieron, la mayor&iacute;a de las fuentes coincid&iacute;an en se&ntilde;alar que estas monta&ntilde;as se hallaban en los confines del continente euroasi&aacute;tico, m&aacute;s all&aacute; del mundo conocido y que de sus laderas meridionales brotaban el <em>boreas </em>o viento del norte y algunos de los r&iacute;os (Dnieper, Don, Volga) que regaban las estepas de Europa oriental. A pesar del consenso alcanzado en esos puntos, la falta de pruebas e informaciones contrastadas hizo que, finalmente, los ge&oacute;grafos y cart&oacute;grafos del siglo XVI tomaran la decisi&oacute;n de negar su existencia y eliminarlas de sus mapas.
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, no hace falta irse tan atr&aacute;s en el tiempo para descubrir casos semejantes al que acabamos de se&ntilde;alar. A finales del siglo XVIII, en 1799, un explorador escoc&eacute;s llamado Mungo Park edit&oacute; una obra titulada <em>Travels in the interior districts of Africa </em>que, adem&aacute;s de describir sus dos a&ntilde;os de estancia (1795 &ndash; 97) en &Aacute;frica occidental, conten&iacute;a un mapa en el que figuraban las monta&ntilde;as Kong, una cadena monta&ntilde;osa situada 10&ordm; al norte de la l&iacute;nea del ecuador de la que nunca nadie hab&iacute;a o&iacute;do hablar. La ocurrencia tuvo muy buena acogida y durante cerca de un siglo, hasta 1889, nadie, ni viajeros ni cart&oacute;grafos, fue capaz o tuvo la osad&iacute;a de enmendar el entuerto. Es m&aacute;s, la cordillera que, inicialmente, no llegaba mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que actualmente son las rep&uacute;blicas de Guinea y Costa de Marfil comenz&oacute; a extenderse cientos y cientos de kil&oacute;metros hacia el este hasta alcanzar dimensiones prodigiosas y altitudes que se acercaban a los 4.000 metros.
    </p><p class="article-text">
        	Desconocemos qui&eacute;n fue el causante de semejante error. Algunos ge&oacute;grafos hacen recaer la responsabilidad en la incorrecci&oacute;n o el apresuramiento de las observaciones de Park; otros, en James Rennell, el cart&oacute;grafo que las malinterpret&oacute; o fue incapaz de representarlas con exactitud. A pesar de todo, la existencia de las monta&ntilde;as Kong fue relativamente ef&iacute;mera porque la supercher&iacute;a no se prolong&oacute; m&aacute;s all&aacute; de 1889, fecha en la que las observaciones del oficial franc&eacute;s Louis Gustave Binger pusieron fin a su breve y fant&aacute;stica vida. Esta &uacute;ltima circunstancia no impidi&oacute; que Julio Verne las incluyera en una f&aacute;bula publicada en 1886 bajo el t&iacute;tulo de <em>Robur el Conquistador</em>. La cita figura en el cap&iacute;tulo XII y, a pesar de ser escueta, resulta muy evocadora. Dice as&iacute;: <em>&ldquo;El d&iacute;a 11 por la ma&ntilde;ana, el Albatros traspas&oacute; las monta&ntilde;as de Guinea septentrional, encerrada entre el Sud&aacute;n y el golfo que lleva su nombre. En el horizonte se perfilaban confusamente los montes de Kong, del reino de Dahomey&rdquo;</em>. Ser&aacute; que algunas monta&ntilde;as tambi&eacute;n est&aacute;n hechas de la misma materia que los sue&ntilde;os.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/montanas-imaginarias-ripeos-rifeos-mungo-park_1_10387460.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Jul 2023 11:11:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Montañas imaginarias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ascetas de alturas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/ascetas-simeon-estilita-estilita-chiatura_1_10300158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab66ae5f-d3aa-4f35-848e-ea42ad0baf4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1075281.jpg" width="2560" height="1440" alt=""></p><p class="article-text">
        &nbsp;Durante el siglo V, en los albores del cristianismo, un grupo de seguidores de esta fe capitaneados por un tal Sime&oacute;n, tom&oacute; la decisi&oacute;n de retirarse del mundo para orar, meditar y hacer penitencia. Para hacerlo, adoptaron una forma extrema y original de ascetismo que, hasta entonces, nadie se hab&iacute;a atrevido a poner en pr&aacute;ctica. Al parecer, pensaban que la reclusi&oacute;n en celdas y la estancia en lugares remotos y asilados no eran pruebas suficientes de su amor a Dios. &Eacute;se debi&oacute; ser el motivo que los llev&oacute; a encaramarse a una columna de varios metros de altura para, a continuaci&oacute;n, convertirla en su lugar de residencia y mortificaci&oacute;n. As&iacute; es como surgieron los monjes estilitas (del griego <em>stylos</em>, columna). 
    </p><p class="article-text">
        	El fundador, el primero de esta saga de anacoretas fue Sime&oacute;n Estilita el Viejo (390 &ndash; 459). Tras &eacute;l hubo muchos m&aacute;s como Daniel Estilita (409 &ndash; 493), Sime&oacute;n Estilita el Joven (521 &ndash; 597), Alipio de Adrian&oacute;polis (522 &ndash; 640), Juan Estilita (&iquest;? &ndash; 737/38), Sime&oacute;n Estilita de Lesbos (765/66 &ndash; 844) o Nicetas de Preslav (&iquest;? &ndash; 1186). Las columnas a las que se encaramaban y de las que, en ocasiones, no descend&iacute;an jam&aacute;s ten&iacute;an una altura que oscilaba entre los 3 y los 17 metros de altura y se constru&iacute;an <em>exprofeso </em>en lugares apartados y de dif&iacute;cil acceso para evitar la intromisi&oacute;n y el flujo de visitantes. El tiempo de permanencia sobre ellas depend&iacute;a de la voluntad, resistencia o longevidad del penitente: 33 a&ntilde;os en el caso de Daniel, 37 en el de Sime&oacute;n el Viejo y 68 en el de Sime&oacute;n el Joven. Este fen&oacute;meno comenz&oacute; a gestarse en Oriente Medio, m&aacute;s concretamente, en las cercan&iacute;as de las ciudades de Alepo y Antioqu&iacute;a, pero desde ah&iacute; fue difundi&eacute;ndose por otros pa&iacute;ses hasta llegar a Rusia y Europa Occidental. Dicho esto, hay que a&ntilde;adir que estas pr&aacute;cticas se desarrollaron prioritariamente en los territorios dependientes del Imperio Bizantino y que gozaron del favor, la protecci&oacute;n y la simpat&iacute;a de s&uacute;bditos, gobernantes y autoridades religiosas.
    </p><p class="article-text">
        	Si contamos todo esto es porque en el noroeste de Georgia, dentro de la regi&oacute;n de Imereti, existe un pilar calc&aacute;reo de 40 o 45 metros de altura sobre el cual se erigi&oacute; un templo y una vivienda para albergar a uno o varios de estos monjes. Este monolito natural rodeada de con&iacute;feras se halla cerca del pueblo minero de Chiatura, en una plataforma desde la que se divisa el ca&ntilde;&oacute;n atravesado por el r&iacute;o Katskhura, y cuenta con una escalera met&aacute;lica fijada a la roca y una polea. Esta formaci&oacute;n constituye el eje o motivo principal de un complejo religioso que se extiende a sus pies y que se compone de una ermita dedicada a San Sime&oacute;n Estilita, casa de retiro, oratorio, ruinas de una muralla medieval y campanario.
    </p><p class="article-text">
        	El primer ascenso documentado de esta columna se produjo en julio de 1944 y fue obra de un equipo de escaladores en el que figuraban el escritor Levan Gotua y Alexander Japaridze, uno de los pioneros del alpinismo en Georgia. Lamentablemente, este &uacute;ltimo apenas disfrut&oacute; de su haza&ntilde;a porque falleci&oacute; prematuramente, en octubre del 45, junto a Nikolai Mukhin y Keleshbi Oniani mientras intentaban completar la traves&iacute;a Ushba &ndash; Shkhelda. Las circunstancias que rodearon su desaparici&oacute;n y el posterior hallazgo de sus cad&aacute;veres fueron tan tr&aacute;gicas que dar&iacute;an para otro art&iacute;culo, pero en otra ocasi&oacute;n ser&aacute;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        	Desconocemos qui&eacute;n fue el primero en alcanzar la plataforma de unos 150 m<sup>2 </sup>que corona el pilar, pero su sorpresa debi&oacute; de ser may&uacute;scula al descubrir que alguien se les hab&iacute;a adelantado, que no hab&iacute;an sido los primeros en llegar hasta all&iacute;. La prueba se hallaba en las piedras talladas, cimientos, columnas, capiteles y ornamentos religiosos que cubr&iacute;an el suelo emergiendo entre &aacute;rboles y arbustos. Seg&uacute;n las primeras investigaciones, esos restos pertenec&iacute;an a una cripta y dos templos religiosos edificados durante los siglos V y VI de nuestra era. M&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1999, las autoridades georgianas acordaron organizar una segunda exploraci&oacute;n y una campa&ntilde;a de excavaciones destinada a fijar con exactitud los or&iacute;genes, cronolog&iacute;a y caracter&iacute;sticas del complejo. El estudio se prolong&oacute; hasta 2006 y durante el mismo se lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que, en realidad, las edificaciones descubiertas pertenec&iacute;an a los siglos IX y X y de que mientras una hab&iacute;a sido destinada a fines religiosos, la otra no pasaba de ser un anexo con usos meramente residenciales. Al mismo tiempo, una inscripci&oacute;n grabada en una l&aacute;pida permiti&oacute; deducir que, en el siglo XIII, el eremitorio segu&iacute;a ocupado y en pleno funcionamiento.
    </p><p class="article-text">
        	 La reconstrucci&oacute;n integral del complejo dio comienzo por esas mismas fechas y cont&oacute; con la ayuda de un monje ortodoxo llamado Maxime Qavtaradze que ya llevaba varios a&ntilde;os viviendo junto al pilar y siguiendo de cerca los trabajos que se realizaban en lo alto del mismo. Su colaboraci&oacute;n no pas&oacute; desapercibida ni para las autoridades civiles ni para las religiosas porque unas u otras le otorgaron autorizaci&oacute;n para ocupar las nuevas instalaciones y devolverles su funci&oacute;n original. Entrevistado en 2013, Qavtaradze sostuvo que el deseo de buscar o recluirse en las alturas y emular a los estilitas de la antig&uuml;edad se deb&iacute;a a que all&aacute; arriba, en el silencio que le rodeaba, sent&iacute;a que Dios estaba presente, m&aacute;s presente que en cualquier otro lugar. A buen entendedor, sobran las palabras&hellip;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/ascetas-simeon-estilita-estilita-chiatura_1_10300158.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jun 2023 09:42:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ascetas de alturas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La viagra del Himalaya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/himalaya-viagra-ophiordyceps-sinensis-hongo_1_10219342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9f88b83-6da2-45d8-bcca-70473343541a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La viagra del Himalaya"></p><p class="article-text">
        Las geograf&iacute;as extremas suelen albergar organismos igual de extremos o igual de peculiares. Esas condiciones, sumadas a la selecci&oacute;n natural y la supervivencia del m&aacute;s apto, han logrado que algunos seres vivos hayan desarrollado mecanismos de adaptaci&oacute;n realmente asombrosos. Pensemos, si no, en los osos polares, los peces pulmonados, las aves no voladoras o los moluscos y las colonias de gusanos extrem&oacute;filos que proliferan en las dorsales oce&aacute;nicas.
    </p><p class="article-text">
        	La criatura que hemos elegido para ilustrar este fen&oacute;meno es mucho m&aacute;s peque&ntilde;a y desconocida que cualquiera de los ejemplos que acabamos de mencionar. En realidad, no sabr&iacute;amos nada de ella si, en lugar de crecer en las provincias occidentales de China, hubiera elegido otro marco geogr&aacute;fico para hacerlo. Decimos esto porque, como todo el mundo sabe, la farmacopea china es famosa por el empleo de toda clase de productos, organismos y terapias naturales. De ah&iacute; que la b&uacute;squeda de nuevas sustancias org&aacute;nicas para el tratamiento de algunas dolencias fuese, probablemente, lo que debi&oacute; llevar a los m&eacute;dicos de este pa&iacute;s a descubrir la existencia, h&aacute;bitat y propiedades milagrosas del <em>Ophiordyceps sinensis</em>, el hongo que protagoniza este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        	 El <em>Ophiocordyceps </em>al que nos referimos es un entomat&oacute;geno, un ascomiceto par&aacute;sito que, casualmente, posee las mismas caracter&iacute;sticas que el que protagoniza la trama de la serie de HBO <em>The last of us. </em>La &uacute;nica diferencia que separa a ambos reside en que el que aparece en la ficci&oacute;n televisiva tiene la capacidad de infestar y crecer en el interior de los seres humanos mientras que las v&iacute;ctimas o hu&eacute;spedes del hongo real son, por el momento, unas orugas subterr&aacute;neas de entre 10 y 15 mil&iacute;metros de longitud y 0&acute;05 gramos de peso pertenecientes a las diferentes variedades de la polilla fantasma (<em>Thitarodes spp.</em>). El ciclo vital de este hongo se inicia cuando las esporas ingeridas por las larvas del insecto comienzan a desarrollarse en su interior hasta convertirse en un micelio invasor que devora sus &oacute;rganos y pone fin a su vida. Al llegar a este estadio, el micelio madura, fructifica y desarrolla un estroma de las mismas dimensiones que el anfitri&oacute;n que, adem&aacute;s de germinar a partir de su cad&aacute;ver momificado, aflora a la superficie para poder dispersar las esporas que contiene y seguir reproduci&eacute;ndose. El proceso completo resulta bastante macabro, pero no es en absoluto ins&oacute;lito porque hay muchas especies de avispas que en estado larvario parasitan y se alimentan de sus v&iacute;ctimas hasta acabar con ellas.
    </p><p class="article-text">
        	Por asombroso que pueda parecer, nuestro inter&eacute;s por esta criatura no guarda ninguna relaci&oacute;n con su extraordinario ciclo vital sino con el h&aacute;bitat en el que crece y se reproduce y con los efectos que tanto su recolecci&oacute;n como comercializaci&oacute;n han provocado en los habitantes de esas regiones. El &aacute;rea de distribuci&oacute;n del <em>Ophiocordyceps</em>,<em> yartsa gunbu </em>o <em>dongchong xiacao </em>que, traducido bien del tibetano o del chino, significa &ldquo;gusano en invierno, hierba en verano&rdquo;,<em> </em>forma un arco de miles de kil&oacute;metros de longitud que se extiende desde el extremo m&aacute;s occidental del Himalaya hasta las provincias chinas de Sichuan, Yunnan, Qinghai y Gansu. Es aqu&iacute;, en las regiones que se suceden a lo largo de los l&iacute;mites meridional y oriental de la meseta del T&iacute;bet donde prolifera, se reproduce y es recolectado. Los encargados de hacerlo son, por lo general, pastores n&oacute;madas o trashumantes pertenecientes a cualquiera de los grupos &eacute;tnicos que integran la naci&oacute;n tibetana que, llegado el mes de abril, abandonan sus tareas habituales para internarse en las praderas de monta&ntilde;a en las que crece el <em>yartsa gunbu</em>. Las praderas a las que se dirigen en su busca se encuentran a una altitud que oscila entre los 3.000 y 5.000 metros sobre el nivel del mar, aunque diversos estudios se&ntilde;alan que las mayores concentraciones se producen en el entorno de los 4.000 &ndash; 4.500 (<a href="https://mushroaming.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://mushroaming.com</a>).
    </p><p class="article-text">
        	A lo largo de las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la enorme demanda y los alt&iacute;simos precios pagados por los consumidores chinos han desatado una aut&eacute;ntica &ldquo;fiebre del hongo&rdquo; y transformado su recolecci&oacute;n en un negocio muy rentable, m&aacute;s que la cr&iacute;a de yaks y ovejas. El impacto de esta actividad en la vida de las comunidades de monta&ntilde;a ha sido enorme, no s&oacute;lo porque buena parte del dinero en efectivo que manejan y de los bienes de consumo de los que ahora disfrutan (motos, electrodom&eacute;sticos, televisores) procede de esta fuente de ingresos sino porque, adem&aacute;s, la l&oacute;gica mercantil y monetaria ha dado al traste con el modelo econ&oacute;mico que practicaban y que se basaba en el trueque. En este caso, el <em>yartsa gunbu </em>ha sido mucho m&aacute;s que un hongo, en realidad ha acabado convertido en una especie de caballo de Troya del capitalismo con las ventajas e inconvenientes que eso conlleva.
    </p><p class="article-text">
        	Una &uacute;ltima cuesti&oacute;n relacionada con su &eacute;xito y las razones que se ocultan tras &eacute;l. La mayor&iacute;a de los especialistas en medicina tradicional china comparten las afirmaciones que aparecen en un texto tibetano fechado en el siglo XVI titulado <em>Un oc&eacute;ano de excelentes cualidades afrodis&iacute;acas.</em> La obra en cuesti&oacute;n sostiene, b&aacute;sicamente, que el <em>Ophiordyceps sinensis</em> constituye un remedio casi milagroso, una aut&eacute;ntica panacea. La ingesta regular del mismo y de la oruga que le acompa&ntilde;a no solamente sirve para tonificar y estimular las funciones org&aacute;nicas de ri&ntilde;ones, h&iacute;gado, coraz&oacute;n y pulmones, tambi&eacute;n tiene la virtud de prevenir el c&aacute;ncer, retrasar los procesos de envejecimiento, devolver la energ&iacute;a a los enfermos convalecientes y la virilidad a quienes flaquean. En definitiva, se trata de un aut&eacute;ntico elixir de la eterna juventud que por sus virtudes revigorizantes y su origen alguien bautiz&oacute; con el t&iacute;tulo de &ldquo;viagra del Himalaya&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/himalaya-viagra-ophiordyceps-sinensis-hongo_1_10219342.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2023 10:33:25 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La conquista del Cáucaso (II parte)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/caucaso-conquista-alpinismo-expediciones_1_10112697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df10b5e4-56bd-4fc1-8aff-20cd9034af4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1070725.jpg" width="2371" height="1334" alt="La conquista del Cáucaso (II)"></p><p class="article-text">
        Si la primera fase de la conquista del C&aacute;ucaso estuvo presidida por la exploraci&oacute;n y el reconocimiento geogr&aacute;fico de esta cordillera, la segunda lo va a estar por las ascensiones y los retos deportivos. El responsable de inaugurar esta nueva fase fue, como ya indicamos en un art&iacute;culo anterior, un abogado ingl&eacute;s llamado Douglas William Freshfield (1845 &ndash; 1934) que, en 1868, capitane&oacute; las primeras ascensiones oficialmente reconocidas al Kazbek y a la cima este del Elbrus. La cr&oacute;nica de esta expedici&oacute;n fue editada un a&ntilde;o despu&eacute;s bajo el t&iacute;tulo de <em>Travels in the Central Caucasus and Bashan</em>.
    </p><p class="article-text">
        	La siguiente visita brit&aacute;nica se produjo s&oacute;lo unos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1874. El responsable de la misma fue A. W. Moore, antiguo componente del equipo de Freshfield. En esta ocasi&oacute;n, el grupo lo compon&iacute;an el propio Moore, F. C. Grove, H. Walker, F. Gardiner y un gu&iacute;a de Zermatt llamado Peter Knubel. El balance de esta segunda incursi&oacute;n no fue tan positivo y se limit&oacute; a una ascensi&oacute;n, la de la cumbre oeste del Elbrus, unos metros m&aacute;s alta que su rival. Al a&ntilde;o siguiente, Grove public&oacute; <em>The frosty Caucasus</em>, un volumen en el que describe el aspecto y las impresiones causadas por la secci&oacute;n m&aacute;s agreste y elevada de todo el C&aacute;ucaso, la que se extiende por la regi&oacute;n de Balkaria y alrededor del glaciar y valle de Bezingi. Las emociones experimentadas por Grove son ambivalentes, en algunas ocasiones reconoce que los parajes alpinos son est&eacute;ticamente superiores a los de la vertiente norte de estas monta&ntilde;as, pero en otras, como cuando visita Abkhasia, no puede ocultar su admiraci&oacute;n y se&ntilde;alar: <em>&ldquo;al final de nuestro viaje contempl&eacute; escenas de belleza superiores a cualquiera de las que he pose&iacute;do anteriormente&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        	La inestabilidad derivada del estallido de la guerra ruso &ndash; turca de 1877/78 detuvo, durante unos a&ntilde;os, el flujo de visitantes, pero en 1884, un ge&oacute;grafo h&uacute;ngaro, M&oacute;ric D&eacute;chy, retom&oacute; el testigo emprendiendo tres campa&ntilde;as sucesivas en el curso de las cuales no solamente logr&oacute; la primera repetici&oacute;n del Elbrus sino que, adem&aacute;s, realiz&oacute; un reconocimiento exhaustivo de los glaciares y pasos que conducen al Ushba y a los valles de Bezingi y Mishirgi.
    </p><p class="article-text">
        	La pen&uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XIX marc&oacute; el inicio de una era durante la que se intensificaron las expediciones y el n&uacute;mero de primeras ascensiones. En 1886, C. Dent y W. F. Donkin, en compa&ntilde;&iacute;a de los gu&iacute;as Burgener y Andenmatten, alcanzaron la cumbre del Gestola y realizaron un asalto infructuoso al Dykh Tau. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, en 1887, D&eacute;chy se uni&oacute; a Freshfield, J. Desailloud y los hermanos Devouassoud y juntos coronaron el Tetnuld. Sin embargo, la apoteosis de este per&iacute;odo, de esta especie de edad de oro, se produjo en 1888 cuando tres grupos brit&aacute;nicos se lanzaron a la conquista de los principales picos del grupo central. Mientras Mummery y Zurfluh lograron el Dykh Tau por la arista suroeste, Holder, Woolley, Cockin, Almer y Roth repitieron la misma gesta siguiendo una ruta alternativa por la arista norte. Este &eacute;xito inicial fue seguido por las ascensiones del Katuin Tau, Salynan Bashi, Jangi Tau, cima norte del Ushba y Shkhara, el techo de Georgia. Por su parte, Dent, Donkin, Fox, Streich y Fischer, incapaces de vencer al Laila y al Ushba, dirigieron sus pasos hacia el Donguz Orun y despu&eacute;s de hollarlo, encaminaron sus pasos al Koshtan Tau en donde se evaporaron sin dejar rastro.
    </p><p class="article-text">
        	La desaparici&oacute;n de estos cuatro expedicionarios (Dent, al sentirse indispuesto, hab&iacute;a regresado a Inglaterra) no pas&oacute; desapercibida y desat&oacute; toda suerte de especulaciones. Inicialmente, se sospech&oacute; que, tras ser v&iacute;ctimas de un asalto, hab&iacute;an sido asesinados. A falta de pruebas o informaciones fidedignas que lo demostraran, se decidi&oacute; organizar una gran operaci&oacute;n de rescate para el a&ntilde;o siguiente. La iniciativa, capitaneada por Dent, tambi&eacute;n cont&oacute; con la presencia de Freshfield, Woolley, Powell y los gu&iacute;as Jossi, Kaufmann, Maurer y un hermano de Fischer. Despu&eacute;s de reconocer el terreno y descubrir el lugar en el que hab&iacute;an vivaqueado a finales de agosto de 1888, llegaron a la conclusi&oacute;n de que hab&iacute;an perecido al ser arrastrados por un alud o al precipitarse por la arista que estaban intentando ascender. Esta informaci&oacute;n fue muy bien recibida por los balkares, la poblaci&oacute;n local, porque les exim&iacute;a de las sospechas que las autoridades rusas hab&iacute;an hecho recaer sobre ellos. Los componentes de este grupo de rescate no desaprovecharon la ocasi&oacute;n de cosechar nuevos &eacute;xitos. Mientras Woolley triunfaba en el Mishirgi, Ailama y Koshtan Tau; Freshfield y Powell coronaban el Laila o Lahili.
    </p><p class="article-text">
        	1889 tambi&eacute;n fue el a&ntilde;o en el que el fot&oacute;grafo italiano Vittorio Sella y su hermano Erminio visitaron el C&aacute;ucaso por primera vez. Los paisajes y gentes que conoci&oacute; y capt&oacute; con sus pesadas c&aacute;maras le gustaron tanto que decidi&oacute; repetir la experiencia en 1890 y 1896. Sus im&aacute;genes, que pueden ser contempladas en la p&aacute;gina<a href="https://www.andrewsmithgallery.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> https://www.andrewsmithgallery.com</a>, nos hablan de un mundo desparecido en el que los glaciares rebosaban de hielo y los habitantes de Digor, Bezingi, Chegem, Mestia, Ghebi, Ushguli, Adishi o Zeskho viv&iacute;an apartados de todo y de todos, ajenos a los estramb&oacute;ticos personajes que, cada verano, se acercaban a sus aldeas en demanda de informaci&oacute;n, alimentos, hombres y animales con los que transportar objetos que jam&aacute;s hab&iacute;an contemplado y cuyo uso desconoc&iacute;an.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/caucaso-conquista-alpinismo-expediciones_1_10112697.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Apr 2023 10:44:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La conquista del Cáucaso (II parte)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alpinismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Héroes anónimos S. L.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/frank-bessac-heinrich-harrer_1_10031085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7bab5bd6-b1e4-48c4-9027-71c6c8c59faa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Héroes anónimos S. L."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        No existe ning&uacute;n criterio para establecer qu&eacute; condiciones debe reunir un comportamiento para que, abandonando la normalidad, pase a ser incluido en el listado de haza&ntilde;as, heroicidades o gestas humanas. Sin embargo, nadie duda de que la llegada del primer hombre a la Luna, la conquista del Polo Sur, el descubrimiento de Am&eacute;rica o la primera vuelta al mundo, por poner algunos ejemplos, merezcan semejante consideraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dentro del cat&aacute;logo de h&eacute;roes modernos, Heinrich Harrer (H&uuml;ttenberg, 1912 &ndash; Friesach, 2006) suele figurar en uno de los puestos de cabeza. Dejando a un lado su militancia en el Partido Nacionalsocialista alem&aacute;n, sus bi&oacute;grafos insisten en que form&oacute; parte de la cordada que ascendi&oacute; por vez primera la <em>Norwand</em>, la cara norte del Eiger, y en que residi&oacute; durante varios a&ntilde;os en Lhasa tras escapar de un campo de internamiento brit&aacute;nico y atravesar m&aacute;s de 2.000 kil&oacute;metros de meseta tibetana en compa&ntilde;&iacute;a de su amigo Peter Aufschnaiter.
    </p><p class="article-text">
        	Las reflexiones anteriores vienen a cuento porque por aquellas mismas fechas existi&oacute; un norteamericano llamado Frank Bessac (Lodi, 1922 &ndash; Missoula, 2010) cuyos logros, a pesar de ser equiparables a los del aventurero austriaco, apenas suscitaron la atenci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n y no fueron merecedores de ning&uacute;n honor o reconocimiento p&uacute;blico. &Eacute;sta es su historia.
    </p><p class="article-text">
        	Todo comenz&oacute; en 1941, inmediatamente despu&eacute;s del bombardeo de Pearl Harbour, cuando el jovenc&iacute;simo Frank decidi&oacute; alistarse en las filas del ej&eacute;rcito de su pa&iacute;s. Tras un per&iacute;odo de formaci&oacute;n que incluy&oacute; una estancia de un a&ntilde;o en la Universidad de Cornell con el fin de aprender chino, en 1945 fue movilizado y enviado a Pek&iacute;n en calidad de miembro de la Oficina de Estudios Estrat&eacute;gicos, la agencia de inteligencia de la que m&aacute;s tarde surgi&oacute; la C.I.A. Sin embargo, este cometido no se prolong&oacute; m&aacute;s all&aacute; de marzo de 1946, fecha en la que fue licenciado. Es entonces cuando decidi&oacute; dirigirse al interior del pa&iacute;s y participar en un programa de reparto de alimentos financiado por el Departamento de Estado. Despu&eacute;s de numerosas vicisitudes y de obtener una beca Fulbright para profundizar en el conocimiento de la cultura mongola, en la primavera del 49, fij&oacute; su residencia en Tzehu, una ciudadela perteneciente a la regi&oacute;n de Alashan (Mongolia Interior). La inminencia de un conflicto armado entre las tropas nacionalistas de Chiang Kai-shek y las comunistas de Mao Zedong puso fin a su brev&iacute;sima estancia, forz&oacute; su huida hacia el oeste y el inicio de una odisea llena de vicisitudes que acabar&iacute;a en Kalimpong un a&ntilde;o despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        	La primera etapa de este periplo de varios miles de kil&oacute;metros condujo a Bessac hasta Urumchi, capital de Xinjiang, que alcanz&oacute; en septiembre del a&ntilde;o que acabamos de mencionar. Una vez aqu&iacute;, entr&oacute; en contacto con el &uacute;nico miembro de la delegaci&oacute;n estadounidense que permanec&iacute;a en su puesto, el vicec&oacute;nsul Douglas S. Mackiernan, y ambos decidieron aguardar acontecimientos. La formaci&oacute;n de un gobierno provisional presidido por comunistas hizo que no se lo pensaran dos veces y el d&iacute;a 27, decidieron escapar en direcci&oacute;n al T&iacute;bet no sin antes destruir documentos comprometedores y recoger a un grupo formado por tres rusos blancos (Vasili Zvansov, Stepan Yanuishkin y Leonid Shutov).
    </p><p class="article-text">
        	Primero en jeep y luego a lomos de caballo, viajando de noche y descansando de d&iacute;a, su huida cont&oacute; con la inestimable ayuda de varios kazakh que no contentos con guiarles a trav&eacute;s del desierto de Taklamakan hasta Barkol, les buscaron acomodo en un campamento invernal situado en Timerlik Bulak, al pie de las monta&ntilde;as Kunlun. All&iacute; residieron desde el 29 de noviembre del 49 hasta el 15 de marzo del 50. Cumplido ese plazo, retomaron la marcha con el prop&oacute;sito de llegar a Lhasa. Siguieron seis semanas de ordal&iacute;a atravesando la meseta de Chang Tang a lomos de camellos bactrianos durante las cuales no vieron a un solo ser humano. En ese tiempo padecieron hambre, fr&iacute;o, hipoxia, escasez de combustible, s&iacute;ntomas de escorbuto y un viento huracanado que se levantaba al amanecer y no cesaba de aullar y perturbar a hombres y monturas hasta la puesta de sol.
    </p><p class="article-text">
        	As&iacute; llegamos al 29 de abril. Tras avistar, en las inmediaciones de Shegar Hunglung, al primer grupo de n&oacute;madas tibetanos, los expedicionarios pensaron que sus penalidades hab&iacute;an finalizado. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. Al ser confundidos con bandidos, los guardias encargados de custodiar la frontera los recibieron con una salva de disparos que causaron la muerte de Mackiernan, Yanuishkin y Shutov. Los supervivientes, Bessac y Zvansov, fueron conducidos hasta Lhasa adonde llegaron el 11 de junio. Despu&eacute;s de recibir las correspondientes disculpas y de ser testigos del castigo impuesto a los responsables del incidente, ambos continuaron viaje hasta la frontera India que alcanzaron el 21 de agosto de 1950. Curiosamente, Harrer y Bessac tuvieron ocasi&oacute;n de conocerse durante la estancia de este &uacute;ltimo en Lhasa. La prueba de este encuentro la hallamos en las ocho ocasiones en las que Harrer cita a su rival en <em>Siete a&ntilde;os en el T&iacute;bet.</em>
    </p><p class="article-text">
        La aventura de Frank Bessac no mereci&oacute; mucha m&aacute;s atenci&oacute;n. La publicaci&oacute;n de un reportaje en la revista <em>Life </em>(13 &ndash; XI &ndash; 50) fue seguida por medio siglo de silencio. Un silencio que s&oacute;lo fue roto cuando en 2006 se anim&oacute; a publicar una cr&oacute;nica en la que recoge las peripecias que vivi&oacute; durante el viaje: <em>Death on the Chang Tang: Tibet, 1950</em>. Mientras unos tienen la fama, otros cardan la lana.	
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/frank-bessac-heinrich-harrer_1_10031085.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Mar 2023 09:13:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Héroes anónimos S. L.]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las dos caras del Pirineo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/pirineos-montanas-desarrollo-proteccion_1_9931035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b1df9db-8e4c-4672-b1f0-e1d009d7925c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1066079.jpg" width="4032" height="2268" alt="Las dos caras del Pirineo"></p><p class="article-text">
        <strong>	</strong>El pasado 11 de enero, el <em>Heraldo de Arag&oacute;n </em>public&oacute; en sus p&aacute;ginas de opini&oacute;n un art&iacute;culo titulado &ldquo;La Canal Roya&rdquo; en el que su autor, el catedr&aacute;tico em&eacute;rito Eduardo Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, criticaba la inminente aprobaci&oacute;n de un proyecto destinado a conectar las estaciones de esqu&iacute; de Ast&uacute;n y Formigal a trav&eacute;s de ese valle pirenaico. El texto conten&iacute;a un largo p&aacute;rrafo en el que el ge&oacute;grafo realizaba las siguientes afirmaciones: <em>&ldquo;De modo que hay dos modelos de actuaci&oacute;n contrapuestos en la actuaci&oacute;n en buena parte del espacio pirenaico. Uno, el vigente (&hellip;) es el de explotaci&oacute;n como mero recurso especulativo, sin contemplaciones. Otro, el deseable pero no visible en casos como el de la Canal Roya, es el de atenci&oacute;n, respeto y conservaci&oacute;n, por sus altos e indispensables valores naturales y por su muy elevada capacidad educativa&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        	Si ampliamos el marco de referencia y nos olvidamos por un momento de la amenaza que se cierne sobre ese rinc&oacute;n virgen del Pirineo aragon&eacute;s, resulta que ese fragmento describe a la perfecci&oacute;n los dos enfoques, actitudes o l&oacute;gicas que, a lo largo de los 250 &uacute;ltimos a&ntilde;os, se han producido a uno y otro lado de esta cadena monta&ntilde;osa. Los modelos de actuaci&oacute;n a los que se refiere Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n reproducen o ilustran con bastante exactitud las dos estrategias de desarrollo econ&oacute;mico, pol&iacute;tico, social y cultural que los estados espa&ntilde;ol y franc&eacute;s han implantado en los territorios pirenaicos dependientes de su administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	Antes de comenzar a desarrollar esta idea, nos gustar&iacute;a tener la precauci&oacute;n de se&ntilde;alar que las incursiones realizadas en el Pirineo franc&eacute;s no han sido ni tan numerosas, ni tan prolongadas como las efectuadas en el espa&ntilde;ol y que tal vez corramos es riesgo de idealizar en exceso todo lo que sucede al otro lado de la frontera. Sin embargo, y a pesar de ello, no podemos evitar tener la sensaci&oacute;n de que las actuaciones que se realizan o la percepci&oacute;n que se tiene de los Pirineos a este lado de la frontera no se parece en nada a la que poseen nuestros vecinos.
    </p><p class="article-text">
        	Los franceses descubren esta cordillera durante la segunda mitad del siglo XVIII, inmediatamente despu&eacute;s de hacer lo propio con los Alpes. A partir de ese momento y durante dos siglos, la vertiente norte es visitada por sucesivas oleadas de intelectuales, artistas pl&aacute;sticos, investigadores, hombres de letras y monta&ntilde;eros. La primera de estas incursiones no la protagonizan los deportistas sino un naturalista bearn&eacute;s nacido en Oloron llamado Pierre Palassou (1745 &ndash; 1830). Su ejemplo es seguido por J. F. Boudon de Saint-Amans (1748 &ndash; 1831) y otro experto en geolog&iacute;a y bot&aacute;nica que, previamente, hab&iacute;a visitado los Alpes, Louis Ramond de Carbonni&egrave;res (1755 &ndash; 1827). Entrado el siglo XIX, sus publicaciones alimentan el inter&eacute;s por estas monta&ntilde;as y atraen la atenci&oacute;n de m&aacute;s de una decena de emuladores deseosos de recoger <em>in situ </em>datos e informaciones adicionales. Entre todos ellos destacan J. Charpentier, E. Cordier, G. Sand, V. Hugo, A. B. Franqueville o &Eacute;lis&eacute;e Reclus. Los monta&ntilde;eros como Schrader, Saint Saud, Wallon, Rusell o Briet hacen su aparici&oacute;n m&aacute;s tarde y sus ascensiones marcan el fin de esta etapa de investigaci&oacute;n y descubrimientos. En este proceso, los Pirineos logran, por decirlo de alg&uacute;n modo, trascender su naturaleza f&iacute;sica para convertirse en un icono, en una construcci&oacute;n cultural en la que Romanticismo e Ilustraci&oacute;n se dan la mano. La sociedad francesa admira, protege y respeta su mitad porque las obras creadas por los intelectuales de hace 100 o m&aacute;s a&ntilde;os se han ido sedimentando en el inconsciente colectivo hasta formar un estrato denso, profundo y s&oacute;lido, un imaginario o una narrativa presidida por el conocimiento, la admiraci&oacute;n y la mesura a las que Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n alud&iacute;a en su art&iacute;culo. &iquest;Qu&eacute; tenemos en nuestra propia mitad?
    </p><p class="article-text">
        	Los espa&ntilde;oles descubrimos los Pirineos tarde y mal, de la mano de alguno de los franceses que acabamos de citar (Rusell, Briet o Schrader), de un alem&aacute;n apellidado Kr&uuml;ger y de un grupo de catalanes presidido por Ramon Violant i Simorra. El inter&eacute;s demostrado durante los siglos XVIII y XIX por la mayor parte de nuestros hombres de letras fue nulo. Para que nos hagamos una idea de cu&aacute;l era nuestra actitud al respecto, basta citar la frase que Richard Ford dedica al Pirineo aragon&eacute;s en <em>Viajes por Espa&ntilde;a</em>: <em>&ldquo;A ning&uacute;n espa&ntilde;ol se le ocurre jam&aacute;s venir a estos lugares en busca de placer, de donde que estas localidades hayan sido abandonadas al contrabandismo y la cabra mont&eacute;s&rdquo;</em>. Y claro, de aquellos polvos estos lodos&hellip; Nosotros tambi&eacute;n hemos elaborado una narrativa propia en torno a la parte que nos toca de estas monta&ntilde;as, pero esa construcci&oacute;n, adem&aacute;s de ser reduccionista, no ha estado determinada por valores culturales sino por valores de &iacute;ndole mercantil o economicista. Nuestra prioridad, o la de las administraciones responsables, nunca ha sido la de proteger, preservar y defender sino la de explotar, facturar y especular. Esta estrategia productivista ha convertido el territorio pirenaico en un parque tem&aacute;tico para urbanitas, un reservorio de recursos h&iacute;dricos y forestales, un para&iacute;so inmobiliario y un desierto humano en el que decenas y decenas de aldeas deshabitadas coexisten con megaestaciones de esqu&iacute;, centros vacacionales, complejos y resorts tur&iacute;sticos, embalses, campos de golf e instalaciones e&oacute;licas. Lamentablemente, no se percibe ning&uacute;n cambio de rumbo. Los gobiernos auton&oacute;micos siguen aplicando las mismas recetas o, incluso, redoblando su apuesta a trav&eacute;s de nuevos proyectos como la candidatura para las olimpiadas de invierno 2030 o la ampliaci&oacute;n de algunas estaciones de esqu&iacute;. Pan para hoy y hambre para el d&iacute;a en el que el cambio clim&aacute;tico vac&iacute;e de nieve las cumbres y de gente las urbanizaciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/pirineos-montanas-desarrollo-proteccion_1_9931035.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Feb 2023 11:33:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las dos caras del Pirineo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pirineos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deprisa, deprisa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/f-k-t-fastest-known-time-ueli-steck-deprisa_1_9869008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ddabb76-38dd-4769-9241-4ba92d56c65f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""></p><p class="article-text">
        Un fantasma recorre las monta&ntilde;as de Europa y del resto del mundo. No, no se trata del fantasma del comunismo. &Eacute;se se lo dejamos a Marx y a su camarada Engels. Se trata del F.K.T. (<em>Fastest Known Time</em>) que, traducido, ser&iacute;a algo as&iacute; como menor tiempo conocido o tiempo m&aacute;s r&aacute;pido conocido. Si hace un par de d&eacute;cadas exist&iacute;a una aut&eacute;ntica fijaci&oacute;n por la &ldquo;prominencia&rdquo; y por ascender a tales o cuales cimas porque figuraban en los primeros puestos de la lista de monta&ntilde;as m&aacute;s prominentes del mundo, en la actualidad, la obsesi&oacute;n se ha trasladado a hacer lo mismo pero hacerlo en el menor tiempo posible, de manera m&aacute;s r&aacute;pida, ligera y eficiente que cualquier predecesor o rival.
    </p><p class="article-text">
        	Uno de los pioneros o precursores en estas lides fue Ueli Steck (1976 &ndash; 2017) apodado la &ldquo;m&aacute;quina suiza&rdquo;. Aunque ignoramos el tipo de m&aacute;quina a la que se refer&iacute;a el ingenioso periodista deportivo que le puso ese mote, lo m&aacute;s probable es que fuese un reloj, un reloj de cuco, por m&aacute;s se&ntilde;as, porque sus escaladas contra-reloj son legendarias. Los primeros ensayos y ascensiones expr&eacute;s de este alpinista se desarrollaron en la <em>Nordwand</em>, la cara norte del Eiger. En 2007 logr&oacute; completar la ruta Heckmair en un tiempo r&eacute;cord de 3 horas y 45 minutos; al a&ntilde;o siguiente rebaj&oacute; esa marca hasta las 2 horas 47 minutos y, en 2015, volvi&oacute; a batirla dej&aacute;ndola en 2 horas 22 minutos. El &eacute;xito, la popularidad y los contratos comerciales cosechados a trav&eacute;s de estas ascensiones le llev&oacute; a repetir la misma f&oacute;rmula en otros escenarios, tanto europeos (Grandes Jorasses, 2 h 21 min; Cervino 1 h 56 min) como asi&aacute;ticos (Shisha Pangma, 10 h 30 min; Annapurna, 28 h). Lamentablemente, esta carrera contra el tiempo acab&oacute; de una manera tr&aacute;gica y, sobre todo, prematura. La vida de Steck se extingui&oacute; a finales de abril de 2017 en las laderas del Nuptse cuando se preparaba para iniciar la traves&iacute;a Everest &ndash; Lhotse. La historia es demasiado terrible para frivolizar o ironizar sobre ella, pero es evidente que nadie puede vencer al tiempo, lo podremos enga&ntilde;ar o entretener m&aacute;s o menos pero, al final, es imbatible, siempre gana.
    </p><p class="article-text">
        	Al margen de este y otros desenlaces igual de dram&aacute;ticos, lo cierto es que la filosof&iacute;a, el sistema de valores o la pr&aacute;ctica del F.K.T. se ha extendido y contaminado muchas otras actividades deportivas. Los alpinistas como Kilian Jornet, Filip Babicz, Dani Arnold, Karl Egloff o Alex Honnold no son los &uacute;nicos ni est&aacute;n solos en su intento de desafiar al tiempo y batir todas las marcas. Este esp&iacute;ritu tambi&eacute;n ha hecho mella en navegantes, ciclistas, corredores, nadadores, caminantes o esquiadores. Todos, en mayor o menor grado, parecen haberse conjurado en este culto o devoci&oacute;n por la velocidad. Las motivaciones que laten tras ella tienen que ver, posiblemente, con pasiones tales como la vanidad, el orgullo o la gloria; con la notoriedad que otorgan los titulares period&iacute;sticos y los patrocinios econ&oacute;micos derivados de ellos o con la existencia de una plataforma oficial <a href="https://fastestknowntime.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(https://fastestknowntime.com)</a> que publicita, informa, registra y da cobertura a esta clase de desaf&iacute;os. No todos los desaf&iacute;os ni todos los recorridos son merecedores de figurar en su cat&aacute;logo. La condici&oacute;n que debe cumplir cada ruta, y citamos palabras textuales, es que <em>&ldquo;debe ser notable y lo suficientemente original como para que otros est&eacute;n interesados en repetirla&rdquo;</em>. Estas condiciones son lo suficientemente laxas como para permitir la inclusi&oacute;n de toda clase de itinerarios, desde el Camino de Santiago, el Ignaciano o la Transiberia a la traves&iacute;a <em>Breithorn &ndash; Dufourspitze</em> y a la integral de las 82 cimas de los Alpes que rebasan los cuatro mil metros.
    </p><p class="article-text">
        	Despu&eacute;s de este pre&aacute;mbulo, es preciso subrayar que, efectivamente, los seres humanos llevamos cientos o miles de a&ntilde;os corriendo de aqu&iacute; para all&aacute; y, desde que se invent&oacute; la rueda, haci&eacute;ndolo cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. Eso no es ninguna novedad. Lo verdaderamente novedoso es que, en la actualidad, nuestra proverbial prisa ya no permanece confinada a los aspectos productivos o laborales sino que se ha extendido al ocio, al deporte y a las relaciones humanas. Estas conductas, denunciadas en m&uacute;ltiples obras por el fil&oacute;sofo coreano Byung-Chul Han, son un s&iacute;ntoma de la enfermedad que nos aqueja a la par que una manifestaci&oacute;n del modo en el que el sistema domina, impregna y contamina el resto de realidades sociales, culturales y simb&oacute;licas. La sociedad industrial y su apolog&iacute;a de la eficiencia, la competitividad, la contabilidad, el ahorro de tiempo, la productividad y el consumismo se han infiltrado de tal modo en nuestra cotidianeidad que ya no s&oacute;lo no nos producen extra&ntilde;eza sino que, adem&aacute;s, son aceptadas de buen grado.
    </p><p class="article-text">
        	Llegados a este punto, deber&iacute;amos pensar en buscar una alternativa promoviendo el uso del acr&oacute;nimo S.K.T. (<em>Slowest Known Time</em>) que significa exactamente lo contrario que F.K.T. Si esta transformaci&oacute;n ha sido posible en otros &aacute;mbitos como en los de la gastronom&iacute;a (<em>slow food</em>), la moda (<em>slow fashion</em>) o los viajes (<em>slow travel</em>), no es disparatado que la misma filosof&iacute;a pueda aplicarse a la monta&ntilde;a. De hecho, ya hay alpinistas que colocan el estilo, la experiencia vital, la seguridad o el compa&ntilde;erismo por encima de cualquier otro fin. Pensemos por un momento en los budistas tibetanos, en las rutas de peregrinaci&oacute;n que realizan a lo largo de meses o a&ntilde;os y en su modo de avanzar postr&aacute;ndose, levant&aacute;ndose y volvi&eacute;ndose a postrar. Las distancias que recorren no se miden ni en metros ni en kil&oacute;metros sino en cuerpos, sus propios cuerpos. Ellos tienen un prop&oacute;sito, un destino, una misi&oacute;n. &iquest;Ad&oacute;nde nos conduce a nosotros la creciente aceleraci&oacute;n del tiempo o de la vida? &iquest;A prolongarla haci&eacute;ndola m&aacute;s satisfactoria o a todo lo contrario?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/f-k-t-fastest-known-time-ueli-steck-deprisa_1_9869008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Jan 2023 11:29:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Deprisa, deprisa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cerrando el círculo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/everest-ochomiles-alpinismo_1_9812533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/003613f1-3541-4803-8d87-d61f7ccb7e6e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""></p><p class="article-text">
        Ahora que el a&ntilde;o toca a su fin, lo habitual es hacer balance, evaluar las actividades de toda &iacute;ndole llevadas a cabo a lo largo de los &uacute;ltimos 12 meses y emitir alg&uacute;n tipo de juicio al respecto. As&iacute; las cosas, mentir&iacute;amos si dij&eacute;ramos que 2022 ha sido un a&ntilde;o excepcional alpin&iacute;sticamente hablando. En realidad, no ha habido grandes haza&ntilde;as o gestas deportivas si exceptuamos algunos casos aislados. El acontecimiento m&aacute;s rese&ntilde;able, en caso de que podamos expresarnos en tales t&eacute;rminos, ha sido de naturaleza sociol&oacute;gica o econ&oacute;mica y, por tanto, extradeportiva. Nos estamos refiriendo a la consolidaci&oacute;n y m&aacute;s que probable generalizaci&oacute;n de un nuevo modelo de negocio, perd&oacute;n, de himalayismo presidido por la mercantilizaci&oacute;n, la explotaci&oacute;n comercial de las monta&ntilde;as y la afluencia masiva de turistas con &iacute;nfulas. Este fen&oacute;meno, denominado &ldquo;everestizaci&oacute;n&rdquo; y cuyos antecedentes m&aacute;s inmediatos se remontan a mayo de 2019 cuando m&aacute;s de 200 personas hollaron la cumbre de esta monta&ntilde;a, se ha vuelto a producir este mismo verano en el Karakorum pakistan&iacute; (el d&iacute;a 22 de julio se contabilizaron 145 ascensiones al K2) y m&aacute;s tarde en el Manaslu. Al paso que vamos, y si nadie lo remedia, es muy probable que esta tendencia se generalice y se extienda al resto de ochomiles como en su momento sucedi&oacute; con los Alpes, las Rocosas canadienses o los mism&iacute;simos Pirineos.
    </p><p class="article-text">
        Al margen de estos hechos, el a&ntilde;o 2022 cont&oacute; con una actividad que si nos gustar&iacute;a destacar porque, entre otros motivos, casi ning&uacute;n medio nacional o internacional se hizo eco de ella. Nos estamos refiriendo a la Full Circle Everest Expedition, un proyecto liderado por el gu&iacute;a norteamericano Phillip Henderson en el que todos y cada uno de los once miembros que lo formaban era de raza negra. Esta expedici&oacute;n, in&eacute;dita en la historia del Himalaya, alcanz&oacute; su objetivo el 12 de mayo al lograr que Rosemary Saal, Manoah Ainuu, Eddie Taylor, James Kagambi, Demond Mullins, Evan Green, Thomas Moore y los numerosos sherpas que les acompa&ntilde;aban coronaran la cima de la monta&ntilde;a m&aacute;s alta del planeta.
    </p><p class="article-text">
        La importancia de esta aventura no radica en que esos siete expedicionarios consiguieran encaramarse al techo del mundo al igual que los 4.000 monta&ntilde;eros que, seg&uacute;n las estad&iacute;sticas, les han precedido a lo largo de las &uacute;ltimas siete d&eacute;cadas. El verdadero valor de esta expedici&oacute;n reside en la extracci&oacute;n racial de los mismos y en que seg&uacute;n esas mismas estad&iacute;sticas, hasta este a&ntilde;o solamente 8 personas de color hab&iacute;an sido capaces de hacer lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, no se trataba de hacer algo que nadie hab&iacute;a hecho antes sino de mostrar al mundo y mostrarse a s&iacute; mismos que los negros son capaces de hacer las mismas cosas que los que no lo son. En este sentido son muy significativas las declaraciones de una de las integrantes del equipo, unas declaraciones en las que se&ntilde;alaba que el objetivo principal de esta expedici&oacute;n era cambiar la narrativa de la comunidad afronorteamericana y el modo en el que &eacute;sta se ha venido relacionando con la naturaleza y las actividades al aire libre. Frente a la opini&oacute;n generalizada de que los negros de los Estados Unidos no pod&iacute;an, no deb&iacute;an o no quer&iacute;an practicar los deportes de monta&ntilde;a, ella sosten&iacute;a que ya no hab&iacute;a raz&oacute;n o argumento alguno para sostener este tipo de prejuicios y que ella y sus compa&ntilde;eros eran la prueba de que era hora de desechar ese tipo de actitudes. Esta nueva sensibilidad, puesta de manifiesto por otros autores como Latria Graham, de quien ya nos hicimos eco en el n&uacute;mero 196 de la revista <em>Campobase</em>, no solamente busca aumentar la visibilidad de los colectivos que hasta ahora han permanecido alejados de ciertas modalidades deportivas sino tambi&eacute;n superar la perspectiva, el acercamiento y las actitudes &ldquo;coloniales&rdquo; que, por desgracia, muchas expediciones siguen poniendo en pr&aacute;ctica cuando entran en contacto con las poblaciones locales.
    </p><p class="article-text">
        Tras esta y otras declaraciones como las de Henderson en las que sosten&iacute;a que otra de las misiones primordiales del proyecto era inspirar e infundir valor a las j&oacute;venes generaciones de afroamericanos para llevar a cabo sus propias aspiraciones, s&oacute;lo cabe a&ntilde;adir, a modo de cr&iacute;tica, que de los once miembros de la expedici&oacute;n s&oacute;lo hab&iacute;a uno, el keniata James Kagambi, que carec&iacute;a de la ciudadan&iacute;a estadounidense. El dato resulta bastante significativo porque demuestra que tras toda esa ret&oacute;rica acerca de la diversidad, la inclusi&oacute;n o la visibilidad de las minor&iacute;as siguen existiendo grandes contradicciones o una especie de ceguera, probablemente involuntaria, respecto a ciertas realidades. El primer &ldquo;all-Black team&rdquo; en conquistar el Everest estaba formado por hombres y mujeres de color, de eso no hay ninguna duda, pero tambi&eacute;n de ciudadanos que, por estar en posesi&oacute;n de la nacionalidad estadounidense, gozaban y gozan de la mayor&iacute;a, si no de todos, los derechos, prerrogativas y privilegios que gozamos el resto de los occidentales y de los cuales la inmensa mayor&iacute;a de los africanos permanecen excluidos. Su logro, por consiguiente, es posible que sea muy importante para los afroamericanos, pero est&aacute; muy lejos de representar o significar algo para los habitantes del continente africano.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/everest-ochomiles-alpinismo_1_9812533.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Dec 2022 09:38:03 +0000]]></pubDate>
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