<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Anxo Lugilde]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/anxo-lugilde/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Anxo Lugilde]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1030267/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta abierta a mis camaradas depresivos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/blog/opinion/carta-abierta-camaradas-depresivos_132_6408754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ea51971-1105-4246-93d4-bbf614db07b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta abierta a mis camaradas depresivos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pasado domingo 6 de septiembre, tras un año de maravilla gracias al tratamiento que recibí en verano de 2019 en el Hospital del Mar de Barcelona, empecé una nueva “bajada a los infiernos", que diría Beiras (el gran ideólogo de los depresivos gallegos contemporáneos), al quedarme en blanco en directo</p></div><p class="article-text">
        Un buen y viejo amigo de Ferrol me cont&oacute; hace unas semanas que lleva desde agosto sin salir de su casa, hundido en la miseria. Tiene el alma rota, como es propio de quien, como dir&iacute;a Xos&eacute; Manuel Beiras, recibe la visita de la &ldquo;vieja compa&ntilde;era&rdquo;, a la que los anglosajones llaman el perro negro. Yo en esto, como en los husos horarios, soy 'beirista', aunque como no tengo sus dotes po&eacute;ticas y, quiz&aacute;s, por mi educaci&oacute;n catalana, en realidad prefiera llamar a las cosas por su nombre, directamente.
    </p><p class="article-text">
        Mi amigo tiene una depresi&oacute;n de caballo. La atribuye a una ruptura sentimental. Yo ni conozco su peripecia vital con ese detalle ni soy capaz de evaluar si realmente es as&iacute;, pero sospecho que algo tendr&aacute; que ver con el contexto de la pandemia que acelera, multiplica y agrava la enfermedad, como bien s&eacute; en carne propia (adem&aacute;s de extenderla a territorios corporales en los que antes nunca hab&iacute;a entrado). Mis conocimientos en la materia, si bien profundos, son de nivel de usuario, con 32 a&ntilde;os de antig&uuml;edad oficial. Nunca me interes&oacute; nada la teor&iacute;a, quiz&aacute;s porque ya me llega la danza de dos tercios de mi vida con la vieja compa&ntilde;era, como para encima sentarme a leer sobre ella.
    </p><p class="article-text">
        No ten&iacute;a ni idea de lo que le pasaba a mi amigo de Ferrol. La conexi&oacute;n lleg&oacute; cuando &eacute;l supo que viv&iacute;amos procesos simult&aacute;neos. Fue gracias a que el 25 de octubre hice una de las acciones m&aacute;s importantes y de las que me siento m&aacute;s orgulloso de mi vida. Esa&nbsp;madrugada, mientras al parecer se estaba gestando la declaraci&oacute;n de un nuevo estado de alarma, del que no ten&iacute;a ni idea ni s&eacute; mucho hoy -por prescripci&oacute;n facultativa vivo en r&eacute;gimen de desconexi&oacute;n informativa-, grab&eacute; dos mensajes, en catal&aacute;n, para el programa de Rac1 Via Lliure, en el que colaboro los domingos desde hace 5 a&ntilde;os, siempre en castellano.
    </p><p class="article-text">
        Las grabaciones eran tambi&eacute;n una pr&aacute;ctica de las clases de catal&aacute;n que acababa de iniciar con Merc&egrave; Bar&oacute;, mi t&iacute;a postiza de la barcelonesa plaza Lesseps. Por el d&iacute;a que era no se pudieron emitir, porque el director del programa, Xavi Bund&oacute;, y su equipo, con su profesionalidad extrema y con el cari&ntilde;o con el que siempre me han tratado, quer&iacute;an aplazarlo para poder hacerlo el fin de semana siguiente. Pero yo ten&iacute;a miedo a echarme atr&aacute;s, como ya me hab&iacute;a pasado en noviembre de 2019, cuando regres&eacute; a antena tras un a&ntilde;o y cuatro meses de ausencia. Ese d&iacute;a me recibieron con unos gaiteiros de Catalunya, del grupo Toxos e Xestas, que tocaron 'A Rianxeira' en mi honor en el estudio, en la torre God&oacute;, en la Diagonal, ese rascacielos que la primera vez que visit&eacute; me hizo sentir muy de la aldea, de Triacastela (mi municipio) pero no del n&uacute;cleo, si no de Santalla, Vilavella o San Breixo (lugares m&aacute;s remotos). Y ese 10N, en la jornada de las &uacute;ltimas elecciones generales, en mi casa de Compostela, hice un Fraga Iribarne. Llor&eacute; de la emoci&oacute;n mientras dur&oacute; la pieza, de manera que perd&iacute; el control de la situaci&oacute;n y la oportunidad de salir del armario depresivo, como hab&iacute;a planeado, para dar las gracias al equipo que me hab&iacute;a tratado en Barcelona, que en su parte fundamental sab&iacute;a que estaba escuchando Rac1 o que lo har&iacute;a despu&eacute;s, como suced&iacute;a con Elizabeth Dom&iacute;nguez-Clav&eacute;, psic&oacute;loga y mi terapeuta, y Alba Toll, mi psiquiatra, a las que aprovecho para expresar mi gratitud m&aacute;s profunda.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vi que si buscabas Anxo Lugilde en Google el algoritmo ofrec&iacute;a como siguiente palabra &ldquo;enfermedad&rdquo;, lo que me pareci&oacute; un signo de que hab&iacute;a oyentes preocupados pensando en que pudiese tener un c&aacute;ncer o algo peor. El pasado domingo 6 de septiembre, tras un a&ntilde;o de maravilla gracias al tratamiento que recib&iacute; en verano de 2019 en el Hospital del Mar de Barcelona, empec&eacute; una nueva &ldquo;bajada a los infiernos&rdquo;, que dir&iacute;a Beiras (el gran ide&oacute;logo de los depresivos gallegos contempor&aacute;neos), al quedarme en blanco en directo, como ya me hab&iacute;a pasado en la TVG en diciembre de 2016, el d&iacute;a de mi &uacute;ltima aparici&oacute;n en ese canal.
    </p><p class="article-text">
        Lo de 2016 supuso para m&iacute; un salto cualitativo terrible en las depresiones que sufr&iacute;a desde 1988, como las que tuve a comienzos de los 90 en La Voz de Galicia de Ferrol, donde mi jefe, Pepe Varela, me apoy&oacute; much&iacute;simo. A comienzos de este siglo, ya en la sede central de La Voz, en esas situaciones el entonces director, Bieito Rubido, ejerc&iacute;a, seg&uacute;n &eacute;l, como una especie de hermano mayor, pero, desde mi m&aacute;s que agradecido punto de vista, hac&iacute;a m&aacute;s bien de padre. Las somatizaciones las ten&iacute;a en los m&uacute;sculos de las piernas o de la espalda. A partir de 2016 empec&eacute; a tenerlas en el cerebro, lo que, cuando me sucede, me deja sin ninguna gana de vivir, con crecientes &ldquo;deseos de muerte&rdquo;, que dicen los psiquiatras y psic&oacute;logos.
    </p><p class="article-text">
        Fue terrible, pero cont&eacute; desde el principio con el respaldo inquebrantable de mi familia, de mi compa&ntilde;era Xema Aguiar y mis amigos y compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n. Se trat&oacute; de unos apoyos que acabaron superando con creces la intensidad del sufrimiento. Son tiempos muy duros en la comunicaci&oacute;n en Galicia, con una situaci&oacute;n asfixiante, mientras decid&iacute;a, a&uacute;n a costa de perder el 40% de mis ingresos mensuales como periodista free-lancer, alejarme al m&aacute;ximo del control que se ejerce desde San Caetano (la sede de la Xunta) para yo solito, de la mano de los colegas de @defendeagalega de la TVG, con la compa&ntilde;era m&aacute;rtir Tati Moyano a la cabeza, pelear por cumplir y hacer cumplir, aunque sea m&iacute;nimamente, el art&iacute;culo 20 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me salv&oacute; profesional y humanamente mi segunda patria, Catalunya (en la que me crie y a la que mi familia est&aacute; directamente vinculada desde 1930 hasta nuestros d&iacute;as). Y en ella, el Grupo God&oacute;, el de La Vanguardia y Rac1, que me trat&oacute; con una sensibilidad, cari&ntilde;o y solidaridad con los que yo, literalmente el corresponsal del &uacute;ltimo pueblo de la Pen&iacute;nsula, no contaba, con la mente nublada por la maldita vieja compa&ntilde;era. Jaume Aroca fue el ide&oacute;logo y Ana Macpherson y Josep Corbella, los dise&ntilde;adores del rescate m&eacute;dico. Cont&oacute; siempre con la bendici&oacute;n un&aacute;nime y ferverosa de la direcci&oacute;n, antes liderada por el impecable M&agrave;rius Carol y ahora encabezada por el entra&ntilde;able amigo m&iacute;o y de Galicia (hizo la mili en Cobas, Ferrol, y en A Coru&ntilde;a) Jordi Juan. Entre tanto Susana Quadrado ejerci&oacute; sus portentosas dotes de psic&oacute;loga natural y mi jefa directa, Isabel Garc&iacute;a Pag&aacute;n, nunca dej&oacute; de darme &aacute;nimos (en la versi&oacute;n original en gallego hay muchas omisiones, como la de la monta&ntilde;era Rosa Bosch, sherpa de mi recuperaci&oacute;n, la del sabio y lusista Ramon Aymerich, la del comprensivo y cronista en directo de la COVID Lluis Ur&iacute;a, la magn&iacute;fica Lola Garc&iacute;a, el intr&eacute;pido Miquel Molina, el veterano de las trincheras Pl&agrave;cid Garcia Planas, el sabio de la pluma Joaqu&iacute;n Luna, mi compatriota Suso de Cedeira, el aguerrido Figueredo y seguro que alg&uacute;n otro que me tiene que perdonar la omisi&oacute;n). 
    </p><p class="article-text">
        Macpherson y Corbella, ahora grandes referencias en la informaci&oacute;n de la pandemia, me pusieron en 2019 en manos del psiquiatra V&iacute;ctor P&eacute;rez Sola, que continu&oacute; el trabajo hecho en Santiago por su apreciado colega Manuel Arrojo. Hubo la feliz coincidencia de que V&iacute;ctor buscaba para un ensayo cl&iacute;nico internacional, con la empresa Compass, pacientes con mi historial &ldquo;depresivo de alta puntuaci&oacute;n&rdquo;, que dijo un m&eacute;dico cabeza cuadrada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2019, despu&eacute;s de mi glorioso verano de cobaya en el Hospital del Mar de Barcelona, volv&iacute; a Galicia, hecho un toro, sin tomar, con todas las bendiciones m&eacute;dicas, ninguna de las 11 pastillas fijas diarias que ten&iacute;a prescritas s&oacute;lo unos meses antes. Hice el camino de Ponferrada a mi casa a la entrada de Compostela en s&oacute;lo siete d&iacute;as. 210 kil&oacute;metros, una marca espectacular para un fumador obeso de entonces 49 a&ntilde;os. Pero el confinamiento me 'escarall&oacute;'. Me rompi&oacute; el ritmo. Me dej&oacute; sin mi Prozac, como gr&aacute;ficamente sostiene Mariona, mi masajista del Claror Mar&iacute;tim de la Barceloneta, que tanto me ayud&oacute; y donde tambi&eacute;n trabaja una de mis salvadoras de los &uacute;ltimos meses, Jessica, la pod&oacute;loga. As&iacute; me qued&eacute; en blanco en el Via Lliure el pasado 6 de septiembre, sin que se notase en antena, gracias a que algo de oficio tengo y a que Bund&oacute; es un monstruo de las ondas. Entre tanto, Elizabeth Dom&iacute;nguez-Clav&eacute;, Beth, mi antigua y brillante terapeuta del Hospital del Mar, que estaba escuchando el programa, consegu&iacute;a por WhatsApp que el sufrimiento fuese menos intenso. Pero se dispar&oacute; y fue horrible. Unos d&iacute;as despu&eacute;s pas&eacute; dos horas en un banco de la Gran V&iacute;a de la Barcelona, esquina con Villarroel, sin saber d&oacute;nde me encontraba, aunque en realidad estaba casi delante del sitio al que iba, la consulta privada que ahora tiene Beth, que recomiendo por su calidad profesional, su calidez personal, su &eacute;tica inquebrantable y su compromiso insobornable con los pacientes.
    </p><p class="article-text">
        Es muy dif&iacute;cil entender lo que se sufre con la vieja compa&ntilde;era si no se tuvo la desgracia de recibir su visita. Las mujeres por lo general acostumbran a comprenderlo mejor que los hombres, aunque es un principio general no muy exacto y hay muchos hombres, como Aroca, Jordi Juan, Bieito Rubido, &Oacute;scar Corral, ese gran y m&iacute;tico fot&oacute;grafo gallego, Suso do Dezaseis, el mejor tabernero de Compostela, mi amigo de la adolescencia de Lugo Miguel Rodr&iacute;guez Docampo, 'El profesional', mi maestro del periodismo Juan Carlos Mart&iacute;nez, Juancho, mi fraternal compa&ntilde;ero y amigo Dani Dom&iacute;nguez que s&iacute; poseen ese don, aunque ya digo es m&aacute;s habitual en las mujeres, sin que todas lo tengan. Tengo una amiga que padeci&oacute; una depresi&oacute;n parecida a las m&iacute;as actuales, con lagunas cerebrales, si bien menos intensa, y despu&eacute;s un c&aacute;ncer de col&oacute;n. Para mi sorpresa, sostiene que la primera de estas dos dolencias fue mucho peor. Depender&aacute; de cada uno y del tipo de enfermedad, pues con un c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas no ser&iacute;a capaz de hacer la comparaci&oacute;n, pues estar&iacute;a como deseaba y planeaba estar yo hace apenas un mes, muerto, cuando de nuevo ten&iacute;a la mente colonizada por lo que llamaba &ldquo;la eutanasia psiqui&aacute;trica&rdquo; y llegu&eacute; a planificar mi suicidio con un grado de detalle muy superior a mis intentos reales, algo folcl&oacute;ricos de 1991 y 1993. Pero afortunadamente, tras d&iacute;as y d&iacute;as estudiando los planos de los viaductos de Compostela, pues hab&iacute;a decidido volver a Galicia a morir, como habr&iacute;a querido hacer mi gu&iacute;a espiritual, Castelao, no tuve las fuerzas, ni el valor ni la ego&iacute;sta maldad suficiente para hacerlo. Habr&iacute;a matado literalmente a mi madre, a sus 75 a&ntilde;os, habr&iacute;a hundido para siempre en la miseria a mi compa&ntilde;era Xema, mi salvadora principal, y a su familia directa. Les habr&iacute;a arruinado las vidas para siempre a mis hermanas Mar&iacute;a Elena y Bego&ntilde;a, a mis cu&ntilde;ados Juan y Antonio, y sobre todo a mi sobrino Alvarinho, de s&oacute;lo 14 muy prometedores a&ntilde;os. Ser&iacute;a una putada descomunal para &ldquo;el cabeza de mi familia&rdquo; que se dir&iacute;a en el franquismo, el coronel, mi primo Pancho, que confinado en su &ldquo;pazo&rdquo; del DF dirigi&oacute; en octubre con maestr&iacute;a la operaci&oacute;n de salvamento, de la mano de la capitana Mar&iacute;a Elena Lugilde en Barcelona y la teniente m&eacute;dica Bego&ntilde;a Lugilde en A Coru&ntilde;a, con la presidenta de la rep&uacute;blica familiar Mari do Carmo Pardo en su papel de reina madre discreta, que tan bien ejerci&oacute; y que conociendo su car&aacute;cter expansivo e hipersociable tanto le cost&oacute; sobrellevar. (Yo fui ascendido a teniente por Pancho, desde mi grado de recluta cuando me doctor&eacute; en Historia Contempor&aacute;nea, bajo la direcci&oacute;n de ese gran amigo y gran referencia intelectual que es Xos&eacute; Manoel N&uacute;&ntilde;ez Seixas, en un tribunal presidido por el m&iacute;tico historiador Ram&oacute;n Villares Paz y con el entra&ntilde;able maestro de Sociolog&iacute;a Electoral Guillermo M&aacute;rquez como vocal o secretario, no recuerdo bien).
    </p><p class="article-text">
        La depresi&oacute;n va acompa&ntilde;ada, aunque en menor medida que en el pasado, de un estigma social terrible, muy interiorizado por los propios enfermos, que nos sentimos culpables y parias. A m&iacute; me llev&oacute; d&eacute;cadas, y no siempre lo consigo, asumir que es una enfermedad de una parte m&aacute;s del cuerpo, como el coraz&oacute;n, el pulm&oacute;n o las piernas. Se trata, adem&aacute;s, de una patolog&iacute;a con una incidencia diferencial en Galicia, a la que los especialistas se&ntilde;alan junto Asturias como la zona del Estado con m&aacute;s suicidios, debido a la falta de luz solar, como ocurre en el norte de Europa respecto al sur.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; el valor de mi salida del armario depresivo de octubre, nada novedoso por otra parte, pues en Galicia ya lo hab&iacute;a hecho en el pasado Beiras o, m&aacute;s recientemente, el escritor Pedro Feijoo, al igual que en Catalunya Quim Monz&oacute;, por poner los ejemplos que tengo m&aacute;s presentes. Para los periodistas parecer&iacute;a m&aacute;s duro que para los escritores o los intelectuales, pues parece que nuestra credibilidad y fiabilidad quedan tocadas. Es una tonter&iacute;a, en realidad, y ah&iacute; est&aacute; el testimonio impecable del compa&ntilde;ero de la TVG Alberto Mancebo para demostrarlo. Con mi acci&oacute;n me liber&eacute; de una pesada carga, cumpl&iacute; mi obligaci&oacute;n con la audiencia que tanto cari&ntilde;o me da (como tan bien capt&oacute; el compa&ntilde;ero tertuliano Carles Fern&aacute;ndez el d&iacute;a que con la entra&ntilde;able Sara Gonz&aacute;lez la analizaron en antena) y sobre todo, por lo que vi, ayud&eacute; a mucha gente an&oacute;nima en Galicia, Catalunya y otras partes de Espa&ntilde;a, por los varios cientos de comentarios que le&iacute; en Twitter. Sab&iacute;a que iba a haber un poco de esto, pero nunca pens&eacute; que en tal medida. Me ayud&oacute; a fortalecer un principio en el que cada vez creo m&aacute;s, fruto de mis experiencias terribles desde 2016, cruzadas ahora con la lacra de una pandemia que, pese a ser tan desigual socialmente, s&iacute; equipara un poquito a los seres humanos. Es la fraternidad. El valor de la Revoluci&oacute;n Francesa, esa que a&uacute;n esperamos en parte en Galicia, menos explorado por m&iacute; hasta ahora. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo personas que no conoc&iacute;a de nada que me contaron su experiencia, que quiz&aacute; se animaron a salir del armario depresivo. Y &eacute;ste, creo yo, es un buen momento para hacerlo, pues hay una mayor sensibilidad con la enfermedad en general y, fruto de la fatiga pand&eacute;mica, la vieja compa&ntilde;era, la maldita depresi&oacute;n, est&aacute; m&aacute;s extendida que nunca.
    </p><p class="article-text">
        Fue en este contexto en el que me lleg&oacute; el correo del amigo de Ferrol, cuando yo ya estaba preparando mi nuevo viaje a Catalunya, desde cuya Costa Brava escribo esta <a href="https://praza.gal/opinion/carta-aberta-aos-meus-camaradas-depresivos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">traducci&oacute;n del texto de Praza P&uacute;blica</a>, que, lo siento, pero no voy a revisar antes de poner en Facebook porque ahora mismo estoy exhausto f&iacute;sica y emocionalmente. Menos mal que ya estoy acabando. Vine para recibir un refuerzo del tratamiento del a&ntilde;o pasado. Y solo con estar en Barcelona me sent&oacute; bien. Estaba cerrado en m&iacute;, con el baile macabro con la vieja compa&ntilde;era, ese del que hay que sacar a mi amigo de Ferrol. Yo lo puse en las mejores manos que conozco en Galicia, el psic&oacute;logo Fernando Lino V&aacute;zquez, de Chantada, apodado en el gremio como el entrenador, para los que lo conocen como Fernando. Mi gratitud a &eacute;l no tiene fronteras ni medidas. Esto puede ser corrupci&oacute;n e ir contra el c&oacute;digo Bradlee, ese que el admirad&iacute;simo director del Washington Post del Watergate y de los papeles del Pent&aacute;gono tanto se salt&oacute; en su fase de amigo de c&aacute;mara de Kennedy. Desde septiembre Fernando calculo que me regal&oacute; unos 500 euros en terapias, mientras en comuni&oacute;n telep&aacute;tica con Beth, Arrojo, V&iacute;ctor y Gemma Guarch, mi nueva psic&oacute;loga de Barcelona, aplicaba con maestr&iacute;a el protocolo antisuicidios. As&iacute; que voy a hacer publicidad pagada desinteresadamente de la consulta de Fernando V&aacute;zquez, el gabinete Xuntos, de la avenida de Barcelona de Santiago (en la m&aacute;s feliz de las coincidencias del callejero compostelano, con las meigas, esta vez s&iacute;, de mi lado). Consegu&iacute; que Fernando, que por fin, creo, va a hacerse catedr&aacute;tico de la USC en febrero, le hiciese un hueco a mi amigo de Ferrol. Pero se resiste a salir de casa. Como no reaccione vamos a tener que montar un comando de asalto.
    </p><p class="article-text">
        P.D. Adem&aacute;s de los much&iacute;simos apoyos de familiares, amigos, conocidos y desconocidos, quiero destacar el que me dio en estos cuatro a&ntilde;os con toda la discreci&oacute;n, cari&ntilde;o, constancia y sabidur&iacute;a mi amiga Ana Pont&oacute;n, l&iacute;der del BNG y jefa de la oposici&oacute;n en Galicia, as&iacute; como otros muchos cuadros y afiliados del Bloque, como, por ejemplo, Carlos Call&oacute;n. Tambi&eacute;n al l&iacute;der de Anova, Ant&oacute;n S&aacute;nchez, disc&iacute;pulo de Beiras, que me mand&oacute; un correo hace unos d&iacute;as que ya enmarqu&eacute; en mi coraz&oacute;n. Tambi&eacute;n agradezco con fervor el pronunciamiento p&uacute;blico de apoyo por todas las redes sociales, por tierra, mar y aire, del secretario general del PSdeG-PSOE, Gonzalo Caballero, as&iacute; como el entusiasta, como es &eacute;l al natural, respaldo de Abel Caballero de Vigo, que me pidi&oacute; que dijese que &ldquo;me lo merezco por mi profesionalidad&rdquo;. Tambi&eacute;n el del l&iacute;der de Podemos-Galicia, Ant&oacute;n G&oacute;mez-Reino. Del PP recib&iacute; en p&uacute;blico la adhesi&oacute;n del cargo institucional sentimentalmente m&aacute;s sensible para m&iacute;, el de la alcaldesa de Triacastela, mi pueblo, y exdiputada del Congreso, Olga Iglesias, que hasta le mand&oacute; un queso de O Cebreiro a Jordi Juan, cuando hace unos d&iacute;as recorr&iacute; la pen&iacute;nsula pand&eacute;mica con el coche de Xema, Raio, con olor a chorizos y a empanada, cargado de patatas, lac&oacute;n, queso, vino y orujo (que Suso do Dezaseis me suministr&oacute; y Avelino me prepar&oacute; mientras se niegan por ahora a cobrarme). Hubo alg&uacute;n otro apoyo popular en p&uacute;blico. En privado me han llegado monta&ntilde;as, desde la base hasta altas instancias del partido y la Xunta. En algunos casos soy yo el responsable de que no sean p&uacute;blicos, para no arruinar sus carreras pol&iacute;ticas. Tambi&eacute;n se lo agradezco al &uacute;nico de los principales l&iacute;deres pol&iacute;ticos gallegos en silencio, su al menos muy coherente decisi&oacute;n de no solidarizarse con mi situaci&oacute;n, pues si hubiese actuado con su cinismo habitual me habr&iacute;a puesto ante un dif&iacute;cil dilema, aunque s&oacute;lo fuese por el respeto que me merece el cargo que ocupa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anxo Lugilde]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/blog/opinion/carta-abierta-camaradas-depresivos_132_6408754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Nov 2020 09:06:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8ea51971-1105-4246-93d4-bbf614db07b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="865324" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8ea51971-1105-4246-93d4-bbf614db07b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="865324" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Carta abierta a mis camaradas depresivos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8ea51971-1105-4246-93d4-bbf614db07b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
