<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Victorino Mayoral Herrera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/victorino-mayoral-herrera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Victorino Mayoral Herrera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1030349/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Sevilla conecta el Mediterráneo: arqueología en red para explorar los paisajes del pasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/sevilla-conecta-mediterraneo-arqueologia-red-explorar-paisajes-pasado_132_12264612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ad5f64a-ad18-4c3e-8f5d-32cfb2fb56ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sevilla conecta el Mediterráneo: arqueología en red para explorar los paisajes del pasado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La arqueología nos ofrece una perspectiva única para entender la larga película de cómo hemos ido modificando nuestro entorno, proporcionando un conocimiento muy valioso a la hora de afrontar los retos que nos depara el futuro</p></div><p class="article-text">
        Los d&iacute;as 25 y 26 de abril se celebr&oacute; en Sevilla la edici&oacute;n n&ordm; 48 de los workshops internacionales sobre prospecci&oacute;n en el Mediterr&aacute;neo (a partir de aqu&iacute; IMSW por su acr&oacute;nimo en ingl&eacute;s). Se trata de una red de investigaci&oacute;n informal que agrupa a especialistas de todo el mundo interesados en la aplicaci&oacute;n de m&eacute;todos no invasivos en arqueolog&iacute;a, en especial la prospecci&oacute;n de superficie. Estos procedimientos consisten en registrar toda la informaci&oacute;n posible sobre c&oacute;mo los grupos humanos han modificado el paisaje, pero sin tener que recurrir exclusivamente a las tradicionales excavaciones. 
    </p><p class="article-text">
        El Instituto de Arqueolog&iacute;a-M&eacute;rida (IAM) trabaja desde hace a&ntilde;os en esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n y participa en los IMSW desde 2006, y es la tercera ocasi&oacute;n en que trae a Espa&ntilde;a estos encuentros. Dada su vinculaci&oacute;n con la Casa de la Ciencia del CSIC y el Departamento de Arqueolog&iacute;a de la Universidad de Sevilla, se plante&oacute;&nbsp;la idoneidad de organizar este nuevo encuentro de manera conjunta. Ambas instituciones hospedaron la reuni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Fueron presentados 24 trabajos acerca de una amplia variedad de casos de estudio localizados a todo lo largo del &aacute;mbito mediterr&aacute;neo, desde Egipto y Turqu&iacute;a hasta Portugal, pasando por Grecia, Albania, Italia, y una nutrida muestra de investigaciones realizadas en Espa&ntilde;a. Estas aportaciones proceden de un conjunto muy diverso de universidades y centros de investigaci&oacute;n de Pa&iacute;ses Bajos, Reino Unido, EEUU, Portugal y otros, destacando prestigiosas instituciones como las universidades de Cambridge, Sorbona, Oxford y Groningen, entre otras. 
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tuvo una presencia destacada gracias a investigadores e investigadoras de 14 instituciones, entre ellas, la propia Universidad de Sevilla. Por lo que respecta al CSIC, contamos con la participaci&oacute;n de una serie de centros que est&aacute;n agrupados dentro de la <a href="https://x.com/ArchaeologyHub" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Conexi&oacute;n Arqueolog&iacute;a</a>: la Escuela Espa&ntilde;ola de Historia y Arqueolog&iacute;a de Roma, el Instituto de Historia, el Instituto de Ciencias del Patrimonio y el IAM. Este &uacute;ltimo comparti&oacute; una de las iniciativas desarrolladas por su <a href="https://minarqlab.webnode.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laboratorio de Arqueolog&iacute;a no invasiva</a>.
    </p><p class="article-text">
        Las tem&aacute;ticas que se trataron fueron muy variadas, poniendo de manifiesto la gran diversidad de disciplinas que entran en juego en este tipo de estudios. Una de las preocupaciones principales fue c&oacute;mo se pueden mejorar los m&eacute;todos: la manera de registrar la informaci&oacute;n en el campo para interpretar correctamente los materiales arqueol&oacute;gicos que encuentran los arque&oacute;logos. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata sobre todo de fragmentos de recipientes cer&aacute;micos y otros materiales (objetos de piedra, huesos, tejas, ladrillos etc) que afloran en la superficie del terreno por acci&oacute;n de la erosi&oacute;n o las labores agr&iacute;colas, y que suelen avisarnos de la existencia de restos arqueol&oacute;gicos ocultos bajo tierra. En los paisajes mediterr&aacute;neos, que cuentan con miles de a&ntilde;os de historia, es muy com&uacute;n ver sobre el terreno estos vestigios, formando a veces una verdadera &ldquo;alfombra&rdquo;, un testimonio de la presencia humana en nuestros campos a trav&eacute;s de los siglos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se debati&oacute; tambi&eacute;n sobre la importancia de la combinaci&oacute;n de varios sistemas no invasivos como la geof&iacute;sica y la teledetecci&oacute;n, que pueden darnos una imagen, a veces muy detallada, de las construcciones y otros restos arqueol&oacute;gicos en el subsuelo. Se presentaron resultados sobre asentamientos y paisajes de un amplio espectro cronol&oacute;gico, desde la prehistoria hasta el pasado m&aacute;s reciente. Este es un valor importante que promueven este tipo de trabajos: en lugar de centrar la atenci&oacute;n s&oacute;lo en lo que ocurri&oacute; en una etapa muy concreta de la Historia, se analiza c&oacute;mo se ha ido transformando el paisaje a trav&eacute;s del tiempo, y esto incluye la huella material que los humanos han dejado hasta el propio presente. 
    </p><p class="article-text">
        Se logra as&iacute; detectar la presencia de ciudades, granjas, aldeas, formas de cultivar, pr&aacute;cticas ganaderas, extracci&oacute;n de minerales y rocas, santuarios y lugares de significaci&oacute;n religiosa, e incluso testimonios del pasado industrial. La arqueolog&iacute;a nos ofrece una perspectiva &uacute;nica as&iacute; para entender toda la larga pel&iacute;cula de c&oacute;mo hemos ido modificando nuestro entorno. Esto permite producir un conocimiento potencialmente muy valioso a la hora de afrontar los retos que tenemos que abordar de cara al futuro, como es el cambio clim&aacute;tico, la sobreexplotaci&oacute;n de los recursos o la p&eacute;rdida de identidad por la p&eacute;rdida de nuestro patrimonio cultural. Quiz&aacute;s las lecciones aprendidas sobre c&oacute;mo gestionar el agua y el suelo en el pasado podr&iacute;an ser de utilidad a la hora de gestionar el territorio en la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Entre las principales conclusiones del encuentro, se puso de manifiesto la importancia de combinar de manera m&aacute;s eficiente todas las aportaciones de los diferentes sistemas no invasivos. Esto es cada vez m&aacute;s f&aacute;cil gracias a la geom&aacute;tica (ciencia que se encarga de documentar, analizar y representar informaci&oacute;n sobre la superficie de la Tierra). Tecnolog&iacute;as como los sat&eacute;lites, drones, GPS y sistemas de informaci&oacute;n geogr&aacute;fica (SIG) forman ya parte de la caja de herramientas de los arque&oacute;logos junto al palet&iacute;n, la brocha o el pico y la pala. 
    </p><p class="article-text">
        En un plano m&aacute;s humano, suscit&oacute; com&uacute;n consenso la necesidad de que este tipo de investigaci&oacute;n sean m&aacute;s conscientes de la importancia de la implicaci&oacute;n de las comunidades locales, sobre todo en las zonas rurales, mediante la organizaci&oacute;n de actividades de ciencia ciudadana y de divulgaci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, hay que destacar el gran valor de este tipo de encuentros de peque&ntilde;o formato, m&aacute;s all&aacute; de los macro-congresos y eventos acad&eacute;micos m&aacute;s formales, pues son los medios m&aacute;s eficaces para promover el trabajo en red y el fortalecimiento de las colaboraciones cient&iacute;ficas a una escala internacional.
    </p><p class="article-text">
        Como complemento de las sesiones acad&eacute;micas, los asistentes pudieron tambi&eacute;n disfrutar del patrimonio hist&oacute;rico y arqueol&oacute;gico de Sevilla, con visitas guiadas al Anticuarium de la Encarnaci&oacute;n y el Alc&aacute;zar. Para concluir, es de rigor mencionar la esmerada hospitalidad de la Casa de la Ciencia del CSIC y de la Facultad de Historia de la Universidad de Sevilla, que proporcionaron un espacio id&oacute;neo y todos los medios t&eacute;cnicos y humanos para el buen desarrollo de las sesiones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victorino Mayoral Herrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/sevilla-conecta-mediterraneo-arqueologia-red-explorar-paisajes-pasado_132_12264612.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 May 2025 18:22:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7ad5f64a-ad18-4c3e-8f5d-32cfb2fb56ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="373676" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7ad5f64a-ad18-4c3e-8f5d-32cfb2fb56ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="373676" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Sevilla conecta el Mediterráneo: arqueología en red para explorar los paisajes del pasado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7ad5f64a-ad18-4c3e-8f5d-32cfb2fb56ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Universidad de Sevilla,CSIC - Consejo Superior de Investigaciones Científicas,Arqueología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escrito en los olivos: arqueología de un poblado fortificado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/escrito-olivos-arqueologia-poblado-fortificado_132_10843926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ba3b084-7ebd-4959-9aa5-4093d9c27005_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escrito en los olivos: arqueología de un poblado fortificado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Instituto de Arqueología de Mérida trabaja en Cerro de la Breña (Talaván, Cáceres), donde hace más de 2000 años existió un asentamiento humano hoy oculto bajo la tierra</p></div><p class="article-text">
        Desde el suelo, el mosaico de parcelas agr&iacute;colas que rodea la localidad cacere&ntilde;a de Talav&aacute;n no ofrece una imagen especialmente llamativa. Campos plantados de olivares, algunos ya centenarios, se extienden por encima del pueblo, coronando un gran cerro amesetado que forma parte de la Sierra de las Quebradas. Sin embargo, cuando miramos este paisaje a vista de p&aacute;jaro, es posible distinguir en este parcelario una geometr&iacute;a peculiar: los linderos dibujan una gran forma ovalada de unos 300 metros de longitud por 130 metros de anchura, abarcando unas tres hect&aacute;reas de superficie.
    </p><p class="article-text">
        La forma de este contorno responde a que en este lugar, hace m&aacute;s de 2000 a&ntilde;os, existi&oacute; un asentamiento humano hoy oculto bajo la tierra. Apenas se hace visible la traza de las fortificaciones &ldquo;fosilizada&rdquo; por las cercas de piedra modernas, que discurren sobre la muralla que proteg&iacute;a el poblado de posibles ataques. Frente a ella discurre un imponente dispositivo de dos fosos dispuestos en paralelo, que completaba el sistema defensivo. Casi todas estas obras permanecen ahora ocultas entre una espesa vegetaci&oacute;n, y a pi&eacute; de terreno es muy complicado hacerse una idea de su forma y dimensiones. A veces s&oacute;lo indicios muy sutiles revelan esa presencia, como por ejemplo el crecimiento diferente de los olivos: los que est&aacute;n en el interior de los fosos, con un suelo m&aacute;s h&uacute;medo y rico en nutrientes, se desarrollan m&aacute;s, mientras que los que se plantaron sobre muros y terraplenes han crecido mucho menos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque los vecinos de Talav&aacute;n que han labrado estas tierras durante siglos no ten&iacute;an drones, la existencia de este gran asentamiento no les era en absoluto ajena. Una y otra vez la reja del arado o la azada sacaron a la luz trozos de las vasijas, algunas monedas y otros objetos abandonados all&iacute; por los antiguos moradores del lugar. Eruditos y estudiosos llamaron la atenci&oacute;n en ocasiones sobre estos hallazgos, que apuntaban hacia la existencia de un poblado que habr&iacute;a estado habitado en la etapa final de la Segunda Edad del Hierro (siglos IV-I a.C). Este legado era muy incompleto y fragmentario, y requer&iacute;a un an&aacute;lisis m&aacute;s sistem&aacute;tico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c1255f8-0b39-4b95-975d-ba5ea2a911d4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c1255f8-0b39-4b95-975d-ba5ea2a911d4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c1255f8-0b39-4b95-975d-ba5ea2a911d4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c1255f8-0b39-4b95-975d-ba5ea2a911d4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c1255f8-0b39-4b95-975d-ba5ea2a911d4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c1255f8-0b39-4b95-975d-ba5ea2a911d4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3c1255f8-0b39-4b95-975d-ba5ea2a911d4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Localización del sitio arqueológico del Cerro de la Breña."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Localización del sitio arqueológico del Cerro de la Breña.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el verano de 2020 pudimos visitar por primera vez el lugar para planificar nuevos trabajos arqueol&oacute;gicos. El inter&eacute;s por realizar estas investigaciones responde a un proyecto conjunto que desarrollamos desde el Instituto de Arqueolog&iacute;a-M&eacute;rida, en colaboraci&oacute;n con el CiCYTEX y la Universidad de Extremadura. Financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovaci&oacute;n, su objetivo es estudiar los grandes poblados fortificados de la Edad del Hierro en la zona del valle del Tajo. Somos un grupo diverso (pero bien avenido) de especialistas en m&uacute;ltiples disciplinas (arqueolog&iacute;a, f&iacute;sica, teledetecci&oacute;n, geolog&iacute;a&hellip;) que unimos nuestras fuerzas para desvelar el pasado. 
    </p><h3 class="article-text">Arqueolog&iacute;a no invasiva</h3><p class="article-text">
        Nuestros expertizajes respectivos confluyen en una forma de trabajar que denominamos la &ldquo;arqueolog&iacute;a no invasiva&rdquo;. Consiste en descubrir lo que hay oculto bajo el suelo sin depender exclusivamente de las excavaciones. Al igual que un m&eacute;dico para diagnosticar sin recurrir al bistur&iacute; hace una radiograf&iacute;a, un TAC o una resonancia, nosotros tratamos al yacimiento como si fuera nuestro &ldquo;paciente&rdquo;, analizando las im&aacute;genes creadas por sensores que permiten penetrar a trav&eacute;s del suelo. As&iacute; por ejemplo, el barrido con l&aacute;ser montado en veh&iacute;culos a&eacute;reos (LiDAR), nos permiti&oacute; obtener un modelo tridimensional de gran detalle del terreno. Estos equipos producen una nube de millones de puntos correspondientes al rebote de los pulsos emitidos sobre todo lo que hay en la superficie, y podemos eliminar por ejemplo los que corresponden a toda la vegetaci&oacute;n. Al dejar as&iacute; al descubierto el terreno desnudo, obtuvimos una imagen asombrosamente clara de los fosos, terraplenes y murallas que antes mencionamos, pudiendo as&iacute; crear por primera vez un mapa riguroso y detallado de estas estructuras.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;y bajo el suelo?: equipados con varios aparatos geof&iacute;sicos, &ldquo;auscultamos&rdquo; grandes zonas dentro del recinto. Utilizamos un georradar, que como el que se emplea para detectar barcos o aviones, emite una se&ntilde;al, esta vez contra el suelo, y registra c&oacute;mo esta energ&iacute;a es reflejada por los objetos que hay enterrados. Se emplea tambi&eacute;n un magnet&oacute;metro, que registra los peque&ntilde;os cambios en la intensidad del campo magn&eacute;tico provocados por la composici&oacute;n de los materiales arqueol&oacute;gicos. Finalmente con la tomograf&iacute;a el&eacute;ctrica registramos cambios en la manera en que una corriente el&eacute;ctrica atraviesa el suelo, que tambi&eacute;n responden a la presencia de diversos vestigios. Rastreando la forma, tama&ntilde;o y posici&oacute;n de esas variaciones, intentamos reconocer trazas artificiales, propias de actividades humanas. Y hemos tenido &eacute;xito, ya que aqu&iacute; se detectan un gran n&uacute;mero de trazos lineales que se cortan en &aacute;ngulo recto, formando una trama que se extiende por buena parte del interior del recinto. Adem&aacute;s la se&ntilde;al magn&eacute;tica registra unas grandes manchas de forma rectangular con valores extremadamente altos, que suelen darse en zonas en las que se han alcanzado temperaturas muy altas (hornos, hogares, fuegos&hellip;). El hallazgo de algunos fragmentos de escorias de hierro sugiere que esas zonas se podr&iacute;an corresponder con talleres metal&uacute;rgicos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7210417e-2056-4d08-a1e6-9acf20fff66f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7210417e-2056-4d08-a1e6-9acf20fff66f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7210417e-2056-4d08-a1e6-9acf20fff66f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7210417e-2056-4d08-a1e6-9acf20fff66f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7210417e-2056-4d08-a1e6-9acf20fff66f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7210417e-2056-4d08-a1e6-9acf20fff66f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7210417e-2056-4d08-a1e6-9acf20fff66f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Materiales arqueológicos recuperados en la prospección de superficie del Cerro de la Breña."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Materiales arqueológicos recuperados en la prospección de superficie del Cerro de la Breña.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; significan todos estos datos? Estamos bastante seguros de que todas estas variaciones corresponden a un gran conjunto de edificaciones que no est&aacute;n a m&aacute;s de 20 o 30 cm de profundidad. Parecen alinearse de manera muy regular, y est&aacute;n separadas por una serie de franjas m&aacute;s anchas que definen una trama de calles, todas con la misma orientaci&oacute;n. Esto nos indica que bajo los olivares del cerro de la Bre&ntilde;a, se esconden los restos de un asentamiento que estuvo densamente habitado, con un urbanismo regular, y protegidos por un sistema defensivo tambi&eacute;n extenso y complejo. Los escasos objetos que han aflorado en la superficie sugieren que esa ocupaci&oacute;n puede fecharse en torno a final del siglo II o el inicio del siglo I a.C. Pero, &iquest;qui&eacute;n viv&iacute;a en este poblado? Sabemos que en ese per&iacute;odo exist&iacute;an en la zona numerosos asentamientos. Tambi&eacute;n estaban protegidos por murallas, pero en general eran m&aacute;s peque&ntilde;os, y ninguno ten&iacute;a un sistema de fosos tan extenso y complejo como el de Talav&aacute;n. Por contra, sabemos que estructuras de este tipo son m&aacute;s caracter&iacute;sticas de los asentamientos que fueron creados o adaptados por los romanos. La localizaci&oacute;n de nuestro caso sobre la ruta hist&oacute;rica de la &ldquo;V&iacute;a de la Plata&rdquo;,&nbsp;en un punto clave para cruzar el r&iacute;o Tajo, sugiere que posiblemente el sitio fue fundado o potenciado como parte de una estrategia para controlar estos territorios. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el poblado del Cerro de la Bre&ntilde;a no fue s&oacute;lo importante en aquel tiempo pasado de la conquista romana. Puede serlo ahora de nuevo como reclamo para fomentar el turismo, en un medio rural fuertemente afectado por la despoblaci&oacute;n y la falta de oportunidades. Ser&aacute; un reto compaginar su puesta en valor con la protecci&oacute;n y las expectativas de los vecinos y vecinas de Talav&aacute;n, pero si se persevera y se apuesta por ello, se habr&aacute; ganado un valioso recurso, no s&oacute;lo para el disfrute de forasteros, sino tambi&eacute;n para reforzar la identidad y la autoestima de esta comunidad. Las autoridades locales as&iacute; parecen haberlo entendido desde el primer momento. Estamos enormemente agradecidos por toda la colaboraci&oacute;n brindada por ellos y por la asociaci&oacute;n para la investigaci&oacute;n,defensa y promoci&oacute;n del patrimonio de Talav&aacute;n. &iexcl;Continuar&aacute;!
    </p><p class="article-text">
        <em>Victorino Mayoral Herrera, en nombre del equipo del proyecto UrbMinarq.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victorino Mayoral Herrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/escrito-olivos-arqueologia-poblado-fortificado_132_10843926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jan 2024 20:24:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4ba3b084-7ebd-4959-9aa5-4093d9c27005_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="507881" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4ba3b084-7ebd-4959-9aa5-4093d9c27005_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="507881" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Escrito en los olivos: arqueología de un poblado fortificado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4ba3b084-7ebd-4959-9aa5-4093d9c27005_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Arqueología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Pueden los arqueólogos y los agricultores ser amigos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/arqueologos-agricultores-amigos_132_6432510.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4efa581-4c26-45d8-89b7-dc365ad84b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Pueden los arqueólogos y los agricultores ser amigos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los campos mediterráneos esconden un inmenso patrimonio arqueológico fruto de milenios de vida rural. El futuro de esta última pasa por reconciliar la protección y revalorización de este legado con el desarrollo económico. Hay herramientas y motivaciones poderosas para lograr esta sinergia.</p></div><p class="article-text">
        En una zona de obras, grandes m&aacute;quinas excavadoras van devorando el terreno para la construcci&oacute;n de una autopista, una v&iacute;a f&eacute;rrea o un parking subterr&aacute;neo. Unos metros por delante, un equipo de arque&oacute;logos se afana por terminar de registrar con fotograf&iacute;as y planos los restos de un antiguo cementerio romano, o las huellas de unas caba&ntilde;as prehist&oacute;ricas. Esta escena es muy com&uacute;n en cualquier &aacute;rea urbana de nuestro pa&iacute;s: el patrimonio arqueol&oacute;gico se encuentra en mitad del camino del desarrollo econ&oacute;mico y su existencia es a menudo incompatible con la de f&aacute;bricas, viviendas y grandes infraestructuras. Desde hace ya largo tiempo la arqueolog&iacute;a de urgencia o de salvamento tiene en esos espacios su principal escenario. Pero &iquest;y en las zonas rurales? &iquest;c&oacute;mo se libra la batalla por la conservaci&oacute;n y revalorizaci&oacute;n de los restos del pasado? &iquest;es posible hacer compatible, e incluso mutuamente beneficiosa, la actividad de agricultores y arque&oacute;logos?
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s del tiempo, una misma delgada capa de la corteza terrestre ha sostenido las necesidades materiales de los grupos humanos, y a la vez ha ido acumulando la huella material de su empe&ntilde;o en la construcci&oacute;n del paisaje. En algunas partes del mundo (yo me refiero aqu&iacute; al &aacute;mbito mediterr&aacute;neo), la distribuci&oacute;n irregular de los suelos &uacute;tiles para el cultivo hace que esta intensa relaci&oacute;n se concentre en los mismos espacios durante milenios. En muchas zonas de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, esta relaci&oacute;n ha permanecido en un estado de relativo equilibrio hasta tiempos muy recientes. La tecnolog&iacute;a agr&iacute;cola empleada ha tenido una capacidad bastante limitada para alterar la topograf&iacute;a y el potencial productivo del terreno. S&oacute;lo a mediados del siglo XX los grandes proyectos de irrigaci&oacute;n y repoblaci&oacute;n forestal empezaron a modificar dr&aacute;sticamente el paisaje. Lejos de detenerse, este proceso ha seguido a un ritmo creciente. Los cultivos de alto rendimiento conllevan la alteraci&oacute;n del terreno a una escala sin precedentes, arrollando de manera silenciosa infinidad de vestigios arqueol&oacute;gicos. No son restos monumentales, de grandes y lujosos edificios, sino el humilde rastro material de la vida rural de un campesinado que, hasta hace apenas un siglo, constitu&iacute;a el 90 % de la poblaci&oacute;n. Al mismo tiempo, la agricultura ha experimentado enormes mejoras tecnol&oacute;gicas. Ahora los tractores van guiados por GPS, y los drones escudri&ntilde;an el terreno para analizar el estado de la vegetaci&oacute;n. En este contexto, la arqueolog&iacute;a ha sido siempre conceptuada como un problema, una potencial fuente de perjuicios que hace que sea vista con hostilidad por los agricultores.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es precisamente esta revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica la que nos ofrece, m&aacute;s que un problema, una oportunidad: la de, por primera vez, lograr una convergencia de intereses entre unos y otros. A los agr&oacute;nomos les interesa conocer en detalle qu&eacute; cualidades del terreno pueden favorecer m&aacute;s la productividad agr&iacute;cola. A los arque&oacute;logos les interesa lo mismo, pero exactamente a la inversa: donde las plantas se desarrollan peor ven un buen indicador de d&oacute;nde pueden encontrar restos enterrados. En pocas palabras, lo que para ellos es &ldquo;ruido&rdquo;, para nosotros es &ldquo;se&ntilde;al&rdquo;, y viceversa. Por este motivo utilizamos los mismos m&eacute;todos para explorar el terreno. Desde el cielo tomamos im&aacute;genes con c&aacute;maras especiales que captan por ejemplo el infrarrojo cercano y t&eacute;rmico, y sobre el terreno se emplean sensores que nos sirven para elaborar mapas de propiedades como la conductividad el&eacute;ctrica, que permiten detectar esos cambios en el suelo.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, a la vez que se obtiene informaci&oacute;n sobre c&oacute;mo mejorar el rendimiento de las parcelas, podemos localizar y visualizar con gran detalle sitios arqueol&oacute;gicos, desde los restos de una peque&ntilde;a granja hasta el urbanismo de toda una ciudad romana. Otro beneficio a&ntilde;adido para los agricultores es que, gracias a la arqueolog&iacute;a no invasiva, es posible delimitar las zonas en las que se ha de tener precauci&oacute;n a la hora de remover el terreno para no destruir los restos. En fin, esta potencial sinergia har&iacute;a compatible la gesti&oacute;n eficiente del campo con el estudio y conservaci&oacute;n del patrimonio, consiguiendo obtener un beneficio mutuo, &iquest;puede haber una f&oacute;rmula mejor? Esta fue la idea de partida para la puesta en marcha de un programa de investigaci&oacute;n que, liderado por el Instituto de Arqueolog&iacute;a-M&eacute;rida, a&uacute;na los esfuerzos de arque&oacute;logos, ingenieros agr&oacute;nomos y expertos en geof&iacute;sica y teledetecci&oacute;n. A trav&eacute;s de dos proyectos pertenecientes a <a href="http://riteca.gobex.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">plan INTERREG</a>, nos hemos enfrentado a las m&uacute;ltiples facetas de este empe&ntilde;o. Se han realizado numerosos ensayos en el campo y especialistas de disciplinas en principio tan diferentes se han aproximado y han aprendido unos de otros. Otro frente de intensa actividad ha sido el de las empresas, mostrando el potencial de los mismos equipamientos y servicios para los sectores de la agricultura y el patrimonio cultural. Pero sin duda el mayor reto ha sido conectar con los agricultores, despejar sus dudas y temores y hacer ver los potenciales beneficios. Sumando todos estos esfuerzos, esperamos haber avanzado un poco para cumplir el objetivo &uacute;ltimo, que no es otro que hacer compatible el desarrollo econ&oacute;mico con la conservaci&oacute;n de los paisajes culturales. Pero, &iquest;de verdad es posible?...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victorino Mayoral Herrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/arqueologos-agricultores-amigos_132_6432510.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Nov 2020 19:42:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d4efa581-4c26-45d8-89b7-dc365ad84b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="142108" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d4efa581-4c26-45d8-89b7-dc365ad84b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="142108" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Pueden los arqueólogos y los agricultores ser amigos?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d4efa581-4c26-45d8-89b7-dc365ad84b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
