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    <title><![CDATA[elDiario.es - Raúl Lardiés Bosque]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Raúl Lardiés Bosque]]></description>
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      <title><![CDATA[Las múltiples caras de la inmigración: los que se ahogan y quienes contribuyen a nuestro bienestar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/multiples-caras-inmigracion-ahogan-contribuyen-bienestar_132_6445907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f21027b-8272-4a6b-b058-ab43b1b61625_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las múltiples caras de la inmigración: los que se ahogan y quienes contribuyen a nuestro bienestar"></p><p class="article-text">
        Los efectos de la pandemia Covid-19 est&aacute;n siendo devastadores para la poblaci&oacute;n de todo el mundo, pero para unos m&aacute;s que para otros. Algunos seguimos cobrando un sueldo y vivimos en pa&iacute;ses con niveles aceptables de equipamientos, infraestructuras y servicios. Son pa&iacute;ses en los que pagamos impuestos y el Estado nos provee de todo aquello que permite desarrollarnos y vivir con seguridad y protecci&oacute;n como educaci&oacute;n, sanidad o justicia. Sin embargo, los hay que est&aacute;n perdiendo sueldos y muchas otras cosas a nuestro alrededor. Y ya no digamos de quienes han tenido la tremenda mala suerte de haber nacido en otras partes del mundo, en pa&iacute;ses donde esas condiciones antes aludidas no existen, y en zonas donde esta pandemia supone una nueva gota que colma el vaso. 
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as asistimos a las llegadas de cayucos e inmigrantes por v&iacute;a irregular a las costas canarias. Las im&aacute;genes de ni&ntilde;os y adultos muriendo en el agua en su intento de alcanzar la costa son dram&aacute;ticas. Parece ser que hasta 85% de esas personas que buscan su salvaci&oacute;n son de origen marroqu&iacute;, aunque tambi&eacute;n muchos proceden de Mauritania, Mali y Senegal. Se trata de j&oacute;venes procedentes de pa&iacute;ses africanos azotados por situaciones de sequ&iacute;a y paro cr&oacute;nico, en los que la econom&iacute;a ya estaba hundida y ahora la crisis ligada a la pandemia ha agravado todav&iacute;a m&aacute;s la situaci&oacute;n. El turismo internacional se ha detenido en esos pa&iacute;ses y el poco turismo que ten&iacute;an no genera ya ingresos para hoteleros, gu&iacute;as tur&iacute;sticos, taxistas, comerciantes y vendedores de la calle. Adem&aacute;s, tampoco quienes se dedicaban a la pesca ahora pueden faenar y los precios del pescado se han desplomado. Otros eran temporeros que trabajaban por cinco euros al d&iacute;a, en trabajos precarios, o viv&iacute;an de la caridad de amigos y de ONG. Son personas que declaran que nunca hubieran pensado emigrar, porque ganaban lo suficiente para sobrevivir y eran felices all&iacute;. La pandemia los ha dejado sin nada y es preferible endeudarse con todo lo que tienen a esperar la muerte lenta all&aacute; donde estaban, sin esperanzas ni expectativas de mejora. Adem&aacute;s de esos factores, las mafias juegan un papel importante: son las que cobran entre 1.500&euro; y 2.000&euro; a cada inmigrante y las que deciden qu&eacute; nuevas rutas activan, como la actual a Canarias desde Marruecos. Deber&iacute;amos intentar ponernos en la piel de estas personas e intentar entenderlos cuando veamos esas im&aacute;genes. 
    </p><p class="article-text">
        Esta es la realidad, objetiva, que nos golpea diariamente. Vivimos en un mundo globalizado, donde la informaci&oacute;n circula, y donde la ansiada vida en un pa&iacute;s europeo se convierte en un sue&ntilde;o para cualquiera que est&eacute; rodeado de pobreza y sufra tremendas desigualdades. S&iacute;, el mundo es desigual y algunos hemos tenido la suerte de nacer en el lado de los afortunados. Cambiar el funcionamiento del mundo parece una tarea muy dif&iacute;cil y parece que, ni los gobernantes, ni las grandes fuerzas que lo dirigen, est&aacute;n por la labor de intentarlo. Intentar cambiarlo, me refiero, con ah&iacute;nco y convencimiento, m&aacute;s all&aacute; de las donaciones y parches econ&oacute;micos dirigidos hacia los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo. En ocasiones, hasta incluso me pregunto si cambiar algo ser&iacute;a posible. 
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n de esas desigualdades econ&oacute;micas mundiales no parece que est&eacute; en la agenda internacional. Tampoco los pa&iacute;ses europeos acaban de dise&ntilde;ar una pol&iacute;tica com&uacute;n europea -m&aacute;s all&aacute; de los cierres y controles de fronteras-; pero tampoco los Estados hablan claro sobre el fen&oacute;meno ni parecen tener clara su posici&oacute;n respecto a la entrada de inmigrantes, de cu&aacute;ntos, desde d&oacute;nde y para qu&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que hablar de cayucos e inmigrantes indocumentados no es hablar de la totalidad del fen&oacute;meno migratorio -no dejemos que un &aacute;rbol nos tape el bosque-. Pero, como se&ntilde;alaba l&iacute;neas arriba, el mensaje de los dirigentes no parece estar muy claro: por un lado se nos dice que nuestros pa&iacute;ses europeos occidentales envejecen y pierden vitalidad demogr&aacute;fica, por lo que necesitaremos mano de obra de origen extranjero, cuando por otro lado, un 11% de la poblaci&oacute;n de origen extranjero nos parece demasiado. Tambi&eacute;n la sociedad es contradictoria e hip&oacute;crita en ocasiones, al poder pensar quiz&aacute;s que no queremos demasiados inmigrantes, cuando muchas familias los contratamos para tareas dom&eacute;sticas y de cuidados de ni&ntilde;os y/o mayores, contribuyendo as&iacute;, tan directamente, a mantener nuestro bienestar. Algo similar ocurre con los empresarios, quienes se benefician de su trabajo a cambio de sueldos, en ocasiones, inferiores a los percibidos por la poblaci&oacute;n nativa. 
    </p><p class="article-text">
        Todos necesitamos ser m&aacute;s rigurosos en cuanto a la tem&aacute;tica migratoria se refiere, hasta dar con un discurso m&aacute;s claro y definido. Yo, aqu&iacute;, de entrada, no pretendo mezclar churras con merinas al hablar de la llegada de indocumentados y de los posibles beneficios de los inmigrantes de origen extranjero, porque hablar de cayucos no es hablar del fen&oacute;meno global de la inmigraci&oacute;n. Urge, por lo tanto, que como pa&iacute;ses y como sociedades nos posicionemos con pol&iacute;ticas claras y no tambaleantes ni partidistas sobre un fen&oacute;meno que ha existido y seguir&aacute; existiendo siempre. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Ra&uacute;l Lardi&eacute;s Bosque es profesor titular de Geograf&iacute;a en el campus de Huesca de la Universidad de Zaragoza. Adscrito a la Escuela Polit&eacute;cnica Superior de la capital altoaragonesa, imparte tambi&eacute;n docencia en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras.Es tambi&eacute;n &nbsp;investigador principal en Espa&ntilde;a del Proyecto H-2020 (U.E.) &ldquo;Migration Impact Assessment to Enhance Integration and Local Development In European Rural and Mountain Areas&rdquo; (</em><a href="https://matilde-migration.eu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>MATILDE</em></a><em>).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raúl Lardiés Bosque]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Nov 2020 22:02:51 +0000]]></pubDate>
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