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    <title><![CDATA[elDiario.es - Julieta Roffo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/julieta-roffo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Julieta Roffo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Dos kilómetros de llanto y espera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/maradona/pais-luto_132_6463111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a32e9c4a-6a1f-4878-a304-81423aba4b00_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos kilómetros de llanto y espera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Buenos Aires una multitud esperó toda la noche para poder despedir a Diego Maradona.</p></div><p class="article-text">
        Este mi&eacute;rcoles Jos&eacute; fue a una verduler&iacute;a porte&ntilde;a y hubo dos cosas que no pod&iacute;a creer: el precio de un kilo de cebollas y que Diego Armando Maradona estuviera muerto. Sali&oacute; de la verduler&iacute;a con menos cebollas de las que ten&iacute;a previstas y con la sensaci&oacute;n de que el mundo era un lugar bastante m&aacute;s incierto que cuando hab&iacute;a entrado. Us&oacute; las cuadras siguientes para preguntarles a varios de los que caminaban si era cierta la noticia que acababa de recibir. &ldquo;&iquest;Es cierto lo que dicen?&rdquo;, dec&iacute;a. &ldquo;Y ya con eso alcanzaba. Me dec&iacute;an &lsquo;es cierto&rsquo;, &lsquo;es cierto&rsquo;, y cuando uno me dijo &lsquo;s&iacute;, est&aacute; muerto&rsquo;, bueno, ya est&aacute;, ya cre&iacute; del todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; no sabe exactamente cu&aacute;ntos a&ntilde;os tiene porque lo encontraron en la calle cuando era m&aacute;s o menos chico. S&iacute; sabe cu&aacute;ntos a&ntilde;os hace que es cartonero: &ldquo;Llevo veinte a&ntilde;os de ciruja, cartoneando. No tengo carrito yo, el carrito lo pone alguno m&aacute;s, yo pongo la fuerza&rdquo;. Cuenta su mi&eacute;rcoles este jueves, en <strong>la fila de miles de personas</strong> que esperan su turno para pasarle m&aacute;s o menos cerca al caj&oacute;n que sirve para empezar a entender que es cierto. Que Maradona est&aacute; muerto. Jos&eacute; tiene un cart&oacute;n devenido en pancarta. Dice &ldquo;Cartoneros con Diego&rdquo;.
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                Miles de personas fueron a despedir a Maradona en Buenos Aires. Pepe Mateos                            </span>
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        &ldquo;Vine porque Maradona era un jet&oacute;n, como somos muchos de nosotros, los que no tenemos manera de salir de la calle. Era un jet&oacute;n y dec&iacute;a lo que a muchos jetones nos gustar&iacute;a decir. Por eso vine&rdquo;, explica Jos&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; a algo as&iacute; como media cuadra y dos cordones policiales de entrar a la Casa Rosada. A este edificio vino Maradona en 1986, convertido en h&eacute;roe, para levantar esa Copa del Mundo que hab&iacute;a tra&iacute;do desde M&eacute;xico. En este edificio, por decisi&oacute;n de su familia, es hoy la despedida de miles y miles y m&aacute;s miles de personas que peregrinan para llorar o gritar o sonre&iacute;r delante de sus restos.
    </p><p class="article-text">
        Hay una especie de certeza en las charlas con conocidos y desconocidos que sirven para esperar las<strong> no menos de tres horas que lleva entrar a la Casa de Gobierno y despedirse: nadie durmi&oacute; bien anoche</strong>. Nadie est&aacute; bien descansado en esta muchedumbre. Nadie concili&oacute; el sue&ntilde;o como se conciliaba cuando te ibas a dormir con la (falsa) seguridad de que al otro d&iacute;a Maradona iba a seguir vivo. &ldquo;Vi los noticieros toda la tarde y toda la noche, y cuando vi que no me iba a dormir m&aacute;s le dije a mi hijo que nos vini&eacute;ramos&rdquo;. Lo dice Ramona, de 71 a&ntilde;os, mientras camina por el vallado que sirve para salir de la Rosada. Antes dice esto: &ldquo;Vine porque era uno de los nuestros, de los que nos hizo bien, de los que nos hizo felices&rdquo;. Antes de decir cualquier cosa, Ramona llora. Despu&eacute;s, tambi&eacute;n.
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                Dolor de una familia argentina después del adiós a Maradona. Pepe Mateos                            </span>
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        Hay dos conductas m&aacute;s o menos estables entre los que hacen la fila que, con el correr de las horas de este jueves de sol y dolor, le ocupa cada vez m&aacute;s cuadras a la Avenida de Mayo, y despu&eacute;s gira por Bernardo de Irigoyen, y de repente mide dos kil&oacute;metros de gente y no menos de <strong>cinco horas de espera</strong>. Los que trajeron alguna flor de su casa, o compraron dos claveles por 100 pesos o una rosa por 200 a alguno de los vendedores que merodean a la muchedumbre, lloran seguido. Las flores son la confirmaci&oacute;n de que est&aacute;n ac&aacute; para velar a un muerto, y que los muertos duelen. Los que vinieron con alguna bandera de no importa qu&eacute; club, con alguna camiseta de la Selecci&oacute;n de no importa qu&eacute; a&ntilde;o, son los que m&aacute;s le ponen la garganta a eso de que &ldquo;hay que alentar a Marad&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De todas las canciones, de todos los versos de todas las canciones, hay una que hace gritar m&aacute;s fuerte a los que cantan y llorar con m&aacute;s angustia a los que ya empezaron a duelar. Pasa todo eso junto cuando se escucha que hay que alentar a Diego &ldquo;en las buenas Y EN LAS MALAS MUCHO M&Aacute;S&rdquo;. Las may&uacute;sculas no son de esta cronista: son de gente a la que se la escucha cantar cuatro cuadras antes de empezar a verla.
    </p><p class="article-text">
        Hay tres momentos de la vida de Maradona de los que se habla en la espera como se habla de una fractura expuesta. Un instante de quiebre que duele, hace mucho ruido y deja marcas que se ven en cualquier radiograf&iacute;a que venga despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando se muri&oacute; Do&ntilde;a Tota se empez&oacute; a morir &eacute;l&rdquo;. Se lo dice un amigo a otro en Avenida de Mayo y Per&uacute;, se lo dice a un compa&ntilde;ero de trabajo una enfermera de las que est&aacute; atenta a que a nadie le baje la presi&oacute;n o se deshidrate, y se lo dice una vendedora de patys a un chico que est&aacute; por pagarle, llora un poco y tiene edad de no haber visto a Maradona jugar ning&uacute;n Mundial. Alcanza una palabra para nombrar esa idea que serpentea en la fila: desmadre.
    </p><p class="article-text">
        Otros dicen que la descalificaci&oacute;n del Mundial &lsquo;94, ese en el que Argentina se hab&iacute;a metido con el regreso del Diego pr&oacute;digo a la Selecci&oacute;n para ganarle a Australia en el repechaje, le rob&oacute; para siempre la cinta de capit&aacute;n que Maradona usaba caminando con el pecho tirado para adelante. Como caminan los que est&aacute;n decididos a ocupar m&aacute;s espacio del que les vino dado. &ldquo;&iquest;De cu&aacute;ntas enfermeras te acord&aacute;s la cara?&rdquo;, dice una chica en la fila, con la camiseta 10 del Napoli. Y vos, que acab&aacute;s de darle la raz&oacute;n a la chica, &iquest;de cu&aacute;ntas enfermeras te acord&aacute;s la cara?
    </p><p class="article-text">
        Del otro quiebre hablan, por ejemplo, tres amigas treinta&ntilde;eras que cada tanto revisan el celular porque est&aacute;n a punto de despedirse y tambi&eacute;n est&aacute;n haciendo home office. &ldquo;Claudia se puso todo esto al hombro. Todo lo del velatorio lo coordin&oacute; ella&rdquo;. Claudia Villafa&ntilde;e, la mujer con la que Diego se cas&oacute; en una fiesta a la que el entonces Presidente de la Naci&oacute;n no fue porque por protocolo no conven&iacute;a que estuviera por debajo de la plataforma de los novios, la madre de Dalma y Gianinna, la ex esposa a la que Maradona despreci&oacute; y demand&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y la mujer con la que el actual Presidente coordin&oacute; los detalles de la despedida p&uacute;blica de Maradona, entr&oacute; esta madrugada a la Casa Rosada. Se vio en televisi&oacute;n: su paso firme les abri&oacute; camino a sus hijas. &ldquo;Cuando Claudia estaba cerca Diego estaba m&aacute;s protegido, m&aacute;s controlado&rdquo;. Esteban tiene 62 a&ntilde;os y este jueves no abri&oacute; su ferreter&iacute;a de Lomas de Zamora porque le pareci&oacute; mejor venir a Plaza de Mayo. &ldquo;Claro, pero en alg&uacute;n momento Claudia no aguant&oacute; m&aacute;s&rdquo;. Guadalupe vino con Esteban: llevan 38 a&ntilde;os casados.
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                Sin dormir, una multitud esperó durante toda la noche poder entrar a la Casa Rosada. Pepe Mateos                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        No es un d&iacute;a de los comunes. A las flores de jacarand&aacute; que le corresponden a cualquier noviembre porte&ntilde;o se le suman los carteles electr&oacute;nicos de la ciudad, que avisan que la zona de Plaza de Mayo est&aacute; cerrada al tr&aacute;nsito y que dicen &ldquo;Gracias Diego&rdquo;. Esta vez la Avenida de Mayo no se llena de pintadas pol&iacute;ticas: con tizas, algunos artistas usan el asfalto de lienzo y dibujan algunas caras de algunos de todos los Maradona que conocimos. La cara de ese nenito que dijo que ten&iacute;a un sue&ntilde;o, jugar en la Selecci&oacute;n, y que si ese se le cumpl&iacute;a ten&iacute;a otro: ganar un Mundial. La cara de ese jugador muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, con los dos sue&ntilde;os cumplidos y ofrendados al pueblo que este jueves revuelve el fondo de la mochila para conseguir los 100 pesos para el clavel del adi&oacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No es un a&ntilde;o de los comunes este 2020. Por eso adem&aacute;s de p&oacute;sters a 200 pesos y remeras que dicen Dios no muere a 600, se venden -como pan caliente- barbijos negros que tienen la firma de Maradona en alg&uacute;n rinconcito. Esa firma que combina un garabato con un diez entre par&eacute;ntesis, as&iacute;. Que avisa que <strong>su nombre y el Diez son la misma cosa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No fue un hombre de los comunes. Hay dos kil&oacute;metros de gente que hace fila para llevarse a casa un pedacito de la historia popular de este pa&iacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/maradona/pais-luto_132_6463111.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Nov 2020 16:51:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos kilómetros de llanto y espera]]></media:title>
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