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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan José Becerra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-jose-becerra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan José Becerra]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La fiebre del oro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fiebre-oro_129_11617498.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb7a28d7-36ab-44ab-8ff4-5bab2b3dea07_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fiebre del oro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el ministro de Economía Luis Caputo abrió todos los cajones del Estado y descubrió los ladrillos de oro del Banco Central, su alma de apostador le volvió al cuerpo</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la p&aacute;gina Golden Rate, mientras corren estas l&iacute;neas el valor actualizado del oro en Estados Unidos es de USD2.512,56 la onza troy (<span class="highlight" style="--color:white;">31,1034768&nbsp;gramos), por lo que el gramo cuesta USD</span>80,79. Su precio viene creciendo desde marzo de manera sostenida, con peque&ntilde;os retrocesos que no les quitan a los gr&aacute;ficos lo que tienen de monte escarpado visto de perfil, en los que el metal es el monta&ntilde;ista que tanto se frena por un golpe de apnea coma sigue su paciente camino hacia la cumbre.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el patr&oacute;n oro sea una antig&uuml;edad de principios del siglo XX desplazada por el dinero fiduciario, y la fiebre del oro del siglo XIX haya sido una &eacute;pica con menos oro que fiebre, el oro como fetiche todav&iacute;a no termin&oacute; su vida m&iacute;tica. Lo que explica que hoy haya m&aacute;s de cien reservas de oro soberanas, un ranking en el que la Argentina ocupa el puesto 44&deg; (entre Dinamarca y Finlandia), con 61,7 toneladas, equivalentes grosso modo a 685,5 mastines ingleses adultos, a 1.028,3 Yaninas Latorre y a 555.300 chorizos de cerdo de la carnicer&iacute;a La Campestre, de Jun&iacute;n (Alberdi 189. Tel&eacute;fono: <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">0236 442-1649</span></a>. Domingos: cerrado), a la que estos p&aacute;rrafos le mandan un abrazo de oso. 
    </p><p class="article-text">
        En el primer lugar de los pa&iacute;ses que acumulan oro, se corta solo Estados Unidos. Lo siguen Alemania y el FMI. En el puesto 105 aparece Uruguay, con 300 kilos; y las menciones en el fondo de la tabla de Hait&iacute;, Burundi, Om&aacute;n y Comoras, que tienen cero gramos, es bullying estad&iacute;stico, a menos que sus bancos centrales tengan un espacio vacante en las b&oacute;vedas esperando la carroza de Prosegur.
    </p><p class="article-text">
        De esas 61.7 toneladas de oro argentino, algunas ya no est&aacute;n. La trazabilidad es opaca. Seg&uacute;n las pesquisas, desesperadas por la informaci&oacute;n que el gobierno se niega a dar convirtiendo el <span class="highlight" style="--color:white;">Estado Resumido de Activos y Pasivos del Banco Central en un arcano con brillos de fiesta clandestina, &ldquo;desaparecieron&rdquo; unos USD1.000 millones en camiones que llevaron los metales a Ezeiza, de donde volaron hacia destinos no declarados. La maniobra tiene el halo nocturno de un golpe boquetero. Y recuerda &ldquo;po&eacute;ticamente&rdquo; lo que dec&iacute;a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Osvaldo Lamborghini </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">acerca de que cuando Rimbaud se va para &Aacute;frica hay que entender que se viene porque en las pampas argentinas y en &Aacute;frica es &ldquo;todo igual&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La decisi&oacute;n como de faloperos bajo la tentaci&oacute;n irresistible de la reincidencia, tomada por el presidente </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Javier Milei</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (autoproclamado sabio de una sola cosa, la joda de mercado, que no es capaz de conectar con ninguna otra) y el ministro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Luis Caputo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, se descarrila de lo que se sospechaba eran sus v&iacute;as naturales de navegaci&oacute;n. Sacar oro, &iquest;para qu&eacute;? Para empe&ntilde;arlo. El g&eacute;nero del suceso &ndash;y esa podr&iacute;a ser la verdadera cuesti&oacute;n de fondo</span>&ndash; <span class="highlight" style="--color:white;">no parece ser de orden econ&oacute;mico sino de orden ps&iacute;quico. En todo caso, m&aacute;s ps&iacute;quico que econ&oacute;mico.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Supongamos que somos jugadores compulsivos, problem&aacute;ticos, y que nos vamos quedando sin poder de fuego para seguir viviendo dado que, al ser jugadores, seguir viviendo s&oacute;lo puede ocurrir si seguimos jugando. Ya quemamos el sueldo y los ahorros. El chanchito de los nenes ya fue violentado y restaurado con La Gotita, pero adentro no queda una moneda. Afuera, tenemos deudas y los acreedores ya est&aacute;n peinando la agenda en la letra S de &ldquo;Sicarios&rdquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qu&eacute; se puede hacer? Empe&ntilde;arnos en un Monte de Piedad, lo que fue el Banco Ciudad en el siglo XIX a escala de los inmigrantes y lo es hoy el Banco de Basilea a escala de la especulaci&oacute;n financiera global. Vamos con una pulsera de oro de la abuela, o el lavarropas, o la edici&oacute;n de Destino de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Borges</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de Bioy Casares, firmamos una hipoteca, nos llevamos la plata y corremos al casino para volver a poner la cabeza en la guillotina del azar. El d&iacute;a de ma&ntilde;ana, si la suerte acompa&ntilde;a, volvemos al Monte de Piedad con el dinero del rescate y recuperamos lo empe&ntilde;ado. &iquest;Y si la plata no est&aacute;? No seamos pesimistas...</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Que Luis Caputo, de Casinos Caputo, haya abierto todos los cajones del Estado frente a pr&oacute;ximos vencimientos de deuda y, al ver que los d&oacute;lares se escurren, le haya echado el ojo a los ladrillos de oro del Banco Central como el croto al churrasco es una salida totalmente l&oacute;gica para su naturaleza ps&iacute;quica, deducida de sus actos de gobierno. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hay que estar en la cabeza del apostador. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Juan Jos&eacute; Saer</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que fue un lud&oacute;pata de atar, escribi&oacute; &ldquo;Del juego del hombre&rdquo; (</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Papeles de trabajo II</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, Seix Barral, 2013) con el prop&oacute;sito de dejar de jugar, siguiendo la estela de Fi&oacute;dor Dostoievski, que abandon&oacute; el escolazo despu&eacute;s de escribir </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El jugador.</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Saer dice que para que el vicio por el juego, el alcohol, las drogas y el sexo tengan el estatus de &ldquo;violencias&rdquo;, es necesario que el sujeto &ldquo;las ejerza hasta el fin&rdquo;. El empez&oacute; a ejercer el suyo como recreaci&oacute;n durante el velorio de un suicida. Sali&oacute; del velorio con un amigo, fueron a jugar al Club Sirio Liban&eacute;s de Santa Fe, y volvieron al velorio. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En su an&aacute;lisis sobre las derivas del juego, dice que &ldquo;el yo est&aacute; en el centro del juego porque el juego se relaciona, no s&eacute; de qu&eacute; modo, con la omnipotencia&rdquo;. Y agrega este telefonazo para Caputo: &ldquo;Nada es m&aacute;s dif&iacute;cil para un jugador que confesar su ignorancia&rdquo;; adem&aacute;s de que, en la derrota, todo se le presenta de un modo evidente &ldquo;a posteriori&rdquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La &ldquo;especulaci&oacute;n posterior&rdquo;, sobre todo en el perdedor, &ldquo;consolida el deseo en la ilusi&oacute;n de omnipotencia&rdquo;. Se refiere al deseo de jugar, y a la imposibilidad de no poder no hacerlo. &iquest;Por qu&eacute; el jugador no habr&iacute;a de jugar si, para hacerlo, cuenta con &ldquo;todos&rdquo; los poderes? </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qu&eacute; pasa cuando la timba premia al jugador con el &eacute;xito moment&aacute;neo? Sobreviene la &ldquo;euforia del triunfo&rdquo;, y todo &ldquo;porque el azar, desde&ntilde;osamente, hab&iacute;a coincidido con nuestros manotazos de ciego&rdquo;. Pero ese triunfo, dice Saer, &ldquo;como he observado m&aacute;s tarde en personas que creen haber triunfado en la vida, tiene uno de los efectos m&aacute;s peligrosos que conozco, el de dar la ilusi&oacute;n de lo inteligible del mundo y de la propia dignidad&rdquo;. Y da este ejemplo: &ldquo;L&eacute;anse las declaraciones de la &uacute;ltima estrellita de moda: en seguida se ver&aacute; que confunde las peripecias de una carrera con el orden oculto del universo&rdquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Podemos imaginar la embriaguez de Caputo cuando, en la desesperaci&oacute;n, descubri&oacute; &iexcl;como Per&oacute;n! que hab&iacute;a oro en el Banco Central y su alma de apostador volvi&oacute; al cuerpo que le corresponde. Apostar para vivir. El alivio fue tan grande que hasta fue capaz de contar en su media lengua de &ldquo;degenerado verbal&rdquo; (en eso es libertario de pura cepa) sus fechor&iacute;as de boquetero: &ldquo;Es una movida muy positiva del Central. Hoy ten&eacute;s oro en el Banco Central que es como si tuvieras un inmueble adentro, que no lo pod&eacute;s usar para nada. En cambio, si vos ten&eacute;s eso afuera, le pod&eacute;s sacar un retorno. Y la realidad es que el pa&iacute;s necesita maximizar los retornos de sus activos. Tenerlo encerrado en el Central sin hacer nada para el pa&iacute;s es negativo. Es mejor tenerlo custodiado afuera donde te pagan algo&rdquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por dios, qu&eacute; raro que habla. &ldquo;Movida muy positiva&rdquo;, &ldquo;un inmueble adentro&rdquo; &iquest;de otro inmueble? No entiendo por qu&eacute; no dijo &ldquo;un mueble adentro de un inmueble&rdquo;. Un placar, un piano, un reloj de carrill&oacute;n, un tabl&oacute;n con caballetes para contar guita, no s&eacute;, algo: le habr&iacute;a dado a su columna de humo un aroma de alfabetizaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero si no nos distraemos en las formas de este Caputazo, dicho en el sentido de m&aacute;s grande o sobresaliente de los Caputo que bailan esta danza macabra de Estado, podr&iacute;amos deducir a qu&eacute; tipo de timba corresponden sus actividades. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si nos dejamos llevar por Saer, que se consideraba a s&iacute; mismo un jugador de deseo &ldquo;hasta el fin&rdquo;, de vida o muerte y de &ldquo;poner el cuerpo&rdquo; para que desaparezca en el goce del azar (los &oacute;rganos y la conciencia inexistentes, &ldquo;al margen del acontecer&rdquo;), Caputo es un timbero blando, remoto, sin registro de la p&eacute;rdida. Es que si lo que pone en juego es el oro del Banco Central, y por m&aacute;s misteriosa que sea su jugada, lo que est&aacute; probado es que ese oro no es de &eacute;l. O s&oacute;lo es de &eacute;l en una 1/50.000.000 parte. Esa es su tasa de riesgo como jugador. &nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Saer dice que, despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de descender a los infiernos del juego, no lo considera una manifestaci&oacute;n del &ldquo;despilfarro burgu&eacute;s&rdquo;. Lo dice porque &eacute;l no juega &ldquo;la que le sobra&rdquo;, incluso por momentos es de puro pobre que lo hace. Por esa raz&oacute;n, le dio una verg&uuml;enza &ldquo;pr&oacute;xima al remordimiento&rdquo; enterarse que la oligarqu&iacute;a chilena festej&oacute; el golpe de Pinochet en el Casino de Vi&ntilde;a del Mar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Para dividir las aguas que separan jugadores de jugadores seg&uacute;n lo que estos pongan de s&iacute; mismos, Saer dice sobre esa verg&uuml;enza: &ldquo;Pero yo s&eacute; c&oacute;mo juegan los burgueses: como una forma m&aacute;s de ostentaci&oacute;n, sin arriesgar nada, sin poner en tela de juicio ni sus valores, ni su existencia, ni la fr&aacute;gil realidad que el juego representa&rdquo;.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>JJB/MF</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fiebre-oro_129_11617498.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Aug 2024 19:29:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fiebre del oro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pasado puro que trae el llanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/maradona/pasado-puro-trae-llanto_132_6463855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15c66d58-d4cc-4b7b-931c-c03de4cc7c1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pasado puro que trae el llanto"></p><p class="article-text">
        En este momento, un m&eacute;dico forense est&aacute; abriendo en canal el cad&aacute;ver de Diego Maradona en la morgue de San Fernando. Escribo en l&iacute;nea con ese acontecimiento para poder asumir, por fin, que a partir de ahora el mundo comenzar&aacute; a girar sin &eacute;l a la velocidad crucero de la indiferencia y creer, porque ya es hora, en su paso material por esta vida.
    </p><p class="article-text">
        El mundo no es un Olimpo. Es un conventillo lleno de incidentes en el que Maradona intent&oacute; existir. A alguien le toc&oacute; ser Maradona mientras los dem&aacute;s lo contempl&aacute;bamos con los vicios por el detalle y las proporciones de un paisajista, es decir con enso&ntilde;aciones de perfecci&oacute;n y una ilusi&oacute;n de unidad. Pero las pretensiones de encapsular a Maradona en un r&eacute;gimen que salvara el equilibrio de sus componentes, su armon&iacute;a interior y su obligaci&oacute;n nunca asumida como ejemplo nacional, fracas&oacute; muy temprano. 
    </p><p class="article-text">
        Apenas lleg&oacute; a Barcelona en 1982, comenz&oacute; a desplegar sus contragolpes contra la letra chica del pacto f&aacute;ustico que sus dones le hicieron firmar con sangre. El primer punto de la l&iacute;nea del tiempo del Maradona punk, con ese car&aacute;cter de dos tonos aplicado a &ldquo;los boludos que, como las hormigas, est&aacute;n en todos lados&rdquo;, es contempor&aacute;neo de su debut en los escenarios del entretenimiento global.
    </p><p class="article-text">
        La batalla campal que desata en la final de la Copa de Rey de 1984 que Barcelona perdi&oacute;&nbsp;1 a 0 contra el Athl&eacute;tic de Bilbao, es la importaci&oacute;n del ajuste de cuentas barrial a escala planetaria. La noticia inscripta en piedra es que Maradona no se adapta. Ni se va a adaptar. Comienza a sentir un poder de contestaci&oacute;n y una voluntad de disputa y, por primera vez, a correr el riesgo de caer mal. Hay un cambio de v&iacute;as mental. Si toma o no toma coca&iacute;na es un hecho secundario respecto de una decisi&oacute;n de fondo: romper el pacto de docilidad que se le ofrece.
    </p><p class="article-text">
        Comienzan los contragolpes. En julio de 1984 firma contrato con el Napoli y baja en Ezeiza con un tapado de zorro plateado en los hombros y acunando a Pinky, su chihuahua, raza preferida por las madamas y las viudas millonarias. No es una emulaci&oacute;n del Capote de Santorini. Lo que quiere es ver qui&eacute;n se anima a decirle algo para atenderlo con una aridez de clase que ven&iacute;a desplegando desde hac&iacute;a varios meses: &ldquo;Si progres&aacute;s te critican; si te la gast&aacute;s toda, sos un mal ejemplo. Yo puedo hablar de sue&ntilde;os irrealizables. Ahora que los puedo cumplir, &iquest;qu&eacute; quieren que haga? &iquest;Qu&eacute; vuelva a la villa?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el documental <em>Diego Maradona</em>, de Asif Kapadia, lo vemos contemplar el vac&iacute;o inmenso sobre el que ha saltado, aparentemente sin v&eacute;rtigo. La villa qued&oacute; atr&aacute;s, y puede ver su techo de chapa oxidado por la lluvia &aacute;cida desde las cumbres de la consagraci&oacute;n personal a la que ha ca&iacute;do (siempre hay misterios aleatorios en la consagraci&oacute;n, algo que viene &ldquo;afuera&rdquo;), pero esas alturas son inh&oacute;spitas y convocan a los fantasmas de la soledad&nbsp;y la incomprensi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En esa escena, estamos sobre el final de 1986. Maradona entra como si fuera una cueva helada a un interminable minuto de silencio. No hay nada que puede decir de &eacute;l ni de los dem&aacute;s, ni de ese instante ni de los que vendr&aacute;n. Su mirada se abre en su interior y es posible que sus sondas m&aacute;s profundas le hayan tra&iacute;do la noticia cantada de que la cima no es un lugar para vivir. Maradona no se deja enga&ntilde;ar. El dios que acaba de reducir el mundo a una mascota que le mueve la cola parece entender que la gloria tiene al menos dos contraindicaciones mortales: es breve, y no tiene sentido. Simplemente, no se puede ser Maradona. Y no se pudo. Otra vez ser&aacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Argentina se despide de Maradona/Fernando Portabales                            </span>
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        Salto en el tiempo para rese&ntilde;ar lo importante. Los mapas para orientarnos en ese universo ramificado en miles de niveles y desv&iacute;os llamado Maradona se traspapelan o se superponen, pero hay un empalme de dramas tan dis&iacute;miles en su materia que deber&iacute;a ser recordado por la manera en que uno va sustituyendo al otro. En la medida en que el cuerpo prodigioso del Maradona futbolista comenz&oacute; a perder poder, el Maradona heredero de sus recuerdos inveros&iacute;miles comenz&oacute; a llorar. Fue el reemplazo cl&aacute;sico del pasado que se va, por la melancol&iacute;a que no lo deja ir. 
    </p><p class="article-text">
        La tirantez entre los mundos que ya no est&aacute;n y la fuerza restauradora que quiere pero no puede traerlo de nuevo, se precipit&oacute;. &ldquo;Llora&rdquo;, me dijo hace m&aacute;s de un a&ntilde;o alguien con conexiones con los &uacute;ltimos h&aacute;bitos de ultratumba de Maradona. Llorar es un discurso. El m&aacute;s conmovedor y misterioso. Tiene de po&eacute;tico y de funesto que no es un acto contempor&aacute;neo de su ejecuci&oacute;n. Se llora hacia atr&aacute;s, o se llora hacia adelante, es decir que se llora &ndash;si se llora mucho- cuando no se est&aacute; viviendo.
    </p><p class="article-text">
        En una conferencia de prensa de septiembre de 2019, ya como t&eacute;cnico de Gimnasia y Esgrima La Plata, alguien le pregunt&oacute; por uno de sus jugadores, Claudio Paul Spinelli. Maradona comenz&oacute; a desplegar asociaciones retrospectivas, nombr&oacute; a Claudio Paul Caniggia, describi&oacute; &ldquo;en acto&rdquo; su reacci&oacute;n mientras Caniggia enfrentaba a Taffarel para darle el triunfo a Argentina ante Brasil en Italia &rsquo;90, se perdi&oacute; en los bosques perfumados de ese recuerdo clavado en la emoci&oacute;n popular y dej&oacute; de hablar para llorar. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces se entendi&oacute; muy bien el idioma que estaba hablando: mitad palabras, mitad llanto. La anegaci&oacute;n de todos los dispositivos sensible de Maradona por las agua tibias del pasado era algo que ten&iacute;a que ocurrir. Ya no pod&iacute;a recordar con palabras, es decir que ya no pod&iacute;a componer sin pena las ficciones inspiradas en sus proezas. Perdidas all&iacute; donde ocurrieron, no las pudo recuperar salvo por el pasado puro que le tra&iacute;a el llanto.
    </p><p class="article-text">
        Imposible ser Maradona. Imposible. &iquest;Y &ldquo;estar&rdquo; Maradona? Imposible, tambi&eacute;n. Porque tampoco hay lugar para el que el baja de la cima. Si se rastrean los movimientos aeroportuarios y catastrales de Maradona en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se debe asumir que no pudo ser ni estar. Los viajes pueden ser achacados a la vida &ldquo;normal&rdquo; de una celebridad requerida. Lo llaman: va. Es m&aacute;s dif&iacute;cil comprender el ritmo fren&eacute;tico de sus mudanzas, como si s&oacute;lo lo orientara la din&aacute;mica de lo imposible al cuadrado: si no puedo ser, tampoco puedo estar.
    </p><p class="article-text">
        Dubai, Bielorrusia, Sinaloa, Villa Devoto, Bella Vista, Ezeiza, La Plata, Luj&aacute;n. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;? &iquest;D&oacute;nde se lo puede encontrar? Siempre en otro lado, siempre en tr&aacute;nsito, los &uacute;ltimos a&ntilde;os de Maradona evocan los movimientos del pr&oacute;fugo o el fantasma. Pero, adem&aacute;s, &iquest;con qui&eacute;nes viv&iacute;a? &iquest;A qu&eacute; hospitales hab&iacute;a que llevarlo en la emergencia?
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; por qu&eacute; farsa de profesionalismo digo Maradona cuando mi coraz&oacute;n destrozado dice Diego. La primera vez que comet&iacute; un acto de libertad fue por &eacute;l. Lo tengo muy documentado en la cabeza. Fue el 18 de abril de 1981. Ten&iacute;a 15 a&ntilde;os y le dije a mis padres que me iba a Buenos Aires (con su plata) a ver el primer Boca &ndash; River con Maradona. No reaccionaron. No es tan f&aacute;cil hacerlo ante la decisi&oacute;n irreversible de los otros. Me acomod&eacute; detr&aacute;s de un arco, desde donde lo vi meter su gol embarrado bajo la lluvia y correr como un G&oacute;lem hacia una esquina a diez metros de mi emoci&oacute;n. &iquest;Al que produce este tipo de hechos, tanto ese gol como el deseo de ir a verlo, se lo puede llamar futbolista?
    </p><p class="article-text">
        No se puede llamar futbolista, ni siquiera futbolista N&deg; 1 a un eslab&oacute;n perdido entre la vida plana como las nuestras y &ldquo;otra cosa&rdquo;. Cuando se lo bautiza con el mote hiperb&oacute;lico de Dios se est&aacute; invocando esa diferencia. No es tanto un cumplido como el reconocimiento de lo que podemos llamar la tragedia del don. Porque si la naturaleza le concedi&oacute; bajo su propio asombro el milagro de ejecutar con los pies lo que imaginaba con la cabeza, si le otorg&oacute; la dicha de llevar sin resistencias ni p&eacute;rdida el sue&ntilde;o de la jugada a la realidad material de la jugada, esa distinci&oacute;n no pod&iacute;a ser gratuita. Los lujos se pagan. 
    </p><p class="article-text">
        Tener poder, perder poder. En esa oscilaci&oacute;n, Diego encuentra la bomba enterrada que no lo deja vivir, no lo deja hablar, no lo deja caminar, no lo deja dormir. Si hay una lista de &ldquo;actividades&rdquo; sobre los &uacute;ltimos meses de Diego es la de lo que no pudo hacer.
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                La Casa Rosada y la bandera a media asta/ Fernando Portabales                            </span>
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        El hombre que habla, se convierte en el hombre que llora. Ahora, directamente, no est&aacute; m&aacute;s. Pero debido a las costumbres reiterativas de las eleg&iacute;as contempor&aacute;neas, su voz no deja de envolver el ambiente. Ahora mismo, lo escucho hablar en su partido homenaje: &ldquo;tanto esper&eacute; esto, y ya se termin&oacute;&rdquo;. Maestro del rush, siguiendo como una&nbsp;sombra a sus deseos simult&aacute;neos (pero &iquest;c&oacute;mo se desea sino en simult&aacute;neo?, &iquest;qu&eacute; se desea sino lo imposible?), Diego padeci&oacute; como derrota la experiencia de la gloria. Digamos que se hundi&oacute; en la gloria, y no pudo levantarse.
    </p><p class="article-text">
        Diego Maradona no existe m&aacute;s. Pero crece la actividad en el magma de su mito. Todo el pa&iacute;s habla de &eacute;l. Velar a los muertos es hablarles al lado, y no dejar morir su voz: <em>reproducirla</em>. En el silencio estremecedor que se abri&oacute; con su muerte es necesario que todav&iacute;a se oiga su voz. El valor m&iacute;tico y sentimental de Diego ya pas&oacute; su prueba de fuego. El &iacute;dolo popular m&aacute;s extraordinario que dio la Argentina, con sus proezas y las novelas interminables de la vida que no pudo vivir, marcha hacia los oc&eacute;anos de lenguaje p&uacute;blico que nunca cesar&aacute;n de evocarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Del misterio acerca de c&oacute;mo alguien puede hacerse amar de la manera en que lo hizo, podr&iacute;a empezar a revelarse que fue por la felicidad que concedi&oacute; y, tambi&eacute;n, por el largo espect&aacute;culo de sufrimiento que nos mostr&oacute; hasta caer rendido. &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/maradona/pasado-puro-trae-llanto_132_6463855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Nov 2020 22:52:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pasado puro que trae el llanto]]></media:title>
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