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    <title><![CDATA[elDiario.es - Delfina Torres Cabreros]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/delfina-torres-cabreros/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Delfina Torres Cabreros]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[A bordo de un avión que trasladó a 50 refugiados de Níger a Roma: "No pueden imaginar lo que hemos sufrido"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/bordo-avion-traslado-50-refugiados-niger-roma-no-imaginar-hemos-sufrido_130_8534838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/598f29c6-9a65-49fc-a5f7-118d3dff61ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A bordo de un avión que trasladó a 50 refugiados de Níger a Roma: &quot;No pueden imaginar lo que hemos sufrido&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El viernes 50 personas que habían intentado cruzar ilegalmente el Mediterráneo y fueron encarceladas y torturadas en Libia, fueron trasladadas de Níger a Italia en una misión organizada por Cáritas Italiana y la ONG Solidaire, de Enrique Piñeyro</p></div><p class="article-text">
        A las 8.20 el avi&oacute;n aterriza en Niamey, la ciudad capital de N&iacute;ger, ubicada a la orilla de un r&iacute;o con el mismo nombre. El Aeropuerto Internacional Diori Hamani es un rect&aacute;ngulo vidriado alrededor del que no hay ning&uacute;n movimiento, ni de personas ni de veh&iacute;culos. Los pocos aviones estacionados son peque&ntilde;os, excepto dos de la armada estadounidense y uno abandonado sobre la tierra, con las ruedas entre el pasto seco y la marca comercial &mdash;Yana&mdash; quemada por el sol. Un hombre vestido con t&uacute;nica blanca y chaleco fluorescente indica d&oacute;nde estacionar la nave sin mover los brazos ni alterar el gesto. Solo se para ah&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mutismo de la ma&ntilde;ana nigerina, el personal de C&aacute;ritas Italiana se pone los chalecos que los identifican para esperar que suban los pasajeros al avi&oacute;n, que est&aacute; vac&iacute;o excepto por la tripulaci&oacute;n y un pu&ntilde;ado de periodistas. Piden, amablemente, que nos dispersemos: que no asediemos a los reci&eacute;n llegados en el ingreso.&nbsp;
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                    alt="Hay 16 menores en el grupo de refugiados, la mayoría con sus madres"
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                Hay 16 menores en el grupo de refugiados, la mayoría con sus madres                            </span>
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        Finalmente, empiezan a entrar. En silencio, con sus mochilas al hombro, mirando alrededor sin ning&uacute;n signo de excitaci&oacute;n. Los varones usan zapatillas de una limpieza inmaculada, camisas de colores fuertes planchadas con esmero, alg&uacute;n reloj. Las mujeres tienen el pelo negro peinado con trenzas finas y adornado con caracoles. Unas pocas usan velo, sus mejores velos: brillos negros en los bordes de las mangas, un prendedor de perlas que sujeta los dos lados de la tela debajo del ment&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A las 10.10 se inicia el despegue con rumbo a Roma. Ya cuando el avi&oacute;n est&aacute; alto en el cielo, se escucha un murmullo que crece, unos sonidos indescifrables y alguien del equipo de C&aacute;ritas salta de su butaca para ver qu&eacute; pasa, atento a evitar cualquier disturbio. Pero el sonido se hace m&aacute;s claro y no es un problema: <strong>est&aacute;n cantando</strong>. Primero con timidez, luego con una fuerza cat&aacute;rtica. <em>Hosanna eee, hosanna, hosanna, hosanna/ Hosanna eee, hosanna, hosanna, hosanna.</em> Se oyen palmas y gritos de celebraci&oacute;n agudos, tribales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Este viernes 26 de noviembre, 50 refugiados ser&aacute;n trasladados a Roma, en una misi&oacute;n humanitaria organizada por C&aacute;ritas Italiana y la ONG Solidaire, que encabeza el <a href="https://www.eldiarioar.com/economia/enrique-pineyro-jet-privado-yate-herramientas-poderosas_1_8054337.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">piloto y empresario argentino Enrique Pi&ntilde;eyro</a>. El operativo debe permanecer secreto hasta que culmine para evitar los riesgos de frustrarla y quienes somos invitados a participar, llegamos a la terminal de vuelos privados del aeropuerto de Barajas, en Madrid, sin saber de qu&eacute; se trata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de abordar el Boeing 787 que Pi&ntilde;eyro puso a disposici&oacute;n y pilotar&aacute; &eacute;l mismo, Oliviero Forti, responsable de Pol&iacute;tica Migratoria y Protecci&oacute;n Internacional de C&aacute;ritas Italiana, da la primera informaci&oacute;n. La misi&oacute;n se enmarca en el programa de Corredores Humanitarios, que ya ha ingresado a 1.200 refugiados a Italia desde &Aacute;frica y Medio Oriente y est&aacute; coordinado por tres organizaciones de la iglesia de ese pa&iacute;s: Caritas, Sant'Egidio y la Iglesia Evang&eacute;lica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta vez trasladar&aacute;n a 50 personas, en grupos familiares, de distintos pa&iacute;ses: Eritrea, Sud&aacute;n, Sud&aacute;n del Sur, Yemen, Camer&uacute;n, Argelia, Rep&uacute;blica Centroafricana y Somalia. En el grupo hay 16 menores con alguno de sus padres, excepto dos de ellos que est&aacute;n acompa&ntilde;ados por su t&iacute;a y se reencontrar&aacute;n con su madre en Italia; ella lleg&oacute; antes en un bote. Todos han intentado cruzar ilegalmente a Europa cruzando el mar desde Libia, donde fueron encarcelados y sometidos a torturas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Enrique Piñeyro comandó el vuelo en el trayecto Madrid-Niamey-Roma                            </span>
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        &ldquo;La &uacute;nica oportunidad para esa gente era moverlos desde Libia a un tercer pa&iacute;s que pueda darle una situaci&oacute;n segura temporalmente. Y como N&iacute;ger es el segundo pa&iacute;s m&aacute;s pobre del mundo, acepta tener refugiados porque as&iacute; recibe ayuda internacional, servicios de salud. Les resulta conveniente&rdquo;, explica Forti.&nbsp;N&iacute;ger, que desde el cielo se ve como una planicie naranja salpicada de arbustos opacos, alberga a <a href="https://reporting.unhcr.org/sites/default/files/Niger-Factsheet-October-2021.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cerca de 250.000 refugiados</a> que viven en campamentos en distintos puntos del territorio, seg&uacute;n el &uacute;ltimo reporte del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), de octubre pasado.
    </p><p class="article-text">
        El primer despegue de la misi&oacute;n, que har&aacute; la ruta Madrid-Niamey-Roma-Madrid, es a las 4 de la ma&ntilde;ana. &ldquo;<em>All set</em>&rdquo;, dicen desde la torre de control y el avi&oacute;n se lanza a la noche. El plan es llegar a N&iacute;ger atravesando Argelia, porque T&uacute;nez no dio permiso para sobrevolar su territorio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Libia es una de las principales puertas de salida de migrantes africanos hacia Europa, que se lanzan al mar Mediterr&aacute;neo a bordo de &ldquo;pateras&rdquo;: barcos precarios que originan &mdash;o culminan&mdash; tragedias como la conocida el mi&eacute;rcoles pasado, cuando<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/20-migrantes-mueren-canal-mancha-intentaban-llegar-reino-unido_1_8521872.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> al menos 31 personas murieron en el Canal de la Mancha</a> tratando de llegar a Reino Unido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Actualmente en Libia hay tres grupos que se autoproclaman gobierno leg&iacute;timo y est&aacute; en manos de milicias y m&aacute;s de cien clanes armados. No hay control sobre el territorio por lo tanto las personas que caen aqu&iacute;, porque es la &uacute;nica v&iacute;a que tienen para llegar al mar, en el mejor de los casos son detenidos en centros de detenci&oacute;n de estos grupos, donde se los extorsiona y se los tortura para que paguen un dinero&rdquo;, explica &Oacute;scar Camps, fundador de la ONG Open Arms, que se dedica al rescate de n&aacute;ufragos en el mar. Dice que ese es un mecanismo sistematizado, le pasa a todas las personas que fracasan en su intento de abandonar el continente.&nbsp;
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                El check in de los refugiados en el aeropuerto de Niamey                            </span>
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        &ldquo;Te torturan con el tel&eacute;fono abierto para que tu familia oiga c&oacute;mo gritas y, si pagas, te piden m&aacute;s dinero o te venden a otro grupo para cobrar un nuevo rescate o como esclavo para trabajar en una granja donde te maltratan y no te dan ni de comer, porque hay muchos subsaharianos all&iacute; y cuando muera ese pondr&aacute;n otro y otro y otro&rdquo;, apunta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso de las mujeres, la situaci&oacute;n se agrava. &ldquo;Todas son violadas, absolutamente todas; mujeres y ni&ntilde;as. Muchos de los ni&ntilde;os&nbsp;que ver&aacute;s en el avi&oacute;n son fruto de violaciones&rdquo;, dice Camps. Y por si fuese necesario: &ldquo;Ser subsahariano y quedarse atrapado en Libia es un infierno. Cuando hablas con ellos y les dices c&oacute;mo te has jugado la vida en esta patera te dicen qu&eacute; vida, si no ten&iacute;a vida. Ah&iacute; me iba a morir&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son las 6.50 de la ma&ntilde;ana y, mientras volamos, el sol empieza a asomarse sobre el Sahara argelino. Forma primero una l&iacute;nea profunda y naranja que se ensancha sobre el horizonte hasta que se alza un sol rojo incandescente. Ninguna otra imagen podr&iacute;a explicar mejor lo que es: una bola de fuego que da&ntilde;a los ojos. Est&aacute; el sol y est&aacute; tambi&eacute;n la bruma que empa&ntilde;a el resto del paisaje. &ldquo;Es calima&rdquo;, dice el piloto, arena del desierto en suspensi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Berthe es una de las personas que integra el grupo de refugiados. Hace seis a&ntilde;os dej&oacute; a sus cuatro hijos en Camer&uacute;n y sali&oacute; con el objetivo de alcanzar el Mediterr&aacute;neo. Su hija m&aacute;s chica ten&iacute;a, entonces, siete meses, y nunca la volvi&oacute; a ver. &ldquo;No la pod&iacute;a cargar para llevarla conmigo y el camino es dif&iacute;cil; mucha gente muere en el desierto&rdquo;, dice Berthe, que usa bastones y solo puede apoyar una de sus piernas.
    </p><p class="article-text">
        Primero lleg&oacute; a Argelia y luego le pag&oacute; 2.000 euros a una persona que prometi&oacute; despacharla a Italia v&iacute;a Libia en un &ldquo;barco seguro&rdquo;, pero la abandon&oacute; en la costa, donde durmi&oacute; dos meses esperando la oportunidad de cruzar. La encontr&oacute; la guardia costera y estuvo un a&ntilde;o presa antes de ser evacuada a un campamento en N&iacute;ger, donde pas&oacute; los &uacute;ltimos cuatro. &ldquo;Tengo 39 a&ntilde;os, que han sido 39 a&ntilde;os de sufrimiento. Si llego a Italia y logro llevar despu&eacute;s a mis hijos, me gustar&iacute;a que la gente escuche mi historia porque soy una mujer muy fuerte&rdquo;, dice. Su destino final es Venecia, una ciudad de la que sabe poco pero le han dicho que es hermosa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Berthe organiza los cantos en el avi&oacute;n que, roto el silencio inicial, son muchos y est&aacute;n acompa&ntilde;ados de baile en los pasillos y de vivas a Italia. En medio de la euforia, toma el micr&oacute;fono de la cabina de los tripulantes y da, por altavoz, un mensaje de agradecimiento al comandante: &ldquo;<em>Monsieur </em>Enrique, de parte de todos los refugiados, con l&aacute;grimas en los ojos, le agradezco por sacarnos de ah&iacute;. No puede imaginar lo que hemos sufrido&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El avión atravesó Argelia para llegar a Niamey                            </span>
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        Mussab tiene 30 a&ntilde;os y viaja junto con su madre y sus ocho hermanos. Naci&oacute; en Somalia, creci&oacute; en Yemen y hace diez se fue &mdash;&eacute;l solo&mdash; a China, donde estudi&oacute; ingenier&iacute;a arquitect&oacute;nica. Hace apenas unos meses se reencontr&oacute; con su familia, que no ve&iacute;a desde entonces. Esta tarde se reencontrar&aacute; tambi&eacute;n con su pap&aacute;, que ninguno de ellos ve hace 15 a&ntilde;os, cuando logr&oacute; cruzar a Europa.&nbsp;Sus historias tienen agujeros, son demasiado dif&iacute;ciles de contar en las pocas horas que compartimos en el avi&oacute;n y algunos prefieren no volver sobre ciertos recuerdos; todo esto se trata del futuro. Hablan en sus idiomas nativos, muchos de ellos tambi&eacute;n en franc&eacute;s y unos pocos en ingl&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Varias de las personas que est&aacute;n en este avi&oacute;n se reencontrar&aacute;n con familiares despu&eacute;s de mucho tiempo. Como Kifle, que es oriundo de Eritrea, viaja solo y volver&aacute; a ver a su mujer y su hija despu&eacute;s de haber fracasado tres veces en su intento por llegar a Italia. O como Clementine, que es de Camer&uacute;n, tiene 34 a&ntilde;os, hace dos que est&aacute; refugiada en N&iacute;ger y hace siete que no ve a su hermana. Hasta hace muy poco no sab&iacute;a ni siquiera d&oacute;nde estaba.
    </p><p class="article-text">
        Clementine tiene las u&ntilde;as pintadas de rojo y las pesta&ntilde;as arqueadas detr&aacute;s del marco de los anteojos, lo que da pistas de su oficio: sabe hacer masajes y procedimientos de belleza y espera poder trabajar de eso en Italia. Mientras habla come el almuerzo que las azafatas han repartido: mel&oacute;n, kiwi, sand&iacute;a y otras frutas cortadas en l&aacute;minas finas, yogur griego, un s&aacute;ndwich de fiambre y una <em>marquise</em> de chocolate decorada con una frutilla. Es el catering de este avi&oacute;n privado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Forlino, integrante de Caritas Italiana, abord&oacute; el avi&oacute;n junto con los refugiados y organiz&oacute; la misi&oacute;n desde el territorio. Explica que si bien hay cientos de personas en la misma situaci&oacute;n, tienen un criterio para seleccionar a los refugiados a trasladar a Italia. El primero es el de la vulnerabilidad y por eso la mayor&iacute;a son mujeres solas con sus hijos peque&ntilde;os. Pero tambi&eacute;n buscan que sus perfiles encajen con las familias que los recibir&aacute;n y los guiar&aacute;n durante el primer a&ntilde;o y que tengan posibilidad de insertarse en las comunidades a las que llegan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy emocionado con esta misi&oacute;n, porque es la primera en la que trasladamos personas, y tal vez a partir de ahora empezaremos a hacer m&aacute;s. La verdadera misi&oacute;n de todas estas ONG de intervenci&oacute;n directa es destrabar. A veces los Estados no hacen las cosas porque no quieren y otras porque al actuar aparece el tema de qui&eacute;n paga qu&eacute; y los tr&aacute;mites&rdquo;, dice en la cabina del avi&oacute;n, rodeado de botones y pantallas tablet, Enrique Pi&ntilde;eyro.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La llegada a Roma, después de cuatro horas de viaje                            </span>
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        Pi&ntilde;eyro compr&oacute; ese avi&oacute;n (ya ten&iacute;a otro, un Boeing 737) en febrero pasado para poner en marcha Solidaire, que piensa como una ONG de soporte log&iacute;stico para ONGs. Desde entonces, traslad&oacute; insumos m&eacute;dicos a la India, 33 toneladas de alimentos a Mozambique y llev&oacute; a periodistas a documentar la pesca ilegal desde el aire en la milla 200 del mar argentino y en Senegal, entre otras misiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la cabina, el comandante da la orden de sentarse en los asientos y abrocharse el cintur&oacute;n: estamos iniciando el descenso. Los tripulantes reparten una vianda a los pasajeros. Cuando desembarquen en Roma, completar&aacute;n un procedimiento con la Polic&iacute;a y luego ser&aacute;n distribuidos en sus nuevos hogares, donde har&aacute;n 10 d&iacute;as de cuarentena. Van a Venecia, a Matera, a Avellino, a Milano.
    </p><p class="article-text">
        A las 14.20 ya comienzan a verse los campos verdes de Italia por la ventana, sus parcelas labradas, las tejas sobre sus pueblos compactos. Hay sol entre las nubes que destilan una llovizna suave. Es una tarde plateada en la tierra prometida. En las pantallas que est&aacute;n frente a los asientos y muestran el avance del viaje sobre el mapa, el avi&oacute;n ya est&aacute; posado sobre el punto amarillo que es Roma. La l&iacute;nea que traza el vuelo parte al medio el azul del Mediterr&aacute;neo. Finalmente, est&aacute;n del otro lado.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>elDiarioAR </strong></em><em>fue invitado a participar de la misi&oacute;n por la ONG Solidaire.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>DT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delfina Torres Cabreros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/bordo-avion-traslado-50-refugiados-niger-roma-no-imaginar-hemos-sufrido_130_8534838.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Nov 2021 10:31:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A bordo de un avión que trasladó a 50 refugiados de Níger a Roma: "No pueden imaginar lo que hemos sufrido"]]></media:title>
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