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    <title><![CDATA[elDiario.es - Loreto Mármol]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/loreto-marmol/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Loreto Mármol]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Serendipia histórica: el marinero que iba para cura y remiendos de las chicas del corte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/serendipia-historica-marinero-iba-cura-remiendos-chicas-corte_130_7234747.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2cf84183-d6e5-4f5a-abb7-43db2a948e4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Serendipia histórica: el marinero que iba para cura y remiendos de las chicas del corte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Museo de la Ciudad de Murcia recibió hace unos días seis fotografías de los años 50 y una postal antigua dirigida a una señora de La Cueva (Monteagudo) dentro de un sobre sin más información ni texto que una escueta dirección procedente de Jerte (Cáceres), y así comenzó una búsqueda para averiguar la intrahistoria de este misterioso envío y su contenido</p></div><p class="article-text">
        Para una generaci&oacute;n que transita entre el papel y lo digital, una postal despierta curiosidad y dispara la imaginaci&oacute;n. Este selfie de otra &eacute;poca activa un resorte que reaviva toda clase de sensaciones, como la ansiedad que generaba la larga espera para recibir noticias, cuando la inmediatez de ahora era impensable entonces.
    </p><p class="article-text">
        La tarjeta, en la que se ve la Plaza de la Iglesia de San Fernando (C&aacute;diz), con el popular bar La Mallorquina a un lado y el m&iacute;tico cine Almirante a otro, nunca lleg&oacute; a enviarse a su destinataria, Carmen Zambudio, a quien felicitaba &ldquo;con todo cari&ntilde;o y afecto&rdquo; en el d&iacute;a de su santo un marinero embarcado en la fragata Mart&iacute;n Alonso Pinz&oacute;n, nombre del conocido marino de Palos de la Frontera que acompa&ntilde;&oacute; a Col&oacute;n en el primer viaje a Am&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente el autor de esas breves l&iacute;neas se enrolara en 1949 en Cartagena, donde recal&oacute; este barco que se hab&iacute;a botado un a&ntilde;o antes, uno de los primeros ca&ntilde;oneros en entrar en servicio tras la guerra civil y que tuvo como destino principal la base gaditana, desarrollando maniobras en el Mediterr&aacute;neo y en el Atl&aacute;ntico hasta que se dio de baja en 1966.
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                Postal de la Plaza de la Iglesia y la Calle Real de San Fernando (Cádiz)                            </span>
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        Fue lo que sirvi&oacute; para tirar del hilo y coser retales de memorias, acotando la b&uacute;squeda a la direcci&oacute;n de la misiva, que &uacute;nicamente dec&iacute;a &ldquo;Orilla del Azarbe. La Cueva. Monteagudo&rdquo;. En palabras de Carmen Clemente, t&eacute;cnico de actividades socioculturales en el Museo de la Ciudad de Murcia, &ldquo;trabajar en un lugar como este hace que se vivan aventuras sorprendentes&rdquo;, y a veces ocurren estas &ldquo;serendipias hist&oacute;ricas&rdquo;, esos hallazgos inesperados que se dan sin buscarlos.
    </p><p class="article-text">
        Tres fotograf&iacute;as recogen escenas castrenses &ndash;unos soldados en torno a una mesa y un botijo, otros portando armas y algunos en la barber&iacute;a&ndash; y una cuarta muestra una estampa t&iacute;pica en aquella &eacute;poca: una pareja vestida de domingo paseando por el Puente Viejo de Murcia, tambi&eacute;n conocido como el Puente de los Peligros, en esos a&ntilde;os 50 que transformaron la trama urbana y que marcar&iacute;an un antes y un despu&eacute;s en el casco antiguo con la apertura de la Gran V&iacute;a y la demolici&oacute;n de monumentos como los Ba&ntilde;os &Aacute;rabes de Madre de Dios, as&iacute; como un nuevo trazado del cauce del r&iacute;o que acabar&iacute;a con los jardines fluviales.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qui&eacute;nes eran sus protagonistas? El museo comparti&oacute; las im&aacute;genes en sus redes sociales, y las nuevas tecnolog&iacute;as en perfecta simbiosis con el correo postal procedente de Jerte (C&aacute;ceres), ese medio de comunicaci&oacute;n en v&iacute;as de extinci&oacute;n, permitieron ir desenredando la madeja.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Pareja paseando por el Puente Viejo en los años 50.                            </span>
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        Encarnaci&oacute;n Mart&iacute;nez Zambudio, una vecina de la zona de 77 a&ntilde;os, mir&oacute; cada rostro, repas&oacute; cada detalle&hellip; Las rejas de hierro torneado, trenzadas, artesanales. Las mismas rejas de una ventana a la que asomarse para observar las costumbres de otros tiempos, esas que conforman identidades, para encontrarnos y reconocernos a nosotros mismos en un pasado com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Era la &uacute;nica casa que hab&iacute;a en ese tramo de la Orilla del Azarbe, que se extiende hasta Santomera. All&iacute; viv&iacute;a una familia amplia, los Zambudio Mart&iacute;nez, que eran 13 hermanos. Se los conoc&iacute;a como Los Chavos, un apodo que le dio nombre a un carril que a&uacute;n existe. Encarnaci&oacute;n destaca de ellos que eran &ldquo;muy educados&rdquo;, con cierta elegancia en el hablar, precisamente en un lugar que tiende a manosear las palabras hasta que acaban yendo por otros derroteros. Como muestra un bot&oacute;n: rememora que su abuelo le contaba, con gracia, que el Carril de los Alejos no se llamaba as&iacute; por un apellido, sino porque, a una distancia de all&iacute;, eran &ldquo;los de (a)lejos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se detuvo de nuevo en las miradas. Nueve mujeres con su cinta m&eacute;trica al cuello. &ldquo;Yo era muy cr&iacute;a entonces, pero recuerdo que todas las j&oacute;venes de La Cueva iban por las tardes a esa casa a aprender a coser&rdquo;, dice Encarnaci&oacute;n, tambi&eacute;n modista, que recalca que &ldquo;en ese momento era lo &uacute;nico que hab&iacute;a para hacer&rdquo;.
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            <span class="title">
                Un grupo de soldados en torno a una mesa y un botijo.                            </span>
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        En el reverso de la foto se lee &ldquo;recuerdos de las chicas del corte&rdquo;. Mar&iacute;a Luisa, la hija de la modista, es una de las tres que a&uacute;n siguen vivas. &ldquo;Tiene 94 a&ntilde;os, y su padre era conocido como el t&iacute;o Juan de la Justa&rdquo;, contin&uacute;a Encarnaci&oacute;n. A tan solo un kil&oacute;metro de su casa, ahora tan alejadas por el coronavirus, con ella ha compartido conversaciones y confidencias.
    </p><p class="article-text">
        An&eacute;cdotas de paisajes comunes entre bancales y aperos. Los cultivos y las plantaciones de limoneros y naranjos, esos mosaicos coloridos por el verde de las hortalizas y los frutales y el amarillo deslumbrante del vinagrillo.
    </p><p class="article-text">
        Del valle siempre dominado por el monte coronado en esos a&ntilde;os por el Cristo, que se inaugur&oacute; en 1951, la se&ntilde;a de identidad de esta pedan&iacute;a junto a la imagen tan pintoresca del cabezo vac&iacute;o de La Cueva, como desdentado, con las entra&ntilde;as al aire de la antigua cantera de la que se extrajeron hasta 1968 las piedras para los cimientos de las casas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Varios hombres en la barbería.                            </span>
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        Las detonaciones se o&iacute;an a varios kil&oacute;metros, dando paso al trinar de mirlos, gorriones, t&oacute;rtolas, abubillas, carboneros y verderones. Tambi&eacute;n se escuchaba el agua correr en las acequias y azarbes, esas arterias de una tierra salpicada de palmeras, granados, olivares, cipreses y pinos carrascos.
    </p><p class="article-text">
        De moreras, higueras y olmos en el margen de los brazales, cuando la p&oacute;lvora se entremezclaba con el olor a menta, c&iacute;tricos y jazmines. El aroma intenso en las manos al tocar la &lsquo;al&aacute;bega&rsquo; de las macetas de barro que custodiaban el hogar. Escenas cotidianas que a Encarnaci&oacute;n la transportan a su ni&ntilde;ez, y con las que tantos otros se sentir&aacute;n identificados. Porque son testimonios del recuerdo de nuestros abuelos, padres y t&iacute;os, patrones de memoria familiar que son adem&aacute;s un acervo colectivo y social determinante para la construcci&oacute;n de las identidades.
    </p><p class="article-text">
        La fotograf&iacute;a tiene la capacidad de recuperar una &eacute;poca perdida. Es una forma de rescatar un ecosistema de emociones, con los olores y los sonidos de una forma de vivir. Clara Alarc&oacute;n, historiadora y t&eacute;cnico de cultura en el museo, lo llama &ldquo;patrimonio sensorial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este legado rescatado deja entrever tambi&eacute;n las costuras de la posguerra, la penuria y la escasez de aquellos a&ntilde;os del hambre, una d&eacute;cada bisagra entre el estancamiento de los &ldquo;aut&aacute;rquicos&rdquo; 40 y los &ldquo;desarrollistas&rdquo; 60. Los burros y las mulas iban dejando paso al peregrinaje a la costa en un cargado hasta los topes Seat 600, que empezaba a despuntar entre los m&aacute;s pudientes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Miembros de la familia de Los Chavos en la playa                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En la sexta foto parte de la familia de Los Chavos est&aacute; en la playa. Cuatro mujeres con unos ba&ntilde;adores sobrados de tela y el padre de Carmen, a quien iba destinada la postal de San Fernando. Fue la primera imagen que vio Didi Villas Gonz&aacute;lez. Despu&eacute;s identific&oacute; la letra de su t&iacute;o Miguel Gonz&aacute;lez, que result&oacute; ser el marinero, que en realidad iba para cura.
    </p><p class="article-text">
        Estaba en un seminario en Ceheg&iacute;n cuando tuvo que realizar el servicio militar en C&aacute;diz. Desde all&iacute; escribi&oacute; a sus vecinos de su querida Orilla del Azarbe. Despu&eacute;s hizo su vida en el Reino Unido. Se cas&oacute;, tuvo hijos y abri&oacute; un precioso hotel sobre un acantilado en Gales, donde muri&oacute; el a&ntilde;o pasado con 84 a&ntilde;os. Cuenta su sobrina que nunca perdi&oacute; sus ra&iacute;ces: &ldquo;Mantuvo un v&iacute;nculo estrecho con Murcia, lugar al que ven&iacute;a cada a&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Casi como quien mete un mensaje en una botella y la tira al mar, Yeniffer Galeano envi&oacute; al museo este material para que no se perdiera ni cayera en el olvido. Hab&iacute;a vivido en Casillas, donde hered&oacute; una caja con recuerdos de gente que no conoc&iacute;a y aun as&iacute; los llev&oacute; consigo cuando se mud&oacute; a Jerte. A ella, que es paraguaya y desde hace 15 a&ntilde;os reside en Espa&ntilde;a, esas im&aacute;genes de otro tiempo le parec&iacute;an tan &ldquo;lindas&rdquo; que las preserv&oacute; durante dos a&ntilde;os.
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                Sobre de la carta enviada desde Jerte al museo.                            </span>
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        En opini&oacute;n de Clara, es un ejemplo de &ldquo;la sensibilidad que tienen algunas personas con el patrimonio, y es la manera en que este debe conservarse&rdquo;. Seg&uacute;n explica, &ldquo;cualquier elemento que llegue a nuestras manos, por peque&ntilde;o que sea, tiene algo detr&aacute;s que hay que investigar y catalogar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Yeniffer se alegra de que el museo ya las haya incorporado a su colecci&oacute;n Ephemera, esos materiales fr&aacute;giles producidos para un corto periodo de tiempo &ndash;ef&iacute;meros&ndash;, que incluye postales, estampas y tarjetas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Guardamos la memoria de los objetos y tambi&eacute;n de la gente&rdquo;, indica Clara, que cree que &ldquo;la identidad del territorio est&aacute; en cosas como estas&rdquo;, y as&iacute; es como varias manos han ido hilvanando el pasado para tejer una historia colectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Loreto Mármol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/serendipia-historica-marinero-iba-cura-remiendos-chicas-corte_130_7234747.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Feb 2021 20:47:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Serendipia histórica: el marinero que iba para cura y remiendos de las chicas del corte]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[El carcelero que dio un trato de favor a Primo de Rivera en la prisión y acabó siendo ejecutado por el régimen franquista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/carcelero-dio-trato-favor-primo-rivera-prision-acabo-ejecutado-regimen-franquista_1_6467067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/445ca43b-43c3-46d9-8d3a-219c3397e9ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El carcelero que dio un trato de favor a Primo de Rivera en la prisión y acabó siendo ejecutado por el régimen franquista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Molins era el administrador de la prisión de Alicante el día que se produjo el golpe militar así como los previos y posteriores. En el proceso judicial se constató un entramado desde las sombras para apoyar a los militares sublevados contra la República que perduró al menos hasta el 16 de agosto. El fiscal lo acusó de conceder a los hermanos Primo de Rivera "un medio seguro y eficaz para que comunicasen libremente con personas y comisiones de carácter político"</p></div><p class="article-text">
        La historia de Miguel Molins, funcionario del cuerpo de prisiones del Estado en una &eacute;poca tan convulsa como la guerra civil, est&aacute; llena de tintes inquietantes y claroscuros. Su figura ha pasado desapercibida y hasta sepultada por la propaganda y la construcci&oacute;n de los mitos en torno a Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Espa&ntilde;ola, y Federico Servet, jefe provincial de la organizaci&oacute;n fascista en Murcia, aunque fue clave en los destinos de ambos.
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o m&aacute;s, en el aniversario del fusilamiento, un 20 de noviembre de 1936, de quien se convertir&iacute;a a los pocos d&iacute;as en Jos&eacute; Antonio, &ldquo;el ausente&rdquo;, s&iacute;mbolo oficial y santo patrono de la dictadura, se abre el debate sobre si fue una v&iacute;ctima de la contienda o uno de sus promotores. &ldquo;Una de las falsedades que se repite hasta la saciedad es la del martirio de un h&eacute;roe que fue ejecutado por odio y venganza; sin embargo, es un hecho constatado que el proceso judicial fue respetuoso con la legalidad vigente&rdquo;, advierte el investigador Floren Dimas, de la Asociaci&oacute;n Archivo, Guerra y Exilio y miembro de la Federaci&oacute;n de Asociaciones de Memoria Hist&oacute;rica de la Regi&oacute;n de Murcia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su opini&oacute;n, el juicio fue esclarecedor en cuanto a su papel en el golpe de Estado perpetrado por un grupo de militares entre el 17 y el 18 de julio y su estrecha colaboraci&oacute;n con el resto de elementos represivos del llamado Glorioso Movimiento Nacional: &ldquo;Las pruebas de su cooperaci&oacute;n con el alzamiento son muy numerosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El l&iacute;der falangista, que ya hab&iacute;a estado en la c&aacute;rcel en dos ocasiones por protagonizar diversos altercados, ingres&oacute; el 14 de marzo de 1936 en la Modelo de Madrid por posesi&oacute;n il&iacute;cita de armas, coincidiendo adem&aacute;s con que el Gobierno acababa de declarar ilegal la formaci&oacute;n de corte fascista que hab&iacute;a fundado en 1933, y el 5 de junio lo trasladaron a la prisi&oacute;n de Alicante, donde lo juzgaron junto a su hermano Miguel y la mujer de este, Margarita Larios, por un delito de rebeli&oacute;n.&nbsp;
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                Expediente procesal de Miguel Molins en la prisión provincial de Murcia                            </span>
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        &ldquo;No os voy a decir hip&oacute;critamente que no me hubiera sumado a la rebeli&oacute;n. Creo que en ocasiones es l&iacute;cita y la &uacute;nica salida de un periodo angustioso&rdquo;, admiti&oacute; en la vista oral que se celebr&oacute; en noviembre. No obstante, su defensa, que realiz&oacute; &eacute;l mismo, se bas&oacute; en que no pudo preparar ni intervenir en la insurrecci&oacute;n al seguir entre rejas cuando Franco y los suyos se levantaron en armas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es ah&iacute; donde entra en juego Molins, casi desconocido hasta hoy, &ldquo;a pesar de que sentarse en el banquillo junto a Primo de Rivera no es un hecho intrascendente&rdquo;, apunta Dimas. No lo es porque fue procesado por propiciar un r&eacute;gimen penitenciario laxo que le permiti&oacute; dirigir desde la c&aacute;rcel los hilos y tejemanejes para suplantar el r&eacute;gimen republicano por otro fascista. En palabras del investigador, &ldquo;le dio todo tipo de facilidades para que su celda se convirtiera en el Estado Mayor falangista de la sublevaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Molins era el administrador de la prisi&oacute;n de Alicante el d&iacute;a que se produjo el golpe militar as&iacute; como los previos y posteriores. En el proceso judicial se constat&oacute; un entramado desde las sombras para apoyar a los militares sublevados contra la Rep&uacute;blica que perdur&oacute; al menos hasta el 16 de agosto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El fiscal lo acus&oacute; de conceder a los hermanos Primo de Rivera &ldquo;un medio seguro y eficaz para que comunicasen libremente con personas y comisiones de car&aacute;cter pol&iacute;tico que les visitaban, pudiendo tramar y convenir todo lo relativo al movimiento subversivo, llegando hasta dejar circular sin censurar m&uacute;ltiple correspondencia y d&aacute;ndoles facilidades con ello para sus fines revolucionarios; hostilidad y alzamiento que culmina en la actual tragedia de la rebeli&oacute;n que tan horrendos cr&iacute;menes est&aacute; produciendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Molins admiti&oacute; que consent&iacute;a ciertas anomal&iacute;as por acatar &oacute;rdenes de un superior: &ldquo;Cumpl&iacute; con mi deber; me era violento enmendar la plana de mi jefe&rdquo;, explic&oacute; Molins, porque &ldquo;es costumbre en los interinos no alterar las normas de los propietarios mientras dure la interinidad&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En realidad, era el director accidental en sustituci&oacute;n hasta el 24 de julio, primero por enfermedad y despu&eacute;s por vacaciones, de Teodorico Serna, que hab&iacute;a dejado indicaciones para que &ldquo;se les dispensara un trato de favor y que se tuviera con ellos toda clase de consideraciones&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los testimonios de otros cuatro funcionarios de la prisi&oacute;n, tambi&eacute;n procesados, respaldaron la versi&oacute;n de que los Primo de Rivera conspiraron con el consentimiento de Serna, quien le hab&iacute;a dicho al oficial Joaqu&iacute;n Samper que no los vigilara: por ser &ldquo;personas de confianza&rdquo;, &ldquo;esos ojos se los coloca usted en el occipital&rdquo;. Algo similar describi&oacute; Abundio Gil, que recibi&oacute; las instrucciones de &ldquo;no molestarles en las celdas ni tomar parte en las conversaciones cuando salgan al patio&rdquo;.
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                    alt="Orden de traslado para su ejecución el 17 de noviembre de 1939"
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            <span class="title">
                Orden de traslado para su ejecución el 17 de noviembre de 1939                            </span>
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        Molins manifest&oacute; tener la convicci&oacute;n de que dirigieron el movimiento en la provincia y en todo el pa&iacute;s a trav&eacute;s de la correspondencia, ya que entraba y sal&iacute;a todo tipo de cartas sin censurar. Primo de Rivera envi&oacute; circulares a sus militantes, manifiestos a la prensa e instrucciones a mandos militares anim&aacute;ndolos a la acci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, el 13 de julio transmiti&oacute; una orden para concertar la acci&oacute;n de falangistas en Valencia, Alicante, Alcoy y Cartagena. Al general Mola, jefe de la conspiraci&oacute;n, con el que tuvo un permanente y repetido contacto, le mand&oacute; ese mismo d&iacute;a una carta en la que le ped&iacute;a acelerar la sublevaci&oacute;n, y este le inform&oacute; por medio de un oficial del d&iacute;a del alzamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a 15 entreg&oacute; a un colaborador un manifiesto con fecha del 17 en el que expresaba la participaci&oacute;n sin reservas de Falange en la rebeli&oacute;n, seg&uacute;n cuenta Paul Preston en &lsquo;Las derechas espa&ntilde;olas en el siglo XX: autoritarismo, fascismo y golpismo&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo hizo en muchos casos a trav&eacute;s de intermediarios de su confianza, porque Molins tampoco restringi&oacute; las visitas. Seg&uacute;n el auto del juez, recibi&oacute; m&aacute;s de 1.800 en 35 d&iacute;as sin que nadie controlase lo que all&iacute; se tramaba. Gil declar&oacute; que momentos antes de comenzar el movimiento subversivo hab&iacute;an tenido hasta 180.
    </p><p class="article-text">
        El oficial Francisco Perea afirm&oacute; que el reglamento de prisiones hab&iacute;a sido &ldquo;vulnerado, dejado de lado o soslayado&rdquo;. Adem&aacute;s de numerosas cartas, se&ntilde;al&oacute; que tambi&eacute;n llegaron paquetes hasta el 4 de agosto, cuando se le encarg&oacute; la censura de la correspondencia, una medida que, en su opini&oacute;n, ya sab&iacute;a Primo de Rivera a los pocos minutos de darse la orden.
    </p><p class="article-text">
        No fue hasta mediados de ese mes que se realizaron m&aacute;s registros, una vez que tom&oacute; las riendas de la c&aacute;rcel Adolfo Crespo. Se descubrieron en las celdas de los hermanos dos pistolas con cargadores y municiones, adem&aacute;s de un mapa en el que hab&iacute;an se&ntilde;alado con l&aacute;piz azul y rojo la distribuci&oacute;n de los frentes.
    </p><p class="article-text">
        Dice Julio Gil Pecharrom&aacute;n en &lsquo;Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera. Retrato de un visionario&rsquo; que, con el cambio de director y a ra&iacute;z de las protestas de otros reclusos por los privilegios que los hermanos disfrutaban, pasaron a una situaci&oacute;n de incomunicaci&oacute;n, sin prensa, radio ni correo. &ldquo;Es decir, casi un mes despu&eacute;s del levantamiento fascista&rdquo;, recuerda Dimas.
    </p><p class="article-text">
        El historiador Joan Maria Thom&agrave;s es categ&oacute;rico: &ldquo;Jos&eacute; Antonio hab&iacute;a participado en la gestaci&oacute;n del golpe y hab&iacute;a implicado a la Falange de pleno&rdquo;. A su juicio, pretendi&oacute; ser &ldquo;un l&iacute;der de masas mesi&aacute;nico&rdquo; y llevar &ldquo;la pesada carga -autoasumida- de salvar a Espa&ntilde;a&rdquo;, porque &ldquo;estaba convencido de contar con el diagn&oacute;stico y la receta para resolver los problemas del pa&iacute;s y detener la revoluci&oacute;n destructora, no ya de la naci&oacute;n, sino de la propia civilizaci&oacute;n cristiana occidental&rdquo;, argumenta en &lsquo;Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera y el Frente Popular&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde el primer d&iacute;a de la sublevaci&oacute;n los falangistas estuvieron ah&iacute;&rdquo;, coincide &Aacute;ngel Vi&ntilde;as, que en &lsquo;&iquest;Qui&eacute;n quiso la Guerra Civil?<em>&rsquo; </em>revela que Primo de Rivera pudo estar en las conspiraciones que se iniciaron nada m&aacute;s proclamarse la Rep&uacute;blica, el 14 de abril de 1931, para destruir el Estado democr&aacute;tico. Ya en noviembre del 35 plante&oacute; la necesidad de un golpe para hacer frente a &ldquo;una amenaza de un sentido ruso, contradictoria con toda manera occidental, cristiana y espa&ntilde;ola de entender la existencia&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 4 de mayo de 1936 en su &lsquo;Carta a los militares de Espa&ntilde;a&rsquo; ped&iacute;a a los oficiales que se unieran al golpe ante la inminente disgregaci&oacute;n del pa&iacute;s en m&uacute;ltiples rep&uacute;blicas sovi&eacute;ticas. Despu&eacute;s &ldquo;intent&oacute; desde la c&aacute;rcel de Alicante conseguir del general Mola la promesa de que entregara el poder a &eacute;l y su organizaci&oacute;n una vez hubiese triunfado el golpe. No la logr&oacute;&rdquo;, contin&uacute;a Thom&agrave;s.
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                    alt="Escrito de Molins, el 7 de junio de 1939, pidiendo al director de la prisión audiencia personal y reservada"
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            <span class="title">
                Escrito de Molins, el 7 de junio de 1939, pidiendo al director de la prisión audiencia personal y reservada                            </span>
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        Tras el fracaso golpista y el estallido de la contienda fratricida, trat&oacute; de detenerla desde la prisi&oacute;n, ofreci&eacute;ndose en agosto para convencer a los generales y crear un Gobierno de coalici&oacute;n. El plan fue rechazado. &ldquo;No sabemos a&uacute;n hoy los motivos de su s&uacute;bito cambio de actitud. Es un interesante debate hist&oacute;rico&rdquo;, prosigue Thom&agrave;s. Quiz&aacute; algo tuviera que ver que no consiguiera jugar un papel central en la nueva situaci&oacute;n pol&iacute;tica y el hecho de quedar atrapado en zona republicana, tras varios intentos fracasados de liberarle antes de la guerra y una vez iniciada.
    </p><p class="article-text">
        Controvertido y contradictorio, al mismo tiempo que barruntaba proyectos para unir a todos los espa&ntilde;oles, los militantes de su partido, dirigidos con entusiasmo por sus jefes provinciales, estaban exterminando a los rivales pol&iacute;ticos de cualquier nivel. &ldquo;Lo que verdaderamente lo conden&oacute; era que muchos combatientes franquistas, en nombre de Falange, estaban cometiendo cr&iacute;menes atroces en la retaguardia, y era muy dif&iacute;cil probar que su l&iacute;der m&aacute;ximo no tuviera nada que ver&rdquo;, sentencia Dimas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El jurado deliber&oacute; durante cuatro horas y acept&oacute; todos los cargos del fiscal. El veredicto lleg&oacute; en la madrugada del 18 de noviembre: Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera fue condenado a la pena de muerte por rebeli&oacute;n militar, su hermano Miguel a 30 a&ntilde;os de reclusi&oacute;n por ser su colaborador y Larios, como agente de enlace, a seis a&ntilde;os y un d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Retiraron la acusaci&oacute;n contra Molins, al igual que contra los otros funcionarios procesados, pero no pudo zafarse de un segundo juicio, esta vez encausado por el r&eacute;gimen franquista. Lo detuvieron poco despu&eacute;s de acabada la guerra, el 28 de mayo de 1939, e ingres&oacute; en la prisi&oacute;n provincial de Murcia, de la que hab&iacute;a sido director.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De nada le valieron los servicios prestados a la causa nacional por sus favores a Primo de Rivera mientras estuvo en la c&aacute;rcel alicantina. Tampoco le sirvi&oacute; dar un trato benigno al l&iacute;der falangista Servet, cuando este ingres&oacute; en el penal murciano en mayo del 36. &ldquo;Molins, haciendo la vista gorda, gener&oacute; un ambiente de compadreo que incluso propici&oacute; que el preso protagonizara una fuga rocambolesca&rdquo;, explica Dimas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el levantamiento de Falange en la provincia, Servet volvi&oacute; a la celda en septiembre. Lo condenaron por un delito de rebeli&oacute;n a la pena de muerte junto a otros nueve cabecillas. El d&iacute;a 13 un intento de asalto precipit&oacute; los acontecimientos. Una muchedumbre, incluyendo a milicianos y mineros dispuestos a volar las puertas de la c&aacute;rcel, se agolpaba en los alrededores para clamar justicia. Se estaban dictando sentencias muy moderadas pese a la gravedad de los delitos. Tem&iacute;an que indultaran a los golpistas. La gente ped&iacute;a un escarmiento ejemplar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a noticias de cr&iacute;menes atroces en otras provincias. Empezaba a llegar una ola de refugiados y se toma conciencia de que era una guerra. Dimas describe que en esos momentos en la C&aacute;rcel Vieja reinaba un ambiente de tensi&oacute;n extrema: &ldquo;Hab&iacute;a tal grado de exaltaci&oacute;n que era dif&iacute;cil de contener&rdquo;. Molins se vio acorralado y aprisionado por las circunstancias. Para evitar una reyerta contra civiles y una masacre, acab&oacute; ordenando el fusilamiento de los 10 reos, aun estando la sentencia pendiente del &ldquo;enterado&rdquo; del Gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos sucesos desataron una represi&oacute;n brutal de la que el director de la c&aacute;rcel tampoco pudo escapar. Seg&uacute;n Dimas, a tenor de la documentaci&oacute;n judicial del Archivo Naval de Cartagena, en su sumar&iacute;simo de urgencia &ldquo;se inventaron una escena bufa propia de un teatrillo, y as&iacute; se fue construyendo el mito del h&eacute;roe [Servet] dispuesto a dar la vida por sus correligionarios, teji&eacute;ndose al mismo tiempo las acusaciones contra Molins como un feroz sanguinario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo ejecutaron el 17 de noviembre del a&ntilde;o de la victoria. Sus restos se encuentran en la gran fosa com&uacute;n del cementerio de Espinardo que alberga a otros 376 republicanos fusilados entre 1939 y 1948.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Loreto Mármol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/carcelero-dio-trato-favor-primo-rivera-prision-acabo-ejecutado-regimen-franquista_1_6467067.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Nov 2020 05:00:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El carcelero que dio un trato de favor a Primo de Rivera en la prisión y acabó siendo ejecutado por el régimen franquista]]></media:title>
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