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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jorge Díaz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jorge-diaz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jorge Díaz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Habitar en la incertidumbre y el cambio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/habitar-incertidumbre-cambio_1_6468867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef525a0f-c610-484b-a457-a0714be5f8c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Habitar en la incertidumbre y el cambio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">CIUDADES IN_VISIBLES</p></div><p class="article-text">
        La vivienda, el hogar, es el santuario del individuo, el espacio donde se desarrolla la m&aacute;xima expresi&oacute;n de la vida privada e &iacute;ntima del ser humano. Es el espacio donde confluye la mayor parte de nuestras experiencias vitales y con mayor impacto en nuestras vidas. Es el lugar que compartimos con las personas a las que queremos, que est&aacute;n en nuestras vidas en los buenos y malos momentos. Ese espacio que necesitamos personalizar y hacer nuestro, y que en buena parte nos define. Las condiciones del hogar y del entorno donde se ubica son determinantes en nuestro bienestar y calidad de vida.
    </p><p class="article-text">
        El h&aacute;bitat, definido en t&eacute;rminos de ecolog&iacute;a, es el &ldquo;lugar de condiciones apropiadas para que viva un organismo o especie&rdquo;. Y nos preguntamos: &iquest;son nuestras viviendas los mejores lugares posibles para habitar?
    </p><p class="article-text">
        El encierro obligatorio al que nos hemos visto obligados en la fase inicial de la pandemia ha sacado a la luz cuestiones de calado que necesitan de un cambio estructural, que afecta a la vivienda y a su entorno cercano, el vecindario. Ha sido afectada nuestra privacidad, limitado el contacto social, y nos hemos visto obligados en muchos casos al hacinamiento. Al mismo tiempo, la vivienda se convert&iacute;a en el lugar de trabajo y estudio de los miembros de la familia, con las cocinas a pleno rendimiento y los dormitorios convertidos en gimnasios improvisados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n nos ha llevado inevitablemente a pensar en c&oacute;mo queremos que sean los lugares en los que presumiblemente pasaremos m&aacute;s tiempo de ahora en adelante, y nos obliga a reflexionar sobre qu&eacute; nuevas necesidades se generan a partir de ahora. Estos momentos deben ser la oportunidad para reflexionar sobre la arquitectura dom&eacute;stica desde una perspectiva que va m&aacute;s all&aacute; de satisfacer unas necesidades b&aacute;sicas de habitabilidad (iluminaci&oacute;n, ventilaci&oacute;n, accesibilidad, etc&eacute;tera). Y, adem&aacute;s, entender que este confinamiento no est&aacute; necesariamente unido a momentos como los actuales. Muchos ciudadanos sufren a diario esta situaci&oacute;n, personas con problemas de movilidad, enfermedad y situaci&oacute;n de dependencia en general.
    </p><p class="article-text">
        El debate actual sobre la vivienda hay que abrirlo a otros campos m&aacute;s all&aacute; que el del estricto dise&ntilde;o arquitect&oacute;nico. Repensar la vivienda desde el individuo, y desde una satisfacci&oacute;n residencial que no puede ser entendida &uacute;nicamente desde las condiciones de la vivienda, sino desde el entorno donde se ubica, el edificio y el vecindario.
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;cleo familiar en la sociedad occidental ha evolucionado de una manera dr&aacute;stica en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La sociedad actual es heterog&eacute;nea como primera definici&oacute;n. Los nuevos modelos de familia se imponen. Sin embargo, la vivienda como producto de compraventa acabado se ha estandarizado cada vez m&aacute;s. En este sentido, se podr&iacute;a decir que no ha habido una evoluci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre el tipo de familia y los espacios que habitan. Esta situaci&oacute;n lleva a una constante adaptaci&oacute;n de nuestro modo de vida a la vivienda, a falta de viviendas adaptadas a nuestra manera de habitar.
    </p><p class="article-text">
        Esta vivienda est&aacute;ndar se aloja en un edificio donde las zonas comunes se ci&ntilde;en a un reducido portal donde se localiza el n&uacute;cleo de comunicaci&oacute;n. Desaparecen los espacios de convivencia vecinal, la relaci&oacute;n con los vecinos y el sentimiento de pertenecer a una comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Tras los momentos disruptivos, surge el cambio, y nos encontramos en una coyuntura adecuada, desde el punto de vista tecnol&oacute;gico, para abordarlos.
    </p><p class="article-text">
        El dise&ntilde;o de la residencia, que ya incorpora entre sus objetivos fundamentales la salubridad y la habitabilidad, ha de dar un paso m&aacute;s all&aacute;. Las diferentes configuraciones de los nuevos tipos de familia hacen necesario incorporar en la coctelera nuevas cuestiones no explotadas: polivalencia, versatilidad, flexibilidad, sostenibilidad, potenciar relaciones de igualdad y propiciar el vivir en comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Ya no se puede plantear una soluci&oacute;n &uacute;nica de vivienda tipo para dar respuesta a las expectativas de las personas, porque los diferentes modos de vida se han ampliado en gran medida. Debemos tender a dise&ntilde;ar viviendas flexibles, con espacios que se puedan adaptar a las necesidades de los individuos. Huir de la vivienda est&aacute;ndar acabada &ldquo;llave en mano&rdquo; e ir hacia espacios vers&aacute;tiles y personalizables. Este planteamiento permite sobrellevar mejor los imprevistos y la incertidumbre, como los vividos este &uacute;ltimo a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las exigencias de nuevos espacios para el teletrabajo, el deporte en casa, y espacios exteriores, sin incrementar la superficie de la vivienda, obligan a la flexibilizaci&oacute;n. La localizaci&oacute;n de las piezas fijas, ba&ntilde;os y cocinas, y la dimensi&oacute;n y proporci&oacute;n del resto del espacio es clave. La fachada m&oacute;vil y permeable, conformada a base de pieles, como elemento generador de una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica entre interior/exterior. La vivienda entendida como un espacio &ldquo;en bruto&rdquo;, que el usuario configure con la incorporaci&oacute;n de capas, aquellas que le sean necesarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El plano del suelo y de la cubierta son los espacios para la comunidad. La cubierta es espacio de oportunidad, espacio vivible para el acercamiento social de la vecindad. Es el espacio para los huertos urbanos, barbacoas, sol&aacute;riums&hellip; El suelo es el espacio funcional, donde ubicar usos compartidos, salas polivalentes, espacios comunes de trabajo, almacenes, lavander&iacute;as, etc&eacute;tera. El objetivo es fomentar la experiencia colectiva, apostando por una mayor convivencia, colaboraci&oacute;n y solidaridad entre vecinos.
    </p><p class="article-text">
        Vivir en la incertidumbre obliga a planteamientos flexibles, vers&aacute;tiles y polivalentes, tanto en las viviendas como en los edificios que las albergan. Proyectos capaces de adaptarse a los cambios y, por tanto, resilientes. Viviendas para habitar en comunidad y en bienestar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raquel Guanche, Jorge Díaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/habitar-incertidumbre-cambio_1_6468867.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Nov 2020 18:16:01 +0000]]></pubDate>
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