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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carmen Valeria Escobar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carmen-valeria-escobar/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carmen Valeria Escobar]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De fábrica textil a espacio feminista: trabajadoras salvadoreñas se defienden ante los despidos por la pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/fabrica-textil-espacio-feminista-trabajadoras-salvadorenas-defienden-despidos-pandemia_130_6474406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb9349e7-2534-46b4-a128-c9b3f0c441cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De fábrica textil a espacio feminista: trabajadoras salvadoreñas se defienden ante los despidos por la pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras un despido sin indemnización, un grupo de trabajadoras se convirtió en un caso excepcional en El Salvador. Ocuparon su lugar de trabajo para exigir la deuda que los dueños se niegan a pagar después de cerrar la empresa y acabaron convirtiendo la fábrica textil en un lugar de aprendizaje con enfoque de género</p></div><p class="article-text">
        La maquila Florenzi ya no es maquila. Desde el 8 de julio del 2020, Industrias Florenzi es una f&aacute;brica textil tomada por sus trabajadoras. Las mujeres que durante a&ntilde;os marcaron su entrada en jornadas de ocho horas por un sueldo m&iacute;nimo, ahora pasean por la f&aacute;brica desierta que han hecho temporalmente suya.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las m&aacute;quinas de coser, los hilos, los botones y las prendas dejaron de ser materiales de trabajo para producir blusas Pierre Cardin. Son rehenes de las nuevas jefas de Industrias Florenzi. La nave es un campamento, donde 113 extrabajadoras resisten para recibir las compensaci&oacute;n que les corresponde. La f&aacute;brica permanecer&aacute; bajo su control hasta que el propietario les pague su indemnizaci&oacute;n, prestaciones laborales y&nbsp; los cuatro meses de salarios que les debe.&nbsp;Sino, ir&aacute;n a las cortes y buscar&aacute;n quedarse legalmente con la f&aacute;brica. Negocian sin contraparte. Pese a las denuncias, la demandas y la toma de sus instalaciones, el due&ntilde;o no responde.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 18 de marzo, el presidente Nayib Bukele orden&oacute; el cierre durante cuatro meses de las 152 maquilas (f&aacute;bricas textiles que importan sus productos sin pagar aranceles y los comercializan en el pa&iacute;s de origen de la materia prima, generalmente EEUU) y <em>call centers</em> de El Salvador por su alta concentraci&oacute;n de trabajadores.&nbsp;A diferencia de Honduras y Guatemala, el trabajo de las f&aacute;bricas textiles no fue considerado esencial, lo que forz&oacute; a las f&aacute;bricas a detener operaciones, retrasar la producci&oacute;n y pagar salarios mientras durase la emergencia. Muchas maquilas no cumplieron con los pagos. Entre ellas Industrias Florenzi.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Las mujeres de Florenzi permanecen las 24 horas del día haciendo guardia en la entrada y en el interior de la fábrica."
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                Las mujeres de Florenzi permanecen las 24 horas del día haciendo guardia en la entrada y en el interior de la fábrica.                            </span>
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        Esta maquila oper&oacute; 35 a&ntilde;os en Soyapango, un municipio industrial del &aacute;rea metropolitana de San Salvador. La empresa no resisti&oacute; el cierre temporal obligatorio y el 8 de julio una gerente anunci&oacute; a las m&aacute;s de doscientas empleadas que Florenzi estaba en quiebra. Hasta entonces, contaba con clientes como la marca de uniformes sanitarios Grey's Anatomy by Barco y la de ropa de dise&ntilde;o Pierre Cardin. Tambi&eacute;n subarrendaba a otras empresas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Industrias Florenzi es parte de un complejo extenso compuesto por tres naves. En Soyapango, en el &aacute;rea metropolitana de El Salvador. En la primera, la m&aacute;s grande, las 210 empleadas trabajaban durante ocho horas diarias en corte y confecci&oacute;n, carga y empaquetado de blusas formales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el nacimiento de Florenzi se vieron involucradas personas importantes en la vida social y pol&iacute;tica salvadore&ntilde;a. Durante su primer a&ntilde;o de funcionamiento, Carlos Humberto Henr&iacute;quez,&nbsp;fue el apoderado judicial de la maquila. Durante 2014-2017, fue director de la junta directiva de la Comisi&oacute;n Ejecutiva Hidroel&eacute;ctrica del R&iacute;o Lempa (CEL). La CEL es una empresa estatal que genera energ&iacute;a el&eacute;ctrica a trav&eacute;s de la explotaci&oacute;n del R&iacute;o Lempa, el r&iacute;o m&aacute;s grande de El Salvador y la geotermia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El due&ntilde;o y representante legal de Florenzi fue Roberto Pineda, quien muri&oacute; el 12 junio de 2020, en medio de la pandemia. A&ntilde;os atr&aacute;s, tambi&eacute;n fue director del Club Campestre Cuscatl&aacute;n, el club social m&aacute;s exclusivo de El Salvador, donde la &eacute;lite se re&uacute;ne a jugar al golf.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la muerte de Letona, Florenzi qued&oacute; en manos de su hijo Sergio Pineda, quien hasta la fecha no se ha presentado a reunirse con las trabajadoras.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de m&uacute;ltiples correos y llamadas a Sergio Pineda, actual representante legal de Florenzi, se visit&oacute; la residencia de los Pineda Letona para pedirle una entrevista. La vivienda est&aacute; en las Lomas de San Francisco, una de las zonas m&aacute;s lujosas de El Salvador. El personal dom&eacute;stico se neg&oacute; a recibir la solicitud impresa. Hasta el cierre de este reportaje no se ha obtenido respuesta de Pineda.
    </p><p class="article-text">
        La familia Pineda, due&ntilde;a de la maquila, no pag&oacute; los cuatro meses de los salarios que le deb&iacute;an a las m&aacute;s de doscientas empleadas por la pandemia, ni la indemnizaci&oacute;n por los a&ntilde;os trabajados. Para compensar, les ofreci&oacute; una m&aacute;quina de coser marca Singer o Brother. 
    </p><p class="article-text">
        De ser nuevas, su coste rondar&iacute;a los 200 d&oacute;lares (165 euros). Pero las m&aacute;quinas llevaban m&aacute;s de 10 a&ntilde;os funcionando. Casi la mitad acept&oacute;. A otras las cuentas no les sal&iacute;an. Las que hicieron c&aacute;lculos fueron 113 mujeres. Ellas ganaban 300 d&oacute;lares al mes (248 euros), el salario m&iacute;nimo en El Salvador. Seg&uacute;n los c&aacute;lculos de ese grupo de empleadas, Industrias Florenzi les debe, solo en salarios, m&aacute;s de 500.000 d&oacute;lares (413.857 euros), por los &uacute;ltimos cuatro meses de trabajo de todas las trabajadoras.&nbsp;
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                Durante el mes de agosto hombres vestidos de policías trataron de sacar las máquinas e insumos guardados en la fábrica.                            </span>
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        El 8 de julio, esas 113 mujeres no solo empezaron una lucha legal. Tambi&eacute;n se apropiaron del plan estatal lanzado por el partido Arena en los a&ntilde;os 90. La clave del grupo pol&iacute;tico de derecha fue utilizar a las maquilas como uno de los&nbsp;grandes proyectos tras la guerra civil (1980-1992). La clave del entonces partido de gobierno fue reproducir el formato al que le apostaron todos los gobiernos centroamericanos: f&aacute;bricas textiles con incentivos fiscales como generadoras de empleo, a cambio de mano de obra barata. El negocio funcion&oacute; y hoy hay 17 zonas francas con exoneraci&oacute;n de impuestos, que generan m&aacute;s de 56.000 empleos. La mayor parte de la ropa producida por estas maquilas es importada por Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        La historia de Florenzi es la de unas mujeres que pelearon contra ese sistema neoliberal en donde los pobres cosen lo que los ricos visten. Sus exigencias conllevaron primero denuncias en el ministerio de Trabajo, la Fiscal&iacute;a y la Procuradur&iacute;a de Derechos Humanos. Pero el cambio frente al modelo de protesta laboral, heredado de los movimientos sociales salvadore&ntilde;os del siglo XX, fue el enfoque de g&eacute;nero que las 113 le dieron a la toma al aliarse para recibir talleres con asociaciones feministas locales.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>La primera de las 113</strong></h3><p class="article-text">
        Nery Ram&iacute;rez, de 40 a&ntilde;os, dedic&oacute; siete a&ntilde;os a Florenzi. Cos&iacute;a el cuello de las blusas Pierre Cardin. Como no le alcanzaba, en los almuerzos vend&iacute;a dulces para tener un ingreso extra.&nbsp;Ahora es la lideresa de las 113 mujeres. Su casa la usa para ba&ntilde;arse, lavar ropa o cambiarse. Por las noches, duerme con el resto de mujeres sobre colchonetas en los pasillos de Florenzi. El resto de su tiempo es una inversi&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Habitar la maquila no es c&oacute;modo. No tienen muebles y se organizan en bancas o sillas de pl&aacute;stico. Consigue platos de comida para los grupos de cinco mujeres que hacen guardia. El men&uacute; es casi invariable: caf&eacute;, huevos, frijoles, arroz y tortillas que preparan ellas en cocinas peque&ntilde;as y fogatas en la acera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La toma de Florenzi empez&oacute; por los derechos laborales de 113 mujeres y se convirti&oacute; en una lucha que las trabajadoras definen como feminista. Reciben charlas semanales gestionadas por colectivos feministas, como la organizaci&oacute;n Ormusa, que se adhirieron para darle enfoque de g&eacute;nero a su causa.&nbsp;&ldquo;Como hemos aprendido a romper patrones de violencia, muchas mujeres ahora entienden que no son objetos ni esclavas en el hogar y ahora los esposos ya no quieren que vengan&rdquo;,&nbsp; dice Nery Ram&iacute;rez.&nbsp;
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                    alt="Cuando fueron despedidas, el dueño de la maquila les ofreció como indemnización una máquina de coser."
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                Cuando fueron despedidas, el dueño de la maquila les ofreció como indemnización una máquina de coser.                            </span>
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        Nery Ram&iacute;rez pasa los d&iacute;as en la acera de la entrada a la f&aacute;brica: habla con abogados, periodistas o activistas y coordina v&iacute;veres y ayuda. No supera el metro y medio de estatura, morena y de cuerpo grueso. Siempre usa una camisa gris de manga larga bajo una camiseta dos tallas m&aacute;s grande. Es para evitar que la queme el sol. Usa gorras que esconden un pelo corto y un cubrebocas negro de tela. Cuida a las mayores y se preocupa por las que est&aacute;n m&aacute;s enfermas. Tambi&eacute;n es la encargada de la disciplina, las rega&ntilde;a si no cumplen sus tareas, como sacar el toldo bajo el que se sientan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n cuando hace chistes, la voz de la lideresa de las 113 nunca pierde un tono formal. Como si permanentemente estuviera dando declaraciones. Ese tono de voz lo ha entrenado desde 2006, cuando inici&oacute; como l&iacute;der sindical en otra maquila, de la cual tambi&eacute;n la despidieron sin compensaci&oacute;n salarial. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, la echaron de otra f&aacute;brica textil. Y, en 2020, de Florenzi.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conoce de memoria cada detalle de las trabajadoras y los recita cuando hace una denuncia p&uacute;blica. Habla de todas menos de ella. Esta ex sindicalista ve el cambio en sus compa&ntilde;eras: &ldquo;La vez pasada me cont&oacute; una que por primera vez le dijo a su familia que ya no era su cholera (empleada dom&eacute;stica); el esposo le dijo que le planchara la ropa y ella se neg&oacute;&rdquo;. Cuando cuenta la historia se r&iacute;e con orgullo. Ram&iacute;rez no solo dirige los turnos de guardia, la cocina y la limpieza, tambi&eacute;n&nbsp; las batallas legales de unas trabajadoras que afrontan la situaci&oacute;n decididas a marcar un precedente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las trabajadoras intentan no acercarse a las naves. Han hecho su espacio en la acera, frente a la calle y el pasillo de la entrada pero entran solo cuando es necesario. Las 113 son cuidadosas de no tocar nada. Las naves se mantienen cerradas e intactas desde el d&iacute;a en que tomaron la f&aacute;brica: cualquier da&ntilde;o a los materiales puede traerles peores consecuencias.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Maquileras y empoderadas</strong></h3><p class="article-text">
        En El Salvador, la movilizaci&oacute;n feminista contempor&aacute;nea ha estado m&aacute;s enfocada en la lucha por derechos reproductivos. Pero cuando Kayla C&aacute;ceres, de la asociaci&oacute;n Colectiva Amorales, se enter&oacute; de la situaci&oacute;n de Florenzi, se sinti&oacute; reflejada: su mam&aacute; y su hermana trabajaron en la misma maquilas a&ntilde;os atr&aacute;s. Su hermana a&uacute;n era menor de edad mientras trabajaba en la maquila.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        C&aacute;ceres llev&oacute; la historia a la Colectiva Amorales y el caso se empez&oacute; a mover entre agrupaciones feministas. Organizaciones como Ormusa y la Red de defensoras de derechos humanos se comenzaron a presentar de manera regular en la maquila hasta convertirse en sus mayores aliadas. As&iacute; las 113 se aprendieron a organizar en las protestas, a dar a conocer su caso y a entender la importancia del acompa&ntilde;amiento pol&iacute;tico.&nbsp;La mayor&iacute;a de las ex empleadas de Florenzi apenas hab&iacute;an o&iacute;do hablar de feminismo hasta que se cruzaron con Kayla C&aacute;ceres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 17 de agosto, alrededor de 40 exempleadas protestaron en contra del ministro de Trabajo, Rolando Castro. Alegaban que el ministro ha protegido al due&ntilde;o de la maquila y no a los intereses de las trabajadoras. Detuvieron el tr&aacute;fico en el centro de gobierno, una zona de oficinas de gobierno que aglutina a la mayor&iacute;a de ministerios, Procuradur&iacute;a General de la Rep&uacute;blica y Asamblea Legislativa. Se encuentra a pocos kil&oacute;metros del centro hist&oacute;rico de El Salvador, uno de los bulevares m&aacute;s transitados del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=x7xuc2b" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Con micr&oacute;fonos y pancartas, exig&iacute;an la renuncia del ministro y justicia en el caso. Sab&iacute;an d&oacute;nde protestar. Ah&iacute; la prensa conoci&oacute; a las trabajadoras de Florenzi. En medio de la divisi&oacute;n de la carretera, bajo los 30 grados de San Salvador, Nery Ram&iacute;rez tom&oacute; el micr&oacute;fono y con voz alta dijo: &ldquo;M&aacute;s violaciones a los derechos y al ministro Castro no lo ven. Nada ha cambiado, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n nuestros derechos? &iquest;solamente plasmados en los libros? Solo para gente pudiente y a nosotros no nos atienden. Mientras no alcemos nuestras voces, no nos vamos a dar a conocer&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las compa&ntilde;eras mov&iacute;an las pancartas, otras tomaban el micr&oacute;fono para tambi&eacute;n exigir las respuesta del ministro. Grupos feministas radicales encapuchadas, como el colectivo Majes Emputadas, gritaban consignas. C&aacute;ceres tambi&eacute;n las acompa&ntilde;aba y las trabajadoras coreaban con ellas. A su alrededor los carros les pitaron por el tr&aacute;fico que generaron, pero en&nbsp;dos horas de protesta, a una calle del ministerio de Trabajo, el ministro no sali&oacute; a recibirlas.
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                    alt="Con mantas y pancartas en rechazo al ministro de trabajo, las mujeres instalaron una carpa para pasar en guardia en la entrada de la fábrica."
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                Con mantas y pancartas en rechazo al ministro de trabajo, las mujeres instalaron una carpa para pasar en guardia en la entrada de la fábrica.                            </span>
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        &ldquo;El valor que uno tiene para tomar este tipo de acciones no es de cualquiera [...] Algo que me ha motivado y me ha dado coraje es la injusticia, porque es bastante indignante las condiciones en las que estamos viviendo. Esto no es nuevo y las autoridades lo callan&rdquo;, respondi&oacute; Ram&iacute;rez sobre por qu&eacute; decidi&oacute; organizar la protesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ministro Castro las acus&oacute; <a href="https://twitter.com/RolandoCastroSv/status/1301548446940364801" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en su cuenta de Twitter</a> de manipuladas y mentirosas. El pol&iacute;tico aleg&oacute; en la red social que nunca las ignor&oacute;. Dijo que las recibi&oacute; m&aacute;s de 15 veces. Las trabajadoras aseguran que solo fue una vez. Semanas despu&eacute;s, aclar&oacute; a Gato Encerrado que &eacute;l no las recibi&oacute;, que fueron varios integrantes de su equipo. Se desentendi&oacute; del caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Castro adujo que el Ministerio de Trabajo no ten&iacute;a &ldquo;las suficientes herramientas legales&rdquo; para ayudarlas y que el proceso ya estaba en los tribunales. Si el ministro hubiera atendido antes las exigencias de las 113, su protesta no habr&iacute;a llegado a etapa judicial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 28 de agosto, sucedi&oacute; un hito para el grupo de trabajadoras. C&aacute;ceres &mdash;la hija y hermana de ex maquileras&mdash; se sent&oacute; junto a Ram&iacute;rez en la comisi&oacute;n de trabajo de la Asamblea Legislativa para denunciar el caso ante un grupo de diputados. Gracias a las protestas en el centro de gobierno, diputados de distintas fracciones se acercaron a ella para escuchar sus exigencias y las invitaron a la comisi&oacute;n. El dictamen fue un&aacute;nime: recomendaban&nbsp; al ministro de Trabajo defender los derechos laborales de las trabajadoras.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las trabajadoras aprenden a decir &ldquo;no&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        El jueves 22 de septiembre, la ministra de Vivienda, Michelle Sol &mdash;a ra&iacute;z de la presi&oacute;n de las colectivas y la presi&oacute;n en redes sociales&mdash; se comprometi&oacute; a reunirse con las 113 trabajadoras, llevarles alimento y escucharlas. No lleg&oacute;. Envi&oacute; 90 bolsas junto con su equipo de v&iacute;deo, que tom&oacute; las fotograf&iacute;as para mostrar en redes sociales que su ministerio dio el donativo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras Nery Ram&iacute;rez observaba a sus compa&ntilde;eras hacer fila para recoger el alimento, reflexionaba en voz alta sobre el taller. La palabra 'sororidad' es la que m&aacute;s retumbaba en su cabeza por trabajar tan de la mano con tantas mujeres. Pero el feminismo es una palabra que todav&iacute;a le produc&iacute;a incomodidad. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para ser feminista, hay que prepararse antes de tomarse el derecho de llamarse as&iacute;. Debe de haber preparaci&oacute;n. Las compa&ntilde;eras cada vez est&aacute;n m&aacute;s empoderadas, luchando y defendiendo. Yo puedo decir que estoy 50% y 50%, porque me hace falta, pero esto es una lucha feminista porque las que llevamos la batuta ac&aacute; somos mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un mes despu&eacute;s, en una casa comunal, a unos metros de Florenzi, una trabajadora anotaba como una estudiante todo lo que el instructor dicta sobre accidentes laborales. Se llama Elsa Ch&aacute;vez , tiene 49 a&ntilde;os y labor&oacute; en Florenzi desde 1995. Hasta ahora, nunca hab&iacute;a escuchado sobre derechos laborales. Tras m&aacute;s de 20 a&ntilde;os en Industrias Florenzi, ahora asiste al taller. No lo dijo en la reuni&oacute;n, pero todas sus compa&ntilde;eras lo saben: cuando su hija menor ten&iacute;a 12 a&ntilde;os, fue violada por su padre. Ella lo denunci&oacute; y la ni&ntilde;a pari&oacute; un beb&eacute; con s&iacute;ndrome de down. Elsa se hizo madre por cuarta vez con el beb&eacute; de su hija.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando su nieto naci&oacute;, en 2012, Industrias Florenzi le dio un adelanto de su indemnizaci&oacute;n. El ni&ntilde;o de 13 a&ntilde;os es hoy su hijo menor. Industrias Florenzi le debe ocho a&ntilde;os de indemnizaci&oacute;n que se traducen en 2.400 d&oacute;lares (1.983 euros), sin contar sueldos restantes, fondo de pensiones y seguro social. Con ese dinero quiere cuidar a su nieto antes de jubilarse.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Algunas de las mujeres han emprendido sus propios negocios y así apoyan a las compañeras más necesitadas.                            </span>
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        Por personas como Elsa Ch&aacute;vez, Industrias Florenzi ha pasado de ser una maquila a un espacio de aprendizaje de derechos. Las asociaciones imparten a las exempleadas talleres de derechos laborales,&nbsp; g&eacute;nero, educaci&oacute;n y salud sexual, en los que se les insiste la importancia de chequeos m&eacute;dicos y ginecol&oacute;gicos. Algunas dicen que las ha ayudado a empoderarse a nivel personal y en su causa laboral. La mayor&iacute;a son mujeres que superan los 40 a&ntilde;os y a&uacute;n dudan en llamarse a s&iacute; mismas feministas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las concentraciones y protestas algunas bailan y corean a todo pulm&oacute;n: &ldquo;El patriarcado se va a caer&rdquo;. Otras lo hacen, pero con mucha verg&uuml;enza. Muchas no gritan, pero dicen que, aunque ellas no se identifiquen como feministas, la toma de la maquila es una lucha feminista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El entorno de Florenzi es principalmente femenino, la mayor&iacute;a son mujeres casadas, madres y abuelas. Los talleres han permitido crear espacios seguros para que muchas se identifiquen por primera vez como mujeres lesbianas o bisexuales en espacios c&oacute;modos. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que la mayor&iacute;a son mujeres adultas que provienen de hogares religiosos, muchas de las trabajadoras han encontrado espacios m&aacute;s c&oacute;modos y amorosos en la maquila que en sus casas. A Kayla C&aacute;ceres,&nbsp;de Colectiva Amorales, le impresiona ese proceso de reconocimiento de la diversidad sexual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otras mujeres han aprendido a reconocer situaciones de violencia y han conversado sobre el consentimiento sexual. En estos talleres descubrieron que pueden negarse cuando no quieren tener relaciones sexuales con sus maridos. Algunas no sab&iacute;an que negarse era una posibilidad.
    </p><p class="article-text">
        En cuatro meses, las 113 pusieron denuncias ante la Fiscal&iacute;a, ante el Ministerio de Trabajo, hicieron visitas a oficinas de gobierno y protestaron. Para las trabajadoras de Florenzi la toma es una lucha, a&uacute;n si eso significa pelear legalmente la maquila y quedarse con ella. Mientras resisten en los vestigios de lo que meses atr&aacute;s fue su lugar de trabajo, las m&aacute;quinas de coser retenidas acumulan polvo entre el equipo y la ropa que protegen como su &uacute;nica garant&iacute;a de justicia.
    </p><p class="article-text">
        Todas las trabajadoras se apoyan en Nery Ram&iacute;rez. A ella le comienza a pesar esa carga. En su casa, necesitan que comience a trabajar para pagar la luz y el agua. Esto sumado al silencio del due&ntilde;o de Florenzi, le estresa y desalienta. Algunas ya se comenzaron a rendir. Abandonaron la toma porque necesitaban apoyar en sus casas. Ellas pasan de vez en cuando y les llevan frutas, pollo o carne para ayudarles con el dinero que ahora ganan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De las 113, ahora quedan 106.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Valeria Escobar, Emerson Flores, Elsa Cabria, Ximena Villagrán, Oliver de Ros, Pablo J. Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/fabrica-textil-espacio-feminista-trabajadoras-salvadorenas-defienden-despidos-pandemia_130_6474406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Dec 2020 21:37:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De fábrica textil a espacio feminista: trabajadoras salvadoreñas se defienden ante los despidos por la pandemia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El Salvador,Feminismo,Industria textil,Precariedad laboral,Estados Unidos]]></media:keywords>
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