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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luis Ángel Sas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luis-angel-sas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luis Ángel Sas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Empleadas del gigante textil de Guatemala, golpeadas por defender sus derechos laborales en pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/empleadas-gigante-textil-guatemala-golpeadas-exigir-derechos-laborales-durante-pandemia_130_6476879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6245b37-eb9b-4f6c-808e-7c46a5e8f663_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Empleadas del gigante textil de Guatemala, golpeadas por defender sus derechos laborales en pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La compañía Winners, propiedad de la macroempresa surcoreana SA-E,  resultó ser el escenario de una paliza y del despido de tres mujeres sindicalistas.</p></div><p class="article-text">
        La l&iacute;der sindical dice que cerr&oacute; los ojos. Se aferr&oacute; con sus manos a una reja de metal del &aacute;rea de producci&oacute;n de la f&aacute;brica. Sinti&oacute; los tirones de cabello y los pu&ntilde;etazos en su rostro. Dos compa&ntilde;eras fueron golpeadas y amenazadas de muerte por protegerla. Ella resisti&oacute; varios minutos. Hasta que sinti&oacute; el dolor de una mordida quem&aacute;ndole la mano izquierda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tres trabajadoras la golpearon. La llevaron a la oficina de recursos humanos de su f&aacute;brica, ante la mirada de muchas empleadas. As&iacute; lo atestigua un v&iacute;deo que un empleado grab&oacute; con su m&oacute;vil. Seg&uacute;n la sindicalista, la llevaban para obligarla a firmar su renuncia. El 7 de septiembre de 2020, Odilia Caal puso fin a la fuerza a su contrato con la maquila textil Winners, tras 14 a&ntilde;os de trabajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tres semanas despu&eacute;s de la paliza, relata su historia en la mesa de un caf&eacute; del centro hist&oacute;rico de Ciudad de Guatemala. La sindicalista de metro y medio de estatura y fuertes brazos dirige su mirada a la fuerte lluvia que cae en el exterior. Algunas l&aacute;grimas se asoman en sus ojos negros, pero se contiene. &ldquo;No he llorado, ni voy a llorar&rdquo; dice Caal, de 32 a&ntilde;os, ahora exempleada de Winners y fundadora de Sitrawinners, un peque&ntilde;o sindicato que agoniza.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Odilia Caal creó su propio sindicato en 2016 al identificar abusos laborales  dentro de la maquila."
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                Odilia Caal creó su propio sindicato en 2016 al identificar abusos laborales  dentro de la maquila.                            </span>
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        Winners fabrica prendas para las marcas GAP, Banana Republic, Old Navy y para los grandes almacenes Walmart, en Canad&aacute;, Estados Unidos y M&eacute;xico. Es una de las seis f&aacute;bricas que el gigante textil surcoreano SAE-A tiene tiene en Guatemala, el primer pa&iacute;s al que lleg&oacute; fuera del continente asiatico, en 2003.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n diplom&aacute;tica con Corea del Sur comenz&oacute; en 1962. Pero fue en1974 cuando el pa&iacute;s asi&aacute;tico abri&oacute; en el pa&iacute;s su primera sede de Centroam&eacute;rica. Seg&uacute;n la C&aacute;mara Guatemalteca Coreana de Comercio (CGCC), hay unos 10.000 residentes surcoreanos. Alrededor de 150 empresas se dedican a la industria textil, lo que representa el 40% del sector.
    </p><p class="article-text">
        La maquila surcoreana Winners est&aacute; en un complejo de bodegas privadas de m&aacute;xima seguridad en el municipio de Mixco, a 13 kil&oacute;metros del centro de la Ciudad de Guatemala. Desde 2005, no paga aranceles, impuestos de importaci&oacute;n ni IVA por los productos que ingresan al pa&iacute;s como materia prima para sus actividades, un beneficio que aplica a todas las maquilas en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Casi veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, Winners fue una de las compa&ntilde;&iacute;as autorizadas como industria esencial durante el confinamiento por la COVID-19. Llegado ese momento, Odilia Caal dice que ya era muy inc&oacute;moda para la empresa. En marzo, trabajaba para la reinstalaci&oacute;n de siete compa&ntilde;eros despedidos en 2018 de manera injusta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Centroam&eacute;rica, SA-E tambi&eacute;n tiene maquilas en Costa Rica y Nicaragua. En este &uacute;ltimo pa&iacute;s, hay un precedente de presunto acoso y despido de tres sindicalistas por parte de la empresa que lleg&oacute; a los tribunales y concluy&oacute; con la reincorporaci&oacute;n de dos de ellos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los siete trabajadores de Winners en Guatemala tambi&eacute;n ganaron el juicio, con apoyo de organizaciones y de Caal. Lograron regresar a sus puestos. Esto, dice la sindicalista, molest&oacute; a la empresa, que advirti&oacute; al resto de trabajadores que si judicialmente se ordenaban m&aacute;s reinstalaciones, iban a cerrar y todos perder&iacute;an sus trabajos. Esto provoc&oacute;, seg&uacute;n Caal, la paliza que recibi&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Caal denunci&oacute; ante la Fiscal&iacute;a. Asegura que Winners utiliz&oacute; a integrantes del otro sindicato mayoritario para golpearla y obligarla a irse. La violencia contra la sindicalista es comprobable en los v&iacute;deos que algunos trabajadores grabaron aquel 7 de septiembre y que le compartieron a Caal. No es posible verificar que las tres mujeres fueran obligadas por la empresa a golpearla porque Winners evit&oacute; dar declaraciones.
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                Un guardia de seguridad pasea en los alrededores de la maquila Winners, la cual es propiedad de la empresa surcoreana SAE-A                            </span>
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        Durante m&aacute;s de un mes, El Intercambio solicit&oacute; entrevistas v&iacute;a telef&oacute;nica con los administradores de Winners para contrastar las acusaciones. La jefa de recursos humanos, Alicia Sajch&eacute;, se ofreci&oacute; dar respuestas. En una de las llamadas, declar&oacute;: &ldquo;La lengua no tiene hueso&rdquo; (una manera coloquial de decir que las personas mienten). Yo hablar&eacute; con el gerente y les dir&eacute; cu&aacute;ndo pueden venir&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La jefa de recursos humanos no ha respondido m&aacute;s. Ni el gerente administrativo, Daniel Kim. Ni SA-E, a la que se envi&oacute; un correo electr&oacute;nico al servicio de consultas. Tampoco la Municipalidad de Mixco &mdash;que recibe donaciones de la empresa&mdash;reaccion&oacute; a la solicitud de contacto directo con la maquila.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como &uacute;ltimo recurso, el 12 de noviembre, El Intercambio visit&oacute; la sede de Winners. Al ser preguntado por el caso de Odilia Caal, el gerente de la empresa dijo que estaba en horario de trabajo y que no pod&iacute;a responder. Pidi&oacute; a personal de la f&aacute;brica que invitara a salir del lugar a los periodistas. Estos solicitaron un n&uacute;mero de tel&eacute;fono, e indicaron que evaluar&iacute;an dar una respuesta en el futuro.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las 66 autorizadas</strong></h3><p class="article-text">
        El 16 de marzo, el Gobierno de Guatemala anunci&oacute; el cierre del pa&iacute;s durante seis meses por la pandemia de la COVID-19.&nbsp; Al d&iacute;a siguiente, el presidente deleg&oacute; en el ministro de Econom&iacute;a la decisi&oacute;n de qu&eacute; empresas operar&iacute;an como servicios esenciales. Solo once d&iacute;as despu&eacute;s, el Presidente modific&oacute; las medidas y el ministerio dej&oacute; de dar permisos para operar. En teor&iacute;a, ya solo autorizaba transporte. Una forma alternativa de permitir el funcionamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La autorizaci&oacute;n favoreci&oacute; a 7.487 empresas. Entre estas, 66 maquilas recibieron permisos como industria esencial. El Gobierno nunca dio los nombres &mdash;aunque se solicitaron mediante ley de acceso a la informaci&oacute;n y a trav&eacute;s del departamento de comunicaci&oacute;n del ministerio&mdash;, pero fueron <a href="https://es.scribd.com/document/485808337/Maquilas-autorizadas-como-servicio-esencial-en-Guatemala" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obtenidos por El Intercambio a trav&eacute;s del grupo parlamentario Semilla</a>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                SAE-A, la gran empresa dueña de Winners y de 5 maquilas más en el país, suspendió en total a 3147 empleados durante la pandemia.                            </span>
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        Una cosa fue la burocracia de los permisos y otra, la realidad. La totalidad de las 331 maquilas que operan en Guatemala permanecieron activas. As&iacute; lo admite la patronal textil ocho meses despu&eacute;s. &ldquo;Todas operaron. No cerr&oacute; ninguna. Se mantuvo el trabajo para los empleados&rdquo;, explic&oacute; Alejandro Ceballos, director de la patronal textil Vestex.
    </p><p class="article-text">
        Las denuncias sobre posibles contagios en maquilas llegaron al Ministerio de Trabajo y a la Procuradur&iacute;a de Derechos Humanos (PDH). Estas entidades comenzaron a realizar inspecciones en la tercera semana de abril para determinar si se cumpl&iacute;an medidas de distanciamiento y sanitarias. En la segunda semana de mayo, trascendieron los primeros casos de contagios en maquilas. Algunos alcaldes y diputados pidieron el cierre de estas f&aacute;bricas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cinco trabajadoras de Winners aseguran que el trabajo en la maquila continu&oacute; sin detenerse durante los meses donde se reportaron m&aacute;s contagios. Esto sucedi&oacute; en las f&aacute;bricas de un pa&iacute;s cuya patronal textil calcula que el 46% de sus empleadas son mujeres. Winners no dice lo contrario porque eligi&oacute; no dar declaraciones. Lo cierto es que de m&aacute;s de 15.000 denuncias presentadas en el Ministerio de Trabajo hasta julio, 4 fueron contra Winners por presuntos contagios. Nunca trascendieron los casos.&nbsp;
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                SAE-A, la gran empresa dueña de Winners y de 5 maquilas más en el país, suspendió en total a 3147 empleados durante la pandemia.                            </span>
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        Vestex recibi&oacute; una solicitud el 15 de mayo del Consejo Nacional de Organizaci&oacute;n Textiles, la patronal textil de Estados Unidos, para que no cerrara las maquilas. Y se la traslad&oacute; al ministerio de Econom&iacute;a. Como consecuencia, varias empresas se dedicaron a fabricar 80 millones de mascarillas, pero fueron negociaciones privadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los contagios, sostiene Ceballos, se produjeron por no haber cerrado. En las dos primeras semanas de mayo se reportaron 250 casos en dos maquilas: Texpia II, propiedad de SA-E,&nbsp; y KP. Las cifras reales nunca trascendieron. &ldquo;Eso fue el lado malo&rdquo;, opina.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A partir de agosto, el sector maquilero de ropa de Guatemala fue el m&aacute;s competitivo del norte de Centroam&eacute;rica, seg&uacute;n Ceballos, porque gestion&oacute; contratos que los pa&iacute;ses vecinos no pudieron atender. Por dos razones: El Salvador no consider&oacute; industria esencial a la maquila y Honduras prioriz&oacute; la vestimenta sanitaria y las mascarillas.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Con la autorizaci&oacute;n de apertura de las 66 maquilas, el ministro Antonio Malouf , quien antes fue presidente de una f&aacute;brica textil llamada Los Volcanes, benefici&oacute; a empresas del sector de donde proven&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 27 de julio del 2020, directivos de SA-E entregaron por lo menos 5.000 bolsas de alimentos en los municipios de Guatemala donde tiene f&aacute;bricas: San Miguel Petapa, Mixco y Villa Nueva. <a href="http://saeablog.com/archives/1503?ckattempt=2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En su blog, la compa&ntilde;&iacute;a</a> promocion&oacute; esta entrega. Despu&eacute;s, el 27 de julio,&nbsp; el director de Winners entreg&oacute; al alcalde de Mixco, Neto Bran, otras 2.000 bolsas. La empresa y el pol&iacute;tico publicitaron el acto en sus redes. De la f&aacute;brica que no SA-E dijo nada fue de Texpia 2, ubicada en Villanueva, que cerr&oacute; parcialmente tras detectar por lo menos 29 contagios.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El porqu&eacute; del sindicato</strong></h3><p class="article-text">
        Cuando Odilia Caal comenz&oacute; en 2007 a trabajar en la maquila, acababa de cumplir 18 a&ntilde;os y ten&iacute;a dos hijos, de 1 y 2 a&ntilde;os. Cuenta que entonces era t&iacute;mida, callada y ten&iacute;a miedo de perder su empleo. Hoy se muestra como una mujer ruda, que no admite que llora y trabaja desde fuera por recuperar su trabajo y para mejorar las condiciones de sus afiliados y de otros compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        Este cambio sustancial tuvo su origen en febrero 2016, tras nueve a&ntilde;os en la empresa. Las venas de las piernas de Caal se inflamaron por trabajar de pie, parada, todo el d&iacute;a para revisar que las prendas no tuvieran ning&uacute;n error. Logr&oacute; que la cambiaran de puesto, pero tambi&eacute;n le redujeron el salario de Q2,600 (272 euros) a Q2,300 (239 euros).&nbsp; No confiaba en el sindicato como para pedir su apoyo.
    </p><p class="article-text">
        La enfermera de la empresa le dio el n&uacute;mero de un abogado, que le ayud&oacute; a crear Sitrawinners, su sindicato. Caal logr&oacute; que una vecina de la f&aacute;brica le prestara una habitaci&oacute;n para la primera reuni&oacute;n, a cambio de que le compraran a ella la comida para la reuni&oacute;n.&nbsp; &ldquo;Todas fueron muy valientes -&mdash;dice mientras&nbsp; r&iacute;e con satisfacci&oacute;n&mdash; sal&iacute;an una por una de la f&aacute;brica y entraban a la casa como si fueran a robar un banco&rdquo;, cuenta Caal, mientras lanza una carcajada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Trabajadoras de Winners corren hacia las instalaciones de la maquilas a las 6:30am para no ser penalizadas al retrasarse en su horario de acceso."
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            <span class="title">
                Trabajadoras de Winners corren hacia las instalaciones de la maquilas a las 6:30am para no ser penalizadas al retrasarse en su horario de acceso.                            </span>
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        La &uacute;ltima semana de abril de 2016, Caal regres&oacute; al trabajo tras concluir la suspensi&oacute;n. Al llegar, la llamaron a la oficina de administraci&oacute;n y le dijeron que estaba despedida. Pero ella llevaba la acreditaci&oacute;n de secretaria general del nuevo sindicato por lo que, legalmente, no pod&iacute;a ser expulsada de Winners.
    </p><p class="article-text">
        Al frente de su sindicato, Caal busc&oacute; reuniones con el gerente general para defender los derechos del resto de trabajadores. Tambi&eacute;n se opuso a que subieran las metas diarias de producci&oacute;n que son el m&iacute;nimo de trabajo que un empleado debe realizar al d&iacute;a. Igual luch&oacute; para que no se descontaran del sueldo las horas que los&nbsp; trabajadores usan para ir a citas m&eacute;dicas al seguro social.&nbsp; En los meses previos a la pandemia, la sindicalista acompa&ntilde;&oacute; casos de despidos injustificados. Hasta que le pegaron la golpiza.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las mujeres que acudieron a Caal&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        En las luchas de Caal siempre ha estado Lubia Salazar, de 41 a&ntilde;os.&nbsp; Lleva 10 a&ntilde;os trabajando en la empresa y es su mano derecha en el sindicato.&nbsp; El lunes 16 de marzo de 2020, al regresar a casa, se encontr&oacute; con la noticia del cierre del pa&iacute;s.&ldquo;En la televisi&oacute;n dijeron que s&oacute;lo iban a funcionar empresas de comida, medicinas. Entonces, decid&iacute; no ir (a trabajar) al d&iacute;a siguiente&rdquo;, dice a principios de septiembre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salazar aparenta m&aacute;s a&ntilde;os de los que tiene y no r&iacute;e apenas. Encoge los hombros y levanta las manos, como un gesto de exculpaci&oacute;n por lo que pas&oacute; despu&eacute;s. Recibi&oacute; un mensaje de la empresa: o se presentaba en su puesto al siguiente d&iacute;a o le descontaban parte de su salario. En Guatemala, el salario m&iacute;nimo para la industria de las maquilas es de Q2,581 por mes (273 euros).&nbsp; Es decir, si Lubia faltaba un d&iacute;a le descontar&iacute;an Q84 (9 euros).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pandemia llev&oacute; a Winners y al sindicato Sitrawinners a posiciones m&aacute;s enfrentadas a&uacute;n. Salazar y Caal presionaron a la empresa para que proporcionar&aacute; autobuses para el traslado del personal y &eacute;sta accedi&oacute;. Pero ambas denuncian que los conflictos no tardaron en llegar: aumento de volumen de trabajo, falta de control sanitario, posibles contagios y los enfrentamientos con la empresa por la reinstalaci&oacute;n de los compa&ntilde;eros expulsados dos a&ntilde;os antes, por los que meses despu&eacute;s Caal firm&oacute; su renuncia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tres semanas despu&eacute;s de la agresi&oacute;n, Lubia Salazar nos recibe acompa&ntilde;ada de otras compa&ntilde;eras. Es un ma&ntilde;ana soleada. Contrasta con la mirada opaca de Lubia. Ella observa c&oacute;mo Ericka M&eacute;ndez, de 30 a&ntilde;os, la mira buscando su aprobaci&oacute;n para hablar. La joven se toma de las manos. Se muestra nerviosa. Jam&aacute;s ha contado su caso fuera del c&iacute;rculo de sus compa&ntilde;eras de trabajo. Por eso se cambia el apellido.
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            <span class="title">
                Lubia Salazar durante una reunión con sus compañeras del sindicato.                            </span>
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        Embarazada de seis meses, el 23 de marzo le informaron de que el horario cambiar&iacute;a: deb&iacute;a ingresar a las seis de la ma&ntilde;ana para salir a las dos de la tarde. As&iacute; tendr&iacute;a dos horas para regresar a su vivienda. Modific&oacute; su rutina, pero dice que tambi&eacute;n aument&oacute; el volumen de trabajo en el horario normal, por no poder hacer horas extra.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo de M&eacute;ndez consist&iacute;a en revisar ropa antes de empaquetarla. Ella ten&iacute;a una meta de 2,225 piezas al d&iacute;a. Si cumpl&iacute;a a diario, recib&iacute;a al final de mes Q210 (22 euros) como bono de productividad. Si fallaba tres d&iacute;as, se quedaba sin el bono completo. Pidi&oacute; cambio de puesto y su solicitud fue denegada.
    </p><p class="article-text">
        Ella trabaj&oacute; tres semanas m&aacute;s,&nbsp; pero un d&iacute;a tuvo mareos y n&aacute;useas. No lleg&oacute; a la meta. Le faltaron 20 prendas por revisar y empaquetar. Su supervisor, dice, inform&oacute; a sus superiores. &ldquo;Perd&iacute; el 30% de mi bono &iexcl;por 20 piezas!&rdquo;, se queja Ericka apretando los ojos y girando la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Caal ve a M&eacute;ndez y asiente. Aprueba cada palabra que dice su compa&ntilde;era. Este es uno de los casos que ella intentaba defender. Por ser secretaria general del sindicato ten&iacute;a l&iacute;nea directa con los administradores de la empresa. Ten&iacute;a muchas reuniones para exponerles las quejas de los empleados. Tras cuatro a&ntilde;os de lucha sindical y una pandemia, acumul&oacute; muchos conflictos con la empresa, admite.&nbsp;
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            <span class="title">
                Interior de la maquila Winners.                            </span>
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        La intervenci&oacute;n de Caal sirvi&oacute; para que, en la primera semana de mayo, Ericka fuera suspendida por su estado de salud. Aunque le tomaron esos d&iacute;as a cuenta de vacaciones. Dos semanas despu&eacute;s le informaron de que su contrato hab&iacute;a sido suspendido. Winners suspendi&oacute; 177 contratos, seg&uacute;n datos proporcionados por el Ministerio de Trabajo. SAE-A, la gran empresa due&ntilde;a&nbsp; de Winners y de cinco maquilas m&aacute;s en el pa&iacute;s, suspendi&oacute; en total a 3.147 empleados durante la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ericka M&eacute;ndez ingres&oacute; en el programa gubernamental Fondo de Protecci&oacute;n al Empleo, uno de los cuatro programas de rescate a empresas por la COVID-19. Fue dotado con Q1,850 millones (US$237 millones). El Gobierno se comprometi&oacute; a pagar Q75 diarios (US$9.64) a cada trabajador al que las empresas no pudieran pagar el salario durante la crisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Odilia Caal tambi&eacute;n intent&oacute; que el bono de productividad aumentara. Dice que hab&iacute;a algunas &aacute;reas de la empresa exclusivas para hombres donde este llegaba a los Q550 (US$68). &ldquo;En la f&aacute;brica hay mucho machismo. Si un hombre hubiera sido quien no llega a la meta por 2o piezas, el supervisor no informa&rdquo;, sentencia la sindicalista.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La golpiza de la sindicalista</strong></h3><p class="article-text">
        Caal se preocup&oacute; por las condiciones de trabajo de sus dos compa&ntilde;eras y de varias m&aacute;s.&nbsp; Tambi&eacute;n de la reinstalaci&oacute;n de los siete compa&ntilde;eros que hab&iacute;an ganado judicialmente su restituci&oacute;n tras dos a&ntilde;os expulsados. Tres regresaron el jueves 3 de septiembre. El resto no estaba convencido de las condiciones sanitarias de la maquila. Aquel d&iacute;a, algunas compa&ntilde;eras le alertaron de que la estaban esperando los integrantes del otro sindicato. Pero los tres trabajadores recuperaron su empleo sin incidentes.
    </p><p class="article-text">
        El lunes 7 de septiembre, despert&oacute; a las 5:05, como marcaba su alarma. A las 6:21, ingres&oacute; a su trabajo. Le quedaban nueve minutos para empezar la jornada. Comenz&oacute; a separar ropa por tallas, para despu&eacute;s doblarla y empaquetarla. Dice que a las siete de la ma&ntilde;ana, las m&aacute;quinas se apagaron. A ella le pareci&oacute; raro, pero contin&uacute;o con lo suyo.&nbsp; Asegura que se le acercaron tres hombres y una mujer. Los cuatro eran integrantes del otro sindicato: &ldquo;Comenzaron con insultos y a reprocharme que, por mi culpa, la empresa iba a cerrar y despedir a m&aacute;s empleados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lubia Salazar, que estaba en otro sector de la f&aacute;brica, fue advertida de lo que suced&iacute;a. Para ese momento ya eran m&aacute;s de 10 empleados quienes gritaban. El esc&aacute;ndalo fue tal que el personal administrativo sali&oacute; de las oficinas para saber qu&eacute; pasaba, aseguran las dos sindicalistas.
    </p><p class="article-text">
        Caal cuenta que recibi&oacute; el primer golpe. Intent&oacute; defenderse, pero llegaron m&aacute;s mujeres que la agredieron y empujaron hacia fuera de la f&aacute;brica.&nbsp; En ese momento trat&oacute; de intervenir el gerente de la empresa, Daniel Kim, quien pidi&oacute; que por favor se calmaran, pero uno de los hombres le espet&oacute;: &ldquo;No se meta porque no es su problema&rdquo;. Kim regres&oacute; a su oficina.&nbsp;
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=k28srpDkN3asxfwutuN" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Esta reconstrucci&oacute;n ser&iacute;a comprobable si Winners hubiera dado una entrevista y tambi&eacute;n acceso a las c&aacute;maras de videovigilancia del interior de la f&aacute;brica. Esta es la versi&oacute;n de Caal y Salazar, porque ni Kim ni ning&uacute;n directivo ha accedido a ser entrevistado posteriormente.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Caal s&oacute;lo se cubri&oacute; el rostro. Lubia Salazar intent&oacute; intervenir, pero ella y otra compa&ntilde;era tambi&eacute;n fueron golpeadas. Fue entonces cuando Caal se aferr&oacute; a la reja y recibi&oacute; las mordidas que hicieron que se soltara. Despu&eacute;s, la llevaron hacia una de las oficinas administrativas, donde asegura que la encerraron durante dos horas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La empresa fue c&oacute;mplice. Me dec&iacute;an que si no renunciaba me iban a matar. Yo ped&iacute;a que me dejaran ir. Pero no lo permit&iacute;an. Al final, personas del otro sindicato me hicieron firmar unos papeles que no le&iacute;, pero dijeron que era mi renuncia&rdquo;, explica Caal con resignaci&oacute;n mientras acusa a Alicia Sajch&eacute;, jefa de recursos humanos de la empresa, de forzar su renuncia.
    </p><p class="article-text">
        Salazar y su otra compa&ntilde;era salieron a buscar ayuda. Encontraron una patrulla de la Polic&iacute;a Nacional Civil (PNC) y le explicaron lo que pasaba. Cuando llegaron los agentes, Caal sali&oacute; con la ropa echa trizas y con varios golpes visibles. Ese fue el &uacute;ltimo d&iacute;a que Odilia Caal pis&oacute; la f&aacute;brica. Lo mismo ocurri&oacute; con sus dos compa&ntilde;eras, quienes tambi&eacute;n recibieron amenazas de muerte. Las tres denunciaron el caso en la fiscal&iacute;a.&nbsp;
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                Odilia Caal muestra una radiografía donde aparecen los hematomas en la base del cráneo como resultado de la golpiza en la maquila.                            </span>
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        Caal fue al m&eacute;dico por un fuerte dolor en el pulm&oacute;n derecho derivado de los golpes que recibi&oacute; una semana antes.&nbsp; Seg&uacute;n su testimonio, la empresa se comunic&oacute; con ella para ofrecerle un autom&oacute;vil, Q40,000 (4.234 euros) y su indemnizaci&oacute;n por 14 a&ntilde;os trabajados, si retiraba la denuncia presentada contra la empresa. Dice que la empresa le prometi&oacute; una reuni&oacute;n para resolver todas las dudas, pero jam&aacute;s se llev&oacute; a cabo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los ojos caf&eacute; de Odilia Caal se humedecen y la mujer lanza una pregunta:&nbsp; &ldquo;&iquest;Saben por qu&eacute; no acepto?&rdquo;. Y se responde a s&iacute; misma: &ldquo;Porque tengo tres hijos que quiero que sepan que tienen derechos. Que nadie puede pisotearlos y pensar que tienen un precio&rdquo;, dice con una sonrisa de satisfacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Ángel Sas, Oliver de Ros, Elsa Cabria, Ximena Villagrán, Pablo J. Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/empleadas-gigante-textil-guatemala-golpeadas-exigir-derechos-laborales-durante-pandemia_130_6476879.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Dec 2020 21:36:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Empleadas del gigante textil de Guatemala, golpeadas por defender sus derechos laborales en pandemia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guatemala,Industria textil,Violencia,Estados Unidos]]></media:keywords>
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