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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gerardo Magallón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gerardo-magallon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gerardo Magallón]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El coronavirus hace explotar la peor crisis en la excapital mundial de los pantalones vaqueros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/coronavirus-explotar-peor-crisis-excapital-mundial-pantalones-vaqueros_130_6477469.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/68f84423-a00a-4126-a575-c39fe186f3cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El coronavirus hace explotar la peor crisis en la excapital mundial de los pantalones vaqueros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Tehuacán, la excapital mundial de la fabricación de vaqueros, los salarios de la industria textil han bajado, el trabajo ha disminuido y se ha perdido el 40% de los empleos. Lejos ha quedado la época de bonanza, ahora el municipio vive su tercera recesión en lo que va del siglo.</p><p class="subtitle">De fábrica textil a espacio feminista: trabajadoras salvadoreñas se defienden ante los despidos por la pandemia</p></div><p class="article-text">
        Una puerta corrediza hecha de aluminio y hojas de vidrio conecta la calle sin pavimentar con el amplio dormitorio de Patricia Hern&aacute;ndez Reyes. El piso de tierra consigna las huellas de los zapatos.
    </p><p class="article-text">
        Desde abril de 2020, la habitaci&oacute;n de paredes sin resanar funciona tambi&eacute;n como su lugar de trabajo y el sal&oacute;n de clase de sus dos hijos adolescentes. Por eso, adem&aacute;s de la vieja cama de madera sin colch&oacute;n, hay dos m&aacute;quinas de coser de segunda mano.
    </p><p class="article-text">
        Sin titubeo, la mujer de 33 a&ntilde;os elige sentarse en una silla de pl&aacute;stico frente a una de las m&aacute;quinas y permanece inm&oacute;vil, aunque su mirada inquieta va de un lado a otro. A finales de mayo, ella y su mam&aacute; pidieron un pr&eacute;stamo de 20 mil pesos mexicanos (775 euros) para comprarlas y as&iacute; conseguir un ingreso extra.&nbsp;
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                    alt="Una mujer trabaja en un taller familiar rodeada de sus hijos ya que no van a la escuela por la suspensión de clases por la emergencia de la Covid-19."
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                Una mujer trabaja en un taller familiar rodeada de sus hijos ya que no van a la escuela por la suspensión de clases por la emergencia de la Covid-19.                            </span>
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        Aunque todo vaya en contra, Patricia sonr&iacute;e reiteradamente: sumandos los intereses, su deuda asciende a 45.000 pesos mexicanos (1.747 euros), que deber&aacute; liquidar en un plazo m&aacute;ximo de 18 meses.
    </p><p class="article-text">
        La epidemia de coronavirus afect&oacute; su econom&iacute;a y la de miles de familias que dependen de la industria de la confecci&oacute;n en Tehuac&aacute;n, el segundo municipio m&aacute;s poblado del estado de Puebla, con 319.000 habitantes. El desarrollo econ&oacute;mico de este lugar depende principalmente de la industria manufacturera, pero no hay datos actualizados sobre el n&uacute;mero de maquilas de confecci&oacute;n vigentes y el n&uacute;mero de personas que emplean.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A finales de marzo, el gobierno mexicano declar&oacute; al pa&iacute;s en emergencia sanitaria y orden&oacute; la suspensi&oacute;n temporal de las actividades no esenciales, as&iacute; como el resguardo de la poblaci&oacute;n trabajadora en sus domicilios.
    </p><p class="article-text">
        Algunas maquilas de confecci&oacute;n en Tehuac&aacute;n pararon operaciones. Muchas otras detuvieron sus l&iacute;neas de producci&oacute;n de ropa para incursionar en la fabricaci&oacute;n de productos sanitarios como mascarillas, batas quir&uacute;rgicas e incluso bolsas para guardar cad&aacute;veres.
    </p><p class="article-text">
        La peque&ntilde;a maquiladora sin nombre donde labora Hern&aacute;ndez no fue la excepci&oacute;n. Primero pas&oacute; de fabricar pantalones de mezclilla para el mercado nacional a mascarillas. Pero cuando la producci&oacute;n se agot&oacute;, la empresa suspendi&oacute; las actividades y el salario de su personal durante una semana y, despu&eacute;s, durante un mes y medio m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En junio, la empresa retom&oacute; su labor, pero a partir de entonces s&oacute;lo emple&oacute; a Patricia Hern&aacute;ndez y a otras seis costureras durante dos d&iacute;as a la semana y no siete como antes, por lo que les redujo el salario. Antes ganaban 800 pesos a la semana (31 euros) y ahora 500 (20 euros) si les va bien. Adem&aacute;s, su sueldo es abonado de manera paulatina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Apoy&aacute;ndose en los trabajos de costura que realiza por su cuenta y, ocasionalmente, de la venta de gelatinas, donas y aretes de fibra que ella misma hace, Hern&aacute;ndez intenta sobrellevar los gastos que le significa ser madre soltera en tiempos de pandemia. &ldquo;Me veo obligada a buscar diferentes formas para pagar mi pr&eacute;stamo y sacar adelante a mi familia. A veces tengo que velar para sacar el trabajo o quitarme el pan de la boca&rdquo;, menciona.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La tercera crisis y la peor</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mart&iacute;n Barrios Hern&aacute;ndez gu&iacute;a el recorrido por Tehuac&aacute;n, territorio que a finales de 1990 fue considerado la capital mundial de los pantalones vaqueros, por el auge de sus maquilas de mezclilla que fabricaban prendas de pr&aacute;cticamente todas las marcas globales, como Levi's, Calvin Klein, Guess y Tommy Hilfiger.
    </p><p class="article-text">
        El hombre, de ojos peque&ntilde;os y nariz ancha, viste c&oacute;modo: tenis, pantal&oacute;n de manta y una playera negra con letras blancas que dice <em>Defender es proteger nuestro territorio</em>. A sabiendas de que ser&aacute; una jornada larga, trae consigo una mochila en la que introdujo un su&eacute;ter y una libreta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Martín Barrios, activista por los Derechos Humanos y laborales en el Valle de Tehuacán.                            </span>
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        A sus 48 a&ntilde;os, el activista es un referente de la lucha obrera e ind&iacute;gena en el lugar que vio nacer a la etnia popolaca, tras haber dedicado m&aacute;s de la mitad de su vida a acompa&ntilde;ar y a asesorar estas causas. Para ello fund&oacute;, en 2002, la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuac&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El aprecio que le tienen las obreras es notorio, pese a la distancia f&iacute;sica que deben guardar para evitar la propagaci&oacute;n de la COVID-19. Se conectan mediante los recuerdos de sus haza&ntilde;as y el cruce de miradas c&oacute;mplices.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De los cinco hogares de costureras visitados, el de Patricia Hern&aacute;ndez es el m&aacute;s alejado de la zona metropolitana de Tehuac&aacute;n. Se encuentra en Santa Ana Teloxtoc, localidad de 1.300 habitantes caracterizada por su alto grado de marginaci&oacute;n. El trayecto es de 43 kil&oacute;metros en carretera hasta topar con un terreno plano de cactus y yucas, ubicado al pie de los cerros Viejo y de la Tar&aacute;ntula.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los 40 minutos de traslado en veh&iacute;culo son insuficientes para agotar la charla con Mart&iacute;n Barrios, cuya memoria es una enciclopedia sobre la historia de la industria del vestido en Tehuac&aacute;n. En sus p&aacute;ginas consta la instalaci&oacute;n de las primeras maquilas de confecci&oacute;n en la d&eacute;cada de 1960, as&iacute; como el empuje que tuvo el sector 30 a&ntilde;os despu&eacute;s, con la firma del Tratado de Libre Comercio de Am&eacute;rica del Norte.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La carretera que sale de Tehuacán y lleva a Santa Ana Teloxtoc, un barrio marginal donde viven algunas maquileras."
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            <span class="title">
                La carretera que sale de Tehuacán y lleva a Santa Ana Teloxtoc, un barrio marginal donde viven algunas maquileras.                            </span>
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        Lejos de la bonanza, hay un cap&iacute;tulo que consigna las peores crisis. Destacan las de 2001 y 2007, originadas por la contracci&oacute;n de la econom&iacute;a en Estados Unidos, primero a causa de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y despu&eacute;s por la crisis hipotecaria que atraves&oacute; aquel pa&iacute;s. Ambos episodios provocar&iacute;an que los salarios de la poblaci&oacute;n obrera se redujeran a la mitad y que migraran de Tehuac&aacute;n la mayor&iacute;a de las marcas globales, empujando as&iacute; la consolidaci&oacute;n de un mercado prioritariamente nacional, que es el que perdura.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de 2020 a causa de la Covid-19 ser&iacute;a la peor, de acuerdo con Mart&iacute;n y las obreras consultadas. Esto es as&iacute; porque en otros momentos, tuvieron al menos la posibilidad de protestar para cambiar sus condiciones laborales, a diferencia de hoy que ni siquiera se re&uacute;nen por temor a contagiarse de la enfermedad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, porque los tribunales laborales permanecieron cerrados seis meses, lo que imposibilit&oacute; que las empleadas se quejaran formalmente de los posibles abusos y arbitrariedades cometidos por sus empleadores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con la voz &aacute;spera que lo caracteriza, Mart&iacute;n advierte que los momentos de crisis son cruciales porque es cuando m&aacute;s se precarizan las condiciones de trabajo, al ser aprovechados por los patrones y los sindicatos para &ldquo;cargar el costo a los obreros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Costureras de mascarillas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sobre la m&aacute;quina de coser, hay una pila de rect&aacute;ngulos de tela quir&uacute;rgica que Patricia Hern&aacute;ndez transformar&aacute; en mascarillas para protegerse de la Covid-19. Sentada frente a su herramienta de trabajo, la mujer de piel tostada y cabellera oscura muestra c&oacute;mo lo hace.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero toma un trozo de tela azul y h&aacute;bilmente desliza el contorno por la aguja de la m&aacute;quina previamente alimentada con carretes de hilo del mismo color. En menos de un minuto, termina el dobladillo. Para finalizar, coloca el el&aacute;stico a la pieza y la deshebra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La actividad parece sencilla porque est&aacute; a cargo de una costurera que ha trabajado durante 12 a&ntilde;os en diferentes maquiladoras de Tehuac&aacute;n, de las que ha tenido que salir ya sea porque le disminuyen el salario o simplemente porque las cierran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hern&aacute;ndez no eligi&oacute; dedicarse a este oficio, pero se embaraz&oacute; de su primer hijo al terminar el bachillerato. Como muchas otras mujeres de Tehuac&aacute;n, ces&oacute; los estudios y se incorpor&oacute; a la industria maquilera como una opci&oacute;n de sobrevivencia.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Taller en Santa Ana Teloxtoc, a 60 km de Tehuacán, donde confeccionan ropa médica.                            </span>
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        Ella hubiera preferido destinar m&aacute;s tiempo al b&eacute;isbol, el deporte que la apasiona y que varios integrantes de su familia han practicado como pasatiempo. Evidentemente emocionada, presume que fue la primera mujer de Santa Ana Teloxtoc que jug&oacute; en una liga fuera de su comunidad. Como prueba, muestra las fotos que atesora en su cuenta de Facebook.
    </p><p class="article-text">
        La jefa de familia se sujeta a su m&aacute;quina de coser. Entrecruza las manos para un mejor agarre y clava la mirada en la torre de tela para mascarillas que tiene a su izquierda. Comenta que pese al adeudo que contrajo, la compra de este aparato le ha permitido tener un ingreso extra ahora que el trabajo en la maquila donde labora disminuy&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Como ella, muchas personas y grupos familiares en Tehuac&aacute;n debutaron en la manufactura de productos sanitarios, en su intento de conservar el empleo durante la etapa m&aacute;s cr&iacute;tica de la pandemia de la Covid-19. Tambi&eacute;n incursionaron en el negocio las grandes maquiladoras y los peque&ntilde;os talleres de costura que han proliferado en el lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En marzo pasado, las trabajadoras de Tehuac&aacute;n llegaron a fabricar m&aacute;s de un mill&oacute;n de mascarillas a la semana para el consumo local y para ser enviadas a China y Estados Unidos, seg&uacute;n la C&aacute;mara de la Industria del Vestido en Tehuac&aacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, reconoci&oacute; que esta actividad, que coloc&oacute; a la ex <em>capital mundial de los</em> <em>blue jeans</em> como la principal proveedora de mascarillas a nivel nacional, gener&oacute; un ingreso mucho menor que el de la confecci&oacute;n de prendas de vestir.
    </p><p class="article-text">
        La mano de obra fue la m&aacute;s resentida. Los testimonios de las obreras entrevistadas coinciden en se&ntilde;alar dos situaciones: que los patrones de las grandes maquiladoras y de los peque&ntilde;os talleres recortaron a la mitad los salarios, y que en otros casos dejaron de asumir el costo total de la jornada laboral para pagar por pieza de mascarilla elaborada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo ello, pese a la dificultad que signific&oacute; para el personal costurar las mascarillas con la maquinaria que utilizan para las prendas de mezclilla que son mucho m&aacute;s gruesas. Las m&aacute;quinas de coser no funcionaban o se atoraban.
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                    alt="Una mujer ajusta una pieza de ropa a la máquina de coser en un taller donde se confecciona material sanitario."
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            <span class="title">
                Una mujer ajusta una pieza de ropa a la máquina de coser en un taller donde se confecciona material sanitario.                            </span>
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        Las personas y familias que hicieron negocio por su cuenta tuvieron que enfrentarse, en tanto, a los precios impuestos por los &ldquo;coyotes&rdquo; &ndash;personas que fungen como intermediarios con los empleadores&ndash;, quienes est&aacute;n pagando entre 30 y 70 centavos (US$0.014 y US$0.033, respectivamente) la hechura de cada mascarilla.
    </p><p class="article-text">
        De junio a septiembre, Patricia Hern&aacute;ndez elabor&oacute; 4,500 mascarillas sencillas (las que no tienen tablones) con su propia m&aacute;quina de coser, pero el coyote con el que hizo negocio se las pag&oacute; al precio m&aacute;s bajo del mercado. La mujer que quer&iacute;a ser beisbolista apenas pudo ganar 1,350 pesos (US$64), 55 mascarillas por d&oacute;lar.
    </p><p class="article-text">
        Debido a la poca ganancia que obtuvo de la hechura de mascarillas y a que la maquila donde laboraba dej&oacute; de pagarle el de por s&iacute; recortado salario, en octubre, Hern&aacute;ndez dej&oacute; atr&aacute;s la costura y acept&oacute; un trabajo para hacer tortillas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El despido de trescientas</strong>
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de la costurera Patricia Hern&aacute;ndez, Ang&eacute;lica Carrera Reyes habita en la zona urbana de Tehuac&aacute;n, que concentra 80% de la poblaci&oacute;n del municipio y tambi&eacute;n la mayor&iacute;a de los complejos maquileros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La din&aacute;mica del espacio p&uacute;blico retrata esta realidad. El movimiento alrededor de las f&aacute;bricas inicia a partir de las 7:30, cuando el personal empieza a arribar a los centros de trabajo que, en algunos casos, carecen de insignia que los identifique. La mayor&iacute;a de las personas se traslada a pie o en bicicleta. Otras van en transporte p&uacute;blico y las menos se mueven en motocicleta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es viernes a las ocho de la ma&ntilde;ana. La jornada en la f&aacute;bricas arranca, mientras Carrera arriba a su casa. Acaba de regresar del mercado de su colonia donde compr&oacute; su despensa porque ah&iacute; todo es m&aacute;s barato. Viste pantal&oacute;n de mezclilla y sudadera rosa. El armaz&oacute;n de sus lentes topa con la visera de su gorra.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La madre de tres hijos se encuentra desempleada desde agosto pasado. De otra manera no estar&iacute;a en su domicilio, sino en las instalaciones de la maquiladora Hera Apparel, un amplio complejo de muros de tabique gris donde laboraba.
    </p><p class="article-text">
        El 31 de julio pasado, sin previo aviso, esta empresa dedicada a la fabricaci&oacute;n de prendas de mezclilla para la marca estadounidense True Religion se declar&oacute; en quiebra, dejando sin empleo a unas 300 personas, en su mayor&iacute;a mujeres. Ang&eacute;lica Carrera y su esposo se cuentan en esta lista. Ella pegaba tapas a los bolsillos traseros de los pantalones.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=k6oTNFOQuBe8ekwutvk" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Cerca del 40% del personal de las maquiladoras de confecci&oacute;n instaladas en el municipio fue despedido por el cierre de varias empresas, seg&uacute;n la C&aacute;mara de la Industria del Vestido en Tehuac&aacute;n. A otra parte del personal lo mandaron a descansar indefinidamente sin goce de sueldo, tras el impacto econ&oacute;mico que produjo el brote de coronavirus.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Hera Apparel, dedicada a la fabricaci&oacute;n de prendas de vestir de exportaci&oacute;n e importaci&oacute;n, fue el m&aacute;s sonado por el n&uacute;mero de personas que resultaron afectadas. Tambi&eacute;n porque varias de ellas se atrevieron a denunciar p&uacute;blicamente que la empresa les estaba ofreciendo &uacute;nicamente 35% de lo que les correspond&iacute;a por concepto de liquidaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ang&eacute;lica Hern&aacute;ndez se neg&oacute; a recibir los 10,400 pesos (US$490) que pretend&iacute;an darle los due&ntilde;os de Hera Apparel por siete a&ntilde;os de trabajo. Le pareci&oacute; una injusticia porque cuando la despidieron de la maquiladora Tarrant Apparel Group, por el cierre de operaciones en 2003, le dieron 17,000 pesos (US$809) por dos a&ntilde;os y ocho meses de servicio.
    </p><p class="article-text">
        La mujer de cara redonda y semblante afable pide a las autoridades mexicanas atender de manera urgente la situaci&oacute;n que se vive en Tehuac&aacute;n, donde se cuentan por miles las y los obreros que perdieron su fuente de trabajo durante la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ojal&aacute; que esto llegue a o&iacute;dos del gobierno que piensa que nos liquidaron muy bien, pero no es cierto. Que sepan que mucha gente que trabajamos en las maquilas perdimos nuestra fuente de trabajo y que seguimos en el desempleo&rdquo;, dice Ang&eacute;lica. Su pose de brazos entrecruzados refrenda su demanda.
    </p><p class="article-text">
        La Confederaci&oacute;n Patronal Mexicana calcul&oacute; que se perdieron 12,000 de los 40,000 empleos que genera la industria maquiladora, as&iacute; como los hoteles y restaurantes, desde que inici&oacute; la cuarentena.
    </p><p class="article-text">
        Tras el cierre de Hera Apparel, la patronal se fue de Tehuac&aacute;n, por lo que no fue posible consultarlos durante el trabajo de campo. Posteriormente, se les pidi&oacute; entrevista v&iacute;a telef&oacute;nica, pero al cierre de esta edici&oacute;n no hubo respuesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tres m&aacute;quinas como liquidaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ang&eacute;lica Carrera cruza el comedor de su casa, que tambi&eacute;n es una habitaci&oacute;n, y avanza hacia la cocina. Topa con un peque&ntilde;o cuarto te&ntilde;ido de lila, donde hay amontonadas tres m&aacute;quinas de coser de segunda mano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es el pago en especie que recibi&oacute; como liquidaci&oacute;n por parte de Hera Apparel, luego de que se uniera al peque&ntilde;o grupo que decidi&oacute; exigir lo que les correspond&iacute;a por ley. Aunque el valor de los aparatos no satisface lo que marca la legislaci&oacute;n mexicana, s&iacute; supera los 10,400 pesos (US$490) que inicialmente le ofrec&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        La liquidaci&oacute;n es la indemnizaci&oacute;n que el patr&oacute;n debe pagar cuando la responsabilidad de la rescisi&oacute;n es suya. La Ley Federal de Trabajo de M&eacute;xico establece que este pago se compone de tres meses de salario por concepto de indemnizaci&oacute;n, 20 d&iacute;as de sueldo por cada a&ntilde;o trabajado, una prima de antig&uuml;edad, m&aacute;s la parte proporcional de las prestaciones.
    </p><p class="article-text">
        La costurera se coloca frente una de las m&aacute;quinas que obtuvo. Dice que a&uacute;n no sabe qu&eacute; hacer con ellas. Una opci&oacute;n es venderlas y la otra es montar su propio taller. Ambos caminos son complicados: las m&aacute;quinas requieren reparaci&oacute;n y es dif&iacute;cil emprender un negocio en el contexto actual, reflexiona.
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            <span class="title">
                Angélica posa para un retrato junto a las máquinas de coser que le dieron como indemnización tras su despido.                            </span>
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        Antes de cumplir la mayor&iacute;a de edad, Ang&eacute;lica se inici&oacute; en el oficio de la aguja y la tela para poder mantener a su primer hijo. Con 28 a&ntilde;os de trayectoria, la mujer fracasa en su intento por contabilizar todas las maquiladoras donde trabaj&oacute;. Recuerda que la primera fue Dise&ntilde;os Hank, que ya no existe. Despu&eacute;s vinieron otras peque&ntilde;as de producci&oacute;n de camisas y pantalones, donde no tuvo prestaciones.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su paso por la maquiladora Tarrant Apparel Group, 17 a&ntilde;os atr&aacute;s, fue el m&aacute;s significativo. En esa f&aacute;brica propiedad del empresario de origen liban&eacute;s Kamel Nacif &ndash;popularmente conocido como <em>El rey de la mezclilla</em>&ndash; se gest&oacute; la primera lucha independiente del sector obrero en Tehuac&aacute;n, de la que fue part&iacute;cipe. Entre marchas y paros laborales, conoci&oacute; y aprendi&oacute; a defender sus derechos humanos y laborales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces conoci&oacute; tambi&eacute;n a Mart&iacute;n Barrios, un amante del punk que al enterarse de los abusos patronales que ocurr&iacute;an en Tarrant, como despidos injustificados, reparti&oacute; un volante en el que llamaba a la organizaci&oacute;n obrera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El panfleto ser&iacute;a el detonante del movimiento que luch&oacute; por arrancar el poder a la Confederaci&oacute;n Regional Obrera Mexicana, acusada de ser un sindicato leal a los intereses patronales y ajeno a las causas de la poblaci&oacute;n trabajadora. Y aunque lograron el objetivo, Tarrant termin&oacute; por cerrar sus puertas y, como consecuencia de la presi&oacute;n ejercida, las y los trabajadores pudieron al menor tener una liquidaci&oacute;n justa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mart&iacute;n Barrios y Ang&eacute;lica Carrera permanecen en contacto desde entonces. Luego de varios meses sin encontrarse producto de la epidemia de la Covid-19 y de sus propias rutinas, se saludan de forma afectuosa. En un di&aacute;logo fluido, intercambian informaci&oacute;n sobre su situaci&oacute;n actual, sobre sus familiares y las personas que ambos conocen.
    </p><p class="article-text">
        Antes de despedir a las visitas, Carrera convida de los pl&aacute;tanos y manzanas que compr&oacute; esa ma&ntilde;ana en el mercado local, el &uacute;nico lugar donde se surte desde su despido de Hera Apparel para intentar estirar al m&aacute;ximo el poco ahorro que le queda. Ni ella ni su marido han podido conseguir empleo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Trabajadoras de la maquiladora Top Jean salen de la planta al terminar su jornada laboral.                            </span>
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        Barrios sostiene que los derechos laborales en la industria textil de Tehuac&aacute;n han ido en picada a partir de 2008. Y es que ahora la poblaci&oacute;n obrera demanda el acceso a un empleo para subsistir, obviando el tema de las prestaciones sociales. Adem&aacute;s, las batallas ya no son para conseguir un contrato colectivo, sino para que las maquilas indemnicen lo mejor posible o simplemente porque no se vayan sin pagar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis por la Covid-19 consolid&oacute; el retroceso. El momento fue aprovechado por los empresarios del sector para acelerar la aplicaci&oacute;n de medidas a su conveniencia, tales como la modificaci&oacute;n unilateral de las condiciones de trabajo, la disminuci&oacute;n de los salarios y el recorte indiscriminado de la planta laboral.
    </p><p class="article-text">
        Son las 13 horas de aquel viernes. El sector obrero vuelve a apropiarse de las calles de Tehuac&aacute;n, esta vez con tupper en mano. En peque&ntilde;os grupos, comen sobre aceras y camellones. Quienes no llevan almuerzo, compran en los puestos callejeros. El m&aacute;s caracter&iacute;stico es el de las mujeres de Santa Mar&iacute;a Coapan, que tienen fama de hacer las mejores tortillas de la regi&oacute;n. En canastas y bolsas de mandado t&iacute;picas transportan, flautas y tacos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las obreras consultadas refieren que s&iacute; existen medidas para evitar los contagios de la&nbsp; Covid-19 al interior de las maquilas, como la obligatoriedad de usar la mascarilla y de desinfectarse las manos al ingresar. Pero guardar la sana distancia es pr&aacute;cticamente imposible en ese ambiente.
    </p><p class="article-text">
        La salida de las f&aacute;bricas es a las 18 horas, salvo para quienes cumplen jornada extra. Se observa de nuevo el desfile de la clase trabajadora. Las manos te&ntilde;idas de azul por el contacto permanente con la mezclilla delatan al sector.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las trabajadoras cuentan muchas historias sobre los patrones y los encargados de las maquilas. La mayor&iacute;a son de maltrato y abuso hacia las personas que est&aacute;n a su cargo, tanto en el trato cotidiano como en el ejercicio de sus derechos laborales. Para el caso de las obreras se suman situaciones de acoso y abuso sexual que permanecen en la impunidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; ser&iacute;a si cada prenda de mezclilla, si cada mascarilla, llevara grabada en su etiqueta la historia de la persona que la maquil&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Flor Goche, Gerardo Magallón, Elsa Cabria, Ximena Villagrán, Oliver de Ros, Pablo J. Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/coronavirus-explotar-peor-crisis-excapital-mundial-pantalones-vaqueros_130_6477469.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Dec 2020 21:47:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El coronavirus hace explotar la peor crisis en la excapital mundial de los pantalones vaqueros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[México,Industria textil,Crisis,Covid-19]]></media:keywords>
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