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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Ángel Martínez del Arco]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel-angel-martinez-del-arco/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel Ángel Martínez del Arco]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Retorno al penal de Burgos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/retorno-penal-burgos_129_6522325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f22ede7-46eb-4010-bd9b-61af26ab09e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Retorno al penal de Burgos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la década de los 60 solo podíamos entrar a ver a nuestros padres encarcelados tres veces al año. Todos nos refugiábamos en la lejana esperanza de la normalidad. Todos callábamos</p></div><p class="article-text">
        Ya no est&aacute; la inscripci&oacute;n. Ha sido borrada del muro. <em>&ldquo;En este recinto impera la seriedad de un banco, la caridad de un convento, la disciplina de un cuartel&rdquo;</em>. Pero el patio de la c&aacute;rcel parece id&eacute;ntico que hace cincuenta a&ntilde;os. Repintado. M&aacute;s limpio. Con muchos menos hombres que entonces caminando en sus soportales. Ahora apenas unas docenas. Recuerdo entonces, en los sesenta, que eran cientos. Hab&iacute;an sido miles al principio de la postguerra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el &ldquo;penal&rdquo; sigue igual. Una compuerta de la memoria se abre hacia mis recuerdos de ni&ntilde;o. Los casta&ntilde;os amenazantes en la carretera de entrada. El port&oacute;n, ahora sin las garitas, que da paso a lo que fueron &ndash;y a lo que son- los locutorios. El ruido extremo de los cerrojos de las cancelas al abrirse y al cerrarse. El color gris del cielo burgal&eacute;s. El fr&iacute;o, ese fr&iacute;o l&oacute;brego de la prisi&oacute;n central. El patio porticado, el suelo de cemento, un deambular sin rumbo. Sin sentido. Dar vueltas por el patio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Miles de presos antifranquistas se agruparon en esta c&aacute;rcel durante la dictadura, en lo que fue el principal reservorio de la oposici&oacute;n democr&aacute;tica. Condiciones de vida imposibles. Hacinamiento y su reverso, la soledad. Comida insuficiente y de mala calidad. Misas obligatorias. Trabajo semiesclavo en sus talleres por un peculio miserable. A&ntilde;os de aislamiento sin contacto con las familias, salvo en los momentos contados en que estas pod&iacute;an desplazarse y verse a trav&eacute;s de la doble reja del locutorio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n fue, desde el principio de la dictadura, la &ldquo;universidad de Burgos&rdquo;. Un espacio, como bien refleja el libro de Enric Juliana, de permanente formaci&oacute;n. Una escuela pol&iacute;tica por la que pasaron miles de hombres. Un lugar de encuentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as fue otra cosa. En la d&eacute;cada de los 60 solo pod&iacute;amos entrar a ver a nuestros padres tres veces al a&ntilde;o. El D&iacute;a del Carmen, el 16 de julio: era una graciosa d&aacute;diva de la esposa del general Franco, Carmen Polo. El 24 de septiembre, la Merced, la &ldquo;piadosa&rdquo;, patrona de las instituciones penitenciarias. Y el D&iacute;a de los Reyes Magos. Tres d&iacute;as al a&ntilde;o. Lo recuerdo siempre como un momento tenso. Los ni&ntilde;os de punta en blanco, como siempre hemos ido los hijos de los pobres. Los padres, esos hombres apenas conocidos para nosotros,&nbsp; con sus mejores galas bajo los uniformes grises. Se desviv&iacute;an para que todo fuera perfecto. Nos hac&iacute;an chocolate y lo repart&iacute;an en los soportales del patio. Inventaban juegos y espect&aacute;culos para romper el hielo. El doble hielo. La ceremonia de las sonrisas. Todos ment&iacute;amos. Todos est&aacute;bamos bien. Todos nos refugi&aacute;bamos en la lejana esperanza de la normalidad. Todos call&aacute;bamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo sorprendente es que hoy esta prisi&oacute;n sigue funcionando como tal. Inaugurada en 1932. No contamos con las cifras exactas, aunque su archivo es un tesoro de informaci&oacute;n a explotar. Una c&aacute;rcel construida para 400 presos en las que se amontonaron m&aacute;s de cinco mil. Alrededor de 293 reclusos fueron fusilados en sus muros entre los a&ntilde;os 1936 y 1941. M&aacute;s de 380 &ldquo;desaparecieron&rdquo;. Otros 359 presos murieron por enfermedad entre rejas. A&ntilde;os de largas condenas hasta la muerte del dictador. Miles pasaron por all&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, sin embargo, la c&aacute;rcel se comporta como un ser vivo diferente. La labor comprometida de un grupo de periodistas burgaleses y de funcionarios de la prisi&oacute;n ha puesto en marcha un extraordinario proyecto. Con la presencia activa de un grupo de internos: el peri&oacute;dico &ldquo;La voz del patio&rdquo;. Un magn&iacute;fico instrumento de participaci&oacute;n y de reparaci&oacute;n. Con motivo de la pel&iacute;cula &ldquo;La cig&uuml;e&ntilde;a de Burgos&rdquo;, dirigida por Joana Conill,&nbsp; hija de preso pol&iacute;tico antifranquista, ella y el que esto firma pudimos volver a la c&aacute;rcel. Volver a sentir, a observar, a compartir nuestros recuerdos, nuestras ausencias y nuestros silencios. Con los presos que ahora la habitan y que conforman la redacci&oacute;n del peri&oacute;dico. Afortunadamente, la pel&iacute;cula podr&aacute; ser presentada en el propio penal en la pr&oacute;xima primavera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La rehabilitaci&oacute;n de la militancia resistente requiere un amplio, sosegado e innovador proceso que nos lleve a la recuperaci&oacute;n pol&iacute;tica, cultural, simb&oacute;lica&hellip; de la memoria global de las mayor&iacute;as, a partir del cuestionamiento del relato imperante,&nbsp; que ha pretendido convertir a las mujeres y hombres resistentes en elementos para el olvido, o quiz&aacute; peor, para el leve recuerdo o la nostalgia. Abordar nuestra memoria es abordar nuestro presente y nuestro futuro: colocar nuestras visiones y nuestras maneras de entender la vida y el mundo en el centro de la narraci&oacute;n colectiva de este pa&iacute;s, y en particular de sus ciudades y sus pueblos. Y ello va mucho m&aacute;s all&aacute; de la escasa legislaci&oacute;n actual y de las reivindicaciones &ndash;necesarias, pero insuficientes- de justicia y reparaci&oacute;n. El penal de Burgos deber&iacute;a ser por ello un espacio recuperado para la memoria com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este camino complejo de construcci&oacute;n colectiva casi desde los m&aacute;rgenes podr&iacute;a generar reconocimiento, pr&aacute;ctica pol&iacute;tica, diseminaci&oacute;n de los saberes y aprendizaje. Para ello, su abordaje debe estar amparado con el testimonio de la resistencia, ahora difuso y diseminado, en propuestas educativas, culturales, de gesti&oacute;n de espacios p&uacute;blicos ligados a la memoria hist&oacute;rica, de <em>ocupaci&oacute;n</em> de los espacios formales (museos, bibliotecas, centros de investigaci&oacute;n, etc.). Esto trae hacia nosotros la tensi&oacute;n entre la emancipaci&oacute;n individual y la emancipaci&oacute;n colectiva, relacionando pasado, presente y futuro de las luchas individuales y comunitarias como elementos cruciales de nuestra &ldquo;manera de ser&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los relatos de apariencia personal no pueden quedarse en el &aacute;mbito de lo meramente individual. Su valor estriba en lo com&uacute;n, en que nos revela y nos coloca. Para que no escondamos la memoria en el &aacute;mbito privado. Ocurri&oacute;, y es lo que nos explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se ha borrado de los muros de Burgos otra frase sobre la que aprend&iacute; a leer. <em>&ldquo;Solo una l&aacute;grima redime a un hombre</em>&rdquo;. Al recordarlo ahora pensamos que una gente capaz de orquestar la muerte mecanizada y la desaparici&oacute;n de decenas de miles de personas y la represi&oacute;n en masa en las prisiones, y despu&eacute;s dise&ntilde;ar su propio olvido, debe inevitablemente saquear mucho m&aacute;s. Tal como fue.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Martínez del Arco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/retorno-penal-burgos_129_6522325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Dec 2020 05:01:04 +0000]]></pubDate>
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