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    <title><![CDATA[elDiario.es - Flor Arriola]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/flor-arriola/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Flor Arriola]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA["Invisibilizadas, no invisibles"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/invisibilizadas-no-invisibles_132_7842737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0f657fa-970d-4f27-ae3c-c90ce4f3679c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Invisibilizadas, no invisibles&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Prostitución', la nueva Minipikara de Pikara Magazine</p><p class="subtitle">‘Déjame contarte’ es el fruto del trabajo realizado por la asociación Askabide, cuyo objetivo es la prevención y visibilización de las distintas violencias que sufren las mujeres que ejercen la prostitución en Euskadi y que acaba de ganar el Premio Emakunde por esta labor</p></div><p class="article-text">
        Galardonada recientemente con el Premio Emakunde (Instituto Vasco de la Mujer) por su labor con las mujeres en contextos de prostituci&oacute;n y en situaci&oacute;n de exclusi&oacute;n social, Askabide<strong> </strong>ha organizado a lo largo de los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os<strong> </strong>talleres y formaciones con mujeres que ejercen la prostituci&oacute;n. Los objetivos de estos encuentros son fomentar el autocuidado, dar formaci&oacute;n y dotar de herramientas, tanto colectivas como individuales, de protecci&oacute;n ante la violencia. Como resultado de este proceso surge el libro <em>D&eacute;jame contarte</em>,<em> </em>coordinado por<em> </em>Laura Lezkano. En &eacute;l se pueden leer las vivencias de 24 mujeres que, a pesar de la dureza de sus revelaciones, reflejan sus realidades, sus historias de vida y sus testimonios contados en primera persona. Tambi&eacute;n son historias de aprendizajes que ponen en valor sus potencialidades y fortalezas. En la cosecha del libro&nbsp;han participado casi 60 mujeres y, aunque no todas han compartido sus relatos, s&iacute; lo han hecho con algunas de sus experiencias, reivindicaciones y cr&iacute;ticas. Laura Lezkano asegura que se trata de &ldquo;mujeres invisibilizadas pero no invisibles&rdquo; y destaca la importancia de evidenciarlas y, una forma de hacerlo, es dejando que ellas mismas cuenten sus propias historias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El libro consta de 13 cap&iacute;tulos titulados con duras y expl&iacute;citas citas textuales que recogen, dentro de cada uno de ellos, un conjunto de historias e im&aacute;genes. Cuando se habla de prostituci&oacute;n en Euskadi es importante tener en cuenta que es un colectivo diverso y heterog&eacute;neo, y las circunstancias son diferentes dependiendo de cada historia de vida y de cada mujer. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n se habla de identidades sexuales diferentes, de raza, de clase y de g&eacute;nero. Sin embargo, a pesar de ser mujeres que est&aacute;n expuestas a unos niveles de violencia muy dif&iacute;ciles de abordar,<strong> </strong>se alejan de la categor&iacute;a de v&iacute;ctima porque la mayor&iacute;a de veces y la mayor&iacute;a de ellas afrontan solas estas agresiones.<strong> </strong>Por ello, desde <em>Askabide</em>, consideran importante trabajar en estos t&eacute;rminos con los colectivos para no caer en la revictimizaci&oacute;n y sugieren, adem&aacute;s, revisarnos<em> la mirada paternalista</em> que solemos tener con el colectivo de mujeres en situaci&oacute;n de prostituci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este caso, las autoras de los relatos han preferido mantener su anonimato por razones de seguridad, a pesar del ejercicio de valent&iacute;a que supone desvelar este tipo de situaciones cargadas de crudeza y sin eufemismos. Algunas relatan palizas, otras describen la dureza y peligrosidad que supone, a veces, ejercer esta actividad. Tambi&eacute;n hablan de experiencias en sus pa&iacute;ses de origen con la polic&iacute;a y clientes, o de lo que supone fiarse de la apariencia de algunos hombres que luego las maltratan. Clientes habituales que, bajo los efectos del alcohol y las drogas, se convierten en agresores. Historias que ocurren en hoteles, en pisos o locales cuyos due&ntilde;os, muchas veces, no se responsabilizan de tales hechos. Otras <em>trabajan</em> en la calle &ldquo;bien vestidas y guapas&rdquo;, mientras enga&ntilde;an a sus clientes para &ldquo;sacarles el dinero&rdquo;. Adem&aacute;s,<strong> </strong>una de ellas relata c&oacute;mo tuvo que irse de Bilbao debido al miedo que ten&iacute;a por las amenazas de uno de sus clientes. Ella&nbsp;quit&oacute; la denuncia porque &eacute;l no paraba de buscarla, a pesar de haberla intentado tirar de un s&eacute;ptimo piso. Otra de las protagonistas cuenta, despu&eacute;s de agradecer la oportunidad de narrar su experiencia, c&oacute;mo un cliente intent&oacute; violarla. De nuevo, no denuncia. 
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;n presentes tambi&eacute;n las experiencias con las drogas, el alcohol, la necesidad y la dificultad de &ldquo;trabajar en la noche&rdquo;. Hay quienes relatan que &ldquo;podr&iacute;an llenar cuadernos enteros&rdquo; con todo lo que han vivido. Procesos migratorios, deudas, hijas e hijos de por medio, relaciones, insultos y autoestimas devastadas contadas durante 125 p&aacute;ginas.<strong> </strong>Asimismo, se narran episodios de dominaciones, casos no resueltos, amenazas, trabajo sexual, humillaciones, racismo, dificultades, robos y otras manifestaciones de violencia que padece el colectivo de prostituci&oacute;n que ejerce en Euskadi. A pesar de la exposici&oacute;n a las violencias a las que est&aacute;n sometidas son perfectamente capaces de identificar las violencias machistas no solo de sus parejas, sino tambi&eacute;n de otros hombres o clientes, por eso se refieren a ellos como &ldquo;malas personas&rdquo; en sus narraciones. Sin embargo, existe cierto grado de aceptaci&oacute;n como consecuencia del tipo de actividad, en cuanto a precarizada, desprotegida e invisible. 
    </p><p class="article-text">
        A veces aceptan convivir con estas violencias pero, no porque no las reconozcan o porque crean que las merecen, si no por supervivencia. Las mujeres que relatan sus historias en el libro, por lo general, no han denunciado o el porcentaje que lo hace es muy peque&ntilde;o.<strong> </strong>&iquest;Qui&eacute;n va a denunciar a un cliente con el riesgo que eso conlleva? &iquest;C&oacute;mo van a denunciar al due&ntilde;o de un local, por ejemplo? &iquest;O un exceso de fuerza policial? Todo eso sumado al estigma de la prostituci&oacute;n que, a su vez, deslegitima los relatos de estas mujeres y sus discursos. El cap&iacute;tulo octavo titulado &ldquo;<em>Hasta la fecha el caso no se ha resuelto&rdquo;</em>, es un ejemplo de c&oacute;mo los relatos de estas mujeres no resultan cre&iacute;bles debido al estigma que las acompa&ntilde;a. Otra dificultad a la que se ven sometidas es al robo de su dinero.<strong> </strong>Puesto que se trata de una actividad que no est&aacute; regulada ni reconocida con ning&uacute;n derecho laboral, por lo tanto, no hay manera de acreditar los robos que sufren por parte de clientes. El cuarto cap&iacute;tulo del libro titulado <em>Yo me negu&eacute; y por eso dijo que yo le estaba robando</em>, expone este tipo de situaciones.
    </p><p class="article-text">
        En Askabide trabajan en ofrecer el mecanismo de denuncia penal, puesto que denunciar es un derecho pero no una obligaci&oacute;n. A muchas mujeres la herramienta de la denuncia les resulta distante, como se puede leer en sus propios relatos, puesto que est&aacute; alejada de su vida. No las repara ni les da respuesta a su situaci&oacute;n. A su vez, existe una desinformaci&oacute;n en cuanto a derechos y eso se evidencia en que algunas mujeres que no poseen permiso de residencia no acuden a denunciar por miedo a un expediente de expulsi&oacute;n. Desde Askabide recuerdan que &ldquo;se puede denunciar sin que abran un expediente de expulsi&oacute;n&rdquo;. Como relata una de las protagonistas del libro, muchas de ellas sienten verg&uuml;enza de ellas mismas, ya sea porque son extranjeras o porque no tienen formaci&oacute;n. Sin embargo, la coordinadora del proyecto resalta la capacidad social de este colectivo -y de otros- y recalca que el objetivo de Askabide es reconocer el valor que aportan sus experiencias, adem&aacute;s de compartir, aclarar dudas y complementarse. La denuncia no es la &uacute;nica respuesta y, en estos talleres, han buscado esas estrategias y herramientas. Estos testimonios salpican todo el libro, con pr&oacute;logo de Carmen Meneses, profesora de la Universidad de Cantabria, y est&aacute;n vinculados, a su vez, a ciertas im&aacute;genes y dise&ntilde;o art&iacute;stico que puede ayudar a despojar la mirada victimizante. El libro posee mucha carga emocional pero permite acercarse a la realidad de estas mujeres, muchas veces estereotipada y llena de prejuicios sexistas y racistas. Como la historia que cuenta la protagonista del pen&uacute;ltimo cap&iacute;tulo titulado <em>Puta negra, vete a tu pa&iacute;s</em>, impregnada de racismo y aporofobia.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de la asociaci&oacute;n <em>Askabide</em> es la prevenci&oacute;n y visibilizaci&oacute;n de las distintas violencias que sufren las mujeres que ejercen la prostituci&oacute;n. Esta violencia pone en evidencia y da significado al estado de desprotecci&oacute;n y exclusi&oacute;n al que est&aacute; sometido este colectivo. La asociaci&oacute;n aborda estas cuestiones desde cuatro claves. La primera: la dimensi&oacute;n del trabajo con la sociedad a trav&eacute;s de la sensibilizaci&oacute;n en clave de transformaci&oacute;n social. Para ello es necesario hacer visible a este colectivo y poner de manifiesto la situaci&oacute;n en la que se encuentran. La segunda clave es la dimensi&oacute;n de trabajo con las propias mujeres. Esto es a trav&eacute;s de formaci&oacute;n, generando espacios de encuentro, dot&aacute;ndolas de herramientas y empoder&aacute;ndolas para que manejen mejor estas situaciones y conozcan sus derechos. En definitiva, que sepan c&oacute;mo actuar y c&oacute;mo identificar la violencia. En tercer lugar est&aacute; el trabajo con el cliente que contrata servicios de prostituci&oacute;n, tratando de concienciarle de la importancia de su comportamientos adecuados, siempre en la linea de la prevencion de la violencia.<strong> </strong>Y en cuarto lugar est&aacute; el trabajo con las instituciones. Tanto las que colaboran y con las que quieren seguir colaborando, como de las que pretenden seguir recibiendo apoyos y recursos para continuar con esta labor. Junto con otros agentes, adem&aacute;s, y desde la Diputaci&oacute;n foral de Bizkaia, se ha empezado a trabajar en el desarrollo del plan de la trata con fines de explotaci&oacute;n sexual, puesto que se trata de una realidad que no se visibiliza a pesar de encontrarse en entornos cercanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Flor Arriola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/invisibilizadas-no-invisibles_132_7842737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Apr 2021 04:00:21 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Me cago en el buenismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cago-buenismo_132_6554398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7568f403-186f-41e8-8c1c-91ba920a2686_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Me cago en el buenismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La responsabilidad afectiva tan de moda se basa en cierto buenismo, como si ser feministas nos convirtiera en terapeutas, como si todo el mundo tuviera las mismas herramientas y ganas de lidiar con los problemas de determinada manera</p><p class="subtitle">La responsabilidad afectiva y otros cuentos</p></div><p class="article-text">
        Me hubiera gustado empezar este escrito diciendo que me cago en la responsabilidad afectiva pero no estoy preparada para la que me podr&iacute;a caer. S&iacute; dir&eacute; que me cago muy fuerte en la condescendencia y en el buenismo.&nbsp;Quiero exponer alguna de las cuestiones que plantea Leonor Silvestri (que, si no sab&eacute;is qui&eacute;n es, os recomiendo buscar, leer, estudiar y aportar) sobre eso que me resuena &uacute;ltimamente cuando se habla de <em><strong>responsabilidad afectiva</strong></em> en los, valga la redundancia, afectos o en las relaciones sexoafectivas (sexuales, vaya). 
    </p><p class="article-text">
        Por lo general, sospecho de todo aquello que se vuelve <em>mainstream</em> y con las afecciones, sentimientos y procesos terap&eacute;uticos, creo que est&aacute; pasando un poco esto: se han puesto de moda. No es que desconf&iacute;e de quienes reciben terapia, yo llevo casi cuatro a&ntilde;os trabajando mis relaciones familiares y mis miserias. En cambio, s&iacute; <strong>sospecho de la condescendencia que ejercemos sobre quienes no hacen terapia</strong> o sobre quienes no practican la ya famosa <em>&ldquo;responsabilidad afectiva</em>&rdquo;.&nbsp;Creo que ser feministas no nos convierte en terapeutas (ni falta que nos hace,) ni en seres de luz que no hacen da&ntilde;o. Tampoco nos convierte en seres con una superdotada emocionalidad. No, compa&ntilde;eras, hay personas que no poseen ciertas herramientas y que, sobre todo, no se relacionan en los t&eacute;rminos de una misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Leonor Silvestri me ense&ntilde;a, desde que la sigo, a pensar. Como bien recalca, la responsabilidad afectiva no tiene en cuenta otras maneras de establecer relaciones ni de vivirlas ya que <em><strong>"parte de supuestos donde todas las persona manejan un mismo c&oacute;digo</strong></em>&rdquo; y esto es problem&aacute;tico porque, como he mencionado antes, no todas nos relacionamos en el mismo marco. Adem&aacute;s, da por hecho <em>&ldquo;que todos los cuerpos son capaces de v&iacute;nculos m&uacute;ltiples</em>&rdquo;, lo cual es capacitista. No pretendo defender a los se&ntilde;oros cisheteros que maltratan (podr&iacute;a interpretarse eso) si no asumir que, muchas veces, lo que necesitamos nosotras, no nos lo pueden dar. Creo, adem&aacute;s, que no juntarse con se&ntilde;ores cisheteros podr&iacute;a ser un buen ejercicio de responsabilidad, pero con una misma. El ser feministas no nos relega a ser expertas en relaciones de ning&uacute;n tipo. Nos ense&ntilde;a &ndash;en mi caso&ndash; a cuestionar qu&eacute; tipo de relaciones queremos.
    </p><p class="article-text">
        Como afirma Silvestri,<strong> la responsabilidad afectiva, </strong><em><strong>"define protocolos universales de comportamiento</strong></em>&rdquo;. Esto es: damos por hecho que existe una buena &ndash;o correcta&ndash; manera de hacer las cosas y de comportarse. Es cierto que ciertas actitudes responden a un sistema y es cierto, tambi&eacute;n, que debemos cuestionarlas. Pero, &iquest;queremos que todo el mundo se comporte de la misma manera y responda igual ante situaciones diferentes? &iquest;Qu&eacute; pasa cuando no nos responden de la manera que necesitamos? &iquest;Aplicamos un castigo? &iquest;Queremos ser punitivas? No puedo evitar sentir, adem&aacute;s, que esta cuesti&oacute;n tiene algo de moral puesto que <em>&ldquo;prescribe la validez de un mismo axioma, o su contrario, para todo el mundo&rdquo;, </em>como afirma Leo. &iquest;Queremos ser todes iguales? Es posible quedarse triste despu&eacute;s de una ruptura, por ejemplo, y el esperar una supuesta responsabilidad afectiva <em>&ldquo;no nos permite reaccionar si no es de manera reactiva</em>&rdquo;. <strong>Si no respondes como yo necesito, es probable que me causes dolor y, por tanto, te acusar&eacute; de persona irresponsable afectivamente.</strong> &iquest;Esto es justo? Y, sobre todo, &iquest;es empoderante? Se pregunta Leonor, &ldquo;&iquest;qu&eacute; hacemos con esas personas que nos tratan mal?&rdquo;. Siempre podremos recurrir al escrache o a desearle todo el mal del mundo. Tambi&eacute;n podemos pensar en otras maneras de relacionarnos. La soledad pol&iacute;tica, por ejemplo, podr&iacute;a ser una opci&oacute;n porque <em>&ldquo;decirle que s&iacute; al sexo no es decirle que no al poder&rdquo;. </em>Y decir que s&iacute; a una fiesta clandestina en medio de una pandemia, tambi&eacute;n es decirle que s&iacute; al poder. &iquest;O la responsabilidad afectiva no se aplica en estas situaciones de pandemia? Pregunto porque no lo s&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Leonor, con enfermedad cr&oacute;nica, plantea que, para una persona con diversidad funcional, <em>&ldquo;el no practicar la llamada responsabilidad afectiva podr&iacute;a llegar a ser, incluso, una manera de no someterse a ciertos mandatos&rdquo;.</em> Aunque, lo m&aacute;s probable, es que no nos hayamos acordado de este colectivo. Yo tampoco hasta que escuch&eacute; a Leo. Solo espero que, como bien dice la escritora, <strong>no estemos llamando responsabilidad afectiva a la novia fiel de toda la vida ni pensemos que querer es poder</strong>. Porque no, querer no es poder. Sencillamente, hay personas que no pueden o no quieren y yo, personalmente, no me ofendo si no me responden a un mensaje. Tiendo a no esperar nada de nadie, lo cual tiene que ver con mi proceso por el que me he convertido en quien soy hoy en d&iacute;a. No existe un manual de buenas relaciones feministas. No podemos sostener esa idea de <em>una falta de</em> porque, autom&aacute;ticamente, nos sit&uacute;a en el lugar de la deuda, de la espera. Asumir esto es mierdoso y supone no caer en la esperanza ni en la proyecci&oacute;n, cosa que no es f&aacute;cil.&nbsp;As&iacute; que, por favor, dejemos de mandar a la gente a que haga terapia o a exigirle actitudes con las que no pueden lidiar, ya sea porque no saben o porque, simplemente, no quieren.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Flor Arriola]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Dec 2020 05:00:47 +0000]]></pubDate>
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