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    <title><![CDATA[elDiario.es - Guillem Trius]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/guillem-trius/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Guillem Trius]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Empezar el año a bordo del Open Arms para salvar 265 vidas: "Si no fuera por vosotros estaría muerto"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/empezar-2021-bordo-open-arms-salvar-265-vidas-si-no-fuera-estaria-muerto_1_6737231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ebcf733-7411-4e1d-a652-2cbeb684d3ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Empezar el año a bordo del Open Arms para salvar 265 vidas: &quot;Si no fuera por vosotros estaría muerto&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La embarcación barcelonesa de salvamento efectuó dos rescates en el Mediterráneo entre la noche del 31 de diciembre y el 2 de enero. Así se vivió desde dentro.</p><p class="subtitle">Oscar Camps: "Cada persona que rescatamos en el Open Arms es un zarandeo al alma"</p></div><p class="article-text">
        En la sala de m&aacute;quinas del Open Arms est&aacute; todo listo para arrancar la 79 misi&oacute;n. Las revoluciones del motor de este remolcador de altura, perfectamente adaptado para realizar rescates, anuncian un nuevo destino. Hoy, 22 de diciembre, la previsi&oacute;n meteorol&oacute;gica en las costas de Libia es muy buena y el capit&aacute;n Marco Antonio Mart&iacute;nez sabe que estas son las condiciones perfectas para que las embarcaciones salgan rumbo a Europa. &ldquo;Tenemos una ventana de buen tiempo hasta llegar a zona SAR (<em>Search and Rescue</em>), luego viene un temporal peligroso. Hay que salir hoy para estar all&iacute; cuando antes&rdquo; confiesa el capit&aacute;n mientras la tripulaci&oacute;n se prepara para zarpar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Superados todos los protocolos sanitarios, obligados por la epidemia de coronavirus, la misi&oacute;n zarpa, esa misma noche, desde el puerto de Barcelona rumbo al Mediterr&aacute;neo Central. Estas Navidades, el Open Arms es el &uacute;nico barco de rescate activo y las consecuencias del temporal que se acerca preocupan al capit&aacute;n. La pandemia, la herencia de Salvini y las inspecciones han hecho que, actualmente, sea muy complicado estar operativo en esa zona. &ldquo;Antes pod&iacute;amos llegar a coincidir hasta 4 embarcaciones aqu&iacute; en el Mediterr&aacute;neo Central&rdquo;, recuerda Esther Camps, coordinadora de la 79 misi&oacute;n, y a&ntilde;ade &ldquo;los gobiernos europeos se han dedicado a criminalizar a las organizaciones como la nuestra. Cada vez las inspecciones son m&aacute;s duras y todo con el objetivo de silenciar el problema&rdquo; explica Esther. &ldquo;S&oacute;lo quieren que desistamos pero lo que no entienden es que cada vez tenemos m&aacute;s fuerza&rdquo; agrega el capit&aacute;n con indignaci&oacute;n desde el otro lado del puente de mando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras Marco Antonio y Adri&aacute;n P&eacute;rez, primer oficial del Open Arms, trazan rumbo a Sicilia, las luces de una ciudad que ya duerme se van apagando en el horizonte. Todo est&aacute; tranquilo a este lado del Mediterr&aacute;neo. Navegar por este mar tantas veces transitado invoca, inevitablemente, la etimolog&iacute;a de los que, antes que nosotros, surcaron estas aguas. A este mar los griegos le llamaban &ldquo;p&oacute;ntos&rdquo; (&pi;&#972;&nu;&tau;&omicron;&sigmaf;), que quer&iacute;a decir camino, sendero abierto, puente, y no frontera. La sensaci&oacute;n de estar completamente rodeado por sus aguas permanece inmutable, seguramente el &uacute;nico paisaje que el hombre a&uacute;n no ha podido alterar.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Personas de la segunda embarcación que rescatará el Open Arms, el 2 de enero.                            </span>
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        Las guardias nocturnas se suceden a medida que el Open Arms avanza hacia su destino y las malas previsiones meteorol&oacute;gicas se van confirmando. Mientras en casa, nuestras familias se disponen abrir los regalos de una Navidad con mascarilla, un correo electr&oacute;nico alerta a la tripulaci&oacute;n. Un aviso de embarcaci&oacute;n a la deriva con 15 personas a bordo obliga a cambiar de rumbo. &ldquo;Ahora mismo estamos a unas 100 millas. A esta velocidad ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana estamos all&iacute;&rdquo;, comenta el capit&aacute;n despu&eacute;s de realizar unos c&aacute;lculos en el ordenador de navegaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El temporal arrecia y, poco a poco, reduce las posibilidades de que estas 15 personas sean rescatadas. Despu&eacute;s de una extensa e intensa b&uacute;squeda, que se alarga toda la ma&ntilde;ana, las peores predicciones meteorol&oacute;gicas se materializan. Las olas castigan sin descanso el casco del Open Arms, que, progresivamente, ha ido reduciendo su actividad. Los transitados pasillos est&aacute;n ahora vac&iacute;os y la siempre concurrida cocina es un lugar triste y abandonado. Esther Camps ha estado en m&aacute;s de 30 misiones y esta situaci&oacute;n no es nueva para ella. &ldquo;Con la poca informaci&oacute;n que nos ha llegado y el temporal en el que estamos sabemos que es casi imposible encontrar esta embarcaci&oacute;n&rdquo;, reconoce con pesar. Cargar con la decisi&oacute;n de tener que parar una b&uacute;squeda es la penitencia que acompa&ntilde;a a los cargos de responsabilidad del Open Arms. &ldquo;Sabemos perfectamente que no es culpa nuestra que esta gente est&eacute; aqu&iacute;, como tampoco es culpa nuestra que no haya m&aacute;s embarcaciones operativas. Lo m&aacute;s triste de todo es que seamos los &uacute;nicos que les estamos buscando&rdquo;, expresa Marco Antonio con m&aacute;s tristeza que indignaci&oacute;n. El capit&aacute;n realiza una pausa para sentarse y a&ntilde;ade: &ldquo;Tomar esta decisi&oacute;n me rompe el alma pero hace demasiado mal tiempo para seguir buscando&rdquo;. A medida que el Open Arms gira rumbo a Siracusa para resguardarse, una &uacute;ltima pregunta lanzada por el capit&aacute;n resuena en las almas de los presentes: &ldquo;&iquest;Son estos los valores de Europa en los que nos hemos educado?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El temporal retiene a la misi&oacute;n 79 en la bah&iacute;a de Siracusa, el mar est&aacute; impracticable y la tripulaci&oacute;n cuenta los d&iacute;as que faltan para volver a navegar. La ma&ntilde;ana del 30 de diciembre, el buen tiempo enciende el motor del Open Arms, que vuelve a anunciar un nuevo destino. Camino a la zona SAR, un correo electr&oacute;nico en el que tambi&eacute;n est&aacute;n en copia las autoridades italianas, libias y maltesas, advierte de otra embarcaci&oacute;n a la deriva. En &eacute;l se indica la posici&oacute;n, qu&eacute; tipo de embarcaci&oacute;n es y cu&aacute;ntas personas lleva a bordo. Esther ordena la informaci&oacute;n y baja r&aacute;pidamente a comunicar la noticia a toda la tripulaci&oacute;n mientras los oficiales ponen rumbo a la nueva posici&oacute;n. &ldquo;Tenemos a una embarcaci&oacute;n de madera a cuatro horas, hay 160 personas a bordo, en una hora bajamos las lanchas, iros preparando&rdquo;, va anunciando Esther por los camarotes avisando a socorristas, patrones, doctores y periodistas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de una hora de navegaci&oacute;n y coincidiendo con la &uacute;ltima puesta de sol de un a&ntilde;o at&iacute;pico, las lanchas de rescate vislumbran la embarcaci&oacute;n. Es un bajel de madera con dos cubiertas. Anais Portillo, primera socorrista de la <em>Echo4</em>, es la encargada de establecer el primer contacto. &ldquo;&iexcl;<em>Hello, hello, hello</em>!&rdquo; repite saludando con los brazos. &ldquo;&iexcl;<em>Everybody sit down please, </em>todos sentados!&rdquo;. Parece mentira que puedan caber 160 personas en una embarcaci&oacute;n de esas dimensiones. &ldquo;We have lifejackets for everybody, tenemos salvavidas para todos&rdquo;, repite Anais en un fuerte tono de voz. La <em>Echo4 </em>se va acercando a la embarcaci&oacute;n de madera y justo cuando la situaci&oacute;n parece controlada&hellip; &ldquo;&iexcl;Hombre al agua! Hombre al agua! &iexcl;<em>Please don&rsquo;t jump</em>, no salt&eacute;is!&rdquo;, grita Anais mientras Andr&eacute;s del Pozo, segundo socorrista de la <em>Echo4</em>, arranca del agua al joven que acaba de saltar. &iexcl;<em>Please don&rsquo;t jump</em>, no salt&eacute;is!&ldquo; repiten juntos los dos socorristas. El momento es tenso, nadie tiene chaleco y si todos saltan la operaci&oacute;n de rescate puede complicarse mucho. Las voces de Anais y Andr&eacute;s van bajando el tono hasta que la situaci&oacute;n vuelve a estar controlada. Una vez repartidos todos los chalecos toca esperar a que llegue el Open Arms para empezar a transferir a las personas a su cubierta. La operaci&oacute;n se alarga hasta la medianoche pero, finalmente, los 169 n&aacute;ufragos, incluidos 6 beb&eacute;s, descansan a salvo en un lugar seguro. 
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        En el comedor del Open Arms no hay tiempo para procesar el rescate. Marc Monfort, jefe de maquinas, sintoniza r&aacute;pidamente una emisora al azar mientras sujeta un bol con uvas, quedan 3 minutos para las campanadas. La tripulaci&oacute;n, a&uacute;n con la indumentaria de salvamento, celebra un nuevo a&ntilde;o. A pocos metros, en la cubierta, 169 personas celebran la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;New Year, new life</em>&rdquo; (a&ntilde;o nuevo vida nueva) susurra un chico de Bangladesh al alba del primer d&iacute;a del a&ntilde;o. Una larga pero ordenada cola espera el desayuno. La tripulaci&oacute;n hace turnos de 3 horas para servir comida y tener controlada la situaci&oacute;n. Hay que ser estrictos con los horarios, los equipos de protecci&oacute;n personal no abundan y no se puede pisar la cubierta sin ellos. Mascarillas, guantes y EPIs son la nueva indumentaria de abordo. En la cola, una cara conocida emerge entre la multitud. Filmon Amaha tiene 14 a&ntilde;os y viene de Eritrea. &ldquo;Salt&eacute; de emoci&oacute;n. He escapado de tantas cosas que cuando vi vuestro barco no pude evitar saltar al agua&rdquo;, reconoce esbozando una p&iacute;cara sonrisa. Sus compa&ntilde;eros, tambi&eacute;n de Eritrea, r&iacute;en y bromean a su alrededor. &ldquo;Escapamos de Eritrea porque el dictador que hay nos obliga a todos a realizar un servicio militar indefinido&rdquo;, a&ntilde;ade Filmon, ahora con un gesto mucho m&aacute;s serio. Uno de cada tres refugiados que intentan llegar a Europa por el Mediterr&aacute;neo es de Eritrea. Conocida como la Corea del Norte africana, este pa&iacute;s lleva 30 a&ntilde;os gobernado por el dictador Isa&iacute;as Afewerki, que tiene aislada a su poblaci&oacute;n en una c&aacute;rcel del tama&ntilde;o de sus fronteras. &ldquo;Cruzamos el mar porque no hay nada peor que el sitio de donde venimos&rdquo;, explica Filmon en su idioma tigri&ntilde;a. No entiendo lo que dice pero, por las caras de sus amigos, s&eacute; que las bromas se han acabado. &ldquo;Mi familia no sabe que estoy aqu&iacute;, no saben que estoy vivo&rdquo;, a&ntilde;ade en un tono m&aacute;s preocupado. &ldquo;Todos mis sue&ntilde;os se han hecho realidad. Como ser humano tengo ambiciones y necesito cumplirlas. Mi mayor ambici&oacute;n es ser una persona con estudios y poder apoyar a mi familia&rdquo;, concluye Filmon con una t&iacute;mida sonrisa.
    </p><p class="article-text">
        La vida en la cubierta principal y la vida dentro del Open Arms tienen ritmos muy distintos. Dentro, el tiempo transcurre uniforme y el mar susurra; fuera, la realidad es fren&eacute;tica y el mar grita. Mientras tanto, Esther Camps ya ha empezado las gestiones para solicitar un puerto seguro donde desembarcar. Coincidiendo con la negativa de Malta, un aviso de una segunda embarcaci&oacute;n a la deriva sorprende a la tripulaci&oacute;n. Hoy es 2 de enero. El capit&aacute;n Marco Antonio y sus oficiales, Adri&aacute;n P&eacute;rez y Angelo Selim, ponen rumbo a la nueva posici&oacute;n. &ldquo;Capit&aacute;n, estamos a 6 horas del <em>target</em>&rdquo; comunica Adri&aacute;n. Las coordenadas no son exactas y se van actualizando. &ldquo;Lo mejor es bajar las lanchas y establecer un patr&oacute;n de b&uacute;squeda&rdquo; coinciden en el puente de mando. Despu&eacute;s de 2 horas, el Open Arms avista la embarcaci&oacute;n a media milla. Es una embarcaci&oacute;n de madera con el motor roto y lleva unas 90 personas a bordo. Entretanto, las olas no dan tregua y anuncian otro temporal. La operaci&oacute;n de salvamento se desarrolla con la normalidad relativa de una operaci&oacute;n de esta naturaleza. En la cubierta del Open Arms las primeras personas rescatadas ayudan a las nuevas. Ferhat Isham tiene 30 a&ntilde;os y viene de Casablanca. &ldquo;Si no fuera por vosotros estar&iacute;a muerto, es lo m&iacute;nimo que puedo hacer&rdquo; confiesa mientras ayuda a un joven eritreo a quitarse el chaleco salvavidas. 96 n&aacute;ufragos se suman a los 169, en total 265 personas llenan ahora la cubierta de un barco que busca destino.&nbsp;
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                Vista aerea del segundo rescat                            </span>
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        El segundo rescate ha sido en zona SAR Malta. Esther sabe que, por ley, deber&iacute;an proporcionarles un puerto as&iacute; que vuelve a contactar con las autoridades competentes. &ldquo;Cuando los gobiernos dicen que los n&aacute;ufragos son inmigrantes est&aacute;n corrompiendo el lenguaje del mar y el significado del derecho. Un n&aacute;ufrago es simplemente una persona que se est&aacute; ahogando o que tiene un problema con su embarcaci&oacute;n&rdquo;, explica el capit&aacute;n que, como cada ma&ntilde;ana, se dispone a rellenar el diario de navegaci&oacute;n. &ldquo;Cuando lleguen a tierra podemos discutir qu&eacute; son, pero aqu&iacute;, en el mar, son n&aacute;ufragos&rdquo;, concluye.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante la segunda negativa de Malta, Italia responde a la llamada. Todo el mecanismo burocr&aacute;tico parece que empieza a activarse. La espera es incierta, nadie sabe cu&aacute;nto pueden tardar en darnos puerto. Entretanto, un tercer correo electr&oacute;nico pone en alerta al puente. Parece que hay una tercera embarcaci&oacute;n a la deriva. Es de noche y el mar est&aacute; cada vez m&aacute;s agitado, empezar a realizar tareas de b&uacute;squeda en estas condiciones es pr&aacute;cticamente imposible. Otra decisi&oacute;n complicada se cierne sobre el mando de la misi&oacute;n 79. Por la informaci&oacute;n que ha llegado, en la embarcaci&oacute;n viajan 80 personas, rescatarlas supondr&iacute;a sobrepasar la capacidad del Open Arms. &ldquo;Aqu&iacute; no dejamos a nadie atr&aacute;s&rdquo;, sentencia el capit&aacute;n que, junto a Esther, deciden detener el rumbo y aguantar hasta a ma&ntilde;ana. &ldquo;Esperaremos a que salga <em>el Colibr&iacute; </em>para que nos confirme su posici&oacute;n exacta&rdquo;, dice Esther que, de momento, prefiere no transmitir esta &uacute;ltima alerta al resto de ola tripulaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana del d&iacute;a 3, <em>el Colibr&iacute;</em>, una avioneta de una organizaci&oacute;n francesa de pilotos que vuela la zona del Mediterr&aacute;neo Central, confirma la informaci&oacute;n. Es una embarcaci&oacute;n de goma rumbo norte con 84 personas. Esther transmite las coordenadas al capit&aacute;n que r&aacute;pidamente las introduce en el ordenador. &ldquo;Est&aacute;n en SAR Malta&rdquo; confirma Marco. &ldquo;Estamos a 130 millas, tardar&iacute;amos m&aacute;s de 13 horas&rdquo;, a&ntilde;ade. &ldquo;Espera porque nos confirman que los libios est&aacute;n a punto de interceptarlos&rdquo; dice Esther que ya se levanta a comprobar las coordenadas. &ldquo;Esto es una devoluci&oacute;n en caliente en toda regla&rdquo;, comenta con indignaci&oacute;n tras haber verificado la posici&oacute;n. El capit&aacute;n levanta la mirada del monitor hac&iacute;a una Esther que sigue incr&eacute;dula y dice resignado &ldquo;por lo menos no van a morir ahogados&hellip;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Open Arms reemprende rumbo norte a&uacute;n con la incertidumbre de no tener destino. La temida tormenta ya atiza, sin piedad, la cubierta de un barco desbordado. Los llantos de los beb&eacute;s se mezclan con el gimoteo del viento y ninguna lona parece poder desafiar esta lluvia. Tequam Guaye, de Etiop&iacute;a, protege a su hijo peque&ntilde;o entre sus brazos. Markon tiene 3 a&ntilde;os y naci&oacute; en Libia. &ldquo;La situaci&oacute;n en Libia era terrible, nos hemos enfrentado a todo tipo de abusos&rdquo; explica Tequam. &ldquo;Ahora damos gracias a Dios porque estamos en un lugar seguro y deseamos lo mismo para nuestros hermanos que est&aacute;n sufriendo all&aacute; atr&aacute;s&rdquo; a&ntilde;ade con esperanza. Tequam abandon&oacute; Etiop&iacute;a en 2016 cuando los disturbios civiles provocaron centenares de muertes en todo el pa&iacute;s. Hoy, una nueva guerra en la regi&oacute;n del Tigray descubre las tensiones &eacute;tnicas de un territorio en constante disputa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tormenta sigue sacudiendo la cubierta&nbsp;principal mientras Esther agiliza los tramites con las autoridades italianas. En el cambio de turno un mensaje en la pizarra del comedor sorprende a la tripulaci&oacute;n: <em>&ldquo;&iexcl;Tenemos puerto! Porto Empedocle. Hora estimada de llegada: las 11:00</em>&rdquo;. &ldquo;&iexcl;Tenemos puerto! &iexcl;Tenemos puerto! &iexcl;Tenemos puerto!&rdquo; celebra el equipo y el mensaje se va extendiendo por todo el barco. La ma&ntilde;ana siguiente, Marco Antonio aprovecha la megafon&iacute;a para transmitir la buena noticia a toda la gente. La cubierta es una fiesta. Varios grupos de eritreos cantan y rezan, Tequam y su marido abrazan al peque&ntilde;o Markon, Isham se saluda efusivamente con su yerno y Filmon se suma a los rezos de sus compatriotas. En el interior del Open Arms un mensaje firmado por el capit&aacute;n pone fin a una misi&oacute;n que hoy descansa cumpliendo cuarentena en las costas de Sicilia: <em>&ldquo;La lucha por el genero humano sigue, el racismo no vencer&aacute;! Ten&eacute;is todo mi respeto</em>&rdquo;.&nbsp;
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        A d&iacute;a de hoy, a&uacute;n no se sabe nada de las 15 personas que se encontraban a la deriva el pasado 25 de diciembre. Seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones, desde 2014, han muerto 19.346 personas tratando de cruzar el Mar Mediterr&aacute;neo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillem Trius]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/empezar-2021-bordo-open-arms-salvar-265-vidas-si-no-fuera-estaria-muerto_1_6737231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Jan 2021 21:55:10 +0000]]></pubDate>
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