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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pascual Pery Paredes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pascual-pery-paredes/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pascual Pery Paredes]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Nos quedamos sin playas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/quedamos-playas_1_7189162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0465d836-a67f-4666-a647-0aa2e751b33f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="¿Nos quedamos sin playas?"></p><p class="article-text">
        Quienes solicitan actuaciones urgentes en las playas despu&eacute;s de un temporal (fen&oacute;meno cada vez m&aacute;s frecuente), en particular los ayuntamientos, han de recibir respuestas coherentes que no agraven m&aacute;s la situaci&oacute;n ni derrochen recursos p&uacute;blicos. Sin ir m&aacute;s lejos, hace poco, empresarios de la hosteler&iacute;a en Sitges reclamaban la aportaci&oacute;n de arena &ldquo;en gran abundancia&rdquo; para salvar la pr&oacute;xima temporada veraniega. Recargar de arena una zona donde la hubo y desapareci&oacute; no es la mejor soluci&oacute;n, ya que se volver&aacute; a repetir el desastre.
    </p><p class="article-text">
        Una respuesta adecuada exige un diagn&oacute;stico realista que no siempre se da. Aportamos aqu&iacute; unas cuantas ideas en la l&iacute;nea de subsanar errores y aclarar malentendidos.
    </p><h3 class="article-text">El origen del problema</h3><p class="article-text">
        Para empezar, conviene saber que m&aacute;s del 95 por ciento de la arena de las playas procede de la erosi&oacute;n terrestre aportada por los r&iacute;os. El resto proviene de la erosi&oacute;n costera y de restos org&aacute;nicos. Es decir, hay que olvidar la idea de que &ldquo;la mar cr&iacute;a arena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estos materiales son arrastrados por las lluvias y la corriente fluvial, deposit&aacute;ndose por tama&ntilde;os y llegando finalmente, los m&aacute;s finos, a la desembocadura. Una vez all&iacute;, est&aacute;n sometidos a la acci&oacute;n del oleaje, que los ir&aacute; repartiendo por la costa.
    </p><p class="article-text">
        Durante siglos, desde los grandes r&iacute;os hasta los peque&ntilde;os barrancos han venido aportando materiales que han rellenado marismas, creado deltas y por supuesto playas y dunas. La regulaci&oacute;n de los r&iacute;os, &uacute;til para prevenir avenidas y suministrar agua o energ&iacute;a, ha reducido dr&aacute;sticamente su aportaci&oacute;n de &aacute;ridos a la costa. Sin embargo, la capacidad de erosi&oacute;n del mar sigue siendo la misma, o quiz&aacute; mayor, debido a los efectos del cambio clim&aacute;tico, como la subida del nivel del mar.
    </p><h3 class="article-text">La acci&oacute;n del oleaje</h3><p class="article-text">
        El oleaje es una oscilaci&oacute;n del mar, debido a la acci&oacute;n del viento. En grandes profundidades solo transporta energ&iacute;a, no masa de agua y &uacute;nicamente al llegar a profundidades reducidas, rompen las olas y generan corrientes que arrastran materiales en suspensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este arrastre tiene dos sentidos, uno por la pendiente de la playa, arriba y abajo, y otro a lo largo de la costa. El primero depende de la altura de ola, pero el segundo, adem&aacute;s, del &aacute;ngulo de incidencia de la ola rota, sin olvidar la gravedad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Vista de la playa de la Concha, en San Sebastián. / Google Maps                            </span>
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        Como la altura de las olas var&iacute;a a lo largo del a&ntilde;o, el perfil de la playa tambi&eacute;n lo hace, siendo distinto en verano o en invierno. Si las olas llegan perpendiculares a la playa, se pierde poca arena porque la masa de agua que sube y baja es la misma y adem&aacute;s ha perdido su energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Las corrientes debidas a la incidencia oblicua, que arrastran la arena a lo largo de la playa, tienen distintas direcciones y alturas y tiempos, no se equilibran, y la arena va corriendo en el sentido de los oleajes dominantes. En el golfo de Valencia este desequilibrio es elevado y de sentido norte-sur.
    </p><p class="article-text">
        Esta corriente de arena llega a los accidentes de la costa, naturales o artificiales, se acumula y busca una salida, que siempre es hacia abajo, por lo que al final la arena llega a una profundidad que el oleaje ya no la mueve.
    </p><h3 class="article-text">Las playas estables</h3><p class="article-text">
        Hay playas aparentemente sin problemas, aquellas que no sufren los efectos que hemos visto, o lo hacen muy poco. Unas son playas encajadas, es decir las limitadas por accidentes que evitan que salga la arena por sus extremos. Si su forma hace que el oleaje siempre llegue perpendicular a la orilla, como en la Concha de San Sebasti&aacute;n, la forma se conserva casi fija. En las m&aacute;s abiertas su forma cambia con las estaciones, basculan, pero siguen conservando su estabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Otras, las playas colgadas, son las que su pie se apoya en un arrecife, continuo o discontinuo, m&aacute;s o menos paralelo a la costa, que por un lado evita que la arena se pierda por el fondo, y por otro limita la energ&iacute;a del oleaje al provocar una rotura previa a su llegada a la playa. El caso m&aacute;s conocido es el de la playa de las Canteras de Las Palmas, que se mantiene estable pese a estar enfrentada a los temporales del Atl&aacute;ntico.
    </p><h3 class="article-text">El efecto humano</h3><p class="article-text">
        Visto lo que sucede por causas naturales, conviene ahora repasar el impacto de las obras artificiales. Fundamentalmente son dos, la construcci&oacute;n de obras en la costa y la ocupaci&oacute;n de las dunas, reserva fundamental para el equilibrio litoral.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El litoral de Burriana (Castellón). / Google Maps                            </span>
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        Para encauzar desembocaduras, abrigar puertos o ganar terrenos al mar, se han construido obras que cortan la corriente de arena provocando una acumulaci&oacute;n a un lado, mientras el otro no recibe los aportes necesarios. V&eacute;ase los puertos de Burriana o de Valencia, en los que, dada la profundidad a la que llegan sus diques, cortan totalmente ese flujo. En el caso de algunos puertos peque&ntilde;os, con diques m&aacute;s cortos, se produce su aterramiento.
    </p><p class="article-text">
        La ocupaci&oacute;n de las dunas con obras r&iacute;gidas, paseos mar&iacute;timos, chiringuitos, u otras construcciones, adem&aacute;s de sustraer la reserva de arena, hace que en los grandes temporales las olas se reflejen en esos obst&aacute;culos, provocando una mayor corriente hacia abajo, lo que aumenta considerablemente la erosi&oacute;n. La playa ya no elimina la energ&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Soluciones</h3><p class="article-text">
        &iquest;No hay soluci&oacute;n? Por supuesto que s&iacute;. Debemos fijarnos en c&oacute;mo hemos abordado los problemas producidos por otros fen&oacute;menos, especialmente uno tan parecido, para evitar los efectos negativos de las riadas, con intervenciones que reducen su fuerza y su capacidad de erosi&oacute;n, limitando caudales y pendientes por tanto, las actuaciones deben procurar que la costa, al final del proceso, se asemeje a una de las formas estables, es decir, que tengan la forma de playas encajadas, aprovechando elementos naturales o cre&aacute;ndolos imitando sus caracter&iacute;sticas. En otros casos, con arrecifes m&aacute;s o menos sumergidos que reduzcan la altura de ola y eviten las p&eacute;rdidas por el fondo. La t&eacute;cnica actual permite una ejecuci&oacute;n cuidadosa de estas obras, procurando su integraci&oacute;n en el ecosistema costero, con alteraciones m&iacute;nimas en el paisaje, sin m&aacute;s cambios que los de evitar el d&eacute;ficit de aportes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Imagen del litoral de la ciudad de València. /Google Maps                            </span>
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        Sabemos que el mar no distingue fronteras administrativas, y que por tanto estas actuaciones deben partir del tratamiento global de cada unidad geomorfol&oacute;gica completa. Cualquier acci&oacute;n puntual improvisada acaba siendo peor que no hacer nada.
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            <span class="title">
                Playa de Las Canteras en Las Palmas de Gran Canaria /Google Maps                            </span>
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        En cualquier caso, se seguir&aacute;n produciendo p&eacute;rdidas, aunque mucho menores; y por tanto ser&aacute;n necesarias las aportaciones, a recabar de los materiales que se pierden y no de una erosi&oacute;n adicional de la costa. En los tramos encajados es f&aacute;cil redirigir la arena depositada de un extremo al otro del mismo tramo, o transferirla al contiguo, reproduciendo, a la inversa, los movimientos naturales. Naturalmente, parece l&oacute;gico que estas obras y su conservaci&oacute;n deben asumirse por los responsables de romper el equilibrio o por los beneficiarios de la presencia de las playas que, no lo olvidemos, son bienes de dominio p&uacute;blico estatal.
    </p><p class="article-text">
        Los grandes programas para evitar un retroceso generalizado, pueden exigir recurrir a dep&oacute;sitos f&oacute;siles, en grandes profundidades. Esta actuaci&oacute;n debe ser muy cuidadosa, por afectar a zonas fuera de la parte activa de las playas. Dada la magnitud del problema y la escasez de fuentes, estas reservas se deben destinar exclusivamente a ese fin.
    </p><p class="article-text">
        No olvidemos, finalmente, que la costa no son solo playas y acantilados, marismas y ensenadas, pues hay que contar tambi&eacute;n con aquellas partes que las aguas nos impiden ver, los fondos marinos y las comunidades vivas. La Directiva Marco del Agua de la UE ha cambiado la percepci&oacute;n mercantilista que ten&iacute;amos de los r&iacute;os como &ldquo;f&aacute;bricas de agua&rdquo;, pues la ley los considera ecosistemas a preservar. Debemos aplicar el mismo criterio las costas, pues son ecosistemas vivos de incalculable valor, que protegen el territorio, al paisaje, a la pesca y a la calidad de vida, no espacios solo aptos para atraer turismo intensivo, caso de las &ldquo;playas de toalla y chiringuito&rdquo; como las califican los ecologistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Pascual Pery Paredes</strong>, Dr. Ing. de Caminos, profesor em&eacute;rito de la Universidad Polit&eacute;cnica de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Joan Olmos</strong>, Dr. Ing. de Caminos, profesor titular de la Universidad Polit&eacute;cnica de Valencia
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pascual Pery Paredes, Joan Olmos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/quedamos-playas_1_7189162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Feb 2021 09:05:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Nos quedamos sin playas?]]></media:title>
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