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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lisa Feldman Barrett]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lisa-feldman-barrett/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lisa Feldman Barrett]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Escribe una carta a un amigo y otras formas de conectar en tiempo de pandemia que nos enseña la neurociencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/neurociencia-muestra-interconectados-tiempos-aislamiento_129_7211641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e62f61c-d722-40b6-922c-fd989d3e600d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escribe una carta a un amigo y otras formas de conectar en tiempo de pandemia que nos enseña la neurociencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cercanía física no es necesaria si pretendemos influir, para bien o mal, en la vida de los demás</p><p class="subtitle">EL AÑO PERDIDO - ¿Un año de pandemia ha reprogramado nuestros cerebros?</p></div><p class="article-text">
        Un papel en blanco transform&oacute; mi modo de entender el mundo la semana pasada. No era un papel cualquiera, sino de papeler&iacute;a con un bonito relieve, sedoso al tacto y un lujo para escribir en &eacute;l. Me lo regal&oacute; un buen amigo y colega. Trabajamos juntos cada semana a trav&eacute;s de Zoom, por lo que podr&iacute;a haberle dado las gracias por videollamada pero decid&iacute; escribirle una nota de gratitud y afecto y envi&aacute;rsela por correo postal. Su alegr&iacute;a al recibirla unos d&iacute;as m&aacute;s tarde reflej&oacute; la m&iacute;a, y compartimos un momento de conexi&oacute;n emocional.
    </p><p class="article-text">
        Justo antes, mi d&iacute;a transcurr&iacute;a con el habitual hast&iacute;o de pandemia, de &ldquo;esto no se acaba nunca&rdquo; y la soledad de la mirada fija en una pantalla que parece empalidecerme. Despu&eacute;s de mandar la carta, para mi sorpresa, sent&iacute; como bull&iacute;a en m&iacute; una intensa sensaci&oacute;n de conexiones con los dem&aacute;s. No deber&iacute;a haberme sorprendido: soy neurocient&iacute;fica y estudio el modo en que el cerebro da forma al estado de &aacute;nimo. De hecho, comprender el funcionamiento interno del cerebro, ayuda a sentirte mejor gracias a la conexi&oacute;n con los que te rodean, sea f&iacute;sica o espiritualmente, cuando vivimos momentos complejos.
    </p><h3 class="article-text">Conductas que aportan</h3><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n muestra que en el cerebro <a href="https://www.nature.com/articles/s41562-017-0069" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">regula el funcionamiento del cuerpo</a>, de sus &oacute;rganos -hormonas y sistema inmunitario incluidos- con el objetivo de mantenernos vivos. El proceso es similar a la gesti&oacute;n del presupuesto familiar s&oacute;lo que en lugar de dinero se administran agua, sal, glucosa y otros nutrientes a medida que se incorporan y utilizan.
    </p><p class="article-text">
        Las conductas que gastan recursos como el ejercicio o las conversaciones que generan tensi&oacute;n equivalen a gastos. Las conductas que aportan recursos como la alimentaci&oacute;n, el sue&ntilde;o o acariciar a esa mascota que tanto queremos, cuentan como ingresos.
    </p><p class="article-text">
        No estamos programados para ser conscientes del proceso de administraci&oacute;n de recursos de nuestro cerebro al igual que no sentimos la sangre que circula por las venas, la bilis que sale del h&iacute;gado ni el metabolismo de la glucosa que alimenta las c&eacute;lulas del mismo modo que vemos y escuchamos objetos y sonidos. Pero dentro de nosotros, esa sinfon&iacute;a de cambios constantes produce los sentimientos m&aacute;s simples: comodidad e incomodidad, actividad y pasividad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a nuestro alrededor sucede algo que supone un ingreso o un gasto, perturba esa coordinaci&oacute;n interna que puede traducirse en algunas ocasiones en cambios de humor. Ya sea con la intensidad del susurro o el terror ante el tsunami. Esos cambios no revelan lo ocurrido ni tampoco c&oacute;mo responder. Pero el cerebro cree que va a pasar algo importante. Puede que similar a lo que conocemos como &ldquo;corazonada&rdquo; o &ldquo;intuici&oacute;n&rdquo;. Los cient&iacute;ficos lo llaman &ldquo;<a href="https://lisafeldmanbarrett.com/books/how-emotions-are-made/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sentimiento</a>&rdquo;. Yo lo veo como una especie de sexto sentido. Parecido al &ldquo;modo ara&ntilde;a&rdquo; de Spiderman pero sin su precisi&oacute;n. Esa sensaci&oacute;n de r&iacute;o que fluye sin cesar, ya sea en forma de goteo o de torrente, nace de la gesti&oacute;n cerebral de la actividad corporal que el mundo exterior pide y provoca.
    </p><h3 class="article-text">La pandemia ha agravado problemas ya existentes</h3><p class="article-text">
        Antes de la pandemia, la gesti&oacute;n de los cuerpos ya ten&iacute;a muchos problemas. Muchos dorm&iacute;amos menos de lo necesario, d&aacute;bamos demasiada importancia a las redes sociales, no hac&iacute;amos todo el ejercicio necesario e inger&iacute;amos pseudoalimentos que deforman nuestra necesidad de az&uacute;cares transformados y grasas nocivas. La pandemia no ha servido m&aacute;s que para agravar esos problemas. Y los econ&oacute;micos, y los relativos a la maternidad y paternidad y el aislamiento social y, por supuesto, el miedo a la muerte. Los &iacute;ndices de depresi&oacute;n se <a href="https://www.ons.gov.uk/peoplepopulationandcommunity/wellbeing/articles/coronavirusanddepressioninadultsgreatbritain/june2020" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">han duplicado en Reino Unido</a> y <a href="https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2770146" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">triplicado en Estados Unidos</a>. En general, nuestros cuerpos hoy gastan m&aacute;s que ingresan.
    </p><p class="article-text">
        Pero ante estos retos podemos descubrir las semillas de la resiliencia con la neurociencia como faro. Muchos de los elementos del mundo exterior son capaces de empujar (o acarrear a paladas) el balance del presupuesto corporal. Por supuesto, el resto de humanos tambi&eacute;n. En sentido estricto, biol&oacute;gico, estamos conectados los unos con los otros a trav&eacute;s de esa <a href="https://sevenandahalflessons.com/notes/Co-regulation" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gesti&oacute;n corporal</a>. Los amigos, la familia y los extra&ntilde;os pueden hacer y decir cosas que impulsen escalofr&iacute;os y alertas, preocupaci&oacute;n y atenci&oacute;n a trav&eacute;s de la m&eacute;dula espinal. Es obvio que t&uacute; provocas lo mismo en los dem&aacute;s. Un momento de confianza y afecto, por ejemplo, los latidos cardiacos y la respiraci&oacute;n pueden sincronizarse. Si elevas la voz o alzas las cejas tienes capacidad de incidir en las sustancias qu&iacute;micas que corren por el flujo sangu&iacute;neo de quien tienes frente a ti. Conexiones f&iacute;sicas como esta se dan entre los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y las personas que los cuidan, entre psic&oacute;logos y pacientes, entre amigos, amantes o personas que se mueven al mismo ritmo en una sesi&oacute;n de yoga o mientras cantan a coro. Las personas tienen a percibir esos leves cambios en el presupuesto corporal a trav&eacute;s de cambios en su estado de &aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Ser responsables de los presupuestos corporales de los dem&aacute;s es un reto en un momento como el actual en el que tantas nos sentimos o estamos solas. Pero la distancia social no tiene por qu&eacute; significar aislamiento social. Los humanos tienen una capacidad especial de conexi&oacute;n y regulaci&oacute;n mutua. Lo hacen incluso a distancia. Para eso existen las palabras. Si alguna vez, al recibir un mensaje de texto de alguien a quien quieres has sentido apuro o calidez o si tu jefe te ha criticado y lo has sentido como un pu&ntilde;etazo en el est&oacute;mago sabes a qu&eacute; me refiero. Las palabras son instrumentos que regulan los cuerpos.
    </p><h3 class="article-text">El poder de las palabras</h3><p class="article-text">
        En el laboratorio donde trabajo, <a href="https://sevenandahalflessons.com/notes/Experiments_that_demonstrate_the_power_of_words" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">realizamos experimentos para demostrar el poder de las palabras</a>. Quienes participan en ellos, tendidos sobre una camilla y, conectados a un esc&aacute;ner cerebral, escuchan descripciones que evocan situaciones diversas. En una de las descripciones, llegas a la casa de tu infancia para recibir sonrisas y abrazos. En otra, al abrir los ojos cuando zumba el despertador descubres una nota de la persona a la que quieres.
    </p><p class="article-text">
        A medida que escuchan, vemos como aumenta la actividad en las regiones del cerebro que controlan el ritmo cardiaco, la respiraci&oacute;n, el metabolismo o el sistema inmunitario. S&iacute;, son las mismas regiones cerebrales que procesan el lenguaje las que colaboran con la gesti&oacute;n del presupuesto corporal. Las palabras ejercen poder sobre la biolog&iacute;a del cuerpo. Las conexiones cerebrales garantizan que as&iacute; sea.
    </p><p class="article-text">
        Quienes participan en esta investigaci&oacute;n tienen un incremento en la actividad cerebral en regiones vinculadas a la visi&oacute;n y el movimiento aunque est&eacute;n tumbados y con los ojos cerrados. El cerebro modifica las emisiones neuronales para simular visi&oacute;n y movimientos mentales. Y esa misma capacidad puede dar forma a la sensaci&oacute;n de conexi&oacute;n con s&oacute;lo unos segundos de llamada telef&oacute;nica de mala calidad o un rect&aacute;ngulo pixelado tras el que se adivina la cara de un amigo. El cerebro llena los vac&iacute;os, los datos sensoriales que no recibes a trav&eacute;s de esos medios de comunicaci&oacute;n, y puede equilibrar los d&eacute;ficit de tu presupuesto corporal en un momento dado.
    </p><p class="article-text">
        En plena &eacute;poca de la distancia social, mi amigo de Zoom y yo fuimos capaces de redescubrir los beneficios para el equilibrio del presupuesto corporal de medios de comunicaci&oacute;n tan tradicionales como las cartas en papel. La escritura a mano de quienes nos importan puede tener un impacto emocional inesperado. Un trozo de papel se convierte en ola de amor, corriente de gratitud, risa tan intensa que provoca dolor de barriga.
    </p><p class="article-text">
        A veces, estos d&iacute;as, cuando escribo cartas en el papel que me regal&oacute; mi amigo o comparto almuerzo con amigos de otros pa&iacute;ses gracias a una pantalla sobre la mesa, me maravilla pensar que, de alg&uacute;n modo, mi mundo ha aumentado durante la pandemia. &iquest;Por qu&eacute; antes no hab&iacute;a invitado a cenar por Zoom a amigos que viven lejos? La tecnolog&iacute;a lo permit&iacute;a pero nunca se me ocurri&oacute; hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, a medida que se suavizan las restricciones vinculadas al virus hasta desparecer por completo, logremos mantener un contacto de mayor calidad con quienes est&aacute;n lejos. Quiz&aacute;s una percepci&oacute;n m&aacute;s intensa del modo &ndash;tan real- en que nuestro bienestar depende de nuestra conexi&oacute;n con los dem&aacute;s sea una de las cosas buenas que nos deje esta horrible pandemia.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Lisa Feldman Barrett es profesora de psicolog&iacute;a en la Northeastern University, Massachusetts, y autora de <em>Siete lecciones y media sobre el cerebro</em>.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Traducido por Alberto Arce
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lisa Feldman Barrett]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/neurociencia-muestra-interconectados-tiempos-aislamiento_129_7211641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Feb 2021 20:21:39 +0000]]></pubDate>
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