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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Jiménez Buedo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-jimenez-buedo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Jiménez Buedo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Uso de mascarilla: evidencia, dilemas y políticas públicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mascarilla-evidencia-dilemas-politicas-publicas_132_7227914.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/34b29136-ab53-4a30-86c9-d8096e71fbcc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Uso de mascarilla: evidencia, dilemas y políticas públicas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con el paso del tiempo, la evidencia en favor de la eficacia y seguridad de las mascarillas ha ido aumentando. Sin embargo, ¿cuál es la mejor estrategia para fomentar el uso de mascarillas por parte de la población, una estrategia paternalista o flexible?</p></div><p class="article-text">
        Aunque cueste recordarlo, ahora que las mascarillas forman parte de nuestra cotidianidad, durante los primeros meses de la crisis sanitaria de la Covid-19, fueron muchos los cient&iacute;ficos, divulgadores, y autoridades sanitarias (adem&aacute;s de la propia Organizaci&oacute;n Mundial para la Salud) los que desaconsejaron su uso entre la poblaci&oacute;n general. A decir verdad, en los primeros meses de 2020, la evidencia sobre la eficacia de las mascarillas para prevenir la transmisi&oacute;n del SARS-CoV-2 era escasa [1]. Adem&aacute;s, se trataba en su mayor&iacute;a de evidencia indirecta, que se centraba en epidemias previas de gripe y no ten&iacute;a en cuenta las particularidades de este nuevo (y casi desconocido) virus. Esta ausencia de evidencia concluyente generaba desacuerdo entre los expertos: mientras que algunos, apoy&aacute;ndose en el principio de precauci&oacute;n, abogaban por el uso generalizado de mascarillas, otros, apelando a los posibles efectos adversos, defend&iacute;an que hab&iacute;a que esperar a la obtenci&oacute;n de evidencia concluyente sobre su eficacia. 
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, la evidencia en favor de la eficacia y seguridad de las mascarillas fue aumentando [2]. Numerosos estudios observacionales (por ejemplo, el de Chi-Chung Cheng et al., [3]) mostraron una correlaci&oacute;n negativa entre su uso y la transmisi&oacute;n del SARS-CoV-2. En consecuencia, emergi&oacute; entre los expertos un consenso con respecto a la conveniencia del uso de mascarillas por parte de la poblaci&oacute;n en general, a medida, adem&aacute;s, en que se afianzaba la tesis de que la v&iacute;a principal de transmisi&oacute;n del virus era a&eacute;rea. Aunque la acumulaci&oacute;n de evidencia acerca de la eficacia de las mascarillas cerraba una cuesti&oacute;n, abr&iacute;a otra no menos importante: &iquest;cu&aacute;l era la mejor estrategia para fomentar el uso de mascarillas por parte de la poblaci&oacute;n?&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Estrategias paternalistas o estrategias flexibles?: La obligatoriedad de las mascarillas &nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, y tras varios titubeos, el 20 de mayo de 2020, se opt&oacute; por la obligatoriedad de las mascarillas en todos los espacios p&uacute;blicos cerrados y cuando no fuera posible mantener una distancia de seguridad de dos metros. Esta normativa se vio endurecida a lo largo del mes de julio, cuando su obligatoriedad se extendi&oacute; a los espacios p&uacute;blicos al aire libre (con contadas excepciones como la pr&aacute;ctica del deporte). Sin embargo, en otros pa&iacute;ses de nuestro entorno como Suecia o Noruega, las autoridades se limitaron a informar y recomendar el uso de mascarillas en aquellas situaciones en que la transmisi&oacute;n a&eacute;rea fuera probable, como las visitas a hospitales.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, podemos entender que, una vez establecida la eficacia de las mascarillas, las autoridades sanitarias tuvieron a su disposici&oacute;n un continuo de estrategias que variaban en el papel y autonom&iacute;a concedido a los ciudadanos. En un extremo de este continuo, se hallaban las estrategias r&iacute;gidas en las que primaba el paternalismo. Estas estrategias se centran generalmente en la introducci&oacute;n de normas generales e inflexibles de obligado cumplimiento, que no requieren de c&aacute;lculos individuales sobre la oportunidad de la conducta -la mascarilla se debe llevar siempre. En el otro extremo, estaban las estrategias flexibles en las que primaba la autonom&iacute;a de los individuos. Estas estrategias delegan (al menos parcialmente) en los ciudadanos la decisi&oacute;n de cu&aacute;ndo utilizar o no la mascarilla. Son ellos quienes, en base a los riesgos que presente una determinada situaci&oacute;n, han de determinar la oportunidad de utilizarla. 
    </p><p class="article-text">
        La condici&oacute;n de eficacia de las estrategias flexibles, y que con frecuencia se omite, ser&iacute;a doble: por un lado, requieren que al menos una mayor&iacute;a de ciudadanos tenga una actitud hacia el riesgo que sea t&iacute;pica, y, por otro lado, requiere que comprendan y sean capaces de evaluar los riesgos que distintos contextos representan. A la luz de la convergencia de numerosos pa&iacute;ses hacia estrategias r&iacute;gidas (y paternalistas), parece que se consider&oacute; que los requisitos para el &eacute;xito de la estrategia alternativa dif&iacute;cilmente eran satisfechos. Ciertamente, podr&iacute;a haberse tratado de compensar dichas carencias mediante campa&ntilde;as de comunicaci&oacute;n complementarias. Sin embargo, la viabilidad y eficacia de dichas campa&ntilde;as, especialmente en un contexto tan apremiante, podr&iacute;a ser dudosa. 
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de los meses, la introducci&oacute;n de normas r&iacute;gidas se ha revelado como una estrategia eficaz, y diferentes estudios han vinculado la introducci&oacute;n de ese tipo de normas con una reducci&oacute;n en la incidencia del SARS-CoV-2. (Por ejemplo, el trabajo realizado por Wei Lyu y George L. Wehby [4], que mide el efecto de las normativas estatales sobre el uso de mascarillas en p&uacute;blico en 15 estados de EE.UU. y Washington D.C.). De hecho, son varias las administraciones que, aunque inicialmente optaron por estrategias flexibles, han acabado convergiendo hacia una estrategia de corte paternalista. Por ejemplo, en oto&ntilde;o de 2020, diferentes municipios noruegos introdujeron la obligatoriedad de las mascarillas en el transporte p&uacute;blico o cuando no fuera posible mantener la distancia social. Por otro lado, pa&iacute;ses que ya contaban con normas relativamente estrictas, han ido progresivamente reduciendo los contextos de excepci&oacute;n en los que su uso es opcional. En Espa&ntilde;a, por ejemplo, el uso de mascarilla para la pr&aacute;ctica del deporte al aire libre ha pasado a ser obligatorio en numerosas regiones.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Mascarillas obligatorias, &iquest;pero qu&eacute; mascarillas?</strong></h3><p class="article-text">
        En la actualidad, y una vez establecida la conveniencia del uso de mascarillas, el debate se centra en el tipo de mascarilla y el modo de utilizarla. Esta cuesti&oacute;n ha sido puesta de relevancia por la constataci&oacute;n de que algunos ciudadanos llevan mascarillas claramente deficientes (mal ajustadas, de materiales inadecuados), unida a la hip&oacute;tesis de que las nuevas cepas circulantes son m&aacute;s contagiosas.&nbsp;En algunas regiones, como Baviera, ya se han introducido normativas que obligan a utilizar mascarillas de alto filtrado (N95, seg&uacute;n la homologaci&oacute;n norteamericana, FFP2 -Face Filtering Piece 2-, seg&uacute;n el est&aacute;ndar europeo). En otras regiones, como Francia, se est&aacute; valorando la obligatoriedad de la doble mascarilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por lo que respecta a mejorar la protecci&oacute;n de los ciudadanos, las autoridades sanitarias parecen enfrentarse a un dilema an&aacute;logo al que se dio en la primera ola de la pandemia: &iquest;Deber&iacute;amos dejar que los ciudadanos elijan en qu&eacute; contextos es m&aacute;s adecuado llevar unas u otras, inform&aacute;ndoles primero y confiando en su capacidad de evaluar las distintas circunstancias aut&oacute;nomamente? &iquest;O convendr&iacute;a recurrir a una estrategia m&aacute;s paternalista y restrictiva obligando al uso de FFP2? 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a pensarse, por analog&iacute;a, que la experiencia recomienda seguir de nuevo la estrategia paternalista: establecer la obligatoriedad de las FFP2 y contribuir as&iacute; a retirar de la circulaci&oacute;n las peores mascarillas. Sin embargo, ciertas particularidades de este caso (y relevantes diferencias con el enfrentado en la primera ola) nos obligan a ser cautelosos con las analog&iacute;as y no adoptar una estrategia r&iacute;gida de corte paternalista de forma precipitada. 
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, la evidencia del laboratorio muestra que, en condiciones ideales, las mascarillas FFP2 ofrecen una mayor eficiencia de filtrado [5]. Sin embargo, existe tambi&eacute;n evidencias de que la protecci&oacute;n ofrecida no depende exclusivamente de su capacidad de filtrado. El modo de empleo de la mascarilla, y en especial como &eacute;sta se ajuste a la cara, son cruciales. De hecho, sabemos, a trav&eacute;s de varios estudios de laboratorio, que un peque&ntilde;o desajuste puede tener un gran impacto en la cantidad de part&iacute;culas filtradas [8]. Por desgracia, de momento no hay un tipo de mascarilla homologada y con gran capacidad de filtrado que se ajuste adecuadamente a todo el mundo. Aunque suele pensarse que las FFP2 ajustan mejor, en un reciente estudio sobre el ajuste ofrecido por diferentes modelos de su equivalente en EEUU (las N95), ninguno de los 5 modelos analizados se ajustaba adecuadamente a la mayor&iacute;a de participantes [6]. (ver Figura 1) Esto supone una importante traba para la estrategia r&iacute;gida y general: no hay una mascarilla FFP2 (y, por tanto, tampoco una norma) adecuada para todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Figura 1. Modelos de mascarilla 
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                O’Kelly, E., et al. (2021). Comparing the fit of N95, KN95, surgical, and cloth face masks and assessing the accuracy of fit checking. PloS one, 16(1), e0245688.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La obligatoriedad de las FFP2, o incluso el excesivo &eacute;nfasis en las bondades de este tipo de mascarillas, podr&iacute;a adem&aacute;s tener diversos efectos indeseados. En primer lugar, podr&iacute;a generar un exceso de confianza en la capacidad de filtrado de las FPP2. Esta excesiva confianza, por un lado, podr&iacute;a resultar en un uso descuidado de las mascarillas (reutilizaci&oacute;n, mal ajuste, etc.) que redujera la protecci&oacute;n ofrecida de facto. Hay que tener en cuenta que, incluso en condiciones normales (es decir, en ausencia de exceso de confianza), el uso adecuado de las mascarillas no puede darse por supuesto. En un estudio realizado en Singapur, en el cual se enviaron N95 e instrucciones para su uso a m&aacute;s de 700 personas, menos del 13% de los participantes las utilizaron correctamente [7]. Adem&aacute;s, de acuerdo con la evidencia disponible, la mayor parte de la gente no suele tener un criterio fiable para determinar si una mascarilla le ajusta bien [6]. Por otro lado, la excesiva confianza en las FFP2 podr&iacute;a dar lugar a una falsa sensaci&oacute;n de seguridad que llevara a los ciudadanos a asumir mayores riesgos, como tomar parte en actividades de mayor exposici&oacute;n (tales como las reuniones familiares o los eventos sociales).
    </p><p class="article-text">
        Otro efecto de introducir la obligatoriedad de las mascarillas FFP2 ser&iacute;a dejar al resto de mascarillas fuera de circulaci&oacute;n. Como hemos se&ntilde;alado, en condiciones ideales las FFP2 tienen una mayor capacidad de filtrado que las mascarillas quir&uacute;rgicas o higi&eacute;nicas [5]. De hecho, pueden llegar a filtrar hasta un 98.4% con un buen ajuste. Sin embargo, desconocemos cu&aacute;les son las tasas reales de eficiencia cuando el ajuste de las FFP2 no es perfecto y sabemos tambi&eacute;n, a trav&eacute;s de datos de laboratorio que, bien ajustadas, las mascarillas quir&uacute;rgicas y las mascarillas higi&eacute;nicas (en este caso, de 2 capas de nylon y puente met&aacute;lico) pueden alcanzar hasta un 78.2% y 79.0% respectivamente [5]. Esto indicar&iacute;a que, en la prevenci&oacute;n del contagio por COVID-19, el uso (y en concreto, el ajuste) pueden ser m&aacute;s relevantes que el tipo de mascarilla,. y que retirar de la circulaci&oacute;n las mascarillas quir&uacute;rgicas e higi&eacute;nicas supone renunciar a una importante herramienta de protecci&oacute;n<span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, a la hora de valorar la conveniencia de una norma r&iacute;gida que establezca la obligatoriedad de las mascarillas FFP2, un aspecto que no puede ignorarse es el coste, tanto para el ciudadano como para las instituciones p&uacute;blicas. No todos los ciudadanos estar&aacute;n en posici&oacute;n de adquirir mascarillas FFP2 y mucho menos de adquirirlas en una cantidad suficiente como para evitar una reutilizaci&oacute;n excesiva. Ciertamente, las administraciones p&uacute;blicas podr&iacute;an abordar esta situaci&oacute;n y proveer de FFP2 a los ciudadanos o, al menos, a los ciudadanos que tuvieran dificultades para acceder a ellas. En este sentido, la Comunidad Aut&oacute;noma de Madrid ha regalado puntualmente FFP2 a los poseedores de la tarjeta sanitaria. Sin embargo, sostener en el tiempo y de forma regular este tipo de acciones requerir&iacute;an numerosos recursos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Y qu&eacute; dice la evidencia? La brecha entre la evidencia disponible y la que necesitamos</h3><p class="article-text">
        Como hemos se&ntilde;alado, se puede considerar que las autoridades sanitarias se enfrentan, en la prevenci&oacute;n de los contagios, a un continuo de estrategias posibles cuyos extremos est&aacute;n, respectivamente, caracterizados por el paternalismo y la flexibilidad. Algunas posiciones podr&iacute;an, invocando los principios de la pol&iacute;tica basada en evidencia, decir que dejemos hablar a la evidencia cient&iacute;fica. Lamentablemente, tal y como hemos visto, la evidencia cient&iacute;fica no siempre habla por s&iacute; misma, o, al menos, no siempre lo hace con una voz tan clara como desear&iacute;an los encargados del dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. La evidencia disponible a menudo es fragmentaria y compleja y si bien puede servir para descartar ciertas intervenciones, o para acotar el espacio de estrategias aceptables, rara vez determina de forma un&iacute;voca y clara qu&eacute; pol&iacute;tica concreta ser&iacute;a la m&aacute;s adecuada para alcanzar un determinado fin. Es por ello que, incluso cuando se dispone de evidencia fiable, las administraciones se enfrentan a dilemas como los que hemos visto, teniendo que elegir entre varias estrategias inciertas. As&iacute;, ante un mismo problema, diferentes instituciones pueden adoptar pol&iacute;ticas diversas, quiz&aacute; todas ellas apoyadas en la evidencia cient&iacute;fica. 
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, disponemos de evidencia fiable sobre la capacidad de filtrado de las distintas mascarillas en condiciones ideales, la cual parece apuntar hacia una superior protecci&oacute;n por parte de las FFP2. Si bien esta evidencia de laboratorio es un elemento importante para establecer los usos de las mascarillas, no puede ser, por s&iacute; sola, lo que determine una estrategia r&iacute;gida y general en torno a su uso en espacios p&uacute;blicos. La evidencia disponible tan solo nos proporciona un mosaico incompleto y no permite predecir o evaluar con certeza c&oacute;mo funcionar&aacute; una determinada estrategia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Referencias</strong>
    </p><p class="article-text">
        [1] Greenhalgh, T., Schmid, M. B., Czypionka, T., Bassler, D., &amp; Gruer, L. (2020). Face masks for the public during the covid-19 crisis. <em>BMJ</em>, <em>369</em>, m1435.  <a href="https://doi.org/10.1136/bmj.m1435" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">https://doi.org/10.1136/bmj.m1435</span></a>
    </p><p class="article-text">
        [2] Czypionka, T., Greenhalgh, T., Bassler, D., &amp; Bryant, M. B. (2020). Masks and Face Coverings for the Lay Public. <em>Annals of Internal Medicine. </em><a href="https://doi.org/10.7326/M20-6625" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://doi.org/10.7326/M20-6625</a>
    </p><p class="article-text">
        [3] <span class="highlight" style="--color:white;">Cheng, V. C. C., Wong, S. C., Chuang, V. W. M., So, S. Y. C., Chen, J. H. K., Sridhar, S., ... &amp; Yuen, K. Y. (2020). The role of community-wide wearing of face mask for control of coronavirus disease 2019 (COVID-19) epidemic due to SARS-CoV-2. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Journal of Infection</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>81</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(1), 107-114. </span><a href="https://doi.org/10.1016/j.jinf.2020.04.024" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">https://doi.org/10.1016/j.jinf.2020.04.024</span></a>
    </p><p class="article-text">
        [4] Lyu, W., &amp; Wehby, G. L. (2020). Community Use Of Face Masks And COVID-19: Evidence From A Natural Experiment Of State Mandates In The US: Study examines impact on COVID-19 growth rates associated with state government mandates requiring face mask use in public. <em>Health affairs</em>, 39(8), 1419-1425. <a href="https://doi.org/10.1377/hlthaff.2020.00818" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">https://doi.org/10.1377/hlthaff.2020.00818</span></a>
    </p><p class="article-text">
        [5] <span class="highlight" style="--color:white;">Clapp, P. W., Sickbert-Bennett, E. E., Samet, J. M., Berntsen, J., Zeman, K. L., Anderson, D. J., ... &amp; Bennett, W. D. (2020). Evaluation of Cloth Masks and Modified Procedure Masks as Personal Protective Equipment for the Public During the COVID-19 Pandemic. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>JAMA internal medicine</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2020.8168</span>
    </p><p class="article-text">
        [6] <span class="highlight" style="--color:white;">O&rsquo;Kelly, E., Arora, A., Pirog, S., Ward, J., &amp; Clarkson, P. J. (2021). Comparing the fit of N95, KN95, surgical, and cloth face masks and assessing the accuracy of fit checking. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>PloS one</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>16</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(1), e0245688. </span><a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0245688" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">https://doi.org/10.1371/journal.pone.0245688</span></a>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">[7] Yeung, W., Ng, K., Fong, J. N., Sng, J., Tai, B. C., &amp; Chia, S. E. (2020). Assessment of proficiency of N95 mask donning among the general public in Singapore. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>JAMA network open</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>3</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(5), e209670-e209670. </span><a href="https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2020.9670" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2020.9670</span></a>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">[8] Grinshpun, S. A., Haruta, H., Eninger, R. M., Reponen, T., McKay, R. T., &amp; Lee, S. A. (2009). Performance of an N95 filtering facepiece particulate respirator and a surgical mask during human breathing: two pathways for particle penetration.&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Journal of occupational and environmental hygiene</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">,&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>6</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(10), 593-603. </span><a href="https://doi.org/10.1080/15459620903120086" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://doi.org/10.1080/15459620903120086</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Saúl Pérez González, María Jiménez Buedo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Feb 2021 21:28:04 +0000]]></pubDate>
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