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    <title><![CDATA[elDiario.es - Emelina Fernández Soriano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/emelina-fernandez-soriano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Emelina Fernández Soriano]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los planes de igualdad en la empresa audiovisual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/planes-igualdad-empresa-audiovisual_129_8951769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4aa89682-2ec6-40b0-8c4f-80f32d5d0696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los planes de igualdad en la empresa audiovisual"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A nadie se le ocurriría que el relato deportivo, el de justicia o cualquier otro que requiera especialización, estuviera en manos de personas sin los conocimientos suficientes sobre lo que debiera hablar. Sin embargo, se permite que los que tienen que ver con la igualdad (prácticamente todos) se diseñen de cualquier forma y por cualquier persona</p></div><p class="article-text">
        La reciente presentaci&oacute;n del II Plan de Igualdad entre Mujeres y Hombres de RTVE nos lleva a reflexionar sobre las condiciones que, a nuestro juicio, pueden garantizar que los prop&oacute;sitos que se persiguen con estos planes sean algo m&aacute;s que buenas intenciones sobre el papel.
    </p><p class="article-text">
        La discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero en el sector del audiovisual est&aacute; tan presente, desde cualquier punto de vista que se contemple, que no merece la pena que insistamos en mostrarla y en la necesidad de combatirla. Basta saber que la presencia de los hombres en los &aacute;mbitos de mayor relevancia o proyecci&oacute;n suele ser el doble o incluso en algunos casos el triple que el de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        El prop&oacute;sito de estas l&iacute;neas es simplemente ofrecer algunas consideraciones que nos parecen fundamentales para que se pueda reducir lo m&aacute;s pronto posible la discriminaci&oacute;n en el audiovisual y conseguir que sus empresas, en lugar de seguir reforzando prejuicios y sesgos de g&eacute;nero, ayuden a eliminarlos.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, creemos que es fundamental plantear que estos planes deben afectar a la empresa audiovisual a la que se apliquen considerada como un todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una empresa, cualquiera de ellas y sea cual sea el sector en el que produce bienes o servicios, no es ni puede entenderse como una suma de cajones estancos.&nbsp;Constituye un sistema integrado y complejo cuyo buen funcionamiento depende de la perfecta integraci&oacute;n e interdependencia de todos sus subsistemas: personal, comercial, financiero, productivo, comunicativo, etc.
    </p><p class="article-text">
        Eso quiere decir que el plan de igualdad que se le aplique debe estar concebido para impregnar al sistema en su conjunto y no solo a una parte de &eacute;l. No se trata de que se garantice que los recursos humanos de la empresa, la pol&iacute;tica salarial o de organizaci&oacute;n funcional, est&eacute;n gobernados bajo los principios de la igualdad y no discriminaci&oacute;n sino que estos deben estar presentes en la empresa como un todo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; en una dedicada a fabricar ladrillos esto &uacute;ltimo que acabamos de se&ntilde;alar pueda no ser demasiado relevante. En el caso de las dedicadas a la producci&oacute;n audiovisual resulta, sin embargo, una cuesti&oacute;n esencial.
    </p><p class="article-text">
        En estas empresas, el plan de igualdad debe proyectarse y ser efectivo no solo &ldquo;hacia dentro&rdquo;, en su interior, sino que tambi&eacute;n y de modo muy especial debe afectar al producto que la empresa coloca en el mercado.
    </p><p class="article-text">
        No tiene ning&uacute;n sentido que se ponga en marcha un plan de igualdad dentro de la empresa audiovisual si esta sigue generando un producto sexista, que alienta o hace el juego a la violencia de g&eacute;nero, fomenta la desigualdad en la sociedad, o una atribuci&oacute;n de roles machista o patriarcal. Y quienes conocemos el funcionamiento empresarial de la producci&oacute;n audiovisual sabemos perfectamente que, para conseguir que eso no suceda, no basta con poner en marcha planes formales de igualdad sino que se deben establecer las condiciones materiales que garanticen que los valores de la igualdad y no discriminaci&oacute;n impregnen la construcci&oacute;n del relato audiovisual.
    </p><p class="article-text">
        Para lograrlo, es fundamental que los planes de igualdad en la empresa audiovisual se planteen y ejecuten como instrumentos para hacer frente, al menos, a cuatro grandes obst&aacute;culos que nuestra experiencia nos dice que son la causa m&aacute;s habitual de la discriminaci&oacute;n y los sesgos de g&eacute;nero que abundan en el sector.
    </p><p class="article-text">
        El primero, la inmediatez en la producci&oacute;n de informaci&oacute;n que lleva a difundirla sin contexto ni profundizaci&oacute;n, muy superficialmente y con gran improvisaci&oacute;n y d&eacute;ficit reflexivo.
    </p><p class="article-text">
        El segundo lugar, la falta de especializaci&oacute;n que impide que el relato se construya con rigor.
    </p><p class="article-text">
        El tercero, el sometimiento al inter&eacute;s puramente comercial que mercantiliza la audiencia en lugar de considerarla como el otro polo, activo y consciente, del proceso de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El cuarto, como consecuencia de esto &uacute;ltimo, es la tendencia a generar bucles, productos pura y artificialmente recursivos que producen una degeneraci&oacute;n continuada del producto audiovisual, de la informaci&oacute;n o incluso del material de entretenimiento.
    </p><p class="article-text">
        Estas son, a nuestro juicio, las cuatro principales circunstancias que banalizan la producci&oacute;n y comunicaci&oacute;n audiovisual y las convierten en procesos degradados, superficiales y sin aristas que no generan necesidad de profundizar, analizar con sosiego y tomar conciencia de lo que realmente se est&aacute; viendo o escuchando.
    </p><p class="article-text">
        La segunda consideraci&oacute;n que nos gustar&iacute;a se&ntilde;alar creemos que responde a una realidad ampliamente compartida y revelada en multitud de estudios acad&eacute;micos e informes emp&iacute;ricos de todo tipo: en el sector audiovisual (seguramente como en otros, pero desde luego en este) no funciona la autorregulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos dedicarnos horas, d&iacute;as y semanas a debatir sobre la causa de por qu&eacute; es as&iacute;, pero lo cierto es que no se puede garantizar que exigencias como las que se puedan establecer en planes de Igualdad se lleven efectivamente a cabo si no hay una regulaci&oacute;n y un control espec&iacute;fico, ex profeso y riguroso al respecto.
    </p><p class="article-text">
        No es ni mucho menos por casualidad que en las democracias m&aacute;s avanzadas del mundo haya alg&uacute;n tipo de autoridad independiente (en Estados Unidos desde 1934, en Alemania desde 1987 y en Francia desde 1989), para evitar que los medios se salten las leyes o que difundan producci&oacute;n audiovisual que atente contra los valores que sostienen la democracia y nos permiten vivir con respeto y en libertad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya hemos insistido en otras ocasiones que la ausencia de una autoridad independiente de esta naturaleza en Espa&ntilde;a es una aut&eacute;ntica y desgraciada anomal&iacute;a de nuestra democracia, ya sea producida por servidumbre hacia algunos poderes audiovisuales, o econ&oacute;micos y financieros (porque a veces, tanto da), por debilidad y falta de decisi&oacute;n de los gobiernos, o por un desconocimiento muy lamentable de la realidad del audiovisual. Y ahora hemos de insistir en que, sin ella, se puede tener la certeza de que los planes de igualdad en el audiovisual ser&aacute;n papel mojado.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima consideraci&oacute;n que hacemos no es menos evidente. Los planes de igualdad en las empresas audiovisuales requieren recursos, no es posible que sean eficaces a coste cero.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia tambi&eacute;n nos dice que una de las principales razones que provocan los fallos, el relato contaminado por la discriminaci&oacute;n y la desigualdad, tiene que ver, adem&aacute;s de las razones se&ntilde;aladas, con la precariedad y la falta de formaci&oacute;n y profesionalidad con que se crea.
    </p><p class="article-text">
        A nadie se le ocurrir&iacute;a en una empresa audiovisual que el relato deportivo, el de justicia o cualquier otro que requiera una m&iacute;nima especializaci&oacute;n, estuviera en manos de personas sin los conocimientos suficientes sobre lo que debiera hablar. Sin embargo, se permite que los que tienen que ver con la igualdad (es decir, pr&aacute;cticamente todos) se dise&ntilde;en de cualquier forma y por cualquier persona. Algo que hay que evitar y para lo cual, adem&aacute;s de voluntad de hacerlo, es necesario que haya recursos.
    </p><p class="article-text">
        Y, para terminar, queremos recordar que, a la hora de determinar los costes de estos planes, no solo se pueden tomar en consideraci&oacute;n los expl&iacute;citos de formaci&oacute;n profesionalizaci&oacute;n o elaboraci&oacute;n de productos audiovisuales de mayor calidad, rigor y responsabilidad ante la audiencia, como suele ocurrir para poner trabas a su ejecuci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es obligado considerar tambi&eacute;n el elevado coste social que supone la producci&oacute;n que envenena a la sociedad, como hemos visto que desgraciadamente ha ocurrido, por ejemplo, cuando la violencia de g&eacute;nero se convierte en espect&aacute;culo para conseguir audiencia. O el de los productos audiovisuales que, en lugar, de promover valores de no discriminaci&oacute;n, igualdad o cooperaci&oacute;n, contribuyen a crear un tipo de sujeto social atado a los viejos clich&eacute;s del machismo, la prepotencia y el desprecio a la corresponsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Si los tomamos en cuenta, se entender&aacute; mejor que garantizar el &eacute;xito de los planes de igualdad en las empresas audiovisuales, tomando en consideraci&oacute;n lo que acabamos de se&ntilde;alar, no equivale a realizar un gasto sino una aut&eacute;ntica inversi&oacute;n, de las propias empresas y de toda la sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emelina Fernández Soriano, Juan Torres López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/planes-igualdad-empresa-audiovisual_129_8951769.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Apr 2022 20:16:11 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comunicar en igualdad, feminizar los relatos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/comunicar-igualdad-feminizar-relatos_129_7275881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5364f6c3-5aff-41e1-a173-2c79c5205f46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Comunicar en igualdad, feminizar los relatos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La insuficiente y desigual presencia de las mujeres en el sistema de comunicación social impide que el conjunto de los seres humanos nos podamos hacer una idea real de lo que sucede a nuestro alrededor. O, lo que es lo mismo, que no podamos ser realmente libres</p></div><p class="article-text">
        El 8M de este a&ntilde;o se celebra en medio de una crisis demoledora y provocada por un virus que tambi&eacute;n distingue entre mujeres y hombres, en contra de lo que, a primera vista, pudiera parecer. Como dice la profesora de la London School of Economics Clare Wenham, es imprescindible distinguir entre las personas infectadas y las afectadas por la pandemia. La tasa de mortalidad es m&aacute;s elevada entre los hombres, pero la mayor probabilidad de sufrir sus peores consecuencias econ&oacute;micas y sociales la tienen las mujeres, tal y como ya se est&aacute; empezando a comprobar.
    </p><p class="article-text">
        Es bien sabido que las mujeres ocupan los puestos de trabajo menos remunerados y m&aacute;s precarios e inseguros y que est&aacute;n desempleadas o se consideran estad&iacute;sticamente &ldquo;inactivas&rdquo; en mucha mayor proporci&oacute;n que los hombres. Las mujeres, por tanto, disponen de menos ingresos, pueden ahorran menos y, adem&aacute;s, suelen tener peor acceso a la protecci&oacute;n social, de modo que son m&aacute;s vulnerables en situaciones de crisis. En la causada por la Covid-19 se ven todav&iacute;a m&aacute;s y peor afectadas porque ocupan en mayor proporci&oacute;n los trabajos, remunerados o no, m&aacute;s sacrificados y que han sufrido una mayor intensificaci&oacute;n horaria, por no decir explotaci&oacute;n, los sanitarios y los de cuidados. Y, por si eso fuese poco, miles de mujeres han tenido que convivir a&uacute;n m&aacute;s estrechamente con sus parejas violentas durante el confinamiento, agrav&aacute;ndose el &ldquo;problema de salud mundial de proporciones epid&eacute;micas&rdquo;, en palabras de directora general de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, que sufren cada a&ntilde;o las 770 millones de mujeres agredidas por su parejas y exparejas en el planeta.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia, por tanto, est&aacute; suponiendo un empeoramiento tremendo de las condiciones de vida de millones de mujeres en todo el mundo y provocar&aacute; retrocesos hist&oacute;ricos en los grandes problemas centrales que, ya con grandes dificultades, se ven&iacute;an planteando en la agenda feminista: brecha salarial, conciliaci&oacute;n familiar, violencia de g&eacute;nero, pornograf&iacute;a, abuso sexual, mercantilizaci&oacute;n y venta o alquiler del cuerpo de las mujeres... entre otras expresiones de discriminaci&oacute;n y explotaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello sorprende y decepciona que el 8M se conmemore en medio de debates que abordan cuestiones no diremos que sin importancia pero s&iacute; realmente perif&eacute;ricas o secundarias y que, adem&aacute;s, se desarrollan con formas y expresiones excluyentes, por no decir que -demasiadas veces- totalitarias. Ser&iacute;a fundamental que el debate feminista se centre en los problemas que realmente tienen que ver con la discriminaci&oacute;n, la desigualdad, la pobreza o la exclusi&oacute;n que sufren la mayor&iacute;a de las mujeres del mundo; que no pasen a segundo plano el de las estrategias e instrumentos de los que depende que la agenda feminista pueda salir adelante.
    </p><p class="article-text">
        Eso est&aacute; ocurriendo, por ejemplo, con un asunto que quisi&eacute;ramos subrayar en este art&iacute;culo y que nos parece que sigue sin tener la centralidad que merece, pues condiciona el &eacute;xito y la eficacia de cualquier otra pol&iacute;tica encaminada a conseguir la igualdad y el fin de la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Nos referimos a los escasos avances que se producen en la relaci&oacute;n de las mujeres con el sistema de comunicaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos informes sobre la situaci&oacute;n, como el Global Media Monitoring Project de 2015, siguen mostrando la enorme desigualdad que se produce en este campo. Algo fundamental porque de ah&iacute; se deriva, por un lado, que la narraci&oacute;n de lo que ocurre en la sociedad siga reproduciendo sin cesar los estereotipos que justifican la discriminaci&oacute;n entre mujeres y hombres; y, por otro, que los instrumentos con los que percibimos e interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor permanezcan sesgados por prejuicios e intereses patriarcales.
    </p><p class="article-text">
        Unas pocas cifras como ejemplo muestran la realidad inapelable:
    </p><p class="article-text">
        - Solo el 24% (28% en Espa&ntilde;a) de los sujetos de las noticas de los medios son mujeres. Un porcentaje que es a&uacute;n m&aacute;s bajo (16%) cuando se trata de noticias relativas a pol&iacute;tica y gobierno.
    </p><p class="article-text">
        - Las mujeres solo son consultadas como expertas en el 19% del tiempo dedicado a ello.
    </p><p class="article-text">
        - Solo el 37% de las noticias o relatos son reportadas por mujeres. Algo muy relevante porque, cuando eso ocurre, el 14% de sus noticias o relatos se enfocan centralmente en las mujeres, frente al 9% cuando lo hacen los hombres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        - Al igual que ocurre en otros sectores, aunque las mujeres son mayor&iacute;a desde hace tiempo en la profesi&oacute;n, a medida que se asciende en las categor&iacute;as profesionales disminuye su presencia. As&iacute;, solo el 27% de los ejecutivos de medios de comunicaci&oacute;n de todo el mundo son mujeres. Pr&aacute;cticamente, el mismo porcentaje de los peri&oacute;dicos impresos que en 2020 contaban con una mujer como directora en Espa&ntilde;a (26,6%). En nuestro pa&iacute;s, dos de cada tres mujeres periodistas denunciaban en 2020 obst&aacute;culos para ascender en su trabajo, seg&uacute;n un estudio de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        - Todos los an&aacute;lisis muestran que las referencias a las mujeres en los relatos, noticias o informes de los medios suelen referirse a ellas a trav&eacute;s de atributos superficiales (apariencias, vestido...) que no se utilizan con los hombres que, por el contrario, se suelen destacar por sus connotaciones m&aacute;s poderosas (profesi&oacute;n, habilidades...).
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de las mujeres en el sistema de comunicaci&oacute;n que reflejan estos datos no solo implica una discriminaci&oacute;n injusta o formal. Significa, como hemos adelantado antes, que el relato que se difunde en la sociedad para que la gente conozca lo que pasa, las claves para poder interpretar la realidad, los instrumentos del saber que capacitan para identificar unos problemas u otros y para optar entre las diferentes soluciones posibles, entre otras cosas, est&aacute;n claramente sesgados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La insuficiente y desigual presencia de las mujeres en el sistema de comunicaci&oacute;n social impide, en resumidas cuentas, que el conjunto de los seres humanos nos podamos hacer una idea real de lo que sucede a nuestro alrededor. O, lo que es lo mismo, que no podamos ser realmente libres. Discriminar a las mujeres a la hora de construir el relato que nos informa de lo que ocurre y nos permite ser conscientes de nuestros verdaderos intereses, nos esclaviza a todos y a todas por igual, a las mujeres -por supuesto y principalmente- y a los hombres, porque nos convierte en los seres ciegos de los que hablaba Saramago: los que, viendo, no ven.
    </p><p class="article-text">
        Es de este tipo de asuntos de los que deber&iacute;amos estar discutiendo porque, mientras que los seres humanos y en particular las mujeres, no dispongamos de una capacidad efectiva para percibir con nitidez lo que nos rodea y para dejar a un lado los prejuicios y estereotipos sobre los que se basa la dominaci&oacute;n de unos sobre otros y, en especial, sobre otras, no ser&aacute; posible que ning&uacute;n otro debate feminista pueda convertirse en un aut&eacute;ntico instrumento liberador. Sin poder comunicar y comunicarse en libertad las mujeres seguir&aacute;n en &ldquo;la entra&ntilde;a misma del universo masculino&rdquo;, como escribi&oacute; Simone de Beauvoir en &ldquo;El segundo sexo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cambiar la relaci&oacute;n de las mujeres con los medios es, pues, imprescindible y, por supuesto, perfectamente posible. Los grandes retos a los que nuestro planeta va a tener que enfrentarse en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os solo podr&aacute;n resolverse con &eacute;xito si la humanidad asume que la igualdad de derechos y la no discriminaci&oacute;n entre mujeres y hombres es el punto de partida y si se asumen como principios de la acci&oacute;n humana los del afecto, la cercan&iacute;a, la cooperaci&oacute;n, la sostenibilidad y el cuidado. Es decir, si de una vez por todas entendemos que el universo aut&eacute;ntico de la vida no es el masculino, sino el &ldquo;contrauniverso&rdquo; -de nuevo Beauvoir- de las mujeres: el del oikos, lo dom&eacute;stico, y no el de la mercanc&iacute;a. Algo que solo se puede asumir generalizadamente feminizando el relato sobre los seres humanos que se propaga en el sistema de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lograrlo no es ninguna utop&iacute;a. Se han dado multitud de experiencias que han permitido, incluso en poco tiempo, feminizar la comunicaci&oacute;n y generar otros relatos e imaginarios sociales en medios y redes y se conoce bien el camino que habr&iacute;a que seguir para ponerlas en marcha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con voluntad pol&iacute;tica, los medios p&uacute;blicos podr&iacute;an servir de motor y referencia en Espa&ntilde;a, y el movimiento feminista deber&iacute;a seguir siendo el impulsor y catalizador de esos cambios, centr&aacute;ndose en lo esencial y empatizando con la sociedad en su conjunto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emelina Fernández Soriano, Juan Torres López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/comunicar-igualdad-feminizar-relatos_129_7275881.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Mar 2021 20:31:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,8M,Medios de comunicación]]></media:keywords>
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