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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alejandro Marinelli]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alejandro-marinelli/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alejandro Marinelli]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La carta de una desaparecida durante la dictadura militar argentina para pedir a sus padres que criasen a su hija]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/carta-desaparecida-durante-dictadura-militar-pedir-padres-criasen-hija_130_7341614.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea92a241-e4bc-4788-8f9f-b198b159adff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La carta de una desaparecida durante la dictadura militar argentina para pedir a sus padres que criasen a su hija"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">María Teresa Manzo estuvo en el centro de detención El Olimpo. Entregó a la nena junto a siete hojas destinadas a su familia. En medio del terror y, sabiendo que no la iba a ver más, les recomendó cuidados, les sugirió libros y les dijo cómo debían ayudarla en el duelo</p></div><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Teresa Manzo ten&iacute;a 28 a&ntilde;os, hac&iacute;a dos que viv&iacute;a escondida por la dictadura militar argentina, <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/24-marzo-principales-organizaciones-no-marchan-pandemia-e-invitan-plantar-30-000-arboles_1_7335767.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de la que hoy se cumplen 45 a&ntilde;os (1976-1983)</a>. A su marido, militante de la Juventud Peronista y Montoneros, lo hab&iacute;an secuestrado y ella estaba sola con Victoria, su hijita de 3 a&ntilde;os. Se hab&iacute;an venido de Santa Fe a Buenos Aires. En noviembre de 1978, un grupo de tareas las levant&oacute; en plena calle.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me acuerdo de ir paseando con ella de la mano y de repente sentir que se soltaba. Aparecieron esos hombres y nos subieron al auto. A m&iacute; me pusieron adelante y a ella atr&aacute;s. Yo me daba vuelta para mirarla, para ver c&oacute;mo estaba&rdquo;, cuenta <strong>Victoria Winkelmann, la hija. A las dos las llevaron al centro de detenci&oacute;n El Olimpo, en Floresta.</strong>
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                Victoria conserva la carta que su madre envió desde el centro clandestino de detención.                            </span>
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        <em>&ldquo;Queridos papi y mami, estoy segura de que cuando vean a Victoria sin m&iacute;, en manos de personas que no conocen, se van a asustar bastante. Lo que ha pasado es que estoy presa, pero estoy bien. Ca&iacute; el jueves a la tarde, iba con Victoria. La Bicho estuvo separada de m&iacute; pero me ven&iacute;a a ver. Es la mascota de todos los que est&aacute;n ac&aacute;. Hay muchas chicas que la cuidan bien y le hacen regalitos&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Victoria estuvo tres d&iacute;as en ese dep&oacute;sito de chapas y celdas. La ten&iacute;an con otras detenidas y la dejaban ir a ver a su mam&aacute; que estaba en una especie de enfermer&iacute;a. Mar&iacute;a Teresa la acariciaba y suavizaba el espanto todo lo que pod&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Vieja, ella (por Victoria) vino a verme y como yo estaba acostada, le dije que me dol&iacute;a la pancita. Te va a insistir en que mamita est&aacute; enferma. Vos decile: &rdquo;Mam&aacute; ya se cur&oacute;. Est&aacute; trabajando y que ella (por Victoria) se queda en la casa de los nonitos&ldquo;. No eludas las preguntas que te hace. Vive preguntando el porqu&eacute; de todas las cosas. Ahora esos porqu&eacute; se van a concentrar en su mam&aacute;&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En medio del espanto, Mar&iacute;a Teresa rog&oacute; que le entregaran a Victoria a sus padres, los abuelos de la nena. La dejaron llamar por tel&eacute;fono y les dijo que fueran a un hotel en el centro y que esperaran ah&iacute;. El 3 de diciembre, Leonildo, su pap&aacute;, recibi&oacute; la llamada en la habitaci&oacute;n del hotel. Le dijeron que bajara solo. <strong>En medio de la calle, le entregaron a su nieta junto a una carta de su hija. Mar&iacute;a Teresa estaba en el auto, pero solo miraba por la ventanilla. </strong>Leonildo les rog&oacute; que lo dejaran hablar con ella. &ldquo;Ten&eacute;s suerte que te damos a la nena&rdquo;, le respondi&oacute; el tipo que le hab&iacute;a dado a Victoria. Esa fue la &uacute;ltima vez que la vio.&nbsp;
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                    alt="Victoria es hija de María Teresa Manzo, quien le escribió una carta a sus padres para que sepan cómo quería criar a su hija. "
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                Victoria es hija de María Teresa Manzo, quien le escribió una carta a sus padres para que sepan cómo quería criar a su hija.                             </span>
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        <em>&ldquo;Papi, lo que te va a ayudar (...) es brindarte por entero a la Bicho. Mir&aacute;, papi, va a ser hermoso, cuando vuelvas del trabajo y te encuentres que sale a abrazarte y te dice: &rdquo;Nonito&ldquo;. Pero vos sab&eacute;s que eso con el tiempo va a significar: &rdquo;Pap&aacute;&ldquo;, ya que sos el &uacute;nico referente masculino que ella tiene y porque se va a encari&ntilde;ar mucho con vos. Yo s&eacute; que esto les va a costar mucho superarlo pero tiren para adelante, no se den manija con su desgracia y piensen que con la Bicho tienen un poco del flaco y otro poco de m&iacute; y miren bien a la pioja, que esa sonrisa hermosa que tiene los va a hacer felices, aunque sea por un rato&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esa carta es tremenda. Quiz&aacute;s sabiendo que no me iba a ver m&aacute;s, quiso decirles a mis abuelos c&oacute;mo me ten&iacute;an que criar. Primero los prepara, porque ellos ya estaban grandes, y luego les va diciendo las cosas que cre&iacute;a que yo iba a necesitar y lo que ellos iban a necesitar tambi&eacute;n. <strong>En medio del dolor pudo pensar hacia adelante. La le&iacute; muchas veces y siempre me emociona eso</strong>&rdquo;. Victoria hoy vive en Escobar, tiene tres hijos y es psic&oacute;loga. Repasa el momento en que sus abuelos se la llevaron a Santa Fe. All&iacute; los recibi&oacute; toda la familia. Muchos la ve&iacute;an por primera vez. &ldquo;Me acuerdo de llegar a la casa de mis abuelos, con el pequin&eacute;s de la casa al lado m&iacute;o. El perrito y yo en el piso y mis t&iacute;os y mis t&iacute;as mir&aacute;ndome, como diciendo: &rdquo;&iquest;Qu&eacute; vamos a hacer con esta nenita?&ldquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
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                La carta que escribió María Teresa Manzo desde el Olimpo.                            </span>
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        <em>&ldquo;Mami, vos sobre todo vas a tener que cambiar tu ritmo de trabajo, quiz&aacute;s tengas que dejar de coser algunas pilchas, para llevar a Victoria a la plaza, a la calesita, etc&eacute;tera. Despu&eacute;s de unos 15 d&iacute;as que est&eacute; con ustedes, yo les pido que aunque les cueste un poco las lleven unas horas a la guarder&iacute;a. Mejor dicho a una escuela de verano, o algo parecido, para que pueda jugar con chicos. B&uacute;squenle amiguitos en el barrio y te los llev&aacute;s a jugar a casa, que hay patio grande y lindo&rdquo;.</em>
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Es una carta sobre la maternidad&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Se quer&iacute;a quedar tranquila con que yo iba a estar bien. <strong>Es una carta sobre la maternidad</strong>. En el fondo todo lo que escribe tiene que ver con el amor de una mam&aacute; a su hija. Ahora que yo soy mam&aacute; entiendo que haya querido dejar escritos todos esos detalles&rdquo;. En las siete p&aacute;ginas de la carta, les recomienda a su pap&aacute; y a su mam&aacute; que consigan dos gu&iacute;as distintas sobre el desarrollo infantil y un libro de educaci&oacute;n sexual y que, ante cualquier duda, le consulten a la t&iacute;a Mary, que es psicopedagoga. &ldquo;Mis abuelos eran personas sencillas, laburantes. Mi abuelo ten&iacute;a una f&aacute;brica de zapatos y mi abuela ama de casa. Mi mam&aacute; lo sab&iacute;a y esas precisiones tienen que ver con eso, con facilitarles la tarea de criarme&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Victoria es hija de María Teresa Manzo, quien estuvo en El Olimpo y aún está desaparecida.                            </span>
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        <em>&ldquo;Cuestiones de Salud: los certificados de vacunas de la Bicho te van a servir poco pero por lo menos sab&eacute;s cu&aacute;les son las vacunas que tiene colocadas. Arriba de la heladera de mi casa est&aacute; el remedio de la Bicho, una cucharadita antes del almuerzo y la cena. Cuesti&oacute;n ortopedia, la Bicho tiene poca estabilidad en las piernitas, tiene que usar los zapatitos ortop&eacute;dicos. Lo ideal es que vaya a aprender nataci&oacute;n. Cuesti&oacute;n oftalmol&oacute;gica, llevala al hospital de ni&ntilde;os para que le vean los ojitos, hay veces que el ojito izquierdo lo desv&iacute;a mal&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Dice Victoria que para sus abuelos no hab&iacute;a lugar para las dudas. Los ojos se los hicieron revisar, los libros los consiguieron y, por supuesto, termin&oacute; adentro de una pileta: entren&oacute; y compiti&oacute; en nataci&oacute;n hasta los 16 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los primeros tiempos fueron dif&iacute;ciles para todos. El abuelo se encargaba de la mayor&iacute;a de las cosas. La llevaba, la tra&iacute;a, compraba la comida, cocinaba y, en medio de todo eso, iba a trabajar. A su esposa, Milges, todo le cost&oacute; m&aacute;s. Pasaba m&aacute;s tiempo en su cuarto y lloraba mucho. Victoria, mientras tanto, esperaba que sucedieran cosas: cuando sonaba el tel&eacute;fono sal&iacute;a corriendo a atender, lo mismo si sonaba el timbre. Abr&iacute;a una ventanita para ver qui&eacute;n estaba en la puerta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Siempre decile que mam&aacute; la quiere mucho pero que no puede ir a verla y que le manda muchos besos. Cuando quiera ver fotos m&iacute;as o del Flaco (por el pap&aacute;) mostr&aacute;selas, pero no la pongas ansiosa hasta que se vaya acostumbrando a ustedes y al ritmo de ustedes&rdquo;.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                María Teresa Manzo está desaparecida desde la dictadura militar.                            </span>
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        <strong>Pero pasaba el tiempo y Victoria no se acostumbraba.</strong> Continuaba corriendo a la puerta hacia un encuentro que nunca ocurr&iacute;a. As&iacute; fue que a los 5 a&ntilde;os, la abuela la sent&oacute; en la cama para hablarle. &ldquo;Me puso al lado de ella y me dijo, con la crudeza que la caracterizaba, que mis pap&aacute;s no iban a volver. La mir&eacute;, nos abrazamos y lloramos un mont&oacute;n. Pero desde ah&iacute; ya no esper&eacute; que aparecieran&rdquo;, relata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su abuelo tambi&eacute;n era un hombre sencillo, que trataba de darle lecciones. &ldquo;Me llevaba a hacer tr&aacute;mites, me dec&iacute;a que eso me iba a servir para la vida. Y ah&iacute; estaba yo con &eacute;l recorriendo bancos y oficinas. Hoy siento que hac&iacute;a lo que pod&iacute;a conmigo&rdquo;. Victoria comenzaba a preguntar, trataba de entender, pero no le era f&aacute;cil porque del tema mucho no se hablaba. Hasta que una tarde, a los 14 a&ntilde;os, con menos pedagog&iacute;a de lo que hubiera querido, el abuelo le dio una&nbsp; carpeta llena de papeles. &ldquo;&lsquo;&iquest;Vos quer&eacute;s saber? Ac&aacute; ten&eacute;s&rsquo;, me dijo. Adentro estaban todos las presentaciones que hab&iacute;a hecho a las embajadas, los habeas corpus, los pedidos a organismos. Hasta hab&iacute;a una carta a Videla en la que ped&iacute;a informaci&oacute;n sobre mis viejos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su abuelo muri&oacute; cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s. La abuela, que estaba enferma, se fue apagando. Hab&iacute;an pasado dos a&ntilde;os de lo del abuelo y tuvieron otra charla dura. Le dijo que sent&iacute;a que ya la hab&iacute;a criado bien y que ya no pod&iacute;a m&aacute;s. &ldquo;A la semana de dec&iacute;rmelo, tambi&eacute;n se muri&oacute; ella. Ven&iacute;a peleando contra un c&aacute;ncer y, supongo que entendi&oacute; que hab&iacute;a cumplido con lo que le hab&iacute;a pedido mi mam&aacute;&rdquo;, explica
    </p><h3 class="article-text">En 2013 encontraron los restos de su padre</h3><p class="article-text">
        Victoria se vino a vivir a Buenos Aires. Ac&aacute; se enter&oacute; de los trabajos de identificaci&oacute;n de cuerpos de desaparecidos que hac&iacute;a el Equipo Argentino de Antropolog&iacute;a Forense (EAAF). Fue y se sac&oacute; sangre, que qued&oacute; en el banco de muestras. Cada tanto, la llamaban para contarle en qu&eacute; iban los trabajos de b&uacute;squedas. Hasta que en 2013 le avisaron que hab&iacute;an encontrado los restos de su pap&aacute;, Oscar Winkelmann, militante de la Juventud Peronista y Montoneros. Era abogado, naci&oacute; en San Carlos, cerca de Santa Fe. Conoci&oacute; a su esposa cuando ella era maestra. Los dos hac&iacute;an trabajo social en barrios pobres.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
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                María Teresa Manzo tenia 28 años cuando fue secuestrada y desaparecida.                            </span>
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        <em>&ldquo;Vieja, me imagino cu&aacute;ntas cosas te pasar&aacute;n. Sent&iacute;s que perdiste a una hija m&aacute;s, porque al Flaco ustedes lo quieren como a un hijo. Espero seguir viviendo y qui&eacute;n dice que el Flaco un d&iacute;a aparezca y nos juntemos los tres de nuevo&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Le dijeron que lo hab&iacute;an encontrado en el Campo Militar San Pedro, en Santa Fe, junto a otros cuerpos. &ldquo;Me fui para el EAAF, me lo confirmaron y les dije que lo quer&iacute;a ver. &lsquo;&iquest;Ahora?&rsquo;, me pregunt&oacute; la chica que hac&iacute;a ese proceso. &rdquo;S&iacute;&ldquo;, le respond&iacute;. Lo pusieron en una mesa de acero inoxidable. Me qued&eacute; mir&aacute;ndolo un rato largo. Ten&iacute;a huesos largos, como yo. Era alto, como yo. Me mostraron una cirug&iacute;a que ten&iacute;a, una fractura. Y el hueco de la bala que lo mat&oacute;&rdquo;. Ese d&iacute;a Victoria ten&iacute;a sesi&oacute;n con la psic&oacute;loga y apenas sali&oacute; se fue para el consultorio. &ldquo;Ella lloraba mientras yo hablaba, se paraba, se sentaba, me preguntaba por qu&eacute; hab&iacute;a ido sola. Me termin&oacute; abrazando. Supongo que yo a&uacute;n estaba en shock&rdquo;, rememora.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el juzgado que investigaba la desaparici&oacute;n le dijeron que ten&iacute;a que decidir el lugar d&oacute;nde hacer el entierro. Santa Fe o Chacarita, le dijeron sin m&aacute;s opciones. &ldquo;Yo necesito tenerlo un tiempo&rdquo;, pidi&oacute;. &ldquo;Eso no se puede&rdquo;, le respondi&oacute; un secretario. &ldquo;Dec&iacute;le al juez que yo lo necesito&rdquo;, insisti&oacute;. Nadie sabe c&oacute;mo pero lo autorizaron. &ldquo;Me lo dieron en una caja de madera. Cuando la alc&eacute; casi se me cae. Sent&iacute; como si lo hubiera levantado a &eacute;l entero, no solo sus huesos&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me lo dieron en una caja de madera. Cuando la alcé casi se me cae. Sentí como si lo hubiera levantado a él entero, no solo sus huesos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Durante m&aacute;s de un a&ntilde;o los restos del padre estuvieron en su casa. Hasta que la misma psic&oacute;loga le dijo: &ldquo;Ya es tiempo de hacer algo con los restos&rdquo;. &ldquo;Yo tambi&eacute;n sent&iacute;a que ya era el momento. Los llevamos a Santa Fe&rdquo;, cuenta Victoria. Tuvo que sacar permisos, hacer tr&aacute;mites. Mover restos, con causa judicial y enterrarlos, no es nada simple. &ldquo;Ah&iacute; me acord&eacute; de mi abuelo y sus lecciones&rdquo;, se r&iacute;e. &ldquo;Lo enterramos en el Pante&oacute;n de la Memoria. Vino much&iacute;sima gente, sus compa&ntilde;eros de la militancia, amigos. Toc&oacute; un violinista, porque mi pap&aacute; tocaba el viol&iacute;n. Fue muy hermoso, estaban ellos, y yo estaba con mis hijos, que ve&iacute;an cu&aacute;nto lo hab&iacute;an querido a su abuelo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Viejos, esta es una de las cartas m&aacute;s tristes que he escrito. Solo cuando cay&oacute; el Flaco escrib&iacute; algo as&iacute;. Ac&aacute; yo s&eacute; que las palabras est&aacute;n de m&aacute;s. Para vos mami, s&eacute; que te refugi&aacute;s en Dios, realmente la fe te ayuda y te da fuerzas. (...) Perdonen por lo desprolijo de la carta, quer&iacute;a decir muchas cosas, muchos besos grandotes para que les dure hasta que nos volvamos a encontrar alg&uacute;n d&iacute;a&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Por lo que pudieron reconstruir, Mar&iacute;a Teresa estuvo en El Olimpo hasta finales de enero de 1979. Sali&oacute; en uno de los &uacute;ltimos vuelos de la muerte, cuando cerr&oacute; ese centro de detenci&oacute;n y torturas. Sus restos nunca fueron hallados.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>El audio de la carta que la madre de Victoria envi&oacute; desde el centro clandestino de detenci&oacute;n</strong></h3><audio controls controlsList="nodownload">
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        <em>AM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Marinelli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/carta-desaparecida-durante-dictadura-militar-pedir-padres-criasen-hija_130_7341614.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Mar 2021 11:57:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La carta de una desaparecida durante la dictadura militar argentina para pedir a sus padres que criasen a su hija]]></media:title>
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