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    <title><![CDATA[elDiario.es - Guillermo del Valle Alcalá]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/guillermo-del-valle-alcala/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Guillermo del Valle Alcalá]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La matria vacía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/matria-vacia_132_8147905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a6bf7a73-1fde-477f-9d65-75a679ef2655_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La matria vacía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Detrás de la apelación a la matria, como sustituto de la patria, vuelve a parecer un cutre exhibicionismo formalista que resuena hueco, aquí y en cualquier parte</p></div><p class="article-text">
        La ministra de Trabajo no ha hecho todo mal. Es m&aacute;s, algunas de las pol&iacute;ticas implementadas desde su Ministerio van en la buena direcci&oacute;n. Desde El Jacobino, organizaci&oacute;n de izquierdas y proyecto comunicativo que codirijo, de una forma claramente alejada del sectarismo que parece que nubla y turba las miradas hasta el punto de estrangular cualquier matiz, hemos criticado la tibieza de determinadas medidas, siempre a medio camino entre lo correcto y lo condescendiente con el poder econ&oacute;mico. No en vano, ah&iacute; siguen inc&oacute;lumes las pol&iacute;ticas laborales m&aacute;s agresivas contra los trabajadores, implantadas durante a&ntilde;os con efectos destructivos para los derechos y los salarios. Pero tampoco nos han dolido prendas a la hora de significar avances, por muy timoratos que &eacute;stos fueran. 
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, en el &aacute;mbito de las pol&iacute;ticas laborales, podr&iacute;amos discrepar con la ministra en el grado, en la tibieza o en la pasividad a la hora de caminar por la buena senda. Pero cuando se recurre a una jerga ininteligible para llenar de la nada m&aacute;s absoluta la habitaci&oacute;n, ah&iacute; las posibilidades de encuentro se reducen hasta disiparse. Algunos siempre flaquean con las mismas debilidades. &iquest;Qu&eacute; necesidad hay de conferir al lenguaje, o m&aacute;s bien a su hortera retorcimiento, una potencialidad transformadora de la que carece? &iquest;Por qu&eacute; hacerlo hasta rozar el rid&iacute;culo, opacando incluso las obras que uno hace en la buena direcci&oacute;n, por mucho que &eacute;stas sean insuficientes?
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la apelaci&oacute;n a la matria, como sustituto de la patria, vuelve a parecer un cutre exhibicionismo formalista que resuena hueco, aqu&iacute; y en cualquier parte. S&oacute;lo alimenta el ruido en la superficie, pero est&aacute; lejos de servir a nada m&aacute;s que a la propia deslegitimaci&oacute;n. Rezuma, adem&aacute;s, tal vez involuntariamente pero no por ello de forma menos lesiva, una suerte de reproducci&oacute;n de los par&aacute;metros mis&oacute;ginos que siempre caracterizaron a la reacci&oacute;n. En el empecinamiento con los cuidados, en el cambalache de permanente confusi&oacute;n entre sexo y g&eacute;nero, se hace el rid&iacute;culo de sugerir algo as&iacute; como la predisposici&oacute;n natural de las mujeres hacia una suerte de comportamiento propio de <em>seres de luz</em>, en una perpetuaci&oacute;n delirante de los peores estereotipos de g&eacute;nero. La relaci&oacute;n de ese pretendido car&aacute;cter secular de las mujeres con la necesidad de cuidar a los territorios para evitar la ruptura nacional solo puede responder a un injustificable mejunje ideol&oacute;gico, en el que el cacao te&oacute;rico converge con la incapacidad de diagnosticar problemas con claridad y acertar m&iacute;nimamente con las soluciones. &iquest;Acaso la matria de Thatcher fue preferible para los mineros brit&aacute;nicos que la patria de Attlee? 
    </p><p class="article-text">
        La matria que algunos proponen es, en el mejor de los casos, la nada con sif&oacute;n, otra secuela de un nominalismo hueco, ejercicio est&eacute;ril de estridencia simb&oacute;lica y formal que servir&aacute; para las chanzas de la derecha y para solidificar las posiciones inmovilistas respecto a las diferencias de origen y a las desigualdades crecientes en un contexto de agresiva globalizaci&oacute;n financiera. En ese contexto, la ministra deber&iacute;a saber que la erosi&oacute;n de los Estados es una irresponsabilidad. No necesitamos <em>cuidados</em> para atender un problema de ciudadan&iacute;a y de sus tangibles amenazas identitarias. En la matria de la ministra, de hecho lo que parece querer cuidarse con especial mimo son las desigualdades aparejadas al sempiterno hecho diferencial identitario. Y eso es lo que no puede explicarse, menos a&uacute;n con una engolada jerga cr&iacute;ptica, que oscila entre lo rid&iacute;culo y lo ininteligible.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Acaso la matria de Thatcher fue preferible para los mineros británicos que la patria de Attlee? </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cabr&iacute;a tal vez pedir un poco de rigor en un momento de deterioro tan pronunciado de las condiciones materiales de los trabajadores. Hemos asistido a fusiones bancarias m&aacute;s que discutibles, con su reguero de despidos y nuevos desempleados. Los ERTEs que se celebraban como quintaesencia de un &eacute;xito legislativo apabullante - no como parche a un desastre social inequ&iacute;voco, no exento de mala tramitaci&oacute;n y abusos empresariales - ahora son EREs. La factura de la luz no para de crecer, y es el Estado el que asume la carga de los abusos de un oligopolio energ&eacute;tico inaceptable, y ello con una deuda p&uacute;bica disparada. De los fondos europeos, a&uacute;n sabemos poco, aunque intuimos lo peor: ajustes a trav&eacute;s de recortes, puesta en tela de juicio de nuestro sistema p&uacute;blico de pensiones, y soluci&oacute;n f&aacute;cil conjugando peajes, tasas y subida de impuestos indirectos. De la reforma fiscal progresiva, seguimos atascados en la declaraci&oacute;n de intenciones y poco m&aacute;s. En materia de vivienda, los precios del alquiler siguen disparados y las pol&iacute;ticas especulativas de fondos buitre y entidades bancarias, con sus manifestaciones m&aacute;s lacerantes en la forma de lanzamientos que afectan a familias de especial vulnerabilidad incluso con menores, lejos de remitir acontecen cada semana, ante la pasividad gubernamental. La transfiguraci&oacute;n ret&oacute;rica no es m&aacute;s que un calmante ilusorio, cuyos efectos ef&iacute;meros dejan paso a una infinidad de frustraciones en una comunidad pol&iacute;tica donde crecen las desigualdades y la pobreza. Recordemos una lecci&oacute;n b&aacute;sica del mejor republicanismo: en condiciones de explotaci&oacute;n y dominaci&oacute;n, no hay libertad, digan lo que digan los voceros de la propaganda liberal. 
    </p><p class="article-text">
        Si lo que el juego de palabras de la ministra quer&iacute;a maquillar es el problema territorial secularmente enconado en Espa&ntilde;a, la resoluci&oacute;n rid&iacute;cula por el atajo de la pomposa nader&iacute;a tampoco tendr&aacute; efecto alguno rescatable. Tras el ruido, vendr&aacute; el silencio paralizante ante un problema que degenera a pasos agigantados. O la aquiescencia frente a las pol&iacute;ticas que avivan las causas del desastre. Las asimetr&iacute;as territoriales siguen ah&iacute;, en forma de privilegios y desigualdades. Los m&aacute;s despistados del lugar, voluntariamente a por uvas demasiado tiempo, - muchos de los cuales no precisamente lejos de la ministra en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos - han descubierto los problemas de la desconexi&oacute;n de los potentados, de la secesi&oacute;n de los ricos, gracias a Ayuso. Claro que no puede ser m&aacute;s inconsistente la ca&iacute;da del caballo. Y es que el se&ntilde;alamiento de Madrid como aspiradora de recursos no puede deslindarse de su inserci&oacute;n como motor econ&oacute;mico dentro de las cadenas globales del capitalismo &ndash; tensiones que el ge&oacute;grafo franc&eacute;s Christophe Guilluy ha analizado con rigor &ndash; frente a una periferia que se descuelga, pero tampoco puede abstraerse del peculiar dise&ntilde;o territorial espa&ntilde;ol. Y ah&iacute; la izquierda oficial no quiere o&iacute;r hablar de que el Madrid que se descuelga por la v&iacute;a de los hechos, a trav&eacute;s de un sinf&iacute;n de pol&iacute;ticas insolidarias de dumping y competencia fiscal, no es una quim&eacute;rica representaci&oacute;n de la inexistente Espa&ntilde;a carpetovet&oacute;nica y centralizada, sino la regi&oacute;n que algunos van amoldando, cada vez con mayor &eacute;xito, a modo de Distrito Federal. Un Madrid que se escinde por la v&iacute;a de los hechos, pero no en solitario. Porque por la v&iacute;a de derecho, con su corolario f&aacute;tico insolidario, se deslindan igualmente Pa&iacute;s Vasco y Navarra, regiones en la cabecera de las m&aacute;s ricas del pa&iacute;s, que cuentan con un estatuto de bilateralidad y privilegio fiscal que quiebra toda redistribuci&oacute;n dentro del Estado. O Catalu&ntilde;a, con una tensi&oacute;n que oscila entre la ruptura secesionista y el chantaje del pacto fiscal. Para analizar las asimetr&iacute;as de un Estado agrietado, para exhibir una voluntad real de coser el roto de las desigualdades territoriales que son tambi&eacute;n materiales y de clase, habr&iacute;a que procurar que la cursilada hueca dejara paso a la valent&iacute;a conceptual, al reconocimiento de las propias miserias. 
    </p><p class="article-text">
        De la matria asim&eacute;trica y casi confederal, en la que los m&aacute;s ricos presionan y tensionan una cuerda a punto de romperse, no dijo demasiado la ministra. Tampoco, por cierto, del corolario pr&aacute;ctico de injusticias sociales en que se traduce un Estado en cauce de retirada, centrifugado por las unidades territoriales que lo conforman y debilitan, as&iacute; como por la p&eacute;rdida de soberan&iacute;a en el plano supranacional. Una jerga rid&iacute;cula e imposible de ser tomada en serio no servir&aacute; para cabalgar contradicciones que tal vez se hayan vuelto ya irresolubles, de no cambiarse algo m&aacute;s que el decorado de un edificio que se derrumba. Aunque, en honor a la verdad, estimo harto complicado que sean capaces de evitar que se derrumbe el agrietado edificio territorial, aquellos mismos que llevan tanto tiempo aporreando contra sus paredes con el martillo de la desigualdad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo del Valle Alcalá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/matria-vacia_132_8147905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jul 2021 19:51:57 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Impuesto de sucesiones: ninguna desigualdad sin responsabilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/impuesto-sucesiones-desigualdad-responsabilidad_132_7363352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43e61ae3-2e9b-4fb6-bc36-b0c7b2f663c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Impuesto de sucesiones: ninguna desigualdad sin responsabilidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cacería ideológica contra este impuesto bajo el grueso mantra del adelgazamiento del Estado  cristaliza en la caracterización generalizada de los impuestos como un robo</p></div><p class="article-text">
        El impuesto de sucesiones es un impuesto esencialmente justo. S&iacute;, ha le&iacute;do bien. Un tributo directo, de car&aacute;cter progresivo, que grava la transmisi&oacute;n 'mortis causa'. Un impuesto que no penaliza la muerte, ni cosa parecida, como se dice en las tertulias desde las que a diario acusan al Estado de diversos y variopintos delitos patrimoniales, sino que sirve, simplemente, para que esa tan machaconamente repetida igualdad oportunidades tenga algo que ver, m&iacute;nimamente, con su concreci&oacute;n real. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El impuesto de sucesiones es progresivo porque permite, l&oacute;gicamente, mantener un m&iacute;nimo exento por heredero que garantice que las clases trabajadoras no paguen un duro por lo que heredan. Admite, adem&aacute;s, la previsi&oacute;n, como es tambi&eacute;n habitual, de reducciones por parentesco para cada heredero, bonificaciones por vivienda habitual y otras. No hay de hecho dise&ntilde;o del impuesto de sucesiones que no prevea dichos m&iacute;nimos exentos y dichos beneficios fiscales. Uno de los grandes problemas del Impuesto de Sucesiones es la confusi&oacute;n generalizada a la que los pr&oacute;ceres de ondas, redes y propaganda varia nos someten cuando de dicho tributo se trata de analizar. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay doble imposición por algo tan sumamente sencillo como que quien tributó en su día por los bienes que el heredero recibe con ocasión de la citada transmisión &#039;mortis causa&#039; no es obviamente el heredero sino el causante</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No hay doble imposici&oacute;n<strong> </strong>porque, entre otras cosas, el hecho causante es distinto a aquel que dio lugar a la adquisici&oacute;n de los bienes que ahora se heredan. Cuando tu padre, madre o t&iacute;o pag&oacute; por una vivienda, esa transmisi&oacute;n 'inter vivos' nada tiene que ver con la siguiente transmisi&oacute;n, la que se produce con ocasi&oacute;n del fallecimiento del 'causante'<em>. </em>Suponer que uno y otro son hechos imponibles iguales es tanto como equivaler la transmisi&oacute;n de un inmueble cuando lo compras a la inmobiliaria -pagando IVA- y luego lo vendes a&ntilde;os despu&eacute;s a un particular -nueva transmisi&oacute;n por la que dicho particular abonar&aacute; el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales-. &iquest;Hay doble imposici&oacute;n aqu&iacute;? Nadie en su sano juicio sostendr&iacute;a tal cosa. 
    </p><p class="article-text">
        No hay doble imposici&oacute;n<strong> </strong>por algo tan sumamente sencillo como que quien tribut&oacute; en su d&iacute;a por los bienes que el heredero recibe con ocasi&oacute;n de la citada transmisi&oacute;n 'mortis causa' no es obviamente el heredero sino el causante. Mi padre, madre o t&iacute;a no son la misma persona que yo, a no ser que creamos en hechicer&iacute;as o reencarnaciones. El sujeto pasivo del Impuesto de Sucesiones es el heredero; el sujeto pasivo de aquellos otros impuestos -ya fueran IVA, ITP o IRPF- fue el causante, quien ahora fallece. Siendo distinto, obviamente distinto, el sujeto pasivo, hablar de doble imposici&oacute;n solo puede responder a un galopante desconocimiento o a un torticero af&aacute;n por enga&ntilde;ar. 
    </p><p class="article-text">
        Sostener que existe doble imposici&oacute;n<strong> </strong>porque ese supuesto bien ha pasado por el circuito de nuestro sistema tributario<em> </em>supone dar una patada a cualquier noci&oacute;n esencial y conducir&iacute;a al absurdo de sostener que el dinero que percibo en n&oacute;mina, que tributa por IRPF, al estar tambi&eacute;n sujeto a IVA cuando pago un men&uacute; del d&iacute;a en el bar de la esquina o compro un libro en aquella librer&iacute;a, ser&iacute;a igualmente<em> '</em>v&iacute;ctima' de una supuesta doble imposici&oacute;n. Estas dos &uacute;ltimas transmisiones est&aacute;n sujetas a IVA; sin embargo el dinero que utilizo para realizarlas ya ha tributado previamente en renta. Como los hechos imponibles son diferentes, sostener que hay doble imposici&oacute;n ser&iacute;a dantesco. Pero siguiendo el prejuicioso e ideol&oacute;gico razonamiento...
    </p><p class="article-text">
        El problema del impuesto de sucesiones es su mala fama. El sentido com&uacute;n imperante ha adquirido unos peligrosos resabios antiestatistas. De igual forma que en el proceso de emprendimiento se excluye la acci&oacute;n y financiaci&oacute;n estatales, la propiedad parece flotar en el vac&iacute;o sin importar que el Estado la determine y garantice, a trav&eacute;s de las leyes, los impuestos y los tribunales de justicia -financiados precisamente con los ingresos tributarios-. Llama la atenci&oacute;n que las andanadas individualistas agredan especialmente a un tributo tan liberal como el impuesto de sucesiones. Claro que hace tiempo que el liberalismo 'stuartmilliano' o 'ralwsiano' -aquel con un corte m&iacute;nimamente igualitario- fue sustituido por las homil&iacute;as de la ma&ntilde;ana en las que 'El Estado nos roba, Pap&aacute; Estado es omnipresente y el comunismo est&aacute; a las puertas de tu casa'<em>. </em>
    </p><p class="article-text">
        El impuesto de sucesiones puede y debe configurarse garantizando su progresividad y subrayando su justicia. Se estima imperativo recuperar su capacidad normativa por el Estado central y armonizarlo para garantizar un m&iacute;nimo exento compartido en todo el territorio nacional, poniendo as&iacute; fin al dantesco espect&aacute;culo de agravios comparativos, competencias regionales, y carrera fiscal a la baja que ha terminado operando un vaciamiento de recursos tributarios para el Estado, merma de sus ingresos, con el terrible h&aacute;ndicap que ello comporta para la financiaci&oacute;n de nuestro maltrecho Estado del Bienestar. 
    </p><p class="article-text">
        He ah&iacute; otra clave, netamente ideol&oacute;gica: quienes suelen arremeter contra el impuesto de sucesiones desprecian a sabiendas las m&aacute;s elementales nociones de justicia redistributiva. Hablar de sociedad meritocr&aacute;tica, en la que prime el esfuerzo y el trabajo individual, mientras se estigmatiza la posibilidad de que un heredero que recibe bienes valorados en torno al mill&oacute;n de euros, o m&aacute;s all&aacute;, tenga que tributar es toda una chanza. M&aacute;s que meritocr&aacute;tica, parece que la sociedad que se pretende blindar y perpetuar es aristocr&aacute;tica. La de la estirpe, la que en El Quijote refer&iacute;a Sancho Panza al hablar del 'linaje de tener': <em>&ldquo;</em>Dos linajes solos hay en el mundo, como dec&iacute;a una ag&uuml;ela m&iacute;a, que son el tener y el no tener, aunque ella al del tener se aten&iacute;a&rdquo;<em>. </em>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la cacer&iacute;a ideol&oacute;gica contra este impuesto, y otros progresivos, bajo el grueso mantra del adelgazamiento del Estado, mientras se recortan servicios sociales y se llevan a cabo ajustes con subidas indiscriminadas de impuestos indirectos - proporcionales y con efectos esencialmente regresivos -, cristaliza en la caracterizaci&oacute;n generalizada de los impuestos como un robo<em>, </em>en las burdas prescripciones a favor de una rebaja generalizada de impuestos, que ni concreta cu&aacute;les, ni cu&aacute;ndo ni cu&aacute;nto, ni sobre todo los efectos normalmente antisociales de esas rebajas. La culminaci&oacute;n de tales andanadas suele rubricarse con la manida f&oacute;rmula de que el dinero donde mejor est&aacute; es en el bolsillo del contribuyente.<em> </em>Se olvida a conveniencia explicar a la poblaci&oacute;n en qu&eacute; concretos bolsillos queda ese dinero, conjugado el mantra can&oacute;nico tributario con las pol&iacute;ticas de moderaci&oacute;n salarial -eufemismo para justificar salarios de miseria generalizados-, y los supuestos incentivos al ahorro privado. Quienes participan de tama&ntilde;a propaganda son, empero, plenamente conscientes de que el proceso de mermar la capacidad tributaria del Estado mientras se siguen resquebrajando los servicios sociales es una pol&iacute;tica genuinamente reaccionaria que perjudica especialmente a las clases trabajadoras y a unas clases medias crecientemente depauperadas. 
    </p><p class="article-text">
        Que sea razonable alargar los plazos de cumplimiento de las obligaciones fiscales, reforzar los ya existentes mecanismos de fraccionamiento o aplazamiento, o incorporar pr&oacute;rrogas sin recargos para la liquidaci&oacute;n de este impuesto, no significa que est&eacute; m&iacute;nimamente justificado eliminarlo, si creemos en una m&iacute;nima noci&oacute;n de justicia, de redistribuci&oacute;n. Aquella que nos permite matizar, aunque sea parcialmente, una clara fuente de injusticias: las herencias. La perpetuaci&oacute;n de los linajes de tener, ajenos a cualquier criterio de esfuerzo o trabajo personal. Fuente de desigualdades seculares. 
    </p><p class="article-text">
        Como no creo en una sociedad de linajes y estirpes inamovibles, como sigo pensando en la vigencia de la m&aacute;xima socialista <em>&ldquo;</em>ninguna desigualdad sin responsabilidad&rdquo;<em>, </em>soy un firme defensor del Impuesto de Sucesiones.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo del Valle Alcalá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/impuesto-sucesiones-desigualdad-responsabilidad_132_7363352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Mar 2021 20:00:12 +0000]]></pubDate>
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