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    <title><![CDATA[elDiario.es - Blanca Crespo Arnold]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/blanca-crespo-arnold/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Blanca Crespo Arnold]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Economía solidaria, cuestión de principios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/economia-solidaria-cuestion-principios_129_11553743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27320e2d-b870-4ad2-9b39-011394c6076a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Economía solidaria, cuestión de principios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que busca, en definitiva, es la mera satisfacción de las necesidades de las personas bajo criterios de justicia social y ambiental. Para ello, promueve y desarrolla alternativas en todas las esferas del ciclo económico desde lógicas comunitarias, democráticas, equitativas, inclusivas y sostenibles</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'La economía social, al rescate', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Suscríbete seis meses y consigue esta revista con un 50% de descuento</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a una econom&iacute;a postcapitalista? &iquest;Tenemos ya a nuestro alcance algo as&iacute;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos sumergimos en un breve viaje por la historia de la Econom&iacute;a, para abrir nuestra mirada sobre un campo que nos atraviesa en m&uacute;ltiples niveles. Buscamos as&iacute; conectar con una econom&iacute;a m&aacute;s humana y con principios y comprender el papel que en ello podemos jugar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Oiko-nom&iacute;a, del griego, gesti&oacute;n del hogar. Nace as&iacute;, en la antigua Grecia, el t&eacute;rmino &ldquo;econom&iacute;a&rdquo;, para nombrar la gesti&oacute;n cotidiana de los recursos existentes con los que satisfacer las necesidades b&aacute;sicas. El concepto evoluciona y la dimensi&oacute;n humana y relacional se va perdiendo en pro de los procesos de acumulaci&oacute;n y especulaci&oacute;n que definen la econom&iacute;a moderna.
    </p><p class="article-text">
        De aquellas aguas estos lodos. La revoluci&oacute;n industrial y las primeras fases del capitalismo generan enormes cotas de precariedad y pobreza en una poblaci&oacute;n desatendida por el Mercado y el Estado. Ante esto, surgen bajo el t&eacute;rmino &ldquo;social&rdquo; nuevas formas de organizaci&oacute;n (como cooperativas, asociaciones obreras y mutualidades de seguros, ahorro y cr&eacute;dito) creadas por las personas trabajadoras.
    </p><p class="article-text">
        El t&eacute;rmino &ldquo;solidario&rdquo; aparece en Am&eacute;rica Latina en los a&ntilde;os 80, como rechazo al fordismo [sistema de producci&oacute;n en cadena implementado por Henry Ford a partir del a&ntilde;o 1908] y sus l&oacute;gicas de competitividad y eficiencia econ&oacute;mica. Se conforma as&iacute; una nueva corriente que busca recuperar el sentido primigenio del t&eacute;rmino y su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica. Los procesos econ&oacute;micos no se consideran un fin en s&iacute; mismo sino un medio para el buen vivir; una forma de dar respuesta a los retos sociales: la exclusi&oacute;n y la desigualdad global y de g&eacute;nero o, m&aacute;s recientemente, la emergencia clim&aacute;tica y la destrucci&oacute;n de los ecosistemas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es por tanto una cuesti&oacute;n de principios lo que define a la Econom&iacute;a Solidaria, que desde un concepto integrador podemos denominar Econom&iacute;a Social y Solidaria (ESS). Este movimiento econ&oacute;mico y social est&aacute; presente ya en todo el mundo, representado a nivel mundial por Ripess y en el Estado espa&ntilde;ol por REAS Red de Redes (red confederal formada por 15 redes territoriales y cinco sectoriales). Se engloba as&iacute; un conjunto de experiencias de diversa &iacute;ndole que, m&aacute;s all&aacute; de f&oacute;rmulas jur&iacute;dicas, se reconocen e identifican por su voluntad transformadora.
    </p><p class="article-text">
        Trabajo digno, equidad,&nbsp; sostenibilidad ecol&oacute;gica, cooperaci&oacute;n, justa distribuci&oacute;n de la riqueza y compromiso con el entorno son la espina dorsal de estos valores, recogidos en el Estado espa&ntilde;ol en la Carta de Principios de la Econom&iacute;a Solidaria. A partir de estos valores, la herramienta de Auditor&iacute;a/Balance social eval&uacute;a a las empresas de la ESS anualmente, en un ejercicio de coherencia y transparencia del que son referentes a nivel internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias a ello, sabemos que estas empresas promueven un trabajo de calidad, as&iacute; como la participaci&oacute;n y toma de decisiones de las personas trabajadoras. As&iacute; mismo, fomentan la igualdad entre hombres y mujeres, reduciendo la brecha salarial (situada en 0,55% frente al 18,36% que marca el INE), introduciendo, por ejemplo, medidas que mejoran los permisos legales en temas de conciliaci&oacute;n. Los resultados de 2023 revelan tambi&eacute;n una importante preocupaci&oacute;n ambiental; como se deduce de las medidas para reducir y compensar su huella ecol&oacute;gica (aplicadas en el 74% de las entidades) o de la aplicaci&oacute;n de criterios de consumo responsable en sus compras (presente en el 94% de las empresas).&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Bajando a tierra</h2><p class="article-text">
        La Econom&iacute;a Solidaria lo que busca, en definitiva, es la mera satisfacci&oacute;n de las necesidades de las personas bajo criterios de justicia social y ambiental. Para ello, promueve y desarrolla alternativas en todas las esferas del ciclo econ&oacute;mico (financiaci&oacute;n, producci&oacute;n, comercializaci&oacute;n y consumo), desde l&oacute;gicas comunitarias, democr&aacute;ticas, equitativas, inclusivas y sostenibles.
    </p><p class="article-text">
        En el sector de la alimentaci&oacute;n, por ejemplo, encontramos iniciativas de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n ecol&oacute;gica que, bas&aacute;ndose en la soberan&iacute;a alimentaria, defienden el derecho a una alimentaci&oacute;n saludable protegiendo as&iacute; mismo los ecosistemas. Como ejemplo de articulaci&oacute;n en este &aacute;mbito encontramos, siguiendo experiencias de EEUU y Europa, la red de supermercados cooperativos. Desde 2022, esta red ha congregado, en el Estado espa&ntilde;ol, 10 cooperativas y asociaciones de consumo. En ellas, cerca de 10.000 consumidoras gestionan colectivamente estos establecimientos, determinando precios justos, procesos y gesti&oacute;n democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Estos procesos de empoderamiento y autogesti&oacute;n est&aacute;n tambi&eacute;n presentes en el sector de la energ&iacute;a, azotado como la alimentaci&oacute;n por procesos monopol&iacute;sticos, que ponen en cuesti&oacute;n los derechos b&aacute;sicos de la poblaci&oacute;n. A su calor han proliferado multitud de cooperativas de consumo que producen y comercializan energ&iacute;a renovable, bajo las premisas del consumo responsable, la econom&iacute;a local y la generaci&oacute;n distribuida y descentralizada. En Union Renovables, por ejemplo, se congregan 24 de estas cooperativas que abastecen a unas 120.000 personas socias.
    </p><p class="article-text">
        Otro de los sectores donde m&aacute;s est&aacute; contribuyendo a un cambio de paradigma es el de la vivienda. Desmarc&aacute;ndose de las l&oacute;gicas especulativas habituales, el modelo de las viviendas cooperativas en cesi&oacute;n de uso promueve la propiedad colectiva y la vivienda como bien de uso. Estas experiencias, tambi&eacute;n articuladas en un grupo en el marco de REAS Red de Redes, reducen costes econ&oacute;micos y ambientales y fomentan las relaciones comunitarias y con el entorno.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n encontramos alternativas al sistema financiero convencional, cada d&iacute;a m&aacute;s denostado por su falta de transparencia o su implicaci&oacute;n en conflictos b&eacute;licos o desahucios. Las finanzas &eacute;ticas, en cambio, hacen compatible la rentabilidad financiera con la consecuci&oacute;n de objetivos sociales y ambientales. La banca &eacute;tica, los seguros responsables y las inversiones sociales impulsan proyectos medioambientales, culturales, educativos y comunitarios, dando valor a&ntilde;adido al ahorro y garantizando el derecho al cr&eacute;dito.
    </p><p class="article-text">
        De igual modo, tambi&eacute;n se est&aacute;n generando iniciativas &eacute;ticas y sostenibles en otros sectores como la telefon&iacute;a, la movilidad, el textil&hellip; Estas alternativas se articulan desde 2008 en una red de producci&oacute;n y consumo llamada &ldquo;Mercado social&rdquo;, cuyo fin es satisfacer bajo estos valores las necesidades b&aacute;sicas de la poblaci&oacute;n y permitirles desconectarse de los circuitos capitalistas.
    </p><p class="article-text">
        Y no se agota aqu&iacute; todo el impacto social y econ&oacute;mico de la Econom&iacute;a Solidaria. Es notable su trabajo para que se introduzcan cl&aacute;usulas sociales y medioambientales en los procesos de contrataci&oacute;n p&uacute;blica. As&iacute;, el gasto p&uacute;blico (que ronda el 20% del gasto total de las Administraciones) amplificar&iacute;a su impacto, al favorecer a empresas que velan por el bienestar de las personas y el cuidado del entorno. Adem&aacute;s hay un amplio recorrido de incidencia pol&iacute;tica en materia legislativa, como tambi&eacute;n de articulaci&oacute;n y generaci&oacute;n de alianzas con agentes econ&oacute;micos y sociales y con movimientos sociales como el ecologista y el feminista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ni los procesos econ&oacute;micos siempre han buscado la acumulaci&oacute;n y el lucro, ni hoy en d&iacute;a todos los agentes econ&oacute;micos est&aacute;n bajo l&oacute;gicas capitalistas, y esta revista es una buena muestra de ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestras manos est&aacute; contribuir a fortalecer y proyectar este embri&oacute;n de econom&iacute;a poscapitalista. Con nuestro consumo, por ejemplo, tenemos un amplio potencial transformador que va m&aacute;s all&aacute; de la de una papeleta en una urna electoral cada cuatro a&ntilde;os. Tomemos conciencia de nuestro poder como agentes econ&oacute;micos que somos, para construir, tambi&eacute;n desde ah&iacute;, el mundo que nos marcan nuestros principios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Blanca Crespo Arnold]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/economia-solidaria-cuestion-principios_129_11553743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Aug 2024 19:51:42 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivientes muertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/vivientes-muertos_132_7797349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a372ad37-3e64-4cd0-bbb4-9357d23bb6d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivientes muertos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hasta la supervivencia siempre, o incluso mejor, que ya que soñamos utopías no nos quedemos a medias, hagámoslo a lo grande, ¿por qué no? Aprovechemos el desmoronamiento que está teniendo lugar no sólo para intentar sobrevivir, sino para vivir, para generar vidas verdaderamente dignas</p></div><p class="article-text">
        La literatura y ciencia ficci&oacute;n nos ayudan a ver escenarios futuros que pueden prepararnos, de alg&uacute;n modo, para lo que puede estar por venir. Pero tambi&eacute;n podemos, sin duda, leer en escenarios actuales futuros dist&oacute;picos, que de manera clara ya se manifiestan en nuestro presente. &Eacute;se es el papel de los &ldquo;vivientes muertos&rdquo; en esta escena, el de mostrarnos la decrepitud y el olor a quemado en nuestras propias vidas. No en vano, algunas predicciones hablan de un <a href="http://www.detritivoros.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">significativo descenso de la poblaci&oacute;n mundial en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas</a>, as&iacute; que, aunque suene f&uacute;nebre, quiz&aacute;s esta idea no est&eacute;, por desgracia, tan alejada de la realidad...
    </p><p class="article-text">
        Jueves santo en Sevilla. 2021, a&ntilde;o 1 de la pandemia del Covid (prefiero usar el masculino, aunque la ciencia nos pide que hablemos de &ldquo;ella&rdquo;, como cuando nombramos cualquier cosa mala, por qu&eacute; ser&aacute;&hellip;). Volv&iacute;a con mis peques de una tarde de patines en una concurrida plaza del centro de la ciudad. Se nos ech&oacute; la noche encima, las 21.30, y tocaba coger la bici para volver a casa. De camino a nuestras bicicletas pasamos por una de esas terrazas de moda, rollo chill out, petada hasta la bandera de gente, joven y no tanto, deseosas de recuperar la vida que este a&ntilde;o se nos ha escapado, esa vida en com&uacute;n y en la calle, parte de una vieja normalidad que puede que nunca vuelva, y no precisamente porque el Covid vaya a estar entre nosotras siempre.
    </p><p class="article-text">
        Mi mayor es calurosa y esto es Sevilla, por lo que iba en manga corta. Pero yo, que soy todo lo contrario, llevaba una fina sudadera y chaqueta abierta. La masa de gente enchaquetada que se resist&iacute;a a no lucir sus galas para celebrar la muerte de Cristo, se hab&iacute;a visto obligada a dejar las chaquetas en las sillas y vestir tan s&oacute;lo camisas, porque el tiempo no permit&iacute;a m&aacute;s etiqueta. Sin embargo, luc&iacute;an a todo gas las dichosas estufas que desde hace unos a&ntilde;os vienen decorando las terrazas de nuestras ciudades, incluso las de una localidad como Sevilla, donde bien es sabido que hace fr&iacute;o tres d&iacute;as al a&ntilde;o (y m&aacute;s en las casas, que en las propias calles). Mi peque&ntilde;a, de apenas 3 a&ntilde;os, se fascin&oacute; con la escena, y tirando del imaginario que este a&ntilde;o nos ha dibujado, dijo: &ldquo;mami, barbacoas&rdquo;. Y no le faltaba raz&oacute;n, aunque lo que se coc&iacute;a a fuego, por desgracia no tan lento, no eran chorizos y longanizas, sino que lo que realmente ard&iacute;an en las parrillas de nuestras terrazas somos nosotras y nosotros mismos, una civilizaci&oacute;n muerta en vida por la ceguera de lo que est&aacute; por venir, de lo que ya est&aacute; siendo.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra casa est&aacute; en llamas, dec&iacute;a Greta Thunberg ante la &eacute;lite mundial del Foro Econ&oacute;mico de Davos hace algo m&aacute;s de dos a&ntilde;os. A la vista est&aacute; que quienes tienen la sart&eacute;n por el mango no se est&aacute;n dando por aludidos ni haciendo las tareas marcadas, como m&iacute;nimo por el Acuerdo de Par&iacute;s, para no alcanzar una subida de 1,5&ordm;- 2&ordm; como se espera en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas (si no m&aacute;s&hellip;). &ldquo;Algo huele a podrido en Dinamarca&rdquo;, que dir&iacute;a Shakespeare en voz de Hamlet, como met&aacute;fora de la corrupci&oacute;n y podredumbre de la clase pol&iacute;tica de anta&ntilde;o, hay cosas que parecen no cambian mucho con el paso del tiempo... 
    </p><p class="article-text">
        Antonio Turiel, que de combustibles sabe un poco, autor del reciente<a href="https://www.publico.es/entrevistas/petrocalipsis-antonio-turiel.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> libro &ldquo;Petrocalipsis. Crisis energ&eacute;tica global y c&oacute;mo (no) lo vamos a solucionar&rdquo;</a>, lo viene alertando, como tanta otra gente desde al menos 1972 y el famoso, aunque por &ldquo;el com&uacute;n&rdquo; desconocido informe &ldquo;Los l&iacute;mites al crecimiento&rdquo;. Seg&uacute;n Turiel, &ldquo;muy pronto, probablemente a partir de 2021, se evidenciar&aacute; que estamos sumergi&eacute;ndonos en una nueva crisis global (...) En 2022 sufriremos una r&aacute;pida ca&iacute;da de producci&oacute;n del petr&oacute;leo y tendremos las primeras interrupciones de suministro (...) Entre 2022 y 2023 sufriremos interrupciones de suministro de materias primas, y a partir de 2023 es probable que suframos escasez de alimentos e inestabilidad pol&iacute;tica generalizada (...) La raz&oacute;n principal: una ca&iacute;da global de la producci&oacute;n del petr&oacute;leo de hasta un 50% en 2025&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo dec&iacute;a tambi&eacute;n Yves Cochet, ex ministro de medio ambiente en Francia, en &ldquo;<a href="https://www.15-15-15.org/webzine/2017/09/20/del-fin-de-un-mundo-al-renacimiento-en-2050/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Del fin del mundo al renacimiento en 2050</a>&rdquo;, &ldquo;El periodo 2020-2050 ser&aacute; el m&aacute;s trastornado que nunca haya vivido la humanidad en tan poco tiempo. A&ntilde;o arriba, a&ntilde;o abajo, se compondr&aacute; de tres etapas sucesivas: el fin del mundo tal y como lo conocemos (2020-2030), intervalo de supervivencia (2030-2040), el inicio de un renacimiento (2040-2050).&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Lo que me inquieta y realmente desconcierta, es que esta profunda transformaci&oacute;n, que cuesta leer en nuestras sociedades del norte global cuando vemos a la gente quemando la vida y el planeta a todo gas como si nada ocurriera, est&aacute; relativamente a la vuelta de la esquina, &ldquo;a&ntilde;o arriba, a&ntilde;o abajo&rdquo;. Luis Gonz&aacute;lez Reyes trata de vaticinar c&oacute;mo se aterrizar&aacute;n estos escenarios de colapso en el devenir de los territorios urbanos y nos habla de c&oacute;mo las ciudades seguir&aacute;n un progresivo declive. No se trata de que de golpe y porrazo desaparezcan, pero s&iacute; que se van a suceder cambios profundos de manera progresiva en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas junto con etapas intermedias de relativa calma.
    </p><p class="article-text">
         <a href="https://raicesyasfalto.wordpress.com/2015/12/01/la-ciudad-de-detroit-como-metafora-colapso-transicion-y-agricultura-urbana/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Detroit puede ser una precuela de lo que vendr&aacute;</a>. Hablar&iacute;amos de ciudades donde seguir&iacute;an viviendo cientos de miles de personas, al menos por un tiempo, pero que no se parecer&iacute;an a sus a&ntilde;os dorados; donde una parte importante del terreno urbano se convirtiese en terreno rural, donde se cultive, y donde la poblaci&oacute;n m&aacute;s empobrecida ser&iacute;a la que principalmente resida, ya que las m&aacute;s enriquecidas se habr&iacute;an marchado a entornos m&aacute;s rurales. El nivel de servicios del que disfrutar&iacute;a la poblaci&oacute;n se reducir&iacute;a much&iacute;simo, tanto en lo referente a comercios de todo tipo como de servicios municipales. Los tiempos de este declive civilizatorio no ser&aacute;n los mismos en todo el planeta, sino que los m&aacute;s complejos, como puede ser la UE, ser&aacute;n los que probablemente sufran un declive m&aacute;s r&aacute;pido que otros lugares con menor complejidad. Tambi&eacute;n aquellos con una climatolog&iacute;a m&aacute;s adversa (Sevilla&hellip;). En definitiva, los que no puedan reunir la fuerza suficiente para garantizarse el suministro energ&eacute;tico y material del que dependen.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos a la literatura y la ficci&oacute;n para visionar el futuro-presente. Carlos de Castro lo recoge e<a href="https://www.elsaltodiario.com/saltamontes/dos-novelas-el-oraculo-de-gaia-e-iv-" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">n una de sus novelas, &ldquo;El or&aacute;culo de Gaia&rdquo;</a>, en concreto en una de las diversas tramas que conforman el organismo de la novela , y que nos lleva directas a un futuro en el que, en unos 20 a&ntilde;os (qu&eacute; coincidencia que, &ldquo;a&ntilde;o arriba, a&ntilde;o abajo&rdquo;, todas estas referencias de gentes de las ciencias, la pol&iacute;tica y disciplinas varias vengan a coincidir), se producen una serie de cambios determinantes (y nada esperanzadores, dicho sea de paso) a nivel mundial y global, producto del caos clim&aacute;tico (sequ&iacute;as, subidas extremas de temperatura, p&eacute;rdida de biodiversidad, escasez de alimentos&hellip;), como de una p&eacute;sima gesti&oacute;n pol&iacute;tica y social de &eacute;stas (desplazamientos y migraciones masivas, guerras, caos pol&iacute;tico y social&hellip;). No har&eacute; spoiler de la novela, que bien merece su lectura, pero es cuanto menos inquietante imaginarse en un escenario similar en tan s&oacute;lo un par de d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        No me gusta ser pesimista. Quien me conoce sabe bien que no lo soy. Y no porque la historia de la humanidad nos ayude mucho a ello. Nuestra trayectoria de concentraci&oacute;n de poder, exclusi&oacute;n, violencia y destrucci&oacute;n nos avala. Pero tambi&eacute;n son m&uacute;ltiples las experiencias de entendimiento, solidaridad y cooperaci&oacute;n que podemos encontrar en las pr&aacute;cticas humanas. Tambi&eacute;n los ejemplos de cooperaci&oacute;n en el resto de seres que forman parte de Gaia, son, por fortuna, muchos m&aacute;s. As&iacute; que, prefiero quedarme con &eacute;stos. Prefiero calentarme, aunque a veces cueste, con la luz de estas gentes y realidades que han dicho y demostrado que &ldquo;otro mundo es posible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, &ldquo;hasta la victoria siempre&rdquo;. Porque, aunque no creo que el lenguaje b&eacute;lico nos haga bien, hemos de reconocer que son muy v&aacute;lidas para describir el momento presente, escenarios propios de la guerra, como la violencia y la destrucci&oacute;n, porque en definitiva lo que estamos es en guerra con la propia vida. Pero, podemos y seguramente debemos reconceptualizar este prop&oacute;sito, para librar esa batalla cultural (nuevamente lo b&eacute;lico, por qu&eacute; ser&aacute;..) que tan importe es para el cambio de paradigma que necesitamos. Seguramente sea, por tanto, m&aacute;s apropiado decir &ldquo;hasta la supervivencia, siempre&rdquo;, algo a lo que ya apuntan desde el movimiento global por la justicia clim&aacute;tica, como sugiere en su nombre el colectivo Extintion Rebellion. 
    </p><p class="article-text">
        En ello algunas estaremos, y esperemos que pronto seamos muchas m&aacute;s, y que cundan las iniciativas ciudadanas como la de la campa&ntilde;a<a href="http://www.andaluciaresiliente.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Por una Andaluc&iacute;a Justa y Resiliente</a> y otras similares de organizaciones sociales conscientes del <a href="https://latransicionera.net/trabajos/2017/informe-caminar-sobre-el-abismo-de-los-limites" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">abismo de los l&iacute;mites</a> en que nos encontramos y de los cambios que pueden venir en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Porque, &ldquo;a&ntilde;o arriba, a&ntilde;o abajo&rdquo;, parece que no nos queda mucho tiempo. Pues eso, hasta la supervivencia siempre, o incluso mejor, que <a href="https://ctxt.es/es/20200801/Firmas/33157/ecologismo-utopia-relatos-casadevante-kois.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya que so&ntilde;amos utop&iacute;as</a> (y nos movilizamos por ello) no nos quedemos a medias, hag&aacute;moslo a lo grande, &iquest;por qu&eacute; no? Aprovechemos el desmoronamiento que est&aacute; teniendo lugar de este sistema sociocida y ecocida, no s&oacute;lo para intentar sobrevivir, sino para vivir, para generar vidas verdaderamente dignas, <a href="https://ctxt.es/es/20181121/Firmas/22927/constitucion-antropoceno-ecologismo-yayo-herrero.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en palabras de Yayo Herrero</a>, &ldquo;el aliento que debe impulsar el intento de organizar la vida en com&uacute;n&rdquo;. &iquest;Te apuntas o seguimos alimentando estas vidas de muerte?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Blanca Crespo Arnold]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/vivientes-muertos_132_7797349.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Apr 2021 19:54:58 +0000]]></pubDate>
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