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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sara Rubayo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sara-rubayo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sara Rubayo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['La creación de las aves' de Remedios Varo, una alegoría de la pintura entre la alquimia, la ciencia y los sueños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/creacion-aves-remedios-varo-alegoria-pintura-alquimia-ciencia-suenos_1_8185799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9588ac60-25a3-49ba-bd02-6207b0e7631f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La creación de las aves&#039; de Remedios Varo, una alegoría de la pintura entre la alquimia, la ciencia y los sueños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nacida en un pueblo de Gerona, parte del meollo cultural madrileño de antes de la guerra y destacada surrealista, la pintora tuvo que exiliarse hasta su muerte en México. Sara Rubayo nos ayuda a analizar uno de sus cuadros más conocidos</p></div><p class="article-text">
        La pintora Remedios Varo (Espa&ntilde;a, 1908 - M&eacute;xico, 1963) naci&oacute; en el peque&ntilde;o pueblo gerundense de Angl&eacute;s &mdash;poco m&aacute;s de 1.600 habitantes cuando naci&oacute; la artista&mdash;, muy cerca del r&iacute;o Ter y no lejos de la zona volc&aacute;nica de La Garrotxa. A pesar de no poseer esa solera mar&iacute;tima, veraniega y pintoresca del Cadaqu&egrave;s en el que se crio el gran exponente del surrealismo, Salvador Dal&iacute;, s&iacute; que tiene una m&iacute;stica que acompa&ntilde;&oacute; a Varo durante toda su vida. La historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a> explica que, por muy lejos que la llevaran sus viajes y, en especial, su exilio en M&eacute;xico, esas tierras catalanas siempre la acompa&ntilde;ar&iacute;an y alimentar&iacute;an su creatividad. <em>La creaci&oacute;n de las aves</em> es uno de los cuadros cumbres de la pintora y, aunque parezca mentira, lo que el espectador puede ver en &eacute;l es un autorretrato o, dicho de otro modo, la visi&oacute;n de Remedios Varo de c&oacute;mo es la creaci&oacute;n art&iacute;stica en sus propias carnes. ''Para ello nos brinda una alegor&iacute;a muy bonita a medio camino entre el mundo on&iacute;rico y la alquimia'', tercia Rubayo. Pero, &iquest;en qu&eacute; consiste esa alegor&iacute;a? Y, sobre todo, &iquest;cu&aacute;l es el mensaje final que nos quiere transmitir?
    </p><p class="article-text">
        <em>''La creaci&oacute;n de las aves</em>'', sit&uacute;a la divulgadora, ''podemos encontrarla en el Museo de arte moderno de Ciudad de M&eacute;xico y lo enmarcamos en un claro surrealismo, aunque con fuerte car&aacute;cter simb&oacute;lico''. El espectador encontrar&aacute; en &eacute;l un tratamiento del arte ''fantasioso y on&iacute;rico'' y ese es, precisamente, uno de los sellos de la artista. Por otra parte, es muy f&aacute;cil encuadrar la pieza en la producci&oacute;n de otras pintoras contempor&aacute;neas a Varo. Como ella, tambi&eacute;n Artemisia Gentileschi, de quien ya hemos hablado en La Galer&iacute;a, y otras tantas ''se autorretrataron con la misma idea''. Pero, en este caso, Varo va m&aacute;s all&aacute; y ''se transforma a ella misma, a la propia artista, en un ser m&aacute;gico creador medio humano medio lechuza'', aunque quiz&aacute;s sea la propia autora disfrazada del p&aacute;jaro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ciencia, la alquimia y la magia, tan habitualmente peleadas y habituadas a convivir la una lejos de las otras, se dan cita en <em>La creaci&oacute;n de las aves</em>. Varo las entremezcla ''para crear diferentes p&aacute;jaros a los que les da el don del canto o la m&uacute;sica gracias al viol&iacute;n que le cuelga del cuello''. Utiliza una paleta de colores primarios para pintar los p&aacute;jaros a los que m&aacute;s adelante les da vida con la luz de las estrellas que entra por la ventana. ''As&iacute;, esos colores se canalizan al atravesar su lupa triangular'', matiza Rubayo. A medida que los p&aacute;jaros cobran vida, echan a volar por la ventana como si regresasen a su h&aacute;bitat o, como se&ntilde;ala la historiadora del arte, ''a su origen primigenio''. Adem&aacute;s, esa mezcla entre la alquimia y la ciencia tambi&eacute;n la encontramos tanto en la disposici&oacute;n de los muebles de la habitaci&oacute;n, como en los objetos que rodean a la lechuza. ''Es un <em>mix </em>entre el estudio de un pintor y el laboratorio de un cient&iacute;fico, envuelto de un aire m&iacute;stico y casi m&aacute;gico'', resuelve. En <em>La creaci&oacute;n de las aves</em>, la artista insiste en algo que ya la hab&iacute;a inspirado en otros momentos de su trayectoria: ''Varo pinta c&oacute;mo el artista dota de vida a las figuras que representa y c&oacute;mo esa vida trasciende m&aacute;s all&aacute; de su soporte''.
    </p><p class="article-text">
        <strong>''Una hechicera que se fue demasiado pronto''</strong>
    </p><p class="article-text">
        Obras como la que presenta La Galer&iacute;a esta semana convierten a Varo en una referencia en el surrealismo de todos los tiempos. Y no es que lo diga Sara Rubayo, que tambi&eacute;n, es que lo dijo el padre del movimiento, Andr&eacute; Bret&oacute;n. A la muerte de la pintora espa&ntilde;ola, el franc&eacute;s exclam&oacute;: ''El surrealismo reclama toda la obra de una hechicera que se fue demasiado pronto''. En pocas palabras, explica la divulgadora, ''el surrealismo indaga en el subconsciente atravesando mundos de fantas&iacute;a donde la l&oacute;gica y la racionalidad no tienen cabida''. Sin embargo, por muy surrealista que fuera, la obra de Varo est&aacute; &iacute;ntimamente intrincada con las experiencias que vivi&oacute; durante su vida, especialmente con todos los viajes que realiz&oacute; y con su migraci&oacute;n a M&eacute;xico, donde finalmente estableci&oacute; su casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ''En en pa&iacute;s azteca se instal&oacute; huyendo de la guerra'', subraya Rubayo, ''y consigui&oacute; hacerse un hueco no solo en el ecosistema art&iacute;stico mexicano, sino que tambi&eacute;n en Estados Unidos''. Antes, empero, hab&iacute;a formado parte del <em>boom</em> cultural madrile&ntilde;o junto con sus compa&ntilde;eros de la Real Academia de Arte de San Fernando y se code&oacute; con alumnos de la Residencia de Estudiantes como Dal&iacute;, Lorca u otra gran surrealista, Maruja Mallo. Aquel meollo intelectual dio grandes frutos, pero el estallido de la guerra oblig&oacute; a que eso sucediera o bien antes del conflicto, o bien lejos de las fronteras. Y de eso, Varo, cuya producci&oacute;n en M&eacute;xico fue muy notable, es uno de los mejores ejemplos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/creacion-aves-remedios-varo-alegoria-pintura-alquimia-ciencia-suenos_1_8185799.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jul 2021 20:03:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura,Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["La gran ola" de Kanagawa, la esencia japonesa que encajó en Occidente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-ola-kaganawa-esencia-japonesa-encajo-occidente_1_8165166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74c4a571-3f84-4950-8f61-a464d6f0754e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La gran ola&#039; de Kaganawa, la esencia japonesa que encajó en occidente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pieza es uno de los "36 grabados del monte Fuji" y es obra de Katsushika Hokusai. Se ha convertido en una de las imágenes más conocidas del arte oriental y de la mano de Sara Rubayo descubrimos qué significa y cómo es la técnica ukiyo-e</p><p class="subtitle">La feria internacional Artesantander 2021 mira al coronavirus</p></div><p class="article-text">
        ''El nip&oacute;n Katsushika Hokusai hab&iacute;a estudiado a fondo el arte europeo'', tercia la historiadora del arte <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>, y eso es un detalle importante a la hora de analizar su obra m&aacute;s conocida, <em>La gran ola</em> (Museo Metropolitano de Arte de Nueva York), que forma parte de una serie de grabados realizados en 1820 agrupados bajo el t&iacute;tulo <em>36 vistas del monte Fuji</em>. ''Al ser grabados'', explica la divulgadora, ''era muy barato hacer copias, por lo que el trabajo de Hokusai lleg&oacute; a Europa con facilidad''. No parece, por tanto, casualidad que el japon&eacute;s eligiera tem&aacute;ticas que encajaban tanto en las corrientes art&iacute;sticas que predominaban a principios del siglo XIX en el Viejo Continente. ''Esa idea rom&aacute;ntica del hombre luchando contra el &iacute;mpetu de la naturaleza'', contin&uacute;a Rubayo, ''ten&iacute;a mucha salida en estas tierras''. Con todo, Hokusai, que utiliz&oacute; la t&eacute;cnica del <em>ukiyo-e</em> para elaborar la serie, posiblemente considerara la perspectiva del Marketing a la hora de decidirse a realizar los grabados. Hay que tener en cuenta, adem&aacute;s, que aunque <em>La gran ola</em> sea, efectivamente, la m&aacute;s conocida de las 36 piezas que conforman la serie, es imprescindible contemplar el trabajo al completo para comprender su grandeza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todos los grabados, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/paris-hokusai-retrospectiva-organizada-japon_1_4610751.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hokusai </a>introduce, de una forma u otra, la imagen del monte Fuji. Por eso, a pesar de que en alguna de las piezas, como precisamente <em>La gran ola</em>, el monte no sea el protagonista, la serie recibe ese nombre. El artista pinta la monta&ntilde;a en verano, en invierno, primavera y oto&ntilde;o. Con nieve y sin ella. Con hombres y mujeres trabajando a su alrededor y tambi&eacute;n con predominancia absoluta de la naturaleza. Por la ma&ntilde;ana, por la tarde, de muy cerca y de muy lejos. La monta&ntilde;a siempre est&aacute; presente, aunque no siempre es protagonista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ''En <em>La gran ola</em>'', concreta Sara Rubayo, ''vemos el monte Fuji al final y, de hecho, si nos fijamos una de las olas peque&ntilde;itas que aparecen debajo de la grande, podemos apreciar c&oacute;mo el artista nos ofrece una copia del propio monte, pero l&iacute;quido''. La gran ola es, fuera de toda duda, una amenaza para los hombres que trabajan en las barcas en medio de la tormenta. ''Adem&aacute;s, la composici&oacute;n asim&eacute;trica de la pieza parece arrastrarnos hacia la ola, m&aacute;s a&uacute;n, en este caso, para una persona japonesa, que observa la imagen de derecha a izquierda, en el sentido de su forma de lectura y escritura'', detalla. En cuanto a los colores, ''destaca el agradable uso del azul prusia, muy valorado en Europa, y el crema''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es interesante, por otro lado, la utilizaci&oacute;n de la geometr&iacute;a de que hizo gala Hokusai, aunque no hay constancia de que el artista japon&eacute;s llegara a estudiar matem&aacute;ticas. ''Sin embargo'', apunta la divulgadora, ''ya fuera por algunos estudios que hubiera realizado o por puro instinto, su trabajo m&aacute;s famoso &mdash;<em>La gran ola&mdash;</em> encaja a las mil maravillas con la proporci&oacute;n &aacute;urea que siguen muchas de las obras m&aacute;s importantes de la historia, desde el Parten&oacute;n hasta el Taj Mahal''. M&aacute;s a&uacute;n: ''La ola que protagoniza el grabado, cuyas crestas de espuma, por cierto, imitan unas garras de animal que redundan en lo amenazante de la naturaleza, parece seguir incluso la archiconocida espiral de Fibonacci'', completa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La t&eacute;cnica </strong><em><strong>ukiyo-e</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        La traducci&oacute;n literal de <em>ukiyo-e</em>, la t&eacute;cnica que us&oacute; Katsushika Hokusai para sus serie <em>36 grabados del monte Fuji</em>, es ''mundo flotante'' y se refiere, en su acepci&oacute;n m&aacute;s m&iacute;stica, a un ideal de felicidad, aunque sin olvidar su fugacidad y transitoriedad. Pero, &iquest;cu&aacute;l es el proceso que llev&oacute; a cabo el artista para realizar los grabados? ''Lo primero que hace Hokusai o cualquier artista que trabaje la t&eacute;cnica'', se&ntilde;ala Rubayo, ''es trazar con tinta el dibujo inicial''. Entonces es cuando entran en juego las planchas de madera: ''En este paso, el artista engancha ese dibujo inicial en una plancha de madera, y corta y retira las partes blancas del papel <em>&mdash;</em>con tal de que solo quede el dibujo<em>&mdash;</em> para lograr una especie de impresi&oacute;n en relieve'', contin&uacute;a la divulgadora. A continuaci&oacute;n, hay que poner tinta en la plancha e imprimirla, por eso es f&aacute;cil realizar muchas copias del mismo dibujo. A partir de ese punto, el artista tinta cada una de las copias con un color diferente y las va pegando de forma alternada en la plancha de madera, dando como resultado el grabado final, que se podr&aacute; imprimir en papel tantas veces como &eacute;l desee.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es la t&eacute;cnica que utiliz&oacute; Hokusai para unos grabados que lo dar&iacute;an a conocer a lo ancho y largo del mundo. ''Todos hemos visto ya muchas veces <em>La gran ola</em>'', resuelve la divulgadora, ''pero el resto del trabajo de este artista es tambi&eacute;n excepcional, as&iacute; que su 'gran hit' deber&iacute;a animarnos a acercarnos al resto de su obra''.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-ola-kaganawa-esencia-japonesa-encajo-occidente_1_8165166.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jul 2021 19:54:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura,Museos,Japón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de "la carne" al mismísimo rey de Francia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/bronzino-cuadro-aviso-peligros-carne-mismisimo-rey-francia_1_8144203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d5e33d2-d0ce-4f61-b65e-145e9e435f8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de &#039;la carne&#039; al mismísimo rey de Francia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pintor florentino crea, alrededor de Venus y Cupido, una alegoría del amor en la que aparecen el engaño, el tiempo, los celos, el olvido y, quizás, hasta la sífilis. La historiadora del arte Sara Rubayo nos explica los detalles de "El Triunfo del amor"</p></div><p class="article-text">
        <em>El triunfo del amor </em>o <em>Alegor&iacute;a de Venus y Cupido</em> &mdash;los dos nombres con los que se suele identificar el cuadro&mdash; se sit&uacute;a a medio camino entre un aviso y una premonici&oacute;n. Lo pint&oacute; Agnolo di Torri o Angelo di Cosimo di Mariano (Florencia, 1503 - Florencia, 1572). Como al cuadro, al artista tambi&eacute;n se lo conoc&iacute;a por varios nombres, aunque el que termin&oacute; por imponerse fue el de Bronzino. ''Se dice que era muy moreno de piel'', comenta la historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>: ''Y por eso lo de Bronzino''. Sin embargo, completa, ''tambi&eacute;n se le atribuye un car&aacute;cter bastante cerrado, de modo que el sobrenombre puede venir tambi&eacute;n de ah&iacute;''. El caso es que el lienzo que tratamos esta semana en &ldquo;La Galer&iacute;a&rdquo; es imposible de entender sin su contexto. ''Se trata de una pintura manierista con una carga simb&oacute;lica muy alta'', explica Rubayo, ''y solo teniendo en cuenta el contexto en que la pint&oacute; Bronzino, podemos entender por qu&eacute; incluye todos los elementos que vemos en la obra, que para nada es lo que parece a simple vista''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por el principio. &iquest;Qui&eacute;n le encarga el cuadro al pintor florentino? Nos situamos en mitad del siglo XVI. Bronzino, tal y como escribi&oacute; el historiador y pintor Giorgio Vasari en <em>Le vite de' pi&ugrave; eccellenti pittori, scultori e architettori</em>, era, por aquel entonces, el artista m&aacute;s solicitado, por lo que se le comisiona una pintura que deb&iacute;a alcanzar grandes cotas de belleza, toda vez que iba a ser entregada a modo de obsequio al rey de Francia. Y este no es un dato balad&iacute;. ''Francisco I de Francia era famoso por ser un gran aficionado a los vicios de la carne, y tambi&eacute;n al entrecot'', bromea la historiadora del arte. Parece que el monarca ten&iacute;a gusto por los placeres terrenales y eso ayuda a entender el sentido del cuadro que pint&oacute; Bronzino. Vasari lo describi&oacute; as&iacute;: ''Hizo un cuadro de singular belleza, que fue enviado a Francia, al rey Francisco. En &eacute;l hab&iacute;a una Venus desnuda con Cupido, que la besaba, y el Placer por un lado y el Juego con otros amores. Por el otro, el enga&ntilde;o, los celos y otras pasiones del amor''.
    </p><p class="article-text">
        Antes de descubrir cu&aacute;l es el significado de todos los agentes que aparecen en el lienzo, un peque&ntilde;o spoiler: ''Francisco I no debi&oacute; de hacer mucho caso al aviso pict&oacute;rico que le mand&oacute; Bronzino, ya que, a los dos a&ntilde;os de recibir el regalo, el rey franc&eacute;s muri&oacute; y, encima, de s&iacute;filis, una enfermedad de transmisi&oacute;n sexual, que, por cierto'', avisa Rubayo, ''est&aacute; representada en el cuadro''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qui&eacute;n es qu&eacute; en la alegor&iacute;a de Bronzino</strong>
    </p><p class="article-text">
        ''Como toda pintura aleg&oacute;rica, cada figura representa alguna cualidad, un vicio o una virtud'', se&ntilde;ala Rubayo. ''La obra'', contin&uacute;a, ''presenta varios personajes aleg&oacute;ricos encajados como piezas de un puzzle, que ocupan todos los m&aacute;rgenes y dejan una composici&oacute;n abarrotada pero arm&oacute;nica''. A pesar de que los personajes centrales son Venus y Cupido, los dioses de las dos versiones principales del amor, y eso podr&iacute;a llevar al observador a pensar que se trata, precisamente, de un cuadro de amor, nada m&aacute;s lejos de la realidad. ''Por mucho que la centralidad del cuadro la ocupen Venus y Cupido'', apunta la divulgadora, ''hay que fijarse en todo el resto de los personajes para entender cu&aacute;l es el verdadero tema''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que hay que tener en cuenta es c&oacute;mo est&aacute;n representados esos dos protagonistas y, sobre todo, en qui&eacute;nes los acompa&ntilde;an. ''Para empezar'', tercia Rubayo, ''Venus y Cupido se abrazan zigzagueantes bes&aacute;ndose en la boca, lo que es un acto de lujuria e incesto pecaminoso. Adem&aacute;s, el muchacho le pellizca un pez&oacute;n a su madre''. Y esos son solo algunos s&iacute;mbolos de sensualidad y deseo que aparecen en la obra, pero hay muchos m&aacute;s, por ejemplo, las palomas y las m&aacute;scaras que descansan a sus pies. ''Justo detr&aacute;s de Venus'', se&ntilde;ala Rubayo, ''hay un ni&ntilde;o de pelo rizado que brinca alegre a punto de arrojar rosas a la pareja''. Se trata de la cara feliz del amor, del j&uacute;bilo. ''En su tobillo izquierdo'', completa, ''lleva una pulsera de cascabeles que alude a esa alegr&iacute;a de vivir''. Estamos delante de la personificaci&oacute;n del Placer. Lo vemos, adem&aacute;s, pisando unas espinas que se asocian con el dolor que puede llegar a causar el amor. Sin embargo, el Placer no lo nota.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de esa personificaci&oacute;n del placer, pint&oacute; Bronzino un dulce rostro falsamente angelical de una ni&ntilde;a que tiene las manos en una disposici&oacute;n imposible. ''Est&aacute;n vueltas del rev&eacute;s'', matiza la divulgadora, ''lo que desvela su aut&eacute;ntica naturaleza: es el enga&ntilde;o''. Su cuerpo es el de una serpiente con patas de le&oacute;n y rabo que remata en doble aguij&oacute;n de escorpi&oacute;n, pero que nos ofrece un panal de rica miel. En otras palabras, trata de jugar con nosotros y confundirnos. Por su parte, el hombre viejo y barbudo que aparece arriba es Cronos, el dios del tiempo y enemigo natural del amor. Delante suyo, la personificaci&oacute;n del olvido trata de tapar la escena. Por &uacute;ltimo, debajo del olvido encontramos el personaje que enlaza con la historia del rey Francisco I de Francia. En los escritos de Vasari ese personaje aparece identificado como la personificaci&oacute;n de los celos, pero, tal y como explica Rubayo, ''estudios recientes han visto en &eacute;l una imagen de la s&iacute;filis''. A todas luces, el monarca galo, o bien no supo leer el mensaje en clave que le brind&oacute; la corte toscana por medio de Bronzino, o bien no quiso hacer demasiado caso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/bronzino-cuadro-aviso-peligros-carne-mismisimo-rey-francia_1_8144203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jul 2021 19:55:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de "la carne" al mismísimo rey de Francia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura,Divulgación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Anunciación de Fra Angélico y los trucos para conectar lo divino con lo terrenal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/anunciacion-fra-angelico-trucos-conectar-divino-terrenal_1_8121769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb6ca9b1-e728-47f2-b5b6-ef2c233d0a00_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Anunciación de Fra Angélico y los trucos para conectar lo divino con lo terrenal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Papa Juan Pablo II canonizó, en 1982, al conocido como fraile pintor. Nacido cerca de Florencia, Fra Angélico realizó encargos para los Medici y para varios pontífices y Vasari decía de él que nunca pintaba un cuadro sin rezar antes</p></div><p class="article-text">
        ''Digamos que Fra Ang&eacute;lico es m&aacute;s un fraile pintor, que un pintor fraile'', tercia la historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>. De hecho, el arquitecto Giorgio Vasari lleg&oacute; a decir de &eacute;l que nunca empez&oacute; una obra sin rezar antes. Durante su vida, a caballo entre Fiesole, Florencia y Roma, recibi&oacute; encargos de distintos pont&iacute;fices, pint&oacute; retablos, frescos o iluminaciones en libros sagrados, pero su obra maestra, aquella por la que es recordado casi seiscientos a&ntilde;os despu&eacute;s &mdash;naci&oacute; cerca de Florencia en 1395 y muri&oacute; en Roma en 1455&mdash;, es <em>La Anunciaci&oacute;n,</em> que se puede contemplar, en la actualidad, en el Museo del Prado de Madrid. ''Se trata de una obra'', la describe Rubayo, ''en la que se encuentran lo terrenal y lo divino, por no hablar de la intenci&oacute;n moralizante y educativa que atesora''. Adem&aacute;s, la tabla no est&aacute; exenta de una dosis de simbolismo. ''Hay un personaje del cuadro'', avisa la historiadora del arte, ''que, aunque nunca lo adivinar&iacute;amos, hace las veces de ojos y o&iacute;dos de la Orden Predicadora de los Dominicos''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La Anunciaci&oacute;n</em> constituye la parte central de un retablo con predela &mdash;o lo que es lo mismo, un retablo con banco, es decir, la parte inferior en la que descansa el grueso de la acci&oacute;n&mdash;, que est&aacute; realizada con la t&eacute;cnica del temple sobre tabla y en la que se pueden contemplar dos escenas. ''El tema'', explica Sara Rubayo, ''est&aacute; directamente inspirado en la Biblia''. En concreto, en el pasaje de San Lucas 1,26-38, donde se narra el encuentro entre dos mundos ajenos: el divino o espiritual con el terrenal o humano. Pero, &iquest;qu&eacute; vemos en la escena protagonista? ''Antes de nada'', apunta la historiadora, ''hay que fijarse en la arquitectura, que Fra Ang&eacute;lico utiliza para enmarcar la escena principal y para evidenciar la perspectiva, algo que, al mismo tiempo, le permite introducir elementos renacentistas como los arcos de medio punto y los capiteles de las columnas, que sustentan el techo g&oacute;tico pintado como un cielo estrellado''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa escena principal vemos c&oacute;mo un rayo de luz dorado y rectil&iacute;neo irrumpe por la izquierda e impacta directamente en el cuerpo de la Virgen Mar&iacute;a: ''Con eso, Fra Ang&eacute;lico nos est&aacute; diciendo: &laquo;Estamos en el momento de la concepci&oacute;n divina&raquo;''. Y precisamente esa es la conexi&oacute;n m&aacute;s extrema entre lo terrenal &mdash;hasta ese momento, la Virgen Mar&iacute;a&mdash; y lo espiritual o divino. ''Ese rayo solar'', contin&uacute;a Rubayo, ''emana desde los cielos con las manos de Dios, que esconden la paloma del Esp&iacute;ritu Santo''. Por su parte, el Arc&aacute;ngel Gabriel se presenta ante la virgen para anunciarle la nueva de que ser&aacute; la madre de Dios en la Tierra, tal y como promet&iacute;an las sagradas escrituras, que, observa la historiadora, ''descansan en el regazo de la virgen''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lejos de mostrar alg&uacute;n tipo de asombro, la joven madre responde a su nueva responsabilidad con una reverencia serena: ''Lo percibimos al inclinar ella su torso y al cruzar sus brazos como en una especie de rezo''. Y es precisamente ese rezo, adem&aacute;s de las sagradas escrituras que tiene la virgen, el canal de comunicaci&oacute;n entre lo terrenal y lo divino. Con ese gesto, Fra Ang&eacute;lico demuestra su intenci&oacute;n educativa, toda vez que &lsquo;ense&ntilde;a&rsquo; a las personas que es posible hablar con Dios y que el rezo, la plegaria y la lectura son las formas correctas de hacerlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda escena la protagonizan Ad&aacute;n y Eva en el momento de su expulsi&oacute;n del Para&iacute;so. ''Ambos aparecen en una actitud muy dram&aacute;tica'', desliza Rubayo. A su alrededor, Fra Ang&eacute;lico demuestra su gran conocimiento en el campo de la bot&aacute;nica al pintar una multitud de plantas en un jard&iacute;n t&iacute;pico renacentista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La golondrina y la Orden Predicadora de los Dominicos</strong>
    </p><p class="article-text">
        En esta obra, que pint&oacute; Fra Ang&eacute;lico entre el 1425 y el 1426 y que, por tanto, se encuentra a medio camino entre lo g&oacute;tico y lo renacentista, no pod&iacute;a faltar algo de simbolismo. ''Lo encontramos en mi personaje favorito de toda la tabla'', bromea la historiadora del arte: ''La golondrina''. Se trata del &uacute;nico testigo de la escena y ejerce de representaci&oacute;n de la Orden Predicadora de los Dominicos, de los que, tradicionalmente, se dice que aprenden observando y, a continuaci&oacute;n, difunden la palabra de Dios. Por eso, estamos delante de una pieza que ensalza los pilares de dicha orden dominica: rezar, meditar, contemplar y predicar.
    </p><p class="article-text">
        Esta no es la &uacute;nica anunciaci&oacute;n que pint&oacute; Fra Ang&eacute;lico, pero ''s&iacute; que es la &uacute;nica en la que vemos con claridad ese rayo de sol que representa al mism&iacute;simo Dios'', aclara Rubayo. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, los Medici le encargaron al fraile pintor la decoraci&oacute;n del convento de San Marcos de Florencia, una obra que le llev&oacute; cinco a&ntilde;os. Despu&eacute;s, tanto el Papa Eugenio IV, como Nicol&aacute;s V le encargaron pintar frescos en el Vaticano y hoy se conservan sus trabajos en la Capilla Niccolina. Todo el empe&ntilde;o que puso en las pinturas religiosas, en el rezo y, sobre todo, en la predicaci&oacute;n llevaron a otro pont&iacute;fice, en este caso, uno mucho m&aacute;s moderno, a canonizarlo. En 1982, el Papa Juan Pablo II lo convirti&oacute; en santo y, al cabo de dos a&ntilde;os, fue nombrado patr&oacute;n de los artistas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/anunciacion-fra-angelico-trucos-conectar-divino-terrenal_1_8121769.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jul 2021 19:54:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Anunciación de Fra Angélico y los trucos para conectar lo divino con lo terrenal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museos,Arte,Pintura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El nacimiento de Venus': las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/nacimiento-venus-claves-desnudo-femenino-provocador-renacimiento_1_8100179.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f58175b-5bba-4d45-a618-2ad83efe3c22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El nacimiento de Venus’: las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Botticelli sorprendió a todos con esta pintura mitológica, cuya protagonista, la diosa del amor, luce la cara de Simonetta Vespucci, el amor platónico del artista. Con la ayuda de Sara Rubayo, descubrimos los secretos que esconde el cuadro</p></div><p class="article-text">
        La Venus de Sandro Botticelli tiene nombre y apellido. Se llamaba Simonetta Vespucci, era genovesa de nacimiento y florentina de adopci&oacute;n, y todo aquel contempor&aacute;neo suyo que fuera m&aacute;s o menos pr&oacute;ximo al mundo del arte supo, al ver el lienzo, que se trataba de ella. &ldquo;Era una joven muy conocida en toda Florencia por su tremenda belleza&rdquo;, explica la historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>. &ldquo;Adem&aacute;s&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;hab&iacute;a sido la musa de Botticelli en muchas otras obras&rdquo;. Y no era algo casual o circunstancial. Todo el mundo sab&iacute;a que la joven era el amor plat&oacute;nico del pintor. &ldquo;Por eso la pint&oacute; tantas veces y por eso&rdquo;, apunta Rubayo, &ldquo;la record&oacute; para protagonizar el que iba a ser su cuadro m&aacute;s recordado: <em>El nacimiento de Venus</em>&rdquo;. Y Sara dice que &ldquo;la record&oacute;&rdquo; porque cuando Botticelli empez&oacute; la obra en 1482 la joven llevaba ya seis a&ntilde;os muerta. Falleci&oacute; a los 23 a&ntilde;os a causa de una tuberculosis, pero la muerte no pudo llevarse consigo el amor que le profesaba el artista florentino, que convirti&oacute; a Simonetta en eterna cuando calc&oacute; sus rasgos faciales, su piel clara y su pelo cobrizo en su obra maestra. Hoy, descansa en una de las salas m&aacute;s exquisitas de la Galer&iacute;a Uffizi en la ciudad que no la vio nacer, pero s&iacute; morir. 
    </p><p class="article-text">
        Varias fuentes historiogr&aacute;ficas apuntan a que <em>El nacimiento de Venus</em> fue, como en tantos otros casos, un encargo de los Medici, el clan m&aacute;s poderoso de Florencia en la &eacute;poca y una de las familias m&aacute;s importantes en la historia del mecenazgo. &ldquo;La obra&rdquo;, a&ntilde;ade Rubayo, &ldquo;forma parte de un encargo que completan <em>La primavera </em>y <em>Palas y el Centauro</em> y, al parecer, iban a decorar las paredes de Villa di Castello, un palacete ubicado en una de las colinas que bordean la ciudad&rdquo;. En cuanto al tema de la pintura, tiene su origen en <em>Las metamorfosis</em> de Ovidio, en especial desde la perspectiva neoplat&oacute;nica imperante en la Italia del momento. &ldquo;Seg&uacute;n esta corriente&rdquo;, se&ntilde;ala la historiadora del arte, &ldquo;el significado del cuadro de Botticelli es el nacimiento del amor y de la belleza espiritual como fuente motriz de la vida&rdquo;. As&iacute; las cosas, &ldquo;el momento que presenta el artista es la llegada de la diosa del amor, tras su nacimiento, a la isla de Citera, empujada por el viento, como describe Homero, quien sirvi&oacute; de fuente literaria para la obra de Botticelli&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el centro de la composici&oacute;n vemos a Venus sobre una enorme concha. Se trata de una Venus P&uacute;dica, toda vez que el artista esconde sus partes &iacute;ntimas tras el largo cabello y cubre sus pechos con el brazo de la propia diosa. A su izquierda, el dios del viento, C&eacute;firo, y Cloris, la diosa de los jardines (aunque algunas fuentes ven en ella a Aura, la diosa de la brisa) la ayudan a surcar los mares hasta llegar a la isla de Citera. &ldquo;En el lado terrestre&rdquo;, expone Rubayo, &ldquo;encontramos la diosa de la primavera, que la espera en la orilla para arroparla con un manto decorado con motivos florales&rdquo;. Hay que poner especial atenci&oacute;n en el <em>contraposto</em>, una t&eacute;cnica originaria de la Antig&uuml;edad que Botticelli utiliza para estilizar el cuerpo de la protagonista de la composici&oacute;n, que se sostiene sobre una sola pierna dibujando una especie de letra ese. Por otra parte, el pintor tambi&eacute;n utiliza la t&eacute;cnica de los pa&ntilde;os mojados para destacar todos y cada uno de los pliegues y detalles de las vestimentas de los personajes, como hac&iacute;an los escultores cl&aacute;sicos. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Con Savonarola se acab&oacute; la provocaci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Una vez Botticelli hubo acabado su obra, se convirti&oacute; en el primer desnudo femenino desde hac&iacute;a mil a&ntilde;os y ten&iacute;a en el <em>David</em> de Donatello su precedente masculino m&aacute;s cercano. Adem&aacute;s, el cuadro es a tama&ntilde;o natural y, como ya se ha apuntado m&aacute;s arriba en el texto, el rostro de la modelo era muy conocido. Por todo ello, la sociedad del momento encaj&oacute; la pintura como una gran provocaci&oacute;n. Sin embargo, la intenci&oacute;n provocadora de Botticelli no iba a ser eterna. Es m&aacute;s, iba a concluir pocos a&ntilde;os despu&eacute;s de terminar <em>El nacimiento de Venus</em>, pero &iquest;por qu&eacute;? La culpa la tuvo el monje dominico Girolamo Savonarola, que lleg&oacute; a Florencia en 1490 y, tal y como explica Sara Rubayo, &ldquo;en menos de una d&eacute;cada dej&oacute; una profund&iacute;sima marca en los florentinos&rdquo;. Savonarola estaba en contra del lujo, el lucro y la depravaci&oacute;n de los poderosos, denunci&oacute; la corrupci&oacute;n de la Iglesia cat&oacute;lica, se enemist&oacute; con los Medici y hasta con el papado. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los acontecimientos m&aacute;s recordados del paso del sacerdote por Florencia tuvo lugar en 1490, cuando organiz&oacute; la famosa Hoguera de las vanidades, en la que quem&oacute; multitud de objetos que consideraba pecaminosos entre los que, tal y como afirma Rubayo, se cree que se encontraban obras mitol&oacute;gicas de Botticelli. <em>El nacimiento de Venus</em>, afortunadamente, pudo librarse de la quema, habida cuenta de que se encontraba en Villa di Castello, a las afueras de la ciudad. El caso es que la influencia de Savonarola en Botticelli apart&oacute; al pintor de la mitolog&iacute;a y lo acerc&oacute;, definitivamente, a la pintura religiosa.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/nacimiento-venus-claves-desnudo-femenino-provocador-renacimiento_1_8100179.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jul 2021 20:08:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El nacimiento de Venus': las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Artes plásticas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Poción de amor' de Evelyn De Morgan: un cuadro con mil capas, un poco de magia y mucho simbolismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/pocion-amor-evelyn-morgan-cuadro-mil-capas-magia-simbolismo_1_8076318.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93a58c4c-86bb-482f-9b2d-1c996c08181f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Poción de amor&#039; de Evelyn De Morgan: un cuadro con mil capas, un poco de magia y mucho simbolismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista formaba parte de los prerrafaelitas y dotó a sus cuadros de multitud de detalles, que, aunque pueden pasar desapercibidos a simple vista, otorgan a su obra una gran profundidad. Sara Rubayo nos ayuda a descifrar la composición</p></div><p class="article-text">
        Prerrafaelita y simbolista. El cuadro <em>Poci&oacute;n de amor</em> (expuesto en De Morgan Centre, en Londres) tiene todos los ingredientes para cautivar al espectador. Evelyn De Morgan (Londres, 1855-Londres, 1919) ofrece una lectura primaria, que se comprende en el primer vistazo, pero se trata solo de la primera capa de todas las que contiene la composici&oacute;n. ''Adem&aacute;s de lo que se ve a simple vista'', explica la historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>, ''tenemos una capa muy prerrafaelita, en el sentido de que muestra su preocupaci&oacute;n con el bien social, los problemas de su tiempo y la pol&iacute;tica, y, por otro lado, tenemos otra capa mucho m&aacute;s simbolista''. Los colores, los elementos que pinta De Morgan en el lienzo, los peque&ntilde;os detalles y los gestos no son balad&iacute;es: todos tienen un significado. Pero, &iquest;cu&aacute;l? &iquest;Cu&aacute;l es la informaci&oacute;n que nos da cada una de esas capas? &iquest;Se trata de capas independientes entre ellas, o se cruzan? Todas estas son preguntas que los historiadores del arte han tratado &mdash;y tratan&mdash; de resolver y, aunque siempre es dif&iacute;cil descifrar a una artista del perfil de De Morgan, ya han encontrado algunas respuestas.
    </p><p class="article-text">
        Las capas se entrelazan y se alimentan las unas a las otras. ''De primeras, lo que vemos en esta pintura fechada en 1903 es una hechicera preparando una poci&oacute;n'', observa Rubayo. Sin embargo, ah&iacute; encontramos ya el primer mensaje subliminal que lanza De Morgan. ''No estamos viendo a una prostituta ni a una diosa ni a una bruja'', apunta: ''Lo que estamos viendo es una mujer sabia, que sabe lo que hace y que, adem&aacute;s, tiene poder''. Pero, &iquest;en qu&eacute; vemos eso? Para empezar, el gesto serio y concentrado de la hechicera la dibuja como alguien diligente y con una misi&oacute;n concreta. Los libros que coloc&oacute; De Morgan justo debajo del c&aacute;liz son, tambi&eacute;n, s&iacute;mbolo de sabidur&iacute;a. La malla que cubre su cabeza, espalda y parte de su brazo denota fortaleza. ''Y no solo eso'', avisa Sara: ''El esquema crom&aacute;tico que utiliz&oacute; &mdash;negro, blanco, rojo y amarillo&mdash;, seg&uacute;n las leyes de la alquimia comprende los cuatro colores que marcan las etapas progresivas que hay que seguir hasta la meta, o el &eacute;xito, que ser&iacute;a la iluminaci&oacute;n''. Todo eso pertenece a la capa simbolista, pero tambi&eacute;n a la prerrafaelita, en el sentido de que De Morgan, muy comprometida con el sufragismo y la primigenia lucha feminista, quiso despojar a la mujer de la &mdash;algunas veces&mdash; divinidad y &mdash;otras&mdash; erotismo con que siempre sol&iacute;a represent&aacute;rsela para dibujarla como un ser sabio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con todo, vemos que las capas no son independientes, sino que se entrelazan. De todos modos, quiz&aacute;s eso sea empezar la casa por el tejado. &iquest;Cu&aacute;l es el tema central del cuadro? ''La hechicera'', relata Rubayo, ''est&aacute; preparando una poci&oacute;n de amor. Eso lo sabemos porque, a trav&eacute;s de la ventana, observamos a una pareja de enamorados que se da un abrazo''. La chica lleva un vestido blanco al que le falta un trozo de tela, seguramente el mismo pedazo que tiene la hechicera al lado. ''Y todos sabemos'', remata la historiadora del arte, ''que los hechiceros y las hechiceras utilizan objetos personales de las personas a las que dirigen el encantamiento con tal de que sea efectivo''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los prerrafaelitas y el rechazo al renacimiento</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si bien Miguel &Aacute;ngel o Da Vinci son dos de los artistas m&aacute;s valorados y apreciados de toda la historia, hubo un grupo, los prerrafaelitas, que renegaron por completo de sus valores art&iacute;sticos y Evelyn De Morgan se vincul&oacute; al movimiento. ''Los prerrafaelitas adoptaron, a cambio de rechazar el renacimiento, los valores medievales, es decir, todo lo anterior a Rafael de Sancio, de ah&iacute; su nombre'', explica. Adem&aacute;s, este grupo de artistas ten&iacute;an tintes herm&eacute;ticos y ocultistas, incluso constituyeron la denominada Hermandad Prerrafaelita, de la que, por supuesto, formaba parte Evelyn De Morgan, siendo una de las primeras mujeres en ser aceptada junto a Eleanor Fortescue-Brickdale, Marie Spartali Stillman, Elizabeth Siddal, Marianne Stokes y Emma Sandys. Los prerrafaelitas estaban preocupados por los grandes problemas de su tiempo y trasladaban ese pensamiento a sus pinturas. Por eso De Morgan encaj&oacute; tan bien en la corriente. ''Hay que destacar'', recuerda la historiadora, ''que fue muy activa en la lucha sufragista y siempre trat&oacute; de dar visibilidad a la mujer''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La artista londinense cre&oacute; su propio estilo y llen&oacute;, en palabras de Rubayo, ''sus pinturas de gran espiritualidad a trav&eacute;s de composiciones muy detalladas, colores puros y tonalidades muy intensas''. Todo eso se encuadra en el marco prerrafaelita. Sin embargo, ''ella utiliz&oacute; el color como un reflejo de los estados de &aacute;nimo de los personajes y le dio un sentido concreto seg&uacute;n el esoterismo, una pr&aacute;ctica muy extendida en la &eacute;poca victoriana''. Y todo eso &mdash;tanto el car&aacute;cter de la pintora, como sus rasgos art&iacute;sticos principales&mdash; lo vemos perfectamente en <em>Poci&oacute;n de amor</em>, un lienzo en el que todos los detalles son importantes y que no huye en absoluto de la reivindicaci&oacute;n social, en este caso, feminista.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/pocion-amor-evelyn-morgan-cuadro-mil-capas-magia-simbolismo_1_8076318.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jun 2021 20:26:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Poción de amor' de Evelyn De Morgan: un cuadro con mil capas, un poco de magia y mucho simbolismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura,Historia,Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La Buenaventura', o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/buenaventura-georges-tour-juega-despiste-robo-sutil-historia-arte_1_8054120.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3a5e845-8bff-4650-9c8f-8df40d4e75fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La Buenaventura&#039;, o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El artista francés engaña al espectador centrando la atención en la parte superior del cuadro, cuando, en realidad, la información más relevante se encuentra en el margen inferior. Sara Rubayo nos ayuda a desentrañar los secretos del lienzo</p></div><p class="article-text">
        Son tan astutas las cuatro mujeres que aparecen en <em>La Buenaventura</em> (una obra datada en la d&eacute;cada de 1630 expuesta en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York) que ni siquiera el espectador &mdash;es decir, nosotros&mdash; se percata de lo que est&aacute; ocurriendo hasta que no se fija muy bien en todos los detalles o, en el mejor de los casos, tiene al lado a una historiadora del arte como <a href="https://twitter.com/sararubayo?lang=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>. &ldquo;El pintor busca que quien vea el cuadro se fije en la parte superior del mismo&rdquo;, explica, &ldquo;de manera que crea que lo que se est&aacute; pasando en la escena es una disputa entre el joven y la vieja, pero, en realidad, es solo un truco&rdquo;. Lo que de verdad vemos en el cuadro es ni m&aacute;s ni menos que un robo. Mientras el joven y todos los espectadores atendemos a la discusi&oacute;n que mantiene con la vieja a cuenta de un desacuerdo en el pago por haberle le&iacute;do la mano, las otras tres mujeres &mdash;las j&oacute;venes&mdash; desvalijan al chaval, que en cuesti&oacute;n de segundos se queda sin cadena de oro y sin bolsa de monedas. Pero, &iquest;qu&eacute; hay detr&aacute;s de la escena? Y, sobre todo, &iquest;cu&aacute;nto determina el tema el contexto en que el franc&eacute;s Georges de La Tour pinta este cuadro?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que tener en cuenta&rdquo;, tercia Rubayo, &ldquo;que estamos en el siglo XVII y que, por aquel entonces, el robo estaba castigado con torturas, e incluso el condenado por ello pod&iacute;a terminar con una marca de hierros al rojo vivo para identificarte como ladr&oacute;n o, en los casos m&aacute;s extremos, colgado y descuartizado&rdquo;. Por lo tanto,&nbsp; La Tour no nos muestra una escena c&oacute;mica, sino una repleta de tensi&oacute;n. Los personajes no est&aacute;n sonriendo ni relajados. Ni las ladronas, que, sabedoras del riesgo que entra&ntilde;a su cometido, tienen unos gestos que destilan concentraci&oacute;n, ni el joven, que, aunque no sospecha nada acerca del robo, mira fijamente a la vieja para evitar lo que considera una estafa. &ldquo;Adem&aacute;s&rdquo;, a&ntilde;ade la historiadora del arte, &ldquo;sabemos que la mueca seria del muchacho tambi&eacute;n tiene otro motivo: si es sorprendido consultando artes adivinatorias &mdash;como lo es la quiromancia&mdash; se arriesga a ser excomulgado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha datado esta obra entre 1630 y 1639 y se realiz&oacute; en Lorena (Francia). En este caso, como en tantos otros, la fecha y el lugar donde Georges de La Tour pint&oacute; el cuadro son imprescindibles para entender por qu&eacute; el pintor eligi&oacute; ese tema. &ldquo;Era una &eacute;poca convulsa y una zona muy maltratada por el hambre, la peste &mdash;por la cual morir&iacute;a La Tour en 1652&mdash; y por la Guerra de los Treinta A&ntilde;os, que, en la pr&aacute;ctica, trajo consigo una gran cantidad de asedios, saqueos e incendios. Por aquel entonces, sin embargo, a La Tour no le fue tan mal. Ascendi&oacute; en la escala social, fue nombrado hidalgo y amas&oacute; una fortuna especulando con cereales. &rdquo;Todo esto nos da a entender que las monedas de oro, esas que las j&oacute;venes tratan de robar al muchacho, jugaban un papel muy importante tanto en su vida como en sus obras&ldquo;, desliza Sara Rubayo. Se trata, adem&aacute;s, de una obra moralizante: &rdquo;El artista franc&eacute;s quiere decirnos, a trav&eacute;s de su lienzo, que muchas veces la altaner&iacute;a, en este caso perfilada en la cara del joven, esconde una mal disimulada inocencia; mientras que la propia inocencia que podr&iacute;a transmitir el grupo de mujeres es, en realidad, astucia&ldquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un pintor perdido y recuperado</strong></h3><p class="article-text">
        Hoy por hoy Georges de La Tour es uno de los artistas franceses m&aacute;s valorados, pero no siempre fue as&iacute;. &ldquo;En su &eacute;poca&rdquo;, recuerda Rubayo, &ldquo;ten&iacute;a mucho &eacute;xito, pero tras su muerte su obra cay&oacute; en el olvido hasta casi desaparecer&rdquo;. Ya en el siglo XX, un trabajo arduo que compartieron historiadores y marchantes de arte tuvo como resultado la recuperaci&oacute;n de sus obras y la restauraci&oacute;n de su reputaci&oacute;n. &ldquo;Es un artista a medio camino entre el clasicismo y el caravaggismo, dos reacciones al manierismo que hab&iacute;a imperado hasta el momento en el clima cultural del pa&iacute;s y la &eacute;poca&rdquo;, apunta. Mientras que las composiciones de Georges de La Tour eran clasicistas, los temas se parecen a los de Caravaggio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si vemos las obras de George de La Tour&rdquo;, completa la historiadora,&nbsp; &ldquo;observamos que existen dos per&iacute;odos muy marcados en su producci&oacute;n&rdquo;. Durante la primera etapa de su vida se centra en escenas diurnas, con ricos y vivos colores, escenas costumbristas protagonizadas por personajes de lo m&aacute;s variopinto, entre los que se encontraban campesinos, p&iacute;caros, soldados y pendencieros. En su segunda etapa, desde sus 45 a&ntilde;os hasta su muerte, pinta sobre todo &ldquo;noches&rdquo; o &ldquo;nocturnos&rdquo;. Son aquellas obras en las que presenta escenas interiores oscuras con personajes solitarios y melanc&oacute;licos iluminados con una sola vela o una l&aacute;mpara. No cabe duda, con todo, de que la obra que presentamos esta semana en 'La Galer&iacute;a' pertenece a la primera etapa. Las mujeres que la protagonizan no dejan de ser unas p&iacute;caras y la escena transcurre a plena luz del d&iacute;a. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/buenaventura-georges-tour-juega-despiste-robo-sutil-historia-arte_1_8054120.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Jun 2021 20:27:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['La Buenaventura', o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rubens, Tiziano y las cuatro diferencias entre 'sus paraísos']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/rubens-tiziano-cuatro-diferencias-paraisos_1_8029456.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a17d353d-fda6-4259-93a0-04f27955c52f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rubens, Tiziano y las cuatro diferencias entre &#039;sus paraísos&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rubens pudo contemplar, sin prisas, el 'Adán y Eva' en el paraíso terrenal de Tiziano en una de sus visitas a España. Con la ayuda de la historiadora del arte Sara Rubayo, descubrimos la conexión que existió entre los dos pintores</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;En la historia del arte, nunca se ha menospreciado a un pintor que copiaba a otro&rdquo;, tercia <a href="http://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>. A&uacute;n es m&aacute;s: &ldquo;Muchos pintores de talla mundial se inspiraban en cuadros de sus maestros para homenajearlos, aprender de ellos o incluso tratar de superarlos&rdquo;. Es el caso del cuadro <em>Ad&aacute;n y Eva</em> de Pedro Pablo Rubens, tan similar a <em>Ad&aacute;n y Eva en el para&iacute;so terrenal</em> de Vecellio di Gregorio Tiziano. Cualquiera que no tenga constancia de que existen las dos versiones podr&iacute;a pensar que se encuentra delante del mismo lienzo, &ldquo;pero no&rdquo;, interrumpe Rubayo, historiadora del arte y divulgadora cultural: &ldquo;Casi ochenta a&ntilde;os separan a las dos pinturas&rdquo;. Tiziano pint&oacute; la suya en 1550 y Rubens no la finaliz&oacute; hasta 1629. Hoy, ambas se pueden contemplar en el Museo del Prado de Madrid, donde permanecen expuestas una al lado de la otra. &ldquo;Es fant&aacute;stico que se puedan visitar a la vez&rdquo;, opina la historiadora, &ldquo;es la mejor forma de encontrar todas las diferencias entre ambas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero antes, un poco de biograf&iacute;a de ambos pintores. Tiziano, que fue especialmente longevo para la &eacute;poca &mdash;naci&oacute; a finales del siglo XV y muri&oacute; en 1576 en Venecia&mdash;&nbsp; ostenta el t&iacute;tulo de m&aacute;ximo exponente de la denominada Escuela Veneciana y fue condecorado, entre otras, por la gran escuela del renacimiento, la florentina. &ldquo;Quiz&aacute;s&rdquo;, reflexiona Rubayo, &ldquo;la gran novedad que introdujo Tiziano, cuyas obras estaban siempre relacionadas con la mitolog&iacute;a, la religi&oacute;n y los retratos, fue, precisamente, la de mezclar en sus pinturas algunas de esas tem&aacute;ticas&rdquo;. En muchos casos, pint&oacute; retratos de personalidades conocidas de la &eacute;poca &mdash;lo que hoy conocemos como <em>celebrities</em>&mdash; con cuerpos y atributos de figuras mitol&oacute;gicas. Popular en los c&iacute;rculos m&aacute;s elevados de su tiempo, Tiziano asisti&oacute; en Bolonia a la coronaci&oacute;n del Emperador Carlos V. Fue entonces cuando recibi&oacute; su primer encargo para la corte espa&ntilde;ola y, de hecho, nuestro pa&iacute;s podr&iacute;a ser uno de los v&iacute;nculos entre Rubens y el artista italiano, aunque este &uacute;ltimo jam&aacute;s viaj&oacute; a Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Rubens es distinto. &ldquo;&Eacute;l s&iacute; que estuvo dos veces en la corte espa&ntilde;ola&rdquo;, apunta la historiadora del arte. &ldquo;Sin embargo&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;no fue solo su faceta de artista la que lo trajo hasta aqu&iacute;, sino que el exuberante pintor barroco tambi&eacute;n ejerc&iacute;a de diplom&aacute;tico en Flandes y, por tanto, su relaci&oacute;n con la corona espa&ntilde;ola era m&aacute;s estrecha que la de otros colegas&rdquo;. La principal influencia de Rubens fue el propio Tiziano, pero tambi&eacute;n el arte cl&aacute;sico griego y romano, Leonardo o Miguel &Aacute;ngel. Lleg&oacute; a convertirse en pintor de c&aacute;mara del Duque de Mantua y fue &eacute;l quien lo mand&oacute; a Espa&ntilde;a en 1603. La primera parada de Rubens en territorio espa&ntilde;ol fue Valladolid, donde entreg&oacute; unos presentes al rey Felipe II. &ldquo;Esa fue la primera vez que el artista flamenco vino a Espa&ntilde;a, pero no la &uacute;nica&rdquo;, matiza Rubayo. Hubo una segunda, en 1628, cuando la archiduquesa Isabel Clara Eugenia lo envi&oacute; a la pen&iacute;nsula para mediar en una iniciativa de paz entre Espa&ntilde;a e Inglaterra. A pesar de las reservas del monarca espa&ntilde;ol, Rubens sali&oacute; airoso de la misi&oacute;n. Tanto fue as&iacute; que ambas cortes lo nombraron caballero real. Y fue en ese per&iacute;odo de tiempo, que transcurri&oacute; entre largas negociaciones palaciegas y audiencias reales, que Rubens tuvo tiempo para pintar y, sobre todo, para fijarse en la pinacoteca real espa&ntilde;ola y las obras de El Escorial de la mano de un joven Diego da Silva Vel&aacute;zquez. All&iacute; encontr&oacute; el <em>Ad&aacute;n y Eva en el para&iacute;so terrenal </em>de Tiziano y decidi&oacute; replicarlo, aunque, eso s&iacute;, con su sello propio.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Encuentra las cuatro diferencias</strong></h3><p class="article-text">
        La primera diferencia que se&ntilde;ala Sara Rubayo es la piel de los personajes. Aunque no es la m&aacute;s llamativa, s&iacute; que es muy representativa de ambos artistas. &ldquo;Rubens pinta unas carnaciones mucho m&aacute;s vibrantes, es uno de sus rasgos pict&oacute;ricos m&aacute;s reconocibles&rdquo;. En el juego de miradas encontramos otro cambio que introduce el barroco. Mientras que el Ad&aacute;n de Tiziano mira directamente al amorcillo con cola de serpiente, el de Rubens dirige su mirada al fruto prohibido. Al mismo tiempo, el amorcillo de Tiziano mira a Ad&aacute;n y el de Rubens, a Eva. La mirada de ella, en cambio, permanece invariable en ambos casos. &ldquo;Tambi&eacute;n hay que hablar de la censura, &iquest;no?&rdquo;, espeta la historiadora. Efectivamente, Rubens es mucho m&aacute;s laxo a la hora de taparle las verg&uuml;enzas a Eva &mdash;las hojas que cubren sus partes son m&aacute;s finas y escuetas&mdash; y todav&iacute;a m&aacute;s en lo referente a Ad&aacute;n, que directamente aparece en el cuadro como dios lo trajo al mundo&hellip; y nunca mejor dicho. &ldquo;Tambi&eacute;n vemos un guacamayo en la versi&oacute;n de Rubens&rdquo;, se&ntilde;ala: &ldquo;Con el p&aacute;jaro repetidor nos est&aacute; mandando el mensaje de que est&aacute; homenajeando a Tiziano, su maestro&rdquo;.
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        La comparaci&oacute;n de cuadros que propone Rubayo es &uacute;til, explica, &ldquo;para entender la conexi&oacute;n que existe entre los grandes maestros de la historia, que se influyen unos a otros&rdquo;. En este caso, vemos c&oacute;mo Tiziano influy&oacute; en Rubens, pero tambi&eacute;n Rubens influy&oacute; en Vel&aacute;zquez, al que conoci&oacute; en sus visitas a Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/rubens-tiziano-cuatro-diferencias-paraisos_1_8029456.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jun 2021 21:07:36 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El gran masturbador, la 'ventana indiscreta' al universo sexual de Dalí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-masturbador-ventana-indiscreta-universo-sexual-dali_1_8005658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e5ba365d-a7c0-4b42-a371-31708230e2d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gran masturbador, la ‘ventana indiscreta’ al universo sexual de Dalí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Penetrar en la cabeza del pintor catalán y lograr comprender el universo que rodea su figura es casi misión imposible, pero con la ayuda de Sara Rubayo tratamos de acceder a una parte de su imaginario a través de su relación con el sexo</p></div><p class="article-text">
        Abrir una ventana a la concepci&oacute;n del sexo que ten&iacute;a Salvador Dal&iacute; es, fuera de toda duda &mdash;y de esto han corrido r&iacute;os de tinta&mdash;, <a href="https://www.eldiario.es/red/antes-de/salvador-dali-disolver-frontera-mito-realidad_1_7935680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">abrir una ventana a lo desconocido</a>. Se sabe poco de la vida sexual del pintor catal&aacute;n. Pep&iacute;n Bello, amigo suyo y compa&ntilde;ero en la Residencia de Estudiantes, dec&iacute;a que &ldquo;ten&iacute;a la misma sexualidad que el pico de una mesa&rdquo;, haciendo referencia a una supuesta asexualidad. Sin embargo, es por todos conocida la relaci&oacute;n, cuando menos de admiraci&oacute;n mutua y casi obsesi&oacute;n, que conect&oacute; al artista con el poeta Federico Garc&iacute;a Lorca, al que tambi&eacute;n conoci&oacute; en la 'Resi'. La inc&oacute;gnita, como casi todo en torno a la figura del pintor, probablemente no se disipar&aacute; nunca, pero, aunque tenga algo de parad&oacute;jico, a sus 25 a&ntilde;os pint&oacute; un cuadro, <em>El gran masturbador</em> (1929), que, de entenderse como autobiogr&aacute;fico, da algunas pistas acerca de sus sensaciones sexuales a los 25 a&ntilde;os. &ldquo;Entra en escena Gala&rdquo;, apunta la historiadora del arte <a href="http://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>, &ldquo;a quien Dal&iacute; hab&iacute;a conocido un verano en Cadaqu&egrave;s (Girona)&rdquo;. En la pintura, que, hoy por hoy, se entiende como bautizo de Dal&iacute; en la corriente surrealista &mdash;y que puede visitarse en el Reina Sof&iacute;a&mdash;, aparecen multitud de s&iacute;mbolos que aluden al sexo, a sus miedos y, c&oacute;mo no, a sus sue&ntilde;os y pesadillas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gala era la mujer del poeta franc&eacute;s Paul &Eacute;luard&rdquo;, contin&uacute;a Rubayo. Dal&iacute; hab&iacute;a invitado a su casa de Cadaqu&egrave;s al director cinematogr&aacute;fico Luis Bu&ntilde;uel, con quien tambi&eacute;n coincidi&oacute; en la Residencia de Estudiantes, y a su amigo &Eacute;luard, que acudi&oacute; a la cita con Gala. &ldquo;El joven pintor qued&oacute; totalmente prendado de ella y viceversa&rdquo;, apunta. En poco tiempo, Gala cortar&iacute;a con el poeta y pasar&iacute;a el resto de su vida con Dal&iacute;, aunque la relaci&oacute;n entre los dos fue poco convencional. &ldquo;Salvador amaba a Gala por encima de todas las cosas&rdquo;, subraya la historiadora del arte, &ldquo;pero, aun as&iacute;, parece que mantuvieron una relaci&oacute;n abierta y que ella se refugiaba en los brazos de otros j&oacute;venes&rdquo;. Seg&uacute;n lo describi&oacute; Carlos Lozano, amigo &iacute;ntimo del pintor, Dal&iacute; era &ldquo;un <em>voyeur</em>, un masturbador y un pervertido&rdquo;. As&iacute; puede leerse en <em>Sexo, surrealismo, Dal&iacute; y yo. Las memorias de Carlos Lozano escritas Clifford Thurlow</em>. Visto lo visto, es evidente que es complejo definir la sexualidad de Dal&iacute;, pero, afortunadamente, podemos analizar c&oacute;mo la pint&oacute;.
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                Visage du Grand Masturbateur                            </span>
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        En <em>El gran masturbador</em> aparecen dos grandes fisonom&iacute;as humanas. Una, un autorretrato con gran nariz mirando hacia abajo. No le pint&oacute; boca, pero s&iacute; un gran saltamontes con las tripas descompuestas a las que hab&iacute;an acudido las hormigas, &ldquo;un insecto que fascinaba a Dal&iacute; y que era, para &eacute;l, s&iacute;mbolo de la putrefacci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala Rubayo, que incide en las contradicciones que pudo tener el pintor en torno al sexo, que, por un lado, le provocaba un cierto rechazo debido a la presi&oacute;n paterna en su juventud &mdash;su padre insist&iacute;a en la precauci&oacute;n para no contraer enfermedades ven&eacute;reas e, incluso, le mostraba fotograf&iacute;as de los casos m&aacute;s extremos&mdash; y, al mismo tiempo, esa curiosidad de la que hablaba su amigo Carlos Lozano. La presi&oacute;n que emanaba la figura paterna la vemos, tambi&eacute;n, en el anzuelo que cuelga de su cabeza, &ldquo;y que representa la atadura a su familia, convencida de que lo mejor era retenerlo a su lado y encauzarlo, casi por vez primera, en una vida tradicional que &eacute;l rechazaba por completo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El segundo de los retratos es, con toda probabilidad, el de la propia Gala. &ldquo;De la parte final del rostro de Dal&iacute;&rdquo;, explica Sara Rubayo, &ldquo;en lugar del cuello, surge un busto femenino y sugerente con los ojos cerrados junto a la entrepierna de un cuerpo masculino, en una clara alusi&oacute;n sexual&rdquo;. Al lado florece un lirio, un s&iacute;mbolo de pureza que ha dado pie a diversas interpretaciones: &iquest;quiere decirnos Dal&iacute; que la masturbaci&oacute;n es la forma m&aacute;s pura de la sexualidad, o simplemente representa a Gala como m&aacute;ximo atributo de pureza?
    </p><h3 class="article-text">Cadaqu&egrave;s, el s&iacute;mbolo eterno</h3><p class="article-text">
        &ldquo;En este lugar privilegiado, casi se tocan la realidad y la dimensi&oacute;n sublime&rdquo;, escrib&iacute;a Dal&iacute; en referencia al Cadaqu&egrave;s (Girona), donde pas&oacute; los veranos desde su infancia: &ldquo;Mi para&iacute;so m&iacute;stico comienza en las llanuras del Empord&agrave;, lo rodean las colinas de las Alberes, y llega la plenitud en la bah&iacute;a de Cadaqu&eacute;s. Este pa&iacute;s es mi inspiraci&oacute;n permanente. Tambi&eacute;n, el &uacute;nico lugar del mundo donde me siento querido. Cuando pint&eacute; aquella roca que titul&eacute; <em>El gran masturbador</em>, no hice nada m&aacute;s que rendir homenaje a uno de los jalones de mi reino y mi cuadro era un canto a una de las joyas de mi corona&rdquo;. Por su parte, las conchas y los peque&ntilde;os guijarros aluden a la playa y a sus paseos con Gala, pero tambi&eacute;n a su ni&ntilde;ez; el peque&ntilde;o le&oacute;n es la sexualidad y el deseo (contrapuesto al saltamontes y las hormigas) y su lengua es un s&iacute;mbolo f&aacute;lico; las pesta&ntilde;as largas y los ojos cerrados nos hablan de los sue&ntilde;os y, por tanto, del surrealismo, cuyas bases hab&iacute;a sentado Andr&eacute; Breton en un manifiesto algunos a&ntilde;os antes. En la misma l&iacute;nea, las pesta&ntilde;as de colores son la fantas&iacute;a y la propia conciencia surrealista. Tampoco hay que perder de vista la figura solitaria que camina detr&aacute;s de la escena, que sit&uacute;a al pintor como alguien sin rumbo fijo, casi tambale&aacute;ndose si no fuera por la roca antropomorfa, una representaci&oacute;n de Gala que le sirve como punto de apoyo y le provee de fortaleza y estabilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero todo ese torrente de s&iacute;mbolos hay que entenderlos como un todo. &ldquo;No debemos perdernos en ellos&rdquo;, resuelve Rubayo. &ldquo;El horizonte&rdquo;, completa la historiadora del arte, &ldquo;impide que nos encontremos ante un caj&oacute;n de sastre de miedos y fobias. Dal&iacute; nos plantea los problemas sobre un paisaje estable, bien iluminado, pero con grandes sombras&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-masturbador-ventana-indiscreta-universo-sexual-dali_1_8005658.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Jun 2021 20:10:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gran masturbador, la 'ventana indiscreta' al universo sexual de Dalí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salvador Dalí,Arte,Masturbación,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La metrópoli' de Otto Dix, una fiesta redentora… ¿o todo lo contrario?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/metropoli-otto-dix-fiesta-redentora-contrario_1_7982204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca76e950-8eaa-4bdc-9223-33a17f1df7a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La metrópoli’ de Otto Dix, una fiesta redentora… ¿o todo lo contrario?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tríptico del pintor germano incide en los contrastes de una Alemania entreguerras que se refleja en la llegada del jazz y el sufrimiento de los tullidos. La historiadora del arte Sara Rubayo nos ayuda a entender cuál era la intención del artista</p></div><p class="article-text">
        Otto Dix es uno de esos artistas que fueron a la guerra. Eso no es balad&iacute; porque no es lo mismo leer a qu&eacute; huele en la guerra, que oler la guerra; o leer c&oacute;mo es dormir en una trinchera, que dormir en una trinchera. El alem&aacute;n Otto Dix tom&oacute; parte de la Primera Guerra Mundial &mdash;fue soldado raso&mdash; y supo de primera mano, tomando la imagen que describe el escritor Arturo P&eacute;rez Reverte en su <em>Territorio comanche</em> en referencia al conflicto bosnio, que en la guerra siempre se pisan cristales rotos. &ldquo;Pues bien&rdquo;, empieza la<a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> historiadora del arte Sara Rubayo</a>, &ldquo;Dix utiliz&oacute; la pintura para purgar su alma&rdquo;. En ella refleja el gran abanico de contrastes propia de la &eacute;poca de entreguerras. M&uacute;sicos, jazz, prostitutas, tullidos, redenci&oacute;n, jaleo, 'h&eacute;roes' de guerra. Las comillas de la palabra 'h&eacute;roes' son importantes. Para los soldados, la vuelta a casa no es, en la mayor&iacute;a de los casos, como esperaban. Son dados de lado y tratados como un residuo de la guerra, una especie de ventana al pasado inc&oacute;moda y dolorosa. &ldquo;En el cuadro&rdquo;, contin&uacute;a Rubayo, &ldquo;aparecen muy bien representadas esas figuras. Los vemos sin piernas, ciegos, tirados en el suelo y pidiendo limosna&rdquo;. El resto de los personajes pasan por encima suyo. Tratan de divertirse. Se van de fiesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero f&iacute;jate en las caras&rdquo;, reta la historiadora del arte. Son caras serias, hastiadas, como conscientes de la provisionalidad de la felicidad que tienen ante s&iacute;. La Rep&uacute;blica de Weimar fue una etapa de la pol&iacute;tica alemana inestable y turbulenta, con rebeliones, intentos de golpe de estado y un halo de incompetencia pol&iacute;tica que esbozaba un futuro macabro. &ldquo;En el cuadro de Dix encontramos un ambiente parecido al de una sala de espera&rdquo;, explica Rubayo: &ldquo;La falsa arquitectura pomposa, la iluminaci&oacute;n poco atractiva, la calle y la propia actitud de los personajes alejan al espectador de la escena. La ciudad que retrata el artista alem&aacute;n no resulta nada acogedora&rdquo;. Sin pintar propiamente la guerra, Dix retrata los horrores que entra&ntilde;a y las distintas actitudes que toma la poblaci&oacute;n al respecto. Mientras que los combatientes no tienen m&aacute;s remedio que echarse a la calle y pedir limosna, con sus vidas destrozadas y desprovistos de cualquier esperanza, los ciudadanos pudientes tratan de aprovechar la llegada del jazz y la m&uacute;sica afroamericana para correr un tupido velo. Dix se encarga de fulminar ese velo. No hay anestesia en <em>Metr&oacute;polis </em>(1927-1929). En un solo cuadro, el pintor delata la necesidad del pueblo de salir a flote y la imposibilidad de hacerlo.&nbsp;
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                ‘La metrópoli’ de Otto Dix                            </span>
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        Los muchos colores que presenta la pieza, lo desenfadado de un concierto o el libertinaje posconflicto evocan a una cierta necesidad de redenci&oacute;n. Sin embargo, la expresi&oacute;n de los personajes tiene tintes autom&aacute;ticos. No rebosan alegr&iacute;a ni esperanza. &ldquo;Al mismo tiempo&rdquo;, sugiere Rubayo, &ldquo;el lienzo tiene connotaciones religiosas y no solo por el formato de retablo, que tambi&eacute;n&rdquo;. Las mujeres del ala derecha recuerdan, superpuestas, a los &aacute;ngeles de los pintores medievales. Por su parte, &ldquo;la mujer del centro, que sostiene el abanico por las plumas como una aureola, viste un traje cuyas largas tiras de tela le sobrepasan la rodilla, una imagen a medio camino entre las modelos de las revistas y un cuerpo angelical&rdquo;. No hay que pasar por alto, tampoco, al soldado inv&aacute;lido del margen izquierdo, que si bien no est&aacute; atado a una cruz de madera, s&iacute; que se sostiene gracias a una muleta del mismo material.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Para los nazis &ldquo;atentaba gravemente contra las costumbres alemanas&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Otto Dix no usaba el arte para embellecer la existencia&rdquo;, reflexiona la historiadora del arte. &ldquo;Por eso&rdquo;, sigue, &ldquo;muchos espectadores se desilusionan con sus obras. Se asquean porque se sienten reflejados en las miserias que retrata&rdquo;. M&aacute;s a&uacute;n. El artista tuvo que comparecer ante la justicia en dos ocasiones por sus retratos de prostitutas y las escenas de burdeles que las autoridades consideraban obscenas y grotescas, aunque en ambas ocasiones fue absuelto. M&aacute;s de una vez se dijo que las anatom&iacute;as de Dix &ldquo;hac&iacute;an vomitar&rdquo;. Pero sus desencuentros con la Administraci&oacute;n alemana fueron en aumento. &ldquo;Dix fue uno de los primeros artistas en ser expulsados de la Academia en 1933&rdquo;, se&ntilde;ala Rubayo. Su arte ni glorificaba la cultura alemana, ni la raza aria ni, como ya se ha apuntado m&aacute;s arriba en el texto, embellec&iacute;a la vida. Los nazis acusaban a Dix de &ldquo;atentar gravemente contra las buenas costumbres del pueblo alem&aacute;n y da&ntilde;ar su voluntad de combate&rdquo;. Eso s&iacute;, Hitler us&oacute; sus obras para criticar la Rep&uacute;blica de Weimar antes de censurarlas definitivamente y clasificarlas como degeneradas. En el caso concreto de <em>Metr&oacute;poli</em>, Dix pudo conservarla hasta 1965 y, desde 1972, pertenece al St&auml;dtische Galerie de Stuttgart.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que para Dix la pintura s&iacute; que fue una especie de redenci&oacute;n con la que denunci&oacute; las atrocidades de la guerra y mientras que la intenci&oacute;n de los personajes que pinta &mdash;en una fiesta&mdash; tambi&eacute;n lo es, el mensaje del cuadro va en la direcci&oacute;n contraria. Ni siquiera el jazz es capaz de sacarles una sonrisa. La escena que ocurre en la calle, fuera de las cuatro paredes que encierran el club, pesa como una losa en las espaldas de los que la obvian antes de entrar. La sociedad trata de construir un mundo nuevo sobre los cuerpos mutilados de los combatientes de la guerra, pero no puede y as&iacute; lo pinta Dix.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/metropoli-otto-dix-fiesta-redentora-contrario_1_7982204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 May 2021 20:06:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['La metrópoli' de Otto Dix, una fiesta redentora… ¿o todo lo contrario?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Segunda Guerra Mundial,Alemania]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['Dormitorio en Arlés', cuando Van Gogh pintó la paz que necesitaba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/dormitorio-arles-gogh-pinto-paz-necesitaba_1_7959323.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2fc34a61-e847-4fa7-9093-29acf2b5cc1e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Dormitorio en Arlés’, cuando Van Gogh pintó la paz que necesitaba"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se trata de una de las obras más conocidas de uno de los artistas más valorados de la historia. Sara Rubayo nos ayuda a analizarlo y a trazar un recorrido por la vida de un pintor al que la vida no trató bien, pero al que convirtió, eso sí, en una ‘leyenda’</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Si te cuesta encontrar la paz, p&iacute;ntala&rdquo;. Quiz&aacute; fue lo que se dijo Vincent van Gogh cuando se decidi&oacute; a componer cualquiera de las tres copias que existen de <em>Dormitorio en Arl&eacute;s</em> (el primero, expuesto en el Museo van Gogh de &Aacute;msterdam; el segundo, en el Art Institute de Chicago y el tercero, en el Museo de Orsay de Par&iacute;s). Las pint&oacute; todas en el espacio de un a&ntilde;o natural, entre 1888 y 1889, y en ellas se centr&oacute; en reflejar su habitaci&oacute;n y en transmitir, mediante colores c&aacute;lidos, la sensaci&oacute;n de descanso y sosiego. Lo explica la <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">historiadora del arte Sara Rubayo</a>, que matiza: &ldquo;No es que lo diga yo, se lo cont&oacute; &eacute;l a su hermano Theo en una de las much&iacute;simas cartas que le mandaba&rdquo;. Le dec&iacute;a que hab&iacute;a vuelto a materializar nuevas ideas y que estaba con ganas de coger el pincel y ponerse manos a la obra. &ldquo;Hay que tener en cuenta&rdquo;, apunta Rubayo, &ldquo;que, a pesar de los problemas mentales que se sabe que pudo padecer, Vincent van Gogh no produc&iacute;a en las &eacute;pocas en que sus afectaciones se expresaban con m&aacute;s contundencia&rdquo;. Al contrario, &ldquo;se ha convenido que sus obras est&aacute;n ejecutadas bajo un completo control&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque ese control, como es sabido por todos, desaparec&iacute;a a menudo. Durante su vida, el pintor neerland&eacute;s fue diagnosticado de epilepsia, esquizofrenia, neuros&iacute;filis, psicopat&iacute;a o trastorno bipolar &mdash;los diagn&oacute;sticos se fueron afinando a medida que avanzaban la medicina y la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica&mdash;, pero, cuando pintaba, a la luz de los estudios sobre su vida y obra, estaba l&uacute;cido. &ldquo;Se sabe que estaba feliz y tranquilo durante la &eacute;poca en que pint&oacute; <em>Dormitorio en Arl&eacute;s</em>&rdquo;, a&ntilde;ade la historiadora del arte. En Arl&eacute;s, al sur de Francia, Van Gogh encontr&oacute; la luz que tanto ansiaba: no era hombre de lugares sombr&iacute;os. &ldquo;De hecho&rdquo;, se&ntilde;ala, &ldquo;estuvo saltando de ciudad en ciudad &mdash;Bruselas, Londres, Par&iacute;s&mdash; hasta caer en las soleadas y placenteras costas de la Provenza francesa. All&iacute; mantendr&iacute;a reuniones con su amigo Paul Gauguin e incluso planear&iacute;a la creaci&oacute;n de una comunidad para artistas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El cuadro muestra un hogar humilde, sin espacio para muchas cosas&rdquo;, observa Rubayo. Dos modestas sillas de madera, una peque&ntilde;a mesita de noche, una toalla en un perchero en madera de pino &mdash;en el que cuelga el sombrero amarillo con el que aparece en algunos autorretratos&mdash;, unos cuadros colgando en las paredes, un espejo y una cama estrecha con dos almohadas. Con los colores c&aacute;lidos, claros y frescos persigue, de nuevo, esa sensaci&oacute;n de tranquilidad, paz y calma. Sin embargo, la perspectiva que elige el pintor para presentar la habitaci&oacute;n no va en la misma direcci&oacute;n. &ldquo;Nos puede llegar a transmitir inestabilidad, o un cierto nerviosismo&rdquo;. El pintor, adem&aacute;s, abandona las sombras creando superficies planas de clara inspiraci&oacute;n oriental. &ldquo;Encontramos, entonces, la uni&oacute;n de sus dos fuentes de inspiraci&oacute;n: la tradici&oacute;n europea y las simplificaciones japonesas&rdquo;, expone Rubayo. Para delimitar los objetos emplea l&iacute;neas gruesas oscuras con las que consigue crear un mayor efecto volum&eacute;trico en los elementos presentes en la escena. De la pared cuelgan dos cuadros. Por un lado, un autorretrato suyo y, por el otro, un retrato de otra persona: &ldquo;Van Gogh se autorretrataba con frecuencia porque no ten&iacute;a dinero para pagar a modelos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Solo vendi&oacute; unos pocos cuadros&hellip; y este no fue uno de ellos</strong></h3><p class="article-text">
        <em>Retrato del Dr. Gachet</em> (1890), otra pintura del artista, es una de las m&aacute;s caras de la historia. Se vendi&oacute; en subasta por 82,5 millones de d&oacute;lares en 1990. Sin embargo, durante su vida, Van Gogh solo pudo vender algunos de sus cuadros, muy pocos. De hecho, aunque es cierto que Vincent nunca tuvo que vivir en la indigencia, como s&iacute; les ha pasado, a lo largo de la historia, a muchos otros genios, tambi&eacute;n lo es que no goz&oacute; nunca de una salud econ&oacute;mica boyante. Fue su hermano Theo, con el que se carte&oacute; durante muchos a&ntilde;os, quien lo mantuvo a flote en varias etapas de su vida. Gracias a &eacute;l pudo dedicarse a pintar, pero no siempre lo que quiso: adem&aacute;s de los autorretratos, en su obra abundan los paisajes. En ambos casos, tal y como explica Sara Rubayo m&aacute;s arriba en el texto, pod&iacute;a prescindir de modelos y, por tanto, no invertir mucho dinero en sus obras, aunque estudios recientes han demostrado que las pinturas que utilizaba eran de calidad. &ldquo;De todos modos&rdquo;, resuelve, &ldquo;es verdad que la vida no trat&oacute; demasiado bien a Van Gogh&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, &ldquo;la calidad de su obra fue reconocida tras su muerte&rdquo;. La influencia del pintor de Flandes en el arte del siglo XX, especialmente entre los expresionistas alemanes y fauvistas como Matisse, Derain, Vlaminck y Kess van Dongen, fue enorme. El tiro que lo mat&oacute; es, todav&iacute;a a d&iacute;a de hoy, un misterio. Pudo ser un suicidio o un accidente, y eso es algo que contribuye a agrandar el mito, como tambi&eacute;n lo agranda que, igual que Dal&iacute;, heredara el nombre de su hermano difunto, o que cortara su propia oreja con una navaja. No obstante, la grandeza de un artista de la talla de Vincent van Gogh es que, a pesar de todas las historias que rodean su nombre, el mito no supera a la obra que dej&oacute; tras de s&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/dormitorio-arles-gogh-pinto-paz-necesitaba_1_7959323.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 May 2021 20:07:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Dormitorio en Arlés', cuando Van Gogh pintó la paz que necesitaba]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ronda de noche de Rembrandt, una 'foto de empresa' cara, insólita… y diurna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/ronda-noche-rembrandt-foto-empresa-cara-insolita-diurna_1_7935186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/822f0f07-11a7-4d57-9536-ed38b9cc0111_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ronda de noche de Rembrandt, una ‘foto de empresa’ cara, insólita… y diurna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hubo que pagar dinero, y mucho, para aparecer en la obra cumbre del pintor de Leiden. La historiadora del arte Sara Rubayo nos ayuda a arrojar luz sobre todos los recovecos de una de las pinturas más importantes del barroco y de la historia del arte</p></div><p class="article-text">
        Ni estamos delante de una batalla, ni es de noche ni el caos que sugiere la escena es tal. &ldquo;Ahora bien&rdquo;, sorprende la historiadora del arte <a href="http://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>, &ldquo;todo aquello que nos sugiere <em>La ronda de noche</em> (pintada entre 1640 y 1642 y expuesta en el Rijksmuseum) se puede explicar&rdquo;. Pero, &iquest;cu&aacute;l es el cr&eacute;dito de un hombre, Rembrandt Harmenszoon van Rijn, que titula una obra suya con la palabra &lsquo;noche&rsquo; cuando sabemos que la escena ocurre de d&iacute;a? &ldquo;Alto&rdquo;, responde Rubayo. &ldquo;El gran barroco Rembrandt no titul&oacute; as&iacute; la obra&rdquo;. &Eacute;l le puso <em>La compa&ntilde;&iacute;a militar del capit&aacute;n Frans Banninck Cocq y el teniente Willem van Ruytenburgh, </em>lo que ocurre es que, con el paso de los a&ntilde;os, el barniz se oscureci&oacute; tanto que lo que era una estampa diurna se convirti&oacute; en una noche aceptada por todos. Quien decidi&oacute; rebautizar el cuadro, por otro lado, lo hizo con buen criterio a ojos de Rubayo. Un publicista de nuestro tiempo lo tendr&iacute;a claro: es m&aacute;s sexy <em>La ronda de noche</em>, que el kilom&eacute;trico nombre que le dio el bueno de Rembrandt. El que se lo puso, eso s&iacute;, cont&oacute; con la ayuda del barniz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y luego hay que tener en cuenta&rdquo;, avisa la historiadora, &ldquo;que, por mucho que nos parezca que estamos presenciando una escena de guerra, nada de eso&rdquo;. Pr&aacute;cticamente al contrario. Lo que pint&oacute; Rembrandt es lo m&aacute;s parecido a una fotograf&iacute;a de empresa de la &eacute;poca. En otras palabras, todas las personas que aparecen en el &lsquo;megarretrato&rsquo; se tuvieron que rascar bien el bolsillo para poder figurar. &ldquo;No fue para nada barato&rdquo;, apostilla Rubayo. As&iacute; las cosas, unas cuantas personas importantes encargaron a Rembrandt un retrato, pero el pintor, nacido en 1606 y fallecido en 1669 en los actuales Pa&iacute;ses Bajos, huy&oacute; de lo que podr&iacute;a haber sido un aburrido cuadro servilista y tradicional para hacer de &eacute;l una de las obras maestras del barroco y de toda la historia del arte. &ldquo;La pintura fue un encargo de una empresa de la Guardia Municipal de &Aacute;msterdam&rdquo;, concreta Rubayo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, cuanto m&aacute;s pagaba un miembro de dicha compa&ntilde;&iacute;a, m&aacute;s importancia tomaba en el lienzo. &ldquo;Por eso, algunos de ellos se molestaron cuando comprobaron que, a pesar de haber desembolsado una buena cantidad de dinero, su rostro apenas ten&iacute;a protagonismo&rdquo;, a&ntilde;ade. Es el caso, por ejemplo, de uno de los hombres que aparecen en el margen derecho de la pieza. &ldquo;Solo se le ve una parte de la cara&rdquo;, r&iacute;e Rubayo, &ldquo;el resto se lo tapa el brazo de un compa&ntilde;ero&rdquo;. En cambio, los dos personajes que m&aacute;s destacan en la composici&oacute;n son los dos que dan nombre al cuadro en su t&iacute;tulo original: Frans Banninck Cocq y Willem van Ruytenburgh. El primero es el capit&aacute;n; el segundo, el teniente. A los dos los ha vestido Rembrandt con unas galas muy poco apropiadas para una batalla. &ldquo;Y eso es porque no estaban, en realidad, en guerra&rdquo;, apunta la historiadora del arte: &ldquo;Con esos ropajes pretend&iacute;an demostrar, como sucede tantas otras veces en la historia del arte, opulencia y poder&rdquo;. Y no anduvieron desencaminados. Lo que, en un principio, iba a ser una especie de foto de empresa, algo casi &iacute;ntimo, ha terminado por constituir parte del imaginario colectivo y del conjunto de las im&aacute;genes que todo el mundo entiende como pintura barroca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que tener en cuenta que en este cuadro se resumen todas las caracter&iacute;sticas t&iacute;picas del barroco&rdquo;, explica Rubayo. &ldquo;Por un lado&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;vemos que el dibujo est&aacute; apenas esbozado, por lo que prevalece la importancia del color y de la luz, en detrimento de la nitidez de los contornos de las figuras&rdquo;. Por otra, Rembrandt utiliz&oacute; el tenebrismo y el efecto del claroscuro para crear grandes contrastes entre la penumbra y la luz, que proviene de la izquierda.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las figuras &lsquo;extra&rsquo; que Rembrandt se sac&oacute; del bolsillo</strong></h3><p class="article-text">
        La estampa contiene dieciocho retratos pagados, pero Rembrandt no iba a conformarse con ello. Ten&iacute;a que darle a la pieza algo que la hiciera perdurar. Si, por un lado, el caos bien ordenado y perfectamente compuesto que genera la composici&oacute;n ha maravillado a los expertos; por otro, la inclusi&oacute;n en la escena de personajes fantasmag&oacute;ricos tampoco es casual. &ldquo;Es llamativa la presencia de una ni&ntilde;a en el cuadro&rdquo;, expone Rubayo: &ldquo;Es el s&iacute;mbolo femenino y sirve de foco de luz&rdquo;. La encontramos situada en penumbra y las sombras no logran alcanzarla. Es m&aacute;s, no parece tener nada en cuenta la escena representada. &ldquo;Con cabello rubio y vestida elegantemente de dorado&rdquo;, ampl&iacute;a la historiadora del arte, &ldquo;porta un gran pollo blanco que cuelga boca abajo de su cintura&rdquo;. Las garras de dicha ave son una referencia directa a los Kloveniers, la Guardia Oficial de &Aacute;msterdam que retrata Rembrandt: &ldquo;Cada gremio ten&iacute;a su propio emblema y para los Kloveniers era una garra dorada en un campo azul&rdquo;. La ni&ntilde;a, entonces, no es una persona real, sino que act&uacute;a como una personificaci&oacute;n de la empresa, aunque una perspectiva alternativa, aceptada por algunos cr&iacute;ticos, es que se trata un retrato de la propia Saskia, la mujer de Rembrandt.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En cuanto al perro&rdquo;, completa Rubayo, &ldquo;le sirve al pintor para animar la escena&rdquo;. Y, como a sabiendas de que su obra iba a terminar siendo universal, Rembrandt no perdi&oacute; la oportunidad de retratarse, aunque de forma muy discreta. Encontramos un trocito de su cabeza justo detr&aacute;s del hombre con sombrero que porta la bandera.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/ronda-noche-rembrandt-foto-empresa-cara-insolita-diurna_1_7935186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 May 2021 20:22:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Partida de ajedrez o partida de marketing? Los trucos de Sofonisba Anguissola para demostrar poderío]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/partida-ajedrez-partida-marketing-trucos-sofonisba-anguissola-demostrar-poderio_1_7911423.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c64f667-dd29-4a95-bf80-40b948aa496e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Partida de ajedrez o partida de marketing? Los trucos de Sofonisba Anguissola para demostrar poderío"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el cuadro, pueden encontrarse multitud de detalles que ensalzan la opulencia que pretendía evidenciar el padre de la artista. Sara Rubayo nos ayuda a identificar todos esos detalles y a descubrir a un pincel tan interesante como desconocido</p></div><p class="article-text">
        Aunque fue Sofonisba Anguissola quien puso el pincel, son los prop&oacute;sitos de su padre los que se vieron satisfechos con <em>Partida de ajedrez</em> (1555). &ldquo;Por un lado&rdquo;, tercia la historiadora del arte Sara Rubayo, &ldquo;Sofonisba demuestra todas sus virtudes como pintora a lo largo y ancho del lienzo&rdquo;. O lo que es lo mismo, todos los detalles que la artista italiana incluy&oacute; en la obra sirvieron para que los entendidos se cercioraran de su calidad t&eacute;cnica. &ldquo;Por otra parte&rdquo;, resuelve Rubayo, &ldquo;Am&iacute;lcar, su padre, busca alardear de su poder&iacute;o econ&oacute;mico&rdquo;. &iquest;No resultan un poco fuera de lugar todos esos ropajes de gala para jugar una distendida partida de ajedrez entre hermanas? &iquest;Por qu&eacute; saca la cabeza, por una esquina, la sirvienta de la familia? Sin ir m&aacute;s lejos: &iquest;por qu&eacute; ajedrez y no cualquier otro juego? &ldquo;Todas esas preguntas&rdquo;, afirma, &ldquo;se responden igual. El padre pretend&iacute;a demostrar que su linaje era lo suficientemente poderoso como para que las ni&ntilde;as pudieran encontrar un buen y acaudalado marido&rdquo;. Am&iacute;lcar no iba a dejar pasar su gran oportunidad, el talento de su hija, para promocionar su casa. Sin embargo, hay muchos m&aacute;s detalles escondidos en un lienzo que, a pesar de ser de &ldquo;aprendizaje y juventud&rdquo;, se considera una de sus obras maestras.
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                Partida de ajedrez - Sofonisba Anguissola (1555)                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Lo m&aacute;s llamativo del cuadro es el juego de miradas que llev&oacute; a cabo Sofonisba&rdquo;, explica Rubayo. Ninguna de las cuatro hermanas se est&aacute; mirando entre s&iacute;. La mayor, Elena, mira al espectador. La segunda, Minerva, mira a Elena, mientras que la m&aacute;s peque&ntilde;a, Europa, que sonr&iacute;e abiertamente, observa a Minerva. &ldquo;Es m&aacute;s o menos f&aacute;cil adivinar que esta &uacute;ltima va perdiendo en el juego&rdquo;, a&ntilde;ade. Por eso mira, sorprendida, a la hermana mayor, Elena, quien a su vez parece buscar la aprobaci&oacute;n de la pintora, en la posici&oacute;n del espectador. La criada, por su parte, es uno de los detalles con m&aacute;s aristas del lienzo. Es &uacute;til tanto para demostrar la opulencia familiar, como para dejar constancia del conocimiento pict&oacute;rico de Sofonisba. &ldquo;Efectivamente&rdquo;, expone la historiadora del arte, &ldquo;es Cornelia Appiani, la sirvienta, quien cierra la composici&oacute;n y este es un recurso muy habitual entre otros pintores del barroco&rdquo;. Se trata de una constante en la obra de Sofonisba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El propio ajedrez tambi&eacute;n es un elemento ambivalente. Como pasa en muchas ocasiones en el arte, se le puede atribuir m&aacute;s de un significado. &ldquo;Es un juego que tiene un marcado componente intelectual&rdquo;, apunta Rubayo, &ldquo;por lo que es id&oacute;neo para conferir a las mujeres que lo est&aacute;n practicando un car&aacute;cter inteligente y capaz. Es una declaraci&oacute;n de intenciones. Las mujeres tienen derecho a pensar y a opinar&rdquo;. No obstante, el elemento central del cuadro no pod&iacute;a escapar del objetivo que persegu&iacute;a Am&iacute;lcar Anguissola. &ldquo;El hecho de que las ni&ntilde;as jueguen al ajedrez significa que han podido recibir una educaci&oacute;n a la altura del m&aacute;s elevado estatus social&rdquo;. De nuevo, marketing. Al fondo del todo, un roble simboliza la firmeza de la familia y, tras &eacute;l, se divisa un paisaje azulado a la manera flamenca &ndash;tal y como lo califica la propia historiadora&ndash;, que se va difuminando hacia el horizonte. Es uno de los m&uacute;ltiples elementos que, combinados unos con otros, tornan muy caracter&iacute;stica la obra de Sofonisba. Otros son el especial tratamiento de la luz y, sobre todo, el contraste entre los fondos sombr&iacute;os y los colores vivos muy espec&iacute;ficos en rostros, manos e indumentarias, que crea un contraste entre la persona retratada y el ambiente que la rodea.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un pie en Italia y otro en Espa&ntilde;a</strong></h3><p class="article-text">
        La fama de Sofonisba Anguissola pronto super&oacute; a la de su maestro, Bernardino Campi, en cuyo taller tom&oacute; clases la pintora nativa de Cremona, una ciudad italiana en la regi&oacute;n de Lombard&iacute;a. Fue all&iacute; donde adquiri&oacute; los fundamentos de su estilo &ldquo;minucioso y pulcro&rdquo;, en palabras de Sara Rubayo. En 1559, sin embargo, el rey Felipe II la requiri&oacute; para que elaborase una serie de retratos de la familia real y, adem&aacute;s, para que ejerciese de dama de honor de Isabel de Valois, su esposa. Anguissola hizo las maletas y se embarc&oacute; hacia Espa&ntilde;a, donde terminar&iacute;a pasando catorce a&ntilde;os y donde pudo llevar una vida desahogada gracias a la renta de cien ducados anuales que se le asign&oacute;. Se dio a conocer en la corte por su buen hacer como profesora de arte de las infantas y otras figuras de la alta nobleza. En el terreno amoroso, Sofonisba se cas&oacute; con el hijo del virrey de Sicilia, aunque muri&oacute; pronto. M&aacute;s adelante, tuvo litigios con el rey cuando este supo que la artista pretend&iacute;a casarse de nuevo con un capit&aacute;n de barco m&aacute;s joven que ella. Las advertencias de Felipe II no surtieron efecto y la boda lleg&oacute;, nunca mejor dicho, a buen puerto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y fue ese matrimonio el que permitir&iacute;a a Sofonisba dedicarse a la pintura en cuerpo y alma durante todo el resto de su vida. La buena posici&oacute;n socioecon&oacute;mica de su marido y el prestigio que ella misma conservaba tras su paso por la corte espa&ntilde;ola permitieron a la artista cremonesa viajar por toda Italia y agrandar su obra. &ldquo;Una obra, por cierto, muy dif&iacute;cil de identificar&rdquo;, se&ntilde;ala Rubayo: &ldquo;Esto es porque no firm&oacute; muchos de sus cuadros&rdquo;. En total, existen unas cincuenta obras catalogadas y, aunque las podemos encontrar repartidas por muchos pa&iacute;ses, la mayor parte de ellas se encuentra en el Museo del Prado.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/partida-ajedrez-partida-marketing-trucos-sofonisba-anguissola-demostrar-poderio_1_7911423.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 May 2021 20:12:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Partida de ajedrez o partida de marketing? Los trucos de Sofonisba Anguissola para demostrar poderío]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los Saturnos más famosos del arte: de la iconografía de Rubens al 'monstruo' de Goya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/saturnos-famosos-arte-iconografia-rubens-monstruo-goya_1_7888190.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d070223d-43cb-4ba1-a43f-fc2e80eac086_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Saturnos más famosos del arte: de la iconografía de Rubens al ‘monstruo’ de Goya"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos de los artistas más universales pintaron su propia versión de 'Saturno devorando a un hijo'. La historiadora del arte Sara Rubayo nos ayuda a entender las diferencias entre ambos cuadros, así como a descubrir cuánto tienen de autobiográficos</p></div><p class="article-text">
        La misma escena, pero dos miradas. El mismo mito, pero doscientos a&ntilde;os de diferencia. Goya y Rubens pintaron, ambos, <em>Saturno devorando a un hijo</em> y establecieron una especie de paralelismo hist&oacute;rico, de hilo comunicante, entre la obra pict&oacute;rica del uno y del otro. Pero son muy diferentes. &ldquo;El Saturno de Goya&rdquo;, especifica la historiadora del arte <a href="http://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>, &ldquo;es pr&aacute;cticamente un monstruo&rdquo;. Con la cara y el cuerpo desfigurados y huesudos, el sufrimiento de la figura del dios que pinta Goya convierte la escena en un canto a lo crudo y a la desesperaci&oacute;n. &ldquo;El cuadro de Rubens, en cambio, es menos extremo&rdquo;, resuelve. A pesar de que el fondo de la cuesti&oacute;n es el mismo &mdash;un padre comi&eacute;ndose a su hijo&mdash;, en la obra de Rubens, considerada un antecedente de la del pintor espa&ntilde;ol, no se aprecia el tormento al que somete Goya a su dios, aunque el dramatismo es, tambi&eacute;n, absoluto. &ldquo;Por otro lado&rdquo;, matiza la historiadora del arte, &ldquo;el respeto por la iconograf&iacute;a por parte de Pedro Pablo Rubens es mucho m&aacute;s rese&ntilde;able que el de Goya&rdquo;. Sea como fuere, las condiciones vitales de ambos pintores acabaron, indudablemente, plasmadas en sus obras.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; estamos viendo exactamente en los cuadros? &ldquo;Se trata de uno de los cap&iacute;tulos fundamentales de la mitolog&iacute;a grecorromana&rdquo;, explica Rubayo. El dios Saturno, que, tal y como apunta ella misma, se puede reconocer, m&aacute;s o menos, en la figura de Cronos, el dios del tiempo, se come a sus hijos uno tras otro por miedo a que alguno de ellos pudiera llegar a destronarlo, como ya hab&iacute;a hecho &eacute;l con su padre. Sin embargo, no podr&aacute; llevar a cabo su prop&oacute;sito con todos sus v&aacute;stagos. Su mujer, Rea, impedir&aacute; que se coma a Zeus, su sexto hijo, que terminar&aacute; por ascender a lo m&aacute;s alto del Olimpo. Pero eso ya son harinas de otro costal. La escena que retratan Goya y Rubens es anterior a la llegada de Zeus. &ldquo;Rubens se lo pone muy f&aacute;cil al espectador a la hora de identificar qu&eacute; es lo que estamos viendo&rdquo;, aclara la historiadora del arte: &ldquo;Esto es porque incluye en la composici&oacute;n varios elementos que nos permiten distinguir al dios y no confundirlo con cualquier otro personaje mitol&oacute;gico&rdquo;. El primero de todos es la acci&oacute;n que realiza: el devorador de hijos m&aacute;s famoso de la mitolog&iacute;a es Saturno. Pero no solo eso. Rubens tambi&eacute;n nos deja ver dos partes de uno de sus mayores atributos, la guada&ntilde;a. &ldquo;Vemos, por una parte, el bast&oacute;n por el que la sujeta y, por otra, la punta de la cuchilla&rdquo;, apuntala la historiadora. Seg&uacute;n la mitolog&iacute;a, ese le serv&iacute;a para controlar el tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y, por si fuera poco&rdquo;, completa, &ldquo;el pintor, que naci&oacute; en la actual Alemania y se desempe&ntilde;&oacute;, durante la mayor parte de su vida, en Amberes, nos dej&oacute; otra pista&rdquo;. La vemos en la parte superior del lienzo, pr&aacute;cticamente en medio. En la &eacute;poca, no se sab&iacute;a, todav&iacute;a, que lo que rodeaba al planeta Saturno eran anillos. &ldquo;En cambio, se cre&iacute;a que se trataba de tres estrellas alineadas, exactamente como las que encontramos en el cuadro&rdquo;, resuelve. En la pintura de Goya ocurre todo lo contrario. Aparte del propio acto que centra la obra, no aparece en ella ninguna otra referencia que pueda llevar al espectador a identificar qui&eacute;n es el hombre-monstruo que descuartiza al ni&ntilde;o y le arranca la cabeza de un bocado. &ldquo;De hecho&rdquo;, puntualiza Rubayo, &ldquo;hay que confiar en su amigo Antonio de Brugada, un pintor madrile&ntilde;o conocido por sus obras marinistas que realiz&oacute; el primer inventario de las <em>Pinturas Negras</em>&rdquo;. Los expertos dieron por buena su observaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Final tormentoso de Goya: el tiempo se come a las horas</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Saturno es el dios del tiempo, de la muerte, de la angustia, de la melancol&iacute;a, del cierre de ciclos y de la vejez&rdquo;. Y los &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida de Francisco de Goya tuvieron algo de todo eso. En 1792 &mdash;36 a&ntilde;os antes de su muerte&mdash;, cay&oacute; enfermo y, a consecuencia de ello, qued&oacute; sordo. Sin embargo, no fue su sordera la que le dio nombre a La Quinta del Sordo, la casa a las afueras de Madrid que compr&oacute; y donde vivi&oacute; desde 1819 hasta el final de sus d&iacute;as. &ldquo;El nombre se debe a su anterior propietario, que tambi&eacute;n era sordo&rdquo;, afirma Rubayo. El caso es que la ajetreada vida que hab&iacute;a llevado Goya &mdash;en la que hab&iacute;a ostentado, entre otros, puestos tan relevantes como el de pintor de c&aacute;mara&mdash; y sus achaques de salud lo decidieron a dejar la ciudad y refugiarse en la casa de campo. &ldquo;Fue en las paredes de esa casa&rdquo;, por cierto, &ldquo;donde pint&oacute; toda la colecci&oacute;n que se ha conocido como <em>Pinturas Negras</em>, entre las que se encuentra <em>Saturno devorando a un hijo</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las lecturas que los estudiosos de la mitolog&iacute;a grecorromana han hecho del mito de Saturno y de sus posteriores representaciones pict&oacute;ricas entronca casi a la perfecci&oacute;n con las sensaciones y sentimientos que, al parecer, experiment&oacute; Goya en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os. &ldquo;Se entiende que Saturno es la personificaci&oacute;n del tiempo y el ni&ntilde;o al que se come son las horas&rdquo;, aclara la historiadora del arte. Se calcula que Goya termin&oacute; su cuadro unos cinco a&ntilde;os antes de su muerte y de su obra, como de varias de las <em>Pinturas Negras</em>, emana una evidente angustia por el final que se acerca, por el sufrimiento y por lo ef&iacute;mero de la vida. Goya no muri&oacute;, sin embargo, entre los muros de La Quinta del Sordo. Falleci&oacute; en Burdeos (Francia) tras haber recibido todos los honores en la corte espa&ntilde;ola, desde un retrato que le brind&oacute; su sucesor como pintor de c&aacute;mara, Vicente L&oacute;pez Porta&ntilde;a, hasta una especie de pensi&oacute;n de jubilaci&oacute;n de 50.000 reales que le concedi&oacute; el monarca Fernando VII. Cuando el tiempo termin&oacute; por devorar todas sus horas el 16 de abril de 1828, Goya hab&iacute;a dejado tras de s&iacute; una de las producciones art&iacute;sticas m&aacute;s destacadas de toda la historia del arte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/saturnos-famosos-arte-iconografia-rubens-monstruo-goya_1_7888190.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Apr 2021 20:27:44 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA['El matrimonio Arnolfini', el cuadro con más enigmas por centímetro cuadrado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/matrimonio-arnolfini-cuadro-enigmas-centimetro-cuadrado_1_7853457.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f46f909-356c-4816-b7aa-18a9614ae958_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El matrimonio Arnolfini’, el cuadro con más enigmas por centímetro cuadrado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra del pintor flamenco Jan van Eyck es conocida por su carácter simbolista, que se percibe en la gran cantidad de detalles que rodea a los personajes. Con la ayuda de Sara Rubayo, descubrimos todos los misterios que atesora el lienzo</p></div><p class="article-text">
        82 cent&iacute;metros por 60. Ni uno m&aacute;s ni uno menos. Esas son las medidas del lienzo m&aacute;s celebrado del pintor flamenco Jean Van Eyck. Nada que ver con los 3,17 metros por 2,74 de <em>Las Meninas</em> de Vel&aacute;zquez, o con los 3,49 por 7,77 del <em>Guernica</em>. Pero las reducidas medidas de <em>El matrimonio Arnolfini</em> (1436) no han sido un palo en las ruedas para su trascendencia en la historia del arte. Al contrario. La minuciosidad con la que Van Eyck pint&oacute; cada uno de los detalles que componen la obra ha sido motivo de elogio por parte de entendidos y eruditos. Adem&aacute;s, la alta carga simb&oacute;lica de todas esas piezas que componen el engranaje Arnolfini la convierten en una de las m&aacute;s estudiadas de todos los tiempos. &ldquo;Al fin y al cabo&rdquo;, puntualiza <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la historiadora del arte Sara Rubayo</a>, &ldquo;es una especie de acta matrimonial de la &eacute;poca, cuyos elementos pict&oacute;ricos funcionan como una especie de r&uacute;brica, por un lado, y de amuleto, por el otro, del amor que se profesa la pareja&rdquo;. Un perro, un espejo, unas zapatillas desperdigadas, qu&iacute;mica, naranjas, el color rojo, una vela o una escoba. No todo es lo que parece en ese peque&ntilde;o lienzo que cuelga de la pared de una de las salas m&aacute;s nobles de la National Gallery de Londres.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Retrato del matrimonio Arnolfini. Jan van Eyck (1434)                            </span>
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        &ldquo;Mientras que en Italia, el renacimiento se asent&oacute; sobre la renovaci&oacute;n del conocimiento de la medida humana mediante el estudio, la raz&oacute;n y la ciencia&rdquo;, contrapone Rubayo, &ldquo;la pata n&oacute;rdica del movimiento fue mucho m&aacute;s espiritual y religiosa&rdquo;. Por eso, a pr&aacute;cticamente todos los s&iacute;mbolos que encontramos en la mayor&iacute;a de obras del per&iacute;odo hay que buscarles, antes de nada, un motivo religioso. M&aacute;s a&uacute;n. Ese lenguaje simb&oacute;lico, explica la historiadora, emana, precisamente, de una necesidad del &aacute;mbito de la religi&oacute;n. &ldquo;En la edad media, el pueblo era analfabeto, de modo que los religiosos tuvieron que buscar m&eacute;todos para que todos aquellos que no sab&iacute;an leer pudieran tener acceso a los salmos&rdquo;, aclara. No obstante, alguno de los elementos de <em>El matrimonio Arnolfini</em>, como pasa a menudo en el arte, puede ser susceptible de dobles lecturas. Sin ir m&aacute;s lejos, la &uacute;nica vela encendida de la l&aacute;mpara bien puede ser la representaci&oacute;n de Dios en el cuadro, o bien un s&iacute;mbolo de la juventud del matrimonio, que acaba de oficializarse en ese preciso momento. Lo mismo ocurre con las sandalias, el &uacute;nico objeto que escapa del orden de la composici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Est&aacute;n los amantes emulando a Mois&eacute;s, cuando Dios le dijo que se descalzara para pisar la tierra santa? &iquest;El tri&aacute;ngulo que forman las zapatillas, los pies de Giovanni Arnolfini y el perro es un s&iacute;mbolo de la estabilidad? &iquest;O, acaso, Van Eyck quiere decirnos, con las zapatillas de madera (y no de terciopelo), que el matrimonio es adinerado, s&iacute;, pero no aristocr&aacute;tico? &iquest;O los pies descalzos de la pareja son el reflejo de la confianza que ambos depositan en el nuevo hogar familiar? Quiz&aacute;s todas las interpretaciones sean ciertas, o, quiz&aacute;s, ninguna. &ldquo;El renacimiento n&oacute;rdico no destaca, precisamente, por la abundancia de textos referentes a las obras, ni por las biograf&iacute;as de los pintores&rdquo;, apunta la historiadora. Pero la infinidad de&nbsp; interpretaciones que los acad&eacute;micos han planteado solo para un elemento, en este caso, las sandalias, dan cuenta de la complejidad de la obra. En cuanto al perro &ndash;por cierto, con un nivel de detalle en su pelaje solo comparable a los encajes del tocado de la mujer&ndash;, es un canto a la fidelidad. &ldquo;Eso s&iacute;&rdquo;, avisa Rubayo, &ldquo;porque aparece con los ojos abiertos, sino nos hablar&iacute;a de todo lo contrario: del enga&ntilde;o y la deslealtad&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>El poder&iacute;o Arnolfini y las naranjas del Mediterr&aacute;neo&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Los Arnolfini fueron una familia bastante poderosa&rdquo;. Eran pr&oacute;speros comerciantes italianos asentados en Flandes y ese buen hacer en los negocios ten&iacute;a que aparecer, por alg&uacute;n lado, en el lienzo. &ldquo;Un ejemplo son las naranjas&rdquo;, se&ntilde;ala la historiadora del arte. &ldquo;Hab&iacute;a que andar muy bien de pasta para tener naranjas mediterr&aacute;neas en Flandes&rdquo;, aclara. Pero no solo las naranjas hablan de la bonanza y la opulencia en la que se mov&iacute;an Giovanni Arnolfini y Giovanna Cenami. &ldquo;La alfombra tambi&eacute;n da informaci&oacute;n de su estatus econ&oacute;mico y social&rdquo;, a&ntilde;ade: &ldquo;El bordado oriental nos indica que es una alfombra persa de las que se exportaban desde Oriente y, por tanto, un bien car&iacute;simo&rdquo;. Tambi&eacute;n el espejo &ndash;&ldquo;un objeto t&iacute;pico de las buenas casas, que se usaba para ahuyentar a la mala suerte y que, hasta el momento, nunca se hab&iacute;a pintado en un cuadro&rdquo;&ndash; es una pista. No todo el mundo pod&iacute;a permit&iacute;rselo. Se trata de un detalle que conecta directamente con el cuadro que Sara Rubayo descifr&oacute; la semana pasada, <em>Las meninas</em>. &ldquo;En el espejo, vemos todo lo que pasa al otro lado de la habitaci&oacute;n, donde estar&iacute;amos nosotros, los espectadores&rdquo;, explica Rubayo. En <em>Las Meninas</em> sucede algo parecido. Tambi&eacute;n hay un espejo y ese espejo cumple la misma funci&oacute;n: mostrar a quien observa la obra qu&eacute; hay en el lado opuesto, en la cuarta dimensi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la intrahistoria de todo esto es que <em>Las meninas </em>se pintaron 200 a&ntilde;os despu&eacute;s que <em>El matrimonio Arnolfini</em> y que, para m&aacute;s inri, el cuadro de Van Eyck perteneci&oacute; a la corte espa&ntilde;ola durante muchos de los a&ntilde;os en que Vel&aacute;zquez ejerci&oacute; de conservador de dicha colecci&oacute;n. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n sabe?&rdquo;, se pregunta Rubayo: &ldquo;Quiz&aacute;s el pintor sevillano se fij&oacute; en la pintura de Van Eyck y la tom&oacute; como inspiraci&oacute;n&rdquo;. En cualquier caso, tanto el espa&ntilde;ol como el flamenco innovaron y sembraron de misterios sus obras m&aacute;s reconocidas. Eso s&iacute;, lo que nadie podr&aacute; negar a Van Eyck es su habilidad para concentrarlos todos en menos de un metro cuadrado.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/matrimonio-arnolfini-cuadro-enigmas-centimetro-cuadrado_1_7853457.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Apr 2021 21:30:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El matrimonio Arnolfini', el cuadro con más enigmas por centímetro cuadrado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quién es quién en 'Las meninas', el lienzo en el que Velázquez volcó todo su conocimiento… y su ego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/meninas-lienzo-velazquez-volco-conocimiento-ego_1_7829866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cefb7b13-c8a7-4007-9586-de87bce3c493_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién es quién en &#039;Las meninas&#039;, el lienzo en el que Velázquez volcó todo su conocimiento… y su ego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es una de las obras que más debate generan en la actualidad. La historiadora del arte Sara Rubayo nos ayuda a desentrañar algunas de las incógnitas y nos habla de la colocación de los personajes, la figura del pintor y el aire que lo impregna todo</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Si hay algo m&aacute;s dif&iacute;cil que pintar la luz, es pintar el aire&rdquo;. La historiadora del arte <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo </a>observa por en&eacute;sima vez <em>Las meninas</em> y, tambi&eacute;n por en&eacute;sima vez, se asombra con la pericia de Vel&aacute;zquez. &ldquo;Lo que de verdad impacta del cuadro&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;es la sensaci&oacute;n atmosf&eacute;rica que crea&rdquo;. En t&eacute;rminos te&oacute;ricos, lo que proyect&oacute; en el lienzo el pintor sevillano se llama perspectiva a&eacute;rea y genera sensaci&oacute;n de profundidad en la escena gracias al aire que rodea a cada uno de los personajes y que difumina sus contornos. &ldquo;En el caso de <em>Las meninas </em>(Museo Nacional del Prado), lo vemos muy bien en las figuras del fondo, que apreciamos con unos perfiles imprecisos y con colores menos intensos&rdquo;, completa Rubayo. En la mitad superior del lienzo no sucede nada, el protagonista &mdash;aunque invisible&mdash; es el aire, pero en la parte inferior sucede todo lo que da sentido a los dos t&iacute;tulos que tuvo la pintura antes de quedarse con el actual. La primera vez que se mencion&oacute; el cuadro fue bajo el nombre de <em>Retrato de la se&ntilde;ora emperatriz</em> y, m&aacute;s adelante, evolucion&oacute; hacia uno un poco m&aacute;s coral: <em>La familia de Felipe IV</em>. &ldquo;Sabemos qui&eacute;nes son todos los personajes de la escena&hellip; salvo uno&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n es qui&eacute;n en <em>Las meninas</em>? &iquest;Qu&eacute; papel juega cada personaje? Y, sobre todo, &iquest;existen sospechas acerca de la identidad de la figura misteriosa?
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                La familia de Felipe IV - Diego Rodríguez de Silva Velázquez (1656)                            </span>
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        La respuesta a la &uacute;ltima de las preguntas es no. El 'sin nombre' es uno de los cinco personajes masculinos que aparecen en la pintura. Concretamente, el hombre que est&aacute; en penumbra en el margen derecho del lienzo. Lo que se ha podido saber de &eacute;l es que se trata del guardadamas de la infanta Margarita, una figura com&uacute;n en los s&eacute;quitos reales de la &eacute;poca, normalmente ocupado en preservar la intimidad de princesas e infantas durante sus viajes. El guardadamas montaba un caballo al lado de la puerta del coche en que viajaba su protegida con tal de que ning&uacute;n 'espont&aacute;neo' pudiese acceder a ella. En cuanto al resto de personajes, todos tienen nombre y apellidos. El centro de la composici&oacute;n lo ocupa la infanta Margarita, hija del rey Felipe IV y de su segunda esposa, Mariana de Austria, adem&aacute;s, por supuesto, de hermana del tambi&eacute;n rey Carlos II. Sus padres, y este es uno de los misterios m&aacute;s comentados de <em>Las meninas</em>, tambi&eacute;n aparecen en el lienzo. Al fondo, detr&aacute;s del propio Diego de Silva Vel&aacute;zquez, en lo que seg&uacute;n algunos expertos es un espejo y, seg&uacute;n otros, un cuadro, aparece retratado el matrimonio real. Y, &iquest;qu&eacute; hace la infanta? &ldquo;Parece que tiene sed&rdquo;, explica Rubayo, &ldquo;y pide un poco de agua&rdquo;. Se la sirve Mar&iacute;a Agustina Sarmiento de Sotomayor, hija del conde de Salvatierra y doncella de la infanta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero Mar&iacute;a Agustina no es la &uacute;nica doncella que acompa&ntilde;a a Mar&iacute;a Margarita. Tambi&eacute;n lo hace Isabel de Velasco, hija de Bernardino L&oacute;pez de Ayala y Velasco, duque de Fuensalida y gentilhombre de c&aacute;mara del rey. Al lado, dos enanos. Uno de ellos es un ni&ntilde;o, Nicolasito Pertusato, descendiente de familia noble del ducado de Mil&aacute;n, que juguetea con un mast&iacute;n espa&ntilde;ol. A su izquierda, Mari B&aacute;rbola, una habitual en la comitiva de la infanta que la acompa&ntilde;aba a todas partes desde que lleg&oacute; al palacio en 1651, el mismo a&ntilde;o en que naci&oacute; la ni&ntilde;a. &ldquo;Detr&aacute;s de la pareja&rdquo;, completa Rubayo, &ldquo;se encuentran el guardadamas, del que ya hemos hablado, y Do&ntilde;a Marcela de Ulloa, la encargada de cuidar y vigilar a la corte de j&oacute;venes damas de la infanta&rdquo;. Saliendo &mdash;o entrando, no hay consenso tampoco sobre eso&mdash; por la puerta del final de la sala, Jos&eacute; Nieto Vel&aacute;zquez, el chambel&aacute;n de la reina, encargado de acomodarla en los aposentos. Algunas fuentes apuntan a que puede tratarse de un pariente del propio pintor. &ldquo;Esta figura en movimiento refuerza la idea de tr&aacute;nsito del cuadro&rdquo;, a&ntilde;ade Rubayo. No hay nada que Vel&aacute;zquez colocara por casualidad en la escena. Todo tiene un significado y un trascendente halo de misterio. Incluso su propia figura.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El comprensible 'ego' de Vel&aacute;zquez y la cuarta pared</strong></h3><p class="article-text">
        &iquest;A qui&eacute;n mira el pintor? De alguna forma rompe eso tan moderno de la cuarta pared. La mirada del genio interpela directamente al espectador que est&aacute; observando el cuadro y lo mete de un plumazo en la sala, a la saz&oacute;n el cuarto 'del pr&iacute;ncipe' &mdash;as&iacute; se le llamaba&mdash; en el Alc&aacute;zar de Madrid. &ldquo;Es f&aacute;cil, tambi&eacute;n, hacernos una idea de la estima que ten&iacute;a el pintor por s&iacute; mismo y por su arte&rdquo;, desliza Rubayo. Si ponemos atenci&oacute;n a la denominada 'ley de la jerarqu&iacute;a', vemos que la cabeza de Vel&aacute;zquez es la que se encuentra en un punto m&aacute;s elevado de la composici&oacute;n, algo que deber&iacute;a de sorprender, habida cuenta de que algunos de los personajes que aparecen en el cuadro pertenecen a la realeza. &ldquo;Vel&aacute;zquez&rdquo;, apuntilla, &ldquo;se sit&uacute;a incluso por encima del retrato de los reyes&rdquo;. En cuanto a otro de los grandes misterios de la obra &mdash;cu&aacute;ndo hay que fecharla&mdash;, tambi&eacute;n tiene algo que decir ese Vel&aacute;zquez colosal que nos mira y que solo pintar&iacute;a un cuadro m&aacute;s despu&eacute;s de <em>Las meninas</em>. La mayor&iacute;a de expertos coinciden en que data de 1656, pero hay un detalle que rompe el consenso: la Cruz de Santiago que luce el vestido de Vel&aacute;zquez, a quien el rey elogi&oacute; con la distinci&oacute;n en 1659, un a&ntilde;o antes de su muerte y tres despu&eacute;s de ese potencial 1656.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Algunos sostienen que la pint&oacute; el propio artista una vez lo hubieron condecorado&rdquo;, relata Rubayo. &ldquo;Otros&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;incluso creen que fue el propio Felipe IV quien lo hizo&rdquo;. No obstante, existe otra corriente que escapa de esa versi&oacute;n al no encontrar evidencias de que haya otra capa de pintura sobre la original, lo que convertir&iacute;a en descartable que alguien a&ntilde;adiera la cruz posteriormente. Lo que est&aacute; claro, y ah&iacute; tambi&eacute;n incide Rubayo, es que &ldquo;Vel&aacute;zquez se pint&oacute; vestido con ropa de trabajo para reivindicar la importancia del oficio de pintor&rdquo;. En cualquier caso, todos los enigmas que encierra el cuadro hacen que, todav&iacute;a hoy, genere debate. Es dif&iacute;cil entender qu&eacute; sucede en la escena o por qu&eacute; pinta a los reyes a trav&eacute;s de un reflejo lejano, en lugar de reservarles un lugar m&aacute;s honroso. Tampoco se sabe qu&eacute; est&aacute; pintando Vel&aacute;zquez en el gran lienzo que tiene delante. Todos los misterios que rodean a la obra y la brutal innovaci&oacute;n que represent&oacute; convierten a <em>Las Meninas </em>en la obra cumbre del pintor andaluz y en una de las m&aacute;s admiradas y reconocidas de la historia. A Carl Justi, historiador y fil&oacute;sofo alem&aacute;n, se le atribuye una cita que da buena cuenta de su gran trascendencia: &ldquo;No hay cuadro alguno que nos haga olvidar este&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Apr 2021 19:57:17 +0000]]></pubDate>
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