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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carme Artigas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carme-artigas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carme Artigas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La IA se ha caído de un guindo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ia-caido-guindo_129_13509045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/404e117f-84a7-4d10-9b05-759d5d61a982_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La IA se ha caído de un guindo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La industria de la IA no ha descubierto ahora sus propios riesgos: los conocía desde hace
años, y llevaba ese mismo tiempo evitando su supervisión</p></div><p class="article-text">
        Este fin de semana, la industria tecnol&oacute;gica se ha ca&iacute;do de un guindo. Ha protagonizado un giro que en la prensa se ha presentado como un despertar de conciencia: los m&aacute;ximos responsables de las grandes compa&ntilde;&iacute;as de inteligencia artificial han pedido, casi al un&iacute;sono, frenar el ritmo de desarrollo de sus propios productos. Desde la Casa Blanca, la respuesta ha sido tajante y muy en l&iacute;nea con la l&oacute;gica de la Guerra Fr&iacute;a actualizada: quien gane la supremac&iacute;a en inteligencia artificial, gana la supremac&iacute;a geopol&iacute;tica; nada de frenazos.
    </p><p class="article-text">
        El relato que se ha instalado es el de una industria que, tras a&ntilde;os de avanzar sin mirar atr&aacute;s, descubre de golpe sus propios riesgos y decide, generosamente, pedir que alguien la regule. Es un relato atractivo. Conviene matizarlo bastante, porque llevamos a&ntilde;os advirtiendo de estos riesgos desde entornos muy concretos &mdash;agencias, leyes, informes cient&iacute;ficos internacionales&mdash; y Espa&ntilde;a, de hecho, estuvo en primera l&iacute;nea de ese esfuerzo. Que ahora se presente como una revelaci&oacute;n de &uacute;ltima hora resulta, cuando menos, llamativo.
    </p><p class="article-text">
        Esto no es nuevo. En diciembre de 2023, bajo presidencia espa&ntilde;ola de la Uni&oacute;n Europea, se cerr&oacute; el acuerdo sobre la ley europea de inteligencia artificial, la primera norma integral del mundo sobre esta tecnolog&iacute;a. Espa&ntilde;a, adem&aacute;s, ya hab&iacute;a creado meses antes su propia agencia de supervisi&oacute;n, la AESIA, siendo el primer pa&iacute;s de la UE en dotarse de un organismo nacional de supervisi&oacute;n, encargado de vigilar el despliegue en territorio espa&ntilde;ol de los sistemas de IA de alto riesgo: los que deciden sobre selecci&oacute;n de personal, acceso a cr&eacute;ditos o procedimientos judiciales. Para los modelos de frontera &mdash;los grandes modelos horizontales de prop&oacute;sito general de los que precisamente se habla estos d&iacute;as&mdash; la competencia es otra: corresponde a la Oficina Europea de IA, un organismo de la Comisi&oacute;n que desde agosto de 2025 exige a sus fabricantes documentaci&oacute;n t&eacute;cnica, pol&iacute;ticas de derechos de autor y transparencia sobre los datos de entrenamiento. Es decir, que el organismo europeo que debe supervisar exactamente aquello que ahora preocupa a la industria existe, y lleva m&aacute;s de un a&ntilde;o funcionando.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el mes de octubre de 2023, en Estados Unidos, la Administraci&oacute;n Biden firm&oacute; su propia orden ejecutiva sobre seguridad de la inteligencia artificial, que obligaba a los grandes desarrolladores a compartir con el Gobierno los resultados de sus pruebas de seguridad. La Administraci&oacute;n Trump la derog&oacute; en enero de 2025. Un mes despu&eacute;s de aquella orden, en noviembre de 2023, la cumbre de Bletchley Park cerca de Londres puso en marcha los primeros Institutos de Seguridad de la IA, el brit&aacute;nico y el estadounidense, que dieron origen a una red internacional que lleg&oacute; a reunir a una decena de organismos equivalentes en todo el mundo &mdash;Jap&oacute;n, Corea del Sur, Canad&aacute;, Singapur o la propia Uni&oacute;n Europea, entre otros&mdash;, dedicados a evaluar de forma independiente los modelos m&aacute;s avanzados antes de su lanzamiento comercial. Esa red sigue funcionando, pero uno de sus pilares se ha vaciado por el camino: en junio de 2025, la Administraci&oacute;n estadounidense ces&oacute; a su directora. y cambi&oacute; el nombre de su Instituto de Seguridad de la IA, que pas&oacute; a llamarse Centro para los Est&aacute;ndares y la Innovaci&oacute;n en IA, eliminando deliberadamente la palabra &ldquo;seguridad&rdquo; de su denominaci&oacute;n y reorientando su misi&oacute;n desde la evaluaci&oacute;n de riesgos hacia la competitividad tecnol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Pero el actor que no se ha nombrado en todo este debate es Naciones Unidas. En agosto de 2025, la Asamblea General cre&oacute; dos mecanismos complementarios. El primero es el Panel Cient&iacute;fico Internacional Independiente sobre IA, el primer organismo cient&iacute;fico de la ONU dedicado en exclusiva a esta tecnolog&iacute;a, con cuarenta expertos - uno espa&ntilde;ol- elegidos entre m&aacute;s de 2.600 candidaturas de 140 pa&iacute;ses y copresidido por el profesor Yoshua Bengio &mdash; premio Turing 2018&mdash; y la periodista y premio Nobel de la Paz Maria Ressa. En abril de este a&ntilde;o celebr&oacute; en Madrid, acogido por el Gobierno espa&ntilde;ol, su primera reuni&oacute;n presencial, y el 1 de julio public&oacute; su primer informe, con una advertencia central: los mecanismos de seguridad no evolucionan al mismo ritmo que la capacidad de los modelos. El segundo es el Di&aacute;logo Global sobre Gobernanza de la IA, que celebr&oacute; su primera sesi&oacute;n en Ginebra el 6 y 7 de julio: el primer foro multilateral bajo mandato de la Asamblea General donde los Estados y el resto de actores se sientan a debatir est&aacute;ndares comunes t&eacute;cnicos y de gobernanza a escala internacional.
    </p><p class="article-text">
        Merece la pena detenerse en esto, porque cuando desde el sector se propone ahora una coordinaci&oacute;n entre &ldquo;pa&iacute;ses democr&aacute;ticos&rdquo; para fijar reglas comunes frente a China, lo que en realidad se est&aacute; planteando es duplicar &mdash;en formato de bloque, y con un per&iacute;metro decidido por quien lo propone&mdash; algo que ya existe en un marco genuinamente universal y multilateral.
    </p><p class="article-text">
        Los est&aacute;ndares internacionales de una tecnolog&iacute;a que se despliega en todos los pa&iacute;ses del mundo no se acuerdan mejor dividiendo el mapa en dos mitades: se acuerdan en los foros donde est&aacute;n sentados todos, que es exactamente para lo que se cre&oacute; el Di&aacute;logo Global. Reeditar una guerra de bloques o de est&aacute;ndares no mejora la gobernanza; la fragmenta. Lo que toca no es construir alianzas paralelas a medida, sino apoyar el multilateralismo que ya est&aacute; en marcha, porque la inteligencia artificial es una tecnolog&iacute;a tan compleja y tan transversal &mdash;atraviesa la sanidad, la educaci&oacute;n, el empleo, la energ&iacute;a, la seguridad, la informaci&oacute;n&mdash; que ni una sola empresa ni un solo pa&iacute;s pueden gobernarla en solitario.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo: lo que este fin de semana se ha presentado como una propuesta pionera de la propia industria es, en sus elementos esenciales, algo que gobiernos, agencias, cient&iacute;ficos independientes y la propia ONU llevan reclamando desde hace casi tres a&ntilde;os. &iquest;Por qu&eacute; ahora?
    </p><p class="article-text">
        Para entender por qu&eacute; surge esta preocupaci&oacute;n y debate precisamente ahora debemos analizarlo desde cuatro ejes, y solo uno de ellos tiene que ver de verdad con la seguridad.
    </p><h2 class="article-text">1. El eje tecnol&oacute;gico</h2><p class="article-text">
        Este verano se ha producido un incidente serio: en un experimento de ciberseguridad de OpenAI, un grupo de agentes de inteligencia artificial &mdash;programas capaces de actuar por su cuenta y coordinarse entre s&iacute;&mdash; atac&oacute; sistemas de la plataforma Hugging Face que no formaban parte de su tarea, y lleg&oacute; a intentar manipular el propio mecanismo que med&iacute;a su desempe&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, programas que por su cuenta se desviaron del objetivo fijado por un humano. A esto se suma un segundo fen&oacute;meno, m&aacute;s de fondo, que la propia industria describe como &ldquo;automejora recursiva&rdquo;: los sistemas de IA se mejoran a s&iacute; mismos y si ese proceso avanza sin controles, la velocidad de mejora podr&iacute;a superar la capacidad de sus propios creadores para entender c&oacute;mo funcionan y corregir sus fallos a tiempo. Y a todo ello se a&ntilde;ade que varias empresas del sector, Anthropic entre ellas, han publicado informes propios reconociendo que algunos de sus modelos se acercan a niveles de capacidad que podr&iacute;an facilitar usos indebidos de la tecnolog&iacute;a &mdash;incluido el &aacute;mbito de las armas biol&oacute;gicas&mdash;, lo que las ha llevado a reforzar sus protocolos internos.
    </p><p class="article-text">
        Son problemas t&eacute;cnicos reales, no inventados, y conviene decirlo con la misma claridad con la que se se&ntilde;alan los otros tres ejes: que la industria los reconozca ahora y empiece a dise&ntilde;ar mecanismos cada vez mejores de salvaguarda frente a ellos es, sencillamente, de sentido com&uacute;n, y es bienvenido. El problema nunca ha sido que se tomen en serio estos riesgos. El problema es qui&eacute;n debe decidir qu&eacute; salvaguardas bastan, y qui&eacute;n debe comprobar que se cumplan.
    </p><h2 class="article-text">2. El eje financiero</h2><p class="article-text">
        Todo esto ocurre justo cuando arrecian las dudas sobre si la inversi&oacute;n en inteligencia artificial van a cumplir con sus expectativas de crecimiento y rentabilidad. Tanto Anthropic como OpenAI ya han confirmado que retrasan su salida a bolsa, alegando las &ldquo;crecientes preocupaciones por la seguridad&rdquo;. Es una explicaci&oacute;n conveniente para lo que, en un contexto de valoraciones muy infladas, podr&iacute;a ser simplemente el momento equivocado para salir a los mercados. Parte de estos anuncios se entienden mejor como relaciones p&uacute;blicas de cara a futuras operaciones financieras que como conclusiones basadas en evidencia. Y un peligro presentado como algo que &ldquo;emerge&rdquo; de la tecnolog&iacute;a misma tiene, adem&aacute;s, una ventaja evidente: nadie en un consejo de administraci&oacute;n tiene que responder por &eacute;l.
    </p><h2 class="article-text">3. El eje industrial: c&aacute;rteles y lobbies</h2><p class="article-text">
        La historia ofrece un precedente instructivo de lo que ocurre cuando un pu&ntilde;ado de competidores se ponen de acuerdo entre s&iacute; para fijar sus propios est&aacute;ndares. En 1924, los principales fabricantes mundiales de bombillas &mdash;Osram, Philips, General Electric y otros&mdash; se reunieron en Ginebra y crearon el cartel Phoebus, formalmente una convenci&oacute;n para &ldquo;el desarrollo y progreso&rdquo; de la l&aacute;mpara el&eacute;ctrica. En la pr&aacute;ctica, aquel acuerdo entre competidores no protegi&oacute; al consumidor: fij&oacute; precios, reparti&oacute; mercados y redujo deliberadamente la vida &uacute;til de las bombillas de 2.500 a 1.000 horas para forzar m&aacute;s ventas.
    </p><p class="article-text">
        Durante quince a&ntilde;os fue el ejemplo de manual de lo que ocurre cuando se deja que un oligopolio se autorregule bajo la apariencia de un est&aacute;ndar t&eacute;cnico consensuado. Que hoy tres competidores directos &mdash;Anthropic, OpenAI y xAI&mdash; coincidan en cuesti&oacute;n de horas en fijar de forma voluntaria su propio ritmo de &ldquo;seguridad&rdquo;, sin que ning&uacute;n organismo externo participe, no equivale autom&aacute;ticamente a un cartel, pero s&iacute; reproduce la misma estructura de fondo. Y el cartel de las bombillas no solo fijaba precios: tambi&eacute;n cerraba la puerta a productos de la competencia que amenazaran el modelo de negocio acordado. Si son las propias grandes tecnol&oacute;gicas quienes terminan definiendo qu&eacute; umbral de &ldquo;seguridad&rdquo; hace falta cumplir para operar un modelo de frontera, ese est&aacute;ndar puede convertirse en una barrera de entrada: asumible para quien ya tiene los medios para cumplirlo, m&aacute;s dif&iacute;cil para un competidor peque&ntilde;o o un proyecto de c&oacute;digo abierto. No hace falta que sea intencionado para que funcione as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esto conecta con la regulaci&oacute;n que ya est&aacute; en marcha. En Estados Unidos avanza en el Congreso una futura ley federal, y en Europa la EU AI Act ya es de obligado cumplimiento. Ante eso, a la industria le resulta m&aacute;s c&oacute;modo ofrecer su propia versi&oacute;n de &ldquo;supervisi&oacute;n independiente&rdquo; &mdash;con evaluadores que ella misma elige y financia&mdash; que someterse a los mecanismos que ya existen: la Oficina Europea de IA, la AESIA, el Panel Cient&iacute;fico de la ONU o el Di&aacute;logo Global de la IA. Cuando Anthropic anuncia que &ldquo;permitir&aacute;&rdquo; el acceso de evaluadores independientes, la pregunta pertinente es si esos evaluadores responden ante alguno de esos organismos, o si son, de nuevo, elegidos y pagados por la propia empresa evaluada.
    </p><h2 class="article-text">4. El eje geopol&iacute;tico</h2><p class="article-text">
        Cualquier freno regulatorio se presenta como una rendici&oacute;n unilateral frente a un rival estrat&eacute;gico que, se sobreentiende, no va a poner l&iacute;mites a su propia industria. La premisa, sin embargo, es discutible: China regula ya varios aspectos de su sector de IA de forma m&aacute;s estricta que Estados Unidos, y no hay evidencia de que regular frene la investigaci&oacute;n. El propio argumento de que &ldquo;regular mata la innovaci&oacute;n&rdquo; &mdash;el mismo que Washington ha usado contra la ley europea&mdash; se sostiene mal cuando quien m&aacute;s r&aacute;pido innova en algunos terrenos es, precisamente, quien m&aacute;s regula. 
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; el cartel de las bombillas tiene un &uacute;ltimo eco: no solo fijaba precios, tambi&eacute;n decid&iacute;a qu&eacute; productos ajenos pod&iacute;an entrar en el mercado. Uno de los terrenos donde China compite de verdad &mdash;y en el que ha tomado la delantera en 2026&mdash; es el de los modelos de c&oacute;digo abierto: laboratorios como DeepSeek, Alibaba con Qwen, Moonshot con Kimi o Zhipu con GLM han pasado a copar la mayor&iacute;a del uso mundial de modelos de pesos abiertos, mientras los laboratorios estadounidenses mantienen un modelo cerrado y de pago. Si el est&aacute;ndar de &ldquo;seguridad&rdquo; que ahora se negocia acaba traduci&eacute;ndose en restricciones para el c&oacute;digo abierto, el resultado ser&iacute;a una barrera que golpea justo donde China es m&aacute;s fuerte, mientras protege el modelo de negocio de quienes est&aacute;n definiendo el est&aacute;ndar.
    </p><p class="article-text">
        Y conviene no perder de vista, en todo este relato de &ldquo;carrera&rdquo; hacia la supremac&iacute;a, qui&eacute;n compite realmente con qui&eacute;n. La carrera no es entre &ldquo;inteligencias artificiales&rdquo;, es entre empresas y entre gobiernos, compitiendo por capacidad y cuota de mercado mientras tratan la seguridad como un coste que conviene minimizar. La IA no es un actor independiente y neutral que decida por s&iacute; solo hacer da&ntilde;o a alguien; son las compa&ntilde;&iacute;as &mdash;y los gobiernos que las respaldan o las dejan hacer&mdash; quienes dise&ntilde;an, entrenan y despliegan sistemas capaces de causar ese da&ntilde;o, con o sin intenci&oacute;n. Achacar el riesgo a la tecnolog&iacute;a misma, en lugar de a quien la construye y la vende, es exactamente el mismo movimiento ret&oacute;rico que le permite a cualquier oligopolio eludir la rendici&oacute;n de cuentas.
    </p><h2 class="article-text">Lo que de verdad importa</h2><p class="article-text">
        Los da&ntilde;os m&aacute;s serios que ya ha causado la inteligencia artificial no vienen de escenarios de ciencia ficci&oacute;n, sino de sistemas automatizados mal supervisados tomando decisiones sobre personas reales. El esc&aacute;ndalo de las prestaciones familiares en Pa&iacute;ses Bajos, que acus&oacute; injustamente a miles de familias de fraude y acab&oacute; tumbando un gobierno. El sistema australiano que gener&oacute; cientos de miles de reclamaciones de deuda ilegales. El esc&aacute;ndalo brit&aacute;nico de las oficinas de correos, condenadas penalmente por un software contable defectuoso que nadie se atrevi&oacute; a cuestionar. Son casos menos espectaculares que un titular sobre superinteligencia descontrolada, y por eso reciben mucha menos atenci&oacute;n, pero son los que ya est&aacute;n ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        Hay dos frentes m&aacute;s, muy actuales, que el debate de esta semana ha dejado completamente de lado. El m&aacute;s importante es la salud mental: en Estados Unidos se han presentado ya varias demandas contra empresas como OpenAI y Character.AI por parte de familias que sostienen que las conversaciones de sus hijos adolescentes con estos chatbots precedieron a su suicidio, y decenas de estados han empezado a legislar en 2026 para restringir el uso de estas herramientas como sustituto de la atenci&oacute;n psicol&oacute;gica profesional. Son problemas que no requieren ning&uacute;n escenario apocal&iacute;ptico para justificar que se regulen: est&aacute;n sucediendo ya, con nombres y apellidos, y no deber&iacute;amos esperar a la pr&oacute;xima cat&aacute;strofe para actuar sobre lo que la IA hace hoy, no sobre lo que podr&iacute;a llegar a hacer dentro de cinco a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La palabra correcta no es &ldquo;contener&rdquo; la IA, como si fuera un reactor nuclear, sino gobernar c&oacute;mo se despliega: qui&eacute;n puede usar cada sistema, con qu&eacute; permisos, con qu&eacute; pruebas previas, con qu&eacute; supervisi&oacute;n y con qu&eacute; responsabilidad legal cuando algo sale mal. Es el mismo modelo que ya aplicamos a la aviaci&oacute;n o a la industria farmac&eacute;utica. Lo que corresponde ahora no es tanto aplaudir a la industria por descubrir, con tres a&ntilde;os de retraso, unos riesgos que gobiernos, cient&iacute;ficos y la propia ONU llevaban tiempo se&ntilde;alando, sino exigirle que apoye &mdash;con recursos, con transparencia y sin letra peque&ntilde;a&mdash; los mecanismos multilaterales que ya est&aacute;n en marcha, Nada de esto exige inventar nada nuevo. Y sobre todo, que la palabra &ldquo;independiente&rdquo; que ahora usan las grandes tecnol&oacute;gicas signifique lo mismo que en cualquier otro sector regulado: evaluadores que no elige, ni paga, ni controla la empresa evaluada. Espa&ntilde;a ayud&oacute; a poner las primeras reglas sobre la mesa, y ha acogido a los cient&iacute;ficos de la ONU que ahora las est&aacute;n desarrollando. Ahora toca que la propia industria se ponga a favor de su papel supervisor.
    </p><p class="article-text">
        Conviene terminar, adem&aacute;s, sin caer en el catastrofismo, que la gobernanza no es solo una exigencia defensiva: es tambi&eacute;n, y sobre todo, una buena noticia para la propia industria. La experiencia de otros sectores muy regulados &mdash;la aviaci&oacute;n, la banca, la industria farmac&eacute;utica&mdash; demuestra que unas reglas claras y estables no frenan la adopci&oacute;n de una tecnolog&iacute;a, sino que la aceleran: los hospitales, los bancos, las administraciones p&uacute;blicas y los ciudadanos de a pie conf&iacute;an mucho m&aacute;s en una herramienta cuando saben que ha sido evaluada por alguien ajeno a quien la vende, y esa confianza es precisamente lo que permite que una tecnolog&iacute;a pase del laboratorio a la vida cotidiana a gran escala. Bienvenida sea, por tanto, la gobernanza: no como un obst&aacute;culo a superar de mala gana, sino como la condici&oacute;n necesaria para que la inteligencia artificial se adopte de forma segura y podamos aprovechar de verdad sus aspectos m&aacute;s positivos, en medicina, en investigaci&oacute;n cient&iacute;fica o en educaci&oacute;n. En lugar de concentrar todo el debate en las cat&aacute;strofes hipot&eacute;ticas, convendr&iacute;a poner el mismo empe&ntilde;o en las oportunidades reales de la IA, y la &uacute;nica manera de garantizarlas, a largo plazo, es con transparencia, con confianza y con gobernanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carme Artigas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ia-caido-guindo_129_13509045.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2026 20:09:53 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Europa coge impulso para el desarrollo humanista de la Inteligencia Artificial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/europa-coge-impulso-desarrollo-humanista-inteligencia-artificial_129_7845737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4965be61-b474-4637-b3ec-6b8640644dc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa coge impulso para el desarrollo humanista de la Inteligencia Artificial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Reglamento establece una serie de prácticas prohibidas en esta materia, como las relativas a la identificación remota biométrica en tiempo real en lugares públicos para el cumplimiento de la ley</p></div><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n esta misma semana de la propuesta de Reglamento sobre un enfoque europeo para la Inteligencia Artificial (IA) de la Comisi&oacute;n Europea supone un gran paso adelante para definir la transformaci&oacute;n digital, dise&ntilde;ando nuestra propia manera de entender la digitalizaci&oacute;n basado en el respeto de nuestros valores y derechos fundamentales. Un anuncio esperado despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del Libro Blanco de IA en febrero de 2020.
    </p><p class="article-text">
        La Inteligencia Artificial es una de las tecnolog&iacute;as con mayor poder transformador, pero tambi&eacute;n con mayores oportunidades para mejorar la vida de las personas. Y est&aacute; en nuestras manos aprovechar su potencial, participando activamente y dise&ntilde;ando c&oacute;mo queremos que sea esta tecnolog&iacute;a. Porque somos las personas quienes creamos la tecnolog&iacute;a. En ese sentido, es esencial abrir nuevos debates y afrontar, como sociedad, conjuntamente, los retos tecnol&oacute;gicos, sociales, culturales y &eacute;ticos que trae consigo la inteligencia artificial.
    </p><p class="article-text">
        Uno de estos retos es preguntarnos en primer lugar por el propio concepto de inteligencia artificial. &iquest;Qu&eacute; entendemos por inteligencia artificial?, &iquest;cu&aacute;les son sus l&iacute;mites?, &iquest;hay pr&aacute;cticas que deber&iacute;an estar prohibidas? Con esta propuesta de Reglamento, la Uni&oacute;n Europea no define exactamente qu&eacute; es la IA, pero s&iacute; introduce el concepto de &ldquo;sistema de inteligencia artificial&rdquo;, que es m&aacute;s adecuado en materia regulatoria, por su completitud e implicaciones, que el de &ldquo;algoritmo de inteligencia artificial&rdquo;. Desde ese enfoque, establece una serie de pr&aacute;cticas prohibidas en esta materia, como las relativas a la identificaci&oacute;n remota biom&eacute;trica en tiempo real en lugares p&uacute;blicos para el cumplimiento de la ley, las que modifican negativamente el comportamiento de las personas de forma subliminal o las que explotan, en su contra o en contra de terceros, vulnerabilidades de ciertos grupos de personas. Esto es una apuesta clara por el respeto a nuestros derechos y libertades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un aspecto ampliamente positivo y compartido desde Espa&ntilde;a de esta propuesta de reglamento es su car&aacute;cter equilibrado, porque no regula todos los usos de Inteligencia Artificial <em>a priori</em>. La Comisi&oacute;n se centra en aquellas aplicaciones de IA de alto riesgo y aporta garant&iacute;as a la seguridad de las personas, sus derechos e intereses, sin que ello implique la introducci&oacute;n de grandes trabas a empresas que quieran poner en el mercado productos y servicios basados en inteligencia artificial, evitando de esta manera frenar la capacidad de innovaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de &ldquo;regular por regular&rdquo;, sino establecer unas reglas del juego claras y compartidas para que los agentes econ&oacute;micos y toda la ciudadan&iacute;a tengan certidumbre sobre el funcionamiento y aplicaciones de la inteligencia artificial y, asimismo, se genere un entorno de confianza. Un &ldquo;enfoque basado en riesgo&rdquo; alrededor de determinados usos de la inteligencia artificial en funci&oacute;n del potencial impacto sobre las personas, exigiendo una serie de requisitos sobre los conjuntos de datos que utilicen, la documentaci&oacute;n asociada y el mantenimiento de registros, transparencia y provisi&oacute;n de informaci&oacute;n a usuarios, supervisi&oacute;n humana o de robustez, precisi&oacute;n y seguridad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para el resto de aplicaciones de IA, se prev&eacute;n ciertas obligaciones de transparencia y se introduce el concepto de c&oacute;digos de conducta voluntarios que se desarrollar&aacute;n por parte de la Comisi&oacute;n junto a un Consejo Europeo de IA, que podr&iacute;an tener cabida en un marco de certificaci&oacute;n voluntaria como el Sello de Calidad de IA que promueve Espa&ntilde;a en su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los obst&aacute;culos que los instrumentos regulatorios podr&iacute;an llegar a entra&ntilde;ar a la innovaci&oacute;n, la realidad es que el reglamento incluye medidas en su apoyo, como los <em>sandboxes</em> regulatorios, adem&aacute;s de introducir un marco de gobernanza con un Consejo Europeo de Inteligencia Artificial a la cabeza en el que Espa&ntilde;a participar&aacute; activamente, garantizando que la IA en Europa sea humanista, innovadora e inclusiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora Espa&ntilde;a comienza a negociar esta propuesta con sus socios europeos y con el Parlamento Europeo. Queda mucho trabajo por hacer, y desde luego, habr&aacute; &aacute;reas que mejorar, pero creo firmemente que es un paso en la buena direcci&oacute;n. Un paso hacia la soberan&iacute;a digital europea, sustentada en una soberan&iacute;a de datos y sobre la base de los derechos y libertades de la ciudadan&iacute;a. En este sentido, el Gobierno de Espa&ntilde;a est&aacute; impulsando la Carta de Derechos Digitales, incluyendo derechos relativos a la Inteligencia Artificial como es el derecho a la no discriminaci&oacute;n algor&iacute;tmica.
    </p><p class="article-text">
        Una modernizaci&oacute;n imparable en la que tecnolog&iacute;as como la Inteligencia Artificial no solo van a cambiar y mejorar nuestras vidas, sino que van a permitirnos aprovechar lo mejor del ser humano. Europa vuelve a ser l&iacute;der en progreso poniendo en el centro de la transformaci&oacute;n digital a la ciudadan&iacute;a, visi&oacute;n que apoyamos, compartimos e impulsamos desde el Gobierno de Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carme Artigas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Apr 2021 23:59:55 +0000]]></pubDate>
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