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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jorge Ramos Tolosa]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Jorge Ramos Tolosa]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La vigencia del 15M]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/vigencia-15m_129_7935099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El 15 de Mayo de 2011, de manera inesperada y abrupta, el descontento individual que se hab&iacute;a extendido durante a&ntilde;os se convirti&oacute; en indignaci&oacute;n p&uacute;blica compartida. Desde el comienzo de la crisis econ&oacute;mica de 2008 se hab&iacute;an producido m&uacute;ltiples protestas protagonizadas por la PAH, que se cre&oacute; en 2009; por estudiantes, contra el denominado &ldquo;Plan Bolonia&rdquo;; o por sindicatos y trabajadoras, con una huelga general contra los recortes en 2010. No era para menos, la tasa de desempleo rozaba el 21 % -sobrepasar&iacute;a el 26% en el a&ntilde;o 2013- y el n&uacute;mero de desahucios se elev&oacute; un 20% respecto de 2010 -llegando a los 58.241 a lo largo de 2011-. Por a&ntilde;adidura, los esc&aacute;ndalos por corrupci&oacute;n de los dos partidos mayoritarios se suced&iacute;an y Espa&ntilde;a se convert&iacute;a en uno de los pa&iacute;ses de Europa donde las listas electorales concitaron mayor n&uacute;mero de personas imputadas judicialmente. En estos tres ejes (paro, desahucios y corrupci&oacute;n) el Pa&iacute;s Valenciano ocupaba una posici&oacute;n muy relevante.
    </p><p class="article-text">
        La perspectiva de una d&eacute;cada permite ver que aquello era una olla a presi&oacute;n, golpeada por un esc&aacute;ndalo tras otro en un modelo de gobierno en descomposici&oacute;n. En aquel mayo de 2011, la apat&iacute;a que hab&iacute;a permeado en buena parte de la sociedad durante a&ntilde;os se transform&oacute;, como un chispazo, en una nueva acci&oacute;n colectiva vertebrada a trav&eacute;s de sinergias interclase, plurales y transgeneracionales que, en una suerte de desbordamiento democr&aacute;tico, fueron protagonistas durante a&ntilde;os. La indignaci&oacute;n sacudi&oacute; las calles, desbordando los cauces obturados de gesti&oacute;n del disenso y extendi&oacute; la protesta que fue capaz de impugnar el turnismo bipartidista y construir mayor&iacute;as sociales que acabar&iacute;an permitiendo una regeneraci&oacute;n pol&iacute;tica intensa.
    </p><p class="article-text">
        Con la influencia de las llamadas &ldquo;primaveras &aacute;rabes&rdquo;, iniciadas el 17 de diciembre de 2010 en T&uacute;nez, y poco despu&eacute;s simbolizadas por la ocupaci&oacute;n de la plaza Tahrir de El Cairo como icono de la respuesta popular frente a un r&eacute;gimen autocr&aacute;tico, el movimiento 15M nac&iacute;a en Espa&ntilde;a, y muy particularmente en Madrid, Barcelona o Val&egrave;ncia, a trav&eacute;s de un impresionante ejercicio de desobediencia civil. Desde el d&iacute;a 16 de mayo de 2011, y durante semanas y meses, miles de personas ocuparon las plazas de decenas de ciudades, manteni&eacute;ndose acampadas incluso durante la jornada de reflexi&oacute;n y las elecciones municipales y auton&oacute;micas del 22 de mayo en las que la derecha consigui&oacute; mantenerse en las instituciones. Sin embargo, creer que el objetivo fue &uacute;nicamente electoral es un error.
    </p><p class="article-text">
        Las plazas vieron la autoconstituci&oacute;n de un <em>demos </em>que tomaba la palabra y ensayaba la acci&oacute;n directa, tanto a escala individual como colectiva, con manifestaciones espont&aacute;neas que ocuparon calles, avenidas y hasta bancos y bolsas de valores. En una acci&oacute;n permanente, con intensidades variadas y frentes ampl&iacute;simos y ante una estrategia de los poderes p&uacute;blicos tendente a la represi&oacute;n continua, una de las virtudes del 15M fue la generaci&oacute;n de identidades que sobrepasaron las tradicionalmente establecidas y permitieron la convergencia en la acci&oacute;n y en la identificaci&oacute;n del enemigo com&uacute;n. En aquellas plazas se generaron redes, nuevos colectivos, afinidades y estrategias, sobrepasando las fronteras estatales y extendi&eacute;ndose a otras realidades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las plazas, las <em>demoplazas</em>, se convirtieron en los aut&eacute;nticos centros generadores -y renovadores- de pol&iacute;tica del pa&iacute;s, comenzando por sus ra&iacute;ces. Por primera vez, ciudadanas y ciudadanos de toda condici&oacute;n pudieron, ante una asamblea de cientos o miles de personas, expresar su descontento pol&iacute;tico en el centro de su municipio. Hubo quienes acud&iacute;an por curiosidad; otras personas se acercaban a escuchar; otras, adem&aacute;s de lo anterior, a ser escuchadas. Algunas se quedaban unos minutos, otras horas, otras se quedaban a dormir. Entre quienes no estaban acampadas, muchas volv&iacute;an al d&iacute;a siguiente, otras al cabo de varios d&iacute;as. Las plazas tuvieron vida propia: crearon microcosmos con debates continuos, acciones heterog&eacute;neas y comisiones de todo tipo. Acogieron conflictos y enfrentamientos personales, pero tambi&eacute;n nuevas relaciones sociales y personales -algunas de ellas para siempre-, as&iacute; como v&iacute;nculos de &iacute;ndole diversa. Se form&oacute; una convivencia entre cientos o miles de personas, la mayor&iacute;a de las cuales no se conoc&iacute;a con anterioridad. Se emocionaban, se ilusionaban y trabajaban por un cambio pol&iacute;tico y social, compartiendo un tiempo que se aceler&oacute; inusitadamente. Como recogi&oacute; una de sus activistas en Val&egrave;ncia, las semanas en las que se ocuparon las plazas fueron tiempos de &ldquo;dormir poco y so&ntilde;ar mucho&rdquo;. As&iacute;, para muchas personas, muchas de ellas j&oacute;venes pero no s&oacute;lo j&oacute;venes, el 15M supuso <em>una</em> escuela pol&iacute;tica o <em>su</em> principal escuela pol&iacute;tica, adem&aacute;s de un activismo que ha marcado sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        Una d&eacute;cada despu&eacute;s, ahora ya podemos decirlo, aquellas plazas y aquella indignaci&oacute;n fueron el principio de la transformaci&oacute;n del tablero pol&iacute;tico espa&ntilde;ol. Desde la legitimidad basada en la protesta, las plazas introdujeron ideas y propuestas muy relevantes en la agenda medi&aacute;tica y pol&iacute;tica, cambiaron numerosas mentalidades, posicionamientos y militancias y abrieron debates que parec&iacute;an prohibidos en el imaginario colectivo (como la Constituci&oacute;n o la Corona). Durante aquellos meses se construyeron liderazgos y relatos que luego permearon hacia formas de participaci&oacute;n pol&iacute;tica estructuradas y con hondas ra&iacute;ces quincemayistas. Se identific&oacute; al bipartidismo con lo &ldquo;viejo&rdquo; y lo caduco, se calific&oacute; a la clase pol&iacute;tica tradicional con la &ldquo;casta&rdquo;, incluso se impugn&oacute; el eje de ubicaci&oacute;n ideol&oacute;gica &ldquo;izquierda-derecha&rdquo;. Frente a eso se constru&iacute;an nuevos clivajes, lo nuevo contra lo viejo, el 99% frente al 1%. Nac&iacute;a la nueva pol&iacute;tica protagonizada por j&oacute;venes formados que enfrentaba a la casta y apelaban al conjunto de las clases subalternas amenazando al sistema con el optimismo de la voluntad. Se pretend&iacute;a asaltar los cielos, y en alguna medida se consigui&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siendo esto cierto, en este d&eacute;cimo aniversario se suceden las lecturas cr&iacute;ticas del 15M en clave de &ldquo;fracaso&rdquo;, como si un ejercicio espont&aacute;neo de democracia radical pudiera evaluarse por unos logros determinados que, en realidad, nunca fueron planteados de manera concreta. Para muchas personas, los malestares estaban claros y las expectativas eran cuasi infinitas, pero los objetivos eran difusos. Aun as&iacute;, el 15M obtuvo m&uacute;ltiples victorias.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, nuestras plazas recogieron y avivaron una mecha que contin&uacute;a viva. Su eco traspas&oacute; tiempos y espacios. No podemos olvidar que el 17 de septiembre de 2011 centenares de personas decidieron plantar sus tiendas de campa&ntilde;a en Manhattan (Occupy Wall Street) y que posteriormente, desde Londres al Vaticano, pasando por T&uacute;nez, El Cairo, M&eacute;xico DF, Par&iacute;s o Bruselas vivieron la ocupaci&oacute;n de sus calles o plazas en alg&uacute;n momento a&ntilde;o. Y la protesta sigui&oacute; con la Primavera Valenciana (2012), las dos huelgas generales de ese a&ntilde;o, las importantes mareas por los servicios p&uacute;blicos y las marchas de la dignidad (a partir de 2012, 2013 y 2014), Gamonal o Can Vies, los impresionantes 8M y la nueva oleada feminista, las resistencias populares en lugares como Argentina (2017), la larga movilizaci&oacute;n de los &ldquo;chalecos amarillos&rdquo; en Francia&nbsp;(2018), los levantamientos en Hait&iacute;, Ecuador, el L&iacute;bano o Chile (2019), hasta las protestas masivas de estos d&iacute;as en apoyo del pueblo colombiano y palestino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, las plazas fueron un vivero de ideas y de propuestas, como las plasmadas en aquellos dec&aacute;logos construidos colectivamente. Es importante remarcar que muchos de aquellos anhelos se centraron en temas como el cambio de la ley electoral, el control de la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, la eliminaci&oacute;n de los privilegios de la clase pol&iacute;tica o el aumento de las v&iacute;as de democracia participativa. Aquellas propuestas pusieron en el centro del tablero la existencia de una corrupci&oacute;n obscena, que deb&iacute;a denunciarse y combatirse. No en vano, la preocupaci&oacute;n por la corrupci&oacute;n se disparaba en las encuestas de 2013, cuando la palabra &ldquo;casta&rdquo; permit&iacute;a impugnar el sistema ya no desde las plazas sino desde las urnas. Sin embargo, la tem&aacute;tica reivindicativa tambi&eacute;n incardinaba cuestiones de contenido econ&oacute;mico-social, identificando a los bancos, a las bolsas de valores y a otros pilares del sistema capitalista como responsables de la crisis econ&oacute;mica, por lo que fueron objeto de numerosas acciones de visibilizaci&oacute;n del movimiento. De manera similar, se trataron ampliamente la precariedad -sobre todo la juvenil-, los derechos laborales y la necesidad de una huelga general. Adem&aacute;s, en aquellas plazas se lanzaron debates fundamentales, retomados a&ntilde;os despu&eacute;s, como la posibilidad de abrir un proceso constituyente en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El tercer &eacute;xito del 15M fue su capacidad para mutar, permear, imbricarse e impulsar m&uacute;ltiples luchas sociales. Recordemos c&oacute;mo a lo largo de m&aacute;s de un a&ntilde;o de debates, primero en las plazas y luego una vez el movimiento se descentraliz&oacute; en forma de asambleas de barrios, universidades y comisiones, las distintas expresiones del movimiento han acabado absorbiendo una amplia amalgama de causas, contestaciones y desobediencias bajo las formas m&aacute;s diversas. Hoy, diez a&ntilde;os despu&eacute;s, es posible afirmar que entre las activistas de los movimientos sociales m&aacute;s potentes -feminismo, ecologismo, antirracismo y lucha por la vivienda- siguen encontr&aacute;ndose personas que vivieron, se politizaron o reinventaron su militancia con el 15M.
    </p><p class="article-text">
        Pero por encima de todo, la tesis del fracaso de las plazas es reduccionista porque pone un plazo a algo que no ha terminado. El 15M fue parte del principio, apunt&oacute; posibilidades y tuvo la virtud de sacudir conciencias para ir abriendo lentamente la ventana de oportunidad del cambio, una ventana que ha permitido el comienzo de una transformaci&oacute;n a la que le queda mucho camino por recorrer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La memoria es una herramienta transformadora. Si escuchamos y leemos las propuestas y los dec&aacute;logos del 15M, muchas de sus reivindicaciones siguen siendo vigentes en un contexto en el que contin&uacute;an los desahucios, la falta de vivienda digna, la desigualdad entre mujeres y hombres, la destrucci&oacute;n del medio ambiente, la exenci&oacute;n fiscal de grandes fortunas y de poderosas transnacionales y el enriquecimiento de una extrema minor&iacute;a frente a la precarizaci&oacute;n de las mayor&iacute;as sociales; y m&aacute;s en unos momentos en los que la pandemia ha recalcado la importancia, el valor y la necesidad de los servicios p&uacute;blicos y todav&iacute;a m&aacute;s en un mundo en el que crecen el neofascismo y los muros en lugar de los Derechos Humanos y los puentes. El 15M impuls&oacute; m&uacute;ltiples caminos y horizontes de esperanza que han hecho tambalear cimientos de un r&eacute;gimen obsoleto y en blanco y negro y de una democracia y una soberan&iacute;a limitada. El 15M nos cambi&oacute;, nos emocion&oacute;, nos ilusion&oacute; y nos ense&ntilde;&oacute;. Pero todav&iacute;a queda un largo camino por recorrer.
    </p><p class="article-text">
        Hoy queda mucho del 15M y lo que so&ntilde;amos en aquellas plazas sigue vigente. Nos llamaban ut&oacute;picas pero sosten&iacute;amos que la utop&iacute;a nos serv&iacute;a para caminar. Y aqu&iacute; seguimos, impulsando la transformaci&oacute;n social desde las calles, las plazas y las instituciones, hasta que la dignidad se haga costumbre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adoración Guamán, Jorge Ramos Tolosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/vigencia-15m_129_7935099.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 May 2021 20:53:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La vigencia del 15M]]></media:title>
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